María Vicente y el gen hipercompetitivo

Talento, capacidad de entrenamiento, incluyendo la voluntad de hacerlo, y mentalidad ganadora son la combinación para lograr en éxito en el deporte, y tal vez en cualquier actividad. Este jueves y viernes hemos visto mucho de estas tres y de qué manera la heptatleta española María Vicente es capaz de crecerse ante las dificultades en una competición con unas rivales cualificadísimas, que también dieron lo mejor de sí. El heptatlón del campeonato de Europa sub20 fue una competición llena de alternativas, con un altísimo nivel, y con un desenlace a la altura de una combinada magnífica.

María Vicente García nació en Hospitalet de Llobregat el 26 de marzo de 2001. De niña practicó ballet, pero cuando tenía 11 años, su madre, María José Vicente, entrenadora de atletismo, vio las cualidades de su hija y consiguió que la niña probase y se quedase con este deporte. Su inmenso talento le permitió destacar en varias modalidades e ir coleccionando mejores marcas españolas en categorías inferiores. Tanta versatilidad acabó llevándola a las pruebas combinadas, donde ha iniciado una brillante carrera que  ya está dando enormes alegrías al atletismo español.

En 2017 iniciaba su brillante periplo internacional, en el Campeonato del Mundo sub18, competición que ya no se volverá a celebrar, en la prueba de heptatlón. María se hizo con el oro, con su mejor marca entonces, 5612 puntos. Realizó plusmarcas personales en 4 de las 7 pruebas. Unos días después ganaba, con 13,72 m, el triple salto del Festival Olímpico de la Juventud Europea, en la ciudad húngara de Györ.

A Györ volvió al año siguiente a disputar el Campeonato de Europa sub18. En esta ocasión, además de la combinada, competiría en el triple salto. María dio un recital de cómo se afrontan las competiciones y de cómo es capaz de crecerse en las peores condiciones. En el heptatlón no dio opción. Se hizo con el oro con la mejor marca mundial de siempre de la categoría, 6221 puntos casi 600 puntos más que la segunda clasificada, y mejorando en 6 de las 7 pruebas.

En triple salto, sin embargo, no lo tenía tan fácil, con el añadido del cansancio acumulado de la combinada. La española tenía, con 13,76 m, la segunda mejor marca de las participantes, muy alejada, sin embargo, de los 14,00 m de la búlgara Aleksandra Natcheva (2001). María, con un primer salto de 13,84 m, mejor marca personal, lideró la prueba hasta el sexto salto de Natcheva, que se fue a 13,88 m. A la española le quedaba una oportunidad. Tendría que mejorar su plusmarca personal para hacerse con el oro. Y ahí salió su gen hipercompetitivo. Se fue a 13.95 m y se proclamó campeona de Europa. Tan solo unos día después, la búlgara, con 14,18 m, ganaba el campeonato mundial sub20.

 

El siguiente objetivo eran los Juegos Olímpicos de la Juventud, que tendrían lugar en Buenos Aires, en octubre. En el medio, en el mes de agosto, María tomó parte de su primera competición en categoría absoluta, el campeonato de Europa de triple salto, donde registró 13,50 m. En Buenos Aires, Natcheva lograba resarcirse de su derrota en Györ en triple salto. Batió a la española, que fue 2ª, con un resultado combinado de 13,76 + 13,67, en una competición que constaba de 2 rondas de 4 intentos cada una.

La temporada 2019 se inició para María con una nueva competición en categoría absoluta, el Campeonato de Europa en Pista Cubierta. Acudió a la combinada de pentatlón tras haberse hecho con la plusmarca española absoluta, 4412 puntos, unos días antes. No consiguió mejorar, pero tuvo una buena actuación, 9º con 4363 puntos. Una gran puesta a punto para la temporada al aire libre, en la que estrenaba competición, con mayor altura de las vallas y mayor peso de los artefactos de lanzamiento. Comenzó la temporada en la localidad austríaca de Götzis, el 25 y 26 de mayo. El objetivo era acercarse a la plusmarca española absoluta de Carmen Ramos (1998), 5905 puntos, y se quedó muy cerca, en 5900 puntos. La propia Carmen Ramos, recién salida de una lesión, ayudó a María, en una demostración de amistad y deportividad, a intentar superar el tope nacional tirando de ella en los 800 m. El atletismo tiene estas cosas.

El gran objetivo de María Vicente para esta temporada era el Campeonato de Europa sub20. A priori no parecía, como finalmente sucedió, un objetivo fácil. Varias mujeres, magníficas heptatletas, eran candidatas al oro, entre ellas la española, quien también aspiraba a la plusmarca española y a los 6000 puntos. La competición resultó sobresaliente. Durante 2 días cuatro mujeres pelearon a brazo partido por el oro, cada una de ellas sacando lo mejor de sí misma y de las otras tres. Los 5900 puntos de María eran la segunda mejor marca de los participantes. Por delante tenía a la suiza Annik Källin (2000) con 5952 puntos e inmediatamente por detrás a la irlandesa Kate O’Connor (2000) con 5881 puntos. En cuarto lugar, con 5722 puntos estaba la británica Holly Mills (2000). La igualdad de las marcas previas se tradujo en una cerradísima competición que solo pudo decidirse al final.

Las cosas empezaron bastante bien para María en los 100 metros con vallas, 2ª con 13,68 y 1024 puntos, 32 puntos por detrás de Mills, 19 por delante de Källin y 30 por delante de O’Connor, mejor lanzadora que vallista. En el salto de altura, la española hizo 1,72 m, 3 cm menos que Källin y 8 menos que O’Connor. Mills seguía liderando la clasificación con una gran ventaja, 2011 puntos con Källin 1921, Vicente 1903 y O’Connor 1885. María mejoró en peso su marca con 11,96 m, pero caía hasta la 5ª posición a 79 puntos de O’Connor, quien con 2640 puntos lideraba ahora la competición. Quedaba el 200 para cerrar el primer día, una de las pruebas fuertes de la española, cuya situación no era la ideal. Y como las situaciones complejas la estimulan, María dio un golpe de autoridad ganando la carrera con 23,76, su mejor marca de siempre, 0,29 más rápido que la británica, 0,89 mejor que la suiza y 1,06 menos que la irlandesa, y se puso en cabeza de la competición con 3565 puntos por delante de Mills, 3563, O’Connor 3543 y Källin 3503.

María estaba 55 puntos por encima del día de su mejor marca pero, pese a liderar la combinada, le quedaban dos pruebas, el lanzamiento de jabalina y los 800 m, que favorecían a la suiza y a la irlandesa, si bien ella era superior en el salto de longitud.

Y comenzó el segundo día con la longitud. La española fue segunda, con 5 cm menos que Mills, 6,30 m. Källin hizo 6,16 m y O’Connor 5,73 m. Mills retomaba la primera posición con 4506 puntos, por delante de María, 4492. En el lanzamiento de jabalina, tanto Källin, como sobre todo O’Connor eran muy superiores a la española, que las aventajaba en ese momento en 87 y 181 puntos respectivamente.

El salto de jabalina se dividió en dos grupos. María y Mills lanzarían en el primero. La británica se descolgaba de la lucha por las medallas con un lanzamiento de 32,73 m, mientras la española mejoraba 5 metros su mejor marca hasta 44,19 m. Sus rivales lanzarían en el segundo grupo. Se esperaba que, aunque la superasen como era previsible, la renta de María fuese suficiente para mantener la primera posición y disputar cómodamente el 800. Pero tanto la irlandesa como la suiza estaban decididas a ganar el oro. O’Connor se fue hasta unos magníficos 52,92 m en su primer lanzamiento, su mejor marca personal, mientras Källin se superó dos veces con 46,09 y 48,15 m. A falta de los 800 m, 15 puntos separaban a las 3 primeras, Källin 5243, Vicente 5240 y O’Connor 5228.

Sobre el papel, la española tenía la peor baza, pues su mejor 800 de 2:22,99 resultaba ampliamente superado por los 2:17,38 de la suiza y los 2:15,87 (2:17,22i este año) de la irlandesa. Pero María es de esas escasas deportistas que muestran su mejor versión cuanto más difícil se le ponen las cosas. En un alarde de talento y de esfuerzo realizó su mejor 800 de siempre con 2:16,29, por delante de O’Connor, 2;16,98 y de Källin, 2:19,81, consiguiendo una brillante medalla de oro, con nueva plusmarca española absoluta, 6115 puntos. La irlandesa fue plata con 6093 puntos y la suiza bronce con 6069 puntos, para ambas su mejor marca personal. La británica Mills, cuarta con 5802 puntos, también hizo su mejor marca.

Vídeo resumen de Eurosport de la prueba

Los 6115 puntos de María Vicente constituyen la 27º marca mundial absoluta de esta temporada y la 23º marca sub20 europea de todos los tiempos. Aunque su potencial es enorme, María ya es más que una promesa, pues se ha convertido en la mejor heptatleta española de siempre. Se trata de una mujer que reúne todas las condiciones de una deportista de alto nivel, sobre todo ese gen hipercompetitivo que la hace superarse en las peores circunstancias. Su lenguaje corporal transmite tranquilidad, motivación y unas enormes ganas de disfrutar del atletismo. Y está en buenas manos, las de su madre, María José Vicente, y las de su entrenador Fernando Martínez Esteban. Estos dos días, hemos visto una excepcional competición y a una excepcional atleta, de las que atraen aficionados al atletismo. Habrá muchos más días así. Enhorabuena a María y a todo su equipo y muchas gracias por habernos hecho disfrutar.

 

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Grandes de los obstáculos en España (III)

Tras muchos años de irrelevancia, la presencia de obstaculistas españoles se había convertido en una constante en las finales de los grandes campeonatos. Tanto Luis Miguel Martín Berlanas (1972) como Eliseo Martín (1973) se habían quedado en más de una ocasión cerca del podio de una complicadísima prueba, dominada por kenianos y, en menor medida, magrebíes. En 2003, se presentaba una nueva ocasión con motivo del Campeonato del Mundo que se celebraría en París. Eliseo Martín llegaba a la capital de Francia con una mejor marca ese año de 8:13,38, mientras Berlanas había corrido en 8:18,02. Habría un tercer español en la competición, el catalán de Lloret de Mar José Luis Blanco (1975), que esa temporada se había ido a 8:13,86.

El 23 de agosto se corrieron las tres series semifinales. Entrarían en la final los 4 primeros y 3 tiempos de repesca. Los tres españoles se clasificaron por puestos. Blanco fue 3º en la primera semifinal con 8:18,76, Eliseo Martín fue 3º en una disputada segunda semifinal con 8:22,54, y Berlanas se impuso en la tercera semifinal con 8:19,09. La final, tres días después, resultó una carrera rápida y muy disputada, donde los españoles desempeñaron un papel protagonista. El qatarí Khamis Abdullah Saifeldin (1976), siguiendo los intereses de su compatriota  Saif Saaeed Shaheennacido keniano como Stephen Cherono en 1982, imprimió un ritmo rápido desde el primer kilómetro, que cruzó Shaheen en 2:36,24, con su hermano el keniano Abraham Cherono (1980) segundo a cierta distancia y Berlanas en un pequeño grupo unos metros más atrás. Eliseo Martín y Blanco estaban algo más rezagados. A mitad de carrera la pista estaba ocupada por un rosario de corredores, con Shaheen primero destacado, mientras Ezekiel Kemboi (1982) era ahora segundo por delante de su compatriota Cherono. Berlanas se encontraba, junto con el marroquí Ali Ezzinne (1978) a unos 12 metros de Cherono, con Eliseo Martín unos 8 metros por detrás. Shaheen daba paso al 2º kilómetro en 5:19,58, justo en el momento en que Kemboi lo alcanzaba. Berlanas era en ese momento 4º, a unos 8 segundos de la cabeza, con Eliseo Martín muy cerca. A falta de 600 m los españoles se colocaban 3º y 4º respectivamente, tras sobrepasar a Cherono, y ya muy próximos a la cabeza. Al comenzar la última vuelta ambos peleaban por alcanzar la cabeza de la prueba. En la contrarrecta Shaheen pasaba de nuevo a la cabeza y conseguía irse con Kemboi, mientras Eliseo Martín lograba descolgar a Berlanas. En una última recta plena de emoción Shaheen se hacía con el oro en 8:04,39, por delante de Kemboi, 8:05,11, que ganaba la primera de sus siete medallas mundialistas en la prueba. Unos metros más atrás Eliseo Martín, con su mejor marca de 8:09,09, se convertía en el primer y hasta ahora único español en ganar una medalla, de bronce, en un campeonato de ámbito mundial. Por detrás, Berlanas, tras haber peleado por el podio, llegaba 6º y Blanco era 8º.

La época dorada de los obstáculos en España conseguía, por fin, una medalla en un Mundial, con los tres españoles entre los ocho primeros. En París, la prueba alcanzaba su culmen, aunque aún quedaría otra gran actuación en otra gran final, los Juegos Olímpicos de 2004. Berlanas llegó a Atenas con una mejor marca de 8:13,55 y Eliseo Martín 8:18,30. El tercer español en esta ocasión sería el sevillano, campeón de Europa dos años antes, Antonio David Jiménez Pentinel (1977), que esa temporada había registrado 8:14,30. Berlanas se mostró en buena forma, entrando en la final por puestos, mientras los otros dos españoles lo hacían por tiempos. Ausente Shaheen de la competición por problemas administrativos relacionados con su cambio de nacionalidad, los tres kenianos, encabezados por Kemboi, coparon el podio. El tiempo del ganador fue 8:05,81. En una nueva gran actuación, siempre con su encomiable espíritu de lucha, aunque sin opción de medalla en la última vuelta, Berlanas fue 5º con 8:11,64, mientras Eliseo Martín ocupaba la 9ª posición con 8:15,77 y Pentinel era 14º con 8:22,63.

Atenas fue la última gran actuación de los Martín. Berlanas aún fue 11º en el Mundial de 2005. Siguió disputando los obstáculos hasta 2007. En la actualidad sigue compitiendo el duatlón. Es entrenador de atletismo y fue responsable de la Sección de Fondo de la Real Federación Española de Atletismo. Por su parte, Eliseo Martín fue 7º en el Mundial de 2007, 11º en el de 2009 y 7º en el Europeo de 2010. Continúa compitiendo con 45 años. El año pasado corrió los 3000 m lisos en 8:43,35.

La edad de oro de los obstáculos en España tuvo, no obstante, su lado oscuro. Uno de los atletas destacados de esta época había sido el sevillano Pentinel. Pentinel sorprendió en el Europeo de 2002 cuando se hizo con el oro por delante del plusmarquista continental, el neerlandés Simon Vroemen (1969) y de Berlanas. El año anterior había sido 6º en el Mundial, puesto que repitió en 2005. En el Europeo de 2006 fue 5º. Su buen historial quedó envuelto en la sombra de una duda cuando en 2014 se descubrió que estaba en posesión de sustancias ilegales, por lo que recibió una sanción de tres años, como ya se indico en la anterior entrada.

Otro de los atletas de aquel momento, José Luis Blanco, 8º en el Mundial de 2003 y subcampeón de Europa en 2006, también resultó suspendido tras dar positivo para sustancias prohibidas en el Europeo de 2010, después de haber llegado en 3ª posición.

En los últimos campeonatos mundiales de obstáculos, la única presencia española fue la de otro catalán de Lloret de Mar, Ángel Mullera (1984), 11º en 2013. Mullera fue bronce en el Europeo de 2014, tras la descalificación del ganador, el francés Mahiedine Mekhissi-Benabbad (1985) por haberse quitado la camiseta antes de llegar a la meta. Dos años antes, en 2012, el madrileño Víctor García (1985) había sido bronce en la competición continental. En el Europeo de 2016, el jienense Sebastián Martos (1989) ocupó la 4ª posición. En el último Europeo, el de 2018, el madrileño Fernando Carro (1992) fue segundo, detrás de Mekhissi, que se hacía con su cuarto entorchado continental en obstáculos (podían haber sido 5).

Carro, cuya mejor marca hasta el año pasado era de 8:19,30, ha dado esta temporada un enorme salto de calidad. De la mano de su entrenador Arturo Martín (1967), un antiguo corredor de obstáculos, corrió en Roma el 6 de junio en 8:15,73 y el 12 de julio en Montecarlo sorprendió con unos magníficos 8:05,69, tiempo que superaba la anterior plusmarca española, en poder de Berlanas desde 2002 con 8:07,44. El tiempo de Carro es la 4ª marca mundial del año y la 4ª europea de todos los tiempos. Aunque aún queda mucho tiempo para el Mundial, con esta actuación, el madrileño tiene una gran oportunidad para alcanzar un puesto de finalista en Doha, algo que no consigue un atleta español desde 2007.

 

Grandes de los obstáculos en España (II)

La temporada de 1998 supuso un punto de inflexión en la prueba de 3000 m obstáculos en España y el inicio de una fructífera edad dorada. España no colocaba un finalista en un gran campeonato desde el 6º puesto de Domingo Ramón (1958) en la final olímpica de 1984. Javier Rodríguez Olmos (1974) había sido 12º en la final del Mundial de 1995. La final del Europeo de ese año vio cómo los tres españoles entraban entre los 8 primeros, Luis Miguel Martín (1972), 4º, Ramiro Morán (1969), 6º, y Eliseo Martín (1973), 7º. Poco después, Morán, conseguía por primera vez desde 1984, que un español corriese por debajo de 8:20,00, al registrar 8:17,49.

Las lesiones no permitieron progresar a Morán, pero para los dos Martín el Europeo de 1998 fue el inicio de una época llena de éxitos, en la que ambos se enfrentaron a los invencibles atletas africanos que dominaban, ya desde hacía años, la prueba de los obstáculos. Luis Miguel Martín Berlanas (Madrid, 11 de enero de 1972) comenzó corriendo 1500 m, distancia en la que fue 12º en el Campeonato del Mundo Junior (sub20) de 1990. Sin embargo, en 1997, con 25 años, su mejor marca de 3:39,07 estaba muy alejada de las mejores españolas. Tomó, junto con su entrenador, la decisión de cambiarse a los 3000 m obstáculos, decisión que se mostró completamente acertada con su 4º puesto en el Europeo del año siguiente. Su tiempo de 8:20,54 era en aquel momento la 4º mejor marca española de siempre.

Eliseo Martín Omenat (Monzón, Huesca, 5 de noviembre de 1973) también probó otras distancias antes de los obstáculos. Fue 7º en los 10 000 m del Campeonato del Mundo Junior (sub20) de 1992. Poco después se centró en los obstáculos, pero a la altura de 1997 parecía estancado en la barrera de los 8:30,00. La cosas cambiaron en 1998 con su 7º puesto en el Europeo y con una mejoría en su marca personal hasta 8:25,92.

Las perspectivas para 1999 en la prueba eran muy alentadoras y se materializaron muy pronto. El 28 de mayo, en el estadio de la Cartuja, en el Gran Premio de Sevilla, la plusmarca española de Domingo Ramón de 8:15,74 desde los Juegos de Moscú no pudo cumplir 19 años. En una excelente carrera, Berlanas se hacía con la victoria con 8:11,18, mientras Eliseo Martín era 4º con 8:13,59. Con estas credenciales se presentaron en el mismo estadio a finales de agosto, con la intención de convertirse en finalistas en el Campeonato del Mundo de la distancia de obstáculos. La organización decidió que se celebrarían tres series semifinales, de las que incomprensiblemente pasarían los dos primeros de cada una y 6 tiempos. Berlanas fue 3º en la segunda semifinal con 8:17,75, a la postre el 7º mejor tiempo de la repesca y se quedó fuera de la final. Eliseo Martín ocupó la 4ª posición en la 3ª semifinal y fue el último tiempo clasificado con 8:16,56. En la prueba definitiva, de un altísimo nivel,  el aragonés hizo una carrera muy inteligente, siempre en posiciones secundarias hasta el final en que remontó hasta la 6ª posición, con 8:16,09. El keniano Christopher Kosgei (1974) fue el vencedor con 8:11,76.

El siguiente reto eran los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, que tendrían lugar a finales de septiembre. En agosto, Berlanas volvía a mejorar su plusmarca española, con unos excelente 8:09,77, mientras Eliseo Martín acudió a los Juegos con 8:13,63, prácticamente su marca personal. Esta vez los dos españoles pasaron a la final por puestos al ocupar la 4ª posición en sus respectivas series. Pasaban los 4 primeros de cada una de las tres semifinales y tres tiempos. La final fue una carrera llena de emociones en la que los dos españoles compitieron de tú a tú con los africanos. Se pasaron los 2 Km lentos en 5:43,91, con los dos Martín siempre en las posiciones delanteras. A falta de poco más de 200 m Berlanas se colocó 2º y entro 3º en la recta final, pero finalmente tuvo que ceder ante el impulso africano. Fue 5º, con 8:22,75 a 0,60 del bronce. Eliseo Martín llegó un puesto más atrás con 8:23,00. El oro fue para el keniano Reuben Kosgei (1979) con 8:21,43.

En cualquier caso el resultado de los españoles fue magnífico, en un terreno ya entonces casi vedado a los kenianos y, en menor medida, a los marroquíes. En los Juegos Olímpicos hubo un tercer español, el catalán Marc Cepeda (1974), que ese año había corrido en 8:14,74.

En 2001 tendría lugar en Edmonton (Canadá) una nueva edición de los Campeonatos del Mundo al aire libre. Esta vez Eliseo Martín no estaba en tan buena forma como el año anterior y, aunque llegó a la final, fue 12º. Quien se superó a sí mismo fue Berlanas, subiendo un peldaño más. Esta vez ocupó la 4ª posición, con 8:18,57, si bien no tuvo opción de disputar las medallas. El vencedor fue, como en Sídney, Reuben Kosgei con 8:15,16. Hubo otro español en la final, el sevillano Antonio David Jiménez Pentinel (1977), que ese año había corrido en 8:11,70, y fue 6º con 8:19,82. Pentinel fue campeón de Europa al año siguiente, 6º en el Mundial de 2005 y 5º en el Europeo de 2006, siempre en obstáculos. Su historia no tiene, sin embargo, final feliz. En 2014 se le detuvo por posesión de sustancias ilegales y recibió una sanción de 3 años.

Berlanas continuó con su buena costumbre de mejorar la plusmarca española y unos días después del Mundial se fue a 8:08,74. El siguiente gran campeonato sería el Europeo de 2002. Los españoles tenían como rival más fuerte al neerlandés Simon Vroemen (1969), plusmarquista europeo con 8:06,91. En una carrera lenta, resuelta en la última recta, Pentinel se hizo con el oro, por delante de Vroemen y de Berlanas, mientras Eliseo Martín era 5º.

Tras el campeonato, por cuarto año consecutivo, y último, Berlanas superaba su tope nacional con 8:07,44, a 0,53 de la plusmarca europea. Aguardaba un nuevo Campeonato del Mundo en 2003, y allí tendría lugar el mejor resultado de la historia conseguido por un obstaculista español.

Grandes de los obstáculos en España (I)

Los 8:15,73 en 3000 m obstáculos realizados por el madrileño Fernando Carro (1992) el pasado 6 de julio en Roma constituyen la mejor marca española desde 2012. Desde entonces nadie había conseguido bajar de 8:16,00.  La prueba de los 3000 m obstáculos ha dado grandes alegrías al atletismo español, y también alguna que otra decepción. Fue en esta prueba en la que España colocó su primer finalista olímpico en atletismo de la historia. En la final de los Juegos de Londres de 1948, el catalán de Sant Boi Constantino Miranda (1925 – 1999) conseguía entrar en la 8ª posición. Miranda tal vez podría haber mejorado si no se hubiese parado a ayudar al finlandés Pentii Siltalopi (1917 – 2002), 5º finalmente, que se había caído en uno de los pasos de la ría. La delegación finlandesa felicitó calurosamente al español. La mejor marca de Miranda, 9:22,0 en 1946, había sido la 10ª de ese año.

Tras Miranda, la distancia decayó notablemente en España. Tanto fue así que cuando el vigués Manuel Augusto Alonso (1930 – 2016) se convirtió en el primer español que corrió por debajo de 9:00,0, su marca de 8:56,2 no fue suficiente para que alcanzase la final del Europeo al aire libre de 1958. En ese mismo Europeo se hizo también con la plusmarca española de 5000 m con 14:18,0, asimismo insuficientes para pasar de ronda. Alonso llegaría a correr los obstáculos en 8:48,6 en 1961. Su sucesor como plusmarquista español fue otro vigués, Javier Álvarez Salgado (1943) que en los primeros años de su carrera atlética se centró más en esta prueba. En 1965 marcó 8:46,0. Al año siguiente, en su pista talismán de Riazor se proclamó campeón mundial militar, logro que en su momento tuvo una gran repercusión mediática en España, con 8:38,4. En el mismo estadio coruñés realizó en 1968 sus dos últimos topes nacionales 8:37,6 y 8:36,4, en ambas superando al palentino Mariano Haro (1940), entonces también más focalizado en esta prueba, que realizó 8:39,8 y 8:37,2. Ambos fueron olímpicos en México. Haro resultó descalificado en su serie y Salgado fue 10º en la final. Ese año fueron 17º y 21º del mundo.

El salmantino Vicente Egido (1947) igualó y posteriormente superó a Salgado en 1973 con 8:32,6. Al año siguiente otro de los grandes obstaculistas españoles realizó su primera plusmarca nacional. El valenciano Antonio Campos (1951) recortó una décimas a Egido con 8:32,4. Entre 1974 y 1976 superó 6 veces el primado español hasta 8:21,00 (10ª marca mundial al final de ese año) en vísperas de los Juegos Olímpicos de 1976. En Montreal, Campos tuvo una excelente actuación. Accedió a la final, tras ser 4º en su serie con 8:24,53. En la final , después de encabezar el primer kilómetro, acabó 8º con 8:22,65, en una vibrante carrera en la que el duelo entre el sueco Anders Garderud (1946) y el polaco con nombre de antropólogo Bronislaw Malinowsky (1951) acabó con plusmarca mundial del primero en 8:08,02.

Campos no volvió a tener una temporada como la de 1976, pero ya en 1977 se estaba gestando el relevo. En el Campeonato de Europa Junior (sub20) de ese año, el alicantino Domingo Ramón Menargues (1958) y el granadino Francisco Paco Sánchez Vargas (1958) mostraron su gran calidad al ocupar la 2ª y la 4ª plaza en los 2000 m obstáculos (no se disputó el 3000 hasta 1987). En los siguientes Juegos Olímpicos, los de 1980, Vargas se convirtió en el primer español sub20, al realizar 8:18,96 en la primera semifinal de los obstáculos. Su 4ª posición le sirvió para clasificarse para la final, donde también estaría Ramón, 2º en la segunda semifinal, con 8:21,94, mejor marca personal. La final fue una locura, con el antiguo plusmarquista mundial de 1500 m, el tanzano Filbert Bayi (1953) corriendo a lo Bayi. Finalmente su esfuerzo no fue suficiente para derrotar a Malinowsky, que lo relegó a la segunda posición. Los dos españoles tuvieron una magnífica actuación, con Ramón 4º, 8:15,74, nueva plusmarca española, y Vargas 5º, 8:17,93.

Tenían ambos 22 años, con lo que el futuro se les presentaba esplendoroso. Sin embargo, las lesiones se cebaron con ellos, especialmente con el granadino. Este mejoró su plusmarca personal hasta 8:16,59 en 1983, año en que se impuso en la reunión de Zúrich, y corrió varias veces por debajo de 8:20,00, pero no volvió a disputar una final de un gran campeonato. Ramón, pese a que no mejoró marca, sí pudo arreglárselas para seguir rindiendo a un gran nivel. En el Campeonato de Europa al aire libre de 1982, en una final de gran calidad fue bronce, con 8:20,48, detrás del alemán Patrick Ilg (1957) y del polaco Boguslaw Maminski (1955).

Ramón fue 10º al año siguiente en el primer Campeonato del Mundo al aire libre, en una temporada muy difícil. Tampoco fue fácil para él el año olímpico de 1984. Sin embargo en Los Ángeles dio una gran sensación al imponerse en la primera semifinal con 8:19,08, su mejor marca desde los Juegos de Moscú. En la final, tras ocupar puestos secundarios mayor parte de la carrera, terminó con una gran última vuelta, que le permitió ser 6º con 8:17,27. La carrera volvió a resultar muy rápida. El keniano Julius Korir (1960), que no se contaba entre los favoritos, se hizo con el oro en 8:11,80.

Tras su éxito en Los Ángeles, los problemas físicos superaron definitivamente a Ramón. Aún fue capaz de correr en 8:23,26 en 1987, pero su rendimiento ya no fue el mismo. Pese a ello, siguió compitiendo hasta los 47 años, en categoría de veteranos. Otro atleta de gran calidad de aquellos años 80 fue el cordobés Juan Torres (1957), que en 1984 realizó 8:16,25, entonces segunda mejor marca española de siempre.

El declinar de los obstaculistas españoles nacidos en la segunda mitad de los 50 sumió a la prueba en una profunda crisis. Hasta 1998 no hubo otro atleta español que corriese por debajo de 8:20,00. En 1995 pareció abrirse una luz con Javier Rodríguez Olmos Chuvieco (1974). Sexto en la prueba de 1500 m del mundial junior de 1992 y subcampeón al año siguiente en el Europeo de la categoría, decidió en 1995 probar con los obstáculos. Sorprendió en el Campeonato del Mundo al aire libre al clasificarse para la final con unos excelentes 8:20,89. Con 21 años, parecía que podría tener una gran proyección, pero los problemas físicos cortaron su progresión.

La travesía en el desierto terminó en 1998, cuando el zamorano Ramiro Morán (1969) corrió la prueba en 8:17,49. Morán había ocupado unos días antes la 6ª posición en el Campeonato de Europa al aire libre. En los años posteriores, no tuvo mucho más recorrido, pero en esa competición le acompañaron en la final dos atletas que compartían apellido y se convertirían en los mejores obstaculistas españoles, el madrileño Luis Miguel Martín Berlanas (1972), 4º con 8:20,64, y el aragonés de Monzón, Eliseo Martín (1972), 7º. En los años siguientes, darían muchas alegrías al atletismo español.

 

Jesús España y el genuino 5000 español

El primer corredor español de 5000 m de talla internacional fue el vigués Javier Álvarez Salgado (1943). Salgado superó su primera plusmarca española de la prueba en 1966, con 13:53,0 y la llevó hasta 13:28,4, en 1971, 4ª mejor marca mundial de ese año. Ese año había sido 5º en el Europeo al aire libre. Vio, literalmente, pues tomaba parte en la carrera, cómo el palentino Mariano Haro (1940), más centrado en los 10 000 m, lo superaba y mejoraba su plusmarca con 13:26,03 (13:26,0) en 1972. Salgado contraatacó unos días después, pero se quedó a 0,4 del registro de Haro, con mejor marca personal. El alcarreño Fernando Cerrada (1954), en 1977, sucedió a Haro en la lista de plusmarquistas con 13:24,31. En 1981 mejoró hasta 13:23,58. Las dos siguientes plusmarcas fueron para dos corredores que no se dedicaron a los 5000 m. El segoviano Antonio Prieto (1958), corredor de 10 000 m y de campo a través, registró 13:18,53 en 1983. Posteriormente el mediofondista toledano José Luis González (1957) rebajó el tope español a 13:15,90 en 1985 y a 13:12,34 en 1987.

En los años 90, con un buen grupo de corredores, el 5000 español experimentó una notable mejoría. En 1992, el soriano Abel Antón (1961) se convertía con su 8º puesto en la final olímpica de Barcelona en el primer finalista olímpico en la prueba. También fue el primer medallista en un Europeo al aire libre, bronce en 1994. Dos años después, en los Juegos de Atlanta, el granadino Enrique Molina (1968) subía un peldaño más al ser 7º en la final. Poco después se hacía con la plusmarca española, al correr en 13:11,05. La perdió a manos del riojano Anacleto Jiménez (1967), que realizó 13:08,30. Un mes después el granadino contraatacó y consiguió recuperarla con 13:07,34. Ese mismo año fue 8º en el Mundial de 5000 m al aire libre. En esta misma prueba, en el campeonato de Europa al aire libre de 1998 hubo doblete español con el oro del palentino Isaac Viciosa (1969) y la plata del jienense Manuel Pancorbo (1966). El 10º de esa competición fue el madrileño Alberto García (1970), que esa misma temporada se había hecho con el primado español al correr en 13:04,64. García se convertiría en el mejor corredor europeo del momento. Fue campeón continental al aire libre en 2002. El año anterior había mejorado a 13:02,54 y había ocupado la 4ª posición en el Mundial al aire libre. En el invierno de 2003 estaba en tan buena forma que fue capaz de superar un sábado por la tarde en Sevilla la plusmarca europea de 3000 m en sala y el domingo por la mañana ser el primero en Bilbao en el campeonato nacional de campo a través por clubes. Desgraciadamente, poco después se supo que recibía ayudas ilegales. En mayo de ese año se descubrió que había consumido eritropoyetina, por lo que recibió una suspensión  de 2 años. Igual destino corrió su sucesor como plusmarquista español Alemayehu Bezabeh (1986), de origen etíope. Corrió en 2010 en 12:57,25. En 2012 recibió una suspensión de 2 años por dopaje sanguíneo.

En este contexto complicado surgió la figura de Jesús España Cobo (Madrid, 21 de agosto de 1978). España comenzó en el atletismo a los 17 años en la prueba de los 1500 m, distancia en la que fue 9º en el Eurojunior de 1997. No destacó especialmente en sus primeros años, pero una notable capacidad de trabajo, junto con una gran resistencia a los problemas físicos, le permitieron progresar durante una carrera deportiva que se prorrogó por más de 20 años. El punto de inflexión en su carrera fue el año 2002, cuando llegó su primer éxito, en el Europeo de pista cubierta, donde cerró el triplete español con la medalla de bronce. Al aire libre, tras varias temporadas intentándolo, bajó de largo por primera vez de 3:40,00, corriendo en 3:36,53 en 1500. Ese año, sin embargo, ya había decidido convertirse en corredor de 5000 m. Hizo una mejor marca de 13:22,66. En el continental, al aire libre, ocupó el puesto 11º en 5000 m. La pista cubierta siguió dándosele bien y en 2003 fue 4º en el Mundial de 3000 m.  En 2005 ya corría en 13:15,44. Al año siguiente consiguió su mayor éxito al proclamarse campeón de Europa de 5000 m, venciendo a un joven Mo Farah (1983). En una carrera lenta, Farah atacó a falta de 1 Km. España se mantuvo detrás del británico, hasta que lo superó en la última recta con 13:44,0, por 13:44,79. El burgalés Juan Carlos Higuero (1978), tras un gran final, se hizo con el bronce en 13:46,48.

En 2007 se hizo con su segundo bronce europeo bajo techo en 3000 m. Al aire libre fue 7º en el Mundial de 5000 m. En 2008 fue 14º en la final olímpica. En 2009 consiguió su tercer y último bronce europeo en sala en 3000 m y fue 10º en el Mundial de 5000 m. Ese año llevó su marca personal a 13:10,73. En 2010 volvió a enfrentarse a Mo Farah en la final del Europeo al aire libre de 5000. Para entonces el británico ya se había convertido en un corredor de élite que corría por debajo de 13 minutos. Batió a España, que fue 2º con cierta facilidad, 13:31,18 frente a 13:33,12.

En 2011, con 33 años, España realizó su mejor marca de siempre, con unos excelentes 13:04,73. Ese año fue 12º en el Mundial de 5000 m. A partir del año siguiente, los problemas físicos, que hasta entonces lo habían respetado, comenzaron a impedirle prepararse adecuadamente. Pudo recuperarse, no obstante, para pasarse al maratón. En 2016 registró 2h11:58, lo que le permitió ser olímpico. Siguió compitiendo hasta su retirada, el año pasado, con un 6º puesto en el maratón del Campeonato de Europa.

Jesús España es un atleta cuya mejor marca en 5000 m probablemente debería figurar como plusmarca española. Durante su longeva trayectoria deportiva se labró fama de atleta serio, trabajador y discreto, lo que le granjeó un gran respeto y admiración por parte de los compañeros y del público. Consiguió sus logros sin recurrir a atajos porque, como bien dice el Nuevo Testamento, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo si pierde su alma?

La revista Atletismo Español

Aunque hoy nos hemos acostumbrado a obtener la información que necesitamos fácil e instantáneamente, en la época preInternet este acceso era generalmente bastante complicado, y mucho más para campos como el atletismo. Algunos periódicos deportivos, como Marca o Mundo Deportivo, dedicaban cierto espacio al atletismo. Gracias a ello nos podíamos enterar de los resultados del campeonato de España o de la reunión de Zúrich. Pero, sin duda, nuestra mejor fuente era la revista, editada por la propia Federación Española de Atletismo (RFEA), Atletismo Español. Descubrí su existencia en septiembre de 1984. Durante la celebración de un cuadrangular internacional, en el estadio de la Universidad de Santiago de Compostela, se vendían ejemplares atrasados de la revista. Me había comprado tres que, al llegar a casa, devoré con avidez. Llevaba menos año y  medio practicando atletismo, pero me había enganchado completamente. Tenía especial interés por la historia de este deporte, por los atletas del pasado. Me desilusioné, sin embargo, cuando me di cuenta de, como se dejaba bien claro en la publicación, no se vendía en los kioskos de Santiago. Para conseguirla había que suscribirse y conseguir financiación en casa era una tarea casi imposible. Dos meses después, me llevé una grata sorpresa al ver en el kiosko que había debajo de mi casa esta portada:

José Manuel Abascal lidera la final olímpica de 1500 m de 1984. AE septiembre octubre 1984

Qué fotografía tan magnífica con José Manuel Abascal liderando la final olímpica de 1500 m de 1984. No tardó mucho tiempo en llegar a mis manos. Era la revista con los resultados y un profundo análisis de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Más que leerla, me la estudié. A partir de entonces, la revista Atletismo Español se vendía también en Santiago. Y creo que no falté a mi cita con ella en los 29 años siguientes. Durante todo ese tiempo hubo muchos colaboradores de la revista, pero recuerdo especialmente a mi buen amigo Ignacio Romo, con sus magníficos artículos sobre el medio fondo, en la época dorada de los 80, a Carlos Toro, con su estilo pulcro y literario, y, posteriormente, a otro gran entusiasta del medio fondo de los 80, Juan Manuel Botella, con quien tiempo después tuve la suerte de compartir interminables tertulias atléticas. También recuerdo  la Miscelánea de Alfonso Posada. Yo entonces no lo sabía, pero esa sección había nacido en los años 50 y se prolongó hasta los 90.

La revista Atletismo Español tuvo una vida azarosa, siempre ajustada de presupuesto. Su primer número vio la luz el mes de marzo de 1951. Se trataba, a decir de la propia revista, de un boletín  de 16 páginas. Su primera portada resulta hoy día sorprendente, pues no la ocupaba ningún atleta sino un militar, el septuagenario general José Moscardó, entonces Presidente del Comité Olímpico Español. Eran, evidentemente, otros tiempos.

Primer número de la revista Atletismo Español, con el General Moscardó en la portada

Esta primera época de la revista tuvo un recorrido muy corto, pues tan solo vieron la luz 5 números, publicados mensualmente, el último en septiembre de ese año. El Boletín de la Federación, sin embargo, volvió en noviembre de 1955, con el mismo formato y una portada normal, del campeonato de España de campo a través que entonces se celebraba en otoño. Curiosamente, este número contiene un artículo titulado Males del atletismo español, firmado por José Corominas, un tema recurrente durante muchos años.

La revista, pese a todas las dificultades, pudo consolidarse y ya no volvió a tener interrupciones en su publicación. El número de páginas fue aumentando y, a partir de 1956, tímida e intermitentemente, fue apareciendo el color en las portadas. Precisamente en las portadas en color (o en su falta) y en el número de páginas se manifestaban en la revista las crisis económicas generales, como sucedió en 1975, cuando se redujo drásticamente la cantidad de material impreso y se volvió a la portada en blanco y negro.  El color en las páginas interiores se fue generalizando a partir de los 80.

La revista fue cronista del despegue del atletismo español, desde los años en que lo máximo a lo que podía aspirar un atleta era a participar en los Juegos Olímpicos hasta los oros en todas las grandes competiciones, plusmarcas europeas y alguna mundial en sala o en la carretera.

El número 692, de diciembre de 2019 de la revista Atletismo Español

Con la aparición de Internet, el acceso a la información se multiplicó por infinito. Para muchos, sin embargo, la revista no había perdido su atractivo, pues los resultados de los campeonatos siempre se acompañaban de excelentes crónicas y tampoco faltaban interesantes artículos o entrevistas. Pero la revista acabó sucumbiendo al cambio de paradigma informativo. En febrero de 2013 dejaba de publicarse en papel y pasaba a formato digital, completamente gratuito para los lectores. Desgraciadamente no pudo aguantar el tirón, ni siquiera en formato digital, y tras 61 años de publicación mensual ininterrumpida, Atletismo Español echó el cierre en diciembre de 2016, con el número 692. ¿Habrá una tercera época?

En una gran iniciativa de Gerardo Cebrián, director de la revista de 2011 hasta 2016 (anteriormente había sido subdirector desde 1989), la Federación Española digitalizó pacientemente los casi 700 ejemplares de la revista, una joya para los aficionados al atletismo, que se puede conseguir aquí

http://www.rfea.es/revista/publicaciones.htm

Las cuatro finales olímpicas de 800 m de Johnny Gray (y II)

Sin duda, la final olímpica de Seúl debió resultar muy frustrante a Johnny Gray (1960). A pesar de tener la mejor marca mundial del año, en ningún momento dio la sensación de luchar por las medallas, en una prueba en la que el ritmo alto al que se corrió le favorecía claramente. Pese a este relativo revés, Gray continuó en buena forma en los años siguientes. Así corrió en 1:43,19 en 1989, en 1:43,72 en 1990 y en 1:43,84 en 1991, año en que disputó la final del campeonato del Mundo al aire libre de Tokio, donde fue 6º. El estadounidense trató de imponer un ritmo ligero, pasando el primer giro en 51,01. Se mantuvo en cabeza hasta que faltaban 120 metros y acabó a trompicones en la última recta en 1:45,67, muy lejos del campeón, el keniano Billy Konchellah (1964), 1:43,99. Esta es la única final de ámbito mundial al aire libre de la historia en la que hubo presencia española, con el cántabro Tomás de Teresa (1968).

1992 volvía a ser año olímpico. Gray había conseguido mantenerse entre los mejores del mundo. Seguía corriendo fácilmente por debajo de 1:44,00 y terminaba las temporadas sin grandes problemas físicos que interrumpiesen su preparación. Por tercera vez, volvía a tener la oportunidad de buscar el podio en la final olímpica, un camino nada fácil que empezaba con las pruebas nacionales de selección, que se celebraban en Nueva Orleans. La final de 800 m tuvo lugar el 24 de junio y Gray no dio opción. Se colocó en cabeza desde el inicio, con pases de 24,1, 49, y 1:15,7, y terminó con una nueva plusmarca del campeonato de 1:42,80, que mejoraba en casi 1 s los 1:43,74 que él mismo compartía con Earl Jones (1963) desde hacía 8 años. Aventajó al Mark Everett (1968), segundo, en 0,87.

Everett, que el año anterior había corrido los 400 m en 44,59, pudo resarcirse de su derrota unos días después, el 4 de julio en Oslo, cuando se impuso con 1:43,40, su mejor marca entonces, mientras Gray marcaba 1:43,51. Este no volvió a competir hasta la primera ronda de los 800 m olímpicos, el 1 de agosto en Barcelona. En lugar de 4 rondas, se disputarían 3, con 3 semifinales. A la final pasarían los dos primeros de cada serie y los dos mejores tiempos. Esta fórmula, en la que el azar representa un papel muy importante y con la que claramente los participantes en la última serie tienen una notable ventaja sobre el resto, es la que se ha impuesto desde entonces. Esta vez Gray era el favorito. De todos los participantes, además de él mismo y Everett, tan solo su compatriota José Parilla (1972) y el keniano William Tanui (1964), con 1:43,97 y 1:43,62 respectivamente, habían bajado ese año de 1:44,00. Gray se impuso en su serie eliminatoria del 1 de agosto con 1:46,62 y en su semifinal del día 3 con 1:45,66.  En la final se enfrentaría a Everett, a los kenianos Tanui y Nixon Kiprotich (1962), finalista en la edición anterior, igual que el brasileño José Luis Barbosa (1961). Completaban la lista de participantes el italiano Andrea Benvenutti (1969), el británico Curtis Robb (1972) y el argelino Rea Abdenouz (1968). Gray había anunciado a bombo y platillo que repetiría la táctica de las pruebas de selección de Nueva Orleans, pero le funcionó a medias. Tomó la cabeza desde el principio, con 49,99 en la primera vuelta. Le sobraron los últimos 50 m, en los que resultó sobrepasado por Tanui, que se hacía con el oro en 1;43,66, y Kiprotich, plata con 1:43,70. Gray, con 1:43,97, ganaba su primera y única medalla olímpica.

La medalla de bronce probablemente tuvo un sabor agridulce para Gray. La final olímpica de 1992 parecía bastante asequible para él. Estaba en buena forma y ninguno de los finalistas había corrido tan rápido como él nunca, pero no pudo culminar la carrera como en Nueva Orleans. Tras los Juegos su rendimiento bajó mucho. Fue 7º en Zúrich con 1:45,35 y 2º en Berlín con 1:45,20.

En los años siguientes a los Juegos continuó corriendo regularmente por debajo de 1:44,00. Sus mejores marcas fueron 1:44,03 en 1993, 1:43,73 en 1994 y 1:43,36 en 1995. Sin embargo, su rendimiento en los Campeonatos del Mundo al aire libre no fue acorde con sus registros. No pasó a la final en 1993 y no se clasificó para la competición en 1995. Pero una vez más, los Juegos Olímpicos serían su talismán. Tendrían lugar en Atlanta en julio de 1996. Un mes antes se celebraron en el futuro estadio olímpico, las pruebas de selección. Gray se impuso por tercera vez consecutiva, con mucha autoridad, marcando 1:44,00. Lideró la prueba desde el principio imponiendo su ritmo.

Unos días después mejoró su marca del año hasta 1:43,93. Su objetivo era, una vez más, estar en la final olímpica. Esta vez, había varios atletas que llegaban a los Juegos con mejor tiempo que Gray. El mejor marquista del año era el danés de origen keniano Wilson Kipketer (1972), que poco antes de los Juegos había corrido en 1:42,51. Sin embargo, la IAAF no reconocía el cambio de nacionalidad y no le permitió estar en Atlanta. De los participantes, el poseedor del tiempo más rápido era el noruego Vebjørn Rodal (1972) con 1:42,95. Pese a la ausencia de Kipketer el nivel era altísimo. Como en Barcelona, 4 años antes, había tres rondas con tres semifinales. Gray se impuso en la 5ª serie de la primera ronda cn 1:45,89 y fue segundo en la segunda semifinal con 1:44,00. Con 36 años, Gray se convertía por cuarta vez en finalista olímpico de los 800 m. Un viejo conocido suyo, el brasileño José Luiz Barbosa, también había tomado parte en las últimas 4 ediciones del 800 olímpico pero solo había alcanzado dos finales. Gray decidió correr, una vez más, a lo Gray. Se colocó en cabeza y pasó la primera vuelta en 49,55. Se mantuvo en la primera posición hasta la última recta, que se le hizo eterna. Acabó, como 12 años antes, en 7ª posición con unos buenos 1:44,21. Por delante, 4 atletas superaban la plusmarca olímpica de 1:43,00, en poder de Joaquim Cruz (1963) desde 1984, con victoria de Rodal en 1:42,58. Pero pese al impresionante triunfo del noruego, la pregunta que flotaba en el aire era sobre lo que habría podido hacer Kipketer de haber participado.

Esta vez, Gray lo había dado todo y su 7º puesto, de la forma en que se produjo y con el tiempo conseguido, se puede considerar excelente. Atlanta fueron sus últimos Juegos, como no podía ser de otra manera, pero Gray continuó compitiendo magníficamente otros 4 años más. Realizó 1:44,56 en 1997, 1:45,47 en 1998 y 1:45,38 en 1999, ya con 39 años, tiempo que le valió para imponerse en los Juegos Panamericanos. En 2000, tomó parte en por sexta vez en las pruebas de selección olímpica, aunque no pasó de la primera ronda. En 2001, con 40 años, aún corrió en pista cubierta en 1:48,81.

Desde su retirada, Gray continúa vinculado al atletismo como entrenador, en la actualidad en la Universidad Central de Florida. Como atleta, Gray llevó a cabo el complicado logro de estar en 4 finales olímpicas de la misma prueba, en una carrera tan exigente como los 800 m. Mostró una gran regularidad, con 12 temporadas entre los 5 mejores del año de la distancia, en dos ocasiones el mejor. Hoy no es tan extraño ver atletas rondando la cuarentena rindiendo a gran nivel, pero en los 90, fuera del maratón, era excepcional. Sin duda, un atleta excelente al que le faltó culminar su carrera con un oro olímpico.

Las cuatro finales olímpicas de 800 m de Johnny Gray (I)

Si resulta complicado mantener la forma para tomar parte en cuatro ediciones de los Juegos Olímpicos, más difícil es completar la participación habiendo alcanzado la final de una prueba las cuatro veces consecutivas. En una carrera como la de 800 m, con unas rondas de clasificación exigentísimas, conseguirlo constituye todo un hito. Esto es lo que hizo el estadounidense Johnny Gray (1960), finalista olímpico en la doble vuelta a la pista en 1984, 1988, 1992 y 1996, ya con 36 años.

John Lee Gray Jr nació en Los Ángeles el 19 de julio de 1960. Comenzó a practicar atletismo en 1977 y en 1978 ya corría los 800 m en 1:51,1. Al año siguiente, con 1:49,39, ocupó la 4ª posición en la lista junior (sub20) de ese año en su país. En 1980 mejoró hasta 1:47,06 y consiguió llegar a la final de las pruebas de selección olímpicas, aunque cuando se celebraron ya se sabía que Estados Unidos boicotearía los Juegos de Moscú. Se lesionó, aunque consiguió terminar andando en 3:22,9. Se perdió el resto de temporada y toda la temporada de 1981. Reapareció en 1982, año en que mejoró hasta 1:45,41. En 1983 no se pudo clasificar para el primer campeonato del Mundo al aire libre.

1984 era año olímpico y, lógicamente, el objetivo de Gray era clasificarse, algo que no resultaría nada fácil. La pruebas de selección olímpicas de Estados Unidos pueden llegar a ser más duras que la propia final olímpica. En la prueba de 800 m, 12 años antes, Dave Wottle (1950), que acabaría siendo oro olímpico en Munich, había igualado la plusmarca mundial con 1:44,3. Ese día los 6 primeros habían corrido en menos de 1:46,0 y Jim Ryun (1947), el plusmarquista mundial de las 880 yardas, con 1:45,2 había sido 4º. La final de 800 m de las pruebas de selección de 1984 tuvo lugar el 19 de julio, el día que Gray cumplía 24, tras 3 rondas previas. Los dos grandes favoritos eran los veteranos Don Paige (1956) y James Robinson (1954), acreditados, el año anterior, en 1:44,29 y 1:44,32 respectivamente. Habían sido 1º y 2º en las simbólicas pruebas de selección de 1980. Gray había igualado en el mes de mayo su marca de 1:45,41. La carrera dio un resultado absolutamente sorprendente. Desde el principio, el joven Earl Jones (1964), que nunca había bajado de 1:46,0 se colocó en cabeza. Pasó en 50,0 la primera vuelta, con Robinson en última posición. Jones consiguió mantener la cabeza hasta la meta en un final apretadísimo, en el que Johnny Gray se le echó encima. Metro y medio más atrás Robinson parecía que podría haber alcanzado la 3ª plaza, aunque estaba muy igualado con otro atleta de más de 1:46,0, John Marshall (1963). La marca del ganador era de 1:43,74, nueva plusmarca estadounidense, que superaba los 1:43,91 de Rick Wohlhuter(19). La photo finish dio ganador a Jones, con el mismo tiempo que Gray. Robinson, finalmente, se quedó fuera de los Juegos, en beneficio de Marshall, ambos con 1:43,92, que también era la mejor marca de Robinson. La 5ª posición, ya lejos de los primeros, fue para Don Paige con 1:45,17.

Jones y Gray llegaban a los Juegos con la mejor marca del año, pero su falta de experiencia en la alta competición los hacía algo menos favoritos. La competición se iniciaba el 3 de agosto, con la primera de las 4 rondas. Johnny Gray se impuso en la 6ª serie con 1:47,19. Fue tercero en su serie de cuartos de final, con 1:45,82 y repitió puesto y marca en la segunda semifinal. A tenor de lo visto en las rondas previas, la final del 6 de agosto prometía un duelo entre el brasileño Joaquim Cruz (1963) y el británico Sebastian Coe (1956). Optaban a un bronce muy abierto Jones, Gray y los kenianos Erwin Koech y Billy Konchellah, que habían dado muy buena impresión. A la hora de la verdad, Cruz se mostró intratable y se hizo brillantemente con el oro con plusmarca olímpica y mejor marca personal de 1:43,00. Coe tuvo que luchar por la plata con un magnífico Earl Jones. Gray no hizo una buena carrera. Tras haber doblado la penúltima curva por las calles exteriores, trató de asomarse a la cabeza a falta de 250 m, pero no pudo y se hundió en la cola de la carrera. Acabó 7º con 1:47,89.

Tras los Juegos, Gray, probablemente no demasiado satisfecho con cómo se se había desarrollado la final olímpica dio lo mejor de sí. El 24 de agosto en Bruselas mejoraba la plusmarca estadounidense con 1:43,28, tiempo que igualaba 2 días después en Colonia, detrás de un inabordable Joaquim Cruz, que marcaba 1:41,77, y del keniano, ausente en Los Ángeles, Sammy Koskei (1961), 1:42,28. Finalmente el 29 de agosto en Koblenza se conviertió en el 4º atleta de la historia al registrar 1:42,96. Ese 1984 Gray se demostró a sí mismo que podía correr muy rápido. Le faltaba mejorar la táctica para poder estar delante en la alta competición.

En 1985 no había grandes campeonatos. Gray decidió continuar mejorando en las reuniones del circuito europeo. De vuelta a Koblenza, realizó 1:42,60, muy cerca de Joaquim Cruz, 1:42,49. Estas fueron las mejores marcas del año y la carrera más rápida de Gray de siempre. En 1987 se hizo con el oro en los Juegos Panamericanos, pero no pasó de la primera ronda en el Campeonato del Mundo al aire libre. En el nuevo año olímpico de 1988, las cosas parecían ir mucho mejor para asaltar el podio de los Juegos. Los Juegos se celebrarían en Seúl a finales de septiembre. Las pruebas de selección en Estados Unidos tuvieron lugar muy pronto, del 15 al 23 de julio en Indianápolis. Gray se impuso fácilmente en la final de 800 m, con 1:43,96. El mes anterior ya había corrido en 1:43,70. Siguió mostrando su gran forma en las reuniones de agosto. Corrió en 1:43,10 en Hengelo el 14 de agosto y realizó la mejor marca del año en Zúrich 2 días después, 1:42,65.

La prueba de 800 m de los Juegos de Seúl comenzó el 23 de septiembre. Como en Los Ángeles habría 4 rondas en 4 días. Gray ocupó la primera posición en la 3ª serie de la primera ronda con 1:48,83. Al día siguiente ganó su serie de cuartos de final con 1:45,96, pero sembró dudas en una durísima semifinal, en la que fue 4º con 1:45,06, tan solo 0,06 menos que el 5º. El día de la final Gray no era el favorito. El oro parecía entre al marroquí Said Aouita (1959), que pese a ser plusmarquista mundial de 5000 m se había decidido por el 800 y el 1500,  y Cruz, quien volvía a la alta competición tras un calvario de lesiones. Los dos vencedores de las semifinales, los kenianos Nixon Kiprotich (1962)  y Paul Ereng (1967), no se consideraban candidatos serios a la victoria. La final del 26 de septiembre resultó trepidante, con el brasileño José Luiz Barbosa marcando 49,54 en el primer giro y Ereng superando sorprendentente a Cruz en los últimos metros. tras ir en la cola la mayor parte de la carrera. Gray entró en la 5ª posición, pero en ningún momento tuvo opción de medalla.

Para Johnny Gray Seúl debió resultar frustrante. Pese a haber corrido los dos 800 más rápidos del año, no fue capaz de disputar el podio en la final olímpica. Tal vez pensó que los Juegos se acababan para él, ya que en 1992 tendría 32 años, pero aún le quedaba la mitad de su recorrido olímpico.

Grandes en el Mundial de Campo a Través

El Mundial de Campo a Través, hoy en horas bajas, fue durante años el mayor foco de atención mediática de la temporada atlética invernal. Comenzó su andadura en 1973, como heredero del Cross de las Naciones, competición iniciada por los británicos en 1898 y que acabó convirtiéndose en un campeonato del Mundo oficioso. En los primeros años, la competición masculina estuvo dominada sobre todo por atletas europeos. El atletismo africano estaba representado de forma intermitente por Túnez y Marruecos. En 1981 irrumpieron los atletas de Etiopía y de Kenia. Los primeros fueron protagonistas de esta edición por confundirse en el número de vueltas, pese a lo que se llevaron la plata individual y el oro por equipos, oro que repetirían en las siguientes 4 ediciones. El primer keniano en 1981 ocupó un discreto puesto 26. En 1986 un atleta de este país se hizo por primera vez con el primero de los 16 oros masculinos de esta nación africana. También en 1986 Kenia ganó por primera vez la competición por países. En los años siguientes lo haría otras 15 veces consecutivas, de un total de 22. De hecho desde 1981, el entorchado por países se lo han repartido Kenia y Etiopía.

En 1998, la IAAF tratando de atraer mediofondistas al campeonato del Mundo de Campo a Través, organizó por primera vez, a mayores, una competición de 4 Km, que perduró hasta 2006. Desde 2011 el campeonato ha pasado a anual a bianual. La tiranía africana ha hecho que muchos equipos no africanos hayan perdido interés por esta competición, que antaño tenía un enorme impacto en los medios deportivos.

En categoría masculina, aunque no fue nunca campeón mundial, uno de los primeros atletas sobresalientes fue el español Mariano Haro (1940). El de Becerril del Campo, que ya había sido segundo en la última edición del Cross de las Naciones, fue subcampeón del mundo en 1973, 1974 y 1975, superado respectivamente por el finlandés Pekka Päivärinta (1949), por 1 décima, por el belga Eric de Beck (1951), por 0,8, y por el escocés Ian Stewart (1949), por 1 segundo.

El primer atleta en repetir triunfo fue el irlandés John Treacy (1957) en 1978 y 1979. Treacy compitió con resultados irregulares en los 10 000 m. Le fue mejor en el maratón, distancia en la que fue subcampeón olímpico en 1984.

Al irlandés le sucedió el estadounidense Craig Virgin (1955), campeón en 1980 y 1981, en esta última ocasión favorecido por el error etíope en el recuento de vueltas. La carrera atletica de Virgin fuera del campo a través fue menos exitosa, pese a una gran marca en 10 000 m de 27:29,16.

El etíope Mohamed Kedir (1954), bronce olímpico en 10 000 m en 1980, fue el primer africano en ganar el Mundial de Campo a Través, en 1982, tras ser segundo, pese a su equivocación, el año anterior. Le sucedió al año siguiente su compatriota Bekele Debele (1963), vencedor con el mismo tiempo que el portugués Carlos Lopes (1947). Lopes cortó al año siguiente esta minirracha etíope. El portugués, probablemente el mejor corredor europeo de campo a través de siempre, ya había sido oro en 1976 y se había hecho con su primera plata en 1977. En dos impecables alardes tácticos, se convirtió en el primer tricampeón al imponerse en 1984 y en 1985. Su segundo oro se acompañó en verano de la victoria olímpica en el maratón. Ya había sido subcampeón olímpico de 10 000 m en 1976.

El primer medallista keniano fue Some Muge (1959 – 1997), bronce en 1983. En 1985, Paul Kipkoech (1963-1995), que en 1988 igualaría a Mariano Haro al conseguir su tercer subcampeonato, subió un peldaño más en el podio. El primer oro keniano llegaría de la mano de un desconocido llamado John Ngugi (1962), en 1986, en la localidad suiza de Neuchâtel. Era su primera participación en un Mundial. No obstante, había ganado el potente y elitista campeonato keniano. En la pista acreditaba 3:37,04 en 1500 m y 13:18,99 en 5000 m. Nadie le prestó mucha atención cuando salió del grupo a los 3 Km de carrera y comenzó a irse en solitario. Pese a la pérdida de su enorme ventaja y a la presencia del etíope Abebe Mekonnen (1964), Ngugi conseguía en Suiza el primero de sus cinco títulos mundiales de campo a través. El dominio de Kenia se hizo tan apabullante que en 1988 colocaron a 8 atletas, entre los 9 primeros. Mekonnen impidió el pleno con su 5º puesto. Ngugi ganó de 1986 a 1989 y en 1992, entre la nieve de Boston. En 1988 se hizo con el oro olímpico en 5000 m, con su mejor marca de 13:11,70, corriendo a lo Ngugi. En 10 000 m acreditó 27:11,62 en 1991.

En 1990 y 1991, la victoria fue para el marroquí Khalid Skah (1957), protagonista en 1992 de un oro muy polémico en la final olímpica de 10 000 m, en la que su compatriota doblado Hammou Boutayev (1956) pudo haber realizado alguna maniobra ilegal en favor de Skah. Acreditado en 13:00,54 y 27:14,53, fue bronce en 10 000 m en el Mundial de 1991 y plata en el de 1995.

El sucesor de Ngugi en lo más alto del podio del Mundial de Campo a Través fue su compatriota William Sigei (1969), que ganó en 1993 y 1994. Ese año superó, con 26:52,23, la plusmarca mundial de 10 000 m. La racha keniana continuó con uno de los grandes fondistas de siempre, Paul Tergat (1969). Tergat tuvo un excelente rendimiento en el campo a través, en la pista y en la carretera. En la primera modalidad fue el primer atleta en ganar de forma consecutiva, de 1995 a 1999, 5 campeonatos del mundo. En la pista, su gran rival Haile Gebrselassie (1974), le impidió alcanzar el oro olímpico. Fue plata en 10 000 m en los Juegos de 1996 y 2000, además de plata en la misma distancia en los Mundiales de 1997 y 1999, y bronce en 1995. En 1997 superó la plusmarca mundial de la distancia con 26:27,85. En la carretera fue dos veces campeón del mundo de medio maratón, plusmarquista mundial en esta modalidad con 59:17 y en maratón con 2h04:55.

En 2000 y 2001, un belga, aunque nacido y formado como atleta en Marruecos, Mohammed Mourit (1970) se coronó campeón del Mundo de campo a través. Mourit, que había sido bronce en 5000 m en em Mundial de Sevilla, perdió, sin embargo todo su crédito cuando dio positivo por EPO en 2002.

Como se había señalado, en 1998 comenzó a disputarse la llamada carrera corta, 4 Km, en el Mundial de Campo a Través, con otro título mundial en juego. El keniano John Kibowen (1969) fue el primer campeón y el primero, al ganar también en 2000, en repetir título. En 2001, un etíope junior, que sido oro en la carrera de su categoría, probó en la carrera corta y obtuvo la segunda posición. Kenenisa Bekele (1982) acabaría siendo uno de los mejores corredores de fondo de la historia y, sin duda, el mejor corredor de campo a través de siempre. Bekele ganó la carrera corta en los 5 años siguientes, desde 2002 hasta 2006, último año en que se disputó, y la carrera larga en 6 ocasiones, de 2002 a 2006 y en 2008, totalizando 11 títulos. En la pista sigue siendo el plusmarquista mundial de 5 y 10 Km, con 12:37,35 y 26:17,53. Fue oro en la distancia más larga en los Juegos de 2004 y plata en la más corta. Cuatro años más tarde consiguió el doblete olímpico en ambas pruebas. En el Mundial al aire libre fue oro en 10 000 m en 2002, 2005, 2007, 2009 y en 5000 m este último año, además de oro en 3000 m en el Mundial bajo techo en 2006. En maratón, distancia a la que llegó muy castigado físicamente, realizó 2h03:03 en 2016, segunda mejor marca de entonces.

Desde 2008, el único atleta masculino que ha repetido título es el keniano corredor de maratón Geoffrey Kipsang Kamworor (1992), ganador en las dos últimas ediciones de 2015 y 2017. Kamworor fue plata en el Mundial de 10 000 m en 2015 y ganador del maratón de Nueva York en 2017.

Tras la victoria de Carlos Lopes en 1985, los europeos han ido desapareciendo del Mundial de Campo a Través. Desde entonces, tan solo 4 atletas nacidos en Europa se han subido al podio, el francés Paul Arpin (1960), bronce en 1987, el británico, actual comentarista de Eurosport, Tim Hutchings (1958), plata en 1989, el portugués Paulo Guerra (1970), bronce en 1999, y el ucraniano Serhiy Lebed (1975), plata en 2001. En la última edición hay que irse hasta el puesto 43 para encontrar al primer europeo, el español, nacido en Marruecos, Adel Mechaal (1990). Hay un hilo de esperanza para el futuro en la carrera sub20 que se disputa hoy. El noruego Jakob Ingebritgsen (2000) tiene la oportunidad de convertirse en el primer no africano que se proclama campeón mundial de la categoría desde que el español Pere Casacuberta (1965) lo hiciera en 1984.

Se dice que el campo a través, que correr por el campo y por el monte, es el atletismo más natural. Hace mucho, entonces, que Europa ha renunciado a ser natural.

Carlota Castrejana, un talento multideportivo

Hay deportistas dotados de un talento natural tal que les permite brillar en modalidades deportivas que poco tienen que ver. Ello unido a un muy buena capacidad de entrenamiento, puede dar como resultado ser olímpica en dos deportes diferentes. Esto es lo que le sucedió a Carlota Castrejana, olímpica en baloncesto en 1992, y en atletismo, en la modalidad de triple salto, en 2000, 2004 y 2008. Es la única deportista española, hombre o mujer, que ha conseguido este hito.

María Carlota Castrejana Fernández nació en Logroño el 25 de abril de 1973. Su gran estatura y sus excelentes condiciones físicas la llevaron al baloncesto, con 14 años. Su carrera en este deporte solo duró 5 años, suficientes para una importante serie de éxitos. Formó parte de los equipos españoles junior, que ganó la medalla de plata en el Europeo de 1990, y absoluto, que se hizo con el oro en los Juegos del Mediterráneo de 1991. Con 1,89 m de estatura y jugando de ala pivot, en 1992, a los 19 años, se convierte por primera vez en olímpica, en baloncesto. En los Juegos de Barcelona, el equipo nacional español de baloncesto femenino disputaba por primera vez unos Juegos. El resultado fue un magnífico 5º puesto.

El futuro de la joven Carlota en el deporte de la canasta era espléndido, pero su búsqueda de nuevos retos la llevó a cambiar al atletismo, en concreto al salto de altura.  Los oficios del entrenador Bernardino Lombao tuvieron que ver en este cambio. El entorno de la deportista estaba sorprendido y no comprendía este cambio. A las órdenes de Paco López, los resultados no se hicieron esperar. Con menos de un año de entrenamiento conseguía saltar, en 1993, 1,77 m. En 1994 se hizo con el campeonato de España sub21 y llevó su marca a 1,81 m. En 1995 realizó 1,89 m en pista cubierta, plusmarca española en la modalidad y absoluta (si bien entonces no se contabilizaba con tal), registro que igualó al año siguiente al aire libre. Su marca en sala le sirvió para acudir al Campeonato del Mundo bajo techo, que ese año 1995 se celebró en Barcelona. Previamente había conseguido su primer oro absoluto, en sala, que repitió en 1997. En el año olímpico de 1996 fue campeona absoluta al aire libre. Con una plusmarca personal de 1,89 m, se quedó a 2 cm de la mínima olímpica A, aunque sí tenía al mínima B. La Federación, no obstante, decidió no llevarla a los Juegos de Atlanta, lo que le produjo no poca frustración.

Castrejana continuó en el salto de altura en la temporada de 1997 pero, fiel a su personalidad, decidió, otra vez, dar un giro a su carrera, aunque dentro del mismo deporte. A partir de 1998 se dedicaría al triple salto, que simultaneó con el salto de longitud la primera temporada. Con 25 años, volvía a reinventarse a sí misma, con nuevo entrenador, Juan Carlos Álvarez. Ese año de 1998 saltó 6,47 m en longitud, su mejor marca de siempre, y 13,61i m en triple salto. En 1999, ya centrada en la prueba más larga, superó con 14,05 m la barrera de los 14 m. En 2000, un salto de 14,10 m le permitió acudir a los Juegos Olímpicos de Sídney y convertirse en la primera olímpica, mujer u hombre, española en hacerlo en dos deportes diferentes. Repetiría participación olímpica en 2004 y 2008 en la modalidad de triple salto. También participó en los Mundiales al aire libre de 2003, 2005 y 2007 y en los Europeos al aire libre de 2002 y 2006. Ocupó la 11ª posición en el Mundial de 2005 en los dos Europeos.

Los mayores éxitos le llegaron en la pista cubierta. Fue 6ª en el Mundial de 2003, bronce en el Europeo de 2005 y campeona de Europa en 2007, con 14,64 m, plusmarca española absoluta. En este su mejor campeonato de siempre, Castrejana no parecía, sin embargo a priori, candidata a la medalla. Acreditaba entonces 14,60 m al aire libre, cuando fue plata en los Juegos del Mediterráneo de 2005, y 14,45 m en pista cubierta, marca con la que había sido bronce en en Europeo de Madrid en 2005. Sin embargo, llegó al Europeo de Birmingham con 13,95 m, que ni siquiera eran la mejor marca  del año. Se disputó la fase de clasificación para dejar 8 atletas en la final. La riojana fue la 5ª mejor con 14,00 m en su tercer salto. Los dos anteriores no le habrían dado la clasificación. En la final, sin embargo, comenzó muy fuerte y se situó la primera en la primera ronda con 14,36 m. Perdió momentáneamente el liderato de la prueba cuando la francesa Teresa Nzola Meso Ba (1983) hizo plusmarca nacional con 14,49 m en la tercera ronda, pero retomó la cabeza en la misma ronda con un salto de 14,64 m, plusmarca española absoluta. Nadie se le pudo acercar. Hizo un 4º y un 5º salto de 14,41 y 14,28 m y terminó con un nulo.

A dos meses de cumplir 34 años, Castrejana hacía el mejor campeonato de su vida. Se retiró al año siguiente después de los Juegos de Pekín. En las competiciones nacionales consiguió 17 títulos consecutivos de campeona de España, 9 al aire libre (2000-2008) y 8 en pista cubierta (2000-2007). En los últimos años de su carrera deportiva compatibilizó el atletismo con la actividad profesional como abogada especializada en Derecho del Deporte. Castrejana declaró en alguna ocasión el agradecimiento a sus padres por haberla apoyado en el deporte, siempre que no abandonase su formación universitaria. Tras retirarse del atletismo jugó la temporada 2010-2011 en el equipo de baloncesto Asefa Estudiantes de Madrid. Como abogada formó parte del bufete Gómez Acebo. Fue directora de Deportes de la Comunidad de Madrid y en la actualidad es la Secretaria General de la RFEA, donde ya había sido por un corto tiempo Vicepresidente.

El talento es innato, pero el uso que se haga de ese talento depende de cada uno. Sin duda Carlota Castrejana ha sabido muy bien sacar el máximo partido a sus condiciones, no solo a las físicas. Una mujer admirable.