La revista Atletismo Español

Aunque hoy nos hemos acostumbrado a obtener la información que necesitamos fácil e instantáneamente, en la época preInternet este acceso era generalmente bastante complicado, y mucho más para campos como el atletismo. Algunos periódicos deportivos, como Marca o Mundo Deportivo, dedicaban cierto espacio al atletismo. Gracias a ello nos podíamos enterar de los resultados del campeonato de España o de la reunión de Zúrich. Pero, sin duda, nuestra mejor fuente era la revista, editada por la propia Federación Española de Atletismo (RFEA), Atletismo Español. Descubrí su existencia en septiembre de 1984. Durante la celebración de un cuadrangular internacional, en el estadio de la Universidad de Santiago de Compostela, se vendían ejemplares atrasados de la revista. Me había comprado tres que, al llegar a casa, devoré con avidez. Llevaba menos año y  medio practicando atletismo, pero me había enganchado completamente. Tenía especial interés por la historia de este deporte, por los atletas del pasado. Me desilusioné, sin embargo, cuando me di cuenta de, como se dejaba bien claro en la publicación, no se vendía en los kioskos de Santiago. Para conseguirla había que suscribirse y conseguir financiación en casa era una tarea casi imposible. Dos meses después, me llevé una grata sorpresa al ver en el kiosko que había debajo de mi casa esta portada:

José Manuel Abascal lidera la final olímpica de 1500 m de 1984. AE septiembre octubre 1984

Qué fotografía tan magnífica con José Manuel Abascal liderando la final olímpica de 1500 m de 1984. No tardó mucho tiempo en llegar a mis manos. Era la revista con los resultados y un profundo análisis de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Más que leerla, me la estudié. A partir de entonces, la revista Atletismo Español se vendía también en Santiago. Y creo que no falté a mi cita con ella en los 29 años siguientes. Durante todo ese tiempo hubo muchos colaboradores de la revista, pero recuerdo especialmente a mi buen amigo Ignacio Romo, con sus magníficos artículos sobre el medio fondo, en la época dorada de los 80, a Carlos Toro, con su estilo pulcro y literario, y, posteriormente, a otro gran entusiasta del medio fondo de los 80, Juan Manuel Botella, con quien tiempo después tuve la suerte de compartir interminables tertulias atléticas. También recuerdo  la Miscelánea de Alfonso Posada. Yo entonces no lo sabía, pero esa sección había nacido en los años 50 y se prolongó hasta los 90.

La revista Atletismo Español tuvo una vida azarosa, siempre ajustada de presupuesto. Su primer número vio la luz el mes de marzo de 1951. Se trataba, a decir de la propia revista, de un boletín  de 16 páginas. Su primera portada resulta hoy día sorprendente, pues no la ocupaba ningún atleta sino un militar, el septuagenario general José Moscardó, entonces Presidente del Comité Olímpico Español. Eran, evidentemente, otros tiempos.

Primer número de la revista Atletismo Español, con el General Moscardó en la portada

Esta primera época de la revista tuvo un recorrido muy corto, pues tan solo vieron la luz 5 números, publicados mensualmente, el último en septiembre de ese año. El Boletín de la Federación, sin embargo, volvió en noviembre de 1955, con el mismo formato y una portada normal, del campeonato de España de campo a través que entonces se celebraba en otoño. Curiosamente, este número contiene un artículo titulado Males del atletismo español, firmado por José Corominas, un tema recurrente durante muchos años.

La revista, pese a todas las dificultades, pudo consolidarse y ya no volvió a tener interrupciones en su publicación. El número de páginas fue aumentando y, a partir de 1956, tímida e intermitentemente, fue apareciendo el color en las portadas. Precisamente en las portadas en color (o en su falta) y en el número de páginas se manifestaban en la revista las crisis económicas generales, como sucedió en 1975, cuando se redujo drásticamente la cantidad de material impreso y se volvió a la portada en blanco y negro.  El color en las páginas interiores se fue generalizando a partir de los 80.

La revista fue cronista del despegue del atletismo español, desde los años en que lo máximo a lo que podía aspirar un atleta era a participar en los Juegos Olímpicos hasta los oros en todas las grandes competiciones, plusmarcas europeas y alguna mundial en sala o en la carretera.

El número 692, de diciembre de 2019 de la revista Atletismo Español

Con la aparición de Internet, el acceso a la información se multiplicó por infinito. Para muchos, sin embargo, la revista no había perdido su atractivo, pues los resultados de los campeonatos siempre se acompañaban de excelentes crónicas y tampoco faltaban interesantes artículos o entrevistas. Pero la revista acabó sucumbiendo al cambio de paradigma informativo. En febrero de 2013 dejaba de publicarse en papel y pasaba a formato digital, completamente gratuito para los lectores. Desgraciadamente no pudo aguantar el tirón, ni siquiera en formato digital, y tras 61 años de publicación mensual ininterrumpida, Atletismo Español echó el cierre en diciembre de 2016, con el número 692. ¿Habrá una tercera época?

En una gran iniciativa de Gerardo Cebrián, director de la revista de 2011 hasta 2016 (anteriormente había sido subdirector desde 1989), la Federación Española digitalizó pacientemente los casi 700 ejemplares de la revista, una joya para los aficionados al atletismo, que se puede conseguir aquí

http://www.rfea.es/revista/publicaciones.htm

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Las cuatro finales olímpicas de 800 m de Johnny Gray (y II)

Sin duda, la final olímpica de Seúl debió resultar muy frustrante a Johnny Gray (1960). A pesar de tener la mejor marca mundial del año, en ningún momento dio la sensación de luchar por las medallas, en una prueba en la que el ritmo alto al que se corrió le favorecía claramente. Pese a este relativo revés, Gray continuó en buena forma en los años siguientes. Así corrió en 1:43,19 en 1989, en 1:43,72 en 1990 y en 1:43,84 en 1991, año en que disputó la final del campeonato del Mundo al aire libre de Tokio, donde fue 6º. El estadounidense trató de imponer un ritmo ligero, pasando el primer giro en 51,01. Se mantuvo en cabeza hasta que faltaban 120 metros y acabó a trompicones en la última recta en 1:45,67, muy lejos del campeón, el keniano Billy Konchellah (1964), 1:43,99. Esta es la única final de ámbito mundial al aire libre de la historia en la que hubo presencia española, con el cántabro Tomás de Teresa (1968).

1992 volvía a ser año olímpico. Gray había conseguido mantenerse entre los mejores del mundo. Seguía corriendo fácilmente por debajo de 1:44,00 y terminaba las temporadas sin grandes problemas físicos que interrumpiesen su preparación. Por tercera vez, volvía a tener la oportunidad de buscar el podio en la final olímpica, un camino nada fácil que empezaba con las pruebas nacionales de selección, que se celebraban en Nueva Orleans. La final de 800 m tuvo lugar el 24 de junio y Gray no dio opción. Se colocó en cabeza desde el inicio, con pases de 24,1, 49, y 1:15,7, y terminó con una nueva plusmarca del campeonato de 1:42,80, que mejoraba en casi 1 s los 1:43,74 que él mismo compartía con Earl Jones (1963) desde hacía 8 años. Aventajó al Mark Everett (1968), segundo, en 0,87.

Everett, que el año anterior había corrido los 400 m en 44,59, pudo resarcirse de su derrota unos días después, el 4 de julio en Oslo, cuando se impuso con 1:43,40, su mejor marca entonces, mientras Gray marcaba 1:43,51. Este no volvió a competir hasta la primera ronda de los 800 m olímpicos, el 1 de agosto en Barcelona. En lugar de 4 rondas, se disputarían 3, con 3 semifinales. A la final pasarían los dos primeros de cada serie y los dos mejores tiempos. Esta fórmula, en la que el azar representa un papel muy importante y con la que claramente los participantes en la última serie tienen una notable ventaja sobre el resto, es la que se ha impuesto desde entonces. Esta vez Gray era el favorito. De todos los participantes, además de él mismo y Everett, tan solo su compatriota José Parilla (1972) y el keniano William Tanui (1964), con 1:43,97 y 1:43,62 respectivamente, habían bajado ese año de 1:44,00. Gray se impuso en su serie eliminatoria del 1 de agosto con 1:46,62 y en su semifinal del día 3 con 1:45,66.  En la final se enfrentaría a Everett, a los kenianos Tanui y Nixon Kiprotich (1962), finalista en la edición anterior, igual que el brasileño José Luis Barbosa (1961). Completaban la lista de participantes el italiano Andrea Benvenutti (1969), el británico Curtis Robb (1972) y el argelino Rea Abdenouz (1968). Gray había anunciado a bombo y platillo que repetiría la táctica de las pruebas de selección de Nueva Orleans, pero le funcionó a medias. Tomó la cabeza desde el principio, con 49,99 en la primera vuelta. Le sobraron los últimos 50 m, en los que resultó sobrepasado por Tanui, que se hacía con el oro en 1;43,66, y Kiprotich, plata con 1:43,70. Gray, con 1:43,97, ganaba su primera y única medalla olímpica.

La medalla de bronce probablemente tuvo un sabor agridulce para Gray. La final olímpica de 1992 parecía bastante asequible para él. Estaba en buena forma y ninguno de los finalistas había corrido tan rápido como él nunca, pero no pudo culminar la carrera como en Nueva Orleans. Tras los Juegos su rendimiento bajó mucho. Fue 7º en Zúrich con 1:45,35 y 2º en Berlín con 1:45,20.

En los años siguientes a los Juegos continuó corriendo regularmente por debajo de 1:44,00. Sus mejores marcas fueron 1:44,03 en 1993, 1:43,73 en 1994 y 1:43,36 en 1995. Sin embargo, su rendimiento en los Campeonatos del Mundo al aire libre no fue acorde con sus registros. No pasó a la final en 1993 y no se clasificó para la competición en 1995. Pero una vez más, los Juegos Olímpicos serían su talismán. Tendrían lugar en Atlanta en julio de 1996. Un mes antes se celebraron en el futuro estadio olímpico, las pruebas de selección. Gray se impuso por tercera vez consecutiva, con mucha autoridad, marcando 1:44,00. Lideró la prueba desde el principio imponiendo su ritmo.

Unos días después mejoró su marca del año hasta 1:43,93. Su objetivo era, una vez más, estar en la final olímpica. Esta vez, había varios atletas que llegaban a los Juegos con mejor tiempo que Gray. El mejor marquista del año era el danés de origen keniano Wilson Kipketer (1972), que poco antes de los Juegos había corrido en 1:42,51. Sin embargo, la IAAF no reconocía el cambio de nacionalidad y no le permitió estar en Atlanta. De los participantes, el poseedor del tiempo más rápido era el noruego Vebjørn Rodal (1972) con 1:42,95. Pese a la ausencia de Kipketer el nivel era altísimo. Como en Barcelona, 4 años antes, había tres rondas con tres semifinales. Gray se impuso en la 5ª serie de la primera ronda cn 1:45,89 y fue segundo en la segunda semifinal con 1:44,00. Con 36 años, Gray se convertía por cuarta vez en finalista olímpico de los 800 m. Un viejo conocido suyo, el brasileño José Luiz Barbosa, también había tomado parte en las últimas 4 ediciones del 800 olímpico pero solo había alcanzado dos finales. Gray decidió correr, una vez más, a lo Gray. Se colocó en cabeza y pasó la primera vuelta en 49,55. Se mantuvo en la primera posición hasta la última recta, que se le hizo eterna. Acabó, como 12 años antes, en 7ª posición con unos buenos 1:44,21. Por delante, 4 atletas superaban la plusmarca olímpica de 1:43,00, en poder de Joaquim Cruz (1963) desde 1984, con victoria de Rodal en 1:42,58. Pero pese al impresionante triunfo del noruego, la pregunta que flotaba en el aire era sobre lo que habría podido hacer Kipketer de haber participado.

Esta vez, Gray lo había dado todo y su 7º puesto, de la forma en que se produjo y con el tiempo conseguido, se puede considerar excelente. Atlanta fueron sus últimos Juegos, como no podía ser de otra manera, pero Gray continuó compitiendo magníficamente otros 4 años más. Realizó 1:44,56 en 1997, 1:45,47 en 1998 y 1:45,38 en 1999, ya con 39 años, tiempo que le valió para imponerse en los Juegos Panamericanos. En 2000, tomó parte en por sexta vez en las pruebas de selección olímpica, aunque no pasó de la primera ronda. En 2001, con 40 años, aún corrió en pista cubierta en 1:48,81.

Desde su retirada, Gray continúa vinculado al atletismo como entrenador, en la actualidad en la Universidad Central de Florida. Como atleta, Gray llevó a cabo el complicado logro de estar en 4 finales olímpicas de la misma prueba, en una carrera tan exigente como los 800 m. Mostró una gran regularidad, con 12 temporadas entre los 5 mejores del año de la distancia, en dos ocasiones el mejor. Hoy no es tan extraño ver atletas rondando la cuarentena rindiendo a gran nivel, pero en los 90, fuera del maratón, era excepcional. Sin duda, un atleta excelente al que le faltó culminar su carrera con un oro olímpico.

Las cuatro finales olímpicas de 800 m de Johnny Gray (I)

Si resulta complicado mantener la forma para tomar parte en cuatro ediciones de los Juegos Olímpicos, más difícil es completar la participación habiendo alcanzado la final de una prueba las cuatro veces consecutivas. En una carrera como la de 800 m, con unas rondas de clasificación exigentísimas, conseguirlo constituye todo un hito. Esto es lo que hizo el estadounidense Johnny Gray (1960), finalista olímpico en la doble vuelta a la pista en 1984, 1988, 1992 y 1996, ya con 36 años.

John Lee Gray Jr nació en Los Ángeles el 19 de julio de 1960. Comenzó a practicar atletismo en 1977 y en 1978 ya corría los 800 m en 1:51,1. Al año siguiente, con 1:49,39, ocupó la 4ª posición en la lista junior (sub20) de ese año en su país. En 1980 mejoró hasta 1:47,06 y consiguió llegar a la final de las pruebas de selección olímpicas, aunque cuando se celebraron ya se sabía que Estados Unidos boicotearía los Juegos de Moscú. Se lesionó, aunque consiguió terminar andando en 3:22,9. Se perdió el resto de temporada y toda la temporada de 1981. Reapareció en 1982, año en que mejoró hasta 1:45,41. En 1983 no se pudo clasificar para el primer campeonato del Mundo al aire libre.

1984 era año olímpico y, lógicamente, el objetivo de Gray era clasificarse, algo que no resultaría nada fácil. La pruebas de selección olímpicas de Estados Unidos pueden llegar a ser más duras que la propia final olímpica. En la prueba de 800 m, 12 años antes, Dave Wottle (1950), que acabaría siendo oro olímpico en Munich, había igualado la plusmarca mundial con 1:44,3. Ese día los 6 primeros habían corrido en menos de 1:46,0 y Jim Ryun (1947), el plusmarquista mundial de las 880 yardas, con 1:45,2 había sido 4º. La final de 800 m de las pruebas de selección de 1984 tuvo lugar el 19 de julio, el día que Gray cumplía 24, tras 3 rondas previas. Los dos grandes favoritos eran los veteranos Don Paige (1956) y James Robinson (1954), acreditados, el año anterior, en 1:44,29 y 1:44,32 respectivamente. Habían sido 1º y 2º en las simbólicas pruebas de selección de 1980. Gray había igualado en el mes de mayo su marca de 1:45,41. La carrera dio un resultado absolutamente sorprendente. Desde el principio, el joven Earl Jones (1964), que nunca había bajado de 1:46,0 se colocó en cabeza. Pasó en 50,0 la primera vuelta, con Robinson en última posición. Jones consiguió mantener la cabeza hasta la meta en un final apretadísimo, en el que Johnny Gray se le echó encima. Metro y medio más atrás Robinson parecía que podría haber alcanzado la 3ª plaza, aunque estaba muy igualado con otro atleta de más de 1:46,0, John Marshall (1963). La marca del ganador era de 1:43,74, nueva plusmarca estadounidense, que superaba los 1:43,91 de Rick Wohlhuter(19). La photo finish dio ganador a Jones, con el mismo tiempo que Gray. Robinson, finalmente, se quedó fuera de los Juegos, en beneficio de Marshall, ambos con 1:43,92, que también era la mejor marca de Robinson. La 5ª posición, ya lejos de los primeros, fue para Don Paige con 1:45,17.

Jones y Gray llegaban a los Juegos con la mejor marca del año, pero su falta de experiencia en la alta competición los hacía algo menos favoritos. La competición se iniciaba el 3 de agosto, con la primera de las 4 rondas. Johnny Gray se impuso en la 6ª serie con 1:47,19. Fue tercero en su serie de cuartos de final, con 1:45,82 y repitió puesto y marca en la segunda semifinal. A tenor de lo visto en las rondas previas, la final del 6 de agosto prometía un duelo entre el brasileño Joaquim Cruz (1963) y el británico Sebastian Coe (1956). Optaban a un bronce muy abierto Jones, Gray y los kenianos Erwin Koech y Billy Konchellah, que habían dado muy buena impresión. A la hora de la verdad, Cruz se mostró intratable y se hizo brillantemente con el oro con plusmarca olímpica y mejor marca personal de 1:43,00. Coe tuvo que luchar por la plata con un magnífico Earl Jones. Gray no hizo una buena carrera. Tras haber doblado la penúltima curva por las calles exteriores, trató de asomarse a la cabeza a falta de 250 m, pero no pudo y se hundió en la cola de la carrera. Acabó 7º con 1:47,89.

Tras los Juegos, Gray, probablemente no demasiado satisfecho con cómo se se había desarrollado la final olímpica dio lo mejor de sí. El 24 de agosto en Bruselas mejoraba la plusmarca estadounidense con 1:43,28, tiempo que igualaba 2 días después en Colonia, detrás de un inabordable Joaquim Cruz, que marcaba 1:41,77, y del keniano, ausente en Los Ángeles, Sammy Koskei (1961), 1:42,28. Finalmente el 29 de agosto en Koblenza se conviertió en el 4º atleta de la historia al registrar 1:42,96. Ese 1984 Gray se demostró a sí mismo que podía correr muy rápido. Le faltaba mejorar la táctica para poder estar delante en la alta competición.

En 1985 no había grandes campeonatos. Gray decidió continuar mejorando en las reuniones del circuito europeo. De vuelta a Koblenza, realizó 1:42,60, muy cerca de Joaquim Cruz, 1:42,49. Estas fueron las mejores marcas del año y la carrera más rápida de Gray de siempre. En 1987 se hizo con el oro en los Juegos Panamericanos, pero no pasó de la primera ronda en el Campeonato del Mundo al aire libre. En el nuevo año olímpico de 1988, las cosas parecían ir mucho mejor para asaltar el podio de los Juegos. Los Juegos se celebrarían en Seúl a finales de septiembre. Las pruebas de selección en Estados Unidos tuvieron lugar muy pronto, del 15 al 23 de julio en Indianápolis. Gray se impuso fácilmente en la final de 800 m, con 1:43,96. El mes anterior ya había corrido en 1:43,70. Siguió mostrando su gran forma en las reuniones de agosto. Corrió en 1:43,10 en Hengelo el 14 de agosto y realizó la mejor marca del año en Zúrich 2 días después, 1:42,65.

La prueba de 800 m de los Juegos de Seúl comenzó el 23 de septiembre. Como en Los Ángeles habría 4 rondas en 4 días. Gray ocupó la primera posición en la 3ª serie de la primera ronda con 1:48,83. Al día siguiente ganó su serie de cuartos de final con 1:45,96, pero sembró dudas en una durísima semifinal, en la que fue 4º con 1:45,06, tan solo 0,06 menos que el 5º. El día de la final Gray no era el favorito. El oro parecía entre al marroquí Said Aouita (1959), que pese a ser plusmarquista mundial de 5000 m se había decidido por el 800 y el 1500,  y Cruz, quien volvía a la alta competición tras un calvario de lesiones. Los dos vencedores de las semifinales, los kenianos Nixon Kiprotich (1962)  y Paul Ereng (1967), no se consideraban candidatos serios a la victoria. La final del 26 de septiembre resultó trepidante, con el brasileño José Luiz Barbosa marcando 49,54 en el primer giro y Ereng superando sorprendentente a Cruz en los últimos metros. tras ir en la cola la mayor parte de la carrera. Gray entró en la 5ª posición, pero en ningún momento tuvo opción de medalla.

Para Johnny Gray Seúl debió resultar frustrante. Pese a haber corrido los dos 800 más rápidos del año, no fue capaz de disputar el podio en la final olímpica. Tal vez pensó que los Juegos se acababan para él, ya que en 1992 tendría 32 años, pero aún le quedaba la mitad de su recorrido olímpico.

Grandes en el Mundial de Campo a Través

El Mundial de Campo a Través, hoy en horas bajas, fue durante años el mayor foco de atención mediática de la temporada atlética invernal. Comenzó su andadura en 1973, como heredero del Cross de las Naciones, competición iniciada por los británicos en 1898 y que acabó convirtiéndose en un campeonato del Mundo oficioso. En los primeros años, la competición masculina estuvo dominada sobre todo por atletas europeos. El atletismo africano estaba representado de forma intermitente por Túnez y Marruecos. En 1981 irrumpieron los atletas de Etiopía y de Kenia. Los primeros fueron protagonistas de esta edición por confundirse en el número de vueltas, pese a lo que se llevaron la plata individual y el oro por equipos, oro que repetirían en las siguientes 4 ediciones. El primer keniano en 1981 ocupó un discreto puesto 26. En 1986 un atleta de este país se hizo por primera vez con el primero de los 16 oros masculinos de esta nación africana. También en 1986 Kenia ganó por primera vez la competición por países. En los años siguientes lo haría otras 15 veces consecutivas, de un total de 22. De hecho desde 1981, el entorchado por países se lo han repartido Kenia y Etiopía.

En 1998, la IAAF tratando de atraer mediofondistas al campeonato del Mundo de Campo a Través, organizó por primera vez, a mayores, una competición de 4 Km, que perduró hasta 2006. Desde 2011 el campeonato ha pasado a anual a bianual. La tiranía africana ha hecho que muchos equipos no africanos hayan perdido interés por esta competición, que antaño tenía un enorme impacto en los medios deportivos.

En categoría masculina, aunque no fue nunca campeón mundial, uno de los primeros atletas sobresalientes fue el español Mariano Haro (1940). El de Becerril del Campo, que ya había sido segundo en la última edición del Cross de las Naciones, fue subcampeón del mundo en 1973, 1974 y 1975, superado respectivamente por el finlandés Pekka Päivärinta (1949), por 1 décima, por el belga Eric de Beck (1951), por 0,8, y por el escocés Ian Stewart (1949), por 1 segundo.

El primer atleta en repetir triunfo fue el irlandés John Treacy (1957) en 1978 y 1979. Treacy compitió con resultados irregulares en los 10 000 m. Le fue mejor en el maratón, distancia en la que fue subcampeón olímpico en 1984.

Al irlandés le sucedió el estadounidense Craig Virgin (1955), campeón en 1980 y 1981, en esta última ocasión favorecido por el error etíope en el recuento de vueltas. La carrera atletica de Virgin fuera del campo a través fue menos exitosa, pese a una gran marca en 10 000 m de 27:29,16.

El etíope Mohamed Kedir (1954), bronce olímpico en 10 000 m en 1980, fue el primer africano en ganar el Mundial de Campo a Través, en 1982, tras ser segundo, pese a su equivocación, el año anterior. Le sucedió al año siguiente su compatriota Bekele Debele (1963), vencedor con el mismo tiempo que el portugués Carlos Lopes (1947). Lopes cortó al año siguiente esta minirracha etíope. El portugués, probablemente el mejor corredor europeo de campo a través de siempre, ya había sido oro en 1976 y se había hecho con su primera plata en 1977. En dos impecables alardes tácticos, se convirtió en el primer tricampeón al imponerse en 1984 y en 1985. Su segundo oro se acompañó en verano de la victoria olímpica en el maratón. Ya había sido subcampeón olímpico de 10 000 m en 1976.

El primer medallista keniano fue Some Muge (1959 – 1997), bronce en 1983. En 1985, Paul Kipkoech (1963-1995), que en 1988 igualaría a Mariano Haro al conseguir su tercer subcampeonato, subió un peldaño más en el podio. El primer oro keniano llegaría de la mano de un desconocido llamado John Ngugi (1962), en 1986, en la localidad suiza de Neuchâtel. Era su primera participación en un Mundial. No obstante, había ganado el potente y elitista campeonato keniano. En la pista acreditaba 3:37,04 en 1500 m y 13:18,99 en 5000 m. Nadie le prestó mucha atención cuando salió del grupo a los 3 Km de carrera y comenzó a irse en solitario. Pese a la pérdida de su enorme ventaja y a la presencia del etíope Abebe Mekonnen (1964), Ngugi conseguía en Suiza el primero de sus cinco títulos mundiales de campo a través. El dominio de Kenia se hizo tan apabullante que en 1988 colocaron a 8 atletas, entre los 9 primeros. Mekonnen impidió el pleno con su 5º puesto. Ngugi ganó de 1986 a 1989 y en 1992, entre la nieve de Boston. En 1988 se hizo con el oro olímpico en 5000 m, con su mejor marca de 13:11,70, corriendo a lo Ngugi. En 10 000 m acreditó 27:11,62 en 1991.

En 1990 y 1991, la victoria fue para el marroquí Khalid Skah (1957), protagonista en 1992 de un oro muy polémico en la final olímpica de 10 000 m, en la que su compatriota doblado Hammou Boutayev (1956) pudo haber realizado alguna maniobra ilegal en favor de Skah. Acreditado en 13:00,54 y 27:14,53, fue bronce en 10 000 m en el Mundial de 1991 y plata en el de 1995.

El sucesor de Ngugi en lo más alto del podio del Mundial de Campo a Través fue su compatriota William Sigei (1969), que ganó en 1993 y 1994. Ese año superó, con 26:52,23, la plusmarca mundial de 10 000 m. La racha keniana continuó con uno de los grandes fondistas de siempre, Paul Tergat (1969). Tergat tuvo un excelente rendimiento en el campo a través, en la pista y en la carretera. En la primera modalidad fue el primer atleta en ganar de forma consecutiva, de 1995 a 1999, 5 campeonatos del mundo. En la pista, su gran rival Haile Gebrselassie (1974), le impidió alcanzar el oro olímpico. Fue plata en 10 000 m en los Juegos de 1996 y 2000, además de plata en la misma distancia en los Mundiales de 1997 y 1999, y bronce en 1995. En 1997 superó la plusmarca mundial de la distancia con 26:27,85. En la carretera fue dos veces campeón del mundo de medio maratón, plusmarquista mundial en esta modalidad con 59:17 y en maratón con 2h04:55.

En 2000 y 2001, un belga, aunque nacido y formado como atleta en Marruecos, Mohammed Mourit (1970) se coronó campeón del Mundo de campo a través. Mourit, que había sido bronce en 5000 m en em Mundial de Sevilla, perdió, sin embargo todo su crédito cuando dio positivo por EPO en 2002.

Como se había señalado, en 1998 comenzó a disputarse la llamada carrera corta, 4 Km, en el Mundial de Campo a Través, con otro título mundial en juego. El keniano John Kibowen (1969) fue el primer campeón y el primero, al ganar también en 2000, en repetir título. En 2001, un etíope junior, que sido oro en la carrera de su categoría, probó en la carrera corta y obtuvo la segunda posición. Kenenisa Bekele (1982) acabaría siendo uno de los mejores corredores de fondo de la historia y, sin duda, el mejor corredor de campo a través de siempre. Bekele ganó la carrera corta en los 5 años siguientes, desde 2002 hasta 2006, último año en que se disputó, y la carrera larga en 6 ocasiones, de 2002 a 2006 y en 2008, totalizando 11 títulos. En la pista sigue siendo el plusmarquista mundial de 5 y 10 Km, con 12:37,35 y 26:17,53. Fue oro en la distancia más larga en los Juegos de 2004 y plata en la más corta. Cuatro años más tarde consiguió el doblete olímpico en ambas pruebas. En el Mundial al aire libre fue oro en 10 000 m en 2002, 2005, 2007, 2009 y en 5000 m este último año, además de oro en 3000 m en el Mundial bajo techo en 2006. En maratón, distancia a la que llegó muy castigado físicamente, realizó 2h03:03 en 2016, segunda mejor marca de entonces.

Desde 2008, el único atleta masculino que ha repetido título es el keniano corredor de maratón Geoffrey Kipsang Kamworor (1992), ganador en las dos últimas ediciones de 2015 y 2017. Kamworor fue plata en el Mundial de 10 000 m en 2015 y ganador del maratón de Nueva York en 2017.

Tras la victoria de Carlos Lopes en 1985, los europeos han ido desapareciendo del Mundial de Campo a Través. Desde entonces, tan solo 4 atletas nacidos en Europa se han subido al podio, el francés Paul Arpin (1960), bronce en 1987, el británico, actual comentarista de Eurosport, Tim Hutchings (1958), plata en 1989, el portugués Paulo Guerra (1970), bronce en 1999, y el ucraniano Serhiy Lebed (1975), plata en 2001. En la última edición hay que irse hasta el puesto 43 para encontrar al primer europeo, el español, nacido en Marruecos, Adel Mechaal (1990). Hay un hilo de esperanza para el futuro en la carrera sub20 que se disputa hoy. El noruego Jakob Ingebritgsen (2000) tiene la oportunidad de convertirse en el primer no africano que se proclama campeón mundial de la categoría desde que el español Pere Casacuberta (1965) lo hiciera en 1984.

Se dice que el campo a través, que correr por el campo y por el monte, es el atletismo más natural. Hace mucho, entonces, que Europa ha renunciado a ser natural.

Carlota Castrejana, un talento multideportivo

Hay deportistas dotados de un talento natural tal que les permite brillar en modalidades deportivas que poco tienen que ver. Ello unido a un muy buena capacidad de entrenamiento, puede dar como resultado ser olímpica en dos deportes diferentes. Esto es lo que le sucedió a Carlota Castrejana, olímpica en baloncesto en 1992, y en atletismo, en la modalidad de triple salto, en 2000, 2004 y 2008. Es la única deportista española, hombre o mujer, que ha conseguido este hito.

María Carlota Castrejana Fernández nació en Logroño el 25 de abril de 1973. Su gran estatura y sus excelentes condiciones físicas la llevaron al baloncesto, con 14 años. Su carrera en este deporte solo duró 5 años, suficientes para una importante serie de éxitos. Formó parte de los equipos españoles junior, que ganó la medalla de plata en el Europeo de 1990, y absoluto, que se hizo con el oro en los Juegos del Mediterráneo de 1991. Con 1,89 m de estatura y jugando de ala pivot, en 1992, a los 19 años, se convierte por primera vez en olímpica, en baloncesto. En los Juegos de Barcelona, el equipo nacional español de baloncesto femenino disputaba por primera vez unos Juegos. El resultado fue un magnífico 5º puesto.

El futuro de la joven Carlota en el deporte de la canasta era espléndido, pero su búsqueda de nuevos retos la llevó a cambiar al atletismo, en concreto al salto de altura.  Los oficios del entrenador Bernardino Lombao tuvieron que ver en este cambio. El entorno de la deportista estaba sorprendido y no comprendía este cambio. A las órdenes de Paco López, los resultados no se hicieron esperar. Con menos de un año de entrenamiento conseguía saltar, en 1993, 1,77 m. En 1994 se hizo con el campeonato de España sub21 y llevó su marca a 1,81 m. En 1995 realizó 1,89 m en pista cubierta, plusmarca española en la modalidad y absoluta (si bien entonces no se contabilizaba con tal), registro que igualó al año siguiente al aire libre. Su marca en sala le sirvió para acudir al Campeonato del Mundo bajo techo, que ese año 1995 se celebró en Barcelona. Previamente había conseguido su primer oro absoluto, en sala, que repitió en 1997. En el año olímpico de 1996 fue campeona absoluta al aire libre. Con una plusmarca personal de 1,89 m, se quedó a 2 cm de la mínima olímpica A, aunque sí tenía al mínima B. La Federación, no obstante, decidió no llevarla a los Juegos de Atlanta, lo que le produjo no poca frustración.

Castrejana continuó en el salto de altura en la temporada de 1997 pero, fiel a su personalidad, decidió, otra vez, dar un giro a su carrera, aunque dentro del mismo deporte. A partir de 1998 se dedicaría al triple salto, que simultaneó con el salto de longitud la primera temporada. Con 25 años, volvía a reinventarse a sí misma, con nuevo entrenador, Juan Carlos Álvarez. Ese año de 1998 saltó 6,47 m en longitud, su mejor marca de siempre, y 13,61i m en triple salto. En 1999, ya centrada en la prueba más larga, superó con 14,05 m la barrera de los 14 m. En 2000, un salto de 14,10 m le permitió acudir a los Juegos Olímpicos de Sídney y convertirse en la primera olímpica, mujer u hombre, española en hacerlo en dos deportes diferentes. Repetiría participación olímpica en 2004 y 2008 en la modalidad de triple salto. También participó en los Mundiales al aire libre de 2003, 2005 y 2007 y en los Europeos al aire libre de 2002 y 2006. Ocupó la 11ª posición en el Mundial de 2005 en los dos Europeos.

Los mayores éxitos le llegaron en la pista cubierta. Fue 6ª en el Mundial de 2003, bronce en el Europeo de 2005 y campeona de Europa en 2007, con 14,64 m, plusmarca española absoluta. En este su mejor campeonato de siempre, Castrejana no parecía, sin embargo a priori, candidata a la medalla. Acreditaba entonces 14,60 m al aire libre, cuando fue plata en los Juegos del Mediterráneo de 2005, y 14,45 m en pista cubierta, marca con la que había sido bronce en en Europeo de Madrid en 2005. Sin embargo, llegó al Europeo de Birmingham con 13,95 m, que ni siquiera eran la mejor marca  del año. Se disputó la fase de clasificación para dejar 8 atletas en la final. La riojana fue la 5ª mejor con 14,00 m en su tercer salto. Los dos anteriores no le habrían dado la clasificación. En la final, sin embargo, comenzó muy fuerte y se situó la primera en la primera ronda con 14,36 m. Perdió momentáneamente el liderato de la prueba cuando la francesa Teresa Nzola Meso Ba (1983) hizo plusmarca nacional con 14,49 m en la tercera ronda, pero retomó la cabeza en la misma ronda con un salto de 14,64 m, plusmarca española absoluta. Nadie se le pudo acercar. Hizo un 4º y un 5º salto de 14,41 y 14,28 m y terminó con un nulo.

A dos meses de cumplir 34 años, Castrejana hacía el mejor campeonato de su vida. Se retiró al año siguiente después de los Juegos de Pekín. En las competiciones nacionales consiguió 17 títulos consecutivos de campeona de España, 9 al aire libre (2000-2008) y 8 en pista cubierta (2000-2007). En los últimos años de su carrera deportiva compatibilizó el atletismo con la actividad profesional como abogada especializada en Derecho del Deporte. Castrejana declaró en alguna ocasión el agradecimiento a sus padres por haberla apoyado en el deporte, siempre que no abandonase su formación universitaria. Tras retirarse del atletismo jugó la temporada 2010-2011 en el equipo de baloncesto Asefa Estudiantes de Madrid. Como abogada formó parte del bufete Gómez Acebo. Fue directora de Deportes de la Comunidad de Madrid y en la actualidad es la Secretaria General de la RFEA, donde ya había sido por un corto tiempo Vicepresidente.

El talento es innato, pero el uso que se haga de ese talento depende de cada uno. Sin duda Carlota Castrejana ha sabido muy bien sacar el máximo partido a sus condiciones, no solo a las físicas. Una mujer admirable.

Los españoles campeones de Europa de 800 m en pista cubierta

La carrera de 800 metros en pista cubierta representa uno de los mejores caladeros de medallas para el atletismo español. Con el último oro del salmantino Álvaro de Arriba (1994), un total de 6 veces se han subido atletas españoles a lo más alto del podio. Además. España ha conseguido 9 platas y 6 bronces, un total de 21 medallas.

El primer campeón español fue el granadino Antonio Páez (1956). Tras ser 6º en 1977 en San Sebastián, en 1979, en Viena se hizo con el oro, con 1:47,4. Fue la única medalla para España en ese Europeo y la primera vez que un atleta español se subía a lo más alto del podio en un campeonato continental en sala. Hasta entonces, tan solo se habían ganado tres medallas, Juan Borraz (1946) plata en 800 m y Javier Álvarez Salgado (1943) y Rafael Blanquer (1945) bronce en 3000 m y salto de longitud respectivamente, los tres en el primer campeonato de Europa, celebrado también en Viena, en 1970. El granadino se convirtió en una celebridad. Incluso formó parte del jurado del festival de Eurovisión ese mismo año. Posteriormente, consiguió el bronce en la misma prueba en 1981 y repitió el oro en 1982, en Milán, con otro español, el leonés Colomán Trabado (1958) en tercera posición. Este fue el último éxito de Páez. Al aire libre fue olímpico en 1980, año en que se convirtió en plusmarquista nacional con 1:45,69. Fue dos veces campeón de España en sala y una al aire libre. En la última parte de su carrera deportiva era habitual verlo hacer el papel de liebre en las reuniones nacionales. Se retiró en 1990.

Tras su bronce en 1982, Colomán Trabado sucedió a Páez en 1983 como campeón de Europa en sala de 800 m. Entonces los campeonatos eran anuales. Se hizo con el oro en una excelente carrera, con 1:46,91, en la que superó al joven británico Peter Elliot (1962). En 1985 ganó el 800 m de los Juegos Mundiales en pista cubierta, competición antecesora del Campeonato Mundial. Al año siguiente, en Madrid, fue subcampeón continental en sala en 800 m. Al aire libre fue plusmarquista español con 1:45,15. Tomó parte en los Juegos Olímpicos de 1980 y 1984. Mostró una tremenda superioridad en las competiciones nacionales con 10 campeonatos de España al aire libre (9 en 800 y 1 en 1500) y 7 en 800 m en pista cubierta.

El siguiente campeón fue el madrileño Luis Javier González (1969) en 1992, en Génova. Anteriormente, en 1990, Tomás de Teresa (1968) había conseguido la medalla de plata. A partir de 1990 la periodicidad de los campeonatos fue bianual. Luisja protagonizó en Génova un gran duelo con el asturiano José Arconada (1994), que se resolvió a su favor con doblete español. En 1994, en París, el madrileño volvió al podio como subcampeón. Al aire libre, fue olímpico en 1992 y plusmarquista español con 1:44,84. Ganó 4 campeonatos de España al aire libre y 2 en pista cubierta.

 

En la siguiente edición, en 1996, en Estocolmo, hubo un nuevo campeón español, el manchego Roberto Parra (1976). Estuvo siempre atento, en una carrera lanzada por el coruñés Andrés Díaz (1969), hasta su victoria en la última recta. Parra, un atleta con un enorme talento y un correr elegantísimo, se había hecho con la victoria en el Europeo Junior (sub20) el año anterior, con unos excelentes 1:45,90. En la temporada al aire libre de 1996 realizó su mejor marca de siempre, 1:44,97, cuando se impuso en la Superliga Europea. Un calvario de lesiones cortaron su progresión y le impidieron acudir a los Juegos Olímpicos de 1996, aunque pudo hacerlo 4 años más tarde. Sorprendió en 2003 con unos magníficos 3:34,66 en pista cubierta en 1500 m. No obstante, los problemas físicos no dejaron de acompañarlo y lo forzaron a retirarse en 2005. Fue 5 veces campeón de España en pista cubierta y 2 al aire libre.

Tuvieron que pasar 23 años hasta volver a ver un corredor de 800 m español en lo más alto en un Europeo en sala. Durante ese tiempo, de buenos ochocentistas, sí hubo varias medallas. Antonio Reina (1981) fue bronce en 2002 y plata en 2005, Kevin López (1990) también ganó un bronce, en 2011, y una plata, en 2013. Miguel Quesada (1979) y Luis Alberto Marco (1986) fueron plata en 2007 y 2009 respectivamente, y Juan de Dios Jurado (81) y el propio Álvaro de Arriba bronce en 2005 y 2017.

Álvaro de Arriba mostró en Glasgow una enorme superioridad, que lo llevó a la victoria con una gran autoridad. Hizo una carrera impecable tácticamente. Acreditado en 1:44,99 al aire libre, es un buen competidor. Además del bronce en el mismo campeonato hace 2 años, fue 5º en el Mundial en sala en 2017. Al aire libre consiguió sendos 7º puestos en 2016 y 2018 en los campeonatos de Europa.

Las perspectivas del 800 español al aire libre son buenas, con de Arriba, con el plusmarquista nacional Saúl Ordóñez (1994), 1:43,65, con Daniel Andújar (1994), 1:45,17, y con el soprendente Mariano García (1997), 4º en Glasgow. El reto es superar el 8º puesto de Tomás de Teresa en el Mundial de 1991, la única presencia de un español en una final de un campeonato de ámbito mundial.

Samuel Tefera supera a El Guerrouj después de 22 años

El 31 de agosto del año pasado, con la temporada de pista al aire libre a punto de terminar, tres jóvenes etíopes soprendieron en el 5000 de la reunión Ivo van Damme de Bruselas con registros que se convirtieron en los tres mejores del año. Selemon Barega (2000), Hagos Gebrhiwet (1994) y Yomif Kejelcha (1997) mejoraron sus marcas personales hasta 12:43,02, 12:45,82 y 12:46,79, convirtiéndose de un plumazo en el 4º, 5º y 6º atletas de siempre en la prueba. Ese mismo año, los tres se habían enfrentado en la prueba de 3000 m del campeonato del mundo, al que Kejelcha acudía como invitado por haber sido oro en la anterior edición. En una lentísima carrera, Kejelcha renovó su título, con 8:14,41, Barega fue 2º con 8:15,59 y Gebrhiwet 4º con 8:15,76.

Al aire libre, Yomif Kejelcha ya había sido campeón del mundo sub18 de 3000 m en 2013 y sub20 de 5000 m en 2014. En 2015 ocupó la 4ª posición en los 5000 m del Mundial de Pekín, puesto que repitió 2 años después en Londres. En 2015 acreditó 12:53,98. No volvió a bajar de 13 hasta la carrera de Bruselas. En 1500 m acredita 3:32,59. Desde finales de 2017 entrena en Oregon, con Alberto Salazar (1958). Estas excelentes credenciales no hacían presagiar, sin embargo, lo sucedido el pasado 9 de febrero en los Millore Games de Nueva York, donde corrió en la milla en 3:48,46, a 0,01 de la plusmarca mundial del marroquí Hicham El Guerrouj (1974), el año en que nació Kejelcha. Daniel Ceán Bermúdez tiene una magnífica entrada en su blog sobre esta carrera.

La plusmarca mundial bajo techo de 1500 m, también en poder del marroquí, parecía posible. El ya lejano 2 de febrero de 1997, en Stuttgat, un cerrado duelo entre El Guerrouj y el etíope todoterreno Haile Gebrselassie (1974) acabó con unos entonces estratosféricos 3:31,18, mientras Gebre se iba a 3:31,76. Ayer, en Birmingham, todo estaba preparado para que el marroquí perdiese, a manos de Yomif Kejelcha, la primera de la cinco plusmarcas mundiales de medio fondo que posee. El neerlandés Bram Som (1980), acreditado en su momento en 1:43,45, sería el encargado de marcar el ritmo hasta el primer kilómetro. Los pases fueron excelentes con 55,69, 1:52,70 y 2:21,27, momento en que el etíope se quedó en cabeza. Kejelcha cruzó los 1200 m en 2:49,28. La plusmarca mundial era posible, pero había algo que no estaba en el guion. El etíope no era capaz de despegar a su compatriota Samuel Tefera (1999). A pesar de su juventud, Tefera no era ningún desconocido.  En 2017 ya corría al aire libre en 3:33,78, marca que mejoró al año siguiente a 3:31,63, además de 3:51,26 en la milla. Es, como Kejelcha, campeón mundial en sala, de 1500 m, oro que también alcanzó en una lentísima carrera ganada con 3:58,19. Tefera se mantuvo pisando los talones a Kejelcha hasta que lo sobrepasó a falta de 150 m. Finalmente hubo plusmarca mundial, pero con protagonista inesperado, Samuel Tefera, que paró el crono en 3:31,04, por 3:31,58 de Kejelcha.

 

Por primera vez en más de dos décadas, un atleta superaba una de las cinco plusmarcas de El Guerrouj. Además de las dos que poseía en sala, el marroquí sigue ostentando al aire los topes universales de los 1500 m (3:26,00, Roma 14 07 1998), la milla (3:43,13, Roma 07 07 1999) y los 2000 m (4:44,79, Berín 07 09 1999). ¿Podrían estar en peligro? Habrá que estar atentos a la progresión de estos dos atletas etíopes. Y también al noruego Jakob Ingebrgitsen (2000) que este año ya ha corrido en sala en 3:36,21 (al aire libre tiene 3:31,18) y que el año pasado en el Mundial sub20 derrotó tanto a Tefera en los 1500 m como a Barega en los 5000. ¿Estamos ante el inicio de una nueva edad de oro del medio fondo?

 

 

Alberto “Lobito” Ruiz, el señor de las alturas en los 80

El salto con pértiga en España dio un enorme salto cualitativo con el bilbaíno Ignacio Sola (1944). Sola llevó la plusmarca española de salto con pértiga de 4,25 a 5,20 m, en 5 años. Con esta última altura fue 9º en la final olímpica de los Juegos de México de 1968, después de igualar su anterior mejor marca de 5,10 y superarla en dos ocasiones, 5,15 y los mencionados 5,20. Con su salto de 5,10 fue por unos minutos plusmarquista olímpico de la prueba. Sola mantuvo el tope nacional durante casi 10 años, hasta 1978, año en que el barcelonés Roger Oriol (1957) saltó 5,22 m. Oriol superó la plusmarca española 7 veces más, hasta 5,40 m en 1981. Se mantuvo en competición hasta mediados de los 80, si bien pronto se vio ensombrecido por su compañero de entrenamiento Alberto Ruiz.

Alberto Lobito Ruiz Benito nació en Barcelona el 22 de diciembre de 1961, de padre granadino y madre soriana. Se crio en el Nou Barris. En el Instituto de la Verneda, donde estudiaba, se encontró con un profesor de Educación Física que le cambió la vida. Se trataba de Hans Ruf (1940). Hans Ruf, de madre española y padre alemán, había nacido en Schweinfurt (Baviera), pero vivió en Barcelona desde muy joven. Ruf había practicado salto de pértiga, prueba en la que llegó a ser dos veces subcampeón de España, en 1958 y 1959. Posteriormente se hizo entrenador de atletismo y acabó creando una gran escuela de salto con pértiga, si bien también entrenaba velocistas y otros saltadores. El caso es que Ruf consiguió inculcar al joven Alberto la atracción por el salto más complicado. Y los resultados no se hicieron esperar. En 1977, con 15 años, saltó 4,02 m. Tan solo 3 años después ya superaba 5,11 m y en 1981 igualaba a Sola con 5,20 m. Al año siguiente, con 5,30 m se situaba a solo 10 cm de la plusmarca española de Oriol.

A mediados de los 80 el atletismo se había hecho muy popular en España. Es probable que inicialmente tuviese algo que ver la moda del pedestrismo de primera ola, importado de Estados Unidos, entonces no se llamaba running, sino footing o jogging, pero hubo otros factores mucho más importantes. Uno de ellos fue, la rivalidad entre José Luis González (1957) y José Manuel Abascal (1958), incorporados en la élite mundial del medio fondo. Por otro lado, la empresa Unipublic, organizadora de competiciones deportivas, bien asentada en el ciclismo, decidió, de la mano del antiguo directivo del atletismo, José María Fernández Matinot (1940-2013), apostar por este deporte. Se organizaron en España reuniones en muchas ciudades, algunas de altísimo nivel, como la de Vallehermoso de 1987, cuando Edwin Moses (1955) vio terminada una racha victoriosa de más de 9 años. La televisión, entonces inmersa en una guerra con el fútbol y con mucho espacio que cubrir, secundó la apuesta de Unipublic y se volcó en el atletismo, de modo que las retransmisiones atléticas acabaron siendo ubicuas.

En este escenario favorable, la irrupción de Alberto Ruiz como plusmarquista español tuvo una repercusión inédita hasta entonces. Resultaba muy atractivo para el aficionado ver reuniones atléticas celebradas en España que acababan con alguna plusmarca nacional. Alberto Ruiz se estrenó el 13 de julio de 1983 en el efímero trofeo MAM, en Madrid, con un salto de 5,41 m. Nueve días después, en un campeonato de España plagado de ausencias en Anoeta se iba a 5,45 m.

En 1984 consiguió tres nuevos topes españoles. El 29 de mayo, en el Trofeo Villa de Madrid, subió a 5,46 m. El 24 de junio en el Estadio Joan Serrahima, en el campeonato provincial de Barcelona, saltó 5,51 m y 6 días después, en el Campeonato de España, en el mismo escenario añadió a su marca 4 cm, hasta 5,55 m.

Volvió a la carga el 30 de junio de 1985, al saltar en Manresa 5,60 m, registro al que añadió 1 cm en el mismo lugar el 3 de julio del año siguiente.

Esos 5,61 m acabaron siendo la mejor marca de Alberto Ruiz de siempre, pero siguió manteniéndose en muy buena forma, hasta su retirada en 1996. En 1991, 1992 y 1993 aún fue capaz de saltar 5,60 m. Mantuvo su plusmarca española, que mejoró un total de 21 cm, hasta 1989, en que Javier García Chico (1966), otro producto de la factoría Ruf, subió a 5,65 m. La carrera de García Chico alcanzó su cénit con el bronce olímpico en 1992, en Barcelona, con su mejor marca de 5,75 m. En esa misma competición, Alberto Ruiz ocupó la 10ª posición, si bien 8 años antes, en los Juegos de Los Ángeles, ya había sido 9º, igualando a Sola.

 

Fue, además, 6º en los Juegos Mundiales en Sala de 1985, 6º en el Europeo en sala en 1985 y 7º en el Campeonato del Mundo en sala en 1989. En cuanto a competiciones nacionales fue 7 veces campeón de España al aire libre y 5 en sala. Llegó a correr los 100 m en 10,57 (1985) y los 200 en 20,9 (1985).

Diplomado en Estudios Sociales y entrenador nacional de atletismo, Alberto Ruiz ha sido tutor de residencia del Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat del Vallés, donde también es entrenador. Desde 2001 es el jefe de prensa de la Federación Catalana de Atletismo. Alberto es, además, un gran aficionado a la historia del atletismo. Con su mejor marca de 5,61 m habría encabezado la lista española del año en 15 de los últimos 18 años.

Ron Clarke, un corredor de fondo superlativo

Aunque cada uno tiene sus preferencias, es muy probable que si preguntásemos por los 6 mejores corredores de fondo de siempre, en la mayoría de las listas estaría el australiano Ron Clarke (1937 – 2015). La carrera en el atletismo de élite de Clarke se extendió 6 años. Oficialmente superó 17 plusmarcas mundiales, algunas de ellas absolutamente superlativas. No tuvo, sin embargo, el mismo éxito en la alta competición. Por diversas circunstancias no pudo subirse a lo más alto del podio ni en los Juegos Olímpicos ni en los Juegos de la Commonwealth.

Ronald William Clarke nació el 21 de febrero de 1937 en Melbourne en el seno de una familia de deportistas. Su padre Tom (1906 – 1981) había jugado al fútbol australiano en la Victorian Footbal League (VFL), como también lo haría su hermano Jack (1933 – 2001). Aunque Ron también probó este deporte, acabó decidiéndose por el atletismo. Con 18 años corría la milla en 4:19,4. En 12 meses progresó notablemente y en el año olímpico de 1956 se fue a unos excelentes 4:06,8, plusmarca mundial junior (sub20). Estuvo a punto de clasificarse para el 1500 m de los Juegos, que se celebraban en su ciudad, pero finalmente hubo de consolarse, que no está mal, con hacer el último relevo de la antorcha y encender el pebetero durante la inauguración olímpica. En la milla del campeonato nacional australiano de ese año, el entonces plusmarquista mundial de la distancia, John Landy (1930), se paró a ayudar al joven Ron, que se había caído. Esto no le impidió ganar la carrera de todos modos.

Pese a estos primeros éxitos, Clarke decidió no continuar entrenando. Abandonó el atletismo durante 4 años, hasta 1960. Durante ese tiempo estudió contabilidad en la Universidad, se casó, tuvo dos hijos y comenzó a trabajar como contable. Retomó el atletismo cuando su trabajo le permitió tener tiempo para entrenar. Era el año 1961, en el que corrió un maratón en 2h53:09. En pista consiguió 14:23,2 y 30:36,0 en 5 y 10 Km en pista. Unos meses después marcó 13:42,0 en las 3 millas (4828 m). Al año siguiente, 1962, se ganó la clasificación para los Juegos del Imperio Británico (hoy Juegos de la Commonwealth), que se celebraban en Perth a finales de noviembre, tanto en las 3 como en las 6 millas (las distancias métricas no se disputarían hasta 1970). No se veía con posibilidades de subirse al podio. Abandonó en la distancia más larga, pero en las 3 millas fue plata con mejor marca personal de 13:35,92, a 1,77 del neozelandés Murray Halberg (1933), campeón olímpico de 5000 m en 1960. Ese mismo año, Clarke había mejorado sus marcas en la milla, 4:03,4 y de las 2 millas a 8:44,4.

En 1963 saltó definitivamente a la élite mundial. Comenzó ganando el campeonato australiano de campo a través. Poco después mejoró en maratón hasta 2h24:38. En diciembre de ese año superó la plusmarca nacional de 5000 m con 13:51,6 en Melbourne. Tres días más tarde, sin moverse de ciudad, salió en un 10 000 dispuesto a realizar la plusmarca mundial de la 6 millas (9656 m), que poseía con 27:43,8 el húngaro Sándor Iharos (1930 – 1996). El tope mundial de 10 000 m del ruso, entonces soviético, Piotr Bolotnikov (1930 – 2013), 28:18,2, no lo consideraba posible, pues su mejor marca era 29:10,4. Clarke pasó muy rápidas las primeras 3 millas, 13:32. Aunque aflojó el paso pudo conseguir su objetivo, al registrar 27:17,8 en las 6 millas y, pese a pararse al terminar esta distancia, superó también a Bolotnikov con 28:15,5 (28:15,6).

En menos de un año se celebrarían los Juegos Olímpicos en Tokio y Clarke se había convertido en uno de los favoritos para el oro en la prueba más larga en pista. Sin embargo, aunque era el plusmarquista mundial, su experiencia competitiva fuera de Australia era casi nula. Los Juegos tendrían lugar en octubre de 1964. Ese año Clarke compitió en Estados Unidos en sala y en Europa al aire libre. El 23 de junio, en Zúrich, mejoró hasta 13:39,0 su plusmarca personal en 5000 m. La plusmarca mundial estaba en posesión del ucraniano, entonces soviético, Vladimir Kuts (1927 – 1975) con 13:35,0. Con 27 años el australiano disputaba sus primeros Juegos Olímpicos y lo haría en las tres distancias de fondo 5000, 10 000 m y maratón.

El resultado no fue, sin embargo, todo lo bueno como se esperaba. La final directa de 10 000 m, con 38 corredores, tuvo lugar el 14 de octubre. El gran favorito era Clarke. También se consideraba con posibilidades a Bolotnikov y Halberg. Imponiendo un ritmo rápido (se pasó la mitad de la prueba en 14:04,6), Clarke fue descolgando a todos los favoritos y se encontró en la última vuelta acompañado de dos corredores que, a priori, no parecían tener opciones, el tunecino Mohamed Gammoudi (1938) y el marino estadounidense de origen sioux Billy Mills (1938). En una complicadísima última vuelta, con muchos corredores doblados y en la que el australiano y el tunecino rozaron la descalificación, saltó, finalmente, la sorpresa con la victoria Mills en unos excelentes 28:24,4. Gammoudi se hizo con la plata, con una nueva plusmarca africana de 28:24,8. Clarke fue tercero, 28:25,8.

La carrera de Clarke no había sido mala en absoluto. Corrió en 10 segundos más de su plusmarca mundial, pero se vio sorprendido por dos corredores que previamente no habían bajado de 29:00,0 y que en Tokio dieron lo mejor de sí. Las cosas le fueron peor en los 5000 m. El 16 de octubre se impuso fácilmente en su serie de 5000 m con 13:48,4. Dos días después lideró la final hasta que se quedó sin fuerzas a falta de 500 m y acabó ocupando el 9º puesto. El 21 de octubre salió en el maratón, donde repitió el 9º puesto, con mejor marca personal de 2h20:26,8.

Tras los Juegos Olímpicos, Clarke marcó un hito en el atletismo al superar 11 plusmarcas mundiales (más una no homologada), en 17 carreras durante 11 meses. El 3 de diciembre de 1964 corrió las 3 millas en 13:07,5. El 16 de enero de 1965 mejoró el tope universal de Kuts en 5000 m con 13:34,7 (13:34,8). El 1 de febrero se fue hasta 13:33,6. El 3 de marzo realizó 47:12,7 (47:12,8) en las 10 millas. El 4 de junio restó 9 segundos a su marca de 5000 m, 13:25,7 (13:25,8), con 13:00,4 al paso de las 3 millas. El 16 de junio realizó 28:14,0 en 10 000 m, registro que no se homologó como plusmarca mundial por problemas burocráticos. El 10 de julio superó la barrera de los 13:00,0 en las 3 millas, con 12:52,4.

Cuatro días después, el 14 de julio, tuvo lugar una de los grandes logros del atletismo de siempre. En Oslo en una pista de ceniza y con solo dos corredores más, el australiano se convirtió en el primer atleta en correr los 10 Km por debajo de 28:00,0 y lo hizo por más de 20 segundos y en solitario. Sus pases fueron 2:41,5, 5:25,0, 8:11,0, 13:45,0 y 2:40,4 el último kilómetro para terminar en unos estratosféricos 27:39,89 (homologados en 27:39,4). Su tiempo de 26:47,0 por las  millas también superaba su anterior plusmarca mundial. Su pase por la mitad de la carrera mejoraba la plusmarca del estadio de 5000 m. El 18º atleta de ese año acreditó ese registro. Cuando se le dijo que con ese tiempo habría doblado al gran Emil Zátopek (1922 – 2000), contestó, inteligentemente, que algún día alguien también lo doblaría a él, como finalmente sucedió.

Aún tuvo tiempo para dos nuevas plusmarcas mundiales, cuando el 27 de octubre hizo los 20 000 m en pista en 59:22,7 (59:22,8) y continuó hasta la hora recorriendo 20 232 m. Durante esos 11 meses mágicos, Clarke tomó parte en otras 5 carreras. Resultó derrotado en tres ocasiones, ante el francés Michel Jazy (1936) en las 2 millas, ante Jazy y el keniano Kip Keino (1940) en un 5000 y ante Keino en otro 5000, muy rápido (13:26,5), y victorioso en un 5000 contra Keino (13:26,3) y en un 3000 de 7:54,6.

Tras su extraordinaria temporada del año anterior, el objetivo del australiano eran los Juegos del Imperio Británico, que tendrían lugar en Kingston en agosto. Poco antes, el 5 de julio en Estocolmo, Clarke recuperaba la plusmarca mundial de 5000 m, que tenía Keino en 13:24,2 desde el 30 de noviembre. Clarke registró unos sorprendentes 13:16,6, con parciales de 2:40,4, 5:16,6 (2:36,2), 7:57,4 (2:40:8), 10:19,0 (2:41,6) y 2:37,6 en el último kilómetro. El pase por las tres millas fue de 12:50,4, también plusmarca mundial. El 12 de julio volvía a correr por debajo de 28′ en 10 000, 27:54,0. Era el favorito para hacerse con los oros en 5000 y 10 000 en los Juegos del Imperio. Sin embargo se encontró con dos kenianos que se lo impidieron. Perdió claramente las 6 millas ante Naftali Temu (1945 – 2003) por más de 15 segundos y las 3 millas con Keino por 1,8 s en la última vuelta. Su actuación en Kingston le hizo centrarse en la mejoría de la velocidad al año siguiente, en que evitó los 10 000 m, mejoró con 8:19,8 la plusmarca mundial de las 2 millas y lideró los 5000 m con 13:18,8.

Clarke estaba decidido a dar lo mejor de sí en los Juegos de México de 1968, si bien estaba muy preocupado por los 2240 m de altitud de la capital mexicana. Esa temporada se pasó 5 meses entrenando en altitud en Francia y Estados Unidos. Los resultados parecían satisfactorios. En Londres realizó tres carreras de gran calidad. El 24 de agosto mejoraba su plusmarca mundial de las dos millas con 8:19,4, el 29 de agosto corría los 10 000 m en 27:49,4, el segundo mejor registro de siempre, y el 3 de septiembre marcaba 13:27,8 en los 5000 m. En México, sin embargo, como le sucedió a la mayoría de los corredores no africanos, la altitud pudo con él. Se mantuvo en cabeza de los 10 000 m, hasta las últimas dos vueltas. Fue 6º a 17,4 del ganador Naftali Temu. Perdió el conocimiento al llegar a la meta y necesitó asistencia médica. Se recuperó para los 5000 m, prueba en la que ocupó la 5ª posición. Con 31 años, su oportunidad para ser campeón olímpico se había esfumado.

Decidió continuar hasta los Juegos de la Commowealth de 1970, que tuvieron lugar en Edinburgo. Ya fuera de su mejor momento fue 5º en 5000 y plata en 10 000 m, detrás del escocés Lachie Stewart (1943). Se retiró ese mismo año. Tras dejar el atletismo se dedicó, con éxito, a los negocios. En 1972 se le descubrió un problema valvular cardíaco que acabó en el quirófano 11 años después. Vivió durante 14 años en Europa, hasta que en 1995 se estableció definitivamente en Gold Coast, la segunda ciudad (640 000 habitantes) del estado de Queenland, de la que fue alcalde de 2004 a 2012. También se dedicó a escribir libros sobre temas deportivos. Murió el 17 de junio de 2015 de un fallo renal. Ese día el Parlamento de Australia le rindió un merecido tributo.

Ron Clarke fue uno de los corredores de fondo más grandes de la historia. Mejoró en más de 18 segundos la plusmarca mundial de 5000 m y en casi 40 la de 10 000 m. Su registro cronométrico no se corresponde, sin embargo, con su rendimiento en la alta competición. Hay varios factores que incidieron en su contra. Abandonó el atletismo de los 20 a los 23 años, una etapa muy importante en la maduración del atleta. Por otro lado su entrenamiento era autodidacta. El papel de un buen entrenador siempre es clave en la mejora del atleta. Su andadura en la alta competición había comenzado muy bien, con la inesperada plata en las 3 millas en los Juegos del Imperio de 1962. A Tokio probablemente acudió falto de experiencia internacional. Sus problemas de aceleración final tampoco ayudaron. En los Juegos del Imperio de 1966 sorprendió su derrota ante Temu, pero Keino ya le había ganado más de una vez. Finalmente, no es posible juzgar su actuación en México, pues definitivamente la altitud lo condicionó. Aunque tampoco lo habría tenido fácil ante Keino, Temu, Gammoudi y el etíope Mamo Wolde (1932 – 2002). La única medalla de oro de Clarke fue la que le regaló Zátopek. En el verano de 1966, Clarke aprovechó la gira europea para visitar al atleta checo, que fue un estupendo anfitrión. Tras dos días de visita, Zatu acompañó a Clarke al aeropuerto, antes de irse le dio un paquete y le dijo Cuida de esto. Te lo mereces. Ya en el avión, Clarke abrió lo que contenía la medalla de oro del 10 000 de los Juegos de Helsinki 1952, con el nombre del australiano inscrito.

Las 17 plusmarcas mundiales de Ron Clarke

6 millas 27:17,8 Melbourne 18 12 1963
10 000 m 28:15,5 Melbourne 18 12 1963
3 millas 13:07,5 Melbourne 03 12 1964
5000 m 13:34,7 Hobart 16 01 1965
5000 m 13:33,6 Auckland 01 02 1965
10 millas 47:12,7 Mentone (Victoria) 03 03 1965
3 millas 13:00,4 Los Ángeles 04 06 1965
5000 m 13:25,7 Los Ángeles 04 06 1965
10 000 m 28:14,0 Turku 16 06 1965 (no homologada)
3 millas 12:52,4 Londres 10 07 1965
6 millas 26:47,0 Oslo 14 07 1965
10 000 m 27:39,4 Oslo 14 07 1965
20 000 m 59:22,7 Geelong (Victoria) 27 10 1965
1 hora 20 232 m Geelong (Victoria) 27 10 1965
3 millas 12:50,4 Estocolmo 05 07 1966
5000 m 13:16,6 Estocolmo 05 07 1966
2 millas 8:19,8 Västeras 27 06 1967
2 millas 8:19,6 Londres 24 08 1968

Esta es la entrada número 100 de este blog, que comencé en julio de 2016. Van más de 33 700 visitas. Os agradezco a todos los que me leéis el interés. Espero llegar a 200.

¿Realmente valió alguna vez Sebastian Coe 3:28?

En la última entrada de su blog (lástima que no escriba más) Dosis de atletismo, el gerente de la SD Correcaminos y un gran experto en historia del atletismo, Juan Manuel Botella, escribe sobre la cena oficial de la organización que tuvo lugar el día anterior al Campeonato del Mundo de medio maratón de Valencia. En esta cena, Juan compartió mesa y mantel con Sebastian Coe (1956), dos veces campeón olímpico de 1500 m y actual presidente de la IAAF. Aunque el lord británico no estaba muy por la labor de hablar de su pasado atlético, Juan finalmente consiguió que rememorase sus años mágicos de atletismo, especialmente el año 1981. Dijo Coe que aquel año podría haber hecho 3:28, si la liebre no hubiese ido tan rápido.

Se refería Coe al único 1500 que corrió esa temporada, en la que se centró en los 800 m y en la milla. Su única incursión en el kilómetro y medio tuvo lugar el 7 de julio. El británico había conseguido el mes anterior una estratosférica plusmarca de 800 m, 1:41,73. El objetivo en Estocolmo eran los 3:31,36 que Steve Ovett (1955) tenía como plusmarca mundial, desde al año anterior. Para ello los organizadores contrataron comoe liebre a James Robinson (1954), ochocentista acreditado entonces en 1:44,70 y 5 veces campeón de Estados Unidos. Parecía el perfecto marcapasos, pero desde el inicio impuso un ritmo exageradamente rápido El estadounidense cruzó en 51,5 los primeros 400 m y 1:47,4 las dos vueltas, momento en que abandonó. Coe, pese a seguirlo a cierta distancia, hizo 52,43 y 1:49,18. Ya en solitario marcó 2:18,81 en el kilómetro y 2:48,32 en el 1200. Le bastaba 43,03 en los últimos 300 m, pero, desfondado, realizó 43,63. Falló en su objetivo, pese a hacer marca personal de 3:31,95.

Coe estaba en estado de gracia.  Cuatro días después en Oslo corría el kilómetro en otra sobresaliente plusmarca mundial de 2:12,18. La última parte de la temporada la dedicó a competir, a distancia, con Steve Ovett por la plusmarca mundial de la milla. El primer tope universal de Coe en esta distancia fue de 3:48,95 (homologada 3:49,0) en 1979. Al año siguiente, la IAAF consideró con los 3:48,8 de Ovett eran superiores al tiempo de Coe. El 19 de agosto, en Zúrich, Coe con 3:48,53 recuperaba la plusmarca mundial de la milla. Una semana después en Coblenza, Ovett se iba a 3:48,40. Tan solo dos días más tarde en Bruselas, Coe zanjaba la lucha con 3:47,33. El 4 de septiembre cerraba la temporada con victoria en los 800 m de la Copa del Mundo de Roma, justo delante de James Robinson.

La temporada de 1981 fue perfecta para Coe. De un total de 39 carreras disputadas, incluyendo 5 relevos, tan solo sufrió una derrota individual, en una carrera de 200 m de ámbito regional. Estuvo en plena forma 3 meses, junio, julio y agosto. Probablemente con un ritmo más razonable en el 1500 de Estocolmo habría superado la plusmarca mundial de 3:31,36 y, tal vez, habría roto la barrera de los 3:31,00 o, incluso, acercarse a 3:30,00, pero, ¿realmente valía 3:28? En un entorno hipercompetitivo y, sin duda, muy motivante por la rivalidad con Ovett, Coe realizó una entonces excepcional marca de 3:47,33, 1,07 menos que la reciente plusmarca de Ovett. Según las tablas de la IAAF, equivale a 3:30,64. En 1985, Steve Cram (1960) y Said Aouita (1959) mejoraron la marca de Coe con 3:46,32 y 3:46,92. Esa misma temporada sus marcas de 1500 m fueron respectivamente 3:29,67 y 3:29,46, en el caso del británico, prácticamente clavando las equivalencias de la IAAF (3:46,28 equivale a 3:29,66). Tendrían que pasar 7 años para que un atleta corriese en 3:28. Lo hizo el argelino Nourredine Morceli (1970) el 6 de septiembre de 1992, al marcar en Rieti 3:28,86, tiempo equivalente a 3:45,45 en la milla. El argelino realizó al año siguiente 3:44,39 en la distancia británica. No parece que Coe estuviese en condiciones de correr tan rápido en 1981.

Según sigue contando Juan Botella, otro argumento que da el actual presidente de la IAAF a favor de esos hipotéticos 3:28 es que consiguió su mejor marca personal de 1500 m, 3:29,77, en 1986, cuando ya no era su mejor versión. Sin embargo, que suceda esto no es infrecuente. En ocasiones, atletas de calidad excepcional son capaces de hacer una gran carrera, aunque ya no sean regulares en la competición. El propio Ovett hizo su mejor 1500, 3:30,77, en un año relativamente discreto, en el que no fue capaz siquiera de subirse al podio en el Mundial de 1983. También Steve Cram corrió en 1987 en 3:31,43 y en 3:30,95 en 1988, en el segundo caso mejor marca de ese año, y se quedó fuera de los puestos de honor en el Mundial de Roma y en los Juegos de Seúl.

Quizá el paso del tiempo y los tiempos posteriores de los 1500 m llevaron a Coe a sobrevalorar su propia capacidad en 1981, año en el que pensar en correr en 3:28 semejaba la velocidad de la luz.