¿Es Eliud Kipchoge el mejor maratoniano de la historia?

Si eres indisciplinado eres esclavo de tus estados de ánimo y de tus pasiones. Solo los disciplinados son realmente libres.

Eliud Kipchoge

Tras sus estratosféricos 2h01:39 de hoy en el maratón de Berlín, a menos de 2:53,0 el kilómetro, surge la duda de si Eliud Kipchoge (1984) es el mejor corredor de maratón de la historia. Ya habíamos contado su historia con motivo de la carrera de exhibición de Monza el 6 de mayo de 2017, donde en una prueba no homologable de 42 195 m realizó 2h00:25. Sin incluir esta prueba, Kipchoge ha corrido 11 maratones con los siguientes resultados:

Hamburgo 21 abril 2013 1º 2h05:30
Berlín 29 septiembre 2013 2º 2h04:05
Rotterdam 13 abril 2014 1º 2h05:00
Chicago 12 octubre 2014 1º 2h04:11
Londres 26 abril 2015 1º 2h04:42
Berlin 17 septiembre 2015 1º 2h04:00
Londres 24 abril 2016 1º 2h03:05
Río JJOO 21 agosto 2016 1º 2h08:44
Berlín 24 septiembre 2017 1º 2h03:32
Londres 22 abril 2018 1º 2h04:17
Berlin 16 septiembre 2018 1º 2h01:39

Excluyendo el maratón olímpico de Río, en 5 años, Kipchoge ha corrido 10 maratones entre 2h01:39 y 2h05:30, a una media de 2h03:59. En total ha ganado 10 maratones, con el oro olímpico, y ha sido segundo en otro. ¿Ha habido algún maratoniano en la historia que haya mostrado esta superioridad? No es fácil comparar unas épocas con otras. El maratón ha cambiado notablemente a partir de los 70 con la profesionalización, ya que fue la primera prueba en la que se empezó a ganar dinero, y la dedicación a partir de los años 90 de los mejores africanos, hasta entonces en la pista. Hoy día el corredor de maratón de élite solo se dedica a la carretera, aunque proceda de la pista o del campo a través. En cualquier caso, al menos siete maratonianos marcaron época en su momento.

El británico Jim Peters (1918-1999) superó en 4 ocasiones la plusmarca mundial entre 1952 y 1954 hasta dejarla en 2h17:39,4. El anterior plusmarquista era el coreano Sun Yun-Bok (1923-2017) con 2h25:39, una mejoría de 8 minutos. Abandonó, sin embargo, en los Juegos Olímpicos de 1952, que ganó el checo Emil Zatopek (1922-2000). Un golpe de calor en los Juegos de la Commonwealth de 1954 acabó con su carrera deportiva.

El etíope Abebe Bikila (1932-1973) fue el primer atleta en ganar dos veces el oro en los Juegos Olímpicos, en 1960 y en 1964, la primera vez descalzo, en ambos casos con sendas plusmarcas mundiales de 2h15:16,2 y 2h12:11,2. El de Roma era su tercer maratón. Mejoró su marca por 6 minutos. En toda su carrera corrió 15 maratones. Ganó 12, fue 5º en uno y abandonó en 2, ya al final de su actividad competitiva.

El australiano Derek Clayton (1942) corrió la prueba en 1967 en unas entonces asombrosas 2h09:36,4, más de 2 minutos mejor que la anterior plusmarca mundial del japonés Morio Shigematsu (1940), 2h12:00 en 1965. Clayton fue 7º en los Juegos Olímpicos de 1967. Lo atribuyó a la altitud de la capital mexicana. Al año siguiente le restó un minuto a su plusmarca mundial, 2h08:33,6, tiempo que no se superó hasta 1981. En los Juegos de Múnich de 1972 fue 13º.

El portugués Carlos Lopes (1947) era un gran corredor de 10 000 m y de campo a través, plata en los Juegos de Montreal 1976 y campeón del mundo de campo a través ese mismo año. Tras los Juegos las lesiones parecía que acabarían con su carrera deportiva, pero resurgió con fuerza en 1982 y 1983 con tiempos en 10 000 cercanos a la plusmarca mundial. Su falta de aceleración final lo dejó no obstante fuera del podio de los grandes campeonatos, por lo que decidió probar en el maratón. En esta distancia su carrera fue corta pero intensa, con 2 victorias en 5 maratones, una en los Juegos de LA 1984 y la otra en el maratón de Rotterdam de 1985 donde hizo plusmarca mundial 2h07:12.

El keniano Paul Tergat (1969) fue el primer gran corredor africano en hacer la transición al maratón desde la pista y el campo. Bronce en el mundial de 1995 en 10 000 m, plata en 1997 y 1999, así como plata olímpica en 1996 y 2000, fue plusmarquista mundial de 10 000 m, 26:27,85 (1997). En campo a través fue 5 veces consecutivas campeón del mundo (1995-1999). En 2003 se convirtió en plusmarquista mundial de maratón con 2h04:55. Fue la primera plusmarca mundial ratificada pro la IAAF. Las anteriores eran extraoficiales. Tergat ganó 2 maratones de los 11 en que tomó parte.

El etíope Haile Gebreselassie (1973) tras una carrera plena de éxitos en pista, con 2 oros olímpicos y 4 mundiales y 3 plusmarcas universales en 10 000 m, hasta 26:22,75 (1998), así como 4 en 5000 m, hasta 12:39,36 (1998), continuó cosechando triunfos en maratón. Hasta 2010 ganó 9 de 12 maratones, con dos plusmarcas mundiales de 2h04:26 (2007) y 2h03:59 (2008). Después de 2010 solo terminó y ganó 1 de 4 maratones. No corrió el maratón olímpico de 2008. Prefirió el 10 000, prueba en la que fue 6º.

Finalmente Kenenisa Bekele (1982) pese a muchos problemas físicos fue capaz de correr el maratón en 2h03:03 en 2016, entonces segunda mejor marca de siempre. El etíope, actual plusmarquista de 5000, 12:37,35 (2004) y 10000 m, 26:17,53 (2005) consiguió 4 oros mundiales en 10 Km y 1 en 5 Km, así como dos oros olímpicos en la prueba más larga y uno en la más corta. En campo a través ha sido campeón mundial 11 veces, 5 en la carrera corta. Su objetivo era hacerse con las plusmarcas de las tres pruebas oficiales de fondo pero las lesiones no se lo han permitido. Ha corrido 6 maratones, de los que ha ganado uno, y abandonado en otro.

De estos 7 grandes maratonianos, los dos que han ejercido un dominio parecido al de Kipchoge han sido Bikila y Gebreselassie. Probablemente entre los tres esté el mejor corredor de maratón de la historia, si bien el keniano tiene la ventaja de los años que le quedan por delante.

Hoy ha sido un día grande para el atletismo. Por la mañana asistimos a la gran hazaña de Kipchoge y por la tarde el francés campeón mundial de decatlón Kevin Mayer (1992) se hacía con la plusmarca mundial de la combinada que tenía el estadounidense Ashton Eaton (1988) con 9045 puntos. De perfil lanzador y con un extraordinario salto con pértiga, Mayer consiguió 9126 puntos (10,55, 7,80 m, 16,00 m, 2,05 m, 48,42, 13,75, 50,54 m, 5,45 m, 71,90 m, 4:36,11). Sin duda se merece la próxima entrada de este blog.

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¿Habría podido el mejor Coe con el Cruz de Los Ángeles 84?

Tras la publicación de la segunda parte de la entrada sobre Joaquim Cruz, surgió un pequeño debate sobre lo que habría podido ocurrir si el brasileño se hubiese enfrentado al mejor Sebastian Coe, el de 1981. El deportista, no solo en el de alto nivel, pone el cuerpo al límite. Es habitual que lo pague en forma de lesiones, por lo que no es fácil mantener una continuidad. Seb Coe parecía invencible en 1981, pero en 1982, aquejado de una enfermedad seria, entonces no diagnosticada, ya no era el mismo. Pudo recuperarse para los Juegos Olímpicos de 1984. Su actuación fue magnífica, con la plata en 800 m y el oro en 1500 m, pero en la primera prueba no estaba como en 1981. Se enfrentó a un formidable Joaquim Cruz, que hizo, de largo, de 1984 la mejor temporada de su vida. ¿Habría podido el Coe de 1981 con el brasileño?

Sebastian Newbold Coe (Londres, 29 de septiembre de 1956) fue, en cierta manera, el producto atlético de su padre, Peter Coe (1919-2008). Es probable que esto condicionase sobremanera su primera etapa atlética, cuando, en alguna ocasión, le pudo su necesidad de ganar. Peter era un ingeniero al que preocupaba la biomecánica de su hijo, mal entrenada a su juicio, por lo que él mismo decidió dirigir la carrera atlética del joven Seb. Este comenzó sus éxitos internacionales en 1975. En Atenas se celebraba el campeonato de Europa Junior (sub20). Entonces Seb se dedicaba preferentemente al 1500, prueba en la que consiguió la medalla de bronce con 3:45,2, su mejor marca personal.

En 1976 consiguió bajar de 4 minutos en la milla por primera vez, 3:58,35, además de mejorar en 800 m hasta 1:47,7. En los dos años siguientes se dedicó casi exclusivamente a los 800 m, con alguna incursión en la milla. En 1977 se proclamó campeón de Europa de 800 m en sala. Al aire libre se convirtió en plusmarquista nacional con 1:44,95. En 1978 acudió al Europeo al aire libre de Praga con la mejor marca de los participantes, 1:44,25. Era el favorito, pero su inexperiencia en la alta competición le pasó factura. Se colocó en cabeza y dio paso al 400 en 49,56. Se acabó agotando y a duras penas consiguió entrar en el podio, 3º con 1:44,76. Poco después mejoró su marca hasta 1:43,97.

El año siguiente, 1979, Coe realizó una temporada superlativa. No compitió excesivamente, y básicamente se centró en los 800 m. Tan solo disputó una carrera de la milla y una de 1500 m. En ambas superó las plusmarcas mundiales con 3:48,95 y 3:32,03 respectivamente. En el campeonato británico fue segundo en los 400 m mejor marca personal de 46,87. En la prueba de las dos vueltas, el 5 de julio, en Oslo, consiguió una plusmarca mundial estratosférica de 1:42,33, 1,11 menos que el anterior tope universal, del cubano Alberto Juantorena (1950).

Ese año no hubo campeonatos importantes. Entonces no había Mundiales. No obstante, Coe disputó el 800 de la Copa de Europa, donde se enfrentó a rivales importante como los alemanes Willi Wülbeck (1954), 4º en los Juegos de Montreal, Olaf Beyer (1957), campeón de Europa en año anterior, o el italiano Carlo Grippo (1955), mejor marquista mundial en sala. Después de su actuación en Praga, donde aplicó una táctica equivocada, resultaba interesante ver a Coe en una prueba sin liebres con rivales de categoría. El británico no dio opción. En una carrera muy lenta, se mantuvo cómodo en posiciones secundarias hasta la última recta, momento en que con una gran aceleración se hizo con la victoria sin aparentar emplearse a tope.

En 1980 tendrían lugar los Juegos Olímpicos de Moscú. Tras el boicot decretado por el Presidente de Estados Unidos James Carter (1924), como represalia por al invasión soviética de Afganistán el año anterior, el Comité Olímpico Británico decidió ir a Moscú con bandera olímpica. Se había salvado el doble duelo en el medio fondo entre las dos estrellas británicas Seb Coe y Steve Ovett (1955). Ovett, que ya había sido 5º en los 800 m en los Juegos anteriores y 2º en el Europeo de 1978, había dejado esta prueba en un segundo plano para centrarse en los 1500 m y la milla. Parecía ligeramente superior a Coe en la prueba más larga, mientras que la superioridad de Seb en la doble vuelta semejaba incontestable. Poco antes de los Juegos había realizado con 2:13,40 la plusmarca mundial de 1000 m, tiempo equivalente a 1:43,39, en aquel momento solo al alcance del propio Coe. A la hora de la verdad sin embargo, su actuación en la doble vuelta de los Juegos fue muy deficiente. De sus siete rivales en la final, tan solo el francés José Marajó (1954) había bajado de 1:44,0 (1,43,9 en 1979). En una carrera muy lenta, Seb se mostró nervioso y dubitativo. Se quedó muy atrás y finalmente tan solo pudo salvar la plata. Ovett consiguió una sorprendente fácil victoria. A Coe le volvió a poder la necesidad de ganar.

Coe pudo sacudirse sus demonios con el oro en el kilómetro y medio. Su expresión facial al hacerse con la victoria lo decía todo. No prolongó demasiado esa agridulce temporada que terminó con una inesperada derrota ante el estadounidense Don Paige (1955), 1:45,04, frente a 1:45,07 del británico.

La temporada de 1981 de Seb Coe fue el epítome de la perfección. Pocas veces un atleta ha conseguido en una campaña lo que hizo el británico ese año. Como en 1981 seleccionó muy bien las carreras, centrándose más en los 800 m. Tan solo tomó parte en una carrera de 1500 m y en dos de la milla. En estas dos últimas superó con 3:48,53 y 3:47,33 las anteriores plusmarcas mundiales, en ambos casos en posesión de Steve Ovett. En el 1500 las liebres fueron demasiado rápidas. No obstante hizo mejor marca personal, 3:31,95, a 0,59 de la plusmarca mundial de Ovett. En total Coe intentó 5 plusmarcas mundiales y consiguió 4. El 10 de julio, en Florencia, mejoraba en los 800 m hasta unos asombrosos 1:41,73. El tiempo se calculó con dos células fotoeléctricas, ya que falló en cronometraje electrónico.

Poco después, el 11 de julio, el británico realizaba otro impensable registro, mejorando hasta 2:12,18 (1:44,56+) su plusmarca mundial del kilómetro, equivalente a 1:42,45 en los 800 m.

Esta superioridad se vio reflejada en la final de la Copa de Europa, donde Coe volvía a tener como principales rivales a Beyer, Wülbeck y Grippo, junto al bielorruso, entonces soviético, bronce en Moscú, Nikolai Kirov (1957) En una carrera muy lenta, como en 1979, Coe mostró una absoluta superioridad con un perfecto sentido táctico y un último 100 en 11,9.

Coe cerró su temporada superlativa con la victoria en los 800 m de la Copa del Mundo, donde se enfrentó a rivales de menos de 1:45,0, entre los que destacaban el estadounidense James Robinson (1954) y un joven brasileño de 18 años, plusmarquista mundial junior con 1:44,3, llamado Joaquim Cruz (1963). Tampoco en esta ocasión el británico dejó margen alguno. Como en la Copa de Europa, controló perfectamente una carrera lenta y acabó muy por delante de sus rivales en una última recta rapidísima.

En 3 años Coe había superado 8 plusmarcas mundiales y solamente había cosechado dos derrotas en 800 m. Lo malo es que una de ellas fue en la final olímpica. En 1979 había mostrado una total superioridad en la prueba pero en 1980 fracasó en los Juegos. En 1981 parecía un atleta mucho más fuerte, en todos los aspectos. Pero lo que cambiaría completamente la actitud de Coe ante la competición fue lo sucedido en los dos años siguientes, en los que pasó de lo más alto a ver peligrar seriamente su carrera atlética y su salud. Tras un importante deterioro en su rendimiento atlético, que le llevó a perder, otra vez, el oro en el 800 del Europeo de 1982, se descubrió que padecía una enfermedad, que inicialmente se diagnosticó como una mononucleosis infecciosa. Posteriormente el diagnóstico se cambió a toxoplasmosis, una enfermedad parasitaria más grave. Se perdió el Mundial de 1983, pero pudo volver para disputar los Juegos de Los Ángeles, aunque su forma era una incógnita. En cualquier caso, su actitud ante la competición era muy diferente a la de 4 años antes. Ganar ya no es cuestión de vida o muerte para mí, había declarado. Coe tuvo una actuación excelente. En 800 m corrió una final tácticamente impecable, pero Joaquim Cruz fue superior. En 1500 m se hizo con su segundo oro olímpico.

Es probable que con la actitud de 1984 hubiese hecho el doblete en 1980 pero ¿habría podido con Cruz con la forma de 1981? Cruz en 1984 cronométricamente valía lo mismo que Coe, pues acabó haciendo 1:41,77. Ese año corrió en 4 ocasiones en 1:43,0 o menos, Coe lo hizo también en 4 ocasiones, si incluimos su 1000 m de 2:12,18, pero en toda su carrera atlética. Cierto es que el británico dosificaba muy bien sus competiciones. El brasileño estaba en 1984 en el mismo estado de gracia que Coe en 1981 y ambos corrían en ritmos parecidos. Habría sido un enorme espectáculo verlos en una final olímpica en igualdad de condiciones. Tal como se desarrolló la carrera es probable que la táctica de ambos no hubiese variado demasiado. Coe previsiblemente habría esperado hasta la recta final para dar un hachazo como los de 1981. El resultado, no obstante, es historia alternativa. Tal vez Cruz habría resistido. Pero solo es mi opinión.