Diamante en bruto. La otra cara del deporte

Hace algo más de un año, navegando por Internet, me quedé sorprendido al toparme con una novela titulada Diamante en bruto. No en absoluto por el título, sino por el autor, Marc Pujol. Se trataba de un libro autobiográfico, sobre el propio Marc, un atleta muy prometedor al que los problemas físicos le impidieron cumplir la expectativas que había suscitado. Coincidí con él en mi época de juvenil y de junior. Marc Pujol Riqué había nacido el Barcelona el 11 de marzo de 1968. En el mundial de Cross de 1985, Pujol, siendo juvenil, había formado parte del equipo junior que se hizo con el bronce. En la crónica del mundial de Atletismo Español de mayo de 1985 lo definieron como una de las mayores esperanzas del fondo español. Y razones no les faltaban pues Pujol llevaba una trayectoria magnífica como juvenil. En 1984 había sido subcampeón nacional de la categoría tan solo por detrás de Alejandro Gómez (1967). Además se había impuesto en el Campeonato Internacional Escolar de campo a través celebrado en Bruselas, algo a que, sobre todo en Cataluña, había tenido cierta relevancia mediática. No obstante, su mayor éxito en aquel olímpico 1984 lo obtuvo en el viejo Anoeta, donde en julio habían tenido lugar los campeonatos de España juvenil y junior. Pujol ocupó una brillante segunda posición en un 3000 de altísimo nivel. Su marca de 8:23,66 era la mejor española de siempre para un juvenil de primer año. Merece la pena recordar los resultados de aquel 3000:

  1. Manuel Carrera CV 8:18,78
  2. Marc Pujol LT 8:23,66
  3. Alejandro Gómez SMO 8:30,26
  4. Carlos Adán SMO 8:33,12
  5. Juan Carlos Gª del Olmo TAJ 8:33,36
  6. Anacleto Jiménez LOY 8:36,83
  7. José Luis Gruñeiro MOR 8:37,84
  8. Juan Manuel Ortega SC 8:42,38

El ganador, Manuel Carrera Nogueira (Vigo, 3 de febrero de 1967) se había hecho esa misma mañana de domingo con el triunfo en el 1500. Su registro de 8:18,78 no se consideró plusmarca española de la categoría, pese a que probablemente era mejor que los 8:18,7 de José Manuel Albentosa (1964). Al final de esa temporada, Carrera se haría con la plusmarca juvenil de 3000 metros con 8:15,1. Como Pujol, Carrera no consiguió cumplir las expectativas, pero de esa final juvenil de 3000 metros salieron nada menos que tres atletas olímpicos: Alejandro Gómez en 1988, 1992 y 1996, Carlos Adán (1967) en 1992 y Anacleto Jiménez (1967)en 1996. Anacleto fue además plusmarquista español de 5000 metros con 13:08,30 (1997).

Al año siguiente, 1985, Pujol continuó progresando como juvenil de segundo año. En Toledo se proclamó campeón de España de cross. Cuarto en esa carrera fue Fermín Cacho (1969), entonces juvenil de primer año. Esa actuación le valió a Pujol la selección para el campeonato mundial de cross junior, donde ocuparía el puesto 27º. Además ganó el campeonato juvenil de 2000 metros en pista cubierta. Todo parecía ir viento el popa, pero en la preparación para la temporada de aire libre aparecieron los problemas físicos. Llegó muy mermado al campeonato de España juvenil, que tenía lugar muy cerca de su casa, en Manresa. A diferencia del año anterior, la carrera resultó lenta. Se pasó el 2000 en 6 minutos. Las medallas se decidieron en la recta final, donde Pujol resultó derrotado por su compañero de club Albert Puig (1969), que se impuso con 8:43,23, 0,41 menos que Marc. Los problemas continuaron en la temporada de 1986. Se perdió el invierno, pero pudo prepararse para el campeonato de España junior de 3000 metros al aire libre. Una controvertida decisión de la RFEA había determinado un cambio en las categorías del atletismo. En ese 1986, los nacidos en 1968 y 1969, juveniles al año anterior, pasaban a ser juniors y los nacidos en 1966 y 1967, juniors el año anterior, pasaban a pertenecer a la nueva categoría promesa. El cambio no tenía demasiado sentido, puesto que en al ámbito internacional los nacidos en 1967 y 1968 eran juniors.  Pujol se enfrentaría, por lo tanto, a atletas de su año y del anterior. El campeonato junior de 3000 metros tuvo lugar en Fuenlabrada, en un estadio sin sombras bajo el madrileño sol de justicia de junio. En una carrera de bastante nivel, Pujol fue tercero con 8:33,55. La victoria fue para el asturiano Mariano Campal (1969), que ya había ganado el campeonato de España de cross, con 8:28,34 y en segundo lugar entró Fermín Cacho con 8:32,77, después de haber sido cuarto en 1500 metros, justo detrás de Enrique Molina (1968). En 1987, pese a abandonar en el campeonato de España, Pujol corrió el Mundial junior de cross, en el que ocupó el puesto 25 y fue el primer español. A partir de ahí los problemas físicos con sus tendones de Aquiles se hicieron cada vez más frecuentes y cortaron de raíz su carrera atlética.

Sobre estos logros atléticos, el exatleta barcelonés pasa, sin embargo, bastante de puntillas en su novela Diamante en bruto. La novela es sobre todo un relato de sus vivencias, de cómo la vida comienza a sonreír a un adolescente gran deportista y buen estudiante pero también cómo sus expectativas no se materializan y las consecuencias emocionales de ello. El relato tiene momentos muy descarnados. Pujol describe su situación personal, familiar, sus ilusiones, sus proyectos y sus frustraciones sin ahorrarse detalles. Y no está en absoluto exento de autocrítica. Reconoce que tras su victoria en Bruselas perdió un poco el contacto con la realidad. En el pequeño universo que para un adolescente es su colegio, lo trababan como un ídolo. Todos, menos Maldonado, el duro profesor de Química al que entonces Pujol odiaba, pero, con el tiempo, acabó dándole, al menos en parte, la razón. Maldonado le advirtió el día de su despedida del colegio:

Que tenga suerte en la vida, Sr Pujol… la necesitará. Espero que pronto cambie de actitud. Aunque usted ahora piense lo contrario, el deporte no lo es todo. Usted es inteligente y lo sabe. Debe esforzarse más en las cosas que realmente importan. Ha elegido una buena carrera: la salud, eso sí que importa. Ahora es usted demasiado joven para saberlo. De todas maneras le deseo suerte tanto en los estudios como en el deporte. Pero permítame decirle que no lo va a tener fácil. La universidad no es como el colegio. Allí nadie lo protegerá. A usted le sobra disciplina para el deporte, pero le falta para los estudios.

Pujol también relata la felicidad que experimentó con un amor de juventud, en su mejor momento personal y deportivo y lo dolorosa que le resultó la ruptura. Sorprende la sinceridad con que cuenta esta relación. En 1986, cuando el COI encargó a Barcelona la organización de los Juegos de 1992, Pujol llevaba 2 años complicados. La designación de Bacelona dio ánimos al joven atleta. Se veía compitiendo con 24 años en unos Juegos en su casa. Ese año tomó la difícil decisión de dejar a su entrenador de siempre, José Navarro, e irse a entrenar con Gregorio Rojo (1920-2006), en el grupo de José Manuel Abascal (1958), Juan Torres (1957), Jordi García (1961), Teófilo Benito (1966-2004), Ángel Fariña (1967), Joan Viudes (1967) o Jorge Bello (1963). Rojo le dijo que era un diamante en bruto, de ahí el título de la novela. Pero a posteriori el propio Pujol reconoce que ya no lo era. Tenía los tendones de Aquiles demasiado cortos y eso le impedía asimilar grandes cargas de trabajo. La temporada al aire libre de 1987 había empezado bien para él, hasta que su tendón derecho comenzó a dar problemas. Decidió por su cuenta y riesgo inyectarse localmente un antiinflamatorio, con lo que cesó el dolor, pero la sobrecarga acabó en rotura y en el fin de sus ilusiones.

La reconciliación con el atletismo le resultó muy difícil, según reconoce el propio autor, y probablemente fue incompleta. Para triunfar en el atletismo, en el deporte en general, hacen falta talento natural, capacidad de trabajo y mentalidad. A Pujol le faltó lo segundo. Hay quien es capaz de poner su cuerpo al límite sin lesionarse, pero eso no siempre sucede. A Pujol no le sucedió. Afrontar que el futuro no será como uno se lo esperaba es complicado. Aunque no se suela hablar de ello, en el deporte también hay obsesiones, ansiedad, depresión, frustraciones… Es importante asumir la posibilidad de no cumplir los objetivos.

Hay un pasaje del libro que resume muy bien los sentimientos de Pujol respecto al atletismo. Dice que cuando vio a Cacho coronarse campeón en los Juegos de Barcelona, pensó: pero si a ese muchacho yo le ganaba. También relata cómo le impactó la desintegración personal y posterior muerte de Teófilo Benito, otro atleta que no llegó a cumplir las expectativas que había generado.

Este libro representa, a través de un testimonio en primera persona, la otra cara del deporte, la que no se suele contar. Su lectura es muy recomendable.

Podéis ver la reseña del libro pinchando la portada a continuación.

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