Irena Szewińska, la dama de la velocidad

Hace unos días nos dejó la exatleta polaca Irena Szewińska. Szewińska fue una de las mejores velocistas de todos los tiempos, ganadora de siete medallas olímpicas, 3 de oro, y plusmarquista mundial, aunque no simultáneamente, de 100, 200 y 400 m. Ningún otro atleta, hombre o mujer, ha podido conseguir este monopolio de la velocidad.

Irena Szewińska nació como Irena Kirszestein en Leningrado (hoy San Petersburgo) el 24 de mayo de 1946. Su padre, de Varsovia, y su madre, de Kiev, se habían conocido en Samarkanda (Uzbekistán) donde ambos estudiaban. En 1947, tras el fallecimiento de su padre,  la familia se trasladó a Varsovia. Adoptó el apellido de su marido, el exvallista y fotógrafo deportivo Januzs Szewińska, cuando se casó en 1967. Szewińska comenzó a practicar atletismo a los 7 años. En 1960 el triple oro olímpico en 100, 200 y 4 x 100 de la estadounidense Wilma Rudolph (1940-1994), una mujer procedente de un entorno absolutamente desfavorecido, le sirvió como inspiración para su fructífera futura carrera atlética. No tardaría mucho en emularla, pues 4 años después, acudió a los Juegos de Tokio para tomar parte en las pruebas de 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100. Su actuación fue excelente. Ganó la plata en los 200 m, con marca personal y plusmarca europea de 23,1 (23,13), superada por la estadounidense Edith McGuire (1944), 23,0 (23,05).  En la longitud también se hizo con la plata con mejor marca personal de 6,60, por detrás de la británica Mary Rand (1940), quien con 6,76 m se convertía en la nueva plusmarquista mundial. En el relevo consiguió mejorar sus actuaciones individuales. El equipo polaco formado por ella misma junto con Teresa Ciepły (1937 – 2006), Halina Górecka (1938) y Ewa Kłobukowska (1946) batió al estadounidense en la final con una nueva plusmarca mundial de 43,6 (43,69). Posteriormente la plusmarca se anularía, aunque se mantuvo el oro olímpico. Kłobukowska tenía una anomalía genética, un raro mosaicismo XX/XXY. Algunas de su células albergaban un cromosoma masculino. Entonces se consideraba motivo suficiente para dudar de la feminidad de una atleta y Kłobukowska resultó suspendida de por vida y sus plusmarcas anuladas. Esta anulación no se extendió a sus actuaciones en campeonatos.

Con tan solo 18 años, la joven Irena salía de Tokio con tres medallas olímpicas. Al año siguiente, 1965, conseguía su primera plusmarca mundial individual. El 9 de julio en Praga corría los 100 m en 11,1, superando los 11,2 de Wyomia Tyus (1945) de la final olímpica de Tokio. En la carrera de Praga, Ewa Kłobukowska consiguió el mismo tiempo que Szewińska, posteriormente anulado. Poco después, el 8 de agosto, se celebró en Varsovia un encuentro internacional entre Polonia y Estados Unidos. Szewińska derrotó en la carrera de 200 m a las campeonas olímpicas de 200, Edith McGuire, y de 100 m, Wyona Tyus, con un nuevo tope mundial de 22,7. Ese año fue doble campeona mundial universitaria de 100 y 200 m.

En 1966 se celebraban los campeonatos de Europa en Budapest. En la capital húngara, Szewińska, con 20 años, tuvo otra magnífica actuación, con las victorias en 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100 m. Tan solo se le escapó el oro en los 100 m, prueba en la que la derrotó Kłobukowska. Tras un año de 1967 sin grandes campeonatos, Szewińska acudió a los Juegos de México de 1968 con la intención de disputar los 4 oros en las pruebas de velocidad corta, el relevo corto y el salto de longitud. Las cosas no resultaron como ella había previsto. Pese que, con 6,67 m, había mejorado poco antes de los Juegos su plusmarca personal, no pasó de la fase de clasificación con unos pobres 6,19 y dos nulos. La última atleta en entrar en la final había saltado 6,30 m. Mejoró notablemente en los 100 m, donde hizo marca personal de 11,1 (11,19), pero fue insuficiente para superar a las estadounidenses Tyus, 11,0 (11,08) y Barbara Ferrell, 11,1 (11,15). La juvenil australiana Raelena Boyle (1951) fue 4ª con 11,1 (11,20). A Szewińska le quedaban los 200 m como última oportunidad de oro individual y no la desaprovechó. Su victoria con nueva plusmarca mundial de 22,5 (22,58) fue inapelable, con Boyle, plata, 22,7 (22,74), y su compatriota Jennifer Lamy (1949), bronce, 22,8 (22,88). Ferrell y Tyus fueron 4ª y 6ª. La prueba tuvo un nivel altísimo con cuatro mujeres por debajo de los 23,00.

Pese a este enorme oro en 200 m, es probable que los Juegos de México dejasen en la polaca un sabor agridulce. Tras la decepción de la longitud, aún quedaba la del relevo, en el que el equipo polaco no pudo defender su título olímpico por un mal cambio con caída del testigo en las semifinal. En 1969 la Asociación Europea de Atletismo trató de hacer los campeonatos de Europa al aire libre bienales. Se celebraron ese año y en 1971, pero en 1974 se volvió a los campeonatos cuatrienales hasta 2010. Szewińska no tomó parte en los campeonatos de Europa de ese año y se retiró temporalmente en 1970 para dar a luz a su primer hijo,  Andrzej, que posteriormente sería jugador internacional de balonvolea. Volvió a la actividad atlética en 1971. En el Europeo de Helsinki fue bronce en 200 m, 5ª en salto de longitud y 6ª en 100. La vencedora en ambas pruebas fue el nuevo fenómeno de la velocidad femenina, la alemana Renate Stecher (1950). Stecher repetiría el doblete en los Juegos Olímpicos de Múnich al año siguiente. Szewińska, que no pudo llegar a la final de los 100 m, fue bronce en 200. Con 26 años y tres participaciones olímpicas, parecía que sus mejores días ya habían pasado. Nada más lejos de la realidad. La polaca aún tenía reservadas actuaciones memorables.

En 1973 mantuvo un buen tono con registros de la temporada de 11,1 y 22,7. Ese año Stecher se convertía en la primera mujer en correr por debajo de 11,0, con plusmarcas mundiales de 10,9 y 10,8, mientras en 200 se iba a 22,1 (22,38). La polaca no parecía rival para ella. Pero esa era una impresión equivocada. El 13 de junio de 1974, en Postdam, ambas atletas se enfrentaron en la distancia de 200 m, prueba en la que la alemana llevaba 4 años imbatida. Szewińska no solo ganó, sino que superó, con 22,0 (22,21) la plusmarca mundial de la alemana. El 1 de enero de 1977, este registro de 22,21 se convirtió en la primera plusmarca mundial eléctrica, únicas válidas a partir de entonces. Unos días después, el 29 de junio en Varsovia, Szewińska mejoraba en 100 m hasta 10,9. Menos de un mes después, el 22 de julio, en la misma capital polaca, Szewińska superaba por más de un segundo la plusmarca mundial de 400 m con 49,9, primer registro sub50,0 de la historia. En los campeonatos de Europa, la polaca no dio opción a Stecher y la batió tanto en los 100, 11,13 frente a 11,23, como en los 200 m, 22,51 frente a 22,58. La alemana tuvo que conformarse con dos platas.

 

Szewińska tenía intención de correr los 200 y los 400 m en los Juegos de Montreal, pero como el horario no era compatible eligió la distancia más larga. El 9 de mayo de 1976, perdió la plusmarca mundial de 400 m a manos de la alemana Christina Brehmer (1958) con un tiempo de 49,77. Poco antes de los Juegos, el 22 de junio en Bydgoszcz, Szewińska la recuperaba con un registro de 49,75. Se vislumbraba un gran duelo en la final olímpica entre la polaca de 30 años y la alemana de 18. Sin embargo, a la hora de la verdad, la experiencia de Szewińska resultó decisiva y el duelo lo fue menos. Brehmer lideró la prueba durante más de la mitad del recorrido, pero en la última recta emergió la polaca, quien no dio opción y se llevó el oro con una nueva plusmarca mundial de 49,29. Siete finalistas corrieron por debajo de 51,00.

La final olímpica de 400 de 1976 a partir de 1:25

El 1977 volvió a liderar las listas mundiales de 200 y 400 m, pruebas en las que venció en la primera Copa del Mundo, derrotando respectivamente a las pujantes alemanas Barbara Eckert (1955) y Marita Koch (1957). Esta última prueba resultó especialmente competida con las dos atletas por debajo de 50,00, 49,52 frente a 49,76. La alemana, en cabeza hasta los últimos 20 m, acabó cediendo ante el acoso de la polaca. Ese año también hizo una incursión en los 400 m vallas, entonces novedosa en categoría femenina. Realizó 56,62, 4º mejor registro de ese año, a 0,99 de la plusmarca mundial.

Szewińska aún fue bronce en los 400 m en sus últimos campeonatos de Europa, en 1978, poniendo fin a su racha de 34 victorias consecutivas en la prueba desde 1974. Fue olímpica por quinta vez en Moscú, en 1980, pero no pudo llegar a la final de la vuelta a la pista. Se retiró ese mismo año, tras 16 años en la élite mundial. Comenzó su carrera atlética enfrentándose a Wyomia Tyus y acabó haciéndolo con Marita Koch. Siempre fue capaz de dar lo mejor de sí misma con la presión de la alta competición. En 1970 se había licenciado en Administración de Empresas en la Universidad de Varsovia. Fue Presidente de la Federación Polaca de Atletismo de 1997 a 2009 y miembro de la IAAF desde 1998 hasta su fallecimiento, ocurrido el 29 de junio de 2018. Fue sin duda una de las grandes de siempre y una dama del atletismo durante y después de su época competitiva.

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Historia de la plusmarca española de los 400 metros masculinos

Este viernes 22 de junio asistimos a una de las mejores carreras celebradas en España con españoles como protagonistas. Pese a que ninguno de los dos cruzó la meta en primer lugar, tanto Bruno Hortelano (1991) como Óscar Husillos (1993) corrieron los 400 m en 44,69 y 44,73 respectivamente, superando la anterior plusmarca del catalán de Reus Cayetano Cornet (1963) de 44,96, que ya duraba 29 años. Nunca una plusmarca española de 400 m había estado tanto tiempo vigente. Para Hortelano, nacido en Australia, formado en los Estados Unidos y adscrito a la Federación Madrileña, esta nueva plusmarca le supone el monopolio de los topes españoles de la velocidad, pues ya poseía los de 100 y 200 m, con 10,06 y 20,12. Tras el grave accidente de trafico que le hizo perder toda la temporada pasada, advirtió que estaba más fuerte que nunca. Decidió iniciar el curso atlético centrado en los 400 m y el resultado no ha podido ser mejor. Después de mejorar dos veces su marca a 45,96 y 45,67, sus 44,69 actuales le permiten liderar la lista europea del año. Ha declarado que por esta temporada dejará los 400 m y se centrará en los 200 m, buscando repetir su oro europeo de hace 2 años y acercarse a la barrera de los 20 segundos.

Por su parte, el palentino Husillos había tenido un inicio más discreto, con 46,04 y 46,07 en dos competiciones previas. En el Mundial en sala, donde se le descalificó de una forma un tanto rigurosa, había corrido en 44,92, con lo que era previsible que superase este tiempo de largo. Sus 44,73 indican que va por el buen camino, Él mismo anunció que aún no ha alcanzado su pico de forma. Probablemente esto sucederá en agosto en el campeonato de Europa al aire libre, por lo que es razonable pensar en nuevas plusmarcas españolas de la vuelta a la pista.

El primer español en romper la barrera de los 50,0 en 400 m fue el coruñés Ramón Moncho Rodríguez (1919-2013). Hay una marca de 49,8 del catalán Joaquim Miquel (1903-1929) de 1928 en una pista, al parecer, mal medida. No obstante, Miquel corrió ese mismo año en 50,1. En cualquier caso, oficialmente el primer tiempo sub50 fue de Rodríguez el 13 de septiembre de 1942 con 49,2, que mejoró hasta 49,0 cuatro años después. Rodríguez también superó varias veces la plusmarca de 200 m, con un mejor registro de 22,5. Fue 8 veces campeón de España, 4 en 200 y 4 en 400 m.

El primado español de Rodríguez se mantuvo durante 13 años, hasta el 8 de agosto de 1959. Ese día, el madrileño Jesús Rancaño (1936) se convirtió, con 48,9, en el primer español en correr por debajo de 49,0. Rancaño mejoró otras 3 veces su plusmarca española hasta dejarla en 48,5 el 16 de junio de 1960. Pese a ser el español más rápido, el madrileño nunca fue campeón de España. Tuvo que conformarse con dos platas en 1959 y 1960 y un bronce en 1961.

En 1961, la plusmarca española de 400 m mejoró 1 segundo. Se igualó o se superó 7 veces por tres atletas, hasta quedar en 47,5. Inició las hostilidades otro madrileño, Jaime López Amor (1939), campeón de España de 100 m en 1957, que el 9 de abril igualó a Rancaño con 48,5. Continuó el gallego de Ponteareas (Pontevedra) Virgilio González Barbeitos (1941), que llegó al triple empate el 1 de mayo, empate que él mismo deshizo el 7 del mismo mes con 48,2. El 18 de junio hizo 48,1, el 25 rompió los 48,0 con 47,8 y el 15 de agosto se fue a 47,5. Barbeitos fue campeón de España de 400 m en 1960 y 1961 y de 800, prueba en que acreditó 1:48,1, en 1967. En esta distancia fue bronce en los Juegos del Mediterráneo ese mismo año. Volviendo a 1961, aún hubo una plusmarca más. El 27 de septiembre el asturiano Ramón Pérez (1940-2012) igualó los 47,5 de Barbeitos.

Barbeitos y Pérez se mantuvieron en lo más alto del 400 español hasta 1966, otro año mágico para esta prueba en España. Esa temporada el duelo entre otros dos gallegos, el junior (sub20) Ramón Magariños (1948), de La Estrada (Pontevedra), y Manuel Carlos Gayoso (1944), de Pontevedra, dio como resultado 5 plusmarcas españolas igualadas o superadas. El 3 de septiembre Magariños igualaba la plusmarca española de 47,5. El 15 del mismo mes Gayoso la mejoraba 0,1, tiempo que igualó 2 días después en una eliminatoria del campeonato de España. Magariños se convertía en coplusmarquista al proclamarse campeón de España con 47,4. Gayoso no tomó parte para competir en 400 m v. El 20 de octubre, finalmente, Gayoso ganaba la pugna al correr en 47,3 en Ciudad de México, derrotando a Magariños, 47,9. Dos años después, el 8 de junio de 1968, Magariños rompía la barrera de 47,0, con 46,7. El 7 de julio del año siguiente, en las nuevas pistas sintéticas de Vallehermoso, tuvo lugar un 400 que terminó como el del viernes en Moratalaz. Otro duelo entre los dos gallegos se saldó con una nueva plusmarca española, de Gayoso en 46,2, 2º en la carrera. Magariños fue 3º con mejor marca personal de 46,4.

Como Hortelano, aunque no simultáneamente, Magariños fue además plusmarquista español de 100 m (10,4) y 200 m (20,9 y 20,8). Aparte del oro en 400 m en 1966, fue campeón de España otras 2 veces en 200 y 3 veces en 100 m. Fue olímpico en México 1968 en 400 m. En cuanto a Gayoso, inicialmente compatibilizó la vuelta a la pista con los 400 m v, prueba en la que entre 1964 y 1966 estableció 9 plusmarcas españolas, de 53,7 a 51,3. Posteriormente se cambió a los 800 m. En esta distancia acreditó 1:47,2 y fue semifinalista en México, 9º en la clasificación oficial. Fue 6 veces campeón de España, 2 en 400 lisos y 4 en 400 vallas.

El 1 de enero de 1977, la IAAF dejó de considerar las marcas manuales como plusmarcas mundiales. No obstante, las federaciones nacionales mantuvieron las plusmarcas nacionales aunque no fuesen registros con cronometraje eléctrico. Los 46,2 de Gayoso se estimaban equivalentes a 46,34, por lo que se quedaron como primado español hasta que otro gallego, de adopción, nacido en Castronuño, Valladolid, realizó en una eliminatoria de la Universiada de México 1979 46,24. Isidoro Hornillos (1957), actual presidente de la Federación Gallega de Atletismo había corrido en 46,50 cuatro días antes. En la semifinal no estuvo tan afortunado y no pudo llegar a la final. Fue una vez campeón de España de 400 metros y olímpico en Moscú 1980.

La plusmarca de Hornillos duró menos de 4 años, hasta el 15 de junio de 1983, cuando el zamorano Ángel Heras (1958) registró 46,13. Dos meses después, en la Copa de Europa, se convirtió con 45,98 en el primer español por debajo de 46,00. Al zamorano le salió un duro rival al año siguiente, el bejarano Antonio Sánchez Muñoz (1963). Sánchez inició la temporada de 1984 con un tiempo de 45,76, que Heras rebajó hasta 45,54 un mes después. Ambos fueron olímpicos en Los Ángeles 1984. En 1985, Sánchez igualó la plusmarca española y en 1986, en la final del campeonato de Europa, deshizo definitivamente el empate al ser 6º, mejor puesto hasta entonces de un cuatrocentista español en un Europeo, con 45,41. En el mismo campeonato, en la prueba de 4 x 400 m, España con Heras y Sánchez fue 5ª con 3:04,12, nueva plusmarca española. Heras fue 7 veces campeón de España (5 en 400 y  en 200) y bronce europeo en sala en 400 m en 1983. Sanchez se hizo con 4 campeonatos de España, todos de 200 m, prueba en la que también fue plusmarquista con 20,67. En 1987 ganó el oro en los 400 m de los Juegos Mediterráneos.

Sánchez fue plusmarquista español de 400 m hasta los Juegos de Seúl, 1988. En la 3ª serie de cuartos de final Cayetano Cornet llevaba el tope nacional a 45,39. Su 5º plaza no le permitió, no obstante, continuar en la competición. Al año siguiente, en el campeonato de España rompía la barrera de 45,00 al proclamarse campeón con 44,96. Cornet fue 4º en el Europeo al aire libre de 1990 en 400 m y 6º en 4x 400. En sala fue bronce en los Mundiales de 1989 y 1991 y campeón de Europa en 1989. Ganó 7 campeonatos de España, 6 en 400 y 1 en 200 m.

Al la plusmarca de Cornet la han faltado menos de 2 meses para que cumpliese 29 años. Durante todo este tiempo, la amenaza más fuerte vino de la mano de otro catalán, David Canal (1978), que en 2003 realizó 45,01. El año pasado el tinerfeño Samuel García (1991) se quedó aun más cerca con 45,00. Aunque Hortelano no volviese a competir en la vuelta a la pista, con Husillos, Samuel García y Lucas Búa (1994), 45,25, no sería de extrañar que la plusmarca española se volviese a superar y que entre los cuatro rompiesen la barrera de los 3 minutos en 4 x 400 y asaltasen el podio del Europeo. La plusmarca europea del alemán Thomas Schoenlebe (1964) de 44,33 es de 1987, aun más antigua que la española, y ya no parece tan lejana.

Plusmarca española de 400 metros a partir de 50,0
49,2 Ramón Rodríguez Barcelona 13 09 1942
49,0 Ramón Rodríguez Barcelona 27 07 1946
48,9 Jesús Rancaño Madrid 12 07 1959
48,8 Jesús Rancaño Viena 08 08 1959
48,8 Jesús Rancaño Turín 04 09 1959
48,5 Jesús Rancaño Madrid 16 06 1970
48,5 Jaime López Amor Madrid 09 04 1961
48,5 Virgilio González Barbeitos Vigo 01 05 1961
48,2 Virgilio González Barbeitos Madrid 07 05 1961
48,1 Virgilio González Barbeitos Madrid 18 06 1961
47,8 Virgilio González Barbeitos Lisboa 25 06 1961
47,5 Virgilio González Barbeitos Barcelona 15 08 1961
47,5 Ramón Pérez Barcelona 23 09 1961
47,5 Ramón Magariños Madrid 03 09 1966
47,4 Manuel Carlos Gayoso Madrid 15 09 1966
47,4 Manuel Carlos Gayoso Madrid 17 09 1966
47,4 Ramón Magariños Madrid 18 09 1966
47,3 Manuel Carlos Gayoso Ciudad de México 20 10 1966
46,7 Ramón Magariños Madrid 08 06 1968
46,2 Manuel Carlos Gayoso Madrid 07 06 1969
46,24 Isidoro Hornillos Ciudad de México 08 09 1979
46,13 Ángel Heras Madrid 15 06 1983
45,98 Ángel Heras Praga 20 08 1983
45,76 Antonio Sánchez Madrid 29 05 1984
45,54 Ángel Heras Milán 09 06 1984
45,54 Antonio Sánchez Salamanca 30 06 1985
45,41 Antonio Sánchez Stuttgart 29 08 1986
45,39 Cayetano Cornet Seúl 25 09 1988
44,96 Cayetano Cornet Barcelona 12 08 1989
44,69 Bruno Hortelano Madrid 22 06 2018

NOTA: Agradezco a Miguel Villaseñor y a Gerardo Cebrián su información sobre las plusmarcas manuales y electrónicas

 

Beatriz Pascual, coleccionista de finales olímpicas

En los deportes individuales, los medios de comunicación no suelen prestar demasiada atención a todo lo que empeore el tercer puesto. Parece que las competiciones se terminan en la altura más baja del podio. Y, sin embargo, ser finalista olímpico es una auténtica proeza. De todos los deportistas de una determinada especialidad, solamente 8 lo alcanzan cada cuatro años. Y si resulta complicado hacerlo una vez, hacerlo tres es excepcional. La marchadora catalana Beatriz Pascual Rodríguez (Barcelona, 9 de mayo de1982) es una de los 5 atletas españoles que lo han conseguido. Formada como atleta en Viladecans, de la mano de la exmarchadora María Reyes Sobrino (1967), Pascual comenzó a destacar ya en categorías inferiores. En 2000 fue 6ª en los 10 Km marcha del Mundial Junior (sub20). Al año siguiente, en el Europeo Junior de Grosseto se hizo con la medalla de bronce en la misma prueba. En 2002 fue 12ª en el Europeo absoluto en 20 Km marcha. En 2003 se hizo con el 4º puesto en el Europeo sub23. En 2004 estaba preseleccionada para los Juegos de Atenas, pero no pudo participar por una lesión. Ese año, no obstante, se quedó muy cerca de bajar de hora y media con 1h30:22.

En los años siguientes consiguió una 20ª plaza en el Europeo de Gotemburgo 2006 y fue 13ª en el Mundial de Osaka en 2007. En 2008 alcanzó un excelente estado de forma. Tras un anodino 25º puesto en la Copa Mundial al principio de temporada, tuvo una magnífica participación olímpica en los 20 Km marcha en Pekín, bajo una intensa lluvia, al ocupar la 6ª posición con unos muy buenos 1h27:44, 2ª mejor marca española de siempre entonces. Diecinueve segundos antes había llegado María Vasco (1975), bronce 8 años antes en Sydney, y que había peleado por las medallas hasta el último tramo de la prueba.

Tras los Juegos de Pekín, Pascual continuó mostrándose muy regular en la alta competición. Fue 6ª en el Mundial de Berlín de 2009, 5ª en el Europeo de Barcelona al año siguiente y 8ª en el Mundial de Daegu 2011. Londres 2012 volvía a ser su gran objetivo, y lo pasó con nota. Pascual fue de menos a más y acabó en una excelente 8ª plaza con 1h27:56, su 2ª mejor marca de siempre. Posteriormente, en 2015 se descalificó a la rusa Olga Kaniskina (1985), que había sido plata, por lo que la catalana pasó a la 7ª plaza.

Pascual continuó con buenas actuaciones en los años siguientes. De nuevo fue 6ª en el Mundial de Moscú 2013 y 8ª en el Europeo de Zúrich 2014. Tras un 2015 complicado, llegaba de nuevo a los Juegos Olímpicos, de 2016, en buenas condiciones. Marchando de forma inteligente, la ya entonces experimentada Pascual entró en la 8ª posición, tercera vez finalista olímpica.

En cuanto a las competiciones nacionales, Pascual ha sido 5 veces campeona de España de 20 Km marcha (2006, 2008, 2009, 2011, 2016) y tres de 10 Km marcha en pista (2008, 2010, 2012). Es plusmarquista española de 5 y 10 Km en pista con 20:45,11 (2012) y 42:40,33 (2010).

Además de practicar atletismo de alto nivel, Pascual es licenciada en Bioquímica y Farmacia, tiene un máster en Biomedicina y está realizando un doctorado en Genética Molecular. Acaba de retomar la competición tras un obligado parón la temporada pasada por maternidad.

Los otros 4 atletas españoles, 3 marchadores, que han estado en 3 finales olímpicas son el entrenador de Pascual, José Marín (1950), 5º en 1980, 6º en 1984 y 4º en 1988 en 20 Km marcha y 6º en 1980 y 4º en 1988 en 50 Km marcha, Francisco Fernández (1977), 7º en 2000 y 2008 y plata en 2004 en 20 Km marcha, María Vasco (1975) plata en 2000, 7ª en 2004 y 5ª en 2008 en 20 Km marcha y Ruth Beitia (1979), 4ª en 2008 y 20012 y campeona olímpica en 2016.

Probablemente sea Beatriz Pascual la atleta menos conocida de este selecto grupo, con el mérito añadido para la catalana de su currículo académico. En 2 años habrá de nuevo Juegos Olímpicos, ¿volverá a estar entre las 8 elegidas?

Dick Quax y el tridente neozelandés de los Juegos de Montreal

Acaba de fallecer Dick Quax (1948-2018). Junto con Rod Dixon (1950) y John Walker (1952), llevó al medio fondo y fondo neozelandés de los años 70 a lo más alto con su plata en el 5000 de los Juegos de Montreal 1976 y su plusmarca mundial de esta prueba al año siguiente.

Theodorus Jacobus Leonardus Dick Quax nació el 1 de enero de 1948 en Alkmaar, Países Bajos. En 1954 emigró junto con su familia a Nueva Zelanda. En 1969 adquirió la nacionalidad de su país de adopción. Comenzó a practicar atletismo en el instituto y saltó a la élite mundial en 1970, cuando ganó la medalla de bronce en los 1500 m de los Juegos de la Commonwealth, la primera vez que se disputaban las distancias métricas. Quax realizó 3:38,19, su mejor marca, solo superado por el campeón olímpico, el keniano Kip Keino (1940), 3:36,68. En la misma competición fue 7º en 5000 m.

Acudió a los Juegos de Múnich 1972 en malas condiciones físicas y no pasó de las series en los 5000 m. No participó en los Juegos de la Commonwealth de 1974, que se celebraban en su país, en Christchurch. En 1976, sin embargo, estaba en disposición de disputar el oro olímpico de 5000 m, prueba en la que acreditaba 13:13,10, de ese mismo año. Probablemente esta marca electrónica era mejor que la plusmarca mundial del belga Emiel Puttemans (1947) 13:13,0. Poco antes de los Juegos también había mejorado su plusmarca personal de 1500 m, 3:36,69. En los Juegos se inscribió en las dos pruebas de fondo en pista. Nueva Zelanda había ganado previamente 5 oros en pruebas de medio fondo y fondo, con Jack Lovelock (1910-1949), en 1500 m en 1936, Murray Halberg (1933), en 10 000 m en 1960, y Peter Snell (1938), en 800 m en 1960 y 800 y 1500 m en 1964. Ahora los kiwis aspiraban a otras dos medallas de oro, en 1500 m, con John Walker y en 5000 con el propio Quax y Rod Dixon. Este último, bronce olímpico en 1500 m 4 años antes, pese a haber sido, con Walker, uno de los protagonistas de la gran carrera de 1500 de los Juegos de la Commonwealth de 1974, había preferido los 5000 m, donde acreditaba 13:17,27.

Quax, aquejado de problemas intestinales, no se clasificó para la final de 10 000 m. En 5000 m se programaron 3 series semifinales, donde se clasificaban los 4 primeros y 2 tiempos de repesca. Quax, recuperado, ganó la primera con 13:30,85, con el finlandés Lasse Virén (1949), que aspiraba a repetir el doblete de Múnich tras su oro en 10 000 m, 4º con 13:33,39. Dixon fue 2º, con 13:20,48, en la rapidísima 3ª serie en la que el británico Bredan Foster (1948), acreditado en 13:14,6, hizo con 13:20,34 plusmarca olímpica. Se esperaba una final rápida. Los favoritos eran Virén, los dos neozelandeses, Foster y el alemán Klaus Peter Hildebrand (1952), acreditado en 13:13,69 ese mismo año. La carrera no resultó, sin embargo, tan rápida como se esperaba, pero sí tremendamente competida. Los 3 primeros kilómetros se corrieron en un parcial de 8:16,3 (2:41,2, 5:36,3). A continuación, Foster y Hildebrand avivaron el paso. Virén tomó la cabeza a falta de 1100m y dio paso al 4º km en 10:55,5. El finlandés fue incrementando progresivamente el ritmo. En la contrarrecta de la última vuelta resistió sucesivamente los ataques de Foster, Hildebrand y finalmente, en la curva, el de Quax, que no pudo impedir en cuarto oro del finlandés. Virén mantuvo la cabeza y se hizo con la victoria en 13:24,76. Había corrido el último kilómetro en 2:29,3 y la última vuelta en 55,4. Quax fue plata con 13:25,16 y Hildebrand, cayéndose, arrebató el bronce in extremis a Dixon, 13:25,38 por 13:25,50.

Quax se quedó sin oro y Dixon sin medalla. Al día siguiente, Walker sí consiguió el oro para Nueva Zelanda, en los 1500 m, por tercera vez en la historia. Al año siguiente, Quax se convertía en plusmarquista mundial de 5000 m al correr el 5 de julio en Estocolmo en 13:12,86. Ese año también mejoró su plusmarca personal de 10 000 m hasta 27:41,95. No volvió a ninguna final importante. En 1980 corrió el maratón de Eugene en 2h10:47.

Posteriormente se dedicó a la política local y fue concejal de la ciudad neozelandesa de Auckland. En 2013 se le diagnosticó un carcinoma de laringe, contra el que estuvo luchando 5 años hasta que sucumbió el pasado 28 de mayo. En una de sus últimas entrevistas, realizada este enero, el bravo Quax decía que No me estoy muriendo de cáncer, estoy viviendo con cáncer. No tenía reparos en hablar de la enfermedad que finalmente lo venció.

 

Vénuste Niyongabo, la generosidad de oro

En 1996, el mediofondista de Burundi Venuste Niyongabo era uno de los favoritos para hacerse con el oro olímpico en la prueba de los 1500 m, distancia en la que había sido medalla de bronce el año anterior en el Campeonato del Mundo de Gotemburgo. Sin embargo, renunció voluntariamente para que ocupase su plaza un compañero, que apenas tenía opción de pasar de la primera ronda. Niyongabo cambió entonces a los 5000 m, prueba en la que su experiencia era escasa.

Vénuste Niyongabo había nacido el 9 de diciembre de 1973 en Vugizo, una localidad del sur de Burundi, cerca de la frontera con Tanzania, bastante a salvo de las tensiones entre los hutus y los tutsi, que conducirían a una de las mayores masacres de los últimos años. Su padre era veterinario y su madre maestra de escuela. Creció con 6 hermanos. Desde muy joven había mostrado un gran talento atlético. En 1992 fue plata en el 1500 del Campeonato Mundial Junior (sub20) y ocupó la 4ª plaza en los 800 m. Poco después se fue a entrenar a Italia. Al año siguiente fue semifinalista en el kilómetro y medio del Mundial de Stuttgart.

En 1994 corrió en 3:30,66, tiempo que fue el 2º del año, a tan solo 0,05 del argelino Nourredinne Morceli (1970) que entonces dominaba la distancia con mano de hierro. El enfrentamiento entre ambos tendría lugar en 1995, en el Mundial de Gotemburgo. Hasta entonces, la jerarquía del kilómetro y medio se la disputaban el argelino y el español Fermín Cacho (1969), poco interesado este en los grandes registros. El norteafricano se había impuesto en los mundiales de 1991 y 1993 y era el plusmarquista mundial con 3:27,37 ese mismo año, que mejoraba sus 3:28,86 de 1992. El español se había hecho sin embargo, con el oro en los Juegos Olímpicos de 1992, prueba en la que el argelino ocupó una sorprendente 7ª posición. Morceli estaba en gran forma tras su plusmarca mundial, mientras Cacho había tenido muchos problemas físicos. Pero el argelino tenía otro rival, además del español y de Niyongabo. Se trataba del marroquí Hicham El Guerrouj (1974), que había corrido en 3:31,53. A la hora de la verdad, sin embargo, Morceli no dio opción. Con 51,38 en la última vuelta se hizo con el oro en 3:33,73. Niyongabo intentó valientemente aguantar al magrebí, pero acabó agotado y sobrepasado por El Guerrouj, plata con 3:35,28. El burundés consiguió mantener el bronce, 3:35,56. Cacho, en malas condiciones físicas, solo pudo ser 8º, 3:37,02.

La superioridad de Morceli seguía siendo incuestionable, pero el rendimiento de los dos jóvenes veinteañeros que le acompañaron en el podio hacían pensar que el oro olímpico podría resultar disputado.

El triple duelo, sin embargo, se frustró, pues sucedió algo que hizo que Niyongabo no tomase parte en el 1500 de los Juegos de Atlanta y lo hiciese en los 5000 m en su lugar. Un buen amigo y compatriota de Niyongabo, Dieudonné Kwizera (1967), acreditado en 1:44,74 y 3:37,05, había intentado en vano tomar parte en los Juegos de 1988 y 1992. No pudo hacerlo porque Burundi carecía de comité olímpico. Con unos amigos, pagándoselo de su bolsillo, consiguió formar un comité olímpico nacional en 1993. No obstante, en 1996 no consiguió que lo seleccionasen para los Juegos. Acudió a Atlanta como entrenador y abanderado. Dos días antes de las series, su amigo Niyongabo, que ese año había acreditado 3:30,09 le ofreció su puesto en los 1500 m. Él correría los 5000 m. Kwizera consiguió su sueño de ser olímpico, aunque no pudo pasar de la primera ronda.

La final de 1500 m resultó muy accidentada por la caída de El Guerrouj, que había corrido en 3:29,59, a 0,09 de la mejor marca de Morceli ese año. Nunca sabremos si El Guerrouj habría podido ganar, pues la caída lo dejó fuera de la carrera. Tampoco sabremos lo que habría ocurrido con Niyongabo en la prueba. Lo cierto es que el atleta de Burundi se enfrentaba a una distancia que solo había corrido 2 veces, aunque acreditaba unos buenos 13:03,29 de ese mismo año. Con 41 atletas en liza, se decidió hacer 3 rondas. Niyongabo fue 3º en su serie eliminatoria con 13:54,53 y 2º en una lentísima semifinal con 14:03,48. La final estaba plagada de experimentados corredores, entre ellos Dieter Baumann (1965) y Paul Bitok (1970), oro y plata en los anteriores Juegos. La carrera se corrió a un ritmo medio, que, sin duda, beneficiaba a un mediofondista. Siempre maniobrando en la cabeza de carrera, muy atento a los cambios, Niyongabo dio un fuerte cambio a falta de 500 m y abrió un importante hueco con sus rivales. La diferencia se estrechó en la última vuelta pero fue suficiente para que el atleta de Burundi se proclamase campeón olímpico con 13:07,96, por delante de Bitok, 13:08,16, que repetía plata olímpica, y del marroquí Khaid Boulami (1969), 13:08,37. Baumann, con 13:08,81 se quedaba fuera del podio.

Niyongabo se marchaba de Atlanta con el oro en el bolsillo,  con la participación olímpica de su amigo Kwizera y con la duda de qué habría pasado en el 1500 con él en liza. En 1997 realizó sus mejores marcas tanto en 1500 m. 3:29,18, entonces 4ª mejor marca de siempre, como en la milla, 3:46,70, entonces 5ª mejor marca de siempre. Desgraciadamente, las lesiones frenaron prematuramente su carrera. No compitió ese año en el Mundial de Atenas al aire libre, donde definitivamente cambió la jerarquía mundial del 1500 con eloro de El Guerrouj y la 4ª plaza de Morceli. Tomó parte en el 1500 del Mundial de Sevilla de 1999 y en el 5000 de los Juegos de Sydney 2000, pero en ningún caso pasó de la primera ronda. Se retiró poco después. Continúa viviendo en Italia, donde trabaja para Nike. Tal vez su generosidad se vio recompensada con el oro olímpico, o quizá todo fue casual.

¡Ha ganado Peter Rono! ¿Pero quién es Peter Rono?

En los años 80 del siglo pasado la distancia de 1500 m (o de la milla) estaba considerada la prueba reina de las competiciones atléticas. Entre 1974 y 1985 la plusmarca mundial de 1500 m se había superado 7 veces por 6 atletas, pasando de 3:33,1 a 3:29,46. En el caso de la milla, la mejoría fue de 3:51,1 a 3:46,32, con 8 plusmarcas y 5 atletas. El mes de agosto de 1981 resultó excepcional para esta distancia al superarse el tope mundial 3 veces en el transcurso de 9 días. La enconada rivalidad entre dos atletas excepcionales, con planteamientos vitales y atléticos totalmente distintos, los británicos Steve Ovett (1955) y Sebastian Coe (1956) fue clave en el progreso y la atracción mediática del atletismo en general y del medio fondo en particular. Su doble enfrentamiento en los Juegos de Moscú superó con mucho los límites del atletismo y los convirtió en iconos mundiales. Los logros de ambos británicos hicieron surgir una excelente generación de milleros, entre los que destacaban su compatriota Steve Cram (1960) y el marroquí Said Aouita (1959), si bien este estaba más centrado en los 5000 m. Un peldaño por debajo estaban los estadounidense Steve Scott (1956) y Sydney Maree (1956) y los españoles José Luis González (1957) y José Manuel Abascal (1958).

En esos primeros 80 hubo dos años especialmente fructíferos. En 1983 se superó en dos ocasiones la plusmarca mundial de 1500 m, 3:31,24  de Sydney Maree y 3:30,77 de Steve Ovett, su canto del cisne, con 6 atletas por debajo de 3:33,00. Y en el año mágico de 1985, se consiguió correr por primera vez por debajo de 3:30,00, con dos atletas en la misma carrera (Niza, 16 de julio), Steve Cram, 3:29,67, y Said Aouita, 3:29,71. Posteriormente el marroquí consiguió correr en 3:29,46. Antes se había hecho también con el primado universal de 5000 m, 13:00,40. Cram también hizo el tope mundial de la milla, 3:46,32. Esa temporada hubo 7 atletas que corrieron en menos de 3:32,00 y 3 en menos de 3:30,00.

A tres años vista de los Juegos Olímpicos de Seúl, se dibujaba un duelo entre Cram y Aouita, si el marroquí se decidía por el kilómetro y medio. Este, sin embargo, optó por el 5000 en los años siguientes, prueba en la que consiguió en 1987 el primer sub 13 de la historia con 12:58,39 (Roma, 22 de julio). Incluso realizó, en 1986, unos excelentes 27:26,11 en 10000 m, 6ª mejor marca de siempre en aquel momento. En 1987 se proclamó fácilmente campeón mundial de 5000 m. Cram, por su parte, renovó su oro europeo en 1986, por delante de Coe, que lo había derrotado en la final olímpica de Los Ángeles. Pese a las lesiones continuaba rindiendo a un gran nivel, pero ese entorchado continental fue su punto de inflexión. A partir de 1987 sus problemas físicos no le impedían correr muy rápido en una sola carrera, pero le limitaban las tres rondas de los grandes campeonatos. En 1987 ocupó la 8ª posición en el campeonato del mundo de 1500 m tras hundirse en la última vuelta. El campeón fue el somalí Abdi Bile (1961), que se asomaba ese año a la élite mundial, por delante de José Luis González, plusmarquista español con 3:30,92, que conseguía su primera medalla en un gran campeonato.

Para los Juegos de Seúl, tanto Cram como Aouita anunciaron que doblarían en los 800 y los 1500 m. Ambos parecían en buena forma. El británico llegó a los Juegos con 1:43,42, 3ª mejor marca del año, y 3:30,95, mejor marca de la temporada. Aouita, que volvía a sus orígenes de mediofondista, por su parte, había corrido los 800 m en 1:43,86 y los 1500 en 3:32,69. La prueba de 800 m se celebraría en primer lugar y enseguida se vio que ambos tenían problemas. El británico no pudo entrar en la final. Se quedó en los cuartos de final en una serie ganada por el marroquí. Aouita entró en la final donde se presentó con un aparatoso vendaje en un muslo. Aunque no obtuvo el oro, su rendimiento fue excelente. En una carrera rapidísima en la que un desconocido keniano llamado Paul Ereng (1967) se hizo, viniendo desde atrás, con el oro, 1:43,45, el marroquí fue bronce, con 1:44,06, justo por detrás del anterior campeón olímpico, el brasileño Joaquim Cruz (1963), 1:43,90.

El presumible duelo en los 1500 m entre Cram y Aouita se oscurecía. Cram se había mostrado en baja forma en la prueba de 800 m, mientras que el marroquí, pese a su indudable éxito, parecía con problemas. Los 1500 m parecían algo desangelados. Sebastian Coe, que se había pasado más de un año lesionado, no hizo la marca mínima dentro del plazo. Los tres medallistas del mundial del año anterior Abdi Bile, González y el estadounidense Jim Spivey (1961) tampoco estaban en los Juegos. Los peores temores se confirmaron cuando Aouita no se presentó a su serie semifinal. Cram, sin embargo, parecía recuperado y entró fácilmente en la final tras ser segundo en su semifinal. Los otros 11 atletas que disputarían la final eran el también británico Peter Elliot (1962), 3:32,94 ese año, 4º en 800, el alemán Jens Peter Herold (1965), 3:33,33, el neerlandés Han Kulker (1959), bronce europeo dos años antes, el veterano Steve Scott, otro veterano, el sudanés Omar Khalifa (1956), otro estadounidense, Jeff Atkinson (1963), el plusmarquista portugués Mário Silva (1961), el irlandés campeón del mundo de 1500 m en sala Marcus O’Sullivan (1961)  y tres kenianos que, en principio, no parecían con posibilidades. Eran Joseph Chesire (1961), 4º en los Juegos de LA84, Kipkoech Cheruiyot (1964), antiguo plusmarquista mundial junior (3:34,92), y el joven Peter Rono (1967), subcampeón mundial junior dos años antes.

Pese a su mala actuación en los 800 m, la carrera parecía buena para que Cram intentase el oro olímpico que faltaba en su palmarés. A priori no había ningún rival inabordable para él, incluso sin estar en perfectas condiciones. O’Sullivan dio paso a una primera vuelta bastante lenta en 59,65, con todos los atletas agrupados. A falta de 800 m, Peter Rono se colocó en cabeza. Nadie pensó, probablemente ni el propio Rono, que ya no se movería de esa posición. Aunque el ritmo no varió en los 800 m, 2:00,31, el keniano fue progresivamente aligerando el paso. A falta de una vuelta el cronómetro marcaba 2:43,03. Rono seguía en cabeza pero apenas nadie se despegaba. El 1200 se pasó en 2:56,69, con el grupo algo más estirado, pero pisando los talones al keniano. Parecía que su aventura tocaba a su fin cuando a falta de 250 m, Elliot, Herold y Cram se le acercaron peligrosamente. En la última recta la impresión era que Rono se difuminaría, pero aún tuvo fuerzas para cambiar de ritmo y hacerse con un sorprendente oro, delante de Elliot, Herold y de Cram, que se quedaba fuera del podio. Estos fueron los resultados:

1 Peter Rono Kenia 3:35.96
2 Peter Elliott Reino Unido 3:36.15
3 Jens-Peter Herold RDA 3:36.21
4 Steve Cram Reino Unido 3:36.24
5 Steve Scott Estados Unidos 3:36.99
6 Han Kulker Países Bajos 3:37.08
7 Kipkoech Cheruiyot Kenia 3:37.94
8 Marcus O’Sullivan Irlanda 3:38.39
9 Mario Silva Portugal 3:38.77
10 Jeff Atkinson United States 3:40.80
11 Joseph Chesire Kenia 3:40.82
12 Omar Khalifa Sudán 3:41.07

 

Había sucedido como en los 800 m. Había ganado un desconocido. Había ganado Peter Rono. ¿Pero quién era Peter Rono? Peter Kipchumba Rono había nacido el 31 de julio de 1967 en un pueblo del Condado Nandi llamado Kamobo, a 40 Km al suroeste de El Doret. Comenzó a hacer atletismo en el Instituto de San Patricio en la localidad keniana de Iten. Siendo junior fue, en 1985, campeón africano de campo a través y subcampeón mundial de 1500 m en 1986, con su mejor marca, 3:45,52, detrás de su compatriota Wilfred Oanda Kirochi (1969). Fue semifinalista en el Mundial de Roma 1987. Se trasladó a Estados Unidos a estudiar en Mount St Mary’s University, en Maryland. El año olímpico fue campeón universitario estadounidense de 800 y 1500 m en sala y de esta última distancia al aire libre. Llegó a Seúl con una mejor marca de 3:35,59 y se convirtió en el ganador más joven de la historia olímpica del kilómetro y medio. Tras los Juegos no volvió a ninguna final de un gran campeonato, aunque solo participó en el Mundial de Toki 1991. Sí que siguió tomando parte en las pruebas universitarias estadounidenses. Su mejor marca de siempre de 1500 m fue 3:34,54 (1989) y 3:51,41 (1991) en la milla. Se retiró en 1993. Posteriormente se graduó en Económicas y fue entrenador en su universidad. En la actualidad trabaja para New Balance.

La victoria de Rono en Seúl marcó el declive europeo y el inicio de la pujanza africana en la prueba de 1500. Desde 1988, tan solo tres europeos, el español Fermín Cacho (1969), oro en 1992 y plata en 1996, el portugués Rui Silva (1976), bronce en 2004, y el francés Mehdi Baala (1978), bronce en 2008, han vuelto a subir al podio olímpico en la otrora prueba reina del atletismo. Si Peter Rono hubiese sido cantante, habríamos dicho que lo de Seúl fue un one hit wonder.

Carlos Lopes, el último rey del campo a través nacido en Europa (y II)

Mientras Carlos Lopes se hallaba lesionado, había surgido, en Portugal, un nuevo corredor de fondo, Fernando Eugénio Pacheco Mamede (Beja, 1 de noviembre de 1951), que compartía club y entrenador con Lopes. Mamede había hecho la transición del de medias a largas distancias. Era plusmarquista portugués de 800, 1:47,45, y 1500 m, 3:37,98. En 1978 superó el tope nacional de Carlos Lopes de 5000 m, 13:17,78, y en 1980 el de 10 000 m, 27:37,88. En 1981 fue bronce en el Mundial de campo a través.

Contra todo pronóstico y con 34 años, en 1981, Lopes pareció ver la luz al final del túnel. Ese año se aproximó a su mejor marca de 10 000 m, al realizar 27:47,8, en una carrera en la que Mamede, con 27:27,7 hizo la plusmarca europea. Ese año Lopes, iniciaba el camino de sus segunda etapa dorada, que sería mucho mejor que la primera. El 26 de junio de 1982, en los Bislett Games de Oslo, Lopes superaba la plusmarca europea de 10 000 m con 27:24,39, a menos de 2 segundos de la plusmarca mundial del keniano Henry Rono (1952). Unos días más tarde, el 9 de julio, en París, Mamede consiguió recuperar el primado europeo con 27:22,95, a 0,45 de la plusmarca mundial. Ese año, Lopes también mejoró su plusmarca personal en 5000 m con 13:17,28. En el 10 000 del Europeo de Atenas, sin embargo, se vio superado por tres atletas más rápidos que él, el italiano Alberto Cova (1958), el alemán Werner Schildauer (1958) y el finlandés Martti Vainio (1950). Su falta de aceleración final, le hizo pensar en el maratón. Ese año corrió en Nueva York, pero no finalizó tras un accidente con un espectador.

En 1983, en la localidad británica de Gateshead, Lopes conseguía la plata en el Mundial de Campo a través, con el mismo tiempo que el campeón, el etíope Bekele Debele (1963) y el medallista de bronce, el keniano Some Munge (1959-1997). En abril, en el maratón de Rotterdam, se hacía con la plusmarca europea, 2h08:39, 2 segundos detrás del vencedor, el australiano Robert de Castella (1957). El 9 de julio en Oslo realizaba con 27:23,44 su mejor marca personal de 10 000 m, tercera de siempre y mejor de ese año. Sin embargo, la historia del Europeo se volvía a repetir en el Mundial, donde, en en un 10 000 lento, por encima de 28 minutos, solo pudo ser 6º. Probablemente esto hizo que se decidiese por el maratón en los Juegos Olímpicos.

Con 37 años, los Juegos de LA84 serían sus terceros y últimos. En Múnich aún estaba lejos de la élite mundial, en Montreal consiguió su mejor prestación en un gran campeonato de 10 000 m, la medalla de plata. En Moscú 80 no estaba en condiciones físicas, pero desde entonces se había quedado fuera del podio tanto en el Europeo de Atenas 1982 como en el Mundial de Helsinki de 1983. Aunque solamente había acabado un maratón, de los dos que había corrido, se consideraba capaz de ganar el oro olímpico y orientó su preparación para que 1984 fuese la mejor temporada de su vida, como así sucedió.

Tras proclamarse por última vez campeón de Portugal de campo a través, acudió al Mundial de East Rutherford, Nueva Jersey, con la etiqueta de favorito. En una carrera rapidísima de 11 826 m, en un circuito completamente llano, el estadounidense Pat Porter (1959-2012), tomó la cabeza desde el inicio, con pases de 2:41, 5:25, 8:17 y 14:03. En el 6º Km Porter seguía en cabeza con tan solo otros tres atletas, Lopes, el inglés Tim Hutchings (1958) y el galés Steve Jones (1955), quien se quedó ligeramente en el 7º Km. Lopes cambió de ritmo a los 9,5 Km. Pasó el 10º Km en 28:28 y el 11ºen 31:16, para acabar en 33:35, 5 segundos más rápido que Hutchings y 7 que un recuperado Jones, quien dejó sin medalla a Porter.

La temporada al aire libre de Lopes comenzó con el maratón de Rotterdam donde abandonó en el Km 30. Posteriormente declararía que esto formaba parte de su preparación para el maratón olímpico. El 28 de junio, en Oslo, mejoró con 13:16,38 su marca de 5000 m. Unos días después, el 2 de julio, en Estocolmo, se convirtió junto con Mamede en protagonista del mejor 10 000 hasta entonces. Los dos portugueses salieron decididos a superar, de una vez, la plusmarca mundial de Rono de 27:22,5. Los primeros kilómetros no movían al optimismo, pues se pasó el 3000 en 8:16,41 (2:49,40, 2:45,05, 2:41,96), más lentos que Rono, 8:13,6. La mitad de carrera se cruzó en 13:45,40, ya más rápido que Rono, 13:49,0, pero aún a ritmo 8 segundos por encima de la marca del keniano. A falta de 3 Km, Lopes dio un tremendo cambio, que lo dejó solo en cabeza a falta de 1 Km, pues Mamede estaba a más de 15 m. Este, sin embargo, se acabó recuperando y pasando a su compatriota con un último Km en 2:30 y una última vuelta en 57,5. Su tiempo final fue 27:13,81. Lopes también superó la anterior plusmarca de Rono, con 27:17,48.

La final olímpica de maratón tendría lugar el último día de la competición, el 12 de agosto, a las 17:15, con una temperatura de 30º. El ritmo inicial fue prudente, con pases de 15:34, 31:12, 46:00 y 1h01:26 los 20 Km. En aquellos momentos el grupo era compacto, con Lopes muy atento a la cabeza pero siempre en un segundo plano. A partir del Km 25 el grupo fue perdiendo unidades. En el Km 30, 1h33:02, resistían 12 atletas en la cabeza, que lideraba el británico Charles Spedding (1952). En el Km 35, liderado por el tanzamo Juma Ikangaa (1957) el grupo se había reducido a 7 hombres. Lopes, siempre bien resguardado, no había tomado la cabeza en ningún momento. En ese momento Spedding volvió a colocarse en la cabeza, aunque solo consiguió descolgar a un atleta. A falta de 4 Km, Lopes cambió de ritmo y se fue irresistible hacia la meta, a mucha distancia de Spedding y del irlandés John Treacy (1957), que se quedaron solos en la 2ª y 3ª posiciones. Lopes pasó el Km 40 en 2h02:56, 22 segundos por delante de sus perseguidores. El tramo entre los 35 y los 40 se había corrido en 14:33. El portugués cruzó la línea de meta en 2h09:21, nueva plusmarca olímpica. Treacy fue plata con 2h09:56 y Spedding bronce con 2h09:58.

Lopes volvió a Portugal convertido en un héroe nacional. Uno de los muchos honores que recibió ese año, de manos del Rey de España Juan Carlos I, fue el trofeo al mejor deportista mundial otorgado por la Unión de Periodistas Deportivos de España. Terminó esa magnífica temporada siendo testigo de la plusmarca mundial de maratón, establecida por el galés Steve Jones en un día de temporal en Chicago, con 2h08:05. Lopes fue 2º con 2h09:06.

Al portugués aún le quedaba una gran temporada más. En 1985 el Mundial de Campo a Través tendría lugar en Lisboa. Fernando Mamede, tras su decepcionante actuación en LA84, donde abandonó en la final de 10 000 m, trataba de reivindicarse con una buena actuación en el Mundial. Se convirtió en favorito tras derrotar al Lopes en el campeonato nacional de Portugal. Pero a la hora de la verdad, Lopes no dio opción. En un circuito llano, de 12 190 Km, Mamede salió en cabeza con un ritmo rapidísimo, 2:28 el primer Km. Lopes, inicialmente en puestos secundarios, fue progresando. A falta de poco más de 2 Km, mientras Mamede iba cediendo, se ponía en cabeza hasta obtener una gran victoria, por delante del keniano Paul Kipkoech (1963-1995) y el etíope Wodajo Bulti (1957). Mamede ocupó la 11ª posición. Lopes se convertía en el primer ganador de tres oros en el Mundial de campo a través y en el último atleta nacido en Europa en hacerse con esta competición.

Menos de un mes después, el 20 de abril de 1985, Lopes volvía a Rotterdam, a disputar su 6º maratón, esta vez con intención de terminarlo con plusmarca mundial. Lo consiguió, convirtiéndose en el primer atleta en bajar de 2h08:00. Su tiempo de 2h07:12 se acercaba a la barrera de 3 minutos por Km, con un ritmo de 3:00,87.

Esta fue su última temporada en la élite, aunque siguió corriendo hasta los 40. Más de 30 años después de su retirada continúa siendo, junto con Rosa Mota (1958), el mejor atleta portugués de la historia. Cuando parecía que, con más de 30 años y lesionado, ya había dado lo mejor de sí, resultó que lo mejor estaba por llegar.

Carlos Lopes, el último rey del campo a través nacido en Europa (I)

Não, eu não sou o favorito. O favorito é Mamede, Con estas palabras, Carlos Lopes, campeón mundial de campo a través y olímpico de maratón, se quitaba la presión de la prensa de encima. Los portugueses querían un ganador local en el campeonato del mundo de campo a través que se celebraba en Lisboa en 1985. Mamede había derrotado a Lopes en el campeonato de Portugal y este, hábilmente, dejó que toda la presión fuese para su compañero de club y de entrenamientos, cuya relación con la alta competición era complicada. Lopes venía de hacer, con 37 años, la mejor temporada de su vida con el Mundial de cross y el oro en el maratón olímpico de LA84 y aún le quedaba otra temporada excepcional.

Carlos Alberto de Sousa Lopes había nacido el 18 de febrero de 1947 en Vildemoinhos, Viseu, una localidad a 105 Km al SE de Oporto. Era el mayor de 7 hermanos, de una familia humilde, y tuvo que dejar de estudiar para desempeñar diversos oficios, entre ellos el de tornero mécánico. Comenzó a practicar atletismo en 1965 y en 1966 tomó parte en su primera competición internacional, el cross de las Naciones, categoría junior (sub20), donde fue 25º. Ese año se proclamó campeón de Portugal de 3000 m, en categoría junior, lo que hizo que el Sporting Clube de Portugal se fijase en él. Le ofrecieron irse a Lisboa a entrenar con el Prof Mário Moniz Pereira (1921-2016). El joven Carlos aceptó y comenzó una fructífera relación con el mejor entrenador de Portugal, quien lo acabaría convirtiendo en uno de los mejores corredores de fondo de la historia.

Los éxitos de Lopes comenzaron en el campo a través, modalidad en la que consiguió 10 títulos nacionales, en 1970-1974, 1976-1978, 1982 y 1984. En pista su primera plusmarca nacional fue en 10 000 m en 1971, 29:28,0. Ese año acudió al campeonato de Europa, donde el finlandés Juha Väätäinen (1941) hizo un extraordinario doblete en 5000 y 10 000 m. El joven portugués no tuvo una buena actuación. Fue el 33º y último en los 10 Km, a más de 2 minutos del vencedor. Su rendimiento en los Juegos Olímpicos de Múnich, al año siguiente, fue mucho mejor, pues consiguió mejorar su marca en 10 000 hasta 28:53,6, si bien no le sirvió para entrar en la final. Igual suerte corrió en los 5000 m, distancia en la que acreditaba 13:46,8, también plusmarca nacional.

En los 4 años siguientes, la progresión de Lopes lo transportó a la élite mundial. En el Europeo de 10 000 m de 1974, problemas físicos lo llevaron a abandonar, pero en 1976, año olímpico, era uno de los favoritos para las medallas en los 10 Km. En 1975 había conseguido facilidades en su trabajo como bancario para hacer doble sesión de entrenamiento y eso había mejorado notablemente su rendimiento. Comenzó la temporada de 1976 haciéndose con el campeonato del mundo de campo a través. Su mejor puesto anterior había sido el 25º en 1973. En la localidad galesa de Chepstow se impuso con solvencia a los ingleses Tony Simmons (1948) y Bernie Ford (1952). Poco antes de los Juegos, bajaba por primera vez de 28 minutos en 10 000 m, 27:45,71, mejor marca del año en aquel momento. También, con 13:24,0 realizó marca personal en 5000 m. En los Juegos de Montreal, se enfrentaba al finlandés Lasse Virén (1949), dispuesto a impedir que este repitiese el doblete de Múnich. Lopes se impuso fácilmente en la primera serie semifinal con 28:04,53. En la final, sin embargo, Virén se mostró superior. Lopes se colocó en cabeza con 3200 m de carrera, dando paso al primer 5000 en 14:08,94. Fue descolgando a todos sus rivales, menos al finlandés, que lo superó a falta de 440 m y se hizo con el oro en 27:40,38. Lopes fue plata con 27:45,17, mejor marca personal. La falta de aceleración final del portugués condicionó sobremanera su prestación en los grandes campeonatos en 10 Km.

Poco después de la final olímpica, Lopes mejoró en Estocolmo su marca personal hasta 27:42,65, 6ª mejor marca de siempre en aquel momento. Los éxitos del portugués parecían continuar en 1977. Se proclamó por primera vez campeón de Europa de campo a través por clubes con el Sporting de Lisboa, y, aunque no pudo revalidar su título mundial, consiguió una excelente plata en el Mundial celebrado en Düsseldorf. Sin embargo, se perdió la temporada al aire libre a causa de problemas físicos, que lo perseguirían durante varios años. En 1978 consiguió el título portugués de campo a través y posteriormente el de 10 000 m, pero su rendimiento era muy irregular. Abandonó en los Mundiales de campo a través en 1978 y 1981. En 1980 fue 26º. Se perdió el campeonato de Europa de 1978 y los Juegos de Moscú 1980.

Pasada la treintena, daba la sensación de que el cuerpo del atleta de Viseu ya no estaba en condiciones de volver a la élite. Sin embargo, Lopes acabaría teniendo una segunda época dorada en la que sus logros serían mucho mejores que en la primera.

 

 

 

 

 

 

El papel fundamental del entrenador en el atletismo

Probablemente no se podría entender a Herb Elliot sin Percy Cerruty, a Peter Snell sin Arthur Lydiard, a Steve Ovett sin Harry Wilson o a Sebastian Coe sin Peter Coe. En nuestro ámbito más cercano, ocurre lo mismo con Manolo Martínez y Carlos Burón o Ruth Beitia y Ramón Torralbo. ¿Quién atrae practicantes de un deporte extremadamente duro? ¿Quién detecta los talentos? ¿Y quién convierte las promesas en realidades? El entrenador tiene un papel fundamental en el atletismo, pero, como sucede con los maestros o con los médicos de atención primaria, ni social ni económicamente están reconocidos como deberían.

La experiencia vital del atleta es inevitablemente corta, en muchas ocasiones insuficiente para darse cuenta de que solo con su talento no puede sacar lo mejor de sí mismo. Allá por los años 80, cuando el adolescente que era entonces quien esto escribe comenzó a entrenar en la escuela de atletismo de la Universidad de Santiago de Compostela, el estadio de la Residencia rebosaba de atletas. Los máximos responsables eran 4 profesores de Educación Física que por nada o casi nada se dejaban 2 o 3 horas de su tiempo de ocio todos los días. Su labor comenzaba con la promoción del atletismo en sus respectivos centros de enseñanza y se continuaba en el estadio donde la misma persona podía entrenar a un lanzador de martillo de más de 60 m, un saltador de altura de más de 2,05 m o un corredor de fondo de menos 13:40,0. Detrás de esto, además de un entusiasmo desbordante, había mucho tiempo de formación y de dedicación, mucho más en los concursos donde cada detalle cuenta para perfeccionar una técnica que nunca es perfecta pero siempre mejorable.

El futuro atleta llega al atletismo solo con su talento que, como el temperamento, es estrictamente individual. Convertir el talento en excelencia no es una tarea fácil. El talento no es modificable. La capacidad y la motivación para soportar enormes cargas de trabajo y para mantener la cabeza fría sí lo son. El camino es muy duro, y muchos no son capaces de recorrerlo. Tal vez las lesiones les limiten su capacidad para afrontar trabajos físicos exigentes. Quizá no estén dispuestos a hacerlo, o no se lo permitan sus circunstancias personales. Puede que no soporten la presión de la competición. Algunos, sin embargo, sí lo consiguen, pero no lo hacen solos. Tienen detrás a muchas personas entre las que destaca el entrenador, el que tiene que diseñar y adaptar una programación tanto a corto como a largo plazo, el que tiene que explicar que el atletismo no es como la canción de Queen, I want it all and I want it now, el que en los malos momentos, que abundan, da una mano amiga, o frena la euforia en los buenos, el que pelea para que otros intereses no interfieran con el interés deportivo y el que, en definitiva, ayuda al atleta a que comprenda la esencia del atletismo y lo que ello supone en la vida de una persona.

Es cierto que hay atletas que, en una determinada época, se hacen sus propios planes, pero inevitablemente, para llegar a esa situación tuvieron que aprender de alguien. Un atleta no va sin entrenador, igual que una orquesta no va sin director. Si un país quiere tener buenos atletas, tiene que cuidar a los entrenadores. La ciencia del deporte se ha hecho demasiado compleja. El atleta no se puede permitir el lujo de renunciar al conocimiento. Estaría en franca desventaja ante sus rivales, de modo que potenciemos al entrenador. No hay alternativa.

Husillos y el exceso de celo

Las leyes, igual que los libros de Medicina, tratan de hacer la mejor generalización de muchos casos particulares. Pero, del mismo modo que los problemas de cada paciente deben gestionarse de forma individual, en el ámbito normativo debería también analizarse caso por caso. Ayer, tras haberme quedado absolutamente sorprendido por la exhibición de Óscar Husillos, pensé, durante unos minutos, que hoy estaría escribiendo sobre la progresión de la plusmarca europea de 400 m en sala. Desgraciadamente mi texto de hoy es para poner sobre la mesa que el exceso de celo normativo puede acabar con el espectáculo atlético que continuamente Lord Coe, en su calidad de Presidente de la IAAF, trata de buscar. No hace mucho escribí sobre el, indebido, protagonismo de los jueces, afortunadamente excepcional. Desde hoy tendré que añadir lo sucedido ayer.

Con el reglamento en la mano, el invadir la línea interna de la curva sin ser desplazado es motivo de descalificación. La norma es taxativa, no especifica ni cm ni tiempo, por lo tanto es suficiente 1 mm 0,01 s. Con esto podríamos terminar el debate, pero también podemos plantear una cuestión. ¿Se tipifican las infracciones porque sí o para evitar que el infractor se beneficie? Si son para evitar que el infractor se beneficie, ¿tiene sentido aplicarlas cuando no hay beneficio alguno? Es más, probablemente Husillos no solo no se benefició, sino que el pisar la línea con el pie derecho probablemente le obligó a girar su cuerpo hacia el mismo lado para no salirse de la línea, con la consiguiente pérdida de alguna centésima. Tampoco ayudaba una pista con curva de doble radio, que empuja al atleta hacia dentro a la salida de la curva.

Habitualmente la aplicación que se hace de las normas es razonable. A menudo vemos salirse brevemente en las curvas a atletas en carreras de fondo lentas, como sucedió en el Mundial de Londres con Mo Farah, pero se asume que es involuntario y que no beneficia en absoluto al corredor, más bien todo lo contrario. Si se aplicase de forma estricta el reglamento en el tema de los contactos y obstrucciones, en ocasiones tendríamos campeón de 800 o 1500 m sin necesidad de disputar la final. Sin embargo, en este campeonato, se ha decidido obviar el espíritu del reglamento y aplicarlo al pie de la letra. La consecuencia ha sido que se ha anulado la mejor carrera del campeonato, el mejor 400 de la historia de los campeonatos y la plusmarca europea de un plumazo. Deben ser las últimas directrices de la IAAF para fomentar el espectáculo tras la retirada de Usain Bolt.

Hay quien compara esta descalificación con la de Natalia Rodríguez en la final de los 1500 m del Mundial de Berlín 2009 tras haber cruzado la meta en primer lugar. En mi opinión no son comparables, pues mientras Husillos ni se beneficia ni perjudica a nadie, el adelantamiento interior de Rodríguez, una maniobra irregular, hace que una atleta tropiece y se vaya al suelo.

La descalificación de Husillos me recuerda, por su injusticia, a la del obstaculista keniano Ezekiel Kemboi en los Juegos de Río. 60 años antes, en los Juegos de Melbourne, los propios rivales de Chris Brasher se negaron a que fuese descalificado tras ganar el oro en obstáculos, también por exceso de celo.

Por cierto, al margen de la estricta aplicación del reglamento, la IAAF tampoco ha respetado las formas, entregando las medallas de la prueba de 400 m antes de comunicar oficialmente el rechazo del recurso de la Federación Española. Quizá también debían haber publicado al fotografía al tiempo que anunciaban por primera vez la descalificación. Cierto es que una vez constatada la infracción, había poco lugar al recurso pero ¿de verdad era necesario analizar el vídeo con microscopio?

No veo a la IAAF por buen camino y no solo por el asunto Husillos. Se entiende poco que las marcas mínimas para los concursos solo estén al alcance, literalmente, de 4 y haya que recurrir a la repesca. Por ejemplo en triple salto femenino, la mínima era 14,30 m. Hubo de repescarse, con 14,23 m, a Ana Peleteiro que finalmente fue bronce. Tampoco se comprende que en los concursos no se permita el 6º intento del 5º al 8º clasificado. Como bien dice el explusmarquista español de salto con pértiga, Alberto Ruiz, es como si en un 1500 no se permitiese disputar la última recta a los que ocupan la posiciones a partir de la 5ª.

Al margen de la polémica descalificación de Husillos y a falta de la jornada de hoy, las luces que veíamos algunos en el atletismo español tras el Mundial de Londres parece que se materializan. El Europeo de Berlín del verano será una buena ocasión para confirmarlo.