Alberto “Lobito” Ruiz, el señor de las alturas en los 80

El salto con pértiga en España dio un enorme salto cualitativo con el bilbaíno Ignacio Sola (1944). Sola llevó la plusmarca española de salto con pértiga de 4,25 a 5,20 m, en 5 años. Con esta última altura fue 9º en la final olímpica de los Juegos de México de 1968, después de igualar su anterior mejor marca de 5,10 y superarla en dos ocasiones, 5,15 y los mencionados 5,20. Con su salto de 5,10 fue por unos minutos plusmarquista olímpico de la prueba. Sola mantuvo el tope nacional durante casi 10 años, hasta 1978, año en que el barcelonés Roger Oriol (1957) saltó 5,22 m. Oriol superó la plusmarca española 7 veces más, hasta 5,40 m en 1981. Se mantuvo en competición hasta mediados de los 80, si bien pronto se vio ensombrecido por su compañero de entrenamiento Alberto Ruiz.

Alberto Lobito Ruiz Benito nació en Barcelona el 22 de diciembre de 1961, de padre granadino y madre soriana. Se crio en el Nou Barris. En el Instituto de la Verneda, donde estudiaba, se encontró con un profesor de Educación Física que le cambió la vida. Se trataba de Hans Ruf (1940). Hans Ruf, de madre española y padre alemán, había nacido en Schweinfurt (Baviera), pero vivió en Barcelona desde muy joven. Ruf había practicado salto de pértiga, prueba en la que llegó a ser dos veces subcampeón de España, en 1958 y 1959. Posteriormente se hizo entrenador de atletismo y acabó creando una gran escuela de salto con pértiga, si bien también entrenaba velocistas y otros saltadores. El caso es que Ruf consiguió inculcar al joven Alberto la atracción por el salto más complicado. Y los resultados no se hicieron esperar. En 1977, con 15 años, saltó 4,02 m. Tan solo 3 años después ya superaba 5,11 m y en 1981 igualaba a Sola con 5,20 m. Al año siguiente, con 5,30 m se situaba a solo 10 cm de la plusmarca española de Oriol.

A mediados de los 80 el atletismo se había hecho muy popular en España. Es probable que inicialmente tuviese algo que ver la moda del pedestrismo de primera ola, importado de Estados Unidos, entonces no se llamaba running, sino footing o jogging, pero hubo otros factores mucho más importantes. Uno de ellos fue, la rivalidad entre José Luis González (1957) y José Manuel Abascal (1958), incorporados en la élite mundial del medio fondo. Por otro lado, la empresa Unipublic, organizadora de competiciones deportivas, bien asentada en el ciclismo, decidió, de la mano del antiguo directivo del atletismo, José María Fernández Matinot (1940-2013), apostar por este deporte. Se organizaron en España reuniones en muchas ciudades, algunas de altísimo nivel, como la de Vallehermoso de 1987, cuando Edwin Moses (1955) vio terminada una racha victoriosa de más de 9 años. La televisión, entonces inmersa en una guerra con el fútbol y con mucho espacio que cubrir, secundó la apuesta de Unipublic y se volcó en el atletismo, de modo que las retransmisiones atléticas acabaron siendo ubicuas.

En este escenario favorable, la irrupción de Alberto Ruiz como plusmarquista español tuvo una repercusión inédita hasta entonces. Resultaba muy atractivo para el aficionado ver reuniones atléticas celebradas en España que acababan con alguna plusmarca nacional. Alberto Ruiz se estrenó el 13 de julio de 1983 en el efímero trofeo MAM, en Madrid, con un salto de 5,41 m. Nueve días después, en un campeonato de España plagado de ausencias en Anoeta se iba a 5,45 m.

En 1984 consiguió tres nuevos topes españoles. El 29 de mayo, en el Trofeo Villa de Madrid, subió a 5,46 m. El 24 de junio en el Estadio Joan Serrahima, en el campeonato provincial de Barcelona, saltó 5,51 m y 6 días después, en el Campeonato de España, en el mismo escenario añadió a su marca 4 cm, hasta 5,55 m.

Volvió a la carga el 30 de junio de 1985, al saltar en Manresa 5,60 m, registro al que añadió 1 cm en el mismo lugar el 3 de julio del año siguiente.

Esos 5,61 m acabaron siendo la mejor marca de Alberto Ruiz de siempre, pero siguió manteniéndose en muy buena forma, hasta su retirada en 1996. En 1991, 1992 y 1993 aún fue capaz de saltar 5,60 m. Mantuvo su plusmarca española, que mejoró un total de 21 cm, hasta 1989, en que Javier García Chico (1966), otro producto de la factoría Ruf, subió a 5,65 m. La carrera de García Chico alcanzó su cénit con el bronce olímpico en 1992, en Barcelona, con su mejor marca de 5,75 m. En esa misma competición, Alberto Ruiz ocupó la 10ª posición, si bien 8 años antes, en los Juegos de Los Ángeles, ya había sido 9º, igualando a Sola.

 

Fue, además, 6º en los Juegos Mundiales en Sala de 1985, 6º en el Europeo en sala en 1985 y 7º en el Campeonato del Mundo en sala en 1989. En cuanto a competiciones nacionales fue 7 veces campeón de España al aire libre y 5 en sala. Llegó a correr los 100 m en 10,57 (1985) y los 200 en 20,9 (1985).

Diplomado en Estudios Sociales y entrenador nacional de atletismo, Alberto Ruiz ha sido tutor de residencia del Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat del Vallés, donde también es entrenador. Desde 2001 es el jefe de prensa de la Federación Catalana de Atletismo. Alberto es, además, un gran aficionado a la historia del atletismo. Con su mejor marca de 5,61 m habría encabezado la lista española del año en 15 de los últimos 18 años.

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  1. Pingback: España en los primeros Juegos Mundiales en sala – Historias del atletismo

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