Joaquim Cruz, de vendedor ambulante en Brasil al oro olímpico en Los Ángeles (I)

Tras el boicot occidental a los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, era de esperar que el bloque oriental devolviese la moneda 4 años después, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Así sucedió. Tras haber asegurado previamente que no mezclaban política y deporte, finalmente el 8 de mayo de 1984la Unión Soviética anunció que no enviaría equipo a los Juegos alegando falta de seguridad y fuertes sentimientos antisoviéticos. Otros 13 países secundaron la postura soviética: Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Alemania del Este, Mongolia, Vietnam, Corea del Norte, Yemen del Sur, Laos, Afaganistán, Angola, Etiopía y Cuba. En atletismo, el boicot se notó básicamente en pruebas femeninas, dominadas entonces por las soviéticas y las alemanas del Este, y en los lanzamientos masculinos. Pese a ello, los Juegos tuvieron un nivel altísimo no solo por la actuación estelar del cuádruple medallista de oro, el estadounidense Carl Lewis (1961), sino también por otras excelentes prestaciones como la del también estadounidense Alonzo Babers (1961) en 400 m, el resucitado británico Seb Coe (1956) en el 1500 m, la emergente estrella del mediofondo, el marroquí Said Aouita (1959) en un espectacular 5000, la segunda victoria olímpica de Edwin Moses (1955) o el sorprendente keniano Julius Korir (1960) en los 3000 m obstáculos. Pero, sin duda, una de las grandes estrellas, no solo de los Juegos sino también de ese año de 1984, fue el brasileño Joaquim Cruz, apabullante campeón olímpico de 800 m.

Joaquim Carvalho Cruz había nacido el 12 de marzo de 1963 en Taguatinga, Distrito Federal (Brasil), muy cerca de la capital Brasilia. De familia numerosa, tenía 5 hermanos,  con pocos recursos, su padre, un obrero siderúrgico, apenas podía comprarle unas zapatillas para entrenar. El joven Joaquim, que comenzó jugando al baloncesto, pero pronto se pasó al atletismo, ejercía diversos oficios para ayudar a la economía familiar, tales como vendedor ambulante o limpiabotas. En atletismo mostró un enorme talento que lo llevó a correr los 800 m en 1:51,0 con 15 años, 1:49,8 con 16 y 1:47,65 con 17 años. Su primera explosión llegaría al año siguiente, en 1981, cuando el 27 de junio corrió en Río en 1:44,3, registro que mejoraba por 0,6 la plusmarca mundial junior (sub20) en poder del estadounidense Jim Ryun (1947). Ese registro le valió para representar a América en los 800 m de la III Copa del Mundo de la IAAF, prueba en la que fue 6º. Un entonces inabordable Seb Coe fue el ganador. Puede que el haber superado a Ryun hiciese que en Estados Unidos se fijasen en él. Lo cierto es que en la temporada de 1982, justo tras la muerte de su padre, la Universidad Brigham Young, en Provo (Utah), le ofreció una beca y allí se trasladó junto con su entrenador Luis Alberto de Oliveira. No obstante, el brasileño perdió casi todo ese año, pues hubo de someterse a una cirugía de un pie. Aun así, pudo aún pudo correr en 1:46,95 en los primeros compases de la temporada.

Todo cambió en 1983, año en que se trasladó a la Universidad de Oregon, en Eugene, cuna de los mejores fondistas estadounidenses. Allí pudo prepararse sin problemas físicos para el primer Campeonato del Mundo que se celebraría en agosto en Helsinki. Poco antes, Cruz ganaba los 800 m del campeonato universitario estadounidense (NCAA) y llevaba sus marcas personales de las dos vueltas a 1:44,04 y de 1000 m a 2:15,28. En la capital de Finlandia se clasificó para la final sin problemas, adquiriendo la condición de favorito. La prueba resultó muy rápida por la actuación del propio Cruz que, enseguida, tomó la cuerda. A falta de 450 m el británico Peter Elliot (1962) se hizo con la cabeza, con el brasileño pegado a él. Elliot dio paso al primer 400 en 50,58. En la contrarrecta ambos atletas sostuvieron una dura pugna por la primera posición, sin que el británico cediese, de manera que abrieron un pequeño hueco con el resto de los competidores. Elliot obligó a Cruz a hacer la última curva por la calle 2, antes de claudicar a falta de 100 m. Entretanto, el alemán Willi Wülbeck (1954) que se había acercado peligrosamente al dúo de cabeza, dio un tremendo acelerón y se fue en cabeza hacia la meta, sin que el brasileño, desfallecido pudiese seguirlo. A falta de 15 metros, Cruz también se vio sobrepasado por el holandés Rob Druppers (1962). Wülbeck ya había ocupado la 5ª en la final olímpica de Montreal. Su progresión desde entonces había sido, no obstante, discreta. Su mejor marca era 1:44,66 desde 1979. En Helsinki realizó la mejor carrera de su vida y, con 1:43,65, mejoró su marca por 1,01. Druppers hizo también marca personal con 1:44,20 y Cruz consiguió el bronce con 1:44,27. El brasileño había salido por el oro, pero se desgastó demasiado durante los 150 m en que trató de adelantar a Elliot sin conseguirlo.

 

Tras el Mundial, Cruz dio por terminada su temporada y comenzó a pensar en los Juegos Olímpicos que tendrían lugar el año siguiente en Los Ángeles. Comenzó la temporada al aire libre muy pronto, en marzo. En junio, con 3:36,48 había mejorado por 4ª vez su plusmarca personal de 1500 m, marca que le valió para ganar el campeonato de la NCAA. El día anterior había ganado los 800 m en la misma competición con 1:45,10, su mejor registro del año en 800 m antes de los Juegos. Poco antes de ir a LA, el 21 de junio, realizó unos excelentes 2:14,54 en 1000 m, equivalente a 1:44,25 en 800. Cruz llegaba a los Juegos como uno de los favoritos. El plusmarquista mundial, el británico Seb Coe, volvía  tras una enfermedad que lo había mantenido casi un año apartado de la competición. Acababa de acreditar 1:43,84. El campeón olímpico, el también británico Steve Ovett (1955) era una incógnita, pues apenas se había dedicado a los 800 m en los 4 años anteriores. Los estadounidenses habían llegado fortísimos, tras una rapidísima carrera de selección en la que el veterano James Robinson (1954), con 1:43,92, no se había clasificado por milésimas, en beneficio de Earl Jones (1964), Johnny Gray (1960), ambos con 1:43,74, y John Marshall (1963) con 1:43,92. Otro que contaba, al menos para estar en la final, era el sorprendente italiano Donato Sabia (1963) que había corrido en junio en 1:43,88.

La clasificación para la final se presentaba muy dura, con 3 rondas previas antes de la final, en 4 días consecutivos. Cruz decidió continuar con la táctica de Helsinki y se impuso en la 5ª serie de la primera ronda con 1:45,66, un segundo por delante de Steve Ovett. Coe se mostró también en una excelente forma, ganando la 2ª serie con 1:45,71. En los cuartos de final, al día siguiente, se siguió corriendo muy rápido. El keniano Edwin Koech (1961) ganaba la primera serie con mejor marca personal de 1:44,74, por delante de Donato Sabia, 1:44,90. Su compatriota Billy Konchellah (1961) se imponía en una segunda serie mucho más táctica con 1:46,15, 0,6 menos que Coe, 3º. En esta serie resultó eliminado el estadounidense John Marshall. Cruz volvía a correr muy rápido en la tercera serie al imponerse con 1:44,84, 0,88 menos que Ovett, 2º. Johnny Gray era 3º.  Earl Jones, con 1:45,44 se hacía con la victoria en la 4º y última serie. Tras dos rondas, Cruz parecía en una gran forma, igual que los dos estadounidenses mejor acreditados, mientras Coe y Ovett se mostraban con más reservas y los kenianos Koech y Konchellah habían presentado su candidatura para la final.

Se esperaba mucho de las semifinales del 5 de agosto y no decepcionaron. Entrarían en la final los 4 primeros de cada serie. No habría clasificación por tiempos. En la primera, en la que no se presentó Peter Elliot por lesión, Jones tomó la cabeza rapidísimo, seguido de Cruz, pero ambos se vieron superados a falta de 450 m por Koech que dio paso al primer 400 en 49,56. Koech se mantuvo en cabeza con el brasileño pegado a él hasta la última recta. Por detrás Jones había perdido la 3ª posición a manos del sudanés Omar Khalifa (1955), con Ovett luchando por entrar entre los 4 primeros. Cruz adelantaba a Koech en la última recta, mientras Jones se hacía con la 3ª posición y Ovett, cayéndose, dejaba in extremis a Khalifa fuera de la final. Cinco atletas conseguían bajar de 1:45,00. Khalifa, con 1:44,87, no entraba en la carrera definitiva, en beneficio de Ovett, por 0,06. Cruz, con 1:43,82, y Koech, con 1:44,12, hacían sus mejores marcas. Jones era 3º con 1:44,51. Una fantástica semifinal.

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Un comentario en “Joaquim Cruz, de vendedor ambulante en Brasil al oro olímpico en Los Ángeles (I)

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