Las cuatro finales olímpicas de 800 m de Johnny Gray (y II)

Sin duda, la final olímpica de Seúl debió resultar muy frustrante a Johnny Gray (1960). A pesar de tener la mejor marca mundial del año, en ningún momento dio la sensación de luchar por las medallas, en una prueba en la que el ritmo alto al que se corrió le favorecía claramente. Pese a este relativo revés, Gray continuó en buena forma en los años siguientes. Así corrió en 1:43,19 en 1989, en 1:43,72 en 1990 y en 1:43,84 en 1991, año en que disputó la final del campeonato del Mundo al aire libre de Tokio, donde fue 6º. El estadounidense trató de imponer un ritmo ligero, pasando el primer giro en 51,01. Se mantuvo en cabeza hasta que faltaban 120 metros y acabó a trompicones en la última recta en 1:45,67, muy lejos del campeón, el keniano Billy Konchellah (1964), 1:43,99. Esta es la única final de ámbito mundial al aire libre de la historia en la que hubo presencia española, con el cántabro Tomás de Teresa (1968).

1992 volvía a ser año olímpico. Gray había conseguido mantenerse entre los mejores del mundo. Seguía corriendo fácilmente por debajo de 1:44,00 y terminaba las temporadas sin grandes problemas físicos que interrumpiesen su preparación. Por tercera vez, volvía a tener la oportunidad de buscar el podio en la final olímpica, un camino nada fácil que empezaba con las pruebas nacionales de selección, que se celebraban en Nueva Orleans. La final de 800 m tuvo lugar el 24 de junio y Gray no dio opción. Se colocó en cabeza desde el inicio, con pases de 24,1, 49, y 1:15,7, y terminó con una nueva plusmarca del campeonato de 1:42,80, que mejoraba en casi 1 s los 1:43,74 que él mismo compartía con Earl Jones (1963) desde hacía 8 años. Aventajó al Mark Everett (1968), segundo, en 0,87.

Everett, que el año anterior había corrido los 400 m en 44,59, pudo resarcirse de su derrota unos días después, el 4 de julio en Oslo, cuando se impuso con 1:43,40, su mejor marca entonces, mientras Gray marcaba 1:43,51. Este no volvió a competir hasta la primera ronda de los 800 m olímpicos, el 1 de agosto en Barcelona. En lugar de 4 rondas, se disputarían 3, con 3 semifinales. A la final pasarían los dos primeros de cada serie y los dos mejores tiempos. Esta fórmula, en la que el azar representa un papel muy importante y con la que claramente los participantes en la última serie tienen una notable ventaja sobre el resto, es la que se ha impuesto desde entonces. Esta vez Gray era el favorito. De todos los participantes, además de él mismo y Everett, tan solo su compatriota José Parilla (1972) y el keniano William Tanui (1964), con 1:43,97 y 1:43,62 respectivamente, habían bajado ese año de 1:44,00. Gray se impuso en su serie eliminatoria del 1 de agosto con 1:46,62 y en su semifinal del día 3 con 1:45,66.  En la final se enfrentaría a Everett, a los kenianos Tanui y Nixon Kiprotich (1962), finalista en la edición anterior, igual que el brasileño José Luis Barbosa (1961). Completaban la lista de participantes el italiano Andrea Benvenutti (1969), el británico Curtis Robb (1972) y el argelino Rea Abdenouz (1968). Gray había anunciado a bombo y platillo que repetiría la táctica de las pruebas de selección de Nueva Orleans, pero le funcionó a medias. Tomó la cabeza desde el principio, con 49,99 en la primera vuelta. Le sobraron los últimos 50 m, en los que resultó sobrepasado por Tanui, que se hacía con el oro en 1;43,66, y Kiprotich, plata con 1:43,70. Gray, con 1:43,97, ganaba su primera y única medalla olímpica.

La medalla de bronce probablemente tuvo un sabor agridulce para Gray. La final olímpica de 1992 parecía bastante asequible para él. Estaba en buena forma y ninguno de los finalistas había corrido tan rápido como él nunca, pero no pudo culminar la carrera como en Nueva Orleans. Tras los Juegos su rendimiento bajó mucho. Fue 7º en Zúrich con 1:45,35 y 2º en Berlín con 1:45,20.

En los años siguientes a los Juegos continuó corriendo regularmente por debajo de 1:44,00. Sus mejores marcas fueron 1:44,03 en 1993, 1:43,73 en 1994 y 1:43,36 en 1995. Sin embargo, su rendimiento en los Campeonatos del Mundo al aire libre no fue acorde con sus registros. No pasó a la final en 1993 y no se clasificó para la competición en 1995. Pero una vez más, los Juegos Olímpicos serían su talismán. Tendrían lugar en Atlanta en julio de 1996. Un mes antes se celebraron en el futuro estadio olímpico, las pruebas de selección. Gray se impuso por tercera vez consecutiva, con mucha autoridad, marcando 1:44,00. Lideró la prueba desde el principio imponiendo su ritmo.

Unos días después mejoró su marca del año hasta 1:43,93. Su objetivo era, una vez más, estar en la final olímpica. Esta vez, había varios atletas que llegaban a los Juegos con mejor tiempo que Gray. El mejor marquista del año era el danés de origen keniano Wilson Kipketer (1972), que poco antes de los Juegos había corrido en 1:42,51. Sin embargo, la IAAF no reconocía el cambio de nacionalidad y no le permitió estar en Atlanta. De los participantes, el poseedor del tiempo más rápido era el noruego Vebjørn Rodal (1972) con 1:42,95. Pese a la ausencia de Kipketer el nivel era altísimo. Como en Barcelona, 4 años antes, había tres rondas con tres semifinales. Gray se impuso en la 5ª serie de la primera ronda cn 1:45,89 y fue segundo en la segunda semifinal con 1:44,00. Con 36 años, Gray se convertía por cuarta vez en finalista olímpico de los 800 m. Un viejo conocido suyo, el brasileño José Luiz Barbosa, también había tomado parte en las últimas 4 ediciones del 800 olímpico pero solo había alcanzado dos finales. Gray decidió correr, una vez más, a lo Gray. Se colocó en cabeza y pasó la primera vuelta en 49,55. Se mantuvo en la primera posición hasta la última recta, que se le hizo eterna. Acabó, como 12 años antes, en 7ª posición con unos buenos 1:44,21. Por delante, 4 atletas superaban la plusmarca olímpica de 1:43,00, en poder de Joaquim Cruz (1963) desde 1984, con victoria de Rodal en 1:42,58. Pero pese al impresionante triunfo del noruego, la pregunta que flotaba en el aire era sobre lo que habría podido hacer Kipketer de haber participado.

Esta vez, Gray lo había dado todo y su 7º puesto, de la forma en que se produjo y con el tiempo conseguido, se puede considerar excelente. Atlanta fueron sus últimos Juegos, como no podía ser de otra manera, pero Gray continuó compitiendo magníficamente otros 4 años más. Realizó 1:44,56 en 1997, 1:45,47 en 1998 y 1:45,38 en 1999, ya con 39 años, tiempo que le valió para imponerse en los Juegos Panamericanos. En 2000, tomó parte en por sexta vez en las pruebas de selección olímpica, aunque no pasó de la primera ronda. En 2001, con 40 años, aún corrió en pista cubierta en 1:48,81.

Desde su retirada, Gray continúa vinculado al atletismo como entrenador, en la actualidad en la Universidad Central de Florida. Como atleta, Gray llevó a cabo el complicado logro de estar en 4 finales olímpicas de la misma prueba, en una carrera tan exigente como los 800 m. Mostró una gran regularidad, con 12 temporadas entre los 5 mejores del año de la distancia, en dos ocasiones el mejor. Hoy no es tan extraño ver atletas rondando la cuarentena rindiendo a gran nivel, pero en los 90, fuera del maratón, era excepcional. Sin duda, un atleta excelente al que le faltó culminar su carrera con un oro olímpico.

Anuncios

Los españoles campeones de Europa de 800 m en pista cubierta

La carrera de 800 metros en pista cubierta representa uno de los mejores caladeros de medallas para el atletismo español. Con el último oro del salmantino Álvaro de Arriba (1994), un total de 6 veces se han subido atletas españoles a lo más alto del podio. Además. España ha conseguido 9 platas y 6 bronces, un total de 21 medallas.

El primer campeón español fue el granadino Antonio Páez (1956). Tras ser 6º en 1977 en San Sebastián, en 1979, en Viena se hizo con el oro, con 1:47,4. Fue la única medalla para España en ese Europeo y la primera vez que un atleta español se subía a lo más alto del podio en un campeonato continental en sala. Hasta entonces, tan solo se habían ganado tres medallas, Juan Borraz (1946) plata en 800 m y Javier Álvarez Salgado (1943) y Rafael Blanquer (1945) bronce en 3000 m y salto de longitud respectivamente, los tres en el primer campeonato de Europa, celebrado también en Viena, en 1970. El granadino se convirtió en una celebridad. Incluso formó parte del jurado del festival de Eurovisión ese mismo año. Posteriormente, consiguió el bronce en la misma prueba en 1981 y repitió el oro en 1982, en Milán, con otro español, el leonés Colomán Trabado (1958) en tercera posición. Este fue el último éxito de Páez. Al aire libre fue olímpico en 1980, año en que se convirtió en plusmarquista nacional con 1:45,69. Fue dos veces campeón de España en sala y una al aire libre. En la última parte de su carrera deportiva era habitual verlo hacer el papel de liebre en las reuniones nacionales. Se retiró en 1990.

Tras su bronce en 1982, Colomán Trabado sucedió a Páez en 1983 como campeón de Europa en sala de 800 m. Entonces los campeonatos eran anuales. Se hizo con el oro en una excelente carrera, con 1:46,91, en la que superó al joven británico Peter Elliot (1962). En 1985 ganó el 800 m de los Juegos Mundiales en pista cubierta, competición antecesora del Campeonato Mundial. Al año siguiente, en Madrid, fue subcampeón continental en sala en 800 m. Al aire libre fue plusmarquista español con 1:45,15. Tomó parte en los Juegos Olímpicos de 1980 y 1984. Mostró una tremenda superioridad en las competiciones nacionales con 10 campeonatos de España al aire libre (9 en 800 y 1 en 1500) y 7 en 800 m en pista cubierta.

El siguiente campeón fue el madrileño Luis Javier González (1969) en 1992, en Génova. Anteriormente, en 1990, Tomás de Teresa (1968) había conseguido la medalla de plata. A partir de 1990 la periodicidad de los campeonatos fue bianual. Luisja protagonizó en Génova un gran duelo con el asturiano José Arconada (1994), que se resolvió a su favor con doblete español. En 1994, en París, el madrileño volvió al podio como subcampeón. Al aire libre, fue olímpico en 1992 y plusmarquista español con 1:44,84. Ganó 4 campeonatos de España al aire libre y 2 en pista cubierta.

 

En la siguiente edición, en 1996, en Estocolmo, hubo un nuevo campeón español, el manchego Roberto Parra (1976). Estuvo siempre atento, en una carrera lanzada por el coruñés Andrés Díaz (1969), hasta su victoria en la última recta. Parra, un atleta con un enorme talento y un correr elegantísimo, se había hecho con la victoria en el Europeo Junior (sub20) el año anterior, con unos excelentes 1:45,90. En la temporada al aire libre de 1996 realizó su mejor marca de siempre, 1:44,97, cuando se impuso en la Superliga Europea. Un calvario de lesiones cortaron su progresión y le impidieron acudir a los Juegos Olímpicos de 1996, aunque pudo hacerlo 4 años más tarde. Sorprendió en 2003 con unos magníficos 3:34,66 en pista cubierta en 1500 m. No obstante, los problemas físicos no dejaron de acompañarlo y lo forzaron a retirarse en 2005. Fue 5 veces campeón de España en pista cubierta y 2 al aire libre.

Tuvieron que pasar 23 años hasta volver a ver un corredor de 800 m español en lo más alto en un Europeo en sala. Durante ese tiempo, de buenos ochocentistas, sí hubo varias medallas. Antonio Reina (1981) fue bronce en 2002 y plata en 2005, Kevin López (1990) también ganó un bronce, en 2011, y una plata, en 2013. Miguel Quesada (1979) y Luis Alberto Marco (1986) fueron plata en 2007 y 2009 respectivamente, y Juan de Dios Jurado (81) y el propio Álvaro de Arriba bronce en 2005 y 2017.

Álvaro de Arriba mostró en Glasgow una enorme superioridad, que lo llevó a la victoria con una gran autoridad. Hizo una carrera impecable tácticamente. Acreditado en 1:44,99 al aire libre, es un buen competidor. Además del bronce en el mismo campeonato hace 2 años, fue 5º en el Mundial en sala en 2017. Al aire libre consiguió sendos 7º puestos en 2016 y 2018 en los campeonatos de Europa.

Las perspectivas del 800 español al aire libre son buenas, con de Arriba, con el plusmarquista nacional Saúl Ordóñez (1994), 1:43,65, con Daniel Andújar (1994), 1:45,17, y con el soprendente Mariano García (1997), 4º en Glasgow. El reto es superar el 8º puesto de Tomás de Teresa en el Mundial de 1991, la única presencia de un español en una final de un campeonato de ámbito mundial.

Samuel Tefera supera a El Guerrouj después de 22 años

El 31 de agosto del año pasado, con la temporada de pista al aire libre a punto de terminar, tres jóvenes etíopes soprendieron en el 5000 de la reunión Ivo van Damme de Bruselas con registros que se convirtieron en los tres mejores del año. Selemon Barega (2000), Hagos Gebrhiwet (1994) y Yomif Kejelcha (1997) mejoraron sus marcas personales hasta 12:43,02, 12:45,82 y 12:46,79, convirtiéndose de un plumazo en el 4º, 5º y 6º atletas de siempre en la prueba. Ese mismo año, los tres se habían enfrentado en la prueba de 3000 m del campeonato del mundo, al que Kejelcha acudía como invitado por haber sido oro en la anterior edición. En una lentísima carrera, Kejelcha renovó su título, con 8:14,41, Barega fue 2º con 8:15,59 y Gebrhiwet 4º con 8:15,76.

Al aire libre, Yomif Kejelcha ya había sido campeón del mundo sub18 de 3000 m en 2013 y sub20 de 5000 m en 2014. En 2015 ocupó la 4ª posición en los 5000 m del Mundial de Pekín, puesto que repitió 2 años después en Londres. En 2015 acreditó 12:53,98. No volvió a bajar de 13 hasta la carrera de Bruselas. En 1500 m acredita 3:32,59. Desde finales de 2017 entrena en Oregon, con Alberto Salazar (1958). Estas excelentes credenciales no hacían presagiar, sin embargo, lo sucedido el pasado 9 de febrero en los Millore Games de Nueva York, donde corrió en la milla en 3:48,46, a 0,01 de la plusmarca mundial del marroquí Hicham El Guerrouj (1974), el año en que nació Kejelcha. Daniel Ceán Bermúdez tiene una magnífica entrada en su blog sobre esta carrera.

La plusmarca mundial bajo techo de 1500 m, también en poder del marroquí, parecía posible. El ya lejano 2 de febrero de 1997, en Stuttgat, un cerrado duelo entre El Guerrouj y el etíope todoterreno Haile Gebrselassie (1974) acabó con unos entonces estratosféricos 3:31,18, mientras Gebre se iba a 3:31,76. Ayer, en Birmingham, todo estaba preparado para que el marroquí perdiese, a manos de Yomif Kejelcha, la primera de la cinco plusmarcas mundiales de medio fondo que posee. El neerlandés Bram Som (1980), acreditado en su momento en 1:43,45, sería el encargado de marcar el ritmo hasta el primer kilómetro. Los pases fueron excelentes con 55,69, 1:52,70 y 2:21,27, momento en que el etíope se quedó en cabeza. Kejelcha cruzó los 1200 m en 2:49,28. La plusmarca mundial era posible, pero había algo que no estaba en el guion. El etíope no era capaz de despegar a su compatriota Samuel Tefera (1999). A pesar de su juventud, Tefera no era ningún desconocido.  En 2017 ya corría al aire libre en 3:33,78, marca que mejoró al año siguiente a 3:31,63, además de 3:51,26 en la milla. Es, como Kejelcha, campeón mundial en sala, de 1500 m, oro que también alcanzó en una lentísima carrera ganada con 3:58,19. Tefera se mantuvo pisando los talones a Kejelcha hasta que lo sobrepasó a falta de 150 m. Finalmente hubo plusmarca mundial, pero con protagonista inesperado, Samuel Tefera, que paró el crono en 3:31,04, por 3:31,58 de Kejelcha.

 

Por primera vez en más de dos décadas, un atleta superaba una de las cinco plusmarcas de El Guerrouj. Además de las dos que poseía en sala, el marroquí sigue ostentando al aire los topes universales de los 1500 m (3:26,00, Roma 14 07 1998), la milla (3:43,13, Roma 07 07 1999) y los 2000 m (4:44,79, Berín 07 09 1999). ¿Podrían estar en peligro? Habrá que estar atentos a la progresión de estos dos atletas etíopes. Y también al noruego Jakob Ingebrgitsen (2000) que este año ya ha corrido en sala en 3:36,21 (al aire libre tiene 3:31,18) y que el año pasado en el Mundial sub20 derrotó tanto a Tefera en los 1500 m como a Barega en los 5000. ¿Estamos ante el inicio de una nueva edad de oro del medio fondo?

 

 

¿Realmente valió alguna vez Sebastian Coe 3:28?

En la última entrada de su blog (lástima que no escriba más) Dosis de atletismo, el gerente de la SD Correcaminos y un gran experto en historia del atletismo, Juan Manuel Botella, escribe sobre la cena oficial de la organización que tuvo lugar el día anterior al Campeonato del Mundo de medio maratón de Valencia. En esta cena, Juan compartió mesa y mantel con Sebastian Coe (1956), dos veces campeón olímpico de 1500 m y actual presidente de la IAAF. Aunque el lord británico no estaba muy por la labor de hablar de su pasado atlético, Juan finalmente consiguió que rememorase sus años mágicos de atletismo, especialmente el año 1981. Dijo Coe que aquel año podría haber hecho 3:28, si la liebre no hubiese ido tan rápido.

Se refería Coe al único 1500 que corrió esa temporada, en la que se centró en los 800 m y en la milla. Su única incursión en el kilómetro y medio tuvo lugar el 7 de julio. El británico había conseguido el mes anterior una estratosférica plusmarca de 800 m, 1:41,73. El objetivo en Estocolmo eran los 3:31,36 que Steve Ovett (1955) tenía como plusmarca mundial, desde al año anterior. Para ello los organizadores contrataron comoe liebre a James Robinson (1954), ochocentista acreditado entonces en 1:44,70 y 5 veces campeón de Estados Unidos. Parecía el perfecto marcapasos, pero desde el inicio impuso un ritmo exageradamente rápido El estadounidense cruzó en 51,5 los primeros 400 m y 1:47,4 las dos vueltas, momento en que abandonó. Coe, pese a seguirlo a cierta distancia, hizo 52,43 y 1:49,18. Ya en solitario marcó 2:18,81 en el kilómetro y 2:48,32 en el 1200. Le bastaba 43,03 en los últimos 300 m, pero, desfondado, realizó 43,63. Falló en su objetivo, pese a hacer marca personal de 3:31,95.

Coe estaba en estado de gracia.  Cuatro días después en Oslo corría el kilómetro en otra sobresaliente plusmarca mundial de 2:12,18. La última parte de la temporada la dedicó a competir, a distancia, con Steve Ovett por la plusmarca mundial de la milla. El primer tope universal de Coe en esta distancia fue de 3:48,95 (homologada 3:49,0) en 1979. Al año siguiente, la IAAF consideró con los 3:48,8 de Ovett eran superiores al tiempo de Coe. El 19 de agosto, en Zúrich, Coe con 3:48,53 recuperaba la plusmarca mundial de la milla. Una semana después en Coblenza, Ovett se iba a 3:48,40. Tan solo dos días más tarde en Bruselas, Coe zanjaba la lucha con 3:47,33. El 4 de septiembre cerraba la temporada con victoria en los 800 m de la Copa del Mundo de Roma, justo delante de James Robinson.

La temporada de 1981 fue perfecta para Coe. De un total de 39 carreras disputadas, incluyendo 5 relevos, tan solo sufrió una derrota individual, en una carrera de 200 m de ámbito regional. Estuvo en plena forma 3 meses, junio, julio y agosto. Probablemente con un ritmo más razonable en el 1500 de Estocolmo habría superado la plusmarca mundial de 3:31,36 y, tal vez, habría roto la barrera de los 3:31,00 o, incluso, acercarse a 3:30,00, pero, ¿realmente valía 3:28? En un entorno hipercompetitivo y, sin duda, muy motivante por la rivalidad con Ovett, Coe realizó una entonces excepcional marca de 3:47,33, 1,07 menos que la reciente plusmarca de Ovett. Según las tablas de la IAAF, equivale a 3:30,64. En 1985, Steve Cram (1960) y Said Aouita (1959) mejoraron la marca de Coe con 3:46,32 y 3:46,92. Esa misma temporada sus marcas de 1500 m fueron respectivamente 3:29,67 y 3:29,46, en el caso del británico, prácticamente clavando las equivalencias de la IAAF (3:46,28 equivale a 3:29,66). Tendrían que pasar 7 años para que un atleta corriese en 3:28. Lo hizo el argelino Nourredine Morceli (1970) el 6 de septiembre de 1992, al marcar en Rieti 3:28,86, tiempo equivalente a 3:45,45 en la milla. El argelino realizó al año siguiente 3:44,39 en la distancia británica. No parece que Coe estuviese en condiciones de correr tan rápido en 1981.

Según sigue contando Juan Botella, otro argumento que da el actual presidente de la IAAF a favor de esos hipotéticos 3:28 es que consiguió su mejor marca personal de 1500 m, 3:29,77, en 1986, cuando ya no era su mejor versión. Sin embargo, que suceda esto no es infrecuente. En ocasiones, atletas de calidad excepcional son capaces de hacer una gran carrera, aunque ya no sean regulares en la competición. El propio Ovett hizo su mejor 1500, 3:30,77, en un año relativamente discreto, en el que no fue capaz siquiera de subirse al podio en el Mundial de 1983. También Steve Cram corrió en 1987 en 3:31,43 y en 3:30,95 en 1988, en el segundo caso mejor marca de ese año, y se quedó fuera de los puestos de honor en el Mundial de Roma y en los Juegos de Seúl.

Quizá el paso del tiempo y los tiempos posteriores de los 1500 m llevaron a Coe a sobrevalorar su propia capacidad en 1981, año en el que pensar en correr en 3:28 semejaba la velocidad de la luz.

Las tres magníficas carreras de Ben Jipcho en Christchurch 1974

Losuegos de la Commonwealth de 1974, celebradoscelebrados entre el 24 derantesJdeChristchurttletismoecuerdanaeCommonwealth de 1974, celebrados entre el deChristchurt, se recuerdan, en lo que deChri que al atletisonwealth de 1974, celebrados entre el de enero y el 2 de febrero en la ciudad neozelandesa de Christchurt, se recuerdan, en lo que al atletismo se refiere, por la carrera de 1500 m en la que no solo el tanzano Filbert Bayi (1953) superó la plusmarca mundial sino que también se revolucionó la lista mundial de siemCommonwealthpre. Sin embargo, además del 1500, el resto de las distancias de medio fondo y fondo tuvieron un nivel altísimo. Como prueba, salvo en los 10 000 m, que se corrieron 8 más lento, en el resto de las pruebas de media y larga distancia las marcas logradas por los ganadores fueron superiores a las de los Juegos celebrados dos años antes. Uno de los protagonistas de esta gran actuac, fue el keniano Ben Jipcho, que se hizo con el oro en las pruebas de obstáculos y 5000 m y fue medalla de bronce en los 1500 m.

Benjamin Waruba Jipcho nació en el distrito Mount Elgon, en la provincia Occidental de Kenia. Comenzó a practicar atletismo tardíamente, a los 23 años, siendo guardia de prisiones. Su progresión fue muy rápida, pues dos años después lograba la clasificación para el 1500 de los Juegos Olímpicos de México 1968. Para ello, la federación keniana celebró una milla, en la que se impuso el favorito Kip Keino (1940). Jipcho fue segundo con 3:59,8, la primera vez que bajaba de 4 minutos. En la capital mexicana, logró clasificarse para la final. Allí marcó un ritmo rapidísimo con 56,0 en los primeros 400 m, para su compañero Keino, que lo sobrepasó antes de llegar al 500. Keino se coronó brillantemente campeón olímpico. Jipcho fue 10º.

Tras una insulsa temporada posolímpica, Jipcho decidió centrarse en los obstáculos. Los buenos resultados no se hicieron esperar. En 1970, en la final de los Juegos de la Commonwealth, en una carrera de muy alto nivel, con el campeón y subcampeón olímpicos, los kenianos Amos Biwott (1947) y Benjamin Kogo (1944), y el plusmarquista mundial, el australiano Kerry O’Brien (1946), Jipcho fue plata, con plusmarca personal de 8:29,6, detrás de otro australiano, Tony Manning (1943). Al año siguiente, igualó su registro de obstáculos y mejoró sus marcas de la milla y de 5000 m a 3:56,4 y 13:40,8.

En 1972, el objetivo del keniano eran los Juegos Olímpicos de Munich. Poco antes de los Juegos demostró su buena forma con tres tiempos en obstáculos de 8:28,8, 8:28,6 y 8:27,13. Su gran rival sería su compatriota Kip Keino que, debido a la incompatibilidad horaria del 1500 y el 5000, decidió intentar el doblete olímpico en obstáculos, prueba que no había corrido hasta ese año, y al kilómetro y medio. Llegó a Munich con 8:25,0. Hubo 4 series semifinales. Keino fue 2º en la primera, detrás del finlandés Tapio Kantanen (1949), quien con 8:24,8 conseguía una efímera plusmarca olímpica. Jipcho se impuso en la segunda con 8:31,6. Keino, Jipcho y el anterior campeón olímpico Biwott, que hizo 8:23,8 en su serie, conseguían por primera vez que hubiese tres kenianos en la final de obstáculos, algo que hoy es lo habitual.

Con un estilo poco ortodoxo, Keino consiguió hacerse con la victoria haciendo su mejor marca de 8:23,64. El polaco Bronislaw Malinowski (1951-1981) dio paso al segundo kilómetro en 5:44,73, con los tres kenianos inmediatamente detrás. Al paso por la penúltima ría, Keino se colocó en cabeza, posición que prácticamente ya no abandonaría. Jipcho y Kantanen trataron de no perder comba. Jipcho superó brevemente a su compatriota a falta de poco más de 200 m, pero duró menos de 1 segundo. Keino cambió de ritmo y abrió un pequeño hueco con sus perseguidores. Kantanen, que había adelantado a Jipcho en la última ría parecía que sería segundo, pero un último esfuerzo de Jipcho le permitió ganar la medalla de plata.

Jipcho siguió centrándose principalmente en los obstáculos al año siguiente de 1973. A principios de enero, tras ganar con facilidad los 5000 m de los Juegos Africanos, repitió victoria en los obstáculos con 8:20,69, marca que superaban los 8:20,8 que el sueco Anders Garderud (1946) tenía como plusmarca mundial desde hacía pocos meses. Sin embargo, las dimensiones de la ría no eran reglamentarias, por lo que la marca no se pudo homologar. La organización se sintió muy abatida por este problema. Entre las numerosas disculpas que recibió Jipcho estuvieron las de Yakubu Gowon (1934), el jefe del Gobierno militar nigeriano. Gowon fue de los primeros en felicitar al keniano cuando el 19 de junio se convirtió en el primer atleta en correr los obstáculos en menos de 8:20,0. al correr en Helsinki en 8:19,8. Era la primera vez en la historia que un keniano tenía la plusmarca mundial de obstáculos. Poco depués, el 27 de junio, también en Helsinki, con parciales de 2:48,0, 2:45,0 y 2:41,0, Jipcho se fue a unos entonces estratosféricos 8:13,91. Ese año el keniano también mejoró en los 1500 m, la milla y los 5000 m con tiempos de 3:36,6, 3:52,0 y 13:30,0, además de la plusmarca continental africana de las 2 millas, 8:16,38.

La temporada de 1974 comenzaría con los Juegos de la Commonwealth, a finales de enero. Tras alcanzar un estado de forma excelente, Jipcho decidió tomar parte en las pruebas de obtáculos, 5000 y 1500 m, que tendrían lugar en el espacio de una semana. La final directa de obstáculos se celebró el 26 de enero. En el último kilómetro, el keniano se había quedado solamente con el galés John Davies (1952) y su compatriota Evans Mogaka (1949). Estos dos se vieron involucrados en una caída a falta de 300 m, lo que permitió a Jipcho ganar fácilmente con unos excelentes 8:20,8.

Al día siguiente, 27 de enero, Jipcho se clasificó sin problemas para la final de 5000 m, corriendo en 13:57,2. La final, celebrada 2 días después, resultó una magnífica carrera, muy disputada y con un ritmo trepidante. El inglés David Black (1952) se encargó de avivar el ritmo la primera parte de la prueba. A falta de 2400 m, otro inglés, Brendan Foster (1948), pasó a la primera posición con un fuerte cambio de ritmo, con el que se llevó a Jipcho. Black volvió a la carga cuando quedaban 1800 m para la meta. En la última vuelta, Foster recuperó la primera posición con un gran acelerón que dejó definitivamente a Black. El oro era cosa de dos, un inglés y un keniano. La victoria se decidió en la última recta, en la que finalmente Jipcho consiguió derrotar a Foster por un estrecho margen 13:14,4 frente a 13:14,6, en aquel momento 2ª y 3ª mejores marcas mundiales de siempre.

Tras sus victorias en los obstáculos y en los 5000 m, Jipcho aspiraba al oro en los 1500 m, cuya semifinal tuvo lugar el 31 de enero. El keniano superó esta ronda sin problemas con 3:43,6. La final, el 2 de febrero, fue uno de los mejores 1500 de la historia. Filbert Bayi impuso un ritmo rapidísimo desde el primer metro con pases de 54,4, 1:51,8 y 2:50,3. Jipcho terminó en 3:33,16, superando su marca en más de 3 segundos y prácticamente igualando la plusmarca mundial de Jim Ryun (1947), 3:33,1, pero no pudo con el fenómeno tanzano, que terminaba en un nuevo tope universal, 3:32,16, ni con el neozelandés John Walker (1952), 3:32,52.

Aunque la plusmarca mundial de Bayi eclipsó el resto de las carreras, el rendimiento de Jipcho fue superlativo. Consiguió dos oros con tiempos próximos a los topes mundiales y se hizo con un bronce en un 1500 histórico. Christchurch supuso, sin embargo, el punto más alto de la carrera atlética del keniano. Inmediatamente después de los Juegos de la Commonwealth se unió al grupo profesional International Track Association (ITA) del que también formaban parte atletas de la categoría de Keino o los cuatrocentistas Lee Evans (1947) y Larry James (1947 – 2008), oro y plata en la vuelta a la pista de los Juegos de México. Jipcho compitió dos años más con esta asociación, pero su rendimientos distó mucho del que había tenido en sus últimos años como amateur. Para siempre quedará la duda de lo que habría podido rendir si 1974 hubiese sido año olímpico.

Tomás de Teresa, el ochocentista español con mejor palmarés internacional

En el último campeonato de Europa al aire libre, celebrado este agosto en Berlín, el atletismo español tenía fundadas esperanzas para hacerse con una medalla en la prueba de 800 m masculinos. Unas semanas antes, el leonés Saúl Ordóñez (1994), bronce en el mundial en sala en marzo, había superado la plusmarca española con 1:43,65, que era, a su vez, la mejor marca europea del año. Por su parte, el salmantino Álvaro de Arriba (1994) también había mejorado su marca al correr en 1:44,99. Las expectativas, sin embargo, no se cumplieron. Ordóñez no pudo entrar en la final, mientras de Arriba fue 7º, el mismo resultado que en el Europeo de 2016. Con de Arriba son 8 los atletas españoles finalistas en el 800 del Campeonato de Europa al aire libre a lo largo de su historia.

El primer finalista español en un Europeo de 800 m al aire libre fue Alberto Esteban (1943). El atleta zaragozano, 3 veces campeón de España en la prueba, acudió al Europeo de Budapest de 1966 como plusmarquista español con 1:48,0, marca con la que superaba el tope español anterior de Tomás Barris (1930). En la final del Europeo volvió a mejorar con 1:47,4, lo que le valió el 7º puesto. El almeriense Antonio Fernández Ortiz (1948) se convirtió en plusmarquista español en el campeonato de España de 1972, cuando corrió la prueba en 1:46,8, superando al pontevedrés Manuel Carlos Gayoso (1944), 1:47,9. Gayoso, que unos días después mejoró a 1:47,2 había decidido subir a los 800 m tras una exitosa carrera en los 400 m lisos y los 400 m vallas. En los Juegos de Múnich fue el mejor semifinalista que no se clasificó para la final, oficialmente 9º. Ocupó la 5ª plaza en la 3ª semifinal, la más rápida, con 1:47,9 a 1,0 del 4º, que sí entró en la ronda definitiva.

El barcelonés Andreu Ballbé (1952) llevó en 1976, año en que fue olímpico, la plusmarca española a 1:46,59. Cuatro años más tarde, el madrileño Antonio Páez (1956) corrió la distancia en 1:45,69. El año anterior había sido campeón de Europa en Sala, título que repitió en 1982, tras un bronce en 1981. El medallista de bronce en la edición de 1982 fue el leonés Colomán Trabado (1958), 9 veces campeón de España de 800 m y una de 1500 m. Trabado fue oro europeo en sala en 1983 y plata en 1986. Fue oro en los Juegos Mundiales de Pista Cubierta de 1985, competición antecesora de los Mundiales en Sala. Al aire libre se hizo con la plusmarca española en 1984 con 1:45,15. Pese a sus éxitos en sala y su indiscutible dominio en España, Trabado no pudo ser finalista en un gran campeonato al aire libre. Esto lo conseguiría su sucesor como plusmarquista nacional, el cántabro Tomás de Teresa.

Tomás de Teresa Colina nació en Santoña el 5 de septiembre de 1968. Comenzó a destacar ya en categorías inferiores. Fue campeón de España juvenil (sub18) en 1985 y junior (sub20) 1986. En 1987 se proclamó campeón de Europa junior (sub20) de 800 m en Birmingham, en la que él mismo define como su mejor carrera. De Teresa controló muy bien la carrera, en la que se pasó en 54,30 a falta de una vuelta. Atacó en el 600 y se llevó la victoria con 1:49,37. Terminó esa temporada con una mejor marca de 1:48,67.

Fue olímpico en Seúl y medalla de plata en el Europeo en sala de 1990. Ese año, al aire libre, se convirtió en el primer español en correr por debajo de 1:45,00. Ocurrió el 30 de mayo en el Gran Premio Diputación de Sevilla. En una carrera rapidísima, ganada por Peter Elliot (1962) con 1:42,97, de Teresa fue 4º con 1:44,99, seguido del asturiano José Arconada (1964), con 1:45,02. La anterior mejor marca personal del cántabro era 1:46,26 del año anterior.

El año de 1991 comenzó muy bien para de Teresa con la plata en el Mundial en sala celebrado en Sevilla. Y acabó no menos bien con el puesto de finalista en el Mundial al aire libre de Tokio. Hasta hoy, de Teresa es el único ochocentista español que ha conseguido entrar en la final de un campeonato de ámbito mundial. El cántabro fue 2º en las series eliminatorias detrás del campeón olímpico, el keniano Paul Ereng (1967) y ocupó la 3ª posición en la segunda y última semifinal, con el mismo tiempo que Ereng, 2º, ambos precedidos por el brasileño José Luiz Barbosa (1961). En una final de muy alto nivel, ganada por el keniano Billy Konchellah (1961) con 1:43,99, de Teresa fue 8º con 1:47,65.

A finales de 1991, de Teresa decidió dar un giro a su carrera atlética y se fue a entrenar con Enrique Pascual (1957) a Soria, tras 6 años en Madrid con Manuel Pascua (1933). El gran objetivo para 1992 era, lógicamente, entrar en la final olímpica. La prueba de 800 m tenía tres rondas. Fue 2º en la 3ª serie detrás del estadounidense Johnny Gray (1960). La siguiente ronda se componía de tres series semifinales. Entrarían en la final los 2 primeros de cada serie y dos tiempos de repesca. El cántabro fue 4º en la primera serie con 1:46,08. Tras la celebración de las otras dos semifinales, se quedó fuera de la final por tan solo 0,02. Igualó el puesto 9º de Gayoso de 20 años antes, si bien estuvo mucho más cerca de la final.

Tras una discreta temporada de 1993, en 1994 volvió a tener una gran actuación al aire libre, en el Europeo de Helsinki. Superó fácilmente la primera ronda y no se desgastó, viéndose clasificado, en la semifinal. En la final, tras un paso lento de 54,29 atacó el noruego Vebjørn Rodal (1972). En la última curva parecía que de Teresa se quedaba, pero, tras entrar encerrado en la última recta ocupando la 6ª posición, consiguió remontar hasta alcanzar el bronce, a 0,04 de Rodal, plata, finalmente superado por el italiano Andrea Benvenutti (1969). Hubo otro español finalista, el malagueño José Manuel Cerezo (1973), que ocupó la 7ª posición.

Helsinki fue el punto más alto en la carrera de de Teresa. Siguió compitiendo hasta 1997, si bien su rendimiento fue decreciendo. En el ámbito nacional consiguió tres oros en los campeonatos de España, en 1989, 1994 y 1995. Fue un gran competidor que rendía por encima de su valor cronométrico en los campeonatos importantes.

A de Teresa lo sucedió en la tabla de plusmarcas españolas el madrileño Luis Javier González (1969), quien corrió en 1:44,84 en 1993. Fue campeón de Europa en sala en 1992, donde se despachó con unas contundentes declaraciones sobre la variable azar en el rendimiento atlético, y plata en 1994. Posteriormente, en 2002, el sevillano Antonio Manuel Reina (1981) marcó 1:44,11 y un mes después 1:43,83, tiempo que le valió para vencer brillantemente en la Copa del Mundo, que se celebraba en Madrid. En 2012 fue 4º en el Europeo al aire libre. En sala fue 4º en el Mundial de 2003, bronce en el Europeo de 2002 y plata en el de 2005. La plusmarca española de Reina duró hasta 2012, año en que otro sevillano, Kevin López (1990), realizó 1:43,72. López había sido 6º, con un tercer sevillano, Luis Alberto Marco (1986), 7º, en el Europeo al aire libre de 2010. En pista cubierta consiguió el bronce en 2011 y la plata en 2013. El otro español finalista en Europeos al aire libre de 800 m es el vallesano Miguel Quesada (1979), 5º en 2006.

Como se indicó al principio, el último plusmarquista español es, desde este año, Saúl Ordóñez con 1:43,65. Pese a no alcanzar la final de este año del Europeo al aire libre, a sus 24 años tiene tiempo para mejorar y que Tomás de Teresa deje de ser el ochocentista español con mejor palmarés internacional.

¿Habría podido el mejor Coe con el Cruz de Los Ángeles 84?

Tras la publicación de la segunda parte de la entrada sobre Joaquim Cruz, surgió un pequeño debate sobre lo que habría podido ocurrir si el brasileño se hubiese enfrentado al mejor Sebastian Coe, el de 1981. El deportista, no solo en el de alto nivel, pone el cuerpo al límite. Es habitual que lo pague en forma de lesiones, por lo que no es fácil mantener una continuidad. Seb Coe parecía invencible en 1981, pero en 1982, aquejado de una enfermedad seria, entonces no diagnosticada, ya no era el mismo. Pudo recuperarse para los Juegos Olímpicos de 1984. Su actuación fue magnífica, con la plata en 800 m y el oro en 1500 m, pero en la primera prueba no estaba como en 1981. Se enfrentó a un formidable Joaquim Cruz, que hizo, de largo, de 1984 la mejor temporada de su vida. ¿Habría podido el Coe de 1981 con el brasileño?

Sebastian Newbold Coe (Londres, 29 de septiembre de 1956) fue, en cierta manera, el producto atlético de su padre, Peter Coe (1919-2008). Es probable que esto condicionase sobremanera su primera etapa atlética, cuando, en alguna ocasión, le pudo su necesidad de ganar. Peter era un ingeniero al que preocupaba la biomecánica de su hijo, mal entrenada a su juicio, por lo que él mismo decidió dirigir la carrera atlética del joven Seb. Este comenzó sus éxitos internacionales en 1975. En Atenas se celebraba el campeonato de Europa Junior (sub20). Entonces Seb se dedicaba preferentemente al 1500, prueba en la que consiguió la medalla de bronce con 3:45,2, su mejor marca personal.

En 1976 consiguió bajar de 4 minutos en la milla por primera vez, 3:58,35, además de mejorar en 800 m hasta 1:47,7. En los dos años siguientes se dedicó casi exclusivamente a los 800 m, con alguna incursión en la milla. En 1977 se proclamó campeón de Europa de 800 m en sala. Al aire libre se convirtió en plusmarquista nacional con 1:44,95. En 1978 acudió al Europeo al aire libre de Praga con la mejor marca de los participantes, 1:44,25. Era el favorito, pero su inexperiencia en la alta competición le pasó factura. Se colocó en cabeza y dio paso al 400 en 49,56. Se acabó agotando y a duras penas consiguió entrar en el podio, 3º con 1:44,76. Poco después mejoró su marca hasta 1:43,97.

El año siguiente, 1979, Coe realizó una temporada superlativa. No compitió excesivamente, y básicamente se centró en los 800 m. Tan solo disputó una carrera de la milla y una de 1500 m. En ambas superó las plusmarcas mundiales con 3:48,95 y 3:32,03 respectivamente. En el campeonato británico fue segundo en los 400 m mejor marca personal de 46,87. En la prueba de las dos vueltas, el 5 de julio, en Oslo, consiguió una plusmarca mundial estratosférica de 1:42,33, 1,11 menos que el anterior tope universal, del cubano Alberto Juantorena (1950).

Ese año no hubo campeonatos importantes. Entonces no había Mundiales. No obstante, Coe disputó el 800 de la Copa de Europa, donde se enfrentó a rivales importante como los alemanes Willi Wülbeck (1954), 4º en los Juegos de Montreal, Olaf Beyer (1957), campeón de Europa en año anterior, o el italiano Carlo Grippo (1955), mejor marquista mundial en sala. Después de su actuación en Praga, donde aplicó una táctica equivocada, resultaba interesante ver a Coe en una prueba sin liebres con rivales de categoría. El británico no dio opción. En una carrera muy lenta, se mantuvo cómodo en posiciones secundarias hasta la última recta, momento en que con una gran aceleración se hizo con la victoria sin aparentar emplearse a tope.

En 1980 tendrían lugar los Juegos Olímpicos de Moscú. Tras el boicot decretado por el Presidente de Estados Unidos James Carter (1924), como represalia por al invasión soviética de Afganistán el año anterior, el Comité Olímpico Británico decidió ir a Moscú con bandera olímpica. Se había salvado el doble duelo en el medio fondo entre las dos estrellas británicas Seb Coe y Steve Ovett (1955). Ovett, que ya había sido 5º en los 800 m en los Juegos anteriores y 2º en el Europeo de 1978, había dejado esta prueba en un segundo plano para centrarse en los 1500 m y la milla. Parecía ligeramente superior a Coe en la prueba más larga, mientras que la superioridad de Seb en la doble vuelta semejaba incontestable. Poco antes de los Juegos había realizado con 2:13,40 la plusmarca mundial de 1000 m, tiempo equivalente a 1:43,39, en aquel momento solo al alcance del propio Coe. A la hora de la verdad sin embargo, su actuación en la doble vuelta de los Juegos fue muy deficiente. De sus siete rivales en la final, tan solo el francés José Marajó (1954) había bajado de 1:44,0 (1,43,9 en 1979). En una carrera muy lenta, Seb se mostró nervioso y dubitativo. Se quedó muy atrás y finalmente tan solo pudo salvar la plata. Ovett consiguió una sorprendente fácil victoria. A Coe le volvió a poder la necesidad de ganar.

Coe pudo sacudirse sus demonios con el oro en el kilómetro y medio. Su expresión facial al hacerse con la victoria lo decía todo. No prolongó demasiado esa agridulce temporada que terminó con una inesperada derrota ante el estadounidense Don Paige (1955), 1:45,04, frente a 1:45,07 del británico.

La temporada de 1981 de Seb Coe fue el epítome de la perfección. Pocas veces un atleta ha conseguido en una campaña lo que hizo el británico ese año. Como en 1981 seleccionó muy bien las carreras, centrándose más en los 800 m. Tan solo tomó parte en una carrera de 1500 m y en dos de la milla. En estas dos últimas superó con 3:48,53 y 3:47,33 las anteriores plusmarcas mundiales, en ambos casos en posesión de Steve Ovett. En el 1500 las liebres fueron demasiado rápidas. No obstante hizo mejor marca personal, 3:31,95, a 0,59 de la plusmarca mundial de Ovett. En total Coe intentó 5 plusmarcas mundiales y consiguió 4. El 10 de julio, en Florencia, mejoraba en los 800 m hasta unos asombrosos 1:41,73. El tiempo se calculó con dos células fotoeléctricas, ya que falló en cronometraje electrónico.

Poco después, el 11 de julio, el británico realizaba otro impensable registro, mejorando hasta 2:12,18 (1:44,56+) su plusmarca mundial del kilómetro, equivalente a 1:42,45 en los 800 m.

Esta superioridad se vio reflejada en la final de la Copa de Europa, donde Coe volvía a tener como principales rivales a Beyer, Wülbeck y Grippo, junto al bielorruso, entonces soviético, bronce en Moscú, Nikolai Kirov (1957) En una carrera muy lenta, como en 1979, Coe mostró una absoluta superioridad con un perfecto sentido táctico y un último 100 en 11,9.

Coe cerró su temporada superlativa con la victoria en los 800 m de la Copa del Mundo, donde se enfrentó a rivales de menos de 1:45,0, entre los que destacaban el estadounidense James Robinson (1954) y un joven brasileño de 18 años, plusmarquista mundial junior con 1:44,3, llamado Joaquim Cruz (1963). Tampoco en esta ocasión el británico dejó margen alguno. Como en la Copa de Europa, controló perfectamente una carrera lenta y acabó muy por delante de sus rivales en una última recta rapidísima.

En 3 años Coe había superado 8 plusmarcas mundiales y solamente había cosechado dos derrotas en 800 m. Lo malo es que una de ellas fue en la final olímpica. En 1979 había mostrado una total superioridad en la prueba pero en 1980 fracasó en los Juegos. En 1981 parecía un atleta mucho más fuerte, en todos los aspectos. Pero lo que cambiaría completamente la actitud de Coe ante la competición fue lo sucedido en los dos años siguientes, en los que pasó de lo más alto a ver peligrar seriamente su carrera atlética y su salud. Tras un importante deterioro en su rendimiento atlético, que le llevó a perder, otra vez, el oro en el 800 del Europeo de 1982, se descubrió que padecía una enfermedad, que inicialmente se diagnosticó como una mononucleosis infecciosa. Posteriormente el diagnóstico se cambió a toxoplasmosis, una enfermedad parasitaria más grave. Se perdió el Mundial de 1983, pero pudo volver para disputar los Juegos de Los Ángeles, aunque su forma era una incógnita. En cualquier caso, su actitud ante la competición era muy diferente a la de 4 años antes. Ganar ya no es cuestión de vida o muerte para mí, había declarado. Coe tuvo una actuación excelente. En 800 m corrió una final tácticamente impecable, pero Joaquim Cruz fue superior. En 1500 m se hizo con su segundo oro olímpico.

Es probable que con la actitud de 1984 hubiese hecho el doblete en 1980 pero ¿habría podido con Cruz con la forma de 1981? Cruz en 1984 cronométricamente valía lo mismo que Coe, pues acabó haciendo 1:41,77. Ese año corrió en 4 ocasiones en 1:43,0 o menos, Coe lo hizo también en 4 ocasiones, si incluimos su 1000 m de 2:12,18, pero en toda su carrera atlética. Cierto es que el británico dosificaba muy bien sus competiciones. El brasileño estaba en 1984 en el mismo estado de gracia que Coe en 1981 y ambos corrían en ritmos parecidos. Habría sido un enorme espectáculo verlos en una final olímpica en igualdad de condiciones. Tal como se desarrolló la carrera es probable que la táctica de ambos no hubiese variado demasiado. Coe previsiblemente habría esperado hasta la recta final para dar un hachazo como los de 1981. El resultado, no obstante, es historia alternativa. Tal vez Cruz habría resistido. Pero solo es mi opinión.

Mariano García-Verdugo en su 70 cumpleaños

Santiago de Compostela, Estadio de la Residencia, una tarde cualquiera de primavera de los años 80, decenas de atletas se aplicaban a entrenar en las entonces renovadas instalaciones del Estadio. No había modalidad atlética que no tuviese participantes. Y allí, a cambio de nada o casi nada, en su tiempo libre, los entrenadores Javier Marcos (1952), Ricardo Gurriarán (1953) María Luisa Peralta (1951) y Mariano García-Verdugo (1948) hacían posible la apuesta de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) por el atletismo. Todos ellos ejercían de profesores de Educación Física en centros escolares, desde donde promocionaban el atletismo invitando a los chavales a practicar este deporte de forma reglada.

A finales de los años 60 la USC, por medio del catedrático de Fisiología Vegetal, entonces encargado de la sección de deportes y que posteriormente sería alcalde de Santiago, Ernesto Viéitez Cortizo (1921-2013),  había creado el Club Universitario de Atletismo (CUA). Con el fin de atraer deportistas se habían dotado una serie de becas para universitarios. Algunos ilustres atletas de entonces fueron los velocistas Ramón Magariños (1948) y Manuel Carlos Gayoso (1944), el triplista Francisco Castrillo (1952), el futuro preparador físico de la selección española de baloncesto Pepe Casal (1950) o el que sería Presidente del Gobierno Gallego, Fernando González Laxe (1952). El atletismo federado compostelano había tenido un precedente en la entonces joven Sociedad  Deportiva Compostela, donde militaron José María Caneda (1947), que acabaría presidiendo el club, ya sin sección de atletismo, o el periodista Emilio Navaza (1948), autor del blog Vida atlética de Galicia y durante muchos años reportero no oficial del CUA. En cualquier caso, la consolidación del atletismo universitario necesitaba de una infraestructura y para crearla Viéitez se fijó en un corredor de obstáculos que estaba terminado Educación Física llamado Mariano García-Verdugo.

Mariano García-Verdugo Delmas había nacido en Madrid el 30 de agosto de 1948. Hijo de un empleado de los Paradores Nacionales, pasó su infancia en diferentes localidades de la Península hasta que finalmente recaló en Pontevedra. Allí comenzó a practicar atletismo en el club Cisne y, poco después, se encontró con el que años más tarde Mariano definiría como su segundo padre, José Luis Torrado (1935), el Brujo, quien comenzó a entrenarlo de forma más metódica, ya en la Sociedad Gimnástica. Posteriormente sus aptitudes atléticas valieron a Mariano una beca en la Residencia Blume, donde simultaneó los entrenamientos con sus estudios en el recién inaugurado Instituto Nacional de Educación Física (INEF). De esa primera etapa como atleta son sus mejores marcas en 800 m, 1:53,2, 1500 m, 3:51,8, y 3000 m obstáculos, 9:10,4, prueba esta en la que representó a España en un encuentro internacional contra Italia en 1970.

1 (1)
Mariano en su época de corredor de obstáculos

En 1972, recién licenciado en la segunda promoción del INEF, se trasladó a Santiago de Compostela, con el encargo de la Universidad para hacer una escuela de atletismo. Durante 15 años, Mariano simultaneó el trabajo en la USC con el de profesor de Educación Física en el colegio compostelano de La Salle, que se convirtió en una importante cantera del CUA. En 1988, con su nombramiento como Director del Área de Deportes de la USC, Mariano pudo dedicarse laboralmente a la USC a tiempo completo.

En la actualidad el Estadio de la Residencia de la USC se ubica en el llamado Campus Vida (antiguo Campus Sur). En los años 30, con diseño del arquitecto vigués Jenaro de la Fuente (1891-1963), había comenzado la construcción de un complejo de edificios, que inicialmente se iban a dedicar a residencia de estudiantes y profesores. Uno de los edificios del proyecto era un estadio multiusos, que incluía una pista de atletismo. El estadio, cuya fachada es de los años 50, no se acondicionó hasta 1966, con un campo de fútbol rodeado de unas pistas de ceniza de 333 m de perímetro, junto con fosos de saltos y jaulas de lanzamientos. Es esa situación, y compartiendo las instalaciones con el fútbol, Mariano y su mujer María Luisa, entre otros, sentaron las bases de la escuela de atletismo compostelana, inspirándose en el modelo de Salamanca. Entretanto, Mariano no se había olvidado de su condición de atleta. Dejó los obstáculos y se centró en el maratón, distancia que llegó a correr en 2h25:50 en 1979 y en la que también consiguió la internacionalidad.

Mariano maratón (3)
Los componentes del equipo español de maratón del Gran Premio de Europa de 1979 con Emil Zatopek, Gaston Roelans y Gaston Reiff. Mariano en el medio entre las dos leyendas belgas

Las facilidades para la práctica del atletismo mejoraron notablemente cuando en 1982 se remodeló el estadio de atletismo, dotándolo de pistas sintéticas de 400 m de perímetro y eliminando el campo de fútbol. En aquellos años, Mariano entrenaba una treintena de atletas, fundamentalmente medio fondistas y fondistas, pero también marchadores, lanzadores y saltadores. Trabajador incansable y con una enorme motivación por el deporte, tras terminar su labor en La Salle, a las 18, Mariano se dirigía al Estadio, donde supervisaba las series de los corredores, hacía la técnica con los saltadores de altura y, finalmente, se iba a la zona de lanzamientos para hacer la técnica con los lanzadores de martillo. No volvía a casa antes de las 21. Muchos fines de semana tocaba competición, por aquellas carreteras de los años 80. Un viaje Santiago Lugo (105 Km) era una odisea de dos horas. A todo ello había que sumar la labor de gestión del club, diseño de planes de entrenamiento y estudio de las cambiantes ciencias del deporte.

El mismo año de 1988 en que lo nombraron Director de Deportes de la USC, Mariano hizo su última incursion en el atletismo de competición, cuando preparó y terminó los 100 Km de Madrid en 7h32:52. Al año siguiente su carrera profesional dio un enorme salto. El flamante presidente de la Real Federación Española de Atletismo, José María Odriozola (1939) lo nombró responsable nacional del medio fondo. Mariano ocupó el cargo hasta 2012, lo que le permitió vivir en primera persona las principales competiciones atléticas de esos años y ensanchar sus ya vastos conocimientos sobre técnicas de entrenamiento. En total, acudió a 6 Juegos Olímpicos, 18 Campeonatos del Mundo y 17 Campeonatos de Europa. Con el tiempo, se fue centrando más en el medio fondo y el fondo y se convirtió en una referencia en este campo, sobre el que ha publicado numerosos libros.

Mariano fue entrenador de varios atletas internacionales, sobre todo medio fondistas y fondistas, Esther Pedrosa (1961), Pilar Barreiro (1971), Javier Fernández Feijoo (1959), Manuel García Gendra (1962), Jesús de la Fuente (1970)…, pero también hizo a José Luis Antas (1968), campeón de España sub21 de salto de altura en 1987, o guio los pasos del añorado lanzador de martillo (y jugador de balonmano) César González Fares (1960-2011). Esto, no obstante, fue solo la punta del iceberg. La principal labor de Mariano fue la que no salía del ámbito local, incluso personal.  Consiguió inculcar el gusto por el atletismo a muchas personas y que diesen lo mejor de ellos mismos, ya fuese haciendo 3:45, 3:50 o 3:55 por poner el ejemplo del 1500 m. Logró, sobre todo, que muchos jóvenes comprendiesen la esencia del atletismo: trabajo, sacrificio, disciplina y resultados diferidos.

Toda una vida dedicada al atletismo se merecía un reconocimiento. En 2012 con motivo de la jubilación de Mariano como Director de Deportes de la USC, cuatro de sus antiguos discípulos organizaron un homenaje secreto. Mariano se pensaba que iba a cenar con ellos cuatro, cuando se encontró sorpresivamente a 84 exatletas, colegas y amigos, otros 16 no habían podido acudir, que, en una cena muy emotiva, le expresaron su enorme agradecimiento por lo que había supuesto en sus vidas.

Tras su jubilación, Mariano continúa muy activo, tanto física como profesionalmente. Alterna la carrera con la elíptica, actividad a la que dedica dos horas diarias y continúa escribiendo, dando conferencias y atendiendo su página web.

Querido Mariano, te deseo un muy feliz cumpleaños, que cumplas muchos más y muchas gracias por haber mejorado la vida de tantas personas a las que enseñaste a amar el atletismo y a las que regalaste tantas horas de tu tiempo.

Joaquim Cruz, de vendedor ambulante en Brasil al oro olímpico en Los Ángeles (y II)

Segunda parte de la historia de Joaquim Cruz.

La segunda serie semifinal resultó mucho menos dramática. Johnny Gray dio paso al primer 400 en 52,27, con Coe agazapado en la 4ª posición. El británico atacó en el último 150 y se llevó la victoria en 1:45,51, con Konchellah 2º, 1:45,67, Gray 3º, 1:45,82, y Sabia 4º, 1:45,96. A tenor de lo visto, los dos grandes favoritos habían tenido actuaciones totalmente opuestas. Mientras Cruz había decidido ir fuerte en las tres rondas, Coe trató de ahorrar esfuerzos para la final, tal vez pensando en los tres 1500 que le esperaban tras el 800. En cualquier caso, se esperaba que en la final del 6 de agosto se correría rápido, como así sucedió. Al igual que en la semifinal, Koech decidió avivar el ritmo desde el principio, si bien su paso de 51,07 por el 400 fue sensiblemente superior a los 49,56 del día anterior. Cruz y Coe no se despegaban del keniano, que mantuvo la cabeza hasta la última recta. Cruz en pugna con Koech, al igual que Coe en pugna con Jones, hizo la última curva por la calle 2 No consiguió sobrepasar Koech hasta la última recta y ya no hubo quien se le acercase, mientras Coe, codo a codo con Jones, conseguía la plata. Cruz marcó 1:43,00, nueva plusmarca olímpica y 2ª mejor marca de siempre entonces tras la plusmarca mundial de 1:41,73 de Coe. El británico, que volvía a estar en gran forma, corrió en 1:43,64, su mejor marca desde 1981, mientras Jones fue bronce con 1:43,83. Konchellah, futuro bicampeón mundial, ocupó la 4ª posición con mejor marca personal de 1:44,03. Siete atletas corrieron en menos de 1:45,00. Ovett, al que acabaron retirando en camilla por problemas respiratorios, terminó a duras penas en 1:52,28.

La victoria del brasileño, que había corrido en 1:45,66, 1:44,84, 1:43,82 y 1:43,00, fue inapelable. Coe, que en 1980, siendo muy superior a sus rivales, perdió la final olímpica de 800 m por una mala táctica, no tuvo opción. Tres días después, Cruz, inscrito también en el 1500, ganó su serie pero no se presentó en su semifinal. Coe se acabaría haciendo brillantemente con el oro en el kilómetro y medio en la 7ª prueba que disputaba en estos Juegos. A diferencia de la temporada anterior, Cruz decidió sacar partido de su excelente forma en las reuniones del circuito europeo. En Niza, el 20 de agosto, corrió los 1000 m en 2:14,09. Dos días después, en Zúrich, se acercaba peligrosamente a la plusmarca mundial de 800 m al correr en 1:42,34. El día 24, en Bruselas, hizo 1:42,41 y el 26, en Colonia se quedó, al menos oficialmente, a un suspiro del tope mundial al marcar 1:41,77, con un pase de 49,7 en los 400 m. El keniano Sammy Koskei (1961), que no había resultado seleccionado para los Juegos, fue 2º con 1:42,28.

Cuando Seb Coe había establecido la que entonces era plusmarca mundial de 1:41,73 en Florencia el 14 de junio de 1981, el cronometraje eléctrico no había funcionado. La marca manual fue de 1:41,6 y la centesimal se estimó con dos células fotoeléctricas en 1:41,72. Posteriormente se corrigió a 1:41,73. Es probable que el tiempo del brasileño fuese más rápido, aunque no se considerase oficialmente. En cualquier caso, Cruz tenía entonces 21 años, por lo que se estimaba que no tardaría en convertirse en plusmarquista mundial. Desgraciadamente, los problemas físicos impidieron progresar al brasileño, quien, sin embargo, tuvo tiempo para ganar otra medalla olímpica.

Su temporada de 1985 no fue tan brillante como la anterior, aunque continuó realizando grandes marcas. El 1 de junio mejoraba su marca de 1500 m dejándola en 3:35,70 y derrotando en Eugene a los mejores milleros estadounidenses, incluidos Steve Scott (1956) y Jim Spivey (1961). Esto probablemente hizo pensar, de forma exagerada, a los organizadores del 1500 de la reunión de Niza, del 16 de julio, que el brasileño podía estar cerca de la plusmarca mundial. Finalmente hubo plusmarca mundial, pero a cargo del británico Steve Cram (1960), con 3:29,67, primera marca de la historia por debajo de 3:30,00. Cruz solo pudo ser 7º con 3:37,10. Cram volvió a derrotarlo justo un mes después, en Zúrich, esta vez en el terreno del brasileño, en los 800 , 1:42,88 por 1:43,23. Cruz, sin embargo, acabó la temporada con tres excelentes 1:42,98, 1:42,54 y 1:42,49.

Su condición física derivada de los problemas con su tendón de Aquiles hizo que pasase en blanco la temporada de 1986 y en precario la de 1987. Aun así ese año pudo ganar un 1500 muy lento de los Juegos Panamericanos, por delante de Spivey y Scott. Su mejor marca en 800 m fue 1:45,74. Se inscribió en el 800 del Mundial de Roma, pero finalmente no acudió, tal vez pensando en recuperarse para los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Y afortunadamente para él esa recuperación tuvo lugar, sin llegar en ningún momento a estar como 4 años antes. Los Juegos tendrían lugar a finales de septiembre, con lo que Cruz retrasó su puesta a punto. A mediados de agosto mejoraba con 3:34,63 su marca de 1500 m. Poco después conseguía unos buenos 1:44,27 en la pista de Colonia, de buen recuerdo para el brasileño, segundo detrás del ganador, el marroquí Said Aouita, quien con 1:43,86 realizó su mejor marca de siempre. Aouita había anunciado su intención de luchar por el oro olímpico en las dos pruebas de medio fondo.

Como 4 años antes en Los Ángeles, el 800 de Seúl contaría con 4 rondas en 4 días, si bien se corrió mucho menos. Cruz se impuso fácilmente en sus series de las dos primeras rondas con 1:47,16 y 1:46,10 respectivamente. En la primera semifinal, el brasileño fue 2º con 1:44,75, por detrás del desconocido keniano Paul Ereng (1967), quien con 1:44,55 hacía su mejor marca. Donato Sabia y Peter Elliot fueron los otros dos clasificados para la final. En la segunda semifinal se impuso el también keniano Nilson Kiprotich (1962). Aouita, el brasileño José Luiz Barbosa (1961) y Johnny Gray también se clasificaron para la final. No había un favorito claro para el oro. Desde la salida Barbosa, que había corrido ese año en 1:43,20, y Kiprotich decidieron imprimir un ritmo rápido a la carrera. Cruz no dudó en irse con ellos, mientras por detrás se abría un hueco, con Elliot en tierra de nadie, y más atrás Aouita, Gray y Ereng. Barbosa dio paso al primer 400 en 49,54. A falta de 200 m, Barbosa, tras verse sobrepasado por Kiprotich, que lideraba la prueba, y Cruz, iba perdiendo terreno en beneficio de Elliot y Aouita. Treinta metros más adelante, Cruz se hacía con la cabeza. Mientras Kiprotich se hundía, su compatriota Ereng emergía desde atrás dispuesto a pelear con el oro con Cruz, Elliot y Aouita que entraban en la recta final por este orden. El keniano lograba colarse por dentro a la segunda posición y, a falta de 30 metros, impedía que el brasileño lograse su segundo oro olímpico. Ereng conseguía la victoria con plusmarca personal de 1:43,45. Cruz fue plata con 1:43,90, su mejor marca desde 1985 y Aouita conseguía finalmente adelantar a Elliot y se hacía con el bronce, 1:44,06.

Como en LA, 4 años antes, Cruz disputó la primera ronda del 1500, en la que fue 1º pero no se presentó en su semifinal. La final de 800 m de Seúl fue la última gran carrera del brasileño. Aunque siguió compitiendo hasta 1997, su tendón de Aquiles lo apartó de la élite. Nunca volvió a correr por debajo de 1:45,80. En 1995 ganó el 1500 de los Juegos Panamericanos y superó la primera ronda del Mundial de Gotemburgo, aunque no saldría en la semifinal. En 1996 tomó parte en sus terceros Juegos Olímpicos, en Atlanta, pero no pasó de la primera ronda del 1500.

Afincado en California, desde hace años es entrenador de atletismo. Un gigante de los 800 metros al que su tendón de Aquiles le impidió ser aun más grande.

Las plusmarcas más antiguas de los campeonatos de Europa

Los recientes campeonatos de Europa celebrados en Berlín han recuperado el brillo de antaño. Se han conseguido 10 plusmarcas de los campeonatos, incluida la nueva prueba de los 50 Km marcha femeninos, y ha habido otras excelentes actuaciones. Sin embargo, nada menos que 23 plusmarcas de los campeonatos son del siglo XX, es decir, tienen 20 años o más. Dos de ellas están a punto de cumplir 40 años y cumplirán, al menos, 42. Se trata de los 27:30,99 en 10 000 m del finlandés Martti Vainio (1950) y el 1:43,84 en 800 m del alemán Olaf Beyer (1957), ambos realizados en el campeonato de Europa de 1978, celebrado en el estadio Evžena Rošického de Praga del 29 de agosto al 3 de septiembre.

El 29 de agosto, primer día de los campeonatos, tenía lugar la final directa de 10 000 m masculinos (la prueba femenina no se instauraría hasta 1986), donde se habían dado cita 24 atletas, de los que 14 estaban acreditados por debajo de 28 minutos. No acudieron ni el finlandés campeón olímpico, Lasse Virén (1949), ni el portugués subcampeón, Carlos Lopes (1947), ambos con problemas físicos. Sí estaba el medallista de bronce, el británico Brendan Foster (1948), que ese año había realizado 27:30,30, segunda mejor marca de siempre y plusmarca europea. Campeón de Europa de 5000 m en 1974, era el gran favorito. Otro de los candidatos era el rumano Ilie Floroiu (1952), 5º en los Juegos de 1976, que con 27:47,8 tenía la segunda mejor marca de los participantes ese año. También contaban dos neerlandeses, Gerald Tebroke (1949-1995) y Jos Hermens (1950), que el año anterior habían realizado respectivamente 27:37,63 y 27:41,25. El joven italiano Venanzio Ortis (1955), campeón de su país, tenía una plusmarca personal de 28:05,2, de ese mismo año, pero acababa de correr un rapidísimo 5000 en 13:20,82. Nadie había reparado, salvo por su estatura de 1,92 m en un finlandés llamado Marti Vainio, que ese año había bajado por primera vez de 28 minutos, en Helsinki, donde fue 6º con 27:59,7 superado por 3 europeos.

La carrera resultó espectacular, tanto por el rapidísimo ritmo desde el comienzo como por el trepidante e incierto final. Inicialmente tomó la cabeza el rumano Paul Copu (1953), con un tren elevado que favorecía los intereses de su compatriota Floroiu. Este dio paso al tercer kilómetro en 8:12,0 y al quinto en 13:44,8. Los siguientes kilómetros se hicieron en 2:47,8, 2:48,0, 2:47,4 y 2:46,6. El británico David Black (1952) cruzó el 9000 en 24:54,4, encabezando un grupo en el que estaban Foster, Floroiu, Ortis, el entonces soviético Alexandr Antipov (1955), hoy lituano y llamado Aleksandras Antipovas, y Vainio, que enseguida se colocó en tercer lugar impidiendo que los británicos abriesen hueco. A falta de 800 m, parecía que los tres de cabeza se despegaban del resto, pero 200 m más adelante Ortis y Antipovas lograban conectar. Black continuaba en primera posición, con el quinteto líder muy estirado. La última vuelta fue un cerrado duelo entre tres atletas pleno de alternativas. Foster pasó a la primera posición, dando paso al inicio del último 400 en 26:32,6, seguido de Vainio que se igualaba a Black. A falta de 300 m un cambio seco de Ortis dejó a Black fuera de la lucha por las medallas, mientras Antipovas perdía algo el contacto. Poco antes del 200, Foster recuperó la cabeza llevándose con él a Vainio y a Ortis. Antipovas parecían ya no contar. Vainio adelantó a Foster cerca de la recta final. Este perdió también la segunda posición ante Ortis, que no pudo alcanzar al finlandés pero conservó la segunda posición por centímetros ante un postrero ataque furibundo de Antipovas, que dejó a Foster fuera del podio. Vainio mejoró su marca por casi medio minuto, 27:30,99, tras una última vuelta en 58,3. Por su parte Ortis, 27:31,48 y Antipovas, 27:31,50, bajaban por primera vez de 28:00,00. Los registros de los medallistas eran el 5º, 6º y 7º de todos los tiempos. Un total de 10 atletas corrieron por debajo de 28, 9 de ellos mejoraron la plusmarca de los campeonatos de Juha Väätäinen (1941), 27:52,78 en 1971. Estos fueron los resultados completos:

1 Martti Vainio Finlandia 27:30.99
2 Venanzio Ortis Italia 27:31.48
3 Aleksandras Antipovas URSS 27:31.50
4 Brendan Foster Reino Unido 27:32.65
5 Dave Black Reino Unido 27:36.27
6 Gerard Tebroke Países Bajos 27:36.64
7 Ilie Floroiu Rumanía 27:40.06
8 Enn Sellik URSS 27:40.61
9 Knut Kvalheim Noruega 27:41.26
10 Jerzy Kowol Polonia 27:53.61
11 John Treacy Irlanda 28:17.0
12 Léon Schots Bélgica 28:19.6
13 Cătălin Andreica Rumanía 28:29.4
14 Mike McLeod Reino Unido 28:38.0
15 Øyvind Dahl Noruega 28:43.2
16 Frank Grillaert Bélgica 28:43.5
17 Ryszard Kopijasz Polonia 28:44.2
18 Karel Lismont Bélgica 28:49.2
19 Waldemar Cierpinski RDA 28:58.9
20 Karel Gába Checoslovaquia 29:56.3
Pierre Levisse Francia Ab
Detlef Uhlemann RFA Ab
Jos Hermens Países Bajos Ab
Paul Copu Rumanía Ab

Vainio tras una discreta actuación en los Juegos Olímpicos de 1980 fue bronce europeo en 10 000 m en 1982 y bronce en el 5000 del primer Mundial, celebrado en Helsinki en 1983. Como todos los finlandeses de su generación, Vainio no estaba libre de la sospecha de mejorar su rendimiento con autotransfusiones. Esta técnica no estuvo prohibida hasta 1985. En 1984, tras ser 2º en la final olímpica de 10 000 m en Los Ángeles, se le descubrieron restos de anabolizantes en su orina, lo que le supuso la descalificación. Se pensó entonces que los restos de la sustancia prohibida probablemente estuviesen en sangre autotrasfundida.

Por su parte Ortis, en el mejor momento de su vida, se hizo con el oro en el 5000 del Europeo. Con 23 años el futuro parecía pertenecerle, pero un rosario de lesiones cortó su progresión. Sin embargo, abrió el camino para sus compatriotas, que ganaron los siguientes tres campeonatos europeos de 10 000 m, Alberto Cova (1958) en 1982, Stefano Mei (1963) en 1986, con triplete italiano, y Salvatore Antibo (1962) en 1990. El último campeón de Europa en bajar de 28 minutos fue el español Chema Martínez (1971), 27:47,65 en 2002. En los últimos 10 años, tan solo el británico Mo Farah (1981) y Chris Thompson (1981) y los turcos Ali Kaya (1994) y Mel Girmalegese (1987) han conseguido correr por debajo de 27:30,00.

El mismo 29 de agosto habían comenzado las series de 800 m, cuya final, previa semifinal, tendría lugar dos días después. En esta distancia se esperaba un duelo por el oro entre los británicos Seb Coe (1956) y Steve Ovett (1955), con cierta ventaja para el primero. Aún no habían alcanzado la enorme relevancia mediática que les esperaba en los años siguientes pero su rivalidad ya comenzaba. Coe había sido bronce en el Eurojunior de 1975 en 1500 m. Posteriormente decidió centrarse en los 800 m. El año anterior se había proclamado campeón de Europa en sala. Se presentó en Praga con 1:44,25, mejor marca de ese año 1978 y plusmarca nacional británica. Ovett había comenzado a destacar muy joven. Tras proclamarse campeón de Europa junior (sub20) de 800 m en 1973, fue subcampeón de Europa absoluto al año siguiente y 5º en los Juegos Olímpicos en 1976 con plusmarca personal de 1:45,77. En 1977 se había centrado en los 1500 m, prueba en la que, tras su resonante victoria en la Copa del Mundo con marca personal de 3:34,45, se había instalado en la élite mundial. En 1978 optó por intentar el doblete en medio fondo en el Europeo tras mejorar su marca de 800 m a 1:45,38.

Los dos británicos se plantaron el la final ganando sus respectivas semifinales. Del resto de sus rivales había otros dos atletas que habían conseguido bajar de 1:46,0 ese año, los jóvenes alemanes del Este Andreas Busse (1957), 1:45,45, y Olaf Beyer (1957), 1:45,8. El francés José Marajo (1954) había corrido en 1:45,89 el año anterior. A priori parecían condenados a luchar por el bronce. Como le ocurriría dos años después en los Juegos de Moscú, la necesidad de ganar pudo, no obstante, con Seb Coe, quien tomó la cuerda en dura pugna con Beyer e impuso un ritmo frenético, cruzando la primera vuelta en 49,32, algo nunca visto. Sin embargo, no conseguía despegar ni a Beyer ni a Ovett, mientras Busse era 4º. En la contrarrecta, Ovett se colocaba en 2ª posición y trataba de igualarse a su compatriota a falta de 200 m. Coe resistió toda la curva antes de ceder, agotado, a falta de 100 m. Parecía que Ovett se haría con la victoria, pero un tremendo acelerón final de Beyer dio, con 1:43,84, el oro al alemán. Ovett era segundo con plusmarca británica de 1:44,09, que acabó siendo su mejor marca de siempre. Coe, 1:44,76, completamente agotado y decepcionado conseguía el bronce en una carrera que, con otra estrategia, podría haber ganado.

La marca de Olaf Beyer era la 4ª mundial de siempre en aquel momento. Su edad y su excelente actuación le auguraban un buen futuro, pero sus continuos problemas físicos no le permitieron mejorar. Tras su éxito en Praga su mejor resultado fue un 7º puesto en el Europeo al aire libre de 800 m, 4 años después. Tras su plata en 800 m, Ovett ganó con cierta facilidad el oro europeo en los 1500 m, mientras Coe, días después, recuperaba, con 1:43,97, el primado británico. En los tres años siguientes la rivalidad entre ambos trascendió, con mucho, el mundo del atletismo. Ambos se convirtieron en iconos mundiales con sus plusmarcas mundiales y su duelo olímpico estelar en Moscú. Aunque Ovett fue perdiendo empuje a partir de 1984, los éxitos de Coe continuaron en los Juegos de LA84 y en el Europeo de 1986.

Desde 1978, los 800 m del Europeo se han corrido a ritmo medio o a ritmo lento. Después de la carrera de Praga, ha habido 6 registros ganadores por debajo de 1:45,00, el más rápido, el del polaco Adam Kszczot (1989), oro en los últimos tres campeonatos, con 1:44,15.

Además de estas dos antiguas plusmarcas de los campeonatos de Europa hay otras tan o más míticas, como los 47,48 del alemán Harald Schmid (1957) en 400 m vallas en 1986, los 21,71 en 200 m de la alemana Heike Dreschler (1964) en 1986, los 48,16 de su compatriota Marita Koch (1957) en los 400 m en 1982, ambas plusmarcas mundiales en su momento, los 22,22 m en lanzamiento de peso del suizo Werner Gunthör (1961) o los 86,74 del entonces soviético Yuriy Sedykh (1955) en lanzamiento de martillo en 1986, la segunda plusmarca mundial masculina más antigua.