México 68, los mejores Juegos de siempre

Cada vez que oigo decir en las ceremonias de clausura de los Juegos Olímpicos aquello de que han sido los mejores Juegos de la historia, no puedo evitar una sonrisa. Al margen de los aspectos organizativos y del nivel deportivo general, los aficionados al atletismo sabemos que no ha habido Juegos como los de México, celebrados en 1968, de los que estos días se cumplen 49 años.

La Ciudad de México ganó la organización de los Juegos en 1963. Su proyecto resultó el más convincente, lo que no resultaba tanto eran los 2240 m de altitud de la urbe. Entonces apenas se conocían los efectos de la altitud en el esfuerzo. Hubo quien llegó a decir que podría poner el peligro la vida de los deportistas. Diez días antes del inicio de la competición sucedió algo que pudo haber terminado con los Juegos antes de empezar. Una manifestación de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de la capital mexicana terminó con la intervención policial y más de 2 centenares de muertos. El presidente del COI, el octogenario Avery Brundage (1887-1975) se apresuró a decir que era un asunto que no tenía que ver con los Juegos.

El atletismo se celebró entre el 13 y el 20 de octubre. Fueron 8 días en que se lograron 18 plusmarcas mundiales y se igualó otra. De las 36 finales, en 26 de ellas los ganadores superaron la anterior plusmarca olímpica, en algunos casos conseguidas minutos antes o en las pruebas de clasificación. Para la consecución de estos logros se reunieron varios factores. La altitud fue clave para las pruebas explosivas o de esfuerzos cortos y el cambios a pista sintética resultó fundamental. Pero el nivel no habría sido tan alto si no hubiese habido una magnífica generación de velocistas de raza negra, principalmente estadounidenses, junto con la primera gran hornada de corredores africanos. Los atletas europeos, pese a verse en algunos casos perjudicados por la altitud, también tuvieron un papel relevante.

Si hubiese que elegir una imagen de estos Juegos, no habría ninguna duda de que seleccionaríamos esta:

Los 8,90 metros del estadounidense Bob Beamon (1945) superan con mucho el ámbito mediático del atletismo y están considerados uno de los grandes hitos de la historia del deporte. La competición se terminó con este primer salto de Beamon, que continúa siendo la segunda mejor marca de la historia.

La velocidad en México sufrió una auténtica revolución. Surgió una nueva promoción de velocistas estadounidenses que llevó las plusmarcas a límites impensables. Jim Hines (1946), en una final de 100 monocolor inédita hasta entonces, rompió por primera vez con 9,95 la barrera de 10,00. Tommie Smith (1944) hizo lo propio con la de 20,00 en 200 m, 19,83, al menos oficialmente pues su compatriota John Carlos (1945)había corrido en 19,92 en las pruebas de selección, marca no homologada por la IAAF por haberse hecho con zapatillas no reglamentarias. Lee Evans (1947), por su parte, se fue en 400 m a unos asombrosos 43,86. Hines y Evans lideraron los relevos corto y largo que con 38,23 y 2:56,16 también superaron las respectivas plusmarcas mundiales. El incidente de Smith y Carlos protestando en el podio contra la segregación racial y su posterior expulsión se convirtió en un símbolo para siempre.

En el otro salto vertical, el triple, también se hizo historia, pero por una razón diferente, pues se superó la plusmarca mundial nada menos que 5 veces. Comenzó en la clasificación el italiano Giuseppe Gentile (1943) con 17,10 m. Al día siguiente con un primer salto de 17,22 m parecía que dejaba el concurso visto para sentencia. Pero aún quedaba mucha competición. En la tercera ronda el georgiano, entonces soviético, Viktor Saneyev (1945), se iba a 17,23. En la quinta ronda surgió el brasileño Nelson Prudencio (1944-2012) quien con 17,27 pareció dar por finiquitada la prueba. Pero Saneyev dejó lo mejor para el último salto, en el que con 17,39 m ganó la primera de sus tres medallas de oro olímpicas.

Además de grandes registros, otro hito de los Juegos sucedió en el salto de altura . El estilo de salto de entonces era el rodillo ventral o, algo menos, el rodillo californiano. El estadounidense Dick Fosbury (1947) no se adaptaba a ninguno de ellos y comenzó a desarrollar su estilo propio, que acabó llevando su nombre. Cuando ganó el oro en México con 2,24 m el mundo atlético se quedó asombrado. Si bien Fosbury ya llevaba años practicándolo, con los medios de comunicación de entonces, la repercusión de su estilo era muy limitada fuera de su ámbito.

En salto con pértiga,  el estadounidense Bob Seagren (1946) se quedó a 1 cm de su plusmarca mundial de 5,41 m, con los 11 primeros, incluido el español Ignacio Sola (1944), 9º, por encima de la anterior plusmarca olímpica. En lanzamiento de disco el también estadounidense Al Oerter (1936-2007) ganaba su cuarto oro. Su compatriota Randy Matson (1945) se hacía con el oro en peso, tras su plata 4 años antes. La jabalina fue para el letón, entonces soviético, Janis Lusis (1939) y el martillo para el húngaro Gyula Zsivótzky (1937-2007), que había sido plata en las dos ediciones anteriores.

La plusmarca mundial igualada fue la de 800 m. Se esperaba que el keniano Wilson Kiprugut (1938), bronce 4 años antes, se hiciese con el oro, pero en una rapidísima carrera se vio superado a falta de 50 m por el australiano Ralph Doubell (1945) que ganó con 1:44,40, marca homologada en 1:44,3, que igualaba la plusmarca mundial del neozelandés Peter Snell (1937)

En mediofondo y fondo uno de los grandes protagonistas fue el keniano Kip Keino (1940), uno de los mejores de todos los tiempos. Se planteó el reto de tres oros en 10000, 5000 y 1500 m. Abandonó en la primera por un cólico biliar, prueba que ganó su compatriota Naftali Temu (1945-2003), el único keniano con un oro olímpico en 10 Km, seguido del etíope Mamo Wolde (1932-2002), que ganaría el maratón, y del tunecino Mohamed Gammoudi (1938), plata en la anterior edición. Gammoudi superó a Keino en una apretada llegada en el 5000, con Temu tercero. En las pruebas de fondo la altitud también se dejó notar, en sentido negativo, con registros de los ganadores de 14:05,01, 29:27,40 y 2h20:27. El plusmarquista mundial del 5 (13:16,6) y 10 Km (27:39,4), el australiano Ron Clarke (1937-2015),  tampoco se adaptó a la altitud y solo pudo ser 5º y 6º. También fue lento el 3000 obstáculos, distancia en que se impuso por primera vez en la historia un keniano, Amos Biwott (1947), con 8:51,02. A Keino le quedaba el 1500, en el que se enfrentaría al plusmarquista mundial, el joven estadounidense Jim Ryun (1947), acreditado en 3:33,1. Sin embargo, en uno de los mejores 1500 de la historia olímpica, el keniano no dio opción y se impuso con 3:34,91. Incluso al nivel del mar Ryun lo habría tenido muy complicado.

En los 110 m vallas se impuso el estadounidense William Davenport (1943-2002), con 13,33, probablemente mejor que la plusmarca mundial del Martin Lauer (1937) de 13,2. En 400 m vallas, la victoria fue para el británico David Hemery (1944) con unos magníficos 48,12, plusmarca mundial por 0,7.

El programa femenino en 1968 estaba aún muy lejos del masculino. Se celebraron 11 pruebas, las carreras de 100, 200, 400, 800 y 80 m vallas, el relevo 4 x 100, los saltos de altura y longitud, los lanzamientos de peso, jabalina y disco y la combinada de entonces que era el pentatlón. Hubo en total 5 plusmarcas mundiales. La estadounidense Wyomia Tyus (1945) fue la primera velocista que defendió con éxito el título olímpico de 100 m, esta vez con plusmarca mundial de 11,08. Formó parte del relevo estadounidense de 4 x 100 que ganó el oro también con tope mundial 42,88.

La polaca Irena Szewinska (1946), una de las grandes velocistas de la historia, se llevó la victoria en 200 m con plusmarca mundial de 22,58, tras ser bronce en 100 m. En 400 m se produjo un gran duelo entre la ganadora, la francesa Collete Besson (1946-2005) y la malograda británica Lillian Board (1948-1970). El tiempo de Besson, 52,03, fue probablemente superior que la plusmarca mundial de 51,9 de la coreana Sin Kim-dan (1938).

Las otras dos plusmarcas mundiales femeninas fueron en salto de longitud, a cargo de la rumana Viorica Viscopoleanu (1939), 6,82 m, y en lanzamiento de peso, 19,61 de la alemana del Este Margitta Gummel (1941).

En México finalmente se demostró que la altitud unido a las mejoras técnicas y a una excepcional generación de atletas da lugar a una catarata de plusmarcas mundiales, difícilmente repetible, porque difícilmente se repetirán las tres circunstancias juntas. Quienes lo vivieron en directo fueron unos privilegiados.

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Ritmos de maratón que fueron plusmarcas mundiales

No pudo ser finalmente. No ayudó el tiempo en Berlín y tampoco los rivales. Lo que se preveía un enconado duelo maratoniano entre Eliud Kipchoge (1984, 2h03:05), Kenenisa Bekele (1982, 2h03:03) y Wilson Kipsang (1982, 2h03:13) en pos de la plusmarca mundial se quedó en una gran victoria del primero, con la sorprendente compañía del debutante etíope Guye Adola (1990). Bekele y Kipsang no fueron capaces de terminar la prueba. El etíope no pudo seguir el ritmo de la cabeza a partir de la mitad de la prueba y el keniano paró en el kilómetro 30. Kipchoge se impuso bajo la lluvia con unos excelentes 2h03:32. Adola fue segundo con 2h03:46, mejor marca de siempre para un principiante, y se permitió el lujo de descolgar durante unos kilómetros del tramo final de la carrera al keniano campeón olímpico. Probablemente la intensa lluvia arruinó un tiempo más rápido de 2h02:57 que Dennis Kipruto Kimetto (1984) posee como plusmarca mundial desde la edición del maratón de Berlín de 2014. Hace 33 años, en el maratón de Chicago de 1984, el galés Steve Jones (1955) sí pudo sobreponerse a la lluvia y consiguió superar la plusmarca mundial de entonces con 2h08:05, imponiéndose al campeón olímpico el portugués Carlos Lopes (1947) y al anterior plusmarquista mundial, el australiano Robert de Castella (1957).

Tres años después, la plusmarca de Kimetto se está mostrando muy resistente. Bekele y Kipchoge se han quedado muy cerca, pero no han conseguido superarla. Tras la exhibición de Kipchoge en Monza el pasado 6 de mayo, cuando recorrió 42,195 Km en 2h00:26 en un circuito no homologado, se pensaba en un registro próximo a 2h02:00, pero la lluvia y la peor forma de los otros dos candidatos no lo hicieron posible.

En cualquier caso, nos hemos acostumbrado tanto a estas marcas estratosféricas que a veces no nos damos cuenta de los que suponen. La plusmarca de Kimetto se realizó a un ritmo medio de 2:54,83 por kilómetro, es decir, 14:34,15 cada 5 kilómetros, y 29:08,30 cada parcial de 10 kilómetros. Hubo un tiempo en que solo los mejores eran capaces de hacer un 5000 o un 10000 en pista a esos ritmos.

El primero en correr una prueba de 5000 m por debajo de 14:34,15 fue el excepcional corredor finlandés Paavo Nurmi (1897-1973). Nurmi, considerado por muchos incluido este bloguero el mejor fondista de siempre, superó oficialmente un total de 22 plusmarcas mundiales en distancias entre 1500 y 20000 metros. Fue 9 veces oro y 3 veces plata olímpicos en 3 Juegos (1920, 1924 y 1928). En 1924 el finlandés decidió que tomaría parte en las pruebas olímpicas de 1500 y 5000 m, cuyas finales tendrían lugar con menos de 1 hora de diferencia. Un mes antes, el 19 de junio en Helsinki, realizó un ensayo disputando ambas distancias con menos de 1 hora de diferencia. En 1500 m registró una nueva plusmarca mundial de 3:52,6. Menos de 1 hora más tarde, recorrió los 5 km en 14:28,2, que mejoraba en más de 7 segundos su anterior plusmarca mundial de 14:35,4. En los Juegos de París ganó los oros en ambas distancias, además de otras 3 en campo a través individual, por equipos y en 3000 m por equipos.

Pasaron algunos años antes de que un español realizase un tiempo similar. El catalán Josep Molins (1933), durante la celebración de los campeonatos de Cataluña en la vieja pista de ceniza de Montjuic, rebajó la anterior plusmarca española hasta 14:27,6, el 20 de junio de 1957. Molins, aún en activo como entrenador de la JA Sabadell, fue campeón de España de 5000 m en 1958 y 1960 y de 10000 m en 1961.

La primera mujer en superar los 14:34,15 fue la china Dong Damnei (1977), que el 21 de octubre de 1997, en la semifinal de los campeonatos nacionales, realizó 14:31,27. La plusmarca mundial le duró 2 días, pues en la final su compatriota Jiang Bo (1977) la rebajó hasta 14:28,09. Dong no tuvo una carrera internacional muy larga. Su mayor logro fue una 4ª plaza en la prueba de 5000 m del Campeonato Mundial de 2001.

En cuanto a los 10000 m, el primer atleta en correr a un ritmo más rápido que Kimetto fue el formidable fondista checo (entonces checoslovaco) Emil Zátopek (1922-2000). Zátopek realizó durante su carrera 13 plusmarcas mundiales, 5 de ellas en 10000. El 4 de agosto de 1950 en Turku, Finlandia, consiguió la tercera de ellas con 29:02,6. El checo fue 4 veces campeón olímpico y una vez subcampeón entre 1948 y 1952. En estos últimos Juegos se hizo con los oros en 5000, 10000 y maratón, hazaña que aún nadie ha conseguido igualar.

El primer español en correr en un tiempo parecido fue el jienense, criado y formado como atleta en Guipúzcoa, Fernando Aguilar (1938-2013). Apodado Galgo de Arechavaleta o Aguilucho, realizó 28:59,0 en la reunión de Rennes el 17 de junio de 1964, superando su propia plusmarca española de 29:22,2. Este tiempo lo había realizado el año anterior en los campeonatos provinciales de Guipúzcoa, con una diferencia de más 5 minutos al segundo clasificado. Aguilar fue olímpico en el 10000 de los Juegos de Tokio 1964 y campeón de España de 5000 en 1963 y de 10000 en 1963 y 1967.

Todavía no hay ninguna mujer que haya corrido en menos de 29:08,30. No se encuentra muy lejos la etíope Almaz Ayana (1991), con los 29:17,45 que realizó para hacerse con el oro olímpico en Río 2016.

La historia nos enseña que los ritmos a los que corren los mejores maratonianos actuales fueron un día las velocidades máximas a las que se podía correr un 5000 o un 10000. Si tomamos como referencia los 42,195 km de Monza el ritmo es de 2:51,25 el km, es decir 14:16,25 los 5000 metros y 28:32,50 los 10000 metros, una locura. Estaremos atentos a los siguientes maratones.

Zürich 1984: una plusmarca muy especial para Evelyn Ashford

Los Juegos Olímpicos celebrados en Los Ángeles del 28 de julio al 12 de agosto de 1984 se vieron lastrados por el boicot que llevaron a cabo la antiguo Unión Soviética y sus aliados, en respuesta al realizado 4 años antes por Estados Unidos y numerosos países del bloque occidental. Eran tiempos de la Guerra Fría que, no obstante, estaba dando sus últimos coletazos. Tan solo 8 años más tarde ya no existía la Unión Soviética ni dos Alemanias. El boicot no fue unánime, pues China, Rumanía y Yugoslavia sí enviaron sus equipos olímpicos. Sus consecuencias en el atletismo fueron desiguales. En carreras masculinas apenas tuvo efecto alguno. En saltos y lanzamientos masculinos hubo ausencias importantes, sobre todo las de los plusmarquistas mundiales de salto con pértiga, 5,90 m, el soviético, hoy ucraniano, Sergei Bubka (1983), de lanzamiento de martillo, 86,34 m, el soviético, hoy ruso, Yuriy Sedykh (1955) o de lanzamiento de jabalina, 104,80, el alemán oriental Uwe Hohn (1962), registros todos ellos de ese año olímpico. Pero donde el boicot se hizo sentir mucho más fue en categoría femenina, entonces dominada de forma casi absoluta por las atletas del Este. Años después se confirmaría lo que entonces se sospechaba acerca de la generalización de prácticas prohibidas en los países del Este, patrocinadas por los propios estados, pero también es cierto que sobre los atletas estadounidenses de entonces se cierne la sombra de la hormona del crecimiento.

Ya en la competición, la estadounidense Valerie Brisco-Hooks (1960) tuvo una inesperada actuación con doblete en 200 y 400 m con plusmarcas personales y olímpicas de 21,81 y 48,83, no muy lejos de los 21,71 y los 47,99 que la alemana del Este Marita Koch (1957) y la checa Jarmila Kratochvilova (1951) ostentaban respectivamente como plusmarcas mundiales. Brisco había destacado a finales de los 70, pero su carrera se había estancado en los primeros 80. En las pruebas de selección olímpica ganó el 200 con 22,16 y fue 2ª tras Chandra Cheeseborough (1959) en 400 m, con 49,73, marcas personales en ambos casos. Aunque en 1985 corrió los 200 en 21,98 y al año siguiente los 100 m en 10,99, nunca volvió a rendir como en Los Ángeles, donde también fue oro en 4×400. Fue plata olímpica en Seúl 1988 en 4 x 400 y 4ª en la prueba individual. Visto su rendimiento en los Juegos, el mundo atlético se preguntó qué habría podido suceder estando Koch en liza.

Una de las pocas pruebas femeninas en la que se frustró un gran duelo fueron los 100 m. Ausente la campeona mundial, la alemana del Este Marlies Göhr (1958), acreditada en 10,81, la victoria fue para la plusmarquista mundial, la estadounidense Evelyn Ashford (1957), que se impuso fácilmente con 10,97. Ashford se encaramó muy joven en la élite del atletismo, pues en 1976, con 19 años, fue 5ª en los 100 m de los Juegos de Montreal. En 1979 encabezó la lista mundial del año con 10,97, su primer tiempo sub11, no muy  lejos de los 10,88 que Marlies Göhr poseía como plusmarca anterior desde hacía 2 años. Al año siguiente se acercó aun más, al correr en 10,90. Göhr mejoró a 10,81 el 8 de julio de 1983, pero unos días después, el 3 de julio, la estadounidense corría en 10,79. Ese mismo día, su compatriota Calvin Smith (1961), con 9,93 superaba los míticos 9,95 de Jim Hines (1946) de los Juegos de México. Ambos tiempos se siguieron de una A, puesto que se habían conseguido a 2195 metros de altitud, en Colorado Springs. La plusmarca de Ashford de 10,79A probablemente era peor que los 10,81 de Göhr. Ambas se enfrentarían en el primer Campeonato del Mundo que tendría lugar en Helsinki un mes más tarde. Antes de la final se encontraron en los cuartos, donde se impuso la estadounidense, 11,11 por 11,16. Cada una de ellas ganó su semifinal, entonces solo eran dos, con Ashford por debajo de 11 en 10,99, y Göhr en 11,05. El gran duelo, sin embargo se frustró, pues la estadounidense se lesionó a mitad de carrera. Göhr se impuso con 10,97.

El duelo quedaría para los Juegos Olímpicos, aunque ya entonces se temía que el bloque del Este acabaría por no ir, como finalmente sucedió.  Ashford ganó el oro con una nueva plusmarca olímpica de 10,97. Los soviéticos contraprogramaron con los llamados Juegos de la Amistad, una competición atlética entre los países que no habían acudido a los Juegos Olímpicos. Göhr venció en los 100 m, celebrados el 16 de agosto, con 10,95, demostrando estar en buena forma. La alemana y la estadounidense se encontrarían el 22 de agosto en la reunión de Zürich, donde, a decir de algunos, tendría lugar la verdadera final olímpica de 100 m.

Hasta no hace muchos años, las reuniones posolímpicas o posmundial de atletismo tenían un nivel altísimo. Los atletas aprovechaban su buena forma para mejorar sus marcas o para, en algunos casos, tomarse la revancha de actuaciones en el gran campeonato no del todo satisfactorias. La reunión de Zürich solía ser el principal lugar para ajustar cuentas con los rivales. Ese 1984, muchos de los grandes triunfadores de los Juegos tomaron parte en la competición de la ciudad suiza. Allí estaban el cuádruple campeón olímpico Carl Lewis (1961), el sorprendente oro en los 400 m Alonzo Babers, la emergente estrella de los 800 m Joaquim Cruz, el doble oro de 1500, el resucitado Sebastian Coe (1956), el marroquí Said Aouita (1959)… También estaban las dos estrellas estadounidenses de la velocidad femenina, Valerie Brisco-Hooks, que no pudo retener la forma de las semanas anteriores, y Evelyn Ashford, cuyo enfrentamiento con Marlies Göhr era uno de los mayores atractivos de la reunión. La carrera no pudo responder mejor a las expectativas con Göhr en la calle 2 y Ashford en la 3. La alemana realizó una fulgurante salida y se mantuvo en cabeza hasta los 70 metros, momento en que Ashford la igualó y posteriormente la superó con una nueva plusmarca mundial de 10,76, 0,08 más rápido que Göhr.

Poco después de la carrera, Ashford descubrió que su plusmarca mundial había sido mucho más especial de lo que pudiese pensar, pues la hizo estando embarazada. El 30 de mayo de 1985 dio a luz a su hija Raina Ashley Washington.

Ashford siguió compitiendo hasta completar una longeva carrera en la cima mundial. En los Juegos de Seúl de 1988 fue plata en 100, detrás de su compatriota Florence Griffith (1959-1998) y oro en 4×100. Y en los Juegos de Barcelona, en 1992, con 35 años, no entró en la final de 100 m por 0,01 pero ganó el oro en 4×100 por tercera vez consecutiva, en 4 juegos olímpicos.

Estrellas precoces

El apellido Ingebrigtsen se ha oído con frecuencia en el paisaje atlético europeo en los últimos años. Tres hermanos atletas, corredores de medio fondo, entrenados por su padre responden a este nombre. El mayor, Henrik (1991), fue oro en 1500 metros en el Europeo de 2012, plata en 2014 y bronce en 2016. En los Juegos Olímpicos de Londres 2012 ocupó la 5ª posición en el kilómetro y medio. Posee la plusmarca de su país con 3:31,46 (2014). El mediano, Filip (1993), fue campeón de Europa de 1500 m en 2016 y bronce en el Mundial de Londres 2017. Su mejor marca es 3:32,43 (2016). Pero quien ha asombrado al mundo atlético es el hermano menor, Jakob. Su rendimiento ha saltado con mucho el límite de su categoría y el atletismo se pregunta cómo es posible y qué sucederá en el futuro.

Jakob Ingebrigtsen nació el 19 de septiembre de 2000 en la localidad noruega de Sandnes, situada de 12 Km de Stavanger y a 305 de Oslo. Con 2 hermanos atletas de alto nivel entrenados por su padre, el destino de Jakob estaba decidido. Comenzó a practicar atletismo con 7 años. En 2015, aun sin haber cumplido los 15, ya corría los 800 m en 1:52,60 y los 1500 m en 3:49,71. Al año siguiente mejoró hasta 3:42,44, siendo juvenil (sub18) de primer año. Su progresión ha continuado este 2017 y ha sido de tal calibre que ha dejado sin palabras al universo atlético. La temporada para Jakob comenzó muy pronto, el 27 de mayo en el Prefontaine Classic de Eugene, donde se convirtió con 3:58,07 en el atleta más joven en romper la barrera de los 4 minutos en la milla. Mejoró unos días después, el 15 de junio, con 3:56,29. Tres días más tarde, con 3:39,92 en 1500 m, rompía también la barrera de 3:40. El 6 de julio mejoraba su marca de 5000 m por 50 segundos, en 13:49,48, superando ampliamente la anterior plusmarca europea juvenil (sub18) del italiano Stefano Mei (1963), 13:55,91 desde 1980. Dos días después corría los 3000 m obstáculos en 8:26,81, nueva plusmarca europea junior (sub20) por casi 3 segundos. Renunció al Mundial sub 18 para centrarse en el Europeo sub20, con la idea de hacerse con los oros de 1500, 5000 y 3000 obstáculos. En el kilómetro y medio sufrió una caída que lo llevó al 8º lugar, pero en las otras dos pruebas se hizo fácilmente con la victoria. Acudió al Mundial de Londres en los 3000 m obstáculos. Una caída le impidió pelear por un puesto en la final. Pese a su intensa temporada, decidió continuar. El 24 de agosto en Zürich, mejoró su plusmarca personal de 800 m con 1:49,40. A continuación se propuso hacer una combinada de medio fondo y fondo en el campeonato de su país. El 25 se proclamó campeón absoluto de Noruega de 5000 m, con nueva mejor marca personal, la 4ª europea junior de siempre, 13:35,84, 24 horas después se hizo con el bronce en los 800 m y el oro en 3000 m obstáculos y el 27 terminó su actuación con oro en 1500 m. En total, semifinal y final en 800 y 1500 m y finales de 3000 obstáculos y 5000 m.

Es difícil calificar una temporada como la que ha hecho este atleta de tan solo 16 años, al que la categoría juvenil (sub 18) se le ha quedado muy pequeña. Es evidente que hay muchísimo talento, pero este exceso de competiciones lleva a pensar en la posibilidad de que haya sobreentrenamiento. Acceder a la élite del atletismo es complicadísimo. El cuerpo humano probablemente no está hecho para soportar las altísimas cargas de entrenamiento necesarias para llegar a lo más alto. Este es un factor que ha limitado a muchos atletas dotados de un enorme talento. Uno de los grandes problemas con los atletas jóvenes es la tentación de someterlos a cargas excesivas, que les acaban condicionando su futuro a medio plazo.

Stefano Mei, anterior plusmarquista europeo juvenil de 5000, continuó progresando, con registros de 3:39,00 y 13:45,48 en categoría junior (sub 20). Su mejor año fue 1986, temporada en la que realizó sus mejores marcas de siempre, 3:34,57, 13:11,57 y 27:43,92. Fue campeón de Europa de 10 000 metros y subcampeón de 5000 m. En los Juegos de Seúl fue 7º en 5000 m y en el Europeo de 1990 bronce en 10 000 m. Sin duda una buena carrera atlética, pero otros que no corrieron tan rápido a los 17 años consiguieron llegar más lejos.

Otro excepcional atleta juvenil fue el alemán Hansjorg Kunze (1959), actual plusmarquista europeo de la categoría con 7:56,4 en 1976, tiempo equivalente a 13:37,35, sin duda al alcance de Ingebrigtsen. En 1975, con 15 años ya corría los 5000 m en 14:20,2. Fue bronce en el Europeo Junior de 1977 en la prueba de 3000 m. En 1981 realizó su mejor marca de siempre en 5000 m, 13:10,40, entonces plusmarca europea absoluta. Las lesiones lastraron la carrera del alemán, que fue bronce en 10 000 m en el  Mundial de 1983. Repitió 4 años después en 1987. El año olímpico de 1988 mejoró su plusmarca personal de 10 000 con 27:26,00. En los Juegos fue 6º en esta prueba y bronce en una extraña carrera de 5000 m. El caso de Kunze es el de un atleta con un extraordinario talento natural al que probablemente las lesiones, y los excesos de la Alemania del Este, le impidieron alcanzar su potencial.

Tanto Mei como Kunze sí lograron a convertirse en atletas de alto nivel. Muchos otros, con un enorme talento, no lo consiguieron. Uno de los casos más paradigmáticos es el del finlandés Ari Paunonen (1958), doble campeón de Europa junior (sub 20) de 1500 metros. Se decía de él que sucedería a los grandes del medio fondo y fondo finlandés. Se impuso, siendo juvenil,  en el 1500 del Eurojunior de 1975, con Sebastian Coe (1956), futuro doble campeón olímpico, bronce, y José Manuel Abascal (1958), futuro medallista olímpico, también juvenil, 8º. Abascal optó por evitar al finlandés corriendo el 3000 del Eurojunior 2 años después, en el que ganó el oro. Paunonen repitió victoria en 1500 m. Ese año corrió en 1:47,74, 3:38,07, 3:55,65, 7:43,20 y 13:41,03. En el resto de su carrera atlética tan solo mejoró su plusmarca de 5000 m hasta 13:31,56 en 1987.

El entrenador de los Ingebrigtsen es su padre Gjert Arne (1966), de formación completamente autodidacta, un caso similar al de Peter Coe (1919-2008) con su hijo Sebastian. Peter supo transformar al joven y talentoso Sebastian en uno de los mejores mediofondistas de la historia, sin pararse demasiado en las medallas de categorías inferiores. Seb acabó la categoría junior, además de con el bronce europeo ya referido, con marcas de 1:53,8, 3:45,2 y 8:14,8, buenos registros pero que en absoluto hacían presagiar las previsiones de Peter acerca de que su hijo sería el primer sub3:30 de la historia. En el caso de Jakob Ingebrigtsen, hay algunos datos que resultan llamativos. En primer lugar su volumen semanal es de 135 Km en sesiones diarias dobles. Por otro lado, este año lleva una temporada larguísima y densísima, con mejorías superlativas en lapsos de 48 horas como en obstáculos y 5000 metros, o de 24 horas como en 800 y 5000 m. Finalmente sorprende ese afán de coleccionar medallas, aun compitiendo en 2 finales el mismo día, o en 4 pruebas en el campeonato nacional. Los defensores de Gjiert Ingebrigtsen argumentan que ha llevado a sus dos hijos mayores a la élite, si bien el rendimiento de Henrik ha disminuido en las dos últimas temporadas. El tiempo dirá si Jakob será un atleta excepcional capaz de medirse a los africanos, si será un buen atleta como Kunze o Mei o si será otro caso Paunonen.

España y el Mundial de Londres

Finalmente ha sucedido lo inédito. Por primera vez en la historia España se va de un Mundial de atletismo al aire libre sin ninguna medalla. Londres ha sido implacable con el atletismo español. Sin embargo, las opciones de medalla eran bastante lejanas. Se hablaba de Orlando Ortega (1991) Ruth Beitia (1979) y Miguel Ángel López (1988), plata y oro olímpicos respectivamente los dos primeros, campeón del mundo el segundo. Pero se decía sin mucha convicción, pues se sabía que ninguno de ellos estaba en su mejor momento. El presidente de la RFEA (Real Federación Española de Atletismo) hablo de algunos finalistas y de que los atletas darían lo mejor de sí. Tras finalizar la competición ha reconocido que sin medallas no se puede hablar de buena actuación. Si se analiza la situación de los últimos años de nuestro atletismo, los 5 finalistas obtenidos dan la medida real del nivel que tenemos en la actualidad.

El rendimiento de España en Londres ha sido parecido, incluso superior en algún caso, al de los tres mundiales anteriores. Nuestro atletismo lleva tiempo dando muestras de desgaste. En 2011 hubo 2 finalistas (1 medalla), en 2013, 5 finalistas (2 medallas) y en 2015, 2 finalistas (1 medalla). En Londres ha faltado una medalla para maquillar la realidad, que es lo que se venía haciendo en los últimos años. Este es el macroanálisis, pero si entramos en el microanálisis de cada atleta nos damos cuenta de que un buen número de ellos ha rendido magníficamente. Se ha criticado mucho el número de participantes, 55. Pero ello, por sí mismo, ya es un dato positivo. Indica que hay una buena clase media, capaz de superar los requisitos para entrar en un Mundial. No hay que olvidar que lo excepcional sale de lo bueno. Si queremos primeras figuras tendremos que tener una clase media numerosa. Por otro lado también se critica a los que caen a las primeras de cambio, con bajo rendimiento, pero eso ha sucedido en todos los campeonatos a los que ha acudido España. Cuando hay medallas, simplemente pasa a un segundo plano y nadie habla de ello. Hay múltiples causas: falta de experiencia, agotamiento en busca de la mínima, lesiones de última hora, miedo escénico… En cada caso deberían analizarse las causas y tratar de ponerles remedio, evitando sobreproteger al atleta encerrándolo en una burbuja de cristal.

Entrando ya en las actuaciones individuales, las presuntas opciones de medalla, efectivamente, no estaban en su mejor momento. Ortega entró por tiempos en la final, si bien con el 4º mejor registro. Se pensaba que podría estar cerca del bronce, pero finalmente fue 7º, correcto rendimiento dada su difícil temporada. Beitia acudía, tras un reciente parón, con una mejor marca de 1,94 m. Pudo entrar en la final, pero no accedió a un puesto entre las 8 primeras. La IAAF aprovechó un emotivo gesto suyo de consuelo con la italiana Alessia Trost (1993) para concederle un premio a los valores deportivos, sin duda a modo de reconocimiento de la impecable trayectoria de esta dama del atletismo. Y en cuanto a Miguel Ángel López, lleva dos temporadas complicadas. Aun así, consiguió su mejor marca del año, 1h19:57, y se quedó a dos escalones de ser finalista.

La marcha, no obstante, merece un punto y aparte y un detenido análisis. Los números, muchas veces fríos, indican que hubo 10 participantes, 4 en 20 Km masculinos (había un representante más por el oro de López hace 2 años) y 3 en 20 Km femeninos y 50 masculinos, y un solo puesto de finalista. Para una especialidad que ha dado tantas medallas al atletismo español parece muy poco, pero si se miran las prestaciones de cada atleta, la perspectiva cambia. Álvaro Martín (1994) fue 8º en 20 Km marcha con 1h19:41, a 5 segundos de su mejor marca, Alberto Amezcua (1992) ocupó la 9º posición con 1h19:46, su mejor marca personal, y Diego García (1996) también mejoró su marca personal, 1h:20:34 y fue 13º. En categoría femenina Laura García Caro (1995) y María Pérez (1996) fueron 9ª y 10ª con sus mejores prestaciones de siempre, 1h29:29 y 1h29:37 respectivamente. Finalmente en la carrera masculina de 50 Km marcha, el veterano José Ignacio Díaz (1979), mejoró con 3h48:08 su plusmarca personal por 3 minutos y fue el 17º. La conclusión es que España llevó, con la excepción de Díaz y López, un equipo muy joven que dio lo mejor de sí y que mostró que el futuro les pertenece.

Y si la marcha está en proceso de transformación y va por el buen camino, del 1500, otra de las tradicionales alegrías del atletismo español, se puede decir que España ha vuelto, de la mano de Adel Mechaal (1990). Este catalán de adopción se ha trasladado esta temporada a Madrid para entrenar con Antonio Serrano. Esto, junto con su exoneración por parte del TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo), le han permitido mejorar notablemente su rendimiento. Con una mejor marca de 3:34,70, que probablemente superará en breve, en una extraña carrera que corrió de forma muy inteligente, se quedó a un suspiro del podio y a 0,01 de su marca. Mechaal igualó la prestación de Manuel Olmedo (1984) en 2011. España no ponía atletas en la final desde entonces. Solo lo superan Fermín Cacho (1969), plata en 1993 y 1997, José Luis González (1957), plata en 1987, y Reyes Estévez (1976), bronce en 1997 y 1999. Sin salir del 1500, el rendimiento de las españolas en categoría femenina, sin apenas repercusión mediática, fue magnífico. Ambas llegaban con la mínima pelada. Aunque no pudieron superar la primera ronda, Marta Pérez (1993) mejoró con 4:05,82, su plusmarca personal por segundo y medio, y Solange Pereira (1989), realizó con 4:06,63, su segunda mejor marca de siempre.

El relevo 4 x 400 metros nos dio una enorme alegría. Dos renuncias de última hora permitieron al equipo español clasificarse in extremis para la competición. Óscar Husillos (1993), Lucas Búa (1994), Darwin Echeverría (1996) y Samuel García (1991), se impusieron brillantemente en su semifinal con 3:01,71, muy cerca de la plusmarca española de 3:01,43. El registro fue el 6º de los semifinalistas. La medalla era muy complicada pero se esperaba una gran actuación con plusmarca nacional. Y no decepcionaron, 5º puesto con 3:00,65, con la barrera de los 3 minutos a tiro. En la prueba individual, Búa y García no pasaron de la primera ronda, pero Husillos tuvo una gran prestación, semifinalista con doble plusmarca personal de 45,22 y 45,16.

La otra finalista fue Ana Peleteiro (1995). Tras muchos contratiempos, no solo físicos, por fin ha encontrado la estabilidad atlética entrenando con Iván Pedroso (1972) y teniendo como compañera a la campeona del Mundo Yulimar Rojas (1995). Peleteiro, que en esta temporada ya había mejorado a 14,22 m, consiguió la clasificación con 14,07 m en su tercer intento y, una vez en la final, entró en la mejora con marca personal de 14,23 m. Se lesionó en su 4º salto, pero se mostró muy competitiva. En el apartado masculino, un gran tercer salto de 16,80 m permitió a Pablo Torrijos (1992) acceder a la final, donde fue 10º con 16,53. Él mismo no estaba del todo satisfecho pues juzgaba la mejora asequible.

Jorge Ureña (1993) fue otro de los atletas españoles que rindió de forma óptima. Tras dos temporadas en las que se quedó a las puertas de los 8000 puntos, este año logró por fin superar esta barrera. Ocurrió en Monzón, donde totalizó 8108 puntos. En Londres, junto a los mejores, demostró su capacidad competitiva y pudo conseguir plusmarca personal, 8125, lo que lo colocó en una notable 9ª plaza. 

Y termino mi repaso de la actuación española con dos mujeres que compatibilizan el atletismo con las ciencias biomédicas, Ana Lozano (1991) y Marta Esteban (1982). Lozano, tras su victoria en el Campeonato de Europa de Selecciones, no logró entrar en la final pero con 15:14,23 mejoró su plusmarca personal por 4 segundos. Esteban, una médico nuclear de 34 años, realizó en un circuito muy complicado su segunda mejor marca de siempre 2h33:37. El caso de Esteban es el paradigma de la esencia del atletismo, la superación de uno mismo, en este caso, haciendo compatibles la Medicina y el maratón. Ha llegado a su mejor momento bien pasados los 30 y en su primer gran campeonato ha tenido una excelente prestación, que le ha servido para ser 21º.

En definitiva, si nos vamos al microanálisis, creo que la actuación española muestra más luces que sombras. Hay una generación nacida en torno a 1993 a la que Londres no se le ha quedado grande y que puede dar mucho de sí. El Europeo de 2018 podrá servirles de puente para tratar de llegar a lo más alto. Están llamados a devolver el brillo al atletismo español. Probablemente será un brillo menos cegador que antaño, pero más fiable.

Lo que se podría cambiar en el atletismo actual

El mes de agosto, con el gran campeonato de atletismo que corresponda, es muy propicio para los debates en Twitter. En realidad la única razón por la que me uní a Twitter fue para escribir de atletismo y poder cambiar impresiones con otros aficionados. Estos días he tenido un contraste de pareceres sobre la idoneidad de medir los saltos largos desde el punto de batida y no desde el final de la tabla. Aunque la medida no resultó muy bien considerada, me hizo pensar en lo que me gustaría que cambiase en el atletismo actual. Y me salen unas cuantas cosas, que paso a contar.

  1. Medida de los saltos largos desde el punto de batida

Se podría habilitar una zona en la que el pie dejase una marca, desde donde se mediría el salto. Esta sería la medición real de lo que el atleta ha saltado porque los atletas se suelen dejar entre 5 y 12 cm. Además, dado que el saltador no tendría que ajustar tanto es probable que su prestación fuese mejor que con los actuales ajustes. Se me ha argumentado que de esta forma se perdería el arte del cálculo de la batida. Puede ser, pero en los saltos altos, cuando se cambió la arena por las colchonetas se también se perdió el arte de caer de pie.

 

2. Reducir al mínimo la clasificación por tiempos

Las clasificaciones por tiempo dividen a los atletas en dos grupos, los privilegiados de la última serie y el resto. Entiendo que haya algún atleta que se clasifique por tiempos cuando el número de finalistas dividido por el número de semifinales no da un número entero. El resto de esa división deberían ser los clasificados por tiempos. En estos Mundiales de Londres hemos visto ¡5! clasificadas por tiempos en las dos semifinales de 5000 m femeninos, y 5 por puestos, o 6 tiempos en las 3 series de la primera ronda del 1500 masculino. Quizá donde esto deja un mayor lugar al azar es en las semifinales de 800 m. Hasta los Juegos de Seúl 1988 en la prueba de 800 m había 4 rondas. En la tercera ronda se disputaban dos semifinales y entraban los 4 primeros en la final. A partir de entonces comenzaron a disputarse 3 semifinales, de las que pasan los dos primeros y dos tiempos, lo que añade un componente innecesario de fortuna. Lo peor es que, en lugar de corregirlo, este método se ha extendido a todas las pruebas que se disputan por calles. Se dice que si se pusiese una ronda más sería un esfuerzo excesivo. Tal vez, pero Sebastian Coe (1956) en los Juegos de LA84 corrió 4 rondas de 800 m y 3 de 1500 m. Acabó con oro en la segunda y plata en la primera. Hoy día casi nadie dobla. Otra solución podría ser incrementar el número de finalistas a 9, en los estadios que tuviesen 9 calles. Pasarían los 3 primeros de cada serie y no habría, lógicamente, ningún repescado por tiempos.

3. Volver a dos curvas por calles en los 800 m

A mediados de los 70, durante 4 temporadas, de 1973 a 1976, las pruebas de 800 m se disputaron con 2 curvas por calles. Tal vez fue casual, pero las marcas de los grandes campeonatos con esta forma de correr fueron excepcionales: 1:43,91 en los Juegos de la Commonwealth de 1974, 1:44,07 en el campeonato de Europa del mismo año y 1:43:50 en los Juegos Olímpicos de Montreal, plusmarca mundial. Lo cierto es que tener que ir 300 m por calles antes de poder hacerse con la cuerda supone tener que correr muy rápido, lo que hace mucho más difícil que la carrera sea táctica. En mi opinión sería mucho más vistoso.

 

4. Incorporar los 3000 m lisos como oficial en los campeonatos

A la prueba de 3000 m lisos ya le he dedicado 3 entradas. Fue olímpica hasta 1924 en categoría masculina, en la modalidad de equipos, y de 1984 a 1992 en categoría femenina y es oficial en el Campeonato de Europa por equipos y en la Copa Continental de la IAAF, en ambos casos en sustitución del cada vez menos disputado 10 000. El programa olímpico masculino de atletismo apenas se ha modificado desde 1928. El atletismo ha cambiado mucho desde entonces. El salto del 1500 al 5000 es enorme. Hay atletas que realmente serían mejores en una prueba intermedia. Seguro que hay muchísimas más razones para que los 3000 m se conviertan en olímpicos. Supondrían un cambio para bien en la transición del mediofondo al fondo.

5. Decatlón femenino

En el primer campeonato del mundo, celebrado en 1983, las mujeres no disputaron el 5000 (había 3000), el 10 000, los obstáculos, el triple, la pértiga, el martillo o la marcha. Hoy el programa femenino, más con la reciente introducción semiclandestina de los 50 Km marcha, es casi igual al masculino. Tal vez no tiene sentido que disputen una prueba combinada diferente al decatlón. Ya escribí contra la ocurrencia de la EAA de hacer octatlón para ambos sexos, pero creo que se debería hacer octatlón femenino durante un ciclo olímpico como transición al decatlón. El cambio directo al decatlón sería complicado principalmente por el salto de pértiga. El octatlón consistiría en 100 m, longitud, peso y 400 m el primer día, y 100 m vallas, altura, jabalina, pértiga y 1500 m el segundo día. En 4 años se transformaría en decatlón.

Solo son las opiniones de un aficionado al atletismo, pero creo que podrían mejorar el espectáculo y hacer este deporte más atractivo y mediático.

 

 

Carlos Toro, las críticas y el grosor epidérmico

Carlos Toro es un prolífico compositor. Ha realizado temas tan conocidos como Resistiré para El dúo dinámico o Desesperada para Marta Sánchez. También es el autor de la canción de inicio de la serie infantil Campeones. Además, desde hace 30 años, es periodista deportivo, sobre todo de atletismo, ciclismo y natación, deportes de los que escribe en el diario El Mundo. Recuerdo sus primeros artículos en Atletismo Español allá por 1987. Me llamaron la atención por su gran conocimiento de atletismo y su depurado estilo. Desde entonces lo he seguido primero en Atletismo Español y después en El Mundo, donde ocasionalmente también escribe sobre armamento. En mi opinión es uno de los mejores periodistas de atletismo que he leído, lo que, en absoluto, significa que esté de acuerdo en todo lo que escribe.

Hoy, sin embargo, ha generado una enorme polémica por un artículo, publicado en El Mundo, titulado El fiasco de Eusebio Cáceres en una España con exceso de equipajeen el que critica la actuación del saltador de longitud Eusebio Cáceres (1991) en el Mundial de Londres. Cáceres es un excelente saltador de longitud, al que los problemas físicos están minando en los últimos tiempos, Ha sido 4º en el Mundial al aire libre de 2013 y en el Europeo al aire libre de 2014, 5º en el Europeo de 2012 y 8º en el Europeo de 2010. Su mejor marca es de 8,37 m (2013). Este año ha saltado 8,31 m en Sierra Nevada. Aunque la marca de clasificación para la final de salto de longitud era 8,05 m, finalmente el último atleta entró con 7,91 m. A Cáceres, que saltó este año 7,96 m o más al aire libre, le habrían bastado 7,92 m. No pudo alcanzar esa distancia, pues realizó 3 nulos. Acabar una competición de saltos con 0 no es una buena actuación. Y este tipo de resultados suelen dar lugar a críticas, en ocasiones severas, por parte de la prensa y de los aficionados. Es probable que haya una buena razón, o varias, pero seguramente se quedarán en el entorno más cercano al atleta. Tal vez la puesta a punto no fuese la mejor, pero a veces esto solo se puede determinar a posteriori. En 1984, José Manuel Abascal (1958) dudó hasta el último momento de su condición física y de su participación en el 1500 de los Juegos Olímpicos y acabó siendo bronce. Pero, en cualquier caso, 3 nulos significan no haber competido bien.

Carlos Toro valora negativamente esta actuación y extiende su juicio crítico sobre el atleta a los últimos años. Especula, o tal vez no tanto, con las posibles causas. Es una opinión, en absoluto irrespetuosa. El rendimiento de Cáceres le sirve, además,  como ejemplo para reprobar lo que considera criterios de selección demasiado generosos. Esta es una vieja polémica. En tiempos, la RFEA solo seleccionaba aquellos atletas que consideraba podrían superar al menos una ronda, pero ya hace muchos años que esto no es así. Quien acredite la mínima exigida y un estado de forma razonable se gana la selección. La política actual de la Federación me parece la adecuada. Siempre se critica que hay atletas que no rinden de forma adecuada porque agotan su energía buscando la mínima. Es cierto, pero su presencia en una gran competición constituye una oportunidad perfecta para el aprendizaje y una motivación para seguir entrenando duro. Toro, profundo conocedor del atletismo, sin embargo, sería más restrictivo en la forma de seleccionar.

Con Carlos Toro se puede estar de acuerdo o discrepar, pero cosas que he leído hoy en Twitter me han dejado descolocado. Se le trata a como si fuese un indocumentado sin conocimiento alguno de atletismo por un lado y, por otro, se le censura que haya enjuiciado negativamente la actuación de Cáceres. No es la primera vez que sucede. Parece que a muchos les parece mal que se critique que un atleta rinda por debajo de lo esperado. Enseguida se apela a lo duro que es el atletismo, a que una lesión puede arruinar una temporada, a la trayectoria pasada del atleta o a que el periodista no sabe o se mueve por no sé qué oscuros intereses. Menos esto último, lo anterior es cierto, pero no puede eximir al deportista de que se enjuicie negativamente una actuación desafortunada. Un deportista de alto nivel está siempre sometido a la valoración del público y de la prensa, y esta puede ser positiva o negativa. Tal vez, demasiadas veces, se exagera tanto en un sentido como en otro, pero el buen deportista debería estar acostumbrado, no tener la piel tan fina y no dejarse influir demasiado. Quien conoce mejor sus fortalezas y debilidades debería ser él mismo. En una ocasión, la prensa fotografió a un jugador en un casino el día anterior a un partido importante fuera de casa. La prensa el día del partido no tuvo piedad de él. Esa tarde jugó de forma tan memorable que el entrenador del equipo contrario dijo a los periodistas: Por favor, la próxima vez que veáis a Michael Jordan en un casino, no os metáis con él.

El 1500 femenino en España (IV). Llegan las medallas

Y las medallas internacionales al aire libre acabaron llegando, y bien pudo ser a lo grande en 2009, año en que tenía lugar el campeonato del Mundo en Berlín. En el campeonato de España de ese año tuvo lugar el esperado duelo entre Nuria Fernández (1975) y Natalia Rodríguez (1979), que se resolvió a favor de la segunda. Campeona de Europa de 1500 m ese mismo año, Rodríguez había corrido ese año en 4:04,82. Fernández había sido más rápida, 4:02,43, su mejor marca, aunque ya había acreditado 4:01,77 en sala.  Ambas parecían preparadas para hacer un gran papel en el Mundial, aunque resultaba difícil pronosticar una medalla, ya que había atletas sobre el papel muy superiores, como la campeona del mundo, la atleta de Bahrain Maryam Jamal (1974), mejor marca del año 3:56,55, y la etíope Gelete Burka (1986), 3:58,79.

A Berlín acudieron tres españolas, además de Nuria Fernández y Natalia Rodríguez, Iris Fuentes-Pila (1980) completaba el trío. Se programaron tres rondas. Las tres españolas superaron la primera. Fuentes-Pila no pudo superar las semifinales. Rodríguez fue segunda en la primera semifinal con 4:02,73. Por su parte Fernández entró por puestos en la segunda semifinal al ser 5ª en una táctica segunda semifinal, con 4:10,64. La final resultó lenta con pases de 1:06,66 y 2:15,13. Burka se colocó poco después en cabeza y dio paso al 1200 en 3:17,37. A falta de 200 metros, Rodríguez, que había superado por dentro a la británica Lisa Dobriskey (1983), trató de hacer lo mismo con Burka, mientras Jamal sobrepasaba a la etíope por fuera. La maniobra de Rodríguez acabó con Burka en el suelo. Pese a que la española resultó desequilibrada fue capaz de remontar y cruzar la meta en primer lugar con 4:07,37, esfuerzo vano, pues, como era de esperar, los jueces decidieron descalificarla. Jamal, que había entrado segunda, revalidó su título mundial. Por su parte Nuria Fernández ocupó una brillante 4ª plaza, la mejor de una española hasta ese momento en un campeonato de ámbito mundial al aire libre.

Vista la carrera, Natalia Rodríguez parecía superior a Burka, pero el reglamento es implacable con los adelantamientos por la cuerda. Rodríguez se recuperó anímicamente de la descalificación y fue plata en el mundial en sala de 2010 en 1500 m. Al aire libre se volvió a imponer a Nuria Fernández en el campeonato de España. Las 2 irían al Europeo al aire libre de Barcelona, donde Fernández podría intentar tomarse la revancha. En el 1500 del Europeo hubo dos rondas. Ambas entraron sin problemas en la final por puestos, donde se esperaba que estuviesen en la lucha por las medallas. La favorita era la rusa Anna Alminova (1985), que tenía la mejor marca del año, 3:57,65. Fue ella quien se colocó en cabeza imponiendo un ritmo bastante exigente de 1:03,61, 2:09,04 y 3:14,48. A falta de 200 m Rodríguez se colocó detrás de la rusa por fuera, con Fernández en 4ª posición. Alminova perdió la cabeza de carrera al entrar en la última recta en beneficio de la francesa Hind Dehiba (1979). Esta, como el resto de corredoras, se vieron sorprendidas por la fuerza terminal de Nuria Fernández, que se hizo con el oro con marca personal de 4:00,20, muy cerca de la plusmarca española de 3:59,51 de Natalia Rodríguez, que fue bronce, 4:01,30, por detrás de Dehiba, 4:01,17. Alminova fue 6ª, pero perdió esa posición 6 meses después por anomalías en su pasaporte biológico.

Con este resultado las dos españolas confirmaban que se habían establecido entre las mejores y, pasada la treintena en ambos casos, estas dos medallas no serían las últimas. La temporada invernal de 2011 fue muy buena para Nuria Fernández, con una plata en el Europeo. Al aire libre, la madrileña fue campeona de España de 800 m, mientras Natalia Rodríguez se lesionaba y no podía defender su título de 1500 m, que se llevó la aragonesa Isabel Macías (1984). Macías acudió, junto con Rodríguez y Fernández, al Mundial de Daegu. Esta vez solamente Rodríguez llegó a la final, tras ganar la segunda semifinal en 4:07,88. La tarraconense parecía en gran forma. La final, una vez más, fue una carrera táctica, con pases de 1:08,78 y 2:13,94, con Rodríguez colocada hacia el final del pelotón evitando golpes. A falta de 650 m con un cambio muy fácil, la española pasaba a la segunda posición, poco antes de que se produjese la caída de dos atletas. En el toque de campaña, Rodríguez atacó fuerte, dando paso al 1200 en 3:18,89. Aguantó la primera posición hasta que a falta de 30 metros se vio superada por la estadounidense Jennifer Simpson (1986), oro con 4:05,40 y por la británica Hannah England, 4:05,68. Natalia fue finalmente bronce con 4:05,87. Tal vez el recuerdo de Berlín le hizo atacar demasiado pronto. En cualquier caso, el resultado fue magnífico.

Daegu representó la mejor prestación de Natalia Rodríguez. Diversos problemas físicos le impidieron rendir en los Juegos de Londres 2012, donde no pasó de las eliminatorias, y en el Mundial de Moscú 2013, donde se quedó en semifinales, años, no obstante, en los que aún fue campeona de España de 1500 m. Se retiró en 2015 con un bronce mundial, un bronce europeo al aire libre, una plata mundial y un oro europeo en sala y un total de 6 puestos de finalista en Juegos Olímpicos, Mundiales y Europeos al aire libre.

A Nuria Fernández aún le quedaba alguna alegría más. En 2012 se celebraba por primera vez el campeonato de Europa al aire libre bienal, que coincidía con los Juegos Olímpicos. Representando a España acudieron la propia Nuria Fernández, Isabel Macías e Iris Fuentes Pila. Las dos primeras se clasificaron para la final, donde inicialmente Fernández fue 5ª y Macías 10º. Sin embargo, Fernández acabó siendo campeona de Europa tras la descalificación de forma retrospectiva de las 4 primeras, mientras Macías pasaba a la 5ª posición, pues también se descalificó a la 8ª.

No fueron bien los Juegos de Londres para el 1500 femenino español. Natalia Rodríguez e Isabel Macías no pasaron a semifinales y Nuria Fernández no pudo entrar en la final, prueba que acabó siendo caótica con las atletas 1ª, 2ª, 7ª y 9ª descalificadas de forma retrospectiva. Poco después de los Juegos Macías realizó su mejor marca de siempre, 4:04,84, que le sirvió para encabezar la lista española del año.

Nuria Fernández continúa en activo en la actualidad, superando plusmarcas en la categoría de veterana. Ganó su último campeonato de España de 1500 en 2014, año en que fue 5ª en el Europeo en la prueba de 5000 m.

La campeona de España en 2015 fue la gallega de adopción, nacida en Portugal, Solange Pereira (1989), 8ª en el Europeo al aire libre de 2016, y acreditada en 4:06,39, marca conseguida este mismo año. Su sucesora en el entorchado nacional fue la soriana Marta Pérez (1993) cuya mejor marca, también realizada este año, es 4:07,35.

Ayer este blog cumplió un año. Tengo que agradecer a Chema Soycobarde que me haya azuzado para que lo empezase. Van cerca de las 15 000 visitas.  Muchas gracias a todos los que me leéis.

 

El 1500 femenino en España (III). Una nueva generación

En medio del dominio absoluto de Maite Zúñiga (1964) en el 1500 femenino en España, en categoría junior la palentina Marta Domínguez (1975) hacía historia con oro en el Europeo de 1993 y plata en el Mundial de 1994 en el kilómetro y medio. Aunque Domínguez llegó a ser campeona de España de la distancia en 1996 y a correr la prueba en 4:04,84 (2009),  dirigió con éxito sus pasos a los 5000 m y posteriormente a los obstáculos. Al final de su carrera sus ambiguas relaciones con prácticas prohibidas envolvieron sus logros en la sombra de una duda.

La superioridad de Mayte Zúñiga llegó a su fin en 1999. Ese año la asturiana Ana Amelia Menéndez (1972) lideró la lista española con la segunda mejor marca española de siempre 4:04,59. Menéndez se había dedicado hasta entonces a los 800 m , prueba en la que había sido olímpica en Atlanta y en la que acreditaba 2:00,88. En el Mundial de Sevilla 1999 ocupó la 8ª posición con 4:04,72. Ese fue, sin embargo, su mejor año en el kilómetro y medio, pues diversos problemas físicos le impidieron seguir progresando.

Quien sí se mantuvo tras realizar la exitosa del 800 al 1500 fue Nuria Fernández Domínguez (Lucerna, Suiza, 16 de agosto de 1976), atleta aún activa, que se acabaría convirtiendo en una de las mejores corredoras españolas del kilómetro y medio. Fernández había sido campeona de España de 800 m en 1996. Repitió en 1999, pero ese año ya corría los 1500 m en 4:07,46. Participó en esta última distancia en el Mundial de Sevilla y en los Juegos de Sídney. En el Mundial al aire libre de 2001 fue 12ª en la final y en el Europeo de 2002 consiguió su primer puesto de finalista al aire libre al ser 8ª. En estos años, sin embargo, no pudo ser la mejor española, puesto que la catalana Natalia Rodríguez, 3 años más joven, se mostró superior.

Natalia Rodríguez Martínez (Tarragona, 2 de junio de 1979) comenzó a destacar en categoría junior, ya en la prueba de 1500 m. Fue 5ª en el Eurojunior de 1997 y 6ª en el Mundial de 1998. Ese año consiguió la plusmarca española junior de 800 m, 2:02,78, aún vigente. En 2000 se situó 2ª en la lista española de todos los tiempos con 4:04,24. Ese año fue campeona de España al aire libre el primero de sus 10 oros (2000, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, 2009, 2010, 2012 y 2013). Su primer éxito internacional le llegó en el Mundial de 2001, al ocupar la 6ª plaza en la final de 1500 m, puesto que repitió en el Europeo del año siguiente. Ese año ya corría en 4:02,84, marca que mejoró en 2003, con 4:01,30, muy cerca de los 4:00,59, que Maite Zúñiga mantenía como plusmarca española desde los Juegos de Barcelona. Fue 10ª en los Juegos de Atenas 2004 y volvió a ser 6ª en el Mundial de Helsinki de 2005. Ese año logró uno de los mayores éxitos de su carrera atlética. El 28 de agosto en la reunión de Rieti, la ciudad italiana testigo de 8 plusmarcas mundiales, Natalia Rodríguez se convertía en la primera, y única hasta el momento, española en correr los 1500 m por debajo de 4 minutos, al marcar 3:59,51, tiempo que le sirvió para ser 4ª. Su carrera atlética se vio interrumpida los siguientes dos años, primero por lesión y después por embarazo.

A diferencia de lo sucedido en etapas anteriores con Carmen Valero (1955) y Maite Zúñiga, Natalia Rodríguez no estaba sola. Nuria Fernández continuó progresando hasta realizar 4:03,57 en 2003 y 4:03,37 en 2006, año en que volvió a ser campeona de España. Como Rodríguez, se perdió la temporada de 2007 por embarazo. La ausencia de ambas atletas resultó bien cubierta por la cántabra Iris Fuentes-Pila (1980), acreditada en 4:04,25 (2002), que se impuso en el campeonato de España al aire libre en 2007 y 2008. La murciana Adoración García (1976), 4:04,64 (2002), y la obstaculista cántabra Zulema Fuentes Pila (1977), hermana de Iris, 4:04,72 (2004), también contribuyeron notablemente a mejorar la lista española de siempre de la prueba.

En el año olímpico de 2008, Natalia Rodríguez volvía a la alta competición. También lo hizo, con más dudas, Nuria Fernández, que finalmente no pudo acudir a los Juegos de Pekín por no acreditar la mínima de 4:07,00. A finales de agosto, no obstante, llegó a su pico de forma al correr en 4:03,63 en la reunión de Rieti. Pese al fallo de Fernández, por primera vez en la historia 3 atletas conseguían la mínima olímpica en la prueba de 1500 m: Natalia Rodríguez, 4:03,68, Iris Fuentes-Pila, 4:04,44, y la valenciana Dolores Checa (1982), 4:02,77, tiempo con el que encabezaría la lista española del año. Las dos primeras tomaron parte en el 1500 olímpico mientras Checa eligió el 5000.

En Pekín tuvieron lugar 3 series semifinales en el kilómetro y medio. Solamente las tres primeras pasaban directamente a la final. Las 12 plazas se completaban con los tres mejores tiempos. Rodríguez se clasificó directamente para la final al ser 2ª en la primera serie con 4:05,30. Fuentes-Pila, en una segunda serie lentísima, ocupó también la 2ª posición, con 4:14,10. Por primera vez en la historia 2 españolas entraban en una final olímpica de 1500 m. La final resultó una carrera extraña ritmo irregular. Los pases fueron 1:05,90, 2:13,70 y 3:16,41. El oro fue para la keniana Nancy Langat (1981) con 4:00,03, mientras que las españolas entraban en puestos de finalistas, Natalia 6ª , 4:03,19, mejor marca de la temporada, e Iris 8ª, con 4:04,86.

 

La presencia de una masa crítica de atletas por debajo de 4:05,00 y la constante presencia de españolas en las grandes finales hacían presagiar que las medallas estaban al caer. No hubo que esperar demasiado.

El 1500 femenino en España (II). Maite Zúñiga

La plusmarca española de 1500 m de Carmen Valero (1955) de 4:08,34 se mantuvo durante 12 años, hasta el 2 de julio de 1988, cuando la vasca Maite Zúñiga (1964) registró 4:06,44. Durante esos 12 años, ninguna atleta española, aparte de la propia Valero y de Zúñiga, consiguió correr en menos de 4:14,00. Fueron años complicados para el kilómetro y medio femenino, con la excepción del 5º puesto de la catalana Gloria Pallé (1961) en el Europeo en sala de 1984  Aunque a Zúñiga se la recuerda más por su 7º puesto en la final de 800 m de los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, consiguió sus mayores logros en 1500 m.

María Teresa Zúñiga Domínguez nació en Éibar el 28 de diciembre de 1964. Comenzó a destacar muy joven. Ganó su primer campeonato de España, en la distancia de 800 m, en 1982, a los 17 años. Repitió un año después. Su prometedora carrera pareció, no obstante, estancarse en los años siguientes. No pudo mejorar hasta 1987, año en que acreditó 2:02,61 en 800 m y 4:12,99 en 1500 m. Su buen hacer ese año, sin embargo, no hacía presagiar lo que sucedería en el año olímpico de 1988. Comenzó la temporada en la pista cubierta, superando la plusmarca española de 1500 m. En el Europeo, celebrado en Budapest, igualaba el 5º puesto de Pallé 4 años antes en el kilómetro y medio, con 4:11,34. Este tiempo mejoraba el nuevo tope nacional que ella misma, con 4:11,92, había establecido en día anterior en la semifinal.

Al aire libre realizó una temporada que le permitió codearse con las mejores del mundo. El 1 de junio en Sevilla superaba en casi tres segundos la plusmarca española de 800 de la versátil salmantina Rosa Colorado (1954), con 1:57,45. Este sorprendente registro le permitía aspirar a la final olímpica que tendría lugar en septiembre. Unos días después, en Madrid, corría los 400 m en 52,71, su mejor marca de siempre. A principios de julio realizaba en los 1500 m  los 4:06,44 ya reseñados. En agosto se proclamaba campeona de España de 400 m. La cita olímpica sería al mes siguiente. La competición tendría tres rondas en tres días. En la primera ronda, Zúñiga fue 4ª en la segunda serie, con 2:00,98. Había 4 series y entraban las 3 primeras y 4 tiempos. La vasca obtuvo el mejor tiempo de la respesca. Al día siguiente corrió la primera semifinal. Las 4 primeras estarían en la final. Zúñiga fue otra vez 4ª con unos excelentes 1:58,85, en una serie rapidísima ganada por la alemana campeona del mundo Sigrun Wodars (1965) en 1:57,21. La gran rival de esta, su compatriota  Christine Wachtel (1965) se impuso en la segunda semifinal con 1:58,44. carrera en la que 6 mujeres corrieron por debajo de 2 minutos. Se preveía una final rápida y así sucedió, con las dos alemanas en cabeza pasando el primer 400 en 56,43. Zúñiga mantenía el contacto en posiciones sencundarias. Wodars continuó con el exigente ritmo, que la española ya no pudo seguir. Wachtel superó a su compatriota a falta de 200 m, pero Wodars recuperó la cabeza a falta de 50 m y se hizo con el oro en 1:56,10. Zúñiga fue 7ª con su tercer mejor tiempo de siempre, 1:59,82, todo un éxito para el atletismo español.

Las dos semifinales y la final del 800 femenino de Seúl

Zúñiga mantuvo su buena forma al año siguiente. En pista cubierta fue 4ª en los 800 m del Europeo. Al aire libre se proclamó campeona de España de 1500 m por primera vez. Lo sería también de forma consecutiva de 1993 a 1998. De 1990 a 1992 se colgó el oro nacional de 800 m. En total se hizo con 12 campeonatos de España absolutos al aire libre. En 1989, sin embargo, aún era una corredora de 800 m. No se pasaría definitivamente al 1500 hasta 1992. En la Copa del Mundo, que ese año tuvo lugar en Barcelona, Zúñiga ocupó un excelente 5º puesto en la prueba de 800 con 1:58,49, su segundo mejor tiempo de siempre. La prueba tuvo un altísimo nivel. La campeona olímpica Sigrun Wodars no pudo con la cubana Ana Fidelia Quirot (1963), que se impuso con 1:54,44, su mejor marca de siempre y aún 4ª mejor marca de todos los tiempos.

Los años de 1990 y 1991 no fueron buenos para Zúñiga, pues no logró entrar en las finales del Europeo de 1990 ni del Mundial de 1991 al aire libre. Sin embargo, volvió a lo más alto, ya como corredora de 1500 m en 1992, en los Juegos Olímpicos de Barcelona. acudió a la competición con 4:08,78, algo alejados de los 4:06,44 que poseía como plusmarca mundial desde hacía 4 años. Ya en los Juegos, se impuso en la segunda serie de la primera ronda con 4:07,93. Fue 5ª en la segunda semifinal, con una nueva plusmarca española de 4:04,00. La final fue rapidísima. Zúñiga se mantuvo prudentemente en puestos secundarios y fue de menos a más en la última vuelta adelantando rivales hasta alcanzar en 6º puesto con 4:00,59, nueva plusmarca española. Como Mariano Haro (1940) 20 años antes, la española conseguía ser finalista tras mejorar en dos ocasiones su propia plusmarca nacional. El oro fue para la valiente argelina Hassiba Boulmerka (1968), amenazada de muerte por los islamistas de su país, a los que no gustaba su atuendo deportivo. Su tiempo, excelente, 3:55,30.

El año de 1992 fue probablemente el mejor en la carrera deportiva de la eibarresa. Aunque no logró mejorar los tiempos del año olímpico, Zúñiga siguió compitiendo a un nivel muy alto hasta finales de los 90. En 1993 fue 5ª en la final del Mundial en sala y 12ª en el Mundial al aire libre. En 1994 fue 6ª en el Europeo en sala y 8ª al aire libre. En 1995 consiguió finalmente entrar en un podio de un gran campeonato. Sucedió en el Mundial en sala de Barcelona. Inicialmente fue 5ª, pero, de forma retrospectiva, las descalificaciones por consumo de drogas de la rusa Lyubov Kremlyova (1961) y de la rumana Violeta Szekely (1965), inicialmente 3ª y 4ª, otorgaron el bronce a la española. Ese año en el Mundial al aire libre fue 8ª. En los Juegos de Atlanta 1996 no pasó a la final, sin embargo, pudo recuperarse para una gran temporada al año siguiente. Tras ser 11ª en el Mundial en sala, tuvo la mejor actuación de su carrera en un Mundial al aire libre, donde volvió a demostrar una gran capacidad competitiva. Llegó con una mejor marca de 4:11,03. En las series fue 3ª con 4:08,09. Se clasificó por tiempos para la final con 4:06,66, el mejor registro de la repesca. En una final muy táctica se vio algo encerrada en la última vuelta y le faltaron metros para alcanzar el podio. Finalmente fue 4ª, con 4:04,80, a 0,1 del bronce, y a 0,56 de la ganadora, la portuguesa Carla Sacramento (1971).

En 1998 corrió el 2º 1500 más rápido de su vida al aire libre, 4:03,74. No obstante, en el Europeo solo fue 8ª. Había sido 6ª en sala ese mismo año. Aún compitió en el Mundial al aire libre de Sevilla en 1999. Se retiró al año siguiente.

Zúñiga es una de las mejores mediofondistas españolas de siempre. Se mantuvo más de 10 temporadas a un nivel muy alto, con importantes logros en grandes campeonatos. Su 7º puesto en la final olímpica de 800 metros sigue siendo la mejor prestación en unos Juegos de un atleta (hombre o mujer) español. Su plusmarca española de 800 m, pese a los embates de la vallisoletana Mayte Martínez (1976) acaba de cumplir 29 años.