Roma 1960, los Juegos de la Ciudad Eterna

En 1955 el Comité Olímpico Internacional (COI), en su 50º sesión, celebrada en París, acordó otorgar la organización de los Juegos de la XVII Olimpíada a la ciudad de Roma. Tendrían lugar del 25 de agosto al 11 de septiembre de 1960. Era la segunda vez que la capital de Italia resultaba designada para organizar unos Juegos Olímpicos. Los Juegos de 1908 iban a celebrarse en Roma, pero la erupción del Vesubio de 1906 obligó al gobierno italiano a renunciar. En la década de los 50, tras una dura posguerra, la economía italiana crecía al ritmo de la gran expansión mundial. Los Juegos resultaron un éxito. El atletismo se disputó entre el 31 de agosto y el 8 de septiembre en el Estadio Olímpico, construido en 1932 con el nombre de Stadio dei Cipressi y remozado para los Juegos, con una capacidad de 65 000 espectadores. Estados Unidos encabezó el medallero, con 26 metales, 12 de oro, seguidos muy de cerca por la Unión Soviética, 21 y 11 oros. Tercera fue Alemania, que compitió como equipo unificado de 1956 a 1964, con 13 medallas, 2 de oro. Se superaron 28 plusmarcas olímpicas, 4 de ellas fueron plusmarcas mundiales y se igualaron otras tres. Hubo cronometraje automático, extraoficial, en las pruebas de velocidad y vallas.

El programa olímpico masculino se disputó completo. Por primera vez se superó la barrera de los 45.0 en los 400 m. En la final olímpica el estadounidense Otis Davis (1932) y el alemán Carl Kaufmann (1936-2008) realizaron ambos 44.9. El cronometraje eléctrico no oficial fue de 45.07 y 45.08 respectivamente. Ambos tuvieron ocasión de enfrentarse de nuevo, como últimos relevistas de sus países en el 4 x 400 m. Davis recibió el testigo con unos 5 metros de ventaja, que supo mantener, hasta terminar en una nueva plusmarca mundial de 3:02.2 (3:02.37).

Otra plusmarca mundial que se mejoró en la final olímpica fue la de 1500 m. El australiano de 22 años Herb Ellliott (1938) realizaba 3:35.6, 0.4 menos que su anterior techo universal. Ello a pesar de haber pasado en 1:58.1 los primeros 800 m. Elliott se retiró tras los Juegos. Probablemente el mundo se perdió una plusmarca mundial en torno a 3:32 y un cerrado duelo con el atleta que dominaría el mediofondo en el siguiente lustro, el neozelandés Peter Snell (1938-2019). Snell era un perfecto desconocido al llegar a Roma para disputar los 800 m. El indiscutible favorito era el plusmarquista mundial, 1:45.7, el belga Roger Moens (1930). En una última recta trepidante, el neozelandés fue capaz de batirlo con marca personal de 1:46.3. El 2 de septiembre podría haberse declarado fiesta nacional en Nueva Zelanda. Ese día no solo Snell se llevó el oro, sino también su compatriota Murray Halberg (1933) quien, pese a la movilidad reducida en su brazo izquierdo tras una lesión, ganó la final de 5000 m. Seis días después fue quinto en los 10 000 m, que ganó el soviético Pyotr Bolotnikov (1930-2013), quien poco después se convertiría en plusmarquista mundial de la distancia con 28:18.8. El alemán Hans Grodotzki (1936) fue plata en ambas pruebas de fondo.

Una de las finales más esperadas fue la de los 100 m. Había un gran interés en ver el duelo entre el alemán Amin Hary (1932) y el estadounidense David Sime (1936-2016). Hary había superado esa misma temporada la plusmarca mundial. Fue el primer 10.0 oficial de la historia, en realidad 10.24, mientras Sime había acreditado 10.1. Hary salía siempre al límite, lo que hacía que tuviese muchas salidas nulas. En la final olímpica también hizo una salida nula, que entonces no significaba la eliminación. El alemán consiguió una difícil victoria sobre Sime, ambos en 10.2, 10.32 y 10.35 reales. En el relevo 4×100 m, Sime, el cuarto estadounidense cruzaba la meta en primer lugar por delante de Alemania, pero Estados Unidos resultó descalificado por entregar fuera de zona. Alemania igualaba la plusmarca mundial, 39.5 (39.60). En los 200 m, el héroe local, el italiano Livio Berruti (1939), que ya había igualado la plusmarca mundial de 20.5 en la semifinal, repitió tiempo en la final, en realidad 20.62, y se hizo con el oro derrotando a los estadounidenses.

En las vallas repitieron oro dos de los grandes de siempre en sus pruebas, los norteamericanos Lee Calhoun (1933-1989) y Glenn Davis (1934-2009). Ambos habían ganado en la edición anterior de los Juegos. Calhoun se impuso con 13.8 (13.98) y Davis con 49.3 (49.51). En los obstáculos el oro fue para el polaco Zdzisław Krzyszkowiak (1929-2003), plusmarquista mundial de la distancia y campeón de Europa de 500 y 10 000 m.

En el maratón tuvo lugar uno de los grandes hitos de estos Juegos, la victoria de un atleta etíope desconocido, que corría descalzo, Abebe Bikila (1932-1973). Se convirtió en el primer etíope en ganar un oro olímpico y acabaría siendo uno de los grandes de la prueba de siempre. En Roma corrió en 2h15:16.2, entonces considerada mejor marca mundial. Las pruebas de marcha fueron para el ucraniano, entonces soviético, Vladimir Golubnichy (1936-2021), los 20 km, y para el británico Don Thompson (1933-2006), los 50.

En el salto de altura tuvo lugar la sorprendente derrota del no menos sorprendente estadounidense John Thomas (1941-2013), quien esa misma temporada había llevado la plusmarca mundial de 2.16 a 2.229 m. Parecía muy superior a sus rivales soviéticos, el ucraniano Valery Brumel (1942-2003), acreditado en 2.17 m, y el georgiano Robert Shavlakade (1933-2020), con plusmarca personal de 2.13 m. Thomas, no obstante, no pudo hacer buenos los pronósticos y fue tercero, con 2.14 m, por detrás de Shavlakade y Brumel, ambos con 2.16 m. En el salto con pértiga, como en las 13 ediciones anteriores, se impuso un estadounidense, el plusmarquista mundial Don Bragg (1935-2019). Otro estadounidense, el plusmarquista mundial Ralph Boston (1939) fue el oro en el salto de longitud. El polaco Jósef Szmidt (1935), que un mes antes se había convertido en el primer atleta por encima de 17 m, 17.03 m, en triple salto se hizo con la victoria en esta prueba.

En los lanzamientos hubo empate a dos oros entre los soviéticos y los estadounidenses. Los primeros ganaron el martillo con el bielorruso Vasily Rudendov (1931-1982) y la jabalina con el ucraniano Viktor Tsybulenko (1930-2013). El estadounidense Bill Nieder (1933-2022), plusmarquista mundial de lanzamiento de peso con 20.06, primer atleta en superar los 20 m, derrotó a sus compatriotas Parry O’Brien (1932-2007), campeón en las dos ediciones anteriores, y Dallas Long (1940), que ganaría cuatro años más tarde. Al Oerter (1936-2007) ganó su segundo oro, de los cuatro con que se haría, en el lanzamiento de disco.

Finalmente en decatlón hubo una cerrada pugna entre dos compañeros de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), resuelta finalmente para el estadounidense Rafer Johnson (1934-2020), que derrotó al taiwanés Yang Chuan-kwang (1933-2007).

El programa femenino fue bastante exiguo. Todavía costaba añadir pruebas, pese a los 32 años de olimpismo femenino. En Roma se disputaron los 100 m, 200 m, 800 m, 80 m vallas, relevo 4 x 100 m, salto de altura, salto de longitud, lanzamiento de peso, lanzamiento de disco y lanzamiento de jabalina. Respecto a la edición anterior se añadieron los 800 m, que ya habían sido olímpicos en 1928, pero que no tuvieron continuidad porque se juzgó que eran demasiado duros para las mujeres. Las estadounidenses y las soviéticas se repartieron 9 de los 10 oros, con 3 para las primeras y 6 para las segundas.

La gran estrella femenina de los Juegos fue la estadounidense Wilma Rudolph (1940-1994), ganadora de los 100, los 200 m y el relevo 4 x 100 m. Su afán de superación la llevó hasta la cumbre olímpica tras una infancia enfermiza. Estuvo dos años sin caminar por una poliomielitis. La rusa Lyudmila Shevtsova (1934) ganó los 800 m con plusmarca mundial igualada, 2:04.3. La ucraniana Irina Press (1939-2007) obtuvo el oro en los 80 m vallas, mientras su hermana Tamara (1937-2021) se impuso en el lanzamiento de peso y fue segunda en el lanzamiento de disco, tras la rusa Nina Ponomaryova (1929-2016). Otra rusa, Elvīra Ozoliņa (1939) fue la primera en el lanzamiento de jabalina, por delante de la veterana checa Dana Zátopková (1922-2020), ganadora ocho años antes en los Juegos de Helsinki. La entonces invencible rumana Iolanda Balaș (1936-2016) venció en el salto de altura por un margen de 14 centímetros. La rusa Vera Klepkina (1933), más velocista que saltadora, se hizo con un sorprendente oro en el salto de longitud.

El movimiento olímpico continuaba y el atletismo culminaba con mucha fuerza la prolífica década de los 50 y entraba en una no menos prolífica década de los 60, donde esperaban otros dos grandiosos Juegos, los de Tokio en 1964 y los de México en 1968.

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