La revista Atletismo Español

Aunque hoy nos hemos acostumbrado a obtener la información que necesitamos fácil e instantáneamente, en la época preInternet este acceso era generalmente bastante complicado, y mucho más para campos como el atletismo. Algunos periódicos deportivos, como Marca o Mundo Deportivo, dedicaban cierto espacio al atletismo. Gracias a ello nos podíamos enterar de los resultados del campeonato de España o de la reunión de Zúrich. Pero, sin duda, nuestra mejor fuente era la revista, editada por la propia Federación Española de Atletismo (RFEA), Atletismo Español. Descubrí su existencia en septiembre de 1984. Durante la celebración de un cuadrangular internacional, en el estadio de la Universidad de Santiago de Compostela, se vendían ejemplares atrasados de la revista. Me había comprado tres que, al llegar a casa, devoré con avidez. Llevaba menos año y  medio practicando atletismo, pero me había enganchado completamente. Tenía especial interés por la historia de este deporte, por los atletas del pasado. Me desilusioné, sin embargo, cuando me di cuenta de, como se dejaba bien claro en la publicación, no se vendía en los kioskos de Santiago. Para conseguirla había que suscribirse y conseguir financiación en casa era una tarea casi imposible. Dos meses después, me llevé una grata sorpresa al ver en el kiosko que había debajo de mi casa esta portada:

José Manuel Abascal lidera la final olímpica de 1500 m de 1984. AE septiembre octubre 1984

Qué fotografía tan magnífica con José Manuel Abascal liderando la final olímpica de 1500 m de 1984. No tardó mucho tiempo en llegar a mis manos. Era la revista con los resultados y un profundo análisis de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Más que leerla, me la estudié. A partir de entonces, la revista Atletismo Español se vendía también en Santiago. Y creo que no falté a mi cita con ella en los 29 años siguientes. Durante todo ese tiempo hubo muchos colaboradores de la revista, pero recuerdo especialmente a mi buen amigo Ignacio Romo, con sus magníficos artículos sobre el medio fondo, en la época dorada de los 80, a Carlos Toro, con su estilo pulcro y literario, y, posteriormente, a otro gran entusiasta del medio fondo de los 80, Juan Manuel Botella, con quien tiempo después tuve la suerte de compartir interminables tertulias atléticas. También recuerdo  la Miscelánea de Alfonso Posada. Yo entonces no lo sabía, pero esa sección había nacido en los años 50 y se prolongó hasta los 90.

La revista Atletismo Español tuvo una vida azarosa, siempre ajustada de presupuesto. Su primer número vio la luz el mes de marzo de 1951. Se trataba, a decir de la propia revista, de un boletín  de 16 páginas. Su primera portada resulta hoy día sorprendente, pues no la ocupaba ningún atleta sino un militar, el septuagenario general José Moscardó, entonces Presidente del Comité Olímpico Español. Eran, evidentemente, otros tiempos.

Primer número de la revista Atletismo Español, con el General Moscardó en la portada

Esta primera época de la revista tuvo un recorrido muy corto, pues tan solo vieron la luz 5 números, publicados mensualmente, el último en septiembre de ese año. El Boletín de la Federación, sin embargo, volvió en noviembre de 1955, con el mismo formato y una portada normal, del campeonato de España de campo a través que entonces se celebraba en otoño. Curiosamente, este número contiene un artículo titulado Males del atletismo español, firmado por José Corominas, un tema recurrente durante muchos años.

La revista, pese a todas las dificultades, pudo consolidarse y ya no volvió a tener interrupciones en su publicación. El número de páginas fue aumentando y, a partir de 1956, tímida e intermitentemente, fue apareciendo el color en las portadas. Precisamente en las portadas en color (o en su falta) y en el número de páginas se manifestaban en la revista las crisis económicas generales, como sucedió en 1975, cuando se redujo drásticamente la cantidad de material impreso y se volvió a la portada en blanco y negro.  El color en las páginas interiores se fue generalizando a partir de los 80.

La revista fue cronista del despegue del atletismo español, desde los años en que lo máximo a lo que podía aspirar un atleta era a participar en los Juegos Olímpicos hasta los oros en todas las grandes competiciones, plusmarcas europeas y alguna mundial en sala o en la carretera.

El número 692, de diciembre de 2019 de la revista Atletismo Español

Con la aparición de Internet, el acceso a la información se multiplicó por infinito. Para muchos, sin embargo, la revista no había perdido su atractivo, pues los resultados de los campeonatos siempre se acompañaban de excelentes crónicas y tampoco faltaban interesantes artículos o entrevistas. Pero la revista acabó sucumbiendo al cambio de paradigma informativo. En febrero de 2013 dejaba de publicarse en papel y pasaba a formato digital, completamente gratuito para los lectores. Desgraciadamente no pudo aguantar el tirón, ni siquiera en formato digital, y tras 61 años de publicación mensual ininterrumpida, Atletismo Español echó el cierre en diciembre de 2016, con el número 692. ¿Habrá una tercera época?

En una gran iniciativa de Gerardo Cebrián, director de la revista de 2011 hasta 2016 (anteriormente había sido subdirector desde 1989), la Federación Española digitalizó pacientemente los casi 700 ejemplares de la revista, una joya para los aficionados al atletismo, que se puede conseguir aquí

http://www.rfea.es/revista/publicaciones.htm

Anuncios

Athletics Weekly. Seb Coe a los 60

Athletics Weekly es la publicación atlética por antonomasia de las Islas Británicas desde 1945. En su número del 29 de septiembre dedica un monográfico de 32 páginas a Sebastian Coe (1956), con motivo de su 60 cumpleaños. El monográfico incluye artículos y entrevistas que se ocupan tanto de la faceta atlética como no atlética del exmediofondista británico y actual Presidente de la IAAF. Coe tras una carrera atlética llena de éxitos supo buscarse el éxito en otros campos. En 1979 se graduó en Económicas e Historia social por la Universidad de Loughborough. De 1992 a 1997 fue miembro de la Cámara de los Comunes por el Partido Conservador. De 1997 a 2001 desempeñó el cargo de jefe de personal del líder de la oposición conservadora y futuro Ministro de Exteriores William Hague (1961). En 2004 se hizo con la dirección de la candidatura de Londres para  los Juegos Olímpicos. La capital británica consiguió contra todo pronóstico ser sede olímpica en 2012, delante de las favoritas París y Madrid. Continuó como presidente del comité organizador que hizo de los Juegos un éxito. En 2007 ocupó el cargo de vicepresidente de la IAAF, puesto que renovó en 2011. En 2015, finalmente, resultó elegido Presidente de la IAAF, papel que sigue desempeñando en la actualidad. Como atleta, Coe vivió una época de transición entre el amateurismo y la profesionalización. Su rivalidad con su compatriota Steve Ovett (1955) llevó al atletismo a un interés mediático inimaginable. En julio de 1980 el mundo parecía parado esperando el doble enfrentamiento entre los dos colosos del mediofondo en Moscú. Ambos atletas poco tenían que ver. Mientras Ovett disfrutaba corriendo y gracias a ello ganaba, para el Coe de la primera etapa ganar era cuestión de vida o muerte, como el propio atleta reconocería años después. Tras superar una seria enfermedad, en 1984 volvió a lo más alto con el oro en LA, pero aquel Coe era muy diferente al de Moscú, 4 años atrás. Poder disfrutar de nuevo del atletismo le dio una visión diferente.

img_0866

El monográfico no trata la etapa de Coe como político. Comienza con las impresiones de sus vivencias atléticas. Moriría por este deporte, dice. Aún entrena 4 o 5 veces por semana, a ritmo suave. Aunque es un hombre volcado en el atletismo, es capaz de desarrollar otras actividades, como mostró durante su etapa en el Parlamento. En la entrevista no lo cuenta, pero en su biografía Born to run, Coe explica cómo su padre inculcó a él y a sus hermanos el interés por el jazz o la literatura. Además su madre era actriz de teatro, lo que lo convirtió en un gran aficionado a los escenarios. A continuación Coe valora el poco más de un año que lleva como Presidente de la IAAF. No lo juzga fácil. Dice que en absoluto se arrepiente, pese a que la situación es peor de lo que se esperaba. No elude los asuntos espinosos, principalmente la corrupción y las drogas. En el caso de las ayudas ilegales, es partidario de acortar los plazos de sanción y de endurecer los castigos, si bien no lo ve sencillo. Considera además muy importante la educación a los jóvenes atletas. Dice Coe que es muy importante que comprendan la esencia del atletismo y lo que significa. Opina que las críticas iniciales fueron prematuras, que las soluciones no son inmediatas. Las críticas amainaron cuando, en una valiente decisión, no permitió la participación de Rusia en los Juegos. Defiende los resultados del atletismo en los recientes Juegos de Río, teniendo en cuenta las circunstancias. Cree que, pese a todos los problemas, la afición al atletismo no ha mermado y pone como ejemplo el alto ritmo de venta de entradas para los Mundiales de Londres 2017. Enlazando con esto resalta el potencial económico del atletismo. Piensa que gestionar la organización de un deporte no es incompatible con incluirlo en la industria del entretenimiento. Para ello se debería estar innovando constantemente.

En cuanto a su faceta deportiva la revista contrapone su actuación en Moscú con la de Los Ángeles. En la entonces capital de la Unión Soviética tuvo una actuación deficiente en los 800 metros donde, atenazado por los nervios, perdió ante un Steve Ovett que probablemente era inferior, tras una carrera táctica desastrosa. La victoria en el 1500 era para Coe casi una cuestión de supervivencia. El Coe que acudió a Los Ángeles 4 años después era muy diferente, tras superar una grave toxoplasmosis, una enfermedad producida por un parásito. No pudo imponerse en el 800. El ganador, el brasileño Joaquim Cruz (1963) probablemente habría batido incluso al mejor Coe. Pero la victoria del británico en el 1500 fue inapelable. La considera su carrera perfecta, si bien reconoce que su gran rival entonces, su compatriota Steve Cram (1960) no estaba en su mejor momento. A esta carrera ya le hemos dedicado una entrada. Apenas se habla de la falta de clasificación de Coe para los Juegos de Seúl. Lo cierto es que realizó las mínimas, 1:43,93 y 3:35,72, fuera de plazo, por lo que resultaba muy complicado legalmente repescarlo. Se había pasado gran parte de la temporada lesionado y llegó tarde. Visto lo sucedido con la inesperada victoria de Peter Rono (1967), tal vez Coe habría tenido su oportunidad. Nunca lo sabremos.

También tienen cabida los rivales de Coe. Steve Cram, actual comentarista de Eurosport, cuenta cómo fue su acercamiento a los dos grandes del mediofondo británico. Cram, 4 años menor que Coe, leía en la prensa los logros del entonces junior Seb. Cuando lo conoció personalmente le llamó la atención su aspecto físico poco imponente. Cuenta que le resultó más fácil conectar con el extrovertido Ovett, que con el más reservado Coe. Con el tiempo, no obstante, acabó teniendo una sólida amistad con Seb, que perdura en la actualidad. Expresa su gran admiración por él, al que describe como un auténtico apasionado del atletismo y del que, contradiciendo al propio protagonista, dice que si hubiese llegado a conocer la verdadera situación de la IAAF no habría competido por su presidencia. De Ovett se muestran algunas frases elogiosas hacia Coe de una entrevista en el London Mirror de 2012. Pese a su gran rivalidad su relación siempre fue amistosa y de mutuo respeto, probablemente conscientes de que se hicieron mutuamente más grandes uno al otro. También se menciona un rival poco conocido, Kirk Dumpleton (1956).  Obviando los Juegos de LA, en los que Ovett estaba enfermo, los dos únicos atletas en derrotar a los dos grandes en la misma carrera fueron el alemán Olaf Beyer (1957), oro en los 800 metros del Europeo de 1978, con Ovett plata y Coe bronce, y Dumpleton. Sucedió en Crystal Palace el 29 de marzo de 1972, en el Campeonato Juvenil de Cross de Inglaterra. Dumpleton resultó vencedor, con Ovett, que entonces corría 400 y 800 metros, segundo y Coe décimo. Dumpleton, que en la actualidad es profesor de Historia, llegó a hacer 4:01 en la milla y 2h25 en maratón.

Finalmente no podía faltar la referencia alma mater de Seb, su padre y entrenador Peter Coe (1919 – 2008), antiguo ciclista aficionado, superviviente de un hundimiento, exprisionero de guerra evadido, ingeniero de éxito y entrenador autodidacta. La aproximación a su figura no la hace, sin embargo, Seb, sino Wendy Sly (1959), plata en 3000 metros en los Juegos de LA y una de las pocas atletas que entrenó Peter, aparte de Seb. Sly describe cómo eran los entrenamientos con Peter pero sobre todo cómo era el ambiente inevitablemente familiar que rodeaba a los entrenamientos. Se pone como ejemplo de entrenamiento de Coe uno de 1981: 6 x 800 recuperando 45 segundos a una media de 1:52-1:53, 1:46 el más rápido. Dos semanas más tarde corrió la milla en 3:47,33, nueva plusmarca mundial.

El especial Coe termina con una confesión del propio Seb, que afirma introducía subrepticiamente la revista Athletics Weekly en el Parlamento durante las tediosas sesiones de la Cámara de los Comunes, y con las portadas, unas cuantas, que la revista ha dedicado durante casi 40 años a este genio del mediofondo.

En definitiva, se trata de un magnífico documento, con un excelente material gráfico, sobre un personaje excepcional no solo en el mundo del atletismo, que está llamado a seguir dando aun más por el deporte que tanto le apasiona.

 

 

Diamante en bruto. La otra cara del deporte

Hace algo más de un año, navegando por Internet, me quedé sorprendido al toparme con una novela titulada Diamante en bruto. No en absoluto por el título, sino por el autor, Marc Pujol. Se trataba de un libro autobiográfico, sobre el propio Marc, un atleta muy prometedor al que los problemas físicos le impidieron cumplir la expectativas que había suscitado. Coincidí con él en mi época de juvenil y de junior. Marc Pujol Riqué nació el Barcelona el 11 de marzo de 1968. En el mundial de Cross de 1985, Pujol, siendo juvenil, formó parte del equipo junior que se hizo con el bronce. En la crónica del mundial de Atletismo Español de mayo de 1985 lo definieron como una de las mayores esperanzas del fondo español. Y razones no les faltaban pues Pujol llevaba una trayectoria magnífica como juvenil. En 1984 había sido subcampeón nacional de la categoría tan solo por detrás de Alejandro Gómez (1967). Además se había impuesto en el Campeonato Internacional Escolar de campo a través celebrado en Bruselas, algo que, sobre todo en Cataluña, había tenido cierta relevancia mediática. No obstante, su mayor éxito en aquel olímpico 1984 lo obtuvo en el viejo Anoeta, donde en julio habían tenido lugar los campeonatos de España juvenil y junior. Pujol ocupó una brillante segunda posición en un 3000 de altísimo nivel. Su marca de 8:23,66 era la mejor española de siempre para un juvenil de primer año. Merece la pena recordar los resultados de aquel 3000:

  1. Manuel Carrera CV 8:18,78
  2. Marc Pujol LT 8:23,66
  3. Alejandro Gómez SMO 8:30,26
  4. Carlos Adán SMO 8:33,12
  5. Juan Carlos Gª del Olmo TAJ 8:33,36
  6. Anacleto Jiménez LOY 8:36,83
  7. José Luis Gruñeiro MOR 8:37,84
  8. Juan Manuel Ortega SC 8:42,38

El ganador, Manuel Carrera Nogueira (Vigo, 3 de febrero de 1967) se había hecho esa misma mañana de domingo con el triunfo en el 1500. Su registro de 8:18,78 no se consideró plusmarca española de la categoría, pese a que probablemente era mejor que los 8:18,7 de José Manuel Albentosa (1964). Al final de esa temporada, Carrera se haría con la plusmarca juvenil de 3000 metros con 8:15,1. Como Pujol, Carrera no consiguió cumplir las expectativas, pero de esa final juvenil de 3000 metros salieron nada menos que tres atletas olímpicos: Alejandro Gómez en 1988, 1992 y 1996, Carlos Adán (1967) en 1992 y Anacleto Jiménez (1967) en 1996. Anacleto fue además plusmarquista español de 5000 metros con 13:08,30 (1997).

Al año siguiente, 1985, Pujol continuó progresando como juvenil de segundo año. En Toledo se proclamó campeón de España de cross. Cuarto en esa carrera fue Fermín Cacho (1969), entonces juvenil de primer año. Esa actuación le valió a Pujol la selección para el campeonato mundial de cross junior, donde ocuparía el puesto 27º. Además ganó el campeonato juvenil de 2000 metros en pista cubierta. Todo parecía ir viento el popa, pero en la preparación para la temporada de aire libre aparecieron los problemas físicos. Llegó muy mermado al campeonato de España juvenil, que tenía lugar muy cerca de su casa, en Manresa. A diferencia del año anterior, la carrera resultó lenta. Se pasó el 2000 en 6 minutos. Las medallas se decidieron en la recta final, donde Pujol resultó derrotado por su compañero de club Albert Puig (1969), que se impuso con 8:43,23, 0,41 menos que Marc. Los problemas continuaron en la temporada de 1986. Se perdió el invierno, pero pudo prepararse para el campeonato de España junior de 3000 metros al aire libre. Una controvertida decisión de la RFEA había determinado un cambio en las categorías del atletismo. En ese 1986, los nacidos en 1968 y 1969, juveniles el año anterior, pasaban a ser juniors y los nacidos en 1966 y 1967, juniors el año anterior, pasaban a pertenecer a la nueva categoría promesa. El cambio no tenía demasiado sentido, puesto que en al ámbito internacional los nacidos en 1967 y 1968 eran juniors.  Pujol se enfrentaría, por lo tanto, a atletas de su año y del anterior. El campeonato junior de 3000 metros tuvo lugar en Fuenlabrada, en un estadio sin sombras bajo el madrileño sol de justicia de junio. En una carrera de bastante nivel, Pujol fue tercero con 8:33,55. La victoria fue para el asturiano Mariano Campal (1969), que ya había ganado el campeonato de España de cross, con 8:28,34 y en segundo lugar entró Fermín Cacho (1969) con 8:32,77, después de haber sido cuarto en 1500 metros, justo detrás de Enrique Molina (1968). En 1987, pese a abandonar en el campeonato de España, Pujol corrió el Mundial junior de cross, en el que ocupó el puesto 25 y fue el primer español. A partir de ahí los problemas físicos con sus tendones de Aquiles se hicieron cada vez más frecuentes y cortaron de raíz su carrera atlética.

Sobre estos logros atléticos, el exatleta barcelonés pasa, sin embargo, bastante de puntillas en su novela Diamante en bruto. La novela es sobre todo un relato de sus vivencias, de cómo todo comienza a sonreír a un adolescente gran deportista y buen estudiante pero también cómo sus expectativas no se materializan y las consecuencias emocionales de ello. El relato tiene momentos muy descarnados. Pujol describe su situación personal, familiar, sus ilusiones, sus proyectos y sus frustraciones sin ahorrarse detalles. Y no está en absoluto exento de autocrítica. Reconoce que tras su victoria en Bruselas perdió un poco el contacto con la realidad. En el pequeño universo que para un adolescente es su colegio, lo trababan como un ídolo. Todos, menos Maldonado, el duro profesor de Química al que entonces Pujol odiaba, pero, con el tiempo, acabó dándole, al menos en parte, la razón. Maldonado le advirtió el día de su despedida del colegio:

Que tenga suerte en la vida, Sr Pujol… la necesitará. Espero que pronto cambie de actitud. Aunque usted ahora piense lo contrario, el deporte no lo es todo. Usted es inteligente y lo sabe. Debe esforzarse más en las cosas que realmente importan. Ha elegido una buena carrera: la salud, eso sí que importa. Ahora es usted demasiado joven para saberlo. De todas maneras le deseo suerte tanto en los estudios como en el deporte. Pero permítame decirle que no lo va a tener fácil. La universidad no es como el colegio. Allí nadie lo protegerá. A usted le sobra disciplina para el deporte, pero le falta para los estudios.

Pujol también relata la felicidad que experimentó con un amor de juventud, en su mejor momento personal y deportivo y lo dolorosa que le resultó la ruptura. Sorprende la sinceridad con que cuenta esta relación. En 1986, cuando el COI encargó a Barcelona la organización de los Juegos de 1992, Pujol llevaba 2 años complicados. La designación de Bacelona dio ánimos al joven atleta. Se veía compitiendo con 24 años en unos Juegos en su casa. Ese año tomó la difícil decisión de dejar a su entrenador de siempre, José Navarro, e irse con Gregorio Rojo (1920-2006), en el grupo de José Manuel Abascal (1958), Juan Torres (1957), Jordi García (1961), Teófilo Benito (1966-2004), Ángel Fariña (1967), Joan Viudes (1967) o Jorge Bello (1963). Rojo le dijo que era un diamante en bruto, de ahí el título de la novela. Pero a posteriori el propio Pujol reconoce que ya no lo era. Tenía los tendones de Aquiles demasiado cortos y eso le impedía asimilar grandes cargas de trabajo. La temporada al aire libre de 1987 había empezado bien para él, hasta que su tendón derecho comenzó a dar problemas. Decidió por su cuenta y riesgo inyectarse localmente un antiinflamatorio, con lo que cesó el dolor, pero la sobrecarga acabó en rotura y en el fin de sus ilusiones.

La reconciliación con el atletismo le resultó muy difícil, según reconoce el propio autor, y probablemente no ha sido completa. Para triunfar en el atletismo, en el deporte en general, hacen falta talento natural, capacidad de trabajo y mentalidad. A Pujol le faltó lo segundo. Hay quien es capaz de poner su cuerpo al límite sin lesionarse, pero eso no siempre sucede. A Pujol no le sucedió. Afrontar que el futuro no será como uno se lo esperaba es complicado. Aunque no se suela hablar de ello, en el deporte también hay obsesiones, ansiedad, depresión, frustraciones… Es importante asumir la posibilidad de no cumplir los objetivos.

Hay un pasaje del libro que resume muy bien los sentimientos de Pujol respecto al atletismo. Dice que cuando vio a Cacho coronarse campeón en los Juegos de Barcelona, pensó: pero si a ese muchacho yo le ganaba. También relata cómo le impactó la desintegración personal y posterior muerte de Teófilo Benito, otro atleta que no llegó a cumplir las expectativas que había generado.

Este libro representa, a través de un testimonio en primera persona, la otra cara del deporte, la que no se suele contar. Su lectura es muy recomendable.

Podéis ver la reseña del libro pinchando la portada a continuación.