Irena Szewińska, la dama de la velocidad

Hace unos días nos dejó la exatleta polaca Irena Szewińska. Szewińska fue una de las mejores velocistas de todos los tiempos, ganadora de siete medallas olímpicas, 3 de oro, y plusmarquista mundial, aunque no simultáneamente, de 100, 200 y 400 m. Ningún otro atleta, hombre o mujer, ha podido conseguir este monopolio de la velocidad.

Irena Szewińska nació como Irena Kirszestein en Leningrado (hoy San Petersburgo) el 24 de mayo de 1946. Su padre, de Varsovia, y su madre, de Kiev, se habían conocido en Samarkanda (Uzbekistán) donde ambos estudiaban. En 1947, tras el fallecimiento de su padre,  la familia se trasladó a Varsovia. Adoptó el apellido de su marido, el exvallista y fotógrafo deportivo Januzs Szewińska, cuando se casó en 1967. Szewińska comenzó a practicar atletismo a los 7 años. En 1960 el triple oro olímpico en 100, 200 y 4 x 100 de la estadounidense Wilma Rudolph (1940-1994), una mujer procedente de un entorno absolutamente desfavorecido, le sirvió como inspiración para su fructífera futura carrera atlética. No tardaría mucho en emularla, pues 4 años después, acudió a los Juegos de Tokio para tomar parte en las pruebas de 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100. Su actuación fue excelente. Ganó la plata en los 200 m, con marca personal y plusmarca europea de 23,1 (23,13), superada por la estadounidense Edith McGuire (1944), 23,0 (23,05).  En la longitud también se hizo con la plata con mejor marca personal de 6,60, por detrás de la británica Mary Rand (1940), quien con 6,76 m se convertía en la nueva plusmarquista mundial. En el relevo consiguió mejorar sus actuaciones individuales. El equipo polaco formado por ella misma junto con Teresa Ciepły (1937 – 2006), Halina Górecka (1938) y Ewa Kłobukowska (1946) batió al estadounidense en la final con una nueva plusmarca mundial de 43,6 (43,69). Posteriormente la plusmarca se anularía, aunque se mantuvo el oro olímpico. Kłobukowska tenía una anomalía genética, un raro mosaicismo XX/XXY. Algunas de su células albergaban un cromosoma masculino. Entonces se consideraba motivo suficiente para dudar de la feminidad de una atleta y Kłobukowska resultó suspendida de por vida y sus plusmarcas anuladas. Esta anulación no se extendió a sus actuaciones en campeonatos.

Con tan solo 18 años, la joven Irena salía de Tokio con tres medallas olímpicas. Al año siguiente, 1965, conseguía su primera plusmarca mundial individual. El 9 de julio en Praga corría los 100 m en 11,1, superando los 11,2 de Wyomia Tyus (1945) de la final olímpica de Tokio. En la carrera de Praga, Ewa Kłobukowska consiguió el mismo tiempo que Szewińska, posteriormente anulado. Poco después, el 8 de agosto, se celebró en Varsovia un encuentro internacional entre Polonia y Estados Unidos. Szewińska derrotó en la carrera de 200 m a las campeonas olímpicas de 200, Edith McGuire, y de 100 m, Wyona Tyus, con un nuevo tope mundial de 22,7. Ese año fue doble campeona mundial universitaria de 100 y 200 m.

En 1966 se celebraban los campeonatos de Europa en Budapest. En la capital húngara, Szewińska, con 20 años, tuvo otra magnífica actuación, con las victorias en 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100 m. Tan solo se le escapó el oro en los 100 m, prueba en la que la derrotó Kłobukowska. Tras un año de 1967 sin grandes campeonatos, Szewińska acudió a los Juegos de México de 1968 con la intención de disputar los 4 oros en las pruebas de velocidad corta, el relevo corto y el salto de longitud. Las cosas no resultaron como ella había previsto. Pese que, con 6,67 m, había mejorado poco antes de los Juegos su plusmarca personal, no pasó de la fase de clasificación con unos pobres 6,19 y dos nulos. La última atleta en entrar en la final había saltado 6,30 m. Mejoró notablemente en los 100 m, donde hizo marca personal de 11,1 (11,19), pero fue insuficiente para superar a las estadounidenses Tyus, 11,0 (11,08) y Barbara Ferrell, 11,1 (11,15). La juvenil australiana Raelena Boyle (1951) fue 4ª con 11,1 (11,20). A Szewińska le quedaban los 200 m como última oportunidad de oro individual y no la desaprovechó. Su victoria con nueva plusmarca mundial de 22,5 (22,58) fue inapelable, con Boyle, plata, 22,7 (22,74), y su compatriota Jennifer Lamy (1949), bronce, 22,8 (22,88). Ferrell y Tyus fueron 4ª y 6ª. La prueba tuvo un nivel altísimo con cuatro mujeres por debajo de los 23,00.

Pese a este enorme oro en 200 m, es probable que los Juegos de México dejasen en la polaca un sabor agridulce. Tras la decepción de la longitud, aún quedaba la del relevo, en el que el equipo polaco no pudo defender su título olímpico por un mal cambio con caída del testigo en las semifinal. En 1969 la Asociación Europea de Atletismo trató de hacer los campeonatos de Europa al aire libre bienales. Se celebraron ese año y en 1971, pero en 1974 se volvió a los campeonatos cuatrienales hasta 2010. Szewińska no tomó parte en los campeonatos de Europa de ese año y se retiró temporalmente en 1970 para dar a luz a su primer hijo,  Andrzej, que posteriormente sería jugador internacional de balonvolea. Volvió a la actividad atlética en 1971. En el Europeo de Helsinki fue bronce en 200 m, 5ª en salto de longitud y 6ª en 100. La vencedora en ambas pruebas fue el nuevo fenómeno de la velocidad femenina, la alemana Renate Stecher (1950). Stecher repetiría el doblete en los Juegos Olímpicos de Múnich al año siguiente. Szewińska, que no pudo llegar a la final de los 100 m, fue bronce en 200. Con 26 años y tres participaciones olímpicas, parecía que sus mejores días ya habían pasado. Nada más lejos de la realidad. La polaca aún tenía reservadas actuaciones memorables.

En 1973 mantuvo un buen tono con registros de la temporada de 11,1 y 22,7. Ese año Stecher se convertía en la primera mujer en correr por debajo de 11,0, con plusmarcas mundiales de 10,9 y 10,8, mientras en 200 se iba a 22,1 (22,38). La polaca no parecía rival para ella. Pero esa era una impresión equivocada. El 13 de junio de 1974, en Postdam, ambas atletas se enfrentaron en la distancia de 200 m, prueba en la que la alemana llevaba 4 años imbatida. Szewińska no solo ganó, sino que superó, con 22,0 (22,21) la plusmarca mundial de la alemana. El 1 de enero de 1977, este registro de 22,21 se convirtió en la primera plusmarca mundial eléctrica, únicas válidas a partir de entonces. Unos días después, el 29 de junio en Varsovia, Szewińska mejoraba en 100 m hasta 10,9. Menos de un mes después, el 22 de julio, en la misma capital polaca, Szewińska superaba por más de un segundo la plusmarca mundial de 400 m con 49,9, primer registro sub50,0 de la historia. En los campeonatos de Europa, la polaca no dio opción a Stecher y la batió tanto en los 100, 11,13 frente a 11,23, como en los 200 m, 22,51 frente a 22,58. La alemana tuvo que conformarse con dos platas.

 

Szewińska tenía intención de correr los 200 y los 400 m en los Juegos de Montreal, pero como el horario no era compatible eligió la distancia más larga. El 9 de mayo de 1976, perdió la plusmarca mundial de 400 m a manos de la alemana Christina Brehmer (1958) con un tiempo de 49,77. Poco antes de los Juegos, el 22 de junio en Bydgoszcz, Szewińska la recuperaba con un registro de 49,75. Se vislumbraba un gran duelo en la final olímpica entre la polaca de 30 años y la alemana de 18. Sin embargo, a la hora de la verdad, la experiencia de Szewińska resultó decisiva y el duelo lo fue menos. Brehmer lideró la prueba durante más de la mitad del recorrido, pero en la última recta emergió la polaca, quien no dio opción y se llevó el oro con una nueva plusmarca mundial de 49,29. Siete finalistas corrieron por debajo de 51,00.

La final olímpica de 400 de 1976 a partir de 1:25

El 1977 volvió a liderar las listas mundiales de 200 y 400 m, pruebas en las que venció en la primera Copa del Mundo, derrotando respectivamente a las pujantes alemanas Barbara Eckert (1955) y Marita Koch (1957). Esta última prueba resultó especialmente competida con las dos atletas por debajo de 50,00, 49,52 frente a 49,76. La alemana, en cabeza hasta los últimos 20 m, acabó cediendo ante el acoso de la polaca. Ese año también hizo una incursión en los 400 m vallas, entonces novedosa en categoría femenina. Realizó 56,62, 4º mejor registro de ese año, a 0,99 de la plusmarca mundial.

Szewińska aún fue bronce en los 400 m en sus últimos campeonatos de Europa, en 1978, poniendo fin a su racha de 34 victorias consecutivas en la prueba desde 1974. Fue olímpica por quinta vez en Moscú, en 1980, pero no pudo llegar a la final de la vuelta a la pista. Se retiró ese mismo año, tras 16 años en la élite mundial. Comenzó su carrera atlética enfrentándose a Wyomia Tyus y acabó haciéndolo con Marita Koch. Siempre fue capaz de dar lo mejor de sí misma con la presión de la alta competición. En 1970 se había licenciado en Administración de Empresas en la Universidad de Varsovia. Fue Presidente de la Federación Polaca de Atletismo de 1997 a 2009 y miembro de la IAAF desde 1998 hasta su fallecimiento, ocurrido el 29 de junio de 2018. Fue sin duda una de las grandes de siempre y una dama del atletismo durante y después de su época competitiva.

Anuncios

Lo que se podría cambiar en el atletismo actual

El mes de agosto, con el gran campeonato de atletismo que corresponda, es muy propicio para los debates en Twitter. En realidad la única razón por la que me uní a Twitter fue para escribir de atletismo y poder cambiar impresiones con otros aficionados. Estos días he tenido un contraste de pareceres sobre la idoneidad de medir los saltos largos desde el punto de batida y no desde el final de la tabla. Aunque la medida no resultó muy bien considerada, me hizo pensar en lo que me gustaría que cambiase en el atletismo actual. Y me salen unas cuantas cosas, que paso a contar.

  1. Medida de los saltos largos desde el punto de batida

Se podría habilitar una zona en la que el pie dejase una marca, desde donde se mediría el salto. Esta sería la medición real de lo que el atleta ha saltado porque los atletas se suelen dejar entre 5 y 12 cm. Además, dado que el saltador no tendría que ajustar tanto es probable que su prestación fuese mejor que con los actuales ajustes. Se me ha argumentado que de esta forma se perdería el arte del cálculo de la batida. Puede ser, pero en los saltos altos, cuando se cambió la arena por las colchonetas, se también se perdió el arte de caer de pie.

 

2. Reducir al mínimo la clasificación por tiempos

Las clasificaciones por tiempo dividen a los atletas en dos grupos, los privilegiados de la última serie y el resto. Entiendo que haya algún atleta que se clasifique por tiempos cuando el número de finalistas dividido por el número de semifinales no da un número entero. El resto de esa división deberían ser los clasificados por tiempos. En estos Mundiales de Londres hemos visto ¡5! clasificadas por tiempos en las dos semifinales de 5000 m femeninos, y 5 por puestos, o 6 tiempos en las 3 series de la primera ronda del 1500 masculino. Quizá donde esto deja un mayor lugar al azar es en las semifinales de 800 m. Hasta los Juegos de Seúl 1988 en la prueba de 800 m había 4 rondas. En la tercera ronda se disputaban dos semifinales y entraban los 4 primeros en la final. A partir de entonces comenzaron a disputarse 3 semifinales, de las que pasan los dos primeros y dos tiempos, lo que añade un componente innecesario de fortuna. Lo peor es que, en lugar de corregirlo, este método se ha extendido a todas las pruebas que se disputan por calles. Se dice que si se pusiese una ronda más sería un esfuerzo excesivo. Tal vez, pero Sebastian Coe (1956) en los Juegos de LA84 corrió 4 rondas de 800 m y 3 de 1500 m. Acabó con oro en la segunda y plata en la primera. Hoy día casi nadie dobla. Otra solución podría ser incrementar el número de finalistas a 9, en los estadios que tuviesen 9 calles. Pasarían los 3 primeros de cada serie y no habría, lógicamente, ningún repescado por tiempos.

3. Volver a dos curvas por calles en los 800 m

A mediados de los 70, durante 4 temporadas, de 1973 a 1976, las pruebas de 800 m se disputaron con 2 curvas por calles. Tal vez fue casual, pero las marcas de los grandes campeonatos con esta forma de correr fueron excepcionales: 1:43,91 en los Juegos de la Commonwealth de 1974, 1:44,07 en el campeonato de Europa del mismo año y 1:43:50 en los Juegos Olímpicos de Montreal, plusmarca mundial. Lo cierto es que tener que ir 300 m por calles antes de poder hacerse con la cuerda supone tener que correr muy rápido, lo que hace mucho más difícil que la carrera sea táctica. En mi opinión sería mucho más vistoso.

 

4. Incorporar los 3000 m lisos como oficial en los campeonatos

A la prueba de 3000 m lisos ya le he dedicado 3 entradas. Fue olímpica hasta 1924 en categoría masculina, en la modalidad de equipos, y de 1984 a 1992 en categoría femenina y es oficial en el Campeonato de Europa por equipos y en la Copa Continental de la IAAF, en ambos casos en sustitución del cada vez menos disputado 10 000. El programa olímpico masculino de atletismo apenas se ha modificado desde 1928. El atletismo ha cambiado mucho desde entonces. El salto del 1500 al 5000 es enorme. Hay atletas que realmente serían mejores en una prueba intermedia. Seguro que hay muchísimas más razones para que los 3000 m se conviertan en olímpicos. Supondrían un cambio para bien en la transición del mediofondo al fondo.

5. Decatlón femenino

En el primer campeonato del mundo, celebrado en 1983, las mujeres no disputaron el 5000 (había 3000), el 10 000, los obstáculos, el triple, la pértiga, el martillo o la marcha. Hoy el programa femenino, más con la reciente introducción semiclandestina de los 50 Km marcha, es casi igual al masculino. Tal vez no tiene sentido que disputen una prueba combinada diferente al decatlón. Ya escribí contra la ocurrencia de la EAA de hacer octatlón para ambos sexos, pero creo que se debería hacer octatlón femenino durante un ciclo olímpico como transición al decatlón. El cambio directo al decatlón sería complicado principalmente por el salto de pértiga. El octatlón consistiría en 100 m, longitud, peso y 400 m el primer día, y 100 m vallas, altura, jabalina, pértiga y 1500 m el segundo día. En 4 años se transformaría en decatlón.

Solo son las opiniones de un aficionado al atletismo, pero creo que podrían mejorar el espectáculo y hacer este deporte más atractivo y mediático.

 

 

Cómo acabar una final olímpica con plusmarca mundial y ser solo bronce

En 1924 el fundador del moderno olimpismo, el barón Pierre de Coubertin (1863-1937) consiguió llevar a su ciudad natal los Juegos Olímpicos de verano. Estos Juegos acabarían inmortalizados en la excepcional película Carros de Fuego, con la historia de Eric Liddell (1902-1945) y Harold Abrahams (1899-1978) pero fueron también conocidos porque el futuro actor John Weissmuller (1904-1984)se convirtió en el primer nadador en bajar de 1 minuto en 100 metros o porque el finlandés Paavo Nurmi (1897-1973) se hizo con 5 oros, entre ellos los de 1500 m y 5000 m, ganados con menos de 2 horas de diferencia. En medio de estos logros sucedió un hecho muy curioso. El atleta estadounidense Robert LeGrende (1898-1931) superó la plusmarca mundial de salto de longitud, terminó su final siendo plusmarquista y solamente consiguió la medalla de bronce.

Pierre Robert Lucien LeGrende (Lewiston, Maine, 7 de enero de 1898) nació en el seno de una modesta familia de origen franco canadiense. Pese a ello y a la prematura muerte de sus padres, Robert, probablemente gracias también a su talento atlético, consiguió entrar en la Universidad de Georgetown. Además del atletismo también practicaba fútbol americano, baloncesto y béisbol. Centrándose más en el atletismo comenzó a destacar en la prueba de pentatlón clásico, que se disputó en los Juegos Olímpicos de 1912 a 1924 y en la que se hizo famoso el estadounidense Jim Thorpe (1887-1953). Consistía en la disputa de salto de longitud, lanzamiento de jabalina, 200 metros, lanzamiento de disco y 1500 metros. A diferencia del decatlón, la puntuación no se decidía por tabla sino por puestos. En Estados Unidos continuó disputándose hasta 1978.

En 1917, al entrar los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, LeGrende se enroló en los Student Army Training Corps en Georgetown. No se trasladó al frente en Europa pero sí para disputar los Juegos Interaliados en París en 1919, en los que participaban militares de los países que habían ganado la guerra. LeGrende se impuso en el pentatlón, lo que le supuso un recibimiento de héroe en su casa. En 1920 tomó parte en el pentatlón de los Juegos Olímpicos de Amberes. Empató con el 3º, el finlandés Hugo Lahtinen (1891-1977), pero se quedó fuera de las medallas porque Lahtinen lo batió en 3 de las 5 pruebas. 4 años después intentó clasificarse para los Juegos de París en las pruebas de salto de longitud y en el pentatlón. Aunque ganó la prueba combinada de selección, una lesión le impidió clasificarse en la longitud.

1924 Olympic Games in Paris. Pentathlon. Robert Legendre, USA. competing in the Long Jump discipline in the Pentahlon

Robert LeGrende en el salto que le dio la plusmarca mundial (7,76 m) en los Juegos de París de 1924. Imagen: Georgetown Metropolitan.

El pentatlón olímpico tuvo lugar el 7 de julio, con el salto de longitud como primera prueba. En su tercer y último intento LeGrende se fue a 7,76 metros, 7 cm por encima de la plusmarca mundial de su compatriota Edward Gourdin (1897-1966). Sin embargo, tras concluir las cinco pruebas LeGrende no pudo hacerse con el oro. Acabó la final olímpica con una plusmarca mundial y una medalla de bronce, tras el finlandés Eero Lehtonen (1898-1959) y el húngaro Elemér Somfay (1898-1979). Al día siguiente dos atletas de raza negra, William DeHart Hubbard (1903-1976) y el explusmarquista mundial Edward Gourdin, se hacían con el oro y la plata en el salto de longitud. Uno de los dos aparece representado fugazmente en la película Carros de Fuego. La marca del ganador fue 32 cm más corta que el registro de LeGrende en el pentatlón. DeHart Hubbard se convirtió en el primer atleta negro en ganar un oro olímpico. Hoy son mayoría. Al año siguiente superó el tope mundial de  LeGrende con un salto de 7,89 metros. LeGrende se graduó como dentista y se unió a la Marina, donde ejerció su profesión hasta su prematura muerte en 1931, a la edad de 33 años, a causa de una neumonía.

48 años más tarde, en los Juegos de Münich de 1972 estuvo a punto de suceder algo similar. La atleta alemana Heidemarie Rosendhal (1947) se hizo con el oro en el salto de longitud , con 6,78 metros. Dos días después tomó parte en el pentatlón (80 metros vallas, lanzamiento de peso, salto de altura, salto de longitud y 200 metros), prueba antecesora del heptatlón, que también se disputaba en 2 días. El segundo día Rosendhal realizó 6,83 metros en el salto de longitud, a tan solo 1 cm de la plusmarca mundial que ella misma poseía. En la prueba combinada ocupó el segundo lugar. El pertiguista Danny Ecker (1977), que en 2001 saltó 6 metros en sala, es hijo de Rosendhal.

En la actualidad parece difícil que se consiga una plusmarca mundial durante el desarrollo de las pruebas combinadas, tanto masculinas como femeninas. Aunque algunas de las mejores marcas conseguidas en combinadas son excelentes, se encuentran bastante lejos de las plusmarcas mundiales absolutas.

¿Y si los 8,90 de Bob Beamon hubiesen sido realmente 8,90v?

Los Juegos Olímpicos de México son probablemente los mejores de la historia en lo que se refiere a atletismo. La altitud, el material sintético y una excelente generación de atletas dieron lugar a una catarata de plusmarcas mundiales nunca vista y que no ha vuelto a suceder. De todos los acontecimientos ocurridos en México en el otoño de 1968, tal vez el más emblemático haya sido el salto de Bob Beamon (1946) de 8,90 metros, 55 cm más que el anterior tope mundial, que compartían el estadounidense oro olímpico en 1960 Ralph Boston (1939) y el entonces soviético Igor Ter Ovanesyan (1939), si bien este en altitud. Para hacernos una idea de lo que supuso el famoso salto es como si hoy alguien alcanzase 9,50 metros.

Robert Beamon (South Jamaica, Queens, Nueva York, 29 de agosto de 1946) era, pese a su inexperiencia, uno de los grandes favoritos para hacerse con el oro olímpico. El año de los Juegos ganó 22 de las 23 competiciones en las que había tomado parte. Tenía una mejor marca de 8,33 metros, y otro registro más de 8,39v. Ralph Boston, que lo entrenaba no oficialmente, había dicho de él que podría saltar 9 metros. En la clasificación Boston hizo 8,27 en el primer salto, nueva plusmarca olímpica. Pero Beamon, como Jesse Owens (1913-1980) 32 años antes hizo dos nulos. Tras un intercambio de palabras con Boston, realizó algunas correcciones y llegó a 8,19. Quien también tuvo problemas en esta fase fue campeón en Tokio, el galés Lynn Davis (1942), que tras 2 nulos se clasificó con 7,94. La organización no previó la ayuda de la altitud y estableció el punto de corte en 7,65 metros. En la final hubo 17 competidores. El nivel era muy alto, con los dos anteriores campeones olímpicos, uno de ellos coplusmarquista mundial, y el otro coplusmarquista mundial, además de Beamon, líder del año. Beamon saltaba en cuarto lugar. Los tres primeros saltadores hicieron sendos nulos. Beamon tomó carrerilla y realizó un salto prodigioso. El sistema automático de medición no llegaba tan lejos y hubo de cuantificarse manualmente. El resultado, estratosférico, 8 metros y 90 centímetros. Beamon no entendió la magnitud del salto hasta que se lo transformaron a pies y pulgadas, 29-2,5.

El logro del estadounidense hizo perder la concentración para el resto de la competición tanto al propio atleta como a sus rivales. Además, poco después del salto, la lluvia hizo acto de presencia. Beamon solo llevó a cabo un intento más, en que aterrizó en 8,04 m Boston fue 3º con 8,16 en su primer salto. La plata fue sorprendentemente para el alemán Klaus Beer (1942) que hizo la mejor competición de su vida, con plusmarca personal de 8,19.

Tras su oro olímpico Beamon sufrió algo parecido a lo que le sucedió al dramaturgo francés Edmond Rostand (1868-1918). Rostand alcanzó la fama a los 28 años con su magnífica obra Cyrano de Bergerac. Sin embargo Cyrano, según afirmó el mismo autor, lo sobrepasó emocionalmente y nunca fue capaz de superarse literariamente. Beamon no volvió a saltar más de 8,20. Se retiró en 1973.

Los 8,90 m de Beamon siguen siendo la segunda mejor marca de la historia y plusmarca olímpica 48 años después. Se ha calculado que al nivel del mar y sin viento el salto podría haber sido de 8,50-8,60, un registro excelente de cualquier manera. El viento oficial fue de 2,0 m/s. Este valor, sin embargo, sigue siendo objeto de controversia. Algunos autores como Roberto Quercetani, en su libro Historia del atletismo mundial, se sorprenden de que nada menos que el 41% de las plusmarcas mundiales realizadas en México lo fueron con 2,0 m/s. Gerald Lawson en World Record Breakers in Trakc&Field Athletics también resalta este hecho. En la final de triple salto se superó 4 veces la plusmarca mundial. En tres ocasiones, separadas la primera y la última por 1 hora, el viento fue exactamente 2,0 m/s. Un testigo presencial de la final de salto de longitud me dijo que el viento pudo ser superior al permitido. Estaba a punto de estallar una tormenta y había viento racheado. De hecho la medición no se mostró inmediatamente sino que tardó en anunciarse más de lo habitual. Si los 8,90 hubiesen sido en realidad 8,90v. ¿cómo habría evolucionado la plusmarca mundial de salto de longitud? Esto es lo que habría sucedido:

8,35 Josef Schwarz RFA 1941 Stuttgart 15 julio 1970. Este alemán igualó la antigua plusmarca de Boston y Ter Ovanesyan. Tuvo una carrera corta sin ninguna actuación destacable en grandes campeonatos.

8,45 Nenad Stekic YUG 1951 Montreal 25 julio 1975. Stekic superó con este salto la plusmarca europea de Ter Ovanesyan y Schwarz. Fue subcampeón de Europa en 1974 y 1978 y 6º en los Juegos de Montreal

8,52 Larry Myricks USA 1956 Montreal 26 agosto 1979. Myricks fue un excelente saltador que coincidió con Carl Lewis. Era también un gran corredor de 200 m, con 20,03 de plusmarca personal. Fue bronce en los Juegos de Seúl y 4º en LA84. También fue bronce en los Mundiales de 1983 y 1987.

8,54 Lutz Dombrowski RDA 1959 Moscú 28 07 1980. Uno de los grandes saltadores europeos pese a su corto recorrido. Consiguió su plusmarca personal y europea ganando el oro en Moscú. No lo habrían tenido fácil los estadounidenses. Posteriormente ganó el campeonato de Europa en 1982, por delante del entonces plusmarquista español Antonio Corgos (1960), que se fue a 8,19.

8,62 Carl Lewis USA 1961 1 julio 1981. El mejor saltador de todos los tiempos, con 4 oros olímpicos. Su condición de velocista tal vez hizo que no prestase al salto de longitud la atención necesaria para superar a Beamon

8,76 Carl Lewis USA 1961 Indianápolis 24 julio 1982

8,79 Carl Lewis USA 1961 Indianápolis 19 junio 1983

8,86A Robert Emmyan URS 1965 Tsaghkadzor 22 mayo 1987. Este es un salto muy controvertido, en una competición menor y casi de forma clandestina. Sin embargo Emmyan era un saltador muy solvente. Su segunda mejor marca, al nivel del mar, es 8,61. Sus actuaciones más destacadas fueron el oro en el Europeo de Stuttgart y plata en el Mundial de Roma.

La plusmarca de Beamon se superó por fin en la final del Mundial de Tokio de 1991, con el duelo entre Mike Powell (1963) y Carl Lewis, que protagonizaron el mejor concurso de la historia, resuelto a favor del primero con 8,95. Lewis pese a hacer su mejor marca de 8,87 (y 8,91v) no pudo con su compatriota. Sobre este enfrentamiento hay una excelente entrada en el blog de Soy Cobarde.

Nunca sabremos si el viento era o no legal. Quizá los jueces no se atrevieron a romper la magia del salto anunciando la verdadera velocidad del viento, o quizá el salto fue realmente legal y esta entrada solo es el producto de un autor descreído.