Kenenisa Bekele, la vuelta de un mito

El etíope Kenenisa Bekele (Bekoji, Arsi Zone, 13 de junio de 1982) es para muchos el mejor corredor de fondo de siempre. Su enorme calidad le ha permitido imponer su ley en el campo a través, en sala, en la pista al aire libre y, a pesar de los problemas físicos en los últimos años, en la carretera. Tras haberlo ganado todo en el campo y en la pista, tras los Juegos de Londres en 2012, decidió dedicar sus esfuerzos al maratón, donde esperaba un gran rendimiento. Pero el cuerpo del etíope, tras tantos años en la élite, no le ha permitido mantener la continuidad necesaria para la carrera más larga. Comenzó en la prueba con una victoria en París en 2014 en 2h05:40. Su objetivo era, sin duda, convertirse en el primer atleta en poseer simultáneamente las plusmarcas mundiales de 5000 y 10 000 m y maratón. Sin embargo, las continuas lesiones no le permitían entrenar con continuidad. Aun así, en 2016 realizó en Berlín 2h03:03, a 4 segundos de la plusmarca mundial, que entonces tenía el keniano Dennis Kipruto Kimetto (1984) en 2h02:57. Sin embargo, su trayectoria posterior hizo pensar que el etíope había llegado a su techo. En 2017 y 2018 tan solo pudo teminar dos maratones. Fue 2º en Londres en 2017 con 2h05:57 y 6º en el mismo lugar un año después con 2h08:53, a más de 4 minutos del ganador, el keniano Eliud Kipchoge (1984). Bekele, no obstante, demostró una vez más que se le había descartado prematuramente. El 29 de septiembre pasado, en plena celebración de los Campeonatos del Mundo en Qatar, conseguía una brillante victoria en Berlín con 2h01:41, a tan solo 2 segundos de la plusmarca mundial de Kipchoge.

Bekele comenzó a destacar muy joven. Fue subcampeón del mundo juvenil (sub18) de 3000 m en 1999 y repitió metal al año siguiente en el Campeonato Mundial Junior (sub20) en 5000 m. En 2001, aún siendo junior, fue subcampeón mundial absoluto de campo a través en la modalidad de carrera corta, que se disputó de 1998 a 2006, además de hacerse con el oro en su categoría. De 2002 a 2006, el etíope se mostró absolutamente intratable en el mundial de campo a través, que entonces era anual. Ganó 5 veces consecutivas la carrera corta y la carrera larga. En 2008, cuando ya no se disputaba la modalidad corta, ganó su 11º oro mundial individual de campo a través.

Al aire libre inició su exitosa carrera en 2003, en el Mundial de París, donde se proclamó campeón del mundo de 10 000 m. Como había decidido doblar con la distancia más corta, había una gran expectación para ver el duelo entre la nueva estrella etíope y el rey del medio fondo, el marroquí Hicham El Guerrouj (1974). En una carrera rapidísima, que se decidió en la última recta, saltó la sorpresa cuando un desconocido keniano de 18 años, llamado Eluid Kipchoge, se impuso a los dos favoritos, con El Guerrouj plata y Bekele bronce.

Bekele se preparó a conciencia el año siguiente para ser doble campeón olímpico. El 31 de mayo superaba su primera plusmarca mundial al aire libre, aún vigente, al correr los 5000 m en 12:37,35. Unos días después hacía lo mismo en los 10 000 m, al correr el 8 de junio en 26:20,31. En los Juegos de Atenas se hizo con el oro en la distancia más larga, pero en una carrera lenta de 5000 m no tuvo opción ante un motivadísimo El Guerrouj, que venía de ganar el oro en los 1500 m. Bekele fue segundo.

En la siguiente olimpiada hasta los Juegos de 2008, Bekele demostró absoluta superioridad en los 10 000 m. Renovó su título mundial en 2005 y 2007 y mejoró hasta 27:17,53 su propia plusmarca mundial en 2005. No tomó parte en los 5000 m en ninguno de estos dos mundiales. En 2006 hizo una incursión en pista cubierta y fue campeón del mundo de 3000 m. En los Juegos de Pekín de 2008 era el único favorito para ganar los dos oros de fondo en pista y no defraudó. Se hizo con la victoria en ambas pruebas con sendas plusmarcas olímpicas. En el caso de los 5000 m con una progresión de carrera sorprendente. Corrió los tres últimos kilómetros en 7:35,57, el último 2000 en 4:56,97 y el último 1000 en 2:25,30, con 53,87 en el 400 final.

Bekele repitió el doble oro en 2009 en el Mundial de Berlín, convirtiéndose en el primer atleta con conseguirlo en estos campeonatos. A partir de 2010, sin embargo, la racha victoriosa del etíope se vio afectada por continuos problemas físicos. Ese año solo pudo ser cuarto en el Mundial de Campo a Través y se perdió toda la temporada al aire libre. En 2011 abandonó en el 10 000 del Mundial al aire libre y en los Juegos de Londres 2012 se quedaba fuera del podio de los 10 000 m, al ser 4º.

A partir de la temporada de 2013, Bekele dejaba la pista y comenzaba su carrera en pos de la plusmarca mundial de maratón. Sin embargo, su periplo maratoniano ha resultado muy irregular debido a sus continuos problemas físicos. Desde 2014, el etíope ha corrido 11 maratones, de los que ha terminado 7. Ganó en tres ocasiones. En dos de ellas, ambas en Berlín, en 2016 y en 2019 se quedó respectivamente a 6 y 2 segundos de la plusmarca mundial. Sus 2h01:41 han situado a Bekele, al menos cronométricamente, a la altura de Eliud Kipchoge y le han permitido demostrarse a sí mismo que si está en buenas condiciones físicas es capaz de llegar aun más lejos en el maratón. Será interesente ver lo que sucederá en el año olímpico de 2020. ¿Podrá Bekele superar la plusmarca mundial de maratón y hacer historia teniendo a la vez los tres topes universales de las pruebas olímpicas de fondo? ¿Acudirá en buena forma a los Juegos Olímpicos a disputar el oro a Kipchoge? El retorno de Bekele puede hacer aun más apasionante la prueba de maratón que, sin duda, disfruta del mejor momento de su larga historia.

Las zapatillas de la discordia

El artículo 143.2 del Reglamento Internacional de la IAAF (Federación Internacional de Asociaciones Atléticas) dice lo siguiente Los atletas pueden competir con pies descalzos o con calzado en uno o los dos pies. El propósito de las zapatillas para competición es proporcionar protección y estabilidad a los pies y una firme adherencia sobre el suelo. Tales zapatillas, sin embargo, no deben estar construidas de tal modo que proporcionen a los atletas una ayuda o ventaja injusta. Cualquier tipo de zapatilla usado debe estar razonablemente al alcance de todos en el espíritu de la universalidad del atletismo. El término ayuda o ventaja injusta resulta demasiado ambiguo. Probablemente el espíritu de la norma, cuando se redactó, fuese que la zapatilla protegiese el pie, y poco más. Si así fuese, el artículo se ha quedado completamente obsoleto. Nadie puede imaginarse a Usain Bolt (1986) haciendo 9,58 con las zapatillas que usó Jesse Owens (1913-1980) en los Juegos de Berlín de 1936 (fig 1).

Jesse-Owens-adidas-1936-jump
Figura 1. Zapatillas Adidas utilizadas por Jesse Owens en 1936. Fuente http://www.cordonsnegres.com/el-paso-por-alemania-de-jesse-owens/

 

El pasado fin de semana la ruptura, extraoficial, de la barrera de las 2 horas en 42 195 m por parte de Eliud Kipchoge (1984) y la estratosférica mejor marca mundial, con liebres masculinas, de maratón femenino, 2h14:04, por parte de Brigid Kosgei (1994), retomaron la polémica del calzado deportivo. Kipchoge corrió con un prototipo de Nike llamado Alphafly y Kosgei lo hizo con las Nike Vaporfly Next%. Estas zapatillas son las que últimamente llevan los atletas con las mejores marcas de maratón tanto en categoría masculina como femenina.

En un magnífico artículo, cuya lectura recomiendo encarecidamente, Jónatan Simón, experto en calzado deportivo, hace un detallado análisis técnico de las Nike Vaporfly Next% y de los modelos que la han precedido, tanto de la misma multinacional Nike como de otras marcas comerciales. Simón explica que el fundamento en la innovación del calzado deportivo de cualquier marca es optimizar la energía del pie en la carrera, de manera que no se pierda en movilizar articulaciones innecesarias. Con las Vaporfly Next% parece que se optimiza el 87% de la energía invertida. Se dice que además evitan lesiones, con lo que se puede entrenar más. En cuanto a las Alphafly parece que podría proveer al atleta con energía extra procedente de las propiedades elásticas de la zapatilla.

En un añadido al artículo 143.2 se especifica Cuando se facilite evidencia a la IAAF de que un tipo de zapatilla usado en competición no se ajusta al Reglamento o al espíritu del mismo, puede someter la zapatilla a estudio y si hay incumplimiento puede prohibir que tales zapatillas sean usadas en competición. En estos momentos la IAAF ha nombrado una comisión que decidirá si las zapatillas en cuestión cumplen la norma y si la norma es adecuada a los tiempos.

Hay al menos dos precedentes en los que la IAAF declaró no reglamentarias unas zapatillas. En 1957 el ruso, entonces soviético, Yuri Stepanov (1932-1957) conseguía romper el monopolio estadounidense en las plusmarcas mundiales de salto de altura, elevándose a 2,16 m. Pronto se comprobó que calzaba una zapatilla en su pie de batida, el izquierdo, con un alza de 5 cm. La IAAF prohibió al año siguiente este calzado limitando el alza a 13 mm. Stepanov, no obstante, conservó su plusmarca mundial, dado que en el momento en que la consiguió su calzado no era antirreglamentario. No le duró mucho, sin embargo, pues en una magnífica racha en 1960, el estadounidense John Thomas (1941-2013) mejoró tres veces el primado universal hasta 2,22 m.

Once años más tarde de la polémica del salto de altura, surgió otra con la velocidad. En septiembre de 1968 se celebraban las pruebas de selección olímpica en Estados Unidos. En Echo Summit, a 2250 m de altitud, en plena Sierra Nevada californiana, se había construido una pista de tartán para emular las condiciones de México, donde se celebrarían los Juegos. El 12 de septiembre tenía lugar la final de 200 m. El favorito John Carlos (1945) conseguía unos impresionantes 19,92 (19,7). Dos días después, Lee Evans (1947) ganaba la final de 400 m con unos no menos sorprendentes 44,06 (44,1). Las plusmarcas mundiales que correspondían a ambos registros no se homologaron, sin embargo, pues ambos atletas calzaban un modelo de Puma con 68 pequeños clavos que la IAAF no autorizó, alegando que tantos clavos dañarían las pistas (fig 2).

Puma john Carlos
Figura 2. La zapatilla de John Carlos y Lee Evans en Echo Summit. Fuente https://www.puma-catchup.com/the-forbidden-shoe/

No obstante, es probable que, más que las zapatillas, hubiesen influido más el material sintético, la altitud y la enorme calidad de los protagonistas. Un mes después, en los Juegos, Tommie Smith (1944), segundo en Echo Summit con 20,18 (20,0), protagonizaba la famosa final de 200 m ganado el oro con 19,83. Dos días después Evans mejoraba la plusmarca mundial de 400 m hasta 43,86.

 

No cabe duda que vivir el momento, en muchas ocasiones, nos dificulta ver la realidad con perspectiva. Se ha generado una enorme polémica con las zapatillas Vaporfly Next% y otra aun mayor con las Alphafly, a las que ya se han motejado como las zapatillas muelle. Pero el atletismo nunca ha sido ajeno a las polémicas. En su momento el profesionalismo se consideró una afrenta al deporte y los pagos, que existían bajo cuerda, una infracción tan grave que la correspondiente sanción terminó con las carreras de grandes atletas. A Paavo Nurmi (1897-1973) se le impidió disputar el oro olímpico en el maratón de 1932, a Gunder Hägg (1918-2004) y Arne Andersson (1917-2009) tomar parte en sus primeros Juegos Olímpicos, en Londres 1948, a Wes Santee (1932 – 2010) consolidar su carrera como mediofondista de élite… Hoy, sin embargo, la queja es lo mal pagado que está el atletismo. También en su momento se consideró que las liebres eran una ayuda ilícita. Hoy no nos imaginamos las carreras de las reuniones sin liebres. Incluso se llegó a cuestionar el estilo Fosbury en el salto de altura,

La tecnología ha ayudado a mejorar el rendimiento desde los inicios del deporte. El material sintético de las pistas de atletismo ha permitido correr más rápido, las colchonetas en los saltos verticales han permitido saltar más alto. Sin duda, el salto de pértiga es la modalidad que más se ha beneficiado del desarrollo tecnológico pasando de la madera, al bambú, al aluminio, a la fibra de vidrio y a la fibra de carbono. ¿Alguien se imagina qué sería de la prueba si solo se hubiese permitido el bambú? Y si miramos a otros deportes, en el tenis o en el ciclismo las raquetas y las bicicletas eran inicialmente de madera. Este papel decisivo de la tecnología se constata muy bien, porque se hace cronométricamente, en la plusmarca de la hora, donde las bicicletas son cada vez más ligeras y aerodinámicas.

Se han comparado las ventajas de estas nuevas zapatillas con la Fórmula Uno y se ha argumentado que su autorización convertiría el atletismo en algo parecido a las carreras de coches. La comparación no parece adecuada. En la Fórmula Uno corre el coche, en la carrera el atleta. En la Fórmula Uno el coche es fundamental, y el piloto el encargado de sacarle el mayor rendimiento, en la carrera el atleta es fundamental y las zapatillas ayudan a mejorar el rendimiento. En la Fórmula Uno los pilotos tiene acceso únicamente a los coches de su escudería, en la carrera el acceso al material deportivo es universal entre la élite.

La pelota está en el tejado de la IAAF, pero tome la decisión que tome, incluso si autoriza las Alphafly, el atletismo seguirá siendo atletismo, como la pértiga siguió siendo pértiga cuando se abandonó el bambú.

 

 

Y la barrera de las dos horas se superó… extraoficialmente

Tras las emociones del magnífico, en cuanto a rendimiento deportivo, Mundial de Qatar y la excepcional marca en maratón de Kenenisa Bekele (1982) en Berlín, a 2 segundos de la plusmarca mundial, hoy, 12 de octubre de 2019, día de la Hispanidad, el maratoniano keniano Eliud Kipchoge (1984) se ha convertido en el primer ser humano en correr 42 195 m en menos de 2 horas. No es un maratón, no cumple las condiciones del reglamento de la IAAF para serlo, pero no deja de ser una enorme hazaña.

Durante los años que estuvo activo, el jamaicano Usain Bolt (1986) fue sin duda el icono del atletismo mundial. Como cualquier deporte, el atletismo necesita imágenes que lo promocionen. Desgraciadamente siempre está presente la espada de Damocles del consumo de sustancias ilegales, como lo prueba la reciente suspensión del entrenador del Nike Oregon Project Alberto Salazar (1958). Desde la retirada de Bolt, probablemente Kipchoge, atleta carismático e inteligente, sea la imagen del atletismo actual.

Los 1h59:40 del atleta keniano, suponen una media de 2:50,16, cada kilómetro, o 28:20,64 en 10 Km, una marca de un atleta de élite de 10 000 m en los años 60. Este año en España solamente dos atletas han superado este tiempo en la pista.  En el parque de El Prater, en Viena, con una temperatura y humedad ideales, una magnífica puesta en escena y un público entusiasta, Kipchoge ha demostrado que en un futuro no muy lejano en una carrera oficial se romperá oficialmente esta mítica barrera, pero el día de hoy ya quedará para la historia. Como el propio protagonista agradecía, superar el reto no habría sido posible sin las liebres, 41 liebres de élite, entre las que se encontraban los hermanos Ingebrigtsen, el etíope Selemon Barega, el campeón olímpico de 1500 m Mark Centrowitz o el mítico Bernat Lagat, que lo acompañaron hasta el último tramo de la carrera

Kipchoge había comparado el reto con la llegada a la Luna del ser humano. Una exageración, sin duda, pero en su momento, en 1954, se comparó la barrera de los 4 minutos en la milla con la entonces reciente coronación del Everest. Hoy día hay muchos atletas que corren la milla en menos de 4′ y escaladores que coronan el Everest. Quizá en el futuro ir a la Luna o correr un maratón (este no lo ha sido) en menos de 2 horas se conviertan en rutina. Hoy ambos logros siguen siendo una hazaña.

El keniano ha ido un paso más allá para apuntalar su condición de mejor maratoniano de la historia. Tan solo el etíope Abebe Bikila (1931-1973) tuvo un rendimiento comparable. Campeón olímpico y plusmarquista mundial oficial con 2h01:39, Kipchoge ha disputado 12 maratones oficiales, de los que ganó 11 y fue segundo en uno. Sin embargo, el registro de Berlín de Bekele, de 2h01:41 podría amenazar su hegemonía. Si el etíope esquiva los problemas físicos y ambos deciden correr en los Juegos de Tokio, podríamos ver el mejor maratón de la historia.

La competición de El Prater ha generado entre no pocos aficionados, técnicos y periodistas un sorprendente rechazo, en algunos casos entrando en la condición de desprecio. Se han leído opiniones en las que poco menos se decía que esto era algo ilegal. Se ha criticado que era un montaje publicitario, que solo se hacía para ganar dinero. He de señalar que me he quedado absolutamente sorprendido con estas opiniones, sobre todo porque la mayoría han venido de personas con conocimiento atlético fuera de toda duda. El reto del 1h59 no es, evidentemente, oficial, pero en ningún caso es ilegal. Tal vez vemos tantas ilegalidades en este deporte que ya no diferenciamos el límite. Por otro lado, que se reprueben los patrocinadores parece un absoluto contrasentido. Cuando el atletismo era oficialmenta amateur y estaba fuertemente sancionado el profesionalismo encubierto, el clamor general era que el atletismo se tenía que profesionalizar y la única manera de que eso se pudiese dar era, como finalmente ocurrió, con patrocinadores. Y aunque hoy sea difícil de asumir, cuando se empezaron a utilizar liebres en las carreras de las reuniones atléticas hubo un enconado debate sobre su posible ilegalidad.

Este es un momento histórico que todos los aficionados al atletismo debemos disfrutar. Hoy los periódicos no hablarán de tramas oscuras de tráfico de sustancias ilegales, sino de la hazaña de un excepcional atleta que sabe promocionar este deporte como ninguno con su calidad, con su actitud y con su saber estar. Hoy estamos todos de enhorabuena. No dejemos pasar esta oportunidad.

Adrián Ben, un rapaz de Viveiro

Viveiro es una villa marinera de unos 15 000 habitantes bañada por las aguas del Cantábrico en la Marina Lucense. Dista 100 Km de Lugo capital. En esta bella localidad nació el 4 de agosto de 1998 Adrián Ben Montenegro, y fue aquí donde se inició en el atletismo con 15 años. En toda la provincia solamente hay una pista, en Lugo, por lo que el joven Adrián tenía que desplazarse dos o tres días por semana a la capital para poder entrenar en el material sintético. El tiempo de viaje es de hora y cuarto. Afortunadamente pudo contar con el apoyo de sus padres y con la dirección técnica del hacedor del atletismo en Lugo, el Dr Mariano Castiñeira Vilaseca. Mariano Castiñeira, nacido en Pontevedra el 19 de octubre comenzó a practicar atletismo en el grupo de Mariano García Verdugo en su ciudad natal. Estudió Medicina en Santiago. Inicialmente se estableció en A Pontenova (Lugo), como médico de atención primaria, donde siguió su carrera como atleta y empezó la de entrenador. Posteriormente se desplazó a Lugo, donde trabajó como traumatólogo, especialidad en la que se había formado en La Coruña, primero en el Hospital de San José y después en el Hospital General (Lucus Augusti en la actualidad), con especial atención a la Traumatología del deporte, hasta su jubilación en 2011.  Innumerables atletas gallegos consultaron a este sabio galeno, cuya labor como entrenador fue fundamental para los éxitos de Jesús González Margaride Tito (1967), al que una grave enfermedad apartó del atletismo, María Abel (1974) o Alessandra Aguilar (1978).

De la mano de Mariano, Adrián Ben comenzó, en categoría sub18, practicando la prueba de los 2000 metros con obstáculos. Su compañero de entrenamiento de entonces era Miguel González Carballada (1998), hijo de Tito Margaride. No le fue mal a Ben la prueba de obstáculos. Fue 5º en el Encuentro Europeo de la Juventud en 2014 y 6º en el Campeonato del Mundo Juvenil en 2015 año en que también fue campeón de España de la categoría. Sin embargo, no continuó en los obstáculos y a partir de 2016 se centró en los 1500 m. Ese año tomó parte en el kilómetro y medio del Mundial sub20, aunque no pudo clasificarse para la final. Previamente se había impuesto en el campeonato de España sub20 de la distancia

En 2017 dejó su Viveiro natal y se trasladó a Madrid, para estudiar Fisioterapia. En Madrid comenzó a entrenar con el antiguo obstaculista Arturo Martín (1967). La temporada resultó excelente para él. Renovó su título de campeón de España de su categoría y fue bronce en el Europeo sub20, en una lentísima carrera de 1500 m. Dedicándole algo más de atención a los 800 m, se fue a 1:48,00 en esta distancia y a 3:40,72 en el kilómetro y medio.

Continuó mejorando en 2018. Mejoró su marca de 1500 m a 3:39,40, tiempo que le valió para ir al Campeonato de Europa Absoluto al aire libre, donde no entró en la final. También mejoró en 800 m hasta 1:46,94. En 2019, después de haber participado en el Europeo en sala y haber corrido los 5000 m en 13:45,42, el objetivo era el oro en el Europeo sub23 al aire libre, que se celebraría en la localidad sueca de Gävle del 11 al 14 de julio. El primer día de la competición tenían lugar las semifinales de 1500 m, a las que Ben acudía tras haberse hecho con el oro en el campeonato de España de la categoría y de haber corrido en 3:40,94 unas semanas antes. Parecían un trámite pero se encontró con una semifinal trampa. Pasaban a la final los 4 primeros de cada una de las dos semifinales y 4 tiempos. No se entiende muy bien primar los tiempos cuando el número de finalistas es divisible por el número de semifinales. Es dar ventaja a los de la última serie. El caso es que Ben fue 5º en la primera semifinal a 0,17 del primero y a 0,04 del 4º. Y sucedió lo que suele ocurrir en estos casos, que los 4 atletas que se clasificaron por tiempos fueron los de la segunda semifinal.

Resulta complicado sobreponerse anímicamente a un golpe como este. Sin embargo, se ve que Adrián Ben supo canalizar positivamente toda su frustración. Seis días después, el 17 de julio, en la reunión de Barcelona, pulverizaba su plusmarca personal de 800 m con 1:45,78, entonces mejor marca española del año y mínima para el Campeonato del Mundo al aire libre que tendría lugar a finales de septiembre. Este sorprendente registro probablemente hizo que Martín cambiase la planificación de su pupilo. Y a tenor de los resultados acertó de pleno. El 23 de julio Ben mejoraba su registro en 1500 m con 3:37,87, pero el objetivo habían pasado a ser los 800 m. Fue segundo en el campeonato de España en las dos vueltas y acudió a Doha con la idea de hacer un buen papel.

En la capital de Qatar se disputarían 3 rondas. La final parecía muy complicada. Los 1:45,78 de Ben era la 61ª marca de la temporada. Comenzó su participación el 28 de septiembre en la primera ronda eliminatoria. Corrió como un veterano y pasó a la semifinal por puestos al ser segundo en su serie con 1:46,12. Al día siguiente se presentó en la primera de las tres semifinales. Entraban los dos primeros de cada serie y los dos mejores tiempos. El registro de Ben era el más lento de los 24 participantes, pero esta circunstancia no tuvo nada que ver en su actuación. En un nuevo alarde táctico, entró 4º en una semifinal rapidísima ganada en 1:43,96, con una nueva plusmarca personal de 1:44,97, que finalmente le valió para colarse en la final y hacer historia. Tan solo el cántabro Tomás de Teresa (1968) había conseguido entrar en la final de un campeonato de ámbito mundial.

La final tuvo lugar el 1 de octubre. Nuevamente el gallego tenía la peor marca. El ritmo fue rapidísimo, con un primer 400 en 48,99. Ben pasó 8º en 51,26, pero en ningún momento le perdió la cara a la carrera ni bajó los brazos. Sabía que el suyo era el ritmo bueno y que habría atletas que acusarían el esfuerzo, como así fue. Mantuvo la última posición hasta la recta final, trayecto en el que fue capaz de pasar al 6º puesto con 1:45,58, su segundo mejor registro de siempre.

La actuación de Adrián Ben en Doha ha sido sorprendente. Ha demostrado una madurez y un saber competir que, sin duda, le seguirán dando éxitos en el futuro. El atletismo español va a estar muy pendiente de él a partir de ahora. Se ha revelado como un excelente mediofondista. Y este es un buen momento para recordar la labor imprescindible de su entrenador, Arturo Martín, que supo modificar la planificación y que llegase en su mejor momento en el mejor momento. Y, por supuesto, no hay que olvidar a un personaje clave para Adrián Ben. No hay que olvidar a Mariano Castiñeira, ni tampoco a los padres de Adrián que supieron fomentar la vocación de su hijo, llevándolo a las pistas en unas circunstancias nada fáciles.

Nos queda la duda (bendita duda) de si Adrián Ben se centrará más en los 800 m, en los 1500 m o en ambas distancias. Pero eso lo resolverá él con su entrenador. Con 21 años, tiene mucho tiempo para correr mucho (más) en cualquiera de las dos pruebas.