¿Por qué hacemos atletismo?

Ya es un mundo perdido, pero aún disfruto yendo a correr a la pista de mi barrio e imaginándome cuando me falta media vuelta para terminar que estoy volviendo a correr los últimos 200 metros de la mejor época de mi vida.

Esta frase es de Tom Courtney (1933), campeón olímpico de 800 m y relevo 4 x 400 m en los Juegos de Melbourne en 1956. La pronunció en 1976, hace más de 42 años. y resume perfectamente la relación vital entre el atletismo y el atleta. Es lo que hace que quien esto escribe siga soñando con atletismo 25 años después.

Cuando alguien ajeno a este deporte te pregunta qué te motiva a hacer atletismo, no es fácil encontrar las palabras para expresar lo que sentimos. ¿Cómo se puede explicar el esfuerzo de noches de invierno en un parque embarrado? ¿O los días de verano, sin vacaciones, cuando el calor no cede ni aunque se ponga el sol? ¿Cómo se pueden explicar el dolor, la agonía, el esfuerzo diario incondicional?

No hay una sola respuesta. Probablemente dependa de las vivencias de cada uno. Atribuirlo solamente a la secreción de endorfinas se queda demasiado corto. Quizá una motivación muy importante es el descubrimiento de que el esfuerzo te hace mejor. Quien es capaz de tener constancia y disciplina en los programas de entrenamiento y en el esfuerzo acaba consiguiendo metas que consideraba impensables. Es difícil explicar la sensación de bienestar que produce poder correr cada vez más rápido si no se ha vivido. Una de las ventajas del atletismo es que el rival es uno mismo. Es al yo de años anteriores al que hay que superar. Cada uno tiene su límite, que puede ser, refiriéndose, por ejemplo, al 1500, 4:00, 3:50, 3:40 o 3:30. El objetivo tiene que ser superar este límite. Solamente en el último caso equivale a adquirir un pasaporte olímpico. Pero el atletismo es mucho más que eso. También lo es superar cualquiera de los otros límites y la satisfacción es más proporcional a las expectativas que al tiempo conseguido.

Como en cualquier otro deporte quien lo practica suele adquirir una serie de hábitos saludables y una serie de valores como la disciplina, el sacrificio, la resistencia al dolor la perseverancia o la consecución de objetivos a largo plazo, que pueden ser muy útiles cuando se aplican a otros campos. Además, en el atletismo el metro y el segundo son jueces implacables que no necesitan ojeadores.

No todo es positivo. También hay una cara negativa en forma de lesiones, expectativas frustradas, obsesiones, resentimiento o drogas. Es necesario prepararse para evitar en lo posible esta parte menos agradable. Un punto muy importante es asumir que no todos los cuerpos pueden soportar las cargas necesarias para llegar alto y que hay que adaptar el entrenamiento a las capacidades de cada uno. Es complicado ganar por talento en edades jóvenes y no poder transformar ese talento en un rendimiento de alto nivel, pero no todos reúnen talento, capacidad y mentalidad. Sin embargo, el atletismo de élite solo es una pequeña parte del atletismo. Como se dijo anteriormente, la meta debe ser superarse a uno mismo. Hay quien dice que esa es la mayor conquista.

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