Mohamed Gammoudi, protagonista en tres Juegos Olímpicos

Hoy, 11 de febrero, cumple 80 años uno de los mejores corredores de fondo de siempre, el tunecino Mohamed Gammoudi. Poco preocupado por las plusmarcas mundiales, incluso personales, Gammoudi fue un magnífico competidor, ganador de 4 medallas olímpicas en tres ediciones diferentes, Tokio 1964, México 1968 y Múnich 1972. Previamente solo el finlandés Paavo Nurmi (1897-1973), con 12 medallas, 9 de oro, entre 1920 y 1928, y el sueco Edvin Wide (1896-1996), con 5 bronces y una plata en el mismo período, habían logrado preseas en tres ediciones de los Juegos. Posteriormente de uniría el campeón olímpico de maratón de 2016, Eliud Kipchoge (1984), que añade a su oro en río, un bronce en 2004 y una plata en 2008, ambas en 5000 m.

Mohammed Tlili ben Abdallah, más conocido como Mohamed Gammoudi, nació el 11 de febrero de 1938 en Sidi Aïch, una pequeña localidad tunecina 315 Km al sur de la capital. Militar de profesión, comenzó a practicar atletismo a las órdenes del comandante Hassine Mamouda. Inicialmente destacó en campo a través, pero pronto empezó a hacerlo también en pista. En 1963 se hizo con el oro en los Juegos del Mediterráneo en las pruebas de 5000 y 10000 metros. También ese año se impuso en el 5000 de la última edición de los Juegos de la Amistad, precedente de los Juegos Africanos.

En 1964, Gammoudi acudiría a sus primeros Juegos Olímpicos, a Tokio, pero antes, en agosto, compitió en los Juegos Mundiales Militares, que tuvieron lugar en el estadio de Riazor, en La Coruña, donde se impuso en los 5000 m. El español Javier Álvarez Salgado (1943), que en unos años se convertiría en un duro rival para el tunecino, se hizo con el oro en los obstáculos en la misma competición. En la capital de Japón, el tunecino tomaría parte en los 5 y 10 Km en pista. Esta última prueba se celebró en primer lugar, final directa con nada menos que 38 corredores en liza. Los favoritos eran el plusmarquista mundial, 28:15,6, el australiano Ron Clarke (1937-2015), el campeón olímpico 4 años antes y explusmarquista mundial, 28:18,2, el ruso, entonces soviético, Piotr Bolotnikov (1930-2013) y el oro olímpico de 5000 m en Roma 1960, el neozelandés Murray Halberg (1933). Gammoudi, con una plusmarca personal de 29:34,2, no contaba. Imponiendo un ritmo rápido, Clarke fue descolgando a todos los favoritos y se encontró en la última vuelta acompañado de dos corredores que a priori no parecían tener opciones, Gammoudi y el marino estadounidense de origen sioux Billy Mills (1938). En una complicadísima última vuelta, con muchos corredores doblados y en la que el australiano y el tunecino rozaron la descalificación, saltó, finalmente,  la sorpresa con la victoria Mills en unos excelentes 28:24,4. Gammoudi se hizo con la plata, con una nueva plusmarca africana de 28:24,8, 1:10 menos de su registro previo, que sería su mejor tiempo hasta 1972. Clarke fue tercero, 28:25,8. Sorprendentemente esta sería la única medalla olímpica de su brillante carrera.

Tras el éxito en la prueba larga, Gammoudi se impuso en su serie semifinal de 5000 m, pero alguna misteriosa razón le impidió correr la final, en la que se impuso el estadounidense Bob Schul (1937) y en la que el gran favorito, el francés Michel Jazy (1935), se quedó fuera del podio.

En los años siguientes continuó con buenas actuaciones. En 1965 fue bronce en el cross de las naciones, antecedente del campeonato del mundo. Ese año, con 13:44,2, superó la plusmarca africana del keniano Kip Keino (1940). Este la recuperaría en 9 días. En 1966 regresó al escenario de uno de sus primeros éxitos, el estado Riazor, donde se celebraban simultáneamente en Gran Premio de La Coruña y el Critérium Mundial Militar. Gammoudi se impuso en los 10000 y en los 5000 m, en la primera prueba con su segunda mejor marca de entonces, 28:40,6. En 1967, renovó sus oros de 5000 y 10000 m de los Juegos Mediterráneos, que tuvieron lugar en la capital de su país.

El año olímpico de 1968 comenzó muy bien para el tunecino. Nuevamente en la capital de su país, se hizo brillantemente con el oro en el Cross de las Naciones, por delante del maratoniano británico Ron Hill (1938). Los Juegos Olímpicos tendrían lugar en la Ciudad de México, a más de 2000 m de altitud. Gammoudi, tras unos excelentes 13:30,8 en 5000 m a principios de junio, se concentró en Font Romeu, en el Pirineo francés para aclimatarse a la altitud de la capital mexicana y tratar de competir con los africanos de la antiplanicie. El objetivo volvían a ser los 5 y 10 Km en pista, donde se enfrentaría a los kenianos Kip Keino, 13:24,2 y 28:06,4, y Naftali Temu (1945-2003), 13:37,6 y 28:27,4, el etíope Mamo Wölde (1932-2002), 28:31,8, 4º en Tokio, el plusmarquista y campeón europeo de 10000 m, el alemán Jürgen Haase (1945), 28:04,4, y al estratosférico plusmarquista mundial de ambas distancias, Ron Clarke, 13:16,6 y 27:39,4. La final de 10000 m, con 37 participantes, se celebraba en primer lugar. La altitud se hizo notar y el ritmo resultó muy lento. A falta de poco más de 1 Km, Keino abandonaba aquejado de un cólico biliar. Tras una penúltima vuelta en 1:04, los últimos 400 m fueron un mano a mano entre Wolde y Temu, con victoria de este último, 29:27,4 y 29:28,0. A cierta distancia Gammoudi resistía el ataque del corredor local Juan Martínez (1947) y conseguía mantener el bronce, 29:34,2 y 29:35,0.

A excepción de Martínez, que rindió de forma excepcional, la actuación de los corredores no africanos estuvo muy por debajo de sus posibilidades con Clarke en 6º lugar, 29:44,6, y Haase 15º, 30:24,2. El australiano necesitó asistencia médica tras colapsarse, una vez cruzada la línea de meta.

La final de 5000 m, a la que Gammoudi accedía tras ser segundo en la primera semifinal, se presentaba como una suerte de revancha de los 10 Km, con casi los mismos protagonistas. En la línea de salida estaban Keino, contra el criterio médico, Temu, Martínez o Clarke. Faltaba Wolde, que no se presentó en la final tras haber ganado su clasificación. Esta vez la pelea por el oro fue entre el tunecino y un recuperado Keino, con victoria de Gammoudi en 14:05,0, 0,2 más rápido que Keino. Se corrió el último 400 en 54,8. El bronce fue para Temu. Juan Martínez repitió el 4º puesto del 10000, mientras Clarke, afectado por la altitud, fue 5º.

En los años siguientes a los Juegos de México, el rendimiento de Gammoudi, ya en la treintena, parecía declinar. No pudo revalidar el oro en su competición favorita, los Juegos del Mediterráneo, al verse derrotado por Javier Álvarez Salgado en los 5000 m y abandonar en los 10000 m en la edición de 1971. Sin embargo, al año siguiente, ya con 34, parecía en su mejor forma y en condiciones de volver a asaltar el podio olímpico en los Juegos de Múnich. Con 50 corredores en los 10000 m, por primera vez desde 1920 se celebrarían semifinales, en concreto 3. Gammoudi se impuso en la segunda con unos excelentes 27:54,69, su mejor marca de siempre. Lo que podría haber hecho en la final nunca lo sabremos, pues se vio envuelto en una caída con el finlandés Lasse Virén (1949), pero mientras este se recuperó y logró el oro con plusmarca mundial, el tunecino se llevó la peor parte y abandonó.

Sin embargo, 4 días más tarde sí pudo tomar la salida en la primera serie semifinal de 5000 m, en la que se impuso con 13:49,8. Estaba en condiciones de conseguir por primera vez repetir oro olímpico en 5000 m. Sus rivales serían, además de Viren, acreditado en 13:19,0,  Dave Bedford (1949), que poseía la mejor marca de los participantes, 13:17,2 y el estadounidense Steve Prefontaine (1951-1975), 13:22,8 . Los primeros 3000m se corrieron no muy rápido en 8:20,2 (2:46,4, 5:32,6). Cuando iban 3400m el estadounidense Prefontaine rompía la carrera con 400 sucesivos en 1:02,5, 1:01,2 y 1:00,3. A falta de 1000m se había seleccionado un grupo formado por el propio Prefontaine, Virén, el británico Ian Stewart (1949), el belga Emiel Puttemans (1947) y Gammoudi. En la última vuelta cambió Viren que se colocó en cabeza, llevándose consigo Gammoudi, que lo sobrepasó en la contrarrecta. Prefontaine aguantaba en la cabeza, que ya se había separado del resto de los corredores. En la última recta Virén aceleró con fuerza y se hizo con el oro, 13:26,4, por delante de Gammoudi, 13:27,4, y de Stewart, 13:27,6, que adelantó a falta de 20m a un desfallecido Prefontaine. Virén cubrió el último 1500 en 3:44,6, el último 1000 en 2:26,2 y la última vuelta en 56,0. El tiempo del tunecino fue su mejor marca de siempre.

Con 34 años, Gammoudi había corrido más rápido que nunca en sus dos pruebas favoritas. Nunca dio el salto al maratón. Además acreditó 3:41,9 en 1500 m y 7:50,2 en 3000 m. Siguió compitiendo hasta 1976, año en el que aún fue capaz de correr los 10000 m en 28:14,2, poco antes de los Juegos de Montreal. Su objetivo de ser olímpico por cuarta vez ser frustró debido al boicot africano en protesta por la disputa de un torneo de rugby en Suráfrica, entonces apartada de las competiciones dadas sus políticas racistas, por el equipo neozelandés. Se retiró esa misma temporada. Continuó en el ejército hasta 1999 con el grado de comandante. Posteriormente formó parte como técnico y directivo de la federación de atletismo de su país.

Felicidades a este extraordinario corredor de fondo el día de su octogésimo aniversario.

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¿Por qué hacemos atletismo?

Ya es un mundo perdido, pero aún disfruto yendo a correr a la pista de mi barrio e imaginándome cuando me falta media vuelta para terminar que estoy volviendo a correr los últimos 200 metros de la mejor época de mi vida.

Esta frase es de Tom Courtney (1933), campeón olímpico de 800 m y relevo 4 x 400 m en los Juegos de Melbourne en 1956. La pronunció en 1976, hace más de 42 años. y resume perfectamente la relación vital entre el atletismo y el atleta. Es lo que hace que quien esto escribe siga soñando con atletismo 25 años después.

Cuando alguien ajeno a este deporte te pregunta qué te motiva a hacer atletismo, no es fácil encontrar las palabras para expresar lo que sentimos. ¿Cómo se puede explicar el esfuerzo de noches de invierno en un parque embarrado? ¿O los días de verano, sin vacaciones, cuando el calor no cede ni aunque se ponga el sol? ¿Cómo se pueden explicar el dolor, la agonía, el esfuerzo diario incondicional?

No hay una sola respuesta. Probablemente dependa de las vivencias de cada uno. Atribuirlo solamente a la secreción de endorfinas se queda demasiado corto. Quizá una motivación muy importante es el descubrimiento de que el esfuerzo te hace mejor. Quien es capaz de tener constancia y disciplina en los programas de entrenamiento y en el esfuerzo acaba consiguiendo metas que consideraba impensables. Es difícil explicar la sensación de bienestar que produce poder correr cada vez más rápido si no se ha vivido. Una de las ventajas del atletismo es que el rival es uno mismo. Es al yo de años anteriores al que hay que superar. Cada uno tiene su límite, que puede ser, refiriéndose, por ejemplo, al 1500, 4:00, 3:50, 3:40 o 3:30. El objetivo tiene que ser superar este límite. Solamente en el último caso equivale a adquirir un pasaporte olímpico. Pero el atletismo es mucho más que eso. También lo es superar cualquiera de los otros límites y la satisfacción es más proporcional a las expectativas que al tiempo conseguido.

Como en cualquier otro deporte quien lo practica suele adquirir una serie de hábitos saludables y una serie de valores como la disciplina, el sacrificio, la resistencia al dolor la perseverancia o la consecución de objetivos a largo plazo, que pueden ser muy útiles cuando se aplican a otros campos. Además, en el atletismo el metro y el segundo son jueces implacables que no necesitan ojeadores.

No todo es positivo. También hay una cara negativa en forma de lesiones, expectativas frustradas, obsesiones, resentimiento o drogas. Es necesario prepararse para evitar en lo posible esta parte menos agradable. Un punto muy importante es asumir que no todos los cuerpos pueden soportar las cargas necesarias para llegar alto y que hay que adaptar el entrenamiento a las capacidades de cada uno. Es complicado ganar por talento en edades jóvenes y no poder transformar ese talento en un rendimiento de alto nivel, pero no todos reúnen talento, capacidad y mentalidad. Sin embargo, el atletismo de élite solo es una pequeña parte del atletismo. Como se dijo anteriormente, la meta debe ser superarse a uno mismo. Hay quien dice que esa es la mayor conquista.

Juha Väätäinen, el corredor de fondo velocista

Los finlandeses voladores dominaron de forma implacable las carreras de fondo en la primera mitad del siglo XX. Hasta 1936, se hicieron con 33 medallas olímpicas, 16 de oro, en 3000 m obstáculos, 5000, 10 000 y maratón, a las que hay que añadir otras 9 preseas, 6 de oro, en cross, que entonces era olímpico, y 3000 m por equipos. Pero, tras la Segunda Guerra Mundial, de forma casi repentina, los finlandeses desaparecieron de los puestos de honor de las grandes competiciones. Viljo Heino (1914-1998) cerró con su plusmarca mundial de 10 000 m de 29:27,2 el 1 de septiembre de 1949 la gran época dorada del fondo finlandés. Durante 20 años, con la excepción de Veikko Karvonen (1926-2007), oro en maratón en el Europeo de 1954 y bronce olímpico en 1956, los corredores finlandeses desaparecieron de la élite del fondo mundial.

No fue hasta finales de los 60, concretamente el 17 de julio de 1968, cuando un finlandés volvió a la cúspide atlética. Ese día Jouko Kuha (1939) superaba, con 8:24,2, la plusmarca mundial de obstáculos del belga Gaston Roelants (1937). Kuha, que pasaba los inviernos entrenando en España, renunció, sin embargo, a los Juegos de México, pues juzgó que la altitud no le permitiría rendir adecuadamente. Tan solo un fondista finlandés acudió a México, el maratoniano Pentti Rumakko (1943-2008), que no finalizó la prueba. Rumakko volvió a ser el único representante de su país en pruebas de fondo en el campeonato de Europa de 1969, con el mismo resultado, abandono en el maratón.

Las tornas estaban, sin embargo, a punto de cambiar para el país nórdico, hasta el extremo de que, en la década siguiente, Finlandia volvería a colocar a sus atletas en lo más alto de las pruebas de fondo mundial. El precursor de este renacer finés fue un antiguo velocista que tuvo un recorrido en la élite muy corto, pero muy intenso, Juha Väätäinen. Väätäinen nació el 12 de julio de 1941 en Oulu, una ciudad de 200 000 habitantes situada al norte de Finlandia. Comenzó haciendo pruebas de velocidad y de vallas. Posteriormente fue progresivamente subiendo al 800, distancia en la que fue 2 veces campeón de su país, y más tarde al 1500, pruebas en las que llegó a acreditar 1:48,4 (1967) y 3:43,7 (1968). Entrenándose de forma autodidacta y con frecuencia en altitud, en 1969 dio el salto a las pruebas de fondo, con muy buenos resultados, pues registró esa temporada 13:50,0 y 28:53,0. Estos tiempos le permitieron clasificarse para el Europeo de ese año, al que no acudiría por problemas físicos. Su progresión continuó al año siguiente, con mejoría notable en ambas distancias, 13:43,2 y 28:19,6. Este último tiempo, realizado en Oulu, su ciudad natal, lo obtuvo haciendo 13:58,0 en el la segunda mitad de la prueba.

En 1971 se celebraba un nuevo campeonato de Europa. La Asociación Atlética Europea había hecho entonces un primer intento, que no fructificó, de celebración bienal de su campeonato. Con 30 años Väätäinen participaría en su primer grande y lo haría en su país, pues se celebraba en Helsinki. Correría tanto el 5000 como el 10 000. Aunque mostró una excelente forma mejorando su marca en 10 000 m unos días antes  con 28:12,4, el gran favorito para en la distancia más larga era el británico David Bedford (1949). Bedford había superado ese mismo año las plusmarcas europeas de ambas pruebas de fondo el pista con 13:22,2 y 27:47,0, ambas segundas mejores marcas mundiales de siempre. En Helsinki, no obstante, solo tomaría parte en la distancia más larga. Otro candidato a la victoria era el alemán Jürgen Haase (1945), doble campeón de Europa de 10 Km (1966 y 1969), acreditado en 28:04,4, que era la tercera mejor marca mundial de siempre.

La carrera de 10 000 m, final directa, del Europeo tuvo lugar el 10 de agosto, con 35 atletas. Desde el comienzo Bedford tomó la cabeza e imprimió un ritmo rapidísimo, con pases de 2:43,3 (1000 m), 5:26,6 (2000 m), 8:14,6 (3000 m) y 13:54,4 en la mitad de la prueba. Bedford continuó el cabeza hasta la última vuelta. comandando un grupo en el que se encontraban Väätäinen, Haase, el español Mariano Haro (1940), el ruso, entonces soviético, Rashid Sharafetdinov (1943-2012) y el serbio, entonces yugoslavo, Danijel Korica (1945). Al enfilar la contrarrecta, Haase trató de adelantar al británico pero Väätäinen, que marcaba de cerca a Bedford, se dio cuenta y realizó él mismo un brusco cambio de ritmo, que inicialmente aguantó el alemán. Este intentó hacerse con la victoria en la última recta pero no pudo con el finlándes, que se proclamó campeón de Europa con unos excelentes 27:52,78, plusmarca finlandesa y 3ª mejor marca mundial de siempre. Había corrido el último kilómetro en 2:34,0 y la última vuelta en 53,8.

Resultados

1. Juha Väätäinen FIN 27:52.8/78*
2. Jürgen Haase GDR 27:53.4/35
3. Rashid Sharafetdinov URS 27:56.4/25
4. Danijel Korica YUG 27:58.4/38
5. Mariano Haro ESP 27:59.4/33
6. Dave Bedford GBR 28:04.4/33
7. Mike Tagg GBR 28:14.8/65
8. Seppo Tuominen FIN 28:18.0/98
9. Manfred Letzerich FRG 28:21.0/91
10.Noël Tijou FRA 28:21.8/65
11.Werner Dossegger SUI 28:23.0/88
12.Lucien Rault FRA 28:23.2/11
13.Jack Lane GBR 28:24.0/01
14.Arne Risa NOR 28:24.4/41
15.Joachim Krebs GDR 28:26.8/67
16.Karel Lismont BEL 28:31.2/17
17.Lasse Virén FIN 28:33.2/12
18.Nikolay Sviridov URS 28:41.2/09
19.Josef Jánský TCH 28:43.2/08
20.René Jourdan FRA 28:46.2/08
21.Donald Walsh IRL 28:52.6/60
22.Edward Mleczko POL28:55.8/73
23.Henryk Piotrowski POL 29:01.8/68
24.Eckhard Lesse GDR 29:02.6/53
25.Janos Szerenyi HUN 29:04.0/93
26.Lajos Mecser HUN 29:07.6/49
27.Giuseppe Cindolo ITA 29:13.8/65
28.Jens Wollenberg FRG 29:25.4/41
29.Per Halle NOR 29:43.4/25
30.Josef Wirth SUI 29:33.8/71
31.Egbert Nijstadt NED 29:48.2/08
32.Dieter Brand FRG 29:59.4/29
33.Carlos Lopes POR 30:05.6/64
-. Gaston Roelants BEL DNF
-. Nedo Farčić YUG DNF

*tiempo oficial / tiempo real

Cinco atletas realizaron registros inferiores a 28 minutos. Hasta entonces solo lo habían conseguido el australiano Ron Clarke (1937-2015), 27:39,4 (27:39,89) en 1965, y David Bedford. Mariano Haro obtuvo una brillantes quinta plaza, superando su anterior plusmarca española por 35 segundos. Antes de salir tenía la 18ª marca de los participantes. En total se realizaron 10 plusmarcas nacionales. El último en llegar a la meta, a más de dos minutos del ganador y con casi dos vueltas perdidas, fue el portugués Carlos Lopes (1947), que acabaría convirtiéndose en un brillante campeón olímpico de maratón 13 años más tarde.

Otro joven portugués, Fernando Mamede (1951) tomó parte en la prueba de 800 m, en la que superó la plusmarca de su país en las series. Como Väätäinen, Mamede acabaría obteniendo sus mayores éxitos en 10 000, distancia en la que fue plusmarquista mundial, en 1984.

Dos días después de su gran victoria en los 10 Km, Väätäinen volvía a la pista del Estadio Olímpico de Helsinki para disputar la segunda, de tres, semifinal de 5000 m, en la que se impuso fácilmente con 13:47,6. Tras su actuación previa, el finlandés era uno de los favoritos para hacerse con el oro también en esta prueba. Sus máximos rivales eran el francés Jean Wadoux (1942) plusmarquista europeo de 1500 m, 3:34,0 (1970), acreditado en 13:28,0 (1970), y el alemán Harald Norporth (1942), subcampeón olímpico en 1964 y de Europa en 1966, con una plusmarca personal de 13:24,8 (1966). La final, celebrada el 15 de agosto, resultó igual de trepidante que la de 10 000. El finlandés repitió su demoledor ataque a falta de 300 m, llevándose con él a Wadoux y a Norporth, que finalmente no pudieron sobrepasarlo.  Väätäinen obtuvo su victoria con plusmarca nacional de 13:32,48, tras un último kilómetro en 2:27,8 y un último 400 en 53,0.

 

Resultados

1. Juha Väätäinen FIN 13:32.48
2. Jean Wadoux FRA 13:33.56
3. Harald Norpoth FRG 13:33.79
4. Danijel Korica YUG 13:34.88
5. Javier Álvarez Salgado ESP 13:35.84
6. Emiel Puttemans BEL 13:36.60
7. Lasse Virén FIN 13:38.46
8. Bronisław Malinowski POL 13:39.33
9. Frank Eisenberg GDR 13:41.07
10.Petras Simonelis URS 13:42.78
11.Michael Baxter GBR 13:43.16
12.Rune Holmén FIN 13:46.50
13.Allan Rushmer GBR 13:48.19
14.Bernd Dießner GDR 13:50.79
-. Vladimir Afonin URS DNF

El español Javier Álvarez Salgado (1943) que unos días antes había acreditado 13:33,6 tuvo un excelente rendimiento en el que probablemente fue su mejor año. Unos días después obtuvo una gran victoria en la reunión preolímpica de Münich con plusmarca personal de 10 000 m, 28:01,4, y una semana más tarde en un 5000 en Londres fue 2º, detrás de Kip Keino (1940) con plusmarca personal de 13:28,4, 4ª mejor marca mundial de 1971. En octubre, Salgado culminó su gran temporada con doble oro en 5 y 10 Km en los Juegos del Mediterráneo, batiendo respectivamente al campeón olímpico, el tunecino Mohamed Gammoudi (1938) y a Mariano Haro.

Tras su perfecta temporada de 1971 siguiente objetivo de Väätäinen era reeditar su doblete en los Juegos Olímpicos de 1972, los primeros que disputaba a sus 31 años Sin embargo, algunos problemas físicos le impidieron afinar su puesta a punto. No salió en el 10 000 y fue 13º y último en el 5000, pese a dar una gran impresión imponiéndose en la 4ª de las durísimas semifinales en las que se clasificaban los 2 primeros y 4 tiempos. Su compatriota Lasse Virén (1949) tomó su relevo, haciéndose con el doblete en las 2 pruebas de fondo, con plusmarca mundial y caída incluida en el 10 000.

Tres días después de los Juegos Väätäinen hizo con 13:28,4 su mejor marca de 5000 m. Se retiró esa misma temporada de 1972. En esa década de los 70, una nueva generación de finlandeses volvió a dar mucho lustre al fondo de su país. Los 19 meses que pasó en el país nórdico Arthur Lydiard (1917-2004), el mítico entrenador del triple campeón olímpico Peter Snell (1938), fueron determinantes para este resurgir. Además de Virén, Tapio Kantanen (1949), Marti Vainio (1950), Pekka Vasala (1948), Pekka Päivärinta (1949) o Kaarlo Maaninka (1953) se hicieron con un buen número de medallas en grandes campeonatos. Hay que decir, no obstante, que estos éxitos se han visto ensombrecidos por el uso, reconocido por Maaninka, de autotransfusiones, entonces no prohibidas, que llevaron, en el caso de Vainio, a destapar que consumía ilegalmente anabolizantes. Vainio se había administrado esta sustancia durante el invierno de 1984, al tiempo que se extraía sangre para congelar y autotransfundírsela meses después. Con la sangre iban los restos del fármaco, que finalmente se detectaron en un control en los Juegos de LA, lo que le privó de la medalla de plata en 10 000. Las autotransfusiones se ilegalizaron definitivamente en 1985. El nuevo brillo finés se mostró, no obstante, efímero. Cuatro décadas después, las plusmarcas finlandesas de 5000 y 10 000 m siguen en poder de Viren, 13:16,3 (1972) y de Vainio, 27:30,99 (1978).

Tras su retirada Väätäinen, que había sido profesor de Primaria, no volvió a su antigua profesión y se hizo entrenador de fondo y de marcha. De 2011 a 2015 fue diputado en el Parlamento de Finlandia. En la actualidad vive en Málaga, donde, entre otras cosas, se dedica a la pintura.

 

 

 

Horace Ashenfelter, un agente del FBI perseguido por el KGB

Acaba de fallecer Horace Ashenfelter con casi 95 años, el agente del FBI campeón olímpico de 3000 m obstáculos en Helsinki 1952, los Juegos en que Emil Zatopek (1922-2000) hizo el triplete histórico en las tres pruebas de fondo.

Ashenfelter había nacido en Phoenixville, Pennsylvania el 23 de enero de 1923. Se crió en una granja en Collegeville, muy cerca de Filadelfia. Tomó parte en la Segunda Guerra Mundial como piloto e instructor de artillería y, tras licenciarse, estudió Educación Física en la Universidad de Pennsylvania, donde comenzó a practicar atletismo. En 1950 se unió al FBI (Federal Bureau Investigation), lo que no le impidió continuar sus entrenamientos como corredor fondo y, posteriormente, de obstáculos en sus ratos libres. Solía entrenarse en un parque por las noches, utilizando los bancos como improvisados obstáculos. Inicialmente se centró más en 5 y 10 Km en pista. En la primera distancia disputó la prueba de selección olímpica de su país en 1948, en la que ocupó la quinta posición. En 1950 fue campeón nacional de 10 000 m. No consideró la prueba de obstáculos seriamente hasta 1952, año en que sorprendió en las pruebas de selección olímpica al imponerse en esta distancia con nueva plusmarca estadounidense de 9:06,4. También se clasificó para los 10 000 m, que finalmente no disputó. El FBI le concedió un mes de vacaciones para preparar los Juegos, aunque él mismo ya se lo había procurado cambiando turnos y haciendo horas extras.

El gran favorito para hacerse con el oro olímpico en Helsinki era el ruso, entonces soviético, Vladimir Kazantsev (1923-2007), héroe de guerra del Ejército Rojo y oficial del KGB. Poseía la plusmarca mundial (oficiosa, la IAAF no reconocería las plusmarcas mundiales de obstáculos hasta 1954) en 8:48,6. En la prueba olímpica se programaron 3 series semifinales, Kazantsev se impuso en la primera con 8:58,0, nueva plusmarca olímpica. El galés John Disley (1928-2016), acreditado en 8:51,4 que posteriormente sería uno de los fundadores del maratón de Londres, ganó la segunda serie con 8:59,4. Ashenfelter, que competía en la tercera, pulverizó su marca personal y de paso superó la efímera plusmarca olímpica de Kazantsev con 8:51,0. El resultado de las series apuntaba a una gran final, como así fue.

En la ronda definitiva Kazantsev, mucho más experimentado, seguía siendo el principal favorito, pero tanto Ashenfelter, como Disley, no se lo pondrían fácil. El bielorruso, entonces soviético, Mijail Saltikov (1925) lideró el primer kilómetro en unos rapidísimos 2:49,8. A partir de ahí Kazantsev y Ashenfelter se alternaron en la primer posición. El segundo kilómetro se cruzó en 5:47,4. En la última vuelta, el ruso se lanzó por el oro, pero una mala caída en la última ría lo dejó sin opciones. Ashenfelter cambió de ritmo y, pese a su mal paso por el último obstáculo, se hizo con la victoria con una nueva plusmarca mundial de 8:45,4. Kazantsev pudo mantener la segunda posición, 8:51,6, ante el acoso de Disley, finalmente bronce, 8:51,8. Tras la victoria del obstaculista estadounidense, los periodistas de su país bromearon diciendo que era la primera vez que un agente del FBI se dejaba seguir por el KGB.

 

Ashenfelter tuvo un magnífico recibimiento de vuelta en Filadelfia, en el que tomó parte el propio director del FBI, el todopoderoso J Edgar Hoover (1895-1972). El campeón olímpico siguió compitiendo hasta 1957. Participó en los Juegos de Melbourne en 1956 pero no entró en la final. En total ganó 17 títulos nacionales al aire libre, en pista cubierta y en el campo a través Dejó el FBI en 1959 por un trabajo en una empresa privada. Se jubiló en 1993. Falleció el 6 de enero de 2018. Es el único atleta estadounidense que ha ganado el oro olímpico en la prueba de 3000 m obstáculos. Evan Jager (1989) fue plata en 2016. Quizá tenga una nueva oportunidad en 2020, en una distancia que desde 1984 monopolizan los atletas kenianos.

Final olímpica de salto con pértiga 1936, las medallas de la amistad

Hablar de los Juegos de Berlín es hablar de Jesse Owens (1913-1980). El atleta estadounidense desafió las teorías raciales del nazismo haciéndose con 4 oros. Los Juegos de 1936 ofrecieron, sin embargo, otros momentos mágicos como la plusmarcas mundiales en 1500 m del neozelandés Jack Lovelock (1910 – 1949) o en triple salto del japonés Naoto Tajima (1912-1990), que además fue bronce en la mítica final de salto de longitud. Otros dos japoneses fueron, sin duda, los grandes protagonistas de la final de salto con pértiga, pese a que no se hicieron con el oro.

Poco antes de los Juegos, en Estados Unidos había llamado la atención la historia de superación de George Varoff (1914-2002), hijo de unos humildes inmigrantes ucranianos que destacaba como violinista igual que como saltador de pértiga. Se convirtió en favorito para el oro olímpico cuando con 4,43 m superó por 4 cm la anterior plusmarca mundial. Era la época del bambú y de caída en arena. Pero Varoff ni siquiera tuvo la oportunidad de acudir a Berlín. En las exigentes pruebas de selección olímpica solo fue 4º, con 4,26 m, muy lejos de los 4,34 m que Bill Graber (1911-1996), Bill Sefton (1915-1982) y Earl Meadows (1913-1992) compartieron en la primera posición. Los tres se convirtieron en favoritos para la victoria olímpica. Sus máximos rivales serían los japoneses Shuhei Nishida (1910-1997) y Sueo Ōe (1914-1941).

Sueo Ōe and Shuhei Nishida 1930.jpg
Sueo Ōe y Shuhei Nishida en 1930 (foto Wikipedia)

No hubo sorpresas en la clasificación, celebrada 4 horas antes de la final, y los 5 candidatos al oro estaban en la final del 5 de agosto. Bill Graber fue el primero en caer, en 4,25 m, altura que franquearon sus 4 rivales. Sin embargo, de ellos, solo Meadows fue capaz de saltar por encima de 4,35 m, nueva plusmarca olímpica que le sirvió para vencer. Entonces los nulos no contaban, por lo que había 3 atletas para las medallas de plata y bronce, Bill Sefton y los japoneses Nishida y Ōe. Se bajó el listón a 4,15 m, altura que no pudo superar el estadounidense y sí, a la primera, sus dos rivales. Un oficial japonés decidió que los dos saltadores no seguirían desempatando, sobre 4,25 m, y que se diese la plata a Nishida por no tener nulos en 4,25 m. La organización lo aceptó.

 

Quienes no lo aceptaron fueron los dos amigos quienes, una vez en casa, llevaron sus medallas a un orfebre para que las cortase y uniese las mitades de plata con las de bronce. Cada uno se quedaría con una de estas medallas de la amistad.

La medalla de la amistad (Wikipedia

 

Ambos atletas siguieron compitiendo tras los Juegos de Berlín. Nishida, ya con 41 años, fue bronce en los Juegos Asiáticos de 1951. Oe, que en 1937 había establecido una nueva plusmarca nacional de 4,35, se vio envuelto en una contienda mucho menos amistosa con los estadounidenses en 1941 y falleció en la batalla de Wake Island. El recuerdo de ambos amigos y su medalla de la amistad, sin embargo, sí que pervivirán en el mundo atlético como ejemplo de los mejores valores del deporte.

 

 

Miguel de la Quadra Salcedo, un hombre del Renacimiento

Miguel de la Quadra Salcedo (Madrid, 30 de abril de 1932 – Pozuelo de Alarcón, 20 de mayo de 2016) fue un hombre polifacético, muy conocido por su trabajo de reportero en RTVE y posteriormente por su liderazgo como promotor del programa Ruta BBVA, anteriormente Ruta Quetzal. Lo que tal vez es algo menos conocido, fuera del mundillo atlético, es que de la Quadra fue además un atleta de alto nivel, protagonista de un episodio histórico en el lanzamiento de jabalina.

Aunque había nacido en Madrid, de la Quadra siempre se consideró navarro. Cuando Miguel tenía 5 años su familia se trasladó a Pamplona. Estudió Ingeniería Agrícola y durante esa época comenzó a practicar atletismo. Se especializó en lanzamientos, pero no en uno concreto, sino en los 4, aunque curiosamente fue en el lanzamiento en el que tuvo menos éxitos, el de jabalina, por el que resultó más conocido en el ámbito atlético. En cualquier caso, en aquella época en España era frecuente que los lanzadores practicasen varias modalidades. Fue 9 veces campeón de España: 6 en disco (1953, 1955, 1956, 1958, 1959, 1960), 2 en peso (1955, 1956) y una en martillo (1956). Además superó la plusmarca española de lanzamiento de disco en 7 ocasiones entre 1955 y 1960 hasta dejarla en 51,00 y la de lanzamiento de martillo 6 veces, en 1956, hasta 49,25. Su gran proeza, no obstante, ocurrió en el lanzamiento de jabalina en 1956, su gran año, en que le faltó el título en esta prueba para hacer pleno en los lanzamientos del campeonato de España.

De 1930 a 1963, el lanzamiento de barra fue oficial en los campeonatos de España. Consistía en lanzar con estilo rotatorio una barra de metal de 1,5 m de longitud y 3,5 Kg de peso. El veterano y exitoso lanzador vasco Félix Erausquin (1907-1987), que contaba entonces 49 años y había sido 26 veces campeón de España, de lanzamiento de peso, disco, jabalina y barra, decidió adaptar el estilo de lanzamiento de la barra a la jabalina. Poco después, con ese peculiar estilo, de la Quadra lanzó 66,25 m en París, el 23 de septiembre, casi 3 metros más que la plusmarca española de entonces. El propio Erausquin lanzó el 7 y el 12 de octubre 74,32 y 83,40 m. Otro especialista en lanzamiento de barra, el aragonés Manuel Clavero (1927), lanzó 82,94 m el 21 de octubre. La plusmarca mundial entonces estaba en manos del  polaco Janusz Sidlo (1933-1993) con 83,66 m. Alarmada la IAAF casi inmediatemente prohibió dar la espalda al sentido del lanzamiento, a lo que Erausquin respondió con un nuevo estilo en que eliminaba los giros. Con esta técnica, de la Quadra llegó a 82,80 el 21 de noviembre. El noruego futuro campeón olímpico y plusmarquista mundial Egil Danielsen (1933) lanzó la jabalina con el nuevo estilo a 93,70 m. Hay un lanzamiento dudoso del propio de la Quadra en París de 112,30 m. En cualquier caso, la IAAF, juzgando peligrosa esta técnica, cambió el reglamento de forma instantánea. A partir de entonces se requería que tanto en la aproximación como en el lanzamiento la jabalina tenía que estar por encima del brazo. Tal vez si los lanzadores españoles hubiesen mantenido la técnica en secreto hasta los Juegos de Melbourne, que se celebraban en noviembre, no se les habría podido anular lo que hubiesen conseguido. En cualquier caso, esto no habría sucedido de ninguna manera, puesto que el Gobierno de España, entonces presidido por el General Franco, decidió no acudir a los Juegos como protesta por la invasión soviética de Hungría.

De la Quadra tomó parte en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960, donde acabó con 3 nulos en lanzamiento de disco. Ese mismo año, en los primeros Juegos Iberoaméricanos, celebrados en Santiago de Chile, fue bronce en peso y 4º en disco. A continuación se retiró. En total fue 17 veces internacional.

En 1961, el Gobierno de Colombia lo contrató para realizar un estudio etnobotánico de la selva amazónica. Estuvo 3 años en Suramérica, donde vivió en la selva y ejerció otros oficios como el de domador, camionero o marinero. Volvió a España, donde comenzó a trabajar en Televisión Española, de la que fue el primer corresponsal en Iberoamérica y, posteriormente, se especializó en conflictos. Estuvo en Vietnam, Eritrea, Congo, donde lo condenaron a muerte, y en Chile durante el golpe de estado de Pinochet. A mediados de los años 70 y 80 realizó numerosos documentales, la mayoría de temas aventureros. Le gustaba recorrer las rutas de los antiguos exploradores como la de Orellana en el Amazonas. En 1988 empezó con Aventura 92, que en 1993 se convertiría en la Ruta Quetzal y posteriormente en la Ruta BBVA, un programa de actividades de intercambio cultural para jóvenes entre las que destacaban expediciones por España e Iberoamérica. En 1990, la UNESCO declaró el programa de interés universal.

Hombre culto y extraordinariamente leído, se consideraba un hombre del Renacimiento, por sus múltiples intereses y actividades. Tenía una biblioteca de 8000 volúmenes y disfrutaba leyendo las crónicas de los conquistadores, a Verne o a Homero. Estuvo trabajando casi hasta el final. Falleció el 20 de mayo de 2016, víctima de una insuficiencia cardíaca.

En la actualidad, la Asociación Española de Estadísticos del Atletismo está llevando a cabo el proyecto #RecordandoAMiguel, cuyo objetivo es la construcción de una escultura de Víctor Ochoa dedicada a Miguel de la Quadra Salcedo, en la pista de atletismo de la Universidad Complutense de Madrid, en la Ciudad Universitaria. Si queréis contribuir económicamente visitad la página

https://www.verkami.com/projects/18998-un-granito-de-arena-para-alguien-que-nos-enseno-el-mundo

Montreal 1976, los Juegos del boicot africano

Los Juegos de Montreal han pasado a la historia por dos hechos extradeportivos: el boicot africano y el endeudamiento de la ciudad para organizar las competiciones. A poco más de dos semanas para la inauguración de los Juegos, el líder de Uganda, el tristemente famoso Idi Amin (¿1925? – 2003), al que posteriormente se le unieron varios países africanos, solicitó la exclusión del equipo olímpico de Nueva Zelanda, argumentando que los All Black de rugby había jugado un torneo en Suráfrica. Debido a su política racista, este país estaba fuera de las organizaciones internacionales, incluidas las deportivas. El comité olímpico neozelandés arguyó que el rugby no era un deporte olímpico y que ellos no tenían potestad para decir a sus ciudadanos adónde podían ir o no. Estas explicaciones no convencieron a los representantes de los países africanos, que se mantuvieron en su postura y finalmente, ante la negativa del Comité Olímpico Internacional (COI) de apoyarlos, decidieron no participar en los Juegos. Tan solo Senegal y Costa de Marfil dejaron de secundar la postura mayoritaria de otros 30 países africanos. Lo que entonces ignoraban los dirigentes del COI era que este sería el primero, y el menos importante, de tres boicots a los Juegos, que hicieron peligrar seriamente su continuidad.

El otro problema al que se enfrentó la ciudad de Montreal fue la falta de financiación, pues ni el Gobierno Federal de Canadá ni el Gobierno Provincial de Quebec apoyaron económicamente el proyecto de los Juegos. A la ciudad no le quedó otro remedio que establecer un impuesto especial a sus ciudadanos y endeudarse, de modo que los pagos no se terminaron hasta diciembre de 2006.

A pesar de estos problemas, el atletismo en los Juegos de Montreal tuvo un nivel altísimo. Se superaron 8 plusmarcas mundiales. Se disputaron 37 pruebas, 14 femeninas. La IAAF decidió que los 50 kilómetros marcha no fuesen olímpicos, aunque se recuperaron 4 años después. No hubo otros cambios respecto a Montreal. No se añadieron pruebas a la categoría femenina. Pese a que en el Europeo de 1974 ya se habían disputado los 3000 m femeninos, el COI no los introduciría en el programa olímpico hasta 1984.

Uno de los grandes héroes de los Juegos fue el cubano de 26 años Alberto Juantorena Danger (1950). Juantorena comenzó jugando al baloncesto. Posteriormente se pasó al atletismo, deporte en que se especializó inicialmente en los 400 m lisos. En esta prueba acreditaba 44,3A (44,70) antes de los Juegos. A partir del mismo año olímpico, unos buenos 1:44,9 en la doble vuelta lo llevaron a intentar un doblete inédito. En los 800 m tras imponerse con autoridad en su serie y en su semifinal, el cubano salió en la final decidido a correr muy rápido. Su victoria fue incuestionable en una nueva plusmarca mundial de 1:43,50. Unos días después ganó su segundo oro, al hacer 44,26 en 400m, mejor marca entonces al nivel del mar.

Otra de las plusmarcas mundiales tuvo lugar en los 400 metros vallas, prueba en la que un desconocido de 20 años llamado Edwin Moses (1955), que llegó a los Juegos con la mejor marca del año, 48,8, y se marchó con el tope universal, 47,64. Iniciaba en Montreal un incontestable dominio de la especialidad, que se prolongó por más de una década.

La prueba más larga de obstáculos, los 3000 m, resultó una espectacular carrera, que terminó en plusmarca mundial, con un trepidante final, del que salió triunfante el sueco Anders Gärderud (1946), con 8:08,02.

El lanzador de jabalina húngaro Miklos Nemeth (1946), cuyo padre Imre (1917-1989) había ganado el oro en lanzamiento de martillo en 1948, se proclamó campeón olímpico con nueva plusmarca mundial de 94,58 m, con la antigua jabalina. Nemeth tomó parte en 4 Juegos, pero solo en Montreal alcanzó el podio.

La quinta plusmarca mundial masculina corrió a cargo del decatleta estadounidense Bruce Jenner (1949), que llegó hasta los 8618 puntos (8634 con la tabla de 1985). Tras su victoria olímpica se convirtió en una celebridad. Pero ocultaba un problema muy serio. Tras tres matrimonios fallidos, finalmente Jenner hizo público que en realidad tenía un cerebro de mujer encerrado en un cuerpo masculino. Después de someterse a terapia durante varios años, finalmente en 2015 se cambió oficialmente de sexo y de nombre. En la actualidad es Catlyn Jenner.

En categoría femenina, se superaron tres plusmarcas mundiales a cargo de la polaca Irena Szevinska (1946), la soviética Tatyana Kazankina (1951) y el equipo 4 x 400 de Alemania del Este. La polaca fue una atleta enorme y muy versátil, pues combinó todas las pruebas de velocidad con el salto de longitud. Su carrera olímpica había comenzado 12 años atrás, en los Juegos de Tokio, donde ganó el oro en 4×100, la plata en salto de longitud y en 200 m. Cuatro años después, en México, fue oro en 200 m y bronce en 100 m. En Munich 1972 ganó el bronce en 100 m. Y en sus últimos Juegos, en Montreal, se impuso con autoridad en los 400 m con 49,28, nueva plusmarca mundial.

Kazankina tuvo una exitosa carrera atlética que acabó en 1984, tras negarse a pasar un control de drogas. Fue plusmarquista mundial de 800, 1500 y 3000 m. En Montreal hizo el doblete en 1500 y 800 m, en esta última prueba con unos asombrosos 1:54,84, nueva plusmarca mundial. Fue también oro olímpico en 1500 m 4 años después en Moscú.

El equipo de Alemania del Este de 4 x 400 m, formado por Doris Maletzki (1952), evin (1954), Ellen Streidt (1952) y Christina Brehmer (1958) corrieron la prueba por primera vez en la historia en una media de menos de 50,00 s cada 400 m, con un tiempo final de 3:19,23, 3,62 s mejor que la anterior plusmarca conseguida que tenía también Alemania Oriental desde Múnich.

Además de las plusmarcas mundiales, en Montreal hubo otras actuaciones muy destacadas. En los 100 m se produjo el hecho histórico de que por primera vez no había ningún atleta estadounidense en el podio. El oro se fue por primera vez para Trinidad y Tobago, de la mano de Hasely Crawford (1950), con unos buenos 10,06. El subcampeón en 100 m, el jamaicano Donald Quarrie (1951), que tenía la 2ª mejor marca de siempre con 19,86A, se hizo con el oro en los 200 m, en 20,22. Las vallas altas fueron para el francés Guy Drut (1950), que llegaría a Ministro de Deportes de su país.

El boicot africano y la malaria del plusmarquista mundial de 1500 m, el tanzano Filbert Bayi (1953), frustraron su duelo con el neozelandés John Walker (1952), que se impuso con cierta facilidad en una final táctica. El finlandés Lasse Virén (1949) repitió el doble oro en 5000 y 10000 m de 4 años antes en Múnich. Intentando emular a Emil Zatopek (1922-2000) fue 5º en maratón, prueba en la que se impuso en alemán oriental Waldemar Cierpinksi (1950).

En los saltos verticales los oros se fueron para Polonia. Jacek Wszola (1956) ganó la altura con 2,25 y Tadeus Slusarski (1950-1998) la pértiga con 5,50. El soviético Viktor Saneyev (1945) obtuvo su tercero oro consecutivo en triple salto. El estadounidense Arnie Robinson (1948) se hizo con el título de longitud con 8,35 m, entonces 3ª mejor marca de siempre.

Montreal fue el inicio de la carrera del mejor lanzador de martillo de siempre, el entonces soviético Yuriy Georgiyevich Sedykh (1955). Sedykh tuvo una brillante y dilatada carrera que se extendió tres lustros. En estos Juegos se hizo con su primer oro olímpico, con 77,52. 15 años después, en Tokio, se proclamó campeón del mundo con 81,70. En el medio otro oro y una plata olímpicos, una plata mundialista, tres oros europeos y 6 plusmarcas mundiales hasta 86,74 m en 1986, tope aún vigente.

Otro joven lanzador y futuro plusmarquista mundial, el alemán Udo Beyer (1955) ganó la prueba de lanzamiento de peso. El disco fue para el plusmarquista mundial, el estadounidense Mark Wilkins (1950), que consiguió la plata 8 años después en Los Ángeles.

En categoría femenina, las alemanas del Este se impusieron en 9 pruebas de 14. Aún faltaban algunos años para que se demostrase la poca fiabilidad de esos triunfos. Además del reseñado oro con plusmarca mundial de 4x400m, las alemanas orientales también fueron oro en el relevo corto. Los 200 m fueron para Bärbel Wöckel (1955), entonces Eckert, con 22,37. Repetiría en Moscú 4 años después. En 100 m vallas Johanna Schaller (1955) se hizo con el oro. Los saltos fueron para Angela Voigt (1951-2013), la longitud, y para la plusmarquista mundial, que aún practicaba el rodillo ventral, Rosemarie Ackerman (1952), la altura.

El pentatlón se resolvió por puestos a favor de la primera, ya que las dos alemanas del Este Siegrun Siegl (1952) y Christine Laser (1951) empataron a 4745 puntos. Los dos últimos oros alemanes fueron para las lanzadoras de disco, Evelin Jahl (1956), y de jabalina, Ruth Fuchs (1946).

Además de las ya mencionadas Szevinska y Kazankina, las otras dos ganadoras no alemanas del Este fueron la campeona de 100 m, la alemana occidental Annegret Richter (1950) y la campeona de lanzamiento de peso, la búlgara plusmarquista mundial con 21,89 m, Ivanka Khristova (1941).

Así, pese al boicot africano, los Juegos de Montreal tuvieron un nivel muy alto, algo que no tuvo continuidad 4 años después en Moscú, cuyos Juegos sufrieron el boicot más grave de la historia que estuvo cerca de llevar al traste el movimiento olímpico. Probablemente lo salvó el duelo Coe Ovett.

NOTA: Dedico esta entrada a mi amigo, antiguo lanzador de martillo, Ángel Berruezo, pues estos fueron los primeros Juegos que siguió y los que lo engancharon al atletismo.

La gran cosecha del fondo gallego de 1967

Hace unos días coincidí con lo más granado de la última gran generación del fondo gallego, nacidos casi todos ellos en 1967. Tras los Teixeira, Manuel Augusto Alonso, Carlos Pérez y Javier Álvarez Salgado, el fondo gallego entró en un período de transición de unos tres lustros, hasta que la nueva generación consiguió reverdecer los laureles de sus mayores. Su presencia fue constante en los puestos de honor de los campeonatos nacionales, pero también consiguieron buenos resultados en el ámbito internacional.

Probablemente el momento culminante de este grupo de grandes fondistas gallegos sucedió en el campeonato de España de campo a través de 1994, celebrado en Zarauz, un circuito que a priori beneficiaba al gran favorito, el vitoriano Martín Fiz (1963). Sin embargo, Fiz no pudo con el tridente gallego formado por Carlos Adán (1967), Carlos de la Torre (1966) y Alejandro Gómez (1967), quienes sin táctica de equipo coparon por ese orden el podio del campeonato.

Tal vez  sea Alejandro Gómez Cabral (Zamáns, Vigo, 11 de abril de 1967) el atleta más emblemático de este excelso grupo. Alejandro, un atleta de gran talento, comenzó a entrenar en 1983, cuando era juvenil (sub18) de primer año. Esa temporada corrió los 3000 m en 8:29,8. Al año siguiente mantuvo una dura pugna con otro vigués, Manuel Carrera Nogueira (3 de febrero de 1967), por la plusmarca española de 3000 m de la categoría. A principios de esa temporada de 1984, Alejandro había realizado 14:16,7 en 5000 m. En septiembre se hizo con el primado español de 3000 m con 8:15,30, pero unos días después, Carrera, que hasta ese año se había centrado en 800 y 1500 m le arrebataba la plusmarca con 8:15,1. Redondeaba así un excelente año en el que había sido doble campeón de España juvenil de 1500 y 3000 m. Sin embargo, Carrera, no pudo continuar progresando. En 1986 corrió los 3000 m en 8:05,03, entonces 5ª mejor marca junior (sub20) española de siempre, pero diversas circunstancias le impidieron seguir. Alejandro, por el contrario, tuvo una gran prestación en ese 1986, su último año de junior. Consiguió la plata en los 5000 m del primer campeonato del mundo de la categoría, así como las plusmarcas españolas junior de 2000 m (5:09,5), 3000 m obstáculos (8:36,4), 3000 m (7:57,84) y 5000 m (13:42,16). Acudió con 21 años a los Juegos de Seúl de 1988. Posteriormente volvió a ser olímpico en 10000 m en Barcelona 1992 y Atlanta 1996, donde fue 15º. Ocupó la 9ª posición en el 10000 del Mundial de 1991 y fue 5º y 6º en maratón en los Europeos de 1998 y 2002. En campo a través su mejor actuación internacional fue una 6ª posición en el Mundial de 1989. Fue, además, dos veces campeón de España de campo a través (1989, 1995), 5 veces campeón de España de 10 000 m (1989, 1991, 1993, 1995, 1996) y otras dos de medio maratón (1992, 2003). Sus mejores marcas fueron 13:20,91 27:39,38, 1h01:20 y 2h07:57.

El brillante campeón de España de campo a través de 1994, José Carlos Adán Arias (Vigo, 22 de julio de 1967), tuvo también una importante trayectoria en pista al aire libre. Representó a España en el 10 000 de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Su mejor actuación en pista tuvo lugar en el 5000 del Europeo de 1994, donde ocupó la 6ª posición. En campo a través fue 4º en el campeonato de Europa de 1994, 6º en 2000 y 7º en 2001. Sus mejores marcas son 13:19,71, actual plusmarca gallega de 5000 m, y 27:59,49.

El tercer olímpico de aquella generación fue Carlos de la Torre Allariz (Marín, Pontevedra, 18 de mayo de 1966). De la Torre tomó parte en los 10000 m de los Juegos de Barcelona y de Atlanta. En esta última competición fue 14º. Ese mismo año de 1996 fue 4º en el campeonato del Mundo de medio maratón, que se celebraba en Palma de Mallorca. Dos años antes había sido 8º en el Europeo de 10000 m. Fue campeón de España de 10 000 m en 1990. Sus mejores marcas fueron 13:29,85, 27:49,17 y 1h02:03.

Otro gran atleta de este elenco es José Ramón Rey Rodríguez (Orense, 3 de noviembre de 1967). Jota, como se le conocía en el mundillo atlético, comenzó corriendo 1500 m y progresivamente fue ascendiendo a los 3000 m obstáculos, 5000 y 10000 metros. Sus mejores marcas fueron 8:44,2, 13:47,6 y 28:34,6. En 1997 corrió su primer maratón, en el campeonato de España. Hizo su mejor marca de siempre, que igualaría en 2001, 2h10:49, con la que fue 2º, el mismo tiempo que el campeón. Al año siguiente ocupó la 4ª plaza, primer español, en el Europeo de Budapest. En medio maratón su mejor registro fue 1h02:06.

A estos 4 atletas bien se les pudo haber unido un quinto de la misma generación, Jesús González Margaride (Pontenova, Lugo, 16 de octubre de 1967). En 1992 había corrido los 5000 m en 13:28,57, muy cerca de los 13:25,00 de la mínima olímpica. Desgraciadamente, una grave enfermedad ese mismo año lo obligó a abandonar el deporte de alta competición. Su hijo Miguel González Carballada (1998) es un prometedor corredor de fondo que probablemente buscará lo que su padre no pudo conseguir.

Actores clave del éxito de esta generación fueron entrenadores como Julio Rodríguez, Alfonso Ortega, Carlos Pérez, Virgilio Gónzalez Barbeitos, Mariano Castiñeiras o Carlos Landín. En aquellos años 80 y 90 era muy frecuente que apasionados del atletismo dedicasen muchas horas, que quitaban a sus familias, a entrenar chavales a cambio de nada o casi nada. Tal vez la clave del estancamiento actual esté ahí.

En el blog de Emilio Navaza hay semblanzas muy completas de Alejandro Gómez, Carlos de la Torre y Carlos Adán.

El campeonato gallego de campo a través de 1995, con Alejandro Gómez, José Ramón Rey, Carlos Adán y los hermanos de la Torre, minuto 57:25.

 

 

 

México 68, los mejores Juegos de siempre

Cada vez que oigo decir en las ceremonias de clausura de los Juegos Olímpicos aquello de que han sido los mejores Juegos de la historia, no puedo evitar una sonrisa. Al margen de los aspectos organizativos y del nivel deportivo general, los aficionados al atletismo sabemos que no ha habido Juegos como los de México, celebrados en 1968, de los que estos días se cumplen 49 años.

La Ciudad de México ganó la organización de los Juegos en 1963. Su proyecto resultó el más convincente, lo que no resultaba tanto eran los 2240 m de altitud de la urbe. Entonces apenas se conocían los efectos de la altitud en el esfuerzo. Hubo quien llegó a decir que podría poner el peligro la vida de los deportistas. Diez días antes del inicio de la competición sucedió algo que pudo haber terminado con los Juegos antes de empezar. Una manifestación de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de la capital mexicana terminó con la intervención policial y más de 2 centenares de muertos. El presidente del COI, el octogenario Avery Brundage (1887-1975) se apresuró a decir que era un asunto que no tenía que ver con los Juegos.

El atletismo se celebró entre el 13 y el 20 de octubre. Fueron 8 días en que se lograron 18 plusmarcas mundiales y se igualó otra. De las 36 finales, en 26 de ellas los ganadores superaron la anterior plusmarca olímpica, en algunos casos conseguidas minutos antes o en las pruebas de clasificación. Para la consecución de estos logros se reunieron varios factores. La altitud fue clave para las pruebas explosivas o de esfuerzos cortos y el cambio de la ceniza al material sintético en la pista resultó fundamental. Pero el nivel no habría sido tan alto si no hubiese habido una magnífica generación de velocistas de raza negra, principalmente estadounidenses, junto con la primera gran hornada de corredores africanos. Los atletas europeos, pese a verse en algunos casos perjudicados por la altitud, también tuvieron un papel relevante.

Si hubiese que elegir una imagen de estos Juegos, no habría ninguna duda de que seleccionaríamos esta:

Los 8,90 metros del estadounidense Bob Beamon (1945) superan con mucho el ámbito mediático del atletismo y están considerados uno de los grandes hitos de la historia del deporte. La competición se terminó con este primer salto de Beamon, que continúa siendo la segunda mejor marca de la historia.

La velocidad en México sufrió una auténtica revolución. Surgió una nueva promoción de velocistas estadounidenses que llevó las plusmarcas a límites impensables. Jim Hines (1946), en una final de 100 monocolor inédita hasta entonces, rompió por primera vez con 9,95 la barrera de 10,00. Tommie Smith (1944) hizo lo propio con la de 20,00 en 200 m, 19,83, al menos oficialmente pues su compatriota John Carlos (1945)había corrido en 19,92 en las pruebas de selección, marca no homologada por la IAAF por haberse hecho con zapatillas no reglamentarias. Lee Evans (1947), por su parte, se fue en 400 m a unos asombrosos 43,86. Hines y Evans lideraron los relevos corto y largo que con 38,23 y 2:56,16 también superaron las respectivas plusmarcas mundiales. El incidente de Smith y Carlos protestando en el podio contra la segregación racial y su posterior expulsión se convirtió en un símbolo para siempre.

En el otro salto vertical, el triple, también se hizo historia, pero por una razón diferente, pues se superó la plusmarca mundial nada menos que 5 veces. Comenzó en la clasificación el italiano Giuseppe Gentile (1943) con 17,10 m. Al día siguiente con un primer salto de 17,22 m parecía que dejaba el concurso visto para sentencia. Pero aún quedaba mucha competición. En la tercera ronda el georgiano, entonces soviético, Viktor Saneyev (1945), se iba a 17,23. En la quinta ronda surgió el brasileño Nelson Prudencio (1944-2012) quien con 17,27 pareció dar por finiquitada la prueba. Pero Saneyev dejó lo mejor para el último salto, en el que con 17,39 m ganó la primera de sus tres medallas de oro olímpicas.

Además de grandes registros, otro hito de los Juegos sucedió en el salto de altura . El estilo de salto de entonces era el rodillo ventral o, algo menos, el rodillo californiano. El estadounidense Dick Fosbury (1947) no se adaptaba a ninguno de ellos y comenzó a desarrollar su estilo propio, que acabó llevando su nombre. Cuando ganó el oro en México con 2,24 m el mundo atlético se quedó asombrado. Si bien Fosbury ya llevaba años practicándolo, con los medios de comunicación de entonces, la repercusión de su estilo era muy limitada fuera de su ámbito.

En salto con pértiga,  el estadounidense Bob Seagren (1946) se quedó a 1 cm de su plusmarca mundial de 5,41 m, con los 11 primeros, incluido el español Ignacio Sola (1944), 9º, por encima de la anterior plusmarca olímpica. En lanzamiento de disco el también estadounidense Al Oerter (1936-2007) ganaba su cuarto oro. Su compatriota Randy Matson (1945) se hacía con el oro en peso, tras su plata 4 años antes. La jabalina fue para el letón, entonces soviético, Janis Lusis (1939) y el martillo para el húngaro Gyula Zsivótzky (1937-2007), que había sido plata en las dos ediciones anteriores.

La plusmarca mundial igualada fue la de 800 m. Se esperaba que el keniano Wilson Kiprugut (1938), bronce 4 años antes, se hiciese con el oro, pero en una rapidísima carrera se vio superado a falta de 50 m por el australiano Ralph Doubell (1945) que ganó con 1:44,40, marca homologada en 1:44,3, que igualaba la plusmarca mundial del neozelandés Peter Snell (1937)

En mediofondo y fondo uno de los grandes protagonistas fue el keniano Kip Keino (1940), uno de los mejores de todos los tiempos. Se planteó el reto de tres oros en 10000, 5000 y 1500 m. Abandonó en la primera por un cólico biliar, prueba que ganó su compatriota Naftali Temu (1945-2003), el único keniano con un oro olímpico en 10 Km, seguido del etíope Mamo Wolde (1932-2002), que ganaría el maratón, y del tunecino Mohamed Gammoudi (1938), plata en la anterior edición. Gammoudi superó a Keino en una apretada llegada en el 5000, con Temu tercero. En las pruebas de fondo la altitud también se dejó notar, en sentido negativo, con registros de los ganadores de 14:05,01, 29:27,40 y 2h20:27. El plusmarquista mundial del 5 (13:16,6) y 10 Km (27:39,4), el australiano Ron Clarke (1937-2015),  tampoco se adaptó a la altitud y solo pudo ser 5º y 6º. También fue lento el 3000 obstáculos, distancia en que se impuso por primera vez en la historia un keniano, Amos Biwott (1947), con 8:51,02. A Keino le quedaba el 1500, en el que se enfrentaría al plusmarquista mundial, el joven estadounidense Jim Ryun (1947), acreditado en 3:33,1. Sin embargo, en uno de los mejores 1500 de la historia olímpica, el keniano no dio opción y se impuso con 3:34,91. Incluso al nivel del mar Ryun lo habría tenido muy complicado.

En los 110 m vallas se impuso el estadounidense William Davenport (1943-2002), con 13,33, probablemente mejor que la plusmarca mundial del Martin Lauer (1937) de 13,2. En 400 m vallas, la victoria fue para el británico David Hemery (1944) con unos magníficos 48,12, plusmarca mundial por 0,7.

El programa femenino en 1968 estaba aún muy lejos del masculino. Se celebraron 11 pruebas, las carreras de 100, 200, 400, 800 y 80 m vallas, el relevo 4 x 100, los saltos de altura y longitud, los lanzamientos de peso, jabalina y disco y la combinada de entonces que era el pentatlón. Hubo en total 5 plusmarcas mundiales. La estadounidense Wyomia Tyus (1945) fue la primera velocista que defendió con éxito el título olímpico de 100 m, esta vez con plusmarca mundial de 11,08. Formó parte del relevo estadounidense de 4 x 100 que ganó el oro también con tope mundial 42,88.

La polaca Irena Szewinska (1946), una de las grandes velocistas de la historia, se llevó la victoria en 200 m con plusmarca mundial de 22,58, tras ser bronce en 100 m. En 400 m se produjo un gran duelo entre la ganadora, la francesa Collete Besson (1946-2005) y la malograda británica Lillian Board (1948-1970). El tiempo de Besson, 52,03, fue probablemente superior que la plusmarca mundial de 51,9 de la coreana Sin Kim-dan (1938).

Las otras dos plusmarcas mundiales femeninas fueron en salto de longitud, a cargo de la rumana Viorica Viscopoleanu (1939), 6,82 m, y en lanzamiento de peso, 19,61 de la alemana del Este Margitta Gummel (1941).

En México finalmente se demostró que la altitud unido a las mejoras técnicas y a una excepcional generación de atletas dio lugar a una catarata de plusmarcas mundiales, difícilmente repetible, porque difícilmente se repetirán las tres circunstancias juntas. Quienes lo vivieron en directo fueron unos privilegiados.

Ritmos de maratón que fueron plusmarcas mundiales

No pudo ser finalmente. No ayudó el tiempo en Berlín y tampoco los rivales. Lo que se preveía un enconado duelo maratoniano entre Eliud Kipchoge (1984, 2h03:05), Kenenisa Bekele (1982, 2h03:03) y Wilson Kipsang (1982, 2h03:13) en pos de la plusmarca mundial se quedó en una gran victoria del primero, con la sorprendente compañía del debutante etíope Guye Adola (1990). Bekele y Kipsang no fueron capaces de terminar la prueba. El etíope no pudo seguir el ritmo de la cabeza a partir de la mitad de la prueba y el keniano paró en el kilómetro 30. Kipchoge se impuso bajo la lluvia con unos excelentes 2h03:32. Adola fue segundo con 2h03:46, mejor marca de siempre para un principiante, y se permitió el lujo de descolgar durante unos kilómetros del tramo final de la carrera al keniano campeón olímpico. Probablemente la intensa lluvia arruinó un tiempo más rápido de 2h02:57 que Dennis Kipruto Kimetto (1984) posee como plusmarca mundial desde la edición del maratón de Berlín de 2014. Hace 33 años, en el maratón de Chicago de 1984, el galés Steve Jones (1955) sí pudo sobreponerse a la lluvia y consiguió superar la plusmarca mundial de entonces con 2h08:05, imponiéndose al campeón olímpico el portugués Carlos Lopes (1947) y al anterior plusmarquista mundial, el australiano Robert de Castella (1957).

Tres años después, la plusmarca de Kimetto se está mostrando muy resistente. Bekele y Kipchoge se han quedado muy cerca, pero no han conseguido superarla. Tras la exhibición de Kipchoge en Monza el pasado 6 de mayo, cuando recorrió 42,195 Km en 2h00:26 en un circuito no homologado, se pensaba en un registro próximo a 2h02:00, pero la lluvia y la peor forma de los otros dos candidatos no lo hicieron posible.

En cualquier caso, nos hemos acostumbrado tanto a estas marcas estratosféricas que a veces no nos damos cuenta de los que suponen. La plusmarca de Kimetto se realizó a un ritmo medio de 2:54,83 por kilómetro, es decir, 14:34,15 cada 5 kilómetros, y 29:08,30 cada parcial de 10 kilómetros. Hubo un tiempo en que solo los mejores eran capaces de hacer un 5000 o un 10000 en pista a esos ritmos.

El primero en correr una prueba de 5000 m por debajo de 14:34,15 fue el excepcional corredor finlandés Paavo Nurmi (1897-1973). Nurmi, considerado por muchos incluido este bloguero el mejor fondista de siempre, superó oficialmente un total de 22 plusmarcas mundiales en distancias entre 1500 y 20000 metros. Fue 9 veces oro y 3 veces plata olímpicos en 3 Juegos (1920, 1924 y 1928). En 1924 el finlandés decidió que tomaría parte en las pruebas olímpicas de 1500 y 5000 m, cuyas finales tendrían lugar con menos de 1 hora de diferencia. Un mes antes, el 19 de junio en Helsinki, realizó un ensayo disputando ambas distancias con menos de 1 hora de diferencia. En 1500 m registró una nueva plusmarca mundial de 3:52,6. Menos de 1 hora más tarde, recorrió los 5 km en 14:28,2, que mejoraba en más de 7 segundos su anterior plusmarca mundial de 14:35,4. En los Juegos de París ganó los oros en ambas distancias, además de otras 3 en campo a través individual, por equipos y en 3000 m por equipos.

Pasaron algunos años antes de que un español realizase un tiempo similar. El catalán Josep Molins (1933), durante la celebración de los campeonatos de Cataluña en la vieja pista de ceniza de Montjuic, rebajó la anterior plusmarca española hasta 14:27,6, el 20 de junio de 1957. Molins, aún en activo como entrenador de la JA Sabadell, fue campeón de España de 5000 m en 1958 y 1960 y de 10000 m en 1961.

La primera mujer en superar los 14:34,15 fue la china Dong Damnei (1977), que el 21 de octubre de 1997, en la semifinal de los campeonatos nacionales, realizó 14:31,27. La plusmarca mundial le duró 2 días, pues en la final su compatriota Jiang Bo (1977) la rebajó hasta 14:28,09. Dong no tuvo una carrera internacional muy larga. Su mayor logro fue una 4ª plaza en la prueba de 5000 m del Campeonato Mundial de 2001.

En cuanto a los 10000 m, el primer atleta en correr a un ritmo más rápido que Kimetto fue el formidable fondista checo (entonces checoslovaco) Emil Zátopek (1922-2000). Zátopek realizó durante su carrera 13 plusmarcas mundiales, 5 de ellas en 10000. El 4 de agosto de 1950 en Turku, Finlandia, consiguió la tercera de ellas con 29:02,6. El checo fue 4 veces campeón olímpico y una vez subcampeón entre 1948 y 1952. En estos últimos Juegos se hizo con los oros en 5000, 10000 y maratón, hazaña que aún nadie ha conseguido igualar.

El primer español en correr en un tiempo parecido fue el jienense, criado y formado como atleta en Guipúzcoa, Fernando Aguilar (1938-2013). Apodado Galgo de Arechavaleta o Aguilucho, realizó 28:59,0 en la reunión de Rennes el 17 de junio de 1964, superando su propia plusmarca española de 29:22,2. Este tiempo lo había realizado el año anterior en los campeonatos provinciales de Guipúzcoa, con una diferencia de más 5 minutos al segundo clasificado. Aguilar fue olímpico en el 10000 de los Juegos de Tokio 1964 y campeón de España de 5000 en 1963 y de 10000 en 1963 y 1967.

Todavía no hay ninguna mujer que haya corrido en menos de 29:08,30. No se encuentra muy lejos la etíope Almaz Ayana (1991), con los 29:17,45 que realizó para hacerse con el oro olímpico en Río 2016.

La historia nos enseña que los ritmos a los que corren los mejores maratonianos actuales fueron un día las velocidades máximas a las que se podía correr un 5000 o un 10000. Si tomamos como referencia los 42,195 km de Monza el ritmo es de 2:51,25 el km, es decir 14:16,25 los 5000 metros y 28:32,50 los 10000 metros, una locura. Estaremos atentos a los siguientes maratones.