El primer maratón olímpico femenino

La reciente mejor marca mundial de maratón en una carrera exclusivamente femenina de la keniana Mary Keitany (1982), 2h17:01 en Londres, es superior a la mejor marca del plusmarquista mundial en los años 50, el británico Jim Peters (1918-1999), cuyo colapso en los Juegos de la Commonwealth de 1954 precipitó su retirada. En aquellos años, era absolutamente impensable que una mujer pudiese correr maratón. Se consideraba que el cuerpo femenino no podría soportar un esfuerzo tan duro. Hoy el programa olímpico femenino es muy similar al masculino, con la excepción de los 50 Km marcha, pero cuando comenzó el atletismo olímpico femenino, en 1928, las únicas carreras programadas fueron los 100, los 800 m y los relevos 4 x 100 m. Tras la disputa de la final de 800 m, el esfuerzo láctico pasó factura a algunas de las finalistas, lo que aprovecharon algunos para reafirmarse en que las mujeres no deberían correr pruebas más largas de 200 m. La IAAF tomó nota y eliminó cualquier carrera mayor de 200 m en categoría femenina. De este modo los 800 m no se volvieron a disputar en unos Juegos hasta 1960, los 400 m se introdujeron en 1964 y los 1500 m en 1972. Para 1984 estaba prevista la disputa del primer maratón olímpico femenino. Curiosamente coincidiría con el primer 3000 olímpico femenino. Los 3 Km ya se habían corrido en el Europeo de 1978, pero el COI fue remiso a introducirlos en 1980.

La participación femenina en el maratón estuvo rodeada de polémica, como no podía ser de otra manera dada la mentalidad de la época. La estadounidense Kathrine Switzer (1947), inscrita como KV Switzer, fue la primera mujer en terminar con dorsal el maratón de Boston, en 1967. Clásica es la fotografía en que los oficiales de la carrera, al comprobar su condición de mujer, tratan de arrancarle el dorsal. Su tiempo fue aproximadamente 4h20. Una hora antes había llegado otra mujer, Bobbi Gibb (1942), que había corrido sin dorsal. En los años 70, los grandes maratones comenzaron a hacer oficial la participación de mujeres. La primera mujer en correr en menos de 3 horas fue la estadounidense Elizabeth Bonner (1952-1998), que realizó 2h55:22 el 19 de septiembre de 1971, en Nueva York. Siete años más tarde, en el mismo maratón, inscribía su nombre por primera vez una de las mejores fondistas de la historia, la noruega Grete Waitz (1953-2011).

Grete Waitz (nacida Andersen, el 1 de octubre de 1953 en Oslo) comenzó practicando 400 y 800 m, las distancias más largas oficiales entonces, en su época junior. Fue olímpica en 1500 m en 1972 y 1976. En 1974 había sido bronce en esta distancia en el campeonato de Europa. En 1975 estableció la plusmarca mundial de 3000 m con 8:46,6, que mejoró al año siguiente con 8:45,4. En esta distancia logró su mejor tiempo en 1979, con 8:31,75. 1978 fue el año en que pasó de ser una buena fondista a una fondista excepcional. En la temporada invernal se proclamó campeona mundial de campo a través, título que repetiría en 4 ocasiones (1979, 1980, 1981, 1983), con 2 bronces en 1982 y 1984. En el Europeo al aire libre de Praga fue 5ª en 1500 m, con 4:00,55, su mejor marca, y bronce en 3000 m. El 22 de octubre, en Nueva York, corría su primer maratón. La experiencia no pudo ser más positiva, pues ganó con 2h32:29, más de 2 minutos menos que la anterior plusmarca mundial. Esta fue la primera de sus plusmarcas. Superaría otras tres más, la última 2h25:28, en Londres el 17 de abril de 1983. Nueva York pudo ver su victoria en nueve ocasiones, la última en 1988. No participó en los Juegos de Moscú 1980, pues Noruega se había unido al boicot de Estados Unidos, ni en el primer maratón del Campeonato de Europa de 1982. Fue la primera campeona del mundo en Helsinki 1983. Con este historial era una de las dos grandes favoritas para el oro olímpico.

La otra gran favorita era la estadounidense Joan Benoit Samuelson (Cambridge, Maine, 16 de mayo de 1957). Benoit había superado la última plusmarca de Waitz, 2h25:28 (Londres, 17 de abril de 1983), al día siguiente. La estadounidense realizó en Boston 2h22:43, más de 2 minutos de diferencia.  Benoit había empezado con la carrera como recuperación de una fractura haciendo slalom. Corrió su primer maratón en 1978, en Bermuda, con un tiempo de 2h50:54. En 1979 ganó el maratón de Boston con 2h35:15, plusmarca de la competición. Muy propensa a las lesiones, en 1981 se sometió a cirugía del tendón de Aquiles. Al año siguiente, en Eugene, bajaba por primera vez de 2h30, con unos excelentes 2h26:12, mejor marca mundial de ese año. Tras su plusmarca mundial no compitió en el Mundial de Helsinki para preparar el maratón olímpico. El inapelable maratón de selección olímpica se celebraba en Olympia, la pequeña capital del estado de Washington el 12 de mayo. Tan solo 17 días antes Benoit hubo de someterse a una artroscopia de rodilla. Tras una rapidísima recuperación se impuso con 2h31:04. Ahora tenía casi 3 meses para seguir preparando los Juegos.

Aunque Waitz y Benoit eran las dos grandes favoritas, otras dos atletas también contaban para los pronósticos, la noruega Ingrid Kristiansen (1956) y la portuguesa Rosa Mota (1958). Ingrid Kristiansen (nacida Christensen el 21 de marzo de 1956 en Trondheim), una antigua esquiadora olímpica en 1976,  había sido medalla de bronce en el Europeo de 1982. Bajó por primera vez de 2h30 en el año olímpico de 1984, 2h27:51 (Houston, 15 de enero). El 13 de mayo ganó el maratón de Londres con unos sorprendentes 2h24:26, lo que la convertía en candidata al podio olímpico. El 28 de junio se había hecho con la plusmarca mundial de 5000 m, entonces no olímpica, 14:58,89, primer sub15 de la historia. Por su parte, Rosa Maria Correia dos Santos Mota (Oporto, 29 de junio de 1958) nunca había bajado de 2h30, pero era la campeona de Europa y había sido 4ª en el Mundial de Helsinki. Su mejor marca era 2h31:12, que le había servido para ganar en Chicago en 1983.

El primer maratón olímpico femenino de la historia tuvo lugar en Los Ángeles el 5 de agosto de 1984 a las 8 de la mañana. La temperatura a esa temprana hora era de 25º, lo que apuntaba un día muy caluroso. Esto hacía esperar una táctica conservadora, pronóstico que saltó por los aires en el Km 4, cuando Joan Benoit decidió marcharse en solitario con 38 Km por delante. Progresivamente fue dejando a sus perseguidoras cada vez más atrás. Su ventaja era de 51 segundos en el Km 15 y de 1:51 en el 25. Su paso por el medio maratón fue de 1h11:54, un tiempo rapidísimo. En el Km 32, Grete Waitz decidió intentar alcanzar a la estadounidense, pero 3 Km más tarde, la ventaja solo se había reducido a 1:31, 3º era Ingrid Kristiansen a 1:51 y 4ª Rosa Mota a 2:00. Waitz solo pudo reducir la diferencia otros 5 segundos. Benoit se presentó en solitario en el Coliseum de Los Ángeles y se proclamó campeona olímpica con unos excelentes 2h24:52, mejor marca entonces en una carrera femenina. Waitz fue plata con 2h26:28 y Mota, que acabó muy fuerte los últimos 5 Km, se colgó el bronce con 2h26:57, marca personal por más de 4 minutos. Kristensen acabó perdiendo el bronce y fue 4ª con 2h27:34.

Por si la disputa del primer maratón olímpico femenino no fuese suficiente, hubo otro acontecimiento, dramático, por el que también se recuerda esta prueba. Mientras la ganadora celebraba su victoria, hizo su entrada en el estadio la corredora suiza Gaby Andersen (1945), una instructora de esquí residente en Idaho, acreditada en 2h33:25. La suiza entró en el estadio completamente deshidratada tambaleándose. Tardó 5:44 en recorrer el estadio hasta la meta, a la que llegó en el puesto 37 con 2h48:42. Trasladada a un centro sanitario, se recuperó en 2 horas. Su situación recordó a la del italiano Dorando Pietri (1885-1942) en los Juegos de Londres 1908, que había llegado el primero al estadio pero no pudo alcanzar la meta.

Al año siguiente de su victoria en LA, Benoit realizó su mejor marca de siempre, 2h21:21 el 20 de octubre en Chicago. No fue plusmarca mundial porque Kristensen había realizado ese mismo año 2h21:06, en Londres el 21 de abril. La plusmarca de la noruega tardó 13 años en superarse. Las lesiones no permitieron a Benoit más éxitos en grandes campeonatos, aunque en 1991 aún fue capaz de correr en 2h26:54. Kristensen acompañó su plusmarca de maratón con el tope universal de 10 000 m, 30:59,42 (Oslo, 27 de julio). No volvió, sin embargo, a participar ningún maratón de grandes campeonatos. Fue campeona de Europa (1986) y mundial (1987) de 10 000 m y mejoró sus plusmarcas mundiales en pista a 14:37,33 y 30:13,74, ambas en 1986. En 1988 fue campeona mundial de campo a través.

Grete Waitz trató de ganar el título olímpico en Seúl, 1988, pero tuvo que abandonar por problemas físicos. Aún siguió compitiendo hasta principios de los 90. Falleció el 19 de abril de 2011, aquejada por cáncer. Aunque el Gobierno de Noruega había ofrecido a la familia un funeral de estado, estos prefirieron una ceremonia privada.

En cuanto a Rosa Mota, en los años siguientes demostró una enorme capacidad competitiva. Repitió título europeo en Stuttgart en 1986, ganó el Mundial en 1987 y el maratón olímpico de 1988. En Split, en 1990, consiguió ganar el maratón del campeonato de Europa por tercera vez. Su mejor marca fue 2h23:29 (Chicago, 20 octubre 1985). Se retiró en 1992. Fue una habitual de la Carrera Pedestre de Santiago de Compostela, prueba que ganó 3 veces (1981, 1982 y 1987).

Con las marcas que realizan hoy día las mejores corredoras de maratón, resultan ridículos los prejuicios, basados en el pensamiento mágico, de hace más de 50 años acerca de la capacidad para correr maratón de una mujer. Hay que recordar que la plusmarca absoluta de maratón no son las 2h17:01 de Keitany, sino que pertenece a la británica Paula Radcliffe (1973), en una carrera mixta, con 2h15:25 (Londres, 13 de abril de 2003), tiempo que no está al alcance de cualquier hombre.

9 años, 9 meses y 9 días, la historia de Edwin Moses (III)

Al finalizar 1986, Edwin Moses (1955) poseía las 9 mejores marcas de siempre: 47,02, 47,13, 47,14, 47,17, 47,27, 47,37, 47,37, 47,43 y 47,45. Sin embargo, además de su viejo rival Harald Schmid (1957) acreditado en 47,48 (1982), habían surgido nuevos atletas que amenazaban el reinado de Moses, principalmente el subcampeón olímpico Danny Harris (1965), 47,63 en 1985 y otro estadounidense, Andre Phillips (1959), 47,51 en 1986. En el número de junio de 1987 de Atletismo Español, Ignacio Romo firmaba un reportaje en el que analizaba la posibilidad, a su juicio muy probable, de que la impresionante racha victoriosa de Moses de casi 10 años tocase a su fin, no por su declinar, apenas perceptible, sino por el surgimiento de nuevos vallistas de enorme calidad.

En esta segunda parte de la década de los 80, el apabullante dominio de Moses se había hecho muy mediático. Sin embargo, no era único. El estadounidense Carl Lewis (1961) resultaba intratable en el salto de longitud, prueba en la que su última derrota databa de 1981, pero Lewis se prodigaba más en 100 y 200 m, donde ocasionalmente resultaba derrotado, especialmente desde la irrupción del canadientes Ben Johnson (1960). También el británico Daley Thompson (1958) dominaba el decatlón, con sendos oros olímpicos en 1980 y 1984, oro en los Europeos de 1982 y 1986 y en el Mundial de 1983, pero el decatlón se disputa pocas veces en la temporada. De modo que, pese a su coexistencia con otros grandes atletas, el caso de Moses resultaba excepcional.

A mediados de los 80, la empresa Unipublic, organizadora de competiciones deportivas y muy ligada al ciclismo, decidió expandir su mercado al atletismo. Fruto de ello fue, por ejemplo, la creación del club Larios, que integró a los mejores atletas españoles del momento y algunas grandes figuras extranjeras, y también la organización de reuniones de atletismo que contaban con los mejores atletas del momento. Una de estas reuniones, que acabaría haciendo historia, se organizó en el estadio Vallehermoso de Madrid el 4 de junio de 1987. Vallehermoso, que se había inaugurado en 1961, albergó en 1969 la primera pista sintética española. En la actualidad está en pleno proceso de remodelación y se espera reinaugurarlo en verano de 2018. En aquel junio de 1987 albergó un enfrentamiento histórico entre Edwin Moses y Danny Harris. Los dos atletas no se habían vuelto a ver desde la final olímpica de 1984, que el primero había ganado con cierta facilidad. Moses había mantenido su alto nivel, pero Harris había progresado notablemente. Las diferencias entre ambos se habían acortado. En la carrera, Harris comenzó rapidísismo y estuvo delante de Moses hasta la penúltima valla, donde ambos se igualaron. Daba la sensación de que Moses se había colocado ligeramente delante, pero tropezó en la última valla, lo que le costó la carrera. Harris se impuso con 47,56, su mejor marca personal en aquel momento. Moses registró 47,69. 9 años, 9 meses y 9 días después de aquel 25 de agosto de 1977, Moses volvía a perder un 400 metros vallas.

 

La derrota afectó poco a Moses. El 27 de junio ambos atletas volvieron a encontrarse en los Campeonatos de Estados Unidos, que se celebraban en San José (California), selectivos para el Mundial de Roma. Moses se impuso con gran facilidad en 47,99, con Harris en segundo lugar con 48,70.

Tras su victoria en el campeonato de Estados Unidos, Moses volvió a su racha victoriosa en numerosas reuniones en Europa, aunque no llegó a la meta en una ocasión. El 11 de julio en París, en una pista empapada, tropezó y se cayó en la penúltima valla cuando iba destacado en primera posición. En cualquier casi no mejoró su marca del año de Madrid. Harris tampoco consiguió correr más rápido que en Vallehermoso e, incluso, sufrió una derrota a manos de Harald Schmid. El alemán consiguió en agosto tres tiempos por debajo de 48,00 y se presentó en Roma con la segunda mejor marca del año, 47,60, tan solo 0,04 más que Harris. La final del Mundial se disputaba el 1 de septiembre. Por primera vez en muchos años Moses no era el incuestionable favorito. Tanto Harris como Schmid habían corrido más rápido que él ese año. Los tres se clasificaron fácilmente para la ronda definitiva. La final resultó la más igualada de la historia. Moses salía en la calle 3, Schmid en la 4 y Harris en la 5. Moses salió rapidísimo y llegó destacado a la última recta, pero Schmid y Harris, casi a la par, se fueron acercando. Moses aguantó y ganó con 47,46. Harris fue plata y Schmid bronce empatados a 47,48, que era la mejor marca de ambos, si bien en el caso del alemán igualada.

Al terminar 1987, Moses había conseguido las 10 mejores marcas de la historia. El siguiente tiempo correspondía a Schmid y a Harris. Moses había roto su racha de casi 10 años de imbatibilidad pero demostró su capacidad competitiva derrotando, con 32 años, a sus rivales en el mejor momento de ellos. El año olímpico de 1988 se preveía resolvería si el joven podía acabar con la jerarquía del veterano. Sin embargo las cosas resultarían bastante diferentes de lo que se pronosticaba. Nadie había prestado atención a otros dos atletas del 400 vallas que darían lo mejor de sí en el mejor escenario.

9 años, 9 meses y 9 días, la historia de Edwin Moses (II)

Para Harald Schmid (Hanau, estado de Hesse, República Federal de Alemania, 29 de septiembre de 1957) sus años como atleta debieron resultar algo frustrantes. Pese a sus grandes prestaciones nunca pudo volver a derrotar a Edwin Moses (1955). Schmid fue un excepcional vallista, 47,48, capaz de correr los 400 metros en 44,92 y los 800 en 1:44,83. En 1976, siendo junior, fue medallista de bronce en el 4 x 400 de los Juegos de Montreal. Tras su victoria ante Moses, no pudo repetir en la Copa del Mundo, donde se impuso el plusmarquista mundial y  fue 3º, derrotado por otro alemán, Volker Beck (1956). En 1978, Schmid se proclamaba campeón de Europa de 400 metros vallas y relevos 4×400, pero ese año Moses había corrido más de medio segundo más rápido, 47,94 por 48,53. Ambos atletas se enfrentarían de nuevo en la Copa del Mundo de 1979, en Montreal, donde habían ganado sendas medallas 3 años antes. Schmid había superado la plusmarca europea con 47,85, pero a la hora de la verdad Moses no dio opción y se impuso con su mejor marca del año 47,53. El alemán entró en segundo lugar, a considerable distancia, con 48,71.

El año olímpico de 1980 representaba para Moses la oportunidad de emular a su compatriota Glenn Davis (1934-2009), oro en 1956 y 1960. Desgraciadamente el boicot estadounidense a los Juegos de Moscú frustró su objetivo. En cualquier caso se encargó de demostrar que era el mejor, con una nueva plusmarca mundial de 400 metros vallas, la tercera de su carrera. El 3 de julio, en Milán, registró 47,13, restando 0,32 a su antiguo tope mundial. Unos días antes había ganado fácilmente la prueba de selección olímpica de su país, si bien ya entonces el boicot era oficial. Alemania Occidental también decidió secundar el boicot, por lo que Harald Schmid también se quedó sin opciones. En Moscú, el ganador fue el alemán del Este Volker Beck, que se impuso con 48,70. Beck era un buen corredor de vallas, que ya había sido 2º en la Copa del Mundo de 1977. Acreditaba 48,53 (1979). No obstante, a la altura de 1980 estaba lejísimos de Moses.

 

Beck fue segundo en la Copa del Mundo de 1981, pero a gran distancia del ganador, nuevamente Edwin Moses, con 47,37. Unas semanas antes se había quedado a 0,01 de su plusmarca mundial al correr en 47,14. Moses se tomó 1982 como sabático, a lo que Schmid le sacó buen partido, pues lideró la lista del año con una nueva plusmarca europea de 47,48, conseguida en el campeonato continental de Atenas.

Moses volvió a la competición en 1983. Ese año se celebraba el primer campeonato del Mundo de atletismo. Tras el boicot africano a los Juegos de 1976 y el boicot occidental a los Juegos de 1980, los mejores atletas del mundo volvían a verse las caras. Tal vez Schmid pensaba que tras su excelente temporada el año anterior podría acercarse a Moses, pero el alemán no estaba en la forma de 1982 (en 1983 no bajó de 48,00) y el estadounidense no dio opción. Se impuso en la final del Mundial con 47,50, 1 segundo más rápido que el germano.

 

Unos días después de su oro en Helsinki, el 30 de agosto en Koblenza, Moses superaba su 4ª y última plusmarca mundial, al acercarse, con 47,02, a la barrera de los 47,00. Entonces Moses declaraba que sus objetivos para el futuro eran superar dicho límite, repetir título olímpico en 1984 y ser oro en 800 m en los Juegos de 1988. Del primero estuvo muy cerca, el segundo lo logró con cierta facilidad, pero el tercero ni lo intentó.

 

En 1984 Moses partía como gran favorito para el oro en los Juegos de Los Ángeles. Había ganado fácilmente en las pruebas de selección olímpica al sorprendente junior Danny Harris (1965), 47,76 por 48,11, que en semifinales había superado la plusmarca mundial de su categoría con 48,02. En Los Ángeles, Moses fue doble protagonista, pues resultó el elegido para pronunciar el juramento olímpico, lo que hizo con cierta dificultad pues olvidó parte del contenido. Mucho mejor le fue en la pista, donde se colgó su segundo oro olímpico. Su tiempo, 47,75. La plata fue para Harris (48,13) y el bronce para Schmid (48,19).

Moses no compitió en 1985. La lista mundial de ese año la encabezó Danny Harris con 47,63, su primer tiempo sub48. Moses volvió a liderar la lista de 1986, con 47,38. Harald Schmid seguía con asiduidad por debajo de 48,00, y otro estadounidense, André Phillips (1959) hacía 47,51. La diferencia de Moses con sus rivales comenzaba a estrecharse. 1987 se presentaba apasionante.

9 años, 9 meses y 9 días, la historia de Edwin Moses (I)

De toda la historia del atletismo, uno de los atletas que más ha dominado una prueba ha sido el estadounidense Edwin Moses (1955). Durante casi una década, de 1977 a 1987, Moses venció de forma consecutiva en 122 carreras de 400 metros vallas (107 finales). Durante 13 temporadas en la élite, fue 2 veces, que bien pudieron ser 3, oro olímpico, 2 veces campeón del mundo y estableció 4 plusmarcas mundiales. Lideró la lista anual durante 11 temporadas. Su mejor marca, 47,02 (1983), continúa como la segunda mejor de siempre.

La distancia de 400 metros vallas experimentó una gran progresión a finales de los años 60. En 1968, en las pruebas de selección olímpica de Estados Unidos, celebradas a 2200 metros de altitud y, por primera vez, en pista sintética, Geoff Vanderstock (1946) consiguió con 48,94 (48,8) el primer tiempo de la historia sub 49,00. Era el favorito para hacerse con el oro en los Juegos de México, pero no tuvo una buena actuación y solo pudo ser 4º. Fue testigo directo de la pérdida de su efímera plusmarca mundial, a manos del británico David Hemery (1944), que se proclamó campeón con el entonces sorprendente registro de 48,12.

 

Hemery había comenzado su carrera atlética como corredor de 110 mv/120 yv. En 1966 fue oro en los Juegos de la Commonwealth en esta última distancia. Tras los Juegos volvió a las vallas altas y fue plata en el Europeo de 1969. En 1970 realizó su mejor marca en las vallas altas con 13,4 y repitió su triunfo en los Juegos de la Commonwealth, esta vez en la distancia métrica. En los 400 metros vallas, un ugandés poco conocido llamado John Akii-Bua (1949-1997) había sido 4º.  Hemery se pasó 1971 en blanco, pero volvió en 1972 con la intención de renovar su oro olímpico en las vallas intermedias. Akii-Bua había mejorado hasta 49,0 en año anterior. Los estadounidenses Ralph Mann (1949) y Dick Bruggeman (1947) habían ocupado con 48,4 y 48,6 las dos primeras plazas en las pruebas de selección de su país. En la final olímpica, Akii-Bua sorprendió con una carrera perfecta que terminó en una nueva plusmarca mundial de 47,82, por delante de Mann, 48,51, y Hemery, 48,52. El ugandés ya había ganado su semifinal con 49,25, pero nada hacía presagiar que se convertiría en el primer sub48 de la historia, pese a correr por la calle 1.

Akii-Bua continuó con buenos registros en los años siguientes, aunque no volvió a bajar de 48,00. A principios de la temporada al aire libre de 1976 presentó su candidatura para el oro olímpico pero el boicot de los países africanos le impidió defender su título. Lo habría tenido, no obstante, casi imposible. En junio se celebraron las pruebas de selección olímpicas de Estados Unidos. El vencedor en los 400 metros vallas fue un joven de 20 años llamado Edwin Moses, que se impuso con plusmarca nacional de 48,30.

Edwin Corley Moses había nacido el 31 de agosto de 1955 en Dayton, Ohio. Comenzó en el atletismo haciendo 110 metros vallas y 400 metros lisos. En 1975 su mejor marca en las vallas intermedias era 52,0 en 440 yardas. A partir de 1976 decidió centrarse en esta prueba, en la que progresó rápidamente. Comenzó marzo con 50,1, buen tiempo para un principiante, pero muy lejos de los mejores. Sin embargo, poco antes de las pruebas de selección ya había corrido en 49,8 en abril y 48,8 en mayo. Moses llegó a los Juegos Olímpicos, su primer gran campeonato, con la mejor marca de la temporada de entre los participantes. Sin embargo, su rendimiento era una incógnita dada su juventud e inexperiencia. Nada de esto, sin embargo, hizo mella en el estadounidense. Se impuso en su semifinal con mejor marca personal de 48,29. En la final, por tercera vez consecutiva en los Juegos, el oro se consiguió con plusmarca mundial. Moses, en una carrera sobresaliente, marcó 47,63.

Moses confirmó su calidad al año siguiente. El 11 de junio se hizo con el título nacional de 400 metros vallas, con una nueva plusmarca mundial de 47,45. A principios de septiembre se impuso en la Copa del Mundo, nueva competición de la IAAF por continentes y países. con unos excelentes 47,58. Unos días antes, sin embargo, el vallista estadounidense había resultado derrotado en Berlín por el alemán Harald Schmid (1957), quien realizó 49,07 por 49,29 de Moses. Este declaró a propósito de su derrota Fue un error. No volveré a cometerlo. Y mantuvo su palabra durante casi 10 años.

El poder de la velocidad negra en los Juegos de México

En 1863, durante de Guerra de Secesión Estadounidense, el presidente Abraham Lincoln (1809-1865) decretó la libertad de todos los esclavos de los territorios rebeldes. Conforme las tropas de la Unión fueron ocupando estos territorios, los esclavos se fueron convirtiendo en hombres libres. Al finalizar la guerra, de forma progresiva se abolió la esclavitud como institución y se concedió a los antiguos esclavos la ciudadanía estadounidense y, a los varones, el derecho al voto. La situación legal de los nuevos ciudadanos fue correcta hasta que en 1877,  el ejército abandonó los territorios del Sur. A partir de entonces se produjo un progresivo cambio legal que, acompañado de una enorme presión social, acabó convirtiendo, de hecho, a los estadounidenses de raza negra en ciudadanos de segunda. Como la nueva situación apenas les permitía prosperar, la mayoría continuaron trabajando en las plantaciones, en condiciones no muy diferentes a las de antes de la guerra. Muchos de ellos, hasta 6 millones,  acabaron formando parte de la Gran Migración, que desde principios del siglo XX los llevó a diversos estados del Norte para trabajar en la industria y en servicios. Pese a que su calidad de vida era menos mala que en el Sur, seguían sufriendo una dura discriminación que se reflejaba legalmente en establecimientos o transportes públicos, donde ocupaban lugares destinados específicamente para ellos. Jesse Owens (1913-1980), cuyos padres habían emigrado a Ohio, se sorprendió de que no hubiese habitaciones para negros en Berlín. En alguna ocasión tuvo que entrar por la puerta de servicio para acudir a su propio homenaje.

Las cosas no cambiaron demasiado durante varias décadas, pero a partir de los años 50 algo comenzó a moverse. Rosa Parks (1913-2005) llevó la cuestión de la discriminación al primer plano mediático cuando se negó a ceder su asiento en un autobús y acabó detenida. Aunque para John Kennedy (1917-1963) el asunto de los derechos civiles no era prioritario cuando resultó elegido presidente de Estados Unidos, cambió pronto de opinión, principalmente por influencia de su hermano, el Fiscal General Robert Kennedy (1923-1968). En 1962, James Meredith (1933) había ganado en los tribunales el derecho a que no se le aplicasen las leyes de segregación de la Universidad de Mississippi y se le admitiese libremente. Ante la negativa del gobernador Ross Barnett (1898-1987), los Kennedy enviaron al ejército, para asegurar la entrada de Meredith en la universidad. Uno de los líderes de los derechos civiles,  Martin Luther King (1929-1968), abogaba por un movimiento pacífico, que culminó con la marcha sobre Washington y su famoso discurso Yo tengo un sueño. Otros movimientos fueron menos pacíficos, como el del Black Power, una asociación antisistema ambigua con la violencia. El asesinato de John Kennedy en 1963 no impidió que su sucesor, Lyndon B Johnson (1908-1973) declarase en 1964 ilegal la segregación. Los problemas, sin embargo, continuaron. En 1968 se produjeron los asesinatos de Robert Kennedy y de Martin Luther King. A principios de septiembre se celebraban las pruebas de selección para los Juegos de México.

La USTAF decidió celebrar las pruebas en un lugar que se pareciese a la Ciudad de México. Para ello se construyó una pista de tartán en Echo Summit (California), a 2250 m de altura. La combinación de altitud y material sintético junto con la irrupción de la mejor generación de velocistas, negros, desde los años 30 hizo que las marcas fuesen estratosféricas. Jim Hines (1945) ganó el 100 con 10,11 (10,0). John Carlos (1945) se impuso en el 200 a Tommie Smith (1944), que había preferido esta prueba al 400, con nueva plusmarca mundial de 19,92 (19,7). Y Lee Evans (1947) también se hizo con una nueva plusmarca mundial de 44,06 (44,0) en una carrera con 4 atletas por debajo de 45,00. Además de Evans, Larry James (1947-2008), 44,19 (44,1), Ron Freeman (1947), 44,62 (44,6) y Vince Matthews (1947), 44,86 (44,8). La IAAF finalmente no ratificó los tiempos de Carlos y de Evans como plusmarcas mundiales por haberlas hecho con zapatillas no reglamentarias.

La buena forma mostrada por los velocistas estadounidenses se confirmó en los Juegos. Así, el 14 de octubre, Jim Hines se convertía en el primer atleta en correr los 100 m por debajo de 10,00,con 9,95 en una final con 8 atletas negros por primera vez en la historia. En los 200 m, John Carlos era el favorito, pero finalmente solo pudo ser bronce, con 20,10. Tommie Smith hizo una fantástica carrera que lo catapultó a la primera posición con plusmarca mundial de 19,83 parándose en los metros finales. La plata fue para el australiano Peter Norman (1942-2006), con 20,06.

Lo sucedido en la ceremonia de entrega de medallas ya pertenece a la historia, no solo del deporte. Tanto Smith como Carlos formaban parte del Proyecto Olímpico pro Derechos Humanos (OHRP), una organización que denunciaba la segregación racial. Decidieron mostrar públicamente su protesta enfundándose guantes negros, símbolo del Black Power, durante la entrega de medallas. Como solo tenían un par, cada uno se puso un solo guante. Peter Norman mostró su solidaridad llevando una placa del OHRP. Al terminar la ceremonia Carlos dijo a la prensa: Cuando gano soy americano, cuando pierdo solo un negro. El COI, pese a la oposición del comité estadounidense, decidió expulsar a ambos de la Villa Olímpica. De vuelta a Estados Unidos, su vida no fue muy fácil. Tuvieron problemas económicos y recibieron amenazas de muerte. No le fue mucho mejor a Norman en su país, en el que hasta pocos años antes los aborígenes no tenían categoría de humanos. Se convirtió en un paria social. Falleció en 2006. Smith y Carlos se desplazaron a Melbourne, donde portaron su féretro y despidieron a su amigo con un emotivo discurso en el que ensalzaron su valentía al apoyar su causa. En 2012, el Parlamento Australiano aprobó una moción en la que reconocía los valores humanos de Norman y pedía disculpas por el trato dispensado al atleta a su vuelta a Australia de México.

La expulsión de sus amigos Smith y Carlos hizo a Lee Evans tomar la decisión de retirarse él mismo de los Juegos. Afortunadamente Carlos le convenció de que el mejor homenaje que podía hacerles era ganar el 400 y el 4 x 400. El 18 de octubre, México fue testigo de uno de los mejores 400 de la historia. Lee Evans ganaba con una nueva plusmarca mundial de 43,86 y Larry James era segundo con 43,97, dos tiempos impensables entonces y que siguen siendo de los más rápidos del la historia.

Dos días después, Evans junto con James, Freeman y Matthews conseguía para Estados Unidos el oro en 4 x 400 con plusmarca mundial de 2:56,16. Segundo fue el cuarteto keniano, con un primer relevista llamado Daniel Rudisha (1945). 44 años después, en los Juegos de Londres, su hijo, David, protagonizaría la mejor carrera de 800 m de la historia. Los 4 componentes del equipo estadounidense acudieron al podio ataviados con boinas negras, símbolo del Black Power.

Los Juegos de México resultaron inolvidables, no solo por el enorme nivel atlético, nunca superado, sino también porque un grupo de atletas supo reivindicar lo que consideraban justo a un coste personal enorme. Sin duda, Smith y Carlos merecían haber nacido 15 años más tarde porque en los 80 habrían podido desarrollar todo su talento en un contexto ya profesional. Habrían sido unos héroes de multitudes, aunque pensándolo bien, héroes ya lo son, y siempre lo serán.

Cuando los jueces se convierten en protagonistas

A diferencia de otros deportes en que la labor de los árbitros / jueces resulta cuestionada constantemente, en atletismo el importantísimo trabajo de los jueces suele pasar desapercibido. La tecnificación de los métodos de medida hace que la inexacta apreciación humana tenga cada vez menos importancia. No siempre fue así. Hoy día tanto el cronometraje como la determinación de salidas nulas se hacen electrónicamente, pero  hasta 1977 no dejó de considerarse el cronometraje manual para homologar las marcas en velocidad. En pruebas de velocidad de los Juegos Olímpicos, el cronometraje electrónico se empleó por primera vez en Los Ángeles 1932 e ininterrumpidamente desde Helsinki 1952. Sin embargo hasta Tokio 1964 el cronometraje electrónico se empleaba como simple apoyo. La marca oficial era la que los jueces establecían manualmente. Por ejemplo, el ganador de los 100 m en los Juegos de 1952, el estadounidense Lindy Remigino (1931) hizo un tiempo electrónico de 10,79. Sin embargo su tiempo oficial fue 10,4. Poco antes de proclamarse campeón olímpico de 100 m en 1960, el alemán Armin Hary (1937), se convirtió en el primer atleta en correr el hectómetro en 10,0. El tiempo real, electrónico, fue, sin embargo, 10,25. Hay que recordar que para homologar una plusmarca mundial se necesitaban 3 cronometradores. En esta carrera los tres tiempos fueron 10,0, 10,0 y 10,1. Además de por su personalidad, Hary fue muy polémico por su fulgurante salida. Según los analistas de la época, hacía más salidas nulas de las que le señalaban, pero entonces todo dependía del ojo del juez. Realizó su plusmarca mundial en la repetición de una carrera anterior que le habían invalidado por salida nula y en la que había registrado también 10,0, 10,16 en realidad.

A partir de los Juegos de 1964, el cronometraje electrónico pasó a ser oficial, pero de una forma un tanto curiosa. Bob Hayes (1942) ganó el oro en 100 m con 10,06. El tiempo manual fue 9,9. Sin embargo, la marca, casi 0,2 mejor que la de Hary, se homologó como plusmarca mundial igualada 10,0. Fuera de los Juegos Olímpicos, sin embargo, seguía mandando el cronometraje a mano, aunque también lo hubiese electrónico. En 1968 surgió una excelente generación de velocistas estadounidenses que llevó a romper (aproximadamente)  la barrera manual de 10,0. Hubo 3 registros de 9,9, cuyos tiempos reales fueron de lo más dispares: Jim Hines (1946), 10,03, Ronnie Ray Smith (1949 – 2013), 10,14 y Charles Greene (1945), 10,10. Estos dos últimos 9,9 peores que el 10,0 de Hayes. Fue Hines en la final olímpica de México 1968, en pista sintética y a más de 2000 m de altitud, quien realizó el primer tiempo real por debajo de 10,00, al marcar 9,95, que, sin embargo, se homologó como 9,9. Finalmente, el 1 de enero de 1977, el registro de Hines se validó como plusmarca mundial única con la marca real de 9,95, pero hasta entonces hasta 10 9,9 manuales se consideraron del mismo valor que el tiempo electrónico. Ciertamente la IAAF tardó en reaccionar, pero, desde entonces, los registros en pruebas cortas dejaron de depender del inevitablemente impreciso dedo de los jueces.

No solo la medida del tiempo, sino también de las distancias puede presentar un cierto margen de error por la apreciación de los jueces, sobre todo en el caso de los saltos nulos. Se trata de errores asumibles debidos a la imprecisión de los sentidos humanos. Sin embargo, ha habido casos en los que directamente a los jueces se les olvidó el lugar que ocupaban. Una de las pruebas que más polémica generó en la historia del atletismo fue la final de triple salto de los Juegos de Moscú 1980. Los jueces soviéticos señalaron 9 nulos en los 12 saltos realizados por el brasileño plusmarquista mundial, 17,89, João Carlos de Oliveira (1954-1999) y por el australiano Ian Campbell (1957). Ambos hicieron saltos, aparentemente válidos, que les habrían dado el oro y la plata. Años después se dijo que había un plan para dar el cuarto oro consecutivo al georgiano, entonces soviético, Viktor Saneyev (1945), si bien este resultó superado por su entonces compatriota el estonio Jaak Uudmäe (1954), que se hizo con el oro. La controversia no se limitó al triple salto. En el disco el cubano Luis Mariano Delís (1957), finalmente bronce, probablemente perdió el oro por un lanzamiento medido defectuosamente. El oro fue a parar, curiosamente, al cuello del soviético Viktor Rashchupkin (1950).

Otro incidente lamentable fue el sucedido en la prueba de salto de longitud en el Mundial de Roma de 1987, cuando los jueces locales transformaron un 7,85 m del atleta local Giovanni Evangelisti (1961) en 8,38. Este salto inicialmente le otorgó la medalla de bronce, que llegó a recibir. El Comité Olímpico Italiano decidió investigar un salto que ya en directo había parecido mucho más corto. Finalmente se determinó la medida real de 7,85 y se desposeyó al saltador italiano de una medalla que nunca había ganado.

Además del por justificable imprecisión humana y por falta de escrúpulos, un juez también puede se protagonista por despistado. En la final olímpica de lanzamiento de disco en Los Ángeles 1932 el francés Jules Nöel (1903 – 1940) realizó un cuarto lanzamiento probablemente superior a 49 m, que le habría permitido luchar por el oro. Desgraciadamente en aquel momento los jueces no prestaron atención al francés, pues estaban absortos con el duelo de salto con pértiga entre el estadounidense Bill Miller (1912-2008) y el japonés Shuhei Nishida (1910-1997). Nadie supo dónde había caído exactamente el disco. Nöel acabó 4º, pese a que los jueces, bastante avergonzados, le permitieron un lanzamiento más.

Afortunadamente estos casos son anecdóticos. Los problemas del atletismo, como sabemos, son otros, en los que los jueces no están incluidos, y que no tienen fácil solución.

Iolanda Balas, 154 competiciones invicta

Si hay un nombre en el atletismo unido indefectiblemente a la palabra victoria, ese es el de Iolanda Balas (1936-2016). La atleta rumana consiguió entre 1957 y 1967 154 victorias consecutivas. En toda su carrera estableció 14 plusmarcas mundiales, desde 1,75 a 1,91 m. Cuando realizó este último registro, la diferencia con la segunda mejor atleta de siempre era de 13 cm.

Iolanda Balas nació en la ciudad rumana de Timisoara, el 12 de diciembre de 1936. Los cambios de fronteras sucedidos con la decadencia y posterior desaparición de los Imperios Austrohúngaro y Turco, habían hecho que grupos humanos se quedasen fuera de sus países de origen. Esto le sucedió a la familia de Balas, que era de origen húngaro, etnia con una importante presencia en Transilvania, territorio rumano al que pertenecía Timisoara.

Durante la Segunda Guerra Mundial el padre de Balas fue hecho prisionero por los soviéticos. Una vez liberado, solo se le autorizó volver a Hungría, mientras su hija se quedaba en Rumanía. La joven Iolanda comenzó a practicar salto de altura a los 12 años, gracias a la ayuda de la exatleta Luiza Ernst. Su elevada estatura, 1,85 m, y sus largas piernas le permitieron optimizar un estilo de tijera modificado, apenas practicado en una época donde la mayoría de los saltadores utilizaban el rodillo ventral o el rodillo californiano. Su primera gran competición fue el Campeonato de Europa de Berna, en 1954, donde fue medalla de plata. Poco antes de los Juegos de Melbourne 1956 estableció su primera plusmarca mundial con 1,75 m. Acudía a la ciudad australiana como una de las favoritas, pero le pudo la inexperiencia y solo pudo ser 5ª, con 1,67 m, la misma marca que la 2ª y la 7ª.  La ganadora, la estadounidense Mildred McDaniel (1933-2004) hizo además nueva plusmarca mundial con 1,76 m.

Aquel 1 de diciembre de 1956, día en que se celebró la final olímpica, fue la última derrota de la rumana hasta junio de 1967. Entre medias, 154 victorias consecutivas, que algunos estadísticos reducen a 140, y otras 13 plusmarcas mundiales, 12 de ellas consecutivas. Su mejor salto fue 1,91 m, realizado el 16 de julio de 1961, que duró 10 años como plusmarca mundial. Fue la primera mujer en superar 1,80 y 1,90 metros. Ganó el oro en los campeonatos de Europa de 1958 y 1962. En los Juegos de Roma 1960 se impuso con la mayor ventaja de la historia de los Juegos, 14 cm. Tras caer sus dos últimas rivales en 1,73 m (ambas compartieron la plata con 1,71 m), Balas aún intentó 5 alturas más, de las que superó 4 y se proclamó campeona olímpica con 1,85 m. Fue la primera medalla del atletismo rumano en unos Juegos. Desde entonces, Rumanía ha ganado 35 medallas en atletismo, 11 de oro. En los Juegos de Tokio, aun con problemas físicos, Balas volvió a ganar, con 1,90 m, 10 cm mejor que la segunda clasificada. A partir de entonces las lesiones le impidieron competir con asiduidad. No pudo tomar parte en el Europeo de 1966 por esta razón. Se retiró en 1967, el mismo año que perdió su imbatibilidad. Su plusmarca mundial duró hasta que el 4 de septiembre de 1971, la austríaca Ilona Gusenbauer (1947) superó a rodillo 1,92 m.

Posteriormente fue profesora de Educación Física. Presidió la federación de atletismo de su país de atletismo de 1988 a 2005. Falleció el 11 de marzo de 2016.

Este es un documental (en rumano) sobre Iolanda Balas. Viéndola saltar más de 1,90 con ese estilo tan peculiar, cayendo en arena, uno se pregunta cuánto habría podido saltar con estilo Fosbury.

Calvin Smith, el velocista de modales suaves

El 24 de septiembre de 1988 tuvo lugar una de la carreras más esperadas de la historia del atletismo, la final olímpica de 100 m de Seúl. Se enfrentaban en ella los dos mejores velocistas del momento, el canadiense Ben Johnson (1960) y el estadounidense Carl Lewis (1961). El año anterior en el campeonato del mundo, Johnson había derrotado a Lewis por 0,1, con una nueva plusmarca mundial de 9,83. El 17 de agosto, en la reunión de Zúrich, en un nuevo duelo entre ambos, fue el estadounidense quien se impuso, con 9,93 por 10,00 del canadiense. Johnson había retrasado su preparación por una lesión, pero no se sabía si podría llegar a los Juegos en plena forma. Ambos se impusieron en sus semifinales, Lewis con 9,97 y Johnson con 10,03. Las fuerzas parecían parejas, pero la final se encargó de desmentir las apariencias. Johnson aplastó a Lewis con una ventaja de 0,13 parándose con unos entonces estratosféricos 9,79. Esta fue la clasificación inicial:

1 Ben Johnson CAN 9,79
2 Carl Lewis USA 9.92
3 Linford Christie GBR 9.97
4 Calvin Smith USA 9.99
5 Dennis Mitchell USA 10.04
6 Robson C. da Silva BRA 10.11
7 Desai Williams CAN 10.11
8 Raymond Stewart JAM 12.26

La cara de sorpresa de Carl Lewis resumía muy bien la prestación de Ben Johnson. Pero todo había sido falso. Dos días después se conocía que el canadiense había consumido estanozolol, un esteroide anabolizante prohibido por el COI. Posteriormente Johnson confesaría que había tomado sustancias prohibidas desde 1981. Carl Lewis pasaba a ser campeón olímpico y, posteriormente, plusmarquista mundial por la anulación de los 9,83 de Ben Johnson. Oficialmente la historia terminó ahí. En realidad las cosas fueron mucho más complicadas. Tiempo después se supo que a Lewis la habían detectados restos de estimulantes en un control durante las pruebas de selección olímpicas para Seúl, al medallista de plata, el británico Linford Christie (1960)  se le detectaron restos de efedrina tras una serie de 200 m en Seúl, pero se aceptaron sus alegaciones. En 1999 un análisis positivo para nandrolona lo llevó a una suspensión de 2 años. También el estadounidense Dennis Mitchell (1966), el canadiense Desai Williams (1959) y el jamaicano Ray Stewart (1965) resultaron sancionados por su relación con sustancias prohibidas. Con razón el periodista Richard Moore (1973) calificó la final de 100 m de Seúl como la final más sucia de la historia. Tan solo el brasileño Robson Caetano da Silva (1964), 5º,  y el estadounidense Calvin Smith (1961), bronce, pueden presumir de un historial limpio durante toda su carrera deportiva.

Calvin Smith (Bolton, Mississippi, 8 de enero de 1961) fue un velocista de modales suaves, discreto, respetuoso y muy alejado del ruido mediático que rodeaba a muchos de sus rivales. En 1980, siendo junior, ya corría en 10,17, lo que le sirvió para ser el 9º en la lista mundial de ese año. Alcanzó notoriedad por primera vez el 9 de julio de 1982, en Karl Marx Stadt, actual Chemmitz (Alemania), donde realizó 9,91 en 100 m, 0,04 por debajo de la mítica plusmarca de 9,95, conseguida en Ciudad de México por Jim Hines (1946) en la final olímpica de 1968. Un viento de 2,1 m/s impidió, sin embargo, homologar la marca de Smith, probablemente superior al tope universal. Ese año registró una plusmarca personal de 10,05. Desde la final de México, tan solo Silvio Leonard (1955), que en 1977 había hecho 9,98 en altitud, había bajado de 10,00. En 1983, el 14 de mayo, en Modesto (California) al nivel del mar, Carl Lewis corría en 9,97.  El 3 de julio de ese año, aprovechando la altitud de Colorado Springs, y con viento legal, Calvin Smith consiguió borrar la plusmarca de Hines, al correr los 100 metros en 9,93. En la misma reunión Evelyn Ashford (1958), con 10,79, también superaba la plusmarca mundial femenina.

Smith, que ya había resultado derrotado en el campeonato de Estados Unidos por Carl Lewis, no pudo con su rival en los 100 m del primer campeonato mundial celebrado en Helsinki. Emmit King (1959) completó el triplete estadounidense. Los tres, con Willie Gault (1960) se coronaron campeones de relevos  4 x 100, con plusmarca mundial de 37,86. Antes Smith se  había hecho con el oro mundialista en los 200 m.

100 m
1 Carl Lewis USA 10.07
2 Calvin Smith USA 10.21
3 Emmit King USA 10.24
4 Allan Wells GBR 10.27
5 Juan Nunez DOM 10.29
6 Christian Haas FRG 10.32
7 Paul Narracott AUS 10.33
8 Desai Williams CAN 10.36

200 m
1 Calvin Smith USA 20.14
2 Elliott Quow USA 20.41
3 Pietro Mennea ITA 20.51
4 Allan Wells GBR 20.52
5 Frank Emmelmann GDR 20.55
6 Innocent Egbunike NGR 20.63
7 Carlo Simionato ITA 20.69
8 Joao Batista da Silva BRA 20.80

4 x 100 m
1 United States 37.86 WR
King, Gault, C.Smith, Lewis
2 Italy 38.37
Tilli, Simionato, Pavoni, Mennea
3 Soviet Union 38.41
Prokofyev, sidorov, Muravyov, Bryzgin
4 East Germany 38.51
5 West Germany 38.56
6 Poland 38.72
7 Jamaica 38.75
8 France 38.98

Unos días después, Calvin Smith, en la reunión de Zúrich, con marcas de 9,97 y 19,99, se convirtió en el primer atleta que corría los 100 por debajo de 10,00 y los 200 por debajo de 20,00 en la misma reunión.

En 1984 sufrió una lesión que le impidió rendir adecuadamente. No pudo clasificarse para las pruebas individuales de 100 o de 200. En 100 se vio superado por Carl Lewis, Sam Graddy (1964) y Ron Brown (1961). Estos dos últimos abandonarían el atletismo poco después y se dedicarían al fútbol americano. Smith, sin embargo, consiguió formar parte del equipo de relevos 4 x 100, que se proclamaría campeón olímpico con una nueva plusmarca mundial:

4 x 100 m
1 United States 37.83 WR
Graddy, Brown, C.Smith, C.Lewis
2 Jamaica 38.62
Lawrence, Meghoo, Quarrie, Stewart
3 Canada 38.70
Johnson, Sharpe, Williams, Hinds
4 Italy 38.87
5 West Germany 38.99
6 France 39.10
7 Great Britain 39.13
8 Brazil 39.40

No brilló especialmente en los años 1985 y 1986. En 1987 acudió al Campeonato del Mundo de Roma a defender su título de 200, donde consiguió una nueva victoria:

200 m
1 Calvin Smith USA 20.16
2 Gilles Queneherve FRA 20.16
3 John Regis GBR 20.18
4 Robson C. da Silva BRA 20.22
5 Vladimir Krylov URS 20.23
6 Floyd Heard USA 20.25
7 Pier Francesco Pavoni ITA 20.45
8 Atlee Mahorn CAN 20.78

En 1988 volvió a ocupar las primeras posiciones de la lista mundial, lo que lo llevó a alcanzar el bronce en la carrera más sucia de la historia. Con el tiempo Smith afirmaría que el oro tenía que haber sido para él

Tras los Juegos de Seúl, Smith siguió compitiendo hasta 1996. En 1993, con 32 años, aún fue capaz de correr en 10,06. Sin embargo no volvió a correr en un gran campeonato, aunque representó a Estados Unidos en la Copa del Mundo de 1992, tanto en 100 como en 4 x 100.

Durante toda su carrera deportiva, Calvin Smith gozó del respeto por parte de sus rivales y de los aficionados, mucho más confiados en sus logros que en el de algunos de sus oponentes que mostraban sorprendentes cambios corporales. Su hijo, Calvin Smith jr (1987) es un buen corredor de 400 m, 44,81 (2010), campéon del mundo en sala en relevos 4 x 400 en 2012, 2014 y 2016.

 

 

Breve historia de los 3000 metros lisos (y III)

Uno de los principales objetivos del marroquí, campeón olímpico de 5000 m en 1984, Said Aouita (1959) fue superar todas las plusmarcas mundiales entre 1500 y 5000 m. Pese a que fue el primer atleta en correr los 5000 m por debajo de los 13 minutos y a que se hizo también con las plusmarcas mundiales de 1500, 2000 y 3000 metros, se le resistió la de la milla. De las distancias en las que consiguió el tope mundial, sin duda la más difícil fue superar los 7:32,1 de Henry Rono (1952) en los 3000 m. No parecía así cuando en 1984, entonces el marroquí aún no dominaba el mediofondo mundial, realizó unos excelentes 7:33,3. Al año siguiente, ya plusmarquista mundial de 1500 y 5000 m, corrió los 3 Km en 7:32,94. En 1986, con una diferencia de 3 días registró 7:32,54 y 7:32,23. Probablemente esta última marca era de más valor que la de Rono, pero para la IAAF la plusmarca del keniano equivalía a 7:32,10. Tuvo que esperar 3 años Aouita para añadir la plusmarca de 3000 m a su colección. En Colonia, el 20 de agosto de 1989, registró 7:29,45. Era la primera vez que se corría a una media de menos de 1 minuto por vuelta. Los pases del marroquí: 2:31,7, 3:46,3 y 5:03,3.

Entretanto en 1985 se celebraron los primeros Juegos Mundiales en Sala, reconvertidos en Campeonatos del Mundo 2 años después. Los primeros ganadores (1985) fueron el portugués Joao Campos (1958) y la canadiense Debbie Scott (1958). Los primeros campeones (1987) fueron el irlandés Frank O’Mara (1960) y la ucraniana, entonces soviética, Tatiana Samolenko (1961). Ilustres ganadores de esta competición han sido Said Aouita en 1989, la rumana Gabriela Szabo (1975) en 1995, 1997 y 1999,  el etíope Haile Gebreselassie (1973) en 1997, 1999 y 2003, el marroquí Hicham El Guerrouj (1974) en 2001, el keniano estadounidense Bernad Lagat (1974) en 2004 y 2012, la etíope Meseret Defar (1983) en 2004, 2006, 2008 y 2010, su compatriota Kenenisa Bekele (1982) en 2006 o la otra etíope Genzebe Dibaba (1991) en 2014 y 2016. Bekele es el único atleta que ha ganado el 3000 en sala y el Mundial de Campo a Través, además el mismo año.

La extraordinaria plusmarca mundial en sala del Emiel Puttemans (1947) de 7:39,2, realizada al paso de las dos millas en 1973 consiguió superarse 19 años después, en 1992, cuando el keniano Moses Kiptanui (1971) corrió en 7:37,31. Ese mismo año, en la temporada al aire libre, rebajaba la plusmarca mundial de Aouita, al correr en 7:28,96, con pases de 2:31,5 y 5:04,2. Tres días después superaba también el tope universal de obstáculos con 8:02,08. En el invierno de 1995, mejoraba su plusmarca mundial de 3000 m en sala al registra 7:35,15. Ese verano se convirtió en plusmarquista mundial de 5000 m con 12:55,30 y en el primer sub8 en obstáculos, 7:59,18, el mismo día que perdía el primado universal de 5000 m. Para entonces, el keniano ya no era tampoco plusmarquista mundial de 3000 m lisos, pues el año anterior, el argelino Noureddine Morceli (1970) había corrido en 7:25,11, con pases de 2:29,5 y 5:01,3. Kiptanui fue campeón mundial de obstáculos en 1991, 1993 y 1995 y subcampeón olímpico en 1996.

En 1993 se corrió por última vez la prueba de 3000 m lisos categoría femenina en un campeonato del mundo. En 1995 se sustituiría por los 5000 m. Ese año sucedió uno de los hechos más extraños de la historia del atletismo. La plusmarca mundial femenina de 3000 m seguía en poder de la rusa Tatiana Kazankina (1951) desde 1984 con 8:22,62. Este registro suscitaba algunas dudas, ya que la atleta había recibido una sanción de 18 meses tras negarse a pasar un control unos días después tras un 1500. Durante ese tiempo quien más se había acercado al tiempo de la rusa había sido la rumana Maricica Puica (1950), campeona olímpica de 3000 m en 1984, que hizo 8:27,83 al año siguiente. En el campeonato del mundo al aire libre, la china Qu Junxia (1972) se impuso con 8:28,78. Un mes después tuvo lugar el campeonato nacional chino. Lo ocurrido allí es difícil de calificar. El 12 de septiembre en Pekín se celebraban las semifinales de la prueba de 3000 m lisos. El día 8 Wang Junxia (1973) había pulverizado por 42 segundos la plusmarca mundial de 10 000 m con 29:31,78. El día 11 fue 2ª en 1500 m con la segunda mejor marca de la historia, 3:51,92, por detrás de Qu Junxia, que había superado la plusmarca mundial con 3:50,46. Ambas atletas corrían la segunda semifinal de 3000 m l. En la primera semifinal Zhang Linli (1973) mejoraba con 8:22,06, la plusmarca mundial de Kazankina. La segunda clasificada, Zhang Lirong (1973), con 8:22,44 también había superado a la rusa. La plusmarca de Zhang Linli duró unos minutos, pues en la segunda semifinal, Wang Junxia registró 8:12,19, con Qu Junxia muy cerca en 8:12,27. En la final, que tuvo lugar al día siguiente, Wang se hizo con un nuevo y sorprendente tope universal, 8:06,11, más de 16 segundos mejor que Kazankina. Las 5 primeras corrieron por debajo de la marca de la rusa. Wang había hecho en abril de ese año un maratón en 2h24:07.

Los tiempos de la atletas chinas se recibieron con absoluta incredulidad en el mundo atlético. De repente pequeño grupo de atletas empequeñecía al resto del universo atlético femenino. La supuesta sapiencia del entrenador Ma Junren (1944), los regímenes intensivos de entrenamiento o la sangre de tortuga no son explicaciones suficientes para lo sucedido. El año pasado Wang Junxia reconoció que sus prestaciones fueron consecuencia de un programa patrocinado por el propio estado que incluía sustancias prohibidas.

Además de 4 atletas chinas, tan solo Genzebe Dibaba ha logrado bajar de 8:20,00, con su plusmarca de 8:16,60 en pista cubierta en 2014. Quienes más se han acercado a esta barrera han sido las kenianas Helen Obiri (1989), 8:20,68, y Marcia Cherono (1991), 8:21,14, ambas en 2014, la rumana Gabriela Szabo, 8:21,42 en 2002, y la irlandesa, última campeona de la distancia en 1994, Sonia O’Sullivan (1969), 8:21,64 en 1994.

En categoría masculina, los 7:25,11 que poseía como plusmarca mundial Nourredine Morceli tan solo duraron 2 años. En 1996, el keniano Daniel Komen (1976), uno de los fondistas con más talento de la historia, dejó sin palabras al mundo atlético con una marca de 7:20,67, con pases de 2:26,5, 3:38,4 y 4:53,4. Unos días antes había corrido en 7:25,16 y 7:25,87.

Al año siguiente se proclamó con gran facilidad campeón del mundo de 5000 m y se hizo con la plusmarca de esta distancia, 12:39,74, y otro impresionante tiempo, mejor marca mundial de siempre en las 2 millas, 7:58,61, con pases en cada milla de 3:59,2 y 3:59,4, 43 años después de la carrera de Iffley Road de Roger Bannister (1929). El pase por el 3000 fue de 7:27,3. En el invierno de 1998, Haile Gebreselassie había superado su propia plusmarca en sala de 3000 m de 7:30,72 hasta 7:26,15. Unos días después Komen la rebajó a 7:24,90. Desgraciadamente Komen no se sentía lo suficientemente motivado por el atletismo para seguir mucho tiempo más. En el blog de Soy Cobarde hay una excelente entrada sobre este magnífico corredor, capaz de dejar sentado a Gebreselassie.

La plusmarca de Komen al aire libre se ha convertido en inabordable. Probablemente sea de mayor calidad que las de 1500 y 5000 m.  Quien más se ha acercado ha sido Hicham El Guerrouj, 7:23,09 en 1999.

El programa olímpico masculino se ha mantenido casi igual desde 1928. El atletismo ha cambiado mucho desde entonces. Dado el salto que hay entre 1500 y 5000 m, tal vez la IAAF se debería plantear introducir en las competiciones oficiales la distancia de 3000 m. De este modo se podrían enfrentar los mejores de 1500 con los mejores de 5000 m. Si solo fuese por su historia, se lo merecería.

Progresión de la plusmarca mundial masculina de 3000 m lisos al aire libre

8:36.8  Hannes Kolehmainen (FIN) 12 07 1912 Estocolmo
8:33.2  John Zander (SWE) 07 08 1918 Estocolmo
8:28.6  Paavo Nurmi (FIN) 27 08 1922 Turku
8:27.6  Edvin Wide (SWE) 07 06 1925 Halmstad
8:25.4  Paavo Nurmi (FIN) 24 05 1926 Berlín
8:20.4  Paavo Nurmi (FIN) 13 07 1926 Estocolmo
8:18.8  Janusz Kusociński (POL) 19 06 1932 Amberes
8:18.4  Henry Nielsen (DEN) 24 07 1934 Estocolmo
8:14.8  Gunnar Höckert (FIN) 16 09 1936 Estocolmo
8:09.0  Henry Kalarne (SWE) 14 08 1940 Estocolmo
8:01.2  Gunder Hägg (SWE) 28 08 1942 Escolmo
7:58.8  Gaston Reiff (BEL) 12 08 1949 Gävle
7:55.6  Sándor Iharos (HUN) 14 05 1955 Budapest
7:55.6  Gordon Pirie (ENG) 22 06 1956 Trondheim
7:52.8  Gordon Pirie (ENG) 04 09 1956 Malmö
7:49.2  Michel Jazy (FRA) 27 06 1962 Saint-Maur-des-Fossés
7:49.0+  Michel Jazy (FRA) 23 06 1965 Melun
7:46.0  Siegfried Herrmann (GDR) 05 08 1965 Erfurt
7:39.6  Kipchoge Keino (KEN) 27 08 1965 Helsingborg
7:37.6  Emiel Puttemans (BEL) 14 09 1972 Aarhus
7:35.2  Brendan Foster (GBR) 03 08 1974 Gateshead
7:32.1  Henry Rono (KEN) 17 06 1978 Oslo
7:29.45  Saïd Aouita (MAR) 20 08 1989 Colonia
7:28.96  Moses Kiptanui (KEN) 16 08 1992 Colonia
7:25.11  Noureddine Morceli (ALG) 02 08 1994 Monte Carlo
7:20.67  Daniel Komen (KEN) 01 09 1996 Rieti

Progresión de la plusmarca mundial femenina de 3000 m lisos al aire libre

8:52.8  Lyudmila Bragina (URS) 1974-07-06 Durham, United States
8:46.6  Grete Andersen-Waitz (NOR) 1975-06-24 Oslo, Norway
8:45.4  Grete Waitz (NOR) 1976-06-21 Oslo, Norway
8:27.2  Lyudmila Bragina (URS) 1976-08-07 College Park, Australia
8:26.78  Svetlana Ulmasova (URS) 1982-07-25 Kiev, Soviet Union
8:22.62  Tatyana Kazankina (URS) 1984-08-26 Leningrad, Soviet Union
8:22.06  Zhang Linli (CHN) 1993-09-12 Beijing, PR China
8:12.19  Wang Junxia (CHN) 1993-09-12 Beijing, PR China
8:06.11  Wang Junxia (CHN) 1993-09-13 Beijing, PR China

Progresión de la plusmarca mundial masculina de 3000 m lisos en pista cubierta

7:39.2 Emiel Puttemans (BEL) Berlin 18.02.1973
7:37.31 Moses Kiptanui (KEN) Sevilla 20.02.1992
7:35.15 Moses Kiptanui (KEN) Gent 12.02.1995
7:30.72 Haile Gebrselassie (ETH) Stuttgart 04.02.1996
7:26.15 Haile Gebrselassie (ETH) Karlsruhe 5.01.1996
7:24.90 Daniel Komen (KEN) Budapest 06.02.1998

Progresión de la plusmarca mundial femenina de 3000 m lisos en pista cubierta

8:39.79 Zola Budd (GBR) Cosford 08.02.1986
8:33.82 Elly van Hulst (HOL) Budapest 04.03.1989
8:32.88 Gabriela Szabo (ROM) Birmingham 18.02.2001
8:29.15 Berhane Adere (ETH) Stuttgart 03.02.2002
8:27.86 Liliya Shobukhova (RUS) Moscú 17.02.2006
8:23.72 Meseret Defar (ETH) Stuttgart 03.02.2007
8:16.60 Genzebe Dibaba (ETH) Estocolmo 06.02.2014

Breve historia de los 3000 metros lisos (II)

En 1974, la IAAF reconoció por primera vez como plusmarca mundial la mejor marca femenina de 3000 metros. Aunque la prueba no sería olímpica hasta 10 años más tarde, ese mismo 1974 se incluyó por primera vez en los campeonatos de Europa, que se celebraban en Roma. La primera plusmarquista mundial de 3000 m, la rusa , entonces soviética, Ludmila Bragina (1943), 8:52,74 (1974), había sido también, extraoficialmente, la primera mujer en romper la barrera de los 9 minutos, 8:53,0, 2 años antes. En los Juegos de Múnich de 1972, Bragina consiguió un logro inédito. Se disputaba por primera vez la prueba femenina de 1500 m, en la que ella era la plusmarquista mundial con 4:06,9. En los Juegos se corrían tres rondas. Bragina con 4:06,71, 4:05,07 y 4:01,38 fue mejorando su plusmarca mundial en cada una de ellas hasta hacerse con el oro. En 1974 fue plata en el primer campeonato de Europa de 3000 m femenino, detrás de la finlandesa Nina Holmén (1951), que 8:55,10 hizo su mejor marca de siempre

Bragina perdió la plusmarca mundial de 3000 m a manos de la noruega Grete Waitz (1953-2011) que realizó 8:45,4 en 1975 y 8:46,6 en 1976. Pero esta prueba se quedaba muy corta a la atleta nórdica, que se acabó convirtiendo en una de las mejores corredoras de campo a través y de maratón de la historia. Ganó 9 veces el maratón de Nueva York y fue campeona mundial de campo a través en 5 ocasiones. Rebajó la plusmarca mundial de maratón en 9 minutos, hasta 2h25:29. El tope universal de 3000 m le duró, sin embargo, poco tiempo. Bragina lo recuperó con la extraordinaria marca de 8:27,12, unos meses después de la segunda plusmaca de Waitz. Este registró se mantuvo imbatido 6 años. Otra rusa, entonces soviética, Svetlana Ulmasova (1953-2009) corrió en 1982 en 8:26,78. Ulmasova fue campeona de Europa de 3000 m en 1978 y 1982. También brilló en campo a través, con dos oros mundialistas.

Pese a que en los Campeonatos de Europa el 3000 femenino era oficial desde 1974, el COI no lo hizo olímpico en los Juegos de Moscú 1980. La IAAF decidió que celebraría un campeonato del mundo de 3000 m y de 400 mv en categoría femenina, prueba esta última que tampoco se había introducido en el programa olímpico. La ganadora, y por tanto primera campeona del mundo, fue la alemana Birgit Friedmann (1960) con 8:48,05. El 3000 ya fue oficial en el primer campeonato del Mundo que organizó la IAAF en Helsinki en 1983. El oro fue para la estadounidense Mary Decker (1958), acreditada en 8:29,71 (1983) y plusmarquista mundial de los 5000 m, 15:08,26 (1982). Ulmasova solo pudo ser 4ª. Decker hizo el doblete con el 1500. Era la gran favorita para convertirse en la primera campeona olímpica de 3000 m en 1984 en Los Ángeles. Su máxima rival parecía la emergente estrella la británica nacida en Suráfrica Zola Budd (1966), acreditada en 8:37,5, que corría descalza. En la final de LA, sin embargo, las cosas fueron mal para ambas. Algo después de la mitad de la prueba, en un lance involuntario, ambas atletas tropezaron, Decker se cayó al suelo y se lesionó. El público la tomó con la británica quien, desconcertada, terminó 7ª. La airada reacción de la estadounidense ante el incidente poco tuvo que ver con la que tendría 8 años después el marroquí Hicham El Guerrouj (1974), tras irse al suelo en la final de 1500 m de Atlanta. La vencedora de la prueba, injustamente postergada, fue la rumana Maricica Puica (1950), con unos excelentes 8:35,96.

El año terminó con plusmarca mundial, 8:22,62 por parte de la rusa, entonces soviética, Tatiana Kazankina (1951), oro olímpico en 1500 m en 1976 y 1980. La rusa no estuvo en LA por el boicot soviético a los Juegos. Su carrera atlética acabó repentinamente ese año cuando recibió una suspensión de 18 meses por negarse a pasar un control. En 1985 Decker y Budd marcaron respectivamente 8:25,83 y 8:28,83 , pero ninguna de las dos volvería a destacar en grandes campeonatos. En la segunda mitad de los 80, destacó la ucraniana, entonces soviética, Tatiana Samolenko (1961), campeona del mundo en 1987 y 1991. Realizó su mejor marca, 8:26,53, en la final olímpica de Seúl 1988, donde fue oro. Se hizo con la plata por detrás de la rusa Yelena Romanova (1963-2007) en los Juegos de Barcelona 1992.

En el campeonato de Europa en sala, el 3000 femenino comenzó a disputarse en 1982, con la italiana Agnesse Possamai (1953) como primera campeona. La primera plusmarca oficial fue 8:39,79, realizado por Zola Budd en 1986. En 1989 la neerlandesa Elly van Hulst (1959)mejoró el tiempo de Budd con 8:33,82, que duraría 11 años como tope mundial. Van Hulst fue campeona de Europa en sala en 3 ocasiones consecutivas, de 1989 a 1991.

De 1964 a 1985 se disputó a prueba de 3000 m masculino en los campeonatos de Europa en categoría junior (Juegos Europeos hasta 1970). En 1986, con ocasión del primer Mundial de la categoría, se sustituyó por los 10 000 metros. El primer campeón, en 1964, fue el alemán Jürgen Haase (1945), que posteriormente sería plusmarquista y 2 veces campeón de Europa de 10 000 m. El último oro fue el irlandés Nick O’Brien (1966) en 1985. La plusmarca de los campeonatos está en posesión del alemán Rainer Wachenbrunner (1962) con 7:57,18 en 1981. Ilustres vencedores fueron el español José Manuel Abascal (1958) en 1977, bronce olímpico en 1500 m en 1984, y Steve Cram (1960) en 1979, campeón de Europa de 1500 m (1982 y 1986) y del Mundo (1983), subcampeón olímpico en 1984 y primer hombre en bajar de 3:30. La plusmarca europea de la categoría pertenece al finlandés Ari Paunonen (1958) con 7:43,3 (1977).

En categoría femenina, la prueba de 3000 m comenzó a disputarse en el Europeo júnior en 1981 y continúa en el programa en la actualidad. La rumana Gabriela Szabo (1975), campeona en 1991 y 1993, posee la plusmarca de los campeonatos con 8:50,97. En el Mundial de la categoría el 3000 también es oficial. Szabo fue oro en 1994. La rumana fue campeona olímpica de 5000 m en 2000 y mundial en 1997 y 1999, además de en 2001 en la prueba de 1500 m. Es la actual Ministra de Juventud y Deportes de su país. La plusmarca europea y mundial de la categoría siguen siendo los 8:28,83 de Zola Budd de 1985.

En cuanto a la categoría absoluta masculina, la plusmarca mundial del británico Brendan Foster (1948) duró 4 años, hasta la aparición del fenómeno Henry Rono (1952), quien en 1978 en 81 días superó las plusmarcas de 10 000 m, 27:22,2, 5000 m, 13:08,4, 3000 m obstáculos, 8:05,4 y 3000 m, 7:32,1. La plusmarca de 3000 m se acercaba a la barrera de 1 minuto por vuelta. Los pasos fueron 2:34,0 (1000 m), 3:49,6 (1500 m), 5:04,5 (2000 m). Es decir, corrió el segundo 1500 en 3:42,5 y el último kilómetro en 2:27,6.

La plusmarca de Rono acabaría siendo muy duradera, pues no se superó hasta 1989. En 1982, el británico David Moorcroft (1952) estuvo a punto de rebajarla en una trepidante carrera. Moorcroft venía de mejorar su marca en la milla el 26 de junio, 3:49,50, y de realizar el 7 de julio una sorprendente plusmarca mundial de 5000 m, sin liebres, con 13:00,41. Rono, que en 1981 había mejorado su plusmarca de 1978 a 13:06,20, fue 4º en la carrera en que perdió el tope universal. El 17 de julio, el británico estaba dispuesto a dejar al Rono sin la plusmarca de 3000 m. La cita era en Crystal Palace, en un encuentro internacional Reino Unido – España – Kenia – Japón. En la carrera de 3 Km, además de los atletas de los países participantes, entre los que no estaba Rono  había un gran elenco de grandes mediofondistas, entre los que destacaban los estadounidenses Steve Scott (1956) y Sydney Maree (1956) o el neozelandés John Walker (1952). Se pasó el primer kilómetro en 2:31,3 y la mitad de la prueba en 3:45,7. En ese momento Moorcroft cogió la cabeza y dio paso al 2000 en 5:02,2. A falta de 400 m, el británico continuaba en cabeza en 6:36,4. Maree consiguió sobrepasarlo a falta de 200 m, pero Moorcroft se rehízo, recuperó la cabeza y se impuso con 7:32,79, a 0,7 de la plusmarca mundial. Segundo fue Maree, 7:33,37 y  3º Walker, 7:37,49.

La carrera de 3000 m  partir del minuto 14′

Dos años más tarde, el marroquí Said Aouita (1959) intentó por primera vez una plusmarca mundial de 3000 m que le llevaría 5 años conseguir.