Rudolf Harbig, un adelantado a su época, en una época trágica

De vez en cuando surgen atletas que dan lugar a un enorme salto de calidad de la prueba o pruebas a las que se dedican, con registros muy superiores a los de sus coetáneos. Esto sucedió con la plusmarca mundial de 1:46.6 realizada por el alemán Rudolf Harbig en Milán el 15 de junio de 1939. El tiempo de Harbig superaba el anterior tope universal del británico Sydney Wooderson (1914-2006) en nada menos que 1.8 segundos. El alemán estaba llamado a marcar una época en los 400 y en los 800 m, pero la Segunda Guerra Mundial acabó con su carrera atlética y finalmente con su vida.

Rudolf Waldemar Hardig había nacido en Dresden el 8 de noviembre de 1913. Desde muy joven se dedicó al deporte, compatibilizando el atletismo con el balonmano. En 1932, ante la falta de oportunidades laborales en una situación económica mundial muy compleja se enroló en el ejército. Pudo seguir practicando atletismo y compitiendo. En 1934 bajó por primera vez de 2 minutos, lo que llamó la atención del Dresdner Sporting Club y del entrenador Woldemar Gerschler (1904-1982). Con este club y este entrenador, comenzó a prepararse para los Juegos Olímpicos de 1936. Su ritmo de entrenamientos hizo que dejase el ejército en 1935. Mejoró a 1:54.1 ese año y a 1:52.2 el año olímpico. Su actuación en los Juegos, sin embargo, no fue buena. Ocupó el 6º puesto en la primera serie de los 800 m, si bien lo pudo compensar en parte con la medalla de bronce en el relevo 4 x 400 m.

Harbig continuó progresando en 1937. Siguió dedicando la mayor parte de su atención a los 800 m, distancia que corrió en 1:50.9, pero también centró sus esfuerzos en los 400 m, prueba en la que realizó 47.8. El año siguiente de 1938 tendría lugar en París el segundo campeonato de Europa al aire libre. Unos días antes había mejorado en 400 m hasta 46.8. Debido a que las pruebas de los 400 y los 800 m se celebraban en mismo día, Harbig prefirió la distancia más larga y el relevo. En la doble vuelta se enfrentó al que sería su gran rival los años siguientes, el italiano subcampeón olímpico de los 800 m Mario Lanzi (1914-1980). Lanzi pasó la primera vuelta de la carrera definitiva en 53.3, pero no pudo con el empuje del alemán, oro con su mejor marca, 1:50.6. El italiano, tercero con 1:52.0, acabó cediendo la plata al francés Jacques Lévèque (1917-2013), 1:51.8. Harbig repitió oro en el relevo largo.

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Rudolf Harbig venciendo en los 800 m del campeonato de Europa de 1938

La temporada de 1939 fue la mejor de siempre para el alemán. El haberse encontrado a Lanzi en plena forma condicionó, sin duda, que ambos se hiciesen mejores mutuamente. Harbig había progresado hasta 1:49.4 antes del 15 de julio, fecha en que sucedió el mejor duelo entre ambos corredores. En el Milan Arena, un viejo estadio construido en 1807, con una pista de tierra de 500 m de cuerda, tenía lugar un encuentro internacional entre Alemania e Italia. Habría un doble duelo entre los dos corredores, en días consecutivos, en 800 y 400 m. En la doble vuelta, Lanzi salió decidido a imponer un fuerte ritmo que dejase atrás al alemán. Pasó el primer 200 en 24.6, 52.5 la primera vuelta y 1:19.8 los 600 m. Harbig no se separó de él en ningún momento. El italiano se mantuvo en cabeza hasta la última recta, 1:33,4, pero no pudo resistir el ímpetu del alemán, que se fue como un cohete hasta la meta concluyendo en unos entonces estratosféricos 1:46.6, nueva plusmarca mundial. Harbig se convertía en al primer atleta en bajar de 1:48.0 y de 1:47.0.

No se pudo desquitar el italiano al día siguiente en la prueba de 400 m. Ambos marcaron 46.7, que igualaba la plusmarca europea, pero el alemán había llegado antes. Harbig, en una extraordinaria forma, decidió ir por la plusmarca mundial de los 400 m. Solamente dos atletas lo habían conseguido previamente, los estadounidenses Ted Meredith (1891-1957), en la década de 1910, y Ben Eastman (1911-2002), en la década de los 30, si bien este de forma no simultánea. Lanzi volvió a actuar de liebre involuntaria, en la calle 6, mientras Harbig iba en la 3. Como en la carrera de la plusmarca mundial de 800, el italiano fue en cabeza hasta la última recta con pases de 11.2, 21.7 y 33.5, por 11.3, 22.0 y 33.6 del alemán. Pero no hubo duelo en los postreros 100 m, pues Harbig se fue a 46.0, nuevo tope universal, mientras Lanzi se quedaba en 47.2.

Pese al estallido de la Segunda Guerra Mundial y a ser movilizado a finales de 1940, Harbig siguió corriendo hasta 1942, con mejores marcas anuales de 47.0 y 1:47.8 (1940), 46.7 y 1:49.2 (1941) y 47.9 y 1:51.9 (1942). Murió el 5 de marzo de 1944 combatiendo en el Frente Oriental, en Ucrania, en circunstancias desconocidas.

Rudolf Harbig fue un adelantado a su época, en una época trágica, que le acabó quitando la vida. Su extraordinaria plusmarca mundial de 800 m estuvo vigente hasta el 3 de agosto de 1955, cuando en Oslo el belga Roger Moens (1930) paró el crono en 1:45.7. Harbig fue el último plusmarquista mundial de 400 y 800 m. El que más se acercó desde entonces a esta doble plusmarca fue el cubano Alberto Juantorena (1950), quien en los Juegos Olímpicos de 1976 corrió los 400 m en 44.26, mejor tiempo de siempre al nivel del mar y 3ª marca de la historia, y los 800 m en 1:43.50, nueva plusmarca mundial. El estadio municipal de Dresden lleva el nombre de Rudolf Harbig.

Andrés Vera, finalista olímpico en LA84

Uno de los recuerdos más nítidos que tengo del verano de 1984 son las mañanas olímpicas. Debido a las 9 horas de diferencia entre California y España, resultaba complicado ver las pruebas atléticas de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en directo, de modo que aquel adolescente que era yo entonces se plantaba delante de la TV por las mañanas, sin tener ni idea de los resultados. Entonces Internet era una curiosidad inventada por el Ejército estadounidense que no había salido de los ámbitos militares. Una de las pruebas que suscitaba mayor interés en los aficionados españoles eran los 1500 m. En aquellos años 80, la rivalidad entre los británicos Steve Ovett (1955) y Sebastian Coe (1956) la habían convertido en la distancia reina del atletismo. En España, otra pugna, la mantenida por el toledano José Luis González (1957) y el cántabro José Manuel Abascal (1958) había llevado a ambos a la élite mundial. En la ciudad californiana se esperaba que estuviesen en la final luchando tal vez por el bronce. El tirón que ambos habían dado al kilómetro y medio en España había arrastrado a otros atletas. Por primera vez había cinco atletas con mínima olímpica. Además de Abascal y González, otros tres mediofondistas habían bajado de 3:39.00, el castellonense Andrés Vera Llorens ( 31 de diciembre de 1960), 3:37.53, el barcelonés Jaime López Egea (1956), 3:37.54, y el madrileño José Luis Carreira (1962), 3:38.79. Finalmente, la Federación se decidió por Vera, para el presunto papel de español convidado de piedra en el 1500.

Vera estaba indiscutiblemente en buena forma, pero su experiencia internacional era escasa. Había participado en el Europeo al aire libre dos años antes en 800 m, y había sido 4º en la Universiada en 1500 m el año anterior. El estado de Abascal y de González arrojaba algunas dudas. El cántabro no decidió su participación hasta que un tiempo de 5:01.1 en 2000 m poco antes de viajar a Los Ángeles lo convenció de que estaba en condiciones, mientras el toledano había tenido algunos problemas físicos. En cualquier caso, no se esperaban incidencias en la primera ronda, que tendía lugar el 9 de agosto. Sin embargo, ocurrió la gran sorpresa. En la primera serie, un desconocido y bloqueado González se despedía de los Juegos, con unos pobres 3:47.01, a más de 8 segundos de la cabeza. Vera, haciendo gala de un potente final, entró 3º en la 2ª serie, con 3:45.44. Y Abascal se impuso en la 5ª serie con el mejor tiempo global de 3:37.68.

La eliminación de González supuso un enorme jarro de agua fría para la delegación española. Se perdía una de las opciones más claras de medalla. En el lado positivo, Abascal había demostrado muy buena forma y Vera se había desenvuelto como un veterano, aunque la final estaba cara. Las semifinales tuvieron lugar al día siguiente, 10 de agosto. El cántabro confirmó su excelente puesta a punto, ganando la primera semifinal, con unos excelentes 3:35.70, su mejor marca del año.

Era el turno de Andrés Vera. El castellonense lo tenía francamente difícil. En su serie estaban el campeón mundial, el británico Steve Cram (1960) y el plusmarquista mundial, Steve Ovett. Pasaban a la final los 4 primeros y 4 tiempos. Había que correr en menos de 3:38.12 para entrar por tiempos. Pero Andrés hizo la mejor carrera de su vida en el mejor momento. Un enorme sentido táctico y poderosísimo final lo colocaron en la final por puestos. Desde el inicio se vio que en esta segunda semifinal también se quería correr rápido, con una primera vuelta en 55.96 y el español bien colocado en 6ª posición. Se ralentizó el ritmo al paso por los 800 m, 1:57.88, con Vera algo encerrado en la 8ª posición. El italiano Stefano Mei (1963) tomó la cabeza en la mitad de la recta principal y dio paso al 1200 en 2:55.86. A falta de 200 m Cram se colocó líder y dio su tirón final. Vera era 7º a falta de 200 m y 6ª al iniciarse la recta final, momento en que sacó a relucir su fuerte final y a escalar hasta la 3ª posición. El castellonense, con un último 400 en 53.8, hacía su mejor marca personal, 3:36.55, a 0.25 del ganador, Cram, y delante de Ovett, con el mismo tiempo. Recuerdo perfectamente cómo me había levantado del sillón diciendo se clasifica, se classifica y dando un salto de alegría cuando se confirmó que Vera estaría en la final.

Así que en la carrera definitiva sí habría dos españoles, pero no los dos que se pensaba. Andrés Vera no acababa de creerse que estaba entre los 12 mejores. Poco antes de que la prueba se iniciase dijo a Abascal Menos mal que estás tú aquí, si no me muero de miedo. Pero supo controlar perfectamente ese miedo En una de las finales míticas de la historia del 1500, Abascal puso muy caras las medallas con un gran acelerón a falta de 600 m. Se vio superado por Coe y por Cram en la última curva, pero pudo mantener el bronce, mientras los dos británicos copaban el oro y la plata. El castellonense hizo una carrera muy inteligente, siempre entre el 9º y el 10º puesto, con una última vuelta en 55,9, que le permitió llegar 7º, con 3:37.02, convirtiéndose en el 17º finalista olímpico español y el 2º en la prueba de los 1500 m.

Vera había sido campeón de España de 800 m en 1983. En 1984 un tropezón le impidió pelear por el oro del Nacional de 1500 m, que parecía para él. Apenas pudo competir en la temporada posolímpica por diversas lesiones. En 1986 realizó 3:35.86, su mejor marca de siempre, pero Abascal, González y Carreira le cerraron el pasoa l Europeo al aire libre de ese año. En 1987 fue 6º en el Europeo en sala, se proclamó campeón de España de 1500 m al aire libre y acudió al Mundial de Roma. En 1988 fue 8º en el Europeo en bajo techo, pero las lesiones acabaron apartándolo de la alta competición. Licenciado en Administración de Empresas y MBA del Instituto de Empresas, en la actualidad dirige la filial española de United Heroes, una empresa que promociona la actividad física reglada entre los empleados de corporaciones medianas y grandes, con el objetivo de mejorar el rendimiento laboral. Desde 2019 es también el director de relaciones institucionales del club de su ciudad natal Playas de Castellón.

Para la historia queda su actuación superlativa en aquella segunda semifinal de 1500 de LA84, que hizo dar un brinco a aquel jovencito tan entusiasmado como hoy por el atletismo.

Manolo Martínez, un lanzador español en la élite mundial

El 5 de marzo de 2013 fue un día histórico para el atletismo español. El lanzador de peso leonés Manolo Martínez se hacía oficialmente con la medalla de bronce olímpica de lanzamiento de peso de 2004. Todo había comenzado en Olimpia, casi nueve años antes. El 18 de agosto de 2004 a las 18:00 comenzaba la final de lanzamiento de peso de los Juegos Olímpicos de Atenas. Por razones históricas se había elegido como sede para esta modalidad el yacimiento arqueológico del antiguo estadio de Olimpia, donde se celebraban los Juegos de la Antigüedad

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Yacimiento arqueológico del antiguo estadio de Olimpia (By Dwaipayanc – Own work, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2437438)

Manolo Martínez se había clasificado esa mañana para la final, con 20.37 m, el séptimo mejor registro de los participantes. La competición comenzó bien para él. Tras la primera ronda era tercero con 20.70 m, por detrás del estadounidense Adam Nelson (1975), 21.16 m, y del ucraniano Yuriy Bilonoh (1974), 21.15 m. Se mantuvo en posición de bronce, sin mejorar su primer lanzamiento, hasta la tercera ronda, en que el danés Joachim Olsen (1977), que se fue a 21.07 m. Martínez mejoró a 20.78 m en el cuarto lanzamiento y a 20.84 en el quinto. Su sexto lanzamiento fue nulo. El leonés acabó en la cuarta posición. Nelson, que no volvió a realizar un lanzamiento válido, perdió la primera posición en la ronda final, cuando Bilonoh igualó sus 21.16 m y se quedó en cabeza por su segundo mejor lanzamiento. Olsen fue tercero. Pero el final aún no estaba escrito. El 5 de diciembre de 2012, la World Athletics anunció que un nuevo análisis de las muestras de Bilonoh de Atenas había mostrado restos de oxandrolona, un esteroide anabolizante. Su posterior descalificación hizo que Manolo Martínez se convirtiese en medallista olímpico de bronce.

Manuel Martínez Gutiérrez nació el 7 de diciembre de 1974. Cuando era un estudiante de Bachillerato su camino se cruzó con el de Carlos Burón, uno de los mayores estudiosos de los lanzamientos en España. Esta asociación resultó de lo más fructífera. El primer éxito internacional llegó pronto. En 1992, Martínez se proclamaba, con 18.14 m, subcampeón mundial junior (sub20). Entonces en esta categoría se lanzaba con el artefacto de 7.256 Kg.

Al leonés aún le quedaba un año más en la categoría junior, pero su inmensa calidad lo convirtió ya en 1993 en el mejor español de siempre en categoría absoluta. Ese año consiguió las cinco primeras de las 22 plusmarcas españolas absolutas, incluyendo registros en sala, que superó durante su carrera. El tope nacional pertenecía al zamorano Martín Vara (1956), 18.40 m en 1980. Martínez hizo 18.67 m el 10 de abril de ese año. El 24 de julio, con 19.17 m, rompía por primera vez la barrera de los 19 m. Ese año acabó lanzando 19.53 m. Superó los 20 metros el 28 de mayo de 1994, 20.16 m, y los 21 el 13 de mayo de 2001, 21.04 m. Su mejor lanzamiento, vigente plusmarca española, es de 21.47 m, conseguido en Salamanca el 10 de julio de 2002. También ese año 1993 fue campeón de España absoluto por primera vez, tanto en sala como al aire libre. En total consiguió 32 oros en los nacionales absolutos, bajo techo consecutivamente de 1993 a 2008, y al aire libre de 1993 a 2009, con la excepción de 1999. En ese 1993 su campeonato era el Europeo sub20, y no decepcionó. Se proclamó campeón. También tomó parte en su primer mundial al aire libre.

Aparte de la medalla olímpica de 2004, Manuel Martínez fue otras cuatro veces finalista en grandes campeonatos al aire libre: 6º en los Juegos Olímpicos de 2000, 4º en el Mundial de 2001, 7º en el Europeo de 1998 y 5º en el de 2002.

Pero donde realmente el leonés tuvo un rendimiento competitivo excepcional fue en la pista cubierta, modalidad en la que se hizo con los máximos entorchados mundial y continental. El Mundial en sala se le dio bien desde el principio. Fue 4º en 1995, 5º en 1997 y otra vez 5º en 1999. En 2001 ganó su primera medalla en esta competición, de bronce. Martínez se situó 3º con 20.10 m en la segunda ronda. Cuando iba a lanzar por 6ª vez se encontraba 5º. Un lanzamiento de 20.67 m lo devolvió al podio, detrás de los estadounidenses John Godina (1972) y Adam Nelson. Con Godina mantuvo un cerradísimo duelo por el oro en el Mundial de 2003. Martínez se colocó en cabeza en la segunda ronda con 21.14 m, pero en la tercera, el estadounidense, que había hecho dos nulos, se fue a 21.23 m. El español, que llevaba una serie magnífica de 20.73, 21.14, 21.07, 21.01 y 20.70, llegaba a la última ronda en segunda posición. Un tiro de 21.24 m y una insuficiente respuesta de Godina de 20.66 m dieron a Martínez la victoria más importante de su carrera deportiva. Aún fue otras dos veces finalista, 5º en 2004 y 6º en 2006.

En el Europeo en sala, su rendimiento fue también excelente, con tres medallas, una de cada color, y otros cuatro puestos de finalista. Esta fue su trayectoria: 4º en 1994, 7º en 1996, 6º en 1998, plata en 2000, oro en 2002, bronce en 2005 y 6º en 2009. En Gante, en 2000, consiguió su primera medalla continental. Un tiro de 20.38 m en la 4ª ronda le permitió terminar segundo, detrás del finlandés Timo Aaltonen (1969). Dos años después, en Viena, realizó un concurso impecable. Se colocó líder en la primera ronda con 20.68 m y ya no se movió de esa posición. Mejoró a 20.95 m en la cuarta ronda y a 21.26 m, su mejor marca de siempre bajo techo, en la quinta. El danés Joachin Olsen se le acercó en la sexta ronda con 21.23 m, pero solo le sirvió para ser segundo. Este se proclamó campeón de la siguiente edición, en 2005 en Madrid, mientras el leonés conseguía el bronce.

Martínez continuó activo hasta que en 2011 anunció su retirada. Ese día, Carlos Burón resumió lo que Manolo Martínez había supuesto para el atletismo español Con Manolo se va una persona buena y honesta que llegó a ser campeón, pero también un reclamo muy grande. Hace años, los de los lanzamientos éramos los malos, los humildes, la familia pobre del atletismo español, los que hacíamos que perdiéramos puntos. Había miedo. Faltaba información. Se veía como si fuera cosa de otros países… y llegó Manolo y demostró esa frase que ahora es tan célebre. El Yes we can. Fue la señal de que podíamos y consiguió cosas impensables. Y tan impensables como que un lanzador español fuese campeón del mundo.

Siendo un hombre con inquietudes, Manolo Martínez ha hecho escultura y también ha sido actor. En la probablemente infravalorada El Capitán Trueno y el Santo Grial, sobre el mítico personaje de Víctor Mora (1931-2016), Manolo se puso en la piel de Goliath, el tragaldabas compañero de fatigas del Capitán.

Un grande, sin duda, del atletismo español, el hombre que puso en el mapa internacional el lanzamiento de peso español. Tras su retirada, la especialidad ha quedado en manos del gigante, 2.04 m, malagueño Borja Vivas (1984), 21.07 m, subcampeón de Europa al aire libre en 2014, y del cántabro Carlos Tobalina (1985), 20.57 m.

Esta es una entrevista reciente a Manolo Martínez en Radio Nacional de España.

https://www.rtve.es/alacarta/audios/mitos-del-deporte/mitos-del-deporte-manolo-martinez-27-01-20/5493543/

Bobby Morrow, el velocista blanco del triplete olímpico

Ayer nos dejaba el velocista estadounidense Bobby Morrow. Morrow se hizo con el triplete olímpico en 1956, al ganar el oro en los 100, los 200 m y el relevo 4 x 100 m. Solamente otros tres atletas han conseguido semejante hazaña, los dos primeros con el añadido del oro en el salto de longitud, los estadounidenses Jesse Owens (1913-1980) en 1936 y Carl Lewis (1961) en 1984, y el jamaicano Usain Bolt (1986) en 2012 y 2016. Morrow fue también el último velocista estadounidense blanco en poseer la plusmarca mundial de 100 m y en ganar el oro olímpico.

Robert Joseph Bobby Joe Morrow nació el 15 de octubre de 1935 en la localidad texana de Harlinger y se crio en una granja cerca de la vecina San Benito, en el lado estadounidense del río Grande. Tras iniciarse en el fútbol americano, comenzó a practicar velocidad en el Instituto de San Benito y, a continuación, en la Universidad Cristiana de Abilene, en el propio estado de Texas. En 1955 sorprendió en una competición en Abilene con tiempos de 9.1 en 100 y 20.6 en 220 yardas, ambos con viento a favor. En las semifinales había corrido en 9.4. Las plusmarcas mundiales eran de 9.3 y 20.6. Ese mismo año fue campeón de la AAU (Amateur Athletics Union) en la distancia más corta.

El año olímpico de 1956 fue el gran año de Morrow, que contaba entonces coon 20 años. Igualó en tres ocasiones la plusmarca mundial de 100 m de 10.2. En los campeonatos universitarios de Estados Unidos (NCAA), obtuvo el doblete en los 100 y en los 200 m, con 10.4 y 20.6 respectivamente. En esta segunda prueba se lesionó uno de sus principales rivales, Dave Sime (1936-2016), que había corrido en 9.3 y 20.0 las 100 yardas y las 220 en línea recta. Sime no se pudo recuperar para las pruebas de selección olímpica. Cuatro años más tarde fue plata olímpica en 100 m en Roma. Morrow volvió a ganar los 100 y los 200 metros en las pruebas de selección con 10.3 (con un 10.28 dudoso automático) y 20.6. Acudiría a Melbourne con el objetivo de repetir los tres oros en velocidad de Jesse Owens.

Los Juegos tendrían lugar a finales de noviembre. Unos días antes una inoportuna infección intestinal estuvo a punto de terminar con el sueño olímpico de Morrow. Afortunadamente pudo recuperarse y el 23 de noviembre estaba en la línea de salida de su serie de los 100 m, que ganó con 10.4 (10.90 cronometraje automático no oficial). También se impuso en su serie de cuartos de final con 10.3 (10.55) y en su semifinal, al día siguiente, con 10.3 (10.52). En la final del 24 de noviembre Morrow, en gran forma, seguramente pensaba, además de en el oro olímpico, en la plusmarca mundial que tenía desde agosto su compatriota Ira Murchison (1933-1994), uno de sus rivales en la final, con 10.1. El tercer estadounidense, Thane Baker (1931), acreditado en 10.2, tampoco se lo pondría fácil al velocista de San Benito. El cuarto en discordia era el atleta local Hec Hogan (1931-1960), que también había corrido en 10.2. Un viento en contra de 2.5 m/s arruinó la posibilidad de una gran marca. Morrow se hizo con su primer oro con un tiempo de 10.5 (10.62), por delante de Baker, 10.5 (10.77), Hogan, 10.6 (10.77) y Murchison, 10.6 (10.79).

Los 200 m se iniciaron el 26 de noviembre. Se celebrarían 4 rondas. Morrow ganó su serie de la primera ronda con 21.8 (21.95). Se impuso también en su serie de cuartos de final, 21.9 (22.03), y fue segundo en la primera semifinal, 21.3 (21.43), tras Baker. En la final del 27 de noviembre, sus máximos rivales eran el anterior campeón olímpico, el también estadounidense Andy Stanfield (1927-1985), y Baker. Ambos eran coplusmarquistas mundiales con 20.6. Morrow los había derrotado en las pruebas de selección precisamente con 20.6, pero su marca no se homologó como plusmarca mundial, al no poder acreditarse el viento. No perdonó en la final olímpica y los volvió a batir, otra vez con 20.6 (20.75), con viento legal, de modo que igualaba la plusmarca mundial. Stanfield fue plata, 20.7 (20.97), y Thane bronce, 20.9 (21.03).

El último reto de Morrow eran los relevos 4 x 100 m, que tuvieron lugar entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre, con tres rondas. Estados Unidos utilizó el mismo cuarteto y en el mismo orden con Baker, Leamon King (1936-2001), Morrow y Murchison. Se hicieron con el oro en la final, con una nueva plusmarca mundial de 39.5, superando a la Unión Soviética y al Equipo Unificado de Alemania.

Morrow volvió a los Estados Unidos convertido en una celebridad. Fue portada de las revistas Life, Sport y Sports Illustrated. Esta última le concedió el galardón de mejor deportista del año. En la primavera de 1959, tras igualar su marca de 10.2 en 100 m y tras haber sido el año anterior campeón de la AAU de 220 yardas, decidió retirarse, pero volvió al año siguiente para intentar ser de nuevo olímpico. Enseguida se puso en forma corriendo en 10.2, pero se lesionó y no pudo acudir a las pruebas de selección olímpica. Con 24 años se retiró definitivamente. Se trasladó a Houston y se dedicó a los negocios, pero acabó volviendo a San Benito. Fue muy crítico con la hipocresía del atletismo formalmente amateur, en que los beneficios que se generaban no iban a parar a los atletas. Falleció en su casa de San Benito el 30 de mayo de 2020

Mariano Haro, uno de los más grandes, en su 80 cumpleaños

Mariano Haro Cisneros, nacido en Valladolid el 27 de mayo de 1940, cumple hoy 80 años. Su actuación en la final de los 10 000 m de Múnich, sus peleas por la victoria primero en el Cross de las Naciones y después en el Mundial de Campo a través y su forma de correr valiente, tratando de dejar atrás a sus rivales, permanecen en la retina de muchos aficionados, aunque hayan transcurrido más de 4 décadas. En España, Haro se convirtió en un icono que trascendió, con mucho, al atletismo y al deporte en general. Los niños querían ser como Mariano Haro y fue fuente de inspiración de generaciones de atletas.

Cuanto Mariano aún no había cumplido un año, su familia se trasladó a la localidad palentina, entonces de 2500 habitantes, de Becerril de Campos, donde su padre había encontrado trabajo en una fábrica de tinas de cemento para vino. Mariano se crio corriendo por los campos de su pueblo, tratando de emular a su padre, que había sido corredor de campo a través. Comenzó a trabajar como albañil a los 13 años, a 15 kilómetros de Becerril. Alternaba la carrera y la bicicleta como medios de transporte. En marzo de 1959, el delegado sindical (solamente existía entonces el Sindicato Vertical) invitó a los mozos del pueblo a participar en una carrera. Mariano, que no quería quedar mal con el delegado, accedió a participar con la idea de retirarse. Lo motivaba que pagaban la comida. Una vez en la carrera se vio delante, por lo que decidió seguir y acabó ganando.

Tras su inesperada victoria, a punto de cumplir los 19, Haro decidió probar en el atletismo y comenzó una fructífera relación con Gerardo Cisneros (1933), el entrenador palentino de fondistas. Los éxitos no se hicieron esperar, sobre todo en el campo a través. En 1960, con menos de un año entrenando, Haro se proclamaba subcampeón de España junior (entonces sub22). Al año siguiente consiguió subir un peldaño en el podio, haciéndose con el oro en la categoría. Ese año de 1961 se estrenaba la categoría junior en el Cross de las Naciones, un mundial oficioso organizado por la Unión Internacional de Campo a través de 1898 a 1972. (A partir de 1973, la IAAF, hoy World Athletics, heredó la competición y la transformó en campeonato mundial). Haro tuvo una excelente actuación al alcanzar el tercer peldaño del podio. Ese año, en pista, conseguía bajar de 15 minutos en los 5000 m, al correr en 14:50.8.

El paso a categoría absoluta en 1962 tuvo para Haro un sabor agridulce, pues se proclamó campeón de España de campo a través, pero abandonó por problemas físicos en el Cross de las Naciones. Su victoria en el Nacional fue la primera de las 11 ocasiones en que se hizo con la victoria en este campeonato. Las 10 siguientes fueron en 1963, 1968, 1969, 1971, 1972, 1973, 1974, 1975, 1976 y 1977. En el Cross de las Naciones pudo desquitarse del abandono el año anterior en 1963, cuando se hizo con la medalla de bronce. Era la mejor actuación española tras el segundo puesto del albaceteño Antonio Amorós (1927-2004), primer español finalista en un campeonato de Europa, 8º en 10 000 m en 1958 con 29:31.0, plusmarca nacional y primer sub30 de la historia.

Haro no conseguiría mejorar la actuación de 1963 en el Cross de las Naciones hasta 1972. En 1964, otro español, el alcarreño Francisco Aritmendi (1938-2020) se proclamaba vencedor de esta prueba, Sin embargo, Haro consiguió varias veces entrar entre los 15 primeros: 11 en 1964, 6º en 1968, 10º en 1969, 8º en 1971. En la pista, su progresión fue más lenta. En 1962, había resultado seleccionado para los 5000 m del campeonato de Europa de Belgrado. Sin embargo, estando en el servicio militar, no obtuvo a tiempo el correspondiente permiso y cuando llegó a Yugoslavia, ya se habían celebrado las semifinales de su prueba. El delegado, Pablo Hernández Coronado (1897-1997), que era directivo del Real Madrid, dijo que tenía mucha influencia y que conseguiría que Haro entrase directamente en la final. No fue posible, lógicamente. Lo único que le pudieron ofrecer fue participar en otra distancia que quedase por celebrar, pero solo quedaba el 4 x 400.

Dos años después, en el año olímpico de 1964, Haro aún estaba a cierta distancia de los dos plusmarquistas españoles de 5000 m, Aritmendi, 13:53.4, y de 10 000 m, el jienense, guipuzcoano de adopción, Fernando Aguilar (1938-2013), 28:59.0. Las mínimas olímpicas eran 14:02.0 y 29:25.0 y Haro acreditaba entonces 14:08.0 y 29:59.8. Aún se encontraba lejos de los registros de los mejores. Con 24 años su futuro en la pista era algo incierto.

En 1966 corría en 13:53.8 y 29:29.0. Acudió al campeonato de Europa, pero no pudo acceder a la final de los 5000 m. Para los Juegos de México, la Federación Española exigió unas mínimas bastante duras, de 13:40.0 y de 28:50.0. Viéndolo muy complicado, Haro siguió el consejo del plusmarquista español de los 5000 y los 3000 m obstáculos, el vigués Javier Álvarez Salgado (1943) de que intentase ser olímpico en obstáculos, distancia en la que se pedían 8:38.0 para ir a los Juegos. El 10 de agosto, en Riazor, en un control local, Salgado hacía 8:37.6, plusmarca española, y Haro 8:39.8. A la Federación también le valían dos tiempos por debajo de 8:42.0, así que el palentino tendría que repetir. Una semana después, en el mismo escenario, Salgado superaba su plusmarca española, 8:36.4, y Haro se iba a 8:37.2. Ambos serían olímpicos.

En los grandiosos Juegos de la Ciudad de México, las pruebas largas se vieron muy perjudicadas por la altitud de 2240 m. Salgado tuvo, no obstante, una buena actuación, al ocupar la 10ª posición en la final. Haro fue 5º en su semifinal, pero decidieron descalificarlo por apoyar la mano en el obstáculo (?). No habría pasado a la final, de todos modos. De este modo sus primeros Juegos resultaron decepcionantes, pero aún quedaba mucho bueno.

El salto de calidad de Haro en la pista comenzó en 1969. El 12 de agosto en La Coruña conseguía su primera plusmarca española, 28:58.8, superando nada menos que al campeón olímpico, el keniano Naftali Temu (1945-2003). En 1970 mejoró hasta 28:34.2, en el estadio Bislett, en un cerradísimo duelo con el estadounidense Frank Shorter (1947), que aguantó todos los tirones del español y lo acabó batiendo con 28:32.8. El público agradeció la entrega de Haro, coreando su nombre al terminar la carrera. Sexto fue el plusmarquista mundial, el australiano Ron Clarke (1937-2015), con 29:00.4, que ese día cerraba su brillante carrera deportiva. Unos días antes, Haro había obtenido una resonante victoria en el 10 000 de la semifinal de la Copa de Europa, en Zúrich, que también mereció que el público corease su nombre.

En 1971, por fin, Mariano Haro entraba en la élite mundial. La gran cita del año eran los 10 000 m del campeonato de Europa, una final directa con 35 atletas. El británico David Bedford (1949), plusmarquista europeo con 27:47.0, se encargó de imponer un ritmo durísimo, con un parcial de 13:54.4. Se mantuvo en cabeza hasta la última vuelta. A falta de 300 m, el finlandés Juha Väätäinen (1941) salió como un obús y se fue irresistible hacia la meta. Se colgó el oro con 27:52.78, tercera mejor marca de siempre, mientras Haro era 5º con unos excelentes 27:59.34.

La mejoría de Haro en dos años había sido de 1 minuto, lo que había permitido al español codearse con los mejores. La siguiente cita era la más importante, los Juegos Olímpicos de 1972. El año comenzó muy bien para el español. En la última edición del Cross de las Naciones, conseguía la medalla de plata, tras el belga Gaston Roelants (1937). Al aire libre, su primer éxito fue superar la plusmarca española de 5000 m, que tenía Salgado. Haro se había prestado poca atención a esta distancia. Su mejor marca hasta el año anterior era de 13:47.2. El 29 de junio en Helsinki, mejoraba hasta 13:38.8. El 14 de julio en Crystal Palace, en el campeonato de la AAA, estaba dispuesto a atacar los 13:28.4 de Salgado. En una carrera muy rápida, ganada por Bedford con 13:17.21, el palentino fue 4º con 13:26.03.

En el 10 000 de los Juegos de Múnich se celebraban por primera vez semifinales, que tuvieron lugar el 31 de agosto. Haro fue segundo en la segunda semifinal, con una nueva plusmarca española de 27:55.89, por detrás del veterano tunecino Mohamed Gammoudi (1938), 27:54.69, su mejor marca. La final, el 3 de septiembre, fue una carrera espectacular. Nuevamente Bedford salió como una bala Cuando iban 4500 metros el finlandés Lasse Viren (1949) tropezó y se fue al suelo, arrastrando en su caída a Gammoudi. El tunecino se quedó fuera de la carrera, pero Virén se recuperó y alcanzó el grupo, que seguía encabezado por Bedford, en menos de 200 metros. El británico seguía delante al pasar el 5º Km, 13:44,0 y continuó liderando la prueba hasta poco después de pasar el 6º Km. En ese momento en Viren se colocó en cabeza por primera vez. El ritmo se había ralentizado notablemente. A falta de 2 Km Viren seguía en primera posición de un grupo de 5 en el que además estaban Haro, el etíope Miruts Yifter (1944), el belga Emiel Puttemans (1947) y el estadounidense Frank Shorter (1947). A poco más de 2 vueltas del final, Haro, se colocó primero, pero aguantó poco más de 200 metros. A falta de 600 metros se vio sobrepasado por Viren, Puttemans y Yifter. El finlandés aceleró progresivamente y ya no se modificaron las posiciones. Entró vencedor, con una nueva plusmarca mundial de 27:38,35. Haro se quedó a un peldaño del podio. Fue 4º con 27:48.14, 6ª mejor marca mundial de siempre en ese momento.

Haro corrió también la 4ª serie semifinal de 5000 m. Fue 3º con 13:35.44, pero no corrió la final. Su actuación en Múnich sigue siendo la mejor de un fondista español. En 1996, en el maratón olímpico de Atlanta, el vitoriano Martín Fiz (1963) igualó a Haro con su 4º puesto

Haro ya no volvería a mejorar sus registros en las pruebas oficiales de fondo en pista. Sin embargo aún le esperaban años muy buenos. En 1973 el Cross de las Naciones dio paso al Mundial de Campo a través. Haro, que había sido segundo el año anterior en la primera competición, repitió plata en el primer Mundial, en el mismo segundo que el ganador, el finlandés Pekka Paivarinta (1949). El palentino siguió peleando por el cetro mundial de campo a través, pero volvió a quedarse a las puertas. En 1974 se quedó a 0.8 del belga Eric de Beck (1951) y en 1975 llegó 1.0 segundo detrás del escocés Ian Stewart (1949).

En pista, Haro fue 8º en el 10 000 del Europeo de 1974. En 1976 volvió a los Juegos Olímpicos. Se clasificó para la final con 28:11.66, 3º en la primera semifinal. En la final, donde Virén renovó su oro de 1972, el español fue 6º con 28:00.28, su mejor tiempo desde 1972.

Haro siguió compitiendo hasta 1979. En 1978 aún fue 3º en el campeonato de España de campo a través. En el ámbito nacional fue 11 veces campeón nacional en pista: 5 en 5000 m (1962, 1964, 1965, 1969, 1970), 9 en 10 000 m (1962, 1964, 1965, 1969, 1970, 1971, 1973, 1974, 1975) y 1 en obstáculos (1967). Fue además campeón de gran fondo en 1975.

Tras retirarse fue alcalde de Becerril de Campos desde 1979 a 2003.

Don Mariano, que tenga Vd un muy feliz cumpleaños. Ha hecho Vd muy felices a muchos aficionados al atletismo y ha sido la referencia de numerosísimos atletas. Que cumpla Vd muchos más.

Agradezco a Jorge González Amo la información que me proporcionó sobre en protagonista de esta entrada, en una larga y agradable conversación telefónica en la que además repasamos los grandes atletas de los 60. También agradezco a Gerardo Cebrián algún detalle más que se me había quedado en el tintero, en una conversación telefónica que tuvimos por otra razón.

Paco Grande ha hecho un excelente programa de Conexión Vintage dedicado a Mariano Haro

https://www.rtve.es/alacarta/videos/conexion-vintage/conexion-vintage-pioneros-del-deporte-espanol-mariano-haro-joaquin-blume/1910950/

¿Y si la final olímpica de 1500 en 1968 hubiese sido al nivel del mar?

La mañana de ayer, mi amigo Juan Botella me lanzó un reto a propósito de un tuit del doble medallista olímpico de 1500 m Nick Willis (1983).

Prometí hacer un hilo, pero después pensé que el tema daba para una entrada de este blog, que, por cierto, acaba de superar las 60 000 vistas (muchas gracias a todos). Creí que me llevaría menos tiempo. De hecho, había asegurado a Juan que lo terminaría el día de ayer. En cualquier caso, después de haber escrito si el mejor Coe habría podido ganar al mejor Cruz en 1984 y de la marca que podría haber hecho Seb Coe en 1500 en el año mágico de 1981, esta será la tercera entrada de atletismo-ficción.

Dediqué una entrada muy amplia a la final olímpica de 1500 de México, centrándome en la trayectoria de sus dos protagonistas, Kip Keino (1940) y Jim Ryun (1947), que aparecen en esta reciente fotografía con Juan Botella.

Keino, Juan, Ryun
Kip Keino, Juan Botella y Jim Ryun

Aunque la mejor prueba de ambos atletas era el 1500 (o la milla), su aproximación a la distancia era justamente opuesta. El estadounidense era un mediofondista puro, poseedor de las plumarcas mundiales de las 880 yardas, 1:44.9 (equivalente a 1:44.2 en 800 m, más rápido que el tope mundial de 1:44.3), los 1500 m, 3:33.1, y la milla, 3:51.1. Keino, por su parte, hacía compatibles los 1500 m con distancias más largas. Había sido plusmarquista mundial de los 5000, 13:24.2 en 1965, distancia en la que había ocupado la 5ª plaza en la final olímpica de 1964. Además era el vigente poseedor del tope universal de los 3000 m, 7:39.6. En 10 000 m había realizado el excelente registro de 28:06.4. Acreditaba 3:36.7 en los 1500 m, al paso de una milla, y 3:53.1 en la milla a 1131 metros de altitud. Evidentemente su valía real en ambas pruebas era mejor y se desenvolvía muy bien en altitud.

El año anterior de 1967, Keino había resultado derrotado de forma contundente en el 1500 de un encuentro entre Estados Unidos y la Commonwealth  en Los Ángeles, en una pista de tierra. Sabedor de que el estadounidense tenía un final rapidísimo, tras un pase de 1:00.9 la primera vuelta, el keniano imprimió un ritmo durísimo, con pases de 1:56.0 y 2:53.5, momento en que Ryun tomó la cabeza y acabó en unos extraordinarios 3:33.1. Keino, desfondado, solo pudo hacer 3:37.6.

Poco después en una milla en Londres, el keniano volvió a resultar derrotado en una milla no tan rápida. Ryun era capaz de mantener ritmos muy intensos y acabar más fuerte que sus rivales. Parecía el claro favorito para el oro olímpico, pero la Ciudad de México estaba a 2250 m y Keino ya había mostrado que podía correr mucho en lugares muy altos. En aquel momento se desconocía el efecto de la altitud sobre el rendimiento atlético. Hoy sabemos que la menor resistencia al aire y la disminución de la aceleración de la gravedad favorecen las pruebas explosivas y, por el contrario, la menos presión parcial de oxígeno dificulta las pruebas de largo alcance. Probablemente en los 800 m ambos factores se compensan, mientras que en distancias superiores el efecto negativo es dominante.

En las pruebas de selección olímpica de su país, Ryun intentó clasificarse para los 800 y los 1500 m, pero algo disminuido físicamente por una reciente mononucleosis infecciosa, solo consiguió la clasificación para la prueba más larga. Keino llegó a México con el objetivo de mejorar a Paavo Nurmi (1897-1970), capaz de ganar el oro olímpico en 1500, 5000 y 10 000, si bien en Juegos diferentes, y se inscribió en estas tres distancias. La primera en disputarse fueron los 10 000 m. Tuvo que abandonar a falta de 3 vueltas, aquejado de fuertes dolores abdominales. Le diagnosticaron una colecistitis y le recomendaron no correr. No siguió el consejo médico, y tras ganar la medalla de plata en 5000 m, alcanzó la final de 1500 m, tras haberse clasificado fácilmente. Esta fue su trayectoria previa:

Final de 10 000 m abandonó a falta de 3 vueltas
Semifinal de 5000 m 1º 14:20.4
Final de 5000 m 2º 14:05.2
Serie de 1500 m 1º 3:46.96
Semifinal de 1500 m 2º 3:51.50 (detrás de Ryun)

El estadounidense, por su parte, estaba mucho más descansado. Había ganado su serie en 3:45.80 y su semifinal en 3:51.25. No perdía una carrera de 1500 m o de la milla desde 1965 y era el plusmarquista mundial en ambas distancias. Ryun calculaba que se ganaría con 3:39. La realidad fue muy distinta pues él mismo hizo 3:37,89 y no ganó. Esta marca era muy buena. Además de Keino y el propio Ryun, en aquel momento solamente ocho hombres más habían corrido más rápido.

Tras sus derrotas previas, Keino sabía que para ganar necesitaba una carrera muy rápida. De modo que, ayudado por su compatriota Ben Jipcho (1943), pasó el 400 en 56,6 y el 800, ya en solitario, en 1:55,3, con Ryun algo más 3 segundos por detrás en sexta posición. Es probable que el estadounidense pensase que Keino se desfondaría. Pero no sucedió así, pues el keniano dio paso al 1200 en 2:53,4. Ryun recuperó terreno mínimamente con 2:56,0, aún en cuarta posición, pero incluso en el último 300 fue más rápido el keniano, que se proclamó brillantemente campeón olímpico con 3:34,91, su mejor marca personal, casi 3 segundos por delante de Ryun, 3:37,89. Tercero fue el alemán Bodo Tümmler (1943) con 3:39,08.

Los resultados completos fueron:

1 Kip Keino KEN 3:34,91 OR
2 Jim Ryun USA 3:37,89
3 Bodo Tümmler RFA 3:39,08
4 Harald Norpoth RFA 3:42,57
5 John Whetton GB 3:43,90
6 Jacky Boxberger FRA 3:46,65
7 Henryk Szordykowski POL 3:46,69
8 Josef Odložil CHE 3:48,69
9 Tom Von Ruden USA 3:49,27
10 Ben Jipcho KEN 3:51,22
11 André Dehertoghe BEL 3:53,63
12 Marty Liquori USA 4:18,22

Bien, hasta aquí, los hechos. A partir de ahora entraré en el terreno de la especulación. En primer lugar, y aunque Nick Williams no lo pregunta en el tuit, habría que plantear lo que habría podido hacer Keino si hubiese corrido como en México, empleando la misma energía, al nivel del mar. Hay que tener en cuenta que el keniano nunca mejoró la marca de México. En el número de octubre-noviembre de 1968 de la revista Atletismo Español, hay un estudio firmado por Antonio Hoyos en el que trata de corregir el valor de los registros conseguidos en los Juegos si hubiesen tenido lugar al nivel del mar. Cree que Keino habría podido correr en 3:31.5. Se basa en la diferencia entre la actuación de otros atletas en la final y sus marcas previas. Sin embargo, son muy pocos casos y la respuesta a la altitud es muy individual. Hoy tenemos más datos. En la siguiente tabla se muestran los mejores 1500 m en altitud y se comparan con la mejor marca al nivel del mar.

1500 altitud

Se trata de los mejores 1500 realizados en altitud, junto con la mejor marca del atleta y la diferencia entre ambos registros. Salvo el caso de Keino, el resto de los atletas, todos kenianos, realizaron su mejor marca en altitud en Nairobi, a 1795 m sobre el nivel del mar, donde se corrían muy rápido pese a esta limitación La media de la diferencia entre los dos 1500 es de 2.94. Para aproximar más la pérdida en altitud se podría considerar la mejor marca del atleta el mismo año, pero dado que son 21 corredores, un buen número, tal vez se podría dar como buena esa pérdida de casi 3 segundos. Es decir, Keino podría haber estado en el entorno de los 3:31 largos, casi lo que le atribuían en el artículo antes reseñado. El rendimiento del keniano fue sorprendente, pues no solo llevaba muchas carreras encima, sino que su salud tampoco era la mejor para estar ganando un oro olímpico. Por cierto, la mejor marca mundial de 1500 m en altitud de Keino duró hasta 1992, año en que el obstaculista Moses Kiptanui (1970) hizo 3:34.0 en Nairobi, curiosamente su mejor marca de siempre en la distancia.

En cuanto a Ryun, como se señaló anteriormente, su marca de 3:37.89 fue muy buena. De hecho fue su segundo mejor 1500 de siempre entonces, aunque tenía dos pasos en la milla más rápidos. En la final, tal vez pudo haber corrido algo más rápido. Probablemente pensaba que Keino reventaría e inicialmente fue muy conservador. Su táctica no fue buena. Además, a Ryun la altitud le perjudicó, pues nunca tuvo opción de ganar el oro a un atleta inferior a él sobre el papel. La pista sintética pudo ayudarlo, pero no compensó la altitud. Para analizar la valía del estadounidense, hay que tener en cuenta que había conseguido la plusmarca mundial en una pista de tierra y con un pase del primer 400 en 1 minuto. Tal vez, con un ritmo más sostenido, podría haber hecho ese día menos de 3:32.5 y sustituyendo la tierra por material sintético quizá un segundo menos. En 1968 no había corrido tan rápido como el año anterior, el de la plusmarca mundial. Probablemente su entrenamiento iba dirigido al oro olímpico, no a mejorar las marcas. No hay que olvidar que había sufrido algunas semanas antes de los Juegos una mononucleosis infecciosa.

Ahora, para terminar el atletismo-ficción, hay que contestar la pregunta del título ¿Qué habría ocurrido si la final olímpica hubiese sido al nivel del mar? Si hubiese sido hoy, emulando lo que se hará (esperemos que se pueda) en Tokio, se habrían llevado las pruebas más largas de 800 a Acapulco. Pues bien, en una final al nivel del mar, si Keino hubiese corrido exactamente igual, Ryun se habría pegado a él, como en Los Ángeles, y la carrera habría acabado en 3:31. Sé que hay alguien que estuvo allí que me dirá lo contrario, pero Keino aquel día estaba en estado de gracia y creo que habría ganado igualmente, aunque por mucho menos que en la carrera real. Por supuesto, en ese hipotético 3:31 de Keino, si Ryun hubiese corrido como en México, tampoco lo habría alcanzado y probablemente habría estado en 3:34. Y con esto respondo a la pregunta de Willis sobre la equivalencia de los 3:37.82 del estadounidense en México.

Fanny Blankers-Koen, la estrella que esperó doce años para brillar

En 1936 una jovencísima atleta neerlandesa tomaba parte en los Juegos Olímpicos de Berlín, donde vio a Jesse Owens (1913-1980) ganar 4 medallas de oro. El antílope de ébano se convirtió en la referencia de Francina Koen, a quien todos llamaban Fanny. Poco imaginaba esta adolescente que en los siguientes Juegos ella sería la estrella y que igualaría la hazaña de Owens, pero quizá aun imaginaba menos que los siguientes Juegos no tendrían lugar hasta 12 años después. En ese tiempo el mundo se sumiría en la mayor locura de la historia.

Francina Elsje Blankers-Koen había nacido en el pequeño pueblo de Lage Vuursche, en provincia de Utrecht, el 29 de abril de 1918. En su casa se respiraba deporte, pues su padre había sido lanzador de disco y de peso. Antes de comenzar a practicar atletismo específicamente probó con numerosos deportes, natación, gimnasia, tenis… Para todos ellos mostraba un enorme talento. Finalmente en 1935 se decidió por el atletismo. Parece que tuvo que ver en ello su entrenador de natación, quien, pese a que Fanny era una excelente nadadora, le vio más futuro en el atletismo. Un antiguo saltador de triple, llamado Jan Blankers (1904-1977), que en 1940 se convertiría en su marido, comenzó a entrenarla de forma regular. Empezó en los 800 m, distancia en la que registró 2:29.0, plusmarca nacional, pero enseguida se pasó a la velocidad y a los concursos. Con tan solo un año de entrenamiento acudió a los Juegos Olímpicos de Berlín donde ocupó el sexto y el quinto puesto en las finales de salto de altura y del relevo 4 x 100 m respectivamente. En 1938 se celebró el primer campeonato de Europa femenino al aire libre. Fue la única ocasión en que hubo diferentes sedes para el Europeo masculino, París, y femenino, Viena. Koen, que había superado ese año su primera plusmarca mundial, 11.0 en 100 yardas,  fue tercera en los 100 y en los 200 m, en ambos casos precedida por la polaca Stanisława Walasiewicz (1911-1980), de quien tras su muerte se descubrió que padecía un estado intersexual, y por la alemana Käthe Krauss (1910-1970). Koen esperaba brillar en los Juegos de 1940, pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial impidió que se celebrasen la edición de ese año y la de 1944.

La guerra fue especialmente dura para los Países Bajos, que sufrieron la ocupación alemana desde 1940, tan solo dos semanas después del compromiso de boda de Fanny con su entrenador, hasta 1945. La ocupación terminó con una terrible hambruna, el último invierno antes de la liberación, debido al bloqueo de suministros decretado por el agonizante régimen nacionalsocialista. Pese a ello Blankers-Koen continuó entrenando, se casó y tuvo un hijo durante ese durísimo período. Superó 6 plusmarcas mundiales, de salto de altura, 1.71 m, salto de longitud, 6.25 m, 80 m vallas, 11.3, 100 yardas, 10.8,  4 x 110 yardas y 4 x 200 m.

En la primera competición tras la guerra, los campeonatos de Europa de 1946, celebrados en Oslo, la neerlandesa se volvió con 2 oros, en 80 m vallas y el relevo 4 x 100, pero con un sabor agridulce. Durante la final del salto de altura tuvo que hacer una pausa para disputar la semifinal de 100 m. No se clasificó pues sufrió una caída, que la afectó el resto de la competición de altura, donde fue cuarta. En cualquier caso hay que tener en cuenta que en febrero de ese mismo año había tenido una hija. En 1947 ganó los títulos nacionales en 6 disciplinas, 100, 200 , 80 m vallas, salto de longitud, salto de altura y lanzamiento de peso. Para los Juegos Olímpicos de Londres, en 1948, decidió tomar parte en 4 pruebas 100, 200 m, 80 m vallas y relevos 4 x 100. Un sector de la prensa la criticó por no estar en casa cuidando a sus hijos, otro decía que con 30 años era demasiado mayor para ganar un oro olímpico. Y no solo la prensa. También recibió muchas cartas personales criticando su decisión de ir a Londres.

En la castigada capital del Reino Unido, la primera prueba que disputó fueron los 100 m, cuya final tuvo lugar el 2 de agosto. Blankers-Koen se hizo con su primera victoria con 11.9, batiendo a la británica Dorothy Manley (1927) y a la australiana Shirley Strickland (1925-2004), que daría mucho que hablar en las dos siguientes ediciones de los Juegos. Al día siguiente comenzaron los 80 metros vallas. Tuvo que enfrentarse a la favorita local, la británica Maureen Gardner (1928-1974), a la que consiguió batir por centímetros en la final del 4 de agosto, ambas con 11.2. Shirley Strickland repitió bronce. El 6 de agosto, Blankers-Koen se hacía con su tercer oro en la final de los 200 m, con 24.4, la primera vez que se disputaba esta prueba en los Juegos en categoría femenina. La tercera, la estadounidense Audrey Patterson (1926-1996), se convirtió en la primera mujer de raza negra en ganar una medalla olímpica. El 8 de agosto Blankers-Koen recibía el testigo de forma defectuosa en la carrera de relevos 4 x 100 para la última posta en cuarta posición. Una grandísima remontada le permitió hacerse con su cuarta victoria e igualar a su admirado Jesse Owens. Había corrido 11 carreras en 8 días.

La neerlandesa se convirtió en la heroína de los Juegos y en una celebridad mundial. La prensa, tras haberla criticado duramente, se rindió a sus pies. Ahora resaltaban su edad y su condición de madre, mamá voladora, holandesa voladora… Su fama le permitió convertirse en embajadora del deporte femenino, entonces aún muy cuestionado. Su carrera atlética, no obstante, continuaba. En el Europeo de 1950 de Bruselas casi igualó su gesta olímpica con oros en 100, 200 m, 80 m vallas y plata en el relevo 4 x 100 m. En 1952 acudió a Helsinki, su tercera cita olímpica, en los 100 m y los 80 m vallas. Una infección cutánea la obligó a no presentarse en su semifinal de 100 m. En la final de vallas sufrió una caída que la dejó fuera de la carrera. Aún compitió una temporada más.

Además de las plusmarcas mundiales reseñadas anteriormente también consiguió igualar la de 100 yardas, 10.8 en 1948, otra vez 80 m vallas, 11.0, también en 1948, 11.5 en 100 m, plusmarca mundial igualada, el mismo año, 24.2 en 220 yardas en 1950 y 4691 puntos en pentatlón en 1951.

Tras su retirada trabajó con la federación de su país hasta 1968. En 1999 la entonces IAAF, hoy World Athletics, la nombró la mejor atleta femenina del siglo XX. Murió el 25 de enero de 2004. En sus últimos años padeció enfermedad de Alzheimer.

Fanny Blankers-Koen fue una amante del deporte a quien una terrible guerra y una no menos terrible hambruna no le impidieron perseguir su sueño olímpico. Fue una estrella que tuvo que esperar doce años para poder brillar con todo su esplendor.

Janis Lusis, el atleta conciliador

Acaba de dejarnos el atleta letón Janis Lusis, uno de los mejores lanzadores de jabalina de la historia, campeón de Europa en 4 ocasiones y trimedallista olímpico, con una presea de cada color. Lusis había nacido en la localidad letona de Jelgava el 19 de mayo de 1939. De niño vio cómo los soldados alemanes que habían invadido su país asesinaban a su padre en 1944. Pese a ello, nunca guardó ningún resentimiento hacia Alemania. De hecho uno de sus mejores amigos fue su rival germano Klaus Wolfermann (1946).

Lusis apareció en la escena internacional en 1961, cuando fue el 10º mejor lanzador de jabalina de ese año con un mejor marca de 81.01 m con la jabalina antigua. El líder de la temporada fue el italiano Carlo Lievore (1937-2002) con 86.74 m, entonces plusmarca mundial. Ambos se enfrentaron al año siguiente en el campeonato de Europa de Belgrado. El italiano parecía en buena forma, tras realizar la mejor marca de los participantes en la clasificación, pero en la final solo pudo ser 6º. Lusis se fue a 82.04 m y ganó con más de 4 m de ventaja sobre el segundo. A finales de esa temporada mejoró su marca hasta 86.04 m, el mejor lanzamiento de ese año.

Dos años después, en los Juegos Olímpicos de Tokio, el gran favorito era el noruego Terje Pedersen (1943), que un mes antes se había ido a unos extraordinarios 91.72 m. Pero el nórdico no cumplió las expectativas y se quedó a 21 cm de pasar a la final, donde sí estaba Lusis. Bajo una lluvia considerable, aderezada con viento cambiante, el letón, representando a la Unión Soviética, se colocó líder con 80.57 m en su segundo lanzamiento. No mejoró y en la cuarta ronda se vio superado por el finlandés Pauli Nevala (1940) con 82.66 y por el húngaro Gergely Kulcsár (1934), con 82.32. Ya no habría cambios y Lusis se hizo con la medalla de bronce. Dos años después, en el campeonato de Europa de Budapest, fue Lusis quien derrotó a los atletas que le precedieron en Tokio, al renovar su título de campeón con unos buenos 84.48 m.

El año olímpico de 1968 fue el mejor año deportivo de Lusis. El 25 de junio superaba por primera vez la plusmarca mundial, con 91.98. Era el gran favorito para el oro olímpico en México. Enseguida se colocó en la cabeza de la prueba, con 86.34 m, 4 cm por delante del finlandés Jorma Kinnunen (1941-2019). Las posiciones se mantuvieron hasta que Kinnunen llevó su marca personal hasta 88.58 m en la última ronda. Lusis tenía una única oportunidad, pero no la desaprovechó y se proclamó campeón olímpico con 90.10 m.

Kinnunen superó la plusmarca mundial de Lusis en 1969 con 92.70 m. Sin embargo en el campeonato de Europa de ese año, hubo un primer intento de hacer el Europeo bianual, su actuación fue discreta. Ocupó la 10ª posición, mientras Lusis conseguía su tercer oro, con unos excelentes 91.52 m, por delante de su viejo rival Nevala. Dos años después, en 1971, volvía a celebrarse el campeonato de Europa y Lusis hizo repóker de oros. Poco antes de los Juegos Olímpicos de 1972, el letón recuperaba la plusmarca mundial al lanzar 93.80 m. Era el gran favorito para repetir el oro olímpico, aunque, sobre el papel, tendría la resistencia de Klaus Wolferman, que una semana antes de los Juegos había lanzado 90.41. No hubo sorpresas y ambos se plantaron en la final sin problemas. Lusis empezó muy fuerte con 88.88 m en su primer intento, aunque Wolfermann no lo hizo mal, con 86.68 m. Lusis mejoró en el tercer intento con 89.54 m. El alemán añadió suspense en el cuarto, al acercarse con 88.40 m. En la quinta ronda Wolferman hacía marca personal de 90.48 m y se colocaba en cabeza. Lusis se encontraba con una situación parecida a la de 4 años antes en México, si bien aquí tendría dos oportunidades de superar al líder, al que le quedaba un intento. Su quinto lanzamiento fue el peor de la serie con 81.66. Wolfermann hizo 84.70 m en el último intento. Lusis realizó un lanzamiento larguísimo, pero insuficiente. Fue segundo con 91.46 m.

Lusis continuó en activo una olimpíada más. Fue 6º en el Europeo de 1974 y 8º en los Juegos Olímpicos de 1976, donde otro grande de la jabalina, y que además diseñaba artefactos, el húngaro Miklós Németh (1946) derrotó a Wolferman y consiguió el título. Casado con la campeona olímpica de lanzamiento de jabalina, Elvira Ozolina (1939), el hijo de ambos, Voldemar (1974) fue olímpico en la misma prueba que sus padres en 2000 y 2004. De 1962 a 1974, estuvo siempre entre los 7 primeros de la lista del año, 9 veces en primera posición, una vez segundo, quinto, sexto y séptimo. Lusis también probó el decatlón. Su mejor puntuación de 7764 le permitió se 5º mundial en 1962. El pasado 29 de abril a causa de un cáncer se iba el considerado uno de los mejores lanzadores de jabalina de todos los tiempos.

 

Y el coronavirus se llevó a Donato Sabia

Aunque la Humanidad lleva padeciendo plagas desde el principio de los tiempos, a nuestra sociedad, que disfruta de una prosperidad inédita en la historia, esta terrible pandemia del COVID 19 nos ha sorprendido. Habíamos relegado la muerte a un segundo plano. Ni nos imaginábamos que una enfermedad infecciosa nos podría cambiar la vida. Y, sin embargo, aquí estamos, con medio planeta confinado en sus casas y decenas de miles de muertos, de los que sus familias no se pueden ni despedir en la mayoría de los casos. El mundo del atletismo, como no puede ser de otra manera, no es ajeno a esta tragedia. Aunque hace dos días nos alegrábamos por la recuperación del antiguo atleta y aún entrenador Josep Molins (1933), hace unos días nos entristecíamos por la muerte de Santiago Llorente (1958-2020), subcampeón mundial junior de campo a través en 1977 y campeón de España de 10 000 m en 1986, y hoy hemos sabido de la desaparición de Donato Sabia (1963-2020), un notable corredor italiano de 800 m de los años 80.

Donato Sabia había nacido en Potenza, una ciudad de 70 000 habitantes del Sur de Italia, el 11 de septiembre de 1963. Comenzó combinando los 400 y los 800 m. En 1982, en categoría sub20, corría las dos vueltas en 1:47.29. Mejoró al año siguiente hasta 1:46.62. Ese año formó parte del cuarteto de 4 x 400 italiano que ocupó la 5ª plaza en el Mundial de Helsinki.

El año olímpico de 1984 fue el mejor de su vida. En invierno se proclamó campeón de Europa en sala de 800 m.

Ya en la temporada estival estableció una mejor marca mundial en la inusual distancia de 500 m con 1:00.08. Poco después realizaba su mejor tiempo de siempre en 800 m, 1:43.88, muy cerca de la plusmarca italiana de Marcello Fiasconaro (1949) de 1:43.7.

Acudió a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles con muy poca experiencia internacional. Sin embargo, en una durísima competición de muy alto nivel, consiguió entrar en la final. Fue 3º en la primera ronda con 1:47.04, 2º en cuartos de final con 1:44.90 y 4º, con 1:45.96 en la táctica segunda semifinal. En la final, marcada por el duelo entre el fenómeno brasileño Joaquim Cruz (1963) y el recuperado británico Sebastian Coe (1956), Sabia ocupó una excelente 5ª posición con 1:44.53.

Con tan solo 20 años, el futuro parecía pertenecerle, pero los problemas físicos, omnipresentes en el deporte, cortaron su progresión. Tras unos años muy complicados, consiguió recuperarse en 1988 y con una marca de 1:45.28 acudió a los Juegos de Seúl. Su rendimiento volvió a ser excelente. Era la última vez que se disputaban 4 rondas en unos Juegos. Su camino a la final fue 3º en la primera ronda con 1:47.84, 1º en su serie de cuartos de final con 1:46.58 y 3º en la primera semifinal con 1:44.90, su mejor marca desde 1984. En la final, ganada por el desconocido keniano Paul Ereng (1967), ocupó la 7ª posición con 1:48.03.

Pese a su edad de 24 años, su cuerpo no le permitió mucho más y se retiró a principios de los años 90. Había ingresado hacía unos días en el Hospital de San Carlos de su ciudad natal, aquejado de neumonía por COVID10. Desgraciadamente el proceso se complicó hasta su fallecimiento hoy 8 de abril. Unos días antes se había muerto su padre. Según el Comité Olímpico Italiano (CONI), se trata del primer finalista olímpico que se lleva esta enfermedad. Ojalá fuese el último.

Sirvan estas líneas como un sencillo homenaje a los que nos están dejando por esta pandemia y a todos sus familiares.

1948, Londres recupera los Juegos Olímpicos

En junio de 1939, el Comité Olímpico Internacional (COI) otorgó a Londres la organización de los Juegos Olímpicos de 1944. La capital del Reino Unido se había impuesto a Roma por 20 votos a 11. Detroit y Lausana habían obtenido respectivamente 2 y 1 voto. El 1 de septiembre de ese mismo año, la invasión alemana de Polonia marcó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la guerra más mortífera de la historia. A diferencia de los Juegos de la Antigüedad, no hubo tregua, y los modernos Juegos Olímpicos de 1940 y de 1944 no tuvieron lugar. Tras el final de la Guerra, en 1945, Londres no parecía la ciudad más adecuada para ser sede olímpica en 1948. Durísimamente castigada por la aviación alemana, la ciudad había perdido a 30 000 de sus habitantes, fallecidos, y decenas de miles de edificios se hallaban en ruinas. La contienda había costado al Reino Unido la cuarta parte de su riqueza. Aunque varias ciudades estadounidenses habían manifestado su deseo de organizar los Juegos, el COI se inclinaba por alguna ciudad europea. Las opciones más claras parecían Estocolmo o Lausana, de países que habían permanecido neutrales, o, incluso, París, que había salido bastante bien parada de la invasión alemana. Sin embargo, los buenos oficios de Lord Burghley (1905-1981), campeón olímpico de 400 metros vallas en 1928 y presidente de la Federación Británica de Atletismo (AAA), llevaron finalmente al COI a designar a Londres como sede olímpica para los Juegos de 1948. Era una forma de reinvidicarse tras la guerra y de subir la moral de la población. La ciudad se las arregló con lo que tenía. No se construyó ninguna instalación nueva.

El atletismo europeo, no obstante, ya se había reorganizado recuperando en 1946 los Campeonatos de Europa, cuya sede fue el mítico estadio Bislett de Oslo. Pese a los años de guerra la competición fue un éxito. Se superaron nada menos que 11 plusmarcas de los campeonatos. Los grandes vencedores fueron los suecos, con 22 medallas, 11 de oro, seguido de los soviéticos con 17 medalla, 6 de oro. Algunos de los triunfadores de Londres se dejaron ver el Oslo, como el checoslovaco Emil Zátopek (1922-2000), 5º en los 5000 m, o la neerlandesa Fanny Blankers-Koen (1918-2004), oro en 80 m vallas y en el relevo 4 x 100. Tal vez el gran protagonista de este Europeo fue el británico de 32 años Sydney Wooderson (1914-2006). Wooderson había sido campeón de Europa de 1500 m en la anterior edición de 1938. También en su momento había poseído las plusmarcas mundiales de 800 m, 800 yardas y la milla. Tras la guerra fue capaz de volver a ganar un oro continental, esta vez en 5000 m con 14:08.6, segunda mejor marca de siempre en ese momento. Los 10 000 m vieron la victoria del último de los finlandeses voladores, el plusmarquista mundial de la distancia Viljo Heino (1914-1998). Aunque España no participó, un atleta nacido en Huelva, el francés Raphaël Pujazón (1918-2000) se hizo con el oro en los obstáculos.

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Estadio Bislett en 1946. By Widerøes Flyveselskap / Vilhelm Skappel – Oslo byarkiv: image no. A-20027/Ua/0002/077 (Oslo byarkiv), via oslobilder.no., CC BY-SA 3.0 no, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2193757

 

Estos buenos resultados en el Europeo presagiaban que, pese a la precaria situación del mundo, los Juegos podrían ser un éxito. Acudieron 4104 deportistas de 59 países para 19 deportes. No se invitó ni a Alemania, ni a Japón. La Unión Soviética declinó su participación. Las pruebas atléticas tuvieron lugar en el Estadio del Imperio, con capacidad para más de 100 000 espectadores, construido en 1922. Posteriormente se llamó Estadio Wembley, hasta su demolición en 2003. En la actualidad hay otro estadio con el mismo nombre. La competición comenzó el 30 de julio y terminó el 14 de agosto. Tomaron parte 745 atletas de 53 países. Estados Unidos encabezó el medallero, con 27 metales, 12 oros, seguidos de Suecia, con 13 medallas, 6 de oro. No hubo ninguna plusmarca mundial, pero se superaron 14 plusmarcas olímpicas.

 

Empire Stadium
Estadio del Imperio, posteriormente Wembley, en 1948 https://britainfromabove.org.uk/en/image/EAW018311

 

La gran triunfadora de los Juegos fue Fanny Blankers-Koen. Ya con 30 años, la neerlandesa ganó las 4 carreras que tuvieron lugar en la categoría femenina, 100 m, 200 m, 80 m v y el relevo 4 x 100 m, igualando la hazaña de Jesse Owens (1913-1980) de los Juegos de 1936. La pianista francesa Michelle Ostermeyerer (1922-2001) fue la única otra atleta, hombre o mujer, que repitió oro en una prueba individual, al hacerse con la victoria en los lanzamientos de peso y disco.

Uno de los grandes duelos de los Juegos fue el que llevaron a cabo el estadounidense Mal Whitfield (1924-2015) y el jamaicano Arthur Wint (1920-1992). Whitfield derrotó a Wint en un muy disputado 800, mientras el jamaicano le devolvió la pelota en los 400 m, donde el estadounidense fue bronce. Se esperaba que desempatarían en el relevo 4 x 400, pero una mala entrega de los jamaicanos provocó que se quedasen fuera. Tendrían que esperar 4 años para superar a los estadounidenses.

Otro gran duelo tuvo lugar en los 5000 m entre Emil Zátopek y el belga Gaston Reiff (1921-1992). Zátopek había ganado los 10 000 m sin oposición, con casi 50 segundos de ventaja sobre el francés Alain Mimoun (1921-2013). Se esperaba que repitiese en los 5000 m, pero un trepidante final del Reiff relegó al checoslovaco a la segunda posición.

La velocidad y las vallas tuvieron un dominio total de los atletas estadounidenses. El favorito para ganar el oro en los 110 metros vallas, Harrison Dillard (1923-2019) no consiguió clasificarse para los Juegos en esta prueba. Sí lo hizo en los 100 m, donde se impuso contra todo pronóstico. Mel Patton (1924-2014) se hizo con la victoria en los 200 m, William Porter (1926-2000) encabezó el triplete estadounidense en las vallas altas y Roy Cochran (1919-1981) se llevó el oro en las bajas.

Otro país que hizo triplete fue Suecia en los 3000 m obstáculos, con la victoria de Tore Sjöstrand (1921-2011). En los 1500 m se echó de menos a Günder Hägg (1918-2004) y Arne Andersson (1917-2009), sancionados a perpetuidad por profesionalismo. Pese a ello, los atletas suecos hicieron doblete con Henry Eriksson (1920-2000) en lo más alto del podio.

En el maratón, Delfo Cabrera (1919-1981) se convirtió en el segundo argentino en ganar el oro en esta prueba, tras superar al agotadísimo líder de la prueba, el belga Étienne Gailly (1922-1971), en el propio estadio a falta de 400 m. Su compatriota, Juan Carlos Zabala (1911-1983), había ganado en 1932.

En los concursos destacó el triplete estadounidense en lanzamiento de peso, con victoria de Wilbur Thompson (1921-2013) y plusmarca olímpica  y el lanzador de disco italiano Adolfo Consolini (1917-1969) , oro también con plusmarca olímpica.

En el decatlón se produjo una gran sorpresa cuando el inexperto estadounidense de 17 años Bob Mathias (1930-2006) se proclamó campeón olímpico, título que repetiría 4 años más tarde.

En cuanto a España, que continuaba sufriendo los efectos de la Guerra Civil y el aislamiento internacional, envió un equipo de 8 atletas: José Luis Adarraga (1923-1990) en 800 y 1500 m, Gregorio Rojo (1920-2006) en 5000 y 10 000 m, Constantino Miranda (1925-1999) en 10 000 m y 3000 m obstáculos, Félix Erausquin (1907-1987) en lanzamiento de disco, Pedro Apellaniz (1924-2013) en lanzamiento de jabalina y Enrique Villaplana (1914-1983) en 50 Km marcha. En Londres se produjo un hito histórico para el atletismo español, pues se consiguió el primer finalista de la historia con el 8º puesto de Constantino Miranda, que bien pudieron ser dos, pues Villaplana fue 9º en la prueba larga de marcha a 19 segundos del 8º puesto.

Londres consiguió recuperar los Juegos, que con el paso del tiempo se irían convirtiendo en un enorme espectáculo mediático y de masas. En aquella ciudad, destruida por las bombas, los llamados Juegos de la austeridad (y se podría añadir de la dignidad) consiguieron que el movimiento olímpico tuviese continuidad