Carlota Castrejana, un talento multideportivo

Hay deportistas dotados de un talento natural tal que les permite brillar en modalidades deportivas que poco tienen que ver. Ello unido a un muy buena capacidad de entrenamiento, puede dar como resultado ser olímpica en dos deportes diferentes. Esto es lo que le sucedió a Carlota Castrejana, olímpica en baloncesto en 1992, y en atletismo, en la modalidad de triple salto, en 2000, 2004 y 2008. Es la única deportista española, hombre o mujer, que ha conseguido este hito.

María Carlota Castrejana Fernández nació en Logroño el 25 de abril de 1973. Su gran estatura y sus excelentes condiciones físicas la llevaron al baloncesto, con 14 años. Su carrera en este deporte solo duró 5 años, suficientes para una importante serie de éxitos. Formó parte de los equipos españoles junior, que ganó la medalla de plata en el Europeo de 1990, y absoluto, que se hizo con el oro en los Juegos del Mediterráneo de 1991. Con 1,89 m de estatura y jugando de ala pivot, en 1992, a los 19 años, se convierte por primera vez en olímpica, en baloncesto. En los Juegos de Barcelona, el equipo nacional español de baloncesto femenino disputaba por primera vez unos Juegos. El resultado fue un magnífico 5º puesto.

El futuro de la joven Carlota en el deporte de la canasta era espléndido, pero su búsqueda de nuevos retos la llevó a cambiar al atletismo, en concreto al salto de altura.  Los oficios del entrenador Bernardino Lombao tuvieron que ver en este cambio. El entorno de la deportista estaba sorprendido y no comprendía este cambio. A las órdenes de Paco López, los resultados no se hicieron esperar. Con menos de un año de entrenamiento conseguía saltar, en 1993, 1,77 m. En 1994 se hizo con el campeonato de España sub21 y llevó su marca a 1,81 m. En 1995 realizó 1,89 m en pista cubierta, plusmarca española en la modalidad y absoluta (si bien entonces no se contabilizaba con tal), registro que igualó al año siguiente al aire libre. Su marca en sala le sirvió para acudir al Campeonato del Mundo bajo techo, que ese año 1995 se celebró en Barcelona. Previamente había conseguido su primer oro absoluto, en sala, que repitió en 1997. En el año olímpico de 1996 fue campeona absoluta al aire libre. Con una plusmarca personal de 1,89 m, se quedó a 2 cm de la mínima olímpica A, aunque sí tenía al mínima B. La Federación, no obstante, decidió no llevarla a los Juegos de Atlanta, lo que le produjo no poca frustración.

Castrejana continuó en el salto de altura en la temporada de 1997 pero, fiel a su personalidad, decidió, otra vez, dar un giro a su carrera, aunque dentro del mismo deporte. A partir de 1998 se dedicaría al triple salto, que simultaneó con el salto de longitud la primera temporada. Con 25 años, volvía a reinventarse a sí misma, con nuevo entrenador, Juan Carlos Álvarez. Ese año de 1998 saltó 6,47 m en longitud, su mejor marca de siempre, y 13,61i m en triple salto. En 1999, ya centrada en la prueba más larga, superó con 14,05 m la barrera de los 14 m. En 2000, un salto de 14,10 m le permitió acudir a los Juegos Olímpicos de Sídney y convertirse en la primera olímpica, mujer u hombre, española en hacerlo en dos deportes diferentes. Repetiría participación olímpica en 2004 y 2008 en la modalidad de triple salto. También participó en los Mundiales al aire libre de 2003, 2005 y 2007 y en los Europeos al aire libre de 2002 y 2006. Ocupó la 11ª posición en el Mundial de 2005 en los dos Europeos.

Los mayores éxitos le llegaron en la pista cubierta. Fue 6ª en el Mundial de 2003, bronce en el Europeo de 2005 y campeona de Europa en 2007, con 14,64 m, plusmarca española absoluta. En este su mejor campeonato de siempre, Castrejana no parecía, sin embargo a priori, candidata a la medalla. Acreditaba entonces 14,60 m al aire libre, cuando fue plata en los Juegos del Mediterráneo de 2005, y 14,45 m en pista cubierta, marca con la que había sido bronce en en Europeo de Madrid en 2005. Sin embargo, llegó al Europeo de Birmingham con 13,95 m, que ni siquiera eran la mejor marca  del año. Se disputó la fase de clasificación para dejar 8 atletas en la final. La riojana fue la 5ª mejor con 14,00 m en su tercer salto. Los dos anteriores no le habrían dado la clasificación. En la final, sin embargo, comenzó muy fuerte y se situó la primera en la primera ronda con 14,36 m. Perdió momentáneamente el liderato de la prueba cuando la francesa Teresa Nzola Meso Ba (1983) hizo plusmarca nacional con 14,49 m en la tercera ronda, pero retomó la cabeza en la misma ronda con un salto de 14,64 m, plusmarca española absoluta. Nadie se le pudo acercar. Hizo un 4º y un 5º salto de 14,41 y 14,28 m y terminó con un nulo.

A dos meses de cumplir 34 años, Castrejana hacía el mejor campeonato de su vida. Se retiró al año siguiente después de los Juegos de Pekín. En las competiciones nacionales consiguió 17 títulos consecutivos de campeona de España, 9 al aire libre (2000-2008) y 8 en pista cubierta (2000-2007). En los últimos años de su carrera deportiva compatibilizó el atletismo con la actividad profesional como abogada especializada en Derecho del Deporte. Castrejana declaró en alguna ocasión el agradecimiento a sus padres por haberla apoyado en el deporte, siempre que no abandonase su formación universitaria. Tras retirarse del atletismo jugó la temporada 2010-2011 en el equipo de baloncesto Asefa Estudiantes de Madrid. Como abogada formó parte del bufete Gómez Acebo. Fue directora de Deportes de la Comunidad de Madrid y en la actualidad es la Secretaria General de la RFEA, donde ya había sido por un corto tiempo Vicepresidente.

El talento es innato, pero el uso que se haga de ese talento depende de cada uno. Sin duda Carlota Castrejana ha sabido muy bien sacar el máximo partido a sus condiciones, no solo a las físicas. Una mujer admirable.

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Alberto “Lobito” Ruiz, el señor de las alturas en los 80

El salto con pértiga en España dio un enorme salto cualitativo con el bilbaíno Ignacio Sola (1944). Sola llevó la plusmarca española de salto con pértiga de 4,25 a 5,20 m, en 5 años. Con esta última altura fue 9º en la final olímpica de los Juegos de México de 1968, después de igualar su anterior mejor marca de 5,10 y superarla en dos ocasiones, 5,15 y los mencionados 5,20. Con su salto de 5,10 fue por unos minutos plusmarquista olímpico de la prueba. Sola mantuvo el tope nacional durante casi 10 años, hasta 1978, año en que el barcelonés Roger Oriol (1957) saltó 5,22 m. Oriol superó la plusmarca española 7 veces más, hasta 5,40 m en 1981. Se mantuvo en competición hasta mediados de los 80, si bien pronto se vio ensombrecido por su compañero de entrenamiento Alberto Ruiz.

Alberto Lobito Ruiz Benito nació en Barcelona el 22 de diciembre de 1961, de padre granadino y madre soriana. Se crio en el Nou Barris. En el Instituto de la Verneda, donde estudiaba, se encontró con un profesor de Educación Física que le cambió la vida. Se trataba de Hans Ruf (1940). Hans Ruf, de madre española y padre alemán, había nacido en Schweinfurt (Baviera), pero vivió en Barcelona desde muy joven. Ruf había practicado salto de pértiga, prueba en la que llegó a ser dos veces subcampeón de España, en 1958 y 1959. Posteriormente se hizo entrenador de atletismo y acabó creando una gran escuela de salto con pértiga, si bien también entrenaba velocistas y otros saltadores. El caso es que Ruf consiguió inculcar al joven Alberto la atracción por el salto más complicado. Y los resultados no se hicieron esperar. En 1977, con 15 años, saltó 4,02 m. Tan solo 3 años después ya superaba 5,11 m y en 1981 igualaba a Sola con 5,20 m. Al año siguiente, con 5,30 m se situaba a solo 10 cm de la plusmarca española de Oriol.

A mediados de los 80 el atletismo se había hecho muy popular en España. Es probable que inicialmente tuviese algo que ver la moda del pedestrismo de primera ola, importado de Estados Unidos, entonces no se llamaba running, sino footing o jogging, pero hubo otros factores mucho más importantes. Uno de ellos fue, la rivalidad entre José Luis González (1957) y José Manuel Abascal (1958), incorporados en la élite mundial del medio fondo. Por otro lado, la empresa Unipublic, organizadora de competiciones deportivas, bien asentada en el ciclismo, decidió, de la mano del antiguo directivo del atletismo, José María Fernández Matinot (1940-2013), apostar por este deporte. Se organizaron en España reuniones en muchas ciudades, algunas de altísimo nivel, como la de Vallehermoso de 1987, cuando Edwin Moses (1955) vio terminada una racha victoriosa de más de 9 años. La televisión, entonces inmersa en una guerra con el fútbol y con mucho espacio que cubrir, secundó la apuesta de Unipublic y se volcó en el atletismo, de modo que las retransmisiones atléticas acabaron siendo ubicuas.

En este escenario favorable, la irrupción de Alberto Ruiz como plusmarquista español tuvo una repercusión inédita hasta entonces. Resultaba muy atractivo para el aficionado ver reuniones atléticas celebradas en España que acababan con alguna plusmarca nacional. Alberto Ruiz se estrenó el 13 de julio de 1983 en el efímero trofeo MAM, en Madrid, con un salto de 5,41 m. Nueve días después, en un campeonato de España plagado de ausencias en Anoeta se iba a 5,45 m.

En 1984 consiguió tres nuevos topes españoles. El 29 de mayo, en el Trofeo Villa de Madrid, subió a 5,46 m. El 24 de junio en el Estadio Joan Serrahima, en el campeonato provincial de Barcelona, saltó 5,51 m y 6 días después, en el Campeonato de España, en el mismo escenario añadió a su marca 4 cm, hasta 5,55 m.

Volvió a la carga el 30 de junio de 1985, al saltar en Manresa 5,60 m, registro al que añadió 1 cm en el mismo lugar el 3 de julio del año siguiente.

Esos 5,61 m acabaron siendo la mejor marca de Alberto Ruiz de siempre, pero siguió manteniéndose en muy buena forma, hasta su retirada en 1996. En 1991, 1992 y 1993 aún fue capaz de saltar 5,60 m. Mantuvo su plusmarca española, que mejoró un total de 21 cm, hasta 1989, en que Javier García Chico (1966), otro producto de la factoría Ruf, subió a 5,65 m. La carrera de García Chico alcanzó su cénit con el bronce olímpico en 1992, en Barcelona, con su mejor marca de 5,75 m. En esa misma competición, Alberto Ruiz ocupó la 10ª posición, si bien 8 años antes, en los Juegos de Los Ángeles, ya había sido 9º, igualando a Sola.

 

Fue, además, 6º en los Juegos Mundiales en Sala de 1985, 6º en el Europeo en sala en 1985 y 7º en el Campeonato del Mundo en sala en 1989. En cuanto a competiciones nacionales fue 7 veces campeón de España al aire libre y 5 en sala. Llegó a correr los 100 m en 10,57 (1985) y los 200 en 20,9 (1985).

Diplomado en Estudios Sociales y entrenador nacional de atletismo, Alberto Ruiz ha sido tutor de residencia del Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat del Vallés, donde también es entrenador. Desde 2001 es el jefe de prensa de la Federación Catalana de Atletismo. Alberto es, además, un gran aficionado a la historia del atletismo. Con su mejor marca de 5,61 m habría encabezado la lista española del año en 15 de los últimos 18 años.

Armand Duplantis, el niño volador

El 14 de agosto de 1983, un ucraniano, entonces soviético, se proclamaba contra todo pronóstico campeón del mundo de salto con pértiga, haciendo su mejor marca, 5,70 m. Este joven que no cumplía los 20 hasta el 4 de diciembre de ese año, se llamaba Sergei Bubka (1963) y en los años siguientes se convertiría en el mejor saltador de pértiga de la historia. Treinta y cinco años después, otro niño volador llamado Armand Mondo Duplantis se hacía con el oro en el campeonato de Europa de salto con pértiga, realizando su mejor marca, 6,05 m, sin haber hecho aún los 19 años.

Armand Duplantis nació en la ciudad estadounidente de Lafayette, Luisiana, el 10 de noviembre de 1999, de padre estadounidense y madre sueca. Debido a la nacionalidad de su madre, Armand representa a Suecia en las competiciones internacionales. Su padre y entrenador, Greg Duplantis (1962), había sido él mismo saltador de pértiga de alto nivel, con una mejor marca de 5,82 m. Su madre, de soltera Helena Hedlund, había sido heptatleta y jugadora de balonvolea. Su hermano mayor Andreas (1993) es también saltador de pértiga, con una mejor marca de 5,42 m, su otro hermano Antoine (1996) es jugador de beisbol. Su hermana pequeña Joanna (2002) también práctica pértiga.

Armand entró en el mundo del atletismo a los 4 años con una pértiga especialmente fabricada para él. Superó por primera vez los 3 m a la edad de 9 años, los 4 m a los 13 y los 5 m a los 15 años, en 2015. Ese año comenzó la temporada con un mejor salto de 4,74 y la terminó con 5,30 m. Con esta altura se proclamó campeón mundial juvenil (sub18) en la ciudad colombiana de Cali, en una cerrada pugna con el ucraniano Vladyslav Malykhin (1998), que realizó la misma marca. En 2016 subió hasta 5,51 m y fue bronce en el Mundial Junior (sub20). En 2017 se incorporó, con un salto de 5,90 m, a la élite mundial. Fue con cierta holgura campeón de Europa junior (sub20) y en su primera competición en categoría absoluta, el Mundial de Londres al aire libre, ocupó la 9ª plaza.

El gran año de Duplantis de 2018 comenzó con el 8º puesto en el campeonato mundial en sala. Al aire libre se hizo con el oro en el Mundial sub20 con 5,82 m, 27 cm más que el segundo clasificado. Previamente había mejorado su marca personal hasta 5,93 m, altura con la que presentó su candidatura al oro en el campeonato de Europa absoluto. La final tuvo lugar el 12 de agosto y resultó un concurso magnífico. Los máximos rivales de Duplantis eran a priori el francés plusmarquista mundial Renaud Lavillenie (1986), que lideraba la lista europea con 5,95 m, y el polaco Piotr Lisek (1992), segundo en la misma lista con 5,94 m. En 5,80 m, Duplantis hizo su único nulo de la competición, mientras Lavillenie tras dos nulos decidió dejar su único salto para 5,85 m, que consiguió superar. También lo hicieron a la primera Duplantis y el sorprendente ruso, acreditado en 5,80 m, Timur Morgunov (1996). Lisek, tras un nulo en 5,85 m, intentó los 5,90 m, que pasó al primer intento igual que Duplantis y Morgunov. Lavillenie no intentó esta altura. Quedaban estos 4 atletas en competición, junto con otro polaco, Paweł Wojciechowski (1989), mejor marca de 5,93 m (2017), que tenía un nulo en 5,85 m y había dejado sus dos intentos para 5,95 m. De los 5 supervivientes, tan solo el francés había conseguido superar esta marca previamente y lo volvió a hacer, junto con Duplantis, en su primer intento. Wojciechowski resultó eliminado, mientras Morgunov y Lisek, tras un nulo, se fueron por los 6,00 m. que era la siguiente altura. Lisek se quedó fuera, no así el ruso quien, junto con Duplantis subían por primera vez en su vida de 6 m, ambos en su primer intento. Morgunov superaba su registro previo por 20 cm. Tras un nulo, Lavellenie se la jugaría en 6,05 m, pero ni él ni Morgunov fueron capaces de saltar más alto. Duplantis, por su parte, hacía marca personal por tercera vez en la tarde, además a la primera. No continuó saltando.

Con tan solo 18 años y 68 kg de peso, Mondo se convertía en el 4º atleta de la historia, tras  Lavellenie, 6,16i m, Bubka 6,15i m , y el australiano Steve Hooker (1982), 6,06 m, en plusmarquista del campeonato de Europa y en el primer atleta sub20 en superar los 6 m. Los de 2018 han sido unos campeonatos de Europa con dos grandes protagonistas adolescentes, Duplantis y el noruego Jakob Ingebrigtsen (2000). Ya habíamos hablado de las posibilidades futuras del noruego. De Duplantis ha dicho el explusmarquista español de salto con pértiga Alberto Lobito Ruiz (1961) que puede llegar a saltar 6,25 m. El futuro, que parece pertenecerle, nos lo dirá.

El inexorable avance del estilo Fosbury tras los Juegos de México

Se han cumplido estos días 50 años de la celebración de los Juegos Olímpicos de México. De entre las muchas hazañas atléticas conseguidas, hubo una que cambió la forma de competir en esa modalidad. Ocurrió en el salto de altura. Por primera vez un atleta en una gran competición saltaba de espaldas al listón. Que se llevase el oro no hizo sino acelerar su implantación por todo el mundo. Fue tal su impacto, que su nombre quedó inmortalizado con su estilo, el estilo Fosbury o Fosbury Flop, en inglés. En los Juegos de México, Fosbury fue el único que empleó su entonces particular forma de saltar. Dieciséis años después, en Los Ángeles tan solo uno de los 12 finalistas utilizaba el ya obsoleto rodillo ventral (3 de 16 cuatro años antes).

Richard Douglas Dick Fosbury nació en Portland, la ciudad más populosa de Oregón, el 6 de marzo de 1947. Comenzó a practicar salto de altura a los 16 años. El estilo generalizado entonces era el rodillo ventral, en sus dos versiones, la paralela, en la que el atleta pasaba la cabeza y el tronco al mismo tiempo abrazando el listón, y la zambullida, en la que la extremidad cefálica y la superior pasaban el listón antes que el tronco y  la inferior. Incapaz de asimilar los movimientos coordinados para practicar rodillo ventral, Fosbury recurrió al viejo estilo de la tijera, empleado por la entonces plusmarquista mundial Iolanda Balas (1936-2016), y fue evolucionando hasta individualizar la modalidad que llevaría su nombre saltando de espaldas al listón.

Fosbury pudo desarrollar y perfeccionar su nuevo estilo de salto gracias a la progresiva sustitución de la arena o la paja de la caída por colchonetas de espuma. Hasta los Juegos Olímpicos de 1964 no hubo colchonetas en la zona de caída. Los atletas solían caer de pie o de bruces. Sin colchoneta, caer de espaldas resultaba arriesgado. Algún atleta lo hacía, pero viniendo de un giro, como el estadounidense John Thomas (1941- 2013), que llevó la plusmarca mundial de 2,17 a 2,22 m en los años 60.

Su peculiar estilo no reportó a Fosbury grandes éxitos inicialmente. En categoría junior llegó a 1,969 m. No obstante, ya entonces su forma de saltar había llamado la atención. Un diario local lo bautizó como Fosbury flop. Alguien habló de una convulsión en el aire. Cuando entró en la Universidad del Estado de Oregón, su nuevo entrenador Bernie Wagner (1924 – 2013) lo intentó convencer para cambiar al rodillo californiano. Tras probarlo, Fosbury volvió a su estilo, cada vez más depurado, y consiguió una mejor marca de 2,08 m en 1965, lo que cerró cualquier debate. Un año antes de los Juegos, la mejor marca de Fosbury era 2,102. Esta altura no hacía presagiar lo que sucedería en México. Por entonces la nueva modalidad de salto había captado la atención de los medios deportivos nacionales. Fue portada de la revista Track and Field news en febrero de 1968, mientras Europa aparecía ajena a la revolución que se estaba gestando.

Fosbury realizó su mejor temporada en el mejor año, el año olímpico de 1968. En junio mejoró su marca a 2,16 m. En las pruebas de selección olímpica, tras llevar su marca a 2,18 y a 2,21 m, esta a la primera, fue 3º con la misma altura que sus rivales, cuyos intentos sobre 2,18 fueron menos. Los tres estadounidenses habían hecho la mejor marca del año, lo que los convertía en favoritos.

La impecable actuación de Fosbury en la final olímpica fue la mejor tarjeta de presentación de su innovador estilo. Superó a la primera todas las alturas, mejorando con 2,22 m su marca personal y la plusmarca olímpica. En la siguiente altura, 2,24 m, ya solo quedaba en concurso, además de él, su compatriota Ed Caruthers (1945), que tenía varios nulos previos. Caruthers no pudo con 2,24 m, mientras Fosbury superaba el listón a la tercera tentativa. Ya ganador del oro olímpico, trató de superar la plusmarca mundial de 2,28 m de Valery Brumel (1942-2003) con 1 cm más, pero falló en sus tres intentos.

La victoria de Fosbury con su nueva forma de saltar suscitó todo tipo de debates. Una vez confirmado que no infringía ningún reglamento, la discusión se basó en su efectividad. En Europa hubo inicialmente un importante rechazo, pero pronto se demostró que el estilo Fosbury conseguía que el centro de gravedad del atleta en el momento del salto estuviese por debajo de su cuerpo, lo que apuntaba, como así fue, a que las marcas mejorarían.

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Fosbury tuvo hizo una buena temporada en 1969, con una mejor marca de 2,195 m, pero fue su último año en la élite. Su estilo, no obstante, se fue imponiendo inexorablemente. El sucesor de Brumel como plusmarquista mundial fue el estadounidense Patrick Marzdorf (1949) quien saltó en 1971 2,29 m con rodillo ventral. También probó el Fosbury, modalidad con la que saltó 2,24 m. El primer saltador que ganó un gran campeonato con estilo Fosbury fue el lituano, entonces soviético, Kentustis Shapka (1949), oro en el Europeo al aire libre de 1971. En los Juegos de Múnich de 1972, 28 de los 40 participantes en el salto de altura lo hicieron con estilo Fosbury, si bien de los tres medallistas, solo el de bronce, el estadounidense Dwight Stones (1953) practicaba el nuevo estilo. Stones fue el primer plusmarquista mundial con estilo Fosbury, con 2,30 m y posteriormente 2,31 y 2,32 m. Repitió bronce en los Juegos de 1976, donde los tres medallistas ya saltaban de espaldas, y fue 4º ocho años después, en Los Ángeles.

El sucesor de Stones como plusmarquista mundial fue el ucraniano, entonces soviético, Vladimir Yashchenko (1959 – 1999), quien saltó 2,33, 2,34 y 2,35 m en sala con rodillo ventral. Campeón de Europa en sala en 1978 y 1979 y al aire libre en 1978, una lesión de rodilla en 1979 cortó de raíz su progresión. Fue el último plusmarquista mundial con el viejo estilo y el que más alto ha saltado con rodillo.

A partir de los 80, el rodillo ventral se convirtió en un estilo en vías de extinción, hasta que desapareció completamente hacia finales de la década. Su último representante de élite fue el chino Liu Yunpeng (1962), 7º en los Juegos de Los Ángeles con 2,27 m.

En categoría femenina, la sucesora de Iolanda Balas, que saltaba con tijera, fue la austríaca Ilona Gusenbauer (1947) que saltó en 1971 1,92 m con rodillo ventral. Justo un año después, en los Juegos Olímpicos de 1972, la alemana de 16 años Ulrike Meyfarth (1956) fue la primera campeona olímpica y plusmarquista mundial, 1,92 m, con el nuevo estilo Fosbury. La subcampeona de esa competición, la búlgara Yordanka Blagoyeva (1947) superó con 1,94 m el registro de la alemana saltando con rodillo ventral, el mismo estilo que practicaba la alemana Rosemarie Ackermann (1952). Ackermann, con un perfecto rodillo ventral paralelo, llevó el tope universal de 1,94 a 2,00 m, convirtiéndose en la primera mujer en superar esta altura. Fue oro en el Europeo de 1974 y campeona olímpica en 1976.

La derrota de la alemana frente a la italiana Sara Simeoni (1953) en el Europeo de 1978 marcó el declive del viejo estilo en categoría femenina. Simeone se convertiría en campeona olímpica 2 años después con Ackermann lesionada y el rodillo ventral desapareció de las competiciones femeninas.

El escaparate mundial de los Juegos Olímpicos de México convirtieron a Fosbury en el autor de la revolución en el salto de altura. Sin embargo, aunque el estadounidense creó y desarrolló su estilo de forma independiente, no fue el primero en aplicarlo. En 2000, el escritor deportivo Rial Cummings descubrió una fotografía de un periódico del 24 de mayo de 1963 en la que el atleta Bruce Quande, en una competición escolar, practicaba el salto de altura de espaldas al listón.

Quande

Quande dejó de hacer salto de altura tras el Instituto. En 1963 Fosbury ya se dedicaba al salto de altura, pero aún no había comenzado a desarrollar su estilo. Probablemente la aparición del salto de espaldas al listón era inevitable. En 1966, sin conocer la actividad atlética de Fosbury, la canadiense Debbie Brill (1953), que llegaría a superar 1,99 m en 1984, comenzó a saltar con un estilo que llamó el plegamiento de Brill, básicamente similar a lo que estaba haciendo Fosbury. Pero el oro olímpico del estadounidense permitió que el mundo se diese cuenta de que había un nuevo estilo que superaba al anterior. A pesar del brillo cegador en los Juegos de los fantásticos velocistas estadounidenses, de Bob Beamon y de la primera hornada de fondistas africanos, la actuación de Fosbury añadió la estrella probablemente más duradera del firmamento mexicano.

El sueco Stefan Holm (1976), campeón olímpico en 2004, mostrando los diferentes estilos de salto, más alguno suyo particular.

Final olímpica de salto con pértiga 1936, las medallas de la amistad

Hablar de los Juegos de Berlín es hablar de Jesse Owens (1913-1980). El atleta estadounidense desafió las teorías raciales del nazismo haciéndose con 4 oros. Los Juegos de 1936 ofrecieron, sin embargo, otros momentos mágicos como la plusmarcas mundiales en 1500 m del neozelandés Jack Lovelock (1910 – 1949) o en triple salto del japonés Naoto Tajima (1912-1990), que además fue bronce en la mítica final de salto de longitud. Otros dos japoneses fueron, sin duda, los grandes protagonistas de la final de salto con pértiga, pese a que no se hicieron con el oro.

Poco antes de los Juegos, en Estados Unidos había llamado la atención la historia de superación de George Varoff (1914-2002), hijo de unos humildes inmigrantes ucranianos que destacaba como violinista igual que como saltador de pértiga. Se convirtió en favorito para el oro olímpico cuando con 4,43 m superó por 4 cm la anterior plusmarca mundial. Era la época del bambú y de caída en arena. Pero Varoff ni siquiera tuvo la oportunidad de acudir a Berlín. En las exigentes pruebas de selección olímpica solo fue 4º, con 4,26 m, muy lejos de los 4,34 m que Bill Graber (1911-1996), Bill Sefton (1915-1982) y Earl Meadows (1913-1992) compartieron en la primera posición. Los tres se convirtieron en favoritos para la victoria olímpica. Sus máximos rivales serían los japoneses Shuhei Nishida (1910-1997) y Sueo Ōe (1914-1941).

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Sueo Ōe y Shuhei Nishida en 1930 (foto Wikipedia)

No hubo sorpresas en la clasificación, celebrada 4 horas antes de la final, y los 5 candidatos al oro estaban en la final del 5 de agosto. Bill Graber fue el primero en caer, en 4,25 m, altura que franquearon sus 4 rivales. Sin embargo, de ellos, solo Meadows fue capaz de saltar por encima de 4,35 m, nueva plusmarca olímpica que le sirvió para vencer. Entonces los nulos no contaban, por lo que había 3 atletas para las medallas de plata y bronce, Bill Sefton y los japoneses Nishida y Ōe. Se bajó el listón a 4,15 m, altura que no pudo superar el estadounidense y sí, a la primera, sus dos rivales. Un oficial japonés decidió que los dos saltadores no seguirían desempatando, sobre 4,25 m, y que se diese la plata a Nishida por no tener nulos en 4,25 m. La organización lo aceptó.

 

Quienes no lo aceptaron fueron los dos amigos quienes, una vez en casa, llevaron sus medallas a un orfebre para que las cortase y uniese las mitades de plata con las de bronce. Cada uno se quedaría con una de estas medallas de la amistad.

La medalla de la amistad (Wikipedia

 

Ambos atletas siguieron compitiendo tras los Juegos de Berlín. Nishida, ya con 41 años, fue bronce en los Juegos Asiáticos de 1951. Oe, que en 1937 había establecido una nueva plusmarca nacional de 4,35, se vio envuelto en una contienda mucho menos amistosa con los estadounidenses en 1941 y falleció en la batalla de Wake Island. El recuerdo de ambos amigos y su medalla de la amistad, sin embargo, sí que pervivirán en el mundo atlético como ejemplo de los mejores valores del deporte.

 

 

Iolanda Balas, 154 competiciones invicta

Si hay un nombre en el atletismo unido indefectiblemente a la palabra victoria, ese es el de Iolanda Balas (1936-2016). La atleta rumana consiguió entre 1957 y 1967 154 victorias consecutivas. En toda su carrera estableció 14 plusmarcas mundiales, desde 1,75 a 1,91 m. Cuando realizó este último registro, la diferencia con la segunda mejor atleta de siempre era de 13 cm.

Iolanda Balas nació en la ciudad rumana de Timisoara, el 12 de diciembre de 1936. Los cambios de fronteras sucedidos con la decadencia y posterior desaparición de los Imperios Austrohúngaro y Turco, habían hecho que grupos humanos se quedasen fuera de sus países de origen. Esto le sucedió a la familia de Balas, que era de origen húngaro, etnia con una importante presencia en Transilvania, territorio rumano al que pertenecía Timisoara.

Durante la Segunda Guerra Mundial el padre de Balas fue hecho prisionero por los soviéticos. Una vez liberado, solo se le autorizó volver a Hungría, mientras su hija se quedaba en Rumanía. La joven Iolanda comenzó a practicar salto de altura a los 12 años, gracias a la ayuda de la exatleta Luiza Ernst. Su elevada estatura, 1,85 m, y sus largas piernas le permitieron optimizar un estilo de tijera modificado, apenas practicado en una época donde la mayoría de los saltadores utilizaban el rodillo ventral o el rodillo californiano. Su primera gran competición fue el Campeonato de Europa de Berna, en 1954, donde fue medalla de plata. Poco antes de los Juegos de Melbourne 1956 estableció su primera plusmarca mundial con 1,75 m. Acudía a la ciudad australiana como una de las favoritas, pero le pudo la inexperiencia y solo pudo ser 5ª, con 1,67 m, la misma marca que la 2ª y la 7ª.  La ganadora, la estadounidense Mildred McDaniel (1933-2004) hizo además nueva plusmarca mundial con 1,76 m.

Aquel 1 de diciembre de 1956, día en que se celebró la final olímpica, fue la última derrota de la rumana hasta junio de 1967. Entre medias, 154 victorias consecutivas, que algunos estadísticos reducen a 140, y otras 13 plusmarcas mundiales, 12 de ellas consecutivas. Su mejor salto fue 1,91 m, realizado el 16 de julio de 1961, que duró 10 años como plusmarca mundial. Fue la primera mujer en superar 1,80 y 1,90 metros. Ganó el oro en los campeonatos de Europa de 1958 y 1962. En los Juegos de Roma 1960 se impuso con la mayor ventaja de la historia de los Juegos, 14 cm. Tras caer sus dos últimas rivales en 1,73 m (ambas compartieron la plata con 1,71 m), Balas aún intentó 5 alturas más, de las que superó 4 y se proclamó campeona olímpica con 1,85 m. Fue la primera medalla del atletismo rumano en unos Juegos. Desde entonces, Rumanía ha ganado 35 medallas en atletismo, 11 de oro. En los Juegos de Tokio, aun con problemas físicos, Balas volvió a ganar, con 1,90 m, 10 cm mejor que la segunda clasificada. A partir de entonces las lesiones le impidieron competir con asiduidad. No pudo tomar parte en el Europeo de 1966 por esta razón. Se retiró en 1967, el mismo año que perdió su imbatibilidad. Su plusmarca mundial duró hasta que el 4 de septiembre de 1971, la austríaca Ilona Gusenbauer (1947) superó a rodillo 1,92 m.

Posteriormente fue profesora de Educación Física. Presidió la federación de atletismo de su país de atletismo de 1988 a 2005. Falleció el 11 de marzo de 2016.

Este es un documental (en rumano) sobre Iolanda Balas. Viéndola saltar más de 1,90 con ese estilo tan peculiar, cayendo en arena, uno se pregunta cuánto habría podido saltar con estilo Fosbury.

Conexión vintage. Atletas históricos

Si no habéis visto el último programa de Conexión vintage emitido el 13 de octubre en Teledeporte, os lo recomiendo encarecidamente. Está en la web de RTVE.

Este episodio, titulado Atletas históricos, constituye un homenaje a tres atletas que con muy pocos medios materiales, limitados conocimientos técnicos y mucho entusiasmo llevaron los saltos del atletismo español desde la más absoluta irrelevancia a finales de Juegos Olímpicos. Conocer el pasado nos permite comprender el presente y esto lo refleja muy bien el documental con unas imágenes de un emocionadísimo Ramón Trecet, que en 1992, tras la medalla de plata de Antonio Peñalver (1968) recuerda a todos aquellos grandes atletas de los años 50 y 60 que prepararon un duro terreno para los que llegaron después. El medio fondo español debe mucho a Tomás Barris (1930), el fondo a Mariano Haro (1940) y Javier Álvarez Salgado (1943) y los saltos  no se podrían entender sin los tres protagonistas de este documental: Luis María Garriga (1945), Luis Felipe Pipe Areta (1942) e Ignacio Sola (1944). Los tres representan un antes y un después en el salto de altura, los saltos horizontales y el salto con pértiga en España respectivamente.

Luis María Garriga Ortiz nació en el municipio zaragozano de Borja, el 14 de junio de 1945. En esta entrevista reciente explica cómo se aficionó al salto de altura viendo en un bar de su pueblo a Robert Shavlakadze (1933), Valeri Brumel (1942-2003) y John Thomas (1941-2013) disputar el oro en los Juegos de Roma de 1960. Cuenta que tan solo 4 años más tarde él mismo, con 19 años, estaba participando en los Juegos de Tokio.

Fue el primer saltador español por encima de 2 metros y llevó la plusmarca española desde 1,98 m en 1963 hasta 2,13 m (2,14i) en 1970. En 15 ocasiones superó o igualó la plusmarca española al aire libre:

1,98 ‐ Madrid ‐ 17 04 1963
2,00 ‐ Manresa ‐ 19 04 1964
2,02 ‐ La Coruña ‐ 14 08 1964
2,04 ‐ Bilbao ‐ 23 08 1964
2,06 ‐ Madrid ‐ 19 09 1964
2,07 ‐ Zaragoza ‐ 12 10 1965
2,08 ‐ Tolosa ‐ 11 08 1966
2,09 ‐ Zaragoza ‐ 02 06 1968
2,10 ‐ Madrid ‐ 08 06 1968
2,11 ‐ Zuera ‐ 01 09 1968
2,12 ‐ Ciudad de México ‐ 19 10 1968
2,12 ‐ Madrid ‐ 20 07 1969
2,12 ‐ Madrid ‐ 30 08 1969
2,13 ‐ Madrid ‐ 30 05 1970
2,13 ‐ Zurich ‐ 01 08 1970

2,14i ‐ Viena ‐ 14 03 1970

Garriga consiguió 12 campeonatos de España (6 en pista cubierta). Fue, como dice en el documental Martí Perarnau (1955), su sucesor como plusmarquista español, un extraordinario competidor. En los Juegos de México realizó su mejor marca, 2,12 m, para acceder a la final, donde fue 11º con 2,09. Ningún saltador de altura masculino español ha mejorado esa posición. Gustavo Adolfo Becker (1966) la igualó en Barcelona 1992. Por supuesto sí lo hizo la actual campeona olímpica Ruth Beitia (1979). En campeonatos de Europa en sala fue 5º en 1970, con su mejor marca de 2,14 m. Siguió saltando altura hasta 1975. Fue alcalde de Borja de 1979 a 1987 y de 1999 a 2007.

Luis Felipe Areta Sampériz nació en San Sebastián el 28 de marzo de 1942. En una época en la que ya no era muy frecuente alternó con éxito el salto de longitud y en triple salto, si bien posteriormente se centró más en el triple. Realizó su primera plusmarca española absoluta, con 17 años en triple salto, en 1959. En triple salto totalizó 21 plusmarcas al aire libre, desde 14,54 a 16,36 m (16,47i):

14,54 – Madrid – 25 10 1959
14,65 – Madrid – 21 05 1960
14,79 – Madrid – 28 05 1960
14,87 – S.Sebastián – 19 06 1960
14,98 – La Coruña – 25 06 1960
15,04 – La Coruña – 02 07 1960
15,13 – Barcelona – 24 09 1961
15,14 – Madrid – 15 10 1961
15,37 – Madrid – 15 10 1961
15,50 – Roma – 13 04 1963
15,62 – Roma – 13 04 1963
15,68 – Milán – 21 04 1963
15,89 – Madrid – 18 05 1963
15,89 – Porto Alegre – 08 09 1963
15,89 – Roma – 19 04 1964
15,90 – Roma – 19 04 1964
15,95 – Roma – 19 04 1964
16,17 – La Coruña – 09 08 1964
16,20 – Barcelona – 04 09 1965
16,23 – Túnez – 16 09 1967
16,36 – Estocolmo – 02.07.68

16,47i – Madrid – 10 03 1968

En salto de longitud superó la plusmarca española 5 veces desde 7,40 a 7,77 metros:

7,40 – Arlés – 17 07 1960
7,50 – Burdeos – 22 07 1962
7,54 – Burdeos – 22 07 1962
7,69 – Mainz – 26 06 1963
7,77 – Helsinki – 04 07 1963

Fue olímpico en Roma 1960, en Tokio 1964 y en México 1968. En Tokio se convirtió en el segundo finalista olímpico español, al ser sexto en salto de longitud con 7,34 metros. En México consiguió clasificarse con 16,20 m para la final de triple salto, en la que, mermado por una lesión, solo pudo ser 12º. Ningún otro triplista español ha vuelto a alcanzar una final olímpica. Curiosamente en Moscú 1980, el actual director técnico de la RFEA, Ramón Cid (1954), saltó también 16,20 m en la calificación, pero le resultaron insuficientes para alcanzar la final. Areta fue 5 veces campeón de España de salto de longitud (1 en sala) y 11 veces de triple salto (3 en sala). Realizó su mejor marca absoluta, 16,47i, en los Juegos Europeos de pista cubierta celebrados en Madrid en 1968, salto con el que fue medalla de bronce. Ganó dos veces el triple salto en los Juegos del Mediterráneo. Dejó el atletismo en 1973. En 1980 se ordenó sacerdote.

Este es el salto de Areta de 16,47 en el Palacio de los Deportes de Madrid. Estas imágenes están incluidas en el documental Conexión vintage.

Ignacio Sola Cortabarría nació en Bilbao el 1 de febrero de 1944. Comenzó a saltar pértiga a los 15 años y acabó superando la plusmarca española 17 veces al aire libre, mejorándola en casi 1 metro. Fue el primer español en irse por encima de los 5 metros:

4,25 ‐ Madrid ‐ 27 10 1963
4,25 ‐ Madrid ‐ 02 05 1964
4,39 ‐ Barcelona ‐ 10 05 1964
4,45 ‐ Madrid ‐ 15 0 1964
4,60 ‐ Kassel ‐ 28 05 1964
4,60 ‐ Tokyo ‐ 15 10 1964
4,70 ‐ Madrid ‐ 01 05 1965
4,70 ‐ Bourges ‐ 10 07 1965
4,82 ‐ Madrid ‐ 18 07 1965
4,85 ‐ Madrid ‐ 09 07 1966
4,90 ‐ Colonia ‐ 28 06 1967
5,00 ‐ Colonia ‐ 28 06 1967
5,05 ‐ Madrid ‐ 08 06 1968
5,10 ‐ Madrid ‐ 23 06 1968
5,10 ‐ Ciudad de México ‐ 16 10 1968
5,15 ‐ Ciudad de México ‐ 16 10 1968
5,20 ‐ Ciudad de México ‐ 16 10 1968

Sola fue el primer español en saltar con pértiga de fibra de vidrio, lo que dio un gran impulso a sus marcas. Su mejor año fue 1968, en que superó la plusmarca española en 5 ocasiones, 3 de ellas en el lugar más importante, los Juegos de México. Ello le permitió ser plusmarquista olímpico en 3 ocasiones, en una de ellas, con 5,15 m, durante más de 20 minutos, en solitario. Finalmente ocupó una brillante 9ª posición, puesto que igualaron Alberto Ruiz (1961) en Los Ángeles 1984 y Montxu Miranda (1976) en Sídney 2000. La mejor actuación de un pertiguista español fue el bronce de Javier García Chico (1966) en Barcelona 1992.  Además Sola fue 5º en el Europeo al aire libre de 1966 y 2 veces 5º en Europeos en sala. Obtuvo 15 campeonatos de España (8 en pista cubierta). Se retiró en 1972, tras haber sufrido en 1969 una grave fractura de tobillo. Aunque terminó los estudios de Arquitectura Técnica, nunca ejerció. Fue fabricante de calzado deportivo y Jefe de Marketing de Adidas.

El salto de Sola de 5,20

Además de contar las extraordinarias prestaciones de estos 3 atletas, el documental, que reúne mucho material de la época, muestra, por ejemplo, el gran acontecimiento que supuso para Borja que un equipo de Televisión Española, liderado por Miguel Ors, pionero del deporte en Televisión Española, se desplazase a esta localidad para entrevistar a Garriga. El material para saltar altura es de lo más precario, especialmente el colchón de caída. En el documental también hay una entrevista de 1968 con la futura plusmarquista española de salto de altura Sagrario Aguado (1949) o un campeonato de España en la embarrada pista de tierra de Montjuïc, que más bien parece un nacional de cross.

Algo que se destaca es la absoluta precariedad de medios y de conocimientos técnicos de la época. En este sentido fue fundamental la sapiencia del antiguo atleta y entrenador polivalente José Luis Torres (1925), que en los Juegos de México dirigía a los olímpicos Sola y al plusmarquista español de 1500 metros, Jorge González Amo (1945). Previamente había preparado a Areta.

El documental comienza con un coloquio entre Paco Grande y los periodistas Martí Perarnau, exsaltador de altura, y Esteban Gómez. A la pregunta de Paco Grande sobre qué marcas podrían hacer hoy estos atletas, Perarnau cree que 17,50 m Areta, 5,80 m Sola y 2,30 m Garriga. Probablemente no ande muy descaminado. Esto da una idea de lo que supusieron estos tres grandes del atletismo, en una época deportiva bastante precaria.

Muchas gracias a Paco Grande y a Teledeporte por este esclarecedor y emotivo documental. Ojalá en el futuro tengan cabida en el programa otros mitos del atletismo español, incluyendo las pioneras femeninas a las que no se dejó volver a competir hasta 1964.