Esther Pedrosa y Raquel Suárez, cuando una conducta ejemplar acaba redundando en beneficio propio (y II)

Segunda parte de la entrevista a Esther Pedrosa y Raquel Suárez, publicada anteriormente en el número 12, del mes de mayo, de la revista Somos atletismo.

Raquel y la categoría máster

Tras retomar informalmente los entrenamientos para ayudar a Raquel, Esther se volvió a meter en el mundo de la competición y se ha convertido en una atleta máster de referencia. Tanto es así que en 2018 la RFEF le otorgó el premio a la mejor atleta de su categoría de ese año en España. Raquel volvió temporalmente a Santiago, tras licenciarse en Ciencias Geológicas en Oviedo. Cinco años después ninguna de sus antiguas compañeras de entrenamiento seguía en el atletismo.

P: Raquel, tu madre vuelve a practicar atletismo para ser tu compañera de entrenamientos y posteriormente acaba siendo tu entrenadora. ¿Cómo valoras eso?

R: Que me acompañara en los entrenos cuando volví de Oviedo lo agradecí muchísimo, porque había desconectado de todo el mundo y no tenía grupo de entreno. Lo de ser mi entrenadora… fue algo casual. Hace un par de años tuve que parar un año entero por lesión y cuando volví tuve que hacerlo adaptando entreno con el fisio. Había perdido motivación y no tenía ganas de entrenar, así que por no molestar a mi entrenador, Manolo Vigo, le pedía consejo a mi madre para ir haciendo cosillas, hasta que le pedí que me entrenara (que yo sé que era su gran ilusión, je, je). Es complicado porque donde hay confianza… ya se sabe. Pero la verdad es que está yendo mejor de lo esperado. En cuanto a la calidad como entrenadora estoy súper contenta porque mi madre es una persona que siempre está formándose y le encanta mejorar, así que siempre busca el mejor método para sacar el máximo rendimiento de las circunstancias, porque, como ella dice, si entreno como una cadete…, corro como una cadete.

P: Curiosamente tu presencia en el atletismo lleva a tu madre a convertirse en una de las mejores atletas de España en su categoría. ¿Cómo te sientes por haber sido la causa de su éxito?

R: Nunca me lo había planteado así. Estoy súper orgullosa de ella.

P: La categoría máster  ha subido mucho de nivel. Cada vez los atletas que compiten son más y mejores. ¿Cómo ves esta categoría y qué diferencias encuentras con otras?

R: La concepción que se tenía hace unos años del deporte máster era muy distinto al que hay actualmente y por eso me animé a participar. Cuando mi madre empezó a competir en máster entrenaban muy pocos y para mí eso desvirtuaba el trabajo de los que verdaderamente entrenan, por eso no me gusta que no haya mínimas para ciertos campeonatos. Me encanta que cada día haya más nivel porque ganar por no tener rival no tiene ningún mérito. La categoría máster me recuerda a la categoría cadete, que íbamos a las competiciones por ver a los amigos de otras ciudades, incluso al niño que te gustaba, y de paso competíamos.

P: ¿Has coincidido en alguna competición con tu madre? No te voy a preguntar el resultado. ¿Y en algún campeonato?

R: En ruta he competido muchísimo con mi madre y en algunas me ha ganado por supuesto. En pista coincidimos por primera vez en 2020 en mi primer campeonato máster en pista al aire libre. Con tal mala suerte que nos juntaron las categorías F 55 y F35. No nos gustó porque, obviamente, cada una quiere hacer su carrera y ver y dar ánimos a la otra y ahora que es mi entrenadora con más motivo. Además nos descentró mucho la expectación que se creó en el estadio por megafonía respecto de si ganaría la madre o la hija.

Esther y la categoría máster

Raquel señala que la categoría máster le recuerda a la categoría cadete por el ambiente de camaradería que se respira. Esther abunda sobre este punto.

R: He de decir que me llevé una gran sorpresa. Tenía otra idea de lo que era. Me encontré un ambiente magnífico. Me alegró mucho que estuviese Aurora Pérez, con la que había compartido club anteriormente. Los atletas máster disfrutan realmente de este deporte. No hay sentimientos negativos Nadie se presiona, ni sufre porque se obliga que ganar. Somos un grupo muy unido y muy alegre. A mí, que soy muy extrovertida, me encanta animar a todos, porque somos máster pero seguimos disfrutando del atletismo y del día a día. Una vez en un campeonato de Europa estaba mi hija Raquel en la grada y me vio animando a los atletas máster que estaban entre el público. Se quedó algo sorprendida, pero cuando vio cómo me animaban cuando competía se dio cuenta de la conexión que teníamos entre nosotros.

P: Dices que disfrutas mucho del atletismo y hablas de la ausencia de presiones. ¿Siempre fue así en tu primera etapa?

R: El que se presiona demasiado acaba mal con el atletismo. Es cierto que en mi primera etapa me ponía más nerviosa, aunque siempre he competido bien. De todos modos, al final acabé un poco saturada, pero fue porque elegí competir todos los fines de semana. Después lo dejé, pero no paré de hacer deporte. Cuando volví a entrenar de forma metódica, me di cuenta de que realmente echaba de menos estar todo el día cansada por el entrenamiento. No es fácil de explicar a alguien que no conoce el atletismo.

P: Tus éxitos en la categoría máster te han llevado a ser muy conocida. ¿Qué opinas de la cultura deportiva en España?

R: Creo que es bastante pobre. El público, incluso el que se interesa por el atletismo, ignora mayormente todo el trabajo que hay detrás de un atleta y lo difícil que es llegar a la élite. Ni siquiera el aficionado medio al fútbol, el deporte dominante, conoce realmente su deporte. Solo quiere que gane su equipo. En cuanto al atletismo, la mayoría solo se acuerdan cuando hay Juegos Olímpicos. Es cierto que de vez en cuando los medios hablan de atletas, como Ruth Beitia y ahora Ana Peleteiro, y acaban siendo conocidas, pero es un conocimiento superficial, basado en lo que dicen los medios.

P: Y ese es uno de los problemas, porque el atletismo español adolece de otros problemas, por ejemplo los entrenadores.

R: Sí, lo cierto es que el entrenador altruista es cada vez menos abundante, algo que es bastante comprensible. Aún quedan algunos, como Pepe Mareca o Jesús Montiel. Lo bueno de estos entrenadores románticos es que de alguna manera el atleta se siente en deuda con ellos, y eso es un motivo para seguir. En el caso de los entrenadores profesionales la clave está en la consecución del objetivo y tal vez se piensa menos en una trayectoria atlética. Habría que buscar románticos, pero que tuviesen una compensación, aparte de la satisfacción personal, por entrenar. De todas maneras no es solo cuestión de los entrenadores. En estos tiempos de pandemia, se habla mucho, con razón, del comercio y la hostelería, pero el mundo del deporte ha tenido un golpe brutal. Organizadores, médicos, fisioterapeutas, gimnasios, monitores, entrenadores, clubes… todos están sufriendo mucho y apenas se piensa en ellos. Los deportistas pierden la forma, pierden los patrocinadores. En el lado positivo, está la encomiable labor de la Federación, que fue capaz de organizar los campeonatos de España de todas las categorías. Yo estuve en el campeonato máster y la organización fue modélica. Eso sí, no nos podíamos ver fuera de la pista porque los circuitos estaban muy bien diseñados para que no coincidiésemos. Raúl Chapado está haciendo un gran trabajo. Está consiguiendo promocionar el atletismo, que estaba algo decaído.

El atletismo en Santiago de Compostela

Esther no está ligada al mundo del deporte solamente por ser atleta. Es técnico de deportes de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y, desde 2019, concejal de deportes del Ayuntamiento de Santiago. Esto le permite conocer de primera mano el estado del deporte en su ciudad.

P: Como nos has dicho, uno de tus logros fue hacer la mínima olímpica, aunque no resultaste seleccionada. ¿Por qué todavía no ha habido ningún deportista olímpico en Santiago?

R: Seguramente es una cuestión de falta de infraestructura, y no me refiero solo a instalaciones. En los años 80 y 90 la Universidad tenía un club y una escuela de atletismo. Había muchísimos atletas. Una tarde como la de hoy en el estadio se veían corredores de todas las modalidades, saltadores, lanzadores…  De la clase media sale lo excepcional y hubo atletas con posibilidades como Santiago Fraga, Manolo Gendra o, algo más tarde, Pedro Nimo. Hoy ya no existe el Club Universitario de Atletismo. La USC gestiona el atletismo a través de su Fundación, pero sus practicantes tienden a considerarla una actividad extraescolar. En el lado positivo, está el Club Atletismo Santiago que, con pocos medios, lo está haciendo muy bien.

P: Hace unos días el experiodista de El Correo Gallego Emilio Navaza denunciaba en su blog Vida atlética de Galicia el despropósito del Estadio Multiusos, cuyas pistas nunca se homologaron y apenas se han utilizado. ¿Cómo veis este problema desde el Ayuntamiento?

R: Había un proyecto para valorar una reforma que permitiese homologarlo, pero la pandemia lo frustró. En el momento en que se construyó el estadio el fútbol presionó muchísimo para que se acabase cuanto antes. Las pistas no se pudieron homologar por algunos problemas que se podrían haber resuelto en su momento, pero no hubo voluntad. Tengo mucho interés, tanto institucional como personal, para que las pistas tengan el uso que se merecen. No lo pierdo de vista. También el Estadio Universitario ha perdido la homologación, aunque esperamos que se recupere este mismo año.

Mariano García-Verdugo

Finalmente no podíamos dejar de hablar de quien ha conducido a Esther con mano sabia por el mundo del atletismo, su entrenador Mariano García Verdugo.

R: Mariano es mucho más que un entrenador para mí. Mi padre falleció cuando yo tenía veinte años y, de alguna manera, Mariano fue esa figura paterna ausente. Me encantó cuando se le hizo el homenaje sorpresa en 2012 con motivo de su jubilación. Creo que era necesario mostrarle lo mucho que le debemos los atletas. Mariano ha mejorado la vida de muchas personas. Es admirable su entusiasmo y su capacidad de trabajo. Cuando eres joven no lo valoras, pero las cosas no se hacen solas, un club, una escuela de atletismo. Detrás estaban las horas y horas que nos regalaba Mariano. Cuando hacíamos series en la Alameda, diluviando y con barro hasta las orejas, ahí estaba Mariano con su paraguas y su cronómetro animándonos. Uno de mis compañeros de trabajo fue lanzador de martillo y comenta a veces la de horas que se pasó con Mariano haciendo técnica. Y no es solo el momento de la técnica, sino las horas previas para adquirir el conocimiento que te permite saber que hay que corregir tres centímetros la posición del pie. Sorprende, a veces, el poco valor que le dan algunos atletas al entrenador. El buen entrenador te lleva a tu máximo potencial y sin entrenadores no hay atletismo. El entrenador te conoce. Es el pilar sobre el que se sustenta el atleta. Mariano me enseñó que el atletismo es el día a día y que solo si eres constante mejoras. También sabía perfectamente mi estado de forma en cada campeonato. Me decía que tenía que pasar en tiempos que no hacía en los entrenamientos. Y acertaba.

Terminamos la entrevista preguntando a Esther y a Raquel sobre el significado del atletismo en sus vidas.

Esther: El atletismo me ha dado tantas cosas que me resulta muy difícil imaginarme cómo habría sido mi vida sin él. Sin duda, peor. El atletismo me ha hecho mucho mejor como persona y me ha permitido conocer gente estupenda. Con las personas con las que entrenas y compites tienes una relación especial

Raquel: Es parte de mí como persona. Me ha enseñado grandes valores: responsabilidad, constancia, trabajo, sacrificio, empatía, compañerismo.

Esta es la historia de cómo el atletismo ha cambiado para mejor la vida de estas dos mujeres, de cómo Raquel, siguiendo el ejemplo de su madre, comenzó a practicar atletismo y cómo, tiempo después, la afición de Raquel arrastró a su madre, de nuevo, al mundo de la competición, donde está haciendo una labor superlativa.



Raquel en una competición reciente
Madre e hija con atuendos curiosos en una San Silvestre en Santiago

Esther Pedrosa y Raquel Suárez, cuando una conducta ejemplar acaba redundando en beneficio propio (I)

Esta entrevista se publicó inicialmente en el número 12, del mes de mayo, de la revista Somos atletismo. Agradezco a Esther la agradable conversación sobre atletismo que tuvimos durante una hora. Dado que se trata de una entrevista larga, en el blog ocupará dos entradas.

El atletismo es una parte integral de la vida de Esther Pedrosa Carrete (Santiago de Compostela, 19 de mayo 1961). Comenzó a practicar este deporte a los catorce años. Más de cuarenta y cinco años después continúa cosechando éxitos en la categoría máster.

Esther, cuya imagen no ha cambiado demasiado a lo largo de todos estos años, entrena seis días a la semana, los mismos que en sus mejores tiempos. Aunque resulta complicado saber si su mejor tiempo es el pasado o el presente. En los campeonatos de España absolutos, Esther fue oro en gran fondo (20 Km) en 1986 y bronce en 1985 y 1991, plata en 10 000 m en pista en 1986, 1987 y 1995, y en 3000 en sala en 1989 y 1990, y fue bronce en ruta 15 Km en 1989, maratón en 1987 y en 5000 m en pista en 1989. Se trata, sin duda, de un excelente palmarés, que completó con trece internacionalidades. Pero su carrera atlética tiene una segunda derivada. En 2009, tras ocho años de inactividad competitiva, no deportiva, Esther comenzó a entrenarse informalmente para acompañar a su hija Raquel Suárez Pedrosa (Santiago de Compostela, 11 de junio de 1982). Raquel, tras cinco años en Oviedo, donde se había licenciado en Ciencias Geológicas, volvió a Santiago y ya no tenía compañeras de entrenamiento.

Ese fue el inicio de una fructífera trayectoria en la categoría máster, en la que ostenta las plusmarcas españolas de 1500, 3000, milla, 10km y media maratón de categoría W55. Sus numerosos logros internacionales incluyen un oro en campo a través, una plata en 1500 y un bronce en 5000 pista aire libre en el Campeonato del mundo Málaga 2018, tricampeona de Europa en Madrid 2018en 1.500 y 3000 m en sala y en campo a través, plata en 1500, 3000 bajo techo y campo a través en Toruń 2019.

Raquel, por su parte, ha continuado compitiendo y ahora, entrenada por su madre, comparte con ella la categoría máster.

P: Esther, comienzas a entrenar a los catorce años, de la mano de tu profesora del Instituto Rosalía de Castro, María Luisa Peralta. Te lleva al Estadio Universitario, donde te presenta a su marido, Mariano García-Verdugo, quien sigue siendo tu entrenador. El atletismo es duro y los resultados no se consiguen inmediatamente. ¿Qué fue lo que motivó a aquella adolescente para que el atletismo acabase siendo fundamental en su vida?

R: En principio, el buen ambiente que había en el Estadio, entonces con una pista de ceniza de 333 m. Hice muy pronto un grupo de amigos, a los que vi crecer atléticamente conmigo. El salir a competir era otro motivo de alegría, el prepararse para un campeonato de España… Después, lo que me fascinó de este deporte fue el ver que el esfuerzo realmente merece la pena, porque te hace mejor. Si tienes paciencia, perseverancia, disciplina y trabajas duro acabas consiguiendo resultados impensables.

P: Porque tu principal rival en el atletismo…

R: …eres tú misma. Cada uno tiene un potencial que puede o no desarrollar, o hacerlo parcialmente. La mayor satisfacción es ver cómo te superas. Los buenos resultados en las competiciones son la consecuencia de la constancia, del esfuerzo diario. Y es muy interesante ver a dónde te lleva. Además el atletismo te da unos valores que puedes trasladar a muchas otras facetas vitales, para alcanzar la excelencia en tu profesión, para afrontar situaciones difíciles, para ponerle al mal tiempo buena cara… En definitiva, el deporte te hace más fuerte.

P: Sí, porque si el atletismo solo fuese trabajo duro, no sería tan complicado. También están las lesiones

R: Sí, gran fuente de frustraciones, pero saber gestionarlas también forma parte de este deporte. Las lesiones también te enseñan algo muy importante. Cuando estás parada por obligación, lo que más echas de menos no es ir a una gran competición y ganarla, sino poder volver a correr, aunque sea solo un poquito.

P: Empiezas a destacar muy joven, pero tu vida da un vuelco cuando en 1982, el año que se inauguran las pistas sintéticas del Estadio Universitario, nace Raquel y todo cambia.

R: Bueno, he de decir que tener a Raquel es lo mejor que me ha pasado en mi vida, pero cualquiera que sea madre o padre sabe que esto es así. Para mí fue un cambio tremendo. De repente pasé de ser niña a ser una señora. Pensaba que no estaría a la altura, pero no fue así y pude ser madre y atleta. De hecho, este cambio me hizo madurar. Me centré mucho más en el atletismo y menos en las conversaciones de grada pre y posentrenamiento. Entrené más y mejor y eso me hizo progresar.  Todo ello pese a que los primeros años de un niño son agotadores, pero los hijos sacan lo mejor de uno mismo.

P: Y tu hija se cría en el estadio. ¿Era inevitable que fuese atleta?

R: En realidad, yo nunca le dije que hiciese atletismo. Un día me dijo que quería empezar a entrenar y me pareció muy bien, pero me habría parecido lo mismo si hubiese decidido no hacerlo. Allá se fue con Pilar Veiga, la entrenadora de entonces. Una vez metida en el atletismo, me encanta que lo haya hecho. Después de todo, gracias a ella he vuelto a competir. Raquel ha tenido una trayectoria atlética desigual, porque su formación como geóloga y su posterior actividad laboral fueron bastante exigentes.

Raquel entra en escena

Raquel también ha tenido dos etapas en su carrera atlética, premáster y máster, donde continúa actualmente. En su primera etapa se dedicó sobre todo a los obstáculos, prueba en la que consiguió una medalla de bronce en el campeonato de España Universitario (2012) y 9º en el Nacional absoluto de 2006. En categoría máster ha sido tercera en el 2020 en el  Campeonato de España Máster F35 en la prueba de 1500 y octava en el 2021 en el Campeonato de España Master F35 de campo a través.

P: Raquel, desde muy pequeña acudías con tu madre al estadio. Era tu segunda casa. ¿Sentías que el atletismo era una parte de tu vida? ¿Lo integrabas en tu día a día con naturalidad?

R: Aprendí allí a caminar. Creo que con eso lo explico todo. La mayor parte de mis recuerdos son en el estadio de atletismo del campus universitario de Santiago de Compostela. Sentía y siento que el atletismo es la parte más importante de mi vida, de hecho no concibo mi vida sin practicar atletismo. Y no por el hecho de entrenar a muerte y competir y ser buena, cosa que nunca he sido, no, sino como parte de mi ser. La verdad es que no sé qué hace la gente en su tiempo libre si no entrena. Siempre ha sido una tragedia lesionarme y tener que parar un par de semanas, ya no por el hecho de perder la forma sino por no poder ir a entrenar. Lo cierto es que planifico mi día y mi año, vacaciones incluidas, en función del entreno y del calendario deportivo.

P: ¿Siendo muy niña, pensabas que todas las madres hacían atletismo?

R: No, sabía perfectamente que mi madre era muy especial. De hecho en ese momento pensaba que era la única madre del mundo que corría. Eran los años 80, las mamás iban con pintas de señora y por supuesto no usaban chándal.

P: ¿Era inevitable que fueses atleta?

R: Sin duda. Mi madre nunca jamás me dijo que entrenara. Sin embargo, sentía mucha presión por el entorno, porque todos me decían que de mayor tenía que ser como mi mamá y yo veía en casa que el atletismo era un deporte muy desagradecido y muy muy sufrido. Pero como era inevitable, con 13 años un día le pedí a mi madre si me podía apuntar a la escuela de atletismo del  Club Universitario de Santiago.

P: ¿Cómo te tomabas el atletismo? ¿Tenías la idea de igualar a tu madre o simplemente te gustaba correr con tu grupo de entrenamiento?

R: Nunca pensé en ser como mi madre. Simplemente iba a la pista a ver a mis amigos, entrenar, la verdad…, entrenaba muy poco. Afortunadamente siempre tuve entrenadores que nos trataron como a niños e íbamos a jugar. Y gracias a mis padres y mis entrenadores, que nunca me presionaron, ahora concibo este deporte como respirar, algo natural que tengo que hacer porque si no, me muero.

P: ¿Lo pasabas mal viendo correr a tu madre, cuando la veías sufrir, cuando le ganaban?

R: Fatal. En los maratones y medias maratones incluso lloraba al verla entrar en la meta. Ahora me sigue emocionando.

P: Cuando eras niña, ¿te preguntabas a ti misma para qué servía correr?

R: Jamás, al igual que nadie se pregunta para qué sirve darle patadas a un balón, cosa mucho más inútil, por cierto.

La expansión del fondo femenino

Esther vivió la época de expansión del fondo femenino, cuando en muy pocos años la prueba femenina oficial más larga pasó de ser el 1500 al maratón, con todas las distancias intermedias.

P: Esther, tú empezaste corriendo 1500 m, pero conforme las pruebas femeninas de fondo se iban alargando, tú te alargabas con ellas, hasta acabar corriendo maratón. ¿Cómo viviste ese cambio?

R: El 1500 se me quedaba algo corto. Mi entrenador me apretó todo lo que pudo por abajo y al llegar a los 21 años comencé a correr distancias cada vez más largas, que entonces eran una novedad en la categoría femenina. Pese a mis logros en la carretera (llegué a correr en 2h37:10), me gustaba más la pista. Además en Santiago es imposible encontrar un circuito llano y eso repercute en los ritmos. La prueba que más me gustaba eran los 5000 m, pero entonces se corría muy poquito. De hecho no fue olímpica hasta 1996. Entonces yo ya no estaba tan centrada en la pista. En 1988 y 1992, por paradójico que pueda parecer hoy día, las distancias femeninas de fondo en pista fueron los 3000 y los 10 000 m.

P: Hoy día eso resulta paradójico pero también es chocante que se pensase que las mujeres no podían correr distancias largas.

R: Yo creo que, equivocadamente, se trataba de proteger a la mujer. Se pensaba que éramos tan débiles que no podríamos correr largas distancias. Tampoco podíamos lanzar martillo, ni saltar pértiga, ni hacer triple salto, ni saltar obstáculos, ni marchar. También ha pasado en categoría máster hasta que hemos conseguido igualar los programas masculino y femenino. Evidentemente todas esas cautelas eran infundadas. No hay más que ver cómo hoy día el atletismo femenino se está aproximando a los 14 minutos en 5000 m y a los 29 en los 10 000. Es probable que en pocos años veamos campeonatos disputándose por debajo de esas marcas. En maratón la plusmarca femenina en carrera mixta está al filo de 2h14. Por cierto, a la World Athletics le falta cambiar en heptatlón femenino por el decatlón.

P: ¿Qué te ha faltado en el atletismo para lograr tu máximo potencial?

R: No creo que me haya faltado nada. Incluso llegué a hacer la mínima olímpica en 10 000 m para los Juegos de 1992 (33:40.32). Estoy muy satisfecha con lo conseguido, tanto en la primera como en esta segunda etapa.

P: Coincidiste con fondistas españolas de gran categoría como Pilar Fernández, Ana Isabel Alonso, Estela Estévez, Julia Vaquero… ¿Con cuál te quedas?

R: Sin ninguna duda con Julia. Además conozco cómo entrenaba en el INEF de La Coruña. En Galicia es complicado entrenar, por el terreno y las condiciones meteorológicas. Esa admirable su tesón y su pundonor. Y no lo tuvo nada fácil. Fue fantástica verla correr la final de 10 000 m de los Juegos de Atlanta.


Esther imponiéndose en el Europeo en sala de Madrid

Emil Zátopek, la locomotora humana (y II)

Tras sus dos oros en el Campeonato de Europa de 1950, Emil Zátopek (1922-2000) decidió probar al año siguiente distancias más largas. Esa temporada sufrió una única derrota, en un lento 3000 del campeonato nacional, dando fin a una racha de 74 victorias consecutivas en pruebas de 2000 m o más. Lideró la lista mundial de ese año en 10000 m, con 29:29.8 y fue segundo en la de 5000 m con 14:11.6, pero, teniendo en mente lo que intentaría en el año olímpico, se movió a pruebas de mayor duración. El 15 de septiembre superó la plusmarca mundial de los 20 000 m en pista, con 1h01:15.8 y de la hora con 19 558, 24.2 y 219 m mejor que el finlandés Viljo Heino (1914-1998). Este éxito constituyó el preludio de lo que sucedería 2 semanas después, el 29 de septiembre. El checo repetía intento de la plusmarca de la hora en pista. Pasó en 29:53.4 por los 10 kilómetros, 44:54.6 por el kilómetro 15, nueva plusmarca mundial, 59:51.8 , también plusmarca mundial, en los 20 kilómetros y terminó haciendo 20 052 m, la primera vez que se pasaba de los veinte kilómetros por hora. En aquel momento, además de Zátopek, solamente otros cinco atletas habían bajado de 30 minutos en 10 000 m.

Con estos buenos resultados, Zátopek había decidido ir un paso más allá. No se conformaba con su superioridad en las pruebas de fondo en pista y en los Juegos de Helsinki se planteó superar a Hannes Kohlemainen (1889-1966). El primer finlandés volador había ganado los 5000 y 10 000 m en 1912, primera vez que ambas distancias eran olímpicas, y se había hecho con el oro en el maratón de los Juegos de 1920. Ahora, el checo trataría de hacer lo mismo en una sola edición de los Juegos, en Helsinki, en 1952. El 20 de julio, Zátopek estaban entre los 33 participantes de la final directa de 10 000 m. Había llegado a la capital finlandesa con 14:17.6 y 29:26.0 como mejores registros de ese año. La carrera resultó bastante sencilla para el checo, quien tenía la sensación de que a los demás corredores les abrumaba ponerse delante de él. Tomó la cabeza en el cuarto kilómetro, con un pase de 14:43 en la mitad de la carrera. Una última vuelta en 1:04 le permitió ganar con 29:17.0. El francés de origen argelino Alain Mimoun (1921-2013) fue segundo con 29:32.8, y el ruso, que representaba a la Unión Soviética, Aleksandr Anufriyev (1926-1966), tercero, con 29:48.2. Otros tres atletas corrieron por debajo de 30 minutos, algo inédito entonces.

La final de 5000 m, celebrada el 24 de julio, resultó mucho más competitiva. Previamente, el 22, hubo tres series semifinales, de las que se clasificaban los cinco primeros. Zátopek se clasificó fácilmente entrando tercero en la tercera serie. En la final, el británico Chris Chataway (1931-2014) dio paso a la primera vuelta en 1:05. Enseguida resultó relevado por el alemán Herbert Schade (1922-1994). Con diversos cambios en la cabeza de la carrera, a falta de 400 m había cinco atletas con opciones al oro, Chataway, Schade, Mimoun, Zátopek y otro británico, Gordon Pirie (1931-1991), con el checo en cabeza. En la contrarrecta, Chataway se colocó primero, llevándose con él a Mimoun y a Schade. Zátopek se colocó en la calle 3 en la última curva, en cuya mitad alcanzó de nuevo el liderato. Al entrar en la última recta, Chataway se cayó al suelo. Aun así, fue quinto. Zátopek se hizo con su segundo oro con 14:06.6, 0.8 menos que Mimoun, plata, y 2.0 menos que Schade, bronce. Ese mismo día, Dana Zátopková (1922-2020), de soltera Ingrová, llevaba a casa de los Zátopek la tercera medalla de oro, en este caso en el lanzamiento de jabalina.

Tras la terrible final de los 5000 m, a Zátopek le quedaba lo más difícil, el maratón. Aunque el año anterior había realizado una excelente plusmarca mundial de la hora y de los 20 000 m, nunca había corrido un maratón. El favorito era el británico Jim Peters (1918-1999), plusmarquista mundial con 2h20:42.2. Zátopek decidió correr a su lado. A los 15 kilómetros le preguntó al británico si el ritmo era demasiado rápido. Este le dijo que era demasiado lento. El checo decidió aligerar la marcha, llevándose con él al sueco Gustav Jansson (1922-2012). Peters abandonaría en el kilómetro 33. En ese momento Zátopek ya corría en solitario. Entró en el estadio donde la multitud lo agasajó con una extraordinaria ovación coreando su nombre. Su tiempo fue de 2h23:03.2. Segundo, a más de dos minutos y medio fue el argentino Reinaldo Gorno (1918-1994), mientras Jansson ganaba en bronce. Emil Zátopek se había convertido en el héroe de los Juegos y se había colocado en el Olimpo del fondo mundial, al lado de Kolehmainen, Paavo Nurmi (1897-1973) o Ville Ritola (1896-1982). En octubre de ese 1952 se hizo con otra plusmarca mundial de largas distancias, la de 30 000 m en pista con 1h35:23.8.

En 1953 se celebraba en Bucarest la IV del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Zátopek esperaba una victoria fácil en los 5000 y en los 10 000 m. Sin embargo, en la primera prueba un desconocido ucraniano llamado Vladimir Kuts (1927-1975) se colocó en cabeza e imprimió un ritmo rapidísimo, que distanció a todos sus rivales, el checo incluido. Finalmente este pudo alcanzarlo y superarlo, con 14:03.0, que igualaba su mejor marca entonces, frente a 14:04.0 del sorprendente Kuts. En 10 000 m, el ucraniano también fue segundo, pero en ningún momento puso en peligro la victoria del checo, que ganó con 29:25.8, 15.6 menos que Kuts. En noviembre de ese 1952, Zátopek superó su plusmarca mundial de 10 000 m, a un suspiro de los 29 minutos, 29:01.6.

La temporada de 1954 resultó paradójica para Zátopek. Fue el año que más rápido corrió, con plusmarcas mundiales de 5000 y 10 000 m, pero también el año en que perdió la hegemonía del fondo mundial. El 30 de mayo, en París, por fin consigue superar la plusmarca mundial de 5000 m de 13:58.2, que tenía el sueco Gunder Hägg (1918-2004) desde 1942. Con 13:57.4, Zátopek era el tercer atleta en correr la distancia en menos de 14 minutos, tras el propio Hägg, 13:58.2, y el medallista de bronce olímpico en 10 000 m Anufriyev, que el año anterior había registrado 13:58.8. Al día siguiente, en Bruselas, el checo se convertía en el primer atleta en bajar de 29 minutos en los 10 000 m, con 28:54.2 14:27.4+14:26.8). Con esas credenciales no era previsible que tuviese problemas para repetir sus títulos europeos en ambas distancias. En Berna, a finales de agosto, renovó, como se esperaba, su oro continental en 10 000 m, al ganar fácilmente con 28:58.0, la segunda mejor marca de la historia entonces. Pero en 5000 m, la historia fue diferente. Vladimir Kuts repitió la táctica del año anterior en el Festival de la Juventud. Con un primer kilómetro en 2:44.0 consiguió dejar muy atrás a todos sus rivales y se proclamó vencedor con una nueva plusmarca mundial de 13:56.6. Chataway, que ese año había ayudado a su amigo Roger Bannister (1929-2018) a bajar por primera vez en la historia de 4 minutos en la milla, fue segundo con 14:08.8 y Zátopek tercero con 14:10.2. El checo trató de resarcirse parcialmente de esta inesperada derrota cinco días después, intentando recuperar el primado mundial de 5000 m. Con 13:57.0 se quedó a tan solo 0.4. Pero la prueba había entrado en una nueva dimensión. Entre Kuts, Chataway, el húngaro Sandor Iharos (1930-1996) y Gordon Pirie llevaron el tope universal de la prueba hasta 13:35.0 en 1957. Ese mismo 1954 Chataway corrió en 13:51.6, en una histórica carrera en Londres en que derrotó a Kuts por 0.2, pero este rebajó 0.4 a la marca del británico diez días más tarde.

El rendimiento de Zátopek se mantuvo en 1955 y 1956. Fue capaz de correr en 14:04.0 en 5000 m y en 29:25.6 en 10 000 en 1955 y en 29:33.4 en 10 000 m en 1956. En 1955 superó con 1h16:36.4 la plusmarca mundial de 25 000 m en pista. En 1956, mermado físicamente por una hernia discal, fue sexto en el maratón olímpico. El vencedor fue su viejo rival y amigo Mimoun, quien había sido tres veces plata olímpica y dos continental detrás del checo. Mimoun esperó a Zátopek en la meta. Este lo felicitó calurosamente y le dijo lo mucho que se alegraba por su victoria. Continuó compitiendo en pista en 1957 y se retiró en 1958 tras haber ganado la prueba de campo a través de Elgóibar.

En 1968, Zátopek apoyó las reformas democráticas propuestas por el secretario del partido comunista checoslovaco Alexander Dubček (1921-1992) en la llamada Primavera de Praga. La política aperturista de Dubček dio lugar a la invasión del país por la Unión Soviética. Zátopek, entonces coronel, resultó expulsado del ejército y obligado a realizar trabajos manuales como la búsqueda de uranio en una mina o el cavar zanjas. En 1975 lo reclutaron en el Ministerio de Deportes hasta su jubilación en 1982. Sin embargo, para el régimen continuó siendo sospechoso, y no se le permitió viajar. No recuperó completamente su libertad hasta 1989. El 1990, el nuevo presidente Václav Havel (1936-2011) hizo oficial la completa rehabilitación de Zátopek. Murió el 22de noviembre de 2000 de las complicaciones de un ictus.

Emil Zátopek fue cuatro veces campeón olímpico. Superó 18 plusmarcas mundiales, 6 en pruebas olímpicas. Continúa siendo en único atleta que ha ganado en la misma edición de los Juegos Olímpicos el 5000, el 10 000 y el maratón. Es uno de los grandes corredores de fondo de todos los tiempos.

Emil Zátopek, la locomotora humana (I)

Uno de las imágenes icónicas del atletismo de todos los tiempos es la del fondista Emil Zátopek, con su gesto agónico a punto de cambiar de ritmo. El checo ha representado como pocos el enorme esfuerzo que supone el deporte de alta competición y, casi sesenta años después de su triple oro olímpico, en 5000, 10 000 m y maratón, continúa siendo uno de las referencias de todos los tiempos en las carreras de fondo. Su carácter afable lo hizo extraordinariamente popular entre los atletas y los aficionados. En sus años de madurez muchos atletas acudían a su casa a visitarlo y a pedirle consejo. No le resultaba complicado al checo, que hablaba siete idiomas. Es conocida la anécdota con el australiano Ron Clarke (1937-2015). En el verano de 1966, Clarke aprovechó la gira europea para visitar al atleta checo, que fue un estupendo anfitrión. Tras dos días de visita, Zatu acompañó a Clarke al aeropuerto. Antes de irse le dio un paquete y le dijo Cuida de esto. Te lo mereces. Ya en el avión, Clarke abrió lo que contenía la medalla de oro del 10 000 de los Juegos de Helsinki 1952, con el nombre del australiano inscrito.

Emil Zátopek nació en Kopřivnice, Moravia, entonces en Checoslovaquia, hoy en la República Checa, el 19 de septiembre de 1922. Era el séptimo de nueve hermanos, de una familia de campesinos. Con 15 años, sin dejar los estudios, comenzó a trabajar de aprendiz en una fábrica de zapatos cercana a su casa. Cuando tenía 19 años y estaba en el último año de aprendiz, el instructor de deportes de la fábrica lo seleccionó para disputar una carrera, pese a sus protestas. Sin haber entrenado nunca, ocupó la segunda posición, lo que hizo interesarse por el atletismo. En 1938, los acuerdos de Múnich entre Alemania, Francia y Gran Bretaña habían dado lugar a la partición de Checoslovaquia. Alemania ocupó en 1939 la parte checa y la convirtió en un estado satélite con el nombre de Protectorado de Bohemia y Moravia. La guerra, que había estallado en 1939, no hizo que Zátopek resultase movilizado, por lo que pudo dedicarse al atletismo durante la contienda. Había comenzado en 1941 y sus resultados en esos primeros años no invitaban a pensar en lo que sucedería después. Inicialmente se decantó por los 800 y los 1500 m, con alguna incursión en los 5000 m. En 1944 conseguía con 1:59.8 y 3:59.5 bajar por primera vez de 2 minutos en los 800 m y de 4 en los 1500. A finales de ese año, sin embargo, sorprendió con cuatro plusmarcas nacionales en distancias superiores 8:34.8 en 3000 m, 14:54.9 en 5000 m y 5:34.8 y 5:33.4 en 2000 m.

Su temporada de 1944 lo llevó a centrarse en las pruebas de mayor duración, especialmente los 5000 m. En 1945 mejoró a 14:50.8. Ese año entró en el ejército de su país, donde obtuvo grandes facilidades para entrenarse. Zátopek adaptó el entonces novedoso interval training, que el alemán Woldemar Gerschler (1904-1982) había aplicado con gran éxito a Rudolf Harbig (1913-1944) cuando este corrió los 800 m en unos superlativos 1:46.6. Para el checo la clave del éxito era velocidad y resistencia, que este tipo de entrenamiento mejoraba notablemente. El cambio se mostró muy positivo. En junio de 1946 Zátopek corría en 14:36.6 y en agosto ocupaba un buen quinto puesto en la final de los 5000 m del Europeo al aire libre de Oslo, con una nueva plusmarca nacional de 14:25.8. El ganador fue el antiguo plusmarquista de los 800 m y de la milla antes de la guerra, el británico Sydney Wooderson (1914-2006), que con 14:08.6 hacía la segunda mejor marca de siempre, detrás de los inabordables 13:58.2 del sueco Gunder Hägg (1918-2004). Unos días más tarde se imponía en el Encuentro Interaliado, en Berlín, con atletas de los países que habían ganado la guerra, con 14:31.0 en los 5000 m.

La temporada de 1947 sirvió a Zátopek para consolidarse como uno de los mejores fondistas del momento. Ese año sufrió tan solo tres derrotas, en sendos tres miles ante el neerlandés Wim Slijkhuis (1923-2003), subcampeón de Europa de 5000 m, y ante el belga Gaston Reiff (1921-1992), y en un 1500 por encima de 4 minutos en Praga. Ese año mejoró sus plusmarcas nacionales de 2000 m, 5:20.5, 3000 m, 8:08.8, y 5000 m, 14:08.2, segunda mejor marca mundial de siempre. Confirmó este último registro poco después, derrotando al campeón de Europa y plusmarquista mundial de 10 000 m, el último finlandés volador Viljo Heino (1914-1998), en 14:15.2, por 0.2. En París fue campeón mundial universitario de 1500, con 3:52.8, que acabaría siendo su mejor marca personal, y 5000 m.

Tras 12 años, en 1948, los Juegos Olímpicos volverían a celebrarse. La ciudad de Londres, muy castigada por la aviación durante la guerra, sería la sede. Zátopek se decidió por doblar en 5000 y 10 000 m, tras hacer en el segundo 10 000 de su carrera deportiva 29:37.0, a 1.6 de la plusmarca mundial de Heino. La prueba más larga de la pista sería la que más alegrías daría al checo, doble campeón olímpico y de Europa y cinco veces plusmarquista mundial. Antes de los Juegos también había corrido un 5000 muy rápido en 14:10.0. La final olímpica directa de 10 000 m tuvo lugar el 30 de julio. El principal favorito era Heino, mucho más experimentado en la distancia que Zátopek. Este se colocó en cabeza desde el inicio, con un ritmo constante de alrededor de 1:11 cada vuelta. A los 6 kilómetros Heino abandonó. El checo dobló a todos sus rivales, salvo a dos. Ganó con 29:59.6, 47.8 segundos menos que el argelino representante de Francia Alain Mimoun (1921-2013). Tres días después, Zátopek estaba en la línea de salida de la final de 5000 m, tras haber sido segundo en su semifinal con 14:31.2, probablemente con un esfuerzo innecesario. Bajo una torrencial lluvia londinense, se volvió a colocar en cabeza, hasta que a falta de 1200 m, Gaston Reiff tomó el mando, llevándose con él a Win Slijkhuis. Al entrar en el último 300, el checo estaba a 30 metros de Reiff y a unos 20 del neerlandés. Un brusco cambio de ritmo permitió a Zátopek alcanzar a Slijkhuis. En la última recta el belga tenía una ventaja de 20 metros, que se redujeron a 1.5 en la línea de meta. Reiff se proclamaba campeón olímpico con 14:17.6, 0.2 menos que Zátopek. El público no dejó de ovacionar el enorme esfuerzo del checo.

El teniente Zátopek volvió a Praga convertido en un héroe. Ese año se casó con su compatriota Dana Ignetova (1922-2020), que había sido séptima en la final de lanzamiento de jabalina. En 1949, Zátopek se dedicó a mejorar la plusmarca mundial de 10 000 m. Comenzó en Ostrava, el 11 de junio, donde restó 7 segundos al registro de Heino. 29:28.2 era el nuevo tope universal. El finlandés, sin embargo, respondió en septiembre con 29:27.2. Los superiores de Zátopek en el Ejército le hicieron saber que no era aceptable que se hubiese quedado sin la plusmarca mundial de 10 000 m. Les pidió tres semanas para entrenarse y el 22 de octubre, otra vez en Ostrava, se iba a 29:21.2. Continuó su racha cronométrica el 4 de agosto, ya de 1950, cuando en Turku se acercó notablemente a la barrera de los 29 minutos, con 29:02.6. Dos días antes había mejorado a 14:06.2 en 5000 m. Con estas credenciales se presentó en el Campeonato de Europa de Bruselas la última semana de agosto. No dio opción a su principal rival, otra vez Alain Mimoun. En la final directa de 10 000, Zátopek hacía unos excelentes 29:12.0, 1:09.0 menos que el francés, mientras en 5000 m mejoraba su plusmarca personal a 14:03.0, 23 segundos más rápido que Mimoun. Reiff fue tercero. El año anterior se había convertido con 7:58.8 en el primer atleta en bajar de 8 minutos en 3000 m.

Con 28 años, y tras unos inicios discretos en al atletismo, el checo se había convertido en el mejor fondista del momento, plusmarquista mundial de 10 000, prueba en la que era campeón de Europa y olímpico, y campeón de Europa de 5000 m Sin embargo, lo mejor aún estaba por llegar.

Lee Evans, el primer 400 de la historia en menos de 44 segundos

Acaba de dejarnos Lee Evans, uno de los grandes de la vuelta a la pista de siempre. Siempre se le recordará por la portentosa victoria en los Juegos Olímpicos de México, donde además se convirtió en el primer hombre en bajar de 44.00 en los 400 m. Sin embargo, estuvo a punto de no disputar esa final.

Lee Edward Evans nació el 24 de febrero de 1947 en Madera, California. Comenzó a practicar atletismo muy joven, en la escuela elemental. Continuó sus estudios en San José donde, aún en edad escolar en 1965 ya corría las 440 yardas (402.34 m) en 46.9. Tras obtener una beca, formó parte del equipo de atletismo de la Universidad Estatal de San José. Fue campeón de Estados Unidos cuatro veces consecutivas, de 1966 a 1969 y posteriormente en 1972. En 1966 consiguió su primera plusmarca mundial, en el relevo 4 x 400 con el equipo estadounidense. Su registro de 2:59.6 fue el primero por debajo de 3:00.0 de la historia. En 1967 sufrió una de sus escasas derrotas en aquella época. Fue ante su compañero de universidad Tommie Smith (1944). El 20 de mayo Smith superaba por 0.4 la plusmarca mundial de los 400 m, con 44.5, 0.5 menos que Evans. Dos meses más tarde, el 30 de junio, Evans fue campeón panamericano con 44.95, el primer crono automático oficial por debajo de 45.00.

En 1968 tendrían lugar los Juegos Olímpicos de México. Entonces se conocía poco sobre el efecto de la altitud en el rendimiento atlético. En cualquier caso, la Federación Estadounidense, la Amateur Athletics Union (AAU) construyó para las pruebas de selección olímpica una pista en Echo Summit, California, en plena Sierra Nevada, a 2250 m de altitud, similar a la capital mexicana. Dos semanas antes Vince Matthews (1947) había corrido los 400 m en 44.4, tiempo no homologado como plusmarca mundial por haberse realizado con unas zapatillas con 68 pequeños clavos de la marca Puma, no homologadas por la Federación Internacional, IAAF (hoy World Athletics). En las pruebas de selección, Evans se mostró intratable. Tras hacer 44.97 en los cuartos de final, dominó la final con unos estratosféricos 44.06. Segundo fue Larry James (1947-2008) con 44.19, tercero Ron Freeman (1947), 44.62. A Matthews, con 44.86 le quedaba el consuelo del relevo olímpico. El tiempo de Evans no se homologó como plusmarca mundial por las zapatillas multiclavos. El nuevo plusmarquista mundial era Larry James con 44.1 (44.19).

Pero, como se vio en Ciudad de México, las zapatillas no habían ayudado a Evans a ganar en Echo Summit. El 16 de octubre comenzaban los 400 m olímpicos con las series. Evans ganó la primera con suficiencia en 45.40. Al día siguiente en el espacio de tres horas tendrían lugar los cuartos de final y las semifinales. Evans fue segundo en la segunda serie de cuartos con 45.54 y ganó la segunda semifinal con 44.83, su segunda mejor marca. La final tendría lugar al día siguiente, pero Evans anunció que no saldría. El 16 de octubre Tommie Smith y John Carlos (1945) habían ganado el oro y el bronce en los 200 m. Durante la ceremonia de entrega de medallas, hicieron el famoso acto de protesta por el trato discriminatorio en su país, con los puños enguantados en alto. El Comité Olímpico Internacional decidió expulsarlos de los Juegos. Evans, que , como los atletas expulsados, formaba parte del Proyecto Olímpico pro Derechos Humanos, optó por no presentarse en la final. Su amigo Tommie Smith lo convenció para que cambiase su decisión. Afortunadamente, porque Evans protagonizó una de las mejores carreras de 400 m de la historia. Salió rapidísimo. Pensó que tendría una placida recta final, pero Larry James entró casi igualado a falta de 100 m. La lucha entre ambos condujo a la primera carrera sub 44.00. Evans fue el ganador con 43.86 y James segundo con 43.97. Tuvieron que pasar casi 20 años hasta que otro atleta corriese en menos de 44.00. Freeman fue tercero, a cierta distancia, con 44.41.

Los integrantes del triplete de la carrera individual, junto con Matthews no dieron opción en el relevo 4×400. Se hicieron con el oro, con una nueva plusmarca mundial de 2:56.16.

Evans no volvió a alcanzar la forma de 1968. En 1972, tras unos buenos 44.6 a principios de temporada, intentó clasificarse para los Juegos Olímpicos de Múnich, pero solo pudo ser cuarto. Ello le daba derecho a forma parte del cuarteto titular en los 4 x 400, pero tras la expulsión de Matthews y Wayne Collett (1949-2010) de los Juegos por mostrarse irrespetuosos en la ceremonia de entrega de medallas de la prueba individual, donde habían sido oro y plata, Estados Unidos no se presentó al relevo. Tras los Juegos, Evans se unió a la International Track Association (ITA), una organización profesional que duró hasta 1976. En 1980 resultó readmitido por la IAAF. Se retiró poco después y se dedicó a entrenar, sobre todo en países africanos. Murió el 19 de mayo de 2021.

Para la historia queda su espectacular triunfo en México, con la asombrosa marca de 43.86. Casi 53 años más tarde sigue siendo el 15º cuatrocentista más rápido de todos los tiempos.

Sydney Wooderson, el atleta que resurgió tras la guerra

La generación de atletas nacidos alrededor de mediados de la segunda década del siglo XX llegó a su madurez cuando el mundo enloqueció y provocó la mayor tragedia vivida por la Humanidad, la Segunda Guerra Mundial. Algunos, como el alemán Rudolf Harbig (1913-1944), perdieron la vida, pero todos ellos se perdieron dos ediciones de los Juegos Olímpicos, los de 1940 y 1944. Solo algunos de pudieron recuperar el nivel que tenían antes de la contienda. Uno de estos fue el británico Sydney Wooderson, campeón de Europa de 1500 m en 1938 y de 5000 m en 1946.

Sydney Charles Wooderson nació en Carbenwell, Londres, el 30 de agosto de 1914, cuando la Primera Guerra Mundial acababa de estallar. Comenzó a practicar atletismo en la escuela Sutton Valley, de Kent, donde a los 18 años se convirtió en el primer escolar británico en correr la milla por debajo de 4:30.0. Tras su etapa escolar comenzó a trabajar como ayudante en un bufete de la City de Londres y empezó a entrenarse con Albert Hill (1889-1969), el doble campeón olímpico de 800 y 1500 m en 1920. En 1934, con 19 años, fue segundo en la milla de los Juegos del Imperio Británico, posteriormente de la Commonwealth, con su mejor marca de 4:13.4, 0.6 detrás del neozelandés Jack Lovelock (1910-1949), que sería oro olímpico en 1500 m en 1936. Los Juegos de Berlín eran también el objetivo de Wooderson, que comenzó 1936 con unos excelentes 4:10.8 en la milla, plusmarca británica, a 4.0 s del tope mundial del estadounidense Glenn Cunningham (1909-1988). Tres semanas después volvió a derrotar a Lovelock, ya lo había hecho el año anterior, en la milla del Campeonato de la AAA, la Athletic Amateur Association o Federación Británica. Acudió a Berlín, con dolor en un tobillo. No pasó a la final. Una radiografía realizada a continuación mostró una fisura. Ya no volvería a tener otra oportunidad. La guerra impediría la celebración de los Juegos de 1940 y 1944. Pese a ello, el británico tuvo una trayectoria atlética magnífica, que le permitió resurgir tras la contienda, ya pasada la treintena.

Tras la decepción de 1936, las dudas sobre la reanudación de su carrera atlética se transformaron en certezas cuando Wooderson se convirtió en el primer británico plusmarquista mundial de la milla de la era IAAF . El 28 de agosto, en una carrera con hándicap, entonces legal, en Montspur Park, Surrey, el objetivo era la plusmarca británica del propio Wooderson. Con pases cada cuarto de milla de 58.6, 2:02.6 (1:04.0), 3:07.2 (1:04.8) y una última vuelta de 59.2, Wooderson paraba el crono en una nueva plusmarca mundial de 4:06.4. El pase de 3:50.3 en los 1500 m era también plusmarca británica. Entre los espectadores estaba el septuagenario Walter George (1858-1943), que en 1886 había corrido la distancia en unos magníficos 4:12.3/4.

En 1938 renunció a los Juegos del Imperio para realizar el examen que le permitiría practicar la abogacía. A principios de agosto se hizo con el tope británico de las 880y, con 1:50.9. El 20 de ese mes, nuevamente en Montspur Park y en una carrera con hándicap, corría esta distancia en 1:49.2, 52.6 a mitad de la carrera, nueva plusmarca mundial, que fue doble por el pase de 1:48.4 en los 800 metros. El 5 de septiembre se proclamaba campeón de Europa de 1500 m con 3:53.6, y un último 300 en 43.6. Ese año le faltó superar los 3:47.8 que Jack Lovelock tenía como tope universal de 1500 m. Se quedó cerca con 3:49.0 y 3:48.7.

La temporada de 1939 comenzó muy bien para Wooderson con un registro de 4:07.4 en la milla en mayo y una mejor marca mundial de siempre de 2:59.7 en los 3/4 de milla, pero una lesión le impidió continuar. El 1 de septiembre de ese año comenzaba el conflicto bélico más devastador de la Historia. Debido a su mala visión, Wooderson no estuvo en el frente. Se unió a los Royal Pioneer Corps, dedicados a las infraestructuras. Posteriormente fue bombero y radioperador. No descuidó la actividad atlética y fue capaz de correr la milla en 4:11.0 en 1940, 4:11.2 en 1941, 4:16.4 en 1942, 4:11.5 en 1943 y 4:12.8 en 1944. Ese año estuvo cuatro meses en el hospital por fiebre reumática. Los médicos le aseguraron que no volvería a correr, pero se equivocaron.

En 1945, recuperado de su enfermedad y terminada la guerra, Wooderson retomó sus entrenamientos normales. El mundo había cambiado sobremanera. El mundo atlético también. En 1939 Harbig había corrido los 800 m en unos estratosféricos 1:46.6. Y mientras Londres sufría los bombardeos de la Luftwaffe, en la neutral Suecia la durísima pugna entre Günder Hagg (1918-2004) y Arne Andersson (1917-2009) había llevado las plusmarcas mundiales de los 1500 m y de la milla a 4:01.4. En agosto, en White City, el estadio de los Juegos de 1908, 54 000 espectadores se dieron cita para ver el duelo en la milla entre Andersson y Wooderson. El sueco acababa de perder su plusmarca mundial de la milla, 4:01.6, a manos de Hagg, por 0.2. Andersson se colocó en cabeza durante el inicio, con pases de 1:00.8, 2:03.2 (1:02.04) y 3:08.2 (1:05.0). El británico lo sobrepasó en la última vuelta, pero se vio superado a falta de 90 metros. Andersson marcó 4:08.8, 0.4 menos que Wooderson. Entre la multitud se encontraba un joven de 16 años llamado Roger Bannister (1929-2018). Años después, tras convertirse en el primer atleta en correr la milla en menos de 4 minutos declararía que Wooderson había sido una de sus fuentes de inspiración. Tras la carrera de White City, Wooderson mejoró con 3:48.4 su tiempo en los 1500 m. En septiembre, en Gotemburgo, volvió a enfrentarse a Andersson en la milla, esta vez con liebre, que pasó cada cuarto en 58.6, 2:00.1 (1:01.5) y 3:02.8 (1:02.7). Wooderson esperó al último 200 para atacar a su rival, que tuvo que esforzarse al máximo para recuperar la cabeza, ya a falta de 60 m. Wooderson hizo 4:04.2, plusmarca británica, si bien cedió ante Andersson por 0.8.

La temporada de 1945 acabó para Wooderson con problemas en los tendones de Aquiles. Eso le hizo decidirse por distancias más largas para 1946. En el campeonato de la AAA, eligió participar en las 3 millas (4828 m). Su principal rival sería el neerlandés Willen Slijkhuis (1923-2003), que alternaba con éxito el medio fondo largo y el fondo corto. La lucha por la victoria fue cerradísima. Finalmente el británico se hizo con la victoria por 3 metros, con 13:53.2, nueva plusmarca británica. Wooderson, tras este buen resultado, resultó seleccionado para los 5000 m del Campeonato de Europa de Oslo. El 23 de agosto estaba en la línea de salida de la final directa. Slijkhuis y el finlandés Viljo Heino (1914-1998) parecían superiores al británico. Este y el belga Gaston Reiff (1921-1992), que ganaría el oro olímpico dos años más tarde, impusieron un ritmo rápido, tratando de desgastar a Wooderson. No lo consiguieron y a falta de 1200 m Slijkhus cambió de ritmo, llevándose a Wooderson con él. El británico lo acabó derrotando por más de 5 segundos, 14:08.6 frente a 14:14.0. El sueco Evert Nyberg (1925-2000) se hizo con el bronce. Heino fue cuarto, un entonces poco conocido Emil Zátopek (1922-2000), quinto, y Reiff sexto. Wooderson había realizado la segunda mejor marca de siempre, tan solo por detras de los 13:58.4 de Günder Hagg, había mejorado la plusmarca nacional por 23 segundos y había derrotado a la élite europea, y mundial, del fondo.

Pese al éxito en Oslo, la tendinitis crónica que padecía Wooderson hizo que renunciase a la pista y se centrase en el campo a través, modalidad en la que fue campeón británico en 1948 y 14º en el Cross de las Naciones. Se llevó una gran decepción cuando lo sustituyeron como portador de la antorcha olímpica en la inauguración de los Juegos de Londres de 1948. Al parecer no les gustó el carácter discreto y poco mediático de Wooderson. Se retiró en 1949 y trabajó hasta su jubilación como abogado en la City. Murió el 21 de diciembre de 2006.

Sydney Wooderson fue un extraordinario y versátil corredor de medio fondo y fondo, tremendamente longevo, que dominó especialidades tan dispares como los 800 m y el campo a través. Coincidió con los mejores de varias generaciones, Lovelock, Cunningham, Hägg, Andersson, Slijkhuis, Heino, Reiff o Zátopek. Tan solo la guerra le impidió dar lo mejor de sí. La historia de Hágg y Andersson habría sido diferente sin guerra y con Wooderson.

Amsterdam 1928 (y II), se establece el actual programa olímpico masculino

La gran novedad de los Juegos Olímpicos de 1928 fue el inicio del atletismo olímpico femenino, pero hubo otra innovación, que entonces pasó desapercibida. En los Juegos de Amsterdam se estableció el actual programa olímpico atlético masculino, con excepción de la marcha, que se incorporaría más tarde. Respecto al programa de los anteriores Juegos, de 1924, se eliminó el campo a través, los 3000 m por equipos, el pentatlón y los 10 Km marcha. En la capital de los Países Bajos se disputaron los 100 m, 200 m, 400 m, 800 m, 1500 m, 5000 m, 10 000 m, maratón, 110 m vallas, 400 m vallas, 3000 m obstáculos, los relevos 4 x 100 m y 4 x 400 m, los saltos de altura., pértiga, longitud y triple, los lanzamientos de peso, disco, martillo y jabalina y el decatlón. Los 10 Km marcha reaparecieron en 1948. En 1956 se sustituyeron por los 20 Km marcha. Los 50 Km marcha se disputaron por primera vez en 1932. Con la excepción de 1976, se han celebrado en todos los Juegos desde entonces. En 2024 se sustituirán por los 35 Km marcha.

Los Estados Unidos fueron los grandes triunfadores, con 21 medallas, 8 de oro, en categoría masculina. Pese a ello, fracasaron estrepitosamente en la velocidad, donde, por primera vez en la historia olímpica, no hubo un solo atleta estadounidense en el podio ni en 100 ni en 200 m. El canadiense Percy Williams (1908-1982) se convirtió en el rey de la velocidad al imponerse en las dos pruebas individuales. En los 200 m, el estadounidense Jackson Scholtz (1897-1986) fue cuarto con 21.9, el mismo tiempo que el segundo y a 0.1 de Williams. El doble oro olímpico convirtió a Williams en una celebridad en su país. Los 400 m fueron para el estadounidense Ray Barbuti (1905-1988). En los 800 m el británico de Cambridge Douglas Lowe (1902-1981) repitió el oro olímpico que había ganado cuatro años antes.

Las pruebas en pista de 1500 en adelante fueron un festival para los finlandeses voladores, que se hicieron con los oros en 1500 m, 5000 m, 10 000 m y 3000 m obstáculos y un total de 9 medallas, de las 14, 5 de oro, que consiguió su país en todas las pruebas atléticas. En los 1500 m Harri Larva (1906-1980) se impuso al favorito, el francés Jules Ladoumègue (1903-1973). En 5000 y 10 000 m Villie Ritola (1896-1982) y Paavo Nurmi (1897-1973) se repartieron los oros y las platas, con victoria del primero en la prueba más corta y del segundo en la más larga. El sueco, nacido en Finlandia, Edvin Wide (1896-1996) fue bronce en ambas distancias. En los obstáculos hubo triplete finlandés. El oro fue para Toivo Loukola (1902-1984), con plusmarca mundial de 9:21.8, con Nurmi y Ove Andersen (1899-1967) plata y bronce. El argelino, representante de Francia, Boughera El Ouafi (1898-1959) venció en el maratón.

El surafricano Sid Atkinson (1901-1977), plata en 1924, ganó el oro en los 110 m vallas. Su compatriota George Weightman-Smith (1905-1972) superó en semifinales con 14.6 la plusmarca mundial de la prueba. El ganador de los 400 m vallas fue un personaje muy popular en el mundo del atletismo David George Brownlow Cecil, Lord Burghley, heredero del Marquesado de Exeter (1905-1981). El personaje de Carros de Fuego Andy Lindsey está parcialmente basado en Lord Burghley. Sin embargo fue este, y no Harold Abrahams (1899-1978), el primero en correr alrededor del Great Court del Trinity College de Cambridge antes de la última campanada que marca las doce. Tampoco ponía copas de champán en las vallas durante sus entrenamientos, sino cajas de cerillas en vertical, que tenía que tirar sin derribar la valla. Los dos relevos fueron para los estadounidenses, con plusmarca mundial de 3:14.2 en el largo.

Los estadounidenses Bob King (1906-1965), futuro obstetra, Sabine Carr (1904-1983) y Edward Hamm (1906-1982) fueron respectivamente los campeones en salto de altura, salto de pértiga y salto de longitud. El japonés Mikio Oda (1905-1998), ganador del triple salto, primer asiático campeón olímpico individual en atletismo, impidió el pleno estadounidense en los saltos. En el lanzamiento de peso, el estadounidense John Kuck (1905-1986) se hizo con el oro con 15.87, nueva plusmarca mundial, batiendo a su compatriota Herman Brix (1906-2007) por 12 cm. Tras retirarse del atletismo, Brix se hizo actor, conocido como Bruce Bennett. Intervino en más de 100 películas. Entre ellas protagonizó Las nuevas aventuras de Tarzán (1935). El oro en el lanzamiento de disco fue para otro estadounidense, Bud Houser (1901-1994), doble campeón de peso y disco en los Juegos anteriores y futuro dentista de las estrellas de Hollywood. El exjugador de rugby irlandés Pat O’Callaghan (1906-1991) ganó el lanzamiento de martilllo, modalidad que había empezado a practicar un año antes. Repetiría oro olímpico en 1932. El sueco Erik Lundkvist (1908-1963), que dos semanas más tarde establecería una excelente nueva plusmarca mundial de 71.00 m, fue el campeón en el lanzamiento de jabalina. El decatlón, desde entonces la única prueba combinada olímpica, vio al finlandés Paavo Yrjölä (1902-1980) como campeón olímpico y nuevo plusmarquista mundial.

El atletismo ha cambiado mucho desde 1928. El programa olímpico apenas se ha modificado. ¿Podría haber algunos cambios? ¿Los 3000 m podrían ser olímpicos, quizá? No parece que, al menos de momento la World Athletics o el Comité Olímpico Internacional estén muy por la labor. Por ahora solo se han preocupado de la marcha. Tal vez cambien en el futuro.

Amsterdam 1928 (I), comienza el atletismo olímpico femenino

Esta entrada se publicó inicialmente en el número 11 de la revista Somos Atletismo, de abril de 2021.

Aunque desde principios del siglo XX los países anglosajones ya celebraban reuniones en las que participaban mujeres, el atletismo femenino resultó excluido de las primeras ediciones de los Juegos Olímpicos. Sí fueron olímpicos otros deportes en la categoría femenina como tenis, golf y vela en 1900, tiro con arco en 1904, patinaje artístico (1908), salto de trampolín y natación (1912) o esgrima (1924). El gran salto del atletismo femenino vino de la mano de la francesa Alice Milliat (1884-1957), que en 1917 fundó la Fédération Féminine Sportive de France. Milliat, traductora de profesión, había practicado remo y hockey sobre patines. En 1919 presentó formalmente al Comité Olímpico Internacional (COI) una solicitud para hacer el atletismo femenino olímpico, pero no tuvo éxito. Su labor en pro del atletismo femenino continuó y en 1921 organizó en Mónaco el Primer Encuentro Multinacional Femenino, con once pruebas. A finales de ese año, Milliat fundó la Fédération Sportive Féminine International, que contaba con la participación de Francia, Reino Unido, Italia, Checoslovaquia, España y Estados Unidos. Milliat fue su primera presidenta y su primera tarea fue la puesta en marcha de los primeros Juegos Mundiales Femeninos, que tuvieron lugar en París el 20 de agosto de 1922. En un solo día se celebraron 11 pruebas atléticas, 60 metros, 100 yardas, 300 metros, 1000 metros, 100 yardas vallas, relevo 4 x 110 yardas, salto de altura, salto de longitud, salto de longitud sin impulso, lanzamiento de peso a dos manos y lanzamiento de jabalina a dos manos. Participaron 77 mujeres de 5 países, Francia, Reino Unido, Checoslovaquia, Suiza y Estados Unidos. Los Juegos contarían con otras 3 ediciones, en 1926, 1930 y 1934. En esta última edición, celebrada en Londres, tomaron parte 200 atletas, de 19 países. Tuvieron lugar 12 pruebas. En ese momento el atletismo femenino llevaba dos ediciones siendo olímpico. Además estaba previsto la inclusión de las mujeres en el siguiente campeonato de Europa, en 1938. Los Juegos Mundiales dejaron su sitio a esta competición.

La Fédération Sportive Féminine International volvió a solicitar, infructuosamente, la participación de mujeres atletas en los Juegos Olímpicos de 1924. Pero, finalmente, en 1926, el COI accedió a que el atletismo femenino se convirtiese en un deporte olímpico. En los Juegos de 1928, que se celebrarían en Amsterdam, habría cinco pruebas femeninas, los 100 m, los 800 m, el relevo 4 x 100 m, el salto de altura y el lanzamiento de disco. Aunque tenía poco que ver con el programa masculino, se habían podido derribar muchas barreras, entre ellas la oposición del propio Pierre de Coubertin (1863-1937). El fundador del Movimiento Olímpico moderno opinaba que el deporte femenino y los Juegos Mundiales Femeninos eran impracticables, antiestéticos, no interesantes y, no debemos tener miedo a añadir, incorrectos. Esto debemos decir de esa medio olimpíada femenina.

Además de la participación de las mujeres, los Juegos de Amsterdam tuvieron otras novedades importantes. Se modificó el programa masculino, eliminando la prueba de 3000 m por equipos, el campo a través, la marcha y el pentatlón. Con excepción de la marcha, que reaparecería en 1956, el programa no ha cambiado desde entonces. Otra novedad fue la presencia, por primera vez, del pebetero olímpico. Alemania, tras su exclusión de las dos ediciones anteriores, volvió a los Juegos y fue segunda en el medallero, con 31 preseas, 10 de oro.

La primera mujer campeona olímpica, el 31 de agosto de 1928,  fue la lanzadora de disco polaca Halina Konopacka (1900-1989), quien, con 39.62 m, superaba por 44 cm su propia plusmarca mundial. Nacida en una familia de deportistas, Konopacka había practicado equitación, patinaje, esquí y natación antes de dedicarse al lanzamiento de disco. Tras su retirada del disco en 1931 se dedicó al tenis. Casada con el Ministro del Tesoro de Polonia, Ignacy Matuszewski (1891-1946), tras la invasión alemana y soviética en 1939, ayudó a este a llevar las reservas de oro a Francia. Tras la ocupación alemana de este país, ambos huyeron a Estados Unidos, donde se quedaron a vivir. Ella continuó allí tras el fallecimiento de su marido. Posteriormente se dedicaría a la pintura.

El mismo día 31 de julio tuvo lugar la final de los 100 m lisos. La ganadora fue la estadounidense de 16 años Betty Robinson (1911-1999), que había empezado a entrenar el marzo de ese año, con un tiempo de 12.2, que igualaba su propia plusmarca mundial. Ganó también la plata en el relevo 4 x 100 m. En 1931 resultó herida grave en un accidente de avión. Inicialmente la dieron por muerta. Estuvo 7 semanas en coma y 2 años sin poder caminar normalmente. Aunque las secuelas en su rodilla le impedían adoptar la posición de salida en las pruebas de velocidad, en 1936, haciendo el tercer relevo del 4 x 100, con el equipo de Estados Unidos en la final olímpica, consiguió el segundo oro de su carrera.

El 2 de agosto tuvo lugar la polémica final de 800 m. El día anterior se habían celebrado las series clasificatorias, en número de tres. Las tres primeras pasaban a la final. La carrera definitiva resultó muy disputada. La japonesa Kinue Hitomi (1907-1931), que nunca había corrido la distancia antes de los Juegos, se colocó en la cabeza, mientras las alemanas Marie Dollinger (1910-1994) y Elfriede Wever (1900-1941) controlaban la carrera para su compatriota Linda Radke (1903-1983). Esta lanzó un ataque, a falta de 300 m y se proclamó campeona olímpica, con una nueva plusmarca mundial de 2:16.8, 0.8 menos que la japonesa, plata. Tras la carrera, varias participantes se tiraron al sueño para recuperarse. El ácido láctico tiene estas cosas. Numerosos miembros de organizaciones deportivas y de la prensa aprovecharon esta circunstancia para afirmar que era una carrera demasiado larga para las mujeres. Se llegó a decir que las mujeres que corriesen distancias largas envejecerían antes. El presidente del COI, el Conde de Baillet-Latour (1876-1942), llegó a abogar por la supresión del deporte femenino. En contra de esta opinión, muchos argumentaron que situaciones similares sucedían en competiciones masculinas. De hecho, en las dos primeras ediciones de los Juegos Mundiales Femeninos se habían corrido los 1000 m y en las dos siguientes los 800 m. Finalmente no se impuso la lógica y la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) eliminó la prueba del programa olímpico. No se recuperó hasta 1960.

La canadiense, nacida en Estados Unidos, Ethel Catherwood (1908-1987) fue la primera campeona olímpica de salto de altura. Sucedió el 5 de agosto de 1928. Un salto de 1.59 m, a 2 cm de la plusmarca mundial le valió el oro olímpico. Se ganó al público y a la prensa por su belleza. También destacó en el lanzamiento de jabalina, modalidad en que fue campeona canadiense, pero esta prueba no fue olímpica hasta 1932. Después de los Juegos se trasladó a California.

El mismo 5 de agosto se disputó la final del relevo 4 x 100 m, cuyo oro fue para el equipo canadiense formado por Ethel Smith (1907-1979), Bobbie Rosenfeld (1904-1969), Myrtle Cook (1902-1985) y Jane Bell (1910-1998), con 48.4, nueva plusmarca mundial. Estas cuatro mujeres, junto con las mencionadas Konopacke, Robinson, Radke y Catherwood fueron las ocho primeras campeonas olímpicas en cinco modalidades. Los prejuicios hicieron que la introducción de nuevas pruebas en el programa oficial femenino fuese muy lenta. Cincuenta y cinco años después, en el primer Campeonato del Mundo de Atletismo, celebrado en Helsinki, aún no había 5000, aunque sí 3000, ni 10 000 m, obstáculos, triple salto, salto con pértiga, lanzamiento de martillo o marcha. En la actualidad, el programa femenino casi se ha igualado al masculino. A la World Athletics le resta cambiar el heptatlón por decatlón en la categoría. Sería todo un espectáculo.

¿Es Carl Lewis el mejor atleta de la historia?

Hace unos días, en el grupo de aficionados al atletismo que nos seguimos en Twitter, surgió el tema de la figura de Carl Lewis (1961). El atleta de Birmingham (Alabama) ha levantado pasiones encontradas. Por un lado, sus inconmensurables méritos atléticos lo hacen acreedor de un lugar muy privilegiado en la historia del atletismo, pero hay una cara B. Su actitud un tanto displicente con los rivales, la prensa y los aficionados sigue generando mucho rechazo. En esta entrada se obviarán todas las cuestiones extradeportivas y se tratarán exclusivamente sus logros atléticos, que se compararán con otros grandes de la historia para tratar de responder a la pregunta de si Lewis es el mejor atleta de la historia.

Comparar atletas de una época con otra siempre resulta muy difícil. Los progresos en los métodos de entrenamiento, Medicina del Deporte, Fisioterapia, material, condiciones económicas, incremento en el número de practicanteshacen que marcas que en su momento pareciesen imposibles, como los 4 minutos en la milla, hoy sean habituales. Sin embargo, los mejores en cada momento de la historia eran los que más corrían, saltaban o lanzaban, en igualdad de condiciones con sus rivales. Para comparar épocas, probablemente los dos parámetros más sólidos sean el palmarés olímpicos y las plusmarcas mundiales conseguidas, con alguna salvedad, puesto que por un lado el programa olímpico masculino anterior a 1928 era diferente y por otro las pruebas atléticas para hacer plusmarcas se han ido reduciendo.

En cuanto al primer parámetro, el historial olímpico, Carl Lewis ha ganado 10 medallas, en cuatro pruebas diferentes, 9 de oro, en cuatro ediciones de los Juegos, de 1984 a 1996. Lewis fue campeón olímpico de 100 m en 1984 y 1988, de 200 m en 1984, de salto de longitud en 1984, 1988, 1992 y 1996 y de relevos 4 x 100 en 1984 y 1992. Además ganó la medalla de plata en los 200 m en 1988. Hay dos atletas con un palmarés semejante, el finlandés Paavo Nurmi (1897-1973) y el jamaicano Usain Bolt (1986).

Paavo Nurmi es el atleta con mejor historial olímpico. En tres ediciones de los Juegos, de 1920 a 1928, se hizo con 12 medallas, 9 de oro y 3 de plata. En 1920 ganó los 10 000 m, en campo a través en su modalidad individual y por equipos y fue plata en 5000 m. En 1924 fue campeón en 1500 m, 5000 m, 3000 m por equipos y el campo a través en ambas modalidades. Finalmente en 1928 se hizo con el oro en los 10 000 m y fue plata en 5000 m y 3000 m obstáculos. Aparentemente es un palmarés superior al de Lewis, pero hay que tener en cuenta que la doble medalla en campo a través lo fue por una sola prueba. Sería como si en 1984 y 1988 hubiese habido una clasificación por países en los 100 m y Lewis hubiese obtenido otras dos medallas de oro. Por este detalle, los nueve oros de Lewis parecen de más valor que los de Nurmi, pues este los consiguió en siete pruebas, mientras en estadounidense lo hizo en nueve.

Usain Bolt posee ocho oros olímpicos, en 100 m (2008, 2012, 2016), 200 m (2008, 2012, 2016) y relevos 4×100 m (2012, 2016). Bolt es el único velocista que ha hecho doblete en las dos pruebas individuales en tres ocasiones, lo que indica una superioridad y una longevidad que resultarán difíciles de igualar en el futuro. Inicialmente Bolt tenía nueve oros olímpicos, pues Jamaica había ganado el relevo en 2008, pero en 2017 un reanálisis de la muestra almacenada de Nesta Carter (1985), miembro del equipo ganador del relevo, encontró restos de la sustancia prohibida metilhexaneamina, lo que significó la descalificación del atleta y la pérdida del oro por parte de Jamaica. El resultado de la prueba no habría cambiado sin Carter, pero esto supuso que Bolt perdió el oro que lo igualaba con Lewis y con Nurmi. En cualquier caso, el palmarés de Lewis seguiría siendo ligeramente superior, pues, incluso sin la descalificación de Nesta, tendría una medalla más y oros en cuatro pruebas, por tres del jamaicano. En lo que Bolt supera a Lewis es en títulos mundiales al aire libre. El estadounidense prestó algo menos de atención a los Mundiales que a los Juegos y además hasta 1991 los campeonatos del Mundo se celebraban cada cuatro años. Entre 2007 y 2017 Bolt ganó 14 medallas, 11 de oro (3 en 100, 4 en 200 y 4 en el relevo). Lewis, entre 1983 y 1993 se hizo con 8 oros (3 en 100, 3 en relevo y 2 en longitud), una plata, en longitud, y un bronce, en 200 m. Dado que los Mundiales comenzaron a disputarse en 1983 no hay comparación posible con Nurmi.

La distribución de los 9 oros de Lewis le permitió igualar otros dos grandes logros olímpicos, más victorias en una sola edición de los Juegos con el formato actual y más triunfos consecutivos en la misma prueba. El objetivo de Lewis en su primera participación olímpica, en Los Ángeles 1984, era igualar a Jesse Owens (1913-1980) en los Juegos de Berlín. Owens, también nacido en Alabama, había logrado los títulos olímpicos en los 100, los 200 m, el relevo x 100 y el salto de longitud. Lewis consiguió en Los Ángeles el mismo resultado 48 años después. Nurmi, en 1924, había ganado 5 oros, pero dos de ellos fueron en la misma prueba, el campo a través, individual y por países. En los mismos Juegos, su compatriota Villie Ritola se había hecho 4 oros, pero uno fue el de campo a través por países. En 1900 el estadounidense Al Kraenzlein (1876-1928) había ganado en 60 m, 110 m vallas, 200 m y salto de longitud. Desde 1984, en categoría masculina, el atleta que ha obtenido más títulos olímpicos en una sola edición ha sido el mencionado Bolt, en 100, 200 y 4 x 100 en 2012 y 2016.

El otro logro olímpico igualado por Carl Lewis fueron cuatro triunfos consecutivos en la misma prueba. Lewis se hizo con los oros de salto de longitud en 1984, 1988, 1992 y 1996, igualando las cuatro victorias de Al Oerter (1936-2007), en lanzamiento de disco en 1956, 1960, 1964 y 1968. Otros dos atletas se han quedado cerca de este logro, el triplista georgiano, representante de la Unión Soviética, Viktor Saneyev (1945), oro en 1968, 1972, 1976 y plata en 1980, esta con la inestimable ayuda de los jueces de Moscú, y el jabalinista checo Jan Železný (1966), plata en 1988 y oro en 1992, 1996 y 2000.

En cuanto al parámetro de las plusmarcas mundiales, puede resultar complejo y confuso, pues en el pasado se disputaban distancias en las que hoy apenas se compite como las 100 yardas o las 3 millas. Por ello solo se van a considerar pruebas olímpicas, con lo que también queda excluida la pista cubierta. Con estas condiciones el atleta que más plusmarcas mundiales ha realizado es el pertiguista ucraniano Sergei Bubka (1962), con 17 al aire libre. Alguna de sus 18 en sala fue en su momento superior a su registro al aire libre. El historial olímpico de Bubka es, sin embargo, escaso para su enorme categoría, con un oro en 1988. A Nurmi se le homologaron 22 plusmarcas mundiales, aunque si solo se incluyen las distancias olímpicas fueron cinco. Bolt ha tenido ocho topes universales en pruebas olímpicas (3 en 100 m, 3 en 200 y 2 en el relevo), los últimos tres vigentes. En cuanto a Lewis, aunque nunca mostró demasiado interés en encabezar las listas de siempre, se le han homologado 8 plusmarcas mundiales, 4 en 100 m y 4 en el relevo. Pese a su gran dominio del salto de longitud, no ha conseguido nunca la plusmarca mundial, si bien posee desde 1984 el mejor registro de siempre en sala., con 8.79 m.

Con todos estos datos, para quien esto escribe, el palmarés de Lewis es ligeramente superior al de Bolt y al de Nurmi, lo que, de la forma más objetiva posible, lo convertiría en el mejor atleta de la historia. Pero en estas cuestiones también hay una parte subjetiva y, sin duda, la actitud de Lewis y alguna otra sombra hacen que en muchos casos este formidable atleta no desencadene en el aficionado la reacción emocional que sí provocan otros, no tan superlativos, pero con otras cualidades.

Taisto Mäki y la barrera de la media hora en los 10000 metros

La frustración del finlandés Paavo Nurmi (1897-1973,) tras no haber resultado seleccionado para correr los 10 000 m en los Juegos Olímpicos de 1924, se transformó motivación para superar la plusmarca mundial de la distancia, poco después de la competición olímpica. Su tiempo de 30:06.2, realizado el 31 de agosto de ese año, no solamente superaba el registro anterior de su compatriota Ville Ritola (1896-1982) en 16 segundos, sino que rozaba la barrera, entonces imposible, de la media hora. Correr por debajo de 30 minutos comenzaba a parecer al alcance del atletismo. Sin embargo, hubieron de pasar nada menos que quince años, y otros dos topes universales por el medio, para que un atleta superase esta barrera. Ocurrió el 17 de septiembre de 1939. Cuando el mundo estaba más pendiente de los acontecimientos en Polonia, invadida por los alemanes el 1 de septiembre y por los soviéticos ese mismo día 17, otro finlandés volador, Taisto Mäki (1910-1979), en Helsinki, detenía el crono en 29:52.6.

Taisto Armas Mäki nació en Helsinki el 2 de diciembre de 1910. A los cinco años perdió a su madre. Su padre había fallecido el año anterior. Él y sus hermanos mayores se criaron con su abuela en una granja en Rekola, una localidad muy próxima a la capital. Tuvo que ponerse a trabajar en la granja muy pronto, por lo que solo pudo completar seis años de escolaridad. Comenzó a practicar atletismo con 17 años en un club local, pero con dedicación también a otros deportes y poco entrenamiento formal. En 1932, con 21 años, bajaba por primera vez de 16 minutos en 5000 m, 15:59.9, una marca muy poco llamativa, que en absoluto hacía presagiar lo que sucedería en los siguientes años.

A partir de 1933, su actividad atlética se fue haciendo cada vez mayor. En 1934 se unió al club HKV de Helsinki, cuyos buenos oficios fueron clave para que Mäki consiguiese un trabajo en Alko, una empresa estatal de bebidas alcohólicas. Aunque la compañía le daba cierta facilidad para practicar atletismo, Mäki se levantaba a las 4:30 para hacer una primera sesión de entrenamiento, antes de tomar el tren a las 6:15 para ir al trabajo. Tras terminar su jornada, por la tarde, llegaba la segunda, y más dura, sesión de entrenamiento. Los resultados no se hicieron esperar. En el campeonato finlandés de 5000 m de 1934, un entonces desconocido Mäki mejoraba hasta 14:49.2 y se hacía con la victoria, derrotando al campeón olímpico de 1932 y plusmarquista mundial, 14:17.0, Lauri Lehtinen (1908-1973). Sus esperanzas de clasificarse para el primer campeonato de Europa, que tendría lugar en Turín ese mismo año, se vieron frustradas por una lesión, practicando triple salto (!), que lo dejó fuera de combate. Siguió mejorando al año siguiente, con 14:40.4 y 31:40.0 en su primer 10 000. Los Juegos Olímpicos de 1936 estaban a un año vista, pero la temporada de los Juegos resultó frustrante para Mäki. Finlandia era entonces como Kenia unas décadas después. Los mejores corredores de fondo eran finlandeses y Mäki se vio relegado por Gunnar Höckert (1910-1940), Lehtinen e Ilmari Salminen (1902-1986). Los dos primeros serían oro y plata olímpicos. Salminen ocuparía la sexta posición en 5000 m y se haría con el oro, con triplete finlandés, en los 10 000 m. La trayectoria de Salminen es sorprendente. Consiguió todos sus logros atléticos pasados los 30, siempre en los 10 000 m: doble campeón de Europa en 1934 y 1938, campeón olímpico en 1936 y plusmarquista mundial, con 30:05.6, en 1937, recortando 0.6 al mítico tiempo de Nurmi.

Pese a la decepción de 1936, Mäki continuó progresando y en 1937 corrió en 14:28.8, lo que le permitió encabezar la lista de ese año. También mejoró en 1500 m hasta 3:55.2. En 1938, pese a un comienzo de temporada muy irregular, consiguió finalmente formar parte del equipo finlandés que competiría en los Campeonatos de Europa de París. La prueba de 5000 m resultó muy dura para Mäki, que tuvo que dar lo mejor de sí para batir al sueco Henry Johnson (1912-2001). El finlandés se impuso con 14:26.8, su mejor marca y la mejor mundial del año, 0.6 menos que su rival. Tras el Europeo, el 17 de septiembre, se enfrentó a Salminen, que había renovado su título continental, en un 10 000. Ambos terminaron en unos excelentes 30:13.4, con Salminen delante. Esta gran actuación convenció a Mäki que podría intentar superar la plusmarca mundial de su compatriota. Ambos corredores se volvían a enfrentar el 29 de septiembre, en Tampere. Con un pase de 14:59.0 para la primera mitad de la carrera, Mäki se convertía con 30.02.0 en el nuevo plusmarquista mundial de la distancia, mientras Salminen, en un día para olvidar, era quinto con 31:04.6 y vuelta perdida. Ese año, Mäki tuvo otra alegría, cuando el 12 de junio el Comité Olímpico Internacional designó Helsinki como sede olímpica para 1940, en sustitución de Tokio, debido a la agresiva política exterior de Japón.

La temporada de 1939 habría resultado perfecta para Mäki si el mundo no hubiese decidido inmolarse al final de ese año. El 16 de junio, Mäki, restaba 8.2 segundos a la plusmarca mundial de los 5000 m, tras un último kilómetro en 2:44.3. El nuevo primado universal era 14:08.8. Poco después, el 7 de julio, se hizo, con 8:52.2, con la plusmarca mundial de las dos millas. Durante la temporada también mejoró en 1500 m, 3:53.5, y en la milla, 4:12.0. Se proclamó campeón finlandés de 10 000 m, con unos excelentes 30:09.4. Y terminó la temporada a lo grande, en Helsinki, el 17 de septiembre, el mismo día que la Unión Soviética invadía Polonia, tras haberlo hecho Alemania 17 días antes. Esa mañana, Mäki había corrido un 1500 en 4:23.0, en una competición de clubes. Por la tarde, tendría lugar el intento de plusmarca mundial de 10 000 m. Tras un primer kilómetro en 2:55.5 y un pase de 14:58.2 a mitad de carrera, Mäki corría el último kilómetro en 2:54.2 y se convertía, con 29:52.6 en el primer atleta en romper la barrera de los 30 minutos en los 10 kilómetros en pista.

Con su temporada superlativa, Mäki se convertía en el principal candidato para repetir el logro olímpico de su compatriota Hannes Kolehmainen (1889-1966) en 1912, cuando ganó los 5000 y los 10000 m. Desde entonces nadie lo había vuelto a conseguir en los mismos Juegos, si bien Nurmi y Ritola lo hicieron en Juegos diferentes. Pero los Juegos de 1940 nunca tuvieron lugar. La invasión de Polonia provocó la Segunda Guerra Mundial, en la que Finlandia se vio envuelta muy pronto, en noviembre de 1939, con la Guerra de Invierno, contra la Unión Soviética, que trató de ocupar el istmo de Karelia. Mäki resultó movilizado en el frente de Karelia, donde perdió la vida Gunnar Höckert, su compatriota campeón olímpico en Berlín. La estancia de Mäki en el frente resultó, sin embargo, corta, pues el Gobierno de Finlandia decidió que le sería más útil a su país de otro modo. Junto con Paavo Nurmi, viajó a Estados Unidos, donde permaneció de febrero a julio de 1940, para recabar apoyos y recursos con los que afrontar la guerra. Allí participó en algunas reuniones atléticas. En marzo, no obstante, se firmó una tregua con la Unión Soviética, lo que permitió a los finlandeses una cierta normalidad que incluía las competiciones atléticas. Mäki ganó el campeonato nacional de 10 000 m con 30:39.4 y marcó 14:32.0 en 5000 m ese año de 1940. Pero la tregua se mostró frágil y en junio de 1941 estalló un nuevo conflicto contra la Unión Soviética, la Guerra de Continuación, que se prolongó hasta 1944.

Tras el obligado parón por la guerra, Mäki volvió a competir en 1945, ya con 34 años. Aún fue capaz de correr en 14:27.0, cuarta mejor marca ese año, y 30:12.6, tercera mejor marca ese año. Pero ni él, ni el atletismo eran eran los de 1939. Mäki había perdido sus plusmarcas mundiales, a manos del sueco Gunder Hägg (1918-2004), 13:58.2 en 5000 m el 20 de septiembre de 1942, y de su compatriota Viljo Heino (1914-1998), el último finlandés volador, 29:35.4, el 25 de agosto de 1944. Mäki continuó compitiendo hasta 1951, pero no se pudo clasificar para el Europeo de 1946 ni para los Juegos Olímpicos de 1948, último año en que se asomó a la lista de los mejores de la temporada. Continuó trabajando en Alko hasta su jubilación en 1972. Pese a que disfrutaba de una salud aparentemente buena, falleció repentinamente por un infarto de miocardio el 1 de mayo de 1979.

Desde 1912 hasta la Segunda Guerra Mundial, los 5000 y 10 000 m se disputaron en seis ediciones de los Juegos Olímpicos. Los finlandeses voladores ganaron diez de doce oros posibles y veinte de treinta y seis medallas posibles, un aplastante dominio solo igualado por los kenianos en los obstáculos en los tiempos actuales. Probablemente la racha finlandesa habría continuado en 1940 con Mäki y en 1944 con Heino, pero ambos formaron parte de la generación perdida por la guerra. A partir de 1948, las carreras de fondo se abrieron a atletas de todas las nacionalidades, aunque en 1972 y 1976, Lasse Virén (1949), emulando a sus predecesores finlandeses, ganó los cuatro oros de las carreras de fondo el pista.