¿Realmente valió alguna vez Sebastian Coe 3:28?

En la última entrada de su blog (lástima que no escriba más) Dosis de atletismo, el gerente de la SD Correcaminos y un gran experto en historia del atletismo, Juan Manuel Botella, escribe sobre la cena oficial de la organización que tuvo lugar el día anterior al campeonato del mundo de medio maratón de Valencia. En esta cena, Juan compartió mesa y mantel con Sebastian Coe (1956), dos veces campeón olímpico de 1500 m y actual presidente de la IAAF. Aunque el lord británico no estaba muy por la labor de hablar de su pasado atlético, Juan finalmente consiguió que rememorase sus años mágicos de atletismo, especialmente el año 1981. Dijo Coe que aquel año podría haber hecho 3:28, si la liebre no hubiesen ido tan rápido.

Se refería Coe al único 1500 que corrió era temporada, en la que se centró en los 800 m y en la milla. Su única incursión en el kilómetro y medio tuvo lugar el 7 de julio. El británico había conseguido el mes anterior una estratosférica plusmarca de 800 m, 1:41,73. El objetivo en Estocolmo eran los 3:31,36 que Steve Ovett (1955) tenía como plusmarca mundial desde al año anterior. Para ello los organizadores contrataron para el papel de liebre a James Robinson (1954), ochocentista acreditado entonces en 1:44,70 y 5 veces campeón de Estados Unidos. Parecía el perfecto marcapasos, pero desde el inicio impuso un ritmo exageradamente rápido, 51,5 en los primeros 400 m y 1:47,4 tras dos vueltas, momento en que abandonó. Coe, pese a seguirlo a cierta distancia, hizo 52,43 y 1:49,18. Ya en solitario marcó 2:18,81 en el kilómetro y 2:48,32 en el 1200. Le bastaba 43,03 en los últimos 300 m, pero, desfondado, realizó 43,63 para una marca personal de 3:31,95.

Coe estaba en estado de gracia.  Cuatro días después en Oslo corría el kilómetro en otra sobresaliente plusmarca mundial de 2:12,18. La última parte de la temporada la dedicó a competir, a distancia, con Steve Ovett por la plusmarca mundial de la milla. La primera plusmarca mundial de Coe fue de 3:48,95 (homologada 3:49,0) en 1979. Al año siguiente, la IAAF consideró con los 3:48,8 de Ovett eran superiores al tiempo de Coe. El 19 de agosto, en Zúrich, Coe con 3:48,53 recuperaba el tope universal de la milla. Una semana después en Coblenza, Ovett se iba a 3:48,40. Tan solo dos días más tarde en Bruselas, Coe zanjaba la lucha con 3:47,33. El 4 de septiembre cerraba la temporada con victoria en los 800 m de la Copa del Mundo de Roma, justo delante de James Robinson.

La temporada de 1981 fue perfecta para Coe. De un total de 39 carreras disputadas, incluyendo 5 relevos, tan solo sufrió una derrota individual, en una carrera de 200 m de ámbito regional. Estuvo en plena forma 3 meses, junio, julio y agosto. Probablemente con un ritmo más razonable en el 1500 de Estocolmo habría superado la plusmarca mundial de 3:31,36 y, tal vez, habría roto la barrera de los 3:31,00 o, incluso, acercarse a 3:30,00, pero, ¿realmente valía 3:28? En un entorno hipercompetitivo y, sin duda, muy motivante por la rivalidad con Ovett, Coe realizó una entonces excepcional marca de 3:47,33, 1,07 menos que la reciente plusmarca de Ovett. Según las tablas de la IAAF, equivale a 3:30,64. En 1985, Steve Cram (1960) y Said Aouita (1959) mejoraron la marca de Coe con 3:46,32 y 3:46,92. Esa misma temporada sus marcas de 1500 m fueron respectivamente 3:29,67 y 3:29,46, en el caso del británico, prácticamente clavando las equivalencias de la IAAF (3:46,28 equivale a 3:29,66). Tendrían que pasar 7 años para que un atleta corriese en 3:28. Lo hizo el argelino Nourredine Morceli (1970) el 6 de septiembre de 1992, al marcar en Rieti 3:28,86, tiempo equivalente a 3:45,45 en la milla. El argelino realizó al año siguiente 3:44,39 en la distancia británica. No parece que Coe estuviese en condiciones de correr tan rápido en 1981.

Según sigue contando Juan Botella, otro argumento que da el actual presidente de la IAAF a favor de esos hipotéticos 3:28 es que consiguió su mejor marca personal de 1500 m, 3:29,77, en 1986, cuando ya no era su mejor versión. Sin embargo, que suceda esto no es infrecuente. En ocasiones, atletas de calidad excepcional son capaces de hacer una gran carrera, aunque ya no sean regulares en la competición. El propio Ovett hizo su mejor 1500, 3:30,77, en un año relativamente discreto, en el que no fue capaz siquiera de subirse al podio en el Mundial de 1983. También Steve Cram corrió en 1987 en 3:31,43 y en 3:30,95 en 1988, en el segundo caso mejor marca de ese año, y se quedó fuera de los puestos de honor en el Mundial de Roma y en los Juegos de Seúl.

Quizá el paso del tiempo y los tiempos posteriores de los 1500 m llevaron a Coe a sobrevalorar su propia capacidad en 1981, año en el que pensar en correr en 3:28 semejaba la velocidad de la luz.

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Las tres magníficas carreras de Ben Jipcho en Christchurch 1974

Los Juegos de la Commonwealth de 1974, celebrados entre el 24 de enero y el 2 de febrero en la ciudad neozelandesa de Christchurt, se recuerdan, en lo que al atletismo se refiere, por la carrera de 1500 m en la que no solo el tanzano Filbert Bayi (1953) superó la plusmarca mundial sino que también se revolucionó la lista mundial de siempre. Sin embargo, además del 1500, el resto de las distancias de medio fondo y fondo tuvieron un nivel altísimo. Como prueba, salvo en los 10 000 m, que se corrieron 8 segundos más lento, en el resto de las pruebas de media y larga distancia las marcas logradas por los ganadores fueron superiores a las de los Juegos Olímpicos celebrados dos años antes. Uno de los protagonistas de esta gran actuación colectiva, ensombrecido por los resultados del kilómetro y medio, fue el keniano Ben Jipcho, que se hizo con el oro en las pruebas de obstáculos y 5000 m y fue medalla de bronce en los 1500 m.

Benjamin Waruba Jipcho nació en el distrito Mount Elgon, en la provincia Occidental de Kenia. Comenzó a practicar atletismo tardíamente, a los 23 años, siendo guardia de prisiones. Su progresión fue muy rápida, pues dos años después lograba la clasificación para el 1500 de los Juegos Olímpicos de México 1968. Para ello, la federación keniana celebró una milla, en la que se impuso el favorito Kip Keino (1940). Jipcho fue segundo con 3:59,8, la primera vez que bajaba de 4 minutos. En la capital mexicana, logró clasificarse para la final. Allí marcó un ritmo rapidísimo con 56,0 en los primeros 400 m, para su compañero Keino, que lo sobrepasó antes de llegar al 500. Keino se coronó brillantemente campeón olímpico. Jipcho fue 10º.

Tras una insulsa temporada posolímpica, Jipcho decidió centrarse en los obstáculos. Los buenos resultados no se hicieron esperar. En 1970, en la final de los Juegos de la Commonwealth, en una carrera de muy alto nivel, con el campeón y subcampeón olímpicos, los kenianos Amos Biwott (1947) y Benjamin Kogo (1944), y el plusmarquista mundial, el australiano Kerry O’Brien (1946), Jipcho fue plata, con plusmarca personal de 8:29,6, detrás de otro australiano, Tony Manning (1943). Al año siguiente, igualó su registro de obstáculos y mejoró sus marcas de la milla y de 5000 m a 3:56,4 y 13:40,8.

En 1972, el objetivo del keniano eran los Juegos Olímpicos de Munich. Poco antes de los Juegos demostró su buena forma con tres tiempos en obstáculos de 8:28,8, 8:28,6 y 8:27,13. Su gran rival sería su compatriota Kip Keino que, debido a la incompatibilidad horaria del 1500 y el 5000, decidió intentar el doblete olímpico en obstáculos, prueba que no había corrido hasta ese año, y al kilómetro y medio. Llegó a Munich con 8:25,0. Hubo 4 series semifinales. Keino fue 2º en la primera, detrás del finlandés Tapio Kantanen (1949), quien con 8:24,8 conseguía una efímera plusmarca olímpica. Jipcho se impuso en la segunda con 8:31,6. Keino, Jipcho y el anterior campeón olímpico Biwott, que hizo 8:23,8 en su serie, conseguían por primera vez que hubiese tres kenianos en la final de obstáculos, algo que hoy es lo habitual.

Con un estilo poco ortodoxo, Keino consiguió hacerse con la victoria haciendo su mejor marca de 8:23,64. El polaco Bronislaw Malinowski (1951-1981) dio paso al segundo kilómetro en 5:44,73, con los tres kenianos inmediatamente detrás. Al paso por la penúltima ría, Keino se colocó en cabeza, posición que prácticamente ya no abandonaría. Jipcho y Kantanen trataron de no perder comba. Jipcho superó brevemente a su compatriota a falta de poco más de 200 m, pero duró menos de 1 segundo. Keino cambió de ritmo y abrió un pequeño hueco con sus perseguidores. Kantanen, que había adelantado a Jipcho en la última ría parecía que sería segundo, pero un último esfuerzo de Jipcho le permitió ganar la medalla de plata.

Jipcho siguió centrándose principalmente en los obstáculos al año siguiente de 1973. A principios de enero, tras ganar con facilidad los 5000 m de los Juegos Africanos, repitió victoria en los obstáculos con 8:20,69, marca que superaban los 8:20,8 que el sueco Anders Garderud (1946) tenía como plusmarca mundial desde hacía pocos meses. Sin embargo, las dimensiones de la ría no eran reglamentarias, por lo que la marca no se pudo homologar. La organización se sintió muy abatida por este problema. Entre las numerosas disculpas que recibió Jipcho estuvieron las de Yakubu Gowon (1934), el jefe del Gobierno militar nigeriano. Gowon fue de los primeros en felicitar al keniano cuando el 19 de junio se convirtió en el primer atleta en correr los obstáculos en menos de 8:20,0. al correr en Helsinki en 8:19,8. Era la primera vez en la historia que un keniano tenía la plusmarca mundial de obstáculos. Poco depués, el 27 de junio, también en Helsinki, con parciales de 2:48,0, 2:45,0 y 2:41,0, Jipcho se fue a unos entonces estratosféricos 8:13,91. Ese año el keniano también mejoró en los 1500 m, la milla y los 5000 m con tiempos de 3:36,6, 3:52,0 y 13:30,0, además de la plusmarca continental africana de las 2 millas, 8:16,38.

La temporada de 1974 comenzaría con los Juegos de la Commonwealth, a finales de enero. Tras alcanzar un estado de forma excelente, Jipcho decidió tomar parte en las pruebas de obtáculos, 5000 y 1500 m, que tendrían lugar en el espacio de una semana. La final directa de obstáculos se celebró el 26 de enero. En el último kilómetro, el keniano se había quedado solamente con el galés John Davies (1952) y su compatriota Evans Mogaka (1949). Estos dos se vieron involucrados en una caída a falta de 300 m, lo que permitió a Jipcho ganar fácilmente con unos excelentes 8:20,8.

Al día siguiente, 27 de enero, Jipcho se clasificó sin problemas para la final de 5000 m, corriendo en 13:57,2. La final, celebrada 2 días después, resultó una magnífica carrera, muy disputada y con un ritmo trepidante. El inglés David Black (1952) se encargó de avivar el ritmo la primera parte de la prueba. A falta de 2400 m, otro inglés, Brendan Foster (1948), pasó a la primera posición con un fuerte cambio de ritmo, con el que se llevó a Jipcho. Black volvió a la carga cuando quedaban 1800 m para la meta. En la última vuelta, Foster recuperó la primera posición con un gran acelerón que dejó definitivamente a Black. El oro era cosa de dos, un inglés y un keniano.  La victoria se decidió en la última recta, en la que finalmente Jipcho consiguió derrotar a Foster por un estrecho margen 13:14,4 frente a 13:14,6, en aquel momento 2ª y 3ª mejores marcas mundiales de siempre.

Tras sus victorias en los obstáculos y en los 5000 m, Jipcho aspiraba al oro en los 1500 m, cuya semifinal tuvo lugar el 31 de enero. El keniano superó esta ronda sin problemas con 3:43,6. La final, el 2 de febrero, fue uno de los mejores 1500 de la historia. Filbert Bayi impuso un ritmo rapidísimo desde el primer metro con pases de 54,4, 1:51,8 y 2:50,3. Jipcho terminó en 3:33,16, superando su marca en más de 3 segundos y prácticamente igualando la plusmarca mundial de Jim Ryun (1947), 3:33,1, pero no pudo con el fenómeno tanzano, que terminaba en un nuevo tope universal, 3:32,16, ni con el neozelandés John Walker (1952), 3:32,52.

Aunque la plusmarca mundial de Bayi eclipsó el resto de las carreras, el rendimiento de Jipcho fue superlativo. Consiguió dos oros con tiempos próximos a los topes mundiales y se hizo con un bronce en un 1500 histórico. Christchurch supuso, sin embargo, el punto más alto de la carrera atlética del keniano. Inmediatamente después de los Juegos de la Commonwealth  se unió al grupo profesional International Track Association (ITA) del que también formaban parte atletas de la categoría de Keino o los cuatrocentistas Lee Evans (1947) y Larry James (1947 – 2008), oro y plata en la vuelta a la pista de los Juegos de México. Jipcho compitió dos años más con esta asociación, pero su rendimientos distó mucho del que había tenido en sus últimos años como amateur. Para siempre quedará la duda de lo que habría podido rendir si 1974 hubiese sido año olímpico.

Tomás de Teresa, el ochocentista español con mejor palmarés internacional

En el último campeonato de Europa al aire libre, celebrado este agosto en Berlín, el atletismo español tenía fundadas esperanzas para hacerse con una medalla en la prueba de 800 m masculinos. Unas semanas antes, el leonés Saúl Ordóñez (1994), bronce en el mundial en sala en marzo, había superado la plusmarca española con 1:43,65, que era, a su vez, la mejor marca europea del año. Por su parte, el salmantino Álvaro de Arriba (1994) también había mejorado su marca al correr en 1:44,99. Las expectativas, sin embargo, no se cumplieron. Ordóñez no pudo entrar en la final, mientras de Arriba fue 7º, el mismo resultado que en el Europeo de 2016. Con de Arriba son 8 los atletas españoles finalistas en el 800 del Campeonato de Europa al aire libre a lo largo de su historia.

El primer finalista español en un Europeo de 800 m al aire libre fue Alberto Esteban (1943). El atleta zaragozano, 3 veces campeón de España en la prueba, acudió al Europeo de Budapest de 1966 como plusmarquista español con 1:48,0, marca con la que superaba el tope español anterior de Tomás Barris (1930). En la final del Europeo volvió a mejorar con 1:47,4, lo que le valió el 7º puesto. El almeriense Antonio Fernández Ortiz (1948) se convirtió en plusmarquista español en el campeonato de España de 1972, cuando corrió la prueba en 1:46,8, superando al pontevedrés Manuel Carlos Gayoso (1944), 1:47,9. Gayoso, que unos días después mejoró a 1:47,2 había decidido subir a los 800 m tras una exitosa carrera en los 400 m lisos y los 400 m vallas. En los Juegos de Múnich fue el mejor semifinalista que no se clasificó para la final, oficialmente 9º. Ocupó la 5ª plaza en la 3ª semifinal, la más rápida, con 1:47,9 a 1,0 del 4º, que sí entró en la ronda definitiva.

El barcelonés Andreu Ballbé (1952) llevó en 1976, año en que fue olímpico, la plusmarca española a 1:46,59. Cuatro años más tarde, el madrileño Antonio Páez (1956) corrió la distancia en 1:45,69. El año anterior había sido campeón de Europa en Sala, título que repitió en 1982, tras un bronce en 1981. El medallista de bronce en la edición de 1982 fue el leonés Colomán Trabado (1958), 9 veces campeón de España de 800 m y una de 1500 m. Trabado fue oro europeo en sala en 1983 y plata en 1986. Fue oro en los Juegos Mundiales de Pista Cubierta de 1985, competición antecesora de los Mundiales en Sala. Al aire libre se hizo con la plusmarca española en 1984 con 1:45,15. Pese a sus éxitos en sala y su indiscutible dominio en España, Trabado no pudo ser finalista en un gran campeonato al aire libre. Esto lo conseguiría su sucesor como plusmarquista nacional, el cántabro Tomás de Teresa.

Tomás de Teresa Colina nació en Santoña el 5 de septiembre de 1968. Comenzó a destacar ya en categorías inferiores. Fue campeón de España juvenil (sub18) en 1985 y junior (sub20) 1986. En 1987 se proclamó campeón de Europa junior (sub20) de 800 m en Birmingham, en la que él mismo define como su mejor carrera. De Teresa controló muy bien la carrera, en la que se pasó en 54,30 a falta de una vuelta. Atacó en el 600 y se llevó la victoria con 1:49,37. Terminó esa temporada con una mejor marca de 1:48,67.

Fue olímpico en Seúl y medalla de plata en el Europeo en sala de 1990. Ese año, al aire libre, se convirtió en el primer español en correr por debajo de 1:45,00. Ocurrió el 30 de mayo en el Gran Premio Diputación de Sevilla. En una carrera rapidísima, ganada por Peter Elliot (1962) con 1:42,97, de Teresa fue 4º con 1:44,99, seguido del asturiano José Arconada (1964), con 1:45,02. La anterior mejor marca personal del cántabro era 1:46,26 del año anterior.

El año de 1991 comenzó muy bien para de Teresa con la plata en el Mundial en sala celebrado en Sevilla. Y acabó no menos bien con el puesto de finalista en el Mundial al aire libre de Tokio. Hasta hoy, de Teresa es el único ochocentista español que ha conseguido entrar en la final de un campeonato de ámbito mundial. El cántabro fue 2º en las series eliminatorias detrás del campeón olímpico, el keniano Paul Ereng (1967) y ocupó la 3ª posición en la segunda y última semifinal, con el mismo tiempo que Ereng, 2º, ambos precedidos por el brasileño José Luiz Barbosa (1961). En una final de muy alto nivel, ganada por el keniano Billy Konchellah (1961) con 1:43,99, de Teresa fue 8º con 1:47,65.

A finales de 1991, de Teresa decidió dar un giro a su carrera atlética y se fue a entrenar con Enrique Pascual (1957) a Soria, tras 6 años en Madrid con Manuel Pascua (1933). El gran objetivo para 1992 era, lógicamente, entrar en la final olímpica. La prueba de 800 m tenía tres rondas. Fue 2º en la 3ª serie detrás del estadounidense Johnny Gray (1960). La siguiente ronda se componía de tres series semifinales. Entrarían en la final los 2 primeros de cada serie y dos tiempos de repesca. El cántabro fue 4º en la primera serie con 1:46,08. Tras la celebración de las otras dos semifinales, se quedó fuera de la final por tan solo 0,02. Igualó el puesto 9º de Gayoso de 20 años antes, si bien estuvo mucho más cerca de la final.

Tras una discreta temporada de 1993, en 1994 volvió a tener una gran actuación al aire libre, en el Europeo de Helsinki. Superó fácilmente la primera ronda y no se desgastó, viéndose clasificado, en la semifinal. En la final, tras un paso lento de 54,29 atacó el noruego Vebjørn Rodal (1972). En la última curva parecía que de Teresa se quedaba, pero, tras entrar encerrado en la última recta ocupando la 6ª posición, consiguió remontar hasta alcanzar el bronce, a 0,04 de Rodal, plata, finalmente superado por el italiano Andrea Benvenutti (1969). Hubo otro español finalista, el malagueño José Manuel Cerezo (1973), que ocupó la 7ª posición.

Helsinki fue el punto más alto en la carrera de de Teresa. Siguió compitiendo hasta 1997, si bien su rendimiento fue decreciendo. En el ámbito nacional consiguió tres oros en los campeonatos de España, en 1989, 1994 y 1995. Fue un gran competidor que rendía por encima de su valor cronométrico en los campeonatos importantes.

A de Teresa lo sucedió en la tabla de plusmarcas españolas el madrileño Luis Javier González (1969), quien corrió en 1:44,84 en 1993. Fue campeón de Europa en sala en 1992, donde se despachó con unas contundentes declaraciones sobre la variable azar en el rendimiento atlético, y plata en 1994. Posteriormente, en 2002, el sevillano Antonio Manuel Reina (1981) marcó 1:44,11 y un mes después 1:43,83, tiempo que le valió para vencer brillantemente en la Copa del Mundo, que se celebraba en Madrid. En 2012 fue 4º en el Europeo al aire libre. En sala fue 4º en el Mundial de 2003, bronce en el Europeo de 2002 y plata en el de 2005. La plusmarca española de Reina duró hasta 2012, año en que otro sevillano, Kevin López (1990), realizó 1:43,72. López había sido 6º, con un tercer sevillano, Luis Alberto Marco (1986), 7º, en el Europeo al aire libre de 2010. En pista cubierta consiguió el bronce en 2011 y la plata en 2013. El otro español finalista en Europeos al aire libre de 800 m es el vallesano Miguel Quesada (1979), 5º en 2006.

Como se indicó al principio, el último plusmarquista español es, desde este año, Saúl Ordóñez con 1:43,65. Pese a no alcanzar la final de este año del Europeo al aire libre, a sus 24 años tiene tiempo para mejorar y que Tomás de Teresa deje de ser el ochocentista español con mejor palmarés internacional.

¿Habría podido el mejor Coe con el Cruz de Los Ángeles 84?

Tras la publicación de la segunda parte de la entrada sobre Joaquim Cruz, surgió un pequeño debate sobre lo que habría podido ocurrir si el brasileño se hubiese enfrentado al mejor Sebastian Coe, el de 1981. El deportista, no solo en el de alto nivel, pone el cuerpo al límite. Es habitual que lo pague en forma de lesiones, por lo que no es fácil mantener una continuidad. Seb Coe parecía invencible en 1981, pero en 1982, aquejado de una enfermedad seria, entonces no diagnosticada, ya no era el mismo. Pudo recuperarse para los Juegos Olímpicos de 1984. Su actuación fue magnífica, con la plata en 800 m y el oro en 1500 m, pero en la primera prueba no estaba como en 1981. Se enfrentó a un formidable Joaquim Cruz, que hizo, de largo, de 1984 la mejor temporada de su vida. ¿Habría podido el Coe de 1981 con el brasileño?

Sebastian Newbold Coe (Londres, 29 de septiembre de 1956) fue, en cierta manera, el producto atlético de su padre, Peter Coe (1919-2008). Es probable que esto condicionase sobremanera su primera etapa atlética, cuando, en alguna ocasión, le pudo su necesidad de ganar. Peter era un ingeniero al que preocupaba la biomecánica de su hijo, mal entrenada a su juicio, por lo que él mismo decidió dirigir la carrera atlética del joven Seb. Este comenzó sus éxitos internacionales en 1975. En Atenas se celebraba el campeonato de Europa Junior (sub20). Entonces Seb se dedicaba preferentemente al 1500, prueba en la que consiguió la medalla de bronce con 3:45,2, su mejor marca personal.

En 1976 consiguió bajar de 4 minutos en la milla por primera vez, 3:58,35, además de mejorar en 800 m hasta 1:47,7. En los dos años siguientes se dedicó casi exclusivamente a los 800 m, con alguna incursión en la milla. En 1977 se proclamó campeón de Europa de 800 m en sala. Al aire libre se convirtió en plusmarquista nacional con 1:44,95. En 1978 acudió al Europeo al aire libre de Praga con la mejor marca de los participantes, 1:44,25. Era el favorito, pero su inexperiencia en la alta competición le pasó factura. Se colocó en cabeza y dio paso al 400 en 49,56. Se acabó agotando y a duras penas consiguió entrar en el podio, 3º con 1:44,76. Poco después mejoró su marca hasta 1:43,97.

El año siguiente, 1979, Coe realizó una temporada superlativa. No compitió excesivamente, y básicamente se centró en los 800 m. Tan solo disputó una carrera de la milla y una de 1500 m. En ambas superó las plusmarcas mundiales con 3:48,95 y 3:32,03 respectivamente. En el campeonato británico fue segundo en los 400 m mejor marca personal de 46,87. En la prueba de las dos vueltas, el 5 de julio, en Oslo, consiguió una plusmarca mundial estratosférica de 1:42,33, 1,11 menos que el anterior tope universal, del cubano Alberto Juantorena (1950).

Ese año no hubo campeonatos importantes. Entonces no había Mundiales. No obstante, Coe disputó el 800 de la Copa de Europa, donde se enfrentó a rivales importante como los alemanes Willi Wülbeck (1954), 4º en los Juegos de Montreal, Olaf Beyer (1957), campeón de Europa en año anterior, o el italiano Carlo Grippo (1955), mejor marquista mundial en sala. Después de su actuación en Praga, donde aplicó una táctica equivocada, resultaba interesante ver a Coe en una prueba sin liebres con rivales de categoría. El británico no dio opción. En una carrera muy lenta, se mantuvo cómodo en posiciones secundarias hasta la última recta, momento en que con una gran aceleración se hizo con la victoria sin aparentar emplearse a tope.

En 1980 tendrían lugar los Juegos Olímpicos de Moscú. Tras el boicot decretado por el Presidente de Estados Unidos James Carter (1924), como represalia por al invasión soviética de Afganistán el año anterior, el Comité Olímpico Británico decidió ir a Moscú con bandera olímpica. Se había salvado el doble duelo en el medio fondo entre las dos estrellas británicas Seb Coe y Steve Ovett (1955). Ovett, que ya había sido 5º en los 800 m en los Juegos anteriores y 2º en el Europeo de 1978, había dejado esta prueba en un segundo plano para centrarse en los 1500 m y la milla. Parecía ligeramente superior a Coe en la prueba más larga, mientras que la superioridad de Seb en la doble vuelta semejaba incontestable. Poco antes de los Juegos había realizado con 2:13,40 la plusmarca mundial de 1000 m, tiempo equivalente a 1:43,39, en aquel momento solo al alcance del propio Coe. A la hora de la verdad sin embargo, su actuación en la doble vuelta de los Juegos fue muy deficiente. De sus siete rivales en la final, tan solo el francés José Marajó (1954) había bajado de 1:44,0 (1,43,9 en 1979). En una carrera muy lenta, Seb se mostró nervioso y dubitativo. Se quedó muy atrás y finalmente tan solo pudo salvar la plata. Ovett consiguió una sorprendente fácil victoria. A Coe le volvió a poder la necesidad de ganar.

Coe pudo sacudirse sus demonios con el oro en el kilómetro y medio. Su expresión facial al hacerse con la victoria lo decía todo. No prolongó demasiado esa agridulce temporada que terminó con una inesperada derrota ante el estadounidense Don Paige (1955), 1:45,04, frente a 1:45,07 del británico.

La temporada de 1981 de Seb Coe fue el epítome de la perfección. Pocas veces un atleta ha conseguido en una campaña lo que hizo el británico ese año. Como en 1981 seleccionó muy bien las carreras, centrándose más en los 800 m. Tan solo tomó parte en una carrera de 1500 m y en dos de la milla. En estas dos últimas superó con 3:48,53 y 3:47,33 las anteriores plusmarcas mundiales, en ambos casos en posesión de Steve Ovett. En el 1500 las liebres fueron demasiado rápidas. No obstante hizo mejor marca personal, 3:31,95, a 0,59 de la plusmarca mundial de Ovett. En total Coe intentó 5 plusmarcas mundiales y consiguió 4. El 10 de julio, en Florencia, mejoraba en los 800 m hasta unos asombrosos 1:41,73. El tiempo se calculó con dos células fotoeléctricas, ya que falló en cronometraje electrónico.

Poco después, el 11 de julio, el británico realizaba otro impensable registro, mejorando hasta 2:12,18 (1:44,56+) su plusmarca mundial del kilómetro, equivalente a 1:42,45 en los 800 m.

Esta superioridad se vio reflejada en la final de la Copa de Europa, donde Coe volvía a tener como principales rivales a Beyer, Wülbeck y Grippo, junto al bielorruso, entonces soviético, bronce en Moscú, Nikolai Kirov (1957) En una carrera muy lenta, como en 1979, Coe mostró una absoluta superioridad con un perfecto sentido táctico y un último 100 en 11,9.

Coe cerró su temporada superlativa con la victoria en los 800 m de la Copa del Mundo, donde se enfrentó a rivales de menos de 1:45,0, entre los que destacaban el estadounidense James Robinson (1954) y un joven brasileño de 18 años, plusmarquista mundial junior con 1:44,3, llamado Joaquim Cruz (1963). Tampoco en esta ocasión el británico dejó margen alguno. Como en la Copa de Europa, controló perfectamente una carrera lenta y acabó muy por delante de sus rivales en una última recta rapidísima.

En 3 años Coe había superado 8 plusmarcas mundiales y solamente había cosechado dos derrotas en 800 m. Lo malo es que una de ellas fue en la final olímpica. En 1979 había mostrado una total superioridad en la prueba pero en 1980 fracasó en los Juegos. En 1981 parecía un atleta mucho más fuerte, en todos los aspectos. Pero lo que cambiaría completamente la actitud de Coe ante la competición fue lo sucedido en los dos años siguientes, en los que pasó de lo más alto a ver peligrar seriamente su carrera atlética y su salud. Tras un importante deterioro en su rendimiento atlético, que le llevó a perder, otra vez, el oro en el 800 del Europeo de 1982, se descubrió que padecía una enfermedad, que inicialmente se diagnosticó como una mononucleosis infecciosa. Posteriormente el diagnóstico se cambió a toxoplasmosis, una enfermedad parasitaria más grave. Se perdió el Mundial de 1983, pero pudo volver para disputar los Juegos de Los Ángeles, aunque su forma era una incógnita. En cualquier caso, su actitud ante la competición era muy diferente a la de 4 años antes. Ganar ya no es cuestión de vida o muerte para mí, había declarado. Coe tuvo una actuación excelente. En 800 m corrió una final tácticamente impecable, pero Joaquim Cruz fue superior. En 1500 m se hizo con su segundo oro olímpico.

Es probable que con la actitud de 1984 hubiese hecho el doblete en 1980 pero ¿habría podido con Cruz con la forma de 1981? Cruz en 1984 cronométricamente valía lo mismo que Coe, pues acabó haciendo 1:41,77. Ese año corrió en 4 ocasiones en 1:43,0 o menos, Coe lo hizo también en 4 ocasiones, si incluimos su 1000 m de 2:12,18, pero en toda su carrera atlética. Cierto es que el británico dosificaba muy bien sus competiciones. El brasileño estaba en 1984 en el mismo estado de gracia que Coe en 1981 y ambos corrían en ritmos parecidos. Habría sido un enorme espectáculo verlos en una final olímpica en igualdad de condiciones. Tal como se desarrolló la carrera es probable que la táctica de ambos no hubiese variado demasiado. Coe previsiblemente habría esperado hasta la recta final para dar un hachazo como los de 1981. El resultado, no obstante, es historia alternativa. Tal vez Cruz habría resistido. Pero solo es mi opinión.

Mariano García-Verdugo en su 70 cumpleaños

Santiago de Compostela, Estadio de la Residencia, una tarde cualquiera de primavera de los años 80, decenas de atletas se aplicaban a entrenar en las entonces renovadas instalaciones del Estadio. No había modalidad atlética que no tuviese participantes. Y allí, a cambio de nada o casi nada, en su tiempo libre, los entrenadores Javier Marcos (1952), Ricardo Gurriarán (1953) María Luisa Peralta (1951) y Mariano García-Verdugo (1948) hacían posible la apuesta de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) por el atletismo. Todos ellos ejercían de profesores de Educación Física en centros escolares, desde donde promocionaban el atletismo invitando a los chavales a practicar este deporte de forma reglada.

A finales de los años 60 la USC, por medio del catedrático de Fisiología Vegetal, entonces encargado de la sección de deportes y que posteriormente sería alcalde de Santiago, Ernesto Viéitez Cortizo (1921-2013),  había creado el Club Universitario de Atletismo (CUA). Con el fin de atraer deportistas se habían dotado una serie de becas para universitarios. Algunos ilustres atletas de entonces fueron los velocistas Ramón Magariños (1948) y Manuel Carlos Gayoso (1944), el triplista Francisco Castrillo (1952), el futuro preparador físico de la selección española de baloncesto Pepe Casal (1950) o el que sería Presidente del Gobierno Gallego, Fernando González Laxe (1952). El atletismo federado compostelano había tenido un precedente en la entonces joven Sociedad  Deportiva Compostela, donde militaron José María Caneda (1947), que acabaría presidiendo el club, ya sin sección de atletismo, o el periodista Emilio Navaza (1948), autor del blog Vida atlética de Galicia y durante muchos años reportero no oficial del CUA. En cualquier caso, la consolidación del atletismo universitario necesitaba de una infraestructura y para crearla Viéitez se fijó en un corredor de obstáculos que estaba terminado Educación Física llamado Mariano García-Verdugo.

Mariano García-Verdugo Delmas había nacido en Madrid el 30 de agosto de 1948. Hijo de un empleado de los Paradores Nacionales, pasó su infancia en diferentes localidades de la Península hasta que finalmente recaló en Pontevedra. Allí comenzó a practicar atletismo en el club Cisne y, poco después, se encontró con el que años más tarde Mariano definiría como su segundo padre, José Luis Torrado (1935), el Brujo, quien comenzó a entrenarlo de forma más metódica, ya en la Sociedad Gimnástica. Posteriormente sus aptitudes atléticas valieron a Mariano una beca en la Residencia Blume, donde simultaneó los entrenamientos con sus estudios en el recién inaugurado Instituto Nacional de Educación Física (INEF). De esa primera etapa como atleta son sus mejores marcas en 800 m, 1:53,2, 1500 m, 3:51,8, y 3000 m obstáculos, 9:10,4, prueba esta en la que representó a España en un encuentro internacional contra Italia en 1970.

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Mariano en su época de corredor de obstáculos

En 1972, recién licenciado en la segunda promoción del INEF, se trasladó a Santiago de Compostela, con el encargo de la Universidad para hacer una escuela de atletismo. Durante 15 años, Mariano simultaneó el trabajo en la USC con el de profesor de Educación Física en el colegio compostelano de La Salle, que se convirtió en una importante cantera del CUA. En 1988, con su nombramiento como Director del Área de Deportes de la USC, Mariano pudo dedicarse laboralmente a la USC a tiempo completo.

En la actualidad el Estadio de la Residencia de la USC se ubica en el llamado Campus Vida (antiguo Campus Sur). En los años 30, con diseño del arquitecto vigués Jenaro de la Fuente (1891-1963), había comenzado la construcción de un complejo de edificios, que inicialmente se iban a dedicar a residencia de estudiantes y profesores. Uno de los edificios del proyecto era un estadio multiusos, que incluía una pista de atletismo. El estadio, cuya fachada es de los años 50, no se acondicionó hasta 1966, con un campo de fútbol rodeado de unas pistas de ceniza de 333 m de perímetro, junto con fosos de saltos y jaulas de lanzamientos. Es esa situación, y compartiendo las instalaciones con el fútbol, Mariano y su mujer María Luisa, entre otros, sentaron las bases de la escuela de atletismo compostelana, inspirándose en el modelo de Salamanca. Entretanto, Mariano no se había olvidado de su condición de atleta. Dejó los obstáculos y se centró en el maratón, distancia que llegó a correr en 2h25:50 en 1979 y en la que también consiguió la internacionalidad.

Mariano maratón (3)
Los componentes del equipo español de maratón del Gran Premio de Europa de 1979 con Emil Zatopek, Gaston Roelans y Gaston Reiff. Mariano en el medio entre las dos leyendas belgas

Las facilidades para la práctica del atletismo mejoraron notablemente cuando en 1982 se remodeló el estadio de atletismo, dotándolo de pistas sintéticas de 400 m de perímetro y eliminando el campo de fútbol. En aquellos años, Mariano entrenaba una treintena de atletas, fundamentalmente medio fondistas y fondistas, pero también marchadores, lanzadores y saltadores. Trabajador incansable y con una enorme motivación por el deporte, tras terminar su labor en La Salle, a las 18, Mariano se dirigía al Estadio, donde supervisaba las series de los corredores, hacía la técnica con los saltadores de altura y, finalmente, se iba a la zona de lanzamientos para hacer la técnica con los lanzadores de martillo. No volvía a casa antes de las 21. Muchos fines de semana tocaba competición, por aquellas carreteras de los años 80. Un viaje Santiago Lugo (105 Km) era una odisea de dos horas. A todo ello había que sumar la labor de gestión del club, diseño de planes de entrenamiento y estudio de las cambiantes ciencias del deporte.

El mismo año de 1988 en que lo nombraron Director de Deportes de la USC, Mariano hizo su última incursion en el atletismo de competición, cuando preparó y terminó los 100 Km de Madrid en 7h32:52. Al año siguiente su carrera profesional dio un enorme salto. El flamante presidente de la Real Federación Española de Atletismo, José María Odriozola (1939) lo nombró responsable nacional del medio fondo. Mariano ocupó el cargo hasta 2012, lo que le permitió vivir en primera persona las principales competiciones atléticas de esos años y ensanchar sus ya vastos conocimientos sobre técnicas de entrenamiento. En total, acudió a 6 Juegos Olímpicos, 18 Campeonatos del Mundo y 17 Campeonatos de Europa. Con el tiempo, se fue centrando más en el medio fondo y el fondo y se convirtió en una referencia en este campo, sobre el que ha publicado numerosos libros.

Mariano fue entrenador de varios atletas internacionales, sobre todo medio fondistas y fondistas, Esther Pedrosa (1961), Pilar Barreiro (1971), Javier Fernández Feijoo (1959), Manuel García Gendra (1962), Jesús de la Fuente (1970)…, pero también hizo a José Luis Antas (1968), campeón de España sub21 de salto de altura en 1987, o guio los pasos del añorado lanzador de martillo (y jugador de balonmano) César González Fares (1960-2011). Esto, no obstante, fue solo la punta del iceberg. La principal labor de Mariano fue la que no salía del ámbito local, incluso personal.  Consiguió inculcar el gusto por el atletismo a muchas personas y que diesen lo mejor de ellos mismos, ya fuese haciendo 3:45, 3:50 o 3:55 por poner el ejemplo del 1500 m. Logró, sobre todo, que muchos jóvenes comprendiesen la esencia del atletismo: trabajo, sacrificio, disciplina y resultados diferidos.

Toda una vida dedicada al atletismo se merecía un reconocimiento. En 2012 con motivo de la jubilación de Mariano como Director de Deportes de la USC, cuatro de sus antiguos discípulos organizaron un homenaje secreto. Mariano se pensaba que iba a cenar con ellos cuatro, cuando se encontró sorpresivamente a 84 exatletas, colegas y amigos, otros 16 no habían podido acudir, que, en una cena muy emotiva, le expresaron su enorme agradecimiento por lo que había supuesto en sus vidas.

Tras su jubilación, Mariano continúa muy activo, tanto física como profesionalmente. Alterna la carrera con la elíptica, actividad a la que dedica dos horas diarias y continúa escribiendo, dando conferencias y atendiendo su página web.

Querido Mariano, te deseo un muy feliz cumpleaños, que cumplas muchos más y muchas gracias por haber mejorado la vida de tantas personas a las que enseñaste a amar el atletismo y a las que regalaste tantas horas de tu tiempo.

Joaquim Cruz, de vendedor ambulante en Brasil al oro olímpico en Los Ángeles (y II)

Segunda parte de la historia de Joaquim Cruz.

La segunda serie semifinal resultó mucho menos dramática. Johnny Gray dio paso al primer 400 en 52,27, con Coe agazapado en la 4ª posición. El británico atacó en el último 150 y se llevó la victoria en 1:45,51, con Konchellah 2º, 1:45,67, Gray 3º, 1:45,82, y Sabia 4º, 1:45,96. A tenor de lo visto, los dos grandes favoritos habían tenido actuaciones totalmente opuestas. Mientras Cruz había decidido ir fuerte en las tres rondas, Coe trató de ahorrar esfuerzos para la final, tal vez pensando en los tres 1500 que le esperaban tras el 800. En cualquier caso, se esperaba que en la final del 6 de agosto se correría rápido, como así sucedió. Al igual que en la semifinal, Koech decidió avivar el ritmo desde el principio, si bien su paso de 51,07 por el 400 fue sensiblemente superior a los 49,56 del día anterior. Cruz y Coe no se despegaban del keniano, que mantuvo la cabeza hasta la última recta. Cruz en pugna con Koech, al igual que Coe en pugna con Jones, hizo la última curva por la calle 2 No consiguió sobrepasar Koech hasta la última recta y ya no hubo quien se le acercase, mientras Coe, codo a codo con Jones, conseguía la plata. Cruz marcó 1:43,00, nueva plusmarca olímpica y 2ª mejor marca de siempre entonces tras la plusmarca mundial de 1:41,73 de Coe. El británico, que volvía a estar en gran forma, corrió en 1:43,64, su mejor marca desde 1981, mientras Jones fue bronce con 1:43,83. Konchellah, futuro bicampeón mundial, ocupó la 4ª posición con mejor marca personal de 1:44,03. Siete atletas corrieron en menos de 1:45,00. Ovett, al que acabaron retirando en camilla por problemas respiratorios, terminó a duras penas en 1:52,28.

La victoria del brasileño, que había corrido en 1:45,66, 1:44,84, 1:43,82 y 1:43,00, fue inapelable. Coe, que en 1980, siendo muy superior a sus rivales, perdió la final olímpica de 800 m por una mala táctica, no tuvo opción. Tres días después, Cruz, inscrito también en el 1500, ganó su serie pero no se presentó en su semifinal. Coe se acabaría haciendo brillantemente con el oro en el kilómetro y medio en la 7ª prueba que disputaba en estos Juegos. A diferencia de la temporada anterior, Cruz decidió sacar partido de su excelente forma en las reuniones del circuito europeo. En Niza, el 20 de agosto, corrió los 1000 m en 2:14,09. Dos días después, en Zúrich, se acercaba peligrosamente a la plusmarca mundial de 800 m al correr en 1:42,34. El día 24, en Bruselas, hizo 1:42,41 y el 26, en Colonia se quedó, al menos oficialmente, a un suspiro del tope mundial al marcar 1:41,77, con un pase de 49,7 en los 400 m. El keniano Sammy Koskei (1961), que no había resultado seleccionado para los Juegos, fue 2º con 1:42,28.

Cuando Seb Coe había establecido la que entonces era plusmarca mundial de 1:41,73 en Florencia el 14 de junio de 1981, el cronometraje eléctrico no había funcionado. La marca manual fue de 1:41,6 y la centesimal se estimó con dos células fotoeléctricas en 1:41,72. Posteriormente se corrigió a 1:41,73. Es probable que el tiempo del brasileño fuese más rápido, aunque no se considerase oficialmente. En cualquier caso, Cruz tenía entonces 21 años, por lo que se estimaba que no tardaría en convertirse en plusmarquista mundial. Desgraciadamente, los problemas físicos impidieron progresar al brasileño, si bien aún tuvo tiempo de ganar otra medalla olímpica.

Su temporada de 1985 no fue tan brillante como la anterior, si bien continuó realizando grandes marcas. El 1 de junio mejoraba su marca de 1500 m dejándola en 3:35,70 y derrotando en Eugene a los mejores milleros estadounidenses, incluidos Steve Scott (1956) y Jim Spivey (1961). Esto probablemente hizo pensar, de forma exagerada, a los organizadores del 1500 de la reunión de Niza, del 16 de julio, que el brasileño podía estar cerca de la plusmarca mundial. Finalmente hubo plusmarca mundial, pero a cargo del británico Steve Cram (1960), con 3:29,67, primera marca de la historia por debajo de 3:30,00. Cruz solo pudo ser 7º con 3:37,10. Cram volvió a derrotarlo justo un mes después, en Zúrich, esta vez en el terreno del brasileño, en los 800 , 1:42,88 por 1:43,23. Cruz, sin embargo, acabó la temporada con tres excelentes 1:42,98, 1:42,54 y 1:42,49.

Su condición física derivada de los problemas con su tendón de Aquiles hizo que pasase en blanco la temporada de 1986 y en precario la de 1987. Aun así ese año pudo ganar un 1500 muy lento de los Juegos Panamericanos, por delante de Spivey y Scott. Su mejor marca en 800 m fue 1:45,74. Se inscribió en el 800 del Mundial de Roma, pero finalmente no acudió, tal vez pensando en recuperarse para los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Y afortunadamente para él esa recuperación tuvo lugar, si bien nunca llegó a estar como 4 años antes. Los Juegos tendrían lugar a finales de septiembre, con lo que Cruz retrasó su puesta a punto. A mediados de agosto mejoraba con 3:34,63 su marca de 1500 m. Poco después conseguía unos buenos 1:44,27 en la pista de Colonia, de buen recuerdo para el brasileño, segundo detrás del ganador, el marroquí Said Aouita, quien con 1:43,86 realizó su mejor marca de siempre. Aouita había anunciado su intención de luchar por el oro olímpico en las dos pruebas de medio fondo.

Como 4 años antes en Los Ángeles, el 800 de Seúl contaría con 4 rondas en 4 días, si bien se corrió mucho menos. Cruz se impuso fácilmente en sus series de las dos primeras rondas con 1:47,16 y 1:46,10 respectivamente. En la primera semifinal, el brasileño fue 2º con 1:44,75, por detrás del desconocido keniano Paul Ereng (1967), quien con 1:44,55 hacía su mejor marca. Donato Sabia y Peter Elliot fueron los otros dos clasificados para la final. En la segunda semifinal se impuso el también keniano Nilson Kiprotich (1962). Aouita, el brasileño José Luiz Barbosa (1961) y Johnny Gray también se clasificaron para la final. No había un favorito claro para el oro. Desde la salida Barbosa, que había corrido ese año en 1:43,20, y Kiprotich decidieron imprimir un ritmo rápido a la carrera. Cruz no dudó en irse con ellos, mientras por detrás se abría un hueco, con Elliot en tierra de nadie, y más atrás Aouita, Gray y Ereng. Barbosa dio paso al primer 400 en 49,54. A falta de 200 m, Barbosa, tras verse sobrepasado por Kiprotich, que lideraba la prueba, y Cruz, iba perdiendo terreno en beneficio de Elliot y Aouita. Treinta metros más adelante, Cruz se hacía con la cabeza. Mientras Kiprotich se hundía, su compatriota Ereng emergía desde atrás dispuesto a pelear con el oro con Cruz, Elliot y Aouita que entraban en la recta final por este orden. El keniano lograba colarse por dentro a la segunda posición y, a falta de 30 metros, impedía que el brasileño lograse su segundo oro olímpico. Ereng conseguía la victoria con plusmarca personal de 1:43,45. Cruz fue plata con 1:43,90, su mejor marca desde 1985 y Aouita conseguía finalmente adelantar a Elliot y se hacía con el bronce, 1:44,06.

Como en LA, 4 años antes, Cruz disputó la primera ronda del 1500, en la que fue 1º pero no se presentó en su semifinal. La final de 800 m de Seúl fue la última gran carrera del brasileño. Aunque siguió compitiendo hasta 1997, su tendón de Aquiles lo apartó de la élite. Nunca volvió a correr por debajo de 1:45,80. En 1995 ganó el 1500 de los Juegos Panamericanos y superó la primera ronda del Mundial de Gotemburgo, si bien no salió en la semifinal. En 1996 tomó parte en sus terceros Juegos Olímpicos, en Atlanta, aunque no pasó de la primera ronda del 1500.

Afincado en California, desde hace años es entrenador de atletismo. Un gigante de los 800 metros al que su tendón de Aquiles le impidió ser aun más grande.

Las plusmarcas más antiguas de los campeonatos de Europa

Los recientes campeonatos de Europa celebrados en Berlín han recuperado el brillo de antaño. Se han conseguido 10 plusmarcas de los campeonatos, incluida la nueva prueba de los 50 Km marcha femeninos, y ha habido otras excelentes actuaciones. Sin embargo, nada menos que 23 plusmarcas de los campeonatos son del siglo XX, es decir, tienen 20 años o más. Dos de ellas están a punto de cumplir 40 años y cumplirán, al menos, 42. Se trata de los 27:30,99 en 10 000 m del finlandés Martti Vainio (1950) y el 1:43,84 en 800 m del alemán Olaf Beyer (1957), ambos realizados en el campeonato de Europa de 1978, celebrado en el estadio Evžena Rošického de Praga del 29 de agosto al 3 de septiembre.

El 29 de agosto, primer día de los campeonatos, tenía lugar la final directa de 10 000 m masculinos (la prueba femenina no se instauraría hasta 1986), donde se habían dado cita 24 atletas, de los que 14 estaban acreditados por debajo de 28 minutos. No acudieron ni el finlandés campeón olímpico, Lasse Virén (1949), ni el portugués subcampeón, Carlos Lopes (1947), ambos con problemas físicos. Sí estaba el medallista de bronce, el británico Brendan Foster (1948), que ese año había realizado 27:30,30, segunda mejor marca de siempre y plusmarca europea. Campeón de Europa de 5000 m en 1974, era el gran favorito. Otro de los candidatos era el rumano Ilie Floroiu (1952), 5º en los Juegos de 1976, que con 27:47,8 tenía la segunda mejor marca de los participantes ese año. También contaban dos neerlandeses, Gerald Tebroke (1949-1995) y Jos Hermens (1950), que el año anterior habían realizado respectivamente 27:37,63 y 27:41,25. El joven italiano Venanzio Ortis (1955), campeón de su país, tenía una plusmarca personal de 28:05,2, de ese mismo año, pero acababa de correr un rapidísimo 5000 en 13:20,82. Nadie había reparado, salvo por su estatura de 1,92 m en un finlandés llamado Marti Vainio, que ese año había bajado por primera vez de 28 minutos, en Helsinki, donde fue 6º con 27:59,7 superado por 3 europeos.

La carrera resultó espectacular, tanto por el rapidísimo ritmo desde el comienzo como por el trepidante e incierto final. Inicialmente tomó la cabeza el rumano Paul Copu (1953), con un tren elevado que favorecía los intereses de su compatriota Floroiu. Este dio paso al tercer kilómetro en 8:12,0 y al quinto en 13:44,8. Los siguientes kilómetros se hicieron en 2:47,8, 2:48,0, 2:47,4 y 2:46,6. El británico David Black (1952) cruzó el 9000 en 24:54,4, encabezando un grupo en el que estaban Foster, Floroiu, Ortis, el entonces soviético Alexandr Antipov (1955), hoy lituano y llamado Aleksandras Antipovas, y Vainio, que enseguida se colocó en tercer lugar impidiendo que los británicos abriesen hueco. A falta de 800 m, parecía que los tres de cabeza se despegaban del resto, pero 200 m más adelante Ortis y Antipovas lograban conectar. Black continuaba en primera posición, con el quinteto líder muy estirado. La última vuelta fue un cerrado duelo entre tres atletas pleno de alternativas. Foster pasó a la primera posición, dando paso al inicio del último 400 en 26:32,6, seguido de Vainio que se igualaba a Black. A falta de 300 m un cambio seco de Ortis dejó a Black fuera de la lucha por las medallas, mientras Antipovas perdía algo el contacto. Poco antes del 200, Foster recuperó la cabeza llevándose con él a Vainio y a Ortis. Antipovas parecían ya no contar. Vainio adelantó a Foster cerca de la recta final. Este perdió también la segunda posición ante Ortis, que no pudo alcanzar al finlandés pero conservó la segunda posición por centímetros ante un postrero ataque furibundo de Antipovas, que dejó a Foster fuera del podio. Vainio mejoró su marca por casi medio minuto, 27:30,99, tras una última vuelta en 58,3. Por su parte Ortis, 27:31,48 y Antipovas, 27:31,50, bajaban por primera vez de 28:00,00. Los registros de los medallistas eran el 5º, 6º y 7º de todos los tiempos. Un total de 10 atletas corrieron por debajo de 28, 9 de ellos mejoraron la plusmarca de los campeonatos de Juha Väätäinen (1941), 27:52,78 en 1971. Estos fueron los resultados completos:

1 Martti Vainio Finlandia 27:30.99
2 Venanzio Ortis Italia 27:31.48
3 Aleksandras Antipovas URSS 27:31.50
4 Brendan Foster Reino Unido 27:32.65
5 Dave Black Reino Unido 27:36.27
6 Gerard Tebroke Países Bajos 27:36.64
7 Ilie Floroiu Rumanía 27:40.06
8 Enn Sellik URSS 27:40.61
9 Knut Kvalheim Noruega 27:41.26
10 Jerzy Kowol Polonia 27:53.61
11 John Treacy Irlanda 28:17.0
12 Léon Schots Bélgica 28:19.6
13 Cătălin Andreica Rumanía 28:29.4
14 Mike McLeod Reino Unido 28:38.0
15 Øyvind Dahl Noruega 28:43.2
16 Frank Grillaert Bélgica 28:43.5
17 Ryszard Kopijasz Polonia 28:44.2
18 Karel Lismont Bélgica 28:49.2
19 Waldemar Cierpinski RDA 28:58.9
20 Karel Gába Checoslovaquia 29:56.3
Pierre Levisse Francia Ab
Detlef Uhlemann RFA Ab
Jos Hermens Países Bajos Ab
Paul Copu Rumanía Ab

Vainio tras una discreta actuación en los Juegos Olímpicos de 1980 fue bronce europeo en 10 000 m en 1982 y bronce en el 5000 del primer Mundial, celebrado en Helsinki en 1983. Como todos los finlandeses de su generación, Vainio no estaba libre de la sospecha de mejorar su rendimiento con autotransfusiones. Esta técnica no estuvo prohibida hasta 1985. En 1984, tras ser 2º en la final olímpica de 10 000 m en Los Ángeles, se le descubrieron restos de anabolizantes en su orina, lo que le supuso la descalificación. Se pensó entonces que los restos de la sustancia prohibida probablemente estuviesen en sangre autotrasfundida.

Por su parte Ortis, en el mejor momento de su vida, se hizo con el oro en el 5000 del Europeo. Con 23 años el futuro parecía pertenecerle, pero un rosario de lesiones cortó su progresión. Sin embargo, abrió el camino para sus compatriotas, que ganaron los siguientes tres campeonatos europeos de 10 000 m, Alberto Cova (1958) en 1982, Stefano Mei (1963) en 1986, con triplete italiano, y Salvatore Antibo (1962) en 1990. El último campeón de Europa en bajar de 28 minutos fue el español Chema Martínez (1971), 27:47,65 en 2002. En los últimos 10 años, tan solo el británico Mo Farah (1981) y Chris Thompson (1981) y los turcos Ali Kaya (1994) y Mel Girmalegese (1987) han conseguido correr por debajo de 27:30,00.

El mismo 29 de agosto habían comenzado las series de 800 m, cuya final, previa semifinal, tendría lugar dos días después. En esta distancia se esperaba un duelo por el oro entre los británicos Seb Coe (1956) y Steve Ovett (1955), con cierta ventaja para el primero. Aún no habían alcanzado la enorme relevancia mediática que les esperaba en los años siguientes pero su rivalidad ya comenzaba. Coe había sido bronce en el Eurojunior de 1975 en 1500 m. Posteriormente decidió centrarse en los 800 m. El año anterior se había proclamado campeón de Europa en sala. Se presentó en Praga con 1:44,25, mejor marca de ese año 1978 y plusmarca nacional británica. Ovett había comenzado a destacar muy joven. Tras proclamarse campeón de Europa junior (sub20) de 800 m en 1973, fue subcampeón de Europa absoluto al año siguiente y 5º en los Juegos Olímpicos en 1976 con plusmarca personal de 1:45,77. En 1977 se había centrado en los 1500 m, prueba en la que, tras su resonante victoria en la Copa del Mundo con marca personal de 3:34,45, se había instalado en la élite mundial. En 1978 optó por intentar el doblete en medio fondo en el Europeo tras mejorar su marca de 800 m a 1:45,38.

Los dos británicos se plantaron el la final ganando sus respectivas semifinales. Del resto de sus rivales había otros dos atletas que habían conseguido bajar de 1:46,0 ese año, los jóvenes alemanes del Este Andreas Busse (1957), 1:45,45, y Olaf Beyer (1957), 1:45,8. El francés José Marajo (1954) había corrido en 1:45,89 el año anterior. A priori parecían condenados a luchar por el bronce. Como le ocurriría dos años después en los Juegos de Moscú, la necesidad de ganar pudo, no obstante, con Seb Coe, quien tomó la cuerda en dura pugna con Beyer e impuso un ritmo frenético, cruzando la primera vuelta en 49,32, algo nunca visto. Sin embargo, no conseguía despegar ni a Beyer ni a Ovett, mientras Busse era 4º. En la contrarrecta, Ovett se colocaba en 2ª posición y trataba de igualarse a su compatriota a falta de 200 m. Coe resistió toda la curva antes de ceder, agotado, a falta de 100 m. Parecía que Ovett se haría con la victoria, pero un tremendo acelerón final de Beyer dio, con 1:43,84, el oro al alemán. Ovett era segundo con plusmarca británica de 1:44,09, que acabó siendo su mejor marca de siempre. Coe, 1:44,76, completamente agotado y decepcionado conseguía el bronce en una carrera que, con otra estrategia, podría haber ganado.

La marca de Olaf Beyer era la 4ª mundial de siempre en aquel momento. Su edad y su excelente actuación le auguraban un buen futuro, pero sus continuos problemas físicos no le permitieron mejorar. Tras su éxito en Praga su mejor resultado fue un 7º puesto en el Europeo al aire libre de 800 m, 4 años después. Tras su plata en 800 m, Ovett ganó con cierta facilidad el oro europeo en los 1500 m, mientras Coe, días después, recuperaba, con 1:43,97, el primado británico. En los tres años siguientes la rivalidad entre ambos trascendió, con mucho, el mundo del atletismo. Ambos se convirtieron en iconos mundiales con sus plusmarcas mundiales y su duelo olímpico estelar en Moscú. Aunque Ovett fue perdiendo empuje a partir de 1984, los éxitos de Coe continuaron en los Juegos de LA84 y en el Europeo de 1986.

Desde 1978, los 800 m del Europeo se han corrido a ritmo medio o a ritmo lento. Después de la carrera de Praga, ha habido 6 registros ganadores por debajo de 1:45,00, el más rápido, el del polaco Adam Kszczot (1989), oro en los últimos tres campeonatos, con 1:44,15.

Además de estas dos antiguas plusmarcas de los campeonatos de Europa hay otras tan o más míticas, como los 47,48 del alemán Harald Schmid (1957) en 400 m vallas en 1986, los 21,71 en 200 m de la alemana Heike Dreschler (1964) en 1986, los 48,16 de su compatriota Marita Koch (1957) en los 400 m en 1982, ambas plusmarcas mundiales en su momento, los 22,22 m en lanzamiento de peso del suizo Werner Gunthör (1961) o los 86,74 del entonces soviético Yuriy Sedykh (1955) en lanzamiento de martillo en 1986, la segunda plusmarca mundial masculina más antigua.

Jakob Ingebrigtsen y los adolescentes de élite

Hace un año escribía sobre la sorprendente progresión del atleta noruego nacido el 19 de septiembre de 2000 Jakob Ingebrigtsen. En 2017, aun juvenil (sub18), fue capaz de correr en 3:39,92 los 1500 m, en 3:56,29 la milla y en 13:35,84 los 5000 m. Lo comparaba entonces con tres atletas europeos que habían causado sensación en categorías menores, el italiano Stefano Mei (1963), 13:55,91 en 5000 m en 1980, el alemán Hanjorg Kunze (1959), 7:56,4 en 3000 m en 1976, y el finlandés Ari Paunonen (1958), 7:43,20 en 3000 m en 1977. Este último no llegó a la élite. Sí lo hicieron los dos anteriores, aunque sin la superioridad que tenían en categorías inferiores. Ha pasado un año y Jakob Ingebrigtsen ha mejorado todas las expectativas. Con 17 años no es que sea un buen junior (sub20), es que se ha encaramado a lo más alto del 1500 y del 5000 de Europa con sus dos oros continentales en Berlín. Su madurez a la hora de correr y su sentido táctico son sorprendentes en un atleta de su edad. Con este resultado, ya ha superado en medallas a Mei, cuyo mejor logro fueron el oro y la plata en los 10 y 5 Km del Europeo de 1986. Nunca un atleta tan joven había conseguido ser campeón de Europa, mucho menos en dos pruebas.

Fuera del atletismo africano, hay muy pocos precedentes en medio fondo y fondo de atletas tan jóvenes codeándose con los mejores de su prueba. Tal vez los dos casos más destacados sean los del estadounidense Jim Ryun (Wichita, Kansas 29 de abril de 1947) y del británico Steve Ovett (Brighton, 9 de octubre de 1955). En 1964, Ryun consiguió clasificarse para los Juegos Olímpicos de Tokio en la prueba de 1500 m, donde fue capaz de pasar de la primera ronda. Ese año, con 17, había corrido en 3:39,0 en el kilómetro y medio y en 3:59,0 en la milla, no muy lejos de las plusmarcas mundiales de entonces de 3:35,6 y 3:54,1. Esta última plusmarca se superó en 1965 con 3:53,6, pero Ryun, con 18, también mejoró a 3:55,3. En 1966 Ryun consiguió dos plusmarcas mundiales de enorme valor. Corrió las 880 yardas en 1:44,9, equivalentes a 1:44,2 en 800 m, 0,1 mejor que la plusmarca mundial de entonces. En la milla realizó 3:51,3, equivalentes a 3:34,3 en 1500 m. El tope mundial en la distancia métrica lo alcanzaría en 1967, con 20 años, al correr en 3:33,1. Ese mismo año mejoró hasta 3:51,1 en la milla. Era el favorito para el oro olímpico en México 1968 pero la altitud y el mejor Kip Keino (1940) de siempre se lo impidieron. Los 4 años siguientes fueron complicados para él por diversos problemas físicos. Aun así volvía a ser uno de los favoritos para el oro olímpico en 1972. Sin embargo, una caída en su serie lo dejó sin opciones. Se retiró poco después. Ryun consiguió siendo junior sendas plusmarcas mundiales de la media milla y de la milla, de mayor valor que sus equivalentes métricos. Aunque le faltó el oro olímpico, es uno de los grandes milleros de la historia.

Steve Ovett fue también un atleta precoz, que pasó de ser campeón de Europa junior en 1973, con 17 años, a subcampeón de Europa al año siguiente con 18, realizando 1:45,77. Con 20 años se llevó una cierta decepción en los Juegos de Montreal de 1976. Fue 5º en los 800 m con plusmarca personal de 1:45,44. En 1500m pese a su plusmarca personal de 3:37,89 en series, no pudo pasar de las semifinales. Sin embargo al año siguiente, sobre todo tras su resonante victoria en el 1500 de la Copa del Mundo con 3:34,45, se convirtió en referencia mundial de los 1500 m. En 1978 fue plata en 800 m y oro en 1500 m en los Campeonatos de Europa. En 1980 encadenaba 45 victorias consecutivas en 1500 m o en la milla. Antes de los Juegos de Moscú, donde tendría lugar el famoso doble enfrentamiento con su compatriota Seb Coe (1956), le había arrebatado a este la plusmarca mundial de la milla, con 3:48,8, y había igualado oficialmente la plusmarca mundial de 1500 de Coe, 3:32,1 (3:32,03), con 3:32,09 (homologada 3:32,1). En Moscú tras derrotar a Coe en un 800 táctico, distancia en la que su rival parecía muy superior, sucumbió, sin embargo, en el 1500 donde solo pudo ser bronce. Terminó el año con plusmarca mundial de 3:31,36. Pese a que aún consiguió otras dos plusmarcas mundiales, de la milla, 3:48,40, en 1981 y de 1500 m, 3:30,77, en 1983, los problemas físicos se cebaron con él y ya no volvió a tener opción de medalla en grandes campeonatos. Fue un atleta precoz que, no obstante, supo progresar posteriormente hasta convertirse en uno de los mejores de la historia y hacer mítica su rivalidad con Coe.

Ingebrigtsen ha corrido este año en 3:31,18, en el 1500 de la reunión de Montecarlo, 3:52,28 en la milla en Eugene, y en 13:17,06, marca esta que le sirvió para ganar el oro en el 5000 del Europeo, con un último kilómetro en 2:28,72 y una última vuelta en 54,09. Probablemente en esta última distancia pueda estar por debajo de 13:10,00. Los tres tiempos son plusmarcas europeas sub20. Hasta este año, los topes europeos sub20 eran 3:35,51, del español Reyes Estévez (1976) en 1995, 3;53,15, del británico Graham Williamson (1960) en 1979, y 13:27,04 del británico Steve Binns (1960) en 1979, antigua plusmarca mundial de la categoría. La marca del noruego en 1500 m es además la 5ª de todos los tiempos. En el reciente Mundial sub20 celebrado en Tampere ya demostró que puede competir en igualdad de condiciones con los africanos, al ser 2º en sendos apretados finales tanto en 1500 como en 5000 m. Los últimos europeos en ganar medalla en estas pruebas fueron el alemán Wölfram Müller (1981), plata en 2000 en 1500, y el italiano Giuliano Battocletti (1975), bronce en 5000 m en 1994. Un vistazo a la lista mundial sub20 de todos los tiempos de 5000 m, donde el noruego es, de momento, 91º, muestra algunos nombres ilustres como Eliud Kipchoge (1984), 12:52,61 3º, Daniel Komen (1976), 12:56,15 12º, Ismael Kirui (1975), 13:02,75 23º, Richard Chelimo (1972 – 2001), 13:11,76 56º, o Kenenissa Bekele (1982), 13:13,33 70º. Algunos de ellos comenzaron sus éxitos absolutos en categoría sub20, como Kipchoge, actual campeón olímpico de maratón y sorprendente campeón mundial de 5000 m en 2003, con 12:52,61, su mejor marca de siempre, derrotando al marroquí Hicham El Guerrouj (1974) y a Bekele. Ismael Kirui fue doble campeón mundial absoluto de 5000 m, en 1993 y 1995. En 1993 tenía unos meses más que ahora Ingebrigtsen. Su malogrado hermano, Richard Chelimo, fue plata, con 19, en 1991 en el Mundial de Tokio en 10 000 m.

En un año Jakob Ingebrigtsen ha pasado de ser un extraordinario corredor sub20 a dominar el 1500 y el 5000 europeos. Si prolonga su temporada como la anterior no es descartable que continúe mejorando sus marcas personales, especialmente en la milla y los 5000 m. Con 17 años ha conseguido lo que la mayoría no consiguen en toda su carrera atlética. ¿Qué sucederá en el futuro? De tantas veces que he dicho que me ha dejado sin palabras, me voy a quedar mudo. ¿Podrá ser el nuevo Usain Bolt del atletismo? El tiempo lo dirá.

Joaquim Cruz, de vendedor ambulante en Brasil al oro olímpico en Los Ángeles (I)

Tras el boicot occidental a los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, era de esperar que el bloque oriental devolviese la moneda 4 años después, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Así sucedió. Tras haber asegurado previamente que no mezclaban política y deporte, finalmente el 8 de mayo de 1984la Unión Soviética anunció que no enviaría equipo a los Juegos alegando falta de seguridad y fuertes sentimientos antisoviéticos. Otros 13 países secundaron la postura soviética: Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Alemania del Este, Mongolia, Vietnam, Corea del Norte, Yemen del Sur, Laos, Afaganistán, Angola, Etiopía y Cuba. En atletismo, el boicot se notó básicamente en pruebas femeninas, dominadas entonces por las soviéticas y las alemanas del Este, y en los lanzamientos masculinos. Pese a ello, los Juegos tuvieron un nivel altísimo no solo por la actuación estelar del cuádruple medallista de oro, el estadounidense Carl Lewis (1961), sino también por otras excelentes prestaciones como la del también estadounidense Alonzo Babers (1961) en 400 m, el resucitado británico Seb Coe (1956) en el 1500 m, la emergente estrella del mediofondo, el marroquí Said Aouita (1959) en un espectacular 5000, la segunda victoria olímpica de Edwin Moses (1955) o el sorprendente keniano Julius Korir (1960) en los 3000 m obstáculos. Pero, sin duda, una de las grandes estrellas, no solo de los Juegos sino también de ese año de 1984, fue el brasileño Joaquim Cruz, apabullante campeón olímpico de 800 m.

Joaquim Carvalho Cruz había nacido el 12 de marzo de 1963 en Taguatinga, Distrito Federal (Brasil), muy cerca de la capital Brasilia. De familia numerosa, tenía 5 hermanos,  con pocos recursos, su padre, un obrero siderúrgico, apenas podía comprarle unas zapatillas para entrenar. El joven Joaquim, que comenzó jugando al baloncesto, pero pronto se pasó al atletismo, ejercía diversos oficios para ayudar a la economía familiar, tales como vendedor ambulante o limpiabotas. En atletismo mostró un enorme talento que lo llevó a correr los 800 m en 1:51,0 con 15 años, 1:49,8 con 16 y 1:47,65 con 17 años. Su primera explosión llegaría al año siguiente, en 1981, cuando el 27 de junio corrió en Río en 1:44,3, registro que mejoraba por 0,6 la plusmarca mundial junior (sub20) en poder del estadounidense Jim Ryun (1947). Ese registro le valió para representar a América en los 800 m de la III Copa del Mundo de la IAAF, prueba en la que fue 6º. Un entonces inabordable Seb Coe fue el ganador. Puede que el haber superado a Ryun hiciese que en Estados Unidos se fijasen en él. Lo cierto es que en la temporada de 1982, justo tras la muerte de su padre, la Universidad Brigham Young, en Provo (Utah), le ofreció una beca y allí se trasladó junto con su entrenador Luis Alberto de Oliveira. No obstante, el brasileño perdió casi todo ese año, pues hubo de someterse a una cirugía de un pie. Aun así, pudo aún pudo correr en 1:46,95 en los primeros compases de la temporada.

Todo cambió en 1983, año en que se trasladó a la Universidad de Oregon, en Eugene, cuna de los mejores fondistas estadounidenses. Allí pudo prepararse sin problemas físicos para el primer Campeonato del Mundo que se celebraría en agosto en Helsinki. Poco antes, Cruz ganaba los 800 m del campeonato universitario estadounidense (NCAA) y llevaba sus marcas personales de las dos vueltas a 1:44,04 y de 1000 m a 2:15,28. En la capital de Finlandia se clasificó para la final sin problemas, adquiriendo la condición de favorito. La prueba resultó muy rápida por la actuación del propio Cruz que, enseguida, tomó la cuerda. A falta de 450 m el británico Peter Elliot (1962) se hizo con la cabeza, con el brasileño pegado a él. Elliot dio paso al primer 400 en 50,58. En la contrarrecta ambos atletas sostuvieron una dura pugna por la primera posición, sin que el británico cediese, de manera que abrieron un pequeño hueco con el resto de los competidores. Elliot obligó a Cruz a hacer la última curva por la calle 2, antes de claudicar a falta de 100 m. Entretanto, el alemán Willi Wülbeck (1954) que se había acercado peligrosamente al dúo de cabeza, dio un tremendo acelerón y se fue en cabeza hacia la meta, sin que el brasileño, desfallecido pudiese seguirlo. A falta de 15 metros, Cruz también se vio sobrepasado por el holandés Rob Druppers (1962). Wülbeck ya había ocupado la 5ª en la final olímpica de Montreal. Su progresión desde entonces había sido, no obstante, discreta. Su mejor marca era 1:44,66 desde 1979. En Helsinki realizó la mejor carrera de su vida y, con 1:43,65, mejoró su marca por 1,01. Druppers hizo también marca personal con 1:44,20 y Cruz consiguió el bronce con 1:44,27. El brasileño había salido por el oro, pero se desgastó demasiado durante los 150 m en que trató de adelantar a Elliot sin conseguirlo.

 

Tras el Mundial, Cruz dio por terminada su temporada y comenzó a pensar en los Juegos Olímpicos que tendrían lugar el año siguiente en Los Ángeles. Comenzó la temporada al aire libre muy pronto, en marzo. En junio, con 3:36,48 había mejorado por 4ª vez su plusmarca personal de 1500 m, marca que le valió para ganar el campeonato de la NCAA. El día anterior había ganado los 800 m en la misma competición con 1:45,10, su mejor registro del año en 800 m antes de los Juegos. Poco antes de ir a LA, el 21 de junio, realizó unos excelentes 2:14,54 en 1000 m, equivalente a 1:44,25 en 800. Cruz llegaba a los Juegos como uno de los favoritos. El plusmarquista mundial, el británico Seb Coe, volvía  tras una enfermedad que lo había mantenido casi un año apartado de la competición. Acababa de acreditar 1:43,84. El campeón olímpico, el también británico Steve Ovett (1955) era una incógnita, pues apenas se había dedicado a los 800 m en los 4 años anteriores. Los estadounidenses habían llegado fortísimos, tras una rapidísima carrera de selección en la que el veterano James Robinson (1954), con 1:43,92, no se había clasificado por milésimas, en beneficio de Earl Jones (1964), Johnny Gray (1960), ambos con 1:43,74, y John Marshall (1963) con 1:43,92. Otro que contaba, al menos para estar en la final, era el sorprendente italiano Donato Sabia (1963) que había corrido en junio en 1:43,88.

La clasificación para la final se presentaba muy dura, con 3 rondas previas antes de la final, en 4 días consecutivos. Cruz decidió continuar con la táctica de Helsinki y se impuso en la 5ª serie de la primera ronda con 1:45,66, un segundo por delante de Steve Ovett. Coe se mostró también en una excelente forma, ganando la 2ª serie con 1:45,71. En los cuartos de final, al día siguiente, se siguió corriendo muy rápido. El keniano Edwin Koech (1961) ganaba la primera serie con mejor marca personal de 1:44,74, por delante de Donato Sabia, 1:44,90. Su compatriota Billy Konchellah (1961) se imponía en una segunda serie mucho más táctica con 1:46,15, 0,6 menos que Coe, 3º. En esta serie resultó eliminado el estadounidense John Marshall. Cruz volvía a correr muy rápido en la tercera serie al imponerse con 1:44,84, 0,88 menos que Ovett, 2º. Johnny Gray era 3º.  Earl Jones, con 1:45,44 se hacía con la victoria en la 4º y última serie. Tras dos rondas, Cruz parecía en una gran forma, igual que los dos estadounidenses mejor acreditados, mientras Coe y Ovett se mostraban con más reservas y los kenianos Koech y Konchellah habían presentado su candidatura para la final.

Se esperaba mucho de las semifinales del 5 de agosto y no decepcionaron. Entrarían en la final los 4 primeros de cada serie. No habría clasificación por tiempos. En la primera, en la que no se presentó Peter Elliot por lesión, Jones tomó la cabeza rapidísimo, seguido de Cruz, pero ambos se vieron superados a falta de 450 m por Koech que dio paso al primer 400 en 49,56. Koech se mantuvo en cabeza con el brasileño pegado a él hasta la última recta. Por detrás Jones había perdido la 3ª posición a manos del sudanés Omar Khalifa (1955), con Ovett luchando por entrar entre los 4 primeros. Cruz adelantaba a Koech en la última recta, mientras Jones se hacía con la 3ª posición y Ovett, cayéndose, dejaba in extremis a Khalifa fuera de la final. Cinco atletas conseguían bajar de 1:45,00. Khalifa, con 1:44,87, no entraba en la carrera definitiva, en beneficio de Ovett, por 0,06. Cruz, con 1:43,82, y Koech, con 1:44,12, hacían sus mejores marcas. Jones era 3º con 1:44,51. Una fantástica semifinal.

Alberto Juantorena, el doblete inédito de “El Caballo”

A lo largo de la historia del atletismo, tan solo algunos atletas han sido capaces de hacer compatibles las pruebas de 400 y 800 m. En la primera mitad del siglo XX, al menos 5 corredores de alto nivel tuvieron éxito en ambas pruebas. El estadounidense Edward Ted Meredith (1892 – 1957) fue plusmarquista mundial en ambas distancias con 47,4 y 1:51,9. Fue oro olímpico en 1912 en las dos vueltas y en el relevo largo. Su compatriota Ben Eastman (1911 – 2002) también consiguió el tope universal en las dos pruebas, 46,4 y 1:49,8. Fue plata olímpica en 400 m en 1932. Hasta la fecha el último plusmarquista mundial de ambas pruebas fue el alemán Rudolf Harbig (1913 – 1944), con 46,0 y 1:46,6. La Segunda Guerra Mundial, que acabó con su vida, le impidió asaltar el oro olímpico. Los Juegos se reanudaron en 1948, con el doble duelo en 400 y 800 m entre el jamaicano Arthur Wint (1920 – 1992) y el estadounidense Mal Whitfield (1924 – 2012). El isleño fue oro en 400 m y plata en 800, mientras su rival se hizo con el oro en 800 m y en el relevo largo y el bronce en 400. En 1952 se repitió el resultado en los 800 m. En la prueba individual de 400 m Wint fue 5º y Whitfield 6º. Ambos formaron parte del relevo 4 x 400 m de su país, prueba en la que se impuso brillantemente Jamaica a los Estados Unidos.

Tras los Juegos de 1952, los mejores corredores de 800 fueron cambiando de forma de entrenar, prestando más atención a las condiciones aerobias, lo que fue convirtiendo la prueba de las dos vueltas en más compatible con la milla y los 1500 m. Aún en los 50 y primeros 60, el estadounidense Tom Courtney (1933), oro olímpico en 1956 en 800 m, lo fue también en 4 x 400, el jamaicano George Kerr ( (1937 – 2012) fue bronce olímpico en 400 y 800 m, y el belga Roger Moens (1930) plusmarquista mundial de 800 m, 1:45,7, y plata olímpica en 1960 había sido varias veces campeón nacional de 400 m. Pero el corredor de 800 m estaba cambiando, con la irrupción del neozelandés Peter Snell (1938), primer doblete olímpico en 800 y 1500 m, en 1960, desde 1920. Snell ya había sido campeón olímpico de las dos vueltas en 1960 y tenía las plusmarcas mundiales de esta prueba, 1:44,3, y de la milla, 3:54,1. Los 800 m se estaban convirtiendo en patrimonio de milleros. Y era un millero, el estadounidense Rick Wohlhuter (1948), el favorito para hacerse con el oro olímpico en 1976. Tras imponerse brillantemente en las pruebas de selección de su país, Wohlhuter, estaba decidido a intentar el doblete en las dos distancias de medio fondo. Era el plusmarquista mundial de las 880 yardas, con 1:44,1, equivalente a 1:43,4 en 800 m, superior a los 1:43,7 que el italo-surafricano Marcello Fiasconaro (1949) tenía oficialmente como plusmarca mundial. Además, el estadounidense había corrido en 3:36,4 los 1500 m y en 3:53,3 la milla. Era el gran favorito en los 800 m, donde nadie pareció reparar en un cubano, excelente corredor de 400 m y ex jugador de baloncesto, pese a que ya había acreditado 1:44,9 ese mismo año.

Alberto Juantorena Danger había nacido en Santiago de Cuba el 21 de noviembre de 1950. Con 1,88 m de estatura, comenzó simultaneando el baloncesto con el atletismo, con preferencia por el primero. Su rendimiento en el deporte de la canasta, sin embargo, no fue bueno. En 1971, en entrenadorpolaco Zygmunt Zabierzowski (1916 – 1978) lo convenció para dedicarse a los 400 m. El joven Alberto aceptó y tan solo un año después corría en 45,94 y era semifinalista en los Juegos Olímpicos de 1972. En 1973 fue, con 45,36, campeón mundial universitario y, en 1975, plata en los Juegos Panamericanos, con su mejor marca de 44,80, por detrás del estadounidense Ronnie Ray (1954), 44,45.

Zabierzowski logró convencer a un reticente Juantorena para tomar parte, además de en los 400, en los 800 m de los Juegos de Montreal. Como se dijo anteriormente se presentó en la capital de Québec con 1:44,9 de ese mismo año, un gran crono, que nadie tuvo muy en cuenta por su falta de experiencia en la prueba. De los favoritos se había caído el keniano Mike Boit (1949). Boit, que acreditaba 1:43,79 del año anterior, marca probablemente mejor que la plusmarca de Fiasconaro, no pudo tomar parte en los Juegos por el boicot que realizaron a los Juegos la mayoría de los países africanos. La primera ronda de los 800 m tuvo lugar el 23 de julio. Había tres rondas en tres días. Wohlhuter impresionó con 1:45,71 en la primera serie. Juantorena ganó la 4ª con 1:47,15. En las semifinales, al día siguiente, Juantorena se impuso en la primera con 1:45,88 y el estadounidense en la segunda con 1:46,72. Les acompañaban en la final el belga Ivo van Damme (1954), 1:45,07 de ese año, el campeón de Europa el entonces yugoslavo, hoy croata, Luciano Sušanj (1948), el subcampeón de Europa, el británico Steve Ovett (1955), el alemán Willie Wülbeck (1954), el italiano Carlo Grippo (1955) y el indio Sriram Singh (1948). La final, el 25 de julio, se inició muy rápido, con los atletas por calles los primeros 300 m. En la calle libre, Juantorena se colocaba momentáneamente en la primera posición, pero se vio sobrepasado por Singh, que dio paso al primer 400 en 50,85. A falta de 300 m, Juantorena recuperaba la cabeza con Wohlhuter y van Damme detrás de él. Wohlhuter trató de igualar el cubano en la última curva pero no pudo con su empuje y acabó perdiendo al segunda plaza en favor de van Damme. Con su potente zancada, Juantorena cruzó la meta en 1:43,50, nueva plusmarca mundial. van Damme fue plata con 1:43,86 y Wohlhuter bronce con 1:44,12.

 

 

Sin tiempo para recuperarse, Juantorena se enfrentaba al día siguiente, en sesiones de mañana y tarde, a las dos primera rondas de los 400 m, prueba en la que poco antes de los Juegos, había acreditado 44,70, su plusmarca personal. Reservando fuerzas se clasificó sin problemas para la semifinal del 28 de julio, que ganó con 45,10. Sus principales rivales en la final serían los estadounidenses Fred Newhouse (1948), Herman Frazier (1954) y Maxie Parks (1951) y el británico David Jenkins (1952), todos acreditados por debajo de 45,00. La final del 29 de julio era la 7ª carrera del cubano en 6 días, pero esto no le pesó en absoluto. Corriendo por la calle 2, entró segundo en la recta final, pero acabó imponiéndose en 44,26, 3ª mejor marca de la historia y mejor marca de siempre al nivel del mar. Newhouse fue plata, 44,40, y Frazier bronce, 44,95.

 

 

 

Juantorena consiguió un doblete inédito. En su momento se habló incluso de hazaña imposible, en dos distancias fisiológicamente incompatibles. La actuación del cubano fue ciertamente superlativa, con dos oros, una plusmarca mundial y otra mejor marca oficiosa al nivel del mar. También es cierto que desde entonces ningún corredor de élite ha hecho compatibles ambas pruebas. Sin embargo, como ya se ha señalado al principio de este artículo, sí hubo otros atletas que se quedaron muy cerca de conseguir los oros olímpicos de estas dos pruebas.

El cubano dio por terminada la temporada con un 7º puesto en la final olímpica de 4 x 400. Wohlhuter y van Damme sí tomaron parte en varias carreras de las reuniones posolímpicas del circuito europeo, donde se vieron sorprendidos por un apabullante Mike Boit. El keniano mostró que estaba en condiciones de haber disputado el oro olímpico a Juantorena, pues consiguió dos victorias, en Zúrich el 18 de agosto, derrotando a los dos medallistas olímpicos, y en Berlín el 20, con 1:43,90 y 1:43,57 respectivamente. El año se cerró con una terrible noticia. El 29 de diciembre Ivo van Damme se dejaba la vida en la carretera a los 22 años. Plata olímpica en 800 y 1500 m, sin duda la historia del mediofondo de finales de los 70 y principios de los 80 se habría escrito de forma diferente con él.

Boit tuvo la oportunidad de enfrentarse a Juantorena al año siguiente, en 1977, en dos ocasiones. Antes, el 21 de agosto, Juantorena había arañado unas centésimas a su plusmarca mundial, al imponerse en los 800 m de la Universiada con 1:43,44. Tres días después, en Zúrich, el keniano y el cubano protagonizaron un excelente duelo. Juantorena superó a la liebre y pasó la primera vuelta en 49,6. Boit se le acercó en la contrarrecta pero no pudo seguirlo mucho más. El campeón olímpico consiguió la victoria con 1:43,64, 1 segundo exacto menos que su rival. El segundo enfrentamiento tuvo lugar en Düsseldorf, donde se celebraba la primera Copa del Mundo. Como en Montreal el año anterior, el indio Sriram Singh encabezó la primera vuelta, en 52,31, con Juantorena inmediatamente detrás y Boit en tercera posición. A falta de 300 m, Juantorena se colocó primero, pero Boit no le perdió la rueda. La recta final resultó disputadísima. A falta de 30 m parecía que el keniano podía superar al cubano, pero este resistió y se impuso en 1:44,04, 0,1 menos que su rival. Dos días después, Juantorena se hacía también la victoria en los 400 m.

 

La temporada de 1978 fue la última en la que el cubano rayó a gran altura. Se proclamó campeón de 400 y 800 m de los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en la ciudad colombiana de Medellín, donde consiguió su segunda mejor marca de siempre en 400 m, 44,27A. En 800 m registró 1:44,38, tiempo superado en la lista mundial del año por el alemán Olaf Beyer (1957) y dos jóvenes británicos que darían mucho que hablar Steve Ovett y Seb Coe (1956).

A partir de 1979, los continuos problemas físicos de Juantorena hicieron que su rendimiento descendiese mucho. Fue 4º en la final olímpica de 400 m de 1980, sin atletas estadounidenses, en la que el entonces soviético, hoy ruso, Viktor Markin (1957) se impuso con plusmarca europea de 44,60, mejor marca mundial de ese año. En 1982 volvió a vencer en los 800 m de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. En 1983 se lesionó tras haberse clasificado para la semifinal del primer campeonato del mundo de 800 m. Se retiró al año siguiente, tras haberse proclamado vencedor de los Juegos de la Amistad, la competición con la que los países del Este contraprogramaron los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, que habían boicoteado. Su despidió de la alta competición tomando parte en varias reuniones del circuito europeo.

Licenciado en Económicas y bien integrado en el régimen cubano, Juantorena ha ocupado varios cargos de gestión deportiva tanto en el Gobierno de su país con en su federación de atletismo. Es también directivo de la IAAF y del Comité Olímpico Internacional. Su hazaña en los Juegos de Montreal con su amplia zancada persiste en la memoria de los aficionados. Es habitual ver la imponente figura del cubano entre el público de los grandes campeonatos, donde sigue firmando autógrafos y posando para fotos con admiradores.