Janis Lusis, el atleta conciliador

Acaba de dejarnos el atleta letón Janis Lusis, uno de los mejores lanzadores de jabalina de la historia, campeón de Europa en 4 ocasiones y trimedallista olímpico, con una presea de cada color. Lusis había nacido en la localidad letona de Jelgava el 19 de mayo de 1939. De niño vio cómo los soldados alemanes que habían invadido su país asesinaban a su padre en 1944. Pese a ello, nunca guardó ningún resentimiento hacia Alemania. De hecho uno de sus mejores amigos fue su rival germano Klaus Wolfermann (1946).

Lusis apareció en la escena internacional en 1961, cuando fue el 10º mejor lanzador de jabalina de ese año con un mejor marca de 81.01 m con la jabalina antigua. El líder de la temporada fue el italiano Carlo Lievore (1937-2002) con 86.74 m, entonces plusmarca mundial. Ambos se enfrentaron al año siguiente en el campeonato de Europa de Belgrado. El italiano parecía en buena forma, tras realizar la mejor marca de los participantes en la clasificación, pero en la final solo pudo ser 6º. Lusis se fue a 82.04 m y ganó con más de 4 m de ventaja sobre el segundo. A finales de esa temporada mejoró su marca hasta 86.04 m, el mejor lanzamiento de ese año.

Dos años después, en los Juegos Olímpicos de Tokio, el gran favorito era el noruego Terje Pedersen (1943), que un mes antes se había ido a unos extraordinarios 91.72 m. Pero el nórdico no cumplió las expectativas y se quedó a 21 cm de pasar a la final, donde sí estaba Lusis. Bajo una lluvia considerable, aderezada con viento cambiante, el letón, representando a la Unión Soviética, se colocó líder con 80.57 m en su segundo lanzamiento. No mejoró y en la cuarta ronda se vio superado por el finlandés Pauli Nevala (1940) con 82.66 y por el húngaro Gergely Kulcsár (1934), con 82.32. Ya no habría cambios y Lusis se hizo con la medalla de bronce. Dos años después, en el campeonato de Europa de Budapest, fue Lusis quien derrotó a los atletas que le precedieron en Tokio, al renovar su título de campeón con unos buenos 84.48 m.

El año olímpico de 1968 fue el mejor año deportivo de Lusis. El 25 de junio superaba por primera vez la plusmarca mundial, con 91.98. Era el gran favorito para el oro olímpico en México. Enseguida se colocó en la cabeza de la prueba, con 86.34 m, 4 cm por delante del finlandés Jorma Kinnunen (1941-2019). Las posiciones se mantuvieron hasta que Kinnunen llevó su marca personal hasta 88.58 m en la última ronda. Lusis tenía una única oportunidad, pero no la desaprovechó y se proclamó campeón olímpico con 90.10 m.

Kinnunen superó la plusmarca mundial de Lusis en 1969 con 92.70 m. Sin embargo en el campeonato de Europa de ese año, hubo un primer intento de hacer el Europeo bianual, su actuación fue discreta. Ocupó la 10ª posición, mientras Lusis conseguía su tercer oro, con unos excelentes 91.52 m, por delante de su viejo rival Nevala. Dos años después, en 1971, volvía a celebrarse el campeonato de Europa y Lusis hizo repóker de oros. Poco antes de los Juegos Olímpicos de 1972, el letón recuperaba la plusmarca mundial al lanzar 93.80 m. Era el gran favorito para repetir el oro olímpico, aunque, sobre el papel, tendría la resistencia de Klaus Wolferman, que una semana antes de los Juegos había lanzado 90.41. No hubo sorpresas y ambos se plantaron en la final sin problemas. Lusis empezó muy fuerte con 88.88 m en su primer intento, aunque Wolfermann no lo hizo mal, con 86.68 m. Lusis mejoró en el tercer intento con 89.54 m. El alemán añadió suspense en el cuarto, al acercarse con 88.40 m. En la quinta ronda Wolferman hacía marca personal de 90.48 m y se colocaba en cabeza. Lusis se encontraba con una situación parecida a la de 4 años antes en México, si bien aquí tendría dos oportunidades de superar al líder, al que le quedaba un intento. Su quinto lanzamiento fue el peor de la serie con 81.66. Wolfermann hizo 84.70 m en el último intento. Lusis realizó un lanzamiento larguísimo, pero insuficiente. Fue segundo con 91.46 m.

Lusis continuó en activo una olimpíada más. Fue 6º en el Europeo de 1974 y 8º en los Juegos Olímpicos de 1976, donde otro grande de la jabalina, y que además diseñaba artefactos, el húngaro Miklós Németh (1946) derrotó a Wolferman y consiguió el título. Casado con la campeona olímpica de lanzamiento de jabalina, Elvira Ozolina (1939), el hijo de ambos, Voldemar (1974) fue olímpico en la misma prueba que sus padres en 2000 y 2004. De 1962 a 1974, estuvo siempre entre los 7 primeros de la lista del año, 9 veces en primera posición, una vez segundo, quinto, sexto y séptimo. Lusis también probó el decatlón. Su mejor puntuación de 7764 le permitió se 5º mundial en 1962. El pasado 29 de abril a causa de un cáncer se iba el considerado uno de los mejores lanzadores de jabalina de todos los tiempos.

 

Y el coronavirus se llevó a Donato Sabia

Aunque la Humanidad lleva padeciendo plagas desde el principio de los tiempos, a nuestra sociedad, que disfruta de una prosperidad inédita en la historia, esta terrible pandemia del COVID 19 nos ha sorprendido. Habíamos relegado la muerte a un segundo plano. Ni nos imaginábamos que una enfermedad infecciosa nos podría cambiar la vida. Y, sin embargo, aquí estamos, con medio planeta confinado en sus casas y decenas de miles de muertos, de los que sus familias no se pueden ni despedir en la mayoría de los casos. El mundo del atletismo, como no puede ser de otra manera, no es ajeno a esta tragedia. Aunque hace dos días nos alegrábamos por la recuperación del antiguo atleta y aún entrenador Josep Molins (1933), hace unos días nos entristecíamos por la muerte de Santiago Llorente (1958-2020), subcampeón mundial junior de campo a través en 1977 y campeón de España de 10 000 m en 1986, y hoy hemos sabido de la desaparición de Donato Sabia (1963-2020), un notable corredor italiano de 800 m de los años 80.

Donato Sabia había nacido en Potenza, una ciudad de 70 000 habitantes del Sur de Italia, el 11 de septiembre de 1963. Comenzó combinando los 400 y los 800 m. En 1982, en categoría sub20, corría las dos vueltas en 1:47.29. Mejoró al año siguiente hasta 1:46.62. Ese año formó parte del cuarteto de 4 x 400 italiano que ocupó la 5ª plaza en el Mundial de Helsinki.

El año olímpico de 1984 fue el mejor de su vida. En invierno se proclamó campeón de Europa en sala de 800 m.

Ya en la temporada estival estableció una mejor marca mundial en la inusual distancia de 500 m con 1:00.08. Poco después realizaba su mejor tiempo de siempre en 800 m, 1:43.88, muy cerca de la plusmarca italiana de Marcello Fiasconaro (1949) de 1:43.7.

Acudió a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles con muy poca experiencia internacional. Sin embargo, en una durísima competición de muy alto nivel, consiguió entrar en la final. Fue 3º en la primera ronda con 1:47.04, 2º en cuartos de final con 1:44.90 y 4º, con 1:45.96 en la táctica segunda semifinal. En la final, marcada por el duelo entre el fenómeno brasileño Joaquim Cruz (1963) y el recuperado británico Sebastian Coe (1956), Sabia ocupó una excelente 5ª posición con 1:44.53.

Con tan solo 20 años, el futuro parecía pertenecerle, pero los problemas físicos, omnipresentes en el deporte, cortaron su progresión. Tras unos años muy complicados, consiguió recuperarse en 1988 y con una marca de 1:45.28 acudió a los Juegos de Seúl. Su rendimiento volvió a ser excelente. Era la última vez que se disputaban 4 rondas en unos Juegos. Su camino a la final fue 3º en la primera ronda con 1:47.84, 1º en su serie de cuartos de final con 1:46.58 y 3º en la primera semifinal con 1:44.90, su mejor marca desde 1984. En la final, ganada por el desconocido keniano Paul Ereng (1967), ocupó la 7ª posición con 1:48.03.

Pese a su edad de 24 años, su cuerpo no le permitió mucho más y se retiró a principios de los años 90. Había ingresado hacía unos días en el Hospital de San Carlos de su ciudad natal, aquejado de neumonía por COVID10. Desgraciadamente el proceso se complicó hasta su fallecimiento hoy 8 de abril. Unos días antes se había muerto su padre. Según el Comité Olímpico Italiano (CONI), se trata del primer finalista olímpico que se lleva esta enfermedad. Ojalá fuese el último.

Sirvan estas líneas como un sencillo homenaje a los que nos están dejando por esta pandemia y a todos sus familiares.

Peter Snell, tal vez el mejor mediofondista de siempre

Anteayer nos dejó, a punto de cumplir los 81 años, el mediofondista neozelandés Peter Snell. Snell fue uno de los grandes del mediofondo de siempre, con sus tres medallas de oro olímpicas, dos en 800 m y una en 1500 m, en los Juegos de 1960 y de 1964. Su carrera atlética en la élite duró 5 años, en una época en la que el atletismo era amateur. Fue un corredor de 800m y 1500m que cambió el entrenamiento del mediofondo. Hasta entonces los corredores de 800m se parecían más a los de 400m. Fue el último mediofondista en ganar los 800 y los 1500 m en unos Juegos Olímpicos.

A mediados de los años 50, los mejores corredores mundiales de 800 m se fijaron como objetivo superar la mítica plusmarca mundial que el alemán Rudolf Harbig (1913-1944) había establecido en 1939 con 1:46,6. Finalmente el belga Roger Moens (1930) resultó el elegido para superar el registro imposible. En 1955 fue capaz de correr nada menos que en 1:45,7. Una lesión le impidió disputar la victoria olímpica en 1956, pero en 1960, completamente recuperado, era el gran favorito.  La final apuntaba un duelo entre Moens y el jamaicano George Kerr (1937-2012). Nadie reparaba en un joven neozelandés de 21 años que había llegado a los juegos con 1:49,2 en 880 yardas (804,67 m), pese a que había batido a Moens en la semifinal con 1:47,2 (1:47,34), mejorando sus 1:48,1 (1:48,22) de la primera ronda.

En la final el suizo Christian Wägli (1934-2019) se colocó en cabeza desde el inicio y se mantuvo hasta los últimos 100m, momento en que Moens lo sobrepasó. Parecía que por fin ganaría el oro olímpico, pero, a falta de 20 metros, Peter Snell se le echó encima por la cuerda y consiguió vencer inesperadamente, con nueva plusmarca personal, 1:46,3.

Peter Snell NZL 1.46,3 (1:46,48)
Roger Moens BEL 1.46,5 (1:46,55)
George Kerr JAM 1.47,1 (1:47,25)
Paul Schmidt RFA 1.47,6 1:47,82)
Christian Wägli SUI 1.48,1 (1:48,19)
Manfred Matuschewski RDA 1.52,0 (1:52,21)

¿Quién era este fenómeno neozelandés al que deberían haber prestado más atención? Peter George Snell había nacido en Opunake, a unos 250 Km de Wellington (Nueva Zelanda) el 17 de diciembre de 1938. En su adolescencia jugó al rugby, al golf, al bádminton y, sobre todo, al tenis. También practicaba atletismo, pero sin un entrenamiento específico. A los 18 años su mejor marca en las 880 yardas era 1:59,8. Al año siguiente mejoró hasta 1:54,0 y se encontró al que sería su mentor, el entrenador Arthur Lydiard (1917-2004). Lydiard le aseguró al joven Peter que, dada su gran velocidad, mejorando la resistencia podría llegar muy lejos. A partir de entonces la fructífera relación entre ambos llevó a Snell a lo más alto, pese a que su biotipo (1,80 m y 80 Kg) no era el habitual en un mediofondista. Se presentó en Roma como un atleta anónimo y acabó con un oro olímpico conseguido de manera brillante.

En 1961, centrado aún unicamente en los 800 y las 880 yardas, Snell derrotó a Moens en varias reuniones. En 1962 comenzó a correr la milla, sin dejar la prueba más corta. El día de Año Nuevo marcó en la distancia en 4:01,3. El 27 de enero, en la pista de hierba de 352 metros de Wanganiu (NZ) superó la plusmarca mundial del australiano Herb Elliott (1938) por una décima, con 3:54,4, con un ritmo creciente en cada una de las cuatro vueltas, 1:00,7, 59,9, 59,0 y 54,8 (3:39,3 en 1500 al paso). Una semana después, el 3 de febrero, en la pista de hierba de Chistchurch, se hizo con la plusmarca mundial de las 880y, 1:45,1, y de paso pulverizó la plusmarca de Moens, al registrar en la marca de los 800 m, 1:44,3. Este tiempo permanece en la actualidad como plusmarca nacional de Nueva Zelanda.

En los Juegos de la Commonwealth, celebrados a finales de ese 1962, Snell se hizo con el doblete en las 880y y la milla. No se disputarían las distancias métricas hasta 1970. Tras un año de 1963 de transición en el que compitió en varias ciudades de Estados Unidos, se preparó concienzudamente para ser campeón olímpico en las dos distancias del mediofondo, lo que no se conseguía desde que Albert Hill (1889-1969) lo hiciera en 1920. Para ello incrementó en las 10 semanas previas su número de kilómetros, con una media diaria de 23. Hay un detalle curioso en la trayectoria de Snell. Su primer 1500 fue el de la primera ronda de los Juegos de Tokio de 1964. Hasta entonces solamente había corrido la milla.

Su entrenamiento dio muy buen resultado. El calendario era muy duro, ya que obligaba a correr seis carreras en una semana. Snell lo hizo con tiempos de 1:49,8, 1:46,9, 1:45,1, 3:46,8, 3:38,8, 3:38,1. La final de 800 tuvo lugar el 16 de octubre. La situación era completamente distinta de la de 4 años atrás. Ahora era el absoluto favorito y no decepcionó. Su victoria se cimentó en el cambio que realizó a falta de 250m, sobrepasando al keniano Wilson Kiprugut (1938), en cabeza desde la salida. Snell ganó con parciales de 400m de 52,8 y 52,3, haciendo la segunda mejor marca de siempre, lo que da una idea de su superioridad. Los resultados fueron:

Peter Snell NZL 1.45,1
Bill Crothers CAN 1.45,6
Wilson Kiprugut KEN 1.45,9
George Kerr JAM 1.45,9
Thomas Farrell USA 1.46,6
Jerry Siebert USA 1.47,0
Dieter Bogatzki FRG 1.47,2
Jacques Pennewaert BEL 1.50,5

La final de los 1500 m se celebró el 21 de octubre, tras dos rondas previas. La carrera se desarrolló a ritmo medio con pases de 58,0, 2:00,5 y 2:59,3. A falta de 200 m, un enorme cambio de ritmo de Snell lo llevó a la meta en primera posición con una gran superioridad sobre el resto de sus rivales.

1 Peter Snell NZL 3.38.1
2 Josef Odlozil TCH 3.39.6
3 John Davies NZL 3.39.6
4 Alan Simpson GBR 3.39.7
5 Dyrol Burleson USA 3.40.0
6 Witold Baran POL 3.40.3
7 Michel Bernard FRA 3.41.2
8 John Whetton GBR 3.42.4
9 Jean Wadoux FRA 3:45.4

Unos días después de los Juegos, el 12 de noviembre se convirtió en plusmarquista mundial de los 1000 m, con un tiempo de 2:16,6. Poco después, el 17 de noviembre, en la pista de ceniza de Auckland, Snell superó su plusmarca de la milla, con 3:54,1. Pasó los 1500 en 3:37,6, que sería su tope personal, probablemente de valor similar a los 3:35,6 que tenía entonces Herb Elliott como primado mundial. El pase de los 3/4 de milla había sido de 2:54,3, que apuntaba un tiempo en torno a 3:52.

Al año siguiente se preparó precisamente para intentar superar el registro de Elliott en la distanacia métrica, pero se lesionó en abril y poco después se retiró. Posteriormente trabajó como relaciones públicas en una compañía tabacalera. En 1971 se trasladó a Estados Unidos, donde acabó fijando su residencia y donde obtuvo el grado de doctor con una tesis sobre fisiología del ejercicio en la Universidad del Estado de Washington. Esto le sirvió para hacerse profesor en la Universidad de California,  Davis, donde ya había estudiado. En 1993 obtuvo la nacionalidad estadounidense. Continuó practicando deporte, sobre todo carreras de orientación y tenis de mesa, modalidades en las que destacó en la categoría de veteranos.

En los últimos meses había comenzado con problemas cardíacos. Un episodio de pérdida de conocimiento mientras conducía le provovó un accidente de circulación. Estaba prevista su presencia en el homenaje a la milla en la reunión de la IAAF el mes pasado en Mónaco, pero sus problemas de salud no se lo permitieron. Falleció en su casa de Dallas el 12 de diciembre de 2019.

El impacto de su figura en su Nueva Zelanda natal queda muy bien reflejado en este vídeo, de diferentes noticiarios anunciando su fallecimiento.

Snell fue un revolucionario del mediofondo. Hizo compatibles el 800 y el 1500, cuando entonces los corredores de 800 rendían mejor en los 400 m. Aunque después de él hubo grandes mediofondistas que lo hicieron muy bien en ambas distancias, ninguno pudo repetir su doblete. Sebastian Coe (1956) estuvo cerca en 1980 y 1984 con sus dos oros en la distancia larga y sus dos platas en la corta. Hay que pensar que en los años 60 el atletismo era completamente amateur, aunque pudiese haber dinero bajo cuerda. ¿Qué podría haber hecho en un entorno hiperprofesionalizado como el actual?

Nota 1: Me ha gustado mucho recordar los éxitos de este gran atleta, pero muy poco el motivo por el que lo he hecho

Nota 2: Dedico esta entrada de Jorge González Amo, antiguo plusmarquista español de 1500 m y gran admirador de Snell. Jorge tiene su tríada oceánica con Herb Elliot, Peter Snell y Ron Clarke

Nota 3: El 3 de diciembre el blog superó las 50 000 visitas. Quiero daros las gracias a todos los que me leéis. Disfruto mucho haciendo las entradas. Me agrada que generen interés.

 

Harrison Dillard, el vallista campeón olímpico de 100 metros

Acaba de fallecer, a la avanzada edad de 96 años, Harrison Dillard, el único atleta capaz de hacerse con los oros olímpicos en 100 m y en 110 m vallas. Era el campeón olímpico estadounidense de más edad. Comenzó a hacer atletismo inspirado por el ejemplo de Jesse Owens, que vivía en su misma ciudad. Y como él, ganó cuatro medallas olímpicas de oro, si bien en dos ediciones de los Juegos.

William Harrison Bones Dillard nació en Cleveland (Ohio) el 8 de julio de 1923. En 1936 presenció con unos amigos un desfile en homenaje a Jesse Owens, que había vuelto de Berlín donde había ganado sus famosos 4 oros olímpicos. Un intercambio de palabras entre el joven Harrison y el mítico atleta llevaron a primero a la práctica del atletismo. Comenzó con este deporte en la escuela y continuó en el Baldwin-Wallace College. Desde su inicio, se dedicó a las vallas y, en menor medida, a la velocidad. La Segunda Guerra Mundial interrumpió su actividad atlética, cuando lo llamaron a filas y hubo de desplazarse a Europa. Tras la contienda retomó su deporte. Entre 1946 y 1948 se impuso en 82 competiciones de forma consecutiva. A principios de 1948 superó la plusmarca mundial de las 120 yardas con vallas (109,68 m) con 13,6. El tope mundial en la distancia métrica pertenecía a su compatriota Fred Wolcott (1915-1972) con 13,7. En 100 m, Dillard acreditaba 10,3 del año anterior, 0,1 más que la plusmarca mundial.

La idea de Dillard para 1948 era disputar el oro olímpico de las vallas altas en Londres, pero una mala primera valla en las pruebas de selección olímpica le impidió terminar la prueba. Consiguió clasificarse, no obstante, en los 100 m, al ser tercero, con 10,4 (10,50), por detrás de Barney Ewell (1918-1996), 10,2 (10,33), y Mel Patton (1924-2014), 10,3 (10,45). Estos dos velocistas, junto con el panameño Lloyd La Beach (1922-1999), acreditado en 10,2, eran los favoritos para el oro olímpico. Nadie contaba con el vallista. Dillard, sin embargo, corriendo por la calle 8, tomó la cabeza tras una fulgurante salida. Ewell se le acercó tanto, que pensó que había ganado y comenzó a celebrarlo, pero La Beach, que había sido tercero, lo corrigió. No has ganado. Lo ha hecho Huesos. La photo finish mostró que Huesos había corrido en 10,33 (10,3) y Ewell en 10,44 (10,4). Entonces el tiempo oficial era manual o redondeado en décimas de segundo. El equipo estadounidense, con Dillard, en la tercera posta se hizo con la victoria en el relevo 4 x 100 m.

Tras los Juegos, en 1949, Dillard terminó el college y comenzó a trabajar como relaciones públicas del equipo de béisbol de los Cleveland Indians. No compitió en 1950 y 1951, pero en 1952 retomó las vallas, con la intención de ganar el oro olímpico en 1952. Ese año Dillard, que había corrido en 13,7, se encontró con un gran rival, su compatriota Jack Davis (1930 – 2012), con una mejor marca personal de 13,7. Resultó derrotado por Dillard en las pruebas de selección olímpica, 14,0 por 14,1. En la final olímpica de Helsinki el resultado de los dos primeros fue el mismo. A ambos se les atribuyó oficialmente un tiempo de 13,7, si bien los tiempos electrónicos fueron 13,91 y 14,00. Dillard, haciendo la segunda posta, repitió oro en el relevo 4 x 100 m, haciéndose con su cuarta medalla olímpica de oro.

Aún intentó Dillard, con 33 años, acudir a sus terceros Juegos Olímpicos, pero no superó la criba de las pruebas de selección, donde se impuso Jack Davis y segundo fue el campeón olímpico de las dos siguientes ediciones Lee Calhoun (1933-1989). Tras su retirada vendió seguros, tuvo un programa de radio, escribió para la prensa y, tras haber dejado los Indians, trabajó en la red de escuelas públicas de Cleveland 27 años. Murió el 15 de noviembre de 2019.

Irena Szewińska, la dama de la velocidad

Hace unos días nos dejó la exatleta polaca Irena Szewińska. Szewińska fue una de las mejores velocistas de todos los tiempos, ganadora de siete medallas olímpicas, 3 de oro, y plusmarquista mundial, aunque no simultáneamente, de 100, 200 y 400 m. Ningún otro atleta, hombre o mujer, ha podido conseguir este monopolio de la velocidad.

Irena Szewińska nació como Irena Kirszestein en Leningrado (hoy San Petersburgo) el 24 de mayo de 1946. Su padre, de Varsovia, y su madre, de Kiev, se habían conocido en Samarkanda (Uzbekistán) donde ambos estudiaban. En 1947, tras el fallecimiento de su padre, la familia se trasladó a Varsovia. Adoptó el apellido de su marido, el exvallista y fotógrafo deportivo Januzs Szewińska, cuando se casó en 1967. Szewińska comenzó a practicar atletismo a los 7 años. En 1960 el triple oro olímpico en 100, 200 y 4 x 100 de la estadounidense Wilma Rudolph (1940-1994), una mujer procedente de un entorno absolutamente desfavorecido, le sirvió como inspiración para su fructífera futura carrera atlética. No tardaría mucho en emularla, pues 4 años después, acudió a los Juegos de Tokio para tomar parte en las pruebas de 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100. Su actuación fue excelente. Ganó la plata en los 200 m, con marca personal y plusmarca europea de 23,1 (23,13), superada por la estadounidense Edith McGuire (1944), 23,0 (23,05).  En la longitud también se hizo con la plata con mejor marca personal de 6,60, por detrás de la británica Mary Rand (1940), quien con 6,76 m se convertía en la nueva plusmarquista mundial. En el relevo consiguió mejorar sus actuaciones individuales. El equipo polaco formado por ella misma junto con Teresa Ciepły (1937 – 2006), Halina Górecka (1938) y Ewa Kłobukowska (1946) batió al estadounidense en la final con una nueva plusmarca mundial de 43,6 (43,69). Posteriormente la plusmarca se anularía, aunque se mantuvo el oro olímpico. Kłobukowska tenía una anomalía genética, un raro mosaicismo XX/XXY. Algunas de su células albergaban un cromosoma masculino. Entonces se consideraba motivo suficiente para dudar de la feminidad de una atleta y Kłobukowska resultó suspendida de por vida y sus plusmarcas anuladas. Esta anulación no se extendió a sus actuaciones en campeonatos.

Con tan solo 18 años, la joven Irena salía de Tokio con tres medallas olímpicas. Al año siguiente, 1965, conseguía su primera plusmarca mundial individual. El 9 de julio en Praga corría los 100 m en 11,1, superando los 11,2 de Wyomia Tyus (1945) de la final olímpica de Tokio. En la carrera de Praga, Ewa Kłobukowska consiguió el mismo tiempo que Szewińska, posteriormente anulado. Poco después, el 8 de agosto, se celebró en Varsovia un encuentro internacional entre Polonia y Estados Unidos. Szewińska derrotó en la carrera de 200 m a las campeonas olímpicas de 200, Edith McGuire, y de 100 m, Wyona Tyus, con un nuevo tope mundial de 22,7. Ese año fue doble campeona mundial universitaria de 100 y 200 m.

En 1966 se celebraban los campeonatos de Europa en Budapest. En la capital húngara, Szewińska, con 20 años, tuvo otra magnífica actuación, con las victorias en 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100 m. Tan solo se le escapó el oro en los 100 m, prueba en la que la derrotó Kłobukowska. Tras un año de 1967 sin grandes campeonatos, Szewińska acudió a los Juegos de México de 1968 con la intención de disputar los 4 oros en las pruebas de velocidad corta, el relevo corto y el salto de longitud. Las cosas no resultaron como ella había previsto. Pese que, con 6,67 m, había mejorado poco antes de los Juegos su plusmarca personal, no pasó de la fase de clasificación con unos pobres 6,19 y dos nulos. La última atleta en entrar en la final había saltado 6,30 m. Mejoró notablemente en los 100 m, donde hizo marca personal de 11,1 (11,19), pero fue insuficiente para superar a las estadounidenses Tyus, 11,0 (11,08) y Barbara Ferrell, 11,1 (11,15). La juvenil australiana Raelena Boyle (1951) fue 4ª con 11,1 (11,20). A Szewińska le quedaban los 200 m como última oportunidad de oro individual y no la desaprovechó. Su victoria con nueva plusmarca mundial de 22,5 (22,58) fue inapelable, con Boyle, plata, 22,7 (22,74), y su compatriota Jennifer Lamy (1949), bronce, 22,8 (22,88). Ferrell y Tyus fueron 4ª y 6ª. La prueba tuvo un nivel altísimo con cuatro mujeres por debajo de los 23,00.

Pese a este enorme oro en 200 m, es probable que los Juegos de México dejasen en la polaca un sabor agridulce. Tras la decepción de la longitud, aún quedaba la del relevo, en el que el equipo polaco no pudo defender su título olímpico por un mal cambio con caída del testigo en las semifinal. En 1969 la Asociación Europea de Atletismo trató de hacer los campeonatos de Europa al aire libre bienales. Se celebraron ese año y en 1971, pero en 1974 se volvió a los campeonatos cuatrienales, hasta 2010. Szewińska no tomó parte en los campeonatos de Europa de ese año y se retiró temporalmente en 1970 para dar a luz a su primer hijo,  Andrzej, que posteriormente sería jugador internacional de balonvolea. Volvió a la actividad atlética en 1971. En el Europeo de Helsinki fue bronce en 200 m, 5ª en salto de longitud y 6ª en 100. La vencedora en ambas pruebas fue el nuevo fenómeno de la velocidad femenina, la alemana Renate Stecher (1950). Stecher repetiría el doblete en los Juegos Olímpicos de Múnich al año siguiente. Szewińska, que no pudo llegar a la final de los 100 m, fue bronce en 200. Con 26 años y tres participaciones olímpicas, parecía que sus mejores días ya habían pasado. Nada más lejos de la realidad. La polaca aún tenía reservadas actuaciones memorables.

En 1973 mantuvo un buen tono con registros de la temporada de 11,1 y 22,7. Ese año Stecher se convertía en la primera mujer en correr por debajo de 11,0, con plusmarcas mundiales de 10,9 y 10,8, mientras en 200 se iba a 22,1 (22,38). La polaca no parecía rival para ella. Pero esa era una impresión equivocada. El 13 de junio de 1974, en Postdam, ambas atletas se enfrentaron en la distancia de 200 m, prueba en la que la alemana llevaba 4 años imbatida. Szewińska no solo ganó, sino que superó, con 22,0 (22,21) la plusmarca mundial de la alemana. El 1 de enero de 1977, este registro de 22,21 se convirtió en la primera plusmarca mundial eléctrica, únicas válidas a partir de entonces. Unos días después, el 29 de junio en Varsovia, Szewińska mejoraba en 100 m hasta 10,9. Menos de un mes después, el 22 de julio, en la misma capital polaca, Szewińska superaba por más de un segundo la plusmarca mundial de 400 m con 49,9, primer registro sub50,0 de la historia. En los campeonatos de Europa, la polaca no dio opción a Stecher y la batió tanto en los 100, 11,13 frente a 11,23, como en los 200 m, 22,51 frente a 22,58. La alemana tuvo que conformarse con dos platas.

 

Szewińska tenía intención de correr los 200 y los 400 m en los Juegos de Montreal, pero como el horario no era compatible eligió la distancia más larga. El 9 de mayo de 1976, perdió la plusmarca mundial de 400 m a manos de la alemana Christina Brehmer (1958) con un tiempo de 49,77. Poco antes de los Juegos, el 22 de junio en Bydgoszcz, Szewińska la recuperaba con un registro de 49,75. Se vislumbraba un gran duelo en la final olímpica entre la polaca de 30 años y la alemana de 18. Sin embargo, a la hora de la verdad, la experiencia de Szewińska resultó decisiva y el duelo lo fue menos. Brehmer lideró la prueba durante más de la mitad del recorrido, pero en la última recta emergió la polaca, quien no dio opción y se llevó el oro con una nueva plusmarca mundial de 49,29. Siete finalistas corrieron por debajo de 51,00.

La final olímpica de 400 de 1976 a partir de 1:25

El 1977 volvió a liderar las listas mundiales de 200 y 400 m, pruebas en las que venció en la primera Copa del Mundo, derrotando respectivamente a las pujantes alemanas Barbara Eckert (1955) y Marita Koch (1957). Esta última prueba resultó especialmente competida con las dos atletas por debajo de 50,00, 49,52 frente a 49,76. La alemana, en cabeza hasta los últimos 20 m, acabó cediendo ante el acoso de la polaca. Ese año también hizo una incursión en los 400 m vallas, entonces novedosa en categoría femenina. Realizó 56,62, 4º mejor registro de ese año, a 0,99 de la plusmarca mundial.

Szewińska aún fue bronce en los 400 m en sus últimos campeonatos de Europa, en 1978, poniendo fin a su racha de 34 victorias consecutivas en la prueba desde 1974. Fue olímpica por quinta vez en Moscú, en 1980, pero no pudo llegar a la final de la vuelta a la pista. Se retiró ese mismo año, tras 16 años en la élite mundial. Comenzó su carrera atlética enfrentándose a Wyomia Tyus y acabó haciéndolo con Marita Koch. Siempre fue capaz de dar lo mejor de sí misma con la presión de la alta competición. En 1970 se había licenciado en Administración de Empresas en la Universidad de Varsovia. Fue Presidente de la Federación Polaca de Atletismo de 1997 a 2009 y miembro de la IAAF desde 1998 hasta su fallecimiento, ocurrido el 29 de junio de 2018. Fue sin duda una de las grandes de siempre y una dama del atletismo durante y después de su época competitiva.

Horace Ashenfelter, un agente del FBI perseguido por el KGB

Acaba de fallecer Horace Ashenfelter con casi 95 años, el agente del FBI campeón olímpico de 3000 m obstáculos en Helsinki 1952, los Juegos en que Emil Zatopek (1922-2000) hizo el triplete histórico en las tres pruebas de fondo.

Ashenfelter había nacido en Phoenixville, Pennsylvania el 23 de enero de 1923. Se crió en una granja en Collegeville, muy cerca de Filadelfia. Tomó parte en la Segunda Guerra Mundial como piloto e instructor de artillería y, tras licenciarse, estudió Educación Física en la Universidad de Pennsylvania, donde comenzó a practicar atletismo. En 1950 se unió al FBI (Federal Bureau Investigation), lo que no le impidió continuar sus entrenamientos como corredor fondo y, posteriormente, de obstáculos en sus ratos libres. Solía entrenarse en un parque por las noches, utilizando los bancos como improvisados obstáculos. Inicialmente se centró más en 5 y 10 Km en pista. En la primera distancia disputó la prueba de selección olímpica de su país en 1948, en la que ocupó la quinta posición. En 1950 fue campeón nacional de 10 000 m. No consideró la prueba de obstáculos seriamente hasta 1952, año en que sorprendió en las pruebas de selección olímpica al imponerse en esta distancia con nueva plusmarca estadounidense de 9:06,4. También se clasificó para los 10 000 m, que finalmente no disputó. El FBI le concedió un mes de vacaciones para preparar los Juegos, aunque él mismo ya se lo había procurado cambiando turnos y haciendo horas extras.

El gran favorito para hacerse con el oro olímpico en Helsinki era el ruso, entonces soviético, Vladimir Kazantsev (1923-2007), héroe de guerra del Ejército Rojo y oficial del KGB. Poseía la plusmarca mundial (oficiosa, la IAAF no reconocería las plusmarcas mundiales de obstáculos hasta 1954) en 8:48,6. En la prueba olímpica se programaron 3 series semifinales, Kazantsev se impuso en la primera con 8:58,0, nueva plusmarca olímpica. El galés John Disley (1928-2016), acreditado en 8:51,4 que posteriormente sería uno de los fundadores del maratón de Londres, ganó la segunda serie con 8:59,4. Ashenfelter, que competía en la tercera, pulverizó su marca personal y de paso superó la efímera plusmarca olímpica de Kazantsev con 8:51,0. El resultado de las series apuntaba a una gran final, como así fue.

En la ronda definitiva Kazantsev, mucho más experimentado, seguía siendo el principal favorito, pero tanto Ashenfelter, como Disley, no se lo pondrían fácil. El bielorruso, entonces soviético, Mijail Saltikov (1925) lideró el primer kilómetro en unos rapidísimos 2:49,8. A partir de ahí Kazantsev y Ashenfelter se alternaron en la primer posición. El segundo kilómetro se cruzó en 5:47,4. En la última vuelta, el ruso se lanzó por el oro, pero una mala caída en la última ría lo dejó sin opciones. Ashenfelter cambió de ritmo y, pese a su mal paso por el último obstáculo, se hizo con la victoria con una nueva plusmarca mundial de 8:45,4. Kazantsev pudo mantener la segunda posición, 8:51,6, ante el acoso de Disley, finalmente bronce, 8:51,8. Tras la victoria del obstaculista estadounidense, los periodistas de su país bromearon diciendo que era la primera vez que un agente del FBI se dejaba seguir por el KGB.

 

Ashenfelter tuvo un magnífico recibimiento de vuelta en Filadelfia, en el que tomó parte el propio director del FBI, el todopoderoso J Edgar Hoover (1895-1972). El campeón olímpico siguió compitiendo hasta 1957. Participó en los Juegos de Melbourne en 1956 pero no entró en la final. En total ganó 17 títulos nacionales al aire libre, en pista cubierta y en el campo a través Dejó el FBI en 1959 por un trabajo en una empresa privada. Se jubiló en 1993. Falleció el 6 de enero de 2018. Es el único atleta estadounidense que ha ganado el oro olímpico en la prueba de 3000 m obstáculos. Evan Jager (1989) fue plata en 2016. Quizá tenga una nueva oportunidad en 2020, en una distancia que desde 1984 monopolizan los atletas kenianos.

Miruts Yifter, el hombre envuelto en un halo de misterio

Nos ha dejado Miruts Yifter, el etíope sin edad, el hombre cuya vida siempre estuvo envuelta en un halo de misterio. Su fecha oficial de nacimiento es el 15 de mayo de 1944, pero hay fuentes que la sitúan en 1938. A las preguntas sobre el tema, siempre respondía con evasivas: Me pueden robar los pollos o las ovejas, pero no me pueden robar la edad.

Aunque no se conozca la fecha de nacimiento de Yifter, sí se conoce el lugar, la ciudad etíope de Adigrat, fronteriza con Eritrea. Tras realizar diversos trabajos, se unió a la Fuerza Aérea de su país, donde comenzó a interesarse por el atletismo. En los años 60 tuvieron lugar los logros de dos de los atletas etíopes más grandes: Abebe Bikila (1932-1973), doble campeón olímpico de maratón en 1960 y 1964, y Mamo Wolde (1932-2002), que sucedió a Bikila en el maratón de México, después de haber sido plata en 10000 m, y medallista de bronce en el maratón de los Juegos de 1972. Yifter pronto se uniría a ellos como un grande del fondo, no solo etíope, sino mundial. En 1971 se dio a conocer internacionalmente en un encuentro África – Estados Unidos, celebrado en Carolina del Norte. El primer día aceleró, delante de Steve Prefontaine (1951-1975), en la recta de llegada… de la penúltima vuelta del 5000, un error que lo llevó a abandonar, pero el segundo día se impuso en el 10000, por delante de Frank Shorter (1947). Al año siguiente,  estaba inscrito en las dos pruebas de fondo de los Juegos de Múnich. Fue bronce en un sensacional 10 000, ganado por el finlandés Lasse Virén (1949) con plusmarca mundial. Yifter realizó 27:40,96, su mejor marca de siempre. Cuatro días después no se presentó en su serie de 5000 m. La verdadera razón de esta incomparecencia es un enigma. Hay múltiples versiones, que se quedó dormido, que se perdió, que se olvidó su credencial… Él añadió una nueva: una falsa información dada por los propios delegados oficiales etíopes con los que Yifter tenía mala relación, dado su origen en la provincia rebelde de Tigré, que se oponía a las políticas del emperador Haile Selassie (1892-1975). Sea como fuere, a las autoridades deportivas de Etiopía no les gustó lo sucedido y culparon al propio atleta, que se pasó tres meses en la cárcel al regresar a su casa. En 1973, probablemente ya congraciado con los dirigentes de su país, ganó el 10 000 de los Juegos Africanos, y fue segundo, por detrás del keniano Ben Jipcho (1943) en el 5000.

A principios de 1976 los All Blacks, el equipo neozelandés de rugby, realizó una gira por Suráfrica. Debido a sus políticas racistas, Suráfrica estaba excluida de todas las competiciones deportivas oficiales. Pese a que el rugby no era olímpico, la delegación de Congo, secundada por la mayoría de los países africanos, exigió al Comité Olímpico Internacional (COI) que sancionase a Nueva Zelanda impidiendo su participación en los Juegos. Dado que el COI no aceptó la demanda, los países africanos decidieron no acudir a la cita de Montreal. Yifter fue, sin duda, uno de los grandes perjudicados. Nos quedamos sin un gran doble duelo con Lasse Virén y sin saber si el finlandés habría sido capaz de renovar sus títulos de Múnich con el etíope en liza. En 1977 se estrenó la Copa del Mundo, una competición entre territorios: Europa, Asia, África, Estados Unidos, resto de América, Oceanía y los dos primeros países de la Copa de Europa. La primera edición se celebró en Düsseldorf. Yifter, representando a África, obtuvo sendas victorias en 5000 m, con 13:13,82, su mejor marca de siempre, a 0,95 de la plusmarca mundial de Dick Quax (1948), y 10 000 m, 28:32,3. En ambos casos s victoria se basó en un cambio de ritmo seco a falta de 300 metros, que se convertiría en su carta de presentación. La prensa lo llamó Yifter the Shifter (el del cambio). Además, en febrero de ese año, Yifter había realizado la que en aquel momento era mejor marca mundial de siempre de medio maratón, 1h02:57, entonces una distancia inusual. En 1979 se proclamó campeón de África en 5 y 10 Km y repitió su doblete en la Copa del Mundo celebrada Montreal, ciudad donde no había podido estar en 1976.

Yifter se preparó a conciencia para los Juegos de Moscú de 1980. Esta vez fue la política la que dejó coja la competición. En respuesta a la invasión soviética de Afganistán en 1979, el Presidente James Carter (1924) decidió que el equipo estadounidense no acudiría a los Juegos. Una gran parte de los países occidentales secundaron a Estados Unidos. Kenia, con su nueva estrella del fondo Henry Rono (1952), flamante plusmarquista mundial de 3000 m, 7:32,2, 5000 m, 13:08,4, 10000 m, 27:22,5, y 3000 m obstáculos, 8:05,4, tampoco estaría en Moscú. No lo habría tenido fácil, en cualquier caso con Yifter, que además contaba con la disciplinada ayuda del resto del equipo etíope: Mohamed Kedir (1954)  y Tolosa Kotu (1952). Cada uno de los tres etíopes ganó fácilmente su semifinal olímpica de 10000 m. El triplete era posible. La final, controlada en todo momento por los etíopes, se corrió a un ritmo muy irregular, con 14:03,5 en la mitad de la prueba. A falta de 700 metros, el grupo de cabeza estaba formado por los 3 etíopes, Lasse Virén, buscando su tercer oro consecutivo en la prueba,  y su compatriota Karlo Maaninka (1953). El aún campeón olímpico se colocó en cabeza, intentando repetir su táctica ganadora de los Juegos anteriores, pero no logró despegar a ninguno de sus rivales. En el último 300 Yifter cambió bruscamente de ritmo y se hizo con el oro en 27:42,69, última vuelta en 54,64. Maaninka impidió el triplete etíope, al ser plata con 27:44,28. Kedir fue 3º, 27:44,64, y Kotu 4º, 27:46,47. El finlandés acabaría confesando que había recurrido a las autotransfusiones para aumentar su rendimiento en los Juegos.

A continuación, Yifter, tras dos rondas, se clasificó fácilmente para la final de los 5000 metros, donde volvía a tener a Kedir a su lado y a otro etíope, Yohannes Mohamed (1948). La carrera no fue demasiado rápida. Tras pasos de 2:38,66, 5:23,38, 8:08,44 y 10:51,50, a falta de una vuelta todos los finalistas permanecían juntos. En ese momento, viniendo desde atrás, atacó Kedir. Yifter se quedó encerrado por el irlandés Eamon Coghlan (1953), plusmarquista mundial de la milla en sala, y el tanzano Suleiman Nyambui (1953). En el 300, Kedir se giró esperando una respuesta por parte de Yifter, que debió ser afirmativa porque le abrió el camino, de modo que este, con su rapidísimo acelerón, se colocó en cabeza hasta la meta. Se hizo con su segundo oro en 13:20,91, 55,02 la última vuelta, por delante de Nyambui, 13:21,60 y de Maaninka, 13:22,00.

Tras su doblete en Moscú, la intención de Yifter era prepararse para el maratón olímpico de 1984, pero las cosas le no salieron bien. En cualquier caso Etiopía no volvería a unos Juegos hasta 1992. En 1981 Etiopía participaba por primera vez en el Campeonato Mundial de Campo a través, que ese año tenía lugar en el Hipódromo de la Zarzuela, en Madrid. Presentaron un potente equipo en el que destacaban Kedir y el propio Yifter. A falta de una vuelta los etíopes ocupaban las 6 primeras plazas con el anterior campeón, el estadounidense Craig Virgin (1955), 7º a cierta distancia, pero en ese momento se pararon pensando que ya habían terminado. Virgin se situó inmediatamente en primera posición. Kedir supo rehacerse y alcanzó al estadounidense, quien acabó renovando su título mundial. Kedir mantuvo la segunda plaza y, pese al monumental error, Etiopía se hizo con el oro por países. Yifter fue finalmente el 15º. Parece que el malentendido partió del entrenador etíope. El recorrido se componía de una vuelta pequeña y 4 grandes. El técnico pensó que eran 4 vueltas, incluyendo la pequeña. Yifter volvió a ganar el oro por países en los 2 siguientes Mundiales, en los que resultarían vencedores Kedir en 1982 y otro etíope, Bekele Debele  (1963), en 1983.

Tras su retirada fue entrenador del equipo nacional de Etiopía. Sin embargo, problemas serios con el Gobierno de su país hicieron que Yifter tomase en 1997 la decisión de emigrar a Canadá, donde siguió ejerciendo como entrenador. Falleció el 23 de diciembre de 2016 a consecuencia de problemas respiratorios en un hospital de Toronto, unos días después de que, por error, se anunciase su muerte. Yifter, uno de los mejores fondistas de la historia, fue un excelente competidor, al que interesaron poco las plusmarcas mundiales. Para la historia han quedado sus demoledores últimos 300 metros. Nunca sabremos lo que habría sucedido en Montreal, pero habría sido un rival muy duro para Lasse Virén. Fue una de las fuentes de inspiración para Haile Gebreselassie (1973) y forma parte, junto con el propio Gebre, Bikila, Wolde y el actual plusmarquista mundial de 5 y 10 Km Kenenisa Bekele (1982), del repóquer de ases del fondo etíope.