Tomás de Teresa, el ochocentista español con mejor palmarés internacional

En el último campeonato de Europa al aire libre, celebrado este agosto en Berlín, el atletismo español tenía fundadas esperanzas para hacerse con una medalla en la prueba de 800 m masculinos. Unas semanas antes, el leonés Saúl Ordóñez (1994), bronce en el mundial en sala en marzo, había superado la plusmarca española con 1:43,65, que era, a su vez, la mejor marca europea del año. Por su parte, el salmantino Álvaro de Arriba (1994) también había mejorado su marca al correr en 1:44,99. Las expectativas, sin embargo, no se cumplieron. Ordóñez no pudo entrar en la final, mientras de Arriba fue 7º, el mismo resultado que en el Europeo de 2016. Con de Arriba son 8 los atletas españoles finalistas en el 800 del Campeonato de Europa al aire libre a lo largo de su historia.

El primer finalista español en un Europeo de 800 m al aire libre fue Alberto Esteban (1943). El atleta zaragozano, 3 veces campeón de España en la prueba, acudió al Europeo de Budapest de 1966 como plusmarquista español con 1:48,0, marca con la que superaba el tope español anterior de Tomás Barris (1930). En la final del Europeo volvió a mejorar con 1:47,4, lo que le valió el 7º puesto. El almeriense Antonio Fernández Ortiz (1948) se convirtió en plusmarquista español en el campeonato de España de 1972, cuando corrió la prueba en 1:46,8, superando al pontevedrés Manuel Carlos Gayoso (1944), 1:47,9. Gayoso, que unos días después mejoró a 1:47,2 había decidido subir a los 800 m tras una exitosa carrera en los 400 m lisos y los 400 m vallas. En los Juegos de Múnich fue el mejor semifinalista que no se clasificó para la final, oficialmente 9º. Ocupó la 5ª plaza en la 3ª semifinal, la más rápida, con 1:47,9 a 1,0 del 4º, que sí entró en la ronda definitiva.

El barcelonés Andreu Ballbé (1952) llevó en 1976, año en que fue olímpico, la plusmarca española a 1:46,59. Cuatro años más tarde, el madrileño Antonio Páez (1956) corrió la distancia en 1:45,69. El año anterior había sido campeón de Europa en Sala, título que repitió en 1982, tras un bronce en 1981. El medallista de bronce en la edición de 1982 fue el leonés Colomán Trabado (1958), 9 veces campeón de España de 800 m y una de 1500 m. Trabado fue oro europeo en sala en 1983 y plata en 1986. Fue oro en los Juegos Mundiales de Pista Cubierta de 1985, competición antecesora de los Mundiales en Sala. Al aire libre se hizo con la plusmarca española en 1984 con 1:45,15. Pese a sus éxitos en sala y su indiscutible dominio en España, Trabado no pudo ser finalista en un gran campeonato al aire libre. Esto lo conseguiría su sucesor como plusmarquista nacional, el cántabro Tomás de Teresa.

Tomás de Teresa Colina nació en Santoña el 5 de septiembre de 1968. Comenzó a destacar ya en categorías inferiores. Fue campeón de España juvenil (sub18) en 1985 y junior (sub20) 1986. En 1987 se proclamó campeón de Europa junior (sub20) de 800 m en Birmingham, en la que él mismo define como su mejor carrera. De Teresa controló muy bien la carrera, en la que se pasó en 54,30 a falta de una vuelta. Atacó en el 600 y se llevó la victoria con 1:49,37. Terminó esa temporada con una mejor marca de 1:48,67.

Fue olímpico en Seúl y medalla de plata en el Europeo en sala de 1990. Ese año, al aire libre, se convirtió en el primer español en correr por debajo de 1:45,00. Ocurrió el 30 de mayo en el Gran Premio Diputación de Sevilla. En una carrera rapidísima, ganada por Peter Elliot (1962) con 1:42,97, de Teresa fue 4º con 1:44,99, seguido del asturiano José Arconada (1964), con 1:45,02. La anterior mejor marca personal del cántabro era 1:46,26 del año anterior.

El año de 1991 comenzó muy bien para de Teresa con la plata en el Mundial en sala celebrado en Sevilla. Y acabó no menos bien con el puesto de finalista en el Mundial al aire libre de Tokio. Hasta hoy, de Teresa es el único ochocentista español que ha conseguido entrar en la final de un campeonato de ámbito mundial. El cántabro fue 2º en las series eliminatorias detrás del campeón olímpico, el keniano Paul Ereng (1967) y ocupó la 3ª posición en la segunda y última semifinal, con el mismo tiempo que Ereng, 2º, ambos precedidos por el brasileño José Luiz Barbosa (1961). En una final de muy alto nivel, ganada por el keniano Billy Konchellah (1961) con 1:43,99, de Teresa fue 8º con 1:47,65.

A finales de 1991, de Teresa decidió dar un giro a su carrera atlética y se fue a entrenar con Enrique Pascual (1957) a Soria, tras 6 años en Madrid con Manuel Pascua (1933). El gran objetivo para 1992 era, lógicamente, entrar en la final olímpica. La prueba de 800 m tenía tres rondas. Fue 2º en la 3ª serie detrás del estadounidense Johnny Gray (1960). La siguiente ronda se componía de tres series semifinales. Entrarían en la final los 2 primeros de cada serie y dos tiempos de repesca. El cántabro fue 4º en la primera serie con 1:46,08. Tras la celebración de las otras dos semifinales, se quedó fuera de la final por tan solo 0,02. Igualó el puesto 9º de Gayoso de 20 años antes, si bien estuvo mucho más cerca de la final.

Tras una discreta temporada de 1993, en 1994 volvió a tener una gran actuación al aire libre, en el Europeo de Helsinki. Superó fácilmente la primera ronda y no se desgastó, viéndose clasificado, en la semifinal. En la final, tras un paso lento de 54,29 atacó el noruego Vebjørn Rodal (1972). En la última curva parecía que de Teresa se quedaba, pero, tras entrar encerrado en la última recta ocupando la 6ª posición, consiguió remontar hasta alcanzar el bronce, a 0,04 de Rodal, plata, finalmente superado por el italiano Andrea Benvenutti (1969). Hubo otro español finalista, el malagueño José Manuel Cerezo (1973), que ocupó la 7ª posición.

Helsinki fue el punto más alto en la carrera de de Teresa. Siguió compitiendo hasta 1997, si bien su rendimiento fue decreciendo. En el ámbito nacional consiguió tres oros en los campeonatos de España, en 1989, 1994 y 1995. Fue un gran competidor que rendía por encima de su valor cronométrico en los campeonatos importantes.

A de Teresa lo sucedió en la tabla de plusmarcas españolas el madrileño Luis Javier González (1969), quien corrió en 1:44,84 en 1993. Fue campeón de Europa en sala en 1992, donde se despachó con unas contundentes declaraciones sobre la variable azar en el rendimiento atlético, y plata en 1994. Posteriormente, en 2002, el sevillano Antonio Manuel Reina (1981) marcó 1:44,11 y un mes después 1:43,83, tiempo que le valió para vencer brillantemente en la Copa del Mundo, que se celebraba en Madrid. En 2012 fue 4º en el Europeo al aire libre. En sala fue 4º en el Mundial de 2003, bronce en el Europeo de 2002 y plata en el de 2005. La plusmarca española de Reina duró hasta 2012, año en que otro sevillano, Kevin López (1990), realizó 1:43,72. López había sido 6º, con un tercer sevillano, Luis Alberto Marco (1986), 7º, en el Europeo al aire libre de 2010. En pista cubierta consiguió el bronce en 2011 y la plata en 2013. El otro español finalista en Europeos al aire libre de 800 m es el vallesano Miguel Quesada (1979), 5º en 2006.

Como se indicó al principio, el último plusmarquista español es, desde este año, Saúl Ordóñez con 1:43,65. Pese a no alcanzar la final de este año del Europeo al aire libre, a sus 24 años tiene tiempo para mejorar y que Tomás de Teresa deje de ser el ochocentista español con mejor palmarés internacional.

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Armand Duplantis, el niño volador

El 14 de agosto de 1983, un ucraniano, entonces soviético, se proclamaba contra todo pronóstico campeón del mundo de salto con pértiga, haciendo su mejor marca, 5,70 m. Este joven que no cumplía los 20 hasta el 4 de diciembre de ese año, se llamaba Sergei Bubka (1963) y en los años siguientes se convertiría en el mejor saltador de pértiga de la historia. Treinta y cinco años después, otro niño volador llamado Armand Mondo Duplantis se hacía con el oro en el campeonato de Europa de salto con pértiga, realizando su mejor marca, 6,05 m, sin haber hecho aún los 19 años.

Armand Duplantis nació en la ciudad estadounidente de Lafayette, Luisiana, el 10 de noviembre de 1999, de padre estadounidense y madre sueca. Debido a la nacionalidad de su madre, Armand representa a Suecia en las competiciones internacionales. Su padre y entrenador, Greg Duplantis (1962), había sido él mismo saltador de pértiga de alto nivel, con una mejor marca de 5,82 m. Su madre, de soltera Helena Hedlund, había sido heptatleta y jugadora de balonvolea. Su hermano mayor Andreas (1993) es también saltador de pértiga, con una mejor marca de 5,42 m, su otro hermano Antoine (1996) es jugador de beisbol. Su hermana pequeña Joanna (2002) también práctica pértiga.

Armand entró en el mundo del atletismo a los 4 años con una pértiga especialmente fabricada para él. Superó por primera vez los 3 m a la edad de 9 años, los 4 m a los 13 y los 5 m a los 15 años, en 2015. Ese año comenzó la temporada con un mejor salto de 4,74 y la terminó con 5,30 m. Con esta altura se proclamó campeón mundial juvenil (sub18) en la ciudad colombiana de Cali, en una cerrada pugna con el ucraniano Vladyslav Malykhin (1998), que realizó la misma marca. En 2016 subió hasta 5,51 m y fue bronce en el Mundial Junior (sub20). En 2017 se incorporó, con un salto de 5,90 m, a la élite mundial. Fue con cierta holgura campeón de Europa junior (sub20) y en su primera competición en categoría absoluta, el Mundial de Londres al aire libre, ocupó la 9ª plaza.

El gran año de Duplantis de 2018 comenzó con el 8º puesto en el campeonato mundial en sala. Al aire libre se hizo con el oro en el Mundial sub20 con 5,82 m, 27 cm más que el segundo clasificado. Previamente había mejorado su marca personal hasta 5,93 m, altura con la que presentó su candidatura al oro en el campeonato de Europa absoluto. La final tuvo lugar el 12 de agosto y resultó un concurso magnífico. Los máximos rivales de Duplantis eran a priori el francés plusmarquista mundial Renaud Lavillenie (1986), que lideraba la lista europea con 5,95 m, y el polaco Piotr Lisek (1992), segundo en la misma lista con 5,94 m. En 5,80 m, Duplantis hizo su único nulo de la competición, mientras Lavillenie tras dos nulos decidió dejar su único salto para 5,85 m, que consiguió superar. También lo hicieron a la primera Duplantis y el sorprendente ruso, acreditado en 5,80 m, Timur Morgunov (1996). Lisek, tras un nulo en 5,85 m, intentó los 5,90 m, que pasó al primer intento igual que Duplantis y Morgunov. Lavillenie no intentó esta altura. Quedaban estos 4 atletas en competición, junto con otro polaco, Paweł Wojciechowski (1989), mejor marca de 5,93 m (2017), que tenía un nulo en 5,85 m y había dejado sus dos intentos para 5,95 m. De los 5 supervivientes, tan solo el francés había conseguido superar esta marca previamente y lo volvió a hacer, junto con Duplantis, en su primer intento. Wojciechowski resultó eliminado, mientras Morgunov y Lisek, tras un nulo, se fueron por los 6,00 m. que era la siguiente altura. Lisek se quedó fuera, no así el ruso quien, junto con Duplantis subían por primera vez en su vida de 6 m, ambos en su primer intento. Morgunov superaba su registro previo por 20 cm. Tras un nulo, Lavellenie se la jugaría en 6,05 m, pero ni él ni Morgunov fueron capaces de saltar más alto. Duplantis, por su parte, hacía marca personal por tercera vez en la tarde, además a la primera. No continuó saltando.

Con tan solo 18 años y 68 kg de peso, Mondo se convertía en el 4º atleta de la historia, tras  Lavellenie, 6,16i m, Bubka 6,15i m , y el australiano Steve Hooker (1982), 6,06 m, en plusmarquista del campeonato de Europa y en el primer atleta sub20 en superar los 6 m. Los de 2018 han sido unos campeonatos de Europa con dos grandes protagonistas adolescentes, Duplantis y el noruego Jakob Ingebrigtsen (2000). Ya habíamos hablado de las posibilidades futuras del noruego. De Duplantis ha dicho el explusmarquista español de salto con pértiga Alberto Lobito Ruiz (1961) que puede llegar a saltar 6,25 m. El futuro, que parece pertenecerle, nos lo dirá.

El inexorable avance del estilo Fosbury tras los Juegos de México

Se han cumplido estos días 50 años de la celebración de los Juegos Olímpicos de México. De entre las muchas hazañas atléticas conseguidas, hubo una que cambió la forma de competir en esa modalidad. Ocurrió en el salto de altura. Por primera vez un atleta en una gran competición saltaba de espaldas al listón. Que se llevase el oro no hizo sino acelerar su implantación por todo el mundo. Fue tal su impacto, que su nombre quedó inmortalizado con su estilo, el estilo Fosbury o Fosbury Flop, en inglés. En los Juegos de México, Fosbury fue el único que empleó su entonces particular forma de saltar. Dieciséis años después, en Los Ángeles tan solo uno de los 12 finalistas utilizaba el ya obsoleto rodillo ventral (3 de 16 cuatro años antes).

Richard Douglas Dick Fosbury nació en Portland, la ciudad más populosa de Oregón, el 6 de marzo de 1947. Comenzó a practicar salto de altura a los 16 años. El estilo generalizado entonces era el rodillo ventral, en sus dos versiones, la paralela, en la que el atleta pasaba la cabeza y el tronco al mismo tiempo abrazando el listón, y la zambullida, en la que la extremidad cefálica y la superior pasaban el listón antes que el tronco y  la inferior. Incapaz de asimilar los movimientos coordinados para practicar rodillo ventral, Fosbury recurrió al viejo estilo de la tijera, empleado por la entonces plusmarquista mundial Iolanda Balas (1936-2016), y fue evolucionando hasta individualizar la modalidad que llevaría su nombre saltando de espaldas al listón.

Fosbury pudo desarrollar y perfeccionar su nuevo estilo de salto gracias a la progresiva sustitución de la arena o la paja de la caída por colchonetas de espuma. Hasta los Juegos Olímpicos de 1964 no hubo colchonetas en la zona de caída. Los atletas solían caer de pie o de bruces. Sin colchoneta, caer de espaldas resultaba arriesgado. Algún atleta lo hacía, pero viniendo de un giro, como el estadounidense John Thomas (1941- 2013), que llevó la plusmarca mundial de 2,17 a 2,22 m en los años 60.

Su peculiar estilo no reportó a Fosbury grandes éxitos inicialmente. En categoría junior llegó a 1,969 m. No obstante, ya entonces su forma de saltar había llamado la atención. Un diario local lo bautizó como Fosbury flop. Alguien habló de una convulsión en el aire. Cuando entró en la Universidad del Estado de Oregón, su nuevo entrenador Bernie Wagner (1924 – 2013) lo intentó convencer para cambiar al rodillo californiano. Tras probarlo, Fosbury volvió a su estilo, cada vez más depurado, y consiguió una mejor marca de 2,08 m en 1965, lo que cerró cualquier debate. Un año antes de los Juegos, la mejor marca de Fosbury era 2,102. Esta altura no hacía presagiar lo que sucedería en México. Por entonces la nueva modalidad de salto había captado la atención de los medios deportivos nacionales. Fue portada de la revista Track and Field news en febrero de 1968, mientras Europa aparecía ajena a la revolución que se estaba gestando.

Fosbury realizó su mejor temporada en el mejor año, el año olímpico de 1968. En junio mejoró su marca a 2,16 m. En las pruebas de selección olímpica, tras llevar su marca a 2,18 y a 2,21 m, esta a la primera, fue 3º con la misma altura que sus rivales, cuyos intentos sobre 2,18 fueron menos. Los tres estadounidenses habían hecho la mejor marca del año, lo que los convertía en favoritos.

La impecable actuación de Fosbury en la final olímpica fue la mejor tarjeta de presentación de su innovador estilo. Superó a la primera todas las alturas, mejorando con 2,22 m su marca personal y la plusmarca olímpica. En la siguiente altura, 2,24 m, ya solo quedaba en concurso, además de él, su compatriota Ed Caruthers (1945), que tenía varios nulos previos. Caruthers no pudo con 2,24 m, mientras Fosbury superaba el listón a la tercera tentativa. Ya ganador del oro olímpico, trató de superar la plusmarca mundial de 2,28 m de Valery Brumel (1942-2003) con 1 cm más, pero falló en sus tres intentos.

La victoria de Fosbury con su nueva forma de saltar suscitó todo tipo de debates. Una vez confirmado que no infringía ningún reglamento, la discusión se basó en su efectividad. En Europa hubo inicialmente un importante rechazo, pero pronto se demostró que el estilo Fosbury conseguía que el centro de gravedad del atleta en el momento del salto estuviese por debajo de su cuerpo, lo que apuntaba, como así fue, a que las marcas mejorarían.

Fosbury_Flop_English
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Fosbury tuvo hizo una buena temporada en 1969, con una mejor marca de 2,195 m, pero fue su último año en la élite. Su estilo, no obstante, se fue imponiendo inexorablemente. El sucesor de Brumel como plusmarquista mundial fue el estadounidense Patrick Marzdorf (1949) quien saltó en 1971 2,29 m con rodillo ventral. También probó el Fosbury, modalidad con la que saltó 2,24 m. El primer saltador que ganó un gran campeonato con estilo Fosbury fue el lituano, entonces soviético, Kentustis Shapka (1949), oro en el Europeo al aire libre de 1971. En los Juegos de Múnich de 1972, 28 de los 40 participantes en el salto de altura lo hicieron con estilo Fosbury, si bien de los tres medallistas, solo el de bronce, el estadounidense Dwight Stones (1953) practicaba el nuevo estilo. Stones fue el primer plusmarquista mundial con estilo Fosbury, con 2,30 m y posteriormente 2,31 y 2,32 m. Repitió bronce en los Juegos de 1976, donde los tres medallistas ya saltaban de espaldas, y fue 4º ocho años después, en Los Ángeles.

El sucesor de Stones como plusmarquista mundial fue el ucraniano, entonces soviético, Vladimir Yashchenko (1959 – 1999), quien saltó 2,33, 2,34 y 2,35 m en sala con rodillo ventral. Campeón de Europa en sala en 1978 y 1979 y al aire libre en 1978, una lesión de rodilla en 1979 cortó de raíz su progresión. Fue el último plusmarquista mundial con el viejo estilo y el que más alto ha saltado con rodillo.

A partir de los 80, el rodillo ventral se convirtió en un estilo en vías de extinción, hasta que desapareció completamente hacia finales de la década. Su último representante de élite fue el chino Liu Yunpeng (1962), 7º en los Juegos de Los Ángeles con 2,27 m.

En categoría femenina, la sucesora de Iolanda Balas, que saltaba con tijera, fue la austríaca Ilona Gusenbauer (1947) que saltó en 1971 1,92 m con rodillo ventral. Justo un año después, en los Juegos Olímpicos de 1972, la alemana de 16 años Ulrike Meyfarth (1956) fue la primera campeona olímpica y plusmarquista mundial, 1,92 m, con el nuevo estilo Fosbury. La subcampeona de esa competición, la búlgara Yordanka Blagoyeva (1947) superó con 1,94 m el registro de la alemana saltando con rodillo ventral, el mismo estilo que practicaba la alemana Rosemarie Ackermann (1952). Ackermann, con un perfecto rodillo ventral paralelo, llevó el tope universal de 1,94 a 2,00 m, convirtiéndose en la primera mujer en superar esta altura. Fue oro en el Europeo de 1974 y campeona olímpica en 1976.

La derrota de la alemana frente a la italiana Sara Simeoni (1953) en el Europeo de 1978 marcó el declive del viejo estilo en categoría femenina. Simeone se convertiría en campeona olímpica 2 años después con Ackermann lesionada y el rodillo ventral desapareció de las competiciones femeninas.

El escaparate mundial de los Juegos Olímpicos de México convirtieron a Fosbury en el autor de la revolución en el salto de altura. Sin embargo, aunque el estadounidense creó y desarrolló su estilo de forma independiente, no fue el primero en aplicarlo. En 2000, el escritor deportivo Rial Cummings descubrió una fotografía de un periódico del 24 de mayo de 1963 en la que el atleta Bruce Quande, en una competición escolar, practicaba el salto de altura de espaldas al listón.

Quande

Quande dejó de hacer salto de altura tras el Instituto. En 1963 Fosbury ya se dedicaba al salto de altura, pero aún no había comenzado a desarrollar su estilo. Probablemente la aparición del salto de espaldas al listón era inevitable. En 1966, sin conocer la actividad atlética de Fosbury, la canadiense Debbie Brill (1953), que llegaría a superar 1,99 m en 1984, comenzó a saltar con un estilo que llamó el plegamiento de Brill, básicamente similar a lo que estaba haciendo Fosbury. Pero el oro olímpico del estadounidense permitió que el mundo se diese cuenta de que había un nuevo estilo que superaba al anterior. A pesar del brillo cegador en los Juegos de los fantásticos velocistas estadounidenses, de Bob Beamon y de la primera hornada de fondistas africanos, la actuación de Fosbury añadió la estrella probablemente más duradera del firmamento mexicano.

El sueco Stefan Holm (1976), campeón olímpico en 2004, mostrando los diferentes estilos de salto, más alguno suyo particular.

Kevin Mayer, el tercer primo de Superman

En los años 80 el duelo deportivo en la prueba de decatlón entre el británico Daley Thompson (1958) y el alemán Jürgen Hingsen (1958) sobrepasó el ámbito mediático del atletismo. La locuacidad del británico y el imponente físico del alemán supusieron un filón para la prensa de la época. Es demasiado guapo para ganarme, decía el británico en una de sus perlas. Para vencer en el decatlón hay que ser bajito, feo y ladino, como yo. Lo cierto es que pese a que el alemán solía llegar a los grandes campeonatos como plusmarquista mundial, nunca fue capaz de batir al británico. Fue plata en los Europeos de 1982 y 1986, en el Mundial de 1983 y en los Juegos Olímpicos de 1984. Incluso en la lucha por la plusmarca mundial Hingsen acabó perdiendo, pues un cambio en las tablas de puntuación permitió al británico superar al alemán con quien compartía el tope universal. En uno de sus duelos dialécticos, tras unas declaraciones de Hingsen sobre la posibilidad de superar los 9000 puntos en el futuro, Thompson respondió irónicamente que eso sucedería cuando llegase el primo de Superman. Con su reciente plusmarca mundial de 9126 puntos, el francés Kevin Mayer (1993) se acaba de convertir en el tercer primo de Superman de la historia.

Los 8847 puntos de Thompson duraron hasta el 5 de septiembre de 1992. En Talence (Francia), ese día el estadounidense Dan O’Brien (1966) realizó 8891 puntos, con parciales de 10,43, 8,08, 16,69, 2,07, 48,51; 13,98, 48,56, 5,00, 62,58, 4:42,10. El perfil atlético de O’Brien era similar al de Mayer, con un poderío basado en gran medida en los lanzamientos y la historia de su plusmarca mundial es paralela a la del francés y no solo por el lugar en que se consiguió. Campeón mundial en 1991, era el máximo favorito para hacerse con el oro olímpico en 1992, pero tres nulos en pértiga en las pruebas de selección estadounidense lo apartaron de su objetivo. Lo conseguiría en 1996, además de otros dos oros en los Mundiales de 1993 y 1995.

Un atleta de un perfil parecido a O’Brien fue su sucesor como plusmarquista mundial, el checo Tomáš Dvořák (1972). El 4 julio de 1999, en Praga, Dvořák, campeón del mundo en 1997 y, posteriormente, en 1999 y 2001, se quedó, con 8894 puntos, a un suspiro de los 9000. Sus parciales fueron 10,54, 7,90, 16,78, 2,04, 48,08; 13,73, 48,33, 4,90, 72,32, 4:37,20. Es el único atleta que ha superado los 8900 puntos en 3 ocasiones. Fue bronce en los Juegos Olímpicos de 1996. Cuatro años más tarde acudió a los Juegos de Sídney en malas condiciones físicas y a duras penas consiguió acabar en 6ª posición.

No hubo que esperar mucho para romper la mítica barrera de los 9000. El 25 de mayo de 2001, otro checo, Roman Šebrle (1974), totalizaba en Götzis (Austria) 9026 puntos, con parciales de 10,64, 8,11, 15,33, 2,12, 47,79; 13,92, 47,92, 4,80, 71,16, 4:21,98. Ese año se lesionó y no pudo competir por el oro en el Mundial de Edmonton. Tuvo que esperar hasta 2007 para conseguirlo. En los Juegos Olímpicos fue plata en 2000 y oro en 2004. Fue además campeón de Europa en 2002 y 2006.

El sucesor de Šebrle fue un atleta con un perfil diferente al de los 3 plusmarquistas mundiales que lo precedieron, mucho más parecido a Daley Thompson, quien corría en 10,26 o 46,97. El estadounidense Ashton Eaton (1988) basaba su dominio en las carreras de velocidad y vallas, con mejores registros de 10,21, 45,00 o 13,35, esta conseguida fuera de un decatlón. Dominó la prueba de forma absoluta de 2012 a 2016, con sendos oros olímpicos esos años y el oro en los Mundiales de 2013 y 2015. Estableció dos plusmarcas mundiales de decatlón. La primera tuvo lugar en Eugene el 23 de mayo de 2012, en las pruebas de selección para los Juegos Olímpicos. Totalizó 9039 puntos, con parciales de 10,21, 8,23, 14,20, 2,05, 46,70; 13,70, 42,81, 5,30, 58,87, 4:14,48. La segunda se registró el 28 de septiembre de 2015, durante la disputa del Mundial de Pekín. Con 9045 puntos y unos espectaculares 45,00 en 400 m, Eaton mejoraba en 6 puntos su tope mundial con 10,23, 7,88, 14,52, 2,01, 45,00; 13,69, 43,34, 5,20, 63,63, 4:17,52.

Eaton se retiró tras el oro olímpico de 2016. La plata en esa competición fue para Mayer, que entonces tenía 24 años. Más lanzador, que velocista y, sobre todo, saltador de pértiga, la progresión del francés desde entonces ha sido fulgurante.

Kevin Mayer nació el 10 de febrero de 1992 en Argenteuil, en el área metropolitana de París. Fue campeón del mundo sub18 (2009), sub20 (2010) y de Europa sub20 (2011). En 2012 fue 15º en los Juegos Olímpicos. Ese año había superado por primera vez los 8000 puntos. En 2013 fue 4º en el Mundial y subcampeón de Europa en 2014. No disputó el Mundial de 2015 por lesión. En 2016 fue plata en los Juegos Olímpicos tras Aston Eaton con plusmarca personal de 8834 puntos, que mejoraba en 260 la plusmarca francesa de Christian Plaziat (1963) de 1990. En 2017 se proclamó campeón del mundo.

El objetivo de Mayer para 2018 era el oro en el campeonato de Europa de Berlín y tratar de acercarse a la plusmarca mundial de Eaton. Comenzó, con 10,64, mejorando su marca en 100, pero 3 nulos en longitud arruinaron su competición. Dos días después anunció que intentaría superar a Eaton el fin de semana del 15 y 16 de septiembre en Talence, el mismo lugar en que 26 años antes O’Brien se había resarcido parcialmente de su fracaso en las pruebas de selección olímpicas.

Comenzó mejorando su marca de 100 m hasta 10,55. También en la longitud mejoró hasta 7,80 m. En peso se fue hasta 16,00 m, 0,51 peor que su plusmarca personal. En altura saltó 2,05 m. 0,04 por debajo de su mejor registro. En 400 m, con 48,42 estuvo cerca de su mejor tiempo de 48,26. Este primer día totalizó 4563 puntos. Eaton había hecho 4703 puntos. Pero al francés le quedaban los lanzamientos de disco y jabalina y el salto de pértiga, pruebas en las que era muy superior a Eaton. Y la ventaja de este en los 110 m v no parecía que fuese a resultar decisiva.

Mayer empezó el segundo día con 13,75 en 110 mv y viento en contra, a 0,04 de su mejor marca y solo 0,06 peor que el día de la plusmarca de Eaton. A continuación enlazó tres plusmarcas personales en lanzamiento de disco, 50,54 m, salto con pértiga, 5,45 m, y lanzamiento de jabalina, 71,90. A falta de los 1500 m, Mayer tenía 8421 puntos. Ashton tenía el día de su plusmarca 8216. Salvo catástrofe, a esas alturas la plusmarca mundial estaba asegurada. Al francés le bastaban 4:49,00 para conseguir su objetivo. Su mejor marca en la prueba era 4:18,04, de 2012, cuando lanzaba mucho menos. Siempre llama la atención ver a decatletas con perfil de lanzador disputar los 1500 m. Su tiempo final fue de 4:36,11, lo que le dio una plusmarca mundial de 9126 puntos, la tarde del día en que el keniano Eliud Kipchoge (1984) había dinamitado con 2h01:39 el tope universal de maratón. Mayer hizo una competición casi perfecta mejorando en 5 de 10 pruebas y muy cerca de sus mejores registros en otras 4. Solamente se quedó lejos de su mejor tiempo en los 1500 m, marca a la que, dado su biotipo actual, probablemente ya no se acerque.

Mayer demostró que estaba en una excelente forma, pero probablemente también se dio cuenta de lo fácil que es tener un accidente en un decatlón. Sus próximos objetivos serán el Mundial de 2019 y los Juegos de 2020 y, quién sabe, quizá una nueva plusmarca mundial del tercer primo de Superman.

 

 

¿Es Eliud Kipchoge el mejor maratoniano de la historia?

Si eres indisciplinado eres esclavo de tus estados de ánimo y de tus pasiones. Solo los disciplinados son realmente libres.

Eliud Kipchoge

Tras sus estratosféricos 2h01:39 de hoy en el maratón de Berlín, a menos de 2:53,0 el kilómetro, surge la duda de si Eliud Kipchoge (1984) es el mejor corredor de maratón de la historia. Ya habíamos contado su historia con motivo de la carrera de exhibición de Monza el 6 de mayo de 2017, donde en una prueba no homologable de 42 195 m realizó 2h00:25. Sin incluir esta prueba, Kipchoge ha corrido 11 maratones con los siguientes resultados:

Hamburgo 21 abril 2013 1º 2h05:30
Berlín 29 septiembre 2013 2º 2h04:05
Rotterdam 13 abril 2014 1º 2h05:00
Chicago 12 octubre 2014 1º 2h04:11
Londres 26 abril 2015 1º 2h04:42
Berlin 17 septiembre 2015 1º 2h04:00
Londres 24 abril 2016 1º 2h03:05
Río JJOO 21 agosto 2016 1º 2h08:44
Berlín 24 septiembre 2017 1º 2h03:32
Londres 22 abril 2018 1º 2h04:17
Berlin 16 septiembre 2018 1º 2h01:39

Excluyendo el maratón olímpico de Río, en 5 años, Kipchoge ha corrido 10 maratones entre 2h01:39 y 2h05:30, a una media de 2h03:59. En total ha ganado 10 maratones, con el oro olímpico, y ha sido segundo en otro. ¿Ha habido algún maratoniano en la historia que haya mostrado esta superioridad? No es fácil comparar unas épocas con otras. El maratón ha cambiado notablemente a partir de los 70 con la profesionalización, ya que fue la primera prueba en la que se empezó a ganar dinero, y la dedicación a partir de los años 90 de los mejores africanos, hasta entonces en la pista. Hoy día el corredor de maratón de élite solo se dedica a la carretera, aunque proceda de la pista o del campo a través. En cualquier caso, al menos siete maratonianos marcaron época en su momento.

El británico Jim Peters (1918-1999) superó en 4 ocasiones la plusmarca mundial entre 1952 y 1954 hasta dejarla en 2h17:39,4. El anterior plusmarquista era el coreano Sun Yun-Bok (1923-2017) con 2h25:39, una mejoría de 8 minutos. Abandonó, sin embargo, en los Juegos Olímpicos de 1952, que ganó el checo Emil Zatopek (1922-2000). Un golpe de calor en los Juegos de la Commonwealth de 1954 acabó con su carrera deportiva.

El etíope Abebe Bikila (1932-1973) fue el primer atleta en ganar dos veces el oro en los Juegos Olímpicos, en 1960 y en 1964, la primera vez descalzo, en ambos casos con sendas plusmarcas mundiales de 2h15:16,2 y 2h12:11,2. El de Roma era su tercer maratón. Mejoró su marca por 6 minutos. En toda su carrera corrió 15 maratones. Ganó 12, fue 5º en uno y abandonó en 2, ya al final de su actividad competitiva.

El australiano Derek Clayton (1942) corrió la prueba en 1967 en unas entonces asombrosas 2h09:36,4, más de 2 minutos mejor que la anterior plusmarca mundial del japonés Morio Shigematsu (1940), 2h12:00 en 1965. Clayton fue 7º en los Juegos Olímpicos de 1967. Lo atribuyó a la altitud de la capital mexicana. Al año siguiente le quitó un minuto a su plusmarca mundial, 2h08:33,6, tiempo que no se superó hasta 1981. En los Juegos de Múnich de 1972 fue 13º.

El portugués Carlos Lopes (1947) era un gran corredor de 10 000 m y de campo a través, plata en los Juegos de Montreal 1976 y campeón del mundo de campo a través ese mismo año. Tras los Juegos las lesiones parecía que acabarían con su carrera deportiva, pero resurgió con fuerza en 1982 y 1983 con tiempos en 10 000 cercanos a la plusmarca mundial. Su falta de aceleración final lo dejó no obstante fuera del podio de los grandes campeonatos, por lo que decidió probar en el maratón. En esta distancia su carrera fue corta pero intensa, con 2 victorias en 5 maratones, una en los Juegos de LA 1984 y la otra en el maratón de Rotterdam de 1985 donde hizo plusmarca mundial 2h07:12.

El keniano Paul Tergat (1969) fue el primer gran corredor africano en hacer la transición al maratón desde la pista y el campo. Bronce en el mundial de 1995 en 10 000 m, plata en 1997 y 1999, así como plata olímpica en 1996 y 2000, fue plusmarquista mundial de 10 000 m, 26:27,85 (1997). En campo a través fue 5 veces consecutivas campeón del mundo (1995-1999). En 2003 se convirtió en plusmarquista mundial de maratón con 2h04:55. Fue la primera plusmarca mundial ratificada pro la IAAF. Las anteriores eran extraoficiales. Tergat ganó 2 maratones de los 11 en que tomó parte.

El etíope Haile Gebreselassie (1973) tras una carrera plagada de éxitos en pista, con 2 oros olímpicos y 4 mundiales y 3 plusmarcas mundiales en 10 000 m, hasta 26:22,75 (1998), así 4 en 5000 m, hasta 12:39,36 (1998), continuó cosechando triunfos en maratón. Hasta 2010 ganó 9 de 12 maratones, con dos plusmarcas mundiales de 2h04:26 (2007) y 2h03:59 (2008). Después de 2010 solo terminó y ganó 1 de 4 maratones. No corrió el maratón olímpico de 2008. Prefirió el 10 000, prueba en la que fue 6º.

Finalmente Kenenisa Bekele (1982) pese a muchos problemas físicos fue capaz de correr el maratón en 2h03:03 en 2016, entonces segunda mejor marca de siempre. El etíope, actual plusmarquista de 5000, 12:37,35 (2004) y 10000 m, 26:17,53 (2005) consiguió 4 oros mundiales en 10 Km y 1 en 5 Km, así como dos oros olímpicos en la prueba más larga y uno en la más corta. En campo a través ha sido campeón mundial 11 veces, 5 en la carrera corta. Su objetivo era hacerse con las plusmarcas de las tres pruebas oficiales de fondo pero las lesiones no se lo han permitido. Ha corrido 6 maratones, de los que ha ganado uno, y abandonado en otro.

De estos 7 grandes maratonianos, los dos que han ejercido un dominio parecido al de Kipchoge han sido Bikila y Gebreselassie. Probablemente entre los tres esté el mejor corredor de maratón de la historia, si bien el keniano tiene la ventaja de los años que le quedan por delante.

Hoy ha sido un día grande para el atletismo. Por la mañana asistimos a la gran hazaña de Kipchoge y por la tarde el francés campeón mundial de decatlón Kevin Mayer (1992) se hacía con la plusmarca mundial de la combinada que tenía el estadounidense Ashton Eaton (1988) con 9045 puntos. De perfil lanzador y con un extraordinario salto con pértiga, Mayer consiguió 9126 puntos (10,55, 7,80 m, 16,00 m, 2,05 m, 48,42, 13,75, 50,54 m, 5,45 m, 71,90 m, 4:36,11). Sin duda se merece la próxima entrada de este blog.

¿Habría podido el mejor Coe con el Cruz de Los Ángeles 84?

Tras la publicación de la segunda parte de la entrada sobre Joaquim Cruz, surgió un pequeño debate sobre lo que habría podido ocurrir si el brasileño se hubiese enfrentado al mejor Sebastian Coe, el de 1981. El deportista, no solo en el de alto nivel, pone el cuerpo al límite. Es habitual que lo pague en forma de lesiones, por lo que no es fácil mantener una continuidad. Seb Coe parecía invencible en 1981, pero en 1982, aquejado de una enfermedad seria, entonces no diagnosticada, ya no era el mismo. Pudo recuperarse para los Juegos Olímpicos de 1984. Su actuación fue magnífica, con la plata en 800 m y el oro en 1500 m, pero en la primera prueba no estaba como en 1981. Se enfrentó a un formidable Joaquim Cruz, que hizo, de largo, de 1984 la mejor temporada de su vida. ¿Habría podido el Coe de 1981 con el brasileño?

Sebastian Newbold Coe (Londres, 29 de septiembre de 1956) fue, en cierta manera, el producto atlético de su padre, Peter Coe (1919-2008). Es probable que esto condicionase sobremanera su primera etapa atlética, cuando, en alguna ocasión, le pudo su necesidad de ganar. Peter era un ingeniero al que preocupaba la biomecánica de su hijo, mal entrenada a su juicio, por lo que él mismo decidió dirigir la carrera atlética del joven Seb. Este comenzó sus éxitos internacionales en 1975. En Atenas se celebraba el campeonato de Europa Junior (sub20). Entonces Seb se dedicaba preferentemente al 1500, prueba en la que consiguió la medalla de bronce con 3:45,2, su mejor marca personal.

En 1976 consiguió bajar de 4 minutos en la milla por primera vez, 3:58,35, además de mejorar en 800 m hasta 1:47,7. En los dos años siguientes se dedicó casi exclusivamente a los 800 m, con alguna incursión en la milla. En 1977 se proclamó campeón de Europa de 800 m en sala. Al aire libre se convirtió en plusmarquista nacional con 1:44,95. En 1978 acudió al Europeo al aire libre de Praga con la mejor marca de los participantes, 1:44,25. Era el favorito, pero su inexperiencia en la alta competición le pasó factura. Se colocó en cabeza y dio paso al 400 en 49,56. Se acabó agotando y a duras penas consiguió entrar en el podio, 3º con 1:44,76. Poco después mejoró su marca hasta 1:43,97.

El año siguiente, 1979, Coe realizó una temporada superlativa. No compitió excesivamente, y básicamente se centró en los 800 m. Tan solo disputó una carrera de la milla y una de 1500 m. En ambas superó las plusmarcas mundiales con 3:48,95 y 3:32,03 respectivamente. En el campeonato británico fue segundo en los 400 m mejor marca personal de 46,87. En la prueba de las dos vueltas, el 5 de julio, en Oslo, consiguió una plusmarca mundial estratosférica de 1:42,33, 1,11 menos que el anterior tope universal, del cubano Alberto Juantorena (1950).

Ese año no hubo campeonatos importantes. Entonces no había Mundiales. No obstante, Coe disputó el 800 de la Copa de Europa, donde se enfrentó a rivales importante como los alemanes Willi Wülbeck (1954), 4º en los Juegos de Montreal, Olaf Beyer (1957), campeón de Europa en año anterior, o el italiano Carlo Grippo (1955), mejor marquista mundial en sala. Después de su actuación en Praga, donde aplicó una táctica equivocada, resultaba interesante ver a Coe en una prueba sin liebres con rivales de categoría. El británico no dio opción. En una carrera muy lenta, se mantuvo cómodo en posiciones secundarias hasta la última recta, momento en que con una gran aceleración se hizo con la victoria sin aparentar emplearse a tope.

En 1980 tendrían lugar los Juegos Olímpicos de Moscú. Tras el boicot decretado por el Presidente de Estados Unidos James Carter (1924), como represalia por al invasión soviética de Afganistán el año anterior, el Comité Olímpico Británico decidió ir a Moscú con bandera olímpica. Se había salvado el doble duelo en el medio fondo entre las dos estrellas británicas Seb Coe y Steve Ovett (1955). Ovett, que ya había sido 5º en los 800 m en los Juegos anteriores y 2º en el Europeo de 1978, había dejado esta prueba en un segundo plano para centrarse en los 1500 m y la milla. Parecía ligeramente superior a Coe en la prueba más larga, mientras que la superioridad de Seb en la doble vuelta semejaba incontestable. Poco antes de los Juegos había realizado con 2:13,40 la plusmarca mundial de 1000 m, tiempo equivalente a 1:43,39, en aquel momento solo al alcance del propio Coe. A la hora de la verdad sin embargo, su actuación en la doble vuelta de los Juegos fue muy deficiente. De sus siete rivales en la final, tan solo el francés José Marajó (1954) había bajado de 1:44,0 (1,43,9 en 1979). En una carrera muy lenta, Seb se mostró nervioso y dubitativo. Se quedó muy atrás y finalmente tan solo pudo salvar la plata. Ovett consiguió una sorprendente fácil victoria. A Coe le volvió a poder la necesidad de ganar.

Coe pudo sacudirse sus demonios con el oro en el kilómetro y medio. Su expresión facial al hacerse con la victoria lo decía todo. No prolongó demasiado esa agridulce temporada que terminó con una inesperada derrota ante el estadounidense Don Paige (1955), 1:45,04, frente a 1:45,07 del británico.

La temporada de 1981 de Seb Coe fue el epítome de la perfección. Pocas veces un atleta ha conseguido en una campaña lo que hizo el británico ese año. Como en 1981 seleccionó muy bien las carreras, centrándose más en los 800 m. Tan solo tomó parte en una carrera de 1500 m y en dos de la milla. En estas dos últimas superó con 3:48,53 y 3:47,33 las anteriores plusmarcas mundiales, en ambos casos en posesión de Steve Ovett. En el 1500 las liebres fueron demasiado rápidas. No obstante hizo mejor marca personal, 3:31,95, a 0,59 de la plusmarca mundial de Ovett. En total Coe intentó 5 plusmarcas mundiales y consiguió 4. El 10 de julio, en Florencia, mejoraba en los 800 m hasta unos asombrosos 1:41,73. El tiempo se calculó con dos células fotoeléctricas, ya que falló en cronometraje electrónico.

Poco después, el 11 de julio, el británico realizaba otro impensable registro, mejorando hasta 2:12,18 (1:44,56+) su plusmarca mundial del kilómetro, equivalente a 1:42,45 en los 800 m.

Esta superioridad se vio reflejada en la final de la Copa de Europa, donde Coe volvía a tener como principales rivales a Beyer, Wülbeck y Grippo, junto al bielorruso, entonces soviético, bronce en Moscú, Nikolai Kirov (1957) En una carrera muy lenta, como en 1979, Coe mostró una absoluta superioridad con un perfecto sentido táctico y un último 100 en 11,9.

Coe cerró su temporada superlativa con la victoria en los 800 m de la Copa del Mundo, donde se enfrentó a rivales de menos de 1:45,0, entre los que destacaban el estadounidense James Robinson (1954) y un joven brasileño de 18 años, plusmarquista mundial junior con 1:44,3, llamado Joaquim Cruz (1963). Tampoco en esta ocasión el británico dejó margen alguno. Como en la Copa de Europa, controló perfectamente una carrera lenta y acabó muy por delante de sus rivales en una última recta rapidísima.

En 3 años Coe había superado 8 plusmarcas mundiales y solamente había cosechado dos derrotas en 800 m. Lo malo es que una de ellas fue en la final olímpica. En 1979 había mostrado una total superioridad en la prueba pero en 1980 fracasó en los Juegos. En 1981 parecía un atleta mucho más fuerte, en todos los aspectos. Pero lo que cambiaría completamente la actitud de Coe ante la competición fue lo sucedido en los dos años siguientes, en los que pasó de lo más alto a ver peligrar seriamente su carrera atlética y su salud. Tras un importante deterioro en su rendimiento atlético, que le llevó a perder, otra vez, el oro en el 800 del Europeo de 1982, se descubrió que padecía una enfermedad, que inicialmente se diagnosticó como una mononucleosis infecciosa. Posteriormente el diagnóstico se cambió a toxoplasmosis, una enfermedad parasitaria más grave. Se perdió el Mundial de 1983, pero pudo volver para disputar los Juegos de Los Ángeles, aunque su forma era una incógnita. En cualquier caso, su actitud ante la competición era muy diferente a la de 4 años antes. Ganar ya no es cuestión de vida o muerte para mí, había declarado. Coe tuvo una actuación excelente. En 800 m corrió una final tácticamente impecable, pero Joaquim Cruz fue superior. En 1500 m se hizo con su segundo oro olímpico.

Es probable que con la actitud de 1984 hubiese hecho el doblete en 1980 pero ¿habría podido con Cruz con la forma de 1981? Cruz en 1984 cronométricamente valía lo mismo que Coe, pues acabó haciendo 1:41,77. Ese año corrió en 4 ocasiones en 1:43,0 o menos, Coe lo hizo también en 4 ocasiones, si incluimos su 1000 m de 2:12,18, pero en toda su carrera atlética. Cierto es que el británico dosificaba muy bien sus competiciones. El brasileño estaba en 1984 en el mismo estado de gracia que Coe en 1981 y ambos corrían en ritmos parecidos. Habría sido un enorme espectáculo verlos en una final olímpica en igualdad de condiciones. Tal como se desarrolló la carrera es probable que la táctica de ambos no hubiese variado demasiado. Coe previsiblemente habría esperado hasta la recta final para dar un hachazo como los de 1981. El resultado, no obstante, es historia alternativa. Tal vez Cruz habría resistido. Pero solo es mi opinión.

Mariano García-Verdugo en su 70 cumpleaños

Santiago de Compostela, Estadio de la Residencia, una tarde cualquiera de primavera de los años 80, decenas de atletas se aplicaban a entrenar en las entonces renovadas instalaciones del Estadio. No había modalidad atlética que no tuviese participantes. Y allí, a cambio de nada o casi nada, en su tiempo libre, los entrenadores Javier Marcos (1952), Ricardo Gurriarán (1953) María Luisa Peralta (1951) y Mariano García-Verdugo (1948) hacían posible la apuesta de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) por el atletismo. Todos ellos ejercían de profesores de Educación Física en centros escolares, desde donde promocionaban el atletismo invitando a los chavales a practicar este deporte de forma reglada.

A finales de los años 60 la USC, por medio del catedrático de Fisiología Vegetal, entonces encargado de la sección de deportes y que posteriormente sería alcalde de Santiago, Ernesto Viéitez Cortizo (1921-2013),  había creado el Club Universitario de Atletismo (CUA). Con el fin de atraer deportistas se habían dotado una serie de becas para universitarios. Algunos ilustres atletas de entonces fueron los velocistas Ramón Magariños (1948) y Manuel Carlos Gayoso (1944), el triplista Francisco Castrillo (1952), el futuro preparador físico de la selección española de baloncesto Pepe Casal (1950) o el que sería Presidente del Gobierno Gallego, Fernando González Laxe (1952). El atletismo federado compostelano había tenido un precedente en la entonces joven Sociedad  Deportiva Compostela, donde militaron José María Caneda (1947), que acabaría presidiendo el club, ya sin sección de atletismo, o el periodista Emilio Navaza (1948), autor del blog Vida atlética de Galicia y durante muchos años reportero no oficial del CUA. En cualquier caso, la consolidación del atletismo universitario necesitaba de una infraestructura y para crearla Viéitez se fijó en un corredor de obstáculos que estaba terminado Educación Física llamado Mariano García-Verdugo.

Mariano García-Verdugo Delmas había nacido en Madrid el 30 de agosto de 1948. Hijo de un empleado de los Paradores Nacionales, pasó su infancia en diferentes localidades de la Península hasta que finalmente recaló en Pontevedra. Allí comenzó a practicar atletismo en el club Cisne y, poco después, se encontró con el que años más tarde Mariano definiría como su segundo padre, José Luis Torrado (1935), el Brujo, quien comenzó a entrenarlo de forma más metódica, ya en la Sociedad Gimnástica. Posteriormente sus aptitudes atléticas valieron a Mariano una beca en la Residencia Blume, donde simultaneó los entrenamientos con sus estudios en el recién inaugurado Instituto Nacional de Educación Física (INEF). De esa primera etapa como atleta son sus mejores marcas en 800 m, 1:53,2, 1500 m, 3:51,8, y 3000 m obstáculos, 9:10,4, prueba esta en la que representó a España en un encuentro internacional contra Italia en 1970.

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Mariano en su época de corredor de obstáculos

En 1972, recién licenciado en la segunda promoción del INEF, se trasladó a Santiago de Compostela, con el encargo de la Universidad para hacer una escuela de atletismo. Durante 15 años, Mariano simultaneó el trabajo en la USC con el de profesor de Educación Física en el colegio compostelano de La Salle, que se convirtió en una importante cantera del CUA. En 1988, con su nombramiento como Director del Área de Deportes de la USC, Mariano pudo dedicarse laboralmente a la USC a tiempo completo.

En la actualidad el Estadio de la Residencia de la USC se ubica en el llamado Campus Vida (antiguo Campus Sur). En los años 30, con diseño del arquitecto vigués Jenaro de la Fuente (1891-1963), había comenzado la construcción de un complejo de edificios, que inicialmente se iban a dedicar a residencia de estudiantes y profesores. Uno de los edificios del proyecto era un estadio multiusos, que incluía una pista de atletismo. El estadio, cuya fachada es de los años 50, no se acondicionó hasta 1966, con un campo de fútbol rodeado de unas pistas de ceniza de 333 m de perímetro, junto con fosos de saltos y jaulas de lanzamientos. Es esa situación, y compartiendo las instalaciones con el fútbol, Mariano y su mujer María Luisa, entre otros, sentaron las bases de la escuela de atletismo compostelana, inspirándose en el modelo de Salamanca. Entretanto, Mariano no se había olvidado de su condición de atleta. Dejó los obstáculos y se centró en el maratón, distancia que llegó a correr en 2h25:50 en 1979 y en la que también consiguió la internacionalidad.

Mariano maratón (3)
Los componentes del equipo español de maratón del Gran Premio de Europa de 1979 con Emil Zatopek, Gaston Roelans y Gaston Reiff. Mariano en el medio entre las dos leyendas belgas

Las facilidades para la práctica del atletismo mejoraron notablemente cuando en 1982 se remodeló el estadio de atletismo, dotándolo de pistas sintéticas de 400 m de perímetro y eliminando el campo de fútbol. En aquellos años, Mariano entrenaba una treintena de atletas, fundamentalmente medio fondistas y fondistas, pero también marchadores, lanzadores y saltadores. Trabajador incansable y con una enorme motivación por el deporte, tras terminar su labor en La Salle, a las 18, Mariano se dirigía al Estadio, donde supervisaba las series de los corredores, hacía la técnica con los saltadores de altura y, finalmente, se iba a la zona de lanzamientos para hacer la técnica con los lanzadores de martillo. No volvía a casa antes de las 21. Muchos fines de semana tocaba competición, por aquellas carreteras de los años 80. Un viaje Santiago Lugo (105 Km) era una odisea de dos horas. A todo ello había que sumar la labor de gestión del club, diseño de planes de entrenamiento y estudio de las cambiantes ciencias del deporte.

El mismo año de 1988 en que lo nombraron Director de Deportes de la USC, Mariano hizo su última incursion en el atletismo de competición, cuando preparó y terminó los 100 Km de Madrid en 7h32:52. Al año siguiente su carrera profesional dio un enorme salto. El flamante presidente de la Real Federación Española de Atletismo, José María Odriozola (1939) lo nombró responsable nacional del medio fondo. Mariano ocupó el cargo hasta 2012, lo que le permitió vivir en primera persona las principales competiciones atléticas de esos años y ensanchar sus ya vastos conocimientos sobre técnicas de entrenamiento. En total, acudió a 6 Juegos Olímpicos, 18 Campeonatos del Mundo y 17 Campeonatos de Europa. Con el tiempo, se fue centrando más en el medio fondo y el fondo y se convirtió en una referencia en este campo, sobre el que ha publicado numerosos libros.

Mariano fue entrenador de varios atletas internacionales, sobre todo medio fondistas y fondistas, Esther Pedrosa (1961), Pilar Barreiro (1971), Javier Fernández Feijoo (1959), Manuel García Gendra (1962), Jesús de la Fuente (1970)…, pero también hizo a José Luis Antas (1968), campeón de España sub21 de salto de altura en 1987, o guio los pasos del añorado lanzador de martillo (y jugador de balonmano) César González Fares (1960-2011). Esto, no obstante, fue solo la punta del iceberg. La principal labor de Mariano fue la que no salía del ámbito local, incluso personal.  Consiguió inculcar el gusto por el atletismo a muchas personas y que diesen lo mejor de ellos mismos, ya fuese haciendo 3:45, 3:50 o 3:55 por poner el ejemplo del 1500 m. Logró, sobre todo, que muchos jóvenes comprendiesen la esencia del atletismo: trabajo, sacrificio, disciplina y resultados diferidos.

Toda una vida dedicada al atletismo se merecía un reconocimiento. En 2012 con motivo de la jubilación de Mariano como Director de Deportes de la USC, cuatro de sus antiguos discípulos organizaron un homenaje secreto. Mariano se pensaba que iba a cenar con ellos cuatro, cuando se encontró sorpresivamente a 84 exatletas, colegas y amigos, otros 16 no habían podido acudir, que, en una cena muy emotiva, le expresaron su enorme agradecimiento por lo que había supuesto en sus vidas.

Tras su jubilación, Mariano continúa muy activo, tanto física como profesionalmente. Alterna la carrera con la elíptica, actividad a la que dedica dos horas diarias y continúa escribiendo, dando conferencias y atendiendo su página web.

Querido Mariano, te deseo un muy feliz cumpleaños, que cumplas muchos más y muchas gracias por haber mejorado la vida de tantas personas a las que enseñaste a amar el atletismo y a las que regalaste tantas horas de tu tiempo.

Joaquim Cruz, de vendedor ambulante en Brasil al oro olímpico en Los Ángeles (y II)

Segunda parte de la historia de Joaquim Cruz.

La segunda serie semifinal resultó mucho menos dramática. Johnny Gray dio paso al primer 400 en 52,27, con Coe agazapado en la 4ª posición. El británico atacó en el último 150 y se llevó la victoria en 1:45,51, con Konchellah 2º, 1:45,67, Gray 3º, 1:45,82, y Sabia 4º, 1:45,96. A tenor de lo visto, los dos grandes favoritos habían tenido actuaciones totalmente opuestas. Mientras Cruz había decidido ir fuerte en las tres rondas, Coe trató de ahorrar esfuerzos para la final, tal vez pensando en los tres 1500 que le esperaban tras el 800. En cualquier caso, se esperaba que en la final del 6 de agosto se correría rápido, como así sucedió. Al igual que en la semifinal, Koech decidió avivar el ritmo desde el principio, si bien su paso de 51,07 por el 400 fue sensiblemente superior a los 49,56 del día anterior. Cruz y Coe no se despegaban del keniano, que mantuvo la cabeza hasta la última recta. Cruz en pugna con Koech, al igual que Coe en pugna con Jones, hizo la última curva por la calle 2 No consiguió sobrepasar Koech hasta la última recta y ya no hubo quien se le acercase, mientras Coe, codo a codo con Jones, conseguía la plata. Cruz marcó 1:43,00, nueva plusmarca olímpica y 2ª mejor marca de siempre entonces tras la plusmarca mundial de 1:41,73 de Coe. El británico, que volvía a estar en gran forma, corrió en 1:43,64, su mejor marca desde 1981, mientras Jones fue bronce con 1:43,83. Konchellah, futuro bicampeón mundial, ocupó la 4ª posición con mejor marca personal de 1:44,03. Siete atletas corrieron en menos de 1:45,00. Ovett, al que acabaron retirando en camilla por problemas respiratorios, terminó a duras penas en 1:52,28.

La victoria del brasileño, que había corrido en 1:45,66, 1:44,84, 1:43,82 y 1:43,00, fue inapelable. Coe, que en 1980, siendo muy superior a sus rivales, perdió la final olímpica de 800 m por una mala táctica, no tuvo opción. Tres días después, Cruz, inscrito también en el 1500, ganó su serie pero no se presentó en su semifinal. Coe se acabaría haciendo brillantemente con el oro en el kilómetro y medio en la 7ª prueba que disputaba en estos Juegos. A diferencia de la temporada anterior, Cruz decidió sacar partido de su excelente forma en las reuniones del circuito europeo. En Niza, el 20 de agosto, corrió los 1000 m en 2:14,09. Dos días después, en Zúrich, se acercaba peligrosamente a la plusmarca mundial de 800 m al correr en 1:42,34. El día 24, en Bruselas, hizo 1:42,41 y el 26, en Colonia se quedó, al menos oficialmente, a un suspiro del tope mundial al marcar 1:41,77, con un pase de 49,7 en los 400 m. El keniano Sammy Koskei (1961), que no había resultado seleccionado para los Juegos, fue 2º con 1:42,28.

Cuando Seb Coe había establecido la que entonces era plusmarca mundial de 1:41,73 en Florencia el 14 de junio de 1981, el cronometraje eléctrico no había funcionado. La marca manual fue de 1:41,6 y la centesimal se estimó con dos células fotoeléctricas en 1:41,72. Posteriormente se corrigió a 1:41,73. Es probable que el tiempo del brasileño fuese más rápido, aunque no se considerase oficialmente. En cualquier caso, Cruz tenía entonces 21 años, por lo que se estimaba que no tardaría en convertirse en plusmarquista mundial. Desgraciadamente, los problemas físicos impidieron progresar al brasileño, si bien aún tuvo tiempo de ganar otra medalla olímpica.

Su temporada de 1985 no fue tan brillante como la anterior, si bien continuó realizando grandes marcas. El 1 de junio mejoraba su marca de 1500 m dejándola en 3:35,70 y derrotando en Eugene a los mejores milleros estadounidenses, incluidos Steve Scott (1956) y Jim Spivey (1961). Esto probablemente hizo pensar, de forma exagerada, a los organizadores del 1500 de la reunión de Niza, del 16 de julio, que el brasileño podía estar cerca de la plusmarca mundial. Finalmente hubo plusmarca mundial, pero a cargo del británico Steve Cram (1960), con 3:29,67, primera marca de la historia por debajo de 3:30,00. Cruz solo pudo ser 7º con 3:37,10. Cram volvió a derrotarlo justo un mes después, en Zúrich, esta vez en el terreno del brasileño, en los 800 , 1:42,88 por 1:43,23. Cruz, sin embargo, acabó la temporada con tres excelentes 1:42,98, 1:42,54 y 1:42,49.

Su condición física derivada de los problemas con su tendón de Aquiles hizo que pasase en blanco la temporada de 1986 y en precario la de 1987. Aun así ese año pudo ganar un 1500 muy lento de los Juegos Panamericanos, por delante de Spivey y Scott. Su mejor marca en 800 m fue 1:45,74. Se inscribió en el 800 del Mundial de Roma, pero finalmente no acudió, tal vez pensando en recuperarse para los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Y afortunadamente para él esa recuperación tuvo lugar, si bien nunca llegó a estar como 4 años antes. Los Juegos tendrían lugar a finales de septiembre, con lo que Cruz retrasó su puesta a punto. A mediados de agosto mejoraba con 3:34,63 su marca de 1500 m. Poco después conseguía unos buenos 1:44,27 en la pista de Colonia, de buen recuerdo para el brasileño, segundo detrás del ganador, el marroquí Said Aouita, quien con 1:43,86 realizó su mejor marca de siempre. Aouita había anunciado su intención de luchar por el oro olímpico en las dos pruebas de medio fondo.

Como 4 años antes en Los Ángeles, el 800 de Seúl contaría con 4 rondas en 4 días, si bien se corrió mucho menos. Cruz se impuso fácilmente en sus series de las dos primeras rondas con 1:47,16 y 1:46,10 respectivamente. En la primera semifinal, el brasileño fue 2º con 1:44,75, por detrás del desconocido keniano Paul Ereng (1967), quien con 1:44,55 hacía su mejor marca. Donato Sabia y Peter Elliot fueron los otros dos clasificados para la final. En la segunda semifinal se impuso el también keniano Nilson Kiprotich (1962). Aouita, el brasileño José Luiz Barbosa (1961) y Johnny Gray también se clasificaron para la final. No había un favorito claro para el oro. Desde la salida Barbosa, que había corrido ese año en 1:43,20, y Kiprotich decidieron imprimir un ritmo rápido a la carrera. Cruz no dudó en irse con ellos, mientras por detrás se abría un hueco, con Elliot en tierra de nadie, y más atrás Aouita, Gray y Ereng. Barbosa dio paso al primer 400 en 49,54. A falta de 200 m, Barbosa, tras verse sobrepasado por Kiprotich, que lideraba la prueba, y Cruz, iba perdiendo terreno en beneficio de Elliot y Aouita. Treinta metros más adelante, Cruz se hacía con la cabeza. Mientras Kiprotich se hundía, su compatriota Ereng emergía desde atrás dispuesto a pelear con el oro con Cruz, Elliot y Aouita que entraban en la recta final por este orden. El keniano lograba colarse por dentro a la segunda posición y, a falta de 30 metros, impedía que el brasileño lograse su segundo oro olímpico. Ereng conseguía la victoria con plusmarca personal de 1:43,45. Cruz fue plata con 1:43,90, su mejor marca desde 1985 y Aouita conseguía finalmente adelantar a Elliot y se hacía con el bronce, 1:44,06.

Como en LA, 4 años antes, Cruz disputó la primera ronda del 1500, en la que fue 1º pero no se presentó en su semifinal. La final de 800 m de Seúl fue la última gran carrera del brasileño. Aunque siguió compitiendo hasta 1997, su tendón de Aquiles lo apartó de la élite. Nunca volvió a correr por debajo de 1:45,80. En 1995 ganó el 1500 de los Juegos Panamericanos y superó la primera ronda del Mundial de Gotemburgo, si bien no salió en la semifinal. En 1996 tomó parte en sus terceros Juegos Olímpicos, en Atlanta, aunque no pasó de la primera ronda del 1500.

Afincado en California, desde hace años es entrenador de atletismo. Un gigante de los 800 metros al que su tendón de Aquiles le impidió ser aun más grande.

Las plusmarcas más antiguas de los campeonatos de Europa

Los recientes campeonatos de Europa celebrados en Berlín han recuperado el brillo de antaño. Se han conseguido 10 plusmarcas de los campeonatos, incluida la nueva prueba de los 50 Km marcha femeninos, y ha habido otras excelentes actuaciones. Sin embargo, nada menos que 23 plusmarcas de los campeonatos son del siglo XX, es decir, tienen 20 años o más. Dos de ellas están a punto de cumplir 40 años y cumplirán, al menos, 42. Se trata de los 27:30,99 en 10 000 m del finlandés Martti Vainio (1950) y el 1:43,84 en 800 m del alemán Olaf Beyer (1957), ambos realizados en el campeonato de Europa de 1978, celebrado en el estadio Evžena Rošického de Praga del 29 de agosto al 3 de septiembre.

El 29 de agosto, primer día de los campeonatos, tenía lugar la final directa de 10 000 m masculinos (la prueba femenina no se instauraría hasta 1986), donde se habían dado cita 24 atletas, de los que 14 estaban acreditados por debajo de 28 minutos. No acudieron ni el finlandés campeón olímpico, Lasse Virén (1949), ni el portugués subcampeón, Carlos Lopes (1947), ambos con problemas físicos. Sí estaba el medallista de bronce, el británico Brendan Foster (1948), que ese año había realizado 27:30,30, segunda mejor marca de siempre y plusmarca europea. Campeón de Europa de 5000 m en 1974, era el gran favorito. Otro de los candidatos era el rumano Ilie Floroiu (1952), 5º en los Juegos de 1976, que con 27:47,8 tenía la segunda mejor marca de los participantes ese año. También contaban dos neerlandeses, Gerald Tebroke (1949-1995) y Jos Hermens (1950), que el año anterior habían realizado respectivamente 27:37,63 y 27:41,25. El joven italiano Venanzio Ortis (1955), campeón de su país, tenía una plusmarca personal de 28:05,2, de ese mismo año, pero acababa de correr un rapidísimo 5000 en 13:20,82. Nadie había reparado, salvo por su estatura de 1,92 m en un finlandés llamado Marti Vainio, que ese año había bajado por primera vez de 28 minutos, en Helsinki, donde fue 6º con 27:59,7 superado por 3 europeos.

La carrera resultó espectacular, tanto por el rapidísimo ritmo desde el comienzo como por el trepidante e incierto final. Inicialmente tomó la cabeza el rumano Paul Copu (1953), con un tren elevado que favorecía los intereses de su compatriota Floroiu. Este dio paso al tercer kilómetro en 8:12,0 y al quinto en 13:44,8. Los siguientes kilómetros se hicieron en 2:47,8, 2:48,0, 2:47,4 y 2:46,6. El británico David Black (1952) cruzó el 9000 en 24:54,4, encabezando un grupo en el que estaban Foster, Floroiu, Ortis, el entonces soviético Alexandr Antipov (1955), hoy lituano y llamado Aleksandras Antipovas, y Vainio, que enseguida se colocó en tercer lugar impidiendo que los británicos abriesen hueco. A falta de 800 m, parecía que los tres de cabeza se despegaban del resto, pero 200 m más adelante Ortis y Antipovas lograban conectar. Black continuaba en primera posición, con el quinteto líder muy estirado. La última vuelta fue un cerrado duelo entre tres atletas pleno de alternativas. Foster pasó a la primera posición, dando paso al inicio del último 400 en 26:32,6, seguido de Vainio que se igualaba a Black. A falta de 300 m un cambio seco de Ortis dejó a Black fuera de la lucha por las medallas, mientras Antipovas perdía algo el contacto. Poco antes del 200, Foster recuperó la cabeza llevándose con él a Vainio y a Ortis. Antipovas parecían ya no contar. Vainio adelantó a Foster cerca de la recta final. Este perdió también la segunda posición ante Ortis, que no pudo alcanzar al finlandés pero conservó la segunda posición por centímetros ante un postrero ataque furibundo de Antipovas, que dejó a Foster fuera del podio. Vainio mejoró su marca por casi medio minuto, 27:30,99, tras una última vuelta en 58,3. Por su parte Ortis, 27:31,48 y Antipovas, 27:31,50, bajaban por primera vez de 28:00,00. Los registros de los medallistas eran el 5º, 6º y 7º de todos los tiempos. Un total de 10 atletas corrieron por debajo de 28, 9 de ellos mejoraron la plusmarca de los campeonatos de Juha Väätäinen (1941), 27:52,78 en 1971. Estos fueron los resultados completos:

1 Martti Vainio Finlandia 27:30.99
2 Venanzio Ortis Italia 27:31.48
3 Aleksandras Antipovas URSS 27:31.50
4 Brendan Foster Reino Unido 27:32.65
5 Dave Black Reino Unido 27:36.27
6 Gerard Tebroke Países Bajos 27:36.64
7 Ilie Floroiu Rumanía 27:40.06
8 Enn Sellik URSS 27:40.61
9 Knut Kvalheim Noruega 27:41.26
10 Jerzy Kowol Polonia 27:53.61
11 John Treacy Irlanda 28:17.0
12 Léon Schots Bélgica 28:19.6
13 Cătălin Andreica Rumanía 28:29.4
14 Mike McLeod Reino Unido 28:38.0
15 Øyvind Dahl Noruega 28:43.2
16 Frank Grillaert Bélgica 28:43.5
17 Ryszard Kopijasz Polonia 28:44.2
18 Karel Lismont Bélgica 28:49.2
19 Waldemar Cierpinski RDA 28:58.9
20 Karel Gába Checoslovaquia 29:56.3
Pierre Levisse Francia Ab
Detlef Uhlemann RFA Ab
Jos Hermens Países Bajos Ab
Paul Copu Rumanía Ab

Vainio tras una discreta actuación en los Juegos Olímpicos de 1980 fue bronce europeo en 10 000 m en 1982 y bronce en el 5000 del primer Mundial, celebrado en Helsinki en 1983. Como todos los finlandeses de su generación, Vainio no estaba libre de la sospecha de mejorar su rendimiento con autotransfusiones. Esta técnica no estuvo prohibida hasta 1985. En 1984, tras ser 2º en la final olímpica de 10 000 m en Los Ángeles, se le descubrieron restos de anabolizantes en su orina, lo que le supuso la descalificación. Se pensó entonces que los restos de la sustancia prohibida probablemente estuviesen en sangre autotrasfundida.

Por su parte Ortis, en el mejor momento de su vida, se hizo con el oro en el 5000 del Europeo. Con 23 años el futuro parecía pertenecerle, pero un rosario de lesiones cortó su progresión. Sin embargo, abrió el camino para sus compatriotas, que ganaron los siguientes tres campeonatos europeos de 10 000 m, Alberto Cova (1958) en 1982, Stefano Mei (1963) en 1986, con triplete italiano, y Salvatore Antibo (1962) en 1990. El último campeón de Europa en bajar de 28 minutos fue el español Chema Martínez (1971), 27:47,65 en 2002. En los últimos 10 años, tan solo el británico Mo Farah (1981) y Chris Thompson (1981) y los turcos Ali Kaya (1994) y Mel Girmalegese (1987) han conseguido correr por debajo de 27:30,00.

El mismo 29 de agosto habían comenzado las series de 800 m, cuya final, previa semifinal, tendría lugar dos días después. En esta distancia se esperaba un duelo por el oro entre los británicos Seb Coe (1956) y Steve Ovett (1955), con cierta ventaja para el primero. Aún no habían alcanzado la enorme relevancia mediática que les esperaba en los años siguientes pero su rivalidad ya comenzaba. Coe había sido bronce en el Eurojunior de 1975 en 1500 m. Posteriormente decidió centrarse en los 800 m. El año anterior se había proclamado campeón de Europa en sala. Se presentó en Praga con 1:44,25, mejor marca de ese año 1978 y plusmarca nacional británica. Ovett había comenzado a destacar muy joven. Tras proclamarse campeón de Europa junior (sub20) de 800 m en 1973, fue subcampeón de Europa absoluto al año siguiente y 5º en los Juegos Olímpicos en 1976 con plusmarca personal de 1:45,77. En 1977 se había centrado en los 1500 m, prueba en la que, tras su resonante victoria en la Copa del Mundo con marca personal de 3:34,45, se había instalado en la élite mundial. En 1978 optó por intentar el doblete en medio fondo en el Europeo tras mejorar su marca de 800 m a 1:45,38.

Los dos británicos se plantaron el la final ganando sus respectivas semifinales. Del resto de sus rivales había otros dos atletas que habían conseguido bajar de 1:46,0 ese año, los jóvenes alemanes del Este Andreas Busse (1957), 1:45,45, y Olaf Beyer (1957), 1:45,8. El francés José Marajo (1954) había corrido en 1:45,89 el año anterior. A priori parecían condenados a luchar por el bronce. Como le ocurriría dos años después en los Juegos de Moscú, la necesidad de ganar pudo, no obstante, con Seb Coe, quien tomó la cuerda en dura pugna con Beyer e impuso un ritmo frenético, cruzando la primera vuelta en 49,32, algo nunca visto. Sin embargo, no conseguía despegar ni a Beyer ni a Ovett, mientras Busse era 4º. En la contrarrecta, Ovett se colocaba en 2ª posición y trataba de igualarse a su compatriota a falta de 200 m. Coe resistió toda la curva antes de ceder, agotado, a falta de 100 m. Parecía que Ovett se haría con la victoria, pero un tremendo acelerón final de Beyer dio, con 1:43,84, el oro al alemán. Ovett era segundo con plusmarca británica de 1:44,09, que acabó siendo su mejor marca de siempre. Coe, 1:44,76, completamente agotado y decepcionado conseguía el bronce en una carrera que, con otra estrategia, podría haber ganado.

La marca de Olaf Beyer era la 4ª mundial de siempre en aquel momento. Su edad y su excelente actuación le auguraban un buen futuro, pero sus continuos problemas físicos no le permitieron mejorar. Tras su éxito en Praga su mejor resultado fue un 7º puesto en el Europeo al aire libre de 800 m, 4 años después. Tras su plata en 800 m, Ovett ganó con cierta facilidad el oro europeo en los 1500 m, mientras Coe, días después, recuperaba, con 1:43,97, el primado británico. En los tres años siguientes la rivalidad entre ambos trascendió, con mucho, el mundo del atletismo. Ambos se convirtieron en iconos mundiales con sus plusmarcas mundiales y su duelo olímpico estelar en Moscú. Aunque Ovett fue perdiendo empuje a partir de 1984, los éxitos de Coe continuaron en los Juegos de LA84 y en el Europeo de 1986.

Desde 1978, los 800 m del Europeo se han corrido a ritmo medio o a ritmo lento. Después de la carrera de Praga, ha habido 6 registros ganadores por debajo de 1:45,00, el más rápido, el del polaco Adam Kszczot (1989), oro en los últimos tres campeonatos, con 1:44,15.

Además de estas dos antiguas plusmarcas de los campeonatos de Europa hay otras tan o más míticas, como los 47,48 del alemán Harald Schmid (1957) en 400 m vallas en 1986, los 21,71 en 200 m de la alemana Heike Dreschler (1964) en 1986, los 48,16 de su compatriota Marita Koch (1957) en los 400 m en 1982, ambas plusmarcas mundiales en su momento, los 22,22 m en lanzamiento de peso del suizo Werner Gunthör (1961) o los 86,74 del entonces soviético Yuriy Sedykh (1955) en lanzamiento de martillo en 1986, la segunda plusmarca mundial masculina más antigua.

Jakob Ingebrigtsen y los adolescentes de élite

Hace un año escribía sobre la sorprendente progresión del atleta noruego nacido el 19 de septiembre de 2000 Jakob Ingebrigtsen. En 2017, aun juvenil (sub18), fue capaz de correr en 3:39,92 los 1500 m, en 3:56,29 la milla y en 13:35,84 los 5000 m. Lo comparaba entonces con tres atletas europeos que habían causado sensación en categorías menores, el italiano Stefano Mei (1963), 13:55,91 en 5000 m en 1980, el alemán Hanjorg Kunze (1959), 7:56,4 en 3000 m en 1976, y el finlandés Ari Paunonen (1958), 7:43,20 en 3000 m en 1977. Este último no llegó a la élite. Sí lo hicieron los dos anteriores, aunque sin la superioridad que tenían en categorías inferiores. Ha pasado un año y Jakob Ingebrigtsen ha mejorado todas las expectativas. Con 17 años no es que sea un buen junior (sub20), es que se ha encaramado a lo más alto del 1500 y del 5000 de Europa con sus dos oros continentales en Berlín. Su madurez a la hora de correr y su sentido táctico son sorprendentes en un atleta de su edad. Con este resultado, ya ha superado en medallas a Mei, cuyo mejor logro fueron el oro y la plata en los 10 y 5 Km del Europeo de 1986. Nunca un atleta tan joven había conseguido ser campeón de Europa, mucho menos en dos pruebas.

Fuera del atletismo africano, hay muy pocos precedentes en medio fondo y fondo de atletas tan jóvenes codeándose con los mejores de su prueba. Tal vez los dos casos más destacados sean los del estadounidense Jim Ryun (Wichita, Kansas 29 de abril de 1947) y del británico Steve Ovett (Brighton, 9 de octubre de 1955). En 1964, Ryun consiguió clasificarse para los Juegos Olímpicos de Tokio en la prueba de 1500 m, donde fue capaz de pasar de la primera ronda. Ese año, con 17, había corrido en 3:39,0 en el kilómetro y medio y en 3:59,0 en la milla, no muy lejos de las plusmarcas mundiales de entonces de 3:35,6 y 3:54,1. Esta última plusmarca se superó en 1965 con 3:53,6, pero Ryun, con 18, también mejoró a 3:55,3. En 1966 Ryun consiguió dos plusmarcas mundiales de enorme valor. Corrió las 880 yardas en 1:44,9, equivalentes a 1:44,2 en 800 m, 0,1 mejor que la plusmarca mundial de entonces. En la milla realizó 3:51,3, equivalentes a 3:34,3 en 1500 m. El tope mundial en la distancia métrica lo alcanzaría en 1967, con 20 años, al correr en 3:33,1. Ese mismo año mejoró hasta 3:51,1 en la milla. Era el favorito para el oro olímpico en México 1968 pero la altitud y el mejor Kip Keino (1940) de siempre se lo impidieron. Los 4 años siguientes fueron complicados para él por diversos problemas físicos. Aun así volvía a ser uno de los favoritos para el oro olímpico en 1972. Sin embargo, una caída en su serie lo dejó sin opciones. Se retiró poco después. Ryun consiguió siendo junior sendas plusmarcas mundiales de la media milla y de la milla, de mayor valor que sus equivalentes métricos. Aunque le faltó el oro olímpico, es uno de los grandes milleros de la historia.

Steve Ovett fue también un atleta precoz, que pasó de ser campeón de Europa junior en 1973, con 17 años, a subcampeón de Europa al año siguiente con 18, realizando 1:45,77. Con 20 años se llevó una cierta decepción en los Juegos de Montreal de 1976. Fue 5º en los 800 m con plusmarca personal de 1:45,44. En 1500m pese a su plusmarca personal de 3:37,89 en series, no pudo pasar de las semifinales. Sin embargo al año siguiente, sobre todo tras su resonante victoria en el 1500 de la Copa del Mundo con 3:34,45, se convirtió en referencia mundial de los 1500 m. En 1978 fue plata en 800 m y oro en 1500 m en los Campeonatos de Europa. En 1980 encadenaba 45 victorias consecutivas en 1500 m o en la milla. Antes de los Juegos de Moscú, donde tendría lugar el famoso doble enfrentamiento con su compatriota Seb Coe (1956), le había arrebatado a este la plusmarca mundial de la milla, con 3:48,8, y había igualado oficialmente la plusmarca mundial de 1500 de Coe, 3:32,1 (3:32,03), con 3:32,09 (homologada 3:32,1). En Moscú tras derrotar a Coe en un 800 táctico, distancia en la que su rival parecía muy superior, sucumbió, sin embargo, en el 1500 donde solo pudo ser bronce. Terminó el año con plusmarca mundial de 3:31,36. Pese a que aún consiguió otras dos plusmarcas mundiales, de la milla, 3:48,40, en 1981 y de 1500 m, 3:30,77, en 1983, los problemas físicos se cebaron con él y ya no volvió a tener opción de medalla en grandes campeonatos. Fue un atleta precoz que, no obstante, supo progresar posteriormente hasta convertirse en uno de los mejores de la historia y hacer mítica su rivalidad con Coe.

Ingebrigtsen ha corrido este año en 3:31,18, en el 1500 de la reunión de Montecarlo, 3:52,28 en la milla en Eugene, y en 13:17,06, marca esta que le sirvió para ganar el oro en el 5000 del Europeo, con un último kilómetro en 2:28,72 y una última vuelta en 54,09. Probablemente en esta última distancia pueda estar por debajo de 13:10,00. Los tres tiempos son plusmarcas europeas sub20. Hasta este año, los topes europeos sub20 eran 3:35,51, del español Reyes Estévez (1976) en 1995, 3;53,15, del británico Graham Williamson (1960) en 1979, y 13:27,04 del británico Steve Binns (1960) en 1979, antigua plusmarca mundial de la categoría. La marca del noruego en 1500 m es además la 5ª de todos los tiempos. En el reciente Mundial sub20 celebrado en Tampere ya demostró que puede competir en igualdad de condiciones con los africanos, al ser 2º en sendos apretados finales tanto en 1500 como en 5000 m. Los últimos europeos en ganar medalla en estas pruebas fueron el alemán Wölfram Müller (1981), plata en 2000 en 1500, y el italiano Giuliano Battocletti (1975), bronce en 5000 m en 1994. Un vistazo a la lista mundial sub20 de todos los tiempos de 5000 m, donde el noruego es, de momento, 91º, muestra algunos nombres ilustres como Eliud Kipchoge (1984), 12:52,61 3º, Daniel Komen (1976), 12:56,15 12º, Ismael Kirui (1975), 13:02,75 23º, Richard Chelimo (1972 – 2001), 13:11,76 56º, o Kenenissa Bekele (1982), 13:13,33 70º. Algunos de ellos comenzaron sus éxitos absolutos en categoría sub20, como Kipchoge, actual campeón olímpico de maratón y sorprendente campeón mundial de 5000 m en 2003, con 12:52,61, su mejor marca de siempre, derrotando al marroquí Hicham El Guerrouj (1974) y a Bekele. Ismael Kirui fue doble campeón mundial absoluto de 5000 m, en 1993 y 1995. En 1993 tenía unos meses más que ahora Ingebrigtsen. Su malogrado hermano, Richard Chelimo, fue plata, con 19, en 1991 en el Mundial de Tokio en 10 000 m.

En un año Jakob Ingebrigtsen ha pasado de ser un extraordinario corredor sub20 a dominar el 1500 y el 5000 europeos. Si prolonga su temporada como la anterior no es descartable que continúe mejorando sus marcas personales, especialmente en la milla y los 5000 m. Con 17 años ha conseguido lo que la mayoría no consiguen en toda su carrera atlética. ¿Qué sucederá en el futuro? De tantas veces que he dicho que me ha dejado sin palabras, me voy a quedar mudo. ¿Podrá ser el nuevo Usain Bolt del atletismo? El tiempo lo dirá.