Los Juegos Olímpicos de Verano que no se celebraron

La pandemia de coronavirus ha provocado una situación inédita en la acomodada sociedad occidental. Por primera vez en muchos años nos enfrentamos a una catástrofe de incierto final, pero nada bueno en todo caso. Una de las consecuencias de esta pandemia es el aplazamineto del calendario deportivo, que probablemente incluirá los Juegos Olímpicos e Tokio, cuyas fechas previstas eran del 24 de julio al 9 de agosto. Aunque el Vicepresidente del Comité Olímpico Internacional (COI), el español Juan Antonio Samaranch, realizó ayer unas declaraciones en las que aseguraba que las preparaciones seguían igual, no parece probable que los Juegos se puedan celebrar a finales de julio. Seguramente se trasladarán al otoño o a 2021.

No sería, sin embargo, la primera vez que unos Juegos Olímpicos se dejasen de celebrar. Los de Tokio son los Juegos de la XXXII Olimpíada, pero en realidad no serían los trigésimo segundos Juegos, sino los vigésimo novenos. En tres ocasiones la mayor competición deportiva hubo de suspenderse.

Fue el aristócrata francés Charles Pierre de Frédy, baron de Coubertain (1863 – 1937), quien peleó denodadamente hasta conseguir restablecer los juegos deportivos que se celebraban en la ciudad de la antigua Grecia Olimpia cada 4 años, desde 776 aC hasta 394 dC, en que el emperador romano Teodosio prohibió todos los juegos paganos. Coubertain fundó en COI, del que fue su primer presidente, en 1894 y organizó los Juegos de la I Olimpíada en Atenas, en 1896. Los Juegos fueron un éxito, con la presencia de 245 deportistas de 14 países. Atenas pretendió ser sede permanente de los Juegos, pero la idea de Coubertain era que se celebrasen cada 4 años en una ciudad diferente. Sin embargo, las dos siguientes ediciones fueron un fracaso, que hizo temblar el movimiento olímpico. En 1900, en París, los Juegos se diluyeron en la celebración de la Exposición Internacional Universal, y las cosas no fueron mucho mejor 4 años después en San Luis, con tan solo 12 países participantes y 65 deportistas no norteamericanos. Atenas intentó retomar su idea inicial de organizar los Juegos de forma continuada en 1906 con los llamados Juegos Interpolados o Intercalados, no reconocidos oficialmente por el COI, aunque en su momento de Coubertain los había aceptado sin gran convicción. Resultaron un éxito, con 854 deportistas, 321 griegos, de 20 países. Los griegos trataron de darle continuidad pero no pudieron organizar una segunda edición, en 1910, por problemas financieros.

 

1906_Athens_stadium
Ceremonia de apertura de los Juegos Intercalados de 1906 (By From James Sullivan, The Olympic Games at Athens 1906. – https://www.loc.gov/rr/main/olympics/images.html, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=124818)

 

Los Juegos Olímpicos consiguieron, no obstante, consolidarse con las ediciones de Londres en 1908, pese a organizarlos en tan solo 10 meses tras la renuncia de Roma, y, sobre todo, de Estocolmo en 1912. En la capital sueca se acordó que los siguientes Juegos tendrían lugar en Berlín, en 1916, capital del Imperio Alemán, nueva potencia mundial desde su irrupción como país en 1871. Se construyó en 1913, en 200 días, el Deutsches Stadion, con capacidad para 64 000 espectadores. El estallido de la Primera Guerra Mundial el 28 de julio de 1914 no paró los planes para celebrar los Juegos. Ingenuamente se pensaba que la guerra se terminaría en unos meses. En marzo de 1915 el comité organizador de los Juegos confirmó al COI que los preparativos para los Juegos continuaban. Varias ciudades de Estados Unidos, que no entró en la guerra hasta abril de 1917, se ofrecieron para sustituir a Berlín, pero el COI no lo consideró. Entonces en Atlántico era una enorme barrera. Ese mismo año el COI cambió su sede de París a Lausana, en la neutral Suiza, pero no se volvió a reunir hasta 1919. A principios de 1916 se vio que era imposible que los Juegos tuviesen lugar, aunque oficialmente nunca se cancelaron.

 

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Inauguración del Deutsches Stadium en 1913 (By AUGUST SCHERL G.m.b.H. Berlin S.W. 68 – This image is available from the United States Library of Congress’s Prints and Photographs divisionunder the digital ID ggbain.13627.This tag does not indicate the copyright status of the attached work. A normal copyright tag is still required. See Commons:Licensing for more information., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=18022211)

 

Tras el final de la guerra, el COI, reunido en abril de 1919, decidió aceptar el ofrecimiento de Amberes para organizar los Juegos de 1920. La ciudad belga ya había entrado en la carrera para sede de los Juegos en 1912, pero entonces el COI no había tomado ninguna decisión. Se eligió para rendir honores al sufrimiento de Bélgica durante la guerra. Los perdedores de la contienda, Alemania, Austria, Hungría, Bulgaria y Turquía, no recibieron invitación, en contra del criterio de de Coubertain.

Berlín acabó organizando los Juegos en 1936, los Juegos de la exaltación nazi y de Jesse Owens. Sin embargo, no era Berlín la ciudad favorita para ser sede olímpica. La ciudad favorita era Barcelona. El 26 de abril de 1931 tenía lugar en la Ciudad Condal la reunión para decidir la sede olímpica de 1936. Fue la segunda y última vez que esta reunión tenía lugar en una de las ciudades candidatas. Pero el pronóstico se rompió y la elegida resultó Berlín, entonces capital de la República de Weimar. Doce días antes de había proclamado la República Española. La incertidumbre provocada por el cambio de régimen tal vez no favoreció los intereses de Barcelona. Si Barcelona hubiese ganado la organización de los Juegos, probablemente no se habrían celebrado, pues la Guerra Civil lo habría impedido. Aunque quizá podríamos preguntarnos si habría estallado la Guerra Civil en este contexto.

Desgraciadamente la Guerra Civil fue el preludio de la Segunda Guerra Mundial, que obligó a cancelar dos ediciones de los Juegos Olímpicos. En 1932 Tokio presentó su candidatura para los Juegos Olímpicos de 1940. No parecía la mejor candidata, pues debido a la invasión de Manchuria, la Liga de Naciones había expulsado a Japón. Pero ganó sorprendentemente la nominación en 1936. Se celebrarían del 21 de septiembre al 6 de octubre de 1940. La sede principal sería el Estadio Meiji Jingu, con capacidad para 38 000 espectadores. No obstante, Tokio, con apoyo poco entusiasta de su belicoso Gobierno, renunció en julio 1938 debido a la Segunda Guerra Chino Japonesa.

El COI ofreció entonces la sede olímpica a Helsinki, que había sido segunda en el proceso de elección. Los finlandeses establecieron la fecha para los Juegos del 20 de julio al 4 de agosto en el estadio que acabaría siendo olímpico en 1952, con capacidad para 42 000 espectadores, pero el estallido de la guerra impidió que se celebrasen. Precisamente, poco antes de la invasión alemana de Polonia, en junio de 1939, Londres había resultado elegida sede de los Juegos de 1944, que nunca se celebraron.

El movimiento olímpico se restauró en 1948, con los Juegos de la austeridad, celebrados en un Londres castigado por los bombardeos, muy diferente de la ciudad de 1939. Aun así, los Juegos fueron un éxito, con 4104 deportistas de 59 países, pese a la renuncia de la Unión Soviética y a la exclusión de Alemania y Japón.

Desde entonces se han celebrado los Juegos ininterrumpidamente cada 4 años, aunque con tres boicots, que hicieron tambalearse el movimiento olímpico, el boicot africano en 1976, el boicot del bloque occidental en 1980 y el boicot del bloque oriental en 1984. Este año olímpico de 2020 probablemente verá por primera vez en la historia el traslado de fecha de los Juegos, en un mundo que probablemente será diferente del que hemos conocido hasta ahora.

 

Pablo Torrijos y la plusmarca española de triple salto

El último campeonato de España de atletismo en pista cubierta, celebrado en Orense, dejó para la historia una nueva plusmarca absoluta de triple salto. El castellonense Pablo Torrijos Navarro, nacido el 12 de mayo de 1992, se fue en el último salto a 17.18 m, tercera mejor marca mundial de esta extraña temporada invernal, en la que el campeonato del mundo en sala, que iba a tener lugar en la ciudad china de Nanjing, no se celebrará por la epidemia de Coronavirus. La anterior plusmarca absoluta, realizada también bajo techo, estaba en manos del propio Torrijos desde 2015 con 17.04 m, conseguida en Praga durante el campeonato de Europa, en el que fue segundo.

Pablo Torrijos comenzó a practicar atletismo a los 14 años. Superó por primera vez la barrera de los 16 metros en 2011, cuando realizó en sala 16.16 m. Ese año fue 6º en el campeonato de Europa sub20. Continuó progresando y en 2013 ganó su primer campeonato absoluto de España al aire libre. Hasta el momento ha conseguido 5 entorchados nacionales al aire libre (2013, 2014, 2015, 2017 y 2019) y 6 en pista cubierta (2014, 2015, 2016, 2017, 2018 , 2019 y 2020). En 2014 hizo un mejor salto de 16.87 m, con lo que se quedaba muy cerca de la plusmarca española absoluta de 16.93 m del abulense Santiago Moreno (1964). Ese año fue 8º en el campeonato de Europa al aire libre. Unos meses después en la temporada invernal, con un salto de 17.03 m bajo techo se convertía en el primer español en superar la barrera de los 17 metros. En el Europeo en sala de ese año, como se mencionó más arriba, se proclamó subcampeón de Europa, saltando 1 cm más. En los años siguientes, a pesar de no pocos problemas físicos, mantuvo una línea regular con mejores saltos de 16.89A m (2016), 16.96 m (2017), 16.98 m (2018) y 16.89 m (2019). Repitió el 8º puesto de la anterior edición del Europeo al aire libre en 2016 y fue 5º en 2018. En el Mundial al aire libre de 2017 ocupó la 10ª plaza.

Esta temporada invernal, Torrijos había estado muy regular, con 4 mejores saltos de competición de 16.83 m, 16.77 m. 16.75 m y 16.65 m. Su serie en el campeonato de España fue nulo, 16.50, 16.48, nulo, 16.78, 17.18 m. Tras dar por finalizada la temporada invernal, el próximo objetivo de Torrijos y su entrenador, el gran experto español en saltos horizontales,  Juan Carlos Álvarez, serán los Juegos Olímpicos de Tokio, donde tratará de superar la mejor actuación española, el 10º puesto del donostiarra Luis Felipe Areta (1942) en los Juegos Olímpicos de 1968.

Areta fue uno de los mejores españoles, no solo en el triple salto, sino también en el salto de longitud, pruebas ambas que hizo compatibles, si bien acabó dedicándose más a la primera. Consiguió su primera plusmarca nacional absoluta a los 17 años en 1959, con 14.54 m y la llevó hasta 16.36 m en 1968, si bien en sala había hecho ese mismo año 16.47 m. Entonces los registros bajo techo no se consideraba plusmarcas absolutas. Realizó 21 plusmarca españolas al aire libre y fue en primer español en superar las barreras de los 15 y los 16 metros.

El primer español el superar los 14 metros había sido el valenciano José Catalina Llorens, Pepe Lacomba (1912 – 1984), el 7 de junio de 1935, con 14.07 m. El orensano Óscar Simón (1927) se fue 12 años después a 14.21 m y a 14.48 m en 1951. Esta era entonces la plusmarca española oficial, pero en 1954 el asturiano, futbolista internacional del Sevilla y atleta, Marcelino Vaquero, Campanal II (1931), saltaba 14.79 m, que no se homologaron como tope nacional por tratarse de un deportista profesional.

Areta fue olímpico en Roma 1960, en Tokio 1964 y en México 1968. En Tokio se convirtió en el segundo finalista olímpico español, al ser sexto en salto de longitud con 7,34 metros. En México se clasificó con 16,20 m para la final de triple salto, en la que, mermado por una lesión, solo pudo ser 12º. Areta fue 5 veces campeón de España de salto de longitud (1 en sala) y 11 veces de triple salto (3 en sala). Realizó su mejor marca absoluta, 16,47i, en los Juegos Europeos de pista cubierta celebrados en Madrid en 1968, salto con el que fue medalla de bronce. Ganó dos veces el triple salto en los Juegos del Mediterráneo. Dejó el atletismo en 1973. En 1980 se ordenó sacerdote.

Los 16.36 m de Areta estuvieron en los más alto de la lista española hasta 1976, año en que otro donostiarra, el anterior Director Técnico de la Federación Española de Atletismo (RFEA) Ramón Cid (1955) se iba a 16.40 m. Cid consiguió otras dos plusmarcas españolas 1868 m en 1979 y 16.69 m en 1980. En 1973 había sido subcampeón de Europa sub20. Fue 8 veces campeón de España absoluto al aire libre y 4 en pista cubierta. En los Europeos en sala fue 6º en 1978 y en 1979 y 7º en 1980, año este en que fue olímpico en Moscú.

El sucesor de Ramón Cid como plusmarquista español de triple salto fue el salmantino Juan Ambrosio González (1960), que en 1985 en el Gran Premio de su ciudad realizó 16.92 m. González fue 3 veces campeón de España al aire libre y 3 en pista cubierta.

El último tope español inferior a 17 metros, como se señaló anteriormente, el de Santiago Moreno de 16.93 m, realizado en 1991. Moreno consiguió 4 oros nacionales al aire libre y otros 4 en pista cubierta.

El actual Presidente de la RFEA, el también abulense Raúl Chapado (1970) nunca fue plusmarquista español al aire libre, aunque en sala consiguió tres plusmarcas españolas, la mejor de 16.87 m, que es su mejor salto de siempre. Le sirvió para ser 5º en el Europeo de pista cubierta en 1998. Fue 9 veces campeón de España al aire libre y 6 bajo techo.

El triple salto en España ha mejorado notablemente en los últimos años. Hay otros atletas que podrían acercarse a la barrera de los 17 metros como el valenciano Marcos Ruiz Pérez (1995), que acredita 16.81 m, o el madrileño Sergio Solanas (1987), que tiene un mejor salto de 16.69 m. La mínima olímpica es dura, 17.14 m. ¿Podría haber más de un triplista español en Tokio?

Cronología de la plusmarca española de triple salto desde 14 metros

14.07 José Catalina Llorens – Valencia – 07 07 1935
14.21 Óscar Simón – Barcelona – 26 07 1947
14.34 Óscar Simón – Madrid – 24 05 1951
14.48 Óscar Simón – Barcelona – 28 07 1951
14.79 Marcelino Vaquero – Avilés – 07 1954*
14.54 Luis Felipe Areta – Madrid – 25 10 1959
14.65 Luis Felipe Areta – Madrid – 21 05 1960
14.79 Luis Felipe Areta – Madrid – 28 05 1960
14.87 Luis Felipe Areta – S.Sebastián – 19 06 1960
14.98 Luis Felipe Areta – La Coruña – 25 06 1960
15.04 Luis Felipe Areta – La Coruña – 02 07 1960
15.13 Luis Felipe Areta – Barcelona – 24 09 1961
15.14 Luis Felipe Areta – Madrid – 15 10 1961
15.37 Luis Felipe Areta – Madrid – 15 10 1961
15.50 Luis Felipe Areta – Roma – 13 04 1963
15.62 Luis Felipe Areta – Roma – 13 04 1963
15.68 Luis Felipe Areta – Milán – 21 04 1963
15.89 Luis Felipe Areta – Madrid – 18 05 1963
15.89 Luis Felipe Areta – Porto Alegre – 08 09 1963
15.89 Luis Felipe Areta – Roma – 19 04 1964
15.90 Luis Felipe Areta – Roma – 19 04 1964
15.95 Luis Felipe Areta – Roma – 19 04 1964
16.17 Luis Felipe Areta – La Coruña – 09 08 1964
16.20 Luis Felipe Areta – Barcelona – 04 09 1965
16.23 Luis Felipe Areta – Túnez – 16 09 1967
16.47i Luis Felipe Areta – Madrid – 10 03 1968**
16.36 Luis Felipe Areta – Estocolmo – 02 07 68
16.40 Ramón Cid – Madrid – 04 07 1976
16.68 Ramón Cid – Madrid – 19 05 1979
16.69 Ramón Cid – Madrid – 01 10 1980
16.92 Juan Ambrosio González – Salamanca – 30 06 1985
16.93 Santiago Moreno – Ávila – 04 07 1991
17.03 Pablo Torrijos – Antequera – 23 02 2015
17.04 Pablo Torrijos – Praga – 07 03 2015
17.18 Pablo Torrijos – Orense – 01 03 2020

* No homologada por tratarse de un deportista, futbolista, profesional
** Homologada como plusmarca española en pista cubierta, entonces no se consideraba plusmarca española absoluta

 

Carros de Fuego y la esencia del pensamiento del atleta

Una de mis grandes aficiones de siempre es el cine. Sin duda se trata de un excelente medio de contar historias, de describir personajes, lugares, de mostrar el pasado. Puede mostrarnos cómo era el atletismo en el pasado y también nos puede hacer ver que la esencia del atletismo y de los atletas es atemporal. De sus muchas virtudes, tal vez sea esta la mejor de la cinta Carros de Fuego (Hugh Hudson, 1981), ganadora de 4 Óscars, incluyendo el de mejor película. Carros de Fuego narra la historia de un grupo de atletas cuyo objetivo son los Juegos Olímpicos de París 1924. Harold Abrahams, Andrew Lindsey, Aubrey Montague y Henry Stallard son cuatro amigos, estudiantes en la Universidad de Cambridge, a los que une la pasión por el atletismo. Por otro lado, Eric Liddle es un misionero escocés, estudiante en la Universidad de Edimburgo, apasionado por el deporte, que no quiere dejar pasar la oportunidad de la gloria en París, aunque esto le suponga algún disgusto familiar. Las interpretaciones de los actores protagonistas son todas ellas magníficas, sin duda uno de los sólidos pilares de esta película.

La puesta en escena es excelente. La película muestra cómo era la vida y el atletismo en los años 20. Entonces el tabaco era algo habitual entre los deportistas, las técnicas de entrenamiento eran diferentes y aún faltaba mucho para que las pistas dejasen de ser de tierra. Los velocistas no tenían tacos de salida y escarbaban unos agujeros en los que ponian los pies para salir. Chocan las vestimentas, especialmente las batas que algunos utilizaban en lugar del chandal.

Mucho ha cambiado el atletismo desde entonces, pero lo que continúa igual es la esencia del pensamiento del atleta, sin duda lo mejor de la película. El retrato psicológico de los personajes es sencillamente magnífico y representa en gran medida la relación que tienen deportistas de cualquier con el deporte que aman, pero que, en ocasiones, les genera no pocos problemas. En este sentido, tal vez el personaje más desarrollado es Harold Abrahams, interpretado por Ben Cross (1947) en un gran papel. Abrahams es judío, en una Europa terriblemente antisemita, en la que se siente absolutamente discriminado. Este antisemitismo apenas se menciona, salvo alguna referencia irónica entre los decanos del Trinity College y el Caius College. Abrahams utiliza el atletismo como medio de escape en una lucha, real o supuesta, contra un mundo que cree lo rechaza. Para ello no regatea esfuerzos, horas de entrenamiento, dedicación… Incluso contrata un entrenador profesional, Sam Mussabini, encarnado, otro gran papel, por Ian Holm (1931), lo que le ocasiona algunas opiniones encontradas con las autoridades académicas.

En su obsesión por ganar, Abrahams olvida disfrutar del camino y que perder forma parte de la competición. Una de las escenas más memorables de la película es la conversación que Abrahams mantiene con su novia Sybil Gordon, enorme Alice Krige (1955) con el personaje. Tras una derrota en una carrera de 100 m ante Liddle en Stanford Bridge, su, exagerada reacción, es de absoluto hundimiento. Sybil trata de devolverlo a la realidad:

Harold, esto es ridículo. Ha sido una carrera lo que has perdido, no un familiar. Te estás portanto como un chiquillo

– He perdido.

– Lo sé. Yo estaba también allí. Recuérdalo. Fue maravilloso. Estuviste maravilloso. Pero él fue mejor. Eso es todo. Tan solo eso. Ha ganado el mejor.

– Tenía que haberlo estudiado. Eso es algo absolutamente fundamental. 

– Él iba delante. No pudiste hacer nada. Él ha ganado clara y limpiamente.

– Todo se acabó, Abrahams.

– Si no puedes soportar una derrota, quizá sea mejor así.

– ¡¡Yo no corro para ser derrotado. Corro para ganar. Y si no puedo ganar no corro!!

– ¡¡Si no corres no puedes ganar!!

Sybil es la persona que necesita el atleta cuando entra en bucle y no es capaz de tener una visión de conjunto, porque no puede salir de su círculo de soledad y de frustración. Abrahams se sobrepone y cuando está en disposición de ganar el oro olímpico ya no tiene miedo de perder, tiene miedo de ganar, otra emoción omnipresente en la mente del atleta de competición. En otra escena memorable, Abrahams se sincera con su fiel amigo Montague, interpretado por Nicholas Farrell (1955), siempre dispuesto a poner un toque de equilibrio en la salvaje catarata de emociones del velocista de Cambridge.

El contrapunto a la personalidad atormentada de Abrahams es su amigo Lord Andrew Lindsay, fantástico Nigel Havers (1951). A diferencia del resto de los atletas, Lindsey no es un personaje real. Está basado lejanamente en Lord David Burghley (1905-1981), que consiguió el oro en los 400 m vallas en los Juegos Olímpicos de 1928. Lindsay disfruta del atletismo y de la vida. A diferencia de Abrahams no tiene que demostrarse ni demostrar nada. Para él el atletismo es un divertimento al que, no obstante, dedica un enorme esfuerzo, y que le produce un gran placer.

El otro personaje principal es Eric Liddle, también gran interpretación del malogrado Ian Charleston (1949-1990). Liddle es un deportista superdotado. Aunque en la película no se muestra era también jugador internacional de rugby. Es un devoto cristiano de profundas convicciones. Trata de dar lo mejor de sí en el atletismo como homenaje a Dios y es capaz de renunciar a los 100 m en los Juegos Olímpicos, su mejor baza, para evitar correr en domingo, y preparar a conciencia los 400 m, a priori menos favorables para él. La renuncia la hace meses antes de los Juegos, cuando el horario se hace público.

La película está llena de pequeños detalles muy interesantes, como Abrahams saltando longitud, prueba en la que era plusmarquista británico con 7.38 m, o la representación fugaz de atletas como el finlandés Paavo Nurmi (1897-1973), ganando el 1500 mientras Stallard es tercero, o el primer oro olímpico de raza negra estadounidense, el saltador de longitud William DeHart Hubbard (1903-1976), en la escena del entrenamiento de los atletas de su país.

Y hablar de Carros de Fuego es hablar de su banda sonora, compuesta por el griego Evángelos Odysséas Papathanassíou Vangelis (1943). Su tema principal se ha convertido en el himno del atletismo, pero merece la pena escuchar con atención el disco entero porque el resto de los temas no son inferiores.

Carros de Fuego es, sin duda, una obra maestra, no porque sea una gran película sobre atletismo, sino porque es una gran película.

Hay un interesante documental sobre los protagonistas reales de Carros de Fuego, presentado por Nigel Havers. En Youtube lo han dividido en 4 partes.

 

 

Las dos plusmarcas mundiales en sala de Wilson Kipketer en el Mundial de París 1997

La final de 800 m de los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996 fue la mejor de las hasta entonces disputadas. Los 4 primeros corrieron más rápido que la plusmarca olímpica, en poder hasta entonces del brasileño Joaquim Cruz (1963), con 1:43,00 desde 1984. El vencedor fue el noruego Vebjørn Rodal (1972), con 1:42,58, por delante del surafricano Hezekiél Sepeng (1974), 1:42,74, y del keniano Frederick Onyancha (1969), 1:42,79. El cubano Norberto Téllez (1972) habría ganado cualquier final anterior con 1:42,85, pero en Atlanta solo pudo ser cuarto.

Sin embargo, pese a la formidable exhibición en la carrera de las dos vueltas, de quien más se acordaron los aficionados fue del gran ausente, el danés, nacido keniano, Wilson Kipketer (1972), campeón del mundo el año anterior y que acabaría ese año con una plusmarca personal de 1:41,83, tercera mejor marca de siempre. Kipketer no obtuvo la autorización del Comité Olímpico Internacional para participar por problemas administrativos por su cambio de nacionalidad.

Wilson Kosgei Kipketer había nacido en Kapchimoiywo, condado de Nandi, cuna de ilustres corredores kenianos, el 12 de diciembre de 1972. Aconsejado por el doble oro olímpico Kip Keino (1940), que supo ver su potencial, se fue a estudiar a la Escuela Católica de San Patricio, en Iten, institución con una gran infraestructura para el atletismo. Tras un viaje de estudios a Copenhague en 1990, decidió solicitar la nacionalidad danesa. En 1993 ya corría en 1:45,46. Al año siguiente, con 1:43,29, fue segundo en la lista mundial del año. En 1995 consiguió el primero de sus tres títulos mundiales y acabó liderando la lista mundial con 1:42,87.

Tras su decepción por no haber podido disputar el oro olímpico, decidió preparar al conciencia la temporada de pista cubierta de 1997. Después del éxito de los Juegos Mundiales en sala de 1985, celebrados en París, la Federación Internacional decidió dar continuidad cada dos años a esta competición otorgándole la condición de campeonato del mundo. El mismo escenario de los Juegos Mundiales, el Palacio Omnisport de Bercy, hoy AccorHotels Arena, acogería la 6ª edición de los Campeonatos del Mundo de Pista Cubierta de 1997. La actuación de Wilson Kipketer fue memorable. La competición tuvo lugar los días 7, 8 y 9 de marzo. Los 800 m se organizaron en tres rondas, una cada día. La primera ronda se dividió en 5 series. Accedían a la final los dos primeros de cada serie y los siguientes ocho mejores tiempos. La plusmarca mundial en sala estaba en poder el keniano Paul Ereng (1967), campeón olímpico en 1988, que al año siguiente en el Mundial de Budapest, se impuso tras una espectacular remontada con 1:44,84, superando el anterior tope universal que tenía el británico Sebastian Coe (1956) desde 1983 en 1:44,91.

En París, las cuatro primeras rondas de 800 m transcurrieron sin sobresaltos. El tiempo más rápido había sido de 1:48,03, del neerlandés Marko Koers (1972) en la primera serie. Quedaba la serie de Kipketer. Nadie se esperaba lo que sucedería a continuación. El danés decidió salir a romper. Pasaba la mitad de la prueba en 50,77 y paraba el cronómetro en unos asombrosos 1:43,96, 0,88 menos que el tiempo de Ereng en Budapest. Sin duda el no haber podido estar en Atlanta supuso una motivación muy poderosa. Lo que podría suceder en las dos siguientes rondas era la pregunta que se hacían la prensa y los aficionados. El tiempo de Kipketer era estratosférico, pero la aparente facilidad con que lo consiguió hacía pensar que tal vez no había corrido al límite. En la siguiente ronda, el día 8 de marzo, el danés se limitó a ganar la tercera serie semifinal con 1:48,49. Pasaban a la final los tres primeros de cada serie. El mejor tiempo correspondió al marroquí Mahoub Haïda (1970), con 1:47,22, ganador de la primera serie. En la final del día 9 la duda era si Kipketer se limitaría a ganar o trataría de mejorar su tiempo de la primera ronda. Enseguida se vio que ocurriría lo segundo, cuando se colocó en cabeza a un ritmo rapidísimo, con pases de 24,22, 50,22, 1:16,49 y unos espectaculares 1:42,67. Haïda era plata a más de 3 segundos, 1:45,76, y el estadounidense Rich Kenah (1970), bronce con 1:46,16.

Kipketer superaba en pista cubierta al siguiente atleta de siempre, al anterior plusmarquista Paul Ereng en más de dos segundos. En aquel momento, al aire libre, tan solo 6 atletas, incluyendo al propio Kipketer, habían corrido más rápido. Esta es la lista:

1:41,73 Sebastian Coe (GB) Florencia 10 06 1981
1:41,77 Joaquim Cruz (BRA) Colonia 26 08 1984
1:41,83 Wilson Kipketer (DIN) Rieti 01 09 1996
1:42,28 Sammy Koskei (KEN) Colonia 26 08 1984
1:42,58 Vebjørn Rodal (NOR) Atlanta 31 07 1996
1:42,60 Johnny Gray (USA) Coblenza 28 08 1985

En la actualidad, bajo techo, todavía no hay quien haya podido siquiera acercarse a la marca del danés. El siguiente mejor tiempo corresponde al keniano Michael Saruni (1995), que corrió el año pasado en 1:43,98, único sub1:44 en sala además de Kipketer.

El Mundial de París tuvo un altísimo nivel conjunto, sobre todo en medio fondo. Además de Kipketer destacaron la emergente estrella marroquí Hichan El Guerrouj (1974), oro en 1500 m, y el campeón olímpico de 10 000 m, el etíope Haile Gebreselassie (1973), oro en 3000 m. Para España no fue tan bien, pues no entró en el medallero.

Kipketer completó una temporada de 1997 perfecta. Al aire libre, el 7 de julio igualó la plusmarca mundial de Sebastian Coe de 1:41,73, el 8 de agosto renovó su título mundial al aire libre, el el 13 se convirtió en único plusmarquista universal con 1:41,24 y el 24 mejoró hasta 1:41,11. En 1998 enfermó de malaria. Aun así fue capaz de correr en 1:43,18, pero no pudo evitar el último puesto en la final de Europeo al aire libre. Se recuperó en 1999 y se proclamó campeón del mundo al aire libre por tercera vez consecutiva. A partir de entonces, no obstante, los problemas físicos fueron una constante en su carrera deportiva y no pudo cumplir su objetivo del oro olímpico. En 2000 fue plata en una carrera muy lenta y en 2004 bronce. En 2002 se había proclamado campeón de Europa. Se retiró en 2005.

Kipketer ha sido uno de los más grandes corredores de 800 m de la historia, al que las circunstancias le negaron el oro olímpico. Sigue siendo el segundo mejor atleta de siempre, tras los 1:40,91 de David Rudisha (1988) y posee tres de las 10 mejores marcas de siempre. Pese a su biotipo, nunca se planteó correr los 1500 m. Su mejor marca es de 3:42,80, de 1993, al inicio de su carrera. Con 2:14,96 fue también plusmarquista bajo techo de los 1000 m. Para la historia quedará su exhibición en París, sin duda, movida por su exclusión de los Juegos de Atlanta, donde, probablemente, habría conseguido el oro.

 

España en los primeros Juegos Mundiales en sala

Tras el éxito obtenido en el primer Campeonato del Mundo al aire libre, la IAAF (Federación Internacional de Atletismo Amateur), hoy World Athletics, decidió probar suerte en pista cubierta organizando una competición de ámbito mundial. El 18 y el 19 de enero de 1985 se celebraron en París los primeros Juegos Mundiales en Pista Cubierta. Acaban, por tanto, de cumplirse 35 años. La IAAF, no segura de su continuidad, prefirió no darle inicialmente el marchamo de campeonato. La instalación elegida fue el Palais Omnisport de Bercy, hoy llamado, por razones de patrocinio, AccordHotels Arena, un modernísimo palacio de deportes inaugurado el año anterior. Un total de 69 países con 319 atletas acudieron a la llamada de la IAAF. Era la primera competición internacional tras los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Ningún campeón olímpico estuvo en París, aunque sí lo hicieron algunos medallistas y, sobre todo, jóvenes atletas que se encaramarían a la élite en los años siguientes. España envió un pequeño equipo de 9, todos hombres, de los que 8 alcanzaron un puesto entre los 8 primeros y 4 fueron medallistas. Todos ellos habían estado en LA.

La organización decidió incluir los 3 Km marcha en los Juegos. El catalán Jordi Llopart (1950), plata en 50 Km marcha en los Juegos Olímpicos de 1980 y 7º en 1984, ocupó la 7ª posición, en una prueba en la que se impuso el francés Gérard Leliève (1949), por delante del italiano Maurizio Damilano (1957), campeón olímpico de 20 Km marcha en 1980 y bronce en 1984.

En los 400 m, el zamorano Ángel Heras (1958), bronce en el Europeo en sala en 1983, consiguió superar las dos rondas necesarias para llegar a la final. En la carrera definitiva entró andando en la meta, tras un encontronazo en los 200 m. El ganador fue el joven alemán Thomas Schoenlebe (1965), que se hizo con las plusmarca mundial en sala al correr en 45.60. En 1987 superó en dos ocasiones la plusmarca europea al aire libre, con 44.48 y 44.33, esta última aún vigente.

Los 800 m vieron un inesperado doblete español, por parte del leonés Colomán Trabado (1958) y el madrileño Benjamín González (1958-2011). Trabado ya había sido campeón de Europa bajo techo en 1983 y bronce en 1982. González había ganado un bronce europeo en sala en 400 m en 1982. Hacía un año que se había cambiado a la doble vuelta. El leonés, con una buena táctica de carrera, se hizo con el oro, 1:47.42, 0.52 menos de el madrileño.

Tras su mala actuación en el 1500 olímpico el año anterior, el toledano José Luis González (1957), campeón de Europa en sala en 1982, volvía a la competición internacional. Le acompañaba el castellonense Andrés Vera (1960), brillante 7º en la final olímpica de LA. Ambos entraron sin problemas en la final, donde Vera, muy mermado físicamente, no pudo evitar la 8ª posición. González, por su parte, conseguía la medalla de plata, tras una dura pugna con el keniano Joseph Chesire (1961), 4º en LA. La victoria fue para el australiano Mike Hillard (1961), con 3:40.27, por 3:41.36 del español y 3:41.38 del africano.

Otros dos españoles compitieron en los 60 m vallas. El barcelonés Carlos Sala (1960), 7º en LA, no pudo repetir final en París. Quien sí lo hizo fue el oscense de Monzón Javier Moracho (1957), quien ganó la medalla de plata, con 7.79, 0.02 más que el ganador, el francés Stéphan Caristan (1964), que había precedido a Sala en la final olímpica. El bronce fue para el junior británico Jon Ridgeon (1967).

El único español que participó en concursos fue el barcelonés Alberto Ruiz (1961), gran dominador del salto con pértiga en España en los años 80. Obtuvo una excelente 6ª posición con plusmarca española en sala de 5.50 m. El ganador fue el plusmarquista mundial el ucraniano, entonces soviético, Sergei Bubka (1963) con 5.75 m, que se impuso bronce olímpico en LA, el francés Thierry Vigneron (1960).

España fue finalmente 7ª en el medallero, justo por delante de Estados Unidos, probablemente la única vez que este país resultó superado por España en una competición atlética internacional.

Otros destacados en categoría masculina fueron el canadiense Ben Johnson (1960), bronce en LA en 100 m precedido por el estadounidense Sam Graddy (1964). En los 60 m de París el canadiense se hizo con el oro y el estadounidense con la plata. Posteriormente, Johnson sería descalificado a perpetuidad por consumo de sustancias ilegales. Graddy se pasaría al fútbol americano. En el salto de altura, el subcampeón olímpico, el sueco Patrick Sjoeberg (1965) se impuso por delante del joven cubano Javier Sotomayor (1967). A unos días de cumplir 20 años, el búlgaro Khristo Markov (1965) conseguía en triple salto su primera gran victoria internacional. En el lanzamiento de peso, hubo un interesante duelo entre el checo, entonces checoslovaco, Remigius Manchura (1960), bronce en el Mundial al aire libre de 1983, y el alemán campeón olímpico en 1976 y de Europa al aire libre en 1982 Udo Beyer (1955), resuelto a favor del primero, 21.22 contra 21.10.

En categoría femenina la alemana Silke Gladys (1964), oro mundialista en 4 x 100 m en 1983, consiguió la victoria en 60 m con 7.20. Su veterana compatriota Marita Koch (1957) ganaba los 200 m, entonces oficial en sala, con 23.09. En concursos, una joven búlgara llamada Stefka Kostadinova (1965) ganaba el salto de altura, mientras el lanzamiento de peso era para Natalya Lisovskaya (1962), ya entonces plusmarquista mundial al aire libre con 22.63 m, tope aún vigente.

La IAAF consideró el ensayo satisfactorio. El 1987, en la ciudad estadounidense de Indianápolis, tuvo lugar el primer Campeonato del Mundo en Pista Cubierta. Esta competición se celebraría cada dos años. Hasta 1989 coincidió con el Campeonato de Europa, entonces anual. A partir de 1990, el Europeo y el Mundial se celebraron en años alternos. París repitió en 1997, con la formidable actuación del danés de origen keniano Wilson Kipketer (1972), que superó la plusmarca mundial bajo techo en dos ocasiones. En 2004 el Mundial pasó a disputarse los años pares y el Europeo los años impares. El próximo campeonato del mundo en sala tendrá lugar en la ciudad china de Nanjing, del 13 al 15 del próximo mes de marzo.

Tokio 1964, los primeros Juegos Olímpicos en Asia

La ciudad de Tokio había resultado elegida sede de los Juegos Olímpicos de 1940, los Juegos de la XII Olimpíada, designación para la que también había optado inicialmente Barcelona. Debido a la guerra con China, en 1938 Tokio renunció a la organización de los Juegos, que se encargaron a Helsinki. Finalmente, la Segunda Guerra Mundial hizo que esta edición y la siguiente se cancelasen. Pese a la destrucción sufrida por la guerra, Japón no renunció a su objetivo de tener una sede olímpica. En 1959, en la primera votación, el Comité Olímpico Internacional, volvió a encargar a Tokio la organización de unos Juegos. Serían en 1964. Los japoneses trataban de mostrar al mundo su sorprendente recuperación económica. Tokio se sometió a una concienzuda operación de modernización. Las competiciones de atletismo tuvieron lugar entre el 14 y el 21 de octubre en el Estadio Nacional de Japón, terminado 6 años antes. Fueron los primeros Juegos en que se prohibió la participación de la República Surafricana por su política de apartheid. No volverían hasta 1992. La paz y la reconstrucción de Japón tuvieron su máxima expresión simbólica cuando el atleta Yoshinori Sakai (1945 – 2014), que había nacido el día en que Hiroshima sufrió el lanzamiento de la primera bomba atómica, encendía el pebetero.

El nivel atlético de los Juegos fue altísimo, con 8 plusmarcas mundiales, 4 en la categoría masculina y 4 en la femenina. Fueron los Juegos de Bob Hayes, de Peter Snell, de Billy Mills, de Abebe Bikila, de Valeri Brumel, de Fred Hansen, de Al Oerter, de Wyomia Tyus, de Betty Cuthbert, de Ann Packer, de Mary Rand, de Iolanda Balas o de las hermanas Press. Estados Unidos fue el gran triunfador, con 24 medallas, 15 de oro, seguido de la Unión Soviética con 18 metales, 5 oros. Fueron los últimos Juegos en los que las pruebas de atletismo se disputaron en una pista no sintética.

En categoría masculina, una de las grandes estrellas de los Juegos fue el estadounidense Bob Hayes (1942 – 2002), que se impuso en los 100 m con unos excelentes 10,06, homologados como plusmarca mundial igualada 10,0. La IAAF no diferenciaba entonces entre marcas manuales y electrónicas, pese a que los 10,06 de Hayes tenían un valor intrínseco muy superior a cualquier 10,0 manual. El estadounidense ya había corrido en 9,91 en la semifinal, algo inédito entonces, si bien con viento a favor de 5,28 m/s. Repitió oro en el relevo 4 x 100, con 39,06 (39,0), plusmarca mundial. Se le cronometró un último 100 lanzado en 8,9. Tras los Juegos, Hayes fichó por el equipo de fútbol americano Dallas Cowboys, donde jugó 9 temporadas y ganó un anillo.

Estados Unidos hizo pleno en velocidad con la victoria de Herry Carr (1941 – 2015), que también se pasó al fútbol americano, en 200 m con 20,36 (20,3) y Mike Larrabee (1933 – 2003) en 400 m con 45,15 (45,1). Ambos formaron parte del equipo estadounidense que se hizo con el oro en el relevo 4 x 400 con plusmarca mundial de 3:00,7.

Sorprendentemente fueron también para Estados Unidos los títulos olímpicos de las dos carreras de fondo en pista. En 5000 m, el gran favorito era el francés Michel Jazy (1936), subcampeón olímpico de 1500 m en 1960, que había preferido la prueba más larga para evitar al neozelandés Peter Snell. En una frenética última vuelta parecía que Jazy sería oro, pero en la última recta acabó fuera del podio. El estadounidense Bob Schul (1937) ganaba con 13:48,8, con 37,8 en los últimos 300 m. Quinto fue un keniano que daría mucho que hablar llamado Kip Keino (1940).

 Y en los 10 000 m hubo otro estadounidense que dio la sorpresa. Billy Mills (1938), que nunca había bajado de 29 minutos, en una accidentada última vuelta, ser llevó el oro con 28:24,4, por delante del tunecino Mohamed Gammoudi (1938) y del gran favorito, el australiano plusmarquista mundial con 28:15,6, Ron Clarke (1937 – 2015).

 

El festival estadouniense se extendió a las competiciones de vallas, con los oros de Hayes Jones (1938), bronce en los anteriores Juegos, en 110 m vallas con 13,67 (13,6) y del plusmarquista mundial, 49,1, Warren Rex Cawly (1940) en 400 m vallas con 49,6.

El plusmarquista mundial de los 800 m, las 880 y y la milla, el recientemente fallecido neozelandés Peter Snell (1938 – 2019) se coronó el rey del mediofondo con sus victorias inapelables en los 800, distancia en la que revalidaba el oro con 1:45,1, y los 1500m, con 3:38,1.

El belga Gaston Roelants (1937), 4º en los Juegos de 1960 y campeón de Europa en 1962, se hizo con la medalla de oro en los 3000 m obstáculos en 8:30,8. El maratón, que cerraba el programa atlético, mostró la confirmación del etíope Abebe Bikila (1932 – 1973) como uno de los mejores maratonianos de siempre. Tras su triunfo en Roma, 4 años antes, corriendo descalzo, renovó su título en Tokio, con mejor marca mundial de 2h12:11,2, tres semanas después de haberse operado de apendicitis.

Las victorias en la marcha fueron para el británico Ken Matthews (1934 – 2019) en los 20 Km con 1h29:34 y para el italiano Abdon Pamich (1933) con 4h11:12,4.

En el salto de altura tuvo lugar un gran duelo entre el ucraniano, entonces soviético, Valeri Brumel (1942 – 2003) y el estadounidense John Thomas (1941 – 2013), resuelto a favor del primero con ambos empatados en 2,18 m. El plusmarquista mundial, el estadounidense Fred Hansen (1940) fue, con 5,10 m, el campeón del salto con pértiga.

Pese a una operación de rodilla dos meses antes de los Juegos, el campeón olímpico 4 años antes, plusmarquista mundial y gran dominador del triple salto, el polaco Jósef Szmidt (1935) pudo renovar su título, con 16,85 m. En la final de salto de longitud, en una tarde muy lluviosa y con viento cambiante, saltó la sorpresa con la victoria del galés Lynn Davis (1942). Davis, que se había clasificado para la final con mucha dificultad, realizó con 8,07 m su mejor marca hasta entonces y batió al plusmarquista mundial (8,34m) y anterior campeón, el estadounidense Ralph Boston (1939) y al campeón de Europa, el ucraniano entonces soviético, Igor Ter-Ovanessyan (1938), con mejor marca personal de 8,31 m.

Con problemas cervicales y, una vez más, sin ser el favorito, el estadounidense Al Oerter (1936 – 2007) conseguía su tercer oro en el lanzamiento de disco. En el lanzamiento de peso hubo una cerrada pugna entre dos estadounidenses, el plusmarquista mundial Dallas Long (1940) y el joven Randy Matson (1945). Long se impuso por 20,33 contra 20,20 m. El oro en lanzamiento de jabalina fue para el finlandés Pauli Nevala (1940), mientras en el martillo venció el bielorruso, entonces soviético, Romuald Klim (1933 – 2011). El alemán Will Horldof (1940) ganó el oro en el decatlón con 7887 puntos.

En categoría femenina se disputaron un total de 12 pruebas, 100 m, 200 m, 400 m, 800 m, relevo 4 x 100, 80 m vallas, salto de longitud, salto de altura, lanzamiento de disco, lanzamiento de peso, lanzamiento de jabalina y pentatlón. Con respecto a los Juegos anteriores se añadieron los 400 m y la prueba combinada. Tal vez las atletas más destacadas en ese momento fuesen las hermanas ucranianas, entonces soviéticas, Tamara (1937) e Irina Press (1939 – 2003), pero lo sucedido dos años más tarde envolvió sus logros en la sombra de una duda. Tamara, campeona olímpica de lanzamiento de peso en 1960 y plusmarquista de esta modalidad y del lanzamiento de disco, se hizo con los oros de estas dos pruebas con 18,14 y 57,27 m . Irina, por su parte, se imponía en el pentatlón con 5246 puntos, nueva plusmarca mundial. Ambas atletas, sin embargo, se retiraron súbitamente en 1966 poco antes de que las pruebas de verificación de sexo fuesen obligatorias.

La estadounidense de 19 años Wyomia Tyus (1945) fue la ganadora en los 100 m lisos con 11,49 (11,4). Cuatro años más tarde se convertiría en la primera atleta (hombre o mujer) en repetir oro en la distancia. Los 200 m fueron para otra estadounidense, Edith McGuire (1944), con 23,05 (23,0), probablemente mejor que la plusmarca mundial manual de 22,9. El concurso se ambas campeonas olímpicas no pudo impedir, sin embargo, que el equipo estadounidense perdiese la final del relevo 4 x 100 ante las polacas, ganadoras con 43,69 (43,6), nueva plusmarca mundial. Una de las relevistas del cuarteto polaco, Irena Kirszenstein (1946 – 2018), acabaría siendo probablemente la mejor atleta polaca de todos los tiempos, aunque sería conocida por su nombre de casada Irena Szewińska.

Una de las grandes atletas australianas de siempre, Betty Cuthbert (1938 – 2017), tras su triplete 8 años antes en los Juegos de Melbourne, de 100, 200 y 4 x 100 m, añadió un oro más a su colección al convertirse en la primera campeona olímpica de 400 m, con 52,01 (52,0). Segunda fue la británica Ann Packer (1942), con 52,20, que tres días después se imponía en los 800 m con 2:01,1, nueva plusmarca mundial oficial. La coreana Sin Kim-dan (1938) había corrido en 1:58,0 pero su tiempo no se llegó a homologar por la IAAF. Tras los Juegos Packer se retiraría.

La alemana plusmarquista mundial de 80 m vallas Karin Balzer (1938 – 2019) ganó el oro en esta prueba. La invencible rumana Iolanda Balaș (1936 – 2016) renovaba el título de salto de altura conseguido 4 años antes, saltando 1,90 m. La británica Mary Rand (1940) se hacía con la victoria en el salto de longitud con plusmarca mundial de 6,76 m, derrotando a la futura Irena Szewińska . En los días siguiente obtuvo otras dos medallas, plata en pentatlón y bronce en el relevo 4 x 100 m. La jovencísima rumana Mihaela Peneș (1947) fue la campeona olímpica de jabalina, con 60,54 m, y la de menos edad en el atletismo de estos Juegos.

España llevó a los Juegos un pequeño equipo de 6 atletas Rogelio Rivas (1944) en 100 m, Francisco Aritmendi (1938) en 5000 m, Fernando Aguilar (1938 – 2013) en 5000 y 10 000 m, Luis María Garriga (1945) en salto de altura, Ignacio Sola (1944) en salto con pértiga y Luis Felipe Areta (1942) en salto de longitud y triple salto. El mejor fue este último que consiguió un excelente 6º puesto en la longitud, con lo que consiguió ser el segundo finalista olímpico español. El primero había sido Constantino Miranda (1925 – 1999), 8º en los obstáculos de 1948. Ignacio Sola también pudo entrar en la final, donde fue 15º. Aún faltaban unos años para el despegue del atletismo español.

En resumen, unos grandes Juegos Olímpicos, con un nivel muy alto en todas las modalidades. Tokio repite este año. El reto al menos igualar sus Juegos de hace 56 años.

 

 

 

 

 

 

 

Mayte Martínez, la reina del 800 español

El 28 de agosto de 2007, en la final de los 800 m femeninos, la mediofondista vallisoletana Mayte Martínez protagonizaba uno de los grandes momentos del atletismo español. En una final de un nivel altísimo, a la que había accedido brillantemente, en una última recta memorable, partiendo de la séptima posición, se hacía con la medalla de bronce. Era la primera y única ocasión que el podio de los 800 m de un campeonato de ámbito mundial tenía presencia española. A sus 31 años, Martínez dejaba claro que era la mejor atleta española, en categoría masculina o femenina, en la doble vuelta a la pista.

María Teresa Martínez Jiménez nació en Valladolid el 17 de mayo de 1976. Con 15 años ya corría su prueba favorita en 2:14,48. En 1995 se proclamó campeona de España junior (sub20) y fue 6ª en el Campeonato de Europa de la categoría, con 2:05,00, su mejor marca entonces. La transición a la categoría absoluta le resultó complicada, en gran parte debido a incontables problemas físiccos. No mejoró su marca de categoría junior, hasta el año 2000, en un año que la convirtió en la referencia femenina de los 800 m en España. El 20 de mayo corría en 2:04,02, en el Campeonato Iberoamericano, en el que se llevaba la plata. Posteriormente registró 2:02,18, 2:01,65, en dos ocasiones y 2:00,53 a principios de agosto. A finales de ese mes consiguió su primer campeonato de España absoluto. Acudió a los Juegos Olímpicos de Sídney, donde el 22 de septiembre, en la primera eliminatoria, en la que fue segunda, se convertía con 1:59,60 en la segunda española en correr los 800 m por debajo de 2 minutos. La siguiente ronda no le fue tan propicia y puso fin a una magnífica temporada.

La siguiente temporada, la de 2001, Martínez confirmó su salto revelándose como una excelente competidora. La gran competición del año era el Campeonato del Mundo al aire libre, que se celebraba en Edmonton. Allí se presentó en gran forma. Mejoró su prestación de la temporada al ser 3ª en la primera semifinal con 2:00,09 y en la final con dos centésimas menos fue 7ª. La vencedora fue el fenómeno mozambiqueño María Mutola (1972).

Poco después del campeonato, Martínez se quedaba con 1:59,76 muy cerca de su plusmarca personal. Sus buenas actuaciones en grandes campeonatos continuaron en 2002. En pista cubierta conseguía la 4ª posición en el Campeonato de Europa. Ese temporada invernal haría con 2:00,78 su primera plusmarca española en sala. Al aire libre, también en la máxima competición continental, tuvo una soberbia actuación. Tras entrar fácilmente en la final se encontró con una carrera rapidísima que le permitió llevar su marca personal hasta 1:58,86 y hacerse brillantemente con la medalla de plata, por detrás de la inabordable eslovena Jolanda Čeplak (1976), llamada ahora Jolanda Batalgelj, oro con 1:57,65. En 2007 sería suspendida por consumo de eritropoietina. Bronce fue la británica Kelly Holmes (1970). Unos días después, Martínez volvía a mejorar hasta 1:58,29.

En 2003, sumó otra medalla, esta vez en sala, en el campeonato del Mundo de Birmingham. Tras haber mejorado su marca, y plusmarca española, en sala a 2:00,53, se presentó en la ciudad inglesa en un magnífico estado de forma. Ganó su serie y fue segunda en su semifinal con marca personal de 1:59,82. En la final volvió a mejorar hasta 1:59,53, que le valieron el bronce. Superó por 0,01 a Čeplak. La vencedora fue Mutola, con 1:58,94, por delante de la austríaca Stephanie Graf (1973), 1:59,39. La temporada estival comenzó con muy buenas perspectivas y un 800 en 1:59,62 en julio, pero una inoportuna lesión la obligó a terminar prematuramente el año atlético.

Las lesiones continuaron persiguiendo a Mayte Martínez en la temporada olímpica de 2004. En sala volvía a haber Mundial. Esta vez no pudo llegar a la final. Al aire libre, muy corta de preparación superó la primera ronda del 800 olímpico, con su mejor marca del año, 2:00,81, pero pagó el esfuerzo en la semifinal y ahí se terminó su actuación. Su forma, sin embargo, continuó en progresión y a primeros de septiembre fue capaz de correr en 1:58,58.

Los éxitos continuaron, no obstante, en 2005. En pista cubierta se celebraba en Madrid el campeonato continental y Martínez no perdió ocasión de brillar. Fue segunda detrás de la rusa Larisa Chzhao (1971). Al aire libre volvió a una final, en el campeonato del Mundo de Helsinki, tras correr en 1:59,44 el mes anterior. Tras clasificarse para la final por tiempos con 1:59,40, su mejor marca del año, ocupó la 5ª plaza con 1:59,99, otra gran actuación tras la decepción de la temporada olímpica. La vencedora fue la cubana Zulia Calatayud (1979) con 1:58,82.

En 2006 el gran objetivo era en Europeo al aire libre de Gotemburgo. Una vez más, tras haber corrido previamente por debajo de 2 minutos, Martínez alcanzó la final, donde fue 7ª con 2:00,10, en una carrera dominada por las rusas Olga Kotlyarova (1976), 1:57,38, y Svetkana Klyuka (1978), 1:57,48. Esta última tuvo una suspensión de dos años en 2011 por alteraciones de su pasaporte biológico.

Pasados ya los 30, Mayte Martínez había ganado medallas en campeonatos continentales y había sido finalista en dos mundiales al aire libre. Lo mejor, sin embargo, estaba por llegar y lo haría en 2007. En pista cubierta había campeonato de Europa. Decidió tomar parte en los 1500 m, prueba en la que acreditaba al aire libre 4:05,05 (2005), y consiguió una buena 5ª posición en la final.

La gran competición de la temporada estival era el campeonato del Mundo, que tendría lugar en Osaka. Martínez llegó en la mejor forma de su vida y se encontró una prueba de altísimo nivel en la que supo dar lo mejor de sí misma. El campeonato tuvo lugar a finales de agosto. A mediados de julio, Martínez siguió con su buena costumbre de bajar de 2 minutos, al registar 1:59,74, tiempo con el que llegó a Osaka. La española realizó el segundo mejor tiempo global de la primera ronda, al ser segunda en la 6ª serie con 1:59,58, detrás de la keniana Janeth Jepkosgei (1983), 1:58,95. Esta atleta también realizó el menor tiempo de las semifinales, al imponerse en la tercera con plusmarca nacional keniana de 1:56,17, por delante de la marroquí Hasna Benhassi (1978), 1:56,84, y de Mutola, 1:56,98. Martínez se había clasificado por puestos al ser segunda en la segunda semifinal con 1:59,32. Se preveía que la final, el 28 de agosto, sería un duelo muy rápido entre las tres primeras de la tercera semifinal. Jepkosgei salió como un cohete marcando 26,58 en el primer 200, con la española en última posición a cierta distancia. La cabeza y la cola no variaron al paso por los 400 m en 56,18 de la keniana. Esta continuaba en cabeza a falta de 200 m, 1:26,19, algo por delante de Mutola y con Martínez en 7º lugar.  En la entrada de la recta final, parecía que Benhassi y Mutola se echaban encima de Jepkosgei, pero esta consiguió aguantar, mientras la atleta de Valladolid seguía séptima. La keniana se fue en solitario a la meta.  Mutola se paraba a falta de 70 metros. Benhassi consolidaba la segunda posición, mientras Mayte Martínez, en una última recta trepidante, alcanzaba el bronce.

Jepkosgei volvía a superar la plusmarca de su país con 1:56,04, Benhassi llegaba en 1:56,99, mientras la española pulverizaba su plusmarca personal con 1:57,62, a tan solo 0,17 del tope español de Maite Zúñiga (1964). La última recta de Osaka, un lugar  para la historia que demostraba la clase y el saber estar de una atleta fantástica. Martínez alcanzó el culmen de su carrera atlética en esta final del Mundial. Unos días más tarde realizaría 1:58,14, su segunda mejor marca de siempre.

Los problemas físicos reaparecieron en la temporada olímpica de 2008 y le impidieron participar en los Juegos, tras haber sido 4ª en el Mundial en sala en la temporada invernal. Aún tuvo tiempo de alcanzar dos nuevas finales. En 2009, con 33 años,  fue 7ª con 1:58,81 en el Mundial al aire libre, en la carrera que dio su primer oro a la surafricana Caster Semenya (1991), y en 2010 fue 6ª con 1:59,97 en el Europeo al aire libre. Se perdió la temporada 2011 por lesión y aún compitió en 2012, pero sus problemas de rodilla la obligaron a retirarse definitivamente esa temporada.

En el ámbito nacional fue 8 veces campeona de España al aire libre en 800 m (2000, 2001, 2002, 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008), una vez de 400 m (2010), prueba en la que acreditó 53,67, y 8 veces campeona de 800 m en pista cubierta (de 2001 a 2008). Corrió 27 veces por debajo de 2 minutos y 6 veces en menos de 1:59,00. Estuvo en la final de 4 campeonatos del Mundo y de 3 campeonatos continentales al aire libre, con un bronce y una plata respectivamente. En conjunto, considerando la categoría femenina y la masculina, es la atleta española con mejor palmarés de largo en los 800 m. Tan solo le faltó brillar en los Juegos Olímpicos y la plusmarca española absoluta de los 800 m.

Parte fundamental en la carrera atlética de Mayte Martínez ha sido su entrenador Juan Carlos Granado (1969), quien supo sabiamente optimizar el esfuerzo de la atleta en medio de una omnipresente maraña de lesiones. Y, por su puesto, no se debe olvidar a su primer entrenador, Elías Reguero (1939), crucial en el viaje de niña atleta cadete a finalista en el Europeo junior.

En la actualidad Mayte, licenciada en Psicopedagogía y diplomada en Magisterio de Educación Física, dirige una escuela de atletismo y continúa compitiendo en la categoría de veteranos. En la retina de los aficionados queda su trepidante recta de Osaka, que le permitió encaramarse al podio del Mundial de 2007, toda una hazaña de esta mujer de Valladolid.

Nota: Salvo algún obituario inesperado, cosa que no deseo, esta será la última entrada de 2019. Cuando comencé a mediados de 2016 con el blog me propuse hacer un mínimo de dos entradas al mes y lo he ido cumpliendo. Este año han sido 29. Os deseo a todos lo que me leéis lo mejor para el año olímpico de 2020. ¿Asistiremos en Tokio (perdón, en Sapporo) al duelo maratoniano entre Kipchoge y Bekele? Ojalá. Volveré en enero.

 

Peter Snell, tal vez el mejor mediofondista de siempre

Anteayer nos dejó, a punto de cumplir los 81 años, el mediofondista neozelandés Peter Snell. Snell fue uno de los grandes del mediofondo de siempre, con sus tres medallas de oro olímpicas, dos en 800 m y una en 1500 m, en los Juegos de 1960 y de 1964. Su carrera atlética en la élite duró 5 años, en una época en la que el atletismo era amateur. Fue un corredor de 800m y 1500m que cambió el entrenamiento del mediofondo. Hasta entonces los corredores de 800m se parecían más a los de 400m. Fue el último mediofondista en ganar los 800 y los 1500 m en unos Juegos Olímpicos.

A mediados de los años 50, los mejores corredores mundiales de 800 m se fijaron como objetivo superar la mítica plusmarca mundial que el alemán Rudolf Harbig (1913-1944) había establecido en 1939 con 1:46,6. Finalmente el belga Roger Moens (1930) resultó el elegido para superar el registro imposible. En 1955 fue capaz de correr nada menos que en 1:45,7. Una lesión le impidió disputar la victoria olímpica en 1956, pero en 1960, completamente recuperado, era el gran favorito.  La final apuntaba un duelo entre Moens y el jamaicano George Kerr (1937-2012). Nadie reparaba en un joven neozelandés de 21 años que había llegado a los juegos con 1:49,2 en 880 yardas (804,67 m), pese a que había batido a Moens en la semifinal con 1:47,2 (1:47,34), mejorando sus 1:48,1 (1:48,22) de la primera ronda.

En la final el suizo Christian Wägli (1934-2019) se colocó en cabeza desde el inicio y se mantuvo hasta los últimos 100m, momento en que Moens lo sobrepasó. Parecía que por fin ganaría el oro olímpico, pero, a falta de 20 metros, Peter Snell se le echó encima por la cuerda y consiguió vencer inesperadamente, con nueva plusmarca personal, 1:46,3.

Peter Snell NZL 1.46,3 (1:46,48)
Roger Moens BEL 1.46,5 (1:46,55)
George Kerr JAM 1.47,1 (1:47,25)
Paul Schmidt RFA 1.47,6 1:47,82)
Christian Wägli SUI 1.48,1 (1:48,19)
Manfred Matuschewski RDA 1.52,0 (1:52,21)

¿Quién era este fenómeno neozelandés al que deberían haber prestado más atención? Peter George Snell había nacido en Opunake, a unos 250 Km de Wellington (Nueva Zelanda) el 17 de diciembre de 1938. En su adolescencia jugó al rugby, al golf, al bádminton y, sobre todo, al tenis. También practicaba atletismo, pero sin un entrenamiento específico. A los 18 años su mejor marca en las 880 yardas era 1:59,8. Al año siguiente mejoró hasta 1:54,0 y se encontró al que sería su mentor, el entrenador Arthur Lydiard (1917-2004). Lydiard le aseguró al joven Peter que, dada su gran velocidad, mejorando la resistencia podría llegar muy lejos. A partir de entonces la fructífera relación entre ambos llevó a Snell a lo más alto, pese a que su biotipo (1,80 m y 80 Kg) no era el habitual en un mediofondista. Se presentó en Roma como un atleta anónimo y acabó con un oro olímpico conseguido de manera brillante.

En 1961, centrado aún unicamente en los 800 y las 880 yardas, Snell derrotó a Moens en varias reuniones. En 1962 comenzó a correr la milla, sin dejar la prueba más corta. El día de Año Nuevo marcó en la distancia en 4:01,3. El 27 de enero, en la pista de hierba de 352 metros de Wanganiu (NZ) superó la plusmarca mundial del australiano Herb Elliott (1938) por una décima, con 3:54,4, con un ritmo creciente en cada una de las cuatro vueltas, 1:00,7, 59,9, 59,0 y 54,8 (3:39,3 en 1500 al paso). Una semana después, el 3 de febrero, en la pista de hierba de Chistchurch, se hizo con la plusmarca mundial de las 880y, 1:45,1, y de paso pulverizó la plusmarca de Moens, al registrar en la marca de los 800 m, 1:44,3. Este tiempo permanece en la actualidad como plusmarca nacional de Nueva Zelanda.

En los Juegos de la Commonwealth, celebrados a finales de ese 1962, Snell se hizo con el doblete en las 880y y la milla. No se disputarían las distancias métricas hasta 1970. Tras un año de 1963 de transición en el que compitió en varias ciudades de Estados Unidos, se preparó concienzudamente para ser campeón olímpico en las dos distancias del mediofondo, lo que no se conseguía desde que Albert Hill (1889-1969) lo hiciera en 1920. Para ello incrementó en las 10 semanas previas su número de kilómetros, con una media diaria de 23. Hay un detalle curioso en la trayectoria de Snell. Su primer 1500 fue el de la primera ronda de los Juegos de Tokio de 1964. Hasta entonces solamente había corrido la milla.

Su entrenamiento dio muy buen resultado. El calendario era muy duro, ya que obligaba a correr seis carreras en una semana. Snell lo hizo con tiempos de 1:49,8, 1:46,9, 1:45,1, 3:46,8, 3:38,8, 3:38,1. La final de 800 tuvo lugar el 16 de octubre. La situación era completamente distinta de la de 4 años atrás. Ahora era el absoluto favorito y no decepcionó. Su victoria se cimentó en el cambio que realizó a falta de 250m, sobrepasando al keniano Wilson Kiprugut (1938), en cabeza desde la salida. Snell ganó con parciales de 400m de 52,8 y 52,3, haciendo la segunda mejor marca de siempre, lo que da una idea de su superioridad. Los resultados fueron:

Peter Snell NZL 1.45,1
Bill Crothers CAN 1.45,6
Wilson Kiprugut KEN 1.45,9
George Kerr JAM 1.45,9
Thomas Farrell USA 1.46,6
Jerry Siebert USA 1.47,0
Dieter Bogatzki FRG 1.47,2
Jacques Pennewaert BEL 1.50,5

La final de los 1500 m se celebró el 21 de octubre, tras dos rondas previas. La carrera se desarrolló a ritmo medio con pases de 58,0, 2:00,5 y 2:59,3. A falta de 200 m, un enorme cambio de ritmo de Snell lo llevó a la meta en primera posición con una gran superioridad sobre el resto de sus rivales.

1 Peter Snell NZL 3.38.1
2 Josef Odlozil TCH 3.39.6
3 John Davies NZL 3.39.6
4 Alan Simpson GBR 3.39.7
5 Dyrol Burleson USA 3.40.0
6 Witold Baran POL 3.40.3
7 Michel Bernard FRA 3.41.2
8 John Whetton GBR 3.42.4
9 Jean Wadoux FRA 3:45.4

Unos días después de los Juegos, el 12 de noviembre se convirtió en plusmarquista mundial de los 1000 m, con un tiempo de 2:16,6. Poco después, el 17 de noviembre, en la pista de ceniza de Auckland, Snell superó su plusmarca de la milla, con 3:54,1. Pasó los 1500 en 3:37,6, que sería su tope personal, probablemente de valor similar a los 3:35,6 que tenía entonces Herb Elliott como primado mundial. El pase de los 3/4 de milla había sido de 2:54,3, que apuntaba un tiempo en torno a 3:52.

Al año siguiente se preparó precisamente para intentar superar el registro de Elliott en la distanacia métrica, pero se lesionó en abril y poco después se retiró. Posteriormente trabajó como relaciones públicas en una compañía tabacalera. En 1971 se trasladó a Estados Unidos, donde acabó fijando su residencia y donde obtuvo el grado de doctor con una tesis sobre fisiología del ejercicio en la Universidad del Estado de Washington. Esto le sirvió para hacerse profesor en la Universidad de California,  Davis, donde ya había estudiado. En 1993 obtuvo la nacionalidad estadounidense. Continuó practicando deporte, sobre todo carreras de orientación y tenis de mesa, modalidades en las que destacó en la categoría de veteranos.

En los últimos meses había comenzado con problemas cardíacos. Un episodio de pérdida de conocimiento mientras conducía le provovó un accidente de circulación. Estaba prevista su presencia en el homenaje a la milla en la reunión de la IAAF el mes pasado en Mónaco, pero sus problemas de salud no se lo permitieron. Falleció en su casa de Dallas el 12 de diciembre de 2019.

El impacto de su figura en su Nueva Zelanda natal queda muy bien reflejado en este vídeo, de diferentes noticiarios anunciando su fallecimiento.

Snell fue un revolucionario del mediofondo. Hizo compatibles el 800 y el 1500, cuando entonces los corredores de 800 rendían mejor en los 400 m. Aunque después de él hubo grandes mediofondistas que lo hicieron muy bien en ambas distancias, ninguno pudo repetir su doblete. Sebastian Coe (1956) estuvo cerca en 1980 y 1984 con sus dos oros en la distancia larga y sus dos platas en la corta. Hay que pensar que en los años 60 el atletismo era completamente amateur, aunque pudiese haber dinero bajo cuerda. ¿Qué podría haber hecho en un entorno hiperprofesionalizado como el actual?

Nota 1: Me ha gustado mucho recordar los éxitos de este gran atleta, pero muy poco el motivo por el que lo he hecho

Nota 2: Dedico esta entrada de Jorge González Amo, antiguo plusmarquista español de 1500 m y gran admirador de Snell. Jorge tiene su tríada oceánica con Herb Elliot, Peter Snell y Ron Clarke

Nota 3: El 3 de diciembre el blog superó las 50 000 visitas. Quiero daros las gracias a todos los que me leéis. Disfruto mucho haciendo las entradas. Me agrada que generen interés.

 

Berta Castells, la eterna campeona de España

Hablar del lanzamiento de martillo femenino en España es hablar de Berta Castells. La atleta catalana, que sigue en activo, ha sido campeona de España en 16 ocasiones. Ningún atleta, hombre o mujer, ha conseguido tantos oros en la misma prueba. Hay atletas con más campeonatos de España que Castells, pero en más de una prueba. En este sentido los más laureados son el lanzador guipuzcoano Félix Erausquin (1907-1987), que ganó 27 campeonatos de España (9 en peso, 9 en disco, 1 en jabalina y 8 en la desaparecida barra vasca), y la vallista-velocista-mediofondista salmantina Rosa Colorado (1954) con 19 oros ( 2 en 200 m, 6 en 400 m, 5 en 800 m, 4 en 400 m v y 5 en pentatlón).

El campeonato de España femenino de lanzamiento de martillo comenzó a disputarse en 1993, si bien no adquirió el marchamo oficial hasta 1995. La primera campeona de España oficiosa fue la lanzadora de disco Carmen María Solé (1971), quien prefirió continuar con el disco, prueba en la que conseguiría una mejor marca de 56,36 (1999). Otra lanzadora de disco, si bien con cierta dedicación al martillo, la también catalana Sonia Godall (1968), fue la segunda y última campeona de España oficiosa, en 1994. Godall había sido campeona de España de lanzamiento de disco el año anterior, prueba en la que llegó a acreditar 57,68 m en 1995. Godall había perdido unos días antes del campeonato de España la plusmarca española, que había mejorado de 38,30 m en 1988 a 49,14 m en ese 1994. También fue breve plusmarquista nacional de disco en 1991 y 1992. Hay un registro de 1932 de la multideportista catalana Margot Moles (1910-1987) de 22,85 m, mejor marca mundial en su momento.

Otra catalana, Susana Regüela (1971) sustituyó a Godall como plusmarquista española. El 13 de julio de 1994 se convirtió con 51,78 m en la primera española por encima de 50 m. Fue la primera campeona oficial de la prueba en España en 1995. Repitió en los 3 años siguientes hasta completar 4 oros en 1998. En 1997 había perdido el tope español a manos de la gallega Dolores Pedrares (1973), primera española por encima de los 60 m, que hizo progresar la plusmarca nacional hasta 61,46 en 2001. Fue campeona de España de 1999 a 2002. A partir de 2003, con la única excepción de 2015, el lugar más alto del podio en el nacional de martillo ha estado ocupado por Berta Castells.

Berta Castells Franco nació en la localidad tarraconense de Torredembarra el 24 de enero de 1984. Comenzó a practicar el lanzamiento de martillo en 1997, con el artefacto de 2 Kg. Empezó muy pronto a destacar y en 2001 se proclamó subcampeona mundial sub18, fue medalla de bronce en el campeonato de Europa sub20 y consiguió sus dos primeras plusmarcas españolas absolutas de la prueba. En 2002 fue 9ª en el campeonato del Mundo sub20. Al año siguiente se hizo por primera vez con la victoria en el campeonato de España absoluto y repitió bronce en el Europeo sub20.

Desde 2003 ha dominado el lanzamiento de martillo femenino en España, con los 16 oros nacionales absolutos referidos y 15 plusmarcas españolas, desde 61,62 m en 2001 hasta 70,52 m en 2016, una mejoría de casi 9 metros. En los últimos años ha tenido una dura rival en la también catalana Laura Redondo (1988), que la derrotó en el campeonato de España de 2015, e igualó en dos ocasiones, en la misma competición, el 20 de enero de 2013, la plusmarca de Castells de 69,59 m. La tarraconense deshizo el empate con el actual tope español vigente de 70,52 m. en 2016. Castells ha liderado la lista española del año desde 2001, salvo en 2013 y en 2015.

En el ámbito internacional, Berta Castells ha participado en tres Juegos Olímpicos (2004, 2008, 2012), en seis campeonatos del Mundo (2005, 2007, 2009, 2011, 2013, 2017) y en seis campeonatos de Europa (2006, 2010, 2012, 2014 y 2016). Sus mejores actuaciones fueron dos octavos puestos en los Europeos de 2010 y 2012.

Entrenada por José Luis Velasco Pecho (1960), el mismo un antiguo lanzador de martillo acreditado en 66,20 m en 1988, Berta continúa en activo, preparándose para los retos de 2020, año en que habrá Juegos Olímpicos y campeonato de Europa.

Harrison Dillard, el vallista campeón olímpico de 100 metros

Acaba de fallecer, a la avanzada edad de 96 años, Harrison Dillard, el único atleta capaz de hacerse con los oros olímpicos en 100 m y en 110 m vallas. Era el campeón olímpico estadounidense de más edad. Comenzó a hacer atletismo inspirado por el ejemplo de Jesse Owens, que vivía en su misma ciudad. Y como él, ganó cuatro medallas olímpicas de oro, si bien en dos ediciones de los Juegos.

William Harrison Bones Dillard nació en Cleveland (Ohio) el 8 de julio de 1923. En 1936 presenció con unos amigos un desfile en homenaje a Jesse Owens, que había vuelto de Berlín donde había ganado sus famosos 4 oros olímpicos. Un intercambio de palabras entre el joven Harrison y el mítico atleta llevaron a primero a la práctica del atletismo. Comenzó con este deporte en la escuela y continuó en el Baldwin-Wallace College. Desde su inicio, se dedicó a las vallas y, en menor medida, a la velocidad. La Segunda Guerra Mundial interrumpió su actividad atlética, cuando lo llamaron a filas y hubo de desplazarse a Europa. Tras la contienda retomó su deporte. Entre 1946 y 1948 se impuso en 82 competiciones de forma consecutiva. A principios de 1948 superó la plusmarca mundial de las 120 yardas con vallas (109,68 m) con 13,6. El tope mundial en la distancia métrica pertenecía a su compatriota Fred Wolcott (1915-1972) con 13,7. En 100 m, Dillard acreditaba 10,3 del año anterior, 0,1 más que la plusmarca mundial.

La idea de Dillard para 1948 era disputar el oro olímpico de las vallas altas en Londres, pero una mala primera valla en las pruebas de selección olímpica le impidió terminar la prueba. Consiguió clasificarse, no obstante, en los 100 m, al ser tercero, con 10,4 (10,50), por detrás de Barney Ewell (1918-1996), 10,2 (10,33), y Mel Patton (1924-2014), 10,3 (10,45). Estos dos velocistas, junto con el panameño Lloyd La Beach (1922-1999), acreditado en 10,2, eran los favoritos para el oro olímpico. Nadie contaba con el vallista. Dillard, sin embargo, corriendo por la calle 8, tomó la cabeza tras una fulgurante salida. Ewell se le acercó tanto, que pensó que había ganado y comenzó a celebrarlo, pero La Beach, que había sido tercero, lo corrigió. No has ganado. Lo ha hecho Huesos. La photo finish mostró que Huesos había corrido en 10,33 (10,3) y Ewell en 10,44 (10,4). Entonces el tiempo oficial era manual o redondeado en décimas de segundo. El equipo estadounidense, con Dillard, en la tercera posta se hizo con la victoria en el relevo 4 x 100 m.

Tras los Juegos, en 1949, Dillard terminó el college y comenzó a trabajar como relaciones públicas del equipo de béisbol de los Cleveland Indians. No compitió en 1950 y 1951, pero en 1952 retomó las vallas, con la intención de ganar el oro olímpico en 1952. Ese año Dillard, que había corrido en 13,7, se encontró con un gran rival, su compatriota Jack Davis (1930 – 2012), con una mejor marca personal de 13,7. Resultó derrotado por Dillard en las pruebas de selección olímpica, 14,0 por 14,1. En la final olímpica de Helsinki el resultado de los dos primeros fue el mismo. A ambos se les atribuyó oficialmente un tiempo de 13,7, si bien los tiempos electrónicos fueron 13,91 y 14,00. Dillard, haciendo la segunda posta, repitió oro en el relevo 4 x 100 m, haciéndose con su cuarta medalla olímpica de oro.

Aún intentó Dillard, con 33 años, acudir a sus terceros Juegos Olímpicos, pero no superó la criba de las pruebas de selección, donde se impuso Jack Davis y segundo fue el campeón olímpico de las dos siguientes ediciones Lee Calhoun (1933-1989). Tras su retirada vendió seguros, tuvo un programa de radio, escribió para la prensa y, tras haber dejado los Indians, trabajó en la red de escuelas públicas de Cleveland 27 años. Murió el 15 de noviembre de 2019.