Tokio 1964, los primeros Juegos Olímpicos en Asia

La ciudad de Tokio había resultado elegida sede de los Juegos Olímpicos de 1940, los Juegos de la XII Olimpíada, designación para la que también había optado inicialmente Barcelona. Debido a la guerra con China, en 1938 Tokio renunció a la organización de los Juegos, que se encargaron a Helsinki. Finalmente, la Segunda Guerra Mundial hizo que esta edición y la siguiente se cancelasen. Pese a la destrucción sufrida por la guerra, Japón no renunció a su objetivo de tener una sede olímpica. En 1959, en la primera votación, el Comité Olímpico Internacional, volvió a encargar a Tokio la organización de unos Juegos. Serían en 1964. Los japoneses trataban de mostrar al mundo su sorprendente recuperación económica. Tokio se sometió a una concienzuda operación de modernización. Las competiciones de atletismo tuvieron lugar entre el 14 y el 21 de octubre en el Estadio Nacional de Japón, terminado 6 años antes. Fueron los primeros Juegos en que se prohibió la participación de la República Surafricana por su política de apartheid. No volverían hasta 1992. La paz y la reconstrucción de Japón tuvieron su máxima expresión simbólica cuando el atleta Yoshinori Sakai (1945 – 2014), que había nacido el día en que Hiroshima sufrió el lanzamiento de la primera bomba atómica, encendía el pebetero.

El nivel atlético de los Juegos fue altísimo, con 8 plusmarcas mundiales, 4 en la categoría masculina y 4 en la femenina. Fueron los Juegos de Bob Hayes, de Peter Snell, de Billy Mills, de Abebe Bikila, de Valeri Brumel, de Fred Hansen, de Al Oerter, de Wyomia Tyus, de Betty Cuthbert, de Ann Packer, de Mary Rand, de Iolanda Balas o de las hermanas Press. Estados Unidos fue el gran triunfador, con 24 medallas, 15 de oro, seguido de la Unión Soviética con 18 metales, 5 oros. Fueron los últimos Juegos en los que las pruebas de atletismo se disputaron en una pista no sintética.

En categoría masculina, una de las grandes estrellas de los Juegos fue el estadounidense Bob Hayes (1942 – 2002), que se impuso en los 100 m con unos excelentes 10,06, homologados como plusmarca mundial igualada 10,0. La IAAF no diferenciaba entonces entre marcas manuales y electrónicas, pese a que los 10,06 de Hayes tenían un valor intrínseco muy superior a cualquier 10,0 manual. El estadounidense ya había corrido en 9,91 en la semifinal, algo inédito entonces, si bien con viento a favor de 5,28 m/s. Repitió oro en el relevo 4 x 100, con 39,06 (39,0), plusmarca mundial. Se le cronometró un último 100 lanzado en 8,9. Tras los Juegos, Hayes fichó por el equipo de fútbol americano Dallas Cowboys, donde jugó 9 temporadas y ganó un anillo.

Estados Unidos hizo pleno en velocidad con la victoria de Herry Carr (1941 – 2015), que también se pasó al fútbol americano, en 200 m con 20,36 (20,3) y Mike Larrabee (1933 – 2003) en 400 m con 45,15 (45,1). Ambos formaron parte del equipo estadounidense que se hizo con el oro en el relevo 4 x 400 con plusmarca mundial de 3:00,7.

Sorprendentemente fueron también para Estados Unidos los títulos olímpicos de las dos carreras de fondo en pista. En 5000 m, el gran favorito era el francés Michel Jazy (1936), subcampeón olímpico de 1500 m en 1960, que había preferido la prueba más larga para evitar al neozelandés Peter Snell. En una frenética última vuelta parecía que Jazy sería oro, pero en la última recta acabó fuera del podio. El estadounidense Bob Schul (1937) ganaba con 13:48,8, con 37,8 en los últimos 300 m. Quinto fue un keniano que daría mucho que hablar llamado Kip Keino (1940).

 Y en los 10 000 m hubo otro estadounidense que dio la sorpresa. Billy Mills (1938), que nunca había bajado de 29 minutos, en una accidentada última vuelta, ser llevó el oro con 28:24,4, por delante del tunecino Mohamed Gammoudi (1938) y del gran favorito, el australiano plusmarquista mundial con 28:15,6, Ron Clarke (1937 – 2015).

 

El festival estadouniense se extendió a las competiciones de vallas, con los oros de Hayes Jones (1938), bronce en los anteriores Juegos, en 110 m vallas con 13,67 (13,6) y del plusmarquista mundial, 49,1, Warren Rex Cawly (1940) en 400 m vallas con 49,6.

El plusmarquista mundial de los 800 m, las 880 y y la milla, el recientemente fallecido neozelandés Peter Snell (1938 – 2019) se coronó el rey del mediofondo con sus victorias inapelables en los 800, distancia en la que revalidaba el oro con 1:45,1, y los 1500m, con 3:38,1.

El belga Gaston Roelants (1937), 4º en los Juegos de 1960 y campeón de Europa en 1962, se hizo con la medalla de oro en los 3000 m obstáculos en 8:30,8. El maratón, que cerraba el programa atlético, mostró la confirmación del etíope Abebe Bikila (1932 – 1973) como uno de los mejores maratonianos de siempre. Tras su triunfo en Roma, 4 años antes, corriendo descalzo, renovó su título en Tokio, con mejor marca mundial de 2h12:11,2, tres semanas después de haberse operado de apendicitis.

Las victorias en la marcha fueron para el británico Ken Matthews (1934 – 2019) en los 20 Km con 1h29:34 y para el italiano Abdon Pamich (1933) con 4h11:12,4.

En el salto de altura tuvo lugar un gran duelo entre el ucraniano, entonces soviético, Valeri Brumel (1942 – 2003) y el estadounidense John Thomas (1941 – 2013), resuelto a favor del primero con ambos empatados en 2,18 m. El plusmarquista mundial, el estadounidense Fred Hansen (1940) fue, con 5,10 m, el campeón del salto con pértiga.

Pese a una operación de rodilla dos meses antes de los Juegos, el campeón olímpico 4 años antes, plusmarquista mundial y gran dominador del triple salto, el polaco Jósef Szmidt (1935) pudo renovar su título, con 16,85 m. En la final de salto de longitud, en una tarde muy lluviosa y con viento cambiante, saltó la sorpresa con la victoria del galés Lynn Davis (1942). Davis, que se había clasificado para la final con mucha dificultad, realizó con 8,07 m su mejor marca hasta entonces y batió al plusmarquista mundial (8,34m) y anterior campeón, el estadounidense Ralph Boston (1939) y al campeón de Europa, el ucraniano entonces soviético, Igor Ter-Ovanessyan (1938), con mejor marca personal de 8,31 m.

Con problemas cervicales y, una vez más, sin ser el favorito, el estadounidense Al Oerter (1936 – 2007) conseguía su tercer oro en el lanzamiento de disco. En el lanzamiento de peso hubo una cerrada pugna entre dos estadounidenses, el plusmarquista mundial Dallas Long (1940) y el joven Randy Matson (1945). Long se impuso por 20,33 contra 20,20 m. El oro en lanzamiento de jabalina fue para el finlandés Pauli Nevala (1940), mientras en el martillo venció el bielorruso, entonces soviético, Romuald Klim (1933 – 2011). El alemán Will Horldof (1940) ganó el oro en el decatlón con 7887 puntos.

En categoría femenina se disputaron un total de 12 pruebas, 100 m, 200 m, 400 m, 800 m, relevo 4 x 100, 80 m vallas, salto de longitud, salto de altura, lanzamiento de disco, lanzamiento de peso, lanzamiento de jabalina y pentatlón. Con respecto a los Juegos anteriores se añadieron los 400 m y la prueba combinada. Tal vez las atletas más destacadas en ese momento fuesen las hermanas ucranianas, entonces soviéticas, Tamara (1937) e Irina Press (1939 – 2003), pero lo sucedido dos años más tarde envolvió sus logros en la sombra de una duda. Tamara, campeona olímpica de lanzamiento de peso en 1960 y plusmarquista de esta modalidad y del lanzamiento de disco, se hizo con los oros de estas dos pruebas con 18,14 y 57,27 m . Irina, por su parte, se imponía en el pentatlón con 5246 puntos, nueva plusmarca mundial. Ambas atletas, sin embargo, se retiraron súbitamente en 1966 poco antes de que las pruebas de verificación de sexo fuesen obligatorias.

La estadounidense de 19 años Wyomia Tyus (1945) fue la ganadora en los 100 m lisos con 11,49 (11,4). Cuatro años más tarde se convertiría en la primera atleta (hombre o mujer) en repetir oro en la distancia. Los 200 m fueron para otra estadounidense, Edith McGuire (1944), con 23,05 (23,0), probablemente mejor que la plusmarca mundial manual de 22,9. El concurso se ambas campeonas olímpicas no pudo impedir, sin embargo, que el equipo estadounidense perdiese la final del relevo 4 x 100 ante las polacas, ganadoras con 43,69 (43,6), nueva plusmarca mundial. Una de las relevistas del cuarteto polaco, Irena Kirszenstein (1946 – 2018), acabaría siendo probablemente la mejor atleta polaca de todos los tiempos, aunque sería conocida por su nombre de casada Irena Szewińska.

Una de las grandes atletas australianas de siempre, Betty Cuthbert (1938 – 2017), tras su triplete 8 años antes en los Juegos de Melbourne, de 100, 200 y 4 x 100 m, añadió un oro más a su colección al convertirse en la primera campeona olímpica de 400 m, con 52,01 (52,0). Segunda fue la británica Ann Packer (1942), con 52,20, que tres días después se imponía en los 800 m con 2:01,1, nueva plusmarca mundial oficial. La coreana Sin Kim-dan (1938) había corrido en 1:58,0 pero su tiempo no se llegó a homologar por la IAAF. Tras los Juegos Packer se retiraría.

La alemana plusmarquista mundial de 80 m vallas Karin Balzer (1938 – 2019) ganó el oro en esta prueba. La invencible rumana Iolanda Balaș (1936 – 2016) renovaba el título de salto de altura conseguido 4 años antes, saltando 1,90 m. La británica Mary Rand (1940) se hacía con la victoria en el salto de longitud con plusmarca mundial de 6,76 m, derrotando a la futura Irena Szewińska . En los días siguiente obtuvo otras dos medallas, plata en pentatlón y bronce en el relevo 4 x 100 m. La jovencísima rumana Mihaela Peneș (1947) fue la campeona olímpica de jabalina, con 60,54 m, y la de menos edad en el atletismo de estos Juegos.

España llevó a los Juegos un pequeño equipo de 6 atletas Rogelio Rivas (1944) en 100 m, Francisco Aritmendi (1938) en 5000 m, Fernando Aguilar (1938 – 2013) en 5000 y 10 000 m, Luis María Garriga (1945) en salto de altura, Ignacio Sola (1944) en salto con pértiga y Luis Felipe Areta (1942) en salto de longitud y triple salto. El mejor fue este último que consiguió un excelente 6º puesto en la longitud, con lo que consiguió ser el segundo finalista olímpico español. El primero había sido Constantino Miranda (1925 – 1999), 8º en los obstáculos de 1948. Ignacio Sola también pudo entrar en la final, donde fue 15º. Aún faltaban unos años para el despegue del atletismo español.

En resumen, unos grandes Juegos Olímpicos, con un nivel muy alto en todas las modalidades. Tokio repite este año. El reto al menos igualar sus Juegos de hace 56 años.

 

 

 

 

 

 

 

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