¡Ha ganado Peter Rono! ¿Pero quién es Peter Rono?

En los años 80 del siglo pasado la distancia de 1500 m (o de la milla) estaba considerada la prueba reina de las competiciones atléticas. Entre 1974 y 1985 la plusmarca mundial de 1500 m se había superado 7 veces por 6 atletas, pasando de 3:33,1 a 3:29,46. En el caso de la milla, la mejoría fue de 3:51,1 a 3:46,32, con 8 plusmarcas y 5 atletas. El mes de agosto de 1981 resultó excepcional para esta distancia al superarse el tope mundial 3 veces en el transcurso de 9 días. La enconada rivalidad entre dos atletas excepcionales, con planteamientos vitales y atléticos totalmente distintos, los británicos Steve Ovett (1955) y Sebastian Coe (1956) fue clave en el progreso y la atracción mediática del atletismo en general y del medio fondo en particular. Su doble enfrentamiento en los Juegos de Moscú superó con mucho los límites del atletismo y los convirtió en iconos mundiales. Los logros de ambos británicos hicieron surgir una excelente generación de milleros, entre los que destacaban su compatriota Steve Cram (1960) y el marroquí Said Aouita (1959), si bien este estaba más centrado en los 5000 m. Un peldaño por debajo estaban los estadounidense Steve Scott (1956) y Sydney Maree (1956) y los españoles José Luis González (1957) y José Manuel Abascal (1958).

En esos primeros 80 hubo dos años especialmente fructíferos. En 1983 se superó en dos ocasiones la plusmarca mundial de 1500 m, 3:31,24  de Sydney Maree y 3:30,77 de Steve Ovett, su canto del cisne, con 6 atletas por debajo de 3:33,00. Y en el año mágico de 1985, se consiguió correr por primera vez por debajo de 3:30,00, con dos atletas en la misma carrera (Niza, 16 de julio), Steve Cram, 3:29,67, y Said Aouita, 3:29,71. Posteriormente el marroquí consiguió correr en 3:29,46. Antes se había hecho también con el primado universal de 5000 m, 13:00,40. Cram también hizo el tope mundial de la milla, 3:46,32. Esa temporada hubo 7 atletas que corrieron en menos de 3:32,00 y 3 en menos de 3:30,00.

A tres años vista de los Juegos Olímpicos de Seúl, se dibujaba un duelo entre Cram y Aouita, si el marroquí se decidía por el kilómetro y medio. Este, sin embargo, optó por el 5000 en los años siguientes, prueba en la que consiguió en 1987 el primer sub 13 de la historia con 12:58,39 (Roma, 22 de julio). Incluso realizó, en 1986, unos excelentes 27:26,11 en 10000 m, 6ª mejor marca de siempre en aquel momento. En 1987 se proclamó fácilmente campeón mundial de 5000 m. Cram, por su parte, renovó su oro europeo en 1986, por delante de Coe, que lo había derrotado en la final olímpica de Los Ángeles. Pese a las lesiones continuaba rindiendo a un gran nivel, pero ese entorchado continental fue su punto de inflexión. A partir de 1987 sus problemas físicos no le impedían correr muy rápido en una sola carrera, pero le limitaban las tres rondas de los grandes campeonatos. En 1987 ocupó la 8ª posición en el campeonato del mundo de 1500 m tras hundirse en la última vuelta. El campeón fue el somalí Abdi Bile (1961), que se asomaba ese año a la élite mundial, por delante de José Luis González, plusmarquista español con 3:30,92, que conseguía su primera medalla en un gran campeonato.

Para los Juegos de Seúl, tanto Cram como Aouita anunciaron que doblarían en los 800 y los 1500 m. Ambos parecían en buena forma. El británico llegó a los Juegos con 1:43,42, 3ª mejor marca del año, y 3:30,95, mejor marca de la temporada. Aouita, que volvía a sus orígenes de mediofondista, por su parte, había corrido los 800 m en 1:43,86 y los 1500 en 3:32,69. La prueba de 800 m se celebraría en primer lugar y enseguida se vio que ambos tenían problemas. El británico no pudo entrar en la final. Se quedó en los cuartos de final en una serie ganada por el marroquí. Aouita entró en la final donde se presentó con un aparatoso vendaje en un muslo. Aunque no obtuvo el oro, su rendimiento fue excelente. En una carrera rapidísima en la que un desconocido keniano llamado Paul Ereng (1967) se hizo, viniendo desde atrás, con el oro, 1:43,45, el marroquí fue bronce, con 1:44,06, justo por detrás del anterior campeón olímpico, el brasileño Joaquim Cruz (1963), 1:43,90.

El presumible duelo en los 1500 m entre Cram y Aouita se difuminaba. Cram se había mostrado en baja forma en la prueba de 800 m, mientras que el marroquí, pese a su indudable éxito, parecía con problemas. Los 1500 m parecían algo desangelados. Sebastian Coe, que se había pasado más de un año lesionado, no hizo la marca mínima dentro del plazo. Los tres medallistas del mundial del año anterior Abdi Bile, González y el estadounidense Jim Spivey (1961) tampoco estaban en los Juegos. Los peores temores se confirmaron cuando Aouita no se presentó a su serie semifinal. Cram, sin embargo, parecía recuperado y entró fácilmente en la final tras ser segundo en su semifinal. Los otros 11 atletas que disputarían la final eran el también británico Peter Elliot (1962), 3:32,94 ese año, 4º en 800, el alemán Jens Peter Herold (1965), 3:33,33, el neerlandés Han Kulker (1959), bronce europeo dos años antes, el veterano Steve Scott, otro veterano, el sudanés Omar Khalifa (1956), otro estadounidense, Jeff Atkinson (1963), el plusmarquista portugués Mário Silva (1961), el irlandés campeón del mundo de 1500 m en sala Marcus O’Sullivan (1961)  y tres kenianos que, en principio, no parecían con posibilidades. Eran Joseph Chesire (1961), 4º en los Juegos de LA84, Kipkoech Cheruiyot (1964), antiguo plusmarquista mundial junior (3:34,92) y el joven Peter Rono (1967), subcampeón mundial junior dos años antes.

Pese a su mala actuación en los 800 m, la carrera parecía buena para que Cram intentase el oro olímpico que faltaba en su palmarés. A priori no había ningún rival inabordable para él, incluso sin estar en perfectas condiciones. O’Sullivan dio paso a una primera vuelta bastante lenta en 59,65, con todos los atletas agrupados. A falta de 800 m, Peter Rono se colocó en cabeza. Nadie pensó, probablemente ni el propio Rono, que ya no se movería de esa posición. Aunque el ritmo no varió en los 800 m, 2:00,31, el keniano fue progresivamente aligerando el paso. A falta de una vuelta el cronómetro marcaba 2:43,03. Rono seguía en cabeza pero apenas nadie se despegaba. El 1200 se pasó en 2:56,69, con el grupo algo más estirado, pero pisando los talones al keniano. Parecía que su aventura tocaba a su fin cuando a falta de 250 m, Elliot, Herold y Cram se le acercaron peligrosamente. En la última recta la impresión era que Rono se difuminaría, pero aún tuvo fuerzas para cambiar de ritmo y hacerse con un sorprendente oro, delante de Elliot, Herold y de Cram, que se quedaba fuera del podio. Estos fueron los resultados:

1 Peter Rono Kenia 3:35.96
2 Peter Elliott Reino Unido 3:36.15
3 Jens-Peter Herold RDA 3:36.21
4 Steve Cram Reino Unido 3:36.24
5 Steve Scott Estados Unidos 3:36.99
6 Han Kulker Países Bajos 3:37.08
7 Kipkoech Cheruiyot Kenia 3:37.94
8 Marcus O’Sullivan Irlanda 3:38.39
9 Mario Silva Portugal 3:38.77
10 Jeff Atkinson United States 3:40.80
11 Joseph Chesire Kenia 3:40.82
12 Omar Khalifa Sudán 3:41.07

 

Había sucedido como en los 800 m. Había ganado un desconocido. Había ganado Peter Rono. ¿Pero quién era Peter Rono? Peter Kipchumba Rono había nacido el 31 de julio de 1967 en un pueblo del Condado Nandi llamado Kamobo, a 40 Km al suroeste de El Doret. Comenzó a hacer atletismo en el Instituto de San Patricio en la localidad keniana de Iten. Siendo junior fue, en 1985, campeón africano de campo a través y subcampeón mundial de 1500 m en 1986, con su mejor marca, 3:45,52, detrás de su compatriota Wilfred Oanda Kirochi (1969). Fue semifinalista en el Mundial de Roma 1987. Se trasladó a Estados Unidos a estudiar en Mount St Mary’s University, en Maryland. El año olímpico fue campeón universitario estadounidense de 800 y 1500 m en sala y de esta última distancia al aire libre. Llegó a Seúl con una mejor marca de 3:35,59 y se convirtió en el ganador más joven de la historia olímpica del kilómetro y medio. Tras los Juegos no volvió a ninguna final de un gran campeonato, aunque solo participó en el Mundial de Toki 1991. Sí que siguió tomando parte en las pruebas universitarias estadounidenses. Su mejor marca de siempre de 1500 m fue 3:34,54 (1989) y 3:51,41 (1991) en la milla. Se retiró en 1993. Posteriormente se graduó en Económicas y fue entrenador en su universidad. En la actualidad trabaja para New Balance.

La victoria de Rono en Seúl marcó el declive europeo y el inicio de la pujanza africana en la prueba de 1500. Desde 1988, tan solo tres europeos, el español Fermín Cacho (1969), oro en 1992 y plata en 1996, el portugués Rui Silva (1976), bronce en 2004, y el francés Mehdi Baala (1978), bronce en 2008, han vuelto a subir al podio olímpico en la otrora prueba reina del atletismo. Si Peter Rono hubiese sido cantante, habríamos dicho que lo de Seúl fue un one hit wonder.

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Carlos Lopes, el último rey del campo a través nacido en Europa (y II)

Mientras Carlos Lopes se hallaba lesionado, había surgido, en Portugal, un nuevo corredor de fondo, Fernando Eugénio Pacheco Mamede (Beja, 1 de noviembre de 1951), que compartía club y entrenador con Lopes. Mamede había hecho la transición del de medias a largas distancias. Era plusmarquista portugués de 800, 1:47,45, y 1500 m, 3:37,98. En 1978 superó el tope nacional de Carlos Lopes de 5000 m, 13:17,78, y en 1980 el de 10 000 m, 27:37,88. En 1981 fue bronce en el Mundial de campo a través.

Contra todo pronóstico y con 34 años, en 1981, Lopes pareció ver la luz al final del túnel. Ese año se aproximó a su mejor marca de 10 000 m, al realizar 27:47,8, en una carrera en la que Mamede, con 27:27,7 hizo la plusmarca europea. Ese año Lopes, iniciaba el camino de sus segunda etapa dorada, que sería mucho mejor que la primera. El 26 de junio de 1982, en los Bislett Games de Oslo, Lopes superaba la plusmarca europea de 10 000 m con 27:24,39, a menos de 2 segundos de la plusmarca mundial del keniano Henry Rono (1952). Unos días más tarde, el 9 de julio, en París, Mamede consiguió recuperar el primado europeo con 27:22,95, a 0,45 de la plusmarca mundial. Ese año, Lopes también mejoró su plusmarca personal en 5000 m con 13:17,28. En el 10 000 del Europeo de Atenas, sin embargo, se vio superado por tres atletas más rápidos que él, el italiano Alberto Cova (1958), el alemán Werner Schildauer (1958) y el finlandés Martti Vainio (1950). Su falta de aceleración final, le hizo pensar en el maratón. Ese año corrió en Nueva York, pero no finalizó tras un accidente con un espectador.

En 1983, en la localidad británica de Gateshead, Lopes conseguía la plata en el Mundial de Campo a través, con el mismo tiempo que el campeón, el etíope Bekele Debele (1963) y el medallista de bronce, el keniano Some Munge (1959-1997). En abril, en el maratón de Rotterdam, se hacía con la plusmarca europea, 2h08:39, 2 segundos detrás del vencedor, el australiano Robert de Castella (1957). El 9 de julio en Oslo realizaba con 27:23,44 su mejor marca personal de 10 000 m, tercera de siempre y mejor de ese año. Sin embargo, la historia del Europeo se volvía a repetir en el Mundial, donde, en en un 10 000 lento, por encima de 28 minutos, solo pudo ser 6º. Probablemente esto hizo que se decidiese por el maratón en los Juegos Olímpicos.

Con 37 años, los Juegos de LA84 serían sus terceros y últimos. En Múnich aún estaba lejos de la élite mundial, en Montreal consiguió su mejor prestación en un gran campeonato de 10 000 m, la medalla de plata. En Moscú 80 no estaba en condiciones físicas, pero desde entonces se había quedado fuera del podio tanto en el Europeo de Atenas 1982 como en el Mundial de Helsinki de 1983. Aunque solamente había acabado un maratón, de los dos que había corrido, se consideraba capaz de ganar el oro olímpico y orientó su preparación para que 1984 fuese la mejor temporada de su vida, como así sucedió.

Tras proclamarse por última vez campeón de Portugal de campo a través, acudió al Mundial de East Rutherford, Nueva Jersey, con la etiqueta de favorito. En una carrera rapidísima de 11 826 m, en un circuito completamente llano, el estadounidense Pat Porter (1959-2012), tomó la cabeza desde el inicio, con pases de 2:41, 5:25, 8:17 y 14:03. En el 6º Km Porter seguía en cabeza con tan solo otros tres atletas, Lopes, el inglés Tim Hutchings (1958) y el galés Steve Jones (1955), quien se quedó ligeramente en el 7º Km. Lopes cambió de ritmo a los 9,5 Km. Pasó el 10º Km en 28:28 y el 11ºen 31:16, para acabar en 33:35, 5 segundos más rápido que Hutchings y 7 que un recuperado Jones, quien dejó sin medalla a Porter.

La temporada al aire libre de Lopes comenzó con el maratón de Rotterdam donde abandonó en el Km 30. Posteriormente declararía que esto formaba parte de su preparación para el maratón olímpico. El 28 de junio, en Oslo, mejoró con 13:16,38 su marca de 5000 m. Unos días después, el 2 de julio, en Estocolmo, se convirtió junto con Mamede en protagonista del mejor 10 000 hasta entonces. Los dos portugueses salieron decididos a superar, de una vez, la plusmarca mundial de Rono de 27:22,5. Los primeros kilómetros no movían al optimismo, pues se pasó el 3000 en 8:16,41 (2:49,40, 2:45,05, 2:41,96), más lentos que Rono, 8:13,6. La mitad de carrera se cruzó en 13:45,40, ya más rápido que Rono, 13:49,0, pero aún a ritmo 8 segundos por encima de la marca del keniano. A falta de 3 Km, Lopes dio un tremendo cambio, que lo dejó solo en cabeza a falta de 1 Km, pues Mamede estaba a más de 15 m. Este, sin embargo, se acabó recuperando y pasando a su compatriota con un último Km en 2:30 y una última vuelta en 57,5. Su tiempo final fue 27:13,81. Lopes también superó la anterior plusmarca de Rono, con 27:17,48.

La final olímpica de maratón tendría lugar el último día de la competición, el 12 de agosto, a las 17:15, con una temperatura de 30º. El ritmo inicial fue prudente, con pases de 15:34, 31:12, 46:00 y 1h01:26 los 20 Km. En aquellos momentos el grupo era compacto, con Lopes muy atento a la cabeza pero siempre en un segundo plano. A partir del Km 25 el grupo fue perdiendo unidades. En el Km 30, 1h33:02, resistían 12 atletas en la cabeza, que lideraba el británico Charles Spedding (1952). En el Km 35, liderado por el tanzamo Juma Ikangaa (1957) el grupo se había reducido a 7 hombres. Lopes, siempre bien resguardado, no había tomado la cabeza en ningún momento. En ese momento Spedding volvió a colocarse en la cabeza, aunque solo consiguió descolgar a un atleta. A falta de 4 Km, Lopes cambió de ritmo y se fue irresistible hacia la meta, a mucha distancia de Spedding y del irlandés John Treacy (1957), que se quedaron solos en la 2ª y 3ª posiciones. Lopes pasó el Km 40 en 2h02:56, 22 segundos por delante de sus perseguidores. El tramo entre los 35 y los 40 se había corrido en 14:33. El portugués cruzó la línea de meta en 2h09:21, nueva plusmarca olímpica. Treacy fue plata con 2h09:56 y Spedding bronce con 2h09:58.

Lopes volvió a Portugal convertido en un héroe nacional. Uno de los muchos honores que recibió ese año, de manos del Rey de España Juan Carlos I, fue el trofeo al mejor deportista mundial otorgado por la Unión de Periodistas Deportivos de España. Terminó esa magnífica temporada siendo testigo de la plusmarca mundial de maratón, establecida por el galés Steve Jones en un día de temporal en Chicago, con 2h08:05. Lopes fue 2º con 2h09:06.

Al portugués aún le quedaba una gran temporada más. En 1985 el Mundial de Campo a Través tendría lugar en Lisboa. Fernando Mamede, tras su decepcionante actuación en LA84, donde abandonó en la final de 10 000 m, trataba de reivindicarse con una buena actuación en el Mundial. Se convirtió en favorito tras derrotar al Lopes en el campeonato nacional de Portugal. Pero a la hora de la verdad, Lopes no dio opción. En un circuito llano, de 12 190 Km, Mamede salió en cabeza con un ritmo rapidísimo, 2:28 el primer Km. Lopes, inicialmente en puestos secundarios, fue progresando. A falta de poco más de 2 Km, mientras Mamede iba cediendo, se ponía en cabeza hasta obtener una gran victoria, por delante del keniano Paul Kipkoech (1963-1995) y el etíope Wodajo Bulti (1957). Mamede ocupó la 11ª posición. Lopes se convertía en el primer ganador de tres oros en el Mundial de campo a través y en el último atleta nacido en Europa en hacerse con esta competición.

Menos de un mes después, el 20 de abril de 1985, Lopes volvía a Rotterdam, a disputar su 6º maratón, esta vez con intención de terminarlo con plusmarca mundial. Lo consiguió, convirtiéndose en el primer atleta en bajar de 2h08:00. Su tiempo de 2h07:12 se acercaba a la barrera de 3 minutos por Km, con un ritmo de 3:00,87.

Esta fue su última temporada en la élite, aunque siguió corriendo hasta los 40. Más de 30 años después de su retirada continúa siendo, junto con Rosa Mota (1958), el mejor atleta portugués de la historia. Cuando parecía que, con más de 30 años y lesionado, ya había dado lo mejor de sí, resultó que lo mejor estaba por llegar.

Carlos Lopes, el último rey del campo a través nacido en Europa (I)

Não, eu não sou o favorito. O favorito é Mamede, Con estas palabras, Carlos Lopes, campeón mundial de campo a través y olímpico de maratón, se quitaba la presión de la prensa de encima. Los portugueses querían un ganador local en el campeonato del mundo de campo a través que se celebraba en Lisboa en 1985. Mamede había derrotado a Lopes en el campeonato de Portugal y este, hábilmente, dejó que toda la presión fuese para su compañero de club y de entrenamientos, cuya relación con la alta competición era complicada. Lopes venía de hacer, con 37 años, la mejor temporada de su vida con el Mundial de cross y el oro en el maratón olímpico de LA84 y aún le quedaba otra temporada excepcional.

Carlos Alberto de Sousa Lopes había nacido el 18 de febrero de 1947 en Vildemoinhos, Viseu, una localidad a 105 Km al SE de Oporto. Era el mayor de 7 hermanos, de una familia humilde, y tuvo que dejar de estudiar para desempeñar diversos oficios, entre ellos el de tornero mécánico. Comenzó a practicar atletismo en 1965 y en 1966 tomó parte en su primera competición internacional, el cross de las Naciones, categoría junior (sub20), donde fue 25º. Ese año se proclamó campeón de Portugal de 3000 m, en categoría junior, lo que hizo que el Sporting Clube de Portugal se fijase en él. Le ofrecieron irse a Lisboa a entrenar con el Prof Mário Moniz Pereira (1921-2016). El joven Carlos aceptó y comenzó una fructífera relación con el mejor entrenador de Portugal, quien lo acabaría convirtiendo en uno de los mejores corredores de fondo de la historia.

Los éxitos de Lopes comenzaron en el campo a través, modalidad en la que consiguió 10 títulos nacionales, en 1970-1974, 1976-1978, 1982 y 1984. En pista su primera plusmarca nacional fue en 10 000 m en 1971, 29:28,0. Ese año acudió al campeonato de Europa, donde el finlandés Juha Väätäinen (1941) hizo un extraordinario doblete en 5000 y 10 000 m. El joven portugués no tuvo una buena actuación. Fue el 33º y último en los 10 Km, a más de 2 minutos del vencedor. Su rendimiento en los Juegos Olímpicos de Múnich, al año siguiente, fue mucho mejor, pues consiguió mejorar su marca en 10 000 hasta 28:53,6, si bien no le sirvió para entrar en la final. Igual suerte corrió en los 5000 m, distancia en la que acreditaba 13:46,8, también plusmarca nacional.

En los 4 años siguientes, la progresión de Lopes lo transportó a la élite mundial. En el Europeo de 10 000 m de 1974, problemas físicos lo llevaron a abandonar, pero en 1976, año olímpico, era uno de los favoritos para las medallas en los 10 Km. En 1975 había conseguido facilidades en su trabajo como bancario para hacer doble sesión de entrenamiento y eso había mejorado notablemente su rendimiento. Comenzó la temporada de 1976 haciéndose con el campeonato del mundo de campo a través. Su mejor puesto anterior había sido el 25º en 1973. En la localidad galesa de Chepstow se impuso con solvencia a los ingleses Tony Simmons (1948) y Bernie Ford (1952). Poco antes de los Juegos, bajaba por primera vez de 28 minutos en 10 000 m, 27:45,71, mejor marca del año en aquel momento. También, con 13:24,0 realizó marca personal en 5000 m. En los Juegos de Montreal, se enfrentaba al finlandés Lasse Virén (1949), dispuesto a impedir que este repitiese el doblete de Múnich. Lopes se impuso fácilmente en la primera serie semifinal con 28:04,53. En la final, sin embargo, Virén se mostró superior. Lopes se colocó en cabeza con 3200 m de carrera, dando paso al primer 5000 en 14:08,94. Fue descolgando a todos sus rivales, menos al finlandés, que lo superó a falta de 440 m y se hizo con el oro en 27:40,38. Lopes fue plata con 27:45,17, mejor marca personal. La falta de aceleración final del portugués condicionó sobremanera su prestación en los grandes campeonatos en 10 Km.

Poco después de la final olímpica, Lopes mejoró en Estocolmo su marca personal hasta 27:42,65, 6ª mejor marca de siempre en aquel momento. Los éxitos del portugués parecían continuar en 1977. Se proclamó por primera vez campeón de Europa de campo a través por clubes con el Sporting de Lisboa, y, aunque no pudo revalidar su título mundial, consiguió una excelente plata en el Mundial celebrado en Düsseldorf. Sin embargo, se perdió la temporada al aire libre a causa de problemas físicos, que lo perseguirían durante varios años. En 1978 consiguió el título portugués de campo a través y posteriormente el de 10 000 m, pero su rendimiento era muy irregular. Abandonó en los Mundiales de campo a través en 1978 y 1981. En 1980 fue 26º. Se perdió el campeonato de Europa de 1978 y los Juegos de Moscú 1980.

Pasada la treintena, daba la sensación de que el cuerpo del atleta de Viseu ya no estaba en condiciones de volver a la élite. Sin embargo, Lopes acabaría teniendo una segunda época dorada en la que sus logros serían mucho mejores que en la primera.

 

 

 

 

 

 

El papel fundamental del entrenador en el atletismo

Probablemente no se podría entender a Herb Elliot sin Percy Cerruty, a Peter Snell sin Arthur Lydiard, a Steve Ovett sin Harry Wilson o a Sebastian Coe sin Peter Coe. En nuestro ámbito más cercano, ocurre lo mismo con Manolo Martínez y Carlos Burón o Ruth Beitia y Ramón Torralbo. ¿Quién atrae practicantes de un deporte extremadamente duro? ¿Quién detecta los talentos? ¿Y quién convierte las promesas en realidades? El entrenador tiene un papel fundamental en el atletismo, pero, como sucede con los maestros o con los médicos de atención primaria, ni social ni económicamente están reconocidos como deberían.

La experiencia vital del atleta es inevitablemente corta, en muchas ocasiones insuficiente para darse cuenta de que solo con su talento no puede sacar lo mejor de sí mismo. Allá por los años 80, cuando el adolescente que era entonces quien esto escribe comenzó a entrenar en la escuela de atletismo de la Universidad de Santiago de Compostela, el estadio de la Residencia rebosaba de atletas. Los máximos responsables eran 4 profesores de Educación Física que por nada o casi nada se dejaban 2 o 3 horas de su tiempo de ocio todos los días. Su labor comenzaba con la promoción del atletismo en sus respectivos centros de enseñanza y se continuaba en el estadio donde la misma persona podía entrenar a un lanzador de martillo de más de 60 m, un saltador de altura de más de 2,05 m o un corredor de fondo de menos 13:40,0. Detrás de esto, además de un entusiasmo desbordante, había mucho tiempo de formación y de dedicación, mucho más en los concursos donde cada detalle cuenta para perfeccionar una técnica que nunca es perfecta pero siempre mejorable.

El futuro atleta llega al atletismo solo con su talento que, como el temperamento, es estrictamente individual. Convertir el talento en excelencia no es una tarea fácil. El talento no es modificable. La capacidad y la motivación para soportar enormes cargas de trabajo y para mantener la cabeza fría sí lo son. El camino es muy duro, y muchos no son capaces de recorrerlo. Tal vez las lesiones les limiten su capacidad para afrontar trabajos físicos exigentes. Quizá no estén dispuestos a hacerlo, o no se lo permitan sus circunstancias personales. Puede que no soporten la presión de la competición. Algunos, sin embargo, sí lo consiguen, pero no lo hacen solos. Tienen detrás a muchas personas entre las que destaca el entrenador, el que tiene que diseñar y adaptar una programación tanto a corto como a largo plazo, el que tiene que explicar que el atletismo no es como la canción de Queen, I want it all and I want it now, el que en los malos momentos, que abundan, da una mano amiga, o frena la euforia en los buenos, el que pelea para que otros intereses no interfieran con el interés deportivo y el que, en definitiva, ayuda al atleta a que comprenda la esencia del atletismo y lo que ello supone en la vida de una persona.

Es cierto que hay atletas que, en una determinada época, se hacen sus propios planes, pero inevitablemente, para llegar a esa situación tuvieron que aprender de alguien. Un atleta no va sin entrenador, igual que una orquesta no va sin director. Si un país quiere tener buenos atletas, tiene que cuidar a los entrenadores. La ciencia del deporte se ha hecho demasiado compleja. El atleta no se puede permitir el lujo de renunciar al conocimiento. Estaría en franca desventaja ante sus rivales, de modo que potenciemos al entrenador. No hay alternativa.

Husillos y el exceso de celo

Las leyes, igual que los libros de Medicina, tratan de hacer la mejor generalización de muchos casos particulares. Pero, del mismo modo que los problemas de cada paciente deben gestionarse de forma individual, en el ámbito normativo debería también analizarse caso por caso. Ayer, tras haberme quedado absolutamente sorprendido por la exhibición de Óscar Husillos, pensé, durante unos minutos, que hoy estaría escribiendo sobre la progresión de la plusmarca europea de 400 m en sala. Desgraciadamente mi texto de hoy es para poner sobre la mesa que el exceso de celo normativo puede acabar con el espectáculo atlético que continuamente Lord Coe, en su calidad de Presidente de la IAAF, trata de buscar. No hace mucho escribí sobre el, indebido, protagonismo de los jueces, afortunadamente excepcional. Desde hoy tendré que añadir lo sucedido ayer.

Con el reglamento en la mano, el invadir la línea interna de la curva sin ser desplazado es motivo de descalificación. La norma es taxativa, no especifica ni cm ni tiempo, por lo tanto es suficiente 1 mm 0,01 s. Con esto podríamos terminar el debate, pero también podemos plantear una cuestión. ¿Se tipifican las infracciones porque sí o para evitar que el infractor se beneficie? Si son para evitar que el infractor se beneficie, ¿tiene sentido aplicarlas cuando no hay beneficio alguno? Es más, probablemente Husillos no solo no se benefició, sino que el pisar la línea con el pie derecho probablemente le obligó a girar su cuerpo hacia el mismo lado para no salirse de la línea, con la consiguiente pérdida de alguna centésima. Tampoco ayudaba una pista con curva de doble radio, que empuja al atleta hacia dentro a la salida de la curva.

Habitualmente la aplicación que se hace de las normas es razonable. A menudo vemos salirse brevemente en las curvas a atletas en carreras de fondo lentas, como sucedió en el Mundial de Londres con Mo Farah, pero se asume que es involuntario y que no beneficia en absoluto al corredor, más bien todo lo contrario. Si se aplicase de forma estricta el reglamento en el tema de los contactos y obstrucciones, en ocasiones tendríamos campeón de 800 o 1500 m sin necesidad de disputar la final. Sin embargo, en este campeonato, se ha decidido obviar el espíritu del reglamento y aplicarlo al pie de la letra. La consecuencia ha sido que se ha anulado la mejor carrera del campeonato, el mejor 400 de la historia de los campeonatos y la plusmarca europea de un plumazo. Deben ser las últimas directrices de la IAAF para fomentar el espectáculo tras la retirada de Usain Bolt.

Hay quien compara esta descalificación con la de Natalia Rodríguez en la final de los 1500 m del Mundial de Berlín 2009 tras haber cruzado la meta en primer lugar. En mi opinión no son comparables, pues mientras Husillos ni se beneficia ni perjudica a nadie, el adelantamiento interior de Rodríguez, una maniobra irregular, hace que una atleta tropiece y se vaya al suelo.

La descalificación de Husillos me recuerda, por su injusticia, a la del obstaculista keniano Ezekiel Kemboi en los Juegos de Río. 60 años antes, en los Juegos de Melbourne, los propios rivales de Chris Brasher se negaron a que fuese descalificado tras ganar el oro en obstáculos, también por exceso de celo.

Por cierto, al margen de la estricta aplicación del reglamento, la IAAF tampoco ha respetado las formas, entregando las medallas de la prueba de 400 m antes de comunicar oficialmente el rechazo del recurso de la Federación Española. Quizá también debían haber publicado al fotografía al tiempo que anunciaban por primera vez la descalificación. Cierto es que una vez constatada la infracción, había poco lugar al recurso pero ¿de verdad era necesario analizar el vídeo con microscopio?

No veo a la IAAF por buen camino y no solo por el asunto Husillos. Se entiende poco que las marcas mínimas para los concursos solo estén al alcance, literalmente, de 4 y haya que recurrir a la repesca. Por ejemplo en triple salto femenino, la mínima era 14,30 m. Hubo de repescarse, con 14,23 m, a Ana Peleteiro que finalmente fue bronce. Tampoco se comprende que en los concursos no se permita el 6º intento del 5º al 8º clasificado. Como bien dice el explusmarquista español de salto con pértiga, Alberto Ruiz, es como si en un 1500 no se permitiese disputar la última recta a los que ocupan la posiciones a partir de la 5ª.

Al margen de la polémica descalificación de Husillos y a falta de la jornada de hoy, las luces que veíamos algunos en el atletismo español tras el Mundial de Londres parece que se materializan. El Europeo de Berlín del verano será una buena ocasión para confirmarlo.

Dave Wottle, modelo de estadounidense para el Vicepresidente Agnew

Una de las carreras emblemáticas de la historia de los Juegos Olímpicos fueron los 800 m de Múnich 1972. Tanto por la forma de ganarlos, como por la personalidad del ganador, el estadounidense Dave Wottle, esta prueba ha permanecido en el recuerdo de los aficionados desde entonces.

David James Wottle nació en Canton, el 5 de agosto de 1950. Entonces esta ciudad de Ohio tenía 115 000 habitantes, hoy tiene 73 000. De niño su constitución era algo débil, por lo que su médico le recomendó hacer ejercicio. De modo que el joven Dave comenzó a practicar atletismo, si bien con una preparación poco rigurosa. Ello hizo que no destacase hasta que cambió su método de entrenamiento, al llegar a la Bowling Green State University, en el propio estado de Ohio, en 1969. En 1970 este cambio ya daba sus frutos. Fue segundo en la milla del campeonato universitario de Estados Unidos (NCAA), detrás de Marty Liquori (1949), acreditado entonces en 3:57,6. Wottle acabó la temporada con 3:59,8 en la milla y 1:47,1 en los 800 m. No pudo continuar su progresión en 1971, pues las lesiones se cebaron con él y apenas pudo entrenar.

El año olímpico de 1972 parecía, sin embargo, que sería diferente. Tras una buena preparación invernal, Wottle ganaba a principios de temporada el 1500 del campeonato universitario con 3:39,7. Entonces se disputaba la milla, salvo en los años olímpicos que se corrían 1500 m. Poco después fue campeón nacional de 800 m con 1:47,3. En las pruebas de selección olímpica decidió tomar parte tanto en los 800 como en el kilómetro y medio, aunque consideraba las dos vueltas solo una forma de ganar velocidad de cara a la prueba más larga. La final de los 800 m tenía lugar el 1 de julio. Allí estaba Wottle, tras una semifinal muy disputada. Con poca experiencia en esta prueba y con rivales como un renacido Jim Ryun (1947) o Rick Wohlhuter (1948), el de Ohio no se encontraba entre los favoritos. La carrera resultó superlativa. Tom Fulton (1951) impuso un ritmo rapidísimo con pases de 25,2 y 52,0. Wottle era 6º, con 52,9. A falta de 300 m Ryun dio un fuerte cambio, con un 100 en 11,5. Solo Wottle y Ken Swenson (1948) conseguían aguantar el ritmo, si bien este último perdía contacto en la última curva. Ryun y Wottle llegaron juntos a la última recta, donde Wottle se colocaba en cabeza, mientras Ryun perdía posiciones. Wottle se impuso con 1:44,3, tiempo que igualaba la plusmarca mundial que compartían el neozelandés Peter Snell (1938) y el australiano Ralph Doubell (1945). Wohlhuter remontó hasta la segunda posición, 1:45,0, mientras Swenson era tercero, 1:45,1. Ryun, con unos excelentes 1:45,2, tiempo que acabaría siendo el 5º mejor del mundo esa temporada, se quedaba fuera de los Juegos en las dos vueltas. Se impuso fácilmente en los 1500 m, una semana después, con Wottle segundo.

Un resumen de la carrera a partir del minuto 6:48.

Con la gorra de golf que lo haría famoso, Wottle se había convertido en coplusmarquista mundial, corriendo la prueba de forma atípica, con parciales de 52,9 y 51,4, con una sorprendente mejoría de 2,8 respecto a su marca previa. Unos días después el 15 de julio, en contra del criterio del cuadro técnico olímpico estadounidense, Wottle se casó y se fue 5 días de luna de miel. Reanudó los entrenamientos el 20 de julio, pero poco después se vio mermado por una tendinitis. Las eliminatorias de 800 m de los Juegos tenían lugar el 31 de agosto. Wottle se presentó en la línea de salida, sin conocer muy bien su estado físico. Pese a su registro, no contaba entre los máximos favoritos, pues su experiencia competitiva fuera de su país era nula. La prueba, no obstante, se presentaba muy abierta.

Se disputaban 7 series clasificatorias. Estarían en las semifinales los tres primeros de cada una y 3 tiempos. Wottle superó la ronda sin problemas al ser segundo con 1:47,4 en la cuarta serie. Wohlhuter no se clasificó por centésimas, lo mismo que el futuro plusmarquista mundial de 10 0000,  el portugués Fernando Mamede (1951). Al día siguiente, 1 de septiembre, tuvieron lugar las 3 semifinales. Wottle ganó la segunda, con 1:48,7. El tiempo más rápido correspondió al ganador de la tercera, el Keniano Mike Boit (1949), con 1:45,9, su mejor marca. El español Manuel Carlos Gayoso (1944) fue 5º en esta semifinal, con 1:47,7. Globalmente sería el 9º mejor atleta de esta prueba, puesto que igualaría Tomás de Teresa (1968) 20 años después en Barcelona.

La final tuvo lugar el sábado 2 de septiembre, tercera carrera en 2 días. Wottle parecía que llegaba en buena forma, pero en ambas rondas había empleado la misma táctica, primera vuelta en la cola de la carrera y remontada en la segunda. La final no iba a ser menos. Con 100 m de competición, el estadounidense ocupaba la última posición a unos 10 metros del penúltimo. Robert Ouko (1948) lideraba un compacto paquete de atletas al paso por la meta en 52,3, con Wottle último cerca del grupo. A falta de 250 m, el ucraniano, entonces soviético, Yevyeniy Arzhanov (1948) se colocaba en cabeza. En la recta de enfrente, el hombre de la gorra pasaba del 8º al 6º puesto y conseguía entrar 4º en la recta final detrás del ucraniano, que parecía imparable hacia el oro, y de los dos kenianos, Ouko y Boit. Pero en los últimos 40 metros fue superando rivales hasta la misma línea de llegada, en que doblegó a Arzhanov por apenas 0,03, quien exhausto perdía el equilibrio.

El ucraniano declaró Resulta decepcionante perder en la última zancada por una distancia no mayor que tu nariz. El margen, efectivamente, fue muy estrecho, 1:45,86 para Wottle, 1:45,89 para el soviético. Boit se colgó el bronce con 1:46,01. Wottle estaba exultante. Había preparado el 800 con vistas al 1500 y se había convertido en plusmarquista mundial y campeón olímpico, tras molestos problemas físicos. Tal era su alegría que olvidó quitarse la gorra mientras sonaba el himno de su país en el podio. En los convulsos años 70, con la guerra de Vietnam y el antecedente de Smith y Carlos en México, muchos interpretaron aquello como un signo de protesta, lo que obligó al atleta a pedir disculpas públicamente. Recibió numerosas muestras de apoyo, incluso un telegrama del entonces Vicepresidente de su país, Spiro Agnew (1918-1996) que decía Con o sin gorra, usted es mi modelo de estadounidense. Tras su éxito en las dos vueltas, Wottle trató de repetir en el kilómetro y medio, sobre el papel su mejor prueba, pero, demasiado confiado, repitió la táctica de los 800 m y se quedó fuera de la final por un margen similar al que le permitió ser oro olímpico.

La carrera atlética de Wottle tan solo abarcó dos temporadas más. En 1973 fue subcampeón de Estados Unidos de 800 m con 1:46,2, detrás de Wohlhuter y mejoró sus registros de 1500 m, 3:36,2, y de la milla, 3:53,3. Se hizo profesional en 1974, pero se retiró poco después. Tras dejar la competición se hizo entrenador y se dedicó a la gestión de instituciones universitarias. Pese a que su permanencia en la élite del atletismo fue corta, la forma en que consiguió su victoria en Múnich, junto con el olvido en el podio hacen de Wottle un atleta cuyo logro sigue muy presente casi 46 años después.

Mohamed Gammoudi, protagonista en tres Juegos Olímpicos

Hoy, 11 de febrero, cumple 80 años uno de los mejores corredores de fondo de siempre, el tunecino Mohamed Gammoudi. Poco preocupado por las plusmarcas mundiales, incluso personales, Gammoudi fue un magnífico competidor, ganador de 4 medallas olímpicas en tres ediciones diferentes, Tokio 1964, México 1968 y Múnich 1972. Previamente solo el finlandés Paavo Nurmi (1897-1973), con 12 medallas, 9 de oro, entre 1920 y 1928, y el sueco Edvin Wide (1896-1996), con 5 bronces y una plata en el mismo período, habían logrado preseas en tres ediciones de los Juegos. Posteriormente de uniría el campeón olímpico de maratón de 2016, Eliud Kipchoge (1984), que añade a su oro en río, un bronce en 2004 y una plata en 2008, ambas en 5000 m.

Mohammed Tlili ben Abdallah, más conocido como Mohamed Gammoudi, nació el 11 de febrero de 1938 en Sidi Aïch, una pequeña localidad tunecina 315 Km al sur de la capital. Militar de profesión, comenzó a practicar atletismo a las órdenes del comandante Hassine Mamouda. Inicialmente destacó en campo a través, pero pronto empezó a hacerlo también en pista. En 1963 se hizo con el oro en los Juegos del Mediterráneo en las pruebas de 5000 y 10000 metros. También ese año se impuso en el 5000 de la última edición de los Juegos de la Amistad, precedente de los Juegos Africanos.

En 1964, Gammoudi acudiría a sus primeros Juegos Olímpicos, a Tokio, pero antes, en agosto, compitió en los Juegos Mundiales Militares, que tuvieron lugar en el estadio de Riazor, en La Coruña, donde se impuso en los 5000 m. El español Javier Álvarez Salgado (1943), que en unos años se convertiría en un duro rival para el tunecino, se hizo con el oro en los obstáculos en la misma competición. En la capital de Japón, el tunecino tomaría parte en los 5 y 10 Km en pista. Esta última prueba se celebró en primer lugar, final directa con nada menos que 38 corredores en liza. Los favoritos eran el plusmarquista mundial, 28:15,6, el australiano Ron Clarke (1937-2015), el campeón olímpico 4 años antes y explusmarquista mundial, 28:18,2, el ruso, entonces soviético, Piotr Bolotnikov (1930-2013) y el oro olímpico de 5000 m en Roma 1960, el neozelandés Murray Halberg (1933). Gammoudi, con una plusmarca personal de 29:34,2, no contaba. Imponiendo un ritmo rápido, Clarke fue descolgando a todos los favoritos y se encontró en la última vuelta acompañado de dos corredores que a priori no parecían tener opciones, Gammoudi y el marino estadounidense de origen sioux Billy Mills (1938). En una complicadísima última vuelta, con muchos corredores doblados y en la que el australiano y el tunecino rozaron la descalificación, saltó, finalmente,  la sorpresa con la victoria Mills en unos excelentes 28:24,4. Gammoudi se hizo con la plata, con una nueva plusmarca africana de 28:24,8, 1:10 menos de su registro previo, que sería su mejor tiempo hasta 1972. Clarke fue tercero, 28:25,8. Sorprendentemente esta sería la única medalla olímpica de su brillante carrera.

Tras el éxito en la prueba larga, Gammoudi se impuso en su serie semifinal de 5000 m, pero alguna misteriosa razón le impidió correr la final, en la que se impuso el estadounidense Bob Schul (1937) y en la que el gran favorito, el francés Michel Jazy (1935), se quedó fuera del podio.

En los años siguientes continuó con buenas actuaciones. En 1965 fue bronce en el cross de las naciones, antecedente del campeonato del mundo. Ese año, con 13:44,2, superó la plusmarca africana del keniano Kip Keino (1940). Este la recuperaría en 9 días. En 1966 regresó al escenario de uno de sus primeros éxitos, el estado Riazor, donde se celebraban simultáneamente en Gran Premio de La Coruña y el Critérium Mundial Militar. Gammoudi se impuso en los 10000 y en los 5000 m, en la primera prueba con su segunda mejor marca de entonces, 28:40,6. En 1967, renovó sus oros de 5000 y 10000 m de los Juegos Mediterráneos, que tuvieron lugar en la capital de su país.

El año olímpico de 1968 comenzó muy bien para el tunecino. Nuevamente en la capital de su país, se hizo brillantemente con el oro en el Cross de las Naciones, por delante del maratoniano británico Ron Hill (1938). Los Juegos Olímpicos tendrían lugar en la Ciudad de México, a más de 2000 m de altitud. Gammoudi, tras unos excelentes 13:30,8 en 5000 m a principios de junio, se concentró en Font Romeu, en el Pirineo francés para aclimatarse a la altitud de la capital mexicana y tratar de competir con los africanos de la antiplanicie. El objetivo volvían a ser los 5 y 10 Km en pista, donde se enfrentaría a los kenianos Kip Keino, 13:24,2 y 28:06,4, y Naftali Temu (1945-2003), 13:37,6 y 28:27,4, el etíope Mamo Wölde (1932-2002), 28:31,8, 4º en Tokio, el plusmarquista y campeón europeo de 10000 m, el alemán Jürgen Haase (1945), 28:04,4, y al estratosférico plusmarquista mundial de ambas distancias, Ron Clarke, 13:16,6 y 27:39,4. La final de 10000 m, con 37 participantes, se celebraba en primer lugar. La altitud se hizo notar y el ritmo resultó muy lento. A falta de poco más de 1 Km, Keino abandonaba aquejado de un cólico biliar. Tras una penúltima vuelta en 1:04, los últimos 400 m fueron un mano a mano entre Wolde y Temu, con victoria de este último, 29:27,4 y 29:28,0. A cierta distancia Gammoudi resistía el ataque del corredor local Juan Martínez (1947) y conseguía mantener el bronce, 29:34,2 y 29:35,0.

A excepción de Martínez, que rindió de forma excepcional, la actuación de los corredores no africanos estuvo muy por debajo de sus posibilidades con Clarke en 6º lugar, 29:44,6, y Haase 15º, 30:24,2. El australiano necesitó asistencia médica tras colapsarse, una vez cruzada la línea de meta.

La final de 5000 m, a la que Gammoudi accedía tras ser segundo en la primera semifinal, se presentaba como una suerte de revancha de los 10 Km, con casi los mismos protagonistas. En la línea de salida estaban Keino, contra el criterio médico, Temu, Martínez o Clarke. Faltaba Wolde, que no se presentó en la final tras haber ganado su clasificación. Esta vez la pelea por el oro fue entre el tunecino y un recuperado Keino, con victoria de Gammoudi en 14:05,0, 0,2 más rápido que Keino. Se corrió el último 400 en 54,8. El bronce fue para Temu. Juan Martínez repitió el 4º puesto del 10000, mientras Clarke, afectado por la altitud, fue 5º.

En los años siguientes a los Juegos de México, el rendimiento de Gammoudi, ya en la treintena, parecía declinar. No pudo revalidar el oro en su competición favorita, los Juegos del Mediterráneo, al verse derrotado por Javier Álvarez Salgado en los 5000 m y abandonar en los 10000 m en la edición de 1971. Sin embargo, al año siguiente, ya con 34, parecía en su mejor forma y en condiciones de volver a asaltar el podio olímpico en los Juegos de Múnich. Con 50 corredores en los 10000 m, por primera vez desde 1920 se celebrarían semifinales, en concreto 3. Gammoudi se impuso en la segunda con unos excelentes 27:54,69, su mejor marca de siempre. Lo que podría haber hecho en la final nunca lo sabremos, pues se vio envuelto en una caída con el finlandés Lasse Virén (1949), pero mientras este se recuperó y logró el oro con plusmarca mundial, el tunecino se llevó la peor parte y abandonó.

Sin embargo, 4 días más tarde sí pudo tomar la salida en la primera serie semifinal de 5000 m, en la que se impuso con 13:49,8. Estaba en condiciones de conseguir por primera vez repetir oro olímpico en 5000 m. Sus rivales serían, además de Viren, acreditado en 13:19,0,  Dave Bedford (1949), que poseía la mejor marca de los participantes, 13:17,2 y el estadounidense Steve Prefontaine (1951-1975), 13:22,8 . Los primeros 3000m se corrieron no muy rápido en 8:20,2 (2:46,4, 5:32,6). Cuando iban 3400m el estadounidense Prefontaine rompía la carrera con 400 sucesivos en 1:02,5, 1:01,2 y 1:00,3. A falta de 1000m se había seleccionado un grupo formado por el propio Prefontaine, Virén, el británico Ian Stewart (1949), el belga Emiel Puttemans (1947) y Gammoudi. En la última vuelta cambió Viren que se colocó en cabeza, llevándose consigo Gammoudi, que lo sobrepasó en la contrarrecta. Prefontaine aguantaba en la cabeza, que ya se había separado del resto de los corredores. En la última recta Virén aceleró con fuerza y se hizo con el oro, 13:26,4, por delante de Gammoudi, 13:27,4, y de Stewart, 13:27,6, que adelantó a falta de 20m a un desfallecido Prefontaine. Virén cubrió el último 1500 en 3:44,6, el último 1000 en 2:26,2 y la última vuelta en 56,0. El tiempo del tunecino fue su mejor marca de siempre.

Con 34 años, Gammoudi había corrido más rápido que nunca en sus dos pruebas favoritas. Nunca dio el salto al maratón. Además acreditó 3:41,9 en 1500 m y 7:50,2 en 3000 m. Siguió compitiendo hasta 1976, año en el que aún fue capaz de correr los 10000 m en 28:14,2, poco antes de los Juegos de Montreal. Su objetivo de ser olímpico por cuarta vez ser frustró debido al boicot africano en protesta por la disputa de un torneo de rugby en Suráfrica, entonces apartada de las competiciones dadas sus políticas racistas, por el equipo neozelandés. Se retiró esa misma temporada. Continuó en el ejército hasta 1999 con el grado de comandante. Posteriormente formó parte como técnico y directivo de la federación de atletismo de su país.

Felicidades a este extraordinario corredor de fondo el día de su octogésimo aniversario.

¿Por qué hacemos atletismo?

Ya es un mundo perdido, pero aún disfruto yendo a correr a la pista de mi barrio e imaginándome cuando me falta media vuelta para terminar que estoy volviendo a correr los últimos 200 metros de la mejor época de mi vida.

Esta frase es de Tom Courtney (1933), campeón olímpico de 800 m y relevo 4 x 400 m en los Juegos de Melbourne en 1956. La pronunció en 1976, hace más de 42 años. y resume perfectamente la relación vital entre el atletismo y el atleta. Es lo que hace que quien esto escribe siga soñando con atletismo 25 años después.

Cuando alguien ajeno a este deporte te pregunta qué te motiva a hacer atletismo, no es fácil encontrar las palabras para expresar lo que sentimos. ¿Cómo se puede explicar el esfuerzo de noches de invierno en un parque embarrado? ¿O los días de verano, sin vacaciones, cuando el calor no cede ni aunque se ponga el sol? ¿Cómo se pueden explicar el dolor, la agonía, el esfuerzo diario incondicional?

No hay una sola respuesta. Probablemente dependa de las vivencias de cada uno. Atribuirlo solamente a la secreción de endorfinas se queda demasiado corto. Quizá una motivación muy importante es el descubrimiento de que el esfuerzo te hace mejor. Quien es capaz de tener constancia y disciplina en los programas de entrenamiento y en el esfuerzo acaba consiguiendo metas que consideraba impensables. Es difícil explicar la sensación de bienestar que produce poder correr cada vez más rápido si no se ha vivido. Una de las ventajas del atletismo es que el rival es uno mismo. Es al yo de años anteriores al que hay que superar. Cada uno tiene su límite, que puede ser, refiriéndose, por ejemplo, al 1500, 4:00, 3:50, 3:40 o 3:30. El objetivo tiene que ser superar este límite. Solamente en el último caso equivale a adquirir un pasaporte olímpico. Pero el atletismo es mucho más que eso. También lo es superar cualquiera de los otros límites y la satisfacción es más proporcional a las expectativas que al tiempo conseguido.

Como en cualquier otro deporte quien lo practica suele adquirir una serie de hábitos saludables y una serie de valores como la disciplina, el sacrificio, la resistencia al dolor la perseverancia o la consecución de objetivos a largo plazo, que pueden ser muy útiles cuando se aplican a otros campos. Además, en el atletismo el metro y el segundo son jueces implacables que no necesitan ojeadores.

No todo es positivo. También hay una cara negativa en forma de lesiones, expectativas frustradas, obsesiones, resentimiento o drogas. Es necesario prepararse para evitar en lo posible esta parte menos agradable. Un punto muy importante es asumir que no todos los cuerpos pueden soportar las cargas necesarias para llegar alto y que hay que adaptar el entrenamiento a las capacidades de cada uno. Es complicado ganar por talento en edades jóvenes y no poder transformar ese talento en un rendimiento de alto nivel, pero no todos reúnen talento, capacidad y mentalidad. Sin embargo, el atletismo de élite solo es una pequeña parte del atletismo. Como se dijo anteriormente, la meta debe ser superarse a uno mismo. Hay quien dice que esa es la mayor conquista.

Juha Väätäinen, el corredor de fondo velocista

Los finlandeses voladores dominaron de forma implacable las carreras de fondo en la primera mitad del siglo XX. Hasta 1936, se hicieron con 33 medallas olímpicas, 16 de oro, en 3000 m obstáculos, 5000, 10 000 y maratón, a las que hay que añadir otras 9 preseas, 6 de oro, en cross, que entonces era olímpico, y 3000 m por equipos. Pero, tras la Segunda Guerra Mundial, de forma casi repentina, los finlandeses desaparecieron de los puestos de honor de las grandes competiciones. Viljo Heino (1914-1998) cerró con su plusmarca mundial de 10 000 m de 29:27,2 el 1 de septiembre de 1949 la gran época dorada del fondo finlandés. Durante 20 años, con la excepción de Veikko Karvonen (1926-2007), oro en maratón en el Europeo de 1954 y bronce olímpico en 1956, los corredores finlandeses desaparecieron de la élite del fondo mundial.

No fue hasta finales de los 60, concretamente el 17 de julio de 1968, cuando un finlandés volvió a la cúspide atlética. Ese día Jouko Kuha (1939) superaba, con 8:24,2, la plusmarca mundial de obstáculos del belga Gaston Roelants (1937). Kuha, que pasaba los inviernos entrenando en España, renunció, sin embargo, a los Juegos de México, pues juzgó que la altitud no le permitiría rendir adecuadamente. Tan solo un fondista finlandés acudió a México, el maratoniano Pentti Rumakko (1943-2008), que no finalizó la prueba. Rumakko volvió a ser el único representante de su país en pruebas de fondo en el campeonato de Europa de 1969, con el mismo resultado, abandono en el maratón.

Las tornas estaban, sin embargo, a punto de cambiar para el país nórdico, hasta el extremo de que, en la década siguiente, Finlandia volvería a colocar a sus atletas en lo más alto de las pruebas de fondo mundial. El precursor de este renacer finés fue un antiguo velocista que tuvo un recorrido en la élite muy corto, pero muy intenso, Juha Väätäinen. Väätäinen nació el 12 de julio de 1941 en Oulu, una ciudad de 200 000 habitantes situada al norte de Finlandia. Comenzó haciendo pruebas de velocidad y de vallas. Posteriormente fue progresivamente subiendo al 800, distancia en la que fue 2 veces campeón de su país, y más tarde al 1500, pruebas en las que llegó a acreditar 1:48,4 (1967) y 3:43,7 (1968). Entrenándose de forma autodidacta y con frecuencia en altitud, en 1969 dio el salto a las pruebas de fondo, con muy buenos resultados, pues registró esa temporada 13:50,0 y 28:53,0. Estos tiempos le permitieron clasificarse para el Europeo de ese año, al que no acudiría por problemas físicos. Su progresión continuó al año siguiente, con mejoría notable en ambas distancias, 13:43,2 y 28:19,6. Este último tiempo, realizado en Oulu, su ciudad natal, lo obtuvo haciendo 13:58,0 en el la segunda mitad de la prueba.

En 1971 se celebraba un nuevo campeonato de Europa. La Asociación Atlética Europea había hecho entonces un primer intento, que no fructificó, de celebración bienal de su campeonato. Con 30 años Väätäinen participaría en su primer grande y lo haría en su país, pues se celebraba en Helsinki. Correría tanto el 5000 como el 10 000. Aunque mostró una excelente forma mejorando su marca en 10 000 m unos días antes  con 28:12,4, el gran favorito para en la distancia más larga era el británico David Bedford (1949). Bedford había superado ese mismo año las plusmarcas europeas de ambas pruebas de fondo el pista con 13:22,2 y 27:47,0, ambas segundas mejores marcas mundiales de siempre. En Helsinki, no obstante, solo tomaría parte en la distancia más larga. Otro candidato a la victoria era el alemán Jürgen Haase (1945), doble campeón de Europa de 10 Km (1966 y 1969), acreditado en 28:04,4, que era la tercera mejor marca mundial de siempre.

La carrera de 10 000 m, final directa, del Europeo tuvo lugar el 10 de agosto, con 35 atletas. Desde el comienzo Bedford tomó la cabeza e imprimió un ritmo rapidísimo, con pases de 2:43,3 (1000 m), 5:26,6 (2000 m), 8:14,6 (3000 m) y 13:54,4 en la mitad de la prueba. Bedford continuó el cabeza hasta la última vuelta. comandando un grupo en el que se encontraban Väätäinen, Haase, el español Mariano Haro (1940), el ruso, entonces soviético, Rashid Sharafetdinov (1943-2012) y el serbio, entonces yugoslavo, Danijel Korica (1945). Al enfilar la contrarrecta, Haase trató de adelantar al británico pero Väätäinen, que marcaba de cerca a Bedford, se dio cuenta y realizó él mismo un brusco cambio de ritmo, que inicialmente aguantó el alemán. Este intentó hacerse con la victoria en la última recta pero no pudo con el finlándes, que se proclamó campeón de Europa con unos excelentes 27:52,78, plusmarca finlandesa y 3ª mejor marca mundial de siempre. Había corrido el último kilómetro en 2:34,0 y la última vuelta en 53,8.

Resultados

1. Juha Väätäinen FIN 27:52.8/78*
2. Jürgen Haase GDR 27:53.4/35
3. Rashid Sharafetdinov URS 27:56.4/25
4. Danijel Korica YUG 27:58.4/38
5. Mariano Haro ESP 27:59.4/33
6. Dave Bedford GBR 28:04.4/33
7. Mike Tagg GBR 28:14.8/65
8. Seppo Tuominen FIN 28:18.0/98
9. Manfred Letzerich FRG 28:21.0/91
10.Noël Tijou FRA 28:21.8/65
11.Werner Dossegger SUI 28:23.0/88
12.Lucien Rault FRA 28:23.2/11
13.Jack Lane GBR 28:24.0/01
14.Arne Risa NOR 28:24.4/41
15.Joachim Krebs GDR 28:26.8/67
16.Karel Lismont BEL 28:31.2/17
17.Lasse Virén FIN 28:33.2/12
18.Nikolay Sviridov URS 28:41.2/09
19.Josef Jánský TCH 28:43.2/08
20.René Jourdan FRA 28:46.2/08
21.Donald Walsh IRL 28:52.6/60
22.Edward Mleczko POL28:55.8/73
23.Henryk Piotrowski POL 29:01.8/68
24.Eckhard Lesse GDR 29:02.6/53
25.Janos Szerenyi HUN 29:04.0/93
26.Lajos Mecser HUN 29:07.6/49
27.Giuseppe Cindolo ITA 29:13.8/65
28.Jens Wollenberg FRG 29:25.4/41
29.Per Halle NOR 29:43.4/25
30.Josef Wirth SUI 29:33.8/71
31.Egbert Nijstadt NED 29:48.2/08
32.Dieter Brand FRG 29:59.4/29
33.Carlos Lopes POR 30:05.6/64
-. Gaston Roelants BEL DNF
-. Nedo Farčić YUG DNF

*tiempo oficial / tiempo real

Cinco atletas realizaron registros inferiores a 28 minutos. Hasta entonces solo lo habían conseguido el australiano Ron Clarke (1937-2015), 27:39,4 (27:39,89) en 1965, y David Bedford. Mariano Haro obtuvo una brillantes quinta plaza, superando su anterior plusmarca española por 35 segundos. Antes de salir tenía la 18ª marca de los participantes. En total se realizaron 10 plusmarcas nacionales. El último en llegar a la meta, a más de dos minutos del ganador y con casi dos vueltas perdidas, fue el portugués Carlos Lopes (1947), que acabaría convirtiéndose en un brillante campeón olímpico de maratón 13 años más tarde.

Otro joven portugués, Fernando Mamede (1951) tomó parte en la prueba de 800 m, en la que superó la plusmarca de su país en las series. Como Väätäinen, Mamede acabaría obteniendo sus mayores éxitos en 10 000, distancia en la que fue plusmarquista mundial, en 1984.

Dos días después de su gran victoria en los 10 Km, Väätäinen volvía a la pista del Estadio Olímpico de Helsinki para disputar la segunda, de tres, semifinal de 5000 m, en la que se impuso fácilmente con 13:47,6. Tras su actuación previa, el finlandés era uno de los favoritos para hacerse con el oro también en esta prueba. Sus máximos rivales eran el francés Jean Wadoux (1942) plusmarquista europeo de 1500 m, 3:34,0 (1970), acreditado en 13:28,0 (1970), y el alemán Harald Norporth (1942), subcampeón olímpico en 1964 y de Europa en 1966, con una plusmarca personal de 13:24,8 (1966). La final, celebrada el 15 de agosto, resultó igual de trepidante que la de 10 000. El finlandés repitió su demoledor ataque a falta de 300 m, llevándose con él a Wadoux y a Norporth, que finalmente no pudieron sobrepasarlo.  Väätäinen obtuvo su victoria con plusmarca nacional de 13:32,48, tras un último kilómetro en 2:27,8 y un último 400 en 53,0.

 

Resultados

1. Juha Väätäinen FIN 13:32.48
2. Jean Wadoux FRA 13:33.56
3. Harald Norpoth FRG 13:33.79
4. Danijel Korica YUG 13:34.88
5. Javier Álvarez Salgado ESP 13:35.84
6. Emiel Puttemans BEL 13:36.60
7. Lasse Virén FIN 13:38.46
8. Bronisław Malinowski POL 13:39.33
9. Frank Eisenberg GDR 13:41.07
10.Petras Simonelis URS 13:42.78
11.Michael Baxter GBR 13:43.16
12.Rune Holmén FIN 13:46.50
13.Allan Rushmer GBR 13:48.19
14.Bernd Dießner GDR 13:50.79
-. Vladimir Afonin URS DNF

El español Javier Álvarez Salgado (1943) que unos días antes había acreditado 13:33,6 tuvo un excelente rendimiento en el que probablemente fue su mejor año. Unos días después obtuvo una gran victoria en la reunión preolímpica de Münich con plusmarca personal de 10 000 m, 28:01,4, y una semana más tarde en un 5000 en Londres fue 2º, detrás de Kip Keino (1940) con plusmarca personal de 13:28,4, 4ª mejor marca mundial de 1971. En octubre, Salgado culminó su gran temporada con doble oro en 5 y 10 Km en los Juegos del Mediterráneo, batiendo respectivamente al campeón olímpico, el tunecino Mohamed Gammoudi (1938) y a Mariano Haro.

Tras su perfecta temporada de 1971 siguiente objetivo de Väätäinen era reeditar su doblete en los Juegos Olímpicos de 1972, los primeros que disputaba a sus 31 años Sin embargo, algunos problemas físicos le impidieron afinar su puesta a punto. No salió en el 10 000 y fue 13º y último en el 5000, pese a dar una gran impresión imponiéndose en la 4ª de las durísimas semifinales en las que se clasificaban los 2 primeros y 4 tiempos. Su compatriota Lasse Virén (1949) tomó su relevo, haciéndose con el doblete en las 2 pruebas de fondo, con plusmarca mundial y caída incluida en el 10 000.

Tres días después de los Juegos Väätäinen hizo con 13:28,4 su mejor marca de 5000 m. Se retiró esa misma temporada de 1972. En esa década de los 70, una nueva generación de finlandeses volvió a dar mucho lustre al fondo de su país. Los 19 meses que pasó en el país nórdico Arthur Lydiard (1917-2004), el mítico entrenador del triple campeón olímpico Peter Snell (1938), fueron determinantes para este resurgir. Además de Virén, Tapio Kantanen (1949), Marti Vainio (1950), Pekka Vasala (1948), Pekka Päivärinta (1949) o Kaarlo Maaninka (1953) se hicieron con un buen número de medallas en grandes campeonatos. Hay que decir, no obstante, que estos éxitos se han visto ensombrecidos por el uso, reconocido por Maaninka, de autotransfusiones, entonces no prohibidas, que llevaron, en el caso de Vainio, a destapar que consumía ilegalmente anabolizantes. Vainio se había administrado esta sustancia durante el invierno de 1984, al tiempo que se extraía sangre para congelar y autotransfundírsela meses después. Con la sangre iban los restos del fármaco, que finalmente se detectaron en un control en los Juegos de LA, lo que le privó de la medalla de plata en 10 000. Las autotransfusiones se ilegalizaron definitivamente en 1985. El nuevo brillo finés se mostró, no obstante, efímero. Cuatro décadas después, las plusmarcas finlandesas de 5000 y 10 000 m siguen en poder de Viren, 13:16,3 (1972) y de Vainio, 27:30,99 (1978).

Tras su retirada Väätäinen, que había sido profesor de Primaria, no volvió a su antigua profesión y se hizo entrenador de fondo y de marcha. De 2011 a 2015 fue diputado en el Parlamento de Finlandia. En la actualidad vive en Málaga, donde, entre otras cosas, se dedica a la pintura.

 

 

 

Horace Ashenfelter, un agente del FBI perseguido por el KGB

Acaba de fallecer Horace Ashenfelter con casi 95 años, el agente del FBI campeón olímpico de 3000 m obstáculos en Helsinki 1952, los Juegos en que Emil Zatopek (1922-2000) hizo el triplete histórico en las tres pruebas de fondo.

Ashenfelter había nacido en Phoenixville, Pennsylvania el 23 de enero de 1923. Se crió en una granja en Collegeville, muy cerca de Filadelfia. Tomó parte en la Segunda Guerra Mundial como piloto e instructor de artillería y, tras licenciarse, estudió Educación Física en la Universidad de Pennsylvania, donde comenzó a practicar atletismo. En 1950 se unió al FBI (Federal Bureau Investigation), lo que no le impidió continuar sus entrenamientos como corredor fondo y, posteriormente, de obstáculos en sus ratos libres. Solía entrenarse en un parque por las noches, utilizando los bancos como improvisados obstáculos. Inicialmente se centró más en 5 y 10 Km en pista. En la primera distancia disputó la prueba de selección olímpica de su país en 1948, en la que ocupó la quinta posición. En 1950 fue campeón nacional de 10 000 m. No consideró la prueba de obstáculos seriamente hasta 1952, año en que sorprendió en las pruebas de selección olímpica al imponerse en esta distancia con nueva plusmarca estadounidense de 9:06,4. También se clasificó para los 10 000 m, que finalmente no disputó. El FBI le concedió un mes de vacaciones para preparar los Juegos, aunque él mismo ya se lo había procurado cambiando turnos y haciendo horas extras.

El gran favorito para hacerse con el oro olímpico en Helsinki era el ruso, entonces soviético, Vladimir Kazantsev (1923-2007), héroe de guerra del Ejército Rojo y oficial del KGB. Poseía la plusmarca mundial (oficiosa, la IAAF no reconocería las plusmarcas mundiales de obstáculos hasta 1954) en 8:48,6. En la prueba olímpica se programaron 3 series semifinales, Kazantsev se impuso en la primera con 8:58,0, nueva plusmarca olímpica. El galés John Disley (1928-2016), acreditado en 8:51,4 que posteriormente sería uno de los fundadores del maratón de Londres, ganó la segunda serie con 8:59,4. Ashenfelter, que competía en la tercera, pulverizó su marca personal y de paso superó la efímera plusmarca olímpica de Kazantsev con 8:51,0. El resultado de las series apuntaba a una gran final, como así fue.

En la ronda definitiva Kazantsev, mucho más experimentado, seguía siendo el principal favorito, pero tanto Ashenfelter, como Disley, no se lo pondrían fácil. El bielorruso, entonces soviético, Mijail Saltikov (1925) lideró el primer kilómetro en unos rapidísimos 2:49,8. A partir de ahí Kazantsev y Ashenfelter se alternaron en la primer posición. El segundo kilómetro se cruzó en 5:47,4. En la última vuelta, el ruso se lanzó por el oro, pero una mala caída en la última ría lo dejó sin opciones. Ashenfelter cambió de ritmo y, pese a su mal paso por el último obstáculo, se hizo con la victoria con una nueva plusmarca mundial de 8:45,4. Kazantsev pudo mantener la segunda posición, 8:51,6, ante el acoso de Disley, finalmente bronce, 8:51,8. Tras la victoria del obstaculista estadounidense, los periodistas de su país bromearon diciendo que era la primera vez que un agente del FBI se dejaba seguir por el KGB.

 

Ashenfelter tuvo un magnífico recibimiento de vuelta en Filadelfia, en el que tomó parte el propio director del FBI, el todopoderoso J Edgar Hoover (1895-1972). El campeón olímpico siguió compitiendo hasta 1957. Participó en los Juegos de Melbourne en 1956 pero no entró en la final. En total ganó 17 títulos nacionales al aire libre, en pista cubierta y en el campo a través Dejó el FBI en 1959 por un trabajo en una empresa privada. Se jubiló en 1993. Falleció el 6 de enero de 2018. Es el único atleta estadounidense que ha ganado el oro olímpico en la prueba de 3000 m obstáculos. Evan Jager (1989) fue plata en 2016. Quizá tenga una nueva oportunidad en 2020, en una distancia que desde 1984 monopolizan los atletas kenianos.