Samuel Tefera supera a El Guerrouj después de 22 años

El 31 de agosto del año pasado, con la temporada de pista al aire libre a punto de terminar, tres jóvenes etíopes soprendieron en el 5000 de la reunión Ivo van Damme de Bruselas con registros que se convirtieron en los tres mejores del año. Selemon Barega (2000), Hagos Gebrhiwet (1994) y Yomif Kejelcha (1997) mejoraron sus marcas personales hasta 12:43,02, 12:45,82 y 12:46,79, convirtiéndose de un plumazo en el 4º, 5º y 6º atletas de siempre en la prueba. Ese mismo año, los tres se habían enfrentado en la prueba de 3000 m del campeonato del mundo, al que Kejelcha acudía como invitado por haber sido oro en la anterior edición. En una lentísima carrera, Kejelcha renovó su título, con 8:14,41, Barega fue 2º con 8:15,59 y Gebrhiwet 4º con 8:15,76.

Al aire libre, Yomif Kejelcha ya había sido campeón del mundo sub18 de 3000 m en 2013 y sub20 de 5000 m en 2014. En 2015 ocupó la 4ª posición en los 5000 m del Mundial de Pekín, puesto que repitió 2 años después en Londres. En 2015 acreditó 12:53,98. No volvió a bajar de 13 hasta la carrera de Bruselas. En 1500 m acredita 3:32,59. Desde finales de 2017 entrena en Oregon, con Alberto Salazar (1958). Estas excelentes credenciales no hacían presagiar, sin embargo, lo sucedido el pasado 9 de febrero en los Millore Games de Nueva York, donde corrió en la milla en 3:48,46, a 0,01 de la plusmarca mundial del marroquí Hicham El Guerrouj (1974), el año en que nació Kejelcha. Daniel Ceán Bermúdez tiene una magnífica entrada en su blog sobre esta carrera.

La plusmarca mundial bajo techo de 1500 m, también en poder del marroquí, parecía posible. El ya lejano 2 de febrero de 1997, en Stuttgat, un cerrado duelo entre El Guerrouj y el etíope todoterreno Haile Gebrselassie (1974) acabó con unos entonces estratosféricos 3:31,18, mientras Gebre se iba a 3:31,76. Ayer, en Birmingham, todo estaba preparado para que el marroquí perdiese, a manos de Yomif Kejelcha, la primera de la cinco plusmarcas mundiales de medio fondo que posee. El neerlandés Bram Som (1980), acreditado en su momento en 1:43,45, sería el encargado de marcar el ritmo hasta el primer kilómetro. Los pases fueron excelentes con 55,69, 1:52,70 y 2:21,27, momento en que el etíope se quedó en cabeza. Kejelcha cruzó los 1200 m en 2:49,28. La plusmarca mundial era posible, pero había algo que no estaba en el guion. El etíope no era capaz de despegar a su compatriota Samuel Tefera (1999). A pesar de su juventud, Tefera no era ningún desconocido.  En 2017 ya corría al aire libre en 3:33,78, marca que mejoró al año siguiente a 3:31,63, además de 3:51,26 en la milla. Es, como Kejelcha, campeón mundial en sala, de 1500 m, oro que también alcanzó en una lentísima carrera ganada con 3:58,19. Tefera se mantuvo pisando los talones a Kejelcha hasta que lo sobrepasó a falta de 150 m. Finalmente hubo plusmarca mundial, pero con protagonista inesperado, Samuel Tefera, que paró el crono en 3:31,04, por 3:31,58 de Kejelcha.

 

Por primera vez en más de dos décadas, un atleta superaba una de las cinco plusmarcas de El Guerrouj. Además de las dos que poseía en sala, el marroquí sigue ostentando al aire los topes universales de los 1500 m (3:26,00, Roma 14 07 1998), la milla (3:43,13, Roma 07 07 1999) y los 2000 m (4:44,79, Berín 07 09 1999). ¿Podrían estar en peligro? Habrá que estar atentos a la progresión de estos dos atletas etíopes. Y también al noruego Jakob Ingebrgitsen (2000) que este año ya ha corrido en sala en 3:36,21 (al aire libre tiene 3:31,18) y que el año pasado en el Mundial sub20 derrotó tanto a Tefera en los 1500 m como a Barega en los 5000. ¿Estamos ante el inicio de una nueva edad de oro del medio fondo?

 

 

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Alberto “Lobito” Ruiz, el señor de las alturas en los 80

El salto con pértiga en España dio un enorme salto cualitativo con el bilbaíno Ignacio Sola (1944). Sola llevó la plusmarca española de salto con pértiga de 4,25 a 5,20 m, en 5 años. Con esta última altura fue 9º en la final olímpica de los Juegos de México de 1968, después de igualar su anterior mejor marca de 5,10 y superarla en dos ocasiones, 5,15 y los mencionados 5,20. Con su salto de 5,10 fue por unos minutos plusmarquista olímpico de la prueba. Sola mantuvo el tope nacional durante casi 10 años, hasta 1978, año en que el barcelonés Roger Oriol (1957) saltó 5,22 m. Oriol superó la plusmarca española 7 veces más, hasta 5,40 m en 1981. Se mantuvo en competición hasta mediados de los 80, si bien pronto se vio ensombrecido por su compañero de entrenamiento Alberto Ruiz.

Alberto Lobito Ruiz Benito nació en Barcelona el 22 de diciembre de 1961, de padre granadino y madre soriana. Se crio en el Nou Barris. En el Instituto de la Verneda, donde estudiaba, se encontró con un profesor de Educación Física que le cambió la vida. Se trataba de Hans Ruf (1940). Hans Ruf, de madre española y padre alemán, había nacido en Schweinfurt (Baviera), pero vivió en Barcelona desde muy joven. Ruf había practicado salto de pértiga, prueba en la que llegó a ser dos veces subcampeón de España, en 1958 y 1959. Posteriormente se hizo entrenador de atletismo y acabó creando una gran escuela de salto con pértiga, si bien también entrenaba velocistas y otros saltadores. El caso es que Ruf consiguió inculcar al joven Alberto la atracción por el salto más complicado. Y los resultados no se hicieron esperar. En 1977, con 15 años, saltó 4,02 m. Tan solo 3 años después ya superaba 5,11 m y en 1981 igualaba a Sola con 5,20 m. Al año siguiente, con 5,30 m se situaba a solo 10 cm de la plusmarca española de Oriol.

A mediados de los 80 el atletismo se había hecho muy popular en España. Es probable que inicialmente tuviese algo que ver la moda del pedestrismo de primera ola, importado de Estados Unidos, entonces no se llamaba running, sino footing o jogging, pero hubo otros factores mucho más importantes. Uno de ellos fue, la rivalidad entre José Luis González (1957) y José Manuel Abascal (1958), incorporados en la élite mundial del medio fondo. Por otro lado, la empresa Unipublic, organizadora de competiciones deportivas, bien asentada en el ciclismo, decidió, de la mano del antiguo directivo del atletismo, José María Fernández Matinot (1940-2013), apostar por este deporte. Se organizaron en España reuniones en muchas ciudades, algunas de altísimo nivel, como la de Vallehermoso de 1987, cuando Edwin Moses (1955) vio terminada una racha victoriosa de más de 9 años. La televisión, entonces inmersa en una guerra con el fútbol y con mucho espacio que cubrir, secundó la apuesta de Unipublic y se volcó en el atletismo, de modo que las retransmisiones atléticas acabaron siendo ubicuas.

En este escenario favorable, la irrupción de Alberto Ruiz como plusmarquista español tuvo una repercusión inédita hasta entonces. Resultaba muy atractivo para el aficionado ver reuniones atléticas celebradas en España que acababan con alguna plusmarca nacional. Alberto Ruiz se estrenó el 13 de julio de 1983 en el efímero trofeo MAM, en Madrid, con un salto de 5,41 m. Nueve días después, en un campeonato de España plagado de ausencias en Anoeta se iba a 5,45 m.

En 1984 consiguió tres nuevos topes españoles. El 29 de mayo, en el Trofeo Villa de Madrid, subió a 5,46 m. El 24 de junio en el Estadio Joan Serrahima, en el campeonato provincial de Barcelona, saltó 5,51 m y 6 días después, en el Campeonato de España, en el mismo escenario añadió a su marca 4 cm, hasta 5,55 m.

Volvió a la carga el 30 de junio de 1985, al saltar en Manresa 5,60 m, registro al que añadió 1 cm en el mismo lugar el 3 de julio del año siguiente.

Esos 5,61 m acabaron siendo la mejor marca de Alberto Ruiz de siempre, pero siguió manteniéndose en muy buena forma, hasta su retirada en 1996. En 1991, 1992 y 1993 aún fue capaz de saltar 5,60 m. Mantuvo su plusmarca española, que mejoró un total de 21 cm, hasta 1989, en que Javier García Chico (1966), otro producto de la factoría Ruf, subió a 5,65 m. La carrera de García Chico alcanzó su cénit con el bronce olímpico en 1992, en Barcelona, con su mejor marca de 5,75 m. En esa misma competición, Alberto Ruiz ocupó la 10ª posición, si bien 8 años antes, en los Juegos de Los Ángeles, ya había sido 9º, igualando a Sola.

 

Fue, además, 6º en los Juegos Mundiales en Sala de 1985, 6º en el Europeo en sala en 1985 y 7º en el Campeonato del Mundo en sala en 1989. En cuanto a competiciones nacionales fue 7 veces campeón de España al aire libre y 5 en sala. Llegó a correr los 100 m en 10,57 (1985) y los 200 en 20,9 (1985).

Diplomado en Estudios Sociales y entrenador nacional de atletismo, Alberto Ruiz ha sido tutor de residencia del Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat del Vallés, donde también es entrenador. Desde 2001 es el jefe de prensa de la Federación Catalana de Atletismo. Alberto es, además, un gran aficionado a la historia del atletismo. Con su mejor marca de 5,61 m habría encabezado la lista española del año en 15 de los últimos 18 años.

Ron Clarke, un corredor de fondo superlativo

Aunque cada uno tiene sus preferencias, es muy probable que si preguntásemos por los 6 mejores corredores de fondo de siempre, en la mayoría de las listas estaría el australiano Ron Clarke (1937 – 2015). La carrera en el atletismo de élite de Clarke se extendió 6 años. Oficialmente superó 17 plusmarcas mundiales, algunas de ellas absolutamente superlativas. No tuvo, sin embargo, el mismo éxito en la alta competición. Por diversas circunstancias no pudo subirse a lo más alto del podio ni en los Juegos Olímpicos ni en los Juegos de la Commonwealth.

Ronald William Clarke nació el 21 de febrero de 1937 en Melbourne en el seno de una familia de deportistas. Su padre Tom (1906 – 1981) había jugado al fútbol australiano en la Victorian Footbal League (VFL), como también lo haría su hermano Jack (1933 – 2001). Aunque Ron también probó este deporte, acabó decidiéndose por el atletismo. Con 18 años corría la milla en 4:19,4. En 12 meses progresó notablemente y en el año olímpico de 1956 se fue a unos excelentes 4:06,8, plusmarca mundial junior (sub20). Estuvo a punto de clasificarse para el 1500 m de los Juegos, que se celebraban en su ciudad, pero finalmente hubo de consolarse, que no está mal, con hacer el último relevo de la antorcha y encender el pebetero durante la inauguración olímpica. En la milla del campeonato nacional australiano de ese año, el entonces plusmarquista mundial de la distancia, John Landy (1930), se paró a ayudar al joven Ron, que se había caído. Esto no le impidió ganar la carrera de todos modos.

Pese a estos primeros éxitos, Clarke decidió no continuar entrenando. Abandonó el atletismo durante 4 años, hasta 1960. Durante ese tiempo estudió contabilidad en la Universidad, se casó, tuvo dos hijos y comenzó a trabajar como contable. Retomó el atletismo cuando su trabajo le permitió tener tiempo para entrenar. Era el año 1961, en el que corrió un maratón en 2h53:09. En pista consiguió 14:23,2 y 30:36,0 en 5 y 10 Km en pista. Unos meses después marcó 13:42,0 en las 3 millas (4828 m). Al año siguiente, 1962, se ganó la clasificación para los Juegos del Imperio Británico (hoy Juegos de la Commonwealth), que se celebraban en Perth a finales de noviembre, tanto en las 3 como en las 6 millas (las distancias métricas no se disputarían hasta 1970). No se veía con posibilidades de subirse al podio. Abandonó en la distancia más larga, pero en las 3 millas fue plata con mejor marca personal de 13:35,92, a 1,77 del neozelandés Murray Halberg (1933), campeón olímpico de 5000 m en 1960. Ese mismo año, Clarke había mejorado sus marcas en la milla, 4:03,4 y de las 2 millas a 8:44,4.

En 1963 saltó definitivamente a la élite mundial. Comenzó ganando el campeonato australiano de campo a través. Poco después mejoró en maratón hasta 2h24:38. En diciembre de ese año superó la plusmarca nacional de 5000 m con 13:51,6 en Melbourne. Tres días más tarde, sin moverse de ciudad, salió en un 10 000 dispuesto a realizar la plusmarca mundial de la 6 millas (9656 m), que poseía con 27:43,8 el húngaro Sándor Iharos (1930 – 1996). El tope mundial de 10 000 m del ruso, entonces soviético, Piotr Bolotnikov (1930 – 2013), 28:18,2, no lo consideraba posible, pues su mejor marca era 29:10,4. Clarke pasó muy rápidas las primeras 3 millas, 13:32. Aunque aflojó el paso pudo conseguir su objetivo, al registrar 27:17,8 en las 6 millas y, pese a pararse al terminar esta distancia, superó también a Bolotnikov con 28:15,5 (28:15,6).

En menos de un año se celebrarían los Juegos Olímpicos en Tokio y Clarke se había convertido en uno de los favoritos para el oro en la prueba más larga en pista. Sin embargo, aunque era el plusmarquista mundial, su experiencia competitiva fuera de Australia era casi nula. Los Juegos tendrían lugar en octubre de 1964. Ese año Clarke compitió en Estados Unidos en sala y en Europa al aire libre. El 23 de junio, en Zúrich, mejoró hasta 13:39,0 su plusmarca personal en 5000 m. La plusmarca mundial estaba en posesión del ucraniano, entonces soviético, Vladimir Kuts (1927 – 1975) con 13:35,0. Con 27 años el australiano disputaba sus primeros Juegos Olímpicos y lo haría en las tres distancias de fondo 5000, 10 000 m y maratón.

El resultado no fue, sin embargo, todo lo bueno como se esperaba. La final directa de 10 000 m, con 38 corredores, tuvo lugar el 14 de octubre. El gran favorito era Clarke. También se consideraba con posibilidades a Bolotnikov y Halberg. Imponiendo un ritmo rápido (se pasó la mitad de la prueba en 14:04,6), Clarke fue descolgando a todos los favoritos y se encontró en la última vuelta acompañado de dos corredores que, a priori, no parecían tener opciones, el tunecino Mohamed Gammoudi (1938) y el marino estadounidense de origen sioux Billy Mills (1938). En una complicadísima última vuelta, con muchos corredores doblados y en la que el australiano y el tunecino rozaron la descalificación, saltó, finalmente, la sorpresa con la victoria Mills en unos excelentes 28:24,4. Gammoudi se hizo con la plata, con una nueva plusmarca africana de 28:24,8. Clarke fue tercero, 28:25,8.

La carrera de Clarke no había sido mala en absoluto. Corrió en 10 segundos más de su plusmarca mundial, pero se vio sorprendido por dos corredores que previamente no habían bajado de 29:00,0 y que en Tokio dieron lo mejor de sí. Las cosas le fueron peor en los 5000 m. El 16 de octubre se impuso fácilmente en su serie de 5000 m con 13:48,4. Dos días después lideró la final hasta que se quedó sin fuerzas a falta de 500 m y acabó ocupando el 9º puesto. El 21 de octubre salió en el maratón, donde repitió el 9º puesto, con mejor marca personal de 2h20:26,8.

Tras los Juegos Olímpicos, Clarke marcó un hito en el atletismo al superar 11 plusmarcas mundiales (más una no homologada), en 17 carreras durante 11 meses. El 3 de diciembre de 1964 corrió las 3 millas en 13:07,5. El 16 de enero de 1965 mejoró el tope universal de Kuts en 5000 m con 13:34,7 (13:34,8). El 1 de febrero se fue hasta 13:33,6. El 3 de marzo realizó 47:12,7 (47:12,8) en las 10 millas. El 4 de junio restó 9 segundos a su marca de 5000 m, 13:25,7 (13:25,8), con 13:00,4 al paso de las 3 millas. El 16 de junio realizó 28:14,0 en 10 000 m, registro que no se homologó como plusmarca mundial por problemas burocráticos. El 10 de julio superó la barrera de los 13:00,0 en las 3 millas, con 12:52,4.

Cuatro días después, el 14 de julio, tuvo lugar una de los grandes logros del atletismo de siempre. En Oslo en una pista de ceniza y con solo dos corredores más, el australiano se convirtió en el primer atleta en correr los 10 Km por debajo de 28:00,0 y lo hizo por más de 20 segundos y en solitario. Sus pases fueron 2:41,5, 5:25,0, 8:11,0, 13:45,0 y 2:40,4 el último kilómetro para terminar en unos estratosféricos 27:39,89 (homologados en 27:39,4). Su tiempo de 26:47,0 por las  millas también superaba su anterior plusmarca mundial. Su pase por la mitad de la carrera mejoraba la plusmarca del estadio de 5000 m. El 18º atleta de ese año acreditó ese registro. Cuando se le dijo que con ese tiempo habría doblado al gran Emil Zátopek (1922 – 2000), contestó, inteligentemente, que algún día alguien también lo doblaría a él, como finalmente sucedió.

Aún tuvo tiempo para dos nuevas plusmarcas mundiales, cuando el 27 de octubre hizo los 20 000 m en pista en 59:22,7 (59:22,8) y continuó hasta la hora recorriendo 20 232 m. Durante esos 11 meses mágicos, Clarke tomó parte en otras 5 carreras. Resultó derrotado en tres ocasiones, ante el francés Michel Jazy (1936) en las 2 millas, ante Jazy y el keniano Kip Keino (1940) en un 5000 y ante Keino en otro 5000, muy rápido (13:26,5), y victorioso en un 5000 contra Keino (13:26,3) y en un 3000 de 7:54,6.

Tras su extraordinaria temporada del año anterior, el objetivo del australiano eran los Juegos del Imperio Británico, que tendrían lugar en Kingston en agosto. Poco antes, el 5 de julio en Estocolmo, Clarke recuperaba la plusmarca mundial de 5000 m, que tenía Keino en 13:24,2 desde el 30 de noviembre. Clarke registró unos sorprendentes 13:16,6, con parciales de 2:40,4, 5:16,6 (2:36,2), 7:57,4 (2:40:8), 10:19,0 (2:41,6) y 2:37,6 en el último kilómetro. El pase por las tres millas fue de 12:50,4, también plusmarca mundial. El 12 de julio volvía a correr por debajo de 28′ en 10 000, 27:54,0. Era el favorito para hacerse con los oros en 5000 y 10 000 en los Juegos del Imperio. Sin embargo se encontró con dos kenianos que se lo impidieron. Perdió claramente las 6 millas ante Naftali Temu (1945 – 2003) por más de 15 segundos y las 3 millas con Keino por 1,8 s en la última vuelta. Su actuación en Kingston le hizo centrarse en la mejoría de la velocidad al año siguiente, en que evitó los 10 000 m, mejoró con 8:19,8 la plusmarca mundial de las 2 millas y lideró los 5000 m con 13:18,8.

Clarke estaba decidido a dar lo mejor de sí en los Juegos de México de 1968, si bien estaba muy preocupado por los 2240 m de altitud de la capital mexicana. Esa temporada se pasó 5 meses entrenando en altitud en Francia y Estados Unidos. Los resultados parecían satisfactorios. En Londres realizó tres carreras de gran calidad. El 24 de agosto mejoraba su plusmarca mundial de las dos millas con 8:19,4, el 29 de agosto corría los 10 000 m en 27:49,4, el segundo mejor registro de siempre, y el 3 de septiembre marcaba 13:27,8 en los 5000 m. En México, sin embargo, como le sucedió a la mayoría de los corredores no africanos, la altitud pudo con él. Se mantuvo en cabeza de los 10 000 m, hasta las últimas dos vueltas. Fue 6º a 17,4 del ganador Naftali Temu. Perdió el conocimiento al llegar a la meta y necesitó asistencia médica. Se recuperó para los 5000 m, prueba en la que ocupó la 5ª posición. Con 31 años, su oportunidad para ser campeón olímpico se había esfumado.

Decidió continuar hasta los Juegos de la Commowealth de 1970, que tuvieron lugar en Edinburgo. Ya fuera de su mejor momento fue 5º en 5000 y plata en 10 000 m, detrás del escocés Lachie Stewart (1943). Se retiró ese mismo año. Tras dejar el atletismo se dedicó, con éxito, a los negocios. En 1972 se le descubrió un problema valvular cardíaco que acabó en el quirófano 11 años después. Vivió durante 14 años en Europa, hasta que en 1995 se estableció definitivamente en Gold Coast, la segunda ciudad (640 000 habitantes) del estado de Queenland, de la que fue alcalde de 2004 a 2012. También se dedicó a escribir libros sobre temas deportivos. Murió el 17 de junio de 2015 de un fallo renal. Ese día el Parlamento de Australia le rindió un merecido tributo.

Ron Clarke fue uno de los corredores de fondo más grandes de la historia. Mejoró en más de 18 segundos la plusmarca mundial de 5000 m y en casi 40 la de 10 000 m. Su registro cronométrico no se corresponde, sin embargo, con su rendimiento en la alta competición. Hay varios factores que incidieron en su contra. Abandonó el atletismo de los 20 a los 23 años, una etapa muy importante en la maduración del atleta. Por otro lado su entrenamiento era autodidacta. El papel de un buen entrenador siempre es clave en la mejora del atleta. Su andadura en la alta competición había comenzado muy bien, con la inesperada plata en las 3 millas en los Juegos del Imperio de 1962. A Tokio probablemente acudió falto de experiencia internacional. Sus problemas de aceleración final tampoco ayudaron. En los Juegos del Imperio de 1966 sorprendió su derrota ante Temu, pero Keino ya le había ganado más de una vez. Finalmente, no es posible juzgar su actuación en México, pues definitivamente la altitud lo condicionó. Aunque tampoco lo habría tenido fácil ante Keino, Temu, Gammoudi y el etíope Mamo Wolde (1932 – 2002). La única medalla de oro de Clarke fue la que le regaló Zátopek. En el verano de 1966, Clarke aprovechó la gira europea para visitar al atleta checo, que fue un estupendo anfitrión. Tras dos días de visita, Zatu acompañó a Clarke al aeropuerto, antes de irse le dio un paquete y le dijo Cuida de esto. Te lo mereces. Ya en el avión, Clarke abrió lo que contenía la medalla de oro del 10 000 de los Juegos de Helsinki 1952, con el nombre del australiano inscrito.

Las 17 plusmarcas mundiales de Ron Clarke

6 millas 27:17,8 Melbourne 18 12 1963
10 000 m 28:15,5 Melbourne 18 12 1963
3 millas 13:07,5 Melbourne 03 12 1964
5000 m 13:34,7 Hobart 16 01 1965
5000 m 13:33,6 Auckland 01 02 1965
10 millas 47:12,7 Mentone (Victoria) 03 03 1965
3 millas 13:00,4 Los Ángeles 04 06 1965
5000 m 13:25,7 Los Ángeles 04 06 1965
10 000 m 28:14,0 Turku 16 06 1965 (no homologada)
3 millas 12:52,4 Londres 10 07 1965
6 millas 26:47,0 Oslo 14 07 1965
10 000 m 27:39,4 Oslo 14 07 1965
20 000 m 59:22,7 Geelong (Victoria) 27 10 1965
1 hora 20 232 m Geelong (Victoria) 27 10 1965
3 millas 12:50,4 Estocolmo 05 07 1966
5000 m 13:16,6 Estocolmo 05 07 1966
2 millas 8:19,8 Västeras 27 06 1967
2 millas 8:19,6 Londres 24 08 1968

Esta es la entrada número 100 de este blog, que comencé en julio de 2016. Van más de 33 700 visitas. Os agradezco a todos los que me leéis el interés. Espero llegar a 200.

¿Realmente valió alguna vez Sebastian Coe 3:28?

En la última entrada de su blog (lástima que no escriba más) Dosis de atletismo, el gerente de la SD Correcaminos y un gran experto en historia del atletismo, Juan Manuel Botella, escribe sobre la cena oficial de la organización que tuvo lugar el día anterior al campeonato del mundo de medio maratón de Valencia. En esta cena, Juan compartió mesa y mantel con Sebastian Coe (1956), dos veces campeón olímpico de 1500 m y actual presidente de la IAAF. Aunque el lord británico no estaba muy por la labor de hablar de su pasado atlético, Juan finalmente consiguió que rememorase sus años mágicos de atletismo, especialmente el año 1981. Dijo Coe que aquel año podría haber hecho 3:28, si la liebre no hubiesen ido tan rápido.

Se refería Coe al único 1500 que corrió era temporada, en la que se centró en los 800 m y en la milla. Su única incursión en el kilómetro y medio tuvo lugar el 7 de julio. El británico había conseguido el mes anterior una estratosférica plusmarca de 800 m, 1:41,73. El objetivo en Estocolmo eran los 3:31,36 que Steve Ovett (1955) tenía como plusmarca mundial desde al año anterior. Para ello los organizadores contrataron para el papel de liebre a James Robinson (1954), ochocentista acreditado entonces en 1:44,70 y 5 veces campeón de Estados Unidos. Parecía el perfecto marcapasos, pero desde el inicio impuso un ritmo exageradamente rápido, 51,5 en los primeros 400 m y 1:47,4 tras dos vueltas, momento en que abandonó. Coe, pese a seguirlo a cierta distancia, hizo 52,43 y 1:49,18. Ya en solitario marcó 2:18,81 en el kilómetro y 2:48,32 en el 1200. Le bastaba 43,03 en los últimos 300 m, pero, desfondado, realizó 43,63 para una marca personal de 3:31,95.

Coe estaba en estado de gracia.  Cuatro días después en Oslo corría el kilómetro en otra sobresaliente plusmarca mundial de 2:12,18. La última parte de la temporada la dedicó a competir, a distancia, con Steve Ovett por la plusmarca mundial de la milla. La primera plusmarca mundial de Coe fue de 3:48,95 (homologada 3:49,0) en 1979. Al año siguiente, la IAAF consideró con los 3:48,8 de Ovett eran superiores al tiempo de Coe. El 19 de agosto, en Zúrich, Coe con 3:48,53 recuperaba el tope universal de la milla. Una semana después en Coblenza, Ovett se iba a 3:48,40. Tan solo dos días más tarde en Bruselas, Coe zanjaba la lucha con 3:47,33. El 4 de septiembre cerraba la temporada con victoria en los 800 m de la Copa del Mundo de Roma, justo delante de James Robinson.

La temporada de 1981 fue perfecta para Coe. De un total de 39 carreras disputadas, incluyendo 5 relevos, tan solo sufrió una derrota individual, en una carrera de 200 m de ámbito regional. Estuvo en plena forma 3 meses, junio, julio y agosto. Probablemente con un ritmo más razonable en el 1500 de Estocolmo habría superado la plusmarca mundial de 3:31,36 y, tal vez, habría roto la barrera de los 3:31,00 o, incluso, acercarse a 3:30,00, pero, ¿realmente valía 3:28? En un entorno hipercompetitivo y, sin duda, muy motivante por la rivalidad con Ovett, Coe realizó una entonces excepcional marca de 3:47,33, 1,07 menos que la reciente plusmarca de Ovett. Según las tablas de la IAAF, equivale a 3:30,64. En 1985, Steve Cram (1960) y Said Aouita (1959) mejoraron la marca de Coe con 3:46,32 y 3:46,92. Esa misma temporada sus marcas de 1500 m fueron respectivamente 3:29,67 y 3:29,46, en el caso del británico, prácticamente clavando las equivalencias de la IAAF (3:46,28 equivale a 3:29,66). Tendrían que pasar 7 años para que un atleta corriese en 3:28. Lo hizo el argelino Nourredine Morceli (1970) el 6 de septiembre de 1992, al marcar en Rieti 3:28,86, tiempo equivalente a 3:45,45 en la milla. El argelino realizó al año siguiente 3:44,39 en la distancia británica. No parece que Coe estuviese en condiciones de correr tan rápido en 1981.

Según sigue contando Juan Botella, otro argumento que da el actual presidente de la IAAF a favor de esos hipotéticos 3:28 es que consiguió su mejor marca personal de 1500 m, 3:29,77, en 1986, cuando ya no era su mejor versión. Sin embargo, que suceda esto no es infrecuente. En ocasiones, atletas de calidad excepcional son capaces de hacer una gran carrera, aunque ya no sean regulares en la competición. El propio Ovett hizo su mejor 1500, 3:30,77, en un año relativamente discreto, en el que no fue capaz siquiera de subirse al podio en el Mundial de 1983. También Steve Cram corrió en 1987 en 3:31,43 y en 3:30,95 en 1988, en el segundo caso mejor marca de ese año, y se quedó fuera de los puestos de honor en el Mundial de Roma y en los Juegos de Seúl.

Quizá el paso del tiempo y los tiempos posteriores de los 1500 m llevaron a Coe a sobrevalorar su propia capacidad en 1981, año en el que pensar en correr en 3:28 semejaba la velocidad de la luz.

La primera medalla española en un Europeo al aire libre

Tras los últimos campeonatos de Europa al aire libre, celebrados en Berlín este verano, España ha conseguido en esta competición un total de 88 medallas, 27 de oro, 24 de plata y 37 de bronce, 69 en la categoría masculina y 19 en la femenina. Los Europeos al aire libre se iniciaron en 1934. España no tomó parte hasta 1950, con un solo contendiente, el lanzador de disco, y posteriormente uno de los pioneros del entrenamiento en España, el madrileño José Luis Torres (1925). En las siguientes ediciones, el número de atletas españoles fue creciendo. Hubo 5 atletas en 1954, 7 en 1958, 5 en 1962, 7 en 1966, 6 en 1969, 16 en 1971, con participación femenina por primera vez, de 3 atletas, y 17 en 1974 con una mujer. Los mejores resultados hasta entonces habían corrido a cargo del vigués Carlos Pérez (1930), 4º en maratón en 1966, su paisano Javier Álvarez Salgado (1943), 5º en 5000 m en 1971, el palentino Mariano Haro (1940), 5º en 10 000 en 1971 y 8º en 1974, el bilbaíno Ignacio Sola (1944), 5º en pértiga en 1966, el equipo de relevos 4×100, 6º en 1974, el zaragozano Alberto Esteban (1943), 7º en 800 m en 1966, la vallesana Carmen Valero (1955), 7ª en 1500 m en 1974, el albaceteño Antonio Amorós (1927 – 2004), primer finalista español 8º en 10 000 m en 1958 y el manchego Agustín Fernández (1938), 8º en maratón en 1971. Es decir, España había conseguido un total de 11 finalistas y ninguna medalla en 9 ediciones.

Hubo que esperar hasta 1978 para estrenarse en el medallero. Ese año el Europeo se celebraba en Praga. Resultó un campeonato de un gran nivel. Dos de las plusmarcas actuales de los Campeonatos, la de 800 y la de 10 000 m masculinos se consiguieron allí. España acudió a la entonces capital de Checoslovaquia con 17 atletas, 3 mujeres, entre los que había algunos jóvenes como José Manuel Abascal (1958), Domingo Ramón (1958), Javier Moracho (1957) o José Alonso (1957), que habían conseguido destacados resultados en categoría junior (sub20) para los que era su primer campeonato absoluto. Salvo Alonso, que ocupó una brillante 7ª posición en los 400 m v, con 50,19, plusmarca española, los otros tres jóvenes atletas rindieron por debajo de sus posibilidades, aunque los éxitos no tardarían el llegar para ellos. Además de la actuación de Alonso, hubo otro puesto de finalista, en los 20 Km marcha en los que el catalán José Marín (1950), que tantas alegrías ha dado al atletismo español, fue 5º. El día 2 de septiembre, un día antes de que se clausurasen los campeonatos, se celebraba la final de los 50 Km marcha, con 32 participantes y 3 españoles, el citado José Marín y otros dos catalanes, Agustín Jorba (1947) y el campeón de España Jordi Llopart (1952). Mientras los dos primeros no pudieron terminar, Llopart realizó una carrera plena de inteligencia, siempre en el paquete delantero, hasta que a falta de 10 Km dio un fuerte tirón que lo dejó en solitario en cabeza. Entró en el estadio con más de un minuto y medio de ventaja y terminó la prueba en 3h53:30, plusmarca personal y de los campeonatos. Era la primera medalla, y de oro, para España en unos campeonatos de Europa al aire libre.

Jordi Llopart Ribas (El Prat de Llobregat, 5 de mayo de 1952) había comenzado a practicar atletismo en 1964, en campo a través. Participó en pruebas de medio fondo, fondo, obstáculos, incluso en lanzamientos, hasta que en una liga faltaba un marchador y probó la marcha. Aunque el resultado no fue muy bueno, se decidió por esta modalidad, entrenado por su padre, Moisés Llopart (1919-2002). El de Praga fue su primer gran campeonato, al que acudió con una mejor marca de 4h01:37. En 1979 realizó en Reus la que sería su mejor marca de siempre, 3h44:33. En los Juegos Olímpicos de 1980 volvió a ser pionero para el atletismo español, al conseguir la primera medalla olímpica. Fue plata en los 50 Km marcha, con 3h51:25, tras el alemán Harwig Gauder (1954), oro con 3h49:25. Aunque la de Moscú sería su última medalla en un gran campeonato, Llopart siguió rayando a gran altura hasta su retirada en 1992, a los 40 años. Fue 6º en el Europeo de 1982, 7º en los Juegos Olímpicos de 1984, 9º en el Europeo de 1986, 13º en los Juegos Olímpicos de 1988 y 17º en el Mundial de 1991. En 1992 aún fue capaz de registrar 3h49:31. Ese año formó parte del equipo técnico del campeón olímpico de 20 Km marcha Daniel Plaza (1966).

Llopart fue tanto el primer medallista en un Europeo al aire libre como en unos Juegos Olímpicos. El atleta catalán también inauguró la presencia de la marcha española en los grandes campeonatos, que continúa, con 18 medallas en campeonatos de Europa, 17 en Mundiales y 5 en Juegos Olímpicos. En la actualidad ganar medallas en los grandes campeonatos es lo habitual, pero hubo una época en la que el premio era ir a los campeonatos y se finalista el premio gordo. Se tardó 28 años en conseguirlo en el caso de los Europeos y 60 años en el caso de los Juegos. A pesar de que sigue habiendo mucho que mejorar, no hay que olvidar que, afortunadamente, vivimos en una época de abundancia. Hace poco más de 40 años, España había ganado 0 medallas en grandes campeonatos.

Las tres magníficas carreras de Ben Jipcho en Christchurch 1974

Los Juegos de la Commonwealth de 1974, celebrados entre el 24 de enero y el 2 de febrero en la ciudad neozelandesa de Christchurt, se recuerdan, en lo que al atletismo se refiere, por la carrera de 1500 m en la que no solo el tanzano Filbert Bayi (1953) superó la plusmarca mundial sino que también se revolucionó la lista mundial de siempre. Sin embargo, además del 1500, el resto de las distancias de medio fondo y fondo tuvieron un nivel altísimo. Como prueba, salvo en los 10 000 m, que se corrieron 8 segundos más lento, en el resto de las pruebas de media y larga distancia las marcas logradas por los ganadores fueron superiores a las de los Juegos Olímpicos celebrados dos años antes. Uno de los protagonistas de esta gran actuación colectiva, ensombrecido por los resultados del kilómetro y medio, fue el keniano Ben Jipcho, que se hizo con el oro en las pruebas de obstáculos y 5000 m y fue medalla de bronce en los 1500 m.

Benjamin Waruba Jipcho nació en el distrito Mount Elgon, en la provincia Occidental de Kenia. Comenzó a practicar atletismo tardíamente, a los 23 años, siendo guardia de prisiones. Su progresión fue muy rápida, pues dos años después lograba la clasificación para el 1500 de los Juegos Olímpicos de México 1968. Para ello, la federación keniana celebró una milla, en la que se impuso el favorito Kip Keino (1940). Jipcho fue segundo con 3:59,8, la primera vez que bajaba de 4 minutos. En la capital mexicana, logró clasificarse para la final. Allí marcó un ritmo rapidísimo con 56,0 en los primeros 400 m, para su compañero Keino, que lo sobrepasó antes de llegar al 500. Keino se coronó brillantemente campeón olímpico. Jipcho fue 10º.

Tras una insulsa temporada posolímpica, Jipcho decidió centrarse en los obstáculos. Los buenos resultados no se hicieron esperar. En 1970, en la final de los Juegos de la Commonwealth, en una carrera de muy alto nivel, con el campeón y subcampeón olímpicos, los kenianos Amos Biwott (1947) y Benjamin Kogo (1944), y el plusmarquista mundial, el australiano Kerry O’Brien (1946), Jipcho fue plata, con plusmarca personal de 8:29,6, detrás de otro australiano, Tony Manning (1943). Al año siguiente, igualó su registro de obstáculos y mejoró sus marcas de la milla y de 5000 m a 3:56,4 y 13:40,8.

En 1972, el objetivo del keniano eran los Juegos Olímpicos de Munich. Poco antes de los Juegos demostró su buena forma con tres tiempos en obstáculos de 8:28,8, 8:28,6 y 8:27,13. Su gran rival sería su compatriota Kip Keino que, debido a la incompatibilidad horaria del 1500 y el 5000, decidió intentar el doblete olímpico en obstáculos, prueba que no había corrido hasta ese año, y al kilómetro y medio. Llegó a Munich con 8:25,0. Hubo 4 series semifinales. Keino fue 2º en la primera, detrás del finlandés Tapio Kantanen (1949), quien con 8:24,8 conseguía una efímera plusmarca olímpica. Jipcho se impuso en la segunda con 8:31,6. Keino, Jipcho y el anterior campeón olímpico Biwott, que hizo 8:23,8 en su serie, conseguían por primera vez que hubiese tres kenianos en la final de obstáculos, algo que hoy es lo habitual.

Con un estilo poco ortodoxo, Keino consiguió hacerse con la victoria haciendo su mejor marca de 8:23,64. El polaco Bronislaw Malinowski (1951-1981) dio paso al segundo kilómetro en 5:44,73, con los tres kenianos inmediatamente detrás. Al paso por la penúltima ría, Keino se colocó en cabeza, posición que prácticamente ya no abandonaría. Jipcho y Kantanen trataron de no perder comba. Jipcho superó brevemente a su compatriota a falta de poco más de 200 m, pero duró menos de 1 segundo. Keino cambió de ritmo y abrió un pequeño hueco con sus perseguidores. Kantanen, que había adelantado a Jipcho en la última ría parecía que sería segundo, pero un último esfuerzo de Jipcho le permitió ganar la medalla de plata.

Jipcho siguió centrándose principalmente en los obstáculos al año siguiente de 1973. A principios de enero, tras ganar con facilidad los 5000 m de los Juegos Africanos, repitió victoria en los obstáculos con 8:20,69, marca que superaban los 8:20,8 que el sueco Anders Garderud (1946) tenía como plusmarca mundial desde hacía pocos meses. Sin embargo, las dimensiones de la ría no eran reglamentarias, por lo que la marca no se pudo homologar. La organización se sintió muy abatida por este problema. Entre las numerosas disculpas que recibió Jipcho estuvieron las de Yakubu Gowon (1934), el jefe del Gobierno militar nigeriano. Gowon fue de los primeros en felicitar al keniano cuando el 19 de junio se convirtió en el primer atleta en correr los obstáculos en menos de 8:20,0. al correr en Helsinki en 8:19,8. Era la primera vez en la historia que un keniano tenía la plusmarca mundial de obstáculos. Poco depués, el 27 de junio, también en Helsinki, con parciales de 2:48,0, 2:45,0 y 2:41,0, Jipcho se fue a unos entonces estratosféricos 8:13,91. Ese año el keniano también mejoró en los 1500 m, la milla y los 5000 m con tiempos de 3:36,6, 3:52,0 y 13:30,0, además de la plusmarca continental africana de las 2 millas, 8:16,38.

La temporada de 1974 comenzaría con los Juegos de la Commonwealth, a finales de enero. Tras alcanzar un estado de forma excelente, Jipcho decidió tomar parte en las pruebas de obtáculos, 5000 y 1500 m, que tendrían lugar en el espacio de una semana. La final directa de obstáculos se celebró el 26 de enero. En el último kilómetro, el keniano se había quedado solamente con el galés John Davies (1952) y su compatriota Evans Mogaka (1949). Estos dos se vieron involucrados en una caída a falta de 300 m, lo que permitió a Jipcho ganar fácilmente con unos excelentes 8:20,8.

Al día siguiente, 27 de enero, Jipcho se clasificó sin problemas para la final de 5000 m, corriendo en 13:57,2. La final, celebrada 2 días después, resultó una magnífica carrera, muy disputada y con un ritmo trepidante. El inglés David Black (1952) se encargó de avivar el ritmo la primera parte de la prueba. A falta de 2400 m, otro inglés, Brendan Foster (1948), pasó a la primera posición con un fuerte cambio de ritmo, con el que se llevó a Jipcho. Black volvió a la carga cuando quedaban 1800 m para la meta. En la última vuelta, Foster recuperó la primera posición con un gran acelerón que dejó definitivamente a Black. El oro era cosa de dos, un inglés y un keniano.  La victoria se decidió en la última recta, en la que finalmente Jipcho consiguió derrotar a Foster por un estrecho margen 13:14,4 frente a 13:14,6, en aquel momento 2ª y 3ª mejores marcas mundiales de siempre.

Tras sus victorias en los obstáculos y en los 5000 m, Jipcho aspiraba al oro en los 1500 m, cuya semifinal tuvo lugar el 31 de enero. El keniano superó esta ronda sin problemas con 3:43,6. La final, el 2 de febrero, fue uno de los mejores 1500 de la historia. Filbert Bayi impuso un ritmo rapidísimo desde el primer metro con pases de 54,4, 1:51,8 y 2:50,3. Jipcho terminó en 3:33,16, superando su marca en más de 3 segundos y prácticamente igualando la plusmarca mundial de Jim Ryun (1947), 3:33,1, pero no pudo con el fenómeno tanzano, que terminaba en un nuevo tope universal, 3:32,16, ni con el neozelandés John Walker (1952), 3:32,52.

Aunque la plusmarca mundial de Bayi eclipsó el resto de las carreras, el rendimiento de Jipcho fue superlativo. Consiguió dos oros con tiempos próximos a los topes mundiales y se hizo con un bronce en un 1500 histórico. Christchurch supuso, sin embargo, el punto más alto de la carrera atlética del keniano. Inmediatamente después de los Juegos de la Commonwealth  se unió al grupo profesional International Track Association (ITA) del que también formaban parte atletas de la categoría de Keino o los cuatrocentistas Lee Evans (1947) y Larry James (1947 – 2008), oro y plata en la vuelta a la pista de los Juegos de México. Jipcho compitió dos años más con esta asociación, pero su rendimientos distó mucho del que había tenido en sus últimos años como amateur. Para siempre quedará la duda de lo que habría podido rendir si 1974 hubiese sido año olímpico.

Tomás de Teresa, el ochocentista español con mejor palmarés internacional

En el último campeonato de Europa al aire libre, celebrado este agosto en Berlín, el atletismo español tenía fundadas esperanzas para hacerse con una medalla en la prueba de 800 m masculinos. Unas semanas antes, el leonés Saúl Ordóñez (1994), bronce en el mundial en sala en marzo, había superado la plusmarca española con 1:43,65, que era, a su vez, la mejor marca europea del año. Por su parte, el salmantino Álvaro de Arriba (1994) también había mejorado su marca al correr en 1:44,99. Las expectativas, sin embargo, no se cumplieron. Ordóñez no pudo entrar en la final, mientras de Arriba fue 7º, el mismo resultado que en el Europeo de 2016. Con de Arriba son 8 los atletas españoles finalistas en el 800 del Campeonato de Europa al aire libre a lo largo de su historia.

El primer finalista español en un Europeo de 800 m al aire libre fue Alberto Esteban (1943). El atleta zaragozano, 3 veces campeón de España en la prueba, acudió al Europeo de Budapest de 1966 como plusmarquista español con 1:48,0, marca con la que superaba el tope español anterior de Tomás Barris (1930). En la final del Europeo volvió a mejorar con 1:47,4, lo que le valió el 7º puesto. El almeriense Antonio Fernández Ortiz (1948) se convirtió en plusmarquista español en el campeonato de España de 1972, cuando corrió la prueba en 1:46,8, superando al pontevedrés Manuel Carlos Gayoso (1944), 1:47,9. Gayoso, que unos días después mejoró a 1:47,2 había decidido subir a los 800 m tras una exitosa carrera en los 400 m lisos y los 400 m vallas. En los Juegos de Múnich fue el mejor semifinalista que no se clasificó para la final, oficialmente 9º. Ocupó la 5ª plaza en la 3ª semifinal, la más rápida, con 1:47,9 a 1,0 del 4º, que sí entró en la ronda definitiva.

El barcelonés Andreu Ballbé (1952) llevó en 1976, año en que fue olímpico, la plusmarca española a 1:46,59. Cuatro años más tarde, el madrileño Antonio Páez (1956) corrió la distancia en 1:45,69. El año anterior había sido campeón de Europa en Sala, título que repitió en 1982, tras un bronce en 1981. El medallista de bronce en la edición de 1982 fue el leonés Colomán Trabado (1958), 9 veces campeón de España de 800 m y una de 1500 m. Trabado fue oro europeo en sala en 1983 y plata en 1986. Fue oro en los Juegos Mundiales de Pista Cubierta de 1985, competición antecesora de los Mundiales en Sala. Al aire libre se hizo con la plusmarca española en 1984 con 1:45,15. Pese a sus éxitos en sala y su indiscutible dominio en España, Trabado no pudo ser finalista en un gran campeonato al aire libre. Esto lo conseguiría su sucesor como plusmarquista nacional, el cántabro Tomás de Teresa.

Tomás de Teresa Colina nació en Santoña el 5 de septiembre de 1968. Comenzó a destacar ya en categorías inferiores. Fue campeón de España juvenil (sub18) en 1985 y junior (sub20) 1986. En 1987 se proclamó campeón de Europa junior (sub20) de 800 m en Birmingham, en la que él mismo define como su mejor carrera. De Teresa controló muy bien la carrera, en la que se pasó en 54,30 a falta de una vuelta. Atacó en el 600 y se llevó la victoria con 1:49,37. Terminó esa temporada con una mejor marca de 1:48,67.

Fue olímpico en Seúl y medalla de plata en el Europeo en sala de 1990. Ese año, al aire libre, se convirtió en el primer español en correr por debajo de 1:45,00. Ocurrió el 30 de mayo en el Gran Premio Diputación de Sevilla. En una carrera rapidísima, ganada por Peter Elliot (1962) con 1:42,97, de Teresa fue 4º con 1:44,99, seguido del asturiano José Arconada (1964), con 1:45,02. La anterior mejor marca personal del cántabro era 1:46,26 del año anterior.

El año de 1991 comenzó muy bien para de Teresa con la plata en el Mundial en sala celebrado en Sevilla. Y acabó no menos bien con el puesto de finalista en el Mundial al aire libre de Tokio. Hasta hoy, de Teresa es el único ochocentista español que ha conseguido entrar en la final de un campeonato de ámbito mundial. El cántabro fue 2º en las series eliminatorias detrás del campeón olímpico, el keniano Paul Ereng (1967) y ocupó la 3ª posición en la segunda y última semifinal, con el mismo tiempo que Ereng, 2º, ambos precedidos por el brasileño José Luiz Barbosa (1961). En una final de muy alto nivel, ganada por el keniano Billy Konchellah (1961) con 1:43,99, de Teresa fue 8º con 1:47,65.

A finales de 1991, de Teresa decidió dar un giro a su carrera atlética y se fue a entrenar con Enrique Pascual (1957) a Soria, tras 6 años en Madrid con Manuel Pascua (1933). El gran objetivo para 1992 era, lógicamente, entrar en la final olímpica. La prueba de 800 m tenía tres rondas. Fue 2º en la 3ª serie detrás del estadounidense Johnny Gray (1960). La siguiente ronda se componía de tres series semifinales. Entrarían en la final los 2 primeros de cada serie y dos tiempos de repesca. El cántabro fue 4º en la primera serie con 1:46,08. Tras la celebración de las otras dos semifinales, se quedó fuera de la final por tan solo 0,02. Igualó el puesto 9º de Gayoso de 20 años antes, si bien estuvo mucho más cerca de la final.

Tras una discreta temporada de 1993, en 1994 volvió a tener una gran actuación al aire libre, en el Europeo de Helsinki. Superó fácilmente la primera ronda y no se desgastó, viéndose clasificado, en la semifinal. En la final, tras un paso lento de 54,29 atacó el noruego Vebjørn Rodal (1972). En la última curva parecía que de Teresa se quedaba, pero, tras entrar encerrado en la última recta ocupando la 6ª posición, consiguió remontar hasta alcanzar el bronce, a 0,04 de Rodal, plata, finalmente superado por el italiano Andrea Benvenutti (1969). Hubo otro español finalista, el malagueño José Manuel Cerezo (1973), que ocupó la 7ª posición.

Helsinki fue el punto más alto en la carrera de de Teresa. Siguió compitiendo hasta 1997, si bien su rendimiento fue decreciendo. En el ámbito nacional consiguió tres oros en los campeonatos de España, en 1989, 1994 y 1995. Fue un gran competidor que rendía por encima de su valor cronométrico en los campeonatos importantes.

A de Teresa lo sucedió en la tabla de plusmarcas españolas el madrileño Luis Javier González (1969), quien corrió en 1:44,84 en 1993. Fue campeón de Europa en sala en 1992, donde se despachó con unas contundentes declaraciones sobre la variable azar en el rendimiento atlético, y plata en 1994. Posteriormente, en 2002, el sevillano Antonio Manuel Reina (1981) marcó 1:44,11 y un mes después 1:43,83, tiempo que le valió para vencer brillantemente en la Copa del Mundo, que se celebraba en Madrid. En 2012 fue 4º en el Europeo al aire libre. En sala fue 4º en el Mundial de 2003, bronce en el Europeo de 2002 y plata en el de 2005. La plusmarca española de Reina duró hasta 2012, año en que otro sevillano, Kevin López (1990), realizó 1:43,72. López había sido 6º, con un tercer sevillano, Luis Alberto Marco (1986), 7º, en el Europeo al aire libre de 2010. En pista cubierta consiguió el bronce en 2011 y la plata en 2013. El otro español finalista en Europeos al aire libre de 800 m es el vallesano Miguel Quesada (1979), 5º en 2006.

Como se indicó al principio, el último plusmarquista español es, desde este año, Saúl Ordóñez con 1:43,65. Pese a no alcanzar la final de este año del Europeo al aire libre, a sus 24 años tiene tiempo para mejorar y que Tomás de Teresa deje de ser el ochocentista español con mejor palmarés internacional.

Armand Duplantis, el niño volador

El 14 de agosto de 1983, un ucraniano, entonces soviético, se proclamaba contra todo pronóstico campeón del mundo de salto con pértiga, haciendo su mejor marca, 5,70 m. Este joven que no cumplía los 20 hasta el 4 de diciembre de ese año, se llamaba Sergei Bubka (1963) y en los años siguientes se convertiría en el mejor saltador de pértiga de la historia. Treinta y cinco años después, otro niño volador llamado Armand Mondo Duplantis se hacía con el oro en el campeonato de Europa de salto con pértiga, realizando su mejor marca, 6,05 m, sin haber hecho aún los 19 años.

Armand Duplantis nació en la ciudad estadounidente de Lafayette, Luisiana, el 10 de noviembre de 1999, de padre estadounidense y madre sueca. Debido a la nacionalidad de su madre, Armand representa a Suecia en las competiciones internacionales. Su padre y entrenador, Greg Duplantis (1962), había sido él mismo saltador de pértiga de alto nivel, con una mejor marca de 5,82 m. Su madre, de soltera Helena Hedlund, había sido heptatleta y jugadora de balonvolea. Su hermano mayor Andreas (1993) es también saltador de pértiga, con una mejor marca de 5,42 m, su otro hermano Antoine (1996) es jugador de beisbol. Su hermana pequeña Joanna (2002) también práctica pértiga.

Armand entró en el mundo del atletismo a los 4 años con una pértiga especialmente fabricada para él. Superó por primera vez los 3 m a la edad de 9 años, los 4 m a los 13 y los 5 m a los 15 años, en 2015. Ese año comenzó la temporada con un mejor salto de 4,74 y la terminó con 5,30 m. Con esta altura se proclamó campeón mundial juvenil (sub18) en la ciudad colombiana de Cali, en una cerrada pugna con el ucraniano Vladyslav Malykhin (1998), que realizó la misma marca. En 2016 subió hasta 5,51 m y fue bronce en el Mundial Junior (sub20). En 2017 se incorporó, con un salto de 5,90 m, a la élite mundial. Fue con cierta holgura campeón de Europa junior (sub20) y en su primera competición en categoría absoluta, el Mundial de Londres al aire libre, ocupó la 9ª plaza.

El gran año de Duplantis de 2018 comenzó con el 8º puesto en el campeonato mundial en sala. Al aire libre se hizo con el oro en el Mundial sub20 con 5,82 m, 27 cm más que el segundo clasificado. Previamente había mejorado su marca personal hasta 5,93 m, altura con la que presentó su candidatura al oro en el campeonato de Europa absoluto. La final tuvo lugar el 12 de agosto y resultó un concurso magnífico. Los máximos rivales de Duplantis eran a priori el francés plusmarquista mundial Renaud Lavillenie (1986), que lideraba la lista europea con 5,95 m, y el polaco Piotr Lisek (1992), segundo en la misma lista con 5,94 m. En 5,80 m, Duplantis hizo su único nulo de la competición, mientras Lavillenie tras dos nulos decidió dejar su único salto para 5,85 m, que consiguió superar. También lo hicieron a la primera Duplantis y el sorprendente ruso, acreditado en 5,80 m, Timur Morgunov (1996). Lisek, tras un nulo en 5,85 m, intentó los 5,90 m, que pasó al primer intento igual que Duplantis y Morgunov. Lavillenie no intentó esta altura. Quedaban estos 4 atletas en competición, junto con otro polaco, Paweł Wojciechowski (1989), mejor marca de 5,93 m (2017), que tenía un nulo en 5,85 m y había dejado sus dos intentos para 5,95 m. De los 5 supervivientes, tan solo el francés había conseguido superar esta marca previamente y lo volvió a hacer, junto con Duplantis, en su primer intento. Wojciechowski resultó eliminado, mientras Morgunov y Lisek, tras un nulo, se fueron por los 6,00 m. que era la siguiente altura. Lisek se quedó fuera, no así el ruso quien, junto con Duplantis subían por primera vez en su vida de 6 m, ambos en su primer intento. Morgunov superaba su registro previo por 20 cm. Tras un nulo, Lavellenie se la jugaría en 6,05 m, pero ni él ni Morgunov fueron capaces de saltar más alto. Duplantis, por su parte, hacía marca personal por tercera vez en la tarde, además a la primera. No continuó saltando.

Con tan solo 18 años y 68 kg de peso, Mondo se convertía en el 4º atleta de la historia, tras  Lavellenie, 6,16i m, Bubka 6,15i m , y el australiano Steve Hooker (1982), 6,06 m, en plusmarquista del campeonato de Europa y en el primer atleta sub20 en superar los 6 m. Los de 2018 han sido unos campeonatos de Europa con dos grandes protagonistas adolescentes, Duplantis y el noruego Jakob Ingebrigtsen (2000). Ya habíamos hablado de las posibilidades futuras del noruego. De Duplantis ha dicho el explusmarquista español de salto con pértiga Alberto Lobito Ruiz (1961) que puede llegar a saltar 6,25 m. El futuro, que parece pertenecerle, nos lo dirá.

El inexorable avance del estilo Fosbury tras los Juegos de México

Se han cumplido estos días 50 años de la celebración de los Juegos Olímpicos de México. De entre las muchas hazañas atléticas conseguidas, hubo una que cambió la forma de competir en esa modalidad. Ocurrió en el salto de altura. Por primera vez un atleta en una gran competición saltaba de espaldas al listón. Que se llevase el oro no hizo sino acelerar su implantación por todo el mundo. Fue tal su impacto, que su nombre quedó inmortalizado con su estilo, el estilo Fosbury o Fosbury Flop, en inglés. En los Juegos de México, Fosbury fue el único que empleó su entonces particular forma de saltar. Dieciséis años después, en Los Ángeles tan solo uno de los 12 finalistas utilizaba el ya obsoleto rodillo ventral (3 de 16 cuatro años antes).

Richard Douglas Dick Fosbury nació en Portland, la ciudad más populosa de Oregón, el 6 de marzo de 1947. Comenzó a practicar salto de altura a los 16 años. El estilo generalizado entonces era el rodillo ventral, en sus dos versiones, la paralela, en la que el atleta pasaba la cabeza y el tronco al mismo tiempo abrazando el listón, y la zambullida, en la que la extremidad cefálica y la superior pasaban el listón antes que el tronco y  la inferior. Incapaz de asimilar los movimientos coordinados para practicar rodillo ventral, Fosbury recurrió al viejo estilo de la tijera, empleado por la entonces plusmarquista mundial Iolanda Balas (1936-2016), y fue evolucionando hasta individualizar la modalidad que llevaría su nombre saltando de espaldas al listón.

Fosbury pudo desarrollar y perfeccionar su nuevo estilo de salto gracias a la progresiva sustitución de la arena o la paja de la caída por colchonetas de espuma. Hasta los Juegos Olímpicos de 1964 no hubo colchonetas en la zona de caída. Los atletas solían caer de pie o de bruces. Sin colchoneta, caer de espaldas resultaba arriesgado. Algún atleta lo hacía, pero viniendo de un giro, como el estadounidense John Thomas (1941- 2013), que llevó la plusmarca mundial de 2,17 a 2,22 m en los años 60.

Su peculiar estilo no reportó a Fosbury grandes éxitos inicialmente. En categoría junior llegó a 1,969 m. No obstante, ya entonces su forma de saltar había llamado la atención. Un diario local lo bautizó como Fosbury flop. Alguien habló de una convulsión en el aire. Cuando entró en la Universidad del Estado de Oregón, su nuevo entrenador Bernie Wagner (1924 – 2013) lo intentó convencer para cambiar al rodillo californiano. Tras probarlo, Fosbury volvió a su estilo, cada vez más depurado, y consiguió una mejor marca de 2,08 m en 1965, lo que cerró cualquier debate. Un año antes de los Juegos, la mejor marca de Fosbury era 2,102. Esta altura no hacía presagiar lo que sucedería en México. Por entonces la nueva modalidad de salto había captado la atención de los medios deportivos nacionales. Fue portada de la revista Track and Field news en febrero de 1968, mientras Europa aparecía ajena a la revolución que se estaba gestando.

Fosbury realizó su mejor temporada en el mejor año, el año olímpico de 1968. En junio mejoró su marca a 2,16 m. En las pruebas de selección olímpica, tras llevar su marca a 2,18 y a 2,21 m, esta a la primera, fue 3º con la misma altura que sus rivales, cuyos intentos sobre 2,18 fueron menos. Los tres estadounidenses habían hecho la mejor marca del año, lo que los convertía en favoritos.

La impecable actuación de Fosbury en la final olímpica fue la mejor tarjeta de presentación de su innovador estilo. Superó a la primera todas las alturas, mejorando con 2,22 m su marca personal y la plusmarca olímpica. En la siguiente altura, 2,24 m, ya solo quedaba en concurso, además de él, su compatriota Ed Caruthers (1945), que tenía varios nulos previos. Caruthers no pudo con 2,24 m, mientras Fosbury superaba el listón a la tercera tentativa. Ya ganador del oro olímpico, trató de superar la plusmarca mundial de 2,28 m de Valery Brumel (1942-2003) con 1 cm más, pero falló en sus tres intentos.

La victoria de Fosbury con su nueva forma de saltar suscitó todo tipo de debates. Una vez confirmado que no infringía ningún reglamento, la discusión se basó en su efectividad. En Europa hubo inicialmente un importante rechazo, pero pronto se demostró que el estilo Fosbury conseguía que el centro de gravedad del atleta en el momento del salto estuviese por debajo de su cuerpo, lo que apuntaba, como así fue, a que las marcas mejorarían.

Fosbury_Flop_English
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Fosbury tuvo hizo una buena temporada en 1969, con una mejor marca de 2,195 m, pero fue su último año en la élite. Su estilo, no obstante, se fue imponiendo inexorablemente. El sucesor de Brumel como plusmarquista mundial fue el estadounidense Patrick Marzdorf (1949) quien saltó en 1971 2,29 m con rodillo ventral. También probó el Fosbury, modalidad con la que saltó 2,24 m. El primer saltador que ganó un gran campeonato con estilo Fosbury fue el lituano, entonces soviético, Kentustis Shapka (1949), oro en el Europeo al aire libre de 1971. En los Juegos de Múnich de 1972, 28 de los 40 participantes en el salto de altura lo hicieron con estilo Fosbury, si bien de los tres medallistas, solo el de bronce, el estadounidense Dwight Stones (1953) practicaba el nuevo estilo. Stones fue el primer plusmarquista mundial con estilo Fosbury, con 2,30 m y posteriormente 2,31 y 2,32 m. Repitió bronce en los Juegos de 1976, donde los tres medallistas ya saltaban de espaldas, y fue 4º ocho años después, en Los Ángeles.

El sucesor de Stones como plusmarquista mundial fue el ucraniano, entonces soviético, Vladimir Yashchenko (1959 – 1999), quien saltó 2,33, 2,34 y 2,35 m en sala con rodillo ventral. Campeón de Europa en sala en 1978 y 1979 y al aire libre en 1978, una lesión de rodilla en 1979 cortó de raíz su progresión. Fue el último plusmarquista mundial con el viejo estilo y el que más alto ha saltado con rodillo.

A partir de los 80, el rodillo ventral se convirtió en un estilo en vías de extinción, hasta que desapareció completamente hacia finales de la década. Su último representante de élite fue el chino Liu Yunpeng (1962), 7º en los Juegos de Los Ángeles con 2,27 m.

En categoría femenina, la sucesora de Iolanda Balas, que saltaba con tijera, fue la austríaca Ilona Gusenbauer (1947) que saltó en 1971 1,92 m con rodillo ventral. Justo un año después, en los Juegos Olímpicos de 1972, la alemana de 16 años Ulrike Meyfarth (1956) fue la primera campeona olímpica y plusmarquista mundial, 1,92 m, con el nuevo estilo Fosbury. La subcampeona de esa competición, la búlgara Yordanka Blagoyeva (1947) superó con 1,94 m el registro de la alemana saltando con rodillo ventral, el mismo estilo que practicaba la alemana Rosemarie Ackermann (1952). Ackermann, con un perfecto rodillo ventral paralelo, llevó el tope universal de 1,94 a 2,00 m, convirtiéndose en la primera mujer en superar esta altura. Fue oro en el Europeo de 1974 y campeona olímpica en 1976.

La derrota de la alemana frente a la italiana Sara Simeoni (1953) en el Europeo de 1978 marcó el declive del viejo estilo en categoría femenina. Simeone se convertiría en campeona olímpica 2 años después con Ackermann lesionada y el rodillo ventral desapareció de las competiciones femeninas.

El escaparate mundial de los Juegos Olímpicos de México convirtieron a Fosbury en el autor de la revolución en el salto de altura. Sin embargo, aunque el estadounidense creó y desarrolló su estilo de forma independiente, no fue el primero en aplicarlo. En 2000, el escritor deportivo Rial Cummings descubrió una fotografía de un periódico del 24 de mayo de 1963 en la que el atleta Bruce Quande, en una competición escolar, practicaba el salto de altura de espaldas al listón.

Quande

Quande dejó de hacer salto de altura tras el Instituto. En 1963 Fosbury ya se dedicaba al salto de altura, pero aún no había comenzado a desarrollar su estilo. Probablemente la aparición del salto de espaldas al listón era inevitable. En 1966, sin conocer la actividad atlética de Fosbury, la canadiense Debbie Brill (1953), que llegaría a superar 1,99 m en 1984, comenzó a saltar con un estilo que llamó el plegamiento de Brill, básicamente similar a lo que estaba haciendo Fosbury. Pero el oro olímpico del estadounidense permitió que el mundo se diese cuenta de que había un nuevo estilo que superaba al anterior. A pesar del brillo cegador en los Juegos de los fantásticos velocistas estadounidenses, de Bob Beamon y de la primera hornada de fondistas africanos, la actuación de Fosbury añadió la estrella probablemente más duradera del firmamento mexicano.

El sueco Stefan Holm (1976), campeón olímpico en 2004, mostrando los diferentes estilos de salto, más alguno suyo particular.

Kevin Mayer, el tercer primo de Superman

En los años 80 el duelo deportivo en la prueba de decatlón entre el británico Daley Thompson (1958) y el alemán Jürgen Hingsen (1958) sobrepasó el ámbito mediático del atletismo. La locuacidad del británico y el imponente físico del alemán supusieron un filón para la prensa de la época. Es demasiado guapo para ganarme, decía el británico en una de sus perlas. Para vencer en el decatlón hay que ser bajito, feo y ladino, como yo. Lo cierto es que pese a que el alemán solía llegar a los grandes campeonatos como plusmarquista mundial, nunca fue capaz de batir al británico. Fue plata en los Europeos de 1982 y 1986, en el Mundial de 1983 y en los Juegos Olímpicos de 1984. Incluso en la lucha por la plusmarca mundial Hingsen acabó perdiendo, pues un cambio en las tablas de puntuación permitió al británico superar al alemán con quien compartía el tope universal. En uno de sus duelos dialécticos, tras unas declaraciones de Hingsen sobre la posibilidad de superar los 9000 puntos en el futuro, Thompson respondió irónicamente que eso sucedería cuando llegase el primo de Superman. Con su reciente plusmarca mundial de 9126 puntos, el francés Kevin Mayer (1993) se acaba de convertir en el tercer primo de Superman de la historia.

Los 8847 puntos de Thompson duraron hasta el 5 de septiembre de 1992. En Talence (Francia), ese día el estadounidense Dan O’Brien (1966) realizó 8891 puntos, con parciales de 10,43, 8,08, 16,69, 2,07, 48,51; 13,98, 48,56, 5,00, 62,58, 4:42,10. El perfil atlético de O’Brien era similar al de Mayer, con un poderío basado en gran medida en los lanzamientos y la historia de su plusmarca mundial es paralela a la del francés y no solo por el lugar en que se consiguió. Campeón mundial en 1991, era el máximo favorito para hacerse con el oro olímpico en 1992, pero tres nulos en pértiga en las pruebas de selección estadounidense lo apartaron de su objetivo. Lo conseguiría en 1996, además de otros dos oros en los Mundiales de 1993 y 1995.

Un atleta de un perfil parecido a O’Brien fue su sucesor como plusmarquista mundial, el checo Tomáš Dvořák (1972). El 4 julio de 1999, en Praga, Dvořák, campeón del mundo en 1997 y, posteriormente, en 1999 y 2001, se quedó, con 8894 puntos, a un suspiro de los 9000. Sus parciales fueron 10,54, 7,90, 16,78, 2,04, 48,08; 13,73, 48,33, 4,90, 72,32, 4:37,20. Es el único atleta que ha superado los 8900 puntos en 3 ocasiones. Fue bronce en los Juegos Olímpicos de 1996. Cuatro años más tarde acudió a los Juegos de Sídney en malas condiciones físicas y a duras penas consiguió acabar en 6ª posición.

No hubo que esperar mucho para romper la mítica barrera de los 9000. El 25 de mayo de 2001, otro checo, Roman Šebrle (1974), totalizaba en Götzis (Austria) 9026 puntos, con parciales de 10,64, 8,11, 15,33, 2,12, 47,79; 13,92, 47,92, 4,80, 71,16, 4:21,98. Ese año se lesionó y no pudo competir por el oro en el Mundial de Edmonton. Tuvo que esperar hasta 2007 para conseguirlo. En los Juegos Olímpicos fue plata en 2000 y oro en 2004. Fue además campeón de Europa en 2002 y 2006.

El sucesor de Šebrle fue un atleta con un perfil diferente al de los 3 plusmarquistas mundiales que lo precedieron, mucho más parecido a Daley Thompson, quien corría en 10,26 o 46,97. El estadounidense Ashton Eaton (1988) basaba su dominio en las carreras de velocidad y vallas, con mejores registros de 10,21, 45,00 o 13,35, esta conseguida fuera de un decatlón. Dominó la prueba de forma absoluta de 2012 a 2016, con sendos oros olímpicos esos años y el oro en los Mundiales de 2013 y 2015. Estableció dos plusmarcas mundiales de decatlón. La primera tuvo lugar en Eugene el 23 de mayo de 2012, en las pruebas de selección para los Juegos Olímpicos. Totalizó 9039 puntos, con parciales de 10,21, 8,23, 14,20, 2,05, 46,70; 13,70, 42,81, 5,30, 58,87, 4:14,48. La segunda se registró el 28 de septiembre de 2015, durante la disputa del Mundial de Pekín. Con 9045 puntos y unos espectaculares 45,00 en 400 m, Eaton mejoraba en 6 puntos su tope mundial con 10,23, 7,88, 14,52, 2,01, 45,00; 13,69, 43,34, 5,20, 63,63, 4:17,52.

Eaton se retiró tras el oro olímpico de 2016. La plata en esa competición fue para Mayer, que entonces tenía 24 años. Más lanzador, que velocista y, sobre todo, saltador de pértiga, la progresión del francés desde entonces ha sido fulgurante.

Kevin Mayer nació el 10 de febrero de 1992 en Argenteuil, en el área metropolitana de París. Fue campeón del mundo sub18 (2009), sub20 (2010) y de Europa sub20 (2011). En 2012 fue 15º en los Juegos Olímpicos. Ese año había superado por primera vez los 8000 puntos. En 2013 fue 4º en el Mundial y subcampeón de Europa en 2014. No disputó el Mundial de 2015 por lesión. En 2016 fue plata en los Juegos Olímpicos tras Aston Eaton con plusmarca personal de 8834 puntos, que mejoraba en 260 la plusmarca francesa de Christian Plaziat (1963) de 1990. En 2017 se proclamó campeón del mundo.

El objetivo de Mayer para 2018 era el oro en el campeonato de Europa de Berlín y tratar de acercarse a la plusmarca mundial de Eaton. Comenzó, con 10,64, mejorando su marca en 100, pero 3 nulos en longitud arruinaron su competición. Dos días después anunció que intentaría superar a Eaton el fin de semana del 15 y 16 de septiembre en Talence, el mismo lugar en que 26 años antes O’Brien se había resarcido parcialmente de su fracaso en las pruebas de selección olímpicas.

Comenzó mejorando su marca de 100 m hasta 10,55. También en la longitud mejoró hasta 7,80 m. En peso se fue hasta 16,00 m, 0,51 peor que su plusmarca personal. En altura saltó 2,05 m. 0,04 por debajo de su mejor registro. En 400 m, con 48,42 estuvo cerca de su mejor tiempo de 48,26. Este primer día totalizó 4563 puntos. Eaton había hecho 4703 puntos. Pero al francés le quedaban los lanzamientos de disco y jabalina y el salto de pértiga, pruebas en las que era muy superior a Eaton. Y la ventaja de este en los 110 m v no parecía que fuese a resultar decisiva.

Mayer empezó el segundo día con 13,75 en 110 mv y viento en contra, a 0,04 de su mejor marca y solo 0,06 peor que el día de la plusmarca de Eaton. A continuación enlazó tres plusmarcas personales en lanzamiento de disco, 50,54 m, salto con pértiga, 5,45 m, y lanzamiento de jabalina, 71,90. A falta de los 1500 m, Mayer tenía 8421 puntos. Ashton tenía el día de su plusmarca 8216. Salvo catástrofe, a esas alturas la plusmarca mundial estaba asegurada. Al francés le bastaban 4:49,00 para conseguir su objetivo. Su mejor marca en la prueba era 4:18,04, de 2012, cuando lanzaba mucho menos. Siempre llama la atención ver a decatletas con perfil de lanzador disputar los 1500 m. Su tiempo final fue de 4:36,11, lo que le dio una plusmarca mundial de 9126 puntos, la tarde del día en que el keniano Eliud Kipchoge (1984) había dinamitado con 2h01:39 el tope universal de maratón. Mayer hizo una competición casi perfecta mejorando en 5 de 10 pruebas y muy cerca de sus mejores registros en otras 4. Solamente se quedó lejos de su mejor tiempo en los 1500 m, marca a la que, dado su biotipo actual, probablemente ya no se acerque.

Mayer demostró que estaba en una excelente forma, pero probablemente también se dio cuenta de lo fácil que es tener un accidente en un decatlón. Sus próximos objetivos serán el Mundial de 2019 y los Juegos de 2020 y, quién sabe, quizá una nueva plusmarca mundial del tercer primo de Superman.