Rudolf Harbig, un adelantado a su época, en una época trágica

De vez en cuando surgen atletas que dan lugar a un enorme salto de calidad de la prueba o pruebas a las que se dedican, con registros muy superiores a los de sus coetáneos. Esto sucedió con la plusmarca mundial de 1:46.6 realizada por el alemán Rudolf Harbig en Milán el 15 de junio de 1939. El tiempo de Harbig superaba el anterior tope universal del británico Sydney Wooderson (1914-2006) en nada menos que 1.8 segundos. El alemán estaba llamado a marcar una época en los 400 y en los 800 m, pero la Segunda Guerra Mundial acabó con su carrera atlética y finalmente con su vida.

Rudolf Waldemar Hardig había nacido en Dresden el 8 de noviembre de 1913. Desde muy joven se dedicó al deporte, compatibilizando el atletismo con el balonmano. En 1932, ante la falta de oportunidades laborales en una situación económica mundial muy compleja se enroló en el ejército. Pudo seguir practicando atletismo y compitiendo. En 1934 bajó por primera vez de 2 minutos, lo que llamó la atención del Dresdner Sporting Club y del entrenador Woldemar Gerschler (1904-1982). Con este club y este entrenador, comenzó a prepararse para los Juegos Olímpicos de 1936. Su ritmo de entrenamientos hizo que dejase el ejército en 1935. Mejoró a 1:54.1 ese año y a 1:52.2 el año olímpico. Su actuación en los Juegos, sin embargo, no fue buena. Ocupó el 6º puesto en la primera serie de los 800 m, si bien lo pudo compensar en parte con la medalla de bronce en el relevo 4 x 400 m.

Harbig continuó progresando en 1937. Siguió dedicando la mayor parte de su atención a los 800 m, distancia que corrió en 1:50.9, pero también centró sus esfuerzos en los 400 m, prueba en la que realizó 47.8. El año siguiente de 1938 tendría lugar en París el segundo campeonato de Europa al aire libre. Unos días antes había mejorado en 400 m hasta 46.8. Debido a que las pruebas de los 400 y los 800 m se celebraban en mismo día, Harbig prefirió la distancia más larga y el relevo. En la doble vuelta se enfrentó al que sería su gran rival los años siguientes, el italiano subcampeón olímpico de los 800 m Mario Lanzi (1914-1980). Lanzi pasó la primera vuelta de la carrera definitiva en 53.3, pero no pudo con el empuje del alemán, oro con su mejor marca, 1:50.6. El italiano, tercero con 1:52.0, acabó cediendo la plata al francés Jacques Lévèque (1917-2013), 1:51.8. Harbig repitió oro en el relevo largo.

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Rudolf Harbig venciendo en los 800 m del campeonato de Europa de 1938

La temporada de 1939 fue la mejor de siempre para el alemán. El haberse encontrado a Lanzi en plena forma condicionó, sin duda, que ambos se hiciesen mejores mutuamente. Harbig había progresado hasta 1:49.4 antes del 15 de julio, fecha en que sucedió el mejor duelo entre ambos corredores. En el Milan Arena, un viejo estadio construido en 1807, con una pista de tierra de 500 m de cuerda, tenía lugar un encuentro internacional entre Alemania e Italia. Habría un doble duelo entre los dos corredores, en días consecutivos, en 800 y 400 m. En la doble vuelta, Lanzi salió decidido a imponer un fuerte ritmo que dejase atrás al alemán. Pasó el primer 200 en 24.6, 52.5 la primera vuelta y 1:19.8 los 600 m. Harbig no se separó de él en ningún momento. El italiano se mantuvo en cabeza hasta la última recta, 1:33,4, pero no pudo resistir el ímpetu del alemán, que se fue como un cohete hasta la meta concluyendo en unos entonces estratosféricos 1:46.6, nueva plusmarca mundial. Harbig se convertía en al primer atleta en bajar de 1:48.0 y de 1:47.0.

No se pudo desquitar el italiano al día siguiente en la prueba de 400 m. Ambos marcaron 46.7, que igualaba la plusmarca europea, pero el alemán había llegado antes. Harbig, en una extraordinaria forma, decidió ir por la plusmarca mundial de los 400 m. Solamente dos atletas lo habían conseguido previamente, los estadounidenses Ted Meredith (1891-1957), en la década de 1910, y Ben Eastman (1911-2002), en la década de los 30, si bien este de forma no simultánea. Lanzi volvió a actuar de liebre involuntaria, en la calle 6, mientras Harbig iba en la 3. Como en la carrera de la plusmarca mundial de 800, el italiano fue en cabeza hasta la última recta con pases de 11.2, 21.7 y 33.5, por 11.3, 22.0 y 33.6 del alemán. Pero no hubo duelo en los postreros 100 m, pues Harbig se fue a 46.0, nuevo tope universal, mientras Lanzi se quedaba en 47.2.

Pese al estallido de la Segunda Guerra Mundial y a ser movilizado a finales de 1940, Harbig siguió corriendo hasta 1942, con mejores marcas anuales de 47.0 y 1:47.8 (1940), 46.7 y 1:49.2 (1941) y 47.9 y 1:51.9 (1942). Murió el 5 de marzo de 1944 combatiendo en el Frente Oriental, en Ucrania, en circunstancias desconocidas.

Rudolf Harbig fue un adelantado a su época, en una época trágica, que le acabó quitando la vida. Su extraordinaria plusmarca mundial de 800 m estuvo vigente hasta el 3 de agosto de 1955, cuando en Oslo el belga Roger Moens (1930) paró el crono en 1:45.7. Harbig fue el último plusmarquista mundial de 400 y 800 m. El que más se acercó desde entonces a esta doble plusmarca fue el cubano Alberto Juantorena (1950), quien en los Juegos Olímpicos de 1976 corrió los 400 m en 44.26, mejor tiempo de siempre al nivel del mar y 3ª marca de la historia, y los 800 m en 1:43.50, nueva plusmarca mundial. El estadio municipal de Dresden lleva el nombre de Rudolf Harbig.

Andrés Vera, finalista olímpico en LA84

Uno de los recuerdos más nítidos que tengo del verano de 1984 son las mañanas olímpicas. Debido a las 9 horas de diferencia entre California y España, resultaba complicado ver las pruebas atléticas de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en directo, de modo que aquel adolescente que era yo entonces se plantaba delante de la TV por las mañanas, sin tener ni idea de los resultados. Entonces Internet era una curiosidad inventada por el Ejército estadounidense que no había salido de los ámbitos militares. Una de las pruebas que suscitaba mayor interés en los aficionados españoles eran los 1500 m. En aquellos años 80, la rivalidad entre los británicos Steve Ovett (1955) y Sebastian Coe (1956) la habían convertido en la distancia reina del atletismo. En España, otra pugna, la mantenida por el toledano José Luis González (1957) y el cántabro José Manuel Abascal (1958) había llevado a ambos a la élite mundial. En la ciudad californiana se esperaba que estuviesen en la final luchando tal vez por el bronce. El tirón que ambos habían dado al kilómetro y medio en España había arrastrado a otros atletas. Por primera vez había cinco atletas con mínima olímpica. Además de Abascal y González, otros tres mediofondistas habían bajado de 3:39.00, el castellonense Andrés Vera Llorens ( 31 de diciembre de 1960), 3:37.53, el barcelonés Jaime López Egea (1956), 3:37.54, y el madrileño José Luis Carreira (1962), 3:38.79. Finalmente, la Federación se decidió por Vera, para el presunto papel de español convidado de piedra en el 1500.

Vera estaba indiscutiblemente en buena forma, pero su experiencia internacional era escasa. Había participado en el Europeo al aire libre dos años antes en 800 m, y había sido 4º en la Universiada en 1500 m el año anterior. El estado de Abascal y de González arrojaba algunas dudas. El cántabro no decidió su participación hasta que un tiempo de 5:01.1 en 2000 m poco antes de viajar a Los Ángeles lo convenció de que estaba en condiciones, mientras el toledano había tenido algunos problemas físicos. En cualquier caso, no se esperaban incidencias en la primera ronda, que tendía lugar el 9 de agosto. Sin embargo, ocurrió la gran sorpresa. En la primera serie, un desconocido y bloqueado González se despedía de los Juegos, con unos pobres 3:47.01, a más de 8 segundos de la cabeza. Vera, haciendo gala de un potente final, entró 3º en la 2ª serie, con 3:45.44. Y Abascal se impuso en la 5ª serie con el mejor tiempo global de 3:37.68.

La eliminación de González supuso un enorme jarro de agua fría para la delegación española. Se perdía una de las opciones más claras de medalla. En el lado positivo, Abascal había demostrado muy buena forma y Vera se había desenvuelto como un veterano, aunque la final estaba cara. Las semifinales tuvieron lugar al día siguiente, 10 de agosto. El cántabro confirmó su excelente puesta a punto, ganando la primera semifinal, con unos excelentes 3:35.70, su mejor marca del año.

Era el turno de Andrés Vera. El castellonense lo tenía francamente difícil. En su serie estaban el campeón mundial, el británico Steve Cram (1960) y el plusmarquista mundial, Steve Ovett. Pasaban a la final los 4 primeros y 4 tiempos. Había que correr en menos de 3:38.12 para entrar por tiempos. Pero Andrés hizo la mejor carrera de su vida en el mejor momento. Un enorme sentido táctico y poderosísimo final lo colocaron en la final por puestos. Desde el inicio se vio que en esta segunda semifinal también se quería correr rápido, con una primera vuelta en 55.96 y el español bien colocado en 6ª posición. Se ralentizó el ritmo al paso por los 800 m, 1:57.88, con Vera algo encerrado en la 8ª posición. El italiano Stefano Mei (1963) tomó la cabeza en la mitad de la recta principal y dio paso al 1200 en 2:55.86. A falta de 200 m Cram se colocó líder y dio su tirón final. Vera era 7º a falta de 200 m y 6ª al iniciarse la recta final, momento en que sacó a relucir su fuerte final y a escalar hasta la 3ª posición. El castellonense, con un último 400 en 53.8, hacía su mejor marca personal, 3:36.55, a 0.25 del ganador, Cram, y delante de Ovett, con el mismo tiempo. Recuerdo perfectamente cómo me había levantado del sillón diciendo se clasifica, se classifica y dando un salto de alegría cuando se confirmó que Vera estaría en la final.

Así que en la carrera definitiva sí habría dos españoles, pero no los dos que se pensaba. Andrés Vera no acababa de creerse que estaba entre los 12 mejores. Poco antes de que la prueba se iniciase dijo a Abascal Menos mal que estás tú aquí, si no me muero de miedo. Pero supo controlar perfectamente ese miedo En una de las finales míticas de la historia del 1500, Abascal puso muy caras las medallas con un gran acelerón a falta de 600 m. Se vio superado por Coe y por Cram en la última curva, pero pudo mantener el bronce, mientras los dos británicos copaban el oro y la plata. El castellonense hizo una carrera muy inteligente, siempre entre el 9º y el 10º puesto, con una última vuelta en 55,9, que le permitió llegar 7º, con 3:37.02, convirtiéndose en el 17º finalista olímpico español y el 2º en la prueba de los 1500 m.

Vera había sido campeón de España de 800 m en 1983. En 1984 un tropezón le impidió pelear por el oro del Nacional de 1500 m, que parecía para él. Apenas pudo competir en la temporada posolímpica por diversas lesiones. En 1986 realizó 3:35.86, su mejor marca de siempre, pero Abascal, González y Carreira le cerraron el pasoa l Europeo al aire libre de ese año. En 1987 fue 6º en el Europeo en sala, se proclamó campeón de España de 1500 m al aire libre y acudió al Mundial de Roma. En 1988 fue 8º en el Europeo en bajo techo, pero las lesiones acabaron apartándolo de la alta competición. Licenciado en Administración de Empresas y MBA del Instituto de Empresas, en la actualidad dirige la filial española de United Heroes, una empresa que promociona la actividad física reglada entre los empleados de corporaciones medianas y grandes, con el objetivo de mejorar el rendimiento laboral. Desde 2019 es también el director de relaciones institucionales del club de su ciudad natal Playas de Castellón.

Para la historia queda su actuación superlativa en aquella segunda semifinal de 1500 de LA84, que hizo dar un brinco a aquel jovencito tan entusiasmado como hoy por el atletismo.

¿Y si la final olímpica de 1500 en 1968 hubiese sido al nivel del mar?

La mañana de ayer, mi amigo Juan Botella me lanzó un reto a propósito de un tuit del doble medallista olímpico de 1500 m Nick Willis (1983).

Prometí hacer un hilo, pero después pensé que el tema daba para una entrada de este blog, que, por cierto, acaba de superar las 60 000 vistas (muchas gracias a todos). Creí que me llevaría menos tiempo. De hecho, había asegurado a Juan que lo terminaría el día de ayer. En cualquier caso, después de haber escrito si el mejor Coe habría podido ganar al mejor Cruz en 1984 y de la marca que podría haber hecho Seb Coe en 1500 en el año mágico de 1981, esta será la tercera entrada de atletismo-ficción.

Dediqué una entrada muy amplia a la final olímpica de 1500 de México, centrándome en la trayectoria de sus dos protagonistas, Kip Keino (1940) y Jim Ryun (1947), que aparecen en esta reciente fotografía con Juan Botella.

Keino, Juan, Ryun
Kip Keino, Juan Botella y Jim Ryun

Aunque la mejor prueba de ambos atletas era el 1500 (o la milla), su aproximación a la distancia era justamente opuesta. El estadounidense era un mediofondista puro, poseedor de las plumarcas mundiales de las 880 yardas, 1:44.9 (equivalente a 1:44.2 en 800 m, más rápido que el tope mundial de 1:44.3), los 1500 m, 3:33.1, y la milla, 3:51.1. Keino, por su parte, hacía compatibles los 1500 m con distancias más largas. Había sido plusmarquista mundial de los 5000, 13:24.2 en 1965, distancia en la que había ocupado la 5ª plaza en la final olímpica de 1964. Además era el vigente poseedor del tope universal de los 3000 m, 7:39.6. En 10 000 m había realizado el excelente registro de 28:06.4. Acreditaba 3:36.7 en los 1500 m, al paso de una milla, y 3:53.1 en la milla a 1131 metros de altitud. Evidentemente su valía real en ambas pruebas era mejor y se desenvolvía muy bien en altitud.

El año anterior de 1967, Keino había resultado derrotado de forma contundente en el 1500 de un encuentro entre Estados Unidos y la Commonwealth  en Los Ángeles, en una pista de tierra. Sabedor de que el estadounidense tenía un final rapidísimo, tras un pase de 1:00.9 la primera vuelta, el keniano imprimió un ritmo durísimo, con pases de 1:56.0 y 2:53.5, momento en que Ryun tomó la cabeza y acabó en unos extraordinarios 3:33.1. Keino, desfondado, solo pudo hacer 3:37.6.

Poco después en una milla en Londres, el keniano volvió a resultar derrotado en una milla no tan rápida. Ryun era capaz de mantener ritmos muy intensos y acabar más fuerte que sus rivales. Parecía el claro favorito para el oro olímpico, pero la Ciudad de México estaba a 2250 m y Keino ya había mostrado que podía correr mucho en lugares muy altos. En aquel momento se desconocía el efecto de la altitud sobre el rendimiento atlético. Hoy sabemos que la menor resistencia al aire y la disminución de la aceleración de la gravedad favorecen las pruebas explosivas y, por el contrario, la menos presión parcial de oxígeno dificulta las pruebas de largo alcance. Probablemente en los 800 m ambos factores se compensan, mientras que en distancias superiores el efecto negativo es dominante.

En las pruebas de selección olímpica de su país, Ryun intentó clasificarse para los 800 y los 1500 m, pero algo disminuido físicamente por una reciente mononucleosis infecciosa, solo consiguió la clasificación para la prueba más larga. Keino llegó a México con el objetivo de mejorar a Paavo Nurmi (1897-1970), capaz de ganar el oro olímpico en 1500, 5000 y 10 000, si bien en Juegos diferentes, y se inscribió en estas tres distancias. La primera en disputarse fueron los 10 000 m. Tuvo que abandonar a falta de 3 vueltas, aquejado de fuertes dolores abdominales. Le diagnosticaron una colecistitis y le recomendaron no correr. No siguió el consejo médico, y tras ganar la medalla de plata en 5000 m, alcanzó la final de 1500 m, tras haberse clasificado fácilmente. Esta fue su trayectoria previa:

Final de 10 000 m abandonó a falta de 3 vueltas
Semifinal de 5000 m 1º 14:20.4
Final de 5000 m 2º 14:05.2
Serie de 1500 m 1º 3:46.96
Semifinal de 1500 m 2º 3:51.50 (detrás de Ryun)

El estadounidense, por su parte, estaba mucho más descansado. Había ganado su serie en 3:45.80 y su semifinal en 3:51.25. No perdía una carrera de 1500 m o de la milla desde 1965 y era el plusmarquista mundial en ambas distancias. Ryun calculaba que se ganaría con 3:39. La realidad fue muy distinta pues él mismo hizo 3:37,89 y no ganó. Esta marca era muy buena. Además de Keino y el propio Ryun, en aquel momento solamente ocho hombres más habían corrido más rápido.

Tras sus derrotas previas, Keino sabía que para ganar necesitaba una carrera muy rápida. De modo que, ayudado por su compatriota Ben Jipcho (1943), pasó el 400 en 56,6 y el 800, ya en solitario, en 1:55,3, con Ryun algo más 3 segundos por detrás en sexta posición. Es probable que el estadounidense pensase que Keino se desfondaría. Pero no sucedió así, pues el keniano dio paso al 1200 en 2:53,4. Ryun recuperó terreno mínimamente con 2:56,0, aún en cuarta posición, pero incluso en el último 300 fue más rápido el keniano, que se proclamó brillantemente campeón olímpico con 3:34,91, su mejor marca personal, casi 3 segundos por delante de Ryun, 3:37,89. Tercero fue el alemán Bodo Tümmler (1943) con 3:39,08.

Los resultados completos fueron:

1 Kip Keino KEN 3:34,91 OR
2 Jim Ryun USA 3:37,89
3 Bodo Tümmler RFA 3:39,08
4 Harald Norpoth RFA 3:42,57
5 John Whetton GB 3:43,90
6 Jacky Boxberger FRA 3:46,65
7 Henryk Szordykowski POL 3:46,69
8 Josef Odložil CHE 3:48,69
9 Tom Von Ruden USA 3:49,27
10 Ben Jipcho KEN 3:51,22
11 André Dehertoghe BEL 3:53,63
12 Marty Liquori USA 4:18,22

Bien, hasta aquí, los hechos. A partir de ahora entraré en el terreno de la especulación. En primer lugar, y aunque Nick Williams no lo pregunta en el tuit, habría que plantear lo que habría podido hacer Keino si hubiese corrido como en México, empleando la misma energía, al nivel del mar. Hay que tener en cuenta que el keniano nunca mejoró la marca de México. En el número de octubre-noviembre de 1968 de la revista Atletismo Español, hay un estudio firmado por Antonio Hoyos en el que trata de corregir el valor de los registros conseguidos en los Juegos si hubiesen tenido lugar al nivel del mar. Cree que Keino habría podido correr en 3:31.5. Se basa en la diferencia entre la actuación de otros atletas en la final y sus marcas previas. Sin embargo, son muy pocos casos y la respuesta a la altitud es muy individual. Hoy tenemos más datos. En la siguiente tabla se muestran los mejores 1500 m en altitud y se comparan con la mejor marca al nivel del mar.

1500 altitud

Se trata de los mejores 1500 realizados en altitud, junto con la mejor marca del atleta y la diferencia entre ambos registros. Salvo el caso de Keino, el resto de los atletas, todos kenianos, realizaron su mejor marca en altitud en Nairobi, a 1795 m sobre el nivel del mar, donde se corrían muy rápido pese a esta limitación La media de la diferencia entre los dos 1500 es de 2.94. Para aproximar más la pérdida en altitud se podría considerar la mejor marca del atleta el mismo año, pero dado que son 21 corredores, un buen número, tal vez se podría dar como buena esa pérdida de casi 3 segundos. Es decir, Keino podría haber estado en el entorno de los 3:31 largos, casi lo que le atribuían en el artículo antes reseñado. El rendimiento del keniano fue sorprendente, pues no solo llevaba muchas carreras encima, sino que su salud tampoco era la mejor para estar ganando un oro olímpico. Por cierto, la mejor marca mundial de 1500 m en altitud de Keino duró hasta 1992, año en que el obstaculista Moses Kiptanui (1970) hizo 3:34.0 en Nairobi, curiosamente su mejor marca de siempre en la distancia.

En cuanto a Ryun, como se señaló anteriormente, su marca de 3:37.89 fue muy buena. De hecho fue su segundo mejor 1500 de siempre entonces, aunque tenía dos pasos en la milla más rápidos. En la final, tal vez pudo haber corrido algo más rápido. Probablemente pensaba que Keino reventaría e inicialmente fue muy conservador. Su táctica no fue buena. Además, a Ryun la altitud le perjudicó, pues nunca tuvo opción de ganar el oro a un atleta inferior a él sobre el papel. La pista sintética pudo ayudarlo, pero no compensó la altitud. Para analizar la valía del estadounidense, hay que tener en cuenta que había conseguido la plusmarca mundial en una pista de tierra y con un pase del primer 400 en 1 minuto. Tal vez, con un ritmo más sostenido, podría haber hecho ese día menos de 3:32.5 y sustituyendo la tierra por material sintético quizá un segundo menos. En 1968 no había corrido tan rápido como el año anterior, el de la plusmarca mundial. Probablemente su entrenamiento iba dirigido al oro olímpico, no a mejorar las marcas. No hay que olvidar que había sufrido algunas semanas antes de los Juegos una mononucleosis infecciosa.

Ahora, para terminar el atletismo-ficción, hay que contestar la pregunta del título ¿Qué habría ocurrido si la final olímpica hubiese sido al nivel del mar? Si hubiese sido hoy, emulando lo que se hará (esperemos que se pueda) en Tokio, se habrían llevado las pruebas más largas de 800 a Acapulco. Pues bien, en una final al nivel del mar, si Keino hubiese corrido exactamente igual, Ryun se habría pegado a él, como en Los Ángeles, y la carrera habría acabado en 3:31. Sé que hay alguien que estuvo allí que me dirá lo contrario, pero Keino aquel día estaba en estado de gracia y creo que habría ganado igualmente, aunque por mucho menos que en la carrera real. Por supuesto, en ese hipotético 3:31 de Keino, si Ryun hubiese corrido como en México, tampoco lo habría alcanzado y probablemente habría estado en 3:34. Y con esto respondo a la pregunta de Willis sobre la equivalencia de los 3:37.82 del estadounidense en México.

Las dos plusmarcas mundiales en sala de Wilson Kipketer en el Mundial de París 1997

La final de 800 m de los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996 fue la mejor de las hasta entonces disputadas. Los 4 primeros corrieron más rápido que la plusmarca olímpica, en poder hasta entonces del brasileño Joaquim Cruz (1963), con 1:43,00 desde 1984. El vencedor fue el noruego Vebjørn Rodal (1972), con 1:42,58, por delante del surafricano Hezekiél Sepeng (1974), 1:42,74, y del keniano Frederick Onyancha (1969), 1:42,79. El cubano Norberto Téllez (1972) habría ganado cualquier final anterior con 1:42,85, pero en Atlanta solo pudo ser cuarto.

Sin embargo, pese a la formidable exhibición en la carrera de las dos vueltas, de quien más se acordaron los aficionados fue del gran ausente, el danés, nacido keniano, Wilson Kipketer (1972), campeón del mundo el año anterior y que acabaría ese año con una plusmarca personal de 1:41,83, tercera mejor marca de siempre. Kipketer no obtuvo la autorización del Comité Olímpico Internacional para participar por problemas administrativos por su cambio de nacionalidad.

Wilson Kosgei Kipketer había nacido en Kapchimoiywo, condado de Nandi, cuna de ilustres corredores kenianos, el 12 de diciembre de 1972. Aconsejado por el doble oro olímpico Kip Keino (1940), que supo ver su potencial, se fue a estudiar a la Escuela Católica de San Patricio, en Iten, institución con una gran infraestructura para el atletismo. Tras un viaje de estudios a Copenhague en 1990, decidió solicitar la nacionalidad danesa. En 1993 ya corría en 1:45,46. Al año siguiente, con 1:43,29, fue segundo en la lista mundial del año. En 1995 consiguió el primero de sus tres títulos mundiales y acabó liderando la lista mundial con 1:42,87.

Tras su decepción por no haber podido disputar el oro olímpico, decidió preparar al conciencia la temporada de pista cubierta de 1997. Después del éxito de los Juegos Mundiales en sala de 1985, celebrados en París, la Federación Internacional decidió dar continuidad cada dos años a esta competición otorgándole la condición de campeonato del mundo. El mismo escenario de los Juegos Mundiales, el Palacio Omnisport de Bercy, hoy AccorHotels Arena, acogería la 6ª edición de los Campeonatos del Mundo de Pista Cubierta de 1997. La actuación de Wilson Kipketer fue memorable. La competición tuvo lugar los días 7, 8 y 9 de marzo. Los 800 m se organizaron en tres rondas, una cada día. La primera ronda se dividió en 5 series. Accedían a la final los dos primeros de cada serie y los siguientes ocho mejores tiempos. La plusmarca mundial en sala estaba en poder el keniano Paul Ereng (1967), campeón olímpico en 1988, que al año siguiente en el Mundial de Budapest, se impuso tras una espectacular remontada con 1:44,84, superando el anterior tope universal que tenía el británico Sebastian Coe (1956) desde 1983 en 1:44,91.

En París, las cuatro primeras rondas de 800 m transcurrieron sin sobresaltos. El tiempo más rápido había sido de 1:48,03, del neerlandés Marko Koers (1972) en la primera serie. Quedaba la serie de Kipketer. Nadie se esperaba lo que sucedería a continuación. El danés decidió salir a romper. Pasaba la mitad de la prueba en 50,77 y paraba el cronómetro en unos asombrosos 1:43,96, 0,88 menos que el tiempo de Ereng en Budapest. Sin duda el no haber podido estar en Atlanta supuso una motivación muy poderosa. Lo que podría suceder en las dos siguientes rondas era la pregunta que se hacían la prensa y los aficionados. El tiempo de Kipketer era estratosférico, pero la aparente facilidad con que lo consiguió hacía pensar que tal vez no había corrido al límite. En la siguiente ronda, el día 8 de marzo, el danés se limitó a ganar la tercera serie semifinal con 1:48,49. Pasaban a la final los tres primeros de cada serie. El mejor tiempo correspondió al marroquí Mahoub Haïda (1970), con 1:47,22, ganador de la primera serie. En la final del día 9 la duda era si Kipketer se limitaría a ganar o trataría de mejorar su tiempo de la primera ronda. Enseguida se vio que ocurriría lo segundo, cuando se colocó en cabeza a un ritmo rapidísimo, con pases de 24,22, 50,22, 1:16,49 y unos espectaculares 1:42,67. Haïda era plata a más de 3 segundos, 1:45,76, y el estadounidense Rich Kenah (1970), bronce con 1:46,16.

Kipketer superaba en pista cubierta al siguiente atleta de siempre, al anterior plusmarquista Paul Ereng en más de dos segundos. En aquel momento, al aire libre, tan solo 6 atletas, incluyendo al propio Kipketer, habían corrido más rápido. Esta es la lista:

1:41,73 Sebastian Coe (GB) Florencia 10 06 1981
1:41,77 Joaquim Cruz (BRA) Colonia 26 08 1984
1:41,83 Wilson Kipketer (DIN) Rieti 01 09 1996
1:42,28 Sammy Koskei (KEN) Colonia 26 08 1984
1:42,58 Vebjørn Rodal (NOR) Atlanta 31 07 1996
1:42,60 Johnny Gray (USA) Coblenza 28 08 1985

En la actualidad, bajo techo, todavía no hay quien haya podido siquiera acercarse a la marca del danés. El siguiente mejor tiempo corresponde al keniano Michael Saruni (1995), que corrió el año pasado en 1:43,98, único sub1:44 en sala además de Kipketer.

El Mundial de París tuvo un altísimo nivel conjunto, sobre todo en medio fondo. Además de Kipketer destacaron la emergente estrella marroquí Hichan El Guerrouj (1974), oro en 1500 m, y el campeón olímpico de 10 000 m, el etíope Haile Gebreselassie (1973), oro en 3000 m. Para España no fue tan bien, pues no entró en el medallero.

Kipketer completó una temporada de 1997 perfecta. Al aire libre, el 7 de julio igualó la plusmarca mundial de Sebastian Coe de 1:41,73, el 8 de agosto renovó su título mundial al aire libre, el el 13 se convirtió en único plusmarquista universal con 1:41,24 y el 24 mejoró hasta 1:41,11. En 1998 enfermó de malaria. Aun así fue capaz de correr en 1:43,18, pero no pudo evitar el último puesto en la final de Europeo al aire libre. Se recuperó en 1999 y se proclamó campeón del mundo al aire libre por tercera vez consecutiva. A partir de entonces, no obstante, los problemas físicos fueron una constante en su carrera deportiva y no pudo cumplir su objetivo del oro olímpico. En 2000 fue plata en una carrera muy lenta y en 2004 bronce. En 2002 se había proclamado campeón de Europa. Se retiró en 2005.

Kipketer ha sido uno de los más grandes corredores de 800 m de la historia, al que las circunstancias le negaron el oro olímpico. Sigue siendo el segundo mejor atleta de siempre, tras los 1:40,91 de David Rudisha (1988) y posee tres de las 10 mejores marcas de siempre. Pese a su biotipo, nunca se planteó correr los 1500 m. Su mejor marca es de 3:42,80, de 1993, al inicio de su carrera. Con 2:14,96 fue también plusmarquista bajo techo de los 1000 m. Para la historia quedará su exhibición en París, sin duda, movida por su exclusión de los Juegos de Atlanta, donde, probablemente, habría conseguido el oro.

 

Mayte Martínez, la reina del 800 español

El 28 de agosto de 2007, en la final de los 800 m femeninos, la mediofondista vallisoletana Mayte Martínez protagonizaba uno de los grandes momentos del atletismo español. En una final de un nivel altísimo, a la que había accedido brillantemente, en una última recta memorable, partiendo de la séptima posición, se hacía con la medalla de bronce. Era la primera y única ocasión que el podio de los 800 m de un campeonato de ámbito mundial tenía presencia española. A sus 31 años, Martínez dejaba claro que era la mejor atleta española, en categoría masculina o femenina, en la doble vuelta a la pista.

María Teresa Martínez Jiménez nació en Valladolid el 17 de mayo de 1976. Con 15 años ya corría su prueba favorita en 2:14,48. En 1995 se proclamó campeona de España junior (sub20) y fue 6ª en el Campeonato de Europa de la categoría, con 2:05,00, su mejor marca entonces. La transición a la categoría absoluta le resultó complicada, en gran parte debido a incontables problemas físiccos. No mejoró su marca de categoría junior, hasta el año 2000, en un año que la convirtió en la referencia femenina de los 800 m en España. El 20 de mayo corría en 2:04,02, en el Campeonato Iberoamericano, en el que se llevaba la plata. Posteriormente registró 2:02,18, 2:01,65, en dos ocasiones y 2:00,53 a principios de agosto. A finales de ese mes consiguió su primer campeonato de España absoluto. Acudió a los Juegos Olímpicos de Sídney, donde el 22 de septiembre, en la primera eliminatoria, en la que fue segunda, se convertía con 1:59,60 en la segunda española en correr los 800 m por debajo de 2 minutos. La siguiente ronda no le fue tan propicia y puso fin a una magnífica temporada.

La siguiente temporada, la de 2001, Martínez confirmó su salto revelándose como una excelente competidora. La gran competición del año era el Campeonato del Mundo al aire libre, que se celebraba en Edmonton. Allí se presentó en gran forma. Mejoró su prestación de la temporada al ser 3ª en la primera semifinal con 2:00,09 y en la final con dos centésimas menos fue 7ª. La vencedora fue el fenómeno mozambiqueño María Mutola (1972).

Poco después del campeonato, Martínez se quedaba con 1:59,76 muy cerca de su plusmarca personal. Sus buenas actuaciones en grandes campeonatos continuaron en 2002. En pista cubierta conseguía la 4ª posición en el Campeonato de Europa. Ese temporada invernal haría con 2:00,78 su primera plusmarca española en sala. Al aire libre, también en la máxima competición continental, tuvo una soberbia actuación. Tras entrar fácilmente en la final se encontró con una carrera rapidísima que le permitió llevar su marca personal hasta 1:58,86 y hacerse brillantemente con la medalla de plata, por detrás de la inabordable eslovena Jolanda Čeplak (1976), llamada ahora Jolanda Batalgelj, oro con 1:57,65. En 2007 sería suspendida por consumo de eritropoietina. Bronce fue la británica Kelly Holmes (1970). Unos días después, Martínez volvía a mejorar hasta 1:58,29.

En 2003, sumó otra medalla, esta vez en sala, en el campeonato del Mundo de Birmingham. Tras haber mejorado su marca, y plusmarca española, en sala a 2:00,53, se presentó en la ciudad inglesa en un magnífico estado de forma. Ganó su serie y fue segunda en su semifinal con marca personal de 1:59,82. En la final volvió a mejorar hasta 1:59,53, que le valieron el bronce. Superó por 0,01 a Čeplak. La vencedora fue Mutola, con 1:58,94, por delante de la austríaca Stephanie Graf (1973), 1:59,39. La temporada estival comenzó con muy buenas perspectivas y un 800 en 1:59,62 en julio, pero una inoportuna lesión la obligó a terminar prematuramente el año atlético.

Las lesiones continuaron persiguiendo a Mayte Martínez en la temporada olímpica de 2004. En sala volvía a haber Mundial. Esta vez no pudo llegar a la final. Al aire libre, muy corta de preparación superó la primera ronda del 800 olímpico, con su mejor marca del año, 2:00,81, pero pagó el esfuerzo en la semifinal y ahí se terminó su actuación. Su forma, sin embargo, continuó en progresión y a primeros de septiembre fue capaz de correr en 1:58,58.

Los éxitos continuaron, no obstante, en 2005. En pista cubierta se celebraba en Madrid el campeonato continental y Martínez no perdió ocasión de brillar. Fue segunda detrás de la rusa Larisa Chzhao (1971). Al aire libre volvió a una final, en el campeonato del Mundo de Helsinki, tras correr en 1:59,44 el mes anterior. Tras clasificarse para la final por tiempos con 1:59,40, su mejor marca del año, ocupó la 5ª plaza con 1:59,99, otra gran actuación tras la decepción de la temporada olímpica. La vencedora fue la cubana Zulia Calatayud (1979) con 1:58,82.

En 2006 el gran objetivo era en Europeo al aire libre de Gotemburgo. Una vez más, tras haber corrido previamente por debajo de 2 minutos, Martínez alcanzó la final, donde fue 7ª con 2:00,10, en una carrera dominada por las rusas Olga Kotlyarova (1976), 1:57,38, y Svetkana Klyuka (1978), 1:57,48. Esta última tuvo una suspensión de dos años en 2011 por alteraciones de su pasaporte biológico.

Pasados ya los 30, Mayte Martínez había ganado medallas en campeonatos continentales y había sido finalista en dos mundiales al aire libre. Lo mejor, sin embargo, estaba por llegar y lo haría en 2007. En pista cubierta había campeonato de Europa. Decidió tomar parte en los 1500 m, prueba en la que acreditaba al aire libre 4:05,05 (2005), y consiguió una buena 5ª posición en la final.

La gran competición de la temporada estival era el campeonato del Mundo, que tendría lugar en Osaka. Martínez llegó en la mejor forma de su vida y se encontró una prueba de altísimo nivel en la que supo dar lo mejor de sí misma. El campeonato tuvo lugar a finales de agosto. A mediados de julio, Martínez siguió con su buena costumbre de bajar de 2 minutos, al registar 1:59,74, tiempo con el que llegó a Osaka. La española realizó el segundo mejor tiempo global de la primera ronda, al ser segunda en la 6ª serie con 1:59,58, detrás de la keniana Janeth Jepkosgei (1983), 1:58,95. Esta atleta también realizó el menor tiempo de las semifinales, al imponerse en la tercera con plusmarca nacional keniana de 1:56,17, por delante de la marroquí Hasna Benhassi (1978), 1:56,84, y de Mutola, 1:56,98. Martínez se había clasificado por puestos al ser segunda en la segunda semifinal con 1:59,32. Se preveía que la final, el 28 de agosto, sería un duelo muy rápido entre las tres primeras de la tercera semifinal. Jepkosgei salió como un cohete marcando 26,58 en el primer 200, con la española en última posición a cierta distancia. La cabeza y la cola no variaron al paso por los 400 m en 56,18 de la keniana. Esta continuaba en cabeza a falta de 200 m, 1:26,19, algo por delante de Mutola y con Martínez en 7º lugar.  En la entrada de la recta final, parecía que Benhassi y Mutola se echaban encima de Jepkosgei, pero esta consiguió aguantar, mientras la atleta de Valladolid seguía séptima. La keniana se fue en solitario a la meta.  Mutola se paraba a falta de 70 metros. Benhassi consolidaba la segunda posición, mientras Mayte Martínez, en una última recta trepidante, alcanzaba el bronce.

Jepkosgei volvía a superar la plusmarca de su país con 1:56,04, Benhassi llegaba en 1:56,99, mientras la española pulverizaba su plusmarca personal con 1:57,62, a tan solo 0,17 del tope español de Maite Zúñiga (1964). La última recta de Osaka, un lugar  para la historia que demostraba la clase y el saber estar de una atleta fantástica. Martínez alcanzó el culmen de su carrera atlética en esta final del Mundial. Unos días más tarde realizaría 1:58,14, su segunda mejor marca de siempre.

Los problemas físicos reaparecieron en la temporada olímpica de 2008 y le impidieron participar en los Juegos, tras haber sido 4ª en el Mundial en sala en la temporada invernal. Aún tuvo tiempo de alcanzar dos nuevas finales. En 2009, con 33 años,  fue 7ª con 1:58,81 en el Mundial al aire libre, en la carrera que dio su primer oro a la surafricana Caster Semenya (1991), y en 2010 fue 6ª con 1:59,97 en el Europeo al aire libre. Se perdió la temporada 2011 por lesión y aún compitió en 2012, pero sus problemas de rodilla la obligaron a retirarse definitivamente esa temporada.

En el ámbito nacional fue 8 veces campeona de España al aire libre en 800 m (2000, 2001, 2002, 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008), una vez de 400 m (2010), prueba en la que acreditó 53,67, y 8 veces campeona de 800 m en pista cubierta (de 2001 a 2008). Corrió 27 veces por debajo de 2 minutos y 6 veces en menos de 1:59,00. Estuvo en la final de 4 campeonatos del Mundo y de 3 campeonatos continentales al aire libre, con un bronce y una plata respectivamente. En conjunto, considerando la categoría femenina y la masculina, es la atleta española con mejor palmarés de largo en los 800 m. Tan solo le faltó brillar en los Juegos Olímpicos y la plusmarca española absoluta de los 800 m.

Parte fundamental en la carrera atlética de Mayte Martínez ha sido su entrenador Juan Carlos Granado (1969), quien supo sabiamente optimizar el esfuerzo de la atleta en medio de una omnipresente maraña de lesiones. Y, por su puesto, no se debe olvidar a su primer entrenador, Elías Reguero (1939), crucial en el viaje de niña atleta cadete a finalista en el Europeo junior.

En la actualidad Mayte, licenciada en Psicopedagogía y diplomada en Magisterio de Educación Física, dirige una escuela de atletismo y continúa compitiendo en la categoría de veteranos. En la retina de los aficionados queda su trepidante recta de Osaka, que le permitió encaramarse al podio del Mundial de 2007, toda una hazaña de esta mujer de Valladolid.

Nota: Salvo algún obituario inesperado, cosa que no deseo, esta será la última entrada de 2019. Cuando comencé a mediados de 2016 con el blog me propuse hacer un mínimo de dos entradas al mes y lo he ido cumpliendo. Este año han sido 29. Os deseo a todos lo que me leéis lo mejor para el año olímpico de 2020. ¿Asistiremos en Tokio (perdón, en Sapporo) al duelo maratoniano entre Kipchoge y Bekele? Ojalá. Volveré en enero.

 

Peter Snell, tal vez el mejor mediofondista de siempre

Anteayer nos dejó, a punto de cumplir los 81 años, el mediofondista neozelandés Peter Snell. Snell fue uno de los grandes del mediofondo de siempre, con sus tres medallas de oro olímpicas, dos en 800 m y una en 1500 m, en los Juegos de 1960 y de 1964. Su carrera atlética en la élite duró 5 años, en una época en la que el atletismo era amateur. Fue un corredor de 800m y 1500m que cambió el entrenamiento del mediofondo. Hasta entonces los corredores de 800m se parecían más a los de 400m. Fue el último mediofondista en ganar los 800 y los 1500 m en unos Juegos Olímpicos.

A mediados de los años 50, los mejores corredores mundiales de 800 m se fijaron como objetivo superar la mítica plusmarca mundial que el alemán Rudolf Harbig (1913-1944) había establecido en 1939 con 1:46,6. Finalmente el belga Roger Moens (1930) resultó el elegido para superar el registro imposible. En 1955 fue capaz de correr nada menos que en 1:45,7. Una lesión le impidió disputar la victoria olímpica en 1956, pero en 1960, completamente recuperado, era el gran favorito.  La final apuntaba un duelo entre Moens y el jamaicano George Kerr (1937-2012). Nadie reparaba en un joven neozelandés de 21 años que había llegado a los juegos con 1:49,2 en 880 yardas (804,67 m), pese a que había batido a Moens en la semifinal con 1:47,2 (1:47,34), mejorando sus 1:48,1 (1:48,22) de la primera ronda.

En la final el suizo Christian Wägli (1934-2019) se colocó en cabeza desde el inicio y se mantuvo hasta los últimos 100m, momento en que Moens lo sobrepasó. Parecía que por fin ganaría el oro olímpico, pero, a falta de 20 metros, Peter Snell se le echó encima por la cuerda y consiguió vencer inesperadamente, con nueva plusmarca personal, 1:46,3.

Peter Snell NZL 1.46,3 (1:46,48)
Roger Moens BEL 1.46,5 (1:46,55)
George Kerr JAM 1.47,1 (1:47,25)
Paul Schmidt RFA 1.47,6 1:47,82)
Christian Wägli SUI 1.48,1 (1:48,19)
Manfred Matuschewski RDA 1.52,0 (1:52,21)

¿Quién era este fenómeno neozelandés al que deberían haber prestado más atención? Peter George Snell había nacido en Opunake, a unos 250 Km de Wellington (Nueva Zelanda) el 17 de diciembre de 1938. En su adolescencia jugó al rugby, al golf, al bádminton y, sobre todo, al tenis. También practicaba atletismo, pero sin un entrenamiento específico. A los 18 años su mejor marca en las 880 yardas era 1:59,8. Al año siguiente mejoró hasta 1:54,0 y se encontró al que sería su mentor, el entrenador Arthur Lydiard (1917-2004). Lydiard le aseguró al joven Peter que, dada su gran velocidad, mejorando la resistencia podría llegar muy lejos. A partir de entonces la fructífera relación entre ambos llevó a Snell a lo más alto, pese a que su biotipo (1,80 m y 80 Kg) no era el habitual en un mediofondista. Se presentó en Roma como un atleta anónimo y acabó con un oro olímpico conseguido de manera brillante.

En 1961, centrado aún unicamente en los 800 y las 880 yardas, Snell derrotó a Moens en varias reuniones. En 1962 comenzó a correr la milla, sin dejar la prueba más corta. El día de Año Nuevo marcó en la distancia en 4:01,3. El 27 de enero, en la pista de hierba de 352 metros de Wanganiu (NZ) superó la plusmarca mundial del australiano Herb Elliott (1938) por una décima, con 3:54,4, con un ritmo creciente en cada una de las cuatro vueltas, 1:00,7, 59,9, 59,0 y 54,8 (3:39,3 en 1500 al paso). Una semana después, el 3 de febrero, en la pista de hierba de Chistchurch, se hizo con la plusmarca mundial de las 880y, 1:45,1, y de paso pulverizó la plusmarca de Moens, al registrar en la marca de los 800 m, 1:44,3. Este tiempo permanece en la actualidad como plusmarca nacional de Nueva Zelanda.

En los Juegos de la Commonwealth, celebrados a finales de ese 1962, Snell se hizo con el doblete en las 880y y la milla. No se disputarían las distancias métricas hasta 1970. Tras un año de 1963 de transición en el que compitió en varias ciudades de Estados Unidos, se preparó concienzudamente para ser campeón olímpico en las dos distancias del mediofondo, lo que no se conseguía desde que Albert Hill (1889-1969) lo hiciera en 1920. Para ello incrementó en las 10 semanas previas su número de kilómetros, con una media diaria de 23. Hay un detalle curioso en la trayectoria de Snell. Su primer 1500 fue el de la primera ronda de los Juegos de Tokio de 1964. Hasta entonces solamente había corrido la milla.

Su entrenamiento dio muy buen resultado. El calendario era muy duro, ya que obligaba a correr seis carreras en una semana. Snell lo hizo con tiempos de 1:49,8, 1:46,9, 1:45,1, 3:46,8, 3:38,8, 3:38,1. La final de 800 tuvo lugar el 16 de octubre. La situación era completamente distinta de la de 4 años atrás. Ahora era el absoluto favorito y no decepcionó. Su victoria se cimentó en el cambio que realizó a falta de 250m, sobrepasando al keniano Wilson Kiprugut (1938), en cabeza desde la salida. Snell ganó con parciales de 400m de 52,8 y 52,3, haciendo la segunda mejor marca de siempre, lo que da una idea de su superioridad. Los resultados fueron:

Peter Snell NZL 1.45,1
Bill Crothers CAN 1.45,6
Wilson Kiprugut KEN 1.45,9
George Kerr JAM 1.45,9
Thomas Farrell USA 1.46,6
Jerry Siebert USA 1.47,0
Dieter Bogatzki FRG 1.47,2
Jacques Pennewaert BEL 1.50,5

La final de los 1500 m se celebró el 21 de octubre, tras dos rondas previas. La carrera se desarrolló a ritmo medio con pases de 58,0, 2:00,5 y 2:59,3. A falta de 200 m, un enorme cambio de ritmo de Snell lo llevó a la meta en primera posición con una gran superioridad sobre el resto de sus rivales.

1 Peter Snell NZL 3.38.1
2 Josef Odlozil TCH 3.39.6
3 John Davies NZL 3.39.6
4 Alan Simpson GBR 3.39.7
5 Dyrol Burleson USA 3.40.0
6 Witold Baran POL 3.40.3
7 Michel Bernard FRA 3.41.2
8 John Whetton GBR 3.42.4
9 Jean Wadoux FRA 3:45.4

Unos días después de los Juegos, el 12 de noviembre se convirtió en plusmarquista mundial de los 1000 m, con un tiempo de 2:16,6. Poco después, el 17 de noviembre, en la pista de ceniza de Auckland, Snell superó su plusmarca de la milla, con 3:54,1. Pasó los 1500 en 3:37,6, que sería su tope personal, probablemente de valor similar a los 3:35,6 que tenía entonces Herb Elliott como primado mundial. El pase de los 3/4 de milla había sido de 2:54,3, que apuntaba un tiempo en torno a 3:52.

Al año siguiente se preparó precisamente para intentar superar el registro de Elliott en la distanacia métrica, pero se lesionó en abril y poco después se retiró. Posteriormente trabajó como relaciones públicas en una compañía tabacalera. En 1971 se trasladó a Estados Unidos, donde acabó fijando su residencia y donde obtuvo el grado de doctor con una tesis sobre fisiología del ejercicio en la Universidad del Estado de Washington. Esto le sirvió para hacerse profesor en la Universidad de California,  Davis, donde ya había estudiado. En 1993 obtuvo la nacionalidad estadounidense. Continuó practicando deporte, sobre todo carreras de orientación y tenis de mesa, modalidades en las que destacó en la categoría de veteranos.

En los últimos meses había comenzado con problemas cardíacos. Un episodio de pérdida de conocimiento mientras conducía le provovó un accidente de circulación. Estaba prevista su presencia en el homenaje a la milla en la reunión de la IAAF el mes pasado en Mónaco, pero sus problemas de salud no se lo permitieron. Falleció en su casa de Dallas el 12 de diciembre de 2019.

El impacto de su figura en su Nueva Zelanda natal queda muy bien reflejado en este vídeo, de diferentes noticiarios anunciando su fallecimiento.

Snell fue un revolucionario del mediofondo. Hizo compatibles el 800 y el 1500, cuando entonces los corredores de 800 rendían mejor en los 400 m. Aunque después de él hubo grandes mediofondistas que lo hicieron muy bien en ambas distancias, ninguno pudo repetir su doblete. Sebastian Coe (1956) estuvo cerca en 1980 y 1984 con sus dos oros en la distancia larga y sus dos platas en la corta. Hay que pensar que en los años 60 el atletismo era completamente amateur, aunque pudiese haber dinero bajo cuerda. ¿Qué podría haber hecho en un entorno hiperprofesionalizado como el actual?

Nota 1: Me ha gustado mucho recordar los éxitos de este gran atleta, pero muy poco el motivo por el que lo he hecho

Nota 2: Dedico esta entrada de Jorge González Amo, antiguo plusmarquista español de 1500 m y gran admirador de Snell. Jorge tiene su tríada oceánica con Herb Elliot, Peter Snell y Ron Clarke

Nota 3: El 3 de diciembre el blog superó las 50 000 visitas. Quiero daros las gracias a todos los que me leéis. Disfruto mucho haciendo las entradas. Me agrada que generen interés.

 

Adrián Ben, un rapaz de Viveiro

Viveiro es una villa marinera de unos 15 000 habitantes bañada por las aguas del Cantábrico en la Marina Lucense. Dista 100 Km de Lugo capital. En esta bella localidad nació el 4 de agosto de 1998 Adrián Ben Montenegro, y fue aquí donde se inició en el atletismo con 15 años. En toda la provincia solamente hay una pista, en Lugo, por lo que el joven Adrián tenía que desplazarse dos o tres días por semana a la capital para poder entrenar en el material sintético. El tiempo de viaje es de hora y cuarto. Afortunadamente pudo contar con el apoyo de sus padres y con la dirección técnica del hacedor del atletismo en Lugo, el Dr Mariano Castiñeira Vilaseca. Mariano Castiñeira, nacido en Pontevedra el 19 de octubre comenzó a practicar atletismo en el grupo de Mariano García Verdugo en su ciudad natal. Estudió Medicina en Santiago. Inicialmente se estableció en A Pontenova (Lugo), como médico de atención primaria, donde siguió su carrera como atleta y empezó la de entrenador. Posteriormente se desplazó a Lugo, donde trabajó como traumatólogo, especialidad en la que se había formado en La Coruña, primero en el Hospital de San José y después en el Hospital General (Lucus Augusti en la actualidad), con especial atención a la Traumatología del deporte, hasta su jubilación en 2011.  Innumerables atletas gallegos consultaron a este sabio galeno, cuya labor como entrenador fue fundamental para los éxitos de Jesús González Margaride Tito (1967), al que una grave enfermedad apartó del atletismo, María Abel (1974) o Alessandra Aguilar (1978).

De la mano de Mariano, Adrián Ben comenzó, en categoría sub18, practicando la prueba de los 2000 metros con obstáculos. Su compañero de entrenamiento de entonces era Miguel González Carballada (1998), hijo de Tito Margaride. No le fue mal a Ben la prueba de obstáculos. Fue 5º en el Encuentro Europeo de la Juventud en 2014 y 6º en el Campeonato del Mundo Juvenil en 2015 año en que también fue campeón de España de la categoría. Sin embargo, no continuó en los obstáculos y a partir de 2016 se centró en los 1500 m. Ese año tomó parte en el kilómetro y medio del Mundial sub20, aunque no pudo clasificarse para la final. Previamente se había impuesto en el campeonato de España sub20 de la distancia

En 2017 dejó su Viveiro natal y se trasladó a Madrid, para estudiar Fisioterapia. En Madrid comenzó a entrenar con el antiguo obstaculista Arturo Martín (1967). La temporada resultó excelente para él. Renovó su título de campeón de España de su categoría y fue bronce en el Europeo sub20, en una lentísima carrera de 1500 m. Dedicándole algo más de atención a los 800 m, se fue a 1:48,00 en esta distancia y a 3:40,72 en el kilómetro y medio.

Continuó mejorando en 2018. Mejoró su marca de 1500 m a 3:39,40, tiempo que le valió para ir al Campeonato de Europa Absoluto al aire libre, donde no entró en la final. También mejoró en 800 m hasta 1:46,94. En 2019, después de haber participado en el Europeo en sala y haber corrido los 5000 m en 13:45,42, el objetivo era el oro en el Europeo sub23 al aire libre, que se celebraría en la localidad sueca de Gävle del 11 al 14 de julio. El primer día de la competición tenían lugar las semifinales de 1500 m, a las que Ben acudía tras haberse hecho con el oro en el campeonato de España de la categoría y de haber corrido en 3:40,94 unas semanas antes. Parecían un trámite pero se encontró con una semifinal trampa. Pasaban a la final los 4 primeros de cada una de las dos semifinales y 4 tiempos. No se entiende muy bien primar los tiempos cuando el número de finalistas es divisible por el número de semifinales. Es dar ventaja a los de la última serie. El caso es que Ben fue 5º en la primera semifinal a 0,17 del primero y a 0,04 del 4º. Y sucedió lo que suele ocurrir en estos casos, que los 4 atletas que se clasificaron por tiempos fueron los de la segunda semifinal.

Resulta complicado sobreponerse anímicamente a un golpe como este. Sin embargo, se ve que Adrián Ben supo canalizar positivamente toda su frustración. Seis días después, el 17 de julio, en la reunión de Barcelona, pulverizaba su plusmarca personal de 800 m con 1:45,78, entonces mejor marca española del año y mínima para el Campeonato del Mundo al aire libre que tendría lugar a finales de septiembre. Este sorprendente registro probablemente hizo que Martín cambiase la planificación de su pupilo. Y a tenor de los resultados acertó de pleno. El 23 de julio Ben mejoraba su registro en 1500 m con 3:37,87, pero el objetivo habían pasado a ser los 800 m. Fue segundo en el campeonato de España en las dos vueltas y acudió a Doha con la idea de hacer un buen papel.

En la capital de Qatar se disputarían 3 rondas. La final parecía muy complicada. Los 1:45,78 de Ben era la 61ª marca de la temporada. Comenzó su participación el 28 de septiembre en la primera ronda eliminatoria. Corrió como un veterano y pasó a la semifinal por puestos al ser segundo en su serie con 1:46,12. Al día siguiente se presentó en la primera de las tres semifinales. Entraban los dos primeros de cada serie y los dos mejores tiempos. El registro de Ben era el más lento de los 24 participantes, pero esta circunstancia no tuvo nada que ver en su actuación. En un nuevo alarde táctico, entró 4º en una semifinal rapidísima ganada en 1:43,96, con una nueva plusmarca personal de 1:44,97, que finalmente le valió para colarse en la final y hacer historia. Tan solo el cántabro Tomás de Teresa (1968) había conseguido entrar en la final de un campeonato de ámbito mundial.

La final tuvo lugar el 1 de octubre. Nuevamente el gallego tenía la peor marca. El ritmo fue rapidísimo, con un primer 400 en 48,99. Ben pasó 8º en 51,26, pero en ningún momento le perdió la cara a la carrera ni bajó los brazos. Sabía que el suyo era el ritmo bueno y que habría atletas que acusarían el esfuerzo, como así fue. Mantuvo la última posición hasta la recta final, trayecto en el que fue capaz de pasar al 6º puesto con 1:45,58, su segundo mejor registro de siempre.

La actuación de Adrián Ben en Doha ha sido sorprendente. Ha demostrado una madurez y un saber competir que, sin duda, le seguirán dando éxitos en el futuro. El atletismo español va a estar muy pendiente de él a partir de ahora. Se ha revelado como un excelente mediofondista. Y este es un buen momento para recordar la labor imprescindible de su entrenador, Arturo Martín, que supo modificar la planificación y que llegase en su mejor momento en el mejor momento. Y, por supuesto, no hay que olvidar a un personaje clave para Adrián Ben. No hay que olvidar a Mariano Castiñeira, ni tampoco a los padres de Adrián que supieron fomentar la vocación de su hijo, llevándolo a las pistas en unas circunstancias nada fáciles.

Nos queda la duda (bendita duda) de si Adrián Ben se centrará más en los 800 m, en los 1500 m o en ambas distancias. Pero eso lo resolverá él con su entrenador. Con 21 años, tiene mucho tiempo para correr mucho (más) en cualquiera de las dos pruebas.

Tres victorias para la permanencia en la Copa de Europa A de Praga 1987

El próximo fin de semana en la localidad polaca de Bydgoszcz tendrá lugar la 8ª edición de la Superliga Atlética de Equipos Nacionales (European Team Championships). Esta competición sustituyó en 2009 a la clásica Copa de Europa, la contienda europea de selecciones nacionales, que se venía celebrando con diversos formatos desde 1965. Hasta 1981 la fórmula en que se disputaba, con periodicidad bienal, consistía en una ronda previa donde un número de equipos nacionales se clasificaban para las semifinales, que contaban con equipos clasificados de antemano. Las semifinales tenían lugar en dos encuentros de 8 países. Los cuatro primeros pasaban a la final. Las tres rondas se celebraban el mismo año. A partir de 1983, con el calendario estival cada vez más recargado, se cambió el formato, atendiendo a la clasificación de la edición anterior, a tres divisiones A, B y C, de 8 países cada una, con ascensos y descensos de un equipo. En categoría masculina, España había quedado encuadrada en el grupo B y solo 2 puntos la había separado del ascenso tras la competición de ese 1983. Dos años después, en un fin de semana de agosto pleno de emociones, España conseguía, en Budapest, el pasaporte para la Copa de Europa A, donde se enfrentaría a los mejores equipos de Europa. En 1987, España se estrenaba en la máxima categoría, y tenía todas las papeletas para descender. Sus rivales eran los equipos de tres países que ya no existen, la Unión Soviética, la República Federal de Alemania y Checoslovaquia, en cuya capital, Praga, se celebraba el encuentro, junto con la República Federal de Alemania, el Reino Unido, Italia y Polonia. Francia había descendido el año anterior. La competición masculina y la femenina eran entonces independientes.

El atletismo español acababa de asomar la cabeza en el ámbito internacional. Menos de una década atrás, en 1978, el catalán Jordi Llopart (1952) había ganado la primera medalla española en un Campeonato de Europa al aire libre, con su oro en 50 Km marcha. El mismo atleta inauguró en medallero histórico atlético olímpico con una plata en la misma distancia en 1980. En 1982, el atletismo español se sorprendía a sí mismo con 5 medallas en el Europeo al aire libre. En 1983, en el primer Campeonato del Mundo al aire libre, España también se llevó una presea, de plata, en 50 Km marcha de la mano de otro catalán, José Marín (1950). En 1984, el cántabro José Manuel Abascal (1958), con su bronce olímpico en 1500 m, se convirtió en el primer medallista olímpico español en una prueba atlética en pista. Se trataba de un gran bagaje, comparado con el pasado reciente del atletismo patrio, pero que palidecía ante los países punteros del atletismo europeo. En el equipo español dos nombres brillaban con luz propia, el toledano José Luis González (1957), plusmarquista español de 1500 y 5000 m, y Abascal, como se ha indicado, medallista olímpico en 1500 en 1984 y plusmarquista de la competición con 3:33,63 de 1983. Poseían respectivamente la 6ª y 7ª mejor marca de siempre entonces en el kilómetro y medio. Ambos llegaban a Praga en buena forma. El toledano correría los 1500 m y el cántabro los 5000 m. Entonces se disputaba el programa olímpico completo de pista, salvo la combinada.

González entró en liza el sábado 27 de junio. De la actuación española hasta entonces destacaba la del vallista José Alonso (1957), que había sido tercero en los 400 m vallas. El máximo rival de González era el británico Steve Cram (1960), plusmarquista mundial de la milla y campeón de Europa de 1500 m, ante quien el toledano solía ceder. La carrera resultó muy lenta, con un pase de 2:41,26 en los 1000 m. En la última vuelta Cram se colocaba en primera posición. A falta de 200 m parecía inalcanzable, pero González logró igualarlo y superarlo en la última recta. El toledano corrió en 3:45,49, 0.05 menos que su rival. Para ello tuvo que realizar 50,2 en la última vuelta. No batía al británico desde 1981.

La de González no sería la única victoria de ese día. Para los 10 000 m, el director técnico Carlos Gil (1931 – 2009) había decidido confiar en el soriano Abel Antón (1962). Antón era entonces un buen corredor de 5000 m, acreditado en 13:25,81, capaz de correr los 1500 m en 3:37,5, y con un final rapidísimo. Nunca había disputado los 10 Km en pista, pero se confiaba en su capacidad de acelerar en la última recta en una previsible carrera táctica. El favorito para llevarse la victoria era el italiano Salvatore Antibo (1962), bronce el año anterior en el Europeo de la distancia, y dotado también de un tremendo final. El cálculo salió redondo para los intereses de España. Una carrera lenta acabó con el italiano y el español codo a codo en la última recta luchando por la victoria que cayó del lado de Antón por 0.04 en 28:46,65. El soriano acabaría siendo campeón de Europa de 10 000 m en 1994, y doble campeón mundial de maratón en 1997 y 1999. España acababa el primer día en 6ª posición, con una renta de 5,5 puntos sobre Polonia, que cerraba la clasificación. La permanencia era posible.

El segundo día resultó menos complicado de lo esperado. A falta de los 5000 m y del relevo 4 x 400, España no había tenido ninguna actuación de relumbrón, pero los atletas españoles habían sabido pelear por cada punto, mientras Polonia tenía una desafortunadísima actuación. La permanencia era casi un hecho, cuando Abascal tomó la salida en los 5 Km. El cántabro se enfrentaba al británico Tim Hutchings (1958), bronce en el Europeo el año anterior y actual comentarista de Eurosport, y al italiano Antibo, como rivales más destacados. La carrera se disputó a ritmo decreciente con pasos de 2:40,99, 5:24,31, 8:16,07 y 10:59,88. Abascal, siempre en control de la carrera, esperó hasta la última vuelta, momento en que cambió de ritmo y se llevó la victoria con 13:32,87, en aquel momento plusmarca del campeonato, con casi 2 segundo de ventaja sobre Hutchings, quien aplaudía desde el suelo la victoria del español.

Hutchings Abascal (2)
Hutchings aplaude a Abascal, tras la victoria del español en los 5000 m de la Copa de Europa

Finalmente, en una competición ganada por la Unión Soviética, España fue 7ª con 72 puntos, 16 por encima de Polonia, que se iba a la Copa de Europa B, mientras Francia volvía a la máxima categoría. El fin de semana se completó con el ascenso en categoría femenina a la Copa de Europa B.

Hace 32 años, el atletismo español, que poco antes se había asomado tímidamente al territorio de los mejores, conseguía mantenerse en la élite europea. Aunque hoy no lo parezca, fue una gran proeza, que lució aun más con las magníficas victorias de González, Abascal y Antón.

 

Las cuatro finales olímpicas de 800 m de Johnny Gray (y II)

Sin duda, la final olímpica de Seúl debió resultar muy frustrante a Johnny Gray (1960). A pesar de tener la mejor marca mundial del año, en ningún momento dio la sensación de luchar por las medallas, en una prueba en la que el ritmo alto al que se corrió le favorecía claramente. Pese a este relativo revés, Gray continuó en buena forma en los años siguientes. Así corrió en 1:43,19 en 1989, en 1:43,72 en 1990 y en 1:43,84 en 1991, año en que disputó la final del campeonato del Mundo al aire libre de Tokio, donde fue 6º. El estadounidense trató de imponer un ritmo ligero, pasando el primer giro en 51,01. Se mantuvo en cabeza hasta que faltaban 120 metros y acabó a trompicones en la última recta en 1:45,67, muy lejos del campeón, el keniano Billy Konchellah (1964), 1:43,99. Esta es la única final de ámbito mundial al aire libre de la historia en la que hubo presencia española, con el cántabro Tomás de Teresa (1968).

1992 volvía a ser año olímpico. Gray había conseguido mantenerse entre los mejores del mundo. Seguía corriendo fácilmente por debajo de 1:44,00 y terminaba las temporadas sin grandes problemas físicos que interrumpiesen su preparación. Por tercera vez, volvía a tener la oportunidad de buscar el podio en la final olímpica, un camino nada fácil que empezaba con las pruebas nacionales de selección, que se celebraban en Nueva Orleans. La final de 800 m tuvo lugar el 24 de junio y Gray no dio opción. Se colocó en cabeza desde el inicio, con pases de 24,1, 49, y 1:15,7, y terminó con una nueva plusmarca del campeonato de 1:42,80, que mejoraba en casi 1 s los 1:43,74 que él mismo compartía con Earl Jones (1963) desde hacía 8 años. Aventajó al Mark Everett (1968), segundo, en 0,87.

Everett, que el año anterior había corrido los 400 m en 44,59, pudo resarcirse de su derrota unos días después, el 4 de julio en Oslo, cuando se impuso con 1:43,40, su mejor marca entonces, mientras Gray marcaba 1:43,51. Este no volvió a competir hasta la primera ronda de los 800 m olímpicos, el 1 de agosto en Barcelona. En lugar de 4 rondas, se disputarían 3, con 3 semifinales. A la final pasarían los dos primeros de cada serie y los dos mejores tiempos. Esta fórmula, en la que el azar representa un papel muy importante y con la que claramente los participantes en la última serie tienen una notable ventaja sobre el resto, es la que se ha impuesto desde entonces. Esta vez Gray era el favorito. De todos los participantes, además de él mismo y Everett, tan solo su compatriota José Parilla (1972) y el keniano William Tanui (1964), con 1:43,97 y 1:43,62 respectivamente, habían bajado ese año de 1:44,00. Gray se impuso en su serie eliminatoria del 1 de agosto con 1:46,62 y en su semifinal del día 3 con 1:45,66.  En la final se enfrentaría a Everett, a los kenianos Tanui y Nixon Kiprotich (1962), finalista en la edición anterior, igual que el brasileño José Luis Barbosa (1961). Completaban la lista de participantes el italiano Andrea Benvenutti (1969), el británico Curtis Robb (1972) y el argelino Rea Abdenouz (1968). Gray había anunciado a bombo y platillo que repetiría la táctica de las pruebas de selección de Nueva Orleans, pero le funcionó a medias. Tomó la cabeza desde el principio, con 49,99 en la primera vuelta. Le sobraron los últimos 50 m, en los que resultó sobrepasado por Tanui, que se hacía con el oro en 1;43,66, y Kiprotich, plata con 1:43,70. Gray, con 1:43,97, ganaba su primera y única medalla olímpica.

La medalla de bronce probablemente tuvo un sabor agridulce para Gray. La final olímpica de 1992 parecía bastante asequible para él. Estaba en buena forma y ninguno de los finalistas había corrido tan rápido como él nunca, pero no pudo culminar la carrera como en Nueva Orleans. Tras los Juegos su rendimiento bajó mucho. Fue 7º en Zúrich con 1:45,35 y 2º en Berlín con 1:45,20.

En los años siguientes a los Juegos continuó corriendo regularmente por debajo de 1:44,00. Sus mejores marcas fueron 1:44,03 en 1993, 1:43,73 en 1994 y 1:43,36 en 1995. Sin embargo, su rendimiento en los Campeonatos del Mundo al aire libre no fue acorde con sus registros. No pasó a la final en 1993 y no se clasificó para la competición en 1995. Pero una vez más, los Juegos Olímpicos serían su talismán. Tendrían lugar en Atlanta en julio de 1996. Un mes antes se celebraron en el futuro estadio olímpico, las pruebas de selección. Gray se impuso por tercera vez consecutiva, con mucha autoridad, marcando 1:44,00. Lideró la prueba desde el principio imponiendo su ritmo.

Unos días después mejoró su marca del año hasta 1:43,93. Su objetivo era, una vez más, estar en la final olímpica. Esta vez, había varios atletas que llegaban a los Juegos con mejor tiempo que Gray. El mejor marquista del año era el danés de origen keniano Wilson Kipketer (1972), que poco antes de los Juegos había corrido en 1:42,51. Sin embargo, la IAAF no reconocía el cambio de nacionalidad y no le permitió estar en Atlanta. De los participantes, el poseedor del tiempo más rápido era el noruego Vebjørn Rodal (1972) con 1:42,95. Pese a la ausencia de Kipketer el nivel era altísimo. Como en Barcelona, 4 años antes, había tres rondas con tres semifinales. Gray se impuso en la 5ª serie de la primera ronda cn 1:45,89 y fue segundo en la segunda semifinal con 1:44,00. Con 36 años, Gray se convertía por cuarta vez en finalista olímpico de los 800 m. Un viejo conocido suyo, el brasileño José Luiz Barbosa, también había tomado parte en las últimas 4 ediciones del 800 olímpico pero solo había alcanzado dos finales. Gray decidió correr, una vez más, a lo Gray. Se colocó en cabeza y pasó la primera vuelta en 49,55. Se mantuvo en la primera posición hasta la última recta, que se le hizo eterna. Acabó, como 12 años antes, en 7ª posición con unos buenos 1:44,21. Por delante, 4 atletas superaban la plusmarca olímpica de 1:43,00, en poder de Joaquim Cruz (1963) desde 1984, con victoria de Rodal en 1:42,58. Pero pese al impresionante triunfo del noruego, la pregunta que flotaba en el aire era sobre lo que habría podido hacer Kipketer de haber participado.

Esta vez, Gray lo había dado todo y su 7º puesto, de la forma en que se produjo y con el tiempo conseguido, se puede considerar excelente. Atlanta fueron sus últimos Juegos, como no podía ser de otra manera, pero Gray continuó compitiendo magníficamente otros 4 años más. Realizó 1:44,56 en 1997, 1:45,47 en 1998 y 1:45,38 en 1999, ya con 39 años, tiempo que le valió para imponerse en los Juegos Panamericanos. En 2000, tomó parte en por sexta vez en las pruebas de selección olímpica, aunque no pasó de la primera ronda. En 2001, con 40 años, aún corrió en pista cubierta en 1:48,81.

Desde su retirada, Gray continúa vinculado al atletismo como entrenador, en la actualidad en la Universidad Central de Florida. Como atleta, Gray llevó a cabo el complicado logro de estar en 4 finales olímpicas de la misma prueba, en una carrera tan exigente como los 800 m. Mostró una gran regularidad, con 12 temporadas entre los 5 mejores del año de la distancia, en dos ocasiones el mejor. Hoy no es tan extraño ver atletas rondando la cuarentena rindiendo a gran nivel, pero en los 90, fuera del maratón, era excepcional. Sin duda, un atleta excelente al que le faltó culminar su carrera con un oro olímpico.

Los españoles campeones de Europa de 800 m en pista cubierta

La carrera de 800 metros en pista cubierta representa uno de los mejores caladeros de medallas para el atletismo español. Con el último oro del salmantino Álvaro de Arriba (1994), un total de 6 veces se han subido atletas españoles a lo más alto del podio. Además. España ha conseguido 9 platas y 6 bronces, un total de 21 medallas.

El primer campeón español fue el granadino Antonio Páez (1956). Tras ser 6º en 1977 en San Sebastián, en 1979, en Viena se hizo con el oro, con 1:47,4. Fue la única medalla para España en ese Europeo y la primera vez que un atleta español se subía a lo más alto del podio en un campeonato continental en sala. Hasta entonces, tan solo se habían ganado tres medallas, Juan Borraz (1946) plata en 800 m y Javier Álvarez Salgado (1943) y Rafael Blanquer (1945) bronce en 3000 m y salto de longitud respectivamente, los tres en el primer campeonato de Europa, celebrado también en Viena, en 1970. El granadino se convirtió en una celebridad. Incluso formó parte del jurado del festival de Eurovisión ese mismo año. Posteriormente, consiguió el bronce en la misma prueba en 1981 y repitió el oro en 1982, en Milán, con otro español, el leonés Colomán Trabado (1958) en tercera posición. Este fue el último éxito de Páez. Al aire libre fue olímpico en 1980, año en que se convirtió en plusmarquista nacional con 1:45,69. Fue dos veces campeón de España en sala y una al aire libre. En la última parte de su carrera deportiva era habitual verlo hacer el papel de liebre en las reuniones nacionales. Se retiró en 1990.

Tras su bronce en 1982, Colomán Trabado sucedió a Páez en 1983 como campeón de Europa en sala de 800 m. Entonces los campeonatos eran anuales. Se hizo con el oro en una excelente carrera, con 1:46,91, en la que superó al joven británico Peter Elliot (1962). En 1985 ganó el 800 m de los Juegos Mundiales en pista cubierta, competición antecesora del Campeonato Mundial. Al año siguiente, en Madrid, fue subcampeón continental en sala en 800 m. Al aire libre fue plusmarquista español con 1:45,15. Tomó parte en los Juegos Olímpicos de 1980 y 1984. Mostró una tremenda superioridad en las competiciones nacionales con 10 campeonatos de España al aire libre (9 en 800 y 1 en 1500) y 7 en 800 m en pista cubierta.

El siguiente campeón fue el madrileño Luis Javier González (1969) en 1992, en Génova. Anteriormente, en 1990, Tomás de Teresa (1968) había conseguido la medalla de plata. A partir de 1990 la periodicidad de los campeonatos fue bianual. Luisja protagonizó en Génova un gran duelo con el asturiano José Arconada (1994), que se resolvió a su favor con doblete español. En 1994, en París, el madrileño volvió al podio como subcampeón. Al aire libre, fue olímpico en 1992 y plusmarquista español con 1:44,84. Ganó 4 campeonatos de España al aire libre y 2 en pista cubierta.

 

En la siguiente edición, en 1996, en Estocolmo, hubo un nuevo campeón español, el manchego Roberto Parra (1976). Estuvo siempre atento, en una carrera lanzada por el coruñés Andrés Díaz (1969), hasta su victoria en la última recta. Parra, un atleta con un enorme talento y un correr elegantísimo, se había hecho con la victoria en el Europeo Junior (sub20) el año anterior, con unos excelentes 1:45,90. En la temporada al aire libre de 1996 realizó su mejor marca de siempre, 1:44,97, cuando se impuso en la Superliga Europea. Un calvario de lesiones cortaron su progresión y le impidieron acudir a los Juegos Olímpicos de 1996, aunque pudo hacerlo 4 años más tarde. Sorprendió en 2003 con unos magníficos 3:34,66 en pista cubierta en 1500 m. No obstante, los problemas físicos no dejaron de acompañarlo y lo forzaron a retirarse en 2005. Fue 5 veces campeón de España en pista cubierta y 2 al aire libre.

Tuvieron que pasar 23 años hasta volver a ver un corredor de 800 m español en lo más alto en un Europeo en sala. Durante ese tiempo, de buenos ochocentistas, sí hubo varias medallas. Antonio Reina (1981) fue bronce en 2002 y plata en 2005, Kevin López (1990) también ganó un bronce, en 2011, y una plata, en 2013. Miguel Quesada (1979) y Luis Alberto Marco (1986) fueron plata en 2007 y 2009 respectivamente, y Juan de Dios Jurado (81) y el propio Álvaro de Arriba bronce en 2005 y 2017.

Álvaro de Arriba mostró en Glasgow una enorme superioridad, que lo llevó a la victoria con una gran autoridad. Hizo una carrera impecable tácticamente. Acreditado en 1:44,99 al aire libre, es un buen competidor. Además del bronce en el mismo campeonato hace 2 años, fue 5º en el Mundial en sala en 2017. Al aire libre consiguió sendos 7º puestos en 2016 y 2018 en los campeonatos de Europa.

Las perspectivas del 800 español al aire libre son buenas, con de Arriba, con el plusmarquista nacional Saúl Ordóñez (1994), 1:43,65, con Daniel Andújar (1994), 1:45,17, y con el soprendente Mariano García (1997), 4º en Glasgow. El reto es superar el 8º puesto de Tomás de Teresa en el Mundial de 1991, la única presencia de un español en una final de un campeonato de ámbito mundial.