El golpe de calor que acabó con la carrera de Jim Peters

El golpe de calor es una alteración grave del proceso de regulación de la temperatura corporal. Sucede cuando el organismo es incapaz de eliminar el calor que genera y es una situación potencialmente mortal. Recientemente pudimos ver un ejemplo de golpe de calor con el triatleta británico Jonathan Brownlee (1990). En los entonces Juegos del Imperio Británico de 1954 un golpe de calor acabó con la carrera atlética del maratoniano Jim Peters (1918-1999) y pudo acabar con algo más.

James Henry Peters había nacido en Hackney, Londres, el 24 de octubre de 1918. Antes de practicar atletismo jugó al fútbol y al cricket. En 1945 comenzó a destacar en distancias largas. Representó a su país en los Juegos de 1948, celebrados en su ciudad natal, corriendo los 10000 metros. Tras una desafortunada actuación en la que fue 8º con vuelta perdida se planteó la retirada. Ya contaba con 29 años. Pero su entrenador, Herb Johnston (1902-1967), plata olímpica en el 3000 por equipos de 1924 y 8º en el 5000 de 1928, consiguió convencerlo para que siguiese y para que probase en la carrera de maratón. Peters se entrenaba a diario, algo no muy común entonces. Para preparar el maratón no incrementó el kilometraje, sino que aumentó los ritmos. El resultado fue magnífico. Tras 2 años de concienzudo entrenamiento, en 1951 Peters corrió en 2h29:29, nueva plusmarca británica, a menos de 4 minutos de la plusmarca mundial del pequeño, 1,55 m, coreano Suh Yun-bok (1923). Un año después, el 14 de junio de 1952, Peters conseguía destronar al Suh, al marcar en Londres 2h20:43, con su compañero de entrenamientos Stan Cox (1918-2012) segundo en 2h21:42. Peters había mejorado la plusmarca mundial en casi 5 minutos. Su logro adquirió aun más valor cuando se descubrió que el circuito tenía 237 metros de más. Es probable que el tiempo real fuese inferior a 2h20.

Los dos británicos eran los favoritos para el oro olímpico en el maratón que se celebraría en Helsinki un mes después, prueba que también tomaría parte Emil Zátopek (1920-2000). Pero el checo nunca había corrido la distancia y se presentó en la línea de salida tras sus oros en 5000 y 10000 metros. Hoy día probablemente sería imposible que un aspirante al oro olímpico en la carrera más larga viniese de hacer esta prueba el mes anterior. Tampoco es probable que un atleta de élite de 5000 y 10000 metros tomase parte en un maratón olímpico sin haber corrido nunca la distancia, aunque Lasse Virén (1949) lo hizo en 1976. Peters se separó del resto de los corredores tras 10 Km, pero Zátopek y el sueco Gustaf Jansson (1922-2012) consiguieron alcanzarlo en el Km 15. 4 Km más adelante Zátopek se dirigió a sus rivales en inglés: Yo no sé mucho de esto, pero ¿no creéis que vamos demasiado lentos? Como no obtuvo respuesta decidió incrementar el ritmo. Solamente Jansson lo pudo seguir. Peters abandonó en el Km 32 cuando iba 3º, aquejado por calambres. Cox se había retirado 6 Km antes cuando estaba en 6ª posición. Zátopek se presentó en solitario en el estadio de Helsinki. Su tiempo final 2h23:03 era el 3º de siempre. Logró el hecho histórico de hacerse con el oro en las tres pruebas de fondo 5000, 10000 y maratón. Su ventaja sobre el segundo, el argentino Reinaldo Gomo (1918-1994), fue de más de 2 minutos y medio. Jansson consiguió finalmente ser tercero.

La decepción de Peters fue enorme pero pronto se marcó un nuevo objetivo: el oro en los Juegos de la Commonwealth y en el Campeonato de Europa de 1954. Ambos maratones tendrían lugar con una diferencia de menos de un mes. En 1953 ganó los 4 maratones en los que tomó parte. En Londres el 13 de junio y en Turku el 4 de octubre estableció sendas plusmarcas mundiales con 2h18:41 y 2h18:35, convirtiéndose en el primer atleta en correr por debajo de 2 horas 20 minutos. Para 1954, Peters había programado, además de los dos maratones de los campeonatos, otras dos pruebas. En Boston, el 19 de abril resultó derrotado por el finlandés Veikko Karvonen (1926-2007), quien realizó la segunda mejor marca de siempre de entonces 2h20:39. Peters entró a continuación con 2h22:40. Se desquitó el 26 de junio, nuevamente en Londres, donde corrió en 2h17:40. Poco después, el 4 de agosto tenía lugar el maratón de los Juegos del Imperio, en la ciudad canadiense de Vancouver. Esa misma tarde se había celebrado la milla del siglo, el duelo entre Roger Bannister (1929) y John Landy (1930). La tarde era tremendamente calurosa y húmeda, lo que aconsejaba un ritmo prudente. Pero Peters, incapaz de no darlo todo, decidió irse en solitario. Hacia el Km 35 la previsión de la marca era de 2h23. En ese momento Peters superaba en 400 metros a su compañero Cox y más de 2 kilómetros al resto de los competidores. Con el estadio a menos de 3 km Cox sufrió un golpe de calor y chocó contra una farola. Poco después el golpe de calor se cebó con Peters, que entró en el estadio confuso y tambaleándose. Tras varias caídas y varios minutos de agonía, los jueces decidieron llevárselo al hospital, curiosamente cuando parecía que conseguiría su objetivo.

La agonía de Peters a partir del minuto 2:20.

El anónimo ganador de la prueba fue el escocés Joe McGhee (1929-2015) con 2h39:36. Una situación parecida había tenido lugar en los Juegos de Londres de 1908, con el italiano Dorando Pietri (1885-1942), quien también se quedó a pocos metros de su objetivo. En 1984, en el primer maratón olímpico femenino, la suiza Gaby Andersen (1945), afectada por un golpe de calor, consiguió, no obstante, llegar a la meta en 37ª posición. Lo sucedido en Vancouver terminó con la carrera atlética de Peters. Karvonen, unos días después, se coronó campeón de Europa. Peters trabajó como óptico tras dejar el atletismo. Falleció el 9 de enero de 1999.

En demasiadas ocasiones se califican de heroicos estos intentos de llegar a la meta a toda costa con el atleta preso de un golpe de calor. Dado el estado confuso que padece el corredor en esas condiciones, más que una hazaña, el dejarlo continuar es una imprudencia por parte de quienes los rodean. El golpe de calor es una urgencia médica. Es una situación potencialmente mortal.

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  1. Pingback: El primer maratón olímpico femenino – Historias del atletismo

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