Alonzo Babers, un ingeniero militar campeón olímpico de 400 m

El boicot de los Juegos Olímpicos de 1984 por parte de los países del Este redujo ostensiblemente el nivel de diversas pruebas femeninas y de algunas masculinas, sobre todo lanzamientos y salto con pértiga. Pese a ello, en Los Ángeles hubo momentos que quedaron para la historia de los Juegos: los cuatro oros del estadounidense Carl Lewis (1961), los espectaculares 800 m, la resurrección del británico Sebastian Coe (1956) o la consolidación como fondista del marroquí Said Aouita (1959). Una de las carreras que tuvo mayor nivel fueron los 400 m, donde un estadounidense poco conocido, llamado Alonzo Babers (1961), mejoró dos veces su plusmarca personal hasta hacerse con el oro, con unos magníficos 44.27, entonces cuarta marca mundial de siempre.

Alonzo C Babers había nacido en Montgomery (Alabama) el 31 de octubre de 1961. Debido a la ocupación de su padre, que era militar, la familia se trasladó a Alemania, donde el joven Alonzo realizó el bachillerato, en concreto en el Instituto Americano de Kaiserlauten. En 1979 se unió a la Academia Militar del Ejército del Aire de los Estados Unidos, donde se graduó en Ingeniería Aeroespacial. Intentó inicialmente jugar al fútbol americano, pero las lesiones y la falta de peso corporal le hicieron buscar otro deporte, por lo que se fijó en el atletismo.

En 1982 realizó unos buenos 46.86 en pista cubierta, aunque apenas mejoró al aire libre, hasta 46.41. Sin embargo, en 1983 dio un enorme salto de calidad, al registrar 45.07, tiempo con el que ganó la serie B de la reunión de Zúrich. Se había clasificado para disputar el relevo 4 x 400 m del campeonato del Mundo, pero el equipo estadounidense, tras problemas con una entrega de testigo, solo pudo ser sexto.

Babers se preparó intensamente para disputar los Juegos Olímpicos de 1984, que tendrían lugar en Los Ángeles. Primeramente habría que superar las siempre complicadas pruebas de selección, que se celebraban en el propio estadio olímpico. Babers tuvo un excelente papel. Ganó su semifinal mejorando marca hasta 44.95 y fue segundo en la final, nuevamente con plusmarca personal de 44.86, en una carrera que lideraba a falta de 30 m. El ganador, Antonio McKay (1964), corrió en 44.71.

En los Juegos, Babers disputaría los 400 m y el relevo 4 x 400 m. Para la prueba individual se organizaron cuatro rondas. La primera ronda se programó para el 4 de agosto. Babers se impuso en la quinta serie con 45.81. El tiempo más rápido de la ronda correspondió a McKay con 45.55. Los cuartos de final se celebraron al día siguiente, 5 de agosto. Babers hizo marca personal de 44.75, ganando su serie. No obstante, McKay volvió a realizar el mejor tiempo, con 44.72. Sin embargo, ninguno de ellos se impuso en las semifinales del 6 de agosto. Babers fue segundo en la primera semifinal, con 45.17, a 0.01 del ganador, el nigeriano Innocent Egbunike (1961), mientras McKay fue tercero, con 44.92, en la segunda semifinal, por detrás del costamarfileño Gabriel Tiacoh (1963-1992), 44.64 y el nigeriano Sunday Uti (1962), 44.83, en ambos casos mejores marcas personales. En esta semifinal, el campeón del mundo, el jamaicano Bert Cameron (1959) protagonizó un hecho espectacular. Sufrió un tirón a los 150 m de carrera, se paró, perdió 10 metros, y, tras decidir continuar, fue capaz de alcanzar la cuarta posición, que le daba acceso a la final, si bien su lesión le impidió presentarse.

En la carrera definitiva del 8 de agosto, no había un claro favorito. Babers y McKay parecían en buena forma, pero la sorprendente semifinal de Tiacoh lo había convertido en un rival de mucho peso. El joven australiano Darren Clarke (1965) tuvo una salida fulgurante y consiguió mantenerse en cabeza hasta la entrada de la última recta, en que se vio superado por Tiacoh y por Babers. El estadounidense no dio opción a su rival y se fue a la meta como una exhalación con el sobresaliente registro de 44.27. Tiacoh se hizo con la plata, mejorando de nuevo hasta 44.54. El bronce fue para McKay, 44.71, mientras el bravo Clarke se quedó a un suspiro del podio, cuarto con 44.75, el mismo tiempo que el tercer estadounidense Sunder Nix (1961). El australiano repetiría la misma posición cuatro años después en los Juegos de Seúl. Uti ocupó la sexta plaza con 44.93, mientras Egbunike, séptimo con 45.35, fue el único finalista en correr por encima de 45.00.

En una final de altísimo nivel, la actuación de Babers fue espectacular. Sus 44.27 lo convertían, como ya se había indicado, en el cuarto cuatrocentista más rápido de siempre, y el segundo al nivel del mar, por detrás del oro y la plata olímpicos de 1968, los estadounidenses Lee Evans (1947), 43.86, y Larry James (1947-2008), 43.93, y del cubano campeón olímpico en 1976, Alberto Juantorena (1950), 44.26. Al estadounidense le quedaba el relevo 4 x 400 m. Se esperaba una final rapidísima. En las semifinales, sin Babers, los estadounidenses habían registrado 3:00.19. Y la final no decepcionó, con cuatro equipos por debajo de 3:00.00. Sunder Nix realizó la primera posta y entregó el tercero en 45.59. El segundo relevista estadounidense fue Ray Armstead (1960), acreditado en 44.91, que había sido cuarto en las pruebas de selección. Realizó un magnífico parcial de 43.97 y entregó el segundo, a 0.32 de los australianos, que lideraban la prueba. Babers, el tercer relevista, pasó enseguida a la primera posición, que la mantuvo el resto de su posta, en la que marcó 43.75. Finalmente, un tiempo de 44.60 de Antonio McKay quien corriendo solo probablemente no dio lo mejor de sí, otorgaba el oro a Estados Unidos con unos excelentes 2:57.91, mejor marca de siempre al nivel del mar, no muy lejos de la mítica plusmarca mundial, 2:56.16, realizada en la final olímpica de 1968. El Reino Unido fue segundo con 2:59.13, Nigeria tercera con 2:59.32 y Australia cuarta, dos cuartos puestos para Clarke, con 2:59.70.

La excelente actuación de Babers hizo que se señalase como un posible candidato a correr la vuelta a la pista en menos de 44.00, pero él tenía otros planes. Ese mismo año abandonó la competición internacional y comenzó su formación como piloto de combate. No obstante, aún compitió ocasionalmente. En 1987 hizo 45.84 y en 1988 45.37. Permaneció en el servicio activo de la Fuerza Aérea hasta 1991 y en la reserva hasta 2002. Posteriormente fue piloto comercial. Para Babers el atletismo era su tercera prioridad, tras su familia y su profesión, y actuó en consecuencia.

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