Miguel de la Quadra Salcedo, un hombre del Renacimiento

Miguel de la Quadra Salcedo (Madrid, 30 de abril de 1932 – Pozuelo de Alarcón, 20 de mayo de 2016) fue un hombre polifacético, muy conocido por su trabajo de reportero en RTVE y posteriormente por su liderazgo como promotor del programa Ruta BBVA, anteriormente Ruta Quetzal. Lo que tal vez es algo menos conocido, fuera del mundillo atlético, es que de la Quadra fue además un atleta de alto nivel, protagonista de un episodio histórico en el lanzamiento de jabalina.

Aunque había nacido en Madrid, de la Quadra siempre se consideró navarro. Cuando Miguel tenía 5 años su familia se trasladó a Pamplona. Estudió Ingeniería Agrícola y durante esa época comenzó a practicar atletismo. Se especializó en lanzamientos, pero no en uno concreto, sino en los 4, aunque curiosamente fue en el lanzamiento en el que tuvo menos éxitos, el de jabalina, por el que resultó más conocido en el ámbito atlético. En cualquier caso, en aquella época en España era frecuente que los lanzadores practicasen varias modalidades. Fue 9 veces campeón de España: 6 en disco (1953, 1955, 1956, 1958, 1959, 1960), 2 en peso (1955, 1956) y una en martillo (1956). Además superó la plusmarca española de lanzamiento de disco en 7 ocasiones entre 1955 y 1960 hasta dejarla en 51,00 y la de lanzamiento de martillo 6 veces, en 1956, hasta 49,25. Su gran proeza, no obstante, ocurrió en el lanzamiento de jabalina en 1956, su gran año, en que le faltó el título en esta prueba para hacer pleno en los lanzamientos del campeonato de España.

De 1930 a 1963, el lanzamiento de barra fue oficial en los campeonatos de España. Consistía en lanzar con estilo rotatorio una barra de metal de 1,5 m de longitud y 3,5 Kg de peso. El veterano y exitoso lanzador vasco Félix Erausquin (1907-1987), que contaba entonces 49 años y había sido 26 veces campeón de España, de lanzamiento de peso, disco, jabalina y barra, decidió adaptar el estilo de lanzamiento de la barra a la jabalina. Poco después, con ese peculiar estilo, de la Quadra lanzó 66,25 m en París, el 23 de septiembre, casi 3 metros más que la plusmarca española de entonces. El propio Erausquin lanzó el 7 y el 12 de octubre 74,32 y 83,40 m. Otro especialista en lanzamiento de barra, el aragonés Manuel Clavero (1927), lanzó 82,94 m el 21 de octubre. La plusmarca mundial entonces estaba en manos del  polaco Janusz Sidlo (1933-1993) con 83,66 m. Alarmada la IAAF casi inmediatemente prohibió dar la espalda al sentido del lanzamiento, a lo que Erausquin respondió con un nuevo estilo en que eliminaba los giros. Con esta técnica, de la Quadra llegó a 82,80 el 21 de noviembre. El noruego futuro campeón olímpico y plusmarquista mundial Egil Danielsen (1933) lanzó la jabalina con el nuevo estilo a 93,70 m. Hay un lanzamiento dudoso del propio de la Quadra en París de 112,30 m. En cualquier caso, la IAAF, juzgando peligrosa esta técnica, cambió el reglamento de forma instantánea. A partir de entonces se requería que tanto en la aproximación como en el lanzamiento la jabalina tenía que estar por encima del brazo. Tal vez si los lanzadores españoles hubiesen mantenido la técnica en secreto hasta los Juegos de Melbourne, que se celebraban en noviembre, no se les habría podido anular lo que hubiesen conseguido. En cualquier caso, esto no habría sucedido de ninguna manera, puesto que el Gobierno de España, entonces presidido por el General Franco, decidió no acudir a los Juegos como protesta por la invasión soviética de Hungría.

De la Quadra tomó parte en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960, donde acabó con 3 nulos en lanzamiento de disco. Ese mismo año, en los primeros Juegos Iberoaméricanos, celebrados en Santiago de Chile, fue bronce en peso y 4º en disco. A continuación se retiró. En total fue 17 veces internacional.

En 1961, el Gobierno de Colombia lo contrató para realizar un estudio etnobotánico de la selva amazónica. Estuvo 3 años en Suramérica, donde vivió en la selva y ejerció otros oficios como el de domador, camionero o marinero. Volvió a España, donde comenzó a trabajar en Televisión Española, de la que fue el primer corresponsal en Iberoamérica y, posteriormente, se especializó en conflictos. Estuvo en Vietnam, Eritrea, Congo, donde lo condenaron a muerte, y en Chile durante el golpe de estado de Pinochet. A mediados de los años 70 y 80 realizó numerosos documentales, la mayoría de temas aventureros. Le gustaba recorrer las rutas de los antiguos exploradores como la de Orellana en el Amazonas. En 1988 empezó con Aventura 92, que en 1993 se convertiría en la Ruta Quetzal y posteriormente en la Ruta BBVA, un programa de actividades de intercambio cultural para jóvenes entre las que destacaban expediciones por España e Iberoamérica. En 1990, la UNESCO declaró el programa de interés universal.

Hombre culto y extraordinariamente leído, se consideraba un hombre del Renacimiento, por sus múltiples intereses y actividades. Tenía una biblioteca de 8000 volúmenes y disfrutaba leyendo las crónicas de los conquistadores, a Verne o a Homero. Estuvo trabajando casi hasta el final. Falleció el 20 de mayo de 2016, víctima de una insuficiencia cardíaca.

En la actualidad, la Asociación Española de Estadísticos del Atletismo está llevando a cabo el proyecto #RecordandoAMiguel, cuyo objetivo es la construcción de una escultura de Víctor Ochoa dedicada a Miguel de la Quadra Salcedo, en la pista de atletismo de la Universidad Complutense de Madrid, en la Ciudad Universitaria. Si queréis contribuir económicamente visitad la página

https://www.verkami.com/projects/18998-un-granito-de-arena-para-alguien-que-nos-enseno-el-mundo

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Montreal 1976, los Juegos del boicot africano

Los Juegos de Montreal han pasado a la historia por dos hechos extradeportivos: el boicot africano y el endeudamiento de la ciudad para organizar las competiciones. A poco más de dos semanas para la inauguración de los Juegos, el líder de Uganda, el tristemente famoso Idi Amin (¿1925? – 2003), al que posteriormente se le unieron varios países africanos, solicitó la exclusión del equipo olímpico de Nueva Zelanda, argumentando que los All Black de rugby había jugado un torneo en Suráfrica. Debido a su política racista, este país estaba fuera de las organizaciones internacionales, incluidas las deportivas. El comité olímpico neozelandés arguyó que el rugby no era un deporte olímpico y que ellos no tenían potestad para decir a sus ciudadanos adónde podían ir o no. Estas explicaciones no convencieron a los representantes de los países africanos, que se mantuvieron en su postura y finalmente, ante la negativa del Comité Olímpico Internacional (COI) de apoyarlos, decidieron no participar en los Juegos. Tan solo Senegal y Costa de Marfil dejaron de secundar la postura mayoritaria de otros 30 países africanos. Lo que entonces ignoraban los dirigentes del COI era que este sería el primero, y el menos importante, de tres boicots a los Juegos, que hicieron peligrar seriamente su continuidad.

El otro problema al que se enfrentó la ciudad de Montreal fue la falta de financiación, pues ni el Gobierno Federal de Canadá ni el Gobierno Provincial de Quebec apoyaron económicamente el proyecto de los Juegos. A la ciudad no le quedó otro remedio que establecer un impuesto especial a sus ciudadanos y endeudarse, de modo que los pagos no se terminaron hasta diciembre de 2006.

A pesar de estos problemas, el atletismo en los Juegos de Montreal tuvo un nivel altísimo. Se superaron 8 plusmarcas mundiales. Se disputaron 37 pruebas, 14 femeninas. La IAAF decidió que los 50 kilómetros marcha no fuesen olímpicos, aunque se recuperaron 4 años después. No hubo otros cambios respecto a Montreal. No se añadieron pruebas a la categoría femenina. Pese a que en el Europeo de 1974 ya se habían disputado los 3000 m femeninos, el COI no los introduciría en el programa olímpico hasta 1984.

Uno de los grandes héroes de los Juegos fue el cubano de 26 años Alberto Juantorena Danger (1950). Juantorena comenzó jugando al baloncesto. Posteriormente se pasó al atletismo, deporte en que se especializó inicialmente en los 400 m lisos. En esta prueba acreditaba 44,3A (44,70) antes de los Juegos. A partir del mismo año olímpico, unos buenos 1:44,9 en la doble vuelta lo llevaron a intentar un doblete inédito. En los 800 m tras imponerse con autoridad en su serie y en su semifinal, el cubano salió en la final decidido a correr muy rápido. Su victoria fue incuestionable en una nueva plusmarca mundial de 1:43,50. Unos días después ganó su segundo oro, al hacer 44,26 en 400m, mejor marca entonces al nivel del mar.

Otra de las plusmarcas mundiales tuvo lugar en los 400 metros vallas, prueba en la que un desconocido de 20 años llamado Edwin Moses (1955), que llegó a los Juegos con la mejor marca del año, 48,8, y se marchó con el tope universal, 47,64. Iniciaba en Montreal un incontestable dominio de la especialidad, que se prolongó por más de una década.

La prueba más larga de obstáculos, los 3000 m, resultó una espectacular carrera, que terminó en plusmarca mundial, con un trepidante final, del que salió triunfante el sueco Anders Gärderud (1946), con 8:08,02.

El lanzador de jabalina húngaro Miklos Nemeth (1946), cuyo padre Imre (1917-1989) había ganado el oro en lanzamiento de martillo en 1948, se proclamó campeón olímpico con nueva plusmarca mundial de 94,58 m, con la antigua jabalina. Nemeth tomó parte en 4 Juegos, pero solo en Montreal alcanzó el podio.

La quinta plusmarca mundial masculina corrió a cargo del decatleta estadounidense Bruce Jenner (1949), que llegó hasta los 8618 puntos (8634 con la tabla de 1985). Tras su victoria olímpica se convirtió en una celebridad. Pero ocultaba un problema muy serio. Tras tres matrimonios fallidos, finalmente Jenner hizo público que en realidad tenía un cerebro de mujer encerrado en un cuerpo masculino. Después de someterse a terapia durante varios años, finalmente en 2015 se cambió oficialmente de sexo y de nombre. En la actualidad es Catlyn Jenner.

En categoría femenina, se superaron tres plusmarcas mundiales a cargo de la polaca Irena Szevinska (1946), la soviética Tatyana Kazankina (1951) y el equipo 4 x 400 de Alemania del Este. La polaca fue una atleta enorme y muy versátil, pues combinó todas las pruebas de velocidad con el salto de longitud. Su carrera olímpica había comenzado 12 años atrás, en los Juegos de Tokio, donde ganó el oro en 4×100, la plata en salto de longitud y en 200 m. Cuatro años después, en México, fue oro en 200 m y bronce en 100 m. En Munich 1972 ganó el bronce en 100 m. Y en sus últimos Juegos, en Montreal, se impuso con autoridad en los 400 m con 49,28, nueva plusmarca mundial.

Kazankina tuvo una exitosa carrera atlética que acabó en 1984, tras negarse a pasar un control de drogas. Fue plusmarquista mundial de 800, 1500 y 3000 m. En Montreal hizo el doblete en 1500 y 800 m, en esta última prueba con unos asombrosos 1:54,84, nueva plusmarca mundial. Fue también oro olímpico en 1500 m 4 años después en Moscú.

El equipo de Alemania del Este de 4 x 400 m, formado por Doris Maletzki (1952), evin (1954), Ellen Streidt (1952) y Christina Brehmer (1958) corrieron la prueba por primera vez en la historia en una media de menos de 50,00 s cada 400 m, con un tiempo final de 3:19,23, 3,62 s mejor que la anterior plusmarca conseguida que tenía también Alemania Oriental desde Múnich.

Además de las plusmarcas mundiales, en Montreal hubo otras actuaciones muy destacadas. En los 100 m se produjo el hecho histórico de que por primera vez no había ningún atleta estadounidense en el podio. El oro se fue por primera vez para Trinidad y Tobago, de la mano de Hasely Crawford (1950), con unos buenos 10,06. El subcampeón en 100 m, el jamaicano Donald Quarrie (1951), que tenía la 2ª mejor marca de siempre con 19,86A, se hizo con el oro en los 200 m, en 20,22. Las vallas altas fueron para el francés Guy Drut (1950), que llegaría a Ministro de Deportes de su país.

El boicot africano y la malaria del plusmarquista mundial de 1500 m, el tanzano Filbert Bayi (1953), frustraron su duelo con el neozelandés John Walker (1952), que se impuso con cierta facilidad en una final táctica. El finlandés Lasse Virén (1949) repitió el doble oro en 5000 y 10000 m de 4 años antes en Múnich. Intentando emular a Emil Zatopek (1922-2000) fue 5º en maratón, prueba en la que se impuso en alemán oriental Waldemar Cierpinksi (1950).

En los saltos verticales los oros se fueron para Polonia. Jacek Wszola (1956) ganó la altura con 2,25 y Tadeus Slusarski (1950-1998) la pértiga con 5,50. El soviético Viktor Saneyev (1945) obtuvo su tercero oro consecutivo en triple salto. El estadounidense Arnie Robinson (1948) se hizo con el título de longitud con 8,35 m, entonces 3ª mejor marca de siempre.

Montreal fue el inicio de la carrera del mejor lanzador de martillo de siempre, el entonces soviético Yuriy Georgiyevich Sedykh (1955). Sedykh tuvo una brillante y dilatada carrera que se extendió tres lustros. En estos Juegos se hizo con su primer oro olímpico, con 77,52. 15 años después, en Tokio, se proclamó campeón del mundo con 81,70. En el medio otro oro y una plata olímpicos, una plata mundialista, tres oros europeos y 6 plusmarcas mundiales hasta 86,74 m en 1986, tope aún vigente.

Otro joven lanzador y futuro plusmarquista mundial, el alemán Udo Beyer (1955) ganó la prueba de lanzamiento de peso. El disco fue para el plusmarquista mundial, el estadounidense Mark Wilkins (1950), que consiguió la plata 8 años después en Los Ángeles.

En categoría femenina, las alemanas del Este se impusieron en 9 pruebas de 14. Aún faltaban algunos años para que se demostrase la poca fiabilidad de esos triunfos. Además del reseñado oro con plusmarca mundial de 4x400m, las alemanas orientales también fueron oro en el relevo corto. Los 200 m fueron para Bärbel Wöckel (1955), entonces Eckert, con 22,37. Repetiría en Moscú 4 años después. En 100 m vallas Johanna Schaller (1955) se hizo con el oro. Los saltos fueron para Angela Voigt (1951-2013), la longitud, y para la plusmarquista mundial, que aún practicaba el rodillo ventral, Rosemarie Ackerman (1952), la altura.

El pentatlón se resolvió por puestos a favor de la primera, ya que las dos alemanas del Este Siegrun Siegl (1952) y Christine Laser (1951) empataron a 4745 puntos. Los dos últimos oros alemanes fueron para las lanzadoras de disco, Evelin Jahl (1956), y de jabalina, Ruth Fuchs (1946).

Además de las ya mencionadas Szevinska y Kazankina, las otras dos ganadoras no alemanas del Este fueron la campeona de 100 m, la alemana occidental Annegret Richter (1950) y la campeona de lanzamiento de peso, la búlgara plusmarquista mundial con 21,89 m, Ivanka Khristova (1941).

Así, pese al boicot africano, los Juegos de Montreal tuvieron un nivel muy alto, algo que no tuvo continuidad 4 años después en Moscú, cuyos Juegos sufrieron el boicot más grave de la historia que estuvo cerca de llevar al traste el movimiento olímpico. Probablemente lo salvó el duelo Coe Ovett.

NOTA: Dedico esta entrada a mi amigo, antiguo lanzador de martillo, Ángel Berruezo, pues estos fueron los primeros Juegos que siguió y los que lo engancharon al atletismo.

La gran cosecha del fondo gallego de 1967

Hace unos días coincidí con lo más granado de la última gran generación del fondo gallego, nacidos casi todos ellos en 1967. Tras los Teixeira, Manuel Augusto Alonso, Carlos Pérez y Javier Álvarez Salgado, el fondo gallego entró en un período de transición de unos tres lustros, hasta que la nueva generación consiguió reverdecer los laureles de sus mayores. Su presencia fue constante en los puestos de honor de los campeonatos nacionales, pero también consiguieron buenos resultados en el ámbito internacional.

Probablemente el momento culminante de este grupo de grandes fondistas gallegos sucedió en el campeonato de España de campo a través de 1994, celebrado en Zarauz, un circuito que a priori beneficiaba al gran favorito, el vitoriano Martín Fiz (1963). Sin embargo, Fiz no pudo con el tridente gallego formado por Carlos Adán (1967), Carlos de la Torre (1966) y Alejandro Gómez (1967), quienes sin táctica de equipo coparon por ese orden el podio del campeonato.

Tal vez el atleta sea Alejandro Gómez Cabral (Zamáns, Vigo, 11 de abril de 1967) más emblemático de este excelso grupo. Alejandro, un atleta de gran talento, comenzó a entrenar en 1982, cuando era juvenil (sub18) de primer año. Esa temporada corrió los 3000 m en 8:29,8. Al año siguiente mantuvo una dura pugna con otro vigués, Manuel Carrera Nogueira (3 de febrero de 1967), por la plusmarca española de 3000 m de la categoría. A principios de esa temporada de 1984, Alejandro había realizado 14:16,7 en 5000 m. En septiembre se hizo con el primado español de 3000 m con 8:15,30, pero unos días después, Carrera, que hasta ese año se había centrado en 800 y 1500 m le arrebataba la plusmarca con 8:15,1. Redondeaba así un excelente año en el que había sido doble campeón de España juvenil de 1500 y 3000 m. Sin embargo, Carrera, no pudo continuar progresando. En 1986 corrió los 3000 m en 8:05,03, entonces 5ª mejor marca junior (sub20) española de siempre, pero diversas circunstancias le impidieron seguir. Alejandro, por el contrario, tuvo una gran prestación en ese 1986, su último año de junior. Consiguió la plata en los 5000 m del primer campeonato del mundo de la categoría, así como las plusmarcas españolas junior de 2000 m (5:09,5), 3000 m obstáculos (8:36,4), 3000 m (7:57,84) y 5000 m (13:42,16). Acudió con 21 años a los Juegos de Seúl de 1988. Posteriormente volvió a ser olímpico en 10000 m en Barcelona 1992 y Atlanta 1996, donde fue 15º. Ocupó la 9ª posición en el 10000 del Mundial de 1991 y fue 5º y 6º en maratón en los Europeos de 1998 y 2002. En campo a través su mejor actuación internacional fue una 6ª posición en el Mundial de 1989. Fue, además, dos veces campeón de España de campo a través (1989, 1995), 5 veces campeón de España de 10 000 m (1989, 1991, 1993, 1995, 1996) y otras dos de medio maratón (1992, 2003). Sus mejores marcas fueron 13:20,91 27:39,38, 1h01:20 y 2h07:57.

El brillante campeón de España de campo a través de 1994, José Carlos Adán Arias (Vigo, 22 de julio de 1967), tuvo también una importante trayectoria en pista al aire libre. Representó a España en el 10 000 de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Su mejor actuación en pista tuvo lugar en el 5000 del Europeo de 1994, donde ocupó la 6ª posición. En campo a través fue 4º en el campeonato de Europa de 1994, 6º en 2000 y 7º en 2001. Sus mejores marcas son 13:19,71, actual plusmarca gallega de 5000 m, y 27:59,49.

El tercer olímpico de aquella generación fue Carlos de la Torre Allariz (Marín, Pontevedra, 18 de mayo de 1966). De la Torre tomó parte en los 10000 m de los Juegos de Barcelona y de Atlanta. En esta última competición fue 14º. Ese mismo año de 1996 fue 4º en el campeonato del Mundo de medio maratón, que se celebraba en Palma de Mallorca. Dos años antes había sido 8º en el Europeo de 10000 m. Fue campeón de España de 10 000 m en 1990. Sus mejores marcas fueron 13:29,85, 27:49,17 y 1h02:03.

Otro gran atleta de este elenco es José Ramón Rey Rodríguez (Orense, 3 de noviembre de 1967). Jota, como se le conocía en el mundillo atlético, comenzó corriendo 1500 m y progresivamente fue ascendiendo a los 3000 m obstáculos, 5000 y 10000 metros. Sus mejores marcas fueron 8:44,2, 13:47,6 y 28:34,6. En 1997 corrió su primer maratón, en el campeonato de España. Hizo su mejor marca de siempre, que igualaría en 2001, 2h10:49, con la que fue 2º, el mismo tiempo que el campeón. Al año siguiente ocupó la 4ª plaza, primer español, en el Europeo de Budapest. En medio maratón su mejor registro fue 1h02:06.

A estos 4 atletas bien se le pudo haber unido un quinto de la misma generación, Jesús González Margaride (Pontenova, Lugo, 16 de octubre de 1967). En 1992 había corrido los 5000 m en 13:28,57, muy cerca de los 13:25,00 de la mínima olímpica. Desgraciadamente, una grave enfermedad ese mismo año lo obligó a abandonar el deporte de alta competición. Su hijo Miguel González Carballada (1997) es un prometedor corredor de fondo que probablemente buscará lo que su padre no pudo conseguir.

Actores clave del éxito de esta generación fueron entrenadores como Julio Rodríguez, Alfonso Ortega, Carlos Pérez, Virgilio Gónzalez Barbeitos, Mariano Castiñeiras o Carlos Landín. En aquellos años 80 y 90 era muy frecuente que apasionados del atletismo dedicasen muchas horas, que quitaban a sus familias, a entrenar chavales a cambio de nada o casi nada. Tal vez la clave del estancamiento actual esté ahí.

En el blog de Emilio Navaza hay semblanzas muy completas de Alejandro Gómez, Carlos de la Torre y Carlos Adán.

El campeonato gallego de campo a través de 1995, con Alejandro Gómez, José Ramón Rey, Carlos Adán y los hermanos de la Torre, minuto 57:25.

 

 

 

México 68, los mejores Juegos de siempre

Cada vez que oigo decir en las ceremonias de clausura de los Juegos Olímpicos aquello de que han sido los mejores Juegos de la historia, no puedo evitar una sonrisa. Al margen de los aspectos organizativos y del nivel deportivo general, los aficionados al atletismo sabemos que no ha habido Juegos como los de México, celebrados en 1968, de los que estos días se cumplen 49 años.

La Ciudad de México ganó la organización de los Juegos en 1963. Su proyecto resultó el más convincente, lo que no resultaba tanto eran los 2240 m de altitud de la urbe. Entonces apenas se conocían los efectos de la altitud en el esfuerzo. Hubo quien llegó a decir que podría poner el peligro la vida de los deportistas. Diez días antes del inicio de la competición sucedió algo que pudo haber terminado con los Juegos antes de empezar. Una manifestación de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de la capital mexicana terminó con la intervención policial y más de 2 centenares de muertos. El presidente del COI, el octogenario Avery Brundage (1887-1975) se apresuró a decir que era un asunto que no tenía que ver con los Juegos.

El atletismo se celebró entre el 13 y el 20 de octubre. Fueron 8 días en que se lograron 18 plusmarcas mundiales y se igualó otra. De las 36 finales, en 26 de ellas los ganadores superaron la anterior plusmarca olímpica, en algunos casos conseguidas minutos antes o en las pruebas de clasificación. Para la consecución de estos logros se reunieron varios factores. La altitud fue clave para las pruebas explosivas o de esfuerzos cortos y el cambios a pista sintética resultó fundamental. Pero el nivel no habría sido tan alto si no hubiese habido una magnífica generación de velocistas de raza negra, principalmente estadounidenses, junto con la primera gran hornada de corredores africanos. Los atletas europeos, pese a verse en algunos casos perjudicados por la altitud, también tuvieron un papel relevante.

Si hubiese que elegir una imagen de estos Juegos, no habría ninguna duda de que seleccionaríamos esta:

Los 8,90 metros del estadounidense Bob Beamon (1945) superan con mucho el ámbito mediático del atletismo y están considerados uno de los grandes hitos de la historia del deporte. La competición se terminó con este primer salto de Beamon, que continúa siendo la segunda mejor marca de la historia.

La velocidad en México sufrió una auténtica revolución. Surgió una nueva promoción de velocistas estadounidenses que llevó las plusmarcas a límites impensables. Jim Hines (1946), en una final de 100 monocolor inédita hasta entonces, rompió por primera vez con 9,95 la barrera de 10,00. Tommie Smith (1944) hizo lo propio con la de 20,00 en 200 m, 19,83, al menos oficialmente pues su compatriota John Carlos (1945)había corrido en 19,92 en las pruebas de selección, marca no homologada por la IAAF por haberse hecho con zapatillas no reglamentarias. Lee Evans (1947), por su parte, se fue en 400 m a unos asombrosos 43,86. Hines y Evans lideraron los relevos corto y largo que con 38,23 y 2:56,16 también superaron las respectivas plusmarcas mundiales. El incidente de Smith y Carlos protestando en el podio contra la segregación racial y su posterior expulsión se convirtió en un símbolo para siempre.

En el otro salto vertical, el triple, también se hizo historia, pero por una razón diferente, pues se superó la plusmarca mundial nada menos que 5 veces. Comenzó en la clasificación el italiano Giuseppe Gentile (1943) con 17,10 m. Al día siguiente con un primer salto de 17,22 m parecía que dejaba el concurso visto para sentencia. Pero aún quedaba mucha competición. En la tercera ronda el georgiano, entonces soviético, Viktor Saneyev (1945), se iba a 17,23. En la quinta ronda surgió el brasileño Nelson Prudencio (1944-2012) quien con 17,27 pareció dar por finiquitada la prueba. Pero Saneyev dejó lo mejor para el último salto, en el que con 17,39 m ganó la primera de sus tres medallas de oro olímpicas.

Además de grandes registros, otro hito de los Juegos sucedió en el salto de altura . El estilo de salto de entonces era el rodillo ventral o, algo menos, el rodillo californiano. El estadounidense Dick Fosbury (1947) no se adaptaba a ninguno de ellos y comenzó a desarrollar su estilo propio, que acabó llevando su nombre. Cuando ganó el oro en México con 2,24 m el mundo atlético se quedó asombrado. Si bien Fosbury ya llevaba años practicándolo, con los medios de comunicación de entonces, la repercusión de su estilo era muy limitada fuera de su ámbito.

En salto con pértiga,  el estadounidense Bob Seagren (1946) se quedó a 1 cm de su plusmarca mundial de 5,41 m, con los 11 primeros, incluido el español Ignacio Sola (1944), 9º, por encima de la anterior plusmarca olímpica. En lanzamiento de disco el también estadounidense Al Oerter (1936-2007) ganaba su cuarto oro. Su compatriota Randy Matson (1945) se hacía con el oro en peso, tras su plata 4 años antes. La jabalina fue para el letón, entonces soviético, Janis Lusis (1939) y el martillo para el húngaro Gyula Zsivótzky (1937-2007), que había sido plata en las dos ediciones anteriores.

La plusmarca mundial igualada fue la de 800 m. Se esperaba que el keniano Wilson Kiprugut (1938), bronce 4 años antes, se hiciese con el oro, pero en una rapidísima carrera se vio superado a falta de 50 m por el australiano Ralph Doubell (1945) que ganó con 1:44,40, marca homologada en 1:44,3, que igualaba la plusmarca mundial del neozelandés Peter Snell (1937)

En mediofondo y fondo uno de los grandes protagonistas fue el keniano Kip Keino (1940), uno de los mejores de todos los tiempos. Se planteó el reto de tres oros en 10000, 5000 y 1500 m. Abandonó en la primera por un cólico biliar, prueba que ganó su compatriota Naftali Temu (1945-2003), el único keniano con un oro olímpico en 10 Km, seguido del etíope Mamo Wolde (1932-2002), que ganaría el maratón, y del tunecino Mohamed Gammoudi (1938), plata en la anterior edición. Gammoudi superó a Keino en una apretada llegada en el 5000, con Temu tercero. En las pruebas de fondo la altitud también se dejó notar, en sentido negativo, con registros de los ganadores de 14:05,01, 29:27,40 y 2h20:27. El plusmarquista mundial del 5 (13:16,6) y 10 Km (27:39,4), el australiano Ron Clarke (1937-2015),  tampoco se adaptó a la altitud y solo pudo ser 5º y 6º. También fue lento el 3000 obstáculos, distancia en que se impuso por primera vez en la historia un keniano, Amos Biwott (1947), con 8:51,02. A Keino le quedaba el 1500, en el que se enfrentaría al plusmarquista mundial, el joven estadounidense Jim Ryun (1947), acreditado en 3:33,1. Sin embargo, en uno de los mejores 1500 de la historia olímpica, el keniano no dio opción y se impuso con 3:34,91. Incluso al nivel del mar Ryun lo habría tenido muy complicado.

En los 110 m vallas se impuso el estadounidense William Davenport (1943-2002), con 13,33, probablemente mejor que la plusmarca mundial del Martin Lauer (1937) de 13,2. En 400 m vallas, la victoria fue para el británico David Hemery (1944) con unos magníficos 48,12, plusmarca mundial por 0,7.

El programa femenino en 1968 estaba aún muy lejos del masculino. Se celebraron 11 pruebas, las carreras de 100, 200, 400, 800 y 80 m vallas, el relevo 4 x 100, los saltos de altura y longitud, los lanzamientos de peso, jabalina y disco y la combinada de entonces que era el pentatlón. Hubo en total 5 plusmarcas mundiales. La estadounidense Wyomia Tyus (1945) fue la primera velocista que defendió con éxito el título olímpico de 100 m, esta vez con plusmarca mundial de 11,08. Formó parte del relevo estadounidense de 4 x 100 que ganó el oro también con tope mundial 42,88.

La polaca Irena Szewinska (1946), una de las grandes velocistas de la historia, se llevó la victoria en 200 m con plusmarca mundial de 22,58, tras ser bronce en 100 m. En 400 m se produjo un gran duelo entre la ganadora, la francesa Collete Besson (1946-2005) y la malograda británica Lillian Board (1948-1970). El tiempo de Besson, 52,03, fue probablemente superior que la plusmarca mundial de 51,9 de la coreana Sin Kim-dan (1938).

Las otras dos plusmarcas mundiales femeninas fueron en salto de longitud, a cargo de la rumana Viorica Viscopoleanu (1939), 6,82 m, y en lanzamiento de peso, 19,61 de la alemana del Este Margitta Gummel (1941).

En México finalmente se demostró que la altitud unido a las mejoras técnicas y a una excepcional generación de atletas da lugar a una catarata de plusmarcas mundiales, difícilmente repetible, porque difícilmente se repetirán las tres circunstancias juntas. Quienes lo vivieron en directo fueron unos privilegiados.

Ritmos de maratón que fueron plusmarcas mundiales

No pudo ser finalmente. No ayudó el tiempo en Berlín y tampoco los rivales. Lo que se preveía un enconado duelo maratoniano entre Eliud Kipchoge (1984, 2h03:05), Kenenisa Bekele (1982, 2h03:03) y Wilson Kipsang (1982, 2h03:13) en pos de la plusmarca mundial se quedó en una gran victoria del primero, con la sorprendente compañía del debutante etíope Guye Adola (1990). Bekele y Kipsang no fueron capaces de terminar la prueba. El etíope no pudo seguir el ritmo de la cabeza a partir de la mitad de la prueba y el keniano paró en el kilómetro 30. Kipchoge se impuso bajo la lluvia con unos excelentes 2h03:32. Adola fue segundo con 2h03:46, mejor marca de siempre para un principiante, y se permitió el lujo de descolgar durante unos kilómetros del tramo final de la carrera al keniano campeón olímpico. Probablemente la intensa lluvia arruinó un tiempo más rápido de 2h02:57 que Dennis Kipruto Kimetto (1984) posee como plusmarca mundial desde la edición del maratón de Berlín de 2014. Hace 33 años, en el maratón de Chicago de 1984, el galés Steve Jones (1955) sí pudo sobreponerse a la lluvia y consiguió superar la plusmarca mundial de entonces con 2h08:05, imponiéndose al campeón olímpico el portugués Carlos Lopes (1947) y al anterior plusmarquista mundial, el australiano Robert de Castella (1957).

Tres años después, la plusmarca de Kimetto se está mostrando muy resistente. Bekele y Kipchoge se han quedado muy cerca, pero no han conseguido superarla. Tras la exhibición de Kipchoge en Monza el pasado 6 de mayo, cuando recorrió 42,195 Km en 2h00:26 en un circuito no homologado, se pensaba en un registro próximo a 2h02:00, pero la lluvia y la peor forma de los otros dos candidatos no lo hicieron posible.

En cualquier caso, nos hemos acostumbrado tanto a estas marcas estratosféricas que a veces no nos damos cuenta de los que suponen. La plusmarca de Kimetto se realizó a un ritmo medio de 2:54,83 por kilómetro, es decir, 14:34,15 cada 5 kilómetros, y 29:08,30 cada parcial de 10 kilómetros. Hubo un tiempo en que solo los mejores eran capaces de hacer un 5000 o un 10000 en pista a esos ritmos.

El primero en correr una prueba de 5000 m por debajo de 14:34,15 fue el excepcional corredor finlandés Paavo Nurmi (1897-1973). Nurmi, considerado por muchos incluido este bloguero el mejor fondista de siempre, superó oficialmente un total de 22 plusmarcas mundiales en distancias entre 1500 y 20000 metros. Fue 9 veces oro y 3 veces plata olímpicos en 3 Juegos (1920, 1924 y 1928). En 1924 el finlandés decidió que tomaría parte en las pruebas olímpicas de 1500 y 5000 m, cuyas finales tendrían lugar con menos de 1 hora de diferencia. Un mes antes, el 19 de junio en Helsinki, realizó un ensayo disputando ambas distancias con menos de 1 hora de diferencia. En 1500 m registró una nueva plusmarca mundial de 3:52,6. Menos de 1 hora más tarde, recorrió los 5 km en 14:28,2, que mejoraba en más de 7 segundos su anterior plusmarca mundial de 14:35,4. En los Juegos de París ganó los oros en ambas distancias, además de otras 3 en campo a través individual, por equipos y en 3000 m por equipos.

Pasaron algunos años antes de que un español realizase un tiempo similar. El catalán Josep Molins (1933), durante la celebración de los campeonatos de Cataluña en la vieja pista de ceniza de Montjuic, rebajó la anterior plusmarca española hasta 14:27,6, el 20 de junio de 1957. Molins, aún en activo como entrenador de la JA Sabadell, fue campeón de España de 5000 m en 1958 y 1960 y de 10000 m en 1961.

La primera mujer en superar los 14:34,15 fue la china Dong Damnei (1977), que el 21 de octubre de 1997, en la semifinal de los campeonatos nacionales, realizó 14:31,27. La plusmarca mundial le duró 2 días, pues en la final su compatriota Jiang Bo (1977) la rebajó hasta 14:28,09. Dong no tuvo una carrera internacional muy larga. Su mayor logro fue una 4ª plaza en la prueba de 5000 m del Campeonato Mundial de 2001.

En cuanto a los 10000 m, el primer atleta en correr a un ritmo más rápido que Kimetto fue el formidable fondista checo (entonces checoslovaco) Emil Zátopek (1922-2000). Zátopek realizó durante su carrera 13 plusmarcas mundiales, 5 de ellas en 10000. El 4 de agosto de 1950 en Turku, Finlandia, consiguió la tercera de ellas con 29:02,6. El checo fue 4 veces campeón olímpico y una vez subcampeón entre 1948 y 1952. En estos últimos Juegos se hizo con los oros en 5000, 10000 y maratón, hazaña que aún nadie ha conseguido igualar.

El primer español en correr en un tiempo parecido fue el jienense, criado y formado como atleta en Guipúzcoa, Fernando Aguilar (1938-2013). Apodado Galgo de Arechavaleta o Aguilucho, realizó 28:59,0 en la reunión de Rennes el 17 de junio de 1964, superando su propia plusmarca española de 29:22,2. Este tiempo lo había realizado el año anterior en los campeonatos provinciales de Guipúzcoa, con una diferencia de más 5 minutos al segundo clasificado. Aguilar fue olímpico en el 10000 de los Juegos de Tokio 1964 y campeón de España de 5000 en 1963 y de 10000 en 1963 y 1967.

Todavía no hay ninguna mujer que haya corrido en menos de 29:08,30. No se encuentra muy lejos la etíope Almaz Ayana (1991), con los 29:17,45 que realizó para hacerse con el oro olímpico en Río 2016.

La historia nos enseña que los ritmos a los que corren los mejores maratonianos actuales fueron un día las velocidades máximas a las que se podía correr un 5000 o un 10000. Si tomamos como referencia los 42,195 km de Monza el ritmo es de 2:51,25 el km, es decir 14:16,25 los 5000 metros y 28:32,50 los 10000 metros, una locura. Estaremos atentos a los siguientes maratones.

Zürich 1984: una plusmarca muy especial para Evelyn Ashford

Los Juegos Olímpicos celebrados en Los Ángeles del 28 de julio al 12 de agosto de 1984 se vieron lastrados por el boicot que llevaron a cabo la antiguo Unión Soviética y sus aliados, en respuesta al realizado 4 años antes por Estados Unidos y numerosos países del bloque occidental. Eran tiempos de la Guerra Fría que, no obstante, estaba dando sus últimos coletazos. Tan solo 8 años más tarde ya no existía la Unión Soviética ni dos Alemanias. El boicot no fue unánime, pues China, Rumanía y Yugoslavia sí enviaron sus equipos olímpicos. Sus consecuencias en el atletismo fueron desiguales. En carreras masculinas apenas tuvo efecto alguno. En saltos y lanzamientos masculinos hubo ausencias importantes, sobre todo las de los plusmarquistas mundiales de salto con pértiga, 5,90 m, el soviético, hoy ucraniano, Sergei Bubka (1983), de lanzamiento de martillo, 86,34 m, el soviético, hoy ruso, Yuriy Sedykh (1955) o de lanzamiento de jabalina, 104,80, el alemán oriental Uwe Hohn (1962), registros todos ellos de ese año olímpico. Pero donde el boicot se hizo sentir mucho más fue en categoría femenina, entonces dominada de forma casi absoluta por las atletas del Este. Años después se confirmaría lo que entonces se sospechaba acerca de la generalización de prácticas prohibidas en los países del Este, patrocinadas por los propios estados, pero también es cierto que sobre los atletas estadounidenses de entonces se cierne la sombra de la hormona del crecimiento.

Ya en la competición, la estadounidense Valerie Brisco-Hooks (1960) tuvo una inesperada actuación con doblete en 200 y 400 m con plusmarcas personales y olímpicas de 21,81 y 48,83, no muy lejos de los 21,71 y los 47,99 que la alemana del Este Marita Koch (1957) y la checa Jarmila Kratochvilova (1951) ostentaban respectivamente como plusmarcas mundiales. Brisco había destacado a finales de los 70, pero su carrera se había estancado en los primeros 80. En las pruebas de selección olímpica ganó el 200 con 22,16 y fue 2ª tras Chandra Cheeseborough (1959) en 400 m, con 49,73, marcas personales en ambos casos. Aunque en 1985 corrió los 200 en 21,98 y al año siguiente los 100 m en 10,99, nunca volvió a rendir como en Los Ángeles, donde también fue oro en 4×400. Fue plata olímpica en Seúl 1988 en 4 x 400 y 4ª en la prueba individual. Visto su rendimiento en los Juegos, el mundo atlético se preguntó qué habría podido suceder estando Koch en liza.

Una de las pocas pruebas femeninas en la que se frustró un gran duelo fueron los 100 m. Ausente la campeona mundial, la alemana del Este Marlies Göhr (1958), acreditada en 10,81, la victoria fue para la plusmarquista mundial, la estadounidense Evelyn Ashford (1957), que se impuso fácilmente con 10,97. Ashford se encaramó muy joven en la élite del atletismo, pues en 1976, con 19 años, fue 5ª en los 100 m de los Juegos de Montreal. En 1979 encabezó la lista mundial del año con 10,97, su primer tiempo sub11, no muy  lejos de los 10,88 que Marlies Göhr poseía como plusmarca anterior desde hacía 2 años. Al año siguiente se acercó aun más, al correr en 10,90. Göhr mejoró a 10,81 el 8 de julio de 1983, pero unos días después, el 3 de julio, la estadounidense corría en 10,79. Ese mismo día, su compatriota Calvin Smith (1961), con 9,93 superaba los míticos 9,95 de Jim Hines (1946) de los Juegos de México. Ambos tiempos se siguieron de una A, puesto que se habían conseguido a 2195 metros de altitud, en Colorado Springs. La plusmarca de Ashford de 10,79A probablemente era peor que los 10,81 de Göhr. Ambas se enfrentarían en el primer Campeonato del Mundo que tendría lugar en Helsinki un mes más tarde. Antes de la final se encontraron en los cuartos, donde se impuso la estadounidense, 11,11 por 11,16. Cada una de ellas ganó su semifinal, entonces solo eran dos, con Ashford por debajo de 11 en 10,99, y Göhr en 11,05. El gran duelo, sin embargo se frustró, pues la estadounidense se lesionó a mitad de carrera. Göhr se impuso con 10,97.

El duelo quedaría para los Juegos Olímpicos, aunque ya entonces se temía que el bloque del Este acabaría por no ir, como finalmente sucedió.  Ashford ganó el oro con una nueva plusmarca olímpica de 10,97. Los soviéticos contraprogramaron con los llamados Juegos de la Amistad, una competición atlética entre los países que no habían acudido a los Juegos Olímpicos. Göhr venció en los 100 m, celebrados el 16 de agosto, con 10,95, demostrando estar en buena forma. La alemana y la estadounidense se encontrarían el 22 de agosto en la reunión de Zürich, donde, a decir de algunos, tendría lugar la verdadera final olímpica de 100 m.

Hasta no hace muchos años, las reuniones posolímpicas o posmundial de atletismo tenían un nivel altísimo. Los atletas aprovechaban su buena forma para mejorar sus marcas o para, en algunos casos, tomarse la revancha de actuaciones en el gran campeonato no del todo satisfactorias. La reunión de Zürich solía ser el principal lugar para ajustar cuentas con los rivales. Ese 1984, muchos de los grandes triunfadores de los Juegos tomaron parte en la competición de la ciudad suiza. Allí estaban el cuádruple campeón olímpico Carl Lewis (1961), el sorprendente oro en los 400 m Alonzo Babers, la emergente estrella de los 800 m Joaquim Cruz, el doble oro de 1500, el resucitado Sebastian Coe (1956), el marroquí Said Aouita (1959)… También estaban las dos estrellas estadounidenses de la velocidad femenina, Valerie Brisco-Hooks, que no pudo retener la forma de las semanas anteriores, y Evelyn Ashford, cuyo enfrentamiento con Marlies Göhr era uno de los mayores atractivos de la reunión. La carrera no pudo responder mejor a las expectativas con Göhr en la calle 2 y Ashford en la 3. La alemana realizó una fulgurante salida y se mantuvo en cabeza hasta los 70 metros, momento en que Ashford la igualó y posteriormente la superó con una nueva plusmarca mundial de 10,76, 0,08 más rápido que Göhr.

Poco después de la carrera, Ashford descubrió que su plusmarca mundial había sido mucho más especial de lo que pudiese pensar, pues la hizo estando embarazada. El 30 de mayo de 1985 dio a luz a su hija Raina Ashley Washington.

Ashford siguió compitiendo hasta completar una longeva carrera en la cima mundial. En los Juegos de Seúl de 1988 fue plata en 100, detrás de su compatriota Florence Griffith (1959-1998) y oro en 4×100. Y en los Juegos de Barcelona, en 1992, con 35 años, no entró en la final de 100 m por 0,01 pero ganó el oro en 4×100 por tercera vez consecutiva, en 4 juegos olímpicos.

Estrellas precoces

El apellido Ingebrigtsen se ha oído con frecuencia en el paisaje atlético europeo en los últimos años. Tres hermanos atletas, corredores de medio fondo, entrenados por su padre responden a este nombre. El mayor, Henrik (1991), fue oro en 1500 metros en el Europeo de 2012, plata en 2014 y bronce en 2016. En los Juegos Olímpicos de Londres 2012 ocupó la 5ª posición en el kilómetro y medio. Posee la plusmarca de su país con 3:31,46 (2014). El mediano, Filip (1993), fue campeón de Europa de 1500 m en 2016 y bronce en el Mundial de Londres 2017. Su mejor marca es 3:32,43 (2016). Pero quien ha asombrado al mundo atlético es el hermano menor, Jakob. Su rendimiento ha saltado con mucho el límite de su categoría y el atletismo se pregunta cómo es posible y qué sucederá en el futuro.

Jakob Ingebrigtsen nació el 19 de septiembre de 2000 en la localidad noruega de Sandnes, situada de 12 Km de Stavanger y a 305 de Oslo. Con 2 hermanos atletas de alto nivel entrenados por su padre, el destino de Jakob estaba decidido. Comenzó a practicar atletismo con 7 años. En 2015, aun sin haber cumplido los 15, ya corría los 800 m en 1:52,60 y los 1500 m en 3:49,71. Al año siguiente mejoró hasta 3:42,44, siendo juvenil (sub18) de primer año. Su progresión ha continuado este 2017 y ha sido de tal calibre que ha dejado sin palabras al universo atlético. La temporada para Jakob comenzó muy pronto, el 27 de mayo en el Prefontaine Classic de Eugene, donde se convirtió con 3:58,07 en el atleta más joven en romper la barrera de los 4 minutos en la milla. Mejoró unos días después, el 15 de junio, con 3:56,29. Tres días más tarde, con 3:39,92 en 1500 m, rompía también la barrera de 3:40. El 6 de julio mejoraba su marca de 5000 m por 50 segundos, en 13:49,48, superando ampliamente la anterior plusmarca europea juvenil (sub18) del italiano Stefano Mei (1963), 13:55,91 desde 1980. Dos días después corría los 3000 m obstáculos en 8:26,81, nueva plusmarca europea junior (sub20) por casi 3 segundos. Renunció al Mundial sub 18 para centrarse en el Europeo sub20, con la idea de hacerse con los oros de 1500, 5000 y 3000 obstáculos. En el kilómetro y medio sufrió una caída que lo llevó al 8º lugar, pero en las otras dos pruebas se hizo fácilmente con la victoria. Acudió al Mundial de Londres en los 3000 m obstáculos. Una caída le impidió pelear por un puesto en la final. Pese a su intensa temporada, decidió continuar. El 24 de agosto en Zürich, mejoró su plusmarca personal de 800 m con 1:49,40. A continuación se propuso hacer una combinada de medio fondo y fondo en el campeonato de su país. El 25 se proclamó campeón absoluto de Noruega de 5000 m, con nueva mejor marca personal, la 4ª europea junior de siempre, 13:35,84, 24 horas después se hizo con el bronce en los 800 m y el oro en 3000 m obstáculos y el 27 terminó su actuación con oro en 1500 m. En total, semifinal y final en 800 y 1500 m y finales de 3000 obstáculos y 5000 m.

Es difícil calificar una temporada como la que ha hecho este atleta de tan solo 16 años, al que la categoría juvenil (sub 18) se le ha quedado muy pequeña. Es evidente que hay muchísimo talento, pero este exceso de competiciones lleva a pensar en la posibilidad de que haya sobreentrenamiento. Acceder a la élite del atletismo es complicadísimo. El cuerpo humano probablemente no está hecho para soportar las altísimas cargas de entrenamiento necesarias para llegar a lo más alto. Este es un factor que ha limitado a muchos atletas dotados de un enorme talento. Uno de los grandes problemas con los atletas jóvenes es la tentación de someterlos a cargas excesivas, que les acaban condicionando su futuro a medio plazo.

Stefano Mei, anterior plusmarquista europeo juvenil de 5000, continuó progresando, con registros de 3:39,00 y 13:45,48 en categoría junior (sub 20). Su mejor año fue 1986, temporada en la que realizó sus mejores marcas de siempre, 3:34,57, 13:11,57 y 27:43,92. Fue campeón de Europa de 10 000 metros y subcampeón de 5000 m. En los Juegos de Seúl fue 7º en 5000 m y en el Europeo de 1990 bronce en 10 000 m. Sin duda una buena carrera atlética, pero otros que no corrieron tan rápido a los 17 años consiguieron llegar más lejos.

Otro excepcional atleta juvenil fue el alemán Hansjorg Kunze (1959), actual plusmarquista europeo de la categoría con 7:56,4 en 1976, tiempo equivalente a 13:37,35, sin duda al alcance de Ingebrigtsen. En 1975, con 15 años ya corría los 5000 m en 14:20,2. Fue bronce en el Europeo Junior de 1977 en la prueba de 3000 m. En 1981 realizó su mejor marca de siempre en 5000 m, 13:10,40, entonces plusmarca europea absoluta. Las lesiones lastraron la carrera del alemán, que fue bronce en 10 000 m en el  Mundial de 1983. Repitió 4 años después en 1987. El año olímpico de 1988 mejoró su plusmarca personal de 10 000 con 27:26,00. En los Juegos fue 6º en esta prueba y bronce en una extraña carrera de 5000 m. El caso de Kunze es el de un atleta con un extraordinario talento natural al que probablemente las lesiones, y los excesos de la Alemania del Este, le impidieron alcanzar su potencial.

Tanto Mei como Kunze sí lograron a convertirse en atletas de alto nivel. Muchos otros, con un enorme talento, no lo consiguieron. Uno de los casos más paradigmáticos es el del finlandés Ari Paunonen (1958), doble campeón de Europa junior (sub 20) de 1500 metros. Se decía de él que sucedería a los grandes del medio fondo y fondo finlandés. Se impuso, siendo juvenil,  en el 1500 del Eurojunior de 1975, con Sebastian Coe (1956), futuro doble campeón olímpico, bronce, y José Manuel Abascal (1958), futuro medallista olímpico, también juvenil, 8º. Abascal optó por evitar al finlandés corriendo el 3000 del Eurojunior 2 años después, en el que ganó el oro. Paunonen repitió victoria en 1500 m. Ese año corrió en 1:47,74, 3:38,07, 3:55,65, 7:43,20 y 13:41,03. En el resto de su carrera atlética tan solo mejoró su plusmarca de 5000 m hasta 13:31,56 en 1987.

El entrenador de los Ingebrigtsen es su padre Gjert Arne (1966), de formación completamente autodidacta, un caso similar al de Peter Coe (1919-2008) con su hijo Sebastian. Peter supo transformar al joven y talentoso Sebastian en uno de los mejores mediofondistas de la historia, sin pararse demasiado en las medallas de categorías inferiores. Seb acabó la categoría junior, además de con el bronce europeo ya referido, con marcas de 1:53,8, 3:45,2 y 8:14,8, buenos registros pero que en absoluto hacían presagiar las previsiones de Peter acerca de que su hijo sería el primer sub3:30 de la historia. En el caso de Jakob Ingebrigtsen, hay algunos datos que resultan llamativos. En primer lugar su volumen semanal es de 135 Km en sesiones diarias dobles. Por otro lado, este año lleva una temporada larguísima y densísima, con mejorías superlativas en lapsos de 48 horas como en obstáculos y 5000 metros, o de 24 horas como en 800 y 5000 m. Finalmente sorprende ese afán de coleccionar medallas, aun compitiendo en 2 finales el mismo día, o en 4 pruebas en el campeonato nacional. Los defensores de Gjiert Ingebrigtsen argumentan que ha llevado a sus dos hijos mayores a la élite, si bien el rendimiento de Henrik ha disminuido en las dos últimas temporadas. El tiempo dirá si Jakob será un atleta excepcional capaz de medirse a los africanos, si será un buen atleta como Kunze o Mei o si será otro caso Paunonen.

España y el Mundial de Londres

Finalmente ha sucedido lo inédito. Por primera vez en la historia España se va de un Mundial de atletismo al aire libre sin ninguna medalla. Londres ha sido implacable con el atletismo español. Sin embargo, las opciones de medalla eran bastante lejanas. Se hablaba de Orlando Ortega (1991) Ruth Beitia (1979) y Miguel Ángel López (1988), plata y oro olímpicos respectivamente los dos primeros, campeón del mundo el segundo. Pero se decía sin mucha convicción, pues se sabía que ninguno de ellos estaba en su mejor momento. El presidente de la RFEA (Real Federación Española de Atletismo) hablo de algunos finalistas y de que los atletas darían lo mejor de sí. Tras finalizar la competición ha reconocido que sin medallas no se puede hablar de buena actuación. Si se analiza la situación de los últimos años de nuestro atletismo, los 5 finalistas obtenidos dan la medida real del nivel que tenemos en la actualidad.

El rendimiento de España en Londres ha sido parecido, incluso superior en algún caso, al de los tres mundiales anteriores. Nuestro atletismo lleva tiempo dando muestras de desgaste. En 2011 hubo 2 finalistas (1 medalla), en 2013, 5 finalistas (2 medallas) y en 2015, 2 finalistas (1 medalla). En Londres ha faltado una medalla para maquillar la realidad, que es lo que se venía haciendo en los últimos años. Este es el macroanálisis, pero si entramos en el microanálisis de cada atleta nos damos cuenta de que un buen número de ellos ha rendido magníficamente. Se ha criticado mucho el número de participantes, 55. Pero ello, por sí mismo, ya es un dato positivo. Indica que hay una buena clase media, capaz de superar los requisitos para entrar en un Mundial. No hay que olvidar que lo excepcional sale de lo bueno. Si queremos primeras figuras tendremos que tener una clase media numerosa. Por otro lado también se critica a los que caen a las primeras de cambio, con bajo rendimiento, pero eso ha sucedido en todos los campeonatos a los que ha acudido España. Cuando hay medallas, simplemente pasa a un segundo plano y nadie habla de ello. Hay múltiples causas: falta de experiencia, agotamiento en busca de la mínima, lesiones de última hora, miedo escénico… En cada caso deberían analizarse las causas y tratar de ponerles remedio, evitando sobreproteger al atleta encerrándolo en una burbuja de cristal.

Entrando ya en las actuaciones individuales, las presuntas opciones de medalla, efectivamente, no estaban en su mejor momento. Ortega entró por tiempos en la final, si bien con el 4º mejor registro. Se pensaba que podría estar cerca del bronce, pero finalmente fue 7º, correcto rendimiento dada su difícil temporada. Beitia acudía, tras un reciente parón, con una mejor marca de 1,94 m. Pudo entrar en la final, pero no accedió a un puesto entre las 8 primeras. La IAAF aprovechó un emotivo gesto suyo de consuelo con la italiana Alessia Trost (1993) para concederle un premio a los valores deportivos, sin duda a modo de reconocimiento de la impecable trayectoria de esta dama del atletismo. Y en cuanto a Miguel Ángel López, lleva dos temporadas complicadas. Aun así, consiguió su mejor marca del año, 1h19:57, y se quedó a dos escalones de ser finalista.

La marcha, no obstante, merece un punto y aparte y un detenido análisis. Los números, muchas veces fríos, indican que hubo 10 participantes, 4 en 20 Km masculinos (había un representante más por el oro de López hace 2 años) y 3 en 20 Km femeninos y 50 masculinos, y un solo puesto de finalista. Para una especialidad que ha dado tantas medallas al atletismo español parece muy poco, pero si se mira el rendimiento de cada atleta, la perspectiva cambia. Álvaro Martín (1994) fue 8º en 20 Km marcha con 1h19:41, a 5 segundos de su mejor marca, Alberto Amezcua (1992) ocupó la 9º posición con 1h19:46, su mejor marca personal, y Diego García (1996) también mejoró su marca personal, 1h:20:34 y fue 13º. En categoría femenina Laura García Caro (1995) y María Pérez (1996) fueron 9ª y 10ª con sus mejores prestaciones de siempre, 1h29:29 y 1h29:37 respectivamente. Finalmente en la carrera masculina de 50 Km marcha, el veterano José Ignacio Díaz (1979), mejoró con 3h48:08 su plusmarca personal por 3 minutos y fue el 17º. La conclusión es que España llevó, con la excepción de Díaz y López, un equipo muy joven que dio lo mejor de sí y que mostró que el futuro les pertenece.

Y si la marcha está en proceso de transformación y va por el buen camino, del 1500, otra de las tradicionales alegrías del atletismo español, se puede decir que España ha vuelto, de la mano de Adel Mechaal (1990). Este catalán de adopción se ha trasladado esta temporada a Madrid para entrenar con Antonio Serrano. Esto, junto con su exoneración por parte del TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo), le han permitido mejorar notablemente su rendimiento. Con una mejor marca de 3:34,70, que probablemente superará en breve, en una extraña carrera que corrió de forma muy inteligente, se quedó a un suspiro del podio y a 0,01 de su marca. Mechaal igualó la plaza de Manuel Olmedo (1984) en 2011. España no ponía atletas en la final desde entonces. Solo lo superan Fermín Cacho (1969), plata en 1993 y 1997, José Luis González (1957), plata en 1987, y Reyes Estévez (1976), bronce en 1997 y 1999. Sin salir del 1500, el rendimiento de las españolas en categoría femenina, sin apenas repercusión mediática, fue magnífico. Ambas llegaban con la mínima pelada. Aunque no pudieron superar la primera ronda, Marta Pérez (1993) mejoró con 4:05,82, su plusmarca personal por segundo y medio, y Solange Pereira (1989), realizó con 4:06,63, su segunda mejor marca de siempre.

El relevo 4 x 400 metros nos dio una enorme alegría. Dos renuncias de última hora permitieron al equipo español clasificarse in extremis para la competición. Óscar Husillos (1993), Lucas Búa (1994), Darwin Echeverría (1996) y Samuel García (1991), se impusieron brillantemente en su semifinal con 3:01,71, muy cerca de la plusmarca española de 3:01,43. El registro fue el 6º de los semifinalistas. La medalla era muy complicada pero se esperaba una gran actuación con plusmarca nacional. Y no decepcionaron, 5º puesto con 3:00,65, con la barrera de los 3 minutos a tiro. En la prueba individual, Búa y García no pasaron de la primera ronda, pero Husillos tuvo una gran actuación, semifinalista con doble plusmarca personal de 45,22 y 45,16.

La otra finalista fue Ana Peleteiro (1995). Tras muchos contratiempos, no solo físicos, por fin ha encontrado la estabilidad atlética entrenando con Iván Pedroso (1972) y teniendo como compañera a la campeona del Mundo Yulimar Rojas (1995). Peleteiro, que en esta temporada ya había mejorado a 14,22 m, consiguió la clasificación con 14,07 m en su tercer intento y, una vez en la final, entró en la mejora con marca personal de 14,23 m. Se lesionó en su 4º salto, pero se mostró muy competitiva. En el apartado masculino, un gran tercer salto de 16,80 m permitió a Pablo Torrijos (1992) acceder a la final, donde fue 10º con 16,53. Él mismo no estaba del todo satisfecho pues juzgaba la mejora asequible.

Jorge Ureña (1993) fue otro de los atletas españoles que rindió de forma óptima. Tras dos temporadas en las que se quedó a las puertas de los 8000 puntos, este año logró por fin superar esta barrera. Ocurrió en Monzón, donde totalizó 8108 puntos. En Londres, junto a los mejores, demostró su capacidad competitiva y pudo conseguir plusmarca personal, 8125, lo que lo colocó en una notable 9ª plaza.

Y termino mi repaso de la actuación española con dos mujeres que compatibilizan el atletismo con las ciencias biomédicas, Ana Lozano (1991) y Marta Esteban (1982). Lozano, tras su victoria en el Campeonato de Europa de Selecciones, no logró entrar en la final pero con 15:14,23 mejoró su plusmarca personal por 4 segundos. Esteban, una médico nuclear de 34 años, realizó en un circuito muy complicado su segunda mejor marca de siempre 2h33:37. El caso de Esteban es el paradigma de la esencia del atletismo, la superación de uno mismo, en este caso, haciendo compatibles la Medicina y el maratón. Ha llegado a su mejor momento bien pasados los 30 y en su primer gran campeonato ha tenido una excelente prestación, que le ha servido para ser 21º.

En definitiva, si nos vamos al microanálisis, creo que la actuación española muestra más luces que sombras. Hay una generación nacida en torno a 1993 a la que Londres no se le ha quedado grande y que puede dar mucho de sí. El Europeo de 2018 podrá servirles de puente para tratar de llegar a lo más alto. Están llamados a devolver el brillo al atletismo español. Probablemente será un brillo menos cegador que antaño, pero más fiable.

Lo que se podría cambiar en el atletismo actual

El mes de agosto, con el gran campeonato de atletismo que corresponda, es muy propicio para los debates en Twitter. En realidad la única razón por la que me uní a Twitter fue para escribir de atletismo y poder cambiar impresiones con otros aficionados. Estos días he tenido un contraste de pareceres sobre la idoneidad de medir los saltos largos desde el punto de batida y no desde el final de la tabla. Aunque la medida no resultó muy bien considerada, me hizo pensar en lo que me gustaría que cambiase en el atletismo actual. Y me salen unas cuantas cosas, que paso a contar.

  1. Medida de los saltos largos desde el punto de batida

Se podría habilitar una zona en la que el pie dejase una marca, desde donde se mediría el salto. Esta sería la medición real de lo que el atleta ha saltado porque los atletas se suelen dejar entre 5 y 12 cm. Además, dado que el saltador no tendría que ajustar tanto es probable que su prestación fuese mejor que con los actuales ajustes. Se me ha argumentado que de esta forma se perdería el arte del cálculo de la batida. Puede ser, pero en los saltos altos, cuando se cambió la arena por las colchonetas se también se perdió el arte de caer de pie.

 

2. Reducir al mínimo la clasificación por tiempos

Las clasificaciones por tiempo dividen a los atletas en dos grupos, los privilegiados de la última serie y el resto. Entiendo que haya algún atleta que se clasifique por tiempos cuando el número de finalistas dividido por el número de semifinales no da un número entero. El resto de esa división deberían ser los clasificados por tiempos. En estos Mundiales de Londres hemos visto ¡5! clasificadas por tiempos en las dos semifinales de 5000 m femeninos, y 5 por puestos, o 6 tiempos en las 3 series de la primera ronda del 1500 masculino. Quizá donde esto deja un mayor lugar al azar es en las semifinales de 800 m. Hasta los Juegos de Seúl 1988 en la prueba de 800 m había 4 rondas. En la tercera ronda se disputaban dos semifinales y entraban los 4 primeros en la final. A partir de entonces comenzaron a disputarse 3 semifinales, de las que pasan los dos primeros y dos tiempos, lo que añade un componente innecesario de fortuna. Lo peor es que, en lugar de corregirlo, este método se ha extendido a todas las pruebas que se disputan por calles. Se dice que si se pusiese una ronda más sería un esfuerzo excesivo. Tal vez, pero Sebastian Coe (1956) en los Juegos de LA84 corrió 4 rondas de 800 m y 3 de 1500 m. Acabó con oro en la segunda y plata en la primera. Hoy día casi nadie dobla. Otra solución podría ser incrementar el número de finalistas a 9, en los estadios que tuviesen 9 calles. Pasarían los 3 primeros de cada serie y no habría, lógicamente, ningún repescado por tiempos.

3. Volver a dos curvas por calles en los 800 m

A mediados de los 70, durante 4 temporadas, de 1973 a 1976, las pruebas de 800 m se disputaron con 2 curvas por calles. Tal vez fue casual, pero las marcas de los grandes campeonatos con esta forma de correr fueron excepcionales: 1:43,91 en los Juegos de la Commonwealth de 1974, 1:44,07 en el campeonato de Europa del mismo año y 1:43:50 en los Juegos Olímpicos de Montreal, plusmarca mundial. Lo cierto es que tener que ir 300 m por calles antes de poder hacerse con la cuerda supone tener que correr muy rápido, lo que hace mucho más difícil que la carrera sea táctica. En mi opinión sería mucho más vistoso.

 

4. Incorporar los 3000 m lisos como oficial en los campeonatos

A la prueba de 3000 m lisos ya le he dedicado 3 entradas. Fue olímpica hasta 1924 en categoría masculina, en la modalidad de equipos, y de 1984 a 1992 en categoría femenina y es oficial en el Campeonato de Europa por equipos y en la Copa Continental de la IAAF, en ambos casos en sustitución del cada vez menos disputado 10 000. El programa olímpico masculino de atletismo apenas se ha modificado desde 1928. El atletismo ha cambiado mucho desde entonces. El salto del 1500 al 5000 es enorme. Hay atletas que realmente serían mejores en una prueba intermedia. Seguro que hay muchísimas más razones para que los 3000 m se conviertan en olímpicos. Supondrían un cambio para bien en la transición del mediofondo al fondo.

5. Decatlón femenino

En el primer campeonato del mundo, celebrado en 1983, las mujeres no disputaron el 5000 (había 3000), el 10 000, los obstáculos, el triple, la pértiga, el martillo o la marcha. Hoy el programa femenino, más con la reciente introducción semiclandestina de los 50 Km marcha, es casi igual al masculino. Tal vez no tiene sentido que disputen una prueba combinada diferente al decatlón. Ya escribí contra la ocurrencia de la EAA de hacer octatlón para ambos sexos, pero creo que se debería hacer octatlón femenino durante un ciclo olímpico como transición al decatlón. El cambio directo al decatlón sería complicado principalmente por el salto de pértiga. El octatlón consistiría en 100 m, longitud, peso y 400 m el primer día, y 100 m vallas, altura, jabalina, pértiga y 1500 m el segundo día. En 4 años se transformaría en decatlón.

Solo son las opiniones de un aficionado al atletismo, pero creo que podrían mejorar el espectáculo y hacer este deporte más atractivo y mediático.

 

 

Carlos Toro, las críticas y el grosor epidérmico

Carlos Toro es un prolífico compositor. Ha realizado temas tan conocidos como Resistiré para El dúo dinámico o Desesperada para Marta Sánchez. También es el autor de la canción de inicio de la serie infantil Campeones. Además, desde hace 30 años, es periodista deportivo, sobre todo de atletismo, ciclismo y natación, deportes de los que escribe en el diario El Mundo. Recuerdo sus primeros artículos en Atletismo Español allá por 1987. Me llamaron la atención por su gran conocimiento de atletismo y su depurado estilo. Desde entonces lo he seguido primero en Atletismo Español y después en El Mundo, donde ocasionalmente también escribe sobre armamento. En mi opinión es uno de los mejores periodistas de atletismo que he leído, lo que, en absoluto, significa que esté de acuerdo en todo lo que escribe.

Hoy, sin embargo, ha generado una enorme polémica por un artículo, publicado en El Mundo, titulado El fiasco de Eusebio Cáceres en una España con exceso de equipajeen el que critica la actuación del saltador de longitud Eusebio Cáceres (1991) en el Mundial de Londres. Cáceres es un excelente saltador de longitud, al que los problemas físicos están minando en los últimos tiempos, Ha sido 4º en el Mundial al aire libre de 2013 y en el Europeo al aire libre de 2014, 5º en el Europeo de 2012 y 8º en el Europeo de 2010. Su mejor marca es de 8,37 m (2013). Este año ha saltado 8,31 m en Sierra Nevada. Aunque la marca de clasificación para la final de salto de longitud era 8,05 m, finalmente el último atleta entró con 7,91 m. A Cáceres, que saltó este año 7,96 m o más al aire libre, le habrían bastado 7,92 m. No pudo alcanzar esa distancia, pues realizó 3 nulos. Acabar una competición de saltos con 0 no es una buena actuación. Y este tipo de resultados suelen dar lugar a críticas, en ocasiones severas, por parte de la prensa y de los aficionados. Es probable que haya una buena razón, o varias, pero seguramente se quedarán en el entorno más cercano al atleta. Tal vez la puesta a punto no fuese la mejor, pero a veces esto solo se puede determinar a posteriori. En 1984, José Manuel Abascal (1958) dudó hasta el último momento de su condición física y de su participación en el 1500 de los Juegos Olímpicos y acabó siendo bronce. Pero, en cualquier caso, 3 nulos significan no haber competido bien.

Carlos Toro valora negativamente esta actuación y extiende su juicio crítico sobre el atleta a los últimos años. Especula, o tal vez no tanto, con las posibles causas. Es una opinión, en absoluto irrespetuosa. El rendimiento de Cáceres le sirve, además,  como ejemplo para reprobar lo que considera criterios de selección demasiado generosos. Esta es una vieja polémica. En tiempos, la RFEA solo seleccionaba aquellos atletas que consideraba podrían superar al menos una ronda, pero ya hace muchos años que esto no es así. Quien acredite la mínima exigida y un estado de forma razonable se gana la selección. La política actual de la Federación me parece la adecuada. Siempre se critica que hay atletas que no rinden de forma adecuada porque agotan su energía buscando la mínima. Es cierto, pero su presencia en una gran competición constituye una oportunidad perfecta para el aprendizaje y una motivación para seguir entrenando duro. Toro, profundo conocedor del atletismo, sin embargo, sería más restrictivo en la forma de seleccionar.

Con Carlos Toro se puede estar de acuerdo o discrepar, pero cosas que he leído hoy en Twitter me han dejado descolocado. Se le trata a como si fuese un indocumentado sin conocimiento alguno de atletismo por un lado y, por otro, se le censura que haya enjuiciado negativamente la actuación de Cáceres. No es la primera vez que sucede. Parece que a muchos les parece mal que se critique que un atleta rinda por debajo de lo esperado. Enseguida se apela a lo duro que es el atletismo, a que una lesión puede arruinar una temporada, a la trayectoria pasada del atleta o a que el periodista no sabe o se mueve por no sé qué oscuros intereses. Menos esto último, lo anterior es cierto, pero no puede eximir al deportista de que se enjuicie negativamente una actuación desafortunada. Un deportista de alto nivel está siempre sometido a la valoración del público y de la prensa, y esta puede ser positiva o negativa. Tal vez, demasiadas veces, se exagera tanto en un sentido como en otro, pero el buen deportista debería estar acostumbrado, no tener la piel tan fina y no dejarse influir demasiado. Quien conoce mejor sus fortalezas y debilidades debería ser él mismo. En una ocasión, la prensa fotografió a un jugador en un casino el día anterior a un partido importante fuera de casa. La prensa el día del partido no tuvo piedad de él. Esa tarde jugó de forma tan memorable que el entrenador del equipo contrario dijo a los periodistas: Por favor, la próxima vez que veáis a Michael Jordan en un casino, no os metáis con él.