Moscú 1980: Ovett y Coe salvan los Juegos. ¿Y qué habría ocurrido si…?

En abril de 1978, el Partido Popular Democrático de Afganistán daba un golpe de estado contra el Presidente Mohammed Daoud Khan (1909-1978) e instauraba un régimen prosoviético, que provocó una guerra de guerrillas contra los muyaidines, musulmanes anticomunistas, y una gran inestabilidad. En diciembre de 1979, la Unión Soviética decidió invadir el país para apuntalar al gobierno, lo que produjo un enorme conflicto diplomático internacional. Los Estados Unidos, presididos por James Carter (1924), que apoyaban desde el principio a los muyaidines, decidieron incluir entre las múltiples sanciones a la Unión Soviética el boicot a los Juegos Olímpicos, que tendrían lugar en Moscú el mes de julio de 1980. El 24 de mayo expiraba el plazo que Estados Unidos había dado a las autoridades soviéticas para que se retirasen de Afganistán. Ese día se hizo oficial el boicot, al que se unieron numerosos países. En total hubo 65 ausencias entre los invitados por el COI (Comité Olímpico Internacional). De los países con mayor potencial atlético, además de Estados Unidos, destacaban Alemania Occidental y Kenia. Para el COI, tras el boicot africano de los anteriores Juegos, el golpe era brutal, si bien resultó algo mitigado por la decisión del Comité Olímpico Británico (British Olympic Association, BOA) de acudir a los Juegos, pese a la recomendación en contra del Gobierno presidido por Margaret Thatcher (1925-2013). Al menos el doble duelo entre Steve Ovett (1955) y Sebastian Coe (1956), cuya rivalidad había traspasado el ámbito atlético, incluso el deportivo, sí tendría lugar.

En el atletismo, la ausencia de Estados Unidos se haría notar sobre todo en las carreras masculinas y en algunos concursos. Sin embargo, en aquellos primeros años 80, su nivel atlético aún no había conseguido acercarse al de los años 60. En los Juegos 1964 y 1968 encabezaron el medallero de forma indiscutible con 24, 14 de oro, y 25 medallas, 15 de oro, respectivamente. Sin embargo, en 1972 fueron terceros con 22 medallas, 6 de oro, por detrás de la Unión Soviética y la República Democrática de Alemania, y en 1976 fueron segundos, con igual cosecha de medallas, por detrás de Alemania del Este. Para hacernos una idea del potencial atlético actual de los Estados Unidos, en los últimos Juegos, en 2016, encabezaron el medallero con 32 preseas, 13 de oro, muy por delante de Kenia, con 13, 6 de oro. No se debe olvidar que en la actualidad se disputa un mayor número de pruebas debido al equiparamiento del atletismo femenino.

¿Qué habría pasado si en los Juegos Olímpicos de 1980 no hubiese habido boicot? ¿Cuántos de los campeones lo habrían sido con todos en liza? Se trata de atletismo ficción. Aunque el Comité Olímpico Estadounidense (USOC), organizó las pruebas de selección, fueron simbólicas, pues tuvieron lugar del 21 al 29 de junio, cuando ya se sabía que no acudirían a los Juegos. Es difícil, por tanto, juzgar el rendimiento de unos atletas que sabían que su objetivo olímpico se había frustrado. Sin embargo, sí pueden valorarse las trayectorias de las temporadas anteriores y, especialmente, el resultado de la Copa del Mundo del año anterior, donde se celebraron duelos que no se pudieron repetir el año olímpico.

El musculoso escocés Alan Wells (1952) ganó el oro en los 100 m, tras haber mejorado en los cuartos de final su plusmarca personal hasta 10.11, tercera mejor marca ese año. En una reunión posolímpica en Coblenza (RFA) superó a casi todos los mejores velocistas estadounidenses, con un tiempo de 10.19, por 10.21 de Stanley Floyd (1961), que en mayo había corrido en 10.07, 10.25 de Mel Lattany (1959), 10.30 de Carl Lewis (1961) y 10.31 de Harvey Glance (1957). Faltaba James Sanford (1957), ganador el año anterior de la Copa del Mundo, acreditado en 10.02 ese mismo año, entonces mejor marca al nivel del mar, que se lesionó antes de las pruebas de selección. Wells, no obstante, había resultado derrotado por Floyd en dos ocasiones ese verano.

En los 200 m, el campeón, el italiano Pietro Mennea (1952-2013) era el plusmarquista mundial con 19.72A. Ese año, tras los Juegos, registró 19.96 al nivel del mar, mejor marca mundial del año. El mejor estadounidense ese año había sido LaMonte King (1959), con 20.08, si bien no había entrado entre los tres primeros en las pruebas de selección. Wells ganó la plata en Moscú con 20.21, tercera mejor marca mundial del año. Difícilmente habría perdido Mennea el oro en cualquier circunstancia.

Tras haber ganado 13 de los 18 oros en liza de la prueba de 400 m en todos los Juegos anteriores, los corredores estadounidenses habían caído en una importante crisis, tras la derrota de Fred Newhouse (1948), pese a realizar 44.40, ante el cubano Alberto Juantorena (1950), que hizo 44.26. En los cuatro años siguientes ningún estadounidense logró correr por debajo de 44.70, y solo dos lo hicieron por debajo de 45.00, por lo que no es probable que hubiesen podido superar al exultante siberiano Viktor Markin (1957), campeón con plusmarca europea de 44.60.

Aunque, en mi opinión, ni Coe ni Ovett se enfrentaron a la mejor versión de su rival, pues el primero hizo una de las peores carreras de su vida en la final de 800 m y el segundo parecía desmotivado en la de 1500 m, no es previsible que no se hubiesen repartido los oros de mediofondo en cualquier caso. Sin embargo, el boicot impidió que ambas carreras tuviesen el nivel que se merecían. En 800 m faltaron los estadounidentes Don Paige (1956), que derrotó a Coe después de los Juegos, y James Robinson (1954), acreditados ese año en 1:44.53 y 1:45.47 respectivamente, o el alemán Willi Wuelbeck (1954), 1:44.96. Mientras en 1500 m no estuvieron los alemanes Thomas Wessinghage (1952), que en agosto haría 3:31.58, en la carrera en que Ovett hizo plusmarca mundial 3:31.36, su compatriota Harald Hudak (1957), 3:31.97, tercero en la misma carrera, el neozelandés John Walker (1952), 3:33.31, o el estadounidense Steve Scott (1956), 3:33.33.

Los 5000 y los 10 000 m vieron una verdadera explosión del etíope Miruts Yifter (1944-2016), perfectamente coordinado con el equipo de su país. Aunque había algunas ausencias sonadas, como la del plusmarquista mundial de ambas distancias, el keniano Henry Rono (1952), 13:08.4 y 27:22.47, y la del estadounidense Craig Virgin, 27:29.16 ese año, difícilmente habrían superado al etíope, capaz de acabar en 54.4 y ganar con 27:42.69, o en 54.9 y hacerse con el oro con 13:20.91.

En maratón, el mejor marquista del año, el neerdandés Gerard Nijboer (1955), 2h09:01, fue segundo, detrás del alemán Waldemar Cierpinski (1950), que repetía el oro de 4 años antes. Las ausencias más importantes fueron las de los japoneses Toshihiko Seko (1956), 2h09:45 ese año, y Takeshi So (1953), 2h09:49.

En las vallas, tanto las altas como las intermedias, el boicot permitió la victoria olímpica de dos atletas que, en condiciones normales, podrían haberse quedado fuera del podio. El campeón de 110 metros vallas, el alemán campeón de Europa Thomas Munkelt (1952), oro con 13.39, su mejor marca ese año, parecía inferior a los estadounidenses Renaldo Nehemiah (1959), 13.21 ese año, Greg Foster (1958), 13.27, y Dedy Cooper (1956), 13.34. Otro alemán del Este, el campeón de 400 m vallas con 48.70, Volker Beck (1956), probablemente habría aspirado al bronce en una carrera con el plusmarquista mundial, el estadounidense Edwin Moses (1955), 47.90 ese año, y con el alemán campeón de Europa Harald Schmid (1957), 48.05. En los 3000 m obstáculos, el campeón, el polaco Bronislaw Malinovski (1951-1981), realizó con 8:09.70 la mejor marca del año.

Los saltos de altura y pértiga se saldaron con sendas plusmarcas mundiales para los campeones olímpicos, el alemán Gerd Wessig (1959), 2.36 m, y el polaco Władysław Kozakievicz (1953), 5.78 m, quien dedicó un expresivo gesto al público, que no había parado de abuchearlo. En el triple salto, los jueces privaron del oro al brasileño plusmarquista mundial João Carlos de Oliveira (1954-1999), decretando saltos válidos como nulos, en favor de los locales Jaak Uudmäe (1954) y Viktor Saneyev (1954). Los triplistas estadounidenses de entonces parecían inferiores a estos tres atletas. En el salto de longitud, el alemán Lutz Dombrovski (1959), oro con plusmarca europea de 8.54 m, habría tenido un duro rival en el estadounidense Larry Myricks (1956), que lo había derrotado el año anterior en la Copa del Mundo con su mejor marca de 8.52 m.

En los lanzamientos hubo plusmarca mundial de 81.80 m en lanzamiento de martillo por el soviético Yuri Sedykh (1955). En el lanzamiento de disco, el campeón, el soviético Viktor Rashchupkin (1950) no entró ese año entre los 10 mejores, lista dominada por los estadounidenses, con cuatro atletas, entre ellos el anterior campeón olímpico, Mac Wilkins (1950), 70.98 m, plusmarca mundial, y el mítico Al Oerter (1936-2007), 69.46 m. En el lanzamiento de jabalina, el campeón, el soviético Dainis Küla (1959), 91.20 m, probablemente lo habría sido con todos en liza. En cuanto al lanzamiento de peso, el estadounidense Brian Oldfield (1945) fue con 21.82 m el segundo mejor marquista del año, por delante del campeón, el soviético Vladimir Kiselyov (1957-2021), que hizo su plusmarca personal, 21.35 m, en Moscú.

El británico Daley Thompson (1958) se llevó el oro del decatlón y no parece probable que los alemanes Guido Kratschmer (1953) o Jürgen Hingsen (1958) lo hubiesen podido derrotar.

En la marcha, tanto el italiano Maurizio Damilano (1953), oro en 20 Km, como el alemán Hartwig Gauder (1954-2020) eran los mejores en cualquier circunstancia.

En los relevos, con los estadounidenses en liza, habrían sido estos los favoritos para el oro en ambas pruebas.

En categoría femenina se disputaron 14 pruebas. No se incluyeron ni los 3000 m, ni los 400 m vallas, que ya se habían disputado en el campeonato de Europa de 1978 y en la Copa del Mundo de 1979. En esta categoría el boicot apenas se dejó sentir. Con las atletas ausentes en liza probablemente los resultados apenas habrían variado, incluyendo el podio. De las 12 campeonas olímpicas individuales, tan solo tres no lideraron la lista mundial del año. Fueron, la soviética campeona de 100 m vallas, con 12.56, Vera Komisova (1953), la cubana campeona de jabalina, con 68.40 m, María Caridad Colón (1958), y la alemana campeona de disco, con 69.96 m, Evelyn Jahl (1956), que repetía título. El resto de los oros olímpicos, con la marca realizada en Moscú, fueron 100 m Lyudmila Kondratyeva (1958) URSS 11.06, 200 m Bärbel Wöckel (1955) 22.03, 400 m Marita Koch (1957) RDA 48.88, 800 m Nadezhda Olizarenko (1953-2017) URRS 1:53.43 WR, 1500 m Tatiana Kazankina (1951) URSS 3:56.53, salto de altura Sara Simeoni (1953) ITA 1.97 m, salto de longitud Tatiana Kolpakova (1959) URSS 7.06, lanzamiento de peso Ilona Slupianek (1956) RDA 22.41, pentatlón Nadezhda Tkachenko (1948) URSS 5083 WR.

Probablemente la única atleta ausente que habría podido disputar el oro en 100 y 200 m había sido la estadounidense Evelyn Ashford (1957), acreditada entonces en 10.97 y 21.83, que no habría podido ir a Moscú en cualquier caso, pues se perdió la temporada por lesión.

Aunque ciertamente el boicot hizo que el nivel medio del atletismo en los Juegos bajase de forma considerable, la mayor parte de los campeones probablemente lo habrían sido de todas maneras. En categoría femenina, presumiblemente apenas se habrían modificado los podios. En categoría masculina, sí se habrían modificado, pero en cuanto a los campeones, los únicos que no lo habrían sido seguro son los vallistas Thomas Munkelt y Volker Beck. Wells lo habría tenido complicado con Sanford, pero podría haberle ganado. Mennea, Markin, Ovett, Coe, Yifter, Cierpinski, Malinovski, Wessig, Kozakievicz, Sedykh, Küla, Thompson, Damilano y Gauder habrían sido campeones casi con toda seguridad con todos en competición. El triple salto se adulteró. Probablemente Rashchupkin no habría ganado el disco. Kyselov, que compitió muy bien, habría peleado por el oro en peso. En salto de longitud habríamos tenido un magnífico duelo entre Dombrovski y Myricks.

Pero todo esto es atletismo ficción. El COI aún tuvo que soportar el boicot de los países del Este a los Juegos de Los Ángeles 1984. Afortunadamente, los buenos oficios del entonces presidente Juan Antonio Samaranch (1920-2010) consiguieron conjurar el peligro de que el movimiento olímpico se terminase. Ahora les toca lidiar con la pandemia y con la incertidumbre de la celebración de los Juegos de Tokio.

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