¿Es Eliud Kipchoge el mejor maratoniano de la historia?

Si eres indisciplinado eres esclavo de tus estados de ánimo y de tus pasiones. Solo los disciplinados son realmente libres.

Eliud Kipchoge

Tras sus estratosféricos 2h01:39 de hoy en el maratón de Berlín, a menos de 2:53,0 el kilómetro, surge la duda de si Eliud Kipchoge (1984) es el mejor corredor de maratón de la historia. Ya habíamos contado su historia con motivo de la carrera de exhibición de Monza el 6 de mayo de 2017, donde en una prueba no homologable de 42 195 m realizó 2h00:25. Sin incluir esta prueba, Kipchoge ha corrido 11 maratones con los siguientes resultados:

Hamburgo 21 abril 2013 1º 2h05:30
Berlín 29 septiembre 2013 2º 2h04:05
Rotterdam 13 abril 2014 1º 2h05:00
Chicago 12 octubre 2014 1º 2h04:11
Londres 26 abril 2015 1º 2h04:42
Berlin 17 septiembre 2015 1º 2h04:00
Londres 24 abril 2016 1º 2h03:05
Río JJOO 21 agosto 2016 1º 2h08:44
Berlín 24 septiembre 2017 1º 2h03:32
Londres 22 abril 2018 1º 2h04:17
Berlin 16 septiembre 2018 1º 2h01:39

Excluyendo el maratón olímpico de Río, en 5 años, Kipchoge ha corrido 10 maratones entre 2h01:39 y 2h05:30, a una media de 2h03:59. En total ha ganado 10 maratones, con el oro olímpico, y ha sido segundo en otro. ¿Ha habido algún maratoniano en la historia que haya mostrado esta superioridad? No es fácil comparar unas épocas con otras. El maratón ha cambiado notablemente a partir de los 70 con la profesionalización, ya que fue la primera prueba en la que se empezó a ganar dinero, y la dedicación a partir de los años 90 de los mejores africanos, hasta entonces en la pista. Hoy día el corredor de maratón de élite solo se dedica a la carretera, aunque proceda de la pista o del campo a través. En cualquier caso, al menos siete maratonianos marcaron época en su momento.

El británico Jim Peters (1918-1999) superó en 4 ocasiones la plusmarca mundial entre 1952 y 1954 hasta dejarla en 2h17:39,4. El anterior plusmarquista era el coreano Sun Yun-Bok (1923-2017) con 2h25:39, una mejoría de 8 minutos. Abandonó, sin embargo, en los Juegos Olímpicos de 1952, que ganó el checo Emil Zatopek (1922-2000). Un golpe de calor en los Juegos de la Commonwealth de 1954 acabó con su carrera deportiva.

El etíope Abebe Bikila (1932-1973) fue el primer atleta en ganar dos veces el oro en los Juegos Olímpicos, en 1960 y en 1964, la primera vez descalzo, en ambos casos con sendas plusmarcas mundiales de 2h15:16,2 y 2h12:11,2. El de Roma era su tercer maratón. Mejoró su marca por 6 minutos. En toda su carrera corrió 15 maratones. Ganó 12, fue 5º en uno y abandonó en 2, ya al final de su actividad competitiva.

El australiano Derek Clayton (1942) corrió la prueba en 1967 en unas entonces asombrosas 2h09:36,4, más de 2 minutos mejor que la anterior plusmarca mundial del japonés Morio Shigematsu (1940), 2h12:00 en 1965. Clayton fue 7º en los Juegos Olímpicos de 1967. Lo atribuyó a la altitud de la capital mexicana. Al año siguiente le quitó un minuto a su plusmarca mundial, 2h08:33,6, tiempo que no se superó hasta 1981. En los Juegos de Múnich de 1972 fue 13º.

El portugués Carlos Lopes (1947) era un gran corredor de 10 000 m y de campo a través, plata en los Juegos de Montreal 1976 y campeón del mundo de campo a través ese mismo año. Tras los Juegos las lesiones parecía que acabarían con su carrera deportiva, pero resurgió con fuerza en 1982 y 1983 con tiempos en 10 000 cercanos a la plusmarca mundial. Su falta de aceleración final lo dejó no obstante fuera del podio de los grandes campeonatos, por lo que decidió probar en el maratón. En esta distancia su carrera fue corta pero intensa, con 2 victorias en 5 maratones, una en los Juegos de LA 1984 y la otra en el maratón de Rotterdam de 1985 donde hizo plusmarca mundial 2h07:12.

El keniano Paul Tergat (1969) fue el primer gran corredor africano en hacer la transición al maratón desde la pista y el campo. Bronce en el mundial de 1995 en 10 000 m, plata en 1997 y 1999, así como plata olímpica en 1996 y 2000, fue plusmarquista mundial de 10 000 m, 26:27,85 (1997). En campo a través fue 5 veces consecutivas campeón del mundo (1995-1999). En 2003 se convirtió en plusmarquista mundial de maratón con 2h04:55. Fue la primera plusmarca mundial ratificada pro la IAAF. Las anteriores eran extraoficiales. Tergat ganó 2 maratones de los 11 en que tomó parte.

El etíope Haile Gebreselassie (1973) tras una carrera plagada de éxitos en pista, con 2 oros olímpicos y 4 mundiales y 3 plusmarcas mundiales en 10 000 m, hasta 26:22,75 (1998), así 4 en 5000 m, hasta 12:39,36 (1998), continuó cosechando triunfos en maratón. Hasta 2010 ganó 9 de 12 maratones, con dos plusmarcas mundiales de 2h04:26 (2007) y 2h03:59 (2008). Después de 2010 solo terminó y ganó 1 de 4 maratones. No corrió el maratón olímpico de 2008. Prefirió el 10 000, prueba en la que fue 6º.

Finalmente Kenenisa Bekele (1982) pese a muchos problemas físicos fue capaz de correr el maratón en 2h03:03 en 2016, entonces segunda mejor marca de siempre. El etíope, actual plusmarquista de 5000, 12:37,35 (2004) y 10000 m, 26:17,53 (2005) consiguió 4 oros mundiales en 10 Km y 1 en 5 Km, así como dos oros olímpicos en la prueba más larga y uno en la más corta. En campo a través ha sido campeón mundial 11 veces, 5 en la carrera corta. Su objetivo era hacerse con las plusmarcas de las tres pruebas oficiales de fondo pero las lesiones no se lo han permitido. Ha corrido 6 maratones, de los que ha ganado uno, y abandonado en otro.

De estos 7 grandes maratonianos, los dos que han ejercido un dominio parecido al de Kipchoge han sido Bikila y Gebreselassie. Probablemente entre los tres esté el mejor corredor de maratón de la historia, si bien el keniano tiene la ventaja de los años que le quedan por delante.

Hoy ha sido un día grande para el atletismo. Por la mañana asistimos a la gran hazaña de Kipchoge y por la tarde el francés campeón mundial de decatlón Kevin Mayer (1992) se hacía con la plusmarca mundial de la combinada que tenía el estadounidense Ashton Eaton (1988) con 9045 puntos. De perfil lanzador y con un extraordinario salto con pértiga, Mayer consiguió 9126 puntos (10,55, 7,80 m, 16,00 m, 2,05 m, 48,42, 13,75, 50,54 m, 5,45 m, 71,90 m, 4:36,11). Sin duda se merece la próxima entrada de este blog.

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¿Habría podido el mejor Coe con el Cruz de Los Ángeles 84?

Tras la publicación de la segunda parte de la entrada sobre Joaquim Cruz, surgió un pequeño debate sobre lo que habría podido ocurrir si el brasileño se hubiese enfrentado al mejor Sebastian Coe, el de 1981. El deportista, no solo en el de alto nivel, pone el cuerpo al límite. Es habitual que lo pague en forma de lesiones, por lo que no es fácil mantener una continuidad. Seb Coe parecía invencible en 1981, pero en 1982, aquejado de una enfermedad seria, entonces no diagnosticada, ya no era el mismo. Pudo recuperarse para los Juegos Olímpicos de 1984. Su actuación fue magnífica, con la plata en 800 m y el oro en 1500 m, pero en la primera prueba no estaba como en 1981. Se enfrentó a un formidable Joaquim Cruz, que hizo, de largo, de 1984 la mejor temporada de su vida. ¿Habría podido el Coe de 1981 con el brasileño?

Sebastian Newbold Coe (Londres, 29 de septiembre de 1956) fue, en cierta manera, el producto atlético de su padre, Peter Coe (1919-2008). Es probable que esto condicionase sobremanera su primera etapa atlética, cuando, en alguna ocasión, le pudo su necesidad de ganar. Peter era un ingeniero al que preocupaba la biomecánica de su hijo, mal entrenada a su juicio, por lo que él mismo decidió dirigir la carrera atlética del joven Seb. Este comenzó sus éxitos internacionales en 1975. En Atenas se celebraba el campeonato de Europa Junior (sub20). Entonces Seb se dedicaba preferentemente al 1500, prueba en la que consiguió la medalla de bronce con 3:45,2, su mejor marca personal.

En 1976 consiguió bajar de 4 minutos en la milla por primera vez, 3:58,35, además de mejorar en 800 m hasta 1:47,7. En los dos años siguientes se dedicó casi exclusivamente a los 800 m, con alguna incursión en la milla. En 1977 se proclamó campeón de Europa de 800 m en sala. Al aire libre se convirtió en plusmarquista nacional con 1:44,95. En 1978 acudió al Europeo al aire libre de Praga con la mejor marca de los participantes, 1:44,25. Era el favorito, pero su inexperiencia en la alta competición le pasó factura. Se colocó en cabeza y dio paso al 400 en 49,56. Se acabó agotando y a duras penas consiguió entrar en el podio, 3º con 1:44,76. Poco después mejoró su marca hasta 1:43,97.

El año siguiente, 1979, Coe realizó una temporada superlativa. No compitió excesivamente, y básicamente se centró en los 800 m. Tan solo disputó una carrera de la milla y una de 1500 m. En ambas superó las plusmarcas mundiales con 3:48,95 y 3:32,03 respectivamente. En el campeonato británico fue segundo en los 400 m mejor marca personal de 46,87. En la prueba de las dos vueltas, el 5 de julio, en Oslo, consiguió una plusmarca mundial estratosférica de 1:42,33, 1,11 menos que el anterior tope universal, del cubano Alberto Juantorena (1950).

Ese año no hubo campeonatos importantes. Entonces no había Mundiales. No obstante, Coe disputó el 800 de la Copa de Europa, donde se enfrentó a rivales importante como los alemanes Willi Wülbeck (1954), 4º en los Juegos de Montreal, Olaf Beyer (1957), campeón de Europa en año anterior, o el italiano Carlo Grippo (1955), mejor marquista mundial en sala. Después de su actuación en Praga, donde aplicó una táctica equivocada, resultaba interesante ver a Coe en una prueba sin liebres con rivales de categoría. El británico no dio opción. En una carrera muy lenta, se mantuvo cómodo en posiciones secundarias hasta la última recta, momento en que con una gran aceleración se hizo con la victoria sin aparentar emplearse a tope.

En 1980 tendrían lugar los Juegos Olímpicos de Moscú. Tras el boicot decretado por el Presidente de Estados Unidos James Carter (1924), como represalia por al invasión soviética de Afganistán el año anterior, el Comité Olímpico Británico decidió ir a Moscú con bandera olímpica. Se había salvado el doble duelo en el medio fondo entre las dos estrellas británicas Seb Coe y Steve Ovett (1955). Ovett, que ya había sido 5º en los 800 m en los Juegos anteriores y 2º en el Europeo de 1978, había dejado esta prueba en un segundo plano para centrarse en los 1500 m y la milla. Parecía ligeramente superior a Coe en la prueba más larga, mientras que la superioridad de Seb en la doble vuelta semejaba incontestable. Poco antes de los Juegos había realizado con 2:13,40 la plusmarca mundial de 1000 m, tiempo equivalente a 1:43,39, en aquel momento solo al alcance del propio Coe. A la hora de la verdad sin embargo, su actuación en la doble vuelta de los Juegos fue muy deficiente. De sus siete rivales en la final, tan solo el francés José Marajó (1954) había bajado de 1:44,0 (1,43,9 en 1979). En una carrera muy lenta, Seb se mostró nervioso y dubitativo. Se quedó muy atrás y finalmente tan solo pudo salvar la plata. Ovett consiguió una sorprendente fácil victoria. A Coe le volvió a poder la necesidad de ganar.

Coe pudo sacudirse sus demonios con el oro en el kilómetro y medio. Su expresión facial al hacerse con la victoria lo decía todo. No prolongó demasiado esa agridulce temporada que terminó con una inesperada derrota ante el estadounidense Don Paige (1955), 1:45,04, frente a 1:45,07 del británico.

La temporada de 1981 de Seb Coe fue el epítome de la perfección. Pocas veces un atleta ha conseguido en una campaña lo que hizo el británico ese año. Como en 1981 seleccionó muy bien las carreras, centrándose más en los 800 m. Tan solo tomó parte en una carrera de 1500 m y en dos de la milla. En estas dos últimas superó con 3:48,53 y 3:47,33 las anteriores plusmarcas mundiales, en ambos casos en posesión de Steve Ovett. En el 1500 las liebres fueron demasiado rápidas. No obstante hizo mejor marca personal, 3:31,95, a 0,59 de la plusmarca mundial de Ovett. En total Coe intentó 5 plusmarcas mundiales y consiguió 4. El 10 de julio, en Florencia, mejoraba en los 800 m hasta unos asombrosos 1:41,73. El tiempo se calculó con dos células fotoeléctricas, ya que falló en cronometraje electrónico.

Poco después, el 11 de julio, el británico realizaba otro impensable registro, mejorando hasta 2:12,18 (1:44,56+) su plusmarca mundial del kilómetro, equivalente a 1:42,45 en los 800 m.

Esta superioridad se vio reflejada en la final de la Copa de Europa, donde Coe volvía a tener como principales rivales a Beyer, Wülbeck y Grippo, junto al bielorruso, entonces soviético, bronce en Moscú, Nikolai Kirov (1957) En una carrera muy lenta, como en 1979, Coe mostró una absoluta superioridad con un perfecto sentido táctico y un último 100 en 11,9.

Coe cerró su temporada superlativa con la victoria en los 800 m de la Copa del Mundo, donde se enfrentó a rivales de menos de 1:45,0, entre los que destacaban el estadounidense James Robinson (1954) y un joven brasileño de 18 años, plusmarquista mundial junior con 1:44,3, llamado Joaquim Cruz (1963). Tampoco en esta ocasión el británico dejó margen alguno. Como en la Copa de Europa, controló perfectamente una carrera lenta y acabó muy por delante de sus rivales en una última recta rapidísima.

En 3 años Coe había superado 8 plusmarcas mundiales y solamente había cosechado dos derrotas en 800 m. Lo malo es que una de ellas fue en la final olímpica. En 1979 había mostrado una total superioridad en la prueba pero en 1980 fracasó en los Juegos. En 1981 parecía un atleta mucho más fuerte, en todos los aspectos. Pero lo que cambiaría completamente la actitud de Coe ante la competición fue lo sucedido en los dos años siguientes, en los que pasó de lo más alto a ver peligrar seriamente su carrera atlética y su salud. Tras un importante deterioro en su rendimiento atlético, que le llevó a perder, otra vez, el oro en el 800 del Europeo de 1982, se descubrió que padecía una enfermedad, que inicialmente se diagnosticó como una mononucleosis infecciosa. Posteriormente el diagnóstico se cambió a toxoplasmosis, una enfermedad parasitaria más grave. Se perdió el Mundial de 1983, pero pudo volver para disputar los Juegos de Los Ángeles, aunque su forma era una incógnita. En cualquier caso, su actitud ante la competición era muy diferente a la de 4 años antes. Ganar ya no es cuestión de vida o muerte para mí, había declarado. Coe tuvo una actuación excelente. En 800 m corrió una final tácticamente impecable, pero Joaquim Cruz fue superior. En 1500 m se hizo con su segundo oro olímpico.

Es probable que con la actitud de 1984 hubiese hecho el doblete en 1980 pero ¿habría podido con Cruz con la forma de 1981? Cruz en 1984 cronométricamente valía lo mismo que Coe, pues acabó haciendo 1:41,77. Ese año corrió en 4 ocasiones en 1:43,0 o menos, Coe lo hizo también en 4 ocasiones, si incluimos su 1000 m de 2:12,18, pero en toda su carrera atlética. Cierto es que el británico dosificaba muy bien sus competiciones. El brasileño estaba en 1984 en el mismo estado de gracia que Coe en 1981 y ambos corrían en ritmos parecidos. Habría sido un enorme espectáculo verlos en una final olímpica en igualdad de condiciones. Tal como se desarrolló la carrera es probable que la táctica de ambos no hubiese variado demasiado. Coe previsiblemente habría esperado hasta la recta final para dar un hachazo como los de 1981. El resultado, no obstante, es historia alternativa. Tal vez Cruz habría resistido. Pero solo es mi opinión.

Mariano García-Verdugo en su 70 cumpleaños

Santiago de Compostela, Estadio de la Residencia, una tarde cualquiera de primavera de los años 80, decenas de atletas se aplicaban a entrenar en las entonces renovadas instalaciones del Estadio. No había modalidad atlética que no tuviese participantes. Y allí, a cambio de nada o casi nada, en su tiempo libre, los entrenadores Javier Marcos (1952), Ricardo Gurriarán (1953) María Luisa Peralta (1951) y Mariano García-Verdugo (1948) hacían posible la apuesta de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) por el atletismo. Todos ellos ejercían de profesores de Educación Física en centros escolares, desde donde promocionaban el atletismo invitando a los chavales a practicar este deporte de forma reglada.

A finales de los años 60 la USC, por medio del catedrático de Fisiología Vegetal, entonces encargado de la sección de deportes y que posteriormente sería alcalde de Santiago, Ernesto Viéitez Cortizo (1921-2013),  había creado el Club Universitario de Atletismo (CUA). Con el fin de atraer deportistas se habían dotado una serie de becas para universitarios. Algunos ilustres atletas de entonces fueron los velocistas Ramón Magariños (1948) y Manuel Carlos Gayoso (1944), el triplista Francisco Castrillo (1952), el futuro preparador físico de la selección española de baloncesto Pepe Casal (1950) o el que sería Presidente del Gobierno Gallego, Fernando González Laxe (1952). El atletismo federado compostelano había tenido un precedente en la entonces joven Sociedad  Deportiva Compostela, donde militaron José María Caneda (1947), que acabaría presidiendo el club, ya sin sección de atletismo, o el periodista Emilio Navaza (1948), autor del blog Vida atlética de Galicia y durante muchos años reportero no oficial del CUA. En cualquier caso, la consolidación del atletismo universitario necesitaba de una infraestructura y para crearla Viéitez se fijó en un corredor de obstáculos que estaba terminado Educación Física llamado Mariano García-Verdugo.

Mariano García-Verdugo Delmas había nacido en Madrid el 30 de agosto de 1948. Hijo de un empleado de los Paradores Nacionales, pasó su infancia en diferentes localidades de la Península hasta que finalmente recaló en Pontevedra. Allí comenzó a practicar atletismo en el club Cisne y, poco después, se encontró con el que años más tarde Mariano definiría como su segundo padre, José Luis Torrado (1935), el Brujo, quien comenzó a entrenarlo de forma más metódica, ya en la Sociedad Gimnástica. Posteriormente sus aptitudes atléticas valieron a Mariano una beca en la Residencia Blume, donde simultaneó los entrenamientos con sus estudios en el recién inaugurado Instituto Nacional de Educación Física (INEF). De esa primera etapa como atleta son sus mejores marcas en 800 m, 1:53,2, 1500 m, 3:51,8, y 3000 m obstáculos, 9:10,4, prueba esta en la que representó a España en un encuentro internacional contra Italia en 1970.

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Mariano en su época de corredor de obstáculos

En 1972, recién licenciado en la segunda promoción del INEF, se trasladó a Santiago de Compostela, con el encargo de la Universidad para hacer una escuela de atletismo. Durante 15 años, Mariano simultaneó el trabajo en la USC con el de profesor de Educación Física en el colegio compostelano de La Salle, que se convirtió en una importante cantera del CUA. En 1988, con su nombramiento como Director del Área de Deportes de la USC, Mariano pudo dedicarse laboralmente a la USC a tiempo completo.

En la actualidad el Estadio de la Residencia de la USC se ubica en el llamado Campus Vida (antiguo Campus Sur). En los años 30, con diseño del arquitecto vigués Jenaro de la Fuente (1891-1963), había comenzado la construcción de un complejo de edificios, que inicialmente se iban a dedicar a residencia de estudiantes y profesores. Uno de los edificios del proyecto era un estadio multiusos, que incluía una pista de atletismo. El estadio, cuya fachada es de los años 50, no se acondicionó hasta 1966, con un campo de fútbol rodeado de unas pistas de ceniza de 333 m de perímetro, junto con fosos de saltos y jaulas de lanzamientos. Es esa situación, y compartiendo las instalaciones con el fútbol, Mariano y su mujer María Luisa, entre otros, sentaron las bases de la escuela de atletismo compostelana, inspirándose en el modelo de Salamanca. Entretanto, Mariano no se había olvidado de su condición de atleta. Dejó los obstáculos y se centró en el maratón, distancia que llegó a correr en 2h25:50 en 1979 y en la que también consiguió la internacionalidad.

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Los componentes del equipo español de maratón del Gran Premio de Europa de 1979 con Emil Zatopek, Gaston Roelans y Gaston Reiff. Mariano en el medio entre las dos leyendas belgas

Las facilidades para la práctica del atletismo mejoraron notablemente cuando en 1982 se remodeló el estadio de atletismo, dotándolo de pistas sintéticas de 400 m de perímetro y eliminando el campo de fútbol. En aquellos años, Mariano entrenaba una treintena de atletas, fundamentalmente medio fondistas y fondistas, pero también marchadores, lanzadores y saltadores. Trabajador incansable y con una enorme motivación por el deporte, tras terminar su labor en La Salle, a las 18, Mariano se dirigía al Estadio, donde supervisaba las series de los corredores, hacía la técnica con los saltadores de altura y, finalmente, se iba a la zona de lanzamientos para hacer la técnica con los lanzadores de martillo. No volvía a casa antes de las 21. Muchos fines de semana tocaba competición, por aquellas carreteras de los años 80. Un viaje Santiago Lugo (105 Km) era una odisea de dos horas. A todo ello había que sumar la labor de gestión del club, diseño de planes de entrenamiento y estudio de las cambiantes ciencias del deporte.

El mismo año de 1988 en que lo nombraron Director de Deportes de la USC, Mariano hizo su última incursion en el atletismo de competición, cuando preparó y terminó los 100 Km de Madrid en 7h32:52. Al año siguiente su carrera profesional dio un enorme salto. El flamante presidente de la Real Federación Española de Atletismo, José María Odriozola (1939) lo nombró responsable nacional del medio fondo. Mariano ocupó el cargo hasta 2012, lo que le permitió vivir en primera persona las principales competiciones atléticas de esos años y ensanchar sus ya vastos conocimientos sobre técnicas de entrenamiento. En total, acudió a 6 Juegos Olímpicos, 18 Campeonatos del Mundo y 17 Campeonatos de Europa. Con el tiempo, se fue centrando más en el medio fondo y el fondo y se convirtió en una referencia en este campo, sobre el que ha publicado numerosos libros.

Mariano fue entrenador de varios atletas internacionales, sobre todo medio fondistas y fondistas, Esther Pedrosa (1961), Pilar Barreiro (1971), Javier Fernández Feijoo (1959), Manuel García Gendra (1962), Jesús de la Fuente (1970)…, pero también hizo a José Luis Antas (1968), campeón de España sub21 de salto de altura en 1987, o guio los pasos del añorado lanzador de martillo (y jugador de balonmano) César González Fares (1960-2011). Esto, no obstante, fue solo la punta del iceberg. La principal labor de Mariano fue la que no salía del ámbito local, incluso personal.  Consiguió inculcar el gusto por el atletismo a muchas personas y que diesen lo mejor de ellos mismos, ya fuese haciendo 3:45, 3:50 o 3:55 por poner el ejemplo del 1500 m. Logró, sobre todo, que muchos jóvenes comprendiesen la esencia del atletismo: trabajo, sacrificio, disciplina y resultados diferidos.

Toda una vida dedicada al atletismo se merecía un reconocimiento. En 2012 con motivo de la jubilación de Mariano como Director de Deportes de la USC, cuatro de sus antiguos discípulos organizaron un homenaje secreto. Mariano se pensaba que iba a cenar con ellos cuatro, cuando se encontró sorpresivamente a 84 exatletas, colegas y amigos, otros 16 no habían podido acudir, que, en una cena muy emotiva, le expresaron su enorme agradecimiento por lo que había supuesto en sus vidas.

Tras su jubilación, Mariano continúa muy activo, tanto física como profesionalmente. Alterna la carrera con la elíptica, actividad a la que dedica dos horas diarias y continúa escribiendo, dando conferencias y atendiendo su página web.

Querido Mariano, te deseo un muy feliz cumpleaños, que cumplas muchos más y muchas gracias por haber mejorado la vida de tantas personas a las que enseñaste a amar el atletismo y a las que regalaste tantas horas de tu tiempo.

Joaquim Cruz, de vendedor ambulante en Brasil al oro olímpico en Los Ángeles (y II)

Segunda parte de la historia de Joaquim Cruz.

La segunda serie semifinal resultó mucho menos dramática. Johnny Gray dio paso al primer 400 en 52,27, con Coe agazapado en la 4ª posición. El británico atacó en el último 150 y se llevó la victoria en 1:45,51, con Konchellah 2º, 1:45,67, Gray 3º, 1:45,82, y Sabia 4º, 1:45,96. A tenor de lo visto, los dos grandes favoritos habían tenido actuaciones totalmente opuestas. Mientras Cruz había decidido ir fuerte en las tres rondas, Coe trató de ahorrar esfuerzos para la final, tal vez pensando en los tres 1500 que le esperaban tras el 800. En cualquier caso, se esperaba que en la final del 6 de agosto se correría rápido, como así sucedió. Al igual que en la semifinal, Koech decidió avivar el ritmo desde el principio, si bien su paso de 51,07 por el 400 fue sensiblemente superior a los 49,56 del día anterior. Cruz y Coe no se despegaban del keniano, que mantuvo la cabeza hasta la última recta. Cruz en pugna con Koech, al igual que Coe en pugna con Jones, hizo la última curva por la calle 2 No consiguió sobrepasar Koech hasta la última recta y ya no hubo quien se le acercase, mientras Coe, codo a codo con Jones, conseguía la plata. Cruz marcó 1:43,00, nueva plusmarca olímpica y 2ª mejor marca de siempre entonces tras la plusmarca mundial de 1:41,73 de Coe. El británico, que volvía a estar en gran forma, corrió en 1:43,64, su mejor marca desde 1981, mientras Jones fue bronce con 1:43,83. Konchellah, futuro bicampeón mundial, ocupó la 4ª posición con mejor marca personal de 1:44,03. Siete atletas corrieron en menos de 1:45,00. Ovett, al que acabaron retirando en camilla por problemas respiratorios, terminó a duras penas en 1:52,28.

La victoria del brasileño, que había corrido en 1:45,66, 1:44,84, 1:43,82 y 1:43,00, fue inapelable. Coe, que en 1980, siendo muy superior a sus rivales, perdió la final olímpica de 800 m por una mala táctica, no tuvo opción. Tres días después, Cruz, inscrito también en el 1500, ganó su serie pero no se presentó en su semifinal. Coe se acabaría haciendo brillantemente con el oro en el kilómetro y medio en la 7ª prueba que disputaba en estos Juegos. A diferencia de la temporada anterior, Cruz decidió sacar partido de su excelente forma en las reuniones del circuito europeo. En Niza, el 20 de agosto, corrió los 1000 m en 2:14,09. Dos días después, en Zúrich, se acercaba peligrosamente a la plusmarca mundial de 800 m al correr en 1:42,34. El día 24, en Bruselas, hizo 1:42,41 y el 26, en Colonia se quedó, al menos oficialmente, a un suspiro del tope mundial al marcar 1:41,77, con un pase de 49,7 en los 400 m. El keniano Sammy Koskei (1961), que no había resultado seleccionado para los Juegos, fue 2º con 1:42,28.

Cuando Seb Coe había establecido la que entonces era plusmarca mundial de 1:41,73 en Florencia el 14 de junio de 1981, el cronometraje eléctrico no había funcionado. La marca manual fue de 1:41,6 y la centesimal se estimó con dos células fotoeléctricas en 1:41,72. Posteriormente se corrigió a 1:41,73. Es probable que el tiempo del brasileño fuese más rápido, aunque no se considerase oficialmente. En cualquier caso, Cruz tenía entonces 21 años, por lo que se estimaba que no tardaría en convertirse en plusmarquista mundial. Desgraciadamente, los problemas físicos impidieron progresar al brasileño, si bien aún tuvo tiempo de ganar otra medalla olímpica.

Su temporada de 1985 no fue tan brillante como la anterior, si bien continuó realizando grandes marcas. El 1 de junio mejoraba su marca de 1500 m dejándola en 3:35,70 y derrotando en Eugene a los mejores milleros estadounidenses, incluidos Steve Scott (1956) y Jim Spivey (1961). Esto probablemente hizo pensar, de forma exagerada, a los organizadores del 1500 de la reunión de Niza, del 16 de julio, que el brasileño podía estar cerca de la plusmarca mundial. Finalmente hubo plusmarca mundial, pero a cargo del británico Steve Cram (1960), con 3:29,67, primera marca de la historia por debajo de 3:30,00. Cruz solo pudo ser 7º con 3:37,10. Cram volvió a derrotarlo justo un mes después, en Zúrich, esta vez en el terreno del brasileño, en los 800 , 1:42,88 por 1:43,23. Cruz, sin embargo, acabó la temporada con tres excelentes 1:42,98, 1:42,54 y 1:42,49.

Su condición física derivada de los problemas con su tendón de Aquiles hizo que pasase en blanco la temporada de 1986 y en precario la de 1987. Aun así ese año pudo ganar un 1500 muy lento de los Juegos Panamericanos, por delante de Spivey y Scott. Su mejor marca en 800 m fue 1:45,74. Se inscribió en el 800 del Mundial de Roma, pero finalmente no acudió, tal vez pensando en recuperarse para los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Y afortunadamente para él esa recuperación tuvo lugar, si bien nunca llegó a estar como 4 años antes. Los Juegos tendrían lugar a finales de septiembre, con lo que Cruz retrasó su puesta a punto. A mediados de agosto mejoraba con 3:34,63 su marca de 1500 m. Poco después conseguía unos buenos 1:44,27 en la pista de Colonia, de buen recuerdo para el brasileño, segundo detrás del ganador, el marroquí Said Aouita, quien con 1:43,86 realizó su mejor marca de siempre. Aouita había anunciado su intención de luchar por el oro olímpico en las dos pruebas de medio fondo.

Como 4 años antes en Los Ángeles, el 800 de Seúl contaría con 4 rondas en 4 días, si bien se corrió mucho menos. Cruz se impuso fácilmente en sus series de las dos primeras rondas con 1:47,16 y 1:46,10 respectivamente. En la primera semifinal, el brasileño fue 2º con 1:44,75, por detrás del desconocido keniano Paul Ereng (1967), quien con 1:44,55 hacía su mejor marca. Donato Sabia y Peter Elliot fueron los otros dos clasificados para la final. En la segunda semifinal se impuso el también keniano Nilson Kiprotich (1962). Aouita, el brasileño José Luiz Barbosa (1961) y Johnny Gray también se clasificaron para la final. No había un favorito claro para el oro. Desde la salida Barbosa, que había corrido ese año en 1:43,20, y Kiprotich decidieron imprimir un ritmo rápido a la carrera. Cruz no dudó en irse con ellos, mientras por detrás se abría un hueco, con Elliot en tierra de nadie, y más atrás Aouita, Gray y Ereng. Barbosa dio paso al primer 400 en 49,54. A falta de 200 m, Barbosa, tras verse sobrepasado por Kiprotich, que lideraba la prueba, y Cruz, iba perdiendo terreno en beneficio de Elliot y Aouita. Treinta metros más adelante, Cruz se hacía con la cabeza. Mientras Kiprotich se hundía, su compatriota Ereng emergía desde atrás dispuesto a pelear con el oro con Cruz, Elliot y Aouita que entraban en la recta final por este orden. El keniano lograba colarse por dentro a la segunda posición y, a falta de 30 metros, impedía que el brasileño lograse su segundo oro olímpico. Ereng conseguía la victoria con plusmarca personal de 1:43,45. Cruz fue plata con 1:43,90, su mejor marca desde 1985 y Aouita conseguía finalmente adelantar a Elliot y se hacía con el bronce, 1:44,06.

Como en LA, 4 años antes, Cruz disputó la primera ronda del 1500, en la que fue 1º pero no se presentó en su semifinal. La final de 800 m de Seúl fue la última gran carrera del brasileño. Aunque siguió compitiendo hasta 1997, su tendón de Aquiles lo apartó de la élite. Nunca volvió a correr por debajo de 1:45,80. En 1995 ganó el 1500 de los Juegos Panamericanos y superó la primera ronda del Mundial de Gotemburgo, si bien no salió en la semifinal. En 1996 tomó parte en sus terceros Juegos Olímpicos, en Atlanta, aunque no pasó de la primera ronda del 1500.

Afincado en California, desde hace años es entrenador de atletismo. Un gigante de los 800 metros al que su tendón de Aquiles le impidió ser aun más grande.

Las plusmarcas más antiguas de los campeonatos de Europa

Los recientes campeonatos de Europa celebrados en Berlín han recuperado el brillo de antaño. Se han conseguido 10 plusmarcas de los campeonatos, incluida la nueva prueba de los 50 Km marcha femeninos, y ha habido otras excelentes actuaciones. Sin embargo, nada menos que 23 plusmarcas de los campeonatos son del siglo XX, es decir, tienen 20 años o más. Dos de ellas están a punto de cumplir 40 años y cumplirán, al menos, 42. Se trata de los 27:30,99 en 10 000 m del finlandés Martti Vainio (1950) y el 1:43,84 en 800 m del alemán Olaf Beyer (1957), ambos realizados en el campeonato de Europa de 1978, celebrado en el estadio Evžena Rošického de Praga del 29 de agosto al 3 de septiembre.

El 29 de agosto, primer día de los campeonatos, tenía lugar la final directa de 10 000 m masculinos (la prueba femenina no se instauraría hasta 1986), donde se habían dado cita 24 atletas, de los que 14 estaban acreditados por debajo de 28 minutos. No acudieron ni el finlandés campeón olímpico, Lasse Virén (1949), ni el portugués subcampeón, Carlos Lopes (1947), ambos con problemas físicos. Sí estaba el medallista de bronce, el británico Brendan Foster (1948), que ese año había realizado 27:30,30, segunda mejor marca de siempre y plusmarca europea. Campeón de Europa de 5000 m en 1974, era el gran favorito. Otro de los candidatos era el rumano Ilie Floroiu (1952), 5º en los Juegos de 1976, que con 27:47,8 tenía la segunda mejor marca de los participantes ese año. También contaban dos neerlandeses, Gerald Tebroke (1949-1995) y Jos Hermens (1950), que el año anterior habían realizado respectivamente 27:37,63 y 27:41,25. El joven italiano Venanzio Ortis (1955), campeón de su país, tenía una plusmarca personal de 28:05,2, de ese mismo año, pero acababa de correr un rapidísimo 5000 en 13:20,82. Nadie había reparado, salvo por su estatura de 1,92 m en un finlandés llamado Marti Vainio, que ese año había bajado por primera vez de 28 minutos, en Helsinki, donde fue 6º con 27:59,7 superado por 3 europeos.

La carrera resultó espectacular, tanto por el rapidísimo ritmo desde el comienzo como por el trepidante e incierto final. Inicialmente tomó la cabeza el rumano Paul Copu (1953), con un tren elevado que favorecía los intereses de su compatriota Floroiu. Este dio paso al tercer kilómetro en 8:12,0 y al quinto en 13:44,8. Los siguientes kilómetros se hicieron en 2:47,8, 2:48,0, 2:47,4 y 2:46,6. El británico David Black (1952) cruzó el 9000 en 24:54,4, encabezando un grupo en el que estaban Foster, Floroiu, Ortis, el entonces soviético Alexandr Antipov (1955), hoy lituano y llamado Aleksandras Antipovas, y Vainio, que enseguida se colocó en tercer lugar impidiendo que los británicos abriesen hueco. A falta de 800 m, parecía que los tres de cabeza se despegaban del resto, pero 200 m más adelante Ortis y Antipovas lograban conectar. Black continuaba en primera posición, con el quinteto líder muy estirado. La última vuelta fue un cerrado duelo entre tres atletas pleno de alternativas. Foster pasó a la primera posición, dando paso al inicio del último 400 en 26:32,6, seguido de Vainio que se igualaba a Black. A falta de 300 m un cambio seco de Ortis dejó a Black fuera de la lucha por las medallas, mientras Antipovas perdía algo el contacto. Poco antes del 200, Foster recuperó la cabeza llevándose con él a Vainio y a Ortis. Antipovas parecían ya no contar. Vainio adelantó a Foster cerca de la recta final. Este perdió también la segunda posición ante Ortis, que no pudo alcanzar al finlandés pero conservó la segunda posición por centímetros ante un postrero ataque furibundo de Antipovas, que dejó a Foster fuera del podio. Vainio mejoró su marca por casi medio minuto, 27:30,99, tras una última vuelta en 58,3. Por su parte Ortis, 27:31,48 y Antipovas, 27:31,50, bajaban por primera vez de 28:00,00. Los registros de los medallistas eran el 5º, 6º y 7º de todos los tiempos. Un total de 10 atletas corrieron por debajo de 28, 9 de ellos mejoraron la plusmarca de los campeonatos de Juha Väätäinen (1941), 27:52,78 en 1971. Estos fueron los resultados completos:

1 Martti Vainio Finlandia 27:30.99
2 Venanzio Ortis Italia 27:31.48
3 Aleksandras Antipovas URSS 27:31.50
4 Brendan Foster Reino Unido 27:32.65
5 Dave Black Reino Unido 27:36.27
6 Gerard Tebroke Países Bajos 27:36.64
7 Ilie Floroiu Rumanía 27:40.06
8 Enn Sellik URSS 27:40.61
9 Knut Kvalheim Noruega 27:41.26
10 Jerzy Kowol Polonia 27:53.61
11 John Treacy Irlanda 28:17.0
12 Léon Schots Bélgica 28:19.6
13 Cătălin Andreica Rumanía 28:29.4
14 Mike McLeod Reino Unido 28:38.0
15 Øyvind Dahl Noruega 28:43.2
16 Frank Grillaert Bélgica 28:43.5
17 Ryszard Kopijasz Polonia 28:44.2
18 Karel Lismont Bélgica 28:49.2
19 Waldemar Cierpinski RDA 28:58.9
20 Karel Gába Checoslovaquia 29:56.3
Pierre Levisse Francia Ab
Detlef Uhlemann RFA Ab
Jos Hermens Países Bajos Ab
Paul Copu Rumanía Ab

Vainio tras una discreta actuación en los Juegos Olímpicos de 1980 fue bronce europeo en 10 000 m en 1982 y bronce en el 5000 del primer Mundial, celebrado en Helsinki en 1983. Como todos los finlandeses de su generación, Vainio no estaba libre de la sospecha de mejorar su rendimiento con autotransfusiones. Esta técnica no estuvo prohibida hasta 1985. En 1984, tras ser 2º en la final olímpica de 10 000 m en Los Ángeles, se le descubrieron restos de anabolizantes en su orina, lo que le supuso la descalificación. Se pensó entonces que los restos de la sustancia prohibida probablemente estuviesen en sangre autotrasfundida.

Por su parte Ortis, en el mejor momento de su vida, se hizo con el oro en el 5000 del Europeo. Con 23 años el futuro parecía pertenecerle, pero un rosario de lesiones cortó su progresión. Sin embargo, abrió el camino para sus compatriotas, que ganaron los siguientes tres campeonatos europeos de 10 000 m, Alberto Cova (1958) en 1982, Stefano Mei (1963) en 1986, con triplete italiano, y Salvatore Antibo (1962) en 1990. El último campeón de Europa en bajar de 28 minutos fue el español Chema Martínez (1971), 27:47,65 en 2002. En los últimos 10 años, tan solo el británico Mo Farah (1981) y Chris Thompson (1981) y los turcos Ali Kaya (1994) y Mel Girmalegese (1987) han conseguido correr por debajo de 27:30,00.

El mismo 29 de agosto habían comenzado las series de 800 m, cuya final, previa semifinal, tendría lugar dos días después. En esta distancia se esperaba un duelo por el oro entre los británicos Seb Coe (1956) y Steve Ovett (1955), con cierta ventaja para el primero. Aún no habían alcanzado la enorme relevancia mediática que les esperaba en los años siguientes pero su rivalidad ya comenzaba. Coe había sido bronce en el Eurojunior de 1975 en 1500 m. Posteriormente decidió centrarse en los 800 m. El año anterior se había proclamado campeón de Europa en sala. Se presentó en Praga con 1:44,25, mejor marca de ese año 1978 y plusmarca nacional británica. Ovett había comenzado a destacar muy joven. Tras proclamarse campeón de Europa junior (sub20) de 800 m en 1973, fue subcampeón de Europa absoluto al año siguiente y 5º en los Juegos Olímpicos en 1976 con plusmarca personal de 1:45,77. En 1977 se había centrado en los 1500 m, prueba en la que, tras su resonante victoria en la Copa del Mundo con marca personal de 3:34,45, se había instalado en la élite mundial. En 1978 optó por intentar el doblete en medio fondo en el Europeo tras mejorar su marca de 800 m a 1:45,38.

Los dos británicos se plantaron el la final ganando sus respectivas semifinales. Del resto de sus rivales había otros dos atletas que habían conseguido bajar de 1:46,0 ese año, los jóvenes alemanes del Este Andreas Busse (1957), 1:45,45, y Olaf Beyer (1957), 1:45,8. El francés José Marajo (1954) había corrido en 1:45,89 el año anterior. A priori parecían condenados a luchar por el bronce. Como le ocurriría dos años después en los Juegos de Moscú, la necesidad de ganar pudo, no obstante, con Seb Coe, quien tomó la cuerda en dura pugna con Beyer e impuso un ritmo frenético, cruzando la primera vuelta en 49,32, algo nunca visto. Sin embargo, no conseguía despegar ni a Beyer ni a Ovett, mientras Busse era 4º. En la contrarrecta, Ovett se colocaba en 2ª posición y trataba de igualarse a su compatriota a falta de 200 m. Coe resistió toda la curva antes de ceder, agotado, a falta de 100 m. Parecía que Ovett se haría con la victoria, pero un tremendo acelerón final de Beyer dio, con 1:43,84, el oro al alemán. Ovett era segundo con plusmarca británica de 1:44,09, que acabó siendo su mejor marca de siempre. Coe, 1:44,76, completamente agotado y decepcionado conseguía el bronce en una carrera que, con otra estrategia, podría haber ganado.

La marca de Olaf Beyer era la 4ª mundial de siempre en aquel momento. Su edad y su excelente actuación le auguraban un buen futuro, pero sus continuos problemas físicos no le permitieron mejorar. Tras su éxito en Praga su mejor resultado fue un 7º puesto en el Europeo al aire libre de 800 m, 4 años después. Tras su plata en 800 m, Ovett ganó con cierta facilidad el oro europeo en los 1500 m, mientras Coe, días después, recuperaba, con 1:43,97, el primado británico. En los tres años siguientes la rivalidad entre ambos trascendió, con mucho, el mundo del atletismo. Ambos se convirtieron en iconos mundiales con sus plusmarcas mundiales y su duelo olímpico estelar en Moscú. Aunque Ovett fue perdiendo empuje a partir de 1984, los éxitos de Coe continuaron en los Juegos de LA84 y en el Europeo de 1986.

Desde 1978, los 800 m del Europeo se han corrido a ritmo medio o a ritmo lento. Después de la carrera de Praga, ha habido 6 registros ganadores por debajo de 1:45,00, el más rápido, el del polaco Adam Kszczot (1989), oro en los últimos tres campeonatos, con 1:44,15.

Además de estas dos antiguas plusmarcas de los campeonatos de Europa hay otras tan o más míticas, como los 47,48 del alemán Harald Schmid (1957) en 400 m vallas en 1986, los 21,71 en 200 m de la alemana Heike Dreschler (1964) en 1986, los 48,16 de su compatriota Marita Koch (1957) en los 400 m en 1982, ambas plusmarcas mundiales en su momento, los 22,22 m en lanzamiento de peso del suizo Werner Gunthör (1961) o los 86,74 del entonces soviético Yuriy Sedykh (1955) en lanzamiento de martillo en 1986, la segunda plusmarca mundial masculina más antigua.

Jakob Ingebrigtsen y los adolescentes de élite

Hace un año escribía sobre la sorprendente progresión del atleta noruego nacido el 19 de septiembre de 2000 Jakob Ingebrigtsen. En 2017, aun juvenil (sub18), fue capaz de correr en 3:39,92 los 1500 m, en 3:56,29 la milla y en 13:35,84 los 5000 m. Lo comparaba entonces con tres atletas europeos que habían causado sensación en categorías menores, el italiano Stefano Mei (1963), 13:55,91 en 5000 m en 1980, el alemán Hanjorg Kunze (1959), 7:56,4 en 3000 m en 1976, y el finlandés Ari Paunonen (1958), 7:43,20 en 3000 m en 1977. Este último no llegó a la élite. Sí lo hicieron los dos anteriores, aunque sin la superioridad que tenían en categorías inferiores. Ha pasado un año y Jakob Ingebrigtsen ha mejorado todas las expectativas. Con 17 años no es que sea un buen junior (sub20), es que se ha encaramado a lo más alto del 1500 y del 5000 de Europa con sus dos oros continentales en Berlín. Su madurez a la hora de correr y su sentido táctico son sorprendentes en un atleta de su edad. Con este resultado, ya ha superado en medallas a Mei, cuyo mejor logro fueron el oro y la plata en los 10 y 5 Km del Europeo de 1986. Nunca un atleta tan joven había conseguido ser campeón de Europa, mucho menos en dos pruebas.

Fuera del atletismo africano, hay muy pocos precedentes en medio fondo y fondo de atletas tan jóvenes codeándose con los mejores de su prueba. Tal vez los dos casos más destacados sean los del estadounidense Jim Ryun (Wichita, Kansas 29 de abril de 1947) y del británico Steve Ovett (Brighton, 9 de octubre de 1955). En 1964, Ryun consiguió clasificarse para los Juegos Olímpicos de Tokio en la prueba de 1500 m, donde fue capaz de pasar de la primera ronda. Ese año, con 17, había corrido en 3:39,0 en el kilómetro y medio y en 3:59,0 en la milla, no muy lejos de las plusmarcas mundiales de entonces de 3:35,6 y 3:54,1. Esta última plusmarca se superó en 1965 con 3:53,6, pero Ryun, con 18, también mejoró a 3:55,3. En 1966 Ryun consiguió dos plusmarcas mundiales de enorme valor. Corrió las 880 yardas en 1:44,9, equivalentes a 1:44,2 en 800 m, 0,1 mejor que la plusmarca mundial de entonces. En la milla realizó 3:51,3, equivalentes a 3:34,3 en 1500 m. El tope mundial en la distancia métrica lo alcanzaría en 1967, con 20 años, al correr en 3:33,1. Ese mismo año mejoró hasta 3:51,1 en la milla. Era el favorito para el oro olímpico en México 1968 pero la altitud y el mejor Kip Keino (1940) de siempre se lo impidieron. Los 4 años siguientes fueron complicados para él por diversos problemas físicos. Aun así volvía a ser uno de los favoritos para el oro olímpico en 1972. Sin embargo, una caída en su serie lo dejó sin opciones. Se retiró poco después. Ryun consiguió siendo junior sendas plusmarcas mundiales de la media milla y de la milla, de mayor valor que sus equivalentes métricos. Aunque le faltó el oro olímpico, es uno de los grandes milleros de la historia.

Steve Ovett fue también un atleta precoz, que pasó de ser campeón de Europa junior en 1973, con 17 años, a subcampeón de Europa al año siguiente con 18, realizando 1:45,77. Con 20 años se llevó una cierta decepción en los Juegos de Montreal de 1976. Fue 5º en los 800 m con plusmarca personal de 1:45,44. En 1500m pese a su plusmarca personal de 3:37,89 en series, no pudo pasar de las semifinales. Sin embargo al año siguiente, sobre todo tras su resonante victoria en el 1500 de la Copa del Mundo con 3:34,45, se convirtió en referencia mundial de los 1500 m. En 1978 fue plata en 800 m y oro en 1500 m en los Campeonatos de Europa. En 1980 encadenaba 45 victorias consecutivas en 1500 m o en la milla. Antes de los Juegos de Moscú, donde tendría lugar el famoso doble enfrentamiento con su compatriota Seb Coe (1956), le había arrebatado a este la plusmarca mundial de la milla, con 3:48,8, y había igualado oficialmente la plusmarca mundial de 1500 de Coe, 3:32,1 (3:32,03), con 3:32,09 (homologada 3:32,1). En Moscú tras derrotar a Coe en un 800 táctico, distancia en la que su rival parecía muy superior, sucumbió, sin embargo, en el 1500 donde solo pudo ser bronce. Terminó el año con plusmarca mundial de 3:31,36. Pese a que aún consiguió otras dos plusmarcas mundiales, de la milla, 3:48,40, en 1981 y de 1500 m, 3:30,77, en 1983, los problemas físicos se cebaron con él y ya no volvió a tener opción de medalla en grandes campeonatos. Fue un atleta precoz que, no obstante, supo progresar posteriormente hasta convertirse en uno de los mejores de la historia y hacer mítica su rivalidad con Coe.

Ingebrigtsen ha corrido este año en 3:31,18, en el 1500 de la reunión de Montecarlo, 3:52,28 en la milla en Eugene, y en 13:17,06, marca esta que le sirvió para ganar el oro en el 5000 del Europeo, con un último kilómetro en 2:28,72 y una última vuelta en 54,09. Probablemente en esta última distancia pueda estar por debajo de 13:10,00. Los tres tiempos son plusmarcas europeas sub20. Hasta este año, los topes europeos sub20 eran 3:35,51, del español Reyes Estévez (1976) en 1995, 3;53,15, del británico Graham Williamson (1960) en 1979, y 13:27,04 del británico Steve Binns (1960) en 1979, antigua plusmarca mundial de la categoría. La marca del noruego en 1500 m es además la 5ª de todos los tiempos. En el reciente Mundial sub20 celebrado en Tampere ya demostró que puede competir en igualdad de condiciones con los africanos, al ser 2º en sendos apretados finales tanto en 1500 como en 5000 m. Los últimos europeos en ganar medalla en estas pruebas fueron el alemán Wölfram Müller (1981), plata en 2000 en 1500, y el italiano Giuliano Battocletti (1975), bronce en 5000 m en 1994. Un vistazo a la lista mundial sub20 de todos los tiempos de 5000 m, donde el noruego es, de momento, 91º, muestra algunos nombres ilustres como Eliud Kipchoge (1984), 12:52,61 3º, Daniel Komen (1976), 12:56,15 12º, Ismael Kirui (1975), 13:02,75 23º, Richard Chelimo (1972 – 2001), 13:11,76 56º, o Kenenissa Bekele (1982), 13:13,33 70º. Algunos de ellos comenzaron sus éxitos absolutos en categoría sub20, como Kipchoge, actual campeón olímpico de maratón y sorprendente campeón mundial de 5000 m en 2003, con 12:52,61, su mejor marca de siempre, derrotando al marroquí Hicham El Guerrouj (1974) y a Bekele. Ismael Kirui fue doble campeón mundial absoluto de 5000 m, en 1993 y 1995. En 1993 tenía unos meses más que ahora Ingebrigtsen. Su malogrado hermano, Richard Chelimo, fue plata, con 19, en 1991 en el Mundial de Tokio en 10 000 m.

En un año Jakob Ingebrigtsen ha pasado de ser un extraordinario corredor sub20 a dominar el 1500 y el 5000 europeos. Si prolonga su temporada como la anterior no es descartable que continúe mejorando sus marcas personales, especialmente en la milla y los 5000 m. Con 17 años ha conseguido lo que la mayoría no consiguen en toda su carrera atlética. ¿Qué sucederá en el futuro? De tantas veces que he dicho que me ha dejado sin palabras, me voy a quedar mudo. ¿Podrá ser el nuevo Usain Bolt del atletismo? El tiempo lo dirá.

Joaquim Cruz, de vendedor ambulante en Brasil al oro olímpico en Los Ángeles (I)

Tras el boicot occidental a los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, era de esperar que el bloque oriental devolviese la moneda 4 años después, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Así sucedió. Tras haber asegurado previamente que no mezclaban política y deporte, finalmente el 8 de mayo de 1984la Unión Soviética anunció que no enviaría equipo a los Juegos alegando falta de seguridad y fuertes sentimientos antisoviéticos. Otros 13 países secundaron la postura soviética: Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Alemania del Este, Mongolia, Vietnam, Corea del Norte, Yemen del Sur, Laos, Afaganistán, Angola, Etiopía y Cuba. En atletismo, el boicot se notó básicamente en pruebas femeninas, dominadas entonces por las soviéticas y las alemanas del Este, y en los lanzamientos masculinos. Pese a ello, los Juegos tuvieron un nivel altísimo no solo por la actuación estelar del cuádruple medallista de oro, el estadounidense Carl Lewis (1961), sino también por otras excelentes prestaciones como la del también estadounidense Alonzo Babers (1961) en 400 m, el resucitado británico Seb Coe (1956) en el 1500 m, la emergente estrella del mediofondo, el marroquí Said Aouita (1959) en un espectacular 5000, la segunda victoria olímpica de Edwin Moses (1955) o el sorprendente keniano Julius Korir (1960) en los 3000 m obstáculos. Pero, sin duda, una de las grandes estrellas, no solo de los Juegos sino también de ese año de 1984, fue el brasileño Joaquim Cruz, apabullante campeón olímpico de 800 m.

Joaquim Carvalho Cruz había nacido el 12 de marzo de 1963 en Taguatinga, Distrito Federal (Brasil), muy cerca de la capital Brasilia. De familia numerosa, tenía 5 hermanos,  con pocos recursos, su padre, un obrero siderúrgico, apenas podía comprarle unas zapatillas para entrenar. El joven Joaquim, que comenzó jugando al baloncesto, pero pronto se pasó al atletismo, ejercía diversos oficios para ayudar a la economía familiar, tales como vendedor ambulante o limpiabotas. En atletismo mostró un enorme talento que lo llevó a correr los 800 m en 1:51,0 con 15 años, 1:49,8 con 16 y 1:47,65 con 17 años. Su primera explosión llegaría al año siguiente, en 1981, cuando el 27 de junio corrió en Río en 1:44,3, registro que mejoraba por 0,6 la plusmarca mundial junior (sub20) en poder del estadounidense Jim Ryun (1947). Ese registro le valió para representar a América en los 800 m de la III Copa del Mundo de la IAAF, prueba en la que fue 6º. Un entonces inabordable Seb Coe fue el ganador. Puede que el haber superado a Ryun hiciese que en Estados Unidos se fijasen en él. Lo cierto es que en la temporada de 1982, justo tras la muerte de su padre, la Universidad Brigham Young, en Provo (Utah), le ofreció una beca y allí se trasladó junto con su entrenador Luis Alberto de Oliveira. No obstante, el brasileño perdió casi todo ese año, pues hubo de someterse a una cirugía de un pie. Aun así, pudo aún pudo correr en 1:46,95 en los primeros compases de la temporada.

Todo cambió en 1983, año en que se trasladó a la Universidad de Oregon, en Eugene, cuna de los mejores fondistas estadounidenses. Allí pudo prepararse sin problemas físicos para el primer Campeonato del Mundo que se celebraría en agosto en Helsinki. Poco antes, Cruz ganaba los 800 m del campeonato universitario estadounidense (NCAA) y llevaba sus marcas personales de las dos vueltas a 1:44,04 y de 1000 m a 2:15,28. En la capital de Finlandia se clasificó para la final sin problemas, adquiriendo la condición de favorito. La prueba resultó muy rápida por la actuación del propio Cruz que, enseguida, tomó la cuerda. A falta de 450 m el británico Peter Elliot (1962) se hizo con la cabeza, con el brasileño pegado a él. Elliot dio paso al primer 400 en 50,58. En la contrarrecta ambos atletas sostuvieron una dura pugna por la primera posición, sin que el británico cediese, de manera que abrieron un pequeño hueco con el resto de los competidores. Elliot obligó a Cruz a hacer la última curva por la calle 2, antes de claudicar a falta de 100 m. Entretanto, el alemán Willi Wülbeck (1954) que se había acercado peligrosamente al dúo de cabeza, dio un tremendo acelerón y se fue en cabeza hacia la meta, sin que el brasileño, desfallecido pudiese seguirlo. A falta de 15 metros, Cruz también se vio sobrepasado por el holandés Rob Druppers (1962). Wülbeck ya había ocupado la 5ª en la final olímpica de Montreal. Su progresión desde entonces había sido, no obstante, discreta. Su mejor marca era 1:44,66 desde 1979. En Helsinki realizó la mejor carrera de su vida y, con 1:43,65, mejoró su marca por 1,01. Druppers hizo también marca personal con 1:44,20 y Cruz consiguió el bronce con 1:44,27. El brasileño había salido por el oro, pero se desgastó demasiado durante los 150 m en que trató de adelantar a Elliot sin conseguirlo.

 

Tras el Mundial, Cruz dio por terminada su temporada y comenzó a pensar en los Juegos Olímpicos que tendrían lugar el año siguiente en Los Ángeles. Comenzó la temporada al aire libre muy pronto, en marzo. En junio, con 3:36,48 había mejorado por 4ª vez su plusmarca personal de 1500 m, marca que le valió para ganar el campeonato de la NCAA. El día anterior había ganado los 800 m en la misma competición con 1:45,10, su mejor registro del año en 800 m antes de los Juegos. Poco antes de ir a LA, el 21 de junio, realizó unos excelentes 2:14,54 en 1000 m, equivalente a 1:44,25 en 800. Cruz llegaba a los Juegos como uno de los favoritos. El plusmarquista mundial, el británico Seb Coe, volvía  tras una enfermedad que lo había mantenido casi un año apartado de la competición. Acababa de acreditar 1:43,84. El campeón olímpico, el también británico Steve Ovett (1955) era una incógnita, pues apenas se había dedicado a los 800 m en los 4 años anteriores. Los estadounidenses habían llegado fortísimos, tras una rapidísima carrera de selección en la que el veterano James Robinson (1954), con 1:43,92, no se había clasificado por milésimas, en beneficio de Earl Jones (1964), Johnny Gray (1960), ambos con 1:43,74, y John Marshall (1963) con 1:43,92. Otro que contaba, al menos para estar en la final, era el sorprendente italiano Donato Sabia (1963) que había corrido en junio en 1:43,88.

La clasificación para la final se presentaba muy dura, con 3 rondas previas antes de la final, en 4 días consecutivos. Cruz decidió continuar con la táctica de Helsinki y se impuso en la 5ª serie de la primera ronda con 1:45,66, un segundo por delante de Steve Ovett. Coe se mostró también en una excelente forma, ganando la 2ª serie con 1:45,71. En los cuartos de final, al día siguiente, se siguió corriendo muy rápido. El keniano Edwin Koech (1961) ganaba la primera serie con mejor marca personal de 1:44,74, por delante de Donato Sabia, 1:44,90. Su compatriota Billy Konchellah (1961) se imponía en una segunda serie mucho más táctica con 1:46,15, 0,6 menos que Coe, 3º. En esta serie resultó eliminado el estadounidense John Marshall. Cruz volvía a correr muy rápido en la tercera serie al imponerse con 1:44,84, 0,88 menos que Ovett, 2º. Johnny Gray era 3º.  Earl Jones, con 1:45,44 se hacía con la victoria en la 4º y última serie. Tras dos rondas, Cruz parecía en una gran forma, igual que los dos estadounidenses mejor acreditados, mientras Coe y Ovett se mostraban con más reservas y los kenianos Koech y Konchellah habían presentado su candidatura para la final.

Se esperaba mucho de las semifinales del 5 de agosto y no decepcionaron. Entrarían en la final los 4 primeros de cada serie. No habría clasificación por tiempos. En la primera, en la que no se presentó Peter Elliot por lesión, Jones tomó la cabeza rapidísimo, seguido de Cruz, pero ambos se vieron superados a falta de 450 m por Koech que dio paso al primer 400 en 49,56. Koech se mantuvo en cabeza con el brasileño pegado a él hasta la última recta. Por detrás Jones había perdido la 3ª posición a manos del sudanés Omar Khalifa (1955), con Ovett luchando por entrar entre los 4 primeros. Cruz adelantaba a Koech en la última recta, mientras Jones se hacía con la 3ª posición y Ovett, cayéndose, dejaba in extremis a Khalifa fuera de la final. Cinco atletas conseguían bajar de 1:45,00. Khalifa, con 1:44,87, no entraba en la carrera definitiva, en beneficio de Ovett, por 0,06. Cruz, con 1:43,82, y Koech, con 1:44,12, hacían sus mejores marcas. Jones era 3º con 1:44,51. Una fantástica semifinal.

Alberto Juantorena, el doblete inédito de “El Caballo”

A lo largo de la historia del atletismo, tan solo algunos atletas han sido capaces de hacer compatibles las pruebas de 400 y 800 m. En la primera mitad del siglo XX, al menos 5 corredores de alto nivel tuvieron éxito en ambas pruebas. El estadounidense Edward Ted Meredith (1892 – 1957) fue plusmarquista mundial en ambas distancias con 47,4 y 1:51,9. Fue oro olímpico en 1912 en las dos vueltas y en el relevo largo. Su compatriota Ben Eastman (1911 – 2002) también consiguió el tope universal en las dos pruebas, 46,4 y 1:49,8. Fue plata olímpica en 400 m en 1932. Hasta la fecha el último plusmarquista mundial de ambas pruebas fue el alemán Rudolf Harbig (1913 – 1944), con 46,0 y 1:46,6. La Segunda Guerra Mundial, que acabó con su vida, le impidió asaltar el oro olímpico. Los Juegos se reanudaron en 1948, con el doble duelo en 400 y 800 m entre el jamaicano Arthur Wint (1920 – 1992) y el estadounidense Mal Whitfield (1924 – 2012). El isleño fue oro en 400 m y plata en 800, mientras su rival se hizo con el oro en 800 m y en el relevo largo y el bronce en 400. En 1952 se repitió el resultado en los 800 m. En la prueba individual de 400 m Wint fue 5º y Whitfield 6º. Ambos formaron parte del relevo 4 x 400 m de su país, prueba en la que se impuso brillantemente Jamaica a los Estados Unidos.

Tras los Juegos de 1952, los mejores corredores de 800 fueron cambiando de forma de entrenar, prestando más atención a las condiciones aerobias, lo que fue convirtiendo la prueba de las dos vueltas en más compatible con la milla y los 1500 m. Aún en los 50 y primeros 60, el estadounidense Tom Courtney (1933), oro olímpico en 1956 en 800 m, lo fue también en 4 x 400, el jamaicano George Kerr ( (1937 – 2012) fue bronce olímpico en 400 y 800 m, y el belga Roger Moens (1930) plusmarquista mundial de 800 m, 1:45,7, y plata olímpica en 1960 había sido varias veces campeón nacional de 400 m. Pero el corredor de 800 m estaba cambiando, con la irrupción del neozelandés Peter Snell (1938), primer doblete olímpico en 800 y 1500 m, en 1960, desde 1920. Snell ya había sido campeón olímpico de las dos vueltas en 1960 y tenía las plusmarcas mundiales de esta prueba, 1:44,3, y de la milla, 3:54,1. Los 800 m se estaban convirtiendo en patrimonio de milleros. Y era un millero, el estadounidense Rick Wohlhuter (1948), el favorito para hacerse con el oro olímpico en 1976. Tras imponerse brillantemente en las pruebas de selección de su país, Wohlhuter, estaba decidido a intentar el doblete en las dos distancias de medio fondo. Era el plusmarquista mundial de las 880 yardas, con 1:44,1, equivalente a 1:43,4 en 800 m, superior a los 1:43,7 que el italo-surafricano Marcello Fiasconaro (1949) tenía oficialmente como plusmarca mundial. Además, el estadounidense había corrido en 3:36,4 los 1500 m y en 3:53,3 la milla. Era el gran favorito en los 800 m, donde nadie pareció reparar en un cubano, excelente corredor de 400 m y ex jugador de baloncesto, pese a que ya había acreditado 1:44,9 ese mismo año.

Alberto Juantorena Danger había nacido en Santiago de Cuba el 21 de noviembre de 1950. Con 1,88 m de estatura, comenzó simultaneando el baloncesto con el atletismo, con preferencia por el primero. Su rendimiento en el deporte de la canasta, sin embargo, no fue bueno. En 1971, en entrenadorpolaco Zygmunt Zabierzowski (1916 – 1978) lo convenció para dedicarse a los 400 m. El joven Alberto aceptó y tan solo un año después corría en 45,94 y era semifinalista en los Juegos Olímpicos de 1972. En 1973 fue, con 45,36, campeón mundial universitario y, en 1975, plata en los Juegos Panamericanos, con su mejor marca de 44,80, por detrás del estadounidense Ronnie Ray (1954), 44,45.

Zabierzowski logró convencer a un reticente Juantorena para tomar parte, además de en los 400, en los 800 m de los Juegos de Montreal. Como se dijo anteriormente se presentó en la capital de Québec con 1:44,9 de ese mismo año, un gran crono, que nadie tuvo muy en cuenta por su falta de experiencia en la prueba. De los favoritos se había caído el keniano Mike Boit (1949). Boit, que acreditaba 1:43,79 del año anterior, marca probablemente mejor que la plusmarca de Fiasconaro, no pudo tomar parte en los Juegos por el boicot que realizaron a los Juegos la mayoría de los países africanos. La primera ronda de los 800 m tuvo lugar el 23 de julio. Había tres rondas en tres días. Wohlhuter impresionó con 1:45,71 en la primera serie. Juantorena ganó la 4ª con 1:47,15. En las semifinales, al día siguiente, Juantorena se impuso en la primera con 1:45,88 y el estadounidense en la segunda con 1:46,72. Les acompañaban en la final el belga Ivo van Damme (1954), 1:45,07 de ese año, el campeón de Europa el entonces yugoslavo, hoy croata, Luciano Sušanj (1948), el subcampeón de Europa, el británico Steve Ovett (1955), el alemán Willie Wülbeck (1954), el italiano Carlo Grippo (1955) y el indio Sriram Singh (1948). La final, el 25 de julio, se inició muy rápido, con los atletas por calles los primeros 300 m. En la calle libre, Juantorena se colocaba momentáneamente en la primera posición, pero se vio sobrepasado por Singh, que dio paso al primer 400 en 50,85. A falta de 300 m, Juantorena recuperaba la cabeza con Wohlhuter y van Damme detrás de él. Wohlhuter trató de igualar el cubano en la última curva pero no pudo con su empuje y acabó perdiendo al segunda plaza en favor de van Damme. Con su potente zancada, Juantorena cruzó la meta en 1:43,50, nueva plusmarca mundial. van Damme fue plata con 1:43,86 y Wohlhuter bronce con 1:44,12.

 

 

Sin tiempo para recuperarse, Juantorena se enfrentaba al día siguiente, en sesiones de mañana y tarde, a las dos primera rondas de los 400 m, prueba en la que poco antes de los Juegos, había acreditado 44,70, su plusmarca personal. Reservando fuerzas se clasificó sin problemas para la semifinal del 28 de julio, que ganó con 45,10. Sus principales rivales en la final serían los estadounidenses Fred Newhouse (1948), Herman Frazier (1954) y Maxie Parks (1951) y el británico David Jenkins (1952), todos acreditados por debajo de 45,00. La final del 29 de julio era la 7ª carrera del cubano en 6 días, pero esto no le pesó en absoluto. Corriendo por la calle 2, entró segundo en la recta final, pero acabó imponiéndose en 44,26, 3ª mejor marca de la historia y mejor marca de siempre al nivel del mar. Newhouse fue plata, 44,40, y Frazier bronce, 44,95.

 

 

 

Juantorena consiguió un doblete inédito. En su momento se habló incluso de hazaña imposible, en dos distancias fisiológicamente incompatibles. La actuación del cubano fue ciertamente superlativa, con dos oros, una plusmarca mundial y otra mejor marca oficiosa al nivel del mar. También es cierto que desde entonces ningún corredor de élite ha hecho compatibles ambas pruebas. Sin embargo, como ya se ha señalado al principio de este artículo, sí hubo otros atletas que se quedaron muy cerca de conseguir los oros olímpicos de estas dos pruebas.

El cubano dio por terminada la temporada con un 7º puesto en la final olímpica de 4 x 400. Wohlhuter y van Damme sí tomaron parte en varias carreras de las reuniones posolímpicas del circuito europeo, donde se vieron sorprendidos por un apabullante Mike Boit. El keniano mostró que estaba en condiciones de haber disputado el oro olímpico a Juantorena, pues consiguió dos victorias, en Zúrich el 18 de agosto, derrotando a los dos medallistas olímpicos, y en Berlín el 20, con 1:43,90 y 1:43,57 respectivamente. El año se cerró con una terrible noticia. El 29 de diciembre Ivo van Damme se dejaba la vida en la carretera a los 22 años. Plata olímpica en 800 y 1500 m, sin duda la historia del mediofondo de finales de los 70 y principios de los 80 se habría escrito de forma diferente con él.

Boit tuvo la oportunidad de enfrentarse a Juantorena al año siguiente, en 1977, en dos ocasiones. Antes, el 21 de agosto, Juantorena había arañado unas centésimas a su plusmarca mundial, al imponerse en los 800 m de la Universiada con 1:43,44. Tres días después, en Zúrich, el keniano y el cubano protagonizaron un excelente duelo. Juantorena superó a la liebre y pasó la primera vuelta en 49,6. Boit se le acercó en la contrarrecta pero no pudo seguirlo mucho más. El campeón olímpico consiguió la victoria con 1:43,64, 1 segundo exacto menos que su rival. El segundo enfrentamiento tuvo lugar en Düsseldorf, donde se celebraba la primera Copa del Mundo. Como en Montreal el año anterior, el indio Sriram Singh encabezó la primera vuelta, en 52,31, con Juantorena inmediatamente detrás y Boit en tercera posición. A falta de 300 m, Juantorena se colocó primero, pero Boit no le perdió la rueda. La recta final resultó disputadísima. A falta de 30 m parecía que el keniano podía superar al cubano, pero este resistió y se impuso en 1:44,04, 0,1 menos que su rival. Dos días después, Juantorena se hacía también la victoria en los 400 m.

 

La temporada de 1978 fue la última en la que el cubano rayó a gran altura. Se proclamó campeón de 400 y 800 m de los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en la ciudad colombiana de Medellín, donde consiguió su segunda mejor marca de siempre en 400 m, 44,27A. En 800 m registró 1:44,38, tiempo superado en la lista mundial del año por el alemán Olaf Beyer (1957) y dos jóvenes británicos que darían mucho que hablar Steve Ovett y Seb Coe (1956).

A partir de 1979, los continuos problemas físicos de Juantorena hicieron que su rendimiento descendiese mucho. Fue 4º en la final olímpica de 400 m de 1980, sin atletas estadounidenses, en la que el entonces soviético, hoy ruso, Viktor Markin (1957) se impuso con plusmarca europea de 44,60, mejor marca mundial de ese año. En 1982 volvió a vencer en los 800 m de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. En 1983 se lesionó tras haberse clasificado para la semifinal del primer campeonato del mundo de 800 m. Se retiró al año siguiente, tras haberse proclamado vencedor de los Juegos de la Amistad, la competición con la que los países del Este contraprogramaron los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, que habían boicoteado. Su despidió de la alta competición tomando parte en varias reuniones del circuito europeo.

Licenciado en Económicas y bien integrado en el régimen cubano, Juantorena ha ocupado varios cargos de gestión deportiva tanto en el Gobierno de su país con en su federación de atletismo. Es también directivo de la IAAF y del Comité Olímpico Internacional. Su hazaña en los Juegos de Montreal con su amplia zancada persiste en la memoria de los aficionados. Es habitual ver la imponente figura del cubano entre el público de los grandes campeonatos, donde sigue firmando autógrafos y posando para fotos con admiradores.

Irena Szewińska, la dama de la velocidad

Hace unos días nos dejó la exatleta polaca Irena Szewińska. Szewińska fue una de las mejores velocistas de todos los tiempos, ganadora de siete medallas olímpicas, 3 de oro, y plusmarquista mundial, aunque no simultáneamente, de 100, 200 y 400 m. Ningún otro atleta, hombre o mujer, ha podido conseguir este monopolio de la velocidad.

Irena Szewińska nació como Irena Kirszestein en Leningrado (hoy San Petersburgo) el 24 de mayo de 1946. Su padre, de Varsovia, y su madre, de Kiev, se habían conocido en Samarkanda (Uzbekistán) donde ambos estudiaban. En 1947, tras el fallecimiento de su padre,  la familia se trasladó a Varsovia. Adoptó el apellido de su marido, el exvallista y fotógrafo deportivo Januzs Szewińska, cuando se casó en 1967. Szewińska comenzó a practicar atletismo a los 7 años. En 1960 el triple oro olímpico en 100, 200 y 4 x 100 de la estadounidense Wilma Rudolph (1940-1994), una mujer procedente de un entorno absolutamente desfavorecido, le sirvió como inspiración para su fructífera futura carrera atlética. No tardaría mucho en emularla, pues 4 años después, acudió a los Juegos de Tokio para tomar parte en las pruebas de 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100. Su actuación fue excelente. Ganó la plata en los 200 m, con marca personal y plusmarca europea de 23,1 (23,13), superada por la estadounidense Edith McGuire (1944), 23,0 (23,05).  En la longitud también se hizo con la plata con mejor marca personal de 6,60, por detrás de la británica Mary Rand (1940), quien con 6,76 m se convertía en la nueva plusmarquista mundial. En el relevo consiguió mejorar sus actuaciones individuales. El equipo polaco formado por ella misma junto con Teresa Ciepły (1937 – 2006), Halina Górecka (1938) y Ewa Kłobukowska (1946) batió al estadounidense en la final con una nueva plusmarca mundial de 43,6 (43,69). Posteriormente la plusmarca se anularía, aunque se mantuvo el oro olímpico. Kłobukowska tenía una anomalía genética, un raro mosaicismo XX/XXY. Algunas de su células albergaban un cromosoma masculino. Entonces se consideraba motivo suficiente para dudar de la feminidad de una atleta y Kłobukowska resultó suspendida de por vida y sus plusmarcas anuladas. Esta anulación no se extendió a sus actuaciones en campeonatos.

Con tan solo 18 años, la joven Irena salía de Tokio con tres medallas olímpicas. Al año siguiente, 1965, conseguía su primera plusmarca mundial individual. El 9 de julio en Praga corría los 100 m en 11,1, superando los 11,2 de Wyomia Tyus (1945) de la final olímpica de Tokio. En la carrera de Praga, Ewa Kłobukowska consiguió el mismo tiempo que Szewińska, posteriormente anulado. Poco después, el 8 de agosto, se celebró en Varsovia un encuentro internacional entre Polonia y Estados Unidos. Szewińska derrotó en la carrera de 200 m a las campeonas olímpicas de 200, Edith McGuire, y de 100 m, Wyona Tyus, con un nuevo tope mundial de 22,7. Ese año fue doble campeona mundial universitaria de 100 y 200 m.

En 1966 se celebraban los campeonatos de Europa en Budapest. En la capital húngara, Szewińska, con 20 años, tuvo otra magnífica actuación, con las victorias en 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100 m. Tan solo se le escapó el oro en los 100 m, prueba en la que la derrotó Kłobukowska. Tras un año de 1967 sin grandes campeonatos, Szewińska acudió a los Juegos de México de 1968 con la intención de disputar los 4 oros en las pruebas de velocidad corta, el relevo corto y el salto de longitud. Las cosas no resultaron como ella había previsto. Pese que, con 6,67 m, había mejorado poco antes de los Juegos su plusmarca personal, no pasó de la fase de clasificación con unos pobres 6,19 y dos nulos. La última atleta en entrar en la final había saltado 6,30 m. Mejoró notablemente en los 100 m, donde hizo marca personal de 11,1 (11,19), pero fue insuficiente para superar a las estadounidenses Tyus, 11,0 (11,08) y Barbara Ferrell, 11,1 (11,15). La juvenil australiana Raelena Boyle (1951) fue 4ª con 11,1 (11,20). A Szewińska le quedaban los 200 m como última oportunidad de oro individual y no la desaprovechó. Su victoria con nueva plusmarca mundial de 22,5 (22,58) fue inapelable, con Boyle, plata, 22,7 (22,74), y su compatriota Jennifer Lamy (1949), bronce, 22,8 (22,88). Ferrell y Tyus fueron 4ª y 6ª. La prueba tuvo un nivel altísimo con cuatro mujeres por debajo de los 23,00.

Pese a este enorme oro en 200 m, es probable que los Juegos de México dejasen en la polaca un sabor agridulce. Tras la decepción de la longitud, aún quedaba la del relevo, en el que el equipo polaco no pudo defender su título olímpico por un mal cambio con caída del testigo en las semifinal. En 1969 la Asociación Europea de Atletismo trató de hacer los campeonatos de Europa al aire libre bienales. Se celebraron ese año y en 1971, pero en 1974 se volvió a los campeonatos cuatrienales hasta 2010. Szewińska no tomó parte en los campeonatos de Europa de ese año y se retiró temporalmente en 1970 para dar a luz a su primer hijo,  Andrzej, que posteriormente sería jugador internacional de balonvolea. Volvió a la actividad atlética en 1971. En el Europeo de Helsinki fue bronce en 200 m, 5ª en salto de longitud y 6ª en 100. La vencedora en ambas pruebas fue el nuevo fenómeno de la velocidad femenina, la alemana Renate Stecher (1950). Stecher repetiría el doblete en los Juegos Olímpicos de Múnich al año siguiente. Szewińska, que no pudo llegar a la final de los 100 m, fue bronce en 200. Con 26 años y tres participaciones olímpicas, parecía que sus mejores días ya habían pasado. Nada más lejos de la realidad. La polaca aún tenía reservadas actuaciones memorables.

En 1973 mantuvo un buen tono con registros de la temporada de 11,1 y 22,7. Ese año Stecher se convertía en la primera mujer en correr por debajo de 11,0, con plusmarcas mundiales de 10,9 y 10,8, mientras en 200 se iba a 22,1 (22,38). La polaca no parecía rival para ella. Pero esa era una impresión equivocada. El 13 de junio de 1974, en Postdam, ambas atletas se enfrentaron en la distancia de 200 m, prueba en la que la alemana llevaba 4 años imbatida. Szewińska no solo ganó, sino que superó, con 22,0 (22,21) la plusmarca mundial de la alemana. El 1 de enero de 1977, este registro de 22,21 se convirtió en la primera plusmarca mundial eléctrica, únicas válidas a partir de entonces. Unos días después, el 29 de junio en Varsovia, Szewińska mejoraba en 100 m hasta 10,9. Menos de un mes después, el 22 de julio, en la misma capital polaca, Szewińska superaba por más de un segundo la plusmarca mundial de 400 m con 49,9, primer registro sub50,0 de la historia. En los campeonatos de Europa, la polaca no dio opción a Stecher y la batió tanto en los 100, 11,13 frente a 11,23, como en los 200 m, 22,51 frente a 22,58. La alemana tuvo que conformarse con dos platas.

 

Szewińska tenía intención de correr los 200 y los 400 m en los Juegos de Montreal, pero como el horario no era compatible eligió la distancia más larga. El 9 de mayo de 1976, perdió la plusmarca mundial de 400 m a manos de la alemana Christina Brehmer (1958) con un tiempo de 49,77. Poco antes de los Juegos, el 22 de junio en Bydgoszcz, Szewińska la recuperaba con un registro de 49,75. Se vislumbraba un gran duelo en la final olímpica entre la polaca de 30 años y la alemana de 18. Sin embargo, a la hora de la verdad, la experiencia de Szewińska resultó decisiva y el duelo lo fue menos. Brehmer lideró la prueba durante más de la mitad del recorrido, pero en la última recta emergió la polaca, quien no dio opción y se llevó el oro con una nueva plusmarca mundial de 49,29. Siete finalistas corrieron por debajo de 51,00.

La final olímpica de 400 de 1976 a partir de 1:25

El 1977 volvió a liderar las listas mundiales de 200 y 400 m, pruebas en las que venció en la primera Copa del Mundo, derrotando respectivamente a las pujantes alemanas Barbara Eckert (1955) y Marita Koch (1957). Esta última prueba resultó especialmente competida con las dos atletas por debajo de 50,00, 49,52 frente a 49,76. La alemana, en cabeza hasta los últimos 20 m, acabó cediendo ante el acoso de la polaca. Ese año también hizo una incursión en los 400 m vallas, entonces novedosa en categoría femenina. Realizó 56,62, 4º mejor registro de ese año, a 0,99 de la plusmarca mundial.

Szewińska aún fue bronce en los 400 m en sus últimos campeonatos de Europa, en 1978, poniendo fin a su racha de 34 victorias consecutivas en la prueba desde 1974. Fue olímpica por quinta vez en Moscú, en 1980, pero no pudo llegar a la final de la vuelta a la pista. Se retiró ese mismo año, tras 16 años en la élite mundial. Comenzó su carrera atlética enfrentándose a Wyomia Tyus y acabó haciéndolo con Marita Koch. Siempre fue capaz de dar lo mejor de sí misma con la presión de la alta competición. En 1970 se había licenciado en Administración de Empresas en la Universidad de Varsovia. Fue Presidente de la Federación Polaca de Atletismo de 1997 a 2009 y miembro de la IAAF desde 1998 hasta su fallecimiento, ocurrido el 29 de junio de 2018. Fue sin duda una de las grandes de siempre y una dama del atletismo durante y después de su época competitiva.

Historia de la plusmarca española de los 400 metros masculinos

Este viernes 22 de junio asistimos a una de las mejores carreras celebradas en España con españoles como protagonistas. Pese a que ninguno de los dos cruzó la meta en primer lugar, tanto Bruno Hortelano (1991) como Óscar Husillos (1993) corrieron los 400 m en 44,69 y 44,73 respectivamente, superando la anterior plusmarca del catalán de Reus Cayetano Cornet (1963) de 44,96, que ya duraba 29 años. Nunca una plusmarca española de 400 m había estado tanto tiempo vigente. Para Hortelano, nacido en Australia, formado en los Estados Unidos y adscrito a la Federación Madrileña, esta nueva plusmarca le supone el monopolio de los topes españoles de la velocidad, pues ya poseía los de 100 y 200 m, con 10,06 y 20,12. Tras el grave accidente de trafico que le hizo perder toda la temporada pasada, advirtió que estaba más fuerte que nunca. Decidió iniciar el curso atlético centrado en los 400 m y el resultado no ha podido ser mejor. Después de mejorar dos veces su marca a 45,96 y 45,67, sus 44,69 actuales le permiten liderar la lista europea del año. Ha declarado que por esta temporada dejará los 400 m y se centrará en los 200 m, buscando repetir su oro europeo de hace 2 años y acercarse a la barrera de los 20 segundos.

Por su parte, el palentino Husillos había tenido un inicio más discreto, con 46,04 y 46,07 en dos competiciones previas. En el Mundial en sala, donde se le descalificó de una forma un tanto rigurosa, había corrido en 44,92, con lo que era previsible que superase este tiempo de largo. Sus 44,73 indican que va por el buen camino, Él mismo anunció que aún no ha alcanzado su pico de forma. Probablemente esto sucederá en agosto en el campeonato de Europa al aire libre, por lo que es razonable pensar en nuevas plusmarcas españolas de la vuelta a la pista.

El primer español en romper la barrera de los 50,0 en 400 m fue el coruñés Ramón Moncho Rodríguez (1919-2013). Hay una marca de 49,8 del catalán Joaquim Miquel (1903-1929) de 1928 en una pista, al parecer, mal medida. No obstante, Miquel corrió ese mismo año en 50,1. En cualquier caso, oficialmente el primer tiempo sub50 fue de Rodríguez el 13 de septiembre de 1942 con 49,2, que mejoró hasta 49,0 cuatro años después. Rodríguez también superó varias veces la plusmarca de 200 m, con un mejor registro de 22,5. Fue 8 veces campeón de España, 4 en 200 y 4 en 400 m.

El primado español de Rodríguez se mantuvo durante 13 años, hasta el 8 de agosto de 1959. Ese día, el madrileño Jesús Rancaño (1936) se convirtió, con 48,9, en el primer español en correr por debajo de 49,0. Rancaño mejoró otras 3 veces su plusmarca española hasta dejarla en 48,5 el 16 de junio de 1960. Pese a ser el español más rápido, el madrileño nunca fue campeón de España. Tuvo que conformarse con dos platas en 1959 y 1960 y un bronce en 1961.

En 1961, la plusmarca española de 400 m mejoró 1 segundo. Se igualó o se superó 7 veces por tres atletas, hasta quedar en 47,5. Inició las hostilidades otro madrileño, Jaime López Amor (1939), campeón de España de 100 m en 1957, que el 9 de abril igualó a Rancaño con 48,5. Continuó el gallego de Ponteareas (Pontevedra) Virgilio González Barbeitos (1941), que llegó al triple empate el 1 de mayo, empate que él mismo deshizo el 7 del mismo mes con 48,2. El 18 de junio hizo 48,1, el 25 rompió los 48,0 con 47,8 y el 15 de agosto se fue a 47,5. Barbeitos fue campeón de España de 400 m en 1960 y 1961 y de 800, prueba en que acreditó 1:48,1, en 1967. En esta distancia fue bronce en los Juegos del Mediterráneo ese mismo año. Volviendo a 1961, aún hubo una plusmarca más. El 27 de septiembre el asturiano Ramón Pérez (1940-2012) igualó los 47,5 de Barbeitos.

Barbeitos y Pérez se mantuvieron en lo más alto del 400 español hasta 1966, otro año mágico para esta prueba en España. Esa temporada el duelo entre otros dos gallegos, el junior (sub20) Ramón Magariños (1948), de La Estrada (Pontevedra), y Manuel Carlos Gayoso (1944), de Pontevedra, dio como resultado 5 plusmarcas españolas igualadas o superadas. El 3 de septiembre Magariños igualaba la plusmarca española de 47,5. El 15 del mismo mes Gayoso la mejoraba 0,1, tiempo que igualó 2 días después en una eliminatoria del campeonato de España. Magariños se convertía en coplusmarquista al proclamarse campeón de España con 47,4. Gayoso no tomó parte para competir en 400 m v. El 20 de octubre, finalmente, Gayoso ganaba la pugna al correr en 47,3 en Ciudad de México, derrotando a Magariños, 47,9. Dos años después, el 8 de junio de 1968, Magariños rompía la barrera de 47,0, con 46,7. El 7 de julio del año siguiente, en las nuevas pistas sintéticas de Vallehermoso, tuvo lugar un 400 que terminó como el del viernes en Moratalaz. Otro duelo entre los dos gallegos se saldó con una nueva plusmarca española, de Gayoso en 46,2, 2º en la carrera. Magariños fue 3º con mejor marca personal de 46,4.

Como Hortelano, aunque no simultáneamente, Magariños fue además plusmarquista español de 100 m (10,4) y 200 m (20,9 y 20,8). Aparte del oro en 400 m en 1966, fue campeón de España otras 2 veces en 200 y 3 veces en 100 m. Fue olímpico en México 1968 en 400 m. En cuanto a Gayoso, inicialmente compatibilizó la vuelta a la pista con los 400 m v, prueba en la que entre 1964 y 1966 estableció 9 plusmarcas españolas, de 53,7 a 51,3. Posteriormente se cambió a los 800 m. En esta distancia acreditó 1:47,2 y fue semifinalista en México, 9º en la clasificación oficial. Fue 6 veces campeón de España, 2 en 400 lisos y 4 en 400 vallas.

El 1 de enero de 1977, la IAAF dejó de considerar las marcas manuales como plusmarcas mundiales. No obstante, las federaciones nacionales mantuvieron las plusmarcas nacionales aunque no fuesen registros con cronometraje eléctrico. Los 46,2 de Gayoso se estimaban equivalentes a 46,34, por lo que se quedaron como primado español hasta que otro gallego, de adopción, nacido en Castronuño, Valladolid, realizó en una eliminatoria de la Universiada de México 1979 46,24. Isidoro Hornillos (1957), actual presidente de la Federación Gallega de Atletismo había corrido en 46,50 cuatro días antes. En la semifinal no estuvo tan afortunado y no pudo llegar a la final. Fue una vez campeón de España de 400 metros y olímpico en Moscú 1980.

La plusmarca de Hornillos duró menos de 4 años, hasta el 15 de junio de 1983, cuando el zamorano Ángel Heras (1958) registró 46,13. Dos meses después, en la Copa de Europa, se convirtió con 45,98 en el primer español por debajo de 46,00. Al zamorano le salió un duro rival al año siguiente, el bejarano Antonio Sánchez Muñoz (1963). Sánchez inició la temporada de 1984 con un tiempo de 45,76, que Heras rebajó hasta 45,54 un mes después. Ambos fueron olímpicos en Los Ángeles 1984. En 1985, Sánchez igualó la plusmarca española y en 1986, en la final del campeonato de Europa, deshizo definitivamente el empate al ser 6º, mejor puesto hasta entonces de un cuatrocentista español en un Europeo, con 45,41. En el mismo campeonato, en la prueba de 4 x 400 m, España con Heras y Sánchez fue 5ª con 3:04,12, nueva plusmarca española. Heras fue 7 veces campeón de España (5 en 400 y  en 200) y bronce europeo en sala en 400 m en 1983. Sanchez se hizo con 4 campeonatos de España, todos de 200 m, prueba en la que también fue plusmarquista con 20,67. En 1987 ganó el oro en los 400 m de los Juegos Mediterráneos.

Sánchez fue plusmarquista español de 400 m hasta los Juegos de Seúl, 1988. En la 3ª serie de cuartos de final Cayetano Cornet llevaba el tope nacional a 45,39. Su 5º plaza no le permitió, no obstante, continuar en la competición. Al año siguiente, en el campeonato de España rompía la barrera de 45,00 al proclamarse campeón con 44,96. Cornet fue 4º en el Europeo al aire libre de 1990 en 400 m y 6º en 4x 400. En sala fue bronce en los Mundiales de 1989 y 1991 y campeón de Europa en 1989. Ganó 7 campeonatos de España, 6 en 400 y 1 en 200 m.

Al la plusmarca de Cornet la han faltado menos de 2 meses para que cumpliese 29 años. Durante todo este tiempo, la amenaza más fuerte vino de la mano de otro catalán, David Canal (1978), que en 2003 realizó 45,01. El año pasado el tinerfeño Samuel García (1991) se quedó aun más cerca con 45,00. Aunque Hortelano no volviese a competir en la vuelta a la pista, con Husillos, Samuel García y Lucas Búa (1994), 45,25, no sería de extrañar que la plusmarca española se volviese a superar y que entre los cuatro rompiesen la barrera de los 3 minutos en 4 x 400 y asaltasen el podio del Europeo. La plusmarca europea del alemán Thomas Schoenlebe (1964) de 44,33 es de 1987, aun más antigua que la española, y ya no parece tan lejana.

Plusmarca española de 400 metros a partir de 50,0
49,2 Ramón Rodríguez Barcelona 13 09 1942
49,0 Ramón Rodríguez Barcelona 27 07 1946
48,9 Jesús Rancaño Madrid 12 07 1959
48,8 Jesús Rancaño Viena 08 08 1959
48,8 Jesús Rancaño Turín 04 09 1959
48,5 Jesús Rancaño Madrid 16 06 1970
48,5 Jaime López Amor Madrid 09 04 1961
48,5 Virgilio González Barbeitos Vigo 01 05 1961
48,2 Virgilio González Barbeitos Madrid 07 05 1961
48,1 Virgilio González Barbeitos Madrid 18 06 1961
47,8 Virgilio González Barbeitos Lisboa 25 06 1961
47,5 Virgilio González Barbeitos Barcelona 15 08 1961
47,5 Ramón Pérez Barcelona 23 09 1961
47,5 Ramón Magariños Madrid 03 09 1966
47,4 Manuel Carlos Gayoso Madrid 15 09 1966
47,4 Manuel Carlos Gayoso Madrid 17 09 1966
47,4 Ramón Magariños Madrid 18 09 1966
47,3 Manuel Carlos Gayoso Ciudad de México 20 10 1966
46,7 Ramón Magariños Madrid 08 06 1968
46,2 Manuel Carlos Gayoso Madrid 07 06 1969
46,24 Isidoro Hornillos Ciudad de México 08 09 1979
46,13 Ángel Heras Madrid 15 06 1983
45,98 Ángel Heras Praga 20 08 1983
45,76 Antonio Sánchez Madrid 29 05 1984
45,54 Ángel Heras Milán 09 06 1984
45,54 Antonio Sánchez Salamanca 30 06 1985
45,41 Antonio Sánchez Stuttgart 29 08 1986
45,39 Cayetano Cornet Seúl 25 09 1988
44,96 Cayetano Cornet Barcelona 12 08 1989
44,69 Bruno Hortelano Madrid 22 06 2018

NOTA: Agradezco a Miguel Villaseñor y a Gerardo Cebrián su información sobre las plusmarcas manuales y electrónicas