María Vasco, la primera atleta española medallista olímpica

El 28 de septiembre de 2000 en Sydney tenía lugar la final femenina de los 20 Km marcha. Era la primera vez que se disputaba esta prueba en unos Juegos. La marcha femenina había sido olímpica 8 años antes, en Barcelona, con la distancia de los 10 Km en ruta, lo mismo que 4 años después, en Atlanta. Al llegar a la ciudad australiana, España había ganado en total 8 medallas olímpicas en atletismo: Jordi Llopart (1952-2020), plata en 50 Km marcha en 1980, José Manuel Abascal (1958), bronce en 1500 m en 1958, Daniel Plaza (1966), oro en 20 Km marcha en 1992, Antonio Peñalver (1968), plata en decatlón en 1992, Javier García Chico (1966), bronce en salto con pértiga en 1992, Fermín Cacho (1969), oro en 1500 en 1992 y plata en 1996) y Valentí Massana (1970), bronce en 50 Km marcha en 1996. Hasta entonces ninguna mujer española había alcanzado un podio olímpico, pero eso iba a cambiar aquel día de finales de septiembre de 2000.

Había tres españolas en la prueba de los 20 Km marcha, las catalanas María Vasco (1975), Eva Pérez (1975) y Encarna Granados (1972), medalla de bronce en 10 Km marcha en el Mundial de 1993. Vasco era la plusmarquista española con 1h30:20, conseguida el 23 de abril de ese mismo año. Su tiempo estaba, sin embargo, lejos de la 1h25:20 de la rusa Olga Polyakova (1980), mejor registro de las participantes. Tras la prueba masculina, se sabía que los jueces de Sydney serían muy estrictos con el estilo de las marchadoras, de manera que María Vasco optó por una táctica conservadora y por esperar a la segunda parte de la prueba. Su objetivo realista era obtener un puesto entre las ocho primeras. A mitad de la prueba era decimoquinta, a 17 segundos de la cabeza, formada por 10 atletas. En los segundos 10 Km, Vasco fue ascendiendo hasta la sexta posición. La descalificación sucesiva de las atletas del trío de cabeza le permitió llegar a la meta en tercera posición y sin ningún aviso, con 1h30:23, que prácticamente igualaba su mejor tiempo. La marchadora catalana hacía historia al convertirse en la primera atleta española medallista olímpica. Granados ocupó la 20º posición y Pérez la 27º.

María del Monte Vasco Gallardo nació el 26 de diciembre de 1975 en la localidad barcelonesa de Viladecans, patria chica de las pioneras de la marcha femenina Mari Cruz Díaz (1969), campeona de Europa de 10 Km marcha en 1986, y María Reyes Sobrino (1967) o del mencionado Valentí Massana, campeón del Mundo de 20 Km marcha en 1993 y bronce olímpico en 1996 en 50 Km. Comenzó a hacer marcha en 1989 y los éxitos fueron inmediatos. En 1990, con 14 años, participó en el Campeonato del Mundo junior (sub20). Fue 15º en los 5 Km marcha. La joven María consiguió un logro poco común, tomar parte en tres Campeonatos del Mundo sub 20. Fue 6ª en 1992 y 4ª en 1994. En 1993, en el Europeo de la categoría fue también 4ª. En 1995 disputó su primer Campeonato Mundial absoluto. Ocupó el puesto 26º en los 10 Km marcha. Al año siguiente fue olímpica en la misma prueba y llegó la 28º. En 1997 fue subcampeona de Europa sub23 también en 10 Km. En 1998 consiguió su primer puesto de finalista en un campeonato de Europa absoluto al aire libre, al ser 5ª. En 1999 en el campeonato del Mundo se sustituye la prueba de los 10 Km por 20 Km. Vasco finalizaba 10ª en la edición disputada en Sevilla.

Con toda esta trayectoria, pese a tener solo 24 años, llegó a Sydney, donde marcó un hito en el atletismo español. Tras su bronce olímpico, le quedaba, sin embargo, una larguísima carrera atlética, que la llevaría a participar en otras tres ediciones de los Juegos Olímpicos, otro gran logro de esta atleta, con cinco participaciones olímpicas en total.

En 2001 consiguió una excelente 5ª plaza en el Mundial de 20 Km marcha. En 2002 y 2003 su rendimiento decayó y no finalizó ni en el Europeo ni en el Mundial al aire libre. En 2004 volvió a los Juegos Olímpicos y fue finalista al eacabar 7ª. En 2005 perdió el bronce en el tramo final del Mundial de 20 Km marcha y fue 4ª. En 2007, obtuvo su segundo mayor éxito deportivo, al ganar el bronce en el Mundial de Osaka.

En 2008, María Vasco acudió a su cuarta edición de los Juegos Olímpicos. En los 20 Km marcha estarían otras dos españolas, Beatriz Pascual (1982), también de Viladecans, y la zaragozana María José Poves (1978). Pese a no obtener medalla, Vasco hizo una de las mejores competiciones de su vida deportiva. La prueba se desarrolló bajo una intensa lluvia. Pese a ello, las doce primeras superaron la plusmarca de los anteriores Juegos. Hubo seis plusmarcas nacionales, incluida la española, y catorce marcas personales. La rusa Olga Kaniskina (1985) se escapó desde el principio y dejó al resto de participantes la lucha por la plata y el bronce. Los logros de la rusa, sin embargo, se mostrarían envueltos en la sombra de una duda por problemas con el consumo de sustancias prohibidas. Vasco peleó por las medallas hasta el final, pero finalmente se quedó a 13 segundos del bronce, con plusmarca nacional de 1h27:25, en la quinta posición. El registro de Kaniskina para ganar el oro fue de 1h26:31, 35 segundos más rápida que la medallista de plata, la veterana noruega Kjiersti Platzer (1972), que había precedido a Vasco en Sydney. Beatriz Pascual, en una competición plena de inteligencia, llegó en la sexta plaza, tras una gran remontada, con mejor marca personal de 1h27:44. Mientras, Poves era 17ª.

Tras su gran actuación en Pekín, el rendimiento de Vasco en la alta competición decreció. Resultó descalificada en el Mundial de 2009 y no terminó el Europeo de 2010. Fue 13ª en el Mundial de 2011. Pero aún le quedaba una gran actuación, en este caso diferida. En 2012 acudía a sus quintos Juegos Olímpicos, con Pascual y Poves, las mismas acompañantes que cuatro años antes. En conjunto, la prestación de las españolas fue notable, con Pascual 8ª, Vasco 10ª y Poves 12ª. En su última actuación olímpica, Vasco se había quedado muy cerca de las finalistas… inicialmente. Pero la historia cambió, como cambia demasiado últimamente. Los reanálisis diferidos de las muestras biológicas hacen cambiar clasificaciones incluso años después. En 2016, dos rusas, la medallista de plata Olga Kanyskina y la quinta clasificada Anisya Kirdyadpina (1989) vieron anulados sus resultados del 15 de agosto 2009 al 15 de octubre de 2012 por consumo de sustancias prohibidas, lo que incluía los Juegos de 2012. De esa manera, las españolas adelantaron dos puestos, 6ª Beatriz Pascual, 8ª María Vasco y 10ª María José Poves. Con este resultado, Vasco alcanzaba el puesto de finalista en cuatro Juegos Olímpicos, un logro único en el atletismo español. Otro marchador catalán, José Marín (1950), fue cinco veces finalista olímpico, pero en dos pruebas diferentes, tres en 20 Km y dos en 50 Km marcha.

María Vasco se retiró ese mismo año de 2012 con 36 años, tras una carrera deportiva de 22. En el ámbito nacional fue 15 veces campeona de España: una de 10 Km en ruta (1996), cinco de 20 Km en ruta (1998, 2001, 2002, 2003, 2004) y nueve de 10 000 m en pista (1996, 1997, 1998, 1999, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005). En las competiciones internacionales por países entró en primer lugar en la Copa de Europa en 2009 y en 2010 ocupó el mismo lugar en la Copa del Mundo. En la actualidad trabaja en la multinacional deportiva Asics. Su bronce olímpico en Sídney ya es parte de la historia del atletismo español.

Los oros olímpicos estadounidenses de fondo en 1964 (y II). Bob Schul

Esta entrada es parte de un artículo titulado Billy Mills y Bob Schul, dos fondistas estadounidenses campeones olímpicos en Tokio 1964, publicado en el número 5, de octubre de 2020, de la revista Somos Atletismo.

Tras el oro de Billy Mills (1938) en los 10 000 m, el fondo en pista reservaba otra alegría para la delegación olímpica estadounidense de Tokio, la victoria en los 5000 m de Bob Schul. Schul superó al principal favorito, el francés Michel Jazy (1936), que parecía superior, pero acabó quedándose fuera del podio. Robert Keyser Bob Schul había nacido en una granja en West Milton, Ohio, el 28 de septiembre de 1937. Se diagnosticó de asma siendo un niño. Comenzó a practicar atletismo en el instituto y posteriormente en la Universidad de Miami, adonde llegó en 1956 y volvería en 1963, tras un paréntesis en la Fuerza Aérea. Siendo militar conoció al húngaro Mihály Iglói (1908-1998), antiguo mediofondista olímpico y exitoso entrenador, que había dirigido la carrera de sus compatriotas Sándor Iharos (1930-1996), István Rózsavölgyi (1929-2012) y László Tábori (1931-2018), todos ellos plusmarquistas mundiales. Schul, que entonces se dedicaba a los 1500/milla y a los obstáculos, comenzó a entrenarse con Iglói, que sería desde entonces su técnico. En 1961 fue tercero en el campeonato de Estados Unidos de 3000 m obstáculos y realizó con 8:47.8 su mejor marca de siempre en esta modalidad. Sin embargo, los problemas físicos y una mononucleosis infecciosa lastraron notablemente su carrera en esos primeros años 60.

La situación cambió en el mejor momento, en el año olímpico de 1964. Esa temporada decidió subir a los 5000 m. Tal vez su tercer puesto el año anterior en los Juegos Panamericanos tuvo que ver en ese cambio. Tras una buena temporada en sala, en la que había derrotado al australiano Ron Clarke (1937-2015) en dos ocasiones, el 5 de junio realizó unos excelentes 13:38.0 en los 5 kilómetros, 3.0 más que la plusmarca mundial del ucraniano, entonces soviético, Vladimir Kuts (1927-1975). El 12 de agosto también mejoró, con 3:58.9, su mejor registro en la milla y el 29 superaba el tope universal de las 2 millas, con 8:26.4. Se impuso en las pruebas de selección olímpica con 13:55.6, el mismo tiempo que Bill Dellinger (1934).

Schul llegaba a Tokio tras una excelente temporada y con la mejor marca del año. Sin embargo, aunque era uno de los candidatos al oro, se enfrentaría a un rival muy fuerte. Se trataba del francés, subcampeón olímpico de 1500 m en 1960, Michel Jazy. Plusmarquista mundial de 3000 m, 7:49.2, y europeo de 1500 m, 3:37.8, prefirió tomar parte en los 5000 m, donde juzgaba el oro menos complicado que en los 1500 m, dominados entonces por el poderoso neozelandés Peter Snell (1938-2019). Poco antes de los Juegos había acreditado 13:46.8 en los 5000 m. Otro candidato a estar delante era Ron Clarke, que había corrido esa temporada en 13:39.0.  Las series tuvieron lugar el 16 de octubre. Se celebraron cuatro series. Pasarían a la final los tres primeros de cada una, sin tiempos de repesca. Una dura ronda, sin duda. Schul fue segundo con 14:11.4, en la tercera serie, la más lenta, detrás del tunecino, plata en 10 000, Mohamed Gammoudi (1938), 14:10.2. El más rápido fue Ron Clarke, 13:48.4 en la cuarta serie. Segundo fue un keniano, poco conocido entonces, que daría mucho que hablar, Kip Keino (1940), con 13:49.6, su mejor marca en aquel momento. Jazy se había impuesto en la primera serie con 13:55.4.

La final, del 18 de octubre, se preveía muy disputada, como así sucedió. Una inesperada invitada, una lluvia torrencial, hizo acto de presencia durante la carrera, lo que, sin duda, impidió una prueba más rápida. Tras cuatro vueltas, hubo un incidente que pudo cambiar la carrera. Cuando Schul iba en una cómoda octava posición tuvo que evitar al británico Mike Wiggs (1938-2011), que se había caído. Wiggs continuó pero se quedó muy atrás. Sería finalmente último, mientras el estadounidense siguió en el grupo delantero sin problemas. Clarke se había colocado en cabeza desde el inicio, dando paso a los tres primeros kilómetros en 2:50.2, 5:39.4 y 8:22.2. Perdió el liderato justo al paso por los 4000 m, en los que Jazy marcó 11:15.6, con un grupo de otros ocho atletas. A falta de 600 m Dellinger cambió de ritmo, pero Jazy recuperó la cabeza al comenzar la última vuelta, abriendo un hueco, que llegó a ser de 10 m. El francés, no obstante, calculó mal sus fuerzas y se vio superado por Schul, cuando faltaban 70 m para la meta, por el alemán Harald Norpoth (1942) cuando faltaban 30 m y por Dellinger en la línea de llegada. La tremenda decepción de Jazy contrastaba con el júbilo de Schul, que entró sonriendo, tras haber corrido los últimos 300 m en 38.7. El tiempo del vencedor, 13:48.8, Norpoth 13:49.6 y Dellinger 13:49.8, el mismo registro que Jazy. Keino fue quinto. Inexplicablemente, Clarke acabó muy atrás, en la novena posición.

Aunque en 1965, Schul hizo su mejor marca de 1500 m, 3:40.7, y se proclamó campeón estadounidense de las 3 millas, con 13:10.4, plusmarca nacional, los problemas crónicos de rodilla que padecía cortaron su carrera atlética. Estuvo dos años sin poderse entrenar. Regresó en 1968 para intentar ser olímpico de nuevo, pero solo pudo ser sexto en las pruebas de selección de 5000 m.

Tras su retirada de la alta competición se dedicó a entrenar otros atletas, aunque él mismo continuó compitiendo en veteranos hasta los sesenta años.

Hace 56 años dos fondistas estadounidenses consiguieron ser campeones olímpicos por primera vez en las dos distancias más largas en pista. Ningún otro compatriota lo ha podido repetir.

Los oros olímpicos estadounidenses de fondo en 1964 (I). Billy Mills

Esta entrada es parte de un artículo titulado Billy Mills y Bob Schul, dos fondistas estadounidenses campeones olímpicos en Tokio 1964, publicado en el número 5, de octubre de 2020, de la revista Somos Atletismo.

Una de las sorpresas en los Juegos de Tokio de 1964 fue la doble victoria estadounidense en las prueba de fondo en pista. A diferencia de la velocidad, vallas y concursos, en pruebas de largas distancias la presencia de atletas de Estados Unidos es mucho menor. En la capital de Japón, los corredores de este país consiguieron por primera y única vez subirse a lo más alto del podio, tanto en 5000 como en 10000 m. Aunque  Bob Schul (1937) era uno de los candidatos al oro en la primera distancia, Billy Mills (1938) no contaba en absoluto en la segunda. Sin embargo, ambos realizaron la mejor actuación de sus carreras deportivas en el mejor lugar. Hasta entonces Estados Unidos solamente había ganado dos medallas en estas pruebas, la plata de Lewis Tewanima (1889-1969), amerindio como Mills, en los 10 000 m de 1912, y la plata de Ralph Hill (1908-1994), en un polémico final con el finlandés Lauri Lehtinen (1908-1973) en los 5000 m de 1932. Desde la doble victoria de Tokio, los estadounidenses han ganado otras dos platas en estas distancias, la de Gallen Rupp (1986) en el 10 000 de 2012 y la de Paul Kipkemboi Chelimo (1990), nacido en Kenia, en  el 5000 de 2016.

William Mervin Billy Mills nació el 30 de junio de 1938, en Pine Ridge, Dakota del Sur, una reserva india para los Oglala Lakota, en una familia de doce hermanos. Su nombre indio Makoce Teh’la significa El que ama su país. Tuvo una infancia precaria. Perdió a su madre a los ocho años y a su padre a los doce. Poco después lo enviaron al Instituto Haskell, una escuela para indios en Lawrence, Kansas.  Allí comenzó a practicar la carrera como preparación para el boxeo, pero, tras alguna pelea poco afortunada, prefirió pasarse al atletismo. En 1958, gracias a una beca, pudo acceder a la Universidad de Kansas, donde se graduaría en Educación Física en 1962. Siendo estudiante, comenzó a destacar como corredor de campo a través. En 1960 fue campeón nacional universitario. Ese año tomó parte en las pruebas de selección olímpicas para los Juegos de Roma. Ocupó la sexta posición en los 5000 y la novena en los 10 000 metros. Estando en la Universidad sufrió un incidente que, según él mismo cuenta, lo motivó para ganar los 10 000 m de los Juegos de 1964. Tras una carrera, un fotógrafo le impidió retratarse con el resto de sus compañeros, evidentemente por su origen. Aunque inicialmente tuvo pensamientos muy negativos, acabó decidiendo que sería el siguiente campeón olímpico de los 10 kilómetros.

El año 1962 fue muy importante en la vida de Mills. Se casó con Patricia, una compañera de la Universidad, entró en la Marina de los Estados Unidos y descubrió que tenía problemas metabólicos con los hidratos de carbono, que tan pronto le producían bajadas como subidas de glucosa en la sangre. Eran los primeros síntomas de una diabetes tipo 2, que padece desde entonces. Pese a ello pudo seguir entrenándose al más alto nivel. En 1963, tras perder un 10 000 en la última vuelta en una reunión en Bélgica, siguió el consejo del fondista tunecino Mohamed Gammoudi (1938) de entrenar la velocidad. La prueba de selección olímpica de 1964 para los 10 000 m tuvo lugar en Los Ángeles el 12 de septiembre. Mills fue segundo, con una mejor marca personal de 29:10.4, por detrás de Gerry Lindgren (1946), 29:02.0. Anteriormente, el 26 de julio, había sido segundo en uno de los dos maratones que decidirían en equipo olímpico, en el que Mills estaría.

El gran día para Mills era el 14 de octubre, en que tendría lugar la final directa de 10 000 m, con 38 corredores. El estadounidense no contaba en absoluto entre los favoritos.  El gran candidato al oro era el australiano Ron Clarke (1937-2015). Tras haber abandonado la actividad atlética durante 4 años, Clarke había vuelto a las pistas en 1960. En 1963 había superado la plusmarca mundial del ruso, entonces soviético, campeón olímpico de la distancia, Piotr Bolotnikov (1930-2013), con 28:15.5 (oficial 28:15.6). Otros corredores a priori fuertes eran el propio Bolotnikov y el neozelandés campeón olímpico de 5000 m Murray Halberg (1933). Imponiendo un ritmo rápido, se pasó la mitad de la prueba en 14:04,6, Clarke fue descolgando a todos los favoritos y se encontró en la última vuelta acompañado de dos corredores con los que no se contaba, Gammoudi y el propio Mills. En una complicadísima última vuelta, con muchos corredores doblados y en la que el australiano y el tunecino rozaron la descalificación, saltó, finalmente, la sorpresa con la victoria Mills en unos excelentes 28:24,4. Gammoudi se hizo con la plata, con una nueva plusmarca africana de 28:24,8. Clarke fue tercero, 28:25,8.

Mills había cumplido el objetivo que se había propuesto tras el incidente en la universidad, y ello pese a su diabetes. Tras su oro, buscó a su esposa a la que le dijo mientras la abrazaba, Hoy he curado un alma rota, y en el proceso me he convertido en campeón olímpico. Uno de los oficiales de la prueba le preguntó quién era. Ningún periodista se había acercado a él los días previos en la villa olímpica. Había mejorado 46 segundos su marca previa. Debido a la cantidad de corredores en la prueba, no le permitieron dar la vuelta de honor. Lo hizo veinte años después cuando volvió al estadio, vacío, acompañado de su esposa.

El maratón olímpico se celebró el 21 de octubre. El etíope Abebe Bikila (1932-1973) revalidó su título olímpico, con una nueva mejor marca mundial de 2h12:11.2. Mills fue 14º con 2h22:55.4 y Clarke noveno con 2h20:26.8.

El año posolímpico de 1965 resultó el más fructífero para Mills desde el punto de vista cronométrico. Hizo sus mejores marcas en 5000, 13:41.4, y en 10 000 m, 28:17.6, aunque un mes antes Clarke había llevado la plusmarca mundial a unos estratosféricos 27:39.4. Además se convirtió, junto con Gerry Lindgren, en coplusmarquista mundial de las 6 millas, al hace ambos en el campeonato de Estados Unidos 27:11.6. El tiempo real de Mills fue una décima menos, pero entonces se redondeaba a quintos de segundo. Aunque ya no volvió a alcanzar el nivel de los años 1964 y 1965, Mills continuó compitiendo e intentó clasificarse para los Juegos de 1968, tras realizar ese año una marca de 28:43.6, pero fue cuarto en las pruebas de selección.

Tras su retirada, Mills ha dedicado gran parte de su tiempo a promocionar el conocimiento y la prevención de la diabetes y a favorecer las comunidades indias. En 1986 fundó Running Strong, una organización para la integración de los jóvenes indios. Por esta labor, Mills recibió en 2012 la Medalla Presidencial Ciudadana, de manos del Presidente Barack Obama. En la actualidad, Mills vive en Sacramento, con su esposa Pat, con la que ha tenido cuatro hijas. Todo un ejemplo de superación del que sigue siendo el único oro olímpico estadounidense en 10 000 metros. En 1983 se realizó una película sobre su, Running Brave, que se puede ver en You Tube en versión original subtitulada en español.

Valencia, capital mundial de las carreras de larga distancia

Las plusmarcas mundiales de Letesenbet Gidey (1998) en 5000 m femeninos y de Joshua Cheptegei (1996) en 10 000 m masculinos el pasado 7 de octubre en el estadio del Turia de Valencia han añadido dos nuevos éxitos a la ciudad que se está convirtiendo en la capital mundial de las carreras de larga distancia. Maratón, medio maratón, 10 Km, 15 Km en carretera… y ahora también la pista.

Todo comenzó en el Bar Danubio de la capital del Turia, regentado por el antiguo atleta Miguel Pellicer. Allí se reunían una serie de corredores populares que participaban en la campaña del Consejo Superior de Deportes Andar y correr. Pellicer aunó el entusiasmo del grupo por el atletismo, que cristalizó en la fundación de la Sociedad Deportiva Correcaminos, cuyo primer presidente fue Alejandro Martín.

El ánimo emprendedor de los miembro llevó a la SD Correcaminos a organizar, el 29 de marzo de 1981, el primer Maratón Popular de Valencia. Curiosamente, ese mismo día se celebraba la primera edición del Maratón de Londres. En el nacimiento del Maratón Popular tuvo un papel fundamental Toni Lastra, que sería presidente de la SD Correcaminos de 1997 a 2005. El primer vencedor fue el atleta local Teodoro Pérez (1948) con 2h26:57. Pérez repetiría en 1983, con 2h20:58, su mejor marca de siempre. La primera ganadora en categoría femenina fue la madrileña Nuria de Miguel (1952) con 3h20:50. De Miguel volvió a ser la primera mujer en 1982 y 1985. El Maratón de Valencia se fue consolidando en el panorama nacional. En 1984, el leonés Vicente Antón (1959) realizaba la plusmarca de la prueba con 2h14.01, entonces cuarta mejor marca española de siempre. Los atletas internacionales no tardaron en presentarse. Así, en 1986 el polaco Paweł Lorens (1958-2010) se proclamaba ganador con 2h16:31. El primer vencedor africano fue el atleta de Zimbawe Cephas Mataphi, con 2h15:14 en 1992. En 2010, el keniano David Njiagi (1981) conseguía con 2h09:45 la primera marca por debajo de 2h:10:00. Anteriormente, en 2002, la lucense María Abel (1974), marcaba con 2h28:08, el primer registro femenino más rápido de 2h30:00.

Con Francisco Borao, presidente de la SD Correcaminos, el Maratón de Valencia cambió de formato y dio un enorme salto de calidad. Los organizadores buscaron proyección internacional. Se cambió el circuito, incluyendo la Ciudad de las Artes y las Ciencias, así como la fecha, de finales de febrero a finales de noviembre o principios de diciembre. El resultado fue excelente. Ese mismo 2011 se superó la plusmarca de la prueba, con las 2h07:59 del keniano Isaiah Kosgei (1974). En 2013, otro keniano, Felix Kipkemoi (1985) realizaba con 2h07:14, la mejor marca de la distancia en suelo español. En 2015, Juan Manuel Botella ocupó el puesto de gerente de la SD Correcaminos y comenzó a encargarse de la coordinación en la organización del maratón. La progresión de la prueba continuó desde entonces, con 2h06:13 del keniano John Nzau Mwangangi (1990) en 2015, 2h:05:15 de su compatriota Sammy Kitwara (1986) en 2017 y los registros de los etíopes Leul Gebreselassie (1992), 2h04:31 en 2018, y Kinde Atanaw (1993), 2h03:51 en la última edición de 2019. Este tiempo ha hecho que Valencia sea la cuidad del mundo con el sexto maratón más rápido. En categoría femenina, la plusmarca de la prueba es también de 2019 y corresponde a la etíope Roza Dereje (1997). En 2016 la World Athletics otorgó al Maratón de Valencia la Etiqueta de Oro. La edición de 2020, que se celebrará el 6 de diciembre estrenará la Etiqueta de Platino.

Pero a la SD Correcaminos no le bastaba con organizar el Maratón de Valencia y en 1991 comenzó una nueva competición, los 20 kilómetros Ciudad de Valencia, patrocinados por Adidas. Esta prueba pasó a ser el Medio Maratón de Valencia, en 2006, que se ha convertido en referencia mundial. Tanto es así que en 2017 la keniana Joyciline Jepkosgei (1994) realizó con 1h04:51 la mejor marca mundial en una carrera mixta. En la edición de 2018, el keniano Abraham Kiptum (1989) superó, con 58:18 la plusmarca mundial. Desgraciadamente al año siguiente recibió una suspensión de 4 años por alteraciones en su pasaporte biológico. Esta suspensión anulaba su tiempo de Valencia. La plusmarca de la prueba paró a corresponder, con 58:48, al también keniano Abraham Cheroben (1993).

La experiencia organizadora de Valencia, y de Juan Manuel Botella, hizo que la World Athletics le otorgase la organización de la edición de 2018 del Campeonato del Mundo de Medio Maratón. La prueba resultó un éxito, con la plusmarca mundial en carreras no mixtas para la etíope Netsanet Gudeta (1991) con 1h06:11. En categoría masculina, el oro fue para el keniano Geoffrey Kanworor (1992), con 1h02:02.

Una tercera gran prueba de fondo que se celebra en Valencia es la carrera de 10 Km en ruta. Hasta el año pasado la SD Correcaminos organizaba esta carrera el mismo día maratón. Precisamente en esta última edición el ugandés Joshua Cheptegei consiguió la plusmarca mundial con 26:38. Debido al enorme crecimiento del Maratón, los organizadores decidieron no volver a realizar la distancia de 10 Km. Pero Valencia cuenta con otra prueba de 10 Km en ruta, coordinada por el club 10K de Alex Aparicio. La edición de 2020 tuvo lugar el 12 enero. El keniano Rhonex Kipruto (1999) convirtió en efímero el anterior tope mundial de Cheptegei, al parar el crono en 26:24. Su pase de 13:18 por los 5 Km también se ha homologado como plusmarca mundial En la categoría femenina, la también keniana Sheila Chepkerui (1990) marcó 29:46, a 4 segundos de la plusmarca mundial.

Este año la SD Correcaminos trató de incluir a Cheptegei entre los participantes del Medio Maratón, que tendrá lugar el mismo día que el Maratón, el 6 de diciembre. El representante de Cheptegei, el antiguo fondista neerlandés Jos Hermens (1950), no estaba muy interesado en el Medio Maratón, pero sí en organizar un 10 000, al que añadió un 5000 femenino, con la intención de superar las plusmarcas mundiales, como así sucedió. Otro empujón más para el prestigio de Valencia, ciudad del running, entidad que desde 2014 coordina y organiza las pruebas de fondo en Valencia, desde las de élite hasta las populares. Cuenta con cuatro pruebas con la etiqueta de la World Athletics. Además del Maratón, Medio Maratón y los 10 Km, desde 2014 también se hace cargo de la Nocturna de 15 Km de Valencia. Valencia, ciudad del running está patrocinada por la Fundación Trinidad Alonso, cuyo mecenas es el empresario Juan Roig. Con esta fundación, que lleva el nombre de su madre, Roig promociona la cultura del esfuerzo a través de iniciativas en diversos campos, uno de ellos el deporte. El nombre oficial del Maratón es Maratón de Valencia Trinidad Alonso EDP.

Seguramente la siguiente cita de Valencia con la élite del fondo mundial el próximo 6 de diciembre nos dará nuevas alegrías. Este año, de forma excepcional debido a la pandemia, el Maratón y el Medio Maratón tendrán lugar el mismo día, el 6 de diciembre.

Unos entusiastas del atletismo fundaron un club, el club organizó un maratón y el maratón acabó convirtiendo a Valencia en capital mundial de las carreras de larga distancia. Sin duda, un bello ejemplo de la cultura del esfuerzo.

Agradezco a mi amigo Juan Botella la información y la corrección del manuscrito de esta entrada

A vueltas con la tecnología en el atletismo

Hace un año, tras la polémica generada por las zapatilas Nike Alphafly que utilizó el keniano Eliud Kipchoge (1984) para la carrera de Viena de 42 195 m, escribí un entrada en este blog titulada Las zapatillas de la discordia, sobre la tecnología y el atletismo. Tras las plusmarcas mundiales de 5000 m femeninos de la etíope Letesenbet Gidey (1998) y 10 000 masculinos del ugandés Joshua Cheptegei (1996), el pasado 7 de octubre en Valencia, vuelve a generarse un debate sobre el papel que debería tener la tecnología en el atletismo. La razón, las zapatillas Nike Zoomx Dragonfly, un trasunto de Vaporfly con clavos. Otra vez se argumenta con tópicos sobre la supuesta esencia del atletismo que difumina la tecnología, sobre si los atletas de ahora no son mejores que los del pasado o, incluso, sobre estas carreras preparadas. Se ha propuesto incluir a los atletas que utilicen las nuevas zapatillas en una categoría diferente. Lo que más me sorprende ahora, como hace un año, es que todos estos razonamientos vienen de personas con profundos conocimientos de atletismo. Evidentemente no puedo estar más en desacuerdo, aunque me va a resultar difícil no repetirme.

La tecnología está con el ser humano desde que el Homo habilis construyó la primera herramienta. En sus aproximadamente 150 años de la existencia, el atletismo de competición se benefició de la tecnología desde el minuto 1, desde que el primer atleta se calzó zapatillas por primera vez y desde que se corrió por primer vez en una pista y no en el monte. Desde entonces la tecnología ha moldeado el atletismo. ¿Alguien se imagina que se podrían realizar los registros actuales en el monte y descalzos? Pistas, tacos de salida, cronometraje automático, pértigas, colchonetas y, por supuesto, zapatillas. La Federación Internacional (hasta 2019 IAAF, desde entonces World Athletics) ha limitado durante su historia algunas innovaciones, como las zapatillas con alza para salto de altura, las zapatillas multiclavos o las Alphafly, pero ha permitido las Vaporfly y las Dragonfly. Si, como se ha afirmado, ambas son equivalentes en sus prestaciones, las segundas convertirían el 87% de la energía bioquímica en energía cinética, como hacen las primeras. Además, no solo permiten correr más rápido con el mismo esfuerzo y sin aportar energía extra, sino que también se ha visto que producen menos lesiones. El gran problema del atletismo es cómo incrementar las cargas de trabajo sin aumentar el riesgo de lesión. Con estas zapatillas es posible. ¿Dónde está entonces el problema? ¿En que de momento solo las fabrica Nike? Probablemente ni Adidas, ni New Balance tarden mucho en diseñar y comercializar modelos similares.

Pero la tecnología de la que se beneficia el atletismo no se limita a las competiciones. ¿Nos plantearíamos prohibir las cámaras hiperbáricas, los tapices rodantes, las elípticas, los relojes inteligentes o los programas informáticos de Biomecánica? ¿Estamos transformando el atletismo en algo diferente, le estamos cambiando su esencia con la tecnología actual, o simplemente aplicamos innovaciones como en cualquier otro campo?

Otra cuestión que he leído es que como Cheptegei hizo sus plusmarcas mundiales con el nuevo modelo de zapatilla, hay que concluir que su predecesor, el etíope Kenenisa Bekele (1982) era, en realidad mejor, porque sus zapatillas eran peores. Por supuesto que Bekele era mejor. Solo hay que comparar los logros de ambos, si bien al ugandés tiene previsiblemente mucho tiempo para tratar de alcanzar al etíope. ¿Pero habría corrido Bekele tan rápido con las zapatillas del australiano Ron Clarke (1937-2015) en una pista de tierra? ¿O habría hecho Clarke 27:39.4 con las zapatillas del checo Emil Zátopek (1922-2000)? En mi opinión el mejor fondista de la historia es el finlandés Paavo Nurmi (1897-1973). Creo que no ha habido ningún atleta que haya mostrado tanta superioridad en tantas pruebas durante tanto tiempo. Sin embargo, sus marcas las superan hoy un buen número de mujeres.

Por último he visto alguna crítica de que se trataba de carreras preparadas. Casi todas las carreras en las que se mejora alguna plusmarca mundial lo son. Y no de ahora. La famosa carrera de Iffley Road se preparó, con dos liebres, para que el británico Roger Bannister (1929-2018) bajase de cuatro minutos en la milla, el 6 de mayo de 1954. La diferencia es que ahora tienen la referencia de la luz, pero hacer 13:03.27 en un 5000 solo con la luz, después de haber hecho un 5000 en 13:07.73 con luz y liebre y sin recuperación es una hazaña se mire como se mire.

En su momento se criticaron las liebres, la profesionalización del atletismo o, incluso, las pértigas de fibra de vidrio. Las modificaciones que está haciendo la World Athletics en los concursos, reduciendo intentos o contando solamente los últimos, me parecen lamentables, pero creo que aciertan en el tema de las zapatillas. No podemos renunciar a la tecnología, porque siempre ha acompañado al atletismo.

Letesenbet Gidey más cerca de Gunder Hägg

Aunque la plusmarca mundial del ugandés Joshua Cheptegei (1996) de 10 000 m el pasado 7 de octubre en Valencia tuvo más repercusión mediática, hubo otra plusmarca mundial no menos meritoria. Los 14:06.62 de la etíope Letesenbet Gidey (1998) acercan a los 5000 m femeninos a una nueva dimensión, ya muy próxima a la barrera de los 14 minutos. El tiempo de Gidey supera la plusmarca mundial que estableció en su día el finlandés Taisto Mäki (1910-1979) de 14:08.8 el 16 de junio de 1939. El primer crono masculino por debajo de 14 minutos fueron los 13:58.2 del sueco Gunder Hägg (1918-2004) el 20 de septiembre de 1942. Se mantuvo en lo más alto casi 12 años, hasta que el checosolovaco Emil Zátopek (1920-2000) realizó 13:57.2 el 12 de mayo de 1954.

Letesenbet Gidey nació el 20 de marzo de 1998 en la localidad etíope de Endamelsey, en la región de Tigray. Fue una atleta muy precoz, con sendos oros en los Mundiales sub20 de Campo a Través en 2015 y 2017. En 2016 bajó por primera vez de 15 minutos en 5000 m al correr en Hengelo en 14:58.44, el 22 de mayo. El 30 de junio ganó el 5000 de la reunión de Barcelona con 14:45.63. Mejoró hasta 14:33.32 el año siguiente. Tomó parte en el Campeonato del Mundo de Londres, donde fue 11º en los 5000 m.

Ya en categoría absoluta consiguió la medalla de bronce en el Mundial de Campo a Través de 2019. Ese mismo año fue subcampeona del Mundo en 10 000 m con 30:21.23, su mejor marca en la prueba.

Antes de llegar a Valencia, su mejor prestación era 14:23.14 del año 2018. En este 2020 había corrido en 14:26.57 el 14 de agosto, en Mónaco, segunda detrás de la keniana Helen Obiri (1989), 14:22.12. Llegó al estadio del Turia en una excelente forma, dispuesta a correr más rápido de lo que lo hiciera Tirunesh Dibaba (1985) el 6 de junio de 2008, 14:11.15. Con pases cada kilómetro de 2:51.10, 2.51.63 2:49.12, 2:47.32 y 2:47.45 marcó unos magníficos 14:06.62, 4.5 segundos más rápido que Dibaba.

La prueba de 5000 m femeninos es hija de los prejuicios hacia la disputa de distancias largas por mujeres. Hasta 1980 la prueba olímpica femenina más larga eran los 1500 m. En 1984 se introdujo el maratón, pero en pista no se incluyeron los 5000, sino los 3000 m. Hubo que esperar hasta los Juegos de 1996 para que el 5000 fuese olímpico. Incluso el 10 000 lo consiguió ocho años antes. La prueba se disputaba, no obstante, en las reuniones atléticas.

La primera plusmarca mundial homologada corrió a cargo de la británica Paula Fudge (1952) con 15:14.51 el 13 de septiembre de 1981. Campeona de la Commonwealth de 3000 m en 1978, acabó realizando 2h29:47 en 1985. Su sucesora en el 3000 de la Commonwealth lo fue también como plusmarquista mundial de 5000 m. El 17 de marzo de 1982 la neozelandesa Ann Audain (1955) realizaba 15:13.22. El nuevo primado universal apenas llegó al verano, pues el 5 de julio la estadounidense Mary Decker (1958) corrió en 15:08.26. Decker fue la primera campeona mundial de 1500 m y de 3000 m en 1983. Era la favorita para el oro olímpico en 1984, pero una caída en la final le impidió disputar la victoria. El público culpó de la caída de su favorita a la surafricana que acababa de obtener la nacionalidad británica Zola Budd (1966). Como surafricana, Budd había corrido los 5000 m en 15:01.83 el 5 de enero de 1984. La marca no se homologó como plusmarca mundial, pues, por motivos políticos, la República Surafricana estaba fuera de la Federación Internacional (IAAF), hoy World Athletics. Como británica realizó 14:48.07 el 26 de agosto de 1985, que sí se homologó como plusmarca mundial. Fue campeona mundial de campo a través en 1985 y 1986 y llegó a representar a su país de origen en los Juegos de 1992, en 3000 m.

La primera marca por debajo de 15 minutos correspondió a la noruega Ingrid Kristiansen (1956), una de las grandes fondistas de los 80. El 28 de junio de 1984 marcó 14:58.89. El 5 de agosto de 1986 mejoró hasta 14:37.33. Kristiansen disputó de forma simultánea el 5000, el 10 000 y el maratón. También fue plusmarquista mundial de los 10 Km en pista, 30:59.42 (27 07 1985) y 30:13.74 (05 07 1986) y de maratón 2h21:06 (05 04 1985). Fue campeona de Europa (1986) y del mundo (1987) de 10 000 m y de campo a través (1988).

La portuguesa Fernanda Ribeiro (1969) superó a Kristiansen cuando corrió la prueba en 14:36.45 el 22 de julio de 1995. Ribeiro, más dedicada al 10 000, consiguió la triple corona en esta prueba con oro europeo (1994), mundial (1995) y olímpico (1996). En 5000 m fue plata mundial en 1995 y bronce en 1997.

Las atletas chinas, que en 1993 habían conseguido sorprendentes registros en los 1500, 3000 y 10 000 m, se hicieron con la plusmarca mundial que les faltaba, la de los 5000 m. En los Juegos Nacionales de 1997 celebrados en Shanghai, Don Yamnei (1977) se iba a 14:31.27 en la semifinal de la prueba el 21 de octubre. Dos días después mejoraba a 14:29.82, pero se veía superada por Jiang Bo (1977), 14:28.09. Ninguna de las dos atletas tuvo mucho más recorrido y, como en el caso del resto de sus compatriotas, siempre se vieron envueltas en la sombra de una duda.

La presencia de las africanas, en concreto de las etíopes, en esta lista se hizo esperar. No fue hasta el 11 de junio de 2004, cuando la turca, nacida etíope, Elvan Abylegesse (1982) corría en 14:24.68. Desgraciadamente en 2015, un nuevo análisis de las muestras del Mundial de 2007 mostraba que había consumido sustancias prohibidas, lo que le supuso la anulación de su plata en 10000 en el Mundial y su doble plata olímpica, en 5 y 10 000 m, de 2008, además de poner en duda el resto de sus logros atléticos.

Dos años más tarde, el 3 de junio de 2006, la etíope Meseret Defar (1983) hacía 14:24.53, que mejoraría al año siguiente a 14:16.63, el 15 de junio. Defar fue campeona olímpica de 5000 m en 2004 y 2012 y campeona del mundo en 2007 y 2013. En 3000 m en sala consiguió cuatro oros consecutivos en el campeonato del Mundo, 2004, 2006, 2008 y 2010. Posee la actual mejor marca mundial de las 2 millas con 8:58.58, la primera mujer por debajo de 9 minutos.

La plusmarca mundial de Defar duró tan solo un año, pues el 6 de junio de 2008 su compatriota Tirunesh Dibaba mejoraba hasta 14:11.15. Dibaba ha tenido una carrera atlética llena de éxitos con tres oros olímpicos (5000 y 10 000 en 2008 y 10 000 en 2012), cinco oros mundiales en pista al aire libre (5000 m en 2003 y 2005, 10 000 m en 2005, 2007 y 2013) y cuatro oros en el Mundial de Campo a Través (2005, carreras corta y larga, 2006, carrera larga, y 2008). En los últimos años se ha dedicado al maratón, donde ha acreditado 2h17:56 (23 05 2019).

Con tan solo 22 años, Gidey ha conseguido superar, después de 12 años, a una formidable atleta como Dibaba. Es muy probable que tanto ella como el atletismo femenino tengan mucho más recorrido a corto y medio plazo. Tal vez no sea descabellado pensar que en unos pocos años podremos ve finales olímpicas o mundiales femeninas que se resuelven en menos de 14 o en menos de 29 minutos. El tiempo nos lo dirá.

Progresión de la plusmarca mundial femenina de 5000 m

15.14.51 Paula Fudge GBR Knarvik 13 09 1981
15.13.22 Anne Audain NZL Auckland 17 03 1982
15.08.26 Mary Decker EUA Eugene 05 06 1982
15.01.83* Zola Budd RSA Stellenbosch 05 01 1984
14.58.89 Ingrid Kristiansen NOR Oslo 28 06 1984
14.48.07 Zola Budd GBR London 26 08 1985
14.37.33 Ingrid Kristiansen NOR Estocolmo 05 08 1986
14.36.45 Fernanda Ribeiro POR Hechtel 22 07 1995
14.31.27 Dong Yanmei CHN Shanghai 21 10 1997
14.28.09 Jiang Bo CHN Shanghai 23 10 1997
14.24.68 Elvan Abeylegesse TUR Bergen 11 06 2004
14.24.53 Meseret Defar ETI Nueva York 03 06 2006
14.16.63 Meseret Defar ETI Oslo 15 06 2007
14.11.15 Tirunesh Dibaba ETI Oslo 06 06 2008
14:06.62 Letesenbet Gidey ETI Valencia 07 10 2020

*Tiempo no reconocido como plusmarca mundial por estar Suráfrica fuera de la IAAF

Joshua Cheptegei, el undécimo doble plusmarquista mundial de 5000 y 10 000

La noche atlética valenciana de ayer resultó histórica. Hacia las 21:50, la etíope Letesenbet Gidey (1998) superaba la plusmarca mundial femenina de los 5000 m, con una extraordinaria marca de 14:06.62, no muy lejos de los 13:58.2 con los que el sueco Gunder Hägg (1918-2004) se convirtiera, en 1942, en el primer atleta en correr los 5 Km por debajo de 14 minutos. Pero la fiesta no se terminó ahí. Al filo de las 22:30, el ugandés Joshua Cheptegei (1996), plusmarquista mundial de 5000 m, rompía la mítica plusmarca mundial de 10 000 m del etíope Kenenisa Bekele (1982), 26:17.53 (2005), al registrar 26:11.00. Como sucediera cuando había conseguido el actual primado mundial de 5000 m, Cheptegei corrió con un ritmo extraordinariamente uniforme, casi de metrónomo, con pases cada kilómetro de 2:37.9, 2:37.2, 2:37.7, 2:37.0, 2:37.9 (13:07.73), 2:37.3, 2:36.9, 2:37.5, 2:37.3 y 2:34.3. Recorrió cada 400 entre 1:02.4 y 1:03.6, salvo el último, 1:00.08. El tiempo de su segundo 5000, 13:03.27, sigue siendo hoy día una muy buena marca en esta distancia.

La primera plusmarca mundial homologada de 10 000 m fueron los 30:58.8 del francés Jean Bouin (1888-1914) el 16 de noviembre de 1911. En los Juegos Olímpicos de 1912 no disputó esta distancia. Sí lo hizo en los 5000 m, donde mantuvo un memorable duelo con el finlandés Johannes Kolehmainen (1889-1966), que lo acabó superando.

El tope mundial de Bouin duró hasta el 22 de junio de 1921 cuando el mítico multiplusmarquista finlandés Paavo Nurmi (1897-1973) estableció con 30:40.2 la primera plusmarca mundial de las 22 que consiguió oficialmente, en pruebas de 1500 a 20 000 m, incluyendo los 5000. Fue campeón olímpico de 10 000 m en 1920 y 1928. En esta distancia mantuvo un gran duelo, también cronométrico, con su compatriota Ville Ritola (1896-1982) en 1924. El 25 de mayo Ritola corría en 30:35.4 y mejoraba el 6 de julio a 30:23.2, pero Nurmi acabó colocándose en el límite de la media hora el 31 de agosto, 30:06.2.

La barrera de los 30 minutos acabó mostrándose tremendamente resistente. Tuvieron que pasar 15 años para que se superase, con dos plumarcas mundiales en medio. El 18 de julio de 1937, otro finlandés, Ilmani Salminen (1902-1986) conseguía, con 30:05.6, superar a Nurmi 13 años después. Salminen había ganado anteriormente el oro europeo en la distancia en 1934 y el olímpico en 1936. Volvió a ser campeón de Europa en 1938. El campeón del 5000 en ese campeonato, su compatriota Taisto Mäki (1910-1979), realizó 30:02.0 el 29 de septiembre de ese año y rompió la barrera de la media hora el 17 de septiembre del año siguiente con 29:52.6.

El 25 de agosto de 1944, en plena guerra mundial en la que su país estaba implicado, Viljo Heino (1914-1998), también finlandés corrió en 29:35.4. En 1946 fue campeón de Europa. En 1949 mantuvo un cerrado duelo con el checo, entonces checoslovaco, campeón olímpico en 1948, Emil Zátopek (1922-2000), en pos del tiempo más rápido en la distancia. Este hizo 29:28.2 el 11 de junio, el 1 de septiembre el finlandés recuperaba el primado mundial con 29:27.2, pero Zátopek cerró la pugna el 22 de octubre con 29:21.2. Al checo aún le quedaban otros tres recortes a su propio tope universal, 29:02.6, el 4 de agosto de 1950, 29:01.6, y, finalmente, 28:54.2, primera marca sub29. En los Juegos Olímpicos de 1952 había conseguido su mítico triplete en 5000, 10 000 y maratón.

El húngaro Sándor Iharos (1930-1996) superó, aunque no simultáneamente, las plusmarcas mundiales de 1500, 3000, 5000 y 10 000 m. En esta última distancia realizó 28:42.8 el 15 de julio de 1956.

El tiempo de Iharos duró menos de dos meses en lo más alto de las tablas. Lo superó el terremoto ucraniano, entonces soviético, Vladimir Kuts (1927-1975), que había comenzado a practicar atletismo a los 22 años. De 1954 a 1957 consiguió los oros olímpicos de 5000 y 10 000 en 1956, el oro europeo en la distancia más corta en 1954, y las plusmarcas mundiales en las dos pruebas. Se colocaba siempre en cabeza y acostumbraba a marcas ritmos trepidantes. el 11 de septiembre de 1956 corrió los 10 000 m en 28:30.4.

Otro soviético, este ruso, Piotr Bolotnikov (1930-2013) mejoró a su entonces compatriota el 5 de octubre de 1960 con 28:18.8. El 11 de agosto de 1962 recortó unas décimas con 28:18.2. Fue campeón olímpico en 1960 y de Europa en 1962.

El 18 de diciembre de 1963, el portentoso corredor australiano Ron Clarke (1937-2015) se estrenaba como plusmarquista mundial con 28:15.6 en los 10 000 m. El 14 de julio de 1965 mejoró hasta unos entonces impensables 27:39.4 (27:39.89). Clarke superó oficialmente 17 topes universales, 4 en 5000 m. Su palmarés en grandes campeonatos, no obstante, es escaso. Tan solo pudo ganar el bronce olímpico en 1964 en los 10 000 m.

Pese a la mejora de Clarke de casi 30 segundos, el resto de los fondistas continuaron mejorando hasta que el australiano perdió su plusmarca mundial el 3 de septiembre de 1972, durante la disputa de la final olímpica en Múnich. El finlandés Lasse Virén (1949), pese a haber sufrido una caída en la mitad de la carrera, ganó el oro con 27:38.4 (27:38.35). Unos días después también se hacía con la plusmarca mundial del australiano en 5000 m. Virén hizo dos dobletes olímpicos en 5000 y 10 000 m en 1972 y 1976.

Un curioso corredor británico, David Bedford (1949), registró 27:30.8 (27:30.80) el 13 de julio de 1973. Bedford imprimía unos ritmos trepidantes, pero, incapaz de dosificarse, nunca consiguió un podio en un gran campeonato. El tiempo de Bedford se mantuvo como plusmarca mundial hasta el 30 de junio de 1977. Ese día el keniano Samson Kimobwa (1955) se convirtió en el primer africano en conseguir el primado mundial de la prueba. Marcó 27:30.5 (27:30.47) Estudiante en la Universidad del Estado de Washington, su carrera atlética fue muy corta. También lo fue su tope universal, que duró escasamente un año. El 11 de junio de 1978 su compatriota Henry Rono (1952), en su año mágico, se fue a 27:22.4 (27:22.47). Anteriormente, el 8 de abril había hecho plusmarca mundial de 5000 m, 13:08.4, y el 13 de mayo de 3000 obstáculos, 8:05.4,. Aún conseguiría la de los 3000 m lisos en 27 de junio, 7:32.1. Atleta muy irregular, aunque en 1981 superó su marca de 5000 m, 13:06.20, nunca tuvo la continuidad suficiente para plasmar su superioridad cronométrica en grandes campeonatos.

Tras haberse quedado a un escaso medio segundo de la marca de Rono en 10 000 m en 1981, el portugués Fernando Mamede (1951), consiguió, por fin, en 1984 sobrepasar al keniano cuando el 2 de julio registró 27:13.81. Mamede tenía miedo escénico a la gran competición. Parecía que la final de los Juegos Olímpicos de 1984 era el mejor escaparate para mostrar que había superado sus temores, pero, tras mostrarse muy firme en la semifinal, abandonó a mitad de la final. El portugués fue el último europeo plusmarquista mundial de la distancia.

Y el último plusmarquista mundial no africano fue el mexicano, después estadounidense, Arturo Barrios (1963), quien corrió en 27:08.23 el 18 de agosto de 1989. Dotado de escaso final, Barrios estuvo cerca del podio en el Mundial de 1987, 4º, y en los Juegos Olímpicos de 1988 y 1992, donde obtuvo sendos quintos puestos, siempre en los 10 kilómetros en pista.

El keniano Richard Chelimo (1972-2001) fue el iniciador de la racha africana consecutiva hasta hoy. Subcampeón olímpico de la distancia en 1992 en una final muy polémica ante el marroquí Khalid Skah (1967), el 5 de julio de 1993 registraba 27:07.91. Solo disfrutó cinco días de la condición de hombre más rápido en 10 000 m, pues el 10 de julio su compatriota Yobes Ondieki (1961), campeón del mundo de 5000 m en 1991, rompía por primera vez la barrera de los 27 minutos con 26:58.38. Al año siguiente, otro keniano William Sigei (1969), corría el 22 de julio en 26:52.23. Campeón del mundo de campo a través en 1993 y 1994, nunca alcanzó el puesto de finalista en ninguna competición en pista.

El 5 de junio de 1995 el etíope Haile Gebrselassie (1973), campeón del mundo de 10 000 m en 1993, superaba la primera de las tres plusmarcas mundiales que establecería en esta prueba, 26:43.53. Gebrselassie, que sería finalmente tetracampeón mundial y bicampeón olímpico en esta prueba, perdió su tope mundial el 23 de agosto de 1996, cuando el marroquí Salah Hissou (1972), entonces reciente bronce olímpico, realizó 26:38.08. Hissou fue además bronce mundial en 1997 y oro mundialista en 5000 m en 1999. Gebre mejoró el tiempo del marroquí el 5 de julio de 1997 con 26:31.32, pero el 22 de agosto, su gran rival, el keniano Paul Tergat (1969) se fue a 26:27.85. Tergat, que llegaría a ser cinco veces campeón mundial de campo a través, resultó derrotado por el etíope en los Juegos Olímpicos de 1996 y 2000 y en los Mundiales de 1997 y 1999. Acabó, como Gebre, siendo plusmarquista mundial de maratón. Finalmente, el 1 de junio de 1998, Gebre hizo su última plusmarca mundial de 10 000 m con 26:22.75.

Gebrselassie 26:43.53
Salah Hissou 26:38.08
Gebrselassie 26:31.32
Paul Tergat 26:27.85
Gebrselassie 26:22.75

El sucesor de Gebre como plusmarquista mundial fue otro de los grandes de siempre, su compatriota Kenenisa Bekele, 11 veces campeón del mundo de campo a través (cuando era anual y con carrera corta), 4 veces campeón mundial de 10 000 m, una de 5000 y tres oros olímpicos, dos en 10 000 y uno en 5000. El 8 de junio de 2004 marcó 26:20.31 y el 26 de agosto de 2005 mejoró hasta los 26:17.53, que superó ayer Cheptegei.

Joshua Cheptegei se acaba de convertir en el undécimo doble plusmarquista mundial de 5000 y 10 000 m, después de Nurmi, Mäki, Zátopek, Iharos, Kuts, Clarke, Viren, Rono, Gebre y Bekele. En Tokio el año que viene tendrá la oportunidad de intentar también el doble oro olímpico.

Progresión de la plusmarca mundial masculina de 10 000 m

30:58.8 Jean Bouin (FRA) 16 11 1911 París
30:40.2 Paavo Nurmi (FIN) 22 06 1921 Estocolmo
30:35.4 Ville Ritola (FIN) 25 05 1924 Helsinki
30:23.2 Ville Ritola (FIN) 06 07 1924 París
30:06.2 Paavo Nurmi (FIN) 31 08 1924 Kuopio
30:05.6 Ilmari Salminen (FIN) 18 07 1937 Kouvola
30:02.0 Taisto Mäki (FIN) 29 09 1938 Tampere
29:52.6 Taisto Mäki (FIN) 17 09 1939 Helsinki
29:35.4 Viljo Heino (FIN) 25 08 1944 Helsinki
29:28.2 Emil Zátopek (CZE) 11 06 1949 Ostrava
29:27.2 Viljo Heino (FIN) 01 09 1949 Kouvola
29:21.2 Emil Zátopek (CHE) 22 10 1949 Ostrava
29:02.6 Emil Zátopek (CHE) 04 08 1950 Turku
29:01.6 Emil Zátopek (CHE) 01 11 1953 Stara Boleslav
28:54.2 Emil Zátopek (CHE) 01 06 1954 Brussels
28:42.8 Sandor Iharos (HUN) 15 07 1956 Budapest
28:30.4 Vladimir Kuts (URS) 11 09 1956 Moscú
28:18.8 Pyotr Bolotnikov (URS) 15 09 1960 Kiev
28:18.2 Pyotr Bolotnikov (URS) 11 08 1962 Moscú
28:15.6 Ron Clarke (AUS) 18 12 1963 Melbourne
27:39.4 27:39.89* Ron Clarke (AUS) 14 07 1965 Oslo
27:38.4 27:38.35* Lasse Virén (FIN) 03 09 1972 Munich
27:30.8 27:30.80* David Bedford (GBR) 13 07 1973 Londres
27:30.5 27:30.47* Samson Kimobwa (KEN) 30 06 1977 Helsinki
27:22.4 27:22.47* Henry Rono (KEN) 11 06 1978 Viena
27:13.81 Fernando Mamede (POR) 02 07 1984 Estocolmo
27:08.23 Arturo Barrios (MEX) 18 08 1989 Berlín
27:07.91 Richard Chelimo (KEN) 05 07 1993 Estocolmo
26:58.38 Yobes Ondieki (KEN) 10 07 1993 Oslo
26:52.23 William Sigei (KEN) 22 07 1994 Oslo
26:43.53 Haile Gebrselassie (ETI) 05 06 1995 Hengelo
26:38.08 Salah Hissou (MAR) 23 08 1996 Bruselas
26:31.32 Haile Gebrselassie (ETI) 04 07 1997 Oslo
26:27.85 Paul Tergat (KEN) 22 08 1997 Bruselas
26:22.75 Haile Gebrselassie (ETI) 01 06 1998 Hengelo
26:20.31 Kenenisa Bekele (ETI) 08 06 2004 Ostrava
26:17.53 Kenenisa Bekele (ETI) 26 08 2005 Bruselas
26:11.00 Joshua Cheptegei (UGA) 07 10 2020 Valencia

*Tiempo automático no oficial

Y el maratón de Londres 2020 mostró que Kipchoge también es humano

Uno de los pocos atractivos de esta temporada, tras el aplazamiento de los Juegos Olímpicos a 2021 y la supresión, entre otras muchas competiciones, del Europeo de París, era el anunciado duelo en el maratón de Londres para el 4 de octubre entre las dos leyendas del fondo Eliud Kipchoge (1984) y Kenenisa Bekele (1982). El keniano es el actual plusmarquista mundial, 2h01:39, y el etíope el segundo mejor marquista de siempre, 2h01:41. Además, como es bien sabido, Kipchoge fue capaz de romper la barrera de las 2 horas en una exhibición no oficial en Viena el año pasado, 1h59:40, de 42 195 m, en medio de una gran polémica por los nuevos modelos de zapatillas. La carrera de Londres, trasladada de abril a octubre por la pandemia, tendría lugar en un circuito de algo más de 2 kilómetros en Saint James Park, al que los atletas darían 19 vueltas.

Pero las cosas no salieron como se esperaba. Dos días antes de la competición, Bekele renunciaba a participar por problemas físicos. El mismo día 4, Londres amanecía lluvioso. El barrillo resultante en el circuito haría muy complicado acercarse a la plusmarca mundial. Pero la noticia más inesperada tenía lugar hacia el kilómetro 37 de la competición, cuando Kipchoge perdía contacto con el grupo de cabeza formado por seis hombres. El keniano finalmente entró en la octava posición, con 2h06:49, a 1:08 del vencedor, el etíope Shura Kitata (1996), 2h05:41, que se impuso casi en la línea de meta a otro keniano, Vincent Kipchumba (1990), 2h05:42. Unos metros antes se había quedado otro etíope, Sisay Lemma (1990), 2h05:45. Es de destacar que, pese al mal tiempo, Kitata se quedó a tan solo 40 segundos de su mejor marca.

Kipchoge afirmó que la baja temperatura no le había favorecido pero acabó afirmando que para disfrutar del deporte hay que asumir que la derrota forma parte de él. Desde 2013 el keniano ha corrido trece maratones, más dos exhibiciones de 42 kilómetros 195 metros no oficiales. Con la de hoy es su segunda derrota en la distancia. La primera tuvo lugar en Berlín en 2013, donde fue segundo, con una mejor marca personal de 2h04:05, tras Wilson Kipsang (1982), quien con 2h03:23 había mejorado la plusmarca mundial de entonces. Las 2h06:49 de hoy son el tiempo más lento de Kipchoge, aparte del maratón olímpico de Río.

Hoy el titular es la derrota del keniano, que pudo retirarse alegando una lesión y no lo hizo. Se está considerando la derrota como algo excepcional y lo excepcional son las once (trece contando las exhibiciones no oficiales) victorias anteriores. En el atletismo la planificación está sometida a innumerables imponderables. Se podrían resumir en que el cuerpo humano no está preparado para someterse a la enorme cantidad de trabajo a que se somete para superar los límites. Llegar al día D a la hora H con la planificación cumplida al milímetro no siempre es posible. No es infrecuente que el atleta no sepa exactamente sus estado de forma. A veces hay retrasos en la preparación que no permiten calibrar adecuadamente la situación el día de la competición. No hace mucho un amigo del atletismo coincidió con un antiguo campeón olímpico y plusmarquista mundial. Le preguntó qué le había sucedido en una competición en la siendo el gran favorito se había quedado fuera del podio. La respuesta fue simplemente una lesión que había retrasado su puesta a punto. Aquello, como ocurre tantas veces, no trascendió a la prensa. Quizá podría haber una razón que explicase el bajo rendimiento hoy de Kipchoge, pero quizá no la lleguemos a saber. Quizá no tuvo su mejor día. Quizá el tiempo le afectó más de lo que pensaba.

En cualquier caso, hoy Londres ha demostrado que Kipchoge, pese a que algunos lo dudábamos, también es humano. En el maratón olímpico de Sapporo, probablemente sin público, en 2021, tendrá ocasión de desquitarse de su actuación de hoy, esperemos que en un gran duelo con Kenenisa Bekele.

P.D. Hoy pensaba escribir una gran crónica sobre el duelo en la cumbre entre Bekele y Kipchoge con el resultado de una gran plusmarca mundial. Quizá tenga más suerte el miércoles 7 con el intento de tope universal de Joshua Cheptegei en 10 000 m en Valencia, competición que cerrará esta extraña temporada.

Los velocistas estadounidenses de los años 80

Esta entrada se publicó inicialmente en el número de septiembre de la revista Somos Atletismo.

La formidable exhibición de los velocistas estadounidenses de 100 y 200 m en los Juegos Olímpicos de 1964 y, sobre todo, en la pista sintética de Ciudad de México de los Juegos de 1968, a más de 2000 m de altitud, no tuvo continuidad en la siguiente década, la de los 70. Entre los Juegos de 1972 y de 1976, los estadounidenses no ganaron ninguna medalla de oro en los 100 o los 200 m. Se tuvieron que conformar con tres platas y un bronce. Incluso se quedaron fuera del podio de los 100 m en 1976, algo que solamente había sucedido en 1928. Por otro lado, la plusmarca mundial de 9.95 en los 100 m, conseguida por Jim Hines (1946) en la final de México, parecía imbatible. Aunque hubo muchos 9.9 manuales durante la década de los 70, el único tiempo automático por debajo de 10.00 fueron los 9.98 del cubano Silvio Leonard (1955) en altitud, en 1977. El mejor registro realizado por un estadounidense en esos años fue de 10.05 por Steve Riddick (1951) en 1975. En 200 m el italiano Pietro Mennea (1952-2013) superaba en 1979, con 19.72, en Ciudad de México, la plusmarca mundial del estadounidense Tommie Smith (1944), 19.83, conseguida en la final olímpica de 1968. Previamente, en 1971, el jamaicano Don Quarrie (1971) se había quedado muy cerca del tiempo de Smith, con 19.86 en altitud. La mejor marca de un estadounidense en los años 70 fue 20.03 de Clancy Edwards (1975) en 1978.

La década de los 80 tampoco comenzó bien para los deportistas de Estados Unidos. El Presidente James Carter (1924) decidió boicotear los Juegos Olímpicos que se celebrarían en Moscú en 1980. El año anterior los soviéticos habían invadido Afganistán. Eran tiempos de la Guerra Fría. En las pruebas de selección olímpica, que fueron simbólicas, pues entonces ya se conocía el boicot, un joven de 19 años llamado Carl Lewis (1961) había ocupado la cuarta plaza en los 100 m, lo que le habría dado derecho a participar en el relevo 4 x 100 m. Lewis dominaría de forma casi apabullante la velocidad mundial en los años 80 y más allá. Fue oro olímpico en 100 m en 1984 y 1988, en 200 en 1984, en el relevo corto en 1984 y 1992, y oro en 100 m y en el relevo en los Mundiales de 1983, 1987 y 1991. Compatibilizaba esta especialidad con el salto de longitud, concurso en el que fue tetracampeón olímpico. La plusmarca de Hines cayó en 1983, cuando Calvin Smith (1961), otro longevo velocista, realizó en altitud 9.93. Unas semanas antes, Lewis había corrido en 9.97 al nivel del mar. A finales de la década, la plusmarca mundial eran los 9.92 con que Lewis había ganado la final olímpica de 1988. Entonces, las marcas por debajo de 10.00 ya no eran una rareza.

De 1985 a 1988, el dominio de Lewis se vio amenazado por el canadiense Ben Johnson (1961), bronce olímpico en 100 m en 1984, que había derrotado al estadounidense en la final de 100 m del Mundial de 1987, con 9.83, y en la final olímpica de 1988, con 9.79. Ambos tiempos habrían sido sendas plusmarcas mundiales. Unos días después de esta última carrera se descubrió que el canadiense había consumido anabolizantes. Él mismo confesó unos meses después que llevaba desde 1981 utilizándolos, por lo que se le desposeyó también de su título mundial y de los tiempos conseguidos entonces. Desgraciadamente, fue una época en que se cometieron demasiados excesos.

En cuanto a Calvin Smith, también tuvo una carrera deportiva bastante larga, aunque no tanto como Lewis. Fue campeón mundial de 200 m en 1983 y 1987, subcampeón mundial de 100 m en 1983, oro en 4×100 en el Mundial de 1983 y en los Juegos de 1984 y bronce en 100 m en los Juegos de 1988.

Pese al mal comienzo con el boicot a los Juegos de Moscú, los años 80 fueron sin duda los de la recuperación de la velocidad estadounidense. En los Juegos de 1984 y de 1988 Estados Unidos se llevó los 4 oros, y ganó un total de 9 medallas. En los campeonatos del mundo de 1983 y 1987 también se hizo con todos los oros y tres medallas más. Lewis y, en menor medida, Calvin Smith fueron sus estandartes, pero hubo numerosísimos velocistas, de inmensa calidad, que se vieron ensombrecidos por estos dos grandes. Algunos ganaron medallas olímpicas o mundiales. Otros realizaron grandes registros, pero no pudieron llegar a la gran competición, al no superar las exigentes pruebas de selección de su país. También el fútbol americano se llevó a unos cuantos de estos velocistas. Esta es la historia de algunos de ellos.

James Sandford (1957) ganó los 100 m de la Copa del Mundo en 1979. En 1980 corrió en 10.02, que acabaría siendo la mejor marca mundial de ese año, pero se lesionó y no pudo disputar las pruebas de selección olímpica. El ganador de estas pruebas, Stanley Floyd  (1961), llegó a registrar 10.03 en 1982. No disputó ningún gran campeonato. En 1983 aceptó una oferta de la NFL (National Football Association). No tuvo mucho éxito y volvió al atletismo en 1987. El segundo en esta carrera fue Harvey Glance (1957). Glance había sido campeón olímpico del relevo 4×100 m en 1976 y cuarto en la prueba individual. Su carrera atlética se extendió hasta 1987, año que fue campeón mundial de 4×100 m. En 1985 corrió su 100 más rápido, en  10.05. Mel Lattany (1959) ocupó el tercer puesto de esta prueba de selección. En 1984 realizó, con 9.96, su mejor tiempo de siempre y el mejor mundial del año. No consiguió, sin embargo, el pasaporte olímpico. En 1981, con 20.21, se impuso en el 200 de la Copa del Mundo. En 1985 hizo una prueba para los Dallas Cowboys de la NFL, pero no resultó exitosa. Cualquiera de estos tres atletas habría sido un rival formidable para el campeón olímpico ese año, el escocés Alan Wells (1952).

Vídeo sobre Mel Lattany

En los 200 m de estas pruebas de selección se impuso James Butler (1960), quien haría su mejor marca, 20.23, en 1982. Aunque corrió hasta finales de la década nunca pudo clasificarse para un gran campeonato. El gran derrotado en esta distancia en las pruebas clasificatorias fue LaMonte King (1959), que tenía la mejor marca, 20.08 y ocupó la cuarta posición. Acreditaba además 8.22 m en longitud. Tampoco llegaría a disputar ningún gran campeonato.

La velocidad corta del primer campeonato del Mundo, celebrado en Helsinki en 1983, fue un festival estadounidense. Solo dejaron escapar el bronce de los 200 m, que fue para Pietro Mennea. En 100 hubo triplete con Lewis, Smith y Emmit King (1959). Ellos tres, junto con Willie Gault (1960), ganaron además el oro en el relevo 4×100 m, con plusmarca mundial de 37.86. King siguió compitiendo hasta 1988, año en que hizo 10.04, su mejor registro, pero no volvió a ningún gran campeonato. En cuanto a Willie Gault, compatibilizaba esta prueba con los 110 m vallas. Realizó en 1982 con 10.10 y 13.26 sus mejores marcas. Tras proclamarse campeón del mundo en el relevo, comenzó a jugar en la NFL. Ya había practicado el fútbol americano previamente.

En los 200 m de Helsinki hubo doblete estadounidense con Calvin Smith y Elliot Quow (1962). Quow tuvo ese 1983 como su año dorado de una corta carrera atlética. Hizo también su mejor marca de 20.16, cuarta de ese año, precedido por Lewis con 19.75, Smith con 19.99 y el saltador de longitud Larry Myricks (1956), acreditado entonces en 8.52 m, con 20.03. Lewis se quedó a 0.03 de la plusmarca mundial, frenándose antes de llegar a la meta. Sería esta su mejor marca de siempre.

En los Juegos Olímpicos de 1984 se repitió la superioridad estadounidense en los 100 y 200 m. Tan solo dejaron de ganar el bronce en el 100. Lewis se convirtió en la estrella de los Juegos, al igualar el logro de Jesse Owens (1913-1980) de 1936 con los oros en 100, 200, 4×100 y salto de longitud. En la prueba corta se vio acompañado un peldaño por debajo del podio por Sam Graddy (1964). El tercer estadounidense, Ron Brown (1961), ocupó la cuarta posición. Los tres, junto con Calvin Smith, se hicieron con el oro en el relevo, con una nueva plusmarca mundial de 37.83. Graddy corrió ese año en 10.09. Brown había hecho 10.06 el año anterior. Ambos acabaron jugando en la NFL, el primero en 1987 y el segundo ese mismo 1984.

En la final olímpica de 200 m hubo triplete estadounidense. Lewis, que había ganado en 19.80, se vio escoltado por Kirk Baptiste (1963), con 19.96, y Thomas Jefferson (1962), con 20.26. Baptiste, que se convertía en el cuarto atleta más rápido de siempre, tuvo carrera corta que solo se prolongó por dos años más. Jefferson también alcanzó su cénit en Los Ángeles, si bien siguió compitiendo con altibajos hasta 1991, año en que hizo su mejor marca, 20.21. De los que no se clasificaron para los Juegos, destaca Albert Robinson (1964), que había corrido semanas antes de las pruebas de selección en 20.07. En 1988 hizo 20.05 y quedó cuarto en las pruebas para los Juegos. Consiguió clasificarse en el relevo 4×100 m, pero el equipo estadounidense resultó descalificado en su serie.

En 1989 se desposeyó del título y de la plusmarca mundial, conseguidos en Roma en 1987, a Ben Johnson, con lo que Lewis pasó a ser campeón del mundo y, retrospectivamente, pues entonces ya había mejorado esa marca, coplusmarquista mundial con 9.93, el mismo tiemo que Calvin Smith, si bien este lo había conseguido en altitud. Smith renovó en Roma su oro en 200 m. El sexto en esta final fue otro estadounidense, Floyd Heard (1966), que ese año había corrido en 19.95. Heard tuvo una larga carrera, hasta 2002. Hizo su mejor marca, 19.88, en 2000. Sin embargo, como tantos otros, no pudo clasificarse para ningún otro gran campeonato. El también estadounidense, Lee McRae (1966) fue sexto en los 100 m de este mundial y campeón del relevo 4×100. Es más conocido por la plusmarca mundial de 6.50 en 1987 en 60 m bajo techo.

Para los Juegos Olímpicos de 1988 volvieron a clasificarse los clásicos Carl Lewis, que ganó el 100 y fue, sorprendentemente, segundo en 200, y Calvin Smith, que fue tercero en 100 m. El segundo en los 100 m, Dennis Mitchell (1966), corrió ese año en 10.03 y ocupó el cuarto lugar en la final olímpica. Llegaría a realizar 9.91. En el último tramo de su carrera tuvo problemas por consumo de sustancias prohibidas. La sorpresa de los 200 m fue Joe DeLoach (1967), que no solo derrotó a Lewis en las pruebas de selección, sino que lo hizo también en la final olímpica, llevándose el oro con 19.75, 0.04 menos que su rival. Ese año realizó también 10.03 en 100 m. No volvió, sin embargo, a alcanzar el nivel de esa temporada y se retiró cuatro años más tarde, acuciado por interminables problemas físicos.  El tercer estadounidense fue Roy Martin (1966), acreditado en 20.05 de ese año. No pasó a la final, ni tuvo continuidad atlética. De los no clasificados destaca Lorenzo Daniel (1966), que había acreditado 19.87 antes de las pruebas de selección, pero se lesionó. Nunca tomó parte en un gran campeonato.

La descalificación de Ben Johnson en la final de 100 m, dio el oro a Lewis y el bronce a Calvin Smith. Los 9.92 de Lewis esta carrera acabaron siendo plusmarca mundial, tras anularse al año siguiente, como ya se ha indicado, los 9.83 de Johnson de la final de Roma. Lewis aún mejoraría esta plusmarca cuando se proclamó campeón mundial en 1991 con 9.86. La plusmarca de 200 m de Mennea sobrevivió hasta 1996, cuando Michael Johnson (1966) corrió en 19.66. Cuatro años antes, en la semifinal de los Juegos de 1992, Mike Marsh (1967) había realizado, parándose, 19.73

A finales de la década comenzaron a aparecer en las listas mundiales atletas que destacarían notablemente en la década siguiente como Leroy Burrell (1967), André Cason (1969), Mike Marsh o Michael Johnson. Sin duda, Estados Unidos en los 80 volvió a ser un país pródigo en grandes velocistas, pero la durísima competencia impidió a la mayoría brillar con continuidad, lo que añade un enorme mérito a los que sí consiguieron mantenerse en lo más alto durante varias temporadas.

Esther Guerrero y el valor de la superación

Es bastante común ver cómo una parte de los aficionados al atletismo en particular, y al deporte en general, solo se fijan en las medallas en los grandes campeonatos. Identifican este atletismo de élite con el atletismo en su conjunto. Sin embargo, la esencia del atletismo no son las medallas, las medallas son una consecuencia. La esencia del atletismo es la superación personal. Pese a que han transcurrido tres décadas yo mismo recuerdo perfectamente la sensación que tenía cada vez que mejoraba una marca o conseguía un resultado interesante. En el atletismo nuestro rival somos nosotros mismos. Se superan barreras que parecen imposibles gracias al trabajo, el sacrificio y la disciplina. Ello constituye una valiosa lección aplicable a muchos otros campos. Cuando empiezas en este deporte te fijas en los que corren más que tú y crees irrealizable llegar a correr (o saltar o lanzar) tan rápido (o tan lejos), pero con esfuerzo y perseverancia, muchas veces, lo acabas consiguiendo. No tiene sentido correr solo para ganar, porque para ganar hay que perder muchas veces y trabajar muy duro.

Que una atleta alcance la excelencia a los 30 años significa muchas cosas. Significa motivación, amor por este deporte. Significa perseverancia, porque para una mujer correr los 800 m en menos de 2 minutos es una meta que no alcanza cualquiera. Significa mucho esfuerzo, muchas horas de entrenamiento, muchos momentos complicados. Y, por supuesto, significa que al lado de una gran atleta hay un gran técnico.

La catalana Esther Guerrero Puigdevall (Bañolas, Gerona, 7 de febrero de 1990) ha coronado la mejor temporada de su vida, al convertirse en la tercera mujer española, tras Mayte Zúñiga (1964) y Mayte Martínez (1976), en correr los 800 m en menos de 2 minutos. Ayer, 25 de septiembre, Esther terminaba segunda en la prueba de 800 m de la reunión de Doha, con 1:59.22. El fin de semana anterior conseguía el doblete en el campeonato de España con sendos oros en los 800 y los 1500 m, en dos finales separadas por menos de 10 minutos.

Guerrero es una atleta que hace honor a su apellido. Siempre da la cara y quien le gana lo hace por ser mejor, no porque ella no haya dado todo lo que lleva dentro. En los Juegos Olímpicos de 2016, un escaparate mediático inmejorable, mostró en todo su esplendor su manera de correr. No se clasificó para la siguiente ronda pero por ella no quedó. En la primera ronda se disputaron 8 series. Pasaban a las semifinales las dos primeras y 8 tiempos. Esther corrió en la séptima serie y trató de avivar el ritmo. Finalmente fue 3ª, con 2:01.85, a 0.65 de su mejor marca, y a 0.20 de la segunda clasificada. Su participación terminó ahí, pero su imagen de luchadora ha quedado desde entonces.

Cuando participó en Río, Guerrero ya llevaba 10 años corriendo los 800 men el atletismo. Ha participado, además de en los Juegos de 2016, en los Mundiales al aire libre de 2015, 2017 y 2019 y en los Europeos al aire libre de 2016 y 2018, año en que comenzó a centrarse más en los 1500 m. Su mejor clasificación fue 11º en el 1500 del Europeo de 2018. En pista cubierta fue 6ª en los 800 de 2017 y 2019. Ha sido 12 veces campeona de España, 4 en 800 m al aire libre (2015, 2016, 2017, 2020), 4 en 800 m en pista cubierta (2015, 2016, 2017, 2018), 2 en 1500 m al aire libre (2019, 2020) y otras 2 en 1500 m en sala (2019, 2020).

Además ha ganado un bronce (2017) y un oro (2018) en el relevo mixto de los campeonatos de Europa de campo a través. En este atípico año de 2020, Esther también ha mejorado su marca de los 1500 m, prueba a la que se ha dedicado de forma intensiva en las tres últimas temporadas. El 23 de agosto corrió en Estocolmo en 4:03.13, quinta mejor marca española de siempre. También se convirtió el 14 de julio en plusmarquista española de la inusual prueba de 2000 m con 5:41.30. Estamos hablando de una atleta semiprofesional, que trabaja en la escuela municipal de atletismo de su ciudad.

Entrenada por Joan Leonart, el próximo objetivo de Guerrero serán los Juegos Olímpicos de Tokio, aplazados a 2021 y que podrían disputarse sin público. Para entonces podría estar corriendo por debajo de los 4 minutos en los 1500 m. La misma Esther ha dicho que no toda la gente ha nacido para ser campeón olímpico. Evidentemente eso solo es para unos pocos, pero el buen aficionado al atletismo sabe apreciar los valores de la lucha, la perseverancia y la superación, el valor clave del atletismo. Esther Guerrero los representa todos.