Stuttgart 1986, última oportunidad perdida de derrotar a la Armada Británica en 1500 m

La final de 1500 m de los Juegos Olímpicos de 1984 significó la resurrección atlética del británico Sebastian Coe (1956), tras dos años muy duros con una enfermedad de complicado diagnóstico. Al mismo tiempo marcó el declive del que fuera su gran rival, su compatriota Steve Ovett (1955). El de Brighton, que había despuntado muy joven, ya no volvió a ser el mismo tras sus problemas físicos en 1982. El campeón del mundo, el tercer británico, Steve Cram (1960), en un año complejo, no pudo con Coe. El tercer puesto fue para el español José Manuel Abascal (1958). Abascal llevaba codeándose con la élite mundial de la prueba desde 1982, cuando se hizo con la medalla de bronce en el Europeo al aire libre, pese a verse involucrado en la caída del británico Graham Williamson (1960) a falta de una vuelta. Mantenía un cerrado duelo por la supremacía en España con José Luis González (1957), que no se había superado la primera ronda en la prueba olímpica. Ambos seguían un peldaño por debajo de los mejores, pero cada vez se acercaban más.

En 1985, la lista mundial de siempre de la prueba dio un tremendo vuelco. La plusmarca mundial de Steve Ovett de 3:30.77 pasó a la cuarta posición, superado por los 3:29.46 del marroquí Said Aouita, los 3:29.67 de Cram y los 3:29.77 del estadounidense Sydney Maree (1956). En la histórica carrera de Niza, donde Cram, batiendo a Aouita, se había convertido en el primer atleta en correr la distancia por debajo de 3:30.00, José Luis González realizó 3:30.92, en aquel momento la cuarta mejor marca de siempre. Poco después, Abascal, en un intento de superar la nueva plusmarca española de González, marcó 3:31.69. Los españoles acabaron cuarto y quinto del año y se colocaban quinto y séptimo de todos los tiempos. Habían dado un gran salto desde sus anteriores marcas de 3:33.12, Abascal, y 3:33.44, González. El campeón olímpico, Sebastian Coe, se quedó ese año, con 3:32.13, no muy lejos de su plusmarca personal de 3:31.95, pero solo pudo ser el octavo atleta del año. Sufrió, además, dos derrotas muy claras, en la milla de Oslo, donde vio cómo Cram superaba su plusmarca mundial, y en la reunión de Zúrich, donde resultó batido por el suizo Pierre Deleze (1958), con 3:31.76, frente a los mencionados 3:32.13 del británico.

En 1985 no hubo ninguna competición al aire libre de ámbito mundial o europeo. El Campeonato del Mundo, que entonces había celebrado una sola edición, no fue bianual hasta 1993. En 1986 tendría lugar el Campeonato de Europa al aire libre, que se celebraría en la ciudad alemana de Stuttgart. La prueba de 1500 m se presentaba muy interesante, con el previsible enfrentamiento entre los británicos y los españoles. Cronométricamente Cram seguía siendo superior a los españoles, pero tanto González como Abascal tenían plusmarcas personales mejores de la de Coe. Las series semifinales tendrían lugar el 29 de agosto y la final el 31. Abascal llegaba con la mejor marca mundial del año, 3:31.13, realizada en un intento en solitario de superar la plusmarca española de González el 16 de agosto. Tres días antes, en Zúrich, en una extraña carrera, donde los favoritos se dedicaron a vigilarse entre sí y no siguieron a las liebres, había sido tercero con 3:35.72 en Zúrich, tras el estadounidense Steve Scott (1956), 3:35.14 y Coe, 3:35.22. González, muy crispado, acabó en el suelo a solo a unos metros de la meta, cuando era cuarto.

Abascal no había competido mucho más. Había renunciado al campeonato de España por problemas físicos. Frustrado su duelo con González, este se impuso en el Nacional, con ciertos apuros, al madrileño José Luis Carreira (1962). González, por su parte, llegaba a Stuttgart con 3:32.90, segunda mejor marca europea del año, y tercera mundial. En julio, en Oslo, había resultado derrotado claramente por Steve Cram en la milla. El español fue cuarto con 3:50.82, mientras el británico se hacía con la victoria en 3:48.31. El tercer español en liza era Carreira, seleccionado tras derrotar en el Campeonato de España y en la reunión de La Coruña al finalista olímpico Andrés Vera (1960). En esta prueba, Carreira se impuso con 3:35.56, por 3:35.86 de Vera, plusmarcas personales para ambos.

En cuanto a los británicos, su planteamiento era algo diferente, pues tanto Coe como Cram doblarían en los 800 y los 1500 m. Ambos llegaban al Europeo en buena forma. Cram había corrido los 800 m en 1:43.22 y sus 3:48.31 de la milla equivalían a 3:31.56 en los 1500 m. Además se había hecho con el doblete de mediofondo en los Juegos de la Commonwealth, que habían tenido lugar a principios de agosto en Edimburgo. Coe, por su parte, había acreditado 1:44.10 y 3:34.32 a principio de temporada, y parecía recuperado del síndrome gripal que le había impedido participar en el 800 de los Juegos de la Commonwealth. El tercer británico era John Gladwin (1963), segundo en Edimburgo, acreditado en 3:35.93 ese mismo año. Steve Ovett, que había registrado 3:33.78 a principios de agosto, había preferido los 5000 m, donde esperaba repetir su victoria de Edimburgo.

El 29 de agosto tuvieron lugar las tres series semifinales, de las que se clasificaban los tres primeros de cada una de ellas y los tres mejores tiempos globales. Coe venía de ser campeón en los 800 m, con Cram medalla de bronce. En la primera serie se enfrentaban Coe y Abascal. No se esperaban sorpresas. Tras un comienzo muy lento, el español tomó la cabeza poco después de los 1000 m, que se habían pasado en 2:32.0, y marcó un ritmo de 2:59.21 en los 1200. En la contrarrecta, sin embargo, se vio sobrepasado por el irlandés Marcus O’Sullivan (1961) y por el neerlandés Han Kulker (1959). Entró encerrado en la meta, donde intentó infructuosamente pasar a Kulker por dentro, mientras O’Sullivan ganaba la serie y Coe, viniendo de atrás, era segundo. Abascal, cuarto, se quedó a 0.18 de O’Sullivan y a 0.12 de Kulker. En una actuación absolutamente desafortunada, le quedaba esperar a la lotería de los tiempos. En la segunda serie se impuso Cram, con 3:40.66 y Carreira fue tercero, con 3:41.33. En la tercera serie, los atletas decidieron sacar partido de la clasificación por tiempos. Los pases de 56.64, 1:56.95 y 2:55.60 arruinaban las esperanzas de Abascal. Gladwin fue el primero con 3:36.85, seguido de González a 0.07. Sexto fue el suizo Peter Wirz (1960), sexto en la final olímpica de 1984, con 3:37.75. Abascal, líder mundial del año, estaba fuera.

La eliminación de Abascal fue un duro golpe para las aspiraciones españolas. Desde 1982 había estado en las finales de los grandes campeonatos, Europeo, Mundial y Juegos Olímpicos. Quedaba la baza de González, quien no parecía tan fino como en 1985. La final tuvo lugar el día 31. Cram se colocó en cabeza, sin ninguna intención de avivar el ritmo, dando paso a los 400 m en 1:03.85. Gladwin tomó el relevo y cruzó los 800 m en 2:07.59, con todos los atletas muy juntos. La tercera vuelta fue mucho más rápida. El danés Niels Hjorth (1959) encabezaba el grupo, más estirado, con 1200 m de carrera en 3:03.21. En ese momento se produjo el cambio de ritmo de Cram. González se fue tras él, con la intención de ganar, pero no aguantó la velocidad del británico y se vio superado por Coe a falta de 150 m. Este intentó colocarse en cabeza, pero Cram fue capaz de mantenerse en primera posición, haciéndose con el oro en 3:41.09, 37.88 los últimos 300 m. Coe entró segundo con 3:41.67. González perdió fuelle en la recta y acabó quedándose fuera del podio al resultar sobrepasado por Kulker. A duras penas pudo mantener la cuarta posición.

González declaró nada más terminar Me voy a ir de este negocio, sin haber ganado una medalla. La final confirmó que el español no estaba en la forma del año anterior y que le faltaba una punta de velocidad. Kulker, al que había batido claramente en el Europeo en sala unos meses antes, lo había dejado fuera del podio. Tras el Europeo, los británicos se mostraron muy superiores a los españoles. El 5 de septiembre, en Bruselas, Cram corría en 3:30.15, mejor marca mundial del año, con Abascal un lejano segundo en 3:33.98 y González tercero, 3:34.32. El liderato de la temporada de Cram duró dos días. El 7 de septiembre, en Rieti, Coe se quedaba a 0.31 de la plusmarca mundial de 1500 m, al correr en 3:29.77, su mejor marca de siempre. El mismo día, Abascal corría los 2000 m en Santander en 4:52.40, quinta mejor marca de siempre en aquel momento. Los españoles cerraron la temporada en pista en la final del Gran Prix de la IAAF, el 10 de septiembre en Roma, donde Abascal fue segundo en la milla con plusmarca personal, 3:50.54, y González cuarto con 3:51.20. El vencedor de la prueba fue Scott con 3:50.28. A Abascal y González, aún les quedaba un enfrentamiento, el 13 en la milla de la Quinta Avenida, donde se impuso González, con Abascal tercero.

Para los dos británicos, las medallas de Stuttgart fueron las últimas de sus excelentes carreras deportivas. A partir de 1987 el rendimiento de Cram bajó de forma alarmante. Fue octavo en el Mundial de 1987, cuarto en los Juegos de 1988 y quinto en el Europeo de 1990. Coe se perdió la temporada de 1987 por lesión y los Juegos Olímpicos de 1988, para los que hizo la mínima, pero fuera de plazo. Fue segundo en el 1500 de la Copa del Mundo de 1989 y se retiró en los Juegos de la Commonwealth de 1990. Para Abascal Stuttgart fue su último gran campeonato al aire libre. Tras un gran comienzo en 1987, con unos excelentes 13:12.49, 0.15 más que González, en un gran doblete español en Oslo, sufrió una grave lesión que acabó forzando su retirada del atletismo dos años después. Su presencia en el 5000 del Mundial de 1987, lesionado, fue testimonial. González, que nunca había ganado una medalla al aire libre, fue subcampeón mundial al año siguiente. Siguió compitiendo hasta los Juegos de Barcelona, con un 6º puesto en el Europeo al aire libre como mejor resultado.

Visto a posteriori, la impresión previa de que los españoles tenían posibilidades a la Armada británica se reveló demasiado optimista. Esa temporada de 1986 fue el canto del cisne de los dos sobresalientes corredores ingleses, pero aún siguieron mostrándose como los mejores del mundo, por última vez.

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Ángel Cruz, uno de los grandes del periodismo atlético en España se jubila

Hoy día, sobre todo los más jóvenes, tenemos la sensación de que Internet ha existido siempre. Hoy la información se ha multiplicado por infinito y está a unos pocos golpes de teclado. Hoy el problema es filtrar el enorme caudal de datos que tenemos a nuestra disposición. Sin embargo, durante mucho tiempo, el acceso a la información era tremendamente limitado, sobre todo en temas de menos interés para el gran público. En los años 80, los aficionados al atletismo contábamos con fuentes muy escasas para aprender de nuestro deporte favorito. Estaba la imprescindible revista Atletismo Español, los resultados de Pedro Molero en Marca, los de El Mundo Deportivo y las magníficas crónicas en As del antiguo cuatrocentista y plusmarquista español del relevo largo, Ángel Cruz (1955), que se ha jubilado esta semana.

Ángel Cruz Jiménez nació en Salamanca el 30 de marzo de 1955. Desde joven mostró gran interés por el periodismo. Con 16 años ya escribía en El Adelanto de su ciudad natal. Se aficionó al atletismo viendo a los magníficos velocistas salmantinos de los años 70, encabezados por José Luis Sánchez Paraíso (1942-2017). Comenzó a estudiar Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. En 1977 entró a trabajar en el diario deportivo As, donde se encargaría sobre todo del atletismo, pero también del olimpismo y de la política deportiva. En aquella época él mismo era atleta de alto nivel. Sus logros más importantes fueron tres medallas en campeonatos de España al aire libre, dos de plata, en 200 en 1976 y en 400 en 1977, y un bronce, en 400 en 1980. Fue cuatro veces internacional absoluto y dos universitario. Precisamente en la Universiada de México de 1979, haciendo al primera posta, formó parte del cuarteto español que ocupó la cuarta posición en la final del relevo largo con una nueva plusmarca nacional de 3:04.22. Sus compañeros fueron Benjamín González (1958-2011), José Casabona (1957) e Isidoro Hornillos (1957). Resultó seleccionado para los Juegos Olímpicos de 1980, pero una lesión le impidió tomar parte. Sus mejores marcas fueron 21.48A (Ciudad de México, 10 09 1979) y 47.3 (Madrid, 18 06 1980).

Durante sus más de 40 años en el diario As, Ángel, como escribe él mismo en Twitter en este hilo, acudió como periodista a 3 Juegos Olímpicos, 14 Mundiales y 19 Europeos al aire libre o en sala, y entervistó personalmente a cuarenta y siete plusmarquistas mundiales. En la fotografía sale con Mike Powell (1963), plusmarquista mundial de salto de longitud con 8.95 m desde 1991.

Su trabajo en el diario As no consistía solamente en las crónicas de los campeonatos, sino que el periódico le cedía mucho espacio para entrevistas, historia del atletismo o análisis. Con motivo del Mundial de Sevilla en pista cubierta en 1991, Ángel publicó una previa de doce páginas.

De los múltiples trabajos de Ángel, uno que me gustó especialmente fue el de biografíAS. Durante varios días en la página 2 del periódico contaba los logros de atletas que entonces dominaban el panorama español y mundial, una auténtica joya. Como dice el autor en este minihilo, hubo otras secciones como Los Mitos, dos páginas, todos los domingos, de grandes atletas internacionales, y, en As Color, una denominada La vida de los mejores, en forma de cuadernillo.

Aquí, las cinco partes de la biografía del entonces plusmarquista español de 110 m vallas, Javier Moracho (1957).

También el genial Steve Ovett (1955) tuvo sitio con la pluma de Ángel.

Además de escribir en el diario As, Ángel formó parte de la redacción de la revista Atletismo Español. Recuerdo especialmente, entre múltiples análisis, entrevistas y crónicas su Historia Mundial del Atletismo, que se publicó por partes desde enero de 1986.

Cuando el diario As creó la versión digital, Ángel se encargó de un blog llamado Carros de Fuego, dedicado íntegramente al atletismo. Tenía la buena costumbre de contestar amablemente a los lectores que comentábamos sus entradas. En ocasiones se generaba un interesante debate, como los que actualmente tienen lugar en Twitter. Además, Ángel es un gran lector, y no son infrecuentes sus comentarios de libros en su cuenta de Twitter.

Muchas gracias, Ángel, por tu labor de información y divulgación del atletismo en una época de tan complicado acceso a la información. Nos has enseñado mucho atletismo y nos has hecho disfrutar de este deporte. Continuaremos haciéndolo en las redes sociales.

Ville Ritola, un excepcional fondista maltratado por la historia

Hay deportistas magníficos que tienen la mala fortuna de haber nacido al mismo tiempo que deportistas excepcionales. Siempre se pone como ejemplo al ciclista francés Raymond Poulidor (1936-2019), que nunca pudo hacerse con la victoria en el Tour de Francia, al haber coincidido en el tiempo con dos de los más grandes de siempre, su compatriota Jacques Anquetil (1934-1987) y el belga Eddy Merckx (1945). Más recientemente el suizo Tony Romminger (1961) tampoco pudo con la prueba reina del ciclismo, controlada con mano de hierro en los primeros 90 por el español Miguel Induráin (1964). Sin embargo, este no es el caso del extraordinario fondista finlandés Ville Ritola (1896-1982). Ritola ganó ocho medallas, cinco de oro, en dos juegos olímpicos. Es el único atleta de la historia campeón olímpico en 5000, 10 000 y 3000 metros obstáculos y también el que más medallas ha ganado en una sola edición de los Juegos, seis, cuatro de oro, en 1924. Sin embargo la historia se ha olvidado de él ante el brillo de su compatriota Paavo Nurmi (1897-1973), probablemente el más grande de la historia, pero al que Ritola le impidió renovar su oro olímpico en 1928.

Vilho Ville Eino Ritola nació el 18 de enero de 1896 en Peräseinäjoki, antiguo municipio al Oeste de Finlandia, próximo a la frontera con Suecia, que hoy es parte de la ciudad de Seinäjoki. Fue el 14 de una familia de 19 hermanos, que su padre había tenido con dos mujeres. En 1913 emigró con varios de sus hermanos a Estados Unidos, donde desempeñó el trabajo de carpintero, sobre todo en la construcción. No comenzó a practicar atletismo hasta 1919, a los 23 años, cuando se unió al Finnish-American Athletic Club, donde estaba el finlandés triple campeón olímpico Hannes Kolehmaninen (1889-1966), que vivía en Nueva York. Ritola no tomó parte en los Juegos Olímpicos de 1920. Durante los años siguientes progresó de forma muy notable hasta incorporarse a la élite mundial. En 1924, con la ayuda de sus compatriotas finlandeses afincados en Estados Unidos, viajó a su país natal para participar en las pruebas de selección olímpica. En los 10 000 m venció con una nueva plusmarca mundial de 30:35.4, superando en 4.8 segundos a Nurmi. Finalmente resultó seleccionado para cinco pruebas, además del 10 000, los 5000 m, los 3000 m por equipos, los 3000 m obstáculos y el campo a través, donde también se disputaba una competición por equipos. La selección olímpica finlandesa no estuvo exenta de polémica, pues Nurmi, que disputaría los 1500 m, los 3000 m por equipos, los 5000 m y el campo a través, habría querido competir también en los 10 000 m. Sin embargo, los oficiales de su país consideraron que habiendo menos de una hora entre la final de 1500 y de 5000 m, los 10 Km, que tenían lugar cuatro días antes resultaría contraproducente.

En los Juegos Olímpicos de 1924, celebrados en París, Ritola tomaría parte entre eliminatorias y finales en un total de ocho carreras. Se estrenó con la final directa de los 10 000 m el 6 de julio. Con 41 participantes, Ritola se colocó en cabeza y fue descolgando al resto de corredores hasta llegar a la meta en una nueva plusmarca mundial de 30:23.2, más de medio minutos por delante del sueco, nacido finlandés, Edvin Wide (1896-1996). Sin tiempo para recuperarse, el 7 de julio se clasificó para la final de obstáculos, al ganar la tercera semifinal. El 8 de julio le bastó con ser tercero en la tercera semifinal del 5000 para entrar en la final. El día 9, Ritola disputaba su segundo oro olímpico, en la prueba de obstáculos. Ganó con cierta facilidad con 9:33.6, más de 10 segundos por delante de su compatriota Elias Katz (1901-1947). Esta carrera se representa brevemente en la película Carros de fuego, pues uno de sus protagonistas, Evelyn Aubrey Montague (1900-1948) ocupó la sexta posición.

En el minuto 1:38 sale brevemente el final de la carrera de 3000 m obstáculos de París

El 10 de julio se celebraba la final de los 5000 m, donde se esperaba un gran duelo entre Nurmi, que había ganado el oro en los 1500 m menos de una hora antes, y Ritola, que ya se había hecho con dos victorias olímpicas. Los hombres fuertes de la carrera trataron de anular a Nurmi con un primer kilómetro en unos entonces inauditos 2:46.3, pero el finés se mantuvo impasible con la cabeza, hasta que a mitad de carrera tomó el mando. Ritola trató de sobrepasarlo a falta de 20 metros, pero Nurmi aguantó y ganó con 14:31.2, 0.2 menos que su rival. El 11 de julio el equipo de Finlandia, con Nurmi, Ritola y Samedi Tala (1893-1961), ocupaba los tres primeros puestos en su semifinal de los 3000 m por equipos, con lo que se clasificaba para la final. El 12 de julio se celebraba la prueba de campo a través. Con una temperatura de 36º se convirtió en uno de los mayores desastres de los Juegos Olímpicos, y pasó a la historia como El infierno de Colombes. De los 38 corredores que tomaron la salida solamente terminaron 15. El circuito era especialmente duro y, además, estaba muy cerca de una fábrica que expulsaba humo irritante. Pese a todas estas dificultades y al cansancio acumulado, Nurmi entró en la meta destacado con casi un minuto y medio de ventaja sobre Ritola. Finlandia se hizo con el oro por equipos. Lo mismo sucedió al día siguiente con la final de 3000 m por equipos, en la que Nurmi volvió a ser el vencedor, por delante de Ritola. Finlandia ganaba la medalla de oro por equipos. No había clasificación individual en esta prueba. Tanto el 3000 por equipos como el campo a través no volvieron a ser olímpicas.

Con sus seis medallas olímpicas, cuatro de oro, Ritola se convertía en el atleta de la historia que ha ganado más medallas en una sola edición de los Juegos. Sin embargo, en sus tres (cuatro contando la semifinal de 3000 m por equipos) enfrentamientos directos con Nurmi resultó derrotado. Este recuperó la plusmarca mundial de 10 000 m el 31 de agosto con unos entonces impresionantes 30:06.2.

En los años interolímpicos, Ritola volvió a los Estados Unidos, donde siguió trabajando en la construcción y se entrenaba de forma irregular. Pese a ello, ganó varios campeonatos de la AAU (Amateur Athletic Union). Incluso el 24 de febrero de 1925 corrió los 5000 m en 14:23.2, 5.0 mejor que la plusmarca mundial de Nurmi. Sin embargo no se homologó como tal, al haberse hecho en pista cubierta. En 1928, con 32 años, Ritola volvía a los Juegos Olímpicos, que se celebraban en Amsterdam. Esta vez habría un triple duelo con Nurmi, en 5000, 10 000 y 3000 m obstáculos. El 29 de julio, con 24 participantes, tenía lugar la final directa de 10 000 m. Tras 9 vueltas un grupo formado por los dos finlandeses y el sueco Wide se había quedado solo en cabeza. Wide cedió con 18 vueltas. Ritola se colocó delante pero no logró despegar a Nurmi, que lo adelantó a falta de 50 m y ganó con 30:18.8. Dos días más tarde, el 31, ambos se clasificaron fácilmente para la final de los 5000 m. El 1 de agosto, los dos rivales ganaron su serie de obstáculos, pero con problemas, pues Ritola se lesionó en un tobillo y Nurmi en una cadera tras una caída. Sin haberse recuperado, disputaron la final de 5000 m el 3 de agosto, donde Ritola, con un cambio en la última curva, derrotó a Nurmi por 2.0 con 14:38.0. El sueco Wide ganaba su quinta medalla, cuarto bronce. Tenía además una plata. Al día siguiente, se esperaba el tercer y último duelo, el de obstáculos, pero no tuvo lugar, ya que Ritola abandonó, mientras Nurmi era segundo.

Ritola se retiró poco después de los Juegos y continuó con su labor en la construcción, hasta su jubilación en 1959. En 1937 adquirió la ciudadanía estadounidense. Volvió definitivamente a Finlandia en 1971. Murió el 24 de abril de 1982 en Helsinki.

La historia ha sido poco generosa con un hombre que ganó ocho medallas olímpicas, cinco de oro y como se indicó más arriba es el único campeón olímpico de 5000, 10 000 m y 3000 m obstáculos. Cierto es que en sus enfrentamientos directos, Nurmi se llevó, con diferencia, la mejor parte con trece victorias, dos derrotas, una por abandono, y un empate, pero pocos, muy pocos, atletas han podido igualar o superar los logros de este enorme fondista finlandés.

Multiusos de San Lázaro, las pistas que nunca se homologaron

A finales de los años 20 la Universidad de Santiago de Compostela (USC) adquirió los terrenos comprendidos entre la Alameda Compostelana, el barrio de San Lorenzo y la entrada sur a la ciudad, entonces conocidos como Campos de Mendo. El límite sur de estos Campos era el Monte de la Condesa, que acabaría también formando parte de la USC. La idea era construir una residencia para estudiantes y profesores, a la manera de la de Madrid. En 1930, siendo rector Alejandro Rodríguez Cadarso (1887-1933), el arquitecto vigués Jenaro de la Fuente Álvarez (1881-1963) presentó el anteproyecto de Residencia Universitaria, de estilo neobarroco compostelano, que incluía, entre otros edificios, cinco colegios mayores y un estadio de atletismo, entonces llamado stadium. Las obras se iniciaron inmediatamente y en 1935 se pudo inaugurar el primer colegio mayor, hoy llamado Rodríguez Cadarso. El estallido de la Guerra Civil paralizó las obras, que se retomaron de forma lenta y progresiva en los años 40. El stadium se comenzó en 1945, con una pista de ceniza que finalmente fue de 333 metros. La construcción sufrió numerosos parones. La instalación, incompleta, comenzó a utilizarse a finales de los años 50, pero no se terminó hasta 1966. A principios de los 80, con una reforma del arquitecto coruñés y antiguo vallista Jorge Zapata (1945), el estadio se remodeló completamente con pistas sintéticas de 400 m. La obra reformada se inauguró en 1982, Año Jacobeo, con la celebración del Campeonato de España de Atletismo. Santiago, de esta manera, se igualaba a Vigo y a La Coruña, las tres únicas ciudades gallegas con pistas sintéticas en aquel momento.

Proyecto Residencia
El proyecto inicial de la Residencia Universitaria compostelana. El stadium al fondo

Pero el Estadio de La Residencia, como se conoció entonces, tenía un problema muy serio. Se había construido en la ladera de un montículo y estaba completamente desprotegido del viento Norte. Cuando, bien entrada la primavera, cesa la lluvia en Santiago, comienza un viento del Norte tremendamente molesto, que los atletas que entrenan en el Estadio sufren con toda su intensidad en la recta de llegada. El Campeonato de España de 1982 se conoció como el campeonato del viento, que arruinó completamente las marcas en velocidad. El fallo del cronometraje automático desempeñó también su papel. Esto se vio compensado en parte por la exhibición de José Manuel Abascal (1958) en la prueba de 1500 m, vencedor con 3:37.97, entonces plusmarca de los campeonatos. Probablemente el viento ha contribuido a que esta instalación apenas haya visto acontecimientos atléticos de importancia. Además de este nacional, hubo un encuentro internacional en 1984, una reunión internacional en 1985 y cuatro campeonatos de España universitarios en pista, en 1982, 1987, 1993 y 1996.

En 1989 los atletas que entrenábamos en Santiago recibimos con una enorme alegría la noticia de que habría un nuevo estadio en el que se podría practicar y entrenar atletismo. Los gobiernos autonómico, local y el Consejo Superior de Deportes(CSD) firmaron un convenio para construir un multiusos en el barrio de San Lázaro. El periodista y antiguo atleta Emilio Navaza (1948) cuenta todos los detalles en su blog Vida Atlética de Galicia. Cita Emilio un artículo que escribí para El Correo Gallego el 12 de septiembre de 1995, titulado El uso único del Multiusos, porque, como contaba en dicho artículo, nuestra esperanza, para tener una instalación mejor donde entrenar y donde se pudiesen celebrar competiciones atléticas de alto nivel, se tornó en frustración, cuando nos dimos cuenta de que el atletismo solo interesó para obtener la subvención del CSD. Lo grave de este desagradable asunto fue que se aceptó la obra sin verificar las instalaciones atléticas y estas no se pudieron homologar nunca porque no se habían realizado correctamente. No importó. El estadio, construido con dinero público, paradójicamente llamado multiusos, era terreno exclusivo para un solo deporte. Se había concedido a Santiago la organización de la Copa de Europa B, donde participaría España con otros siete equipos nacionales, pero hubo de cambiarse de sede. Ni esa ni ninguna otra competición, siquiera local, han podido tener lugar en este estadio.

Han pasado más de 25 años desde que me uní a las denuncias de la situación en la prensa. Desde entonces, pese a que el fútbol de alto nivel ha desaparecido de Santiago, las pistas continúan languideciendo en un estadio donde la temporada pasada se juntaban unos 1000 espectadores para ver fútbol de tercera división. Parece el sino de las instalaciones atléticas cuando se comparten con este deporte. Las pistas han desaparecido en La Coruña, Madrid, San Sebastián o Palma. En Santiago ni siquiera han aparecido. Aunque, en honor a la verdad, hay que decir a veces no hay otros deportes a los que echar la culpa, como ocurre con las pistas de Balaídos en Vigo o las de la Ciudad Universitaria de Barcelona. Santiago ha visto nacer deportistas internacionales como los futbolistas José Luis Fidalgo Veloso (1937-2019), Tomás Reñones (1960) y Verónica Boquete (1987), el baloncestista Ricardo Aldrey (1965) o los atletas Ángel Calle (1942-2012), Esther Pedrosa (1961), Santiago Fraga (1968) o Pedro Nimo (1980), pero aún seguimos buscando al primer olímpico compostelano. Tal vez la falta de instalaciones tenga algo que ver.

Agradezco a Emilio Navaza su amabilidad al proporcionarme el artículo que escribí para El Correo Gallego en 1995.

Wilma Rudolph, la reina de Roma

Esta entrada se publicó por primera vez en el número 9 de la revista Somos atletismo del mes de febrero de 2021.

El atletismo femenino se convirtió en olímpico en los Juegos de Amsterdam de 1928. Sin embargo, el programa olímpico de las mujeres se encontraba en 1960, 32 años más tarde, muy lejos del de los hombres. En los Juegos de ese año, celebrados en Roma, tan solo tuvieron lugar 10 pruebas femeninas: 100, 200, 800 m lisos, 80 m vallas, el relevo 4 x 100 m, los saltos de altura y longitud y los lanzamientos de peso, disco y jabalina. Respecto a la edición anterior, se habían añadido los 800 m. Los de Roma fueron unos Juegos de hombres extraordinarios como Amin Hary (1937), Ottis Davis (1932), Carl Kauffman (1936-2008), Peter Snell (1938-2019), Herb Elliott (1938), Abebe Bikila (1932-1973), Rafer Johnson (1934-2020), Ralph Boston (1939), Al Oerter (1936-2007)…, pero también de una mujer extraordinaria, la gran reina de la competición, la velocista estadounidense Wilma Rudolph.

Wilma Gloelan Rudolph nació el 23 de julio de 1940 en Saint Bethlehem, Tennessee. Era la vigésima de los 22 hijos de Ed Rudolph. Fue prematura y de pequeña sufrió diversas enfermedades, de las que la poliomielitis fue la más grave, pues le limitó la movilidad de la extremidad inferior izquierda. Desde los 6 años necesitó una ortesis. Posteriormente cambió la ortesis por calzado ortopédico, lo que le permitió empezar a jugar al baloncesto, siguiendo los pasos de sus hermanos. A los 11 años ella misma decidió que ya no necesitaba calzado ortopédico. Siendo una joven espigada, llegaría a medir 1.80 m, continuó jugando al baloncesto en la escuela, con mucho éxito. Cuando Wilma tenía 14 años, el entrenador de atletismo femenino de la Universidad Estatal de Tennessee, Ed Temple (1927-2016), la vio en un partido de baloncesto. Se quedó impresionado por sus condiciones y la invitó a su programa de entrenamiento de verano en la Universidad. Una vez allí, Wilma se mostró tan superior al resto de las atletas que decidió cambiarse de deporte.

Enseguida se vio que había tomado la mejor decisión. El 25 de agosto de 1956 fue segunda en los 200 m de las pruebas de selección olímpica, celebradas en Washington. Con 16 años se convertía en la atleta más joven en conseguir una plaza olímpica. Tomaría parte en los 200 m y en el relevo 4 x 100 de los Juegos, que tendrían lugar en Melbourne a finales de noviembre. En los 200 m fue tercera en su serie con 24.6 y no pudo continuar, mientras que en el relevo realizó la tercera posta del equipo estadounidense que consiguió la medalla de bronce con 44.9, tras haber hecho 45.4 en las series. Terminó ese año con 11.7 en 100 y 24.2 en 200 m. Las plusmarcas mundiales eran entonces 11.3 y 23.2.

Sin duda, los excelentes resultados de los Juegos de 1956 animaron a Rudolph para continuar entrenando duramente en busca del oro olímpico de 1960. En 1958 hubo de interrumpir sus entrenamientos para dar a luz a su primera hija, Yolanda. Su padre fue un compañero del instituto, Robert Eldridge, con quien se casaría en 1963, tras un breve matrimonio previo. Poco después de tener a su hija, se matriculó en la Universidad Estatal de Tennessee. En 1959 se hizo con el oro en los 100 m y en el relevo 4 x 100 en los Juegos Panamericanos.

En 1960 su estado de forma era excelente. En las pruebas de selección olímpica, celebradas el 15 y 16 de julio en Abilene, Texas, ganó los 100 m con 11.5, igualando su propia plusmarca nacional, y los 200 m, con 23.9. La semana anterior en el campeonato de Estados Unidos (AAU) había conseguido su primera plusmarca mundial, al realizar 22.9 en los 200 m, la primera vez que una mujer corría por debajo de los 23 segundos.

En los Juegos Olímpicos de Roma no dio opción a sus rivales. Los 100 m se celebraron los días 1 y 2 de septiembre. Rudolph realizó el mejor tiempo en la primera ronda, 11.5 (11.65*), en los cuartos de final, 11.5 (11.70) y en la semifinal, 11:3 (11.41), igualando la plusmarca mundial. En la final, una gran salida la colocó en primera posición desde el inicio. Su progresión fue irresistible. Ganó con 11.0 (11.18), muy por delante de la británica Dorothy Hyman (1941), 11.3 (11.43), y de la italiana Giuseppina Leone (1934), 11.3 (11.48). El viento de 2.8 m/s impidió legalizar los tiempos de la final.

Al día siguiente, 3 de septiembre, Rudolph estaba de nuevo en la pista para disputar la primera ronda de los 200 m, cuya final tendría lugar el día 5. Como en los 100 m, se impuso con el mejor tiempo en todas sus carreras. En la primera ronda consiguió, con 23.2 (23.30), igualar la plusmarca olímpica. La semifinal y la final se celebraron el día 5, con lluvia y viento en contra, lo que perjudicó las marcas. Rudolph volvió a ser la mejor en la semifinal, con 23.7 (23.79). En la final de nuevo se mostró muy superior. Entró la primera con 24.0 (24.13), con una considerable ventaja sobre la alemana Jutta Heine (1940), 24.4 (24.58) y sobre Dorothy Hyman, 24.7 (24.82).

Tras sus dos oros individuales, a Rudolph le quedaba el relevo 4 x 100 m, que compartiría con tres compañeras de la Universidad de Tennessee, Martha Hudson (1939), Lucinda Williams (1937) y Barbara Jones (1937). En la semifinal, el 7 de septiembre, se impusieron con nueva plusmarca mundial de 44.4 (44.50). La final resultó algo más complicada, pues Jones entregó Rudolph en segundo lugar, pero esta, tras algún titubeo, fue capaz de superar a la alemana Heine, y conseguir su tercer oro, con un tiempo de 44.5 (44.72). Se convertía así en la primera mujer estadounidense que ganaba tres medallas de oro olímpicas.

Tras su actuación en Roma, Wilma Rudolph se transformó en una celebridad mundial. La prensa internacional rindió tributo a la mujer más rápida, El Tornado, La Gacela Negra, La Perla Negra. Su historia de superación, tras su mala salud infantil, se volvió una fuente de inspiración. De vuelta Clarksville, Tennessee, su lugar de residencia, se le preparó un gran homenaje. Las leyes de segregación continuaban vigentes en los Estados del Sur. Ante la insistencia de Wilma, se autorizó por primera vez en la historia de la ciudad un acto integrado.

Rudolph continuó compitiendo dos temporadas más. En 1961 estableció con 11.2 una nueva plusmarca mundial de 100 m. Se retiró con tan solo 22 años en 1962. No encontró motivación para intentar repetir el triplete olímpico en 1964. En 1963 se graduó en Educación Infantil y Primaria. Tras dejar la competición trabajó como profesora y entrenadora, y dedicó especial atención a la promoción del atletismo, sobre todo para la mujer y para las minorías. Falleció el 7 de noviembre de 1994 a causa de un tumor cerebral.

La historia de superación personal de Wilma Rudolph y sus logros olímpicos la han convertido en una referencia no solo del atletismo, sino del deporte. Una muchachita procedente de un medio desfavorecido, con graves problemas físicos, que acabó siendo la mejor velocista del mundo, la reina de Roma.

*Se muestra el tiempo oficial, manual, y el tiempo automático no oficial

En Toruń los atletas europeos han vuelto a la alta competición

Toruń es una ciudad polaca de 200 000 habitantes, situada en la orilla del Vístula. Esta temporada invernal se ha convertido en un lugar clave para el atletismo europeo. La última gran competición para los atletas del Viejo Continente había tenido lugar en Doha, con el Mundial al aire libre de 2019. La pandemia impidió la celebración del Mundial en sala de Nankin y del Europeo al aire libre de París, y aplazó los Juegos Olímpicos de Tokio. Desde el jueves 4 hasta hoy, 7 de marzo, en Toruń se han celebrado los Campeonatos de Europa de Pista Cubierta. Ha resultado una buena competición, con atletas en forma y con una más que buena actuación del equipo español. Sin embargo, esta competición se ha visto envuelta en cierta polémica por un exceso de celo con la aplicación de las normas, que ha dado lugar a un rosario de descalificaciones y recalificaciones, con criterios irregulares.

El 1500 masculino era, sin duda, una de las mayores atracciones de la competición. La presencia del reciente plusmarquista europeo con 3:31.80, el noruego Jakob Ingebrigtsen (2000), concitaba una enorme atención. A priori su máximo rival era el polaco Marcin Lewandowski (1987), quien en el Europeo anterior había frustrado el doblete del nórdico en el 1500 y el 3000. Los españoles Jesús Gómez (1991) e Ignacio Fontes (1998), tras su gran actuación en las semifinales también estaban entre los favoritos para el podio. El noruego se impuso sin apenas oposición, tras colocarse en cabeza a los 200 m de carrera. La sorpresa saltó cuando los jueces decidieron descalificar al ganador, por pisar fuera tras un encontronazo con el polaco Michal Rozmys (1995).

Ingebrigtsen intenta pasar a Rozmys, que no protegía bien la cuerda, y acaba empujando al polaco. Este le devuelve el empujón, el noruego se desequilibra y pisa fuera. La descalificación es por pisar fuera, pero es fruto de un empujón, y la acción en absoluto beneficia al noruego, sino todo lo contrario. Finalmente, la apelación de la Federación Noruega, amenazas de retirada incluidas, dio lugar a la recalificación. Por acciones similares, aunque no provocadas, en las que el atleta no había obtenido ninguna ventaja, se privó del oro olímpico de obstáculos en Río al keniano Ezekiel Kemboi (1982) y del oro mundialista en sala de los 400 m en 2018 al español Óscar Husillos (1993). En este caso, aplicando a rajatabla en reglamento, tal vez se tendría que haber descalificado tanto a Ingebrigtsen como a Rozmys por haberse empujado mutuamente. El problema es que si se hace esto puede que acabe habiendo más medallas que atletas. Quizá debería tenerse en cuenta como criterio principal si el atleta infractor se beneficia, bien directamente, bien porque perjudica a otros. Ninguno de estos dos supuestos se da en este caso.

Ingebrigtsen ha sido el gran triunfador de este campeonato con su doble oro en los 1500 y en los 3000 m, inédito en las historia de los campeonatos. Otros atletas destacados han sido los plusmarquistas mundiales de salto con pértiga, el sueco Armand Duplantis (1999), y de decatlón, el francés Kevin Mayer (1992). El primero se impuso fácilmente con 6.05 m, ausente a última hora por lesión su gran rival, el francés Renaud Lavillenie (1986). Mayer, por su parte, se hizo con el oro en el heptatlón, con notable superioridad sobre sus rivales. En la categoría femenina han sobresalido la belga Nafi Thiam (1994), que realizó la mejor marca del año en el pentatlón, 4904 puntos, y la joven ucraniana Yaroslava Mahuchikh (2001), líder del año en salto de altura con 2.06 m, que ganó su prueba con 2.00 m, sin fallos, e intentó 2.07 m.

La actuación española fue muy positiva, con 5 medallas y un total de 13 finalistas, de un equipo de 36, 18 hombres y 18 mujeres. Hubo además 7 mejores marcas personales. el mejor español fue el palentino Oscar Husillos, que se impuso, con 46.22, su mejor marca del año, en una complicada final de 400 metros. Desde su descalificación en el Mundial bajo techo de 2018, Husillos parecía incómodo en la competición y en Toruń se ha reencontrado con el atleta que era. Muy meritorias han resultado las dos medallas de plata de la delegación española, pues fueron al cuello de dos atletas que habían tenido sendas temporadas invernales muy complicadas. El alicantino Jorge Ureña (1993) volvió a demostrar lo bien que se desenvuelve en sala y se proclamó subcampeón de Europa de heptatlón, tan solo detrás del inabordable Kevin Mayer, con 6158 puntos, a 91 puntos de su plusmarca española. Es su tercera medalla consecutiva en esta competición, tras el oro de 2019 y la plata de 2017. La gallega Ana Peleteiro (1995) no había competido mucho previamente y tan solo en una ocasión había sobrepasado los 14 metros, 14.21 m en el campeonato de España. En la clasificación consiguió la mínima exacta de 14.10 m en el segundo salto. En la final ocupaba la última posición, con 13.85 m, tras tres saltos, pero en el cuarto se fue a 14.34 m, a 1 cm del bronce. Tras un nulo en el quinto, un sexto salto de 14.52 m, le permitió ganar la plata. El oro fue para la portuguesa Patricia Mamona (1988), con 1 cm más. Las dos medallas restantes fueron dos bronces, en los 1500 y los 3000 m. Se sabía que el oro estaba muy caro en ambas pruebas, pero que los españoles Jesús Gómez e Ignacio Fontes, en 1500 m, y Adel Mechaal (1991) y Mohamed Katir (1998), en 3000 m, tenían serias opciones de podio. Así resultó, con los dos primeros tercero y cuarto en la prueba más corta, y los dos segundos ocupando las mismas posiciones en la más larga, donde el ganador hizo 2:21.90 en el último kilómetro.

La catalana Esther Guerrero (1990) era una de las favoritas en la final de 1500 m. La acompañaban en la final la soriana Marta Pérez (1993) y la segoviana Águeda Muñoz (1999), que en las semifinales había realizado con 4:09.93 su mejor marca personal. Pero, en una carrera muy lenta, Guerrero dio un cambio demasiado brusco, demasiado pronto y sucumbió en los últimos 100 m, pasando a la quinta plaza, justo por detrás de Marta Pérez. Sorprendentemente, en consonancia con las incoherencias de este campeonato, Águeda Muñoz resultó descalificada tras haber entrado séptima.

Una de las sorpresas más agradables en el equipo español fue la actuación del navarro Asier Martínez (2000), quien, después de plantarse por puestos en la final de los 60 m vallas, y tras una salida mejorable, remontó hasta la cuarta plaza, con plusmarca personal de 7.60. También hizo marca personal en la clasificación del salto de longitud la valenciana Fátima Diame (1996), con 6.62 m. Fue séptima en la final con 6.47 m. La gran alegría el primer día de la competición corrió a cargo de la gallega Belén Toimil (1994). La pupila de Carlos Burón mejoraba en el primer lanzamiento de la clasificación, con 18.64 m, la plusmarca española en pista cubierta por 70 cm. Este registro era también mínima olímpica y plusmarca española absoluta. En al final, con 18.01 m, su segunda mejor marca de siempre, ocupó la séptima posición. Otra finalista que mejoró su marca previa, y en dos ocasiones, fue la madrileña Lucía Rodríguez (1998), octava en los 3000 m con 8:53.90, tras realizar 8:56.71 en la semifinal.

En el lado menos positivo, hay que mencionar a una de las atletas más prometedoras del panorama nacional. La catalana María Vicente (2001) perdió la opción de superar su reciente plusmarca nacional de pentatlón al hacer tres nulos en el salto de longitud. Esto es algo que ocurre en las combinadas. En este mismo campeonato el suizo Simon Ehammer (2000) perdió toda opción cuando iba segundo e hizo tres nulos en salto con pértiga. El propio ganador, el francés Kevin Mayer, se quedó fuera del Europeo al aire libre de 2018 por tres nulos en el salto de longitud. Poco después superó la actual plusmarca mundial de decatlón.

En definitiva, el atletismo está de enhorabuena por la vuelta de la gran competición internacional, donde el atletismo español ha dejado un muy buen sabor de boca. Próxima estación: Tokio.

Paavo Nurmi, tal vez el mejor corredor de fondo de siempre (y II)

A pesar de sus cinco medallas de oro en los Juegos Olímpicos de 1924, a Paavo Nurmi (1897-1973) se le había quedado una espina clavada, el no haber podido intentar la victoria en los 10 000 m. A principios de esa temporada de 1924, Nurmi era el plusmarquista mundial de la distancia con los 30:40.2 conseguidos en 1921. El 24 de mayo de ese año, su compatriota Ville Ritola (1896-1982), que vivía y entrenaba en Estados Unidos y había vuelto a su país para intentar ser olímpico, corría en 30:35.4. Los federativos finlandeses pensaron que con Ritola tenían grandes posibilidades de ganar esta distancia en París y decidieron excluir a Nurmi, que tomaría parte en otras cuatro pruebas, 1500 m, 3000 m por equipos, 5000 m y campo a través. La decisión no le sentó nada bien. Se dijo que mientras Ritola se proclamaba campeón olímpico con una nueva plusmarca mundial de 30:23.2, Nurmi corría más rápido él solo en una pista aledaña. Probablemente todo ello pesó en su ánimo cuando, tras tener un recibimiento de héroe a la vuelta de París, el 31 de agosto en la localidad finesa de Kuopio, intentó la plusmarca mundial de los 10 kilómetros en pista. Con parciales de 14:52.5 y 15:13.6, su tiempo de 30.06.2 se acercaba a la entonces imposible barrera de los 30 minutos. Por si quedaba alguna duda, el 14 y el 15 de septiembre derrotó a Ritola en un 5000 y un 10 000.

Tras su exitosa temporada, Nurmi decidió finalmente emprender viaje a Estados Unidos para competir con los mejores de ese país. Había recibido al primera invitación en 1922, pero en aquel momento no quiso romper su programa para los Juegos Olímpicos. Llegó a Nueva York el 10 de diciembre y permaneció en el país hasta finales de mayo del año siguiente. Recorrió unos 50 000 Km y tomó parte en 55 carreras. Solo resultó derrotado en dos ocasiones, un abandono por problemas de estómago y un 800 m, su última carrera de la gira. Durante su estancia americana, Nurmi se hizo muy popular, hasta el punto de tener una audiencia con el Presidente Calvin Coolidge (1872-1933). En 1926 fue testigo directo de la pérdida de dos de sus plusmarcas mundiales. Sucedió en Berlín, los días 11 y 12 de septiembre. El 11 el alemán Otto Peltzer (1900-1970) corría los 1500 m en 3:51.0, con el sueco Edvin Wide (1896-1996) segundo con 3:51.8 y Nurmi tercero con 3:52.8. Al día siguiente Wide lo derrotaba y se colocaba primero en la lista de siempre en las dos millas con 9:01.4 por 9:05.0 del finlandés.

Después de una temporada de 1927 de transición, 1928 volvía a ser olímpico. Los Juegos de Amsterdam vieron un notable cambio del programa masculino, que apenas se ha cambiado desde entonces. Se eliminaron el 3000 por equipos, la prueba de campo a través, los 10 Km marcha y el pentatlón. En Amsterdam, pese a la oposición de muchos, se inició el atletismo olímpico femenino, si bien con solo cinco pruebas. Nurmi no logró clasificarse para los 1500 m, por lo que lo intentó, con éxito, en los 3000 m obstáculos, prueba que apenas corría. Tomaría parte, además, en los 5000 y 10 000 m. Su actuación olímpica comenzó con la final directa de los 10 000 m, el 29 de julio. Sus rivales más duros, sobre el papel, eran Ritola y Wide. Tras 9 vueltas, los tres habían se habían destacado del resto de sus rivales. Hacia el kilómetro 6, el sueco perdió contacto con el dúo finlandés. Nurmi no de despegó de su rival y lo derrotó en la última recta, por 0.6 con 30:18.8. Dos días después los dos rivales finlandeses, junto con Wide, volvían a la pista para las series semifinales de los 5000 m. Se clasificaban los cuatro primeros de las 3 series. Sin forzar en absoluto, los tres pasaron con solvencia a la final, que tendría lugar el 3 de agosto. Pero antes, el 1 de agosto, se celebraban las series semifinales de obstáculos. Nurmi ganó la suya, pese a caerse en la primera ría, lo que le produjo una lesión. El francés Lucien Duquesne (1900-1991) le prestó graciosamente ayuda tras su caída. La final de 5000 el 3 de agosto repitió el duelo de los 10 000 m, con Wide como convidado de piedra. Esta vez Ritola logró despegar a Nurmi en la última curva y se impuso con 14:38.0 frente a 14:40.0. Wide fue tercero con 14:41.2. Los dos rivales se encontrarían, por tercera vez, al día siguiente en la final de obstáculos, aunque ninguno de los dos era favorito. Ritola abandonó en la segunda vuelta, mientras Nurmi conseguía la plata, a casi 10 segundos de su compatriota Toivo Loukola (1902-1984), quien, con 9.21.8, realizaba la mejor marca de siempre. Nurmi se hacía con su duodécima medalla olímpica, de las que nueve habían sido de oro.

Tras los Juegos, esa misma temporada, se centró en las distancias largas, probablemente con vistas al futuro. En Berlín, el 13 de octubre obtuvo tres plusmarcas mundiales en la misma prueba 50:15 en las 10 millas, 19 210 metros en la hora y 1h04:38.4 en los 20 kilómetros. A finales de ese año partió hacia Estados Unidos para completar su segunda gira americana. Pese a que ya pasaba de los 30, Nurmi tenía intención de participar por cuarta vez en unos Juegos Olímpicos. En 1930, con 8:59.6 se convertía en el primer atleta en correr las dos millas por debajo de 9 minutos, pero su objetivo para entonces eran las distancias largas. Pese a no haber completado nunca un maratón, fue capaz de registrar 2h22:03.8 en las 25 millas (40.2 Km), equivalentes a 2h.29:00 en el maratón, prácticamente la mejor marca mundial de entonces, lo que le valió la selección olímpica. Los Juegos tendrían lugar en Los Ángeles. Sin embargo, había un problema. En abril la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) había abierto una investigación a Nurmi por posible profesionalismo encubierto. La Federación Finlandesa presentó alegaciones, pero cuando faltaban tres días para la inauguración, el 28 de julio, con Nurmi ya en la ciudad californiana, la IAAF anunciaba su descalificación . Pese a este duro golpe, y dado que la Federación de Finlandia le permitió seguir en las competiciones nacionales, todavía siguió corriendo hasta 1934. En 1933 fue campeón finlandés de 1500 m.

Después de su retirada, Nurmi inició una fructífera carrera en los negocios, sobre todo en la construcción. En la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1952, celebrados en Helsinki, Nurmi fue el encargado de entrar con la antorcha en el estadio. Entregó el relevo al gran referente de su juventud, Hannes Kolehmainen (1889-1966). Pese a que siguió practicando deporte y a la ausencia de factores de riesgo cardiovasculares, a partir de los 60 años su salud comenzó a deteriorarse tras sufrir un primer infarto de miocardio. Murió el 2 de octubre de 1973, a los 76 años. Recibió un funeral de estado.

Paavo Nurmi fue un atleta excepcional, cuya fama excedió, con mucho, no solo el ámbito del atletismo, sino también del deporte. Fue uno de los primeros atletas verdaderamente mediáticos. Su fama y sus éxitos constituyeron todo un símbolo para su país, Finlandia, que, tras obtener su independencia de Rudia en 1917, sufrió una corta pero cruel guerra civil en 1918. En 1940, acompañado de Taisto Mäki (1910-1979), otro finlandés volador, entonces plusmarquista mundial de 5000 y 10 000 m, Nurmi hizo una nueva gira por Estados Unidos con el objetivo de recabar apoyos para su país, durante la Guerra de Invierno contra la Unión Soviética. Un siglo después de sus éxitos, en nombre Paavo Nurmi sigue siendo sinónimo de éxito, a decir de su amigo, el antiguo saltador de altura y Presidente de Finlandia, Urho Kekkonen (1900-1986), forjado con un indomable carácter y una determinación infinita.

Las 22 plusmarcas mundiales homologadas de Paavo Nurmi

10,000 m 30:40.2 22 junio 1921 Estocolmo
3000 m 8:28.6 27 agosto 1922 Turku
2000 m 5:26.3 4 septiembre 1922 Tampere
5000 m 14:35.4 12 septiembre 1922 Estocolmo
Milla 4:10.4 23 agosto 1923 Estocolmo
3 millas 14:11.2 24 agosto 1923 Estocolmo
1500 m 3:52.6 19 junio 1924 Helsinki
5000 m 14:28.2 19 junio 1924 Helsinki
10,000 m 30:06.2 31 agosto 1924 Kuopio
4 millas 19:15.4 1 octubre 1924 Viipuri
5 millas 24:06.2 1 octubre 1924 Viipuri
3000 m 8:25.4 24 mayo 1926 Berlín
4 × 1500 m 16:26.2 12 julio 1926 Estocolmo
3000 m 8:20.4 13 julio 1926 Estocolmo
4 × 1500 m 16:11.4 17 julio 1926 Viipuri
2000 m 5:24.6 18 junio 1927 Kuopio
15000 m 46:49.6 7 octubre 1928 Berlín
10 millas 50:15.0 7 octubre 1928 Berlín
1 hora 19,210 m 7 octubre 1928 Berlín
6 millas 29:36.4 8 junio 1930 Londres
2 millas 8:59.6 24 julio 1931 Helsinki
20,000 m 1:04:38.4 3 septiembre 1930 Estocolmo

Paavo Nurmi, tal vez el mejor corredor de fondo de siempre (I)

El camino abierto por Johannes Kolehmainen (1889-1966), con su triple oro en los Juegos Olímpicos de 1912, continuó para los finlandeses voladores en los siguientes Juegos, celebrados en Amberes en 1920. Los Juegos de Berlín de 1916 no tuvieron lugar por la Primera Guerra Mundial. Los atletas finlandeses continuaron dominando las pruebas de fondo y este dominio de prolongó hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Precisamente Kolehmainen había servido como referencia a uno de los grandes protagonistas de esta superioridad finlandesa, el que llegaría a ser campeón olímpico en nueve ocasiones Paavo Nurmi (1897-1973). Nurmi ganó un total de doce medallas olímpicas y oficialmente superó 22 plusmarcas mundiales en distancias desde los 1500 hasta los 20 000 m. Fue uno de los primeros atletas mediáticos, cuya fama superó notablemente las fronteras de su país y el ámbito del deporte.

Paavo Johannes Nurmi nació el 13 de junio de 1897 en la ciudad portuaria de Turku, al suroeste de Finlandia. Era el mayor de cinco hermanos. Se interesó desde muy joven por el deporte, especialmente por el atletismo. A los 11 años coincidió con Fabian Liesinen, un mediofondista finlandés, que le cronometró 5:02 en los 1500 m. La muerte de su padre, carpintero de profesión, le obligó a abandonar los estudios. Aunque no se entrenaba formalmente, los trabajos que realizaba implicaban un notable ejercicio físico. En 1912 se unió al club Turun Urheinluliitto, su único club de siempre. En 1914 comenzó a entrenar de forma más reglada. Ese año fue campeón júnior de Finlandia en 1500 m. Con trabajo atlético autodidacta, que consistía sobre todo en carrera continua, el joven Paavo prefería entrenarse a competir. En 1919 entró en el Ejército, donde tuvo ocasión de perfeccionar sus métodos de entrenamiento, introduciendo series y preparando la velocidad. Esa temporada sus mejores marcas eran 15:47.4 y 32:56.0 en 5000 y 10 000 m. En 1920 resultó seleccionado para los Juegos Olímpicos de Amberes en ambas pruebas. Poco antes, el 28 de mayo mejoraba por 0.6 la plusmarca finlandesa de 3000 m, que tenía Kolehmainen, con 8:36.2. Pese a quedarse a 3.0 del tope mundial del sueco John Zander (1890-1967). Nurmi no estaba entre los favoritos para el podio olímpico.

Su actuación fue, sin embargo, magnífica. Volvió a casa con cuatro medallas, tres de oro. El 16 de agosto fue, con 15:33.0, segundo en la tercera, de cuatro, serie semifinal. Al día siguiente, en la final, tras tres vueltas, Nurmi tomó la cabeza e imprimió un ritmo rapidísimo pasando al mitad de la prueba en 7:12. Consiguió despegarse de todos sus rivales salvo del francés Joseph Guillemot (1899-1975), quien lo sobrepasó a falta de 200 m y lo batió por 20 m, con tiempos de 14:55.6 y 15:00.0. El 19 de agosto, el finlandés volvía a la pista para disputar la semifinal de 10 000 m. Obtuvo un cómodo segundo puesto en la primera serie con 33:46.3. En la final, el día 20, volvió a tener como principal rival a Guillemot. La prueba se adelantó dos horas, para complacer al Rey de Bélgica. A falta de una vuelta, quedaban los dos en cabeza. Nurmi ralentizó su ritmo al inicio de la contrarrecta. El francés lo sobrepasó, pero en la última recta Nurmi se hizo con la victoria, 31:45.8 frente a 31:47.2. Guillemot, agotado, vomitó al lado de su rival. El cambio de hora de la prueba no favoreció su digestión. Finalmente, el 23 de agosto, Nurmi se imponía en la prueba individual de campo a través, entonces olímpica, y Finlandia en la prueba por equipos, lo que le suponía otras dos medallas de oro. Paavo Nurmi volvía a su país convertido en un héroe.

En los años 20, la única gran competición internacional eran los Juegos Olímpicos. De 1921 a 1923, Nurmi se consolidó como un corredor excepcional, con la superación de un buen número de plusmarcas mundiales, hasta totalizar, como se ha dicho anteriormente, 22. La primera de ellas tuvo lugar el 22 de junio de 1921, cuando con 30:40.2 en 10 000 m borraba de lo más alto de las listas los 30:58.0 de Jean Bouin (1888-1914). Ese año se mostró a sí mismo que también podía correr muy rápido distancias más cortas. El 10 de julio, otra vez en Estocolmo, realizaba con 4:13.9 la tercera mejor marca de siempre en aquel momento de la milla. Finalmente, el 23 de agosto de 1923, nuevamente en la capital sueca, y cuando ya era plusmarquista mundial de 2000, 3000, 5000 y 10 000 m, conseguía también el primado universal de la milla, con 4:10.4. El tiempo de paso de los 1500 m fue de 3:53.0, mejor que la plusmarca mundial oficial, aunque no se homologó como tal. Ese 1923 incluso fue capaz de ganar los 800 m del campeonato finlandés con 1:53.3, la 20ª marca mundial de ese año.

Su nueva faceta de mediofondista llevó a Nurmi a tratar de conseguir la victoria olímpica en 1500 y 5000 m en los Juegos de1924. El problema es que ambas finales se disputarían con media hora de diferencia. La presión de los directivos finlandeses solo logró aumentar la diferencia en 25 minutos. Nurmi aceptó el reto. Aunque su intención era también tomar parte en los 10 000, el comité olímpico de su país consideró que las dos pruebas individuales en pista, junto con el campo a través y los 3000 m por equipos eran suficientes para un solo atleta. Antes de ir a París, Nurmi decidió hacer un ensayo corriendo un 1500 y un 5000 muy rápidos separados por 55 minutos. El 19 de junio en Helsinki a las 19:05, el finlandés tomaba la salida en una prueba del kilómetro y medio, con un pase rapidísimo de 57.3 el primer 400 y 2:01.0 los 800 m. A continuación bajó el ritmo y pasó los 1200 m en 3:06. Acabó con una nueva plusmarca mundial de 3:52.6. A las 20:10 estaba de nuevo en la línea de salida para correr un 5000. Volvió a comenzar muy rápido, con un primer kilómetro en 2:48.6. Aún tuvo fuerzas para terminar en 1:04 la última vuelta, con otra plusmarca mundial de 14:28.2. El ensayo se convirtió en una enorme hazaña, difícilmente repetible. El doble oro en París era posible.

La actuación de Nurmi en París comenzó el 9 de julio en unas durísimas series semifinales, en la que se clasificaban los dos primeros de cada una de las seis series. El finlandés ganó cómodamente la tercera serie con 4:07.6. Al día siguiente se clasificaba para la final de los 5000 m. El 10 de julio tenía lugar la final de ambas pruebas. Los 1500 m se corrían a las 19:05. Como en Helsinki, unos días antes, los pases fueron rápidos con Nurmi delante en 58.0, 1:58.5 y 2:32 el kilómetro. Al comenzar la última vuelta, la ventaja del finlandés era de 40 m. Controlando el ritmo en los últimos 400, se impuso con unos excelentes 3:53.6. Esta victoria de Nurmi se representa fugazmente en la película Carros de fuego, pues uno de los protagonistas de la cinta, el británico de Cambridge, Hyla Henry Stallard (1901-1973) fue tercero. El esfuerzo de este fue tan grande que perdió el conocimiento al llegar a la meta.

La victoria de Paavo Nurmi en los 1500 m, fugazmente representada en la película Carros de fuego en el segundo 0:08

A quien el esfuerzo no pareció pasarle factura fue a Nurmi. A las 20:00 estaba de nuevo en la pista para correr la final de los 5000 m. Sus máximos rivales eran su compatriota Ville Ritola (1896-1982) y el sueco, nacido finlandés, Edvin Wide (1896-1996), campeón y subcampeón de los 10 000 m, que habían tenido lugar unos días antes. Confiados en que Nurmi estaría fatigado, impusieron un paso rapidísimo, con un primer kilómetro en 2:46.4. Sin embargo Nurmi, que llegó a estar 40 m por detrás, se colocó en cabeza a mitad de la prueba y acabó haciéndose con el oro en 14:31.2, 0.2 menos que Ritola y con Wide a medio minuto. Nurmi conseguía una hazaña histórica que nadie ha vuelto a repetir. Es cierto que Hicham El Guerrouj (1974) ganó los dos oros en 2004, pero en días diferentes.

Al finlandés, sin embargo, aún le quedaban tres días durísimos para tratar de conseguir otros tres oros. El 11 de julio, menos de 24 horas después de la doble hazaña, el equipo de Finlandia, con Nurmi, Ritola y Samedi Tala (1893-1961), ocupaba los tres primeros puestos en su semifinal de los 3000 m por equipos, con lo que se clasificaba para la final. El 12 de julio se celebraba la prueba de campo a través. Con una temperatura de 36º se convirtió en uno de los mayores desastres de los Juegos Olímpicos, y pasó a la historia como El infierno de Colombes. De los 38 corredores que tomaron la salida solamente terminaron 15. El circuito era especialmente duro y, además, estaba muy cerca de una fábrica que expulsaba humo irritante. Pese a todas estas dificultades y al cansancio acumulado, Nurmi entró en la meta destacado con casi un minuto y medio de ventaja sobre Ritola. Finlandia se hizo con el oro por equipos. Lo mismo sucedió al día siguiente con la final de 3000 m por equipos, en la que Nurmi volvió a ser el vencedor, y se hacía con su quinta medalla, al ganar Finlandia por equipos. No había clasificación individual en esta prueba. Tanto el 3000 por equipos como el campo a través no volvieron a ser olímpicas.

Historia de la plusmarca europea de 1500 metros en pista cubierta

El pasado 9 de febrero, en la ciudad francesa de Liévin, el noruego Jakob Ingebrigtsen (2000) superaba la añeja plusmarca europea de 1500 m en pista cubierta que el coruñés Andrés Díaz (1969) poseía con 3:33.32 desde 1999. Los 3:31.80 realizados por Ingebrigtsen lo convierten en el quinto mejor atleta de la distancia en sala de todos los tiempos, por detrás del etíope plusmarquista mundial Samuel Tefera (1999), 3:31.01, el marroquí Hicham El Guerrouj (1974), 3:31.18, y otros dos etíopes, Yomif Kejelcha (1997), 3:31.51+, y Haile Gebrselassie (1973), 3:31.76. El noruego es también el actual plusmarquista europeo de la distancia al aire libre con 3:28.68, actual campeón de Europa al aire libre de 1500 y 5000 m, en 2018, y de 3000 m en pista cubierta, así como subcampeón de 1500 m, en sala en 2017.

Hasta el 1 de enero de 1987 la Federación Internacional, entonces IAAF, hoy World Athletics, no consideró las marcas en pista cubierta como plusmarcas sino como mejores marcas. La primera mejor marca europea, y mundial, por debajo de los 4 minutos bajo techo fue para el finlandés Paavo Nurmi (1897-1973) con 3:56.2 al paso de 1 milla en 4:13.4, también plusmarca mundial, el 6 de enero de 1925. Nurmi llegaría a ganar 9 oros olímpicos y a superar oficialmente 22 plusmarcas mundiales. Su mejor marca en pista cubierta duró hasta el 27 de febrero de 1937. Ese día el italiano Luigi Beccali (1907-1990), campeón olímpico de 1500 m en 1932 y de Europa al aire libre en 1934, realizó 3:51.2. Su tiempo se mantuvo en lo más alto hasta 1955, oficialmente hasta el 11 de febrero, cuando obstaculista galés, bronce olímpico en 1952, John Disley (1928-2016) registró 3:51.2. Sin embargo, seis días antes, el danés Gunnar Nielsen (1928-1985), subcampeón de Europa de 1500 m al aire libre, había pasado en 3:48.5 camino de una milla, pero la presencia de un solo cronometrador impidió homologar el registro como mejor marca europea. Acabó la milla en 4:06.6, entonces mejor marca mundial de siempre.

El tiempo de Nielsen no se mejoró hasta el 28 de febrero de 1960, cuando el alemán del Este Siegfried Herrmann (1932-2017) realizó 3:44.6. Sin embargo, cuatro atletas previamente poseyeron oficialmente la mejor marca europea en sala. Fueron el irlándés, campeón olímpico en 1956, Ron Delany (1935), 3:51.0 el 9 de febrero de 1957, dos alemanes del Oeste, Adolf Schwarte (1935), 3:50.7 el 24 de enero de 1959, y Gunther Dohrow (1927-2008), 3:50.2 el 28 de febrero de 1959, y el alemán del Este, subcampeón olímpico en 1956, Klaus Richtzenhain (1934), 3:48.6 el 11 de marzo de 1959. Herrmann mejoró el 25 de febrero de 1962 hasta 3:44.5 al paso de 1 milla. El 14 de febrero de 1965 su compatriota Jürgen May (1942) realizó con 3:42.2 una nueva mejor marca mundial. Herrmann, sin embargo, recuperó el primado continental al paso de una carrera de la milla en 3:42.0 una semana más tarde. Al año siguiente, el 20 de febrero, May mejoraba hasta 3:41.9, también al paso de la milla. Una semana después se iba a 3:41.7, pero ese mismo 27 de febrero, unas horas más tarde, el francés Michel Jazy (1936) corría en 3:40.7. Jazy había sido plata olímpica en 1500 m en 1960 y campeón de Europa en 1962. Era el plusmarquista mundial de la milla al aire libre con 3:53.6 desde 1965. Ese año de 1966 sería subcampeón de Europa de 1500 m y campeón de 5000 m.

El primer atleta en superar la barrera de 3:40.0 en pista cubierta fue el alemán del Oeste Harald Norpoth (1942) el 13 de febrero de 1971, con 3:37.8. Norpoth había sido subcampeón olímpico de 5000 m en 1964 y de Europa en 1966. En 1968 había sido cuarto en la final olímpica de 1500 m. Siete años más tarde, el 16 de febrero de 1979, el irlandés Eamonn Coghlan (1952), subcampeón de Europa al aire libre, corría en 3:37.7, al paso de una milla de 3:52.6, nueva mejor marca mundial. Unos días más tarde fue campeón de Europa bajo techo. Coghlan sería 4º en los Juegos Olímpicos de 1980 en 5000 m y el primer campeón mundial en esta distancia en 1983. El 20 de febrero de 1980 realizaba 3:35.6 al paso por su mejor marca mundial de la milla de 3:50.6. Este tiempo de 1500 m se consideró mejor marca mundial hasta que el 1 de enero de 1987 se reconocieron los tiempos en sala como plusmarcas mundiales. En ese momento se determinó que el cronometraje de ese registro no estaba suficientemente acreditado. Coghlan superó su mejor marca mundial de la milla bajo techo el 27 de febrero de 1983, cuando se convirtió en el primer atleta en correr en sala por debajo de 3:50.00. Su marca de 3:49.78 fue la primera plusmarca mundial homologada y continúa siendo plusmarca europea. No se midió el pase por el 1500. Con velocidad constante, este pase sería de 3:34.15. En valor, el tiempo del irlandés en la milla equivale aproximadamente a 3:32.85. Es decir, la velocidad en el 1500 de Coghlan en su plusmarca mundial de la milla no se superó hasta los 3:33.32 de Andrés Díaz y el valor intrínseco hasta Ingebritgsen.

El 2 de marzo de 1980, el alemán Thomas Wessinghage (1952) se proclamaba en Sildelfingen campeón de Europa de la distancia en sala, con 3:37.54. Esta marca, que sigue siendo la plusmarca del campeonato, fue en su momento mejor marca europea de siempre. El alemán, que ya había sido campeón en 1975, volvería a repetir en 1981 y 1983. Al aire libre fue campeón de Europa de 5000 m en 1982. Tras rechazar los 3:35.6 de Coghlan como tope universal, el plusmarquista mundial pasó a ser, con carácter retroactivo desde el 1 de marzo de 1986, el español José Luis González (1957). González había corrido en Oviedo, en una carrera para intentar superar el registro del irlandés, en 3:36.03. Había sido campeón de Europa de esta prueba en 1982, 1985 y ese año unos días antes, y lo sería en 3000 m en 1987 y 1988. En 1989 fue subcampeón mundial en 3000 m. Al aire libre sería subcampeón mundial de 1500 m en 1987.

El irlandés Marcus O’Sullivan (1961) realizó el 13 de febrero de 1989 3:35.6 al paso por una milla. El año anterior había realizado, también al paso, 3:35.4, pero hubo problemas con los cronometradores. Fue el primer campeón mundial de la distancia en pista cubierta en 1987. Repitió oro ese mismo 1989 y en 1993.

Poco más de un año le duró al irlandés el techo europeo y mundial. El 27 de febrero de 1990, el británico Peter Elliott (1962), que venía de ganar unos días antes en Auckland el 1500 de los Juegos de la Commonwealth en 3:33.39, corrió en 3:34.20. Elliott había sido subcampéon mundial de 800 m al aire libre en 1987 y olímpico de 1500 en 1988. En pista cubierta se prodigó poco. En el Europeo de 1983 fue plata en 800 m.

Nueve años más tarde, el 24 de febrero de 1999, Andrés Díaz acudió a El Pireo acompañado de su amigo Pedro Esteso (1976), que haría el papel de liebre. Su idea era superar la plusmarca española del soriano Fermín Cacho (1969) de 3:35.29. Esteso marcó el ritmo hasta los 1000 metros con pases de 57, 1:54 y 2:23. Un último 500 de Díaz en 1:10 le permitió no solo superar a Cacho, sino también a Elliott, con 3:33.32. En aquel momento fue la quinta mejor marca mundial de siempre. Unos días después Díaz conseguía el bronce en la distancia en el campeonato del Mundo. En el Mundial al aire libre ese mismo año fue 5º en 1500 m con 3:31.83, su mejor marca de siempre. En los Juegos Olímpicos del año siguiente, mermado por una enfermedad viral, fue séptimo.

La plusmarca europea de Andrés Díaz ha sido con diferencia la más longeva. Cuando tuvo lugar, el siguiente plusmarquista, Jakob Ingebrigtsen, aún no había nacido. Como la progresión del noruego continúa siendo trepidante, probablemente sea él mismo quien la supere, siempre que siga haciendo incursiones en esta modalidad.

Progresión de la plusmarca europea de 1500 m en pista cubierta

3:56.2+ Paavo Nurmi FIN Nueva York 06 01 1925
3:51.3 Luigi Beccali ITA Nueva York 27 02 1937
3:48.5+* Gunnar Nielsen DIN Nueva York 05 02 1955
3:51.2 John Disley RU Frankfurt 11 02 1955
3:51.0 Ron Delany IRL Nueva York 09 02 1957
3:50.7 Adolf Schwarte RFA Dortmund 24 01 1959
3:50.2 Günter Dohrow RFA Dortmund 28 02 1959
3:48.6 Klaus Richtzenhain RDA Berlín 21 03 1959
3:44.6 Siegfried Herrmann RDA Berlín 28 02 1960
3:44.5+ Siegfried Herrmann RDA Berlín 25 02 1962
3:42.2 Jürgen May RDA Berlín 14 02 1965
3:42.0+ Siegfried Herrmann RDA Berlín 21 02 1965
3:41.9+ Jürgen May RDA Berlín 20 02 1966
3:41.7 Jürgen May RDA Berlín 27 02 1966
3:40.7 Michel Jazy FRA Lyon 27 02 1966
3:37.8 Harald Norpoth RFA Berlín 13 02 1971
3:37.7+ Eamonn Coghlan IRL San Diego 16 02 1979
3:37.54 Thomas Wessinghage RFA Sildenfingen 02 03 1980
3:35.6+* Eamonn Coghlan IRL San Diego 20 02 1981
3:36.03** José Luis González ESP Oviedo 01 03 1986
3:35.4+* Marcus O’Sullivan IRL East Rutherford 13 02 1988
3:35.6+ Marcus O’Sullivan IRL East Rutherford 10 02 1989
3:34.20 Peter Elliott RU Sevilla 27 02 1990
3:33.32 Andrés Díaz ESP El Pireo 3:33.32 24 02 1999
3:31.80 Jakob Ingebrigtsen NOR Liévin 09 02 2021

+ tiempo al paso de la milla
+* tiempo al paso de la milla no homologado por falta de acreditación
** primer tiempo homologado como plusmarca europea y mundial

El verdadero Harold Abrahams

Esta entrada se publicó por primera vez en el número 8 de la revista Somos Atletismo, de enero de 2021.

Uno de los campeones olímpicos que más éxito cinematográfico ha tenido es, sin duda, el británico Harold Abrahams (1899-1978), uno de los protagonistas de la excelente y aclamada película Carros de fuego (Hugh Hudson, 1981). La cinta no solo se centra en los logros atléticos de Abrahams, sino también en la psicología del personaje, magníficamente interpretado por el recientemente fallecido Ben Cross (1947-2020). En una entrevista de 2012, el propio Cross calificaba a Abrahams como un hombre motivado por una mezcla de prejuicio y paranoia. Y es que parece que Abrahams, judío, corría no solo como reivindicación personal ante el antisemitismo de la época, sino también para superar a sus dos hermanos mayores, que, como él, habían sido atletas.

Harold Maurice Abrahams nació el 15 de diciembre de 1899 en Bedford, 74 Km al norte de Londres. Su padre, nacido Isaac Klonimus era un judío que había huido de la Polonia ocupada por Rusia en los años 70 del siglo XIX. Se cambió el apellido a Abrahams y prosperó como financiero. Se casó con Esther Isaacs, judía galesa, con la que tuvo cuatro hijos, de los que, además de Harold, otros dos, Adolphe (1883-1957) y Sidney (1885-1957), fueron atletas. Adolphe Abrahams, después de haber practicado atletismo, fue uno de los pioneros de la Medicina del Deporte, y ejerció como médico del equipo olímpico británico desde 1912 hasta 1948. Sidney Abrahams, por su parte, tuvo una fructífera carrera atlética. Fue 5º en salto de longitud en los Juegos Intercalados de 1906, 11º en los Juegos Olímpicos de 1912 y campeón británico en 1913. Posteriormente ejerció de Juez Supremo en diversas colonias británicas.

El pequeño Harold, sin duda influido por sus hermanos, comenzó a practicar atletismo a los 10 años. A los 14 se quedó impresionado cuando, durante los campeonatos británicos de 1914, vio a Willie Applegrath (1890-1958) superar, con unos entonces estratosféricos 21.2, la plusmarca mundial de 220 yardas (201.08 m). Este tiempo se mantuvo en lo más alto de las tablas mundiales hasta 1928 y de las británicas hasta 1958. Abrahams tuvo la oportunidad de conocerlo y de competir contra él durante su estancia en el ejército en 1919, donde había obtenido el grado de teniente, mientras Applegrath era sargento.

El mismo 1919, Abrahams comenzó a estudiar Derecho en Cambridge. Un tiempo de 10.0 en 100 yardas (91.4 m) le permitió acudir a los Juegos Olímpicos de 1920, que se celebraban en la ciudad belga de Amberes. Resultó eliminado en los 100 y los 200 m en la segunda ronda, fue 20º en salto de longitud y 4º en el relevo 4 x 100 m.

En Cambridge, Abrahams formó parte de numerosos clubes sociales y deportivos, entre ellos el Achiles Club, un club atlético formado por miembros de Cambridge y de Oxford, del que fue miembro fundador, junto con el mediofondista Evelyn Aubrey Montague (1900-1948) que, a diferencia de lo que se muestra en Carros de fuego, era de Oxford y no de Cambridge.

Abrahams continuó entrenando durante su estancia en la Universidad. En 1923 consiguió mejorar hasta 7.19 m en salto de longitud, plusmarca nacional, y 21.6 en 220 yardas en línea recta. Sin embargo, no había podido ganar en los campeonatos nacionales, ni en 100 ni en 220 yardas. Con los Juegos Olímpicos de París a un año vista, Abrahams decidió contratar los servicios de un entrenador profesional, Sam Mussabini (1867-1927), que había sido el técnico de campeones olímpicos como el surafricano Reggie Walker (1889-1951), oro en 100 m en 1908, o el británico, doble campeón olímpico en 1920 de 800 y 1500 m, Albert Hill (1889-1969). El que Mussabini fuese profesional, en un mundo de estrictas reglas amateur provocó a Abrahams no pocos quebraderos de cabeza.

Mussabini decidió que su pupilo se dedicaría preferentemente a los 100 m, incrementó a tres los días de la semana de entrenamiento, algo inédito entonces, y se centró en la mecánica de carrera, especialmente en la zancada. Los concienzudos entrenamientos del invierno y primavera de aquella temporada de 1924 dieron sus frutos. En junio superó su propia plusmarca británica de salto de longitud con 7.38 m. e igualó la plusmarca mundial de 100 yardas, 9.6, si bien en pista con desnivel y con viento a favor. En los campeonatos británicos se impuso en las 100 yardas, 9.9, y en el salto de longitud, 6.92 m. Abrahams resultó seleccionado para los 100, 200 m, el relevo 4 x 100 m y el salto de longitud. Un escrito anónimo en el diario Daily Express, criticando que eran demasiadas pruebas para un solo hombre, hizo que los federativos limitasen la participación del atleta a la velocidad. Tiempo después se supo que el autor de la carta había sido el propio Abrahams.

En París tendría la formidable oposición de dos velocistas estadounidenses, considerados entonces los mejores del mundo, el campeón olímpico en 1920, acreditado en 10.2 en 110 yardas (100.54 m), Charles Paddock (1900-1943), y Jackson Scholtz (1897-1986), oro en 4 x 100 m en los anteriores Juegos. Los 100 m en París tendrían 4 rondas, que se celebrarían el 6, las dos primeras, y el 7 de julio, la semifinal y la final. Abrahams ganó cómodamente su serie de la primera ronda con 11.0. En los cuartos de final, el mismo día, igualaba la plusmarca olímpica con 10.6. En la semifinal, al día siguiente, repitió los 10.6 y superó a Paddock, mientras Scholtz se había impuesto en la primera serie con 10.8. Tras correr la semifinal, Abrahams se dio cuenta de que podía ganar y, según sus palabras, se sintió como un condenado esperando a subir al patíbulo. En la final, 45 minutos más tarde, Abrahams salió a la pista con lo que le había dicho su entrenador rondándole la cabeza. Piensa solo en dos cosas, el disparo y la cinta de llegada. Cuando oigas la primera, corre como alma que persigue el diablo hasta alcanzar la segunda. A la mitad de la carrera estaban cuatro corredores bastante igualados, pero finalmente Abrahams emergió como ganador, nuevamente con 10.6, Scholtz fue segundo con 10.7, y el neozelandés estudiante de Medicina en Oxford, Arthur Porritt (1900-1994), tercero. Porritt, que en Carros de fuego sale como Tom Watson, llegó a ser Gobernador General de Nueva Zelanda. Hasta la muerte de Abrahams, todos los 7 de julio, a las 19, día y hora de la final de los 100 m, acudía a la casa de este a cenar.

Tras su éxito en los 100 m, primer campeón olímpico europeo de 100 o 200 m, a Abrahams aún le quedaban los 200 y los relevos 4 x 100 m. En el doble hectómetro, tras registrar en su semifinal unos buenos 21.9, fue último en la final con 22.3. Ocuparon el podio Scholtz, Paddock y el escocés Eric Liddell (1902-1945), otro de los protagonistas de Carros de fuego, que ganaría brillantemente el oro en los 400 m. En el relevo, Abrahams participó haciendo la primera posta en las tres rondas. El equipo británico superó la plusmarca mundial, con 42.0 en la primera ronda. Mejoraron a 41.8 en la segunda semifinal, pero en la primera los estadounidenses habían hecho 41.0. Estos repitieron registro en la final, ganando el oro, con los británicos segundos a 0.2.

Abrahams abandonó el atletismo al año siguiente tras una fractura saltando longitud. Trabajó como abogado, periodista deportivo, comentarista de la BBC y estadístico. Desde 1926 hasta su muerte, en 1978 fue miembro de la Federación Británica de Atletismo (la AAA, Amateur Athletics Association), que presidió en 1976. También fue miembro de la IAAF (hoy World Athletics), donde se dedicó mayormente a temas normativos. En 1934 se casó con la cantante de ópera Sybil Evers (1904-1963). En la película Carros de fuego, se relaciona a Abrahams erróneamente con otra cantante, Sybil Gordon (1902-1981), a la que habría conocido antes de los Juegos de París. Abrahams murió el 14 de enero de 1978, después de una vida casi completamente dedicada al atletismo. Aunque ya era una figura conocida y respetada en el mundo atlético, el éxito de la película de Hugh Hudson redobló su fama, hasta convertirlo, junto con Eric Liddell, en un icono del atletismo.