Irena Szewińska, la dama de la velocidad

Hace unos días nos dejó la exatleta polaca Irena Szewińska. Szewińska fue una de las mejores velocistas de todos los tiempos, ganadora de siete medallas olímpicas, 3 de oro, y plusmarquista mundial, aunque no simultáneamente, de 100, 200 y 400 m. Ningún otro atleta, hombre o mujer, ha podido conseguir este monopolio de la velocidad.

Irena Szewińska nació como Irena Kirszestein en Leningrado (hoy San Petersburgo) el 24 de mayo de 1946. Su padre, de Varsovia, y su madre, de Kiev, se habían conocido en Samarkanda (Uzbekistán) donde ambos estudiaban. En 1947, tras el fallecimiento de su padre,  la familia se trasladó a Varsovia. Adoptó el apellido de su marido, el exvallista y fotógrafo deportivo Januzs Szewińska, cuando se casó en 1967. Szewińska comenzó a practicar atletismo a los 7 años. En 1960 el triple oro olímpico en 100, 200 y 4 x 100 de la estadounidense Wilma Rudolph (1940-1994), una mujer procedente de un entorno absolutamente desfavorecido, le sirvió como inspiración para su fructífera futura carrera atlética. No tardaría mucho en emularla, pues 4 años después, acudió a los Juegos de Tokio para tomar parte en las pruebas de 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100. Su actuación fue excelente. Ganó la plata en los 200 m, con marca personal y plusmarca europea de 23,1 (23,13), superada por la estadounidense Edith McGuire (1944), 23,0 (23,05).  En la longitud también se hizo con la plata con mejor marca personal de 6,60, por detrás de la británica Mary Rand (1940), quien con 6,76 m se convertía en la nueva plusmarquista mundial. En el relevo consiguió mejorar sus actuaciones individuales. El equipo polaco formado por ella misma junto con Teresa Ciepły (1937 – 2006), Halina Górecka (1938) y Ewa Kłobukowska (1946) batió al estadounidense en la final con una nueva plusmarca mundial de 43,6 (43,69). Posteriormente la plusmarca se anularía, aunque se mantuvo el oro olímpico. Kłobukowska tenía una anomalía genética, un raro mosaicismo XX/XXY. Algunas de su células albergaban un cromosoma masculino. Entonces se consideraba motivo suficiente para dudar de la feminidad de una atleta y Kłobukowska resultó suspendida de por vida y sus plusmarcas anuladas. Esta anulación no se extendió a sus actuaciones en campeonatos.

Con tan solo 18 años, la joven Irena salía de Tokio con tres medallas olímpicas. Al año siguiente, 1965, conseguía su primera plusmarca mundial individual. El 9 de julio en Praga corría los 100 m en 11,1, superando los 11,2 de Wyomia Tyus (1945) de la final olímpica de Tokio. En la carrera de Praga, Ewa Kłobukowska consiguió el mismo tiempo que Szewińska, posteriormente anulado. Poco después, el 8 de agosto, se celebró en Varsovia un encuentro internacional entre Polonia y Estados Unidos. Szewińska derrotó en la carrera de 200 m a las campeonas olímpicas de 200, Edith McGuire, y de 100 m, Wyona Tyus, con un nuevo tope mundial de 22,7. Ese año fue doble campeona mundial universitaria de 100 y 200 m.

En 1966 se celebraban los campeonatos de Europa en Budapest. En la capital húngara, Szewińska, con 20 años, tuvo otra magnífica actuación, con las victorias en 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100 m. Tan solo se le escapó el oro en los 100 m, prueba en la que la derrotó Kłobukowska. Tras un año de 1967 sin grandes campeonatos, Szewińska acudió a los Juegos de México de 1968 con la intención de disputar los 4 oros en las pruebas de velocidad corta, el relevo corto y el salto de longitud. Las cosas no resultaron como ella había previsto. Pese que, con 6,67 m, había mejorado poco antes de los Juegos su plusmarca personal, no pasó de la fase de clasificación con unos pobres 6,19 y dos nulos. La última atleta en entrar en la final había saltado 6,30 m. Mejoró notablemente en los 100 m, donde hizo marca personal de 11,1 (11,19), pero fue insuficiente para superar a las estadounidenses Tyus, 11,0 (11,08) y Barbara Ferrell, 11,1 (11,15). La juvenil australiana Raelena Boyle (1951) fue 4ª con 11,1 (11,20). A Szewińska le quedaban los 200 m como última oportunidad de oro individual y no la desaprovechó. Su victoria con nueva plusmarca mundial de 22,5 (22,58) fue inapelable, con Boyle, plata, 22,7 (22,74), y su compatriota Jennifer Lamy (1949), bronce, 22,8 (22,88). Ferrell y Tyus fueron 4ª y 6ª. La prueba tuvo un nivel altísimo con cuatro mujeres por debajo de los 23,00.

Pese a este enorme oro en 200 m, es probable que los Juegos de México dejasen en la polaca un sabor agridulce. Tras la decepción de la longitud, aún quedaba la del relevo, en el que el equipo polaco no pudo defender su título olímpico por un mal cambio con caída del testigo en las semifinal. En 1969 la Asociación Europea de Atletismo trató de hacer los campeonatos de Europa al aire libre bienales. Se celebraron ese año y en 1971, pero en 1974 se volvió a los campeonatos cuatrienales hasta 2010. Szewińska no tomó parte en los campeonatos de Europa de ese año y se retiró temporalmente en 1970 para dar a luz a su primer hijo,  Andrzej, que posteriormente sería jugador internacional de balonvolea. Volvió a la actividad atlética en 1971. En el Europeo de Helsinki fue bronce en 200 m, 5ª en salto de longitud y 6ª en 100. La vencedora en ambas pruebas fue el nuevo fenómeno de la velocidad femenina, la alemana Renate Stecher (1950). Stecher repetiría el doblete en los Juegos Olímpicos de Múnich al año siguiente. Szewińska, que no pudo llegar a la final de los 100 m, fue bronce en 200. Con 26 años y tres participaciones olímpicas, parecía que sus mejores días ya habían pasado. Nada más lejos de la realidad. La polaca aún tenía reservadas actuaciones memorables.

En 1973 mantuvo un buen tono con registros de la temporada de 11,1 y 22,7. Ese año Stecher se convertía en la primera mujer en correr por debajo de 11,0, con plusmarcas mundiales de 10,9 y 10,8, mientras en 200 se iba a 22,1 (22,38). La polaca no parecía rival para ella. Pero esa era una impresión equivocada. El 13 de junio de 1974, en Postdam, ambas atletas se enfrentaron en la distancia de 200 m, prueba en la que la alemana llevaba 4 años imbatida. Szewińska no solo ganó, sino que superó, con 22,0 (22,21) la plusmarca mundial de la alemana. El 1 de enero de 1977, este registro de 22,21 se convirtió en la primera plusmarca mundial eléctrica, únicas válidas a partir de entonces. Unos días después, el 29 de junio en Varsovia, Szewińska mejoraba en 100 m hasta 10,9. Menos de un mes después, el 22 de julio, en la misma capital polaca, Szewińska superaba por más de un segundo la plusmarca mundial de 400 m con 49,9, primer registro sub50,0 de la historia. En los campeonatos de Europa, la polaca no dio opción a Stecher y la batió tanto en los 100, 11,13 frente a 11,23, como en los 200 m, 22,51 frente a 22,58. La alemana tuvo que conformarse con dos platas.

 

Szewińska tenía intención de correr los 200 y los 400 m en los Juegos de Montreal, pero como el horario no era compatible eligió la distancia más larga. El 9 de mayo de 1976, perdió la plusmarca mundial de 400 m a manos de la alemana Christina Brehmer (1958) con un tiempo de 49,77. Poco antes de los Juegos, el 22 de junio en Bydgoszcz, Szewińska la recuperaba con un registro de 49,75. Se vislumbraba un gran duelo en la final olímpica entre la polaca de 30 años y la alemana de 18. Sin embargo, a la hora de la verdad, la experiencia de Szewińska resultó decisiva y el duelo lo fue menos. Brehmer lideró la prueba durante más de la mitad del recorrido, pero en la última recta emergió la polaca, quien no dio opción y se llevó el oro con una nueva plusmarca mundial de 49,29. Siete finalistas corrieron por debajo de 51,00.

La final olímpica de 400 de 1976 a partir de 1:25

El 1977 volvió a liderar las listas mundiales de 200 y 400 m, pruebas en las que venció en la primera Copa del Mundo, derrotando respectivamente a las pujantes alemanas Barbara Eckert (1955) y Marita Koch (1957). Esta última prueba resultó especialmente competida con las dos atletas por debajo de 50,00, 49,52 frente a 49,76. La alemana, en cabeza hasta los últimos 20 m, acabó cediendo ante el acoso de la polaca. Ese año también hizo una incursión en los 400 m vallas, entonces novedosa en categoría femenina. Realizó 56,62, 4º mejor registro de ese año, a 0,99 de la plusmarca mundial.

Szewińska aún fue bronce en los 400 m en sus últimos campeonatos de Europa, en 1978, poniendo fin a su racha de 34 victorias consecutivas en la prueba desde 1974. Fue olímpica por quinta vez en Moscú, en 1980, pero no pudo llegar a la final de la vuelta a la pista. Se retiró ese mismo año, tras 16 años en la élite mundial. Comenzó su carrera atlética enfrentándose a Wyomia Tyus y acabó haciéndolo con Marita Koch. Siempre fue capaz de dar lo mejor de sí misma con la presión de la alta competición. En 1970 se había licenciado en Administración de Empresas en la Universidad de Varsovia. Fue Presidente de la Federación Polaca de Atletismo de 1997 a 2009 y miembro de la IAAF desde 1998 hasta su fallecimiento, ocurrido el 29 de junio de 2018. Fue sin duda una de las grandes de siempre y una dama del atletismo durante y después de su época competitiva.

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Zürich 1984: una plusmarca muy especial para Evelyn Ashford

Los Juegos Olímpicos celebrados en Los Ángeles del 28 de julio al 12 de agosto de 1984 se vieron lastrados por el boicot que llevaron a cabo la antigua Unión Soviética y sus aliados, en respuesta al realizado 4 años antes por Estados Unidos y numerosos países del bloque occidental. Eran tiempos de la Guerra Fría que, no obstante, estaba dando sus últimos coletazos. Tan solo 8 años más tarde ya no existía la Unión Soviética ni dos Alemanias. El boicot no fue unánime, pues China, Rumanía y Yugoslavia sí enviaron sus equipos olímpicos. Sus consecuencias en el atletismo fueron desiguales. En carreras masculinas apenas tuvo efecto. En saltos y lanzamientos masculinos hubo ausencias importantes, sobre todo las de los plusmarquistas mundiales de salto con pértiga, 5,90 m, el soviético, hoy ucraniano, Sergei Bubka (1963), de lanzamiento de martillo, 86,34 m, el soviético, hoy ruso, Yuriy Sedykh (1955) o de lanzamiento de jabalina, 104,80, el alemán oriental Uwe Hohn (1962), registros todos ellos de ese año olímpico. Pero donde el boicot se hizo sentir mucho más fue en categoría femenina, entonces dominada de forma casi absoluta por las atletas del Este. Años después se confirmaría lo que entonces se sospechaba acerca de la generalización de prácticas prohibidas en los países del Este, patrocinadas por los propios estados, pero también es cierto que sobre los atletas estadounidenses de entonces se cierne la sombra de la hormona del crecimiento.

Ya en la competición, la estadounidense Valerie Brisco-Hooks (1960) tuvo una inesperada actuación con doblete en 200 y 400 m y plusmarcas personales y olímpicas de 21,81 y 48,83, no muy lejos de los 21,71 y los 47,99 que la alemana del Este Marita Koch (1957) y la checa Jarmila Kratochvilova (1951) ostentaban respectivamente como plusmarcas mundiales. Brisco había destacado a finales de los 70, pero su carrera se había estancado en los primeros 80. En las pruebas de selección olímpica ganó el 200 con 22,16 y fue 2ª tras Chandra Cheeseborough (1959) en 400 m, con 49,73, marcas personales en ambos casos. Aunque en 1985 corrió los 200 en 21,98 y al año siguiente los 100 m en 10,99, nunca volvió a rendir como en Los Ángeles, donde también fue oro en 4×400. Fue plata olímpica en Seúl 1988 en 4 x 400 y 4ª en la prueba individual. Visto su rendimiento en los Juegos, el mundo atlético se preguntó qué habría podido suceder estando Koch en liza.

Una de las pocas pruebas femeninas en la que se frustró un gran duelo fueron los 100 m. Ausente la campeona mundial, la alemana del Este Marlies Göhr (1958), acreditada en 10,81, la victoria fue para la plusmarquista mundial, la estadounidense Evelyn Ashford (1957), que se impuso fácilmente con 10,97. Ashford se encaramó muy joven en la élite del atletismo, pues en 1976, con 19 años, fue 5ª en los 100 m de los Juegos de Montreal. En 1979 encabezó la lista mundial del año con 10,97, su primer tiempo sub11, no muy  lejos de los 10,88 que Marlies Göhr poseía como plusmarca anterior desde hacía 2 años. Al año siguiente se acercó aun más, al correr en 10,90. Göhr mejoró a 10,81 el 8 de julio de 1983, pero unos días después, el 3 de julio, la estadounidense corría en 10,79. Ese mismo día, su compatriota Calvin Smith (1961), con 9,93 superaba los míticos 9,95 de Jim Hines (1946) de los Juegos de México. Ambos tiempos se siguieron de una A, puesto que se habían conseguido a 2195 metros de altitud, en Colorado Springs. La plusmarca de Ashford de 10,79A probablemente era peor que los 10,81 de Göhr. Ambas se enfrentarían en el primer Campeonato del Mundo que tendría lugar en Helsinki un mes más tarde. Antes de la final se enfrentaron en los cuartos, donde se impuso la estadounidense, 11,11 por 11,16. Cada una de ellas ganó su semifinal, entonces solo eran dos, con Ashford por debajo de 11 en 10,99, y Göhr en 11,05. El gran duelo, sin embargo se frustró, pues la estadounidense se lesionó a mitad de carrera. Göhr se impuso con 10,97.

El duelo quedaría para los Juegos Olímpicos, aunque ya entonces se temía que el bloque del Este acabaría por no acudir, como finalmente sucedió.  Ashford ganó el oro con una nueva plusmarca olímpica de 10,97. Los soviéticos contraprogramaron con los llamados Juegos de la Amistad, una competición atlética entre los países que no habían acudido a los Juegos Olímpicos. Göhr venció en los 100 m, celebrados el 16 de agosto, con 10,95, demostrando estar en buena forma. La alemana y la estadounidense se encontrarían el 22 de agosto en la reunión de Zürich, donde, a decir de algunos, tendría lugar la verdadera final olímpica de 100 m.

Hasta no hace muchos años, las reuniones posolímpicas o posmundial de atletismo tenían un nivel altísimo. Los atletas aprovechaban su buena forma para mejorar sus marcas o para, en algunos casos, tomarse la revancha de actuaciones en el gran campeonato no del todo satisfactorias. La reunión de Zürich solía ser el principal lugar para ajustar cuentas con los rivales. Ese 1984, muchos de los grandes triunfadores de los Juegos tomaron parte en la competición de la ciudad suiza. Allí estaban el cuádruple campeón olímpico Carl Lewis (1961), el sorprendente oro en los 400 m Alonzo Babers (1961), la emergente estrella de los 800 m Joaquim Cruz (1963), el doble oro de 1500, el resucitado Sebastian Coe (1956), el marroquí Said Aouita (1959)… También estaban las dos estrellas estadounidenses de la velocidad femenina, Valerie Brisco-Hooks, que no pudo retener la forma de las semanas anteriores, y Evelyn Ashford, cuyo enfrentamiento con Marlies Göhr era uno de los mayores atractivos de la reunión. La carrera no pudo responder mejor a las expectativas con Göhr en la calle 2 y Ashford en la 3. La alemana realizó una fulgurante salida y se mantuvo en cabeza hasta los 70 metros, momento en que Ashford la igualó y posteriormente la superó con una nueva plusmarca mundial de 10,76, 0,08 más rápido que Göhr.

Poco después de la carrera, Ashford descubrió que su plusmarca mundial había sido mucho más especial de lo que pudiese pensar, pues la hizo estando embarazada. El 30 de mayo de 1985 dio a luz a su hija Raina Ashley Washington.

Ashford siguió compitiendo hasta completar una longeva carrera en la cima mundial. En los Juegos de Seúl de 1988 fue plata en 100, detrás de su compatriota Florence Griffith (1959-1998) y oro en 4×100. Y en los Juegos de Barcelona, en 1992, con 35 años, no entró en la final de 100 m por 0,01 pero ganó el oro en 4×100 por tercera vez consecutiva, en 4 juegos olímpicos.

Calvin Smith, el velocista de modales suaves

El 24 de septiembre de 1988 tuvo lugar una de la carreras más esperadas de la historia del atletismo, la final olímpica de 100 m de Seúl. Se enfrentaban en ella los dos mejores velocistas del momento, el canadiense Ben Johnson (1960) y el estadounidense Carl Lewis (1961). El año anterior en el campeonato del mundo, Johnson había derrotado a Lewis por 0,1, con una nueva plusmarca mundial de 9,83. El 17 de agosto, en la reunión de Zúrich, en un nuevo duelo entre ambos, fue el estadounidense quien se impuso, con 9,93 por 10,00 del canadiense. Johnson había retrasado su preparación por una lesión, pero no se sabía si podría llegar a los Juegos en plena forma. Ambos se impusieron en sus semifinales, Lewis con 9,97 y Johnson con 10,03. Las fuerzas parecían parejas, pero la final se encargó de desmentir las apariencias. Johnson aplastó a Lewis con una ventaja de 0,13 parándose con unos entonces estratosféricos 9,79. Esta fue la clasificación inicial:

1 Ben Johnson CAN 9,79
2 Carl Lewis USA 9.92
3 Linford Christie GBR 9.97
4 Calvin Smith USA 9.99
5 Dennis Mitchell USA 10.04
6 Robson C. da Silva BRA 10.11
7 Desai Williams CAN 10.11
8 Raymond Stewart JAM 12.26

La cara de sorpresa de Carl Lewis resumía muy bien la prestación de Ben Johnson. Pero todo había sido falso. Dos días después se conocía que el canadiense había consumido estanozolol, un esteroide anabolizante prohibido por el COI. Posteriormente Johnson confesaría que había tomado sustancias prohibidas desde 1981. Carl Lewis pasaba a ser campeón olímpico y, posteriormente, plusmarquista mundial por la anulación de los 9,83 de Ben Johnson. Oficialmente la historia terminó ahí. En realidad las cosas fueron mucho más complicadas. Tiempo después se supo que a Lewis le habían detectados restos de estimulantes en un control durante las pruebas de selección olímpicas para Seúl, al medallista de plata, el británico Linford Christie (1960)  se le hallaron restos de efedrina tras una serie de 200 m en Seúl, pero se aceptaron sus alegaciones. En 1999 un análisis positivo para nandrolona lo llevó a una suspensión de 2 años. También el estadounidense Dennis Mitchell (1966), el canadiense Desai Williams (1959) y el jamaicano Ray Stewart (1965) resultaron sancionados por su relación con sustancias prohibidas. Con razón el periodista Richard Moore (1973) calificó la final de 100 m de Seúl como la final más sucia de la historia. Tan solo el brasileño Robson Caetano da Silva (1964), 5º,  y el estadounidense Calvin Smith (1961), bronce, pueden presumir de un historial limpio durante toda su carrera deportiva.

Calvin Smith (Bolton, Mississippi, 8 de enero de 1961) fue un velocista de modales suaves, discreto, respetuoso y muy alejado del ruido mediático que rodeaba a muchos de sus rivales. En 1980, siendo junior, ya corría en 10,17, lo que le sirvió para ser el 9º en la lista mundial de ese año. Alcanzó notoriedad por primera vez el 9 de julio de 1982, en Karl Marx Stadt, actual Chemmitz (Alemania), donde realizó 9,91 en 100 m, 0,04 por debajo de la mítica plusmarca de 9,95, conseguida en Ciudad de México por Jim Hines (1946) en la final olímpica de 1968. Un viento de 2,1 m/s impidió, sin embargo, homologar la marca de Smith, probablemente superior al tope universal. Ese año registró una plusmarca personal de 10,05. Desde la final de México, tan solo Silvio Leonard (1955), que en 1977 había hecho 9,98 en altitud, había bajado de 10,00. En 1983, el 14 de mayo, en Modesto (California) al nivel del mar, Carl Lewis corría en 9,97.  El 3 de julio de ese año, aprovechando la altitud de Colorado Springs, y con viento legal, Calvin Smith consiguió borrar la plusmarca de Hines, al correr los 100 metros en 9,93. En la misma reunión Evelyn Ashford (1958), con 10,79, también superaba la plusmarca mundial femenina.

Smith, que ya había resultado derrotado en el campeonato de Estados Unidos por Carl Lewis, no pudo con su rival en los 100 m del primer campeonato mundial celebrado en Helsinki. Emmit King (1959) completó el triplete estadounidense. Los tres, con Willie Gault (1960), se coronaron campeones de relevos  4 x 100, con plusmarca mundial de 37,86. Antes Smith se  había hecho con el oro mundialista en los 200 m.

100 m
1 Carl Lewis USA 10.07
2 Calvin Smith USA 10.21
3 Emmit King USA 10.24
4 Allan Wells GBR 10.27
5 Juan Nunez DOM 10.29
6 Christian Haas FRG 10.32
7 Paul Narracott AUS 10.33
8 Desai Williams CAN 10.36

200 m
1 Calvin Smith USA 20.14
2 Elliott Quow USA 20.41
3 Pietro Mennea ITA 20.51
4 Allan Wells GBR 20.52
5 Frank Emmelmann GDR 20.55
6 Innocent Egbunike NGR 20.63
7 Carlo Simionato ITA 20.69
8 Joao Batista da Silva BRA 20.80

4 x 100 m
1 United States 37.86 WR
King, Gault, C.Smith, Lewis
2 Italy 38.37
Tilli, Simionato, Pavoni, Mennea
3 Soviet Union 38.41
Prokofyev, sidorov, Muravyov, Bryzgin
4 East Germany 38.51
5 West Germany 38.56
6 Poland 38.72
7 Jamaica 38.75
8 France 38.98

Unos días después, Calvin Smith, en la reunión de Zúrich, con marcas de 9,97 y 19,99, se convirtió en el primer atleta que corría los 100 por debajo de 10,00 y los 200 por debajo de 20,00 en la misma reunión.

En 1984 sufrió una lesión que le impidió rendir adecuadamente. No pudo clasificarse para los Juegos Olímpicos ni 100 ni en 200. En 100 se vio superado por Carl Lewis, Sam Graddy (1964) y Ron Brown (1961). Estos dos últimos abandonarían el atletismo poco después y se dedicarían al fútbol americano. Smith, sin embargo, consiguió formar parte del equipo de relevos 4 x 100, que se proclamaría campeón olímpico con una nueva plusmarca mundial:

4 x 100 m
1 United States 37.83 WR
Graddy, Brown, C.Smith, C.Lewis
2 Jamaica 38.62
Lawrence, Meghoo, Quarrie, Stewart
3 Canada 38.70
Johnson, Sharpe, Williams, Hinds
4 Italy 38.87
5 West Germany 38.99
6 France 39.10
7 Great Britain 39.13
8 Brazil 39.40

No brilló especialmente en los años 1985 y 1986. En 1987 acudió al Campeonato del Mundo de Roma a defender su título de 200, donde consiguió una nueva victoria:

200 m
1 Calvin Smith USA 20.16
2 Gilles Queneherve FRA 20.16
3 John Regis GBR 20.18
4 Robson C. da Silva BRA 20.22
5 Vladimir Krylov URS 20.23
6 Floyd Heard USA 20.25
7 Pier Francesco Pavoni ITA 20.45
8 Atlee Mahorn CAN 20.78

En 1988 volvió a ocupar las primeras posiciones de la lista mundial, lo que lo llevó a alcanzar el bronce en la carrera más sucia de la historia. Con el tiempo Smith afirmaría que el oro tenía que haber sido para él

Tras los Juegos de Seúl, Smith siguió compitiendo hasta 1996. En 1993, con 32 años, aún fue capaz de correr en 10,06. Sin embargo no volvió a toma parte en un gran campeonato, aunque representó a Estados Unidos en la Copa del Mundo de 1992, tanto en 100 como en 4 x 100.

Durante toda su carrera deportiva, Calvin Smith gozó del respeto por parte de sus rivales y de los aficionados, mucho más confiados en sus logros que en el de algunos de sus oponentes que mostraban sorprendentes cambios corporales. Su hijo, Calvin Smith jr (1987) es un buen corredor de 400 m, 44,81 (2010), campeón del mundo en sala en relevos 4 x 400 en 2012, 2014 y 2016.