Tokio 1964, los primeros Juegos Olímpicos en Asia

La ciudad de Tokio había resultado elegida sede de los Juegos Olímpicos de 1940, los Juegos de la XII Olimpíada, designación para la que también había optado inicialmente Barcelona. Debido a la guerra con China, en 1938 Tokio renunció a la organización de los Juegos, que se encargaron a Helsinki. Finalmente, la Segunda Guerra Mundial hizo que esta edición y la siguiente se cancelasen. Pese a la destrucción sufrida por la guerra, Japón no renunció a su objetivo de tener una sede olímpica. En 1959, en la primera votación, el Comité Olímpico Internacional, volvió a encargar a Tokio la organización de unos Juegos. Serían en 1964. Los japoneses trataban de mostrar al mundo su sorprendente recuperación económica. Tokio se sometió a una concienzuda operación de modernización. Las competiciones de atletismo tuvieron lugar entre el 14 y el 21 de octubre en el Estadio Nacional de Japón, terminado 6 años antes. Fueron los primeros Juegos en que se prohibió la participación de la República Surafricana por su política de apartheid. No volverían hasta 1992. La paz y la reconstrucción de Japón tuvieron su máxima expresión simbólica cuando el atleta Yoshinori Sakai (1945 – 2014), que había nacido el día en que Hiroshima sufrió el lanzamiento de la primera bomba atómica, encendía el pebetero.

El nivel atlético de los Juegos fue altísimo, con 8 plusmarcas mundiales, 4 en la categoría masculina y 4 en la femenina. Fueron los Juegos de Bob Hayes, de Peter Snell, de Billy Mills, de Abebe Bikila, de Valeri Brumel, de Fred Hansen, de Al Oerter, de Wyomia Tyus, de Betty Cuthbert, de Ann Packer, de Mary Rand, de Iolanda Balas o de las hermanas Press. Estados Unidos fue el gran triunfador, con 24 medallas, 15 de oro, seguido de la Unión Soviética con 18 metales, 5 oros. Fueron los últimos Juegos en los que las pruebas de atletismo se disputaron en una pista no sintética.

En categoría masculina, una de las grandes estrellas de los Juegos fue el estadounidense Bob Hayes (1942 – 2002), que se impuso en los 100 m con unos excelentes 10,06, homologados como plusmarca mundial igualada 10,0. La IAAF no diferenciaba entonces entre marcas manuales y electrónicas, pese a que los 10,06 de Hayes tenían un valor intrínseco muy superior a cualquier 10,0 manual. El estadounidense ya había corrido en 9,91 en la semifinal, algo inédito entonces, si bien con viento a favor de 5,28 m/s. Repitió oro en el relevo 4 x 100, con 39,06 (39,0), plusmarca mundial. Se le cronometró un último 100 lanzado en 8,9. Tras los Juegos, Hayes fichó por el equipo de fútbol americano Dallas Cowboys, donde jugó 9 temporadas y ganó un anillo.

Estados Unidos hizo pleno en velocidad con la victoria de Herry Carr (1941 – 2015), que también se pasó al fútbol americano, en 200 m con 20,36 (20,3) y Mike Larrabee (1933 – 2003) en 400 m con 45,15 (45,1). Ambos formaron parte del equipo estadounidense que se hizo con el oro en el relevo 4 x 400 con plusmarca mundial de 3:00,7.

Sorprendentemente fueron también para Estados Unidos los títulos olímpicos de las dos carreras de fondo en pista. En 5000 m, el gran favorito era el francés Michel Jazy (1936), subcampeón olímpico de 1500 m en 1960, que había preferido la prueba más larga para evitar al neozelandés Peter Snell. En una frenética última vuelta parecía que Jazy sería oro, pero en la última recta acabó fuera del podio. El estadounidense Bob Schul (1937) ganaba con 13:48,8, con 37,8 en los últimos 300 m. Quinto fue un keniano que daría mucho que hablar llamado Kip Keino (1940).

 Y en los 10 000 m hubo otro estadounidense que dio la sorpresa. Billy Mills (1938), que nunca había bajado de 29 minutos, en una accidentada última vuelta, ser llevó el oro con 28:24,4, por delante del tunecino Mohamed Gammoudi (1938) y del gran favorito, el australiano plusmarquista mundial con 28:15,6, Ron Clarke (1937 – 2015).

 

El festival estadouniense se extendió a las competiciones de vallas, con los oros de Hayes Jones (1938), bronce en los anteriores Juegos, en 110 m vallas con 13,67 (13,6) y del plusmarquista mundial, 49,1, Warren Rex Cawly (1940) en 400 m vallas con 49,6.

El plusmarquista mundial de los 800 m, las 880 y y la milla, el recientemente fallecido neozelandés Peter Snell (1938 – 2019) se coronó el rey del mediofondo con sus victorias inapelables en los 800, distancia en la que revalidaba el oro con 1:45,1, y los 1500m, con 3:38,1.

El belga Gaston Roelants (1937), 4º en los Juegos de 1960 y campeón de Europa en 1962, se hizo con la medalla de oro en los 3000 m obstáculos en 8:30,8. El maratón, que cerraba el programa atlético, mostró la confirmación del etíope Abebe Bikila (1932 – 1973) como uno de los mejores maratonianos de siempre. Tras su triunfo en Roma, 4 años antes, corriendo descalzo, renovó su título en Tokio, con mejor marca mundial de 2h12:11,2, tres semanas después de haberse operado de apendicitis.

Las victorias en la marcha fueron para el británico Ken Matthews (1934 – 2019) en los 20 Km con 1h29:34 y para el italiano Abdon Pamich (1933) con 4h11:12,4.

En el salto de altura tuvo lugar un gran duelo entre el ucraniano, entonces soviético, Valeri Brumel (1942 – 2003) y el estadounidense John Thomas (1941 – 2013), resuelto a favor del primero con ambos empatados en 2,18 m. El plusmarquista mundial, el estadounidense Fred Hansen (1940) fue, con 5,10 m, el campeón del salto con pértiga.

Pese a una operación de rodilla dos meses antes de los Juegos, el campeón olímpico 4 años antes, plusmarquista mundial y gran dominador del triple salto, el polaco Jósef Szmidt (1935) pudo renovar su título, con 16,85 m. En la final de salto de longitud, en una tarde muy lluviosa y con viento cambiante, saltó la sorpresa con la victoria del galés Lynn Davis (1942). Davis, que se había clasificado para la final con mucha dificultad, realizó con 8,07 m su mejor marca hasta entonces y batió al plusmarquista mundial (8,34m) y anterior campeón, el estadounidense Ralph Boston (1939) y al campeón de Europa, el ucraniano entonces soviético, Igor Ter-Ovanessyan (1938), con mejor marca personal de 8,31 m.

Con problemas cervicales y, una vez más, sin ser el favorito, el estadounidense Al Oerter (1936 – 2007) conseguía su tercer oro en el lanzamiento de disco. En el lanzamiento de peso hubo una cerrada pugna entre dos estadounidenses, el plusmarquista mundial Dallas Long (1940) y el joven Randy Matson (1945). Long se impuso por 20,33 contra 20,20 m. El oro en lanzamiento de jabalina fue para el finlandés Pauli Nevala (1940), mientras en el martillo venció el bielorruso, entonces soviético, Romuald Klim (1933 – 2011). El alemán Will Horldof (1940) ganó el oro en el decatlón con 7887 puntos.

En categoría femenina se disputaron un total de 12 pruebas, 100 m, 200 m, 400 m, 800 m, relevo 4 x 100, 80 m vallas, salto de longitud, salto de altura, lanzamiento de disco, lanzamiento de peso, lanzamiento de jabalina y pentatlón. Con respecto a los Juegos anteriores se añadieron los 400 m y la prueba combinada. Tal vez las atletas más destacadas en ese momento fuesen las hermanas ucranianas, entonces soviéticas, Tamara (1937) e Irina Press (1939 – 2003), pero lo sucedido dos años más tarde envolvió sus logros en la sombra de una duda. Tamara, campeona olímpica de lanzamiento de peso en 1960 y plusmarquista de esta modalidad y del lanzamiento de disco, se hizo con los oros de estas dos pruebas con 18,14 y 57,27 m . Irina, por su parte, se imponía en el pentatlón con 5246 puntos, nueva plusmarca mundial. Ambas atletas, sin embargo, se retiraron súbitamente en 1966 poco antes de que las pruebas de verificación de sexo fuesen obligatorias.

La estadounidense de 19 años Wyomia Tyus (1945) fue la ganadora en los 100 m lisos con 11,49 (11,4). Cuatro años más tarde se convertiría en la primera atleta (hombre o mujer) en repetir oro en la distancia. Los 200 m fueron para otra estadounidense, Edith McGuire (1944), con 23,05 (23,0), probablemente mejor que la plusmarca mundial manual de 22,9. El concurso se ambas campeonas olímpicas no pudo impedir, sin embargo, que el equipo estadounidense perdiese la final del relevo 4 x 100 ante las polacas, ganadoras con 43,69 (43,6), nueva plusmarca mundial. Una de las relevistas del cuarteto polaco, Irena Kirszenstein (1946 – 2018), acabaría siendo probablemente la mejor atleta polaca de todos los tiempos, aunque sería conocida por su nombre de casada Irena Szewińska.

Una de las grandes atletas australianas de siempre, Betty Cuthbert (1938 – 2017), tras su triplete 8 años antes en los Juegos de Melbourne, de 100, 200 y 4 x 100 m, añadió un oro más a su colección al convertirse en la primera campeona olímpica de 400 m, con 52,01 (52,0). Segunda fue la británica Ann Packer (1942), con 52,20, que tres días después se imponía en los 800 m con 2:01,1, nueva plusmarca mundial oficial. La coreana Sin Kim-dan (1938) había corrido en 1:58,0 pero su tiempo no se llegó a homologar por la IAAF. Tras los Juegos Packer se retiraría.

La alemana plusmarquista mundial de 80 m vallas Karin Balzer (1938 – 2019) ganó el oro en esta prueba. La invencible rumana Iolanda Balaș (1936 – 2016) renovaba el título de salto de altura conseguido 4 años antes, saltando 1,90 m. La británica Mary Rand (1940) se hacía con la victoria en el salto de longitud con plusmarca mundial de 6,76 m, derrotando a la futura Irena Szewińska . En los días siguiente obtuvo otras dos medallas, plata en pentatlón y bronce en el relevo 4 x 100 m. La jovencísima rumana Mihaela Peneș (1947) fue la campeona olímpica de jabalina, con 60,54 m, y la de menos edad en el atletismo de estos Juegos.

España llevó a los Juegos un pequeño equipo de 6 atletas Rogelio Rivas (1944) en 100 m, Francisco Aritmendi (1938) en 5000 m, Fernando Aguilar (1938 – 2013) en 5000 y 10 000 m, Luis María Garriga (1945) en salto de altura, Ignacio Sola (1944) en salto con pértiga y Luis Felipe Areta (1942) en salto de longitud y triple salto. El mejor fue este último que consiguió un excelente 6º puesto en la longitud, con lo que consiguió ser el segundo finalista olímpico español. El primero había sido Constantino Miranda (1925 – 1999), 8º en los obstáculos de 1948. Ignacio Sola también pudo entrar en la final, donde fue 15º. Aún faltaban unos años para el despegue del atletismo español.

En resumen, unos grandes Juegos Olímpicos, con un nivel muy alto en todas las modalidades. Tokio repite este año. El reto al menos igualar sus Juegos de hace 56 años.

 

 

 

 

 

 

 

Mayte Martínez, la reina del 800 español

El 28 de agosto de 2007, en la final de los 800 m femeninos, la mediofondista vallisoletana Mayte Martínez protagonizaba uno de los grandes momentos del atletismo español. En una final de un nivel altísimo, a la que había accedido brillantemente, en una última recta memorable, partiendo de la séptima posición, se hacía con la medalla de bronce. Era la primera y única ocasión que el podio de los 800 m de un campeonato de ámbito mundial tenía presencia española. A sus 31 años, Martínez dejaba claro que era la mejor atleta española, en categoría masculina o femenina, en la doble vuelta a la pista.

María Teresa Martínez Jiménez nació en Valladolid el 17 de mayo de 1976. Con 15 años ya corría su prueba favorita en 2:14,48. En 1995 se proclamó campeona de España junior (sub20) y fue 6ª en el Campeonato de Europa de la categoría, con 2:05,00, su mejor marca entonces. La transición a la categoría absoluta le resultó complicada, en gran parte debido a incontables problemas físiccos. No mejoró su marca de categoría junior, hasta el año 2000, en un año que la convirtió en la referencia femenina de los 800 m en España. El 20 de mayo corría en 2:04,02, en el Campeonato Iberoamericano, en el que se llevaba la plata. Posteriormente registró 2:02,18, 2:01,65, en dos ocasiones y 2:00,53 a principios de agosto. A finales de ese mes consiguió su primer campeonato de España absoluto. Acudió a los Juegos Olímpicos de Sídney, donde el 22 de septiembre, en la primera eliminatoria, en la que fue segunda, se convertía con 1:59,60 en la segunda española en correr los 800 m por debajo de 2 minutos. La siguiente ronda no le fue tan propicia y puso fin a una magnífica temporada.

La siguiente temporada, la de 2001, Martínez confirmó su salto revelándose como una excelente competidora. La gran competición del año era el Campeonato del Mundo al aire libre, que se celebraba en Edmonton. Allí se presentó en gran forma. Mejoró su prestación de la temporada al ser 3ª en la primera semifinal con 2:00,09 y en la final con dos centésimas menos fue 7ª. La vencedora fue el fenómeno mozambiqueño María Mutola (1972).

Poco después del campeonato, Martínez se quedaba con 1:59,76 muy cerca de su plusmarca personal. Sus buenas actuaciones en grandes campeonatos continuaron en 2002. En pista cubierta conseguía la 4ª posición en el Campeonato de Europa. Ese temporada invernal haría con 2:00,78 su primera plusmarca española en sala. Al aire libre, también en la máxima competición continental, tuvo una soberbia actuación. Tras entrar fácilmente en la final se encontró con una carrera rapidísima que le permitió llevar su marca personal hasta 1:58,86 y hacerse brillantemente con la medalla de plata, por detrás de la inabordable eslovena Jolanda Čeplak (1976), llamada ahora Jolanda Batalgelj, oro con 1:57,65. En 2007 sería suspendida por consumo de eritropoietina. Bronce fue la británica Kelly Holmes (1970). Unos días después, Martínez volvía a mejorar hasta 1:58,29.

En 2003, sumó otra medalla, esta vez en sala, en el campeonato del Mundo de Birmingham. Tras haber mejorado su marca, y plusmarca española, en sala a 2:00,53, se presentó en la ciudad inglesa en un magnífico estado de forma. Ganó su serie y fue segunda en su semifinal con marca personal de 1:59,82. En la final volvió a mejorar hasta 1:59,53, que le valieron el bronce. Superó por 0,01 a Čeplak. La vencedora fue Mutola, con 1:58,94, por delante de la austríaca Stephanie Graf (1973), 1:59,39. La temporada estival comenzó con muy buenas perspectivas y un 800 en 1:59,62 en julio, pero una inoportuna lesión la obligó a terminar prematuramente el año atlético.

Las lesiones continuaron persiguiendo a Mayte Martínez en la temporada olímpica de 2004. En sala volvía a haber Mundial. Esta vez no pudo llegar a la final. Al aire libre, muy corta de preparación superó la primera ronda del 800 olímpico, con su mejor marca del año, 2:00,81, pero pagó el esfuerzo en la semifinal y ahí se terminó su actuación. Su forma, sin embargo, continuó en progresión y a primeros de septiembre fue capaz de correr en 1:58,58.

Los éxitos continuaron, no obstante, en 2005. En pista cubierta se celebraba en Madrid el campeonato continental y Martínez no perdió ocasión de brillar. Fue segunda detrás de la rusa Larisa Chzhao (1971). Al aire libre volvió a una final, en el campeonato del Mundo de Helsinki, tras correr en 1:59,44 el mes anterior. Tras clasificarse para la final por tiempos con 1:59,40, su mejor marca del año, ocupó la 5ª plaza con 1:59,99, otra gran actuación tras la decepción de la temporada olímpica. La vencedora fue la cubana Zulia Calatayud (1979) con 1:58,82.

En 2006 el gran objetivo era en Europeo al aire libre de Gotemburgo. Una vez más, tras haber corrido previamente por debajo de 2 minutos, Martínez alcanzó la final, donde fue 7ª con 2:00,10, en una carrera dominada por las rusas Olga Kotlyarova (1976), 1:57,38, y Svetkana Klyuka (1978), 1:57,48. Esta última tuvo una suspensión de dos años en 2011 por alteraciones de su pasaporte biológico.

Pasados ya los 30, Mayte Martínez había ganado medallas en campeonatos continentales y había sido finalista en dos mundiales al aire libre. Lo mejor, sin embargo, estaba por llegar y lo haría en 2007. En pista cubierta había campeonato de Europa. Decidió tomar parte en los 1500 m, prueba en la que acreditaba al aire libre 4:05,05 (2005), y consiguió una buena 5ª posición en la final.

La gran competición de la temporada estival era el campeonato del Mundo, que tendría lugar en Osaka. Martínez llegó en la mejor forma de su vida y se encontró una prueba de altísimo nivel en la que supo dar lo mejor de sí misma. El campeonato tuvo lugar a finales de agosto. A mediados de julio, Martínez siguió con su buena costumbre de bajar de 2 minutos, al registar 1:59,74, tiempo con el que llegó a Osaka. La española realizó el segundo mejor tiempo global de la primera ronda, al ser segunda en la 6ª serie con 1:59,58, detrás de la keniana Janeth Jepkosgei (1983), 1:58,95. Esta atleta también realizó el menor tiempo de las semifinales, al imponerse en la tercera con plusmarca nacional keniana de 1:56,17, por delante de la marroquí Hasna Benhassi (1978), 1:56,84, y de Mutola, 1:56,98. Martínez se había clasificado por puestos al ser segunda en la segunda semifinal con 1:59,32. Se preveía que la final, el 28 de agosto, sería un duelo muy rápido entre las tres primeras de la tercera semifinal. Jepkosgei salió como un cohete marcando 26,58 en el primer 200, con la española en última posición a cierta distancia. La cabeza y la cola no variaron al paso por los 400 m en 56,18 de la keniana. Esta continuaba en cabeza a falta de 200 m, 1:26,19, algo por delante de Mutola y con Martínez en 7º lugar.  En la entrada de la recta final, parecía que Benhassi y Mutola se echaban encima de Jepkosgei, pero esta consiguió aguantar, mientras la atleta de Valladolid seguía séptima. La keniana se fue en solitario a la meta.  Mutola se paraba a falta de 70 metros. Benhassi consolidaba la segunda posición, mientras Mayte Martínez, en una última recta trepidante, alcanzaba el bronce.

Jepkosgei volvía a superar la plusmarca de su país con 1:56,04, Benhassi llegaba en 1:56,99, mientras la española pulverizaba su plusmarca personal con 1:57,62, a tan solo 0,17 del tope español de Maite Zúñiga (1964). La última recta de Osaka, un lugar  para la historia que demostraba la clase y el saber estar de una atleta fantástica. Martínez alcanzó el culmen de su carrera atlética en esta final del Mundial. Unos días más tarde realizaría 1:58,14, su segunda mejor marca de siempre.

Los problemas físicos reaparecieron en la temporada olímpica de 2008 y le impidieron participar en los Juegos, tras haber sido 4ª en el Mundial en sala en la temporada invernal. Aún tuvo tiempo de alcanzar dos nuevas finales. En 2009, con 33 años,  fue 7ª con 1:58,81 en el Mundial al aire libre, en la carrera que dio su primer oro a la surafricana Caster Semenya (1991), y en 2010 fue 6ª con 1:59,97 en el Europeo al aire libre. Se perdió la temporada 2011 por lesión y aún compitió en 2012, pero sus problemas de rodilla la obligaron a retirarse definitivamente esa temporada.

En el ámbito nacional fue 8 veces campeona de España al aire libre en 800 m (2000, 2001, 2002, 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008), una vez de 400 m (2010), prueba en la que acreditó 53,67, y 8 veces campeona de 800 m en pista cubierta (de 2001 a 2008). Corrió 27 veces por debajo de 2 minutos y 6 veces en menos de 1:59,00. Estuvo en la final de 4 campeonatos del Mundo y de 3 campeonatos continentales al aire libre, con un bronce y una plata respectivamente. En conjunto, considerando la categoría femenina y la masculina, es la atleta española con mejor palmarés de largo en los 800 m. Tan solo le faltó brillar en los Juegos Olímpicos y la plusmarca española absoluta de los 800 m.

Parte fundamental en la carrera atlética de Mayte Martínez ha sido su entrenador Juan Carlos Granado (1969), quien supo sabiamente optimizar el esfuerzo de la atleta en medio de una omnipresente maraña de lesiones. Y, por su puesto, no se debe olvidar a su primer entrenador, Elías Reguero (1939), crucial en el viaje de niña atleta cadete a finalista en el Europeo junior.

En la actualidad Mayte, licenciada en Psicopedagogía y diplomada en Magisterio de Educación Física, dirige una escuela de atletismo y continúa compitiendo en la categoría de veteranos. En la retina de los aficionados queda su trepidante recta de Osaka, que le permitió encaramarse al podio del Mundial de 2007, toda una hazaña de esta mujer de Valladolid.

Nota: Salvo algún obituario inesperado, cosa que no deseo, esta será la última entrada de 2019. Cuando comencé a mediados de 2016 con el blog me propuse hacer un mínimo de dos entradas al mes y lo he ido cumpliendo. Este año han sido 29. Os deseo a todos lo que me leéis lo mejor para el año olímpico de 2020. ¿Asistiremos en Tokio (perdón, en Sapporo) al duelo maratoniano entre Kipchoge y Bekele? Ojalá. Volveré en enero.

 

Peter Snell, tal vez el mejor mediofondista de siempre

Anteayer nos dejó, a punto de cumplir los 81 años, el mediofondista neozelandés Peter Snell. Snell fue uno de los grandes del mediofondo de siempre, con sus tres medallas de oro olímpicas, dos en 800 m y una en 1500 m, en los Juegos de 1960 y de 1964. Su carrera atlética en la élite duró 5 años, en una época en la que el atletismo era amateur. Fue un corredor de 800m y 1500m que cambió el entrenamiento del mediofondo. Hasta entonces los corredores de 800m se parecían más a los de 400m. Fue el último mediofondista en ganar los 800 y los 1500 m en unos Juegos Olímpicos.

A mediados de los años 50, los mejores corredores mundiales de 800 m se fijaron como objetivo superar la mítica plusmarca mundial que el alemán Rudolf Harbig (1913-1944) había establecido en 1939 con 1:46,6. Finalmente el belga Roger Moens (1930) resultó el elegido para superar el registro imposible. En 1955 fue capaz de correr nada menos que en 1:45,7. Una lesión le impidió disputar la victoria olímpica en 1956, pero en 1960, completamente recuperado, era el gran favorito.  La final apuntaba un duelo entre Moens y el jamaicano George Kerr (1937-2012). Nadie reparaba en un joven neozelandés de 21 años que había llegado a los juegos con 1:49,2 en 880 yardas (804,67 m), pese a que había batido a Moens en la semifinal con 1:47,2 (1:47,34), mejorando sus 1:48,1 (1:48,22) de la primera ronda.

En la final el suizo Christian Wägli (1934-2019) se colocó en cabeza desde el inicio y se mantuvo hasta los últimos 100m, momento en que Moens lo sobrepasó. Parecía que por fin ganaría el oro olímpico, pero, a falta de 20 metros, Peter Snell se le echó encima por la cuerda y consiguió vencer inesperadamente, con nueva plusmarca personal, 1:46,3.

Peter Snell NZL 1.46,3 (1:46,48)
Roger Moens BEL 1.46,5 (1:46,55)
George Kerr JAM 1.47,1 (1:47,25)
Paul Schmidt RFA 1.47,6 1:47,82)
Christian Wägli SUI 1.48,1 (1:48,19)
Manfred Matuschewski RDA 1.52,0 (1:52,21)

¿Quién era este fenómeno neozelandés al que deberían haber prestado más atención? Peter George Snell había nacido en Opunake, a unos 250 Km de Wellington (Nueva Zelanda) el 17 de diciembre de 1938. En su adolescencia jugó al rugby, al golf, al bádminton y, sobre todo, al tenis. También practicaba atletismo, pero sin un entrenamiento específico. A los 18 años su mejor marca en las 880 yardas era 1:59,8. Al año siguiente mejoró hasta 1:54,0 y se encontró al que sería su mentor, el entrenador Arthur Lydiard (1917-2004). Lydiard le aseguró al joven Peter que, dada su gran velocidad, mejorando la resistencia podría llegar muy lejos. A partir de entonces la fructífera relación entre ambos llevó a Snell a lo más alto, pese a que su biotipo (1,80 m y 80 Kg) no era el habitual en un mediofondista. Se presentó en Roma como un atleta anónimo y acabó con un oro olímpico conseguido de manera brillante.

En 1961, centrado aún unicamente en los 800 y las 880 yardas, Snell derrotó a Moens en varias reuniones. En 1962 comenzó a correr la milla, sin dejar la prueba más corta. El día de Año Nuevo marcó en la distancia en 4:01,3. El 27 de enero, en la pista de hierba de 352 metros de Wanganiu (NZ) superó la plusmarca mundial del australiano Herb Elliott (1938) por una décima, con 3:54,4, con un ritmo creciente en cada una de las cuatro vueltas, 1:00,7, 59,9, 59,0 y 54,8 (3:39,3 en 1500 al paso). Una semana después, el 3 de febrero, en la pista de hierba de Chistchurch, se hizo con la plusmarca mundial de las 880y, 1:45,1, y de paso pulverizó la plusmarca de Moens, al registrar en la marca de los 800 m, 1:44,3. Este tiempo permanece en la actualidad como plusmarca nacional de Nueva Zelanda.

En los Juegos de la Commonwealth, celebrados a finales de ese 1962, Snell se hizo con el doblete en las 880y y la milla. No se disputarían las distancias métricas hasta 1970. Tras un año de 1963 de transición en el que compitió en varias ciudades de Estados Unidos, se preparó concienzudamente para ser campeón olímpico en las dos distancias del mediofondo, lo que no se conseguía desde que Albert Hill (1889-1969) lo hiciera en 1920. Para ello incrementó en las 10 semanas previas su número de kilómetros, con una media diaria de 23. Hay un detalle curioso en la trayectoria de Snell. Su primer 1500 fue el de la primera ronda de los Juegos de Tokio de 1964. Hasta entonces solamente había corrido la milla.

Su entrenamiento dio muy buen resultado. El calendario era muy duro, ya que obligaba a correr seis carreras en una semana. Snell lo hizo con tiempos de 1:49,8, 1:46,9, 1:45,1, 3:46,8, 3:38,8, 3:38,1. La final de 800 tuvo lugar el 16 de octubre. La situación era completamente distinta de la de 4 años atrás. Ahora era el absoluto favorito y no decepcionó. Su victoria se cimentó en el cambio que realizó a falta de 250m, sobrepasando al keniano Wilson Kiprugut (1938), en cabeza desde la salida. Snell ganó con parciales de 400m de 52,8 y 52,3, haciendo la segunda mejor marca de siempre, lo que da una idea de su superioridad. Los resultados fueron:

Peter Snell NZL 1.45,1
Bill Crothers CAN 1.45,6
Wilson Kiprugut KEN 1.45,9
George Kerr JAM 1.45,9
Thomas Farrell USA 1.46,6
Jerry Siebert USA 1.47,0
Dieter Bogatzki FRG 1.47,2
Jacques Pennewaert BEL 1.50,5

La final de los 1500 m se celebró el 21 de octubre, tras dos rondas previas. La carrera se desarrolló a ritmo medio con pases de 58,0, 2:00,5 y 2:59,3. A falta de 200 m, un enorme cambio de ritmo de Snell lo llevó a la meta en primera posición con una gran superioridad sobre el resto de sus rivales.

1 Peter Snell NZL 3.38.1
2 Josef Odlozil TCH 3.39.6
3 John Davies NZL 3.39.6
4 Alan Simpson GBR 3.39.7
5 Dyrol Burleson USA 3.40.0
6 Witold Baran POL 3.40.3
7 Michel Bernard FRA 3.41.2
8 John Whetton GBR 3.42.4
9 Jean Wadoux FRA 3:45.4

Unos días después de los Juegos, el 12 de noviembre se convirtió en plusmarquista mundial de los 1000 m, con un tiempo de 2:16,6. Poco después, el 17 de noviembre, en la pista de ceniza de Auckland, Snell superó su plusmarca de la milla, con 3:54,1. Pasó los 1500 en 3:37,6, que sería su tope personal, probablemente de valor similar a los 3:35,6 que tenía entonces Herb Elliott como primado mundial. El pase de los 3/4 de milla había sido de 2:54,3, que apuntaba un tiempo en torno a 3:52.

Al año siguiente se preparó precisamente para intentar superar el registro de Elliott en la distanacia métrica, pero se lesionó en abril y poco después se retiró. Posteriormente trabajó como relaciones públicas en una compañía tabacalera. En 1971 se trasladó a Estados Unidos, donde acabó fijando su residencia y donde obtuvo el grado de doctor con una tesis sobre fisiología del ejercicio en la Universidad del Estado de Washington. Esto le sirvió para hacerse profesor en la Universidad de California,  Davis, donde ya había estudiado. En 1993 obtuvo la nacionalidad estadounidense. Continuó practicando deporte, sobre todo carreras de orientación y tenis de mesa, modalidades en las que destacó en la categoría de veteranos.

En los últimos meses había comenzado con problemas cardíacos. Un episodio de pérdida de conocimiento mientras conducía le provovó un accidente de circulación. Estaba prevista su presencia en el homenaje a la milla en la reunión de la IAAF el mes pasado en Mónaco, pero sus problemas de salud no se lo permitieron. Falleció en su casa de Dallas el 12 de diciembre de 2019.

El impacto de su figura en su Nueva Zelanda natal queda muy bien reflejado en este vídeo, de diferentes noticiarios anunciando su fallecimiento.

Snell fue un revolucionario del mediofondo. Hizo compatibles el 800 y el 1500, cuando entonces los corredores de 800 rendían mejor en los 400 m. Aunque después de él hubo grandes mediofondistas que lo hicieron muy bien en ambas distancias, ninguno pudo repetir su doblete. Sebastian Coe (1956) estuvo cerca en 1980 y 1984 con sus dos oros en la distancia larga y sus dos platas en la corta. Hay que pensar que en los años 60 el atletismo era completamente amateur, aunque pudiese haber dinero bajo cuerda. ¿Qué podría haber hecho en un entorno hiperprofesionalizado como el actual?

Nota 1: Me ha gustado mucho recordar los éxitos de este gran atleta, pero muy poco el motivo por el que lo he hecho

Nota 2: Dedico esta entrada de Jorge González Amo, antiguo plusmarquista español de 1500 m y gran admirador de Snell. Jorge tiene su tríada oceánica con Herb Elliot, Peter Snell y Ron Clarke

Nota 3: El 3 de diciembre el blog superó las 50 000 visitas. Quiero daros las gracias a todos los que me leéis. Disfruto mucho haciendo las entradas. Me agrada que generen interés.

 

Berta Castells, la eterna campeona de España

Hablar del lanzamiento de martillo femenino en España es hablar de Berta Castells. La atleta catalana, que sigue en activo, ha sido campeona de España en 16 ocasiones. Ningún atleta, hombre o mujer, ha conseguido tantos oros en la misma prueba. Hay atletas con más campeonatos de España que Castells, pero en más de una prueba. En este sentido los más laureados son el lanzador guipuzcoano Félix Erausquin (1907-1987), que ganó 27 campeonatos de España (9 en peso, 9 en disco, 1 en jabalina y 8 en la desaparecida barra vasca), y la vallista-velocista-mediofondista salmantina Rosa Colorado (1954) con 19 oros ( 2 en 200 m, 6 en 400 m, 5 en 800 m, 4 en 400 m v y 5 en pentatlón).

El campeonato de España femenino de lanzamiento de martillo comenzó a disputarse en 1993, si bien no adquirió el marchamo oficial hasta 1995. La primera campeona de España oficiosa fue la lanzadora de disco Carmen María Solé (1971), quien prefirió continuar con el disco, prueba en la que conseguiría una mejor marca de 56,36 (1999). Otra lanzadora de disco, si bien con cierta dedicación al martillo, la también catalana Sonia Godall (1968), fue la segunda y última campeona de España oficiosa, en 1994. Godall había sido campeona de España de lanzamiento de disco el año anterior, prueba en la que llegó a acreditar 57,68 m en 1995. Godall había perdido unos días antes del campeonato de España la plusmarca española, que había mejorado de 38,30 m en 1988 a 49,14 m en ese 1994. También fue breve plusmarquista nacional de disco en 1991 y 1992. Hay un registro de 1932 de la multideportista catalana Margot Moles (1910-1987) de 22,85 m, mejor marca mundial en su momento.

Otra catalana, Susana Regüela (1971) sustituyó a Godall como plusmarquista española. El 13 de julio de 1994 se convirtió con 51,78 m en la primera española por encima de 50 m. Fue la primera campeona oficial de la prueba en España en 1995. Repitió en los 3 años siguientes hasta completar 4 oros en 1998. En 1997 había perdido el tope español a manos de la gallega Dolores Pedrares (1973), primera española por encima de los 60 m, que hizo progresar la plusmarca nacional hasta 61,46 en 2001. Fue campeona de España de 1999 a 2002. A partir de 2003, con la única excepción de 2015, el lugar más alto del podio en el nacional de martillo ha estado ocupado por Berta Castells.

Berta Castells Franco nació en la localidad tarraconense de Torredembarra el 24 de enero de 1984. Comenzó a practicar el lanzamiento de martillo en 1997, con el artefacto de 2 Kg. Empezó muy pronto a destacar y en 2001 se proclamó subcampeona mundial sub18, fue medalla de bronce en el campeonato de Europa sub20 y consiguió sus dos primeras plusmarcas españolas absolutas de la prueba. En 2002 fue 9ª en el campeonato del Mundo sub20. Al año siguiente se hizo por primera vez con la victoria en el campeonato de España absoluto y repitió bronce en el Europeo sub20.

Desde 2003 ha dominado el lanzamiento de martillo femenino en España, con los 16 oros nacionales absolutos referidos y 15 plusmarcas españolas, desde 61,62 m en 2001 hasta 70,52 m en 2016, una mejoría de casi 9 metros. En los últimos años ha tenido una dura rival en la también catalana Laura Redondo (1988), que la derrotó en el campeonato de España de 2015, e igualó en dos ocasiones, en la misma competición, el 20 de enero de 2013, la plusmarca de Castells de 69,59 m. La tarraconense deshizo el empate con el actual tope español vigente de 70,52 m. en 2016. Castells ha liderado la lista española del año desde 2001, salvo en 2013 y en 2015.

En el ámbito internacional, Berta Castells ha participado en tres Juegos Olímpicos (2004, 2008, 2012), en seis campeonatos del Mundo (2005, 2007, 2009, 2011, 2013, 2017) y en seis campeonatos de Europa (2006, 2010, 2012, 2014 y 2016). Sus mejores actuaciones fueron dos octavos puestos en los Europeos de 2010 y 2012.

Entrenada por José Luis Velasco Pecho (1960), el mismo un antiguo lanzador de martillo acreditado en 66,20 m en 1988, Berta continúa en activo, preparándose para los retos de 2020, año en que habrá Juegos Olímpicos y campeonato de Europa.

Harrison Dillard, el vallista campeón olímpico de 100 metros

Acaba de fallecer, a la avanzada edad de 96 años, Harrison Dillard, el único atleta capaz de hacerse con los oros olímpicos en 100 m y en 110 m vallas. Era el campeón olímpico estadounidense de más edad. Comenzó a hacer atletismo inspirado por el ejemplo de Jesse Owens, que vivía en su misma ciudad. Y como él, ganó cuatro medallas olímpicas de oro, si bien en dos ediciones de los Juegos.

William Harrison Bones Dillard nació en Cleveland (Ohio) el 8 de julio de 1923. En 1936 presenció con unos amigos un desfile en homenaje a Jesse Owens, que había vuelto de Berlín donde había ganado sus famosos 4 oros olímpicos. Un intercambio de palabras entre el joven Harrison y el mítico atleta llevaron a primero a la práctica del atletismo. Comenzó con este deporte en la escuela y continuó en el Baldwin-Wallace College. Desde su inicio, se dedicó a las vallas y, en menor medida, a la velocidad. La Segunda Guerra Mundial interrumpió su actividad atlética, cuando lo llamaron a filas y hubo de desplazarse a Europa. Tras la contienda retomó su deporte. Entre 1946 y 1948 se impuso en 82 competiciones de forma consecutiva. A principios de 1948 superó la plusmarca mundial de las 120 yardas con vallas (109,68 m) con 13,6. El tope mundial en la distancia métrica pertenecía a su compatriota Fred Wolcott (1915-1972) con 13,7. En 100 m, Dillard acreditaba 10,3 del año anterior, 0,1 más que la plusmarca mundial.

La idea de Dillard para 1948 era disputar el oro olímpico de las vallas altas en Londres, pero una mala primera valla en las pruebas de selección olímpica le impidió terminar la prueba. Consiguió clasificarse, no obstante, en los 100 m, al ser tercero, con 10,4 (10,50), por detrás de Barney Ewell (1918-1996), 10,2 (10,33), y Mel Patton (1924-2014), 10,3 (10,45). Estos dos velocistas, junto con el panameño Lloyd La Beach (1922-1999), acreditado en 10,2, eran los favoritos para el oro olímpico. Nadie contaba con el vallista. Dillard, sin embargo, corriendo por la calle 8, tomó la cabeza tras una fulgurante salida. Ewell se le acercó tanto, que pensó que había ganado y comenzó a celebrarlo, pero La Beach, que había sido tercero, lo corrigió. No has ganado. Lo ha hecho Huesos. La photo finish mostró que Huesos había corrido en 10,33 (10,3) y Ewell en 10,44 (10,4). Entonces el tiempo oficial era manual o redondeado en décimas de segundo. El equipo estadounidense, con Dillard, en la tercera posta se hizo con la victoria en el relevo 4 x 100 m.

Tras los Juegos, en 1949, Dillard terminó el college y comenzó a trabajar como relaciones públicas del equipo de béisbol de los Cleveland Indians. No compitió en 1950 y 1951, pero en 1952 retomó las vallas, con la intención de ganar el oro olímpico en 1952. Ese año Dillard, que había corrido en 13,7, se encontró con un gran rival, su compatriota Jack Davis (1930 – 2012), con una mejor marca personal de 13,7. Resultó derrotado por Dillard en las pruebas de selección olímpica, 14,0 por 14,1. En la final olímpica de Helsinki el resultado de los dos primeros fue el mismo. A ambos se les atribuyó oficialmente un tiempo de 13,7, si bien los tiempos electrónicos fueron 13,91 y 14,00. Dillard, haciendo la segunda posta, repitió oro en el relevo 4 x 100 m, haciéndose con su cuarta medalla olímpica de oro.

Aún intentó Dillard, con 33 años, acudir a sus terceros Juegos Olímpicos, pero no superó la criba de las pruebas de selección, donde se impuso Jack Davis y segundo fue el campeón olímpico de las dos siguientes ediciones Lee Calhoun (1933-1989). Tras su retirada vendió seguros, tuvo un programa de radio, escribió para la prensa y, tras haber dejado los Indians, trabajó en la red de escuelas públicas de Cleveland 27 años. Murió el 15 de noviembre de 2019.

Kenenisa Bekele, la vuelta de un mito

El etíope Kenenisa Bekele (Bekoji, Arsi Zone, 13 de junio de 1982) es para muchos el mejor corredor de fondo de siempre. Su enorme calidad le ha permitido imponer su ley en el campo a través, en sala, en la pista al aire libre y, a pesar de los problemas físicos en los últimos años, en la carretera. Tras haberlo ganado todo en el campo y en la pista, tras los Juegos de Londres en 2012, decidió dedicar sus esfuerzos al maratón, donde esperaba un gran rendimiento. Pero el cuerpo del etíope, tras tantos años en la élite, no le ha permitido mantener la continuidad necesaria para la carrera más larga. Comenzó en la prueba con una victoria en París en 2014 en 2h05:40. Su objetivo era, sin duda, convertirse en el primer atleta en poseer simultáneamente las plusmarcas mundiales de 5000 y 10 000 m y maratón. Sin embargo, las continuas lesiones no le permitían entrenar con continuidad. Aun así, en 2016 realizó en Berlín 2h03:03, a 4 segundos de la plusmarca mundial, que entonces tenía el keniano Dennis Kipruto Kimetto (1984) en 2h02:57. Sin embargo, su trayectoria posterior hizo pensar que el etíope había llegado a su techo. En 2017 y 2018 tan solo pudo teminar dos maratones. Fue 2º en Londres en 2017 con 2h05:57 y 6º en el mismo lugar un año después con 2h08:53, a más de 4 minutos del ganador, el keniano Eliud Kipchoge (1984). Bekele, no obstante, demostró una vez más que se le había descartado prematuramente. El 29 de septiembre pasado, en plena celebración de los Campeonatos del Mundo en Qatar, conseguía una brillante victoria en Berlín con 2h01:41, a tan solo 2 segundos de la plusmarca mundial de Kipchoge.

Bekele comenzó a destacar muy joven. Fue subcampeón del mundo juvenil (sub18) de 3000 m en 1999 y repitió metal al año siguiente en el Campeonato Mundial Junior (sub20) en 5000 m. En 2001, aún siendo junior, fue subcampeón mundial absoluto de campo a través en la modalidad de carrera corta, que se disputó de 1998 a 2006, además de hacerse con el oro en su categoría. De 2002 a 2006, el etíope se mostró absolutamente intratable en el mundial de campo a través, que entonces era anual. Ganó 5 veces consecutivas la carrera corta y la carrera larga. En 2008, cuando ya no se disputaba la modalidad corta, ganó su 11º oro mundial individual de campo a través.

Al aire libre inició su exitosa carrera en 2003, en el Mundial de París, donde se proclamó campeón del mundo de 10 000 m. Como había decidido doblar con la distancia más corta, había una gran expectación para ver el duelo entre la nueva estrella etíope y el rey del medio fondo, el marroquí Hicham El Guerrouj (1974). En una carrera rapidísima, que se decidió en la última recta, saltó la sorpresa cuando un desconocido keniano de 18 años, llamado Eluid Kipchoge, se impuso a los dos favoritos, con El Guerrouj plata y Bekele bronce.

Bekele se preparó a conciencia el año siguiente para ser doble campeón olímpico. El 31 de mayo superaba su primera plusmarca mundial al aire libre, aún vigente, al correr los 5000 m en 12:37,35. Unos días después hacía lo mismo en los 10 000 m, al correr el 8 de junio en 26:20,31. En los Juegos de Atenas se hizo con el oro en la distancia más larga, pero en una carrera lenta de 5000 m no tuvo opción ante un motivadísimo El Guerrouj, que venía de ganar el oro en los 1500 m. Bekele fue segundo.

En la siguiente olimpiada hasta los Juegos de 2008, Bekele demostró absoluta superioridad en los 10 000 m. Renovó su título mundial en 2005 y 2007 y mejoró hasta 27:17,53 su propia plusmarca mundial en 2005. No tomó parte en los 5000 m en ninguno de estos dos mundiales. En 2006 hizo una incursión en pista cubierta y fue campeón del mundo de 3000 m. En los Juegos de Pekín de 2008 era el único favorito para ganar los dos oros de fondo en pista y no defraudó. Se hizo con la victoria en ambas pruebas con sendas plusmarcas olímpicas. En el caso de los 5000 m con una progresión de carrera sorprendente. Corrió los tres últimos kilómetros en 7:35,57, el último 2000 en 4:56,97 y el último 1000 en 2:25,30, con 53,87 en el 400 final.

Bekele repitió el doble oro en 2009 en el Mundial de Berlín, convirtiéndose en el primer atleta con conseguirlo en estos campeonatos. A partir de 2010, sin embargo, la racha victoriosa del etíope se vio afectada por continuos problemas físicos. Ese año solo pudo ser cuarto en el Mundial de Campo a Través y se perdió toda la temporada al aire libre. En 2011 abandonó en el 10 000 del Mundial al aire libre y en los Juegos de Londres 2012 se quedaba fuera del podio de los 10 000 m, al ser 4º.

A partir de la temporada de 2013, Bekele dejaba la pista y comenzaba su carrera en pos de la plusmarca mundial de maratón. Sin embargo, su periplo maratoniano ha resultado muy irregular debido a sus continuos problemas físicos. Desde 2014, el etíope ha corrido 11 maratones, de los que ha terminado 7. Ganó en tres ocasiones. En dos de ellas, ambas en Berlín, en 2016 y en 2019 se quedó respectivamente a 6 y 2 segundos de la plusmarca mundial. Sus 2h01:41 han situado a Bekele, al menos cronométricamente, a la altura de Eliud Kipchoge y le han permitido demostrarse a sí mismo que si está en buenas condiciones físicas es capaz de llegar aun más lejos en el maratón. Será interesente ver lo que sucederá en el año olímpico de 2020. ¿Podrá Bekele superar la plusmarca mundial de maratón y hacer historia teniendo a la vez los tres topes universales de las pruebas olímpicas de fondo? ¿Acudirá en buena forma a los Juegos Olímpicos a disputar el oro a Kipchoge? El retorno de Bekele puede hacer aun más apasionante la prueba de maratón que, sin duda, disfruta del mejor momento de su larga historia.

Las zapatillas de la discordia

El artículo 143.2 del Reglamento Internacional de la IAAF (Federación Internacional de Asociaciones Atléticas) dice lo siguiente Los atletas pueden competir con pies descalzos o con calzado en uno o los dos pies. El propósito de las zapatillas para competición es proporcionar protección y estabilidad a los pies y una firme adherencia sobre el suelo. Tales zapatillas, sin embargo, no deben estar construidas de tal modo que proporcionen a los atletas una ayuda o ventaja injusta. Cualquier tipo de zapatilla usado debe estar razonablemente al alcance de todos en el espíritu de la universalidad del atletismo. El término ayuda o ventaja injusta resulta demasiado ambiguo. Probablemente el espíritu de la norma, cuando se redactó, fuese que la zapatilla protegiese el pie, y poco más. Si así fuese, el artículo se ha quedado completamente obsoleto. Nadie puede imaginarse a Usain Bolt (1986) haciendo 9,58 con las zapatillas que usó Jesse Owens (1913-1980) en los Juegos de Berlín de 1936 (fig 1).

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Figura 1. Zapatillas Adidas utilizadas por Jesse Owens en 1936. Fuente http://www.cordonsnegres.com/el-paso-por-alemania-de-jesse-owens/

 

El pasado fin de semana la ruptura, extraoficial, de la barrera de las 2 horas en 42 195 m por parte de Eliud Kipchoge (1984) y la estratosférica mejor marca mundial, con liebres masculinas, de maratón femenino, 2h14:04, por parte de Brigid Kosgei (1994), retomaron la polémica del calzado deportivo. Kipchoge corrió con un prototipo de Nike llamado Alphafly y Kosgei lo hizo con las Nike Vaporfly Next%. Estas zapatillas son las que últimamente llevan los atletas con las mejores marcas de maratón tanto en categoría masculina como femenina.

En un magnífico artículo, cuya lectura recomiendo encarecidamente, Jónatan Simón, experto en calzado deportivo, hace un detallado análisis técnico de las Nike Vaporfly Next% y de los modelos que la han precedido, tanto de la misma multinacional Nike como de otras marcas comerciales. Simón explica que el fundamento en la innovación del calzado deportivo de cualquier marca es optimizar la energía del pie en la carrera, de manera que no se pierda en movilizar articulaciones innecesarias. Con las Vaporfly Next% parece que se optimiza el 87% de la energía invertida. Se dice que además evitan lesiones, con lo que se puede entrenar más. En cuanto a las Alphafly parece que podría proveer al atleta con energía extra procedente de las propiedades elásticas de la zapatilla.

En un añadido al artículo 143.2 se especifica Cuando se facilite evidencia a la IAAF de que un tipo de zapatilla usado en competición no se ajusta al Reglamento o al espíritu del mismo, puede someter la zapatilla a estudio y si hay incumplimiento puede prohibir que tales zapatillas sean usadas en competición. En estos momentos la IAAF ha nombrado una comisión que decidirá si las zapatillas en cuestión cumplen la norma y si la norma es adecuada a los tiempos.

Hay al menos dos precedentes en los que la IAAF declaró no reglamentarias unas zapatillas. En 1957 el ruso, entonces soviético, Yuri Stepanov (1932-1957) conseguía romper el monopolio estadounidense en las plusmarcas mundiales de salto de altura, elevándose a 2,16 m. Pronto se comprobó que calzaba una zapatilla en su pie de batida, el izquierdo, con un alza de 5 cm. La IAAF prohibió al año siguiente este calzado limitando el alza a 13 mm. Stepanov, no obstante, conservó su plusmarca mundial, dado que en el momento en que la consiguió su calzado no era antirreglamentario. No le duró mucho, sin embargo, pues en una magnífica racha en 1960, el estadounidense John Thomas (1941-2013) mejoró tres veces el primado universal hasta 2,22 m.

Once años más tarde de la polémica del salto de altura, surgió otra con la velocidad. En septiembre de 1968 se celebraban las pruebas de selección olímpica en Estados Unidos. En Echo Summit, a 2250 m de altitud, en plena Sierra Nevada californiana, se había construido una pista de tartán para emular las condiciones de México, donde se celebrarían los Juegos. El 12 de septiembre tenía lugar la final de 200 m. El favorito John Carlos (1945) conseguía unos impresionantes 19,92 (19,7). Dos días después, Lee Evans (1947) ganaba la final de 400 m con unos no menos sorprendentes 44,06 (44,1). Las plusmarcas mundiales que correspondían a ambos registros no se homologaron, sin embargo, pues ambos atletas calzaban un modelo de Puma con 68 pequeños clavos que la IAAF no autorizó, alegando que tantos clavos dañarían las pistas (fig 2).

Puma john Carlos
Figura 2. La zapatilla de John Carlos y Lee Evans en Echo Summit. Fuente https://www.puma-catchup.com/the-forbidden-shoe/

No obstante, es probable que, más que las zapatillas, hubiesen influido más el material sintético, la altitud y la enorme calidad de los protagonistas. Un mes después, en los Juegos, Tommie Smith (1944), segundo en Echo Summit con 20,18 (20,0), protagonizaba la famosa final de 200 m ganado el oro con 19,83. Dos días después Evans mejoraba la plusmarca mundial de 400 m hasta 43,86.

 

No cabe duda que vivir el momento, en muchas ocasiones, nos dificulta ver la realidad con perspectiva. Se ha generado una enorme polémica con las zapatillas Vaporfly Next% y otra aun mayor con las Alphafly, a las que ya se han motejado como las zapatillas muelle. Pero el atletismo nunca ha sido ajeno a las polémicas. En su momento el profesionalismo se consideró una afrenta al deporte y los pagos, que existían bajo cuerda, una infracción tan grave que la correspondiente sanción terminó con las carreras de grandes atletas. A Paavo Nurmi (1897-1973) se le impidió disputar el oro olímpico en el maratón de 1932, a Gunder Hägg (1918-2004) y Arne Andersson (1917-2009) tomar parte en sus primeros Juegos Olímpicos, en Londres 1948, a Wes Santee (1932 – 2010) consolidar su carrera como mediofondista de élite… Hoy, sin embargo, la queja es lo mal pagado que está el atletismo. También en su momento se consideró que las liebres eran una ayuda ilícita. Hoy no nos imaginamos las carreras de las reuniones sin liebres. Incluso se llegó a cuestionar el estilo Fosbury en el salto de altura,

La tecnología ha ayudado a mejorar el rendimiento desde los inicios del deporte. El material sintético de las pistas de atletismo ha permitido correr más rápido, las colchonetas en los saltos verticales han permitido saltar más alto. Sin duda, el salto de pértiga es la modalidad que más se ha beneficiado del desarrollo tecnológico pasando de la madera, al bambú, al aluminio, a la fibra de vidrio y a la fibra de carbono. ¿Alguien se imagina qué sería de la prueba si solo se hubiese permitido el bambú? Y si miramos a otros deportes, en el tenis o en el ciclismo las raquetas y las bicicletas eran inicialmente de madera. Este papel decisivo de la tecnología se constata muy bien, porque se hace cronométricamente, en la plusmarca de la hora, donde las bicicletas son cada vez más ligeras y aerodinámicas.

Se han comparado las ventajas de estas nuevas zapatillas con la Fórmula Uno y se ha argumentado que su autorización convertiría el atletismo en algo parecido a las carreras de coches. La comparación no parece adecuada. En la Fórmula Uno corre el coche, en la carrera el atleta. En la Fórmula Uno el coche es fundamental, y el piloto el encargado de sacarle el mayor rendimiento, en la carrera el atleta es fundamental y las zapatillas ayudan a mejorar el rendimiento. En la Fórmula Uno los pilotos tiene acceso únicamente a los coches de su escudería, en la carrera el acceso al material deportivo es universal entre la élite.

La pelota está en el tejado de la IAAF, pero tome la decisión que tome, incluso si autoriza las Alphafly, el atletismo seguirá siendo atletismo, como la pértiga siguió siendo pértiga cuando se abandonó el bambú.

 

 

Y la barrera de las dos horas se superó… extraoficialmente

Tras las emociones del magnífico, en cuanto a rendimiento deportivo, Mundial de Qatar y la excepcional marca en maratón de Kenenisa Bekele (1982) en Berlín, a 2 segundos de la plusmarca mundial, hoy, 12 de octubre de 2019, día de la Hispanidad, el maratoniano keniano Eliud Kipchoge (1984) se ha convertido en el primer ser humano en correr 42 195 m en menos de 2 horas. No es un maratón, no cumple las condiciones del reglamento de la IAAF para serlo, pero no deja de ser una enorme hazaña.

Durante los años que estuvo activo, el jamaicano Usain Bolt (1986) fue sin duda el icono del atletismo mundial. Como cualquier deporte, el atletismo necesita imágenes que lo promocionen. Desgraciadamente siempre está presente la espada de Damocles del consumo de sustancias ilegales, como lo prueba la reciente suspensión del entrenador del Nike Oregon Project Alberto Salazar (1958). Desde la retirada de Bolt, probablemente Kipchoge, atleta carismático e inteligente, sea la imagen del atletismo actual.

Los 1h59:40 del atleta keniano, suponen una media de 2:50,16, cada kilómetro, o 28:20,64 en 10 Km, una marca de un atleta de élite de 10 000 m en los años 60. Este año en España solamente dos atletas han superado este tiempo en la pista.  En el parque de El Prater, en Viena, con una temperatura y humedad ideales, una magnífica puesta en escena y un público entusiasta, Kipchoge ha demostrado que en un futuro no muy lejano en una carrera oficial se romperá oficialmente esta mítica barrera, pero el día de hoy ya quedará para la historia. Como el propio protagonista agradecía, superar el reto no habría sido posible sin las liebres, 41 liebres de élite, entre las que se encontraban los hermanos Ingebrigtsen, el etíope Selemon Barega, el campeón olímpico de 1500 m Mark Centrowitz o el mítico Bernat Lagat, que lo acompañaron hasta el último tramo de la carrera

Kipchoge había comparado el reto con la llegada a la Luna del ser humano. Una exageración, sin duda, pero en su momento, en 1954, se comparó la barrera de los 4 minutos en la milla con la entonces reciente coronación del Everest. Hoy día hay muchos atletas que corren la milla en menos de 4′ y escaladores que coronan el Everest. Quizá en el futuro ir a la Luna o correr un maratón (este no lo ha sido) en menos de 2 horas se conviertan en rutina. Hoy ambos logros siguen siendo una hazaña.

El keniano ha ido un paso más allá para apuntalar su condición de mejor maratoniano de la historia. Tan solo el etíope Abebe Bikila (1931-1973) tuvo un rendimiento comparable. Campeón olímpico y plusmarquista mundial oficial con 2h01:39, Kipchoge ha disputado 12 maratones oficiales, de los que ganó 11 y fue segundo en uno. Sin embargo, el registro de Berlín de Bekele, de 2h01:41 podría amenazar su hegemonía. Si el etíope esquiva los problemas físicos y ambos deciden correr en los Juegos de Tokio, podríamos ver el mejor maratón de la historia.

La competición de El Prater ha generado entre no pocos aficionados, técnicos y periodistas un sorprendente rechazo, en algunos casos entrando en la condición de desprecio. Se han leído opiniones en las que poco menos se decía que esto era algo ilegal. Se ha criticado que era un montaje publicitario, que solo se hacía para ganar dinero. He de señalar que me he quedado absolutamente sorprendido con estas opiniones, sobre todo porque la mayoría han venido de personas con conocimiento atlético fuera de toda duda. El reto del 1h59 no es, evidentemente, oficial, pero en ningún caso es ilegal. Tal vez vemos tantas ilegalidades en este deporte que ya no diferenciamos el límite. Por otro lado, que se reprueben los patrocinadores parece un absoluto contrasentido. Cuando el atletismo era oficialmenta amateur y estaba fuertemente sancionado el profesionalismo encubierto, el clamor general era que el atletismo se tenía que profesionalizar y la única manera de que eso se pudiese dar era, como finalmente ocurrió, con patrocinadores. Y aunque hoy sea difícil de asumir, cuando se empezaron a utilizar liebres en las carreras de las reuniones atléticas hubo un enconado debate sobre su posible ilegalidad.

Este es un momento histórico que todos los aficionados al atletismo debemos disfrutar. Hoy los periódicos no hablarán de tramas oscuras de tráfico de sustancias ilegales, sino de la hazaña de un excepcional atleta que sabe promocionar este deporte como ninguno con su calidad, con su actitud y con su saber estar. Hoy estamos todos de enhorabuena. No dejemos pasar esta oportunidad.

Adrián Ben, un rapaz de Viveiro

Viveiro es una villa marinera de unos 15 000 habitantes bañada por las aguas del Cantábrico en la Marina Lucense. Dista 100 Km de Lugo capital. En esta bella localidad nació el 4 de agosto de 1998 Adrián Ben Montenegro, y fue aquí donde se inició en el atletismo con 15 años. En toda la provincia solamente hay una pista, en Lugo, por lo que el joven Adrián tenía que desplazarse dos o tres días por semana a la capital para poder entrenar en el material sintético. El tiempo de viaje es de hora y cuarto. Afortunadamente pudo contar con el apoyo de sus padres y con la dirección técnica del hacedor del atletismo en Lugo, el Dr Mariano Castiñeira Vilaseca. Mariano Castiñeira, nacido en Pontevedra el 19 de octubre comenzó a practicar atletismo en el grupo de Mariano García Verdugo en su ciudad natal. Estudió Medicina en Santiago. Inicialmente se estableció en A Pontenova (Lugo), como médico de atención primaria, donde siguió su carrera como atleta y empezó la de entrenador. Posteriormente se desplazó a Lugo, donde trabajó como traumatólogo, especialidad en la que se había formado en La Coruña, primero en el Hospital de San José y después en el Hospital General (Lucus Augusti en la actualidad), con especial atención a la Traumatología del deporte, hasta su jubilación en 2011.  Innumerables atletas gallegos consultaron a este sabio galeno, cuya labor como entrenador fue fundamental para los éxitos de Jesús González Margaride Tito (1967), al que una grave enfermedad apartó del atletismo, María Abel (1974) o Alessandra Aguilar (1978).

De la mano de Mariano, Adrián Ben comenzó, en categoría sub18, practicando la prueba de los 2000 metros con obstáculos. Su compañero de entrenamiento de entonces era Miguel González Carballada (1998), hijo de Tito Margaride. No le fue mal a Ben la prueba de obstáculos. Fue 5º en el Encuentro Europeo de la Juventud en 2014 y 6º en el Campeonato del Mundo Juvenil en 2015 año en que también fue campeón de España de la categoría. Sin embargo, no continuó en los obstáculos y a partir de 2016 se centró en los 1500 m. Ese año tomó parte en el kilómetro y medio del Mundial sub20, aunque no pudo clasificarse para la final. Previamente se había impuesto en el campeonato de España sub20 de la distancia

En 2017 dejó su Viveiro natal y se trasladó a Madrid, para estudiar Fisioterapia. En Madrid comenzó a entrenar con el antiguo obstaculista Arturo Martín (1967). La temporada resultó excelente para él. Renovó su título de campeón de España de su categoría y fue bronce en el Europeo sub20, en una lentísima carrera de 1500 m. Dedicándole algo más de atención a los 800 m, se fue a 1:48,00 en esta distancia y a 3:40,72 en el kilómetro y medio.

Continuó mejorando en 2018. Mejoró su marca de 1500 m a 3:39,40, tiempo que le valió para ir al Campeonato de Europa Absoluto al aire libre, donde no entró en la final. También mejoró en 800 m hasta 1:46,94. En 2019, después de haber participado en el Europeo en sala y haber corrido los 5000 m en 13:45,42, el objetivo era el oro en el Europeo sub23 al aire libre, que se celebraría en la localidad sueca de Gävle del 11 al 14 de julio. El primer día de la competición tenían lugar las semifinales de 1500 m, a las que Ben acudía tras haberse hecho con el oro en el campeonato de España de la categoría y de haber corrido en 3:40,94 unas semanas antes. Parecían un trámite pero se encontró con una semifinal trampa. Pasaban a la final los 4 primeros de cada una de las dos semifinales y 4 tiempos. No se entiende muy bien primar los tiempos cuando el número de finalistas es divisible por el número de semifinales. Es dar ventaja a los de la última serie. El caso es que Ben fue 5º en la primera semifinal a 0,17 del primero y a 0,04 del 4º. Y sucedió lo que suele ocurrir en estos casos, que los 4 atletas que se clasificaron por tiempos fueron los de la segunda semifinal.

Resulta complicado sobreponerse anímicamente a un golpe como este. Sin embargo, se ve que Adrián Ben supo canalizar positivamente toda su frustración. Seis días después, el 17 de julio, en la reunión de Barcelona, pulverizaba su plusmarca personal de 800 m con 1:45,78, entonces mejor marca española del año y mínima para el Campeonato del Mundo al aire libre que tendría lugar a finales de septiembre. Este sorprendente registro probablemente hizo que Martín cambiase la planificación de su pupilo. Y a tenor de los resultados acertó de pleno. El 23 de julio Ben mejoraba su registro en 1500 m con 3:37,87, pero el objetivo habían pasado a ser los 800 m. Fue segundo en el campeonato de España en las dos vueltas y acudió a Doha con la idea de hacer un buen papel.

En la capital de Qatar se disputarían 3 rondas. La final parecía muy complicada. Los 1:45,78 de Ben era la 61ª marca de la temporada. Comenzó su participación el 28 de septiembre en la primera ronda eliminatoria. Corrió como un veterano y pasó a la semifinal por puestos al ser segundo en su serie con 1:46,12. Al día siguiente se presentó en la primera de las tres semifinales. Entraban los dos primeros de cada serie y los dos mejores tiempos. El registro de Ben era el más lento de los 24 participantes, pero esta circunstancia no tuvo nada que ver en su actuación. En un nuevo alarde táctico, entró 4º en una semifinal rapidísima ganada en 1:43,96, con una nueva plusmarca personal de 1:44,97, que finalmente le valió para colarse en la final y hacer historia. Tan solo el cántabro Tomás de Teresa (1968) había conseguido entrar en la final de un campeonato de ámbito mundial.

La final tuvo lugar el 1 de octubre. Nuevamente el gallego tenía la peor marca. El ritmo fue rapidísimo, con un primer 400 en 48,99. Ben pasó 8º en 51,26, pero en ningún momento le perdió la cara a la carrera ni bajó los brazos. Sabía que el suyo era el ritmo bueno y que habría atletas que acusarían el esfuerzo, como así fue. Mantuvo la última posición hasta la recta final, trayecto en el que fue capaz de pasar al 6º puesto con 1:45,58, su segundo mejor registro de siempre.

La actuación de Adrián Ben en Doha ha sido sorprendente. Ha demostrado una madurez y un saber competir que, sin duda, le seguirán dando éxitos en el futuro. El atletismo español va a estar muy pendiente de él a partir de ahora. Se ha revelado como un excelente mediofondista. Y este es un buen momento para recordar la labor imprescindible de su entrenador, Arturo Martín, que supo modificar la planificación y que llegase en su mejor momento en el mejor momento. Y, por supuesto, no hay que olvidar a un personaje clave para Adrián Ben. No hay que olvidar a Mariano Castiñeira, ni tampoco a los padres de Adrián que supieron fomentar la vocación de su hijo, llevándolo a las pistas en unas circunstancias nada fáciles.

Nos queda la duda (bendita duda) de si Adrián Ben se centrará más en los 800 m, en los 1500 m o en ambas distancias. Pero eso lo resolverá él con su entrenador. Con 21 años, tiene mucho tiempo para correr mucho (más) en cualquiera de las dos pruebas.

¡Larga vida a Chuso!

Todo lo que se invierte en deporte la sociedad te lo devuelve con creces ya que se mejora la salud de la población, no se hace un uso desmesurado de los servicios sanitarios y se fomenta la integración y el afán de superación (1).

En esta afirmación de Jesús Ángel García Bragado probablemente está la clave de la motivación que encuentra un hombre de 50 años para seguir entrenando cada día y para competir entre los mejores del mundo. Resulta muy complicado buscar un calificativo que realmente pueda definir su 8º puesto en el Campeonato del Mundo de 50 Km marcha, a menos de tres semanas para entrar en la cincuentena. Bragado ha competido en 13 campeonatos del mundo y en 7 Juegos Olímpicos. Su plaza de finalista en el Mundial lo clasifican automáticamente para los que pueden ser sus octavos Juegos Olímpicos. La palabra excepcional adquiere aquí su pleno significado. En la historia del atletismo solamente hay dos precedentes parecidos, ambos en los Juegos Olímpicos. En el maratón de 1936, el canadiense, nacido británico, Percy Wyer (1884-1965) fue 30º a la edad de 52 años y 199 días. Dieciséis años después, en 1952, el estadounidense John Deni (1903-1978) tomó parte en los 50 Km marcha olímpicos con 49 años y 74 días, aunque no llegó a la meta.

Jesús Ángel García Bragado, Chuso, nació en Madrid el 17 de octubre de 1969. Su primera competición internacional fue la Universiada de 1991, donde se hizo con la 5ª plaza en los 20 Km marcha. Su relación con la prueba más corta de marcha fue efímera y en 1992, ya en la distancia más larga, ocupó la 10ª plaza en los Juegos Olímpicos, justo detrás de un veterano catalán de 42 años llamado José Marín (1950). La transición a los 50 Km marcha había resultado exitosa. Ese año registró 3h48:24. Al año siguiente se disputaba el Mundial de Stuttgart. Bragado llegó a Alemania con la segunda mejor marca de ese año, 3h48:06. La lista la encabezaba otro español, el catalán de Viladecans Valentí Massana (1970) con 3h46:11. Massana se decidió por los 20 Km marcha del Mundial y ganó el oro. Bragado, ante marchadores mucho más experimentados que él, decidió a partir del segundo kilómetro hacer su carrera. Cuarenta y ocho kilómetros más tarde se presentaba en solitario en el estadio para hacerse con el oro en 3h41:41, su mejor marca, la mejor del mundo ese año.

Con 24 años, una edad muy temprana para un marchador de élite, Bragado conseguía en mayor éxito de su carrera en valor absoluto. Sin embargo, sin duda, lo más meritorio del madrileño, casi inédito en el panorama atlético mundial, ha sido su número imposible de participaciones en grandes campeonatos. Tras la victoria de Stuttgart ha tomado parte en otros 12 Mundiales. Tan solo se perdió el de 2017 por lesión. Se hizo con el subcampeonato en 1997, 2001 y en 2009, con casi 40 años. Además del 8º puesto de ayer, fue 5º en 1991, 6º en 2003, 9º en 2017 y 12º en 2013. Resultó descalificado en 2005, 2007 y 2011 y abandonó en 1999.

En las 7 ediciones de los Juegos Olímpicos en que tomó parte nunca fue medallista, si bien consiguió notables clasificaciones. Además del 10º puesto de 1992, abandonó en 1996, en 2000 ocupó la 12ª plaza, fue 5º en 2004, 4º en 2008, 19º en 2012 y 20º en 2016.

En cuanto al Campeonato de Europa, sus mejores actuaciones tuvieron lugar en 2006 en que se hizo con la plata, y en 2002, en que ganó el bronce. En 1994 fue 4º, resultó descalificado en 1998, fue 5º en 2010 y 8º en 2014. En 2018 abandonó.

Fue además primero en la Copa de Europa de Marcha en 1996, 2000 y 2001 y primero en la Copa del Mundo de Marcha en 1997, prueba en la que hizo su mejor registro de siempre, 3h39:54

El logro del 8º puesto mundialista, con dos prótesis de cadera, es consecuencia de la motivación, de la devoción a un deporte, de la perseverancia, de la disciplina, del sacrificio pero, sin duda, también de la experiencia. Sabedor de las difíciles condiciones climáticas de la prueba, comenzó a un ritmo muy lento. A la altura del km 10 iba 31º. Fue progresando durante toda la competición hasta llegar entre los finalistas.

Residente desde hace varios años en la localidad barcelonesa de San Adrián de Besós, donde tuvo responsabilidades políticas municipales, Bragado es podólogo de profesión. Tiene a Montserrat Pastor como entrenadora. Será sin duda un placer ver a este descomunal atleta participar el año que viene en sus octavos juegos olímpicos. Chuso es todo un ejemplo de dedicación y devoción al deporte que lo apasiona. Una excelente referencia para todos.

¡Larga vida a Chuso!

(1) http://euskizofrenia.blogspot.com/2017/12/el-unico-atleta-heptaolimpico-chuso.html