Valencia continúa su escalada mundial en las carreras de fondo

Esta mañana tuvo lugar la 42 edición del maratón de Valencia, organizado por la SD Correcaminos, cuyo presidente es Francico Borao y su gerente Juan Botella. Se contaba con la posibilidad de la plusmarca mundial femenina por parte de la etíope Letesenbet Gidey (1998), pese a su juventud, vieja conocida de la afición valenciana. Finalmente no pudo ser y Gidey en su primer maratón ocupó la segunda posición, pero el nivel de la prueba estuvo a la altura de los mejores maratones mundiales.

Valencia se ha convertido en una de las grandes capitales mundiales de las carreras de fondo. En total, ha visto cómo se superaban seis plusmarcas mundiales en diferentes distancias, a saber, ordenados por fecha, 10 Km en ruta, Joshua Cheptegei (1996), de Uganda, el 1 de diciembre de 2019, 26:38, 10 Km en ruta, Rhonex Kipruto (1999), de Kenia, el 12 de enero de 2020, 26:24, el paso de 13:18 por el kilómetro 5 también se homologó como plusmarca mundial, 5000 m, Letesenbet Gidey, 4 de octubre de 2020, 14:06.62, 10 000 , Joshua Cheptegei, 4 de octubre de 2020, 26:11.00, medio maratón , Kibiwott Kandie (1996), de Kenia, el 6 de diciembre de 2020, 57:32, y medio maratón, Letesenbet Gidey, 24 de octubre de 2021, 1h02:52.

Este año se intentó subir la apuesta. Letesenbet Gidey es la actual plusmarquista mundial de 5000 y 10 000 m en pista, 15 Km en carretera y medio maratón. En su estreno en maratón intentaría la plusmarca mundial en carrera mixta de 2h14:06 de la keniana Brigid Kosgei (1994) el 13 de octubre de 2019 en Chicago. En hombres el objetivo era algo más modesto, superar la plusmarca del maratón de Valencia, 2h03:00 del keniano Evans Chebet (1988) en 2020. Se confiaba sobre todo en el etíope Tamirat Tola (1991), acreditado en 2h03:39, y en el tanzano Gabriel Geay (1996), con 2h04:55 como mejor marca personal.

En la carrera femenina, los tiempos de los primeros kilómetros no hacían pensar en un registro próximo a la plusmarca mundial, pero el ritmo se fue avivando y el pase por el medio maratón fue de 1h07:18, con Gidey rodeada de hombres dando muy buena impresión. La acompañaba su compatriota Amane Beriso (1991), acreditada en 2h20:48 de 2016, que no parecía rival para Gidey. La carrera continuó animándose, de manera que en el kilómetro 35 se aproximaban a los pases de la plusmarca mundial. A esas alturas de la carrera Beriso cambió de ritmo y consiguió separarse de Gidey. No pudo, sin embargo, seguir acercándose a la plusmarca mundial y terminó en unos excelentes 2h14:58, tercera mejor marca de siempre detrás del techo mundial de Kosgei y de las 2h14:18 de la también keniana Ruth Chepngetich (1994), de este mismo 2018. Gidey hizo una última parte de la carrera más lenta y terminó segunda en 2h16:49. Cuatro mujeres terminaron en menos de 2h18:00 y siete por debajo de 2h19:00. Por detrás, en el puesto 17, la catalana de 37 años Marta Galimany (1985) mejoraba la mítica plusmarca española de la palentina Ana Isabel Alonso (1963) de 2h26:51 en 1995. Galimany realizó un tiempo de 2h26:14, un enorme éxito para esta mujer que en 2020 se quedó a 17 segundos de ser plusmarquista española de maratón.

En la categoría masculina, las cosas salieron mucho mejor de lo que se preveía, con la inesperada rapidísima victoria del keniano Kelvin Kiptum (1999), quien, como Gidey, se estrenaba en la prueba. Kiptum corría por tercera vez en Valencia. En 2020 había hecho 58:42 en medio maratón, su mejor marca, y en 2021, 59:02. Sus credenciales no impresionaban, pero su actuación sí lo hizo. Tras cruzar el medio maratón en 1h01:41, algo por encima de lo esperado, la cadencia se fue incrementando progresivamente. Un parcial de 14:00 le permitió quedarse solo en el kilómetro 35. Se fue en solitario hacia la meta, terminando en 2h01:53. En toda la historia tan solo el también keniano Eliud Kipchoge (1984), con sus dos plusmarcas mundiales de 2h01:09 y 2h01:39, y el etíope Kenenisa Bekele (1982), 2h01:41, han corrido la distancia más rápido. Dado que estos tres tiempos se hicieron en Berlín, Valencia se ha convertido en el segundo maratón más rápido de siempre. Segundo fue Gabriel Geay, que igualó la anterior plusmarca de la carrera, 2h03:00, y tercero el keniano Alexander Munyao (1996), 2h03:29. Tola fue cuarto, a un segundo de su mejor marca, 2h03:40. Hubo cuatro hombres por debajo de 2h04:00, seis en menos de 2h05:00 y nueve en menos de 2h06:00. Por parte española, se vivió la gran alegría de los 2h07:17 del gallego de adopción Tariku Novales (1998), cuarta mejor marca nacional de suempre, a quien el futuro se le presenta brillante.

Una vez más, Valencia ha demostrado que va camino de convertirse en la ciudad más importante del fondo mundial. El entusiasmo de la SD Correcaminos y el apoyo de la Fundación Trinidad Alonso están consiguiendo que Valencia haga historia.

A título personal, quisiera dar mi más sincera enhorabuena a mi amigo Juan Botella. Su trabajo y su enorme sapiencia atlética son clave para el éxito de esta gran competición.

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¿Cuál es el mediofondista británico más completo de la historia?

Esta mes la revista Athletics Weekly planteaba a sus lectores por su opinión acerca del mediofondista británico más completo de la historia y presentaba cuatro candidatos Steve Ovett (1955), Sebastian Coe (1956), Steve Cram (1960) y Jake Wightman (1994). Los aficionados británicos están de enhorabuena. Desde la medalla de plata de Peter Elliott (1962) en la final de 1500 m de los Juegos Olímpicos de 1988 hasta el bronce del escocés Josh Kerr (1997) en los Juegos de Tokio 2020, celebrados en 2021, pasaron nada menos que 33 años sin que un británico pisase un podio olímpico de mediofondo. Los buenos resultados han continuado este 2022 con el oro en el Mundial al aire libre de Jake Wightman en 1500 m, convirtiéndose en el segundo británico, y europeo, en ganarlo, tras Steve Cram en 1983.

Parece que el mediofondo británico vuelve por donde solía. ¿Pero esta percepción es cierta, o tenemos una visión sesgada por el impacto mediático del enfrentamiento Ovett Coe de los 80 y la posterior aparición de Cram? El pedestrismo nació en el siglo XIX en las Islas Británicas. Poco a poco fue captando aficionados, lo que hizo que las competiciones se trasladasen a pistas de un cuarto de milla alrededor de los campos de fútbol o de rugby. La milla se convirtió en la distancia preferida de los atletas, prueba en la que destacó Walter George (1858-1943), quien en 1886 registró unos estratosféricos 4:12.8, equivalentes a 3:54.9 en 1500 m. El primer tiempo reconocido por la Federación Internacional de Atletismo (IAAF, hoy World Athletics) fue 3:55.8, de estadounidense Abel Kiviat (1892-1991), establecido en 1912.

Hasta los Juegos Olímpicos de 1932, los británicos se hicieron con cinco oros en los 800 m y tres en los 1500 m. Los campeones fueron en las dos vueltas Alfred Tysoe (1874-1901) en 1900, Albert Hill (1889-1969) en 1920, Douglas Lowe (1902-1981) en 1924 y 1928 y Tommy Hampson (1907-1965) en 1932. En 1500 m ganaron en oro en ese período Charles Bennett (1871-1948) en 1900, Arnold Jackson (1891-1972) en 1912 y Albert Hill en 1920. En los 800 m, desde el oro de Tommy Hampson hasta el de Steve Ovett en 1980, tan solo Derek Johnson (1933-2004) consiguió izar la bandera británica en un podio olímpico. En 1500 m, tras el triunfo olímpico de Albert Hill en 1920 hasta el de Seb Coe en 1980 únicamente Henry Stallard (1901-1973), uno de los personajes de Carros de Fuego, bronce en 1924, y Jerry Cornes (1910-2001), plata en 1932, consiguieron estar en el podio olímpico. En esa época de sequía olímpica británica se produjo, no obstante, un hecho histórico, la primera plusmarca mundial de la milla en menos de 4 minutos. El 6 de mayo de 1954, en Ifflie Road, Oxford, Roger Bannister (1929-2018) corría en 3:59.6. Superó por unos días a su rival en la distancia, en ambos sentidos, el australiano John Landy (1930-2022), al que derrotó en la milla de los Juegos de la Commonwealth ese mismo año. Bannister, que había sido cuarto en los Juegos Olímpicos de 1952, se retiró ese mismo año tras ganar el oro en el Europeo, dejando huérfano el mediofondo británico.

La irrupción de Ovett y Coe a finales de los 70 generó una rivalidad que trascendió mediáticamente al mundo del atletismo, incluso del deporte. Su doble enfrentamiento en los Juegos del Moscú en 1980 hizo mucho bien a un olimpismo que se tambaleaba. Parecía imposible que Coe perdiese el 800 dada su gran superioridad, pero lo impensable sucedió y Ovett se impuso con más facilidad de la esperada. Este tenía todo a su favor, tras su inesperada victoria en la prueba más corta y el presumible bloqueo anímico de su rival pero Coe resucitó en el 1500 ante un Ovett algo desmotivado. En los años siguientes llegaron las plusmarcas mundiales y las lesiones, de las que Ovett no se recuperó. Coe superó una grave enfermedad y batió en los siguientes Juegos a Steve Cram, que venía de ganar el Europeo y el Mundial los años anteriores. Cuatro años después, en los Juegos de Seúl, Coe ya no estaba y Cram no era el mismo. Se quedó a las puertas del podio en cuarta posición. Y tras Seúl una nueva travesía en el desierto, que parece ha llegado a su fin con Wightman, Kerr y el subcampeón de Europa de 1500 Jake Heyward (1999).

Tras esta pertinente introducción histórica, tratemos de contestar a la pregunta de Athletics Weekly. La selección de candidatos es la adecuada. Como acabamos de ver en esta introducción histórica, tal vez el único atleta que se aproxima, obviando a Albert Hill, que competía en otro atletismo, es Peter Elliott, subcampeón mundial de 800 m en 1987 y olímpìco de 1500 m en 1988. Vamos con los méritos de cada uno de ellos

Steve Ovett, subcampeón de Europa al aire libre de 800 m en 1974 y 1978, campeón de 1500 m en 1978, 5º en la final olímpica de 800 m en 1976, campeón olímpico en 1980 y bronce en 1500 m. Dos veces plusmarquista mundial de 1500 m y de la milla.

Sebastian Coe, bronce en 800 m en el Europeo al aire libre de 1978, plata en 1982 y oro en 1986, plata en 1500, subcampeón olímpico de 800 m en 1980 y 1984, campeón en 1500 en 1980 y 1984. Dos veces plusmarquista mundial de 800 m, dos de 1000, una de 1500 y tres en la milla.

Steve Cram, campeón de Europa de 1500 m en 1982 y 1986, bronce en 800 m en 1986, campeón del mundo de 1500 m en 1983, subcampeón olímpico de 1500 en 1984. Plusmarquista mundial de 1500, milla y 2000 m.

Jake Wightman, campeón del mundo de 1500 m en 2022, bronce europeo en 1500 en 2018 y subcampeón de 800 m en 2022.

Con estos datos, creo que Seb Coe está por encima del resto y no sabría decidirme entre Cram y Ovett por el segundo puesto.

La historia de Hal Connolly y Olga Fikotová

A pesar de que los lanzadores de martillo de los Estados Unidos se llevaron los oros olímpicos en las siete primeras ediciones de los Juegos, hasta 1924, el concurso perdió todo su interés en el país. Las competiciones de martillo comenzaron a escasear y las pocas que había tenían lugar fuera de los estadios, sin público, lo que incidió negativamente en el número de practicantes. Las cosas comenzaron a cambiar después de la Segunda Guerra Mundial. Sam Felton (1926-2015) se dedicó al estudio de los métodos europeos de lanzamiento. Fue cuarto en los Juegos de Londres, a escasos 7 cm de su compatriota Robert Bennett (1919-1974), bronce. Ambos prepararon el camino para la irrupción de uno de los grandes de la historia de la prueba, el formidable Hal Connolly (1931-2010).

Harold Vincent Connolly nació el 1 de agosto de 1931 en Somerville, Massachusetts. Connolly sufrió una afectación del plexo braquial izquierdo al nacer, lo que le produjo un defecto en el desarrollo de la extremidad superior, que llegó a ser 10 cm más corta que la derecha. Este problema no le impidió convertirse en atleta de elite. Estudiante en el Boston College y posteriormente en UCLA, progresó rápidamente en el lanzamiento de martillo desde 55.40 en 1954 hasta 63.88 m en 1955, muy cerca de los 64.52 m que el bielorruso, entonces soviético, Mijail Krivonosov (1929-1994) poseía como plusmarca mundial. En 1956, antes de los Juegos Olímpicos de Melbourne, que se celebraban a finales de noviembre, ambos mantuvieron una dura pugna por la plusmarca mundial, con la irrupción de otro estadounidense, Cliff Blair (1929-2013). Este lanzó el 4 de julio 65.95 m, homologado como plusmarca estadounidense, pero no reconocida por la Federación Internacional de Atletismo (IAAF, hoy World Athletics). Krisonov lrealizó 65.85 m el 25 de abril y 66.38 el 8 de julio. Connolly hizo 66.71 el 3 de octubre, no homologado por la IAAF. Krisonov respondió con 66.85 y 67.32 m el 22 de octubre. Pero acabaría siendo Connolly el que llegase a los Juegos como plusmarquista mundial con 68.68 m el 2 de noviembre. Se preveía que habría un gran duelo entre ambos, por el oro olímpico. Unos meses antes, el 29 de junio, Connolly solo había sido tercero en las pruebas de selección olímpica, superado por Al Hall (1934-2008) y por Cliff Blair. Connolly conseguiría su objetivo olímpico. Lo que no sospechaba es que se haría mundialmente famoso por otro tema, ajeno al atletismo, en el que la mitad del protagonismo fue para la lanzadora de disco checa, entonces checoslovaca, Olga Fikotová (1932)

Olga Fikotová nació en la localidad checa de Libiš, cerca de Praga, el 13 de noviembre de 1932. Dotada naturalmente para el deporte, representó internacionalmente a Checoslovaquia en baloncesto y balonmano, antes de comenzar con el lanzamiento de disco, en 1954. Estudiante de Medicina en la Universidad de Carlos, progresó rápidamente y en 1956 resultó seleccionada para los Juegos de Melbourne, adonde llegó con una mejor marca ese año de 51.80 m. Era el cuarto mejor lanzamiento de ese año, por detrás de tres soviéticas, la campeona olímpica, la rusa Nina Ponomaryova (1929-2016), 54.36 m, otra rusa Iryna Beglyakova (1933-2018), 52.71 m, y la veterana georgiana, plusmarquista mundial con 57.04 m, Nina Dumbadzne (1919-1983), 52.27 m. Fikotová seguramente se veía peleando por el podio olímpico. Lo que no se imaginaba era la manera en que los Juegos le cambiarían la vida.

El 23 de noviembre tuvo lugar la final de lanzamiento de disco femenino. Beglyakova se colocó en cabeza en la primera ronda con 51.74 m, nueva plusmarca olímpica. En la segunda, Ponomaryova recuperó su primado olímpico con 51.61. Fikotová sorprendió en el tercer intento con mejor marca personal de 52.02 m, que la colocaba en la cabeza de la prueba. En la misma ronda se vio superada por Beglyakova con 52.54 m. Fikotova siguió progresando con 52.28 m en el cuarto intento y unos magníficos 53.89 m en la ronda final, que le dieron el oro, por delante de Beglyakova, 52.54 m, y Ponomaryova, 52.02 m. Curiosamente esta última había enseñado algunos detalles de la técnica de lanzamiento a Fikotová el año anterior.

Al día siguiente se celebró la final masculina de lanzamiento de martillo. En la primera ronda el ruso, entonces soviético, Anatoli Samontvestov (1932-2014) superaba con 62.10 m la anterior plusmarca olímpica y se colocaba en cabeza. Dos lanzamientos de 63.00 y 63.03 m colocaban en la mitad de la prueba a Krivosonov primero, con Connolly segundo, 62.65 m. El bielorruso hizo tres nulos a continuación, mientras en estadounidense se iba a 63.19 m en su quinto intento. En la última ronda Samontyestov reforzaba su tercera posición con 62.96 m.

Tanto Fikotová como Connolly consiguieron el oro olímpico, pero esto no fue lo más importante que les dieron estos Juegos. Sus caminos se cruzaron y, pese a las diferencias políticas de sus respectivos países, y que apenas eran capaces de mantener una conversación bien en el mal alemán de él, bien en el mal inglés de ella, comenzaron una relación sentimental. La reacción positiva de la prensa occidental fue diametralmente opuesta a la de las autoridades checoslovacas, decididas a no permitir la salida de Fikotová del país. Parece que los buenos oficios del matrimonio de campeones olímpicos y héroes nacionales formado por Emil Zátopek (1922-2000) y Dana Zátopková (1922-2020) tuvieron que ver para que finalmente las autoridades checoslovacas permitiesen la boda y el traslado de Olga a los Estados Unidos. El casamiento tuvo lugar en 1957 en el antiguo ayuntamiento de Praga. Se intentó mantener el lugar de la ceremonia en secreto pero se acabó sabiendo y 40 000 personas acudieron a presentar sus respetos a la pareja.

Tras establecerse en California Olga, ahora Olga Connolly, intentó terminar Medicina y seguir representando a su país de origen, pero no tuvo éxito en ninguno de estos objetivos. Representó a Estados Unidos en las siguientes cuatro ediciones de los Juegos. Fue séptima en 1960, duodécima en 1964, sexta en 1968 y décimo sexta en 1972, donde fue abanderada en la ceremonia inaugural. Por su parte Hal siguió coleccionando plusmarcas mundiales: 68.68 m (20 06 1958), 70.33 m (12 08 1960), 70.67 m (21 07 1962), 71.06 m (29 05 1962) y 71.26 m (20 06 1965). No le fue tan bien en la competición olímpica. Fue octavo en 1960, sexto en 1964, no pasó a la final en 1968 y no se clasificó en 1972.

La historia de amor de Connolly y Fikotová llegó a su fin en 1975, cuando la pareja se divorció. Uno de sus hijos, Jim Connolly, fua campeón universitario estadounidense de decatlón en 1987. Connolly volvió a casarse en 1976 con la antigua pentatleta y entrenadora Pat Winslow (1943). Hal Connolly se dedicó a la enseñanza y al entrenamiento de lanzamiento de martillo. Murió el 18 de agosto de 2010. Olga también se dedicó a entrenar y al trabajo social. En la actualidad vive retirada en Estados Unidos.

Hal Connolly fue el último campeón olímpico estadounidense en el lanzamiento de martillo. Desde su oro en Melbourne tan solo Lance Deal (1961) ha conseguido representar a Estados Unidos en el podio con su plata en los Juegos de 1996.

1960-1963, el trienio mágico del salto de altura con John Thomas y Valeri Brúmel

Entre el 30 de abril de 1960 y el 21 de julio de 1963, poco más de tres años, se mejoró la plusmarca mundial de salto de altura en nada menos que 12 centímetros. Nunca en la historia de la prueba se había dado una progresión tan importante en tan poco tiempo. Ese trienio coincidieron dos saltadores excepcionales, el estadounidense John Thomas (1941-2013) y el ucraniano, entonces soviético, Valeri Brúmel (1942-2002). Ambos tenían un dominio magistral de la técnica predominante de salto entonces, el rodillo ventral, y, sin duda se beneficiaron de la sustitución de la arena por la colchoneta en la caída.

John Curtis Thomas nació el 3 de marzo de 1941 en Boston. Con 1.96 m de estatura, comenzó a destacar muy joven en el salto de altura. En 1958 ya se elevaba por encima de 2.10 m. En 1959 sorprendió al mundo atlético con unos registros magníficos en pista cubierta, que entonces no se homologaban como plusmarcas mundiales, ni siquiera en sala. En un período de 42 días saltó 2.11, 2.125, tres veces 2.13 y 2.165 m, marca esta ligeramente superior a la plusmarca mundial absoluta. Se perdió la temporada al aire libre por un accidente en un pie en el hueco de un ascensor. Regresó muy fuerte en 1960, primero en pista cubierta con dos veces 2.17, 2.18 y 2.195 m, registros ya superiores al techo mundial, pero no homologables. Esto lo solucionó al aire libre, con cuatro plusmarcas mundiales oficiales en el espacio de dos meses. El 30 de abril superó 2.171 (2.17) m, un centímetro más que la anterior plusmarca mundial del ruso, entonces soviético, Yuri Stépanov (1932-1965). Stépanov había realizado este registro con un alza en la zapatilla de 5 cm. Aunque la marca se homologó, a partir de entonces solo se permitieron alzas de 13 mm como máximo. El 21 de mayo, Thomas repitió los 2.17 m, en realidad 2.178 m. El 24 de junio se fue a 2.184 (2.18) m. En Stanford, en las pruebas de selección olímpica , el 1 de julio, hizo su mejor competición se siempre. Saltó a la primera 2.195 y 2.232 m, pero la burocracia no consideró la primera marca y restó un centímetro a la segunda. Hasta el 1 de enero de 1963 se homologaban marcas de saltos y lanzamientos tanto en el Sistema Internacional como en pies y pulgadas. La medición en este último sistema del salto de Thomas fue 7’3 7/8 (7 pies, 3 pulgadas y 7/8, es decir, 2.232 m). El reglamento no permitía fracciones de octavos de pulgadas, de modo que hubo de redondearse a cuartos de pulgadas 7’3 3/4 o 2.229 m. A partir de 1963 solo se consideraron válidas las marcas en el Sistema Internacional, por lo que el salto de Thomas se redondeó al centímetro inferior, convirtiéndose en 2.22 m. El segundo y el tercero de las pruebas de selección fueron Joe Faust (1942), 2.134 m y Charlie Dumas (1937-2004), 2.108 m, el anterior campeón olímpico que acompañarían a Thomas a los Juegos Olímpicos de Roma.

Desde 1896, Estados Unidos solo había dejado de ganar el oro en salto de altura en 1948. En Roma pensaban continuar con la racha, pese al potente equipo soviético con el ruso Viktor Bolshov (1939), que en dos años había pasado de 1.95 a 2.15 m, el georgiano Robert Shavlakadze (1933-2020), acreditado en 2.13 m, y, sobre todo, el joven ucraniano de 18 años Valeri Brúmel, plusmarquista soviético con 2.17 m. La final olímpica de salto de altura tuvo lugar el 1 de septiembre, en una calurosísima tarde. Faust y Dumas, con problemas físicos, no pudieron dar lo mejor de sí. El primero ocupó la 17ª y última plaza con 1.95 m, mientras Dumas fue 6º con 2.03 m. Los soviéticos, sin embargo, tuvieron un rendimiento competitivo magnífico. Con el listón situado a 2.14 m Thomas se había quedado solo con los tres soviéticos. Lideraba Shavlakadze, que había saltado la altura a la primera, marca personal. Tanto Bolshov, como Brúmel, como Thomas lo habían hecho al segundo intento. Thomas era segundo por menos saltos previos. Sin embargo no pudo con 2.16 m, cosa que sí hicieron Shavlakadze, a la primera, y Brúmel a la segunda. Shavlakadze se proclamaba sorprendentemente campeón olímpico, con dos marcas personales, mientras Brúmel demostraba también una gran capacidad competitiva pese a su juventud. El contrapunto fue John Thomas, también muy joven, al que su bronce supo a poco. La reacción de los aficionados estadounidenses fue tan desfavorable que llevó a Thomas a declarar Esta fue la primera vez que me di cuenta de que a la gente no le gustaba yo, le gustaban los ganadores. Thomas había saltado por encima de 2.16 m diez veces.

John Thomas no volvió a alcanzar la forma de 1960, si bien se mantuvo regularmente en 2.18 o 2.19 m. En 1964 volvió a los Juegos Olímpicos tras haberse impuesto en las pruebas de selección. Allí se enfrentaría a un Valeri Brúmel, que ya no era un joven inexperto, sino el plusmarquista mundial con unos superlativos 2.28 m.

Valeri Nikoláievich Brúmel nació en la localidad siberiana de Razvedki el 14 de abril de 1942, en el seno de una familia de geólogos que estaban explorando la zona. Siendo Valeri muy joven, se trasladaron a la ciudad ucraniana de Lugansk. Con 16 años ya saltaba 2 m. En 1960, tras su medalla de plata en Roma, realizó tres plusmarcas europeas en seis semanas, 2.18, 2.19 y 2.202 (2.20) m. En enero de 1961, en pista cubierta, superó a Thomas al saltar 2.25 m, que no se homologaron Oficialmente su primera plusmarca mundial fue el 18 de junio de 1961, cuando saltó en Moscú 2.236 (2.23) m. Continuó el 16 de julio con 2.243 (2.24) m y con 2.25 m el 31 de agosto en la Universiada de Sofía (Bulgaria). Continuó mejorando en 1962. El 22 de julio, en Palo Alto, en el encuentro entre Estados Unidos y la Unión Soviética realizaba 2.26 m. Un desconocido John Thomas ocupaba la última posición con 2.05 m. Este encuentro entre los dos superpotencias tuvo lugar entre 1958 y 1985, con periodicidad variable y en aquellos años 60, en plena Guerra Fría, se le daba mucho valor. El 9 de septiembre en Moscú subía hasta 2.27 m. En el medio de las dos plusmarcas mundiales se proclamó campeón de Europa al aire libre 2.21 m, 8 cm más que el segundo, el sueco Stig Petterson (1935). Tercero fue Robert Shavlakadze. La última plusmarca mundial de Brumel tuvo lugar el 21 de julio de 1963, en Moscú, durante el encuentro Unión Soviética-Estados Unidos. Se elevó hasta 2.28 m. El líder soviético Nikita Jruschov (1894-1971), presente en el palco, no pudo evitar abrazar efusivamente al diplomático estadounidense Averrel Harriman (1891-1986).

En 1964 se volvía a encontrar a John Thomas en la final olímpica de salto de altura. La diferencia entre ambos parecía insalvable. Brúmel había saltado 2.28 el año anterior y 2.24 m ese año. Los 2.22 m (en realidad 2.23) de Thomas eran de 1960. En 1964 llegó a los Juegos de Tokio con 2.18 m, aunque había saltado 2.20 en pista cubierta. A la hora de la verdad, la prestación de ambos fue muy pareja. En la clasificación, el ucraniano se mostró inseguro. Estuvo a punto de quedarse fuera en 2.03 m, si bien pasó 2.06 m, marca para la final, a la primera. En la final, con 2.14 quedaban cinco atletas. Brúmel, Thomas, otro estadounidense de nombre cinematográfico, John Rambo (1941-2013) y los medallistas europeos Stig Petterson y Robert Shavlakadze. Rambo se colocó en cabeza al superar la altura a la primera. Petterson necesitó dos intentos y los otros tres también pasaron, a la tercera tentativa. En la siguiente altura, 2.16 m, Petterson y Shavlakadze resultaron eliminados. Brúmel saltó la altura en el primer intento, Thomas en el segundo y Rambo en el tercero. Este no pudo con 2.18 m, que los otros dos superaron en el primer intento. Ambos derribaron tres veces el listón situado en 2.20 m. Brumel era campeón con más apuros de lo esperado.

En 1965, Brúmel se quedó en una mejor marca de 2.19 m. Este fue su último año en la elite. Todo terminó bruscamente el 4 de octubre de ese año, cuando sufrió una fractura complicada de la tibia derecha tras un accidente de motocicleta. Pocos días después recibía un telegrama con el siguiente texto A veces parece que un giro del destino quiere poner a prueba la fuerza de carácter de un hombre. No te dejes derrotar. Confío sinceramente en volverte a ver saltar. John Thomas. Pese a las circunstancias, ambos saltadores habían desarrollado una sincera admiración y amistad. Después de 20 operaciones, en 1970, Brúmel fue capaz de saltar 2.06 m. Posteriormente hizo una tesis doctoral en Psicología del deporte, escribió cuatro obras de teatro, una novela y el guion de una película. Murió el 26 de enero de 2022. Thomas, por su parte, siguió compitiendo hasta 1967. Posteriormente trabajó en el departamento de ventas de la compañía de teléfonos Bell. Fue algo más longevo que Brúmel. Falleció el 15 de enero de 2013.

La plusmarca de Brúmel de 2.28 m duró oficialmente hasta el 3 de julio de 1971, cuando el estadounidense Pat Matzdorf (1949) saltó 2.29 m. Sin embargo, unos meses antes, el 8 de noviembre de 1970), el chino Ni Zhiqin (1942), que había nacido el mismo día que Brúmel, había realizado la misma marca que Matzdorf, pero entonces la República Popular China estaba excluida del ámbito de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF, hoy World Athletics). El salto de altura había comenzado a cambiar con la victoria del estadounidense Dick Fosbury (1947) en los Juegos Olímpicos de 1968, con su entonces particular estilo que acabó llevando su nombre. El 11 de julio de 1973 el también estadounidense Dwight Stones (1953) se convertía con 2.30 m en el primer plusmarquista mundial con estilo Fosbury. Nunca se sabrá qué habría sucedido si Brumel hubiese estado en buenas condiciones en los Juegos de México y hubiese batido a Fosbury. ¿Se habría adoptado el nuevo estilo con la misma rapidez?

Ruth Beitia, la atleta española más laureada

El 11 de agosto de 2012 fue una fecha clave en la carrera deportiva de la saltadora de altura cántabra Ruth Beitia (1979). La atleta de Santander disputaba la final olímpica de los Juegos de Londres, con muchas opciones de estar en el podio, tras su oro en el campeonato de Europa al aire libre una semanas antes. Con 33 años eran sus terceros Juegos Olímpicos. En Pekín, cuatro años antes, había sido cuarta. Su mejor registro, plusmarca española, era de 2.02 m, conseguidos en 2007. Había acudido a Londres con un mejor salto de 2 metros esa temporada. En la competición olímpica repitió esta marca en la final, al primer intento. Tenía un nulo en la altura anterior, 1.97 m. En ese momento del concurso quedaban otras tres atletas en liza las rusas Anna Chicherova (1982) y Svetlana Shkolina (1986), que no tenían nulos, y la estadounidense Brigetta Barrett (1990), acreditada en 2.01 m, y que había saltado 2.00 m a la segunda. La siguiente altura, 2.03 m, no fue obstáculo para Chicherova, la única en superarla a la primera. Barrett dio la gran sorpresa al pasar el listón al segundo intento mientras Shkolina lo hacía en el tercero. Chicherova aún mejoró con 2.05 m, mientras que Barrett y Shkolina terminaban su participación en 2.03 m con la plata y el bronce olímpicos. Beitia se quedaba fuera del podio en una de sus mejores competiciones, presuntamente la última de su vida atlética. La decepción fue enorme. Sin embargo, pese a haber pasado de largo la treintena, tras unos meses de reflexión decidió continuar hasta los siguientes Juegos. No quería terminar su carrera deportiva sin haberse subido al podio olímpico. Una sabia decisión, pues lo mejor estaba por llegar. Y de qué manera.

Ruth Beitia Vila nació en Santander el 1 de abril de 1979. Comenzó a practicar atletismo muy joven. Cuando tenía once años se cruzó en su vida atlética la persona que iba a ser fundamental en su carrera deportiva, el entrenador Ramón Torralbo (1954), un antiguo jugador de balonvolea y atleta, 2.01 m en salto de altura y 14.45 m en triple salto, que entrenaba al hermano mayor de Ruth, José Antonio. Torralbo dirigiría la carrera de Ruth los siguientes 27 años y la convertiría en la atleta española más laureada. Accedió rápido a la elite española. En 1998, con 19 años, igualaba con 1.89 m, la plusmarca española de la exbaloncestista Carlota Castrejana (1973), quien se acabaría dedicando con mucho éxito al triple salto. En estos primeros años de su carrera atlética, Beitia mantuvo una dura pugna con la navarra Marta Mendía (1975). Ambas elevaron la plusmarca española hasta 1.94 m, en 2001, en el campeonato de España de pista cubierta en el que se impuso Mendía. A partir de entonces, Beitia seguiría progresando en solitario.

En el ámbito internacional, no obstante, el camino de Beitia hasta la cumbre fue más largo. Su primer éxito llegó precisamente en 2001, cuando se proclamó campeona de Europa sub23, con 1.87 m. En 2003, en el transcurso del Campeonato de España de Federaciones Autonómicas, la cántabra superaba la barrera de los 2 m. Tras elevarse por encima de 1.97 m, que ya era plusmarca española, pidió subir el listón a los 2 m y lo sobrepasó al tercer intento. No obstante, unos días después, en el Mundial al aire libre ocupaba la 11ª posición. En 2004 participó en sus primeros Juegos Olímpicos, si bien no alcanzó la final. Los éxitos internacionales comenzaron a llegar en pista cubierta. Fue segunda en el Europeo de 2005, tercera en el Mundial de 2006, tercera en el Europeo de 2007. Ese año 2007 establecía dos nuevas plusmarcas españolas, 2.01 m, en pista cubierta, y 2.02 m al aire libre. En los campeonatos, en esta última modalidad, se acercaba al podio. Fue sexta en el Mundial de 2007 y cuarta en los Juegos Olímpicos de 2008. En pista cubierta continuó abonada el segundo puesto, con platas en los Europeos de 2009 y 2011 y en el Mundial de 2010. Al aire libre volvió a ser cuarta en el Mundial de 2009. Se quedaba a las puertas del oro en sala y a las puertas del podio al aire libre, pero esto iba a cambiar.

La Asociación Europea de Atletismo (EAA) había decidido transformar el Campeonato de Europa de atletismo en bienal, en lugar de cuatrienal. De esta manera, uno de cada dos campeonatos tendría lugar en año olímpico. El de 2012 fue el primero que coincidía con los Juegos. Eso hizo que hubiese numerosas ausencias. En el salto de altura, Beitia consiguió su primera medalla en un campeonato al aire libre y fue de oro. Estaba también decidida a estrenar su medallero olímpico particular, pero, como se comentó más arriba, aparentemente se quedó a las puertas. Esa tremenda decepción hizo que cambiase sus planes de retirarse y la siguiente olimpíada, es decir, el tiempo hasta los siguientes Juegos Olímpicos, fue la más fructífera de su carrera atlética.

En 2013 se proclamaba campeona de Europa en pista cubierta y, otra vez aparentemente, bronce en el Mundial al aire libre, por detrás de Shkolina, de Barrett y empatada con Chicherova. En 2014 fue bronce en el Mundial en sala y brillante campeona de Europa al aire libre. Con las mejores en liza, Beitia se encaramó a la primera posición con un salto de 2.01 m, entonces mejor marca del año, 2 cm más que la rusa María Kuchina, ahora Lasitskene, (1993).

Bajó algo su rendimiento en 2015, con sendos quintos puestos en el Europeo en sala y el Mundial al aire libre. Se recuperó con fuerza en 2016, al ser plata en el Mundial en sala y oro en el Europeo al aire libre, curiosamente en Amsterdam, donde 15 años antes había ganado el Europeo sub23. Pocas semana después llegó el momento por el que Beitia llevaba cuatro años esperando, los Juegos Olímpicos de Río. Eran los cuartos en los que participaba la cántabra y sería su tercera final olímpica. El concurso de altura no se resolvió con grandes registros, pero sí con gran emociòn. Las cuatro primeras atletas saltaron la misma altura, 1.97 m. Todas ellas hicieron tres nulos en 2.00 m. Beitia se coronó campeona olímpica por menor número de nulos, por delante de la búlgara Mirela Demireva (1989) y de una de las mejores saltadoras de la historia, que volvía tras numerosos problemas físicos, la croata Blanka Vlašić (1983), acreditada en 2.08 m en 2009. Cuarta fue la estadounidense Chaunté Lowe (1984).

Por tercera vez, España ocupaba lo más alto del podio en el atletismo olímpico. Antes de Beitia solo lo habían conseguido el barcelonés Daniel Plaza (1966) en los 20 Km marcha y el soriano Fermín Cacho (1969) en los 1500 m, ambos en 1992. La decepción de Londres se transformó para la saltadora cántabra en una oportunidad, cuyo resultado no pudo ser mejor, con dos oros en el Europeo al aire libre, un oro en el Europeo de pista cubierta, un bronce y una plata en el Mundial en sala, un aparente bronce en el Mundial al aire libre y el oro olímpico de Río. En estos cuatro años, de 2013 a 2016 superó el palmarés de toda su anterior carrera. Aún ganaría una plata en el Mundial bajo techo en 2017, antes de retirarse por problemas físicos. Su última competición fue el Mundial de 2017, donde llegó a la final pero, lesionada, no pudo evitar la última posición. En el momento de su retirada de la media luna de saltos el público le tributó un merecidísimo homenaje.

Diplomada en Fisioterapia y Técnico en Actividades Físicas y Animación Deportiva, es profesora de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en la Universidad Europea del Atlántico (Santander). Fue diputada en el Parlamento Regional de Cantabria de 2008 a 2019. La historia podría haber terminado aquí, pero queda aún una parte muy importante. En 2019, la rusa Svetlana Shkolina, bronce olímpico en 2012 y campeona mundial en 2013, era desposeída de todos sus logros atléticos entre 2012 y 2014 por haberse detectado sustancias prohibidas de forma diferida en una de sus muestras. Dos años más tarde, Beitia era reconocida oficialmente como bronce olímpico en los Juegos de 2012 y subcampeona mundial al aire libre en 2013. Siempre se dice que es bueno devolver lo que corresponde al atleta, pero que nada compensa la gloria del podio perdido. Probablemente si Ruth hubiese tenido la gloria en el escalón más bajo del podio, se habría retirado y nunca habría disfrutado de estar en lo más alto y de convertirse en la atleta española más laureada.

Roma 1960, los Juegos de la Ciudad Eterna

En 1955 el Comité Olímpico Internacional (COI), en su 50º sesión, celebrada en París, acordó otorgar la organización de los Juegos de la XVII Olimpíada a la ciudad de Roma. Tendrían lugar del 25 de agosto al 11 de septiembre de 1960. Era la segunda vez que la capital de Italia resultaba designada para organizar unos Juegos Olímpicos. Los Juegos de 1908 iban a celebrarse en Roma, pero la erupción del Vesubio de 1906 obligó al gobierno italiano a renunciar. En la década de los 50, tras una dura posguerra, la economía italiana crecía al ritmo de la gran expansión mundial. Los Juegos resultaron un éxito. El atletismo se disputó entre el 31 de agosto y el 8 de septiembre en el Estadio Olímpico, construido en 1932 con el nombre de Stadio dei Cipressi y remozado para los Juegos, con una capacidad de 65 000 espectadores. Estados Unidos encabezó el medallero, con 26 metales, 12 de oro, seguidos muy de cerca por la Unión Soviética, 21 y 11 oros. Tercera fue Alemania, que compitió como equipo unificado de 1956 a 1964, con 13 medallas, 2 de oro. Se superaron 28 plusmarcas olímpicas, 4 de ellas fueron plusmarcas mundiales y se igualaron otras tres. Hubo cronometraje automático, extraoficial, en las pruebas de velocidad y vallas.

El programa olímpico masculino se disputó completo. Por primera vez se superó la barrera de los 45.0 en los 400 m. En la final olímpica el estadounidense Otis Davis (1932) y el alemán Carl Kaufmann (1936-2008) realizaron ambos 44.9. El cronometraje eléctrico no oficial fue de 45.07 y 45.08 respectivamente. Ambos tuvieron ocasión de enfrentarse de nuevo, como últimos relevistas de sus países en el 4 x 400 m. Davis recibió el testigo con unos 5 metros de ventaja, que supo mantener, hasta terminar en una nueva plusmarca mundial de 3:02.2 (3:02.37).

Otra plusmarca mundial que se mejoró en la final olímpica fue la de 1500 m. El australiano de 22 años Herb Ellliott (1938) realizaba 3:35.6, 0.4 menos que su anterior techo universal. Ello a pesar de haber pasado en 1:58.1 los primeros 800 m. Elliott se retiró tras los Juegos. Probablemente el mundo se perdió una plusmarca mundial en torno a 3:32 y un cerrado duelo con el atleta que dominaría el mediofondo en el siguiente lustro, el neozelandés Peter Snell (1938-2019). Snell era un perfecto desconocido al llegar a Roma para disputar los 800 m. El indiscutible favorito era el plusmarquista mundial, 1:45.7, el belga Roger Moens (1930). En una última recta trepidante, el neozelandés fue capaz de batirlo con marca personal de 1:46.3. El 2 de septiembre podría haberse declarado fiesta nacional en Nueva Zelanda. Ese día no solo Snell se llevó el oro, sino también su compatriota Murray Halberg (1933) quien, pese a la movilidad reducida en su brazo izquierdo tras una lesión, ganó la final de 5000 m. Seis días después fue quinto en los 10 000 m, que ganó el soviético Pyotr Bolotnikov (1930-2013), quien poco después se convertiría en plusmarquista mundial de la distancia con 28:18.8. El alemán Hans Grodotzki (1936) fue plata en ambas pruebas de fondo.

Una de las finales más esperadas fue la de los 100 m. Había un gran interés en ver el duelo entre el alemán Amin Hary (1932) y el estadounidense David Sime (1936-2016). Hary había superado esa misma temporada la plusmarca mundial. Fue el primer 10.0 oficial de la historia, en realidad 10.24, mientras Sime había acreditado 10.1. Hary salía siempre al límite, lo que hacía que tuviese muchas salidas nulas. En la final olímpica también hizo una salida nula, que entonces no significaba la eliminación. El alemán consiguió una difícil victoria sobre Sime, ambos en 10.2, 10.32 y 10.35 reales. En el relevo 4×100 m, Sime, el cuarto estadounidense cruzaba la meta en primer lugar por delante de Alemania, pero Estados Unidos resultó descalificado por entregar fuera de zona. Alemania igualaba la plusmarca mundial, 39.5 (39.60). En los 200 m, el héroe local, el italiano Livio Berruti (1939), que ya había igualado la plusmarca mundial de 20.5 en la semifinal, repitió tiempo en la final, en realidad 20.62, y se hizo con el oro derrotando a los estadounidenses.

En las vallas repitieron oro dos de los grandes de siempre en sus pruebas, los norteamericanos Lee Calhoun (1933-1989) y Glenn Davis (1934-2009). Ambos habían ganado en la edición anterior de los Juegos. Calhoun se impuso con 13.8 (13.98) y Davis con 49.3 (49.51). En los obstáculos el oro fue para el polaco Zdzisław Krzyszkowiak (1929-2003), plusmarquista mundial de la distancia y campeón de Europa de 500 y 10 000 m.

En el maratón tuvo lugar uno de los grandes hitos de estos Juegos, la victoria de un atleta etíope desconocido, que corría descalzo, Abebe Bikila (1932-1973). Se convirtió en el primer etíope en ganar un oro olímpico y acabaría siendo uno de los grandes de la prueba de siempre. En Roma corrió en 2h15:16.2, entonces considerada mejor marca mundial. Las pruebas de marcha fueron para el ucraniano, entonces soviético, Vladimir Golubnichy (1936-2021), los 20 km, y para el británico Don Thompson (1933-2006), los 50.

En el salto de altura tuvo lugar la sorprendente derrota del no menos sorprendente estadounidense John Thomas (1941-2013), quien esa misma temporada había llevado la plusmarca mundial de 2.16 a 2.229 m. Parecía muy superior a sus rivales soviéticos, el ucraniano Valery Brumel (1942-2003), acreditado en 2.17 m, y el georgiano Robert Shavlakade (1933-2020), con plusmarca personal de 2.13 m. Thomas, no obstante, no pudo hacer buenos los pronósticos y fue tercero, con 2.14 m, por detrás de Shavlakade y Brumel, ambos con 2.16 m. En el salto con pértiga, como en las 13 ediciones anteriores, se impuso un estadounidense, el plusmarquista mundial Don Bragg (1935-2019). Otro estadounidense, el plusmarquista mundial Ralph Boston (1939) fue el oro en el salto de longitud. El polaco Jósef Szmidt (1935), que un mes antes se había convertido en el primer atleta por encima de 17 m, 17.03 m, en triple salto se hizo con la victoria en esta prueba.

En los lanzamientos hubo empate a dos oros entre los soviéticos y los estadounidenses. Los primeros ganaron el martillo con el bielorruso Vasily Rudendov (1931-1982) y la jabalina con el ucraniano Viktor Tsybulenko (1930-2013). El estadounidense Bill Nieder (1933-2022), plusmarquista mundial de lanzamiento de peso con 20.06, primer atleta en superar los 20 m, derrotó a sus compatriotas Parry O’Brien (1932-2007), campeón en las dos ediciones anteriores, y Dallas Long (1940), que ganaría cuatro años más tarde. Al Oerter (1936-2007) ganó su segundo oro, de los cuatro con que se haría, en el lanzamiento de disco.

Finalmente en decatlón hubo una cerrada pugna entre dos compañeros de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), resuelta finalmente para el estadounidense Rafer Johnson (1934-2020), que derrotó al taiwanés Yang Chuan-kwang (1933-2007).

El programa femenino fue bastante exiguo. Todavía costaba añadir pruebas, pese a los 32 años de olimpismo femenino. En Roma se disputaron los 100 m, 200 m, 800 m, 80 m vallas, relevo 4 x 100 m, salto de altura, salto de longitud, lanzamiento de peso, lanzamiento de disco y lanzamiento de jabalina. Respecto a la edición anterior se añadieron los 800 m, que ya habían sido olímpicos en 1928, pero que no tuvieron continuidad porque se juzgó que eran demasiado duros para las mujeres. Las estadounidenses y las soviéticas se repartieron 9 de los 10 oros, con 3 para las primeras y 6 para las segundas.

La gran estrella femenina de los Juegos fue la estadounidense Wilma Rudolph (1940-1994), ganadora de los 100, los 200 m y el relevo 4 x 100 m. Su afán de superación la llevó hasta la cumbre olímpica tras una infancia enfermiza. Estuvo dos años sin caminar por una poliomielitis. La rusa Lyudmila Shevtsova (1934) ganó los 800 m con plusmarca mundial igualada, 2:04.3. La ucraniana Irina Press (1939-2007) obtuvo el oro en los 80 m vallas, mientras su hermana Tamara (1937-2021) se impuso en el lanzamiento de peso y fue segunda en el lanzamiento de disco, tras la rusa Nina Ponomaryova (1929-2016). Otra rusa, Elvīra Ozoliņa (1939) fue la primera en el lanzamiento de jabalina, por delante de la veterana checa Dana Zátopková (1922-2020), ganadora ocho años antes en los Juegos de Helsinki. La entonces invencible rumana Iolanda Balaș (1936-2016) venció en el salto de altura por un margen de 14 centímetros. La rusa Vera Klepkina (1933), más velocista que saltadora, se hizo con un sorprendente oro en el salto de longitud.

El movimiento olímpico continuaba y el atletismo culminaba con mucha fuerza la prolífica década de los 50 y entraba en una no menos prolífica década de los 60, donde esperaban otros dos grandiosos Juegos, los de Tokio en 1964 y los de México en 1968.

Steve Cram, el tercer hombre (y III)

Sin duda la victoria en los 800 m Zúrich en 1:42.88 del británico Steve Cram (1960) sobre el brasileño campeón olímpico de la distancia Joaquim Cruz (1963) convenció al primero de que podía tomar parte con garantías en la doble vuelta de los grandes campeonatos. En 1986 los atletas británicos tenían dos grandes citas, los Juegos de la Commonwealth en Edimburgo a finales de julio y los campeonatos de Europa en Stuttgart un mes más tarde. Cram decidió preparar tanto los 800 como los 1500 m con intención de ganar los cuatro oros, lo que, a tenor de lo visto, en 1985 entraba dentro de lo posible.

Antes de los Juegos de la Commonwealth Cram volvió a dos de los escenarios de sus éxitos el año anterior. El Oslo el 5 de julio corría la milla en 3:48.31, su segunda mejor marca de siempre, y en Niza el 15 del mismo mes ensayaba la estrategia que pondría en práctica en los dos grandes campeonatos de ese año. Cram corría la primera vuelta en el medio del grupo y algo alejado de la liebre, que pasaba en 0.45 y toma de la cabeza en el 600, yéndose irresistible hacia la meta en unos magníficos 1:43.62.

El 31 de julio, en la final de los Juegos de la Commonwealth, Cram se encontró la carrera que buscaba. Inglaterra había clasificado a sus tres representantes, pero Seb Coe (1956) no salió en la final por problemas físicos. Otro inglés, Peter Elliott (1962) pasó los primeros 400 m en 51.03, con Cram cerrando el grupo, que seguía compacto. Con una sorprendente superioridad, Cram pasaba en la recta de enfrente de la última posición a la primera faltando 180 m. Entró en la meta destacado con la mejor marca mundial del año, 1:43.22, 1.58 menos que el escocés Tom McKean (1962), segundo. Unos días más tarde, Cram se imponía en un 1500 sin historia en 3:50.87.

El 28 de agosto, Cram estaba en la línea de salida de la final de los 800 m del Europeo, en la pista de Stuttgart, donde había llovido bastante. Su mayor rival parecía Coe, que esa temporada había corrido en unos buenos 1:44.10. El alemán Peter Braun (1962) dio paso al primer 400 en 51.98 con los dos británicos en las dos últimas plazas. En la contrarrecta, Cram fue ganando posiciones. Cuando intentó colocarse en cabeza a falta de 220 m, McKean se dio cuenta y se lo impidió haciéndose él mismo con la primera posición. Cram trató de superar a McKean, sin conseguirlo, durante toda la última curva, con Coe expectante en la tercera posición. La última recta fue un cerrado duelo entre los tres británicos, con victoria de Coe, 1:44.50, sobre McKean, 1:44.61, y Cram, 1:44.88, que perdió mucha energía tratando de adelantar en la curva. Para Coe era su primer triunfo en un 800 m de un gran campeonato. Había sido tercero en el Europeo de 1978 y segundo en 1982 y subcampeón olímpico en 1980 y 1984.

El 1500 se presentaba como una pugna entre los británicos Cram y Coe y los españoles José Manuel Abascal (1958), mejor marquista mundial del año con 3:31.13, y José Luis González (1957), plusmarquista español con 3:30.92. A la hora de la verdad los británicos se mostraron muy superiores. Abascal ni siquiera se clasificó para la final. La carrera definitiva resultó terriblemente lenta, con pases de 1:03.63 y 2:07.59. Tras un 1200 en 3:03.21, Cram se colocó primero, con González pisándole los talones y Coe tercero. Este superó a González a falta de 100 m, pero no pudo alcanzar a Cram, que renovaba su título europeo de la distancia, con 3:41.06, 0.52 menos que Coe. González perdía el bronce a falta de 50 m en beneficio del neerlandés Han Kulker (1959).

De los cuatro oros disputados en grandes campeonatos en 1986, Cram se había hecho con tres. Aún le quedaban tres buenas carreras. El 5 de septiembre en Bruselas intentó recuperar la plusmarca mundial de 1500 m, 3:29.46, que había superado el marroquí Said Aouita (1959) el año anterior. El propio Aouita estaba en la reunión, pero en la prueba de 2000 m. Cram estuvo en tiempo de plusmarca hasta los últimos 300 m. Realizó 3:30.15, mejor marca del año y la segunda mejor suya de siempre. El 9 de septiembre en Rieti, restaba unas centésimas a su mejor marca del año en 800 m, 1:43.19. Y el 12 de septiembre enLondres corría la milla en 3:49.49.

Tanto para Cram como para Coe, las medallas de Stuttgart fueron sus últimos metales en las grandes competiciones. A partir de 1987 el rendimiento de Cram descendió notablemente. Probablemente su frágil estructura muscular no pudo más. Comenzó esa temporada con una inesperada derrota en la Copa de Europa ante José Luis González, quien no le ganaba desde 1981. En una carrera muy lenta, con un último 400 en 50.2, el español venció con 3:45.49, 0.05 menos que el británico.

Según avanzaba la temporada, no obstante, las cosas no parecían ir mal para Cram. Realizó 3:50.08 en la milla en Oslo y 3:31.43 en 1500 m en Zúrich, batiendo claramente a González. Este tiempo era el segundo más rápido de la distancia de esa temporada, tras los 3:30.69 de Aouita. El marroquí, sin embargo. se había decidido por los 5000 m en el campeonato del mundo, con lo que el principal favorito parecía Cram. Coe se había perdido la temporada por problemas físicos. La final del 1500 del Mundial, a la que Cram había accedido sin problemas, comenzó con un ritmo lento, con un pase de 1:03.46 el primer 400. Se avivó ligeramente con una segunda vuelta en 2:03.90. A falta de 500 m, Cram tomaba la cabeza con un notable cambio de ritmo. Dio paso a los 1200 m en 2:57.74, un parcial de 53.84, con el somalí Addi Bile (1962), 3:31.71 ese año, y González inmediatamente detrás. El británico se vio superado por Bile y por el español en la mitad de la última curva y se quedó sin energía en la última recta. Entró octavo, andando, en 3:41.19, mientras Bile se proclamaba campeón del mundo con 3:36.80, 1.23 menos que González, segundo.

Cram había corrido en 1987 carreras muy rápidas de 1500 m, pero daba la sensación de que le costaba correr las tres rondas de los campeonatos tan seguidas. En 1988 unos mejores registros de 1:43.42 y de 3:30.95, mejor marca del año, además de 3:48.85 en la milla, también el tiempo más rápido de la temporada, lo convencieron para intentar el doblete en los Juegos Olímpicos de Seúl, donde uno de sus rivales sería Said Aouita, que volvía al mediofondo, tras haberse dedicado más a los 5000 m. El marroquí también disputaría los 800 m, prueba a la que apenas había prestado atención desde 1983. Pero ninguno de los dos había llegado en su mejor momento. Cram, afectado por una lesión en el muslo previa a los Juegos, se quedó en los cuartos de final de los 800 m, en una serie que ganó el marroquí. Este, tras conseguir brillantemente el bronce en la doble vuelta, no se presentó a su semifinal de 1500 m, después de haberse impuesto en su serie. En el kilómetro y medio, Cram, sin embargo, había dado una buena impresión tanto en su serie como en su semifinal. Ausentes Coe, Bile, González o el propio Aouita, aunque el británico no era su mejor versión, parecía superior a sus rivales, entre los que destacaba su compatriota Peter Elliott, cuarto en la final de 800, y su viejo conocido, el plusmarquista estadounidense de la milla Steve Scott. En la final, el primer 400 se pasó en 59,65, con todos los atletas agrupados. A falta de 800 m el keniano Peter Rono (1967) se colocaba en cabeza. Aunque el ritmo no varió en los 800 m, 2:00,31, Rono fue progresivamente aligerando el paso. A falta de una vuelta el cronómetro marcaba 2:43,03. Rono seguía en cabeza pero apenas nadie se despegaba. El 1200 se pasó en 2:56,69, con el grupo algo más estirado, pero pisando los talones al keniano. Parecía que su aventura tocaba a su fin cuando a falta de 250 m, Elliot, el alemán Jens-Peter Herold (1965) y Cram se le acercaron peligrosamente. En la última recta la impresión era que Rono se difuminaría, pero aún tuvo fuerzas para cambiar de ritmo y hacerse con un sorprendente oro en 3:35.96, delante de Elliot, 3:36.15, Herold, 3:36.21 y de Cram, 3:36.24, que se quedaba fuera del podio. 

Cram siguió compitiendo hasta 1994. En 1990 fue quinto en el 1500 del Europeo al aire libre. En 1991 y 1993 disputó las semifinales del Mundial al aire libre. Tras su retirada participó algunos maratones. Su mejor marca fue de 2h35:43 en 1999 en Londres. Licenciado en Educación Físicas, Cram ejerce como entrenador de corredores de fondo. Ha trabajado como comentarista de atletismo primero en Eurosport y en la actualidad en los deportes de la BBC. Atleta elegante y de una enorme calidad, sus problemas musculares le impidieron alcanzar incluso mayores cotas en el atletismo. Pese a ello, logró cuatro plusmarcas mundiales, dos oros y un bronce europeos, un oro mundial y una plata olímpica. Su retirada marcó el inicio de una larga travesía en el desierto del mediofondo británico, hasta la irrupción de Jake Wightman (1994), campeón del mundo en 2022, Josh Kerr (1997), bronce olímpico en 2021, o Jake Heyward (1999), plata europea en 2022.

Steve Cram, el tercer hombre (II)

Tras la temporada realizada en 1983 por el británico Steve Cram (1960), la prensa de su país había encontrado al nuevo rey del mediofondo. Aunque Steve Ovett (1956) había vuelto a la competición y había mejorado la plusmarca mundial de 1500 m, en sus duelos directos con Cram había resultado derrotado en dos ocasiones. En cuanto a Sebastian Coe (1956) a esas altura muchos dudaban que volviese a ser competitivo. Coe reanudó los entrenamientos en diciembre de 1983. Progresivamente fue entrando en la pista, pero no fue capaz de imponerse en el 1500 de la Athletic Amateur Association (AAA), derrotado por el joven Peter Elliott (1962), por 0.13. Cram, que había ganado el 800 de la misma competición, y Ovett estaban clasificados para los Juegos Olímpicos de 1984, que tendrían lugar en Los Ángeles, por su condición de campeón del mundo y plusmarquista mundial, respectivamente. Gran parte de la prensa británica criticó amargamente la inclusión de Coe en la terna.

Pese a que no tuvo que disputar su presencia en los Juegos, las cosas tampoco estaban resultando fáciles para Cram. Se había lesionado en invierno. Parecía recuperado con su triunfo en el 800 de la AAA, pero unos días más tarde volvió a tener problemas físicos. Llegó a los Juegos, con menos entrenamiento del que habría querido y con una incógnita sobre su estado de forma. Quien parecía en mejor forma de los tres era Ovett, que había ganado la milla urbana de París y los 1500 de Oslo, Estocolmo y Lausana. Como Coe, competiría en los 800 y en los 1500 m en los Juegos.

Los 800 m olímpicos mostraron una actuación muy dispar de los dos grandes rivales. Mientras Coe se mostraba muy recuperado y solo cedía ante el poderoso brasileño Joaquim Cruz (1963), 1:43.00 frente a 1:43.64, Ovett era último y acababa en el hospital por problemas respiratorios. El resultado del primero en la doble vuelta le hizo ganar enteros como candidato al oro de los 1500 m, aunque había la duda de si sería capaz de disputar nueve carreras. El mejor marquista del año, el marroquí Said Aouita (1959), 3:31.54, había optado por los 5000 m, donde también era el más rápido de la temporada 13:04.78. En las series de 1500, Ovett parecía recuperado, al ganar su serie, mientras Coe era segundo en la suya y Cram ganaba la última. El mejor tiempo, 3:37.68, correspondió al plusmarquista español José Manuel Abascal (1958), que también había acudido con dudas a Los Ángeles. Las semifinales resultaron muy disputadas. Abascal, ganó la primera con 3:35.70, 0.01 menos que Coe y 0.11 menos que el subcampeón del mundo, el estadounidense Steve Scott (1956). En la segunda se impuso Cram con 3:36.30, por delante del estadounidense Jim Spivey (1961), del español Andrés Vera (1960) y de Ovett, que entró a 0.15.

Tras las dos rondas previas, los tres británicos parecían en buena forma. Incluso Ovett daba la impresión de estar recuperado. Eran los favoritos al podio, aunque no se podía descartar ni a Scott ni a Abascal. En la final, el sudanés Omar Khalifa (1956) dio paso al primer 400 en 58.85. Sorprendentemente, con 500 m de carrera, Scott, un gran finalizador, decidió colocarse en cabeza y cruzó los 800 m en 1:56.81. Abascal, sabiéndose limitado en los últimos metros, decidió aligerar el ritmo a falta de 600 m para la meta, llevándose consigo a los tres británicos. El español marcaba 2:53.21 en los 1200 m, momento en que Ovett, muy mermado después de todo, abandonaba. A punto de comenzar la última curva, Cram hizo amago de pasar a Abascal, pero Coe se dio cuenta y se lo impidió, pasando él mismo a la cabeza, seguido por el propio Cram, quien intentó acelerar en la última recta. No pudo. Coe, mostrándose completamente recuperado, se marchó irresistible hace la meta, ganando con 3:32.52, nueva plusmarca olímpica. Cram entraba segundo con 3:33.40 y Abascal, resistiendo la embestida final del keniano Joseph Chesire (1961), se hacía con el bronce, 3:34.30.

Coe mostró cuán equivocados estaban los que daban por finalizada su carrera atlética, que no fueron pocos, pero Cram no estaba como en 1983. Finalmente los problemas físicos de principio de temporada no le permitieron reproducir la forma del año anterior. Tras los Juegos hizo una mejor marca de la temporada de 3:33.13 y mejoró ligeramente su plusmarca personal en la milla con 3:49.65.

En 1985 no había campeonatos importantes. Las primeras ediciones de los Mundiales al aire libre tenían lugar cada cuatro años. Cuando esto sucedía los atletas de elite optaban por descansar o por tratar de superar las plusmarcas mundiales de sus distancias. Cram optó por esto último. No dejaron de acompañarlo los problemas físicos al inicio de la temporada, pero, a diferencia del año anterior, no alteraron su preparación. El 27 de junio sorprendía con un registro de 3:31.34 en los 1500 m, poco más de medio segundo por encima de los 3:30.77, que Ovett tenía como plusmarca mundial. Este tiempo no tuvo mucho más recorrido.

El 16 de julio en Niza tenía lugar un duelo que resultaría histórico. Por primera y única vez los dos grandes mediofondistas del momento se enfrentaban directamente, estando ambos en plena forma. Steve Cram y Said Aouita se habían visto las caras en dos ocasiones anteriormente. En el Mundial de 1983 se impuso el británico, pero Aouita todavía no era en que llegaría a ser. En 1984, en una milla en Londres, Aouita fue el primero y Cram último, tras haberse caído. En Niza, ambos mostraron que, en uno de los mejores momentos de ambos, su nivel era similar.

Desde el pistoletazo de salida, Cram corrió muy claramente por la plusmarca mundial, colocándose inmediatamente detrás de las liebres. Aouita, muy nervioso, no acababa de encontrar su sitio y se pasó gran parte de la carrera por la calle 2. El senegalés Babacar Niang (1958) pasó la primera vuelta demasiado rápido, en 54,1, 1,4 segundos por delante de Cram. Niang llegó hasta el 800 en 1:53,7, momento en que la segunda liebre, Omar Khalifa, se hizo con la cabeza, con Cram, 1:53,9 y Aouita, más atrás, muy mal colocado por la calle 2. A falta de 400 metros, Cram, que se veía muy suelto, inició la maniobra de adelantamiento a Khalifa, el español, José Luis González (1957) se fue detrás de él, lo mismo que Aouita. El británico pasó ya en solitario el 1200 en 2:49,7, 8 metros por delante de González, en ese momento sobrepasado por Aouita. La ventaja de Cram parecía insalvable. Al entrar en la última recta estaba unos 6 metros por delante del marroquí, pero este, en un memorable acelerón final, acabó quedándose a tan solo 0,04 del británico, quien en ningún momento descompuso su elegante figura. Cram lo había conseguido. Se había convertido con 3:29,67 en el primer atleta en correr un 1500 por debajo de 3:30,00.

La siguiente parada de Cram fue la milla de ensueño de Oslo el 27 de julio. El objetivo era la plusmarca mundial de Seb Coe, 3:47.33. Aouita había optado por los 5000 m, en los que se hizo con 13:00.40, por 0.01 con la plusmarca mundial. Los pases cada cuarto de milla de la carrera fueron muy irregulares, con Cram algo alejado de la cabeza, 56.01 (57.1 Cram), 1:53.82 (1:54.9) y 2:53.14 (2:53.3). A esas alturas de carrera, superar el tiempo de Coe parecía muy complicado, pero un último cuarto de milla en 53.0 permitió a Cram terminar en 3:46.32. Coe, que con 3:49.22 fue testigo de la pérdida de su primado universal, cedió en los últimos 150 m la segunda posición a González, quien terminó en 3:47.79.

Ocho días más tarde, el 4 de agosto en Budapest, con pases de 58.06, 1:55.73, 2:25.02, 2:54.58 y 3:53.95, Cram restaba 0.01 a la plusmarca mundial de 2000 m del neozelandés John Walker (1952), con 4:51.39.

Era la tercera plusmarca mundial de Cram en menos de 3 semanas. Aún intentaría una cuarta. El 9 de agosto, el Gateshead, el viento, probablemente le impidió superar los 2:12.18 de Coe en los 1000 m. Se quedó en 2:12.88, con pases de 51.8, 1:14.84 y 1:44.94.

Aún le quedaba una gran victoria en ese mágico 1985. El 21 de agosto, en la reunión de Zúrich derrotaba al Joaquim Cruz, con una excelente marca personal de 1:42.88.

Esta victoria en 800 m probablemente convencieron a Cram, que no se consideraba a sí mismo un buen corredor en esta distancia, para hacer compatibles ambas distancias en las grandes competiciones a partir de 1986.

Steve Cram, el tercer hombre (I)

Tras tres temporadas disputándose el título de mejor mediofondista del mundo, incluso de la Historia, en 1982 los cuerpos de Steve Ovett (1955) y Sebastian Coe (1956) dijeron basta. Ambos se evitaban en las reuniones atlética y mantenían una dura pugna con el cronómetro como intermediario. Las presiones de los aficionados, la prensa y los patrocinadores habían, no obstante, obrado el milagro y para 1982 se habían programado tres enfrentamientos directos entre ambos. Nunca tuvieron lugar. Los problemas físicos de ambos los impidieron. Su vacío, sin embargo, resultó muy bien cubierto por su compatriota Steve Cram (1960), a quien la prensa ese año denominó El tercer hombre, involuntario homenaje a Graham Greene (1904-1991) y su novela. En poco tiempo, el tercer hombre acabaría poniéndose a la altura de los otros dos, con tres oros en los Juegos de la Commonwealth, dos oros europeos, un oro mundial, una plata olímpica y tres plusmarcas mundiales.

Stephen Cram nació el 14 de octubre de 1960 en Jarrow, una ciudad de 40 000 habitantes situada en el norte de Inglaterra, en la orilla sur del río Tyne, al lado de Gateshead al oeste y separada por el río de Newcastle. Comenzó a practicar atletismo a los once años, bajo la dirección de Jimmy Hedley, que sería su entrenador de siempre. En 1976, a la edad de quince años, corría los 800 m en 1:59.7, los 1500 en 4:07.2 y los 3000 m en 8:52.8. Su primer gran salto de calidad tuvo lugar al año siguiente, cuando registró 3:47.7 en los 1500 m, además de 8:17.3 en los 3000 m. En 1978 consiguió por primera vez correr una milla en menos de 4 minutos, 3:57.42. También tuvo un gran progreso cronométrico en 1500 m, 3:40.09, y en 3000 m, 8:05.83. Su tiempo de la milla le valió su selección para los Juegos de la Commonwealth, donde no pudo pasar de la primera ronda. Esa temporada de 1978, Cram se encontró al que sería su gran rival esos primeros años, el escocés Graham Williamson (1960), que consiguió acreditar ese año 3:37.68 en 1500 m y 3:55.82 en la milla. Se trataba sin duda alguna de dos excepcionales atletas sub20, a los que el tiempo trataría de diferente manera.

El duelo con Williamson continuó en 1979. Ese año el escocés mejoró hasta 3:53.17 en la milla, 3:36.6, paso por los 1500 m, en ambos casos plusmarcas europeas sub20. Consiguió derrotar a Cram en el campeonato británico junior (sub20) en los 1500 m. El de Jarrow había ganado previamente la prueba de los 3000 m, por lo que decidió competir en esta distancia en el Europeo de la categoría. Cram se impuso con 8:05.18, haciendo en 3:55 la segunda mitad de la prueba. Es temporada mejoró en la milla hasta 3:57.03. Apenas compitió en 1500 m.

Williamson había sido superior a Cram en 1978 y 1979. En 1980 tendrían lugar los Juegos de Moscú. De las tres plazas para el 1500 del equipo británico, dos eran para Ovett y Coe. La que quedaba se la disputarían los dos jóvenes nacidos en 1960. El campeonato británico de 1500 m era la carrera elegida para tomar la decisión. Sin embargo no resolvió nada. Williamson fue segundo, con 3:42.42, a 0.96 del ganador David Moorcroft (1952). Cram llegó el último, tras una caída a falta de 350 m cuando iba cuarto. Poco después, en Londres, Cram hacía marca personal de 3:35.52, a 0.29 del vencedor Steve Ovett. Acabó ganando la plaza de Moscú el 1 de julio en la milla de Oslo, en la que Ovett hizo 3:48.8, plusmarca mundial. Cram fue segundo con 3:53.8 y Williamson tercero con 3:56.4. En los Juegos Olímpicos, Cram consiguió entrar en la final, donde fue octavo, mientras Coe se redimía de su derrota en los 800 m y Ovett, algo desmotivado, era tercero. En las reuniones posolímpicas, Cram mejoraba hasta 3:34.74. Un notable bagaje para un atleta que no había cumplido los veinte.

En 1981, Cram consiguió por primera ver bajar de 3:50.00 en la milla. Fue en Zúrich, el 19 de agosto. Sus 3:49.95 y su tercer puesto pasaron completamente desapercibidos, pues Seb Coe había ganado con nueva plusmarca mundial de 3:48.53. El mundo atlético entonces solo tenía ojos para Ovett y para Coe, pero las cosas cambiarían en tan solo un año. La temporada de 1982 fue nefasta para ambos, plagada de problemas físicos. Era la gran oportunidad para Cram y no la desaprovechó. El 17 de julio se sorprendía a sí mismo al correr los 800 m en 1:44.45, mejor marca mundial del año. Nunca se había considerado un corredor de 800. Sin embargo se equivocaba. El 18 de agosto hacía mejor marca europea del año, esta vez en 1500 m, 3:33.66. Con esas credenciales se presentó como el favorito para el 1500 del Europeo al aire libre, donde también se había inscrito Coe, que finalmente no competiría. La final resultó muy accidentada, con la caída de Williamson a falta de 600 m. Cram, que no se había visto afectado, dio un fuerte cambio de ritmo. Llegó a tener una ventaja de 20 m, que fue perdiendo. En la última recta parecía que el español José Manuel Abascal (1958), frenado por la caída, podría darle alcance, pero el británico supo mantener la posición, mientras Abascal se quedaba sin fuerzas y perdía la plata a manos del entonces soviético Nikolai Kirov (1957).

Menos de un mes después, Cram repetía oro en el 1500 de los Juegos de la Commonwealth, por delante del neozelandés John Walker (1952), el keniano Mike Boit (1949) y Williamson.

En ausencia de Ovett y Coe, Cram había pasado de ser el tercer hombre al primero con sus oros en el Europeo y en los Juegos de la Commonwealth. En 1983 esperaba encontrarse con sus compatriotas en la final del 1500 del primer campeonato del Mundo al aire libre, que tendría lugar en Helsinki. Ovett llegó al Mundial aparentemente recuperado, con una mejor marca de 3:33.81. Coe, sin embargo, tras una serie de derrotas inesperadas, dio por finalizada la temporada. El problema que le había trastocado la temporada anterior se había identificado como una enfermedad vírica llamada mononucleosis infecciosa En 1983 había reaparecido. Ello hacía muy improbable el diagnóstico inicial. Finalmente se confirmó que tenía una enfermedad parasitaria llamada toxoplasmosis, de pronóstico más incierto. Parecía que su carrera atlética tocaba a su fin. Entretanto Cram había tenido muchos problemas físicos que le hicieron perder importantes sesiones de entrenamiento y hacían peligrar su participación en Helsinki. Consiguió, no obstante, recuperarse a tiempo. Unos registros de 3:35.68 y 1:45.03 le dieron suficiente confianza para el asalto del oro. No lo tendría fácil. La mejor marca del año correspondía al marroquí, entonces poco conocido en el ámbito internacional, Said Aouita (1959), que el 8 de junio había registrado 3:32.54. La final del Mundial resultó desesperadamente lenta, con pases de 1:05.02 y 2:07.76. A falta de 500 m Aouita dio un cambio seco, llevándose con él a Cram, al plusmarquista estadounidense de la milla Steve Scott (1956) y a Abascal, mientras Ovett se quedaba algo rezagado. El marroquí dio paso al 1200 en 3:02.83. Cram se hizo con la cabeza a falta de 200 m, mientras Aouita entraba en la última recta tratando de no perder la segunda posición, que finalmente hubo de ceder a Scott. Ovett consiguió adelantar a Abascal en la última recta pero no pudo alcanzar el podio. Cram, tras su oro europeo, se proclamaba campeón mundial, 3:41.58, por delante de Scott y Aouita, con Ovett cuarto.

En las reuniones tras el Mundial, Cram se mostró muy fuerte, con 3:31.66 en 1500, a 0.3 de la plusmarca mundial y 1:43.61 en 800 m, nuevamente mejor marca mundial del año. Terminó la temporada derrotando a Ovett, que unos días antes había vuelto a superar la plusmarca mundial de 1500 m, 3:30.77, en una milla en Londres, 3:52.56 por 3:52.71.

Ese año de 1983, Cram fue capaz de vencer en todas las carreras en pista que disputó, menos un 800 en el mes de julio en Londres. Con Ovett en forma, también había sido el mejor. Quedaba saber qué sucedería estando también Coe en condiciones, si bien el futuro atlético de este no estaba nada claro. Habría que esperar a los Juegos Olímpicos de 1984 para obtener la respuesta.

Atletas de elite en el fútbol americano

El argentino Franco Florio (2000) compatibiliza el atletismo con el rugby a 7. Esta semana se ha convertido en el jugador de rugby más rápido de la historia, al correr los 100 m en 10.11. En la evolución americana de este deporte europeo, el fútbol americano, ha habido unos cuantos jugadores que empezaron a jugar siendo más rápidos que Florio. La National Football League (NFL), uno de los campeonatos más poderosos económicamente del mundo, fundada en 1920, ofrecía contratos a los atletas más rápidos o más fuertes en épocas en que el atletismo era oficialmente amateur. Y fue así hasta los años 80.

El caso más conocido y más exitoso es el de Bob Hayes (1942-2002), campeón olímpico de 100 m en 1964 con 10.06 (oficialmente 10.0). De 1965 a 1974 jugó en los Cowboys de Dallas, en la NFL. Su velocidad obligó a sus rivales a cambiar el marcaje individual al marcaje por zonas. En 1971 consiguió la Superbowl VI. Es el único atleta de la historia que ha ganado un oro olímpico y una Superbowl.

Hayes, sin embargo, no fue el único en pasar del atletismo al fútbol americano. Tanto antes como después de él ha habido otros atletas que hicieron el mismo viaje, si bien la mayoría no con tanto éxito. Uno de los primeros fue Jim Thorpe (1887-1953), atleta amerindio campeón olímpico en 1912 de decatlón y de pentatlón, modalidad olímpica entonces. Previamente había jugado de forma semiprofesional al béisbol, por lo que el Comité Olímpico Internacional (COI), aplicando las estrictas reglas de entonces sobre el amateurismo, lo desposeyó de sus metales. En 1983 el propio COI revirtió su acción y devolvió a título póstumo las medallas al atleta. Tras los Juegos de 1912, Thorpe alternó el béisbol con el fútbol americano, deporte en el que también fue técnico. Otros tres decatletas siguieron el mismo camino. El campeón olímpico de 1932 Jim Bausch (1906-1974) jugó en 1933 en la NFL. Su sucesor olímpico en 1936 Glenn Morris (1912-1974) jugó cuatro partidos en la NFL en 1940, antes de lesionarse. En 1938 había protagonizado la película La venganza de Tarzán. El campeón olímpico en 1956 y subcampeón en 1952 Mitt Campbell (1933-2012) jugó en 1957 en la NFL, pero tras haber tenido problemas con los directivos de los Browns de Cleveland, continuó su carrera en la Canadian Football League hasta 1964.

El vallista Clyde Scott (1924-2018), subcampeón olímpico en 1948, acreditado en 14.0, estuvo cuatro temporadas en la NFL hasta que una lesión forzó su retirada. Ollie Matson (1930-2011), plata en el relevo 4 x 400 m y bronce en la prueba individual en 1952, con mejor marca personal 46.6, jugó nada menos que quince temporadas en al NFL. El gran dominador de los 400 m vallas a finales de los 50, Glenn Davis (1934-2009) acabó su carrera deportiva en la NFL, en 1960 y 1961. Había ganado el oro olímpico en 1956 y 1960, además del de 4 x 400 m en 1960. Mejoró la plusmarca mundial de las vallas hasta 49.2, además de registrar 10.3, 21.0 y 45.4 en los 100, 200 y 400 m. El subcampeón de salto de longitud en los mismos Juegos de 1960, Bo Roberson (1935-2001), 8.11 m, jugó en la NFL los siguiente siete años.

Henry Carr (1941-2015), campeón olímpico de 200 m en los mismos Juegos que Hayes fue campeón de 100 m, 20.1 mejor marca, jugó en los Giants de Nueva York tres años tras su oro olímpico. El sucesor de Hayes en los siguientes Juegos, Jim Hines (1946), también se pasó a la NFL, donde estuvo tres años, sin demasiado éxito. Hines continúa siendo el jugador de la Liga más rápido, con sus 9.95 de la final olímpica de 1968, primera marca de la historia por debajo de 10.00 con cronometraje automático. También el campeón de 200 m, con plusmarca mundial de 19.83, Tommie Smith (1944), probó fortuna en la NFL, donde solo estuvo un año. En los Juegos de 1972 también hubo cambios a la NFL. El campeón de 4 x 100 m Gerald Tinker (1951), acreditado en 10.1, estuvo dos temporadas en el fútbol americano.

En los primeros 80 hubo una notable desbandada a la NFL. Renando Nehemiah (1959), primer vallista en correr los 110 m por debajo de 13.00, 12.93 (1981), jugó tres años en los 49ers de San Francisco. No había practicado el fútbol en la universidad. Pese a ganar la Superbowl XIX de 1984, no desempeñó un papel importante en su consecución. Volvió a las vallas en 1986, si bien no consiguió clasificarse para ningún campeonato importante. Otro vallista y velocista Willie Gault (1960) jugó once temporadas en la NFL y ganó la Superbowl XX en 1985. Con marcas personales de 10.10A en 100 m y 13.26 en 110 m vallas, fue campeón del mundo del relevo 4 x 100 m en 1983, con plusmarca mundial de 37.86. Volvió al atletismo en la categoría de veteranos y es el actual plusmarquista mundial de 100 m mayores de 45, 10.72, mayores de 50, 10.88 y mayores de 55, 11.30, y también de 200 mayores de 50, 22.44, y de 55, 23.24. Al año siguiente el atletismo se quedó sin dos de los mejores velocistas de ese año, Sam Graddy (1964), plata olímpica en 100 m y oro en 4 x 100 m, mejor marca 10.09, y Ron Brown (1961), también oro en 4 x 100 m y cuarto en la prueba individual, mejor marca 10.01. Graddy jugó en la NFL de 1987 a 1992 y Brown de 1984 a 1991. Hubo una deserción más de entre los medallistas olímpicos de 1994, subcapeón en lanzamiento de peso Mike Carter (1960), marca personal de 21.76 m, que estuvo en la NFL en 1984 a 1992 y ganó nada menos que tres Superbowl, en 1984, 1988 y 1989.

La profesionalización del atletismo frenó las fugas de los mejores en este deporte al fútbol americano. Los últimos velocistas de elite que se pasaron al fútbol americano fueron Michael Bates (1969), bronce en 200 m en los Juegos de 1992, mejor marca 20.01, y James Jett (1970), oro en el relevo 4 x 100 m en los mismos Juegos, mejor marca 10.10. El primero permaneció en la Liga de 1993 a 2003 y el segundo de 1993 a 2003.

Este frenazo en la transferencia de atletas a la NFL hace improbable que Jim Hines deje de ser el jugador más rápido de la Liga. Afortunadamente hoy día los mejores atletas ya no tienen que buscarse la vida fuera de su deporte favorito.