Irena Szewińska, la dama de la velocidad

Hace unos días nos dejó la exatleta polaca Irena Szewińska. Szewińska fue una de las mejores velocistas de todos los tiempos, ganadora de siete medallas olímpicas, 3 de oro, y plusmarquista mundial, aunque no simultáneamente, de 100, 200 y 400 m. Ningún otro atleta, hombre o mujer, ha podido conseguir este monopolio de la velocidad.

Irena Szewińska nació como Irena Kirszestein en Leningrado (hoy San Petersburgo) el 24 de mayo de 1946. Su padre, de Varsovia, y su madre, de Kiev, se habían conocido en Samarkanda (Uzbekistán) donde ambos estudiaban. En 1947, tras el fallecimiento de su padre,  la familia se trasladó a Varsovia. Adoptó el apellido de su marido, el exvallista y fotógrafo deportivo Januzs Szewińska, cuando se casó en 1967. Szewińska comenzó a practicar atletismo a los 7 años. En 1960 el triple oro olímpico en 100, 200 y 4 x 100 de la estadounidense Wilma Rudolph (1940-1994), una mujer procedente de un entorno absolutamente desfavorecido, le sirvió como inspiración para su fructífera futura carrera atlética. No tardaría mucho en emularla, pues 4 años después, acudió a los Juegos de Tokio para tomar parte en las pruebas de 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100. Su actuación fue excelente. Ganó la plata en los 200 m, con marca personal y plusmarca europea de 23,1 (23,13), superada por la estadounidense Edith McGuire (1944), 23,0 (23,05).  En la longitud también se hizo con la plata con mejor marca personal de 6,60, por detrás de la británica Mary Rand (1940), quien con 6,76 m se convertía en la nueva plusmarquista mundial. En el relevo consiguió mejorar sus actuaciones individuales. El equipo polaco formado por ella misma junto con Teresa Ciepły (1937 – 2006), Halina Górecka (1938) y Ewa Kłobukowska (1946) batió al estadounidense en la final con una nueva plusmarca mundial de 43,6 (43,69). Posteriormente la plusmarca se anularía, aunque se mantuvo el oro olímpico. Kłobukowska tenía una anomalía genética, un raro mosaicismo XX/XXY. Algunas de su células albergaban un cromosoma masculino. Entonces se consideraba motivo suficiente para dudar de la feminidad de una atleta y Kłobukowska resultó suspendida de por vida y sus plusmarcas anuladas. Esta anulación no se extendió a sus actuaciones en campeonatos.

Con tan solo 18 años, la joven Irena salía de Tokio con tres medallas olímpicas. Al año siguiente, 1965, conseguía su primera plusmarca mundial individual. El 9 de julio en Praga corría los 100 m en 11,1, superando los 11,2 de Wyomia Tyus (1945) de la final olímpica de Tokio. En la carrera de Praga, Ewa Kłobukowska consiguió el mismo tiempo que Szewińska, posteriormente anulado. Poco después, el 8 de agosto, se celebró en Varsovia un encuentro internacional entre Polonia y Estados Unidos. Szewińska derrotó en la carrera de 200 m a las campeonas olímpicas de 200, Edith McGuire, y de 100 m, Wyona Tyus, con un nuevo tope mundial de 22,7. Ese año fue doble campeona mundial universitaria de 100 y 200 m.

En 1966 se celebraban los campeonatos de Europa en Budapest. En la capital húngara, Szewińska, con 20 años, tuvo otra magnífica actuación, con las victorias en 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100 m. Tan solo se le escapó el oro en los 100 m, prueba en la que la derrotó Kłobukowska. Tras un año de 1967 sin grandes campeonatos, Szewińska acudió a los Juegos de México de 1968 con la intención de disputar los 4 oros en las pruebas de velocidad corta, el relevo corto y el salto de longitud. Las cosas no resultaron como ella había previsto. Pese que, con 6,67 m, había mejorado poco antes de los Juegos su plusmarca personal, no pasó de la fase de clasificación con unos pobres 6,19 y dos nulos. La última atleta en entrar en la final había saltado 6,30 m. Mejoró notablemente en los 100 m, donde hizo marca personal de 11,1 (11,19), pero fue insuficiente para superar a las estadounidenses Tyus, 11,0 (11,08) y Barbara Ferrell, 11,1 (11,15). La juvenil australiana Raelena Boyle (1951) fue 4ª con 11,1 (11,20). A Szewińska le quedaban los 200 m como última oportunidad de oro individual y no la desaprovechó. Su victoria con nueva plusmarca mundial de 22,5 (22,58) fue inapelable, con Boyle, plata, 22,7 (22,74), y su compatriota Jennifer Lamy (1949), bronce, 22,8 (22,88). Ferrell y Tyus fueron 4ª y 6ª. La prueba tuvo un nivel altísimo con cuatro mujeres por debajo de los 23,00.

Pese a este enorme oro en 200 m, es probable que los Juegos de México dejasen en la polaca un sabor agridulce. Tras la decepción de la longitud, aún quedaba la del relevo, en el que el equipo polaco no pudo defender su título olímpico por un mal cambio con caída del testigo en las semifinal. En 1969 la Asociación Europea de Atletismo trató de hacer los campeonatos de Europa al aire libre bienales. Se celebraron ese año y en 1971, pero en 1974 se volvió a los campeonatos cuatrienales hasta 2010. Szewińska no tomó parte en los campeonatos de Europa de ese año y se retiró temporalmente en 1970 para dar a luz a su primer hijo,  Andrzej, que posteriormente sería jugador internacional de balonvolea. Volvió a la actividad atlética en 1971. En el Europeo de Helsinki fue bronce en 200 m, 5ª en salto de longitud y 6ª en 100. La vencedora en ambas pruebas fue el nuevo fenómeno de la velocidad femenina, la alemana Renate Stecher (1950). Stecher repetiría el doblete en los Juegos Olímpicos de Múnich al año siguiente. Szewińska, que no pudo llegar a la final de los 100 m, fue bronce en 200. Con 26 años y tres participaciones olímpicas, parecía que sus mejores días ya habían pasado. Nada más lejos de la realidad. La polaca aún tenía reservadas actuaciones memorables.

En 1973 mantuvo un buen tono con registros de la temporada de 11,1 y 22,7. Ese año Stecher se convertía en la primera mujer en correr por debajo de 11,0, con plusmarcas mundiales de 10,9 y 10,8, mientras en 200 se iba a 22,1 (22,38). La polaca no parecía rival para ella. Pero esa era una impresión equivocada. El 13 de junio de 1974, en Postdam, ambas atletas se enfrentaron en la distancia de 200 m, prueba en la que la alemana llevaba 4 años imbatida. Szewińska no solo ganó, sino que superó, con 22,0 (22,21) la plusmarca mundial de la alemana. El 1 de enero de 1977, este registro de 22,21 se convirtió en la primera plusmarca mundial eléctrica, únicas válidas a partir de entonces. Unos días después, el 29 de junio en Varsovia, Szewińska mejoraba en 100 m hasta 10,9. Menos de un mes después, el 22 de julio, en la misma capital polaca, Szewińska superaba por más de un segundo la plusmarca mundial de 400 m con 49,9, primer registro sub50,0 de la historia. En los campeonatos de Europa, la polaca no dio opción a Stecher y la batió tanto en los 100, 11,13 frente a 11,23, como en los 200 m, 22,51 frente a 22,58. La alemana tuvo que conformarse con dos platas.

 

Szewińska tenía intención de correr los 200 y los 400 m en los Juegos de Montreal, pero como el horario no era compatible eligió la distancia más larga. El 9 de mayo de 1976, perdió la plusmarca mundial de 400 m a manos de la alemana Christina Brehmer (1958) con un tiempo de 49,77. Poco antes de los Juegos, el 22 de junio en Bydgoszcz, Szewińska la recuperaba con un registro de 49,75. Se vislumbraba un gran duelo en la final olímpica entre la polaca de 30 años y la alemana de 18. Sin embargo, a la hora de la verdad, la experiencia de Szewińska resultó decisiva y el duelo lo fue menos. Brehmer lideró la prueba durante más de la mitad del recorrido, pero en la última recta emergió la polaca, quien no dio opción y se llevó el oro con una nueva plusmarca mundial de 49,29. Siete finalistas corrieron por debajo de 51,00.

La final olímpica de 400 de 1976 a partir de 1:25

El 1977 volvió a liderar las listas mundiales de 200 y 400 m, pruebas en las que venció en la primera Copa del Mundo, derrotando respectivamente a las pujantes alemanas Barbara Eckert (1955) y Marita Koch (1957). Esta última prueba resultó especialmente competida con las dos atletas por debajo de 50,00, 49,52 frente a 49,76. La alemana, en cabeza hasta los últimos 20 m, acabó cediendo ante el acoso de la polaca. Ese año también hizo una incursión en los 400 m vallas, entonces novedosa en categoría femenina. Realizó 56,62, 4º mejor registro de ese año, a 0,99 de la plusmarca mundial.

Szewińska aún fue bronce en los 400 m en sus últimos campeonatos de Europa, en 1978, poniendo fin a su racha de 34 victorias consecutivas en la prueba desde 1974. Fue olímpica por quinta vez en Moscú, en 1980, pero no pudo llegar a la final de la vuelta a la pista. Se retiró ese mismo año, tras 16 años en la élite mundial. Comenzó su carrera atlética enfrentándose a Wyomia Tyus y acabó haciéndolo con Marita Koch. Siempre fue capaz de dar lo mejor de sí misma con la presión de la alta competición. En 1970 se había licenciado en Administración de Empresas en la Universidad de Varsovia. Fue Presidente de la Federación Polaca de Atletismo de 1997 a 2009 y miembro de la IAAF desde 1998 hasta su fallecimiento, ocurrido el 29 de junio de 2018. Fue sin duda una de las grandes de siempre y una dama del atletismo durante y después de su época competitiva.

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Historia de la plusmarca española de los 400 metros masculinos

Este viernes 22 de junio asistimos a una de las mejores carreras celebradas en España con españoles como protagonistas. Pese a que ninguno de los dos cruzó la meta en primer lugar, tanto Bruno Hortelano (1991) como Óscar Husillos (1993) corrieron los 400 m en 44,69 y 44,73 respectivamente, superando la anterior plusmarca del catalán de Reus Cayetano Cornet (1963) de 44,96, que ya duraba 29 años. Nunca una plusmarca española de 400 m había estado tanto tiempo vigente. Para Hortelano, nacido en Australia, formado en los Estados Unidos y adscrito a la Federación Madrileña, esta nueva plusmarca le supone el monopolio de los topes españoles de la velocidad, pues ya poseía los de 100 y 200 m, con 10,06 y 20,12. Tras el grave accidente de trafico que le hizo perder toda la temporada pasada, advirtió que estaba más fuerte que nunca. Decidió iniciar el curso atlético centrado en los 400 m y el resultado no ha podido ser mejor. Después de mejorar dos veces su marca a 45,96 y 45,67, sus 44,69 actuales le permiten liderar la lista europea del año. Ha declarado que por esta temporada dejará los 400 m y se centrará en los 200 m, buscando repetir su oro europeo de hace 2 años y acercarse a la barrera de los 20 segundos.

Por su parte, el palentino Husillos había tenido un inicio más discreto, con 46,04 y 46,07 en dos competiciones previas. En el Mundial en sala, donde se le descalificó de una forma un tanto rigurosa, había corrido en 44,92, con lo que era previsible que superase este tiempo de largo. Sus 44,73 indican que va por el buen camino, Él mismo anunció que aún no ha alcanzado su pico de forma. Probablemente esto sucederá en agosto en el campeonato de Europa al aire libre, por lo que es razonable pensar en nuevas plusmarcas españolas de la vuelta a la pista.

El primer español en romper la barrera de los 50,0 en 400 m fue el coruñés Ramón Moncho Rodríguez (1919-2013). Hay una marca de 49,8 del catalán Joaquim Miquel (1903-1929) de 1928 en una pista, al parecer, mal medida. No obstante, Miquel corrió ese mismo año en 50,1. En cualquier caso, oficialmente el primer tiempo sub50 fue de Rodríguez el 13 de septiembre de 1942 con 49,2, que mejoró hasta 49,0 cuatro años después. Rodríguez también superó varias veces la plusmarca de 200 m, con un mejor registro de 22,5. Fue 8 veces campeón de España, 4 en 200 y 4 en 400 m.

El primado español de Rodríguez se mantuvo durante 13 años, hasta el 8 de agosto de 1959. Ese día, el madrileño Jesús Rancaño (1936) se convirtió, con 48,9, en el primer español en correr por debajo de 49,0. Rancaño mejoró otras 3 veces su plusmarca española hasta dejarla en 48,5 el 16 de junio de 1960. Pese a ser el español más rápido, el madrileño nunca fue campeón de España. Tuvo que conformarse con dos platas en 1959 y 1960 y un bronce en 1961.

En 1961, la plusmarca española de 400 m mejoró 1 segundo. Se igualó o se superó 7 veces por tres atletas, hasta quedar en 47,5. Inició las hostilidades otro madrileño, Jaime López Amor (1939), campeón de España de 100 m en 1957, que el 9 de abril igualó a Rancaño con 48,5. Continuó el gallego de Ponteareas (Pontevedra) Virgilio González Barbeitos (1941), que llegó al triple empate el 1 de mayo, empate que él mismo deshizo el 7 del mismo mes con 48,2. El 18 de junio hizo 48,1, el 25 rompió los 48,0 con 47,8 y el 15 de agosto se fue a 47,5. Barbeitos fue campeón de España de 400 m en 1960 y 1961 y de 800, prueba en que acreditó 1:48,1, en 1967. En esta distancia fue bronce en los Juegos del Mediterráneo ese mismo año. Volviendo a 1961, aún hubo una plusmarca más. El 27 de septiembre el asturiano Ramón Pérez (1940-2012) igualó los 47,5 de Barbeitos.

Barbeitos y Pérez se mantuvieron en lo más alto del 400 español hasta 1966, otro año mágico para esta prueba en España. Esa temporada el duelo entre otros dos gallegos, el junior (sub20) Ramón Magariños (1948), de La Estrada (Pontevedra), y Manuel Carlos Gayoso (1944), de Pontevedra, dio como resultado 5 plusmarcas españolas igualadas o superadas. El 3 de septiembre Magariños igualaba la plusmarca española de 47,5. El 15 del mismo mes Gayoso la mejoraba 0,1, tiempo que igualó 2 días después en una eliminatoria del campeonato de España. Magariños se convertía en coplusmarquista al proclamarse campeón de España con 47,4. Gayoso no tomó parte para competir en 400 m v. El 20 de octubre, finalmente, Gayoso ganaba la pugna al correr en 47,3 en Ciudad de México, derrotando a Magariños, 47,9. Dos años después, el 8 de junio de 1968, Magariños rompía la barrera de 47,0, con 46,7. El 7 de julio del año siguiente, en las nuevas pistas sintéticas de Vallehermoso, tuvo lugar un 400 que terminó como el del viernes en Moratalaz. Otro duelo entre los dos gallegos se saldó con una nueva plusmarca española, de Gayoso en 46,2, 2º en la carrera. Magariños fue 3º con mejor marca personal de 46,4.

Como Hortelano, aunque no simultáneamente, Magariños fue además plusmarquista español de 100 m (10,4) y 200 m (20,9 y 20,8). Aparte del oro en 400 m en 1966, fue campeón de España otras 2 veces en 200 y 3 veces en 100 m. Fue olímpico en México 1968 en 400 m. En cuanto a Gayoso, inicialmente compatibilizó la vuelta a la pista con los 400 m v, prueba en la que entre 1964 y 1966 estableció 9 plusmarcas españolas, de 53,7 a 51,3. Posteriormente se cambió a los 800 m. En esta distancia acreditó 1:47,2 y fue semifinalista en México, 9º en la clasificación oficial. Fue 6 veces campeón de España, 2 en 400 lisos y 4 en 400 vallas.

El 1 de enero de 1977, la IAAF dejó de considerar las marcas manuales como plusmarcas mundiales. No obstante, las federaciones nacionales mantuvieron las plusmarcas nacionales aunque no fuesen registros con cronometraje eléctrico. Los 46,2 de Gayoso se estimaban equivalentes a 46,34, por lo que se quedaron como primado español hasta que otro gallego, de adopción, nacido en Castronuño, Valladolid, realizó en una eliminatoria de la Universiada de México 1979 46,24. Isidoro Hornillos (1957), actual presidente de la Federación Gallega de Atletismo había corrido en 46,50 cuatro días antes. En la semifinal no estuvo tan afortunado y no pudo llegar a la final. Fue una vez campeón de España de 400 metros y olímpico en Moscú 1980.

La plusmarca de Hornillos duró menos de 4 años, hasta el 15 de junio de 1983, cuando el zamorano Ángel Heras (1958) registró 46,13. Dos meses después, en la Copa de Europa, se convirtió con 45,98 en el primer español por debajo de 46,00. Al zamorano le salió un duro rival al año siguiente, el bejarano Antonio Sánchez Muñoz (1963). Sánchez inició la temporada de 1984 con un tiempo de 45,76, que Heras rebajó hasta 45,54 un mes después. Ambos fueron olímpicos en Los Ángeles 1984. En 1985, Sánchez igualó la plusmarca española y en 1986, en la final del campeonato de Europa, deshizo definitivamente el empate al ser 6º, mejor puesto hasta entonces de un cuatrocentista español en un Europeo, con 45,41. En el mismo campeonato, en la prueba de 4 x 400 m, España con Heras y Sánchez fue 5ª con 3:04,12, nueva plusmarca española. Heras fue 7 veces campeón de España (5 en 400 y  en 200) y bronce europeo en sala en 400 m en 1983. Sanchez se hizo con 4 campeonatos de España, todos de 200 m, prueba en la que también fue plusmarquista con 20,67. En 1987 ganó el oro en los 400 m de los Juegos Mediterráneos.

Sánchez fue plusmarquista español de 400 m hasta los Juegos de Seúl, 1988. En la 3ª serie de cuartos de final Cayetano Cornet llevaba el tope nacional a 45,39. Su 5º plaza no le permitió, no obstante, continuar en la competición. Al año siguiente, en el campeonato de España rompía la barrera de 45,00 al proclamarse campeón con 44,96. Cornet fue 4º en el Europeo al aire libre de 1990 en 400 m y 6º en 4x 400. En sala fue bronce en los Mundiales de 1989 y 1991 y campeón de Europa en 1989. Ganó 7 campeonatos de España, 6 en 400 y 1 en 200 m.

Al la plusmarca de Cornet la han faltado menos de 2 meses para que cumpliese 29 años. Durante todo este tiempo, la amenaza más fuerte vino de la mano de otro catalán, David Canal (1978), que en 2003 realizó 45,01. El año pasado el tinerfeño Samuel García (1991) se quedó aun más cerca con 45,00. Aunque Hortelano no volviese a competir en la vuelta a la pista, con Husillos, Samuel García y Lucas Búa (1994), 45,25, no sería de extrañar que la plusmarca española se volviese a superar y que entre los cuatro rompiesen la barrera de los 3 minutos en 4 x 400 y asaltasen el podio del Europeo. La plusmarca europea del alemán Thomas Schoenlebe (1964) de 44,33 es de 1987, aun más antigua que la española, y ya no parece tan lejana.

Plusmarca española de 400 metros a partir de 50,0
49,2 Ramón Rodríguez Barcelona 13 09 1942
49,0 Ramón Rodríguez Barcelona 27 07 1946
48,9 Jesús Rancaño Madrid 12 07 1959
48,8 Jesús Rancaño Viena 08 08 1959
48,8 Jesús Rancaño Turín 04 09 1959
48,5 Jesús Rancaño Madrid 16 06 1970
48,5 Jaime López Amor Madrid 09 04 1961
48,5 Virgilio González Barbeitos Vigo 01 05 1961
48,2 Virgilio González Barbeitos Madrid 07 05 1961
48,1 Virgilio González Barbeitos Madrid 18 06 1961
47,8 Virgilio González Barbeitos Lisboa 25 06 1961
47,5 Virgilio González Barbeitos Barcelona 15 08 1961
47,5 Ramón Pérez Barcelona 23 09 1961
47,5 Ramón Magariños Madrid 03 09 1966
47,4 Manuel Carlos Gayoso Madrid 15 09 1966
47,4 Manuel Carlos Gayoso Madrid 17 09 1966
47,4 Ramón Magariños Madrid 18 09 1966
47,3 Manuel Carlos Gayoso Ciudad de México 20 10 1966
46,7 Ramón Magariños Madrid 08 06 1968
46,2 Manuel Carlos Gayoso Madrid 07 06 1969
46,24 Isidoro Hornillos Ciudad de México 08 09 1979
46,13 Ángel Heras Madrid 15 06 1983
45,98 Ángel Heras Praga 20 08 1983
45,76 Antonio Sánchez Madrid 29 05 1984
45,54 Ángel Heras Milán 09 06 1984
45,54 Antonio Sánchez Salamanca 30 06 1985
45,41 Antonio Sánchez Stuttgart 29 08 1986
45,39 Cayetano Cornet Seúl 25 09 1988
44,96 Cayetano Cornet Barcelona 12 08 1989
44,69 Bruno Hortelano Madrid 22 06 2018

NOTA: Agradezco a Miguel Villaseñor y a Gerardo Cebrián su información sobre las plusmarcas manuales y electrónicas

 

Husillos y el exceso de celo

Las leyes, igual que los libros de Medicina, tratan de hacer la mejor generalización de muchos casos particulares. Pero, del mismo modo que los problemas de cada paciente deben gestionarse de forma individual, en el ámbito normativo debería también analizarse caso por caso. Ayer, tras haberme quedado absolutamente sorprendido por la exhibición de Óscar Husillos, pensé, durante unos minutos, que hoy estaría escribiendo sobre la progresión de la plusmarca europea de 400 m en sala. Desgraciadamente mi texto de hoy es para poner sobre la mesa que el exceso de celo normativo puede acabar con el espectáculo atlético que continuamente Lord Coe, en su calidad de Presidente de la IAAF, trata de buscar. No hace mucho escribí sobre el, indebido, protagonismo de los jueces, afortunadamente excepcional. Desde hoy tendré que añadir lo sucedido ayer.

Con el reglamento en la mano, el invadir la línea interna de la curva sin ser desplazado es motivo de descalificación. La norma es taxativa, no especifica ni cm ni tiempo, por lo tanto es suficiente 1 mm 0,01 s. Con esto podríamos terminar el debate, pero también podemos plantear una cuestión. ¿Se tipifican las infracciones porque sí o para evitar que el infractor se beneficie? Si son para evitar que el infractor se beneficie, ¿tiene sentido aplicarlas cuando no hay beneficio alguno? Es más, probablemente Husillos no solo no se benefició, sino que el pisar la línea con el pie derecho probablemente le obligó a girar su cuerpo hacia el mismo lado para no salirse de la línea, con la consiguiente pérdida de alguna centésima. Tampoco ayudaba una pista con curva de doble radio, que empuja al atleta hacia dentro a la salida de la curva.

Habitualmente la aplicación que se hace de las normas es razonable. A menudo vemos salirse brevemente en las curvas a atletas en carreras de fondo lentas, como sucedió en el Mundial de Londres con Mo Farah, pero se asume que es involuntario y que no beneficia en absoluto al corredor, más bien todo lo contrario. Si se aplicase de forma estricta el reglamento en el tema de los contactos y obstrucciones, en ocasiones tendríamos campeón de 800 o 1500 m sin necesidad de disputar la final. Sin embargo, en este campeonato, se ha decidido obviar el espíritu del reglamento y aplicarlo al pie de la letra. La consecuencia ha sido que se ha anulado la mejor carrera del campeonato, el mejor 400 de la historia de los campeonatos y la plusmarca europea de un plumazo. Deben ser las últimas directrices de la IAAF para fomentar el espectáculo tras la retirada de Usain Bolt.

Hay quien compara esta descalificación con la de Natalia Rodríguez en la final de los 1500 m del Mundial de Berlín 2009 tras haber cruzado la meta en primer lugar. En mi opinión no son comparables, pues mientras Husillos ni se beneficia ni perjudica a nadie, el adelantamiento interior de Rodríguez, una maniobra irregular, hace que una atleta tropiece y se vaya al suelo.

La descalificación de Husillos me recuerda, por su injusticia, a la del obstaculista keniano Ezekiel Kemboi en los Juegos de Río. 60 años antes, en los Juegos de Melbourne, los propios rivales de Chris Brasher se negaron a que fuese descalificado tras ganar el oro en obstáculos, también por exceso de celo.

Por cierto, al margen de la estricta aplicación del reglamento, la IAAF tampoco ha respetado las formas, entregando las medallas de la prueba de 400 m antes de comunicar oficialmente el rechazo del recurso de la Federación Española. Quizá también debían haber publicado al fotografía al tiempo que anunciaban por primera vez la descalificación. Cierto es que una vez constatada la infracción, había poco lugar al recurso pero ¿de verdad era necesario analizar el vídeo con microscopio?

No veo a la IAAF por buen camino y no solo por el asunto Husillos. Se entiende poco que las marcas mínimas para los concursos solo estén al alcance, literalmente, de 4 y haya que recurrir a la repesca. Por ejemplo en triple salto femenino, la mínima era 14,30 m. Hubo de repescarse, con 14,23 m, a Ana Peleteiro que finalmente fue bronce. Tampoco se comprende que en los concursos no se permita el 6º intento del 5º al 8º clasificado. Como bien dice el explusmarquista español de salto con pértiga, Alberto Ruiz, es como si en un 1500 no se permitiese disputar la última recta a los que ocupan la posiciones a partir de la 5ª.

Al margen de la polémica descalificación de Husillos y a falta de la jornada de hoy, las luces que veíamos algunos en el atletismo español tras el Mundial de Londres parece que se materializan. El Europeo de Berlín del verano será una buena ocasión para confirmarlo.

Zürich 1984: una plusmarca muy especial para Evelyn Ashford

Los Juegos Olímpicos celebrados en Los Ángeles del 28 de julio al 12 de agosto de 1984 se vieron lastrados por el boicot que llevaron a cabo la antigua Unión Soviética y sus aliados, en respuesta al realizado 4 años antes por Estados Unidos y numerosos países del bloque occidental. Eran tiempos de la Guerra Fría que, no obstante, estaba dando sus últimos coletazos. Tan solo 8 años más tarde ya no existía la Unión Soviética ni dos Alemanias. El boicot no fue unánime, pues China, Rumanía y Yugoslavia sí enviaron sus equipos olímpicos. Sus consecuencias en el atletismo fueron desiguales. En carreras masculinas apenas tuvo efecto. En saltos y lanzamientos masculinos hubo ausencias importantes, sobre todo las de los plusmarquistas mundiales de salto con pértiga, 5,90 m, el soviético, hoy ucraniano, Sergei Bubka (1963), de lanzamiento de martillo, 86,34 m, el soviético, hoy ruso, Yuriy Sedykh (1955) o de lanzamiento de jabalina, 104,80, el alemán oriental Uwe Hohn (1962), registros todos ellos de ese año olímpico. Pero donde el boicot se hizo sentir mucho más fue en categoría femenina, entonces dominada de forma casi absoluta por las atletas del Este. Años después se confirmaría lo que entonces se sospechaba acerca de la generalización de prácticas prohibidas en los países del Este, patrocinadas por los propios estados, pero también es cierto que sobre los atletas estadounidenses de entonces se cierne la sombra de la hormona del crecimiento.

Ya en la competición, la estadounidense Valerie Brisco-Hooks (1960) tuvo una inesperada actuación con doblete en 200 y 400 m y plusmarcas personales y olímpicas de 21,81 y 48,83, no muy lejos de los 21,71 y los 47,99 que la alemana del Este Marita Koch (1957) y la checa Jarmila Kratochvilova (1951) ostentaban respectivamente como plusmarcas mundiales. Brisco había destacado a finales de los 70, pero su carrera se había estancado en los primeros 80. En las pruebas de selección olímpica ganó el 200 con 22,16 y fue 2ª tras Chandra Cheeseborough (1959) en 400 m, con 49,73, marcas personales en ambos casos. Aunque en 1985 corrió los 200 en 21,98 y al año siguiente los 100 m en 10,99, nunca volvió a rendir como en Los Ángeles, donde también fue oro en 4×400. Fue plata olímpica en Seúl 1988 en 4 x 400 y 4ª en la prueba individual. Visto su rendimiento en los Juegos, el mundo atlético se preguntó qué habría podido suceder estando Koch en liza.

Una de las pocas pruebas femeninas en la que se frustró un gran duelo fueron los 100 m. Ausente la campeona mundial, la alemana del Este Marlies Göhr (1958), acreditada en 10,81, la victoria fue para la plusmarquista mundial, la estadounidense Evelyn Ashford (1957), que se impuso fácilmente con 10,97. Ashford se encaramó muy joven en la élite del atletismo, pues en 1976, con 19 años, fue 5ª en los 100 m de los Juegos de Montreal. En 1979 encabezó la lista mundial del año con 10,97, su primer tiempo sub11, no muy  lejos de los 10,88 que Marlies Göhr poseía como plusmarca anterior desde hacía 2 años. Al año siguiente se acercó aun más, al correr en 10,90. Göhr mejoró a 10,81 el 8 de julio de 1983, pero unos días después, el 3 de julio, la estadounidense corría en 10,79. Ese mismo día, su compatriota Calvin Smith (1961), con 9,93 superaba los míticos 9,95 de Jim Hines (1946) de los Juegos de México. Ambos tiempos se siguieron de una A, puesto que se habían conseguido a 2195 metros de altitud, en Colorado Springs. La plusmarca de Ashford de 10,79A probablemente era peor que los 10,81 de Göhr. Ambas se enfrentarían en el primer Campeonato del Mundo que tendría lugar en Helsinki un mes más tarde. Antes de la final se enfrentaron en los cuartos, donde se impuso la estadounidense, 11,11 por 11,16. Cada una de ellas ganó su semifinal, entonces solo eran dos, con Ashford por debajo de 11 en 10,99, y Göhr en 11,05. El gran duelo, sin embargo se frustró, pues la estadounidense se lesionó a mitad de carrera. Göhr se impuso con 10,97.

El duelo quedaría para los Juegos Olímpicos, aunque ya entonces se temía que el bloque del Este acabaría por no acudir, como finalmente sucedió.  Ashford ganó el oro con una nueva plusmarca olímpica de 10,97. Los soviéticos contraprogramaron con los llamados Juegos de la Amistad, una competición atlética entre los países que no habían acudido a los Juegos Olímpicos. Göhr venció en los 100 m, celebrados el 16 de agosto, con 10,95, demostrando estar en buena forma. La alemana y la estadounidense se encontrarían el 22 de agosto en la reunión de Zürich, donde, a decir de algunos, tendría lugar la verdadera final olímpica de 100 m.

Hasta no hace muchos años, las reuniones posolímpicas o posmundial de atletismo tenían un nivel altísimo. Los atletas aprovechaban su buena forma para mejorar sus marcas o para, en algunos casos, tomarse la revancha de actuaciones en el gran campeonato no del todo satisfactorias. La reunión de Zürich solía ser el principal lugar para ajustar cuentas con los rivales. Ese 1984, muchos de los grandes triunfadores de los Juegos tomaron parte en la competición de la ciudad suiza. Allí estaban el cuádruple campeón olímpico Carl Lewis (1961), el sorprendente oro en los 400 m Alonzo Babers (1961), la emergente estrella de los 800 m Joaquim Cruz (1963), el doble oro de 1500, el resucitado Sebastian Coe (1956), el marroquí Said Aouita (1959)… También estaban las dos estrellas estadounidenses de la velocidad femenina, Valerie Brisco-Hooks, que no pudo retener la forma de las semanas anteriores, y Evelyn Ashford, cuyo enfrentamiento con Marlies Göhr era uno de los mayores atractivos de la reunión. La carrera no pudo responder mejor a las expectativas con Göhr en la calle 2 y Ashford en la 3. La alemana realizó una fulgurante salida y se mantuvo en cabeza hasta los 70 metros, momento en que Ashford la igualó y posteriormente la superó con una nueva plusmarca mundial de 10,76, 0,08 más rápido que Göhr.

Poco después de la carrera, Ashford descubrió que su plusmarca mundial había sido mucho más especial de lo que pudiese pensar, pues la hizo estando embarazada. El 30 de mayo de 1985 dio a luz a su hija Raina Ashley Washington.

Ashford siguió compitiendo hasta completar una longeva carrera en la cima mundial. En los Juegos de Seúl de 1988 fue plata en 100, detrás de su compatriota Florence Griffith (1959-1998) y oro en 4×100. Y en los Juegos de Barcelona, en 1992, con 35 años, no entró en la final de 100 m por 0,01 pero ganó el oro en 4×100 por tercera vez consecutiva, en 4 juegos olímpicos.

El poder de la velocidad negra en los Juegos de México

En 1863, durante de Guerra de Secesión Estadounidense, el presidente Abraham Lincoln (1809-1865) decretó la libertad de todos los esclavos de los territorios rebeldes. Conforme las tropas de la Unión fueron ocupando estos territorios, los esclavos se fueron convirtiendo en hombres libres. Al finalizar la guerra, de forma progresiva se abolió la esclavitud como institución y se concedió a los antiguos esclavos la ciudadanía estadounidense y, a los varones, el derecho al voto. La situación legal de los nuevos ciudadanos fue correcta hasta que en 1877,  el ejército abandonó los territorios del Sur. A partir de entonces se produjo un progresivo cambio legal que, acompañado de una enorme presión social, acabó convirtiendo, de hecho, a los estadounidenses de raza negra en ciudadanos de segunda. Como la nueva situación apenas les permitía prosperar, la mayoría continuaron trabajando en las plantaciones, en condiciones no muy diferentes a las de antes de la guerra. Muchos de ellos, hasta 6 millones,  acabaron formando parte de la Gran Migración, que desde principios del siglo XX los llevó a diversos estados del Norte para trabajar en la industria y en servicios. Pese a que su calidad de vida era menos mala que en el Sur, seguían sufriendo una dura discriminación que se reflejaba legalmente en establecimientos o transportes públicos, donde ocupaban lugares destinados específicamente para ellos. Jesse Owens (1913-1980), cuyos padres habían emigrado a Ohio, se sorprendió de que no hubiese habitaciones para negros en Berlín. En alguna ocasión tuvo que entrar por la puerta de servicio para acudir a su propio homenaje.

Las cosas no cambiaron demasiado durante varias décadas, pero a partir de los años 50 algo comenzó a moverse. Rosa Parks (1913-2005) llevó la cuestión de la discriminación al primer plano mediático cuando se negó a ceder su asiento en un autobús y acabó detenida. Aunque para John Kennedy (1917-1963) el asunto de los derechos civiles no era prioritario cuando resultó elegido presidente de Estados Unidos, cambió pronto de opinión, principalmente por influencia de su hermano, el Fiscal General Robert Kennedy (1923-1968). En 1962, James Meredith (1933) había ganado en los tribunales el derecho a que no se le aplicasen las leyes de segregación de la Universidad de Mississippi y se le admitiese libremente. Ante la negativa del gobernador Ross Barnett (1898-1987), los Kennedy enviaron al ejército, para asegurar la entrada de Meredith en la universidad. Uno de los líderes de los derechos civiles,  Martin Luther King (1929-1968), abogaba por un movimiento pacífico, que culminó con la marcha sobre Washington y su famoso discurso Yo tengo un sueño. Otros movimientos fueron menos pacíficos, como el del Black Power, una asociación antisistema ambigua con la violencia. El asesinato de John Kennedy en 1963 no impidió que su sucesor, Lyndon B Johnson (1908-1973) declarase en 1964 ilegal la segregación. Los problemas, sin embargo, continuaron. En 1968 se produjeron los asesinatos de Robert Kennedy y de Martin Luther King. A principios de septiembre se celebraban las pruebas de selección para los Juegos de México.

La USTAF decidió celebrar las pruebas en un lugar que se pareciese a la Ciudad de México. Para ello se construyó una pista de tartán en Echo Summit (California), a 2250 m de altura. La combinación de altitud y material sintético junto con la irrupción de la mejor generación de velocistas, negros, desde los años 30 hizo que las marcas fuesen estratosféricas. Jim Hines (1945) ganó el 100 con 10,11 (10,0). John Carlos (1945) se impuso en el 200 a Tommie Smith (1944), que había preferido esta prueba al 400, con nueva plusmarca mundial de 19,92 (19,7). Y Lee Evans (1947) también se hizo con una nueva plusmarca mundial de 44,06 (44,0) en una carrera con 4 atletas por debajo de 45,00. Además de Evans, Larry James (1947-2008), 44,19 (44,1), Ron Freeman (1947), 44,62 (44,6) y Vince Matthews (1947), 44,86 (44,8). La IAAF finalmente no ratificó los tiempos de Carlos y de Evans como plusmarcas mundiales por haberlas hecho con zapatillas no reglamentarias.

La buena forma mostrada por los velocistas estadounidenses se confirmó en los Juegos. Así, el 14 de octubre, Jim Hines se convertía en el primer atleta en correr los 100 m por debajo de 10,00,con 9,95 en una final con 8 atletas negros por primera vez en la historia. En los 200 m, John Carlos era el favorito, pero finalmente solo pudo ser bronce, con 20,10. Tommie Smith hizo una fantástica carrera que lo catapultó a la primera posición con plusmarca mundial de 19,83 parándose en los metros finales. La plata fue para el australiano Peter Norman (1942-2006), con 20,06.

Lo sucedido en la ceremonia de entrega de medallas ya pertenece a la historia, no solo del deporte. Tanto Smith como Carlos formaban parte del Proyecto Olímpico pro Derechos Humanos (OHRP), una organización que denunciaba la segregación racial. Decidieron mostrar públicamente su protesta enfundándose guantes negros, símbolo del Black Power, durante la entrega de medallas. Como solo tenían un par, cada uno se puso un solo guante. Peter Norman mostró su solidaridad llevando una placa del OHRP. Al terminar la ceremonia Carlos dijo a la prensa: Cuando gano soy americano, cuando pierdo solo un negro. El COI, pese a la oposición del comité estadounidense, decidió expulsar a ambos de la Villa Olímpica. De vuelta a Estados Unidos, su vida no fue muy fácil. Tuvieron problemas económicos y recibieron amenazas de muerte. No le fue mucho mejor a Norman en su país, en el que hasta pocos años antes los aborígenes no tenían categoría de humanos. Se convirtió en un paria social. Falleció en 2006. Smith y Carlos se desplazaron a Melbourne, donde portaron su féretro y despidieron a su amigo con un emotivo discurso en el que ensalzaron su valentía al apoyar su causa. En 2012, el Parlamento Australiano aprobó una moción en la que reconocía los valores humanos de Norman y pedía disculpas por el trato dispensado al atleta a su vuelta a Australia de México.

La expulsión de sus amigos Smith y Carlos hizo a Lee Evans tomar la decisión de retirarse él mismo de los Juegos. Afortunadamente Carlos le convenció de que el mejor homenaje que podía hacerles era ganar el 400 y el 4 x 400. El 18 de octubre, México fue testigo de uno de los mejores 400 de la historia. Lee Evans ganaba con una nueva plusmarca mundial de 43,86 y Larry James era segundo con 43,97, dos tiempos impensables entonces y que siguen siendo de los más rápidos del la historia.

Dos días después, Evans junto con James, Freeman y Matthews conseguía para Estados Unidos el oro en 4 x 400 con plusmarca mundial de 2:56,16. Segundo fue el cuarteto keniano, con un primer relevista llamado Daniel Rudisha (1945). 44 años después, en los Juegos de Londres, su hijo, David, protagonizaría la mejor carrera de 800 m de la historia. Los 4 componentes del equipo estadounidense acudieron al podio ataviados con boinas negras, símbolo del Black Power.

Los Juegos de México resultaron inolvidables, no solo por el enorme nivel atlético, nunca superado, sino también porque un grupo de atletas supo reivindicar lo que consideraban justo a un coste personal enorme. Sin duda, Smith y Carlos merecían haber nacido 15 años más tarde porque en los 80 habrían podido desarrollar todo su talento en un contexto ya profesional. Habrían sido unos héroes de multitudes, aunque pensándolo bien, héroes ya lo son, y siempre lo serán.

Calvin Smith, el velocista de modales suaves

El 24 de septiembre de 1988 tuvo lugar una de la carreras más esperadas de la historia del atletismo, la final olímpica de 100 m de Seúl. Se enfrentaban en ella los dos mejores velocistas del momento, el canadiense Ben Johnson (1960) y el estadounidense Carl Lewis (1961). El año anterior en el campeonato del mundo, Johnson había derrotado a Lewis por 0,1, con una nueva plusmarca mundial de 9,83. El 17 de agosto, en la reunión de Zúrich, en un nuevo duelo entre ambos, fue el estadounidense quien se impuso, con 9,93 por 10,00 del canadiense. Johnson había retrasado su preparación por una lesión, pero no se sabía si podría llegar a los Juegos en plena forma. Ambos se impusieron en sus semifinales, Lewis con 9,97 y Johnson con 10,03. Las fuerzas parecían parejas, pero la final se encargó de desmentir las apariencias. Johnson aplastó a Lewis con una ventaja de 0,13 parándose con unos entonces estratosféricos 9,79. Esta fue la clasificación inicial:

1 Ben Johnson CAN 9,79
2 Carl Lewis USA 9.92
3 Linford Christie GBR 9.97
4 Calvin Smith USA 9.99
5 Dennis Mitchell USA 10.04
6 Robson C. da Silva BRA 10.11
7 Desai Williams CAN 10.11
8 Raymond Stewart JAM 12.26

La cara de sorpresa de Carl Lewis resumía muy bien la prestación de Ben Johnson. Pero todo había sido falso. Dos días después se conocía que el canadiense había consumido estanozolol, un esteroide anabolizante prohibido por el COI. Posteriormente Johnson confesaría que había tomado sustancias prohibidas desde 1981. Carl Lewis pasaba a ser campeón olímpico y, posteriormente, plusmarquista mundial por la anulación de los 9,83 de Ben Johnson. Oficialmente la historia terminó ahí. En realidad las cosas fueron mucho más complicadas. Tiempo después se supo que a Lewis le habían detectados restos de estimulantes en un control durante las pruebas de selección olímpicas para Seúl, al medallista de plata, el británico Linford Christie (1960)  se le hallaron restos de efedrina tras una serie de 200 m en Seúl, pero se aceptaron sus alegaciones. En 1999 un análisis positivo para nandrolona lo llevó a una suspensión de 2 años. También el estadounidense Dennis Mitchell (1966), el canadiense Desai Williams (1959) y el jamaicano Ray Stewart (1965) resultaron sancionados por su relación con sustancias prohibidas. Con razón el periodista Richard Moore (1973) calificó la final de 100 m de Seúl como la final más sucia de la historia. Tan solo el brasileño Robson Caetano da Silva (1964), 5º,  y el estadounidense Calvin Smith (1961), bronce, pueden presumir de un historial limpio durante toda su carrera deportiva.

Calvin Smith (Bolton, Mississippi, 8 de enero de 1961) fue un velocista de modales suaves, discreto, respetuoso y muy alejado del ruido mediático que rodeaba a muchos de sus rivales. En 1980, siendo junior, ya corría en 10,17, lo que le sirvió para ser el 9º en la lista mundial de ese año. Alcanzó notoriedad por primera vez el 9 de julio de 1982, en Karl Marx Stadt, actual Chemmitz (Alemania), donde realizó 9,91 en 100 m, 0,04 por debajo de la mítica plusmarca de 9,95, conseguida en Ciudad de México por Jim Hines (1946) en la final olímpica de 1968. Un viento de 2,1 m/s impidió, sin embargo, homologar la marca de Smith, probablemente superior al tope universal. Ese año registró una plusmarca personal de 10,05. Desde la final de México, tan solo Silvio Leonard (1955), que en 1977 había hecho 9,98 en altitud, había bajado de 10,00. En 1983, el 14 de mayo, en Modesto (California) al nivel del mar, Carl Lewis corría en 9,97.  El 3 de julio de ese año, aprovechando la altitud de Colorado Springs, y con viento legal, Calvin Smith consiguió borrar la plusmarca de Hines, al correr los 100 metros en 9,93. En la misma reunión Evelyn Ashford (1958), con 10,79, también superaba la plusmarca mundial femenina.

Smith, que ya había resultado derrotado en el campeonato de Estados Unidos por Carl Lewis, no pudo con su rival en los 100 m del primer campeonato mundial celebrado en Helsinki. Emmit King (1959) completó el triplete estadounidense. Los tres, con Willie Gault (1960), se coronaron campeones de relevos  4 x 100, con plusmarca mundial de 37,86. Antes Smith se  había hecho con el oro mundialista en los 200 m.

100 m
1 Carl Lewis USA 10.07
2 Calvin Smith USA 10.21
3 Emmit King USA 10.24
4 Allan Wells GBR 10.27
5 Juan Nunez DOM 10.29
6 Christian Haas FRG 10.32
7 Paul Narracott AUS 10.33
8 Desai Williams CAN 10.36

200 m
1 Calvin Smith USA 20.14
2 Elliott Quow USA 20.41
3 Pietro Mennea ITA 20.51
4 Allan Wells GBR 20.52
5 Frank Emmelmann GDR 20.55
6 Innocent Egbunike NGR 20.63
7 Carlo Simionato ITA 20.69
8 Joao Batista da Silva BRA 20.80

4 x 100 m
1 United States 37.86 WR
King, Gault, C.Smith, Lewis
2 Italy 38.37
Tilli, Simionato, Pavoni, Mennea
3 Soviet Union 38.41
Prokofyev, sidorov, Muravyov, Bryzgin
4 East Germany 38.51
5 West Germany 38.56
6 Poland 38.72
7 Jamaica 38.75
8 France 38.98

Unos días después, Calvin Smith, en la reunión de Zúrich, con marcas de 9,97 y 19,99, se convirtió en el primer atleta que corría los 100 por debajo de 10,00 y los 200 por debajo de 20,00 en la misma reunión.

En 1984 sufrió una lesión que le impidió rendir adecuadamente. No pudo clasificarse para los Juegos Olímpicos ni 100 ni en 200. En 100 se vio superado por Carl Lewis, Sam Graddy (1964) y Ron Brown (1961). Estos dos últimos abandonarían el atletismo poco después y se dedicarían al fútbol americano. Smith, sin embargo, consiguió formar parte del equipo de relevos 4 x 100, que se proclamaría campeón olímpico con una nueva plusmarca mundial:

4 x 100 m
1 United States 37.83 WR
Graddy, Brown, C.Smith, C.Lewis
2 Jamaica 38.62
Lawrence, Meghoo, Quarrie, Stewart
3 Canada 38.70
Johnson, Sharpe, Williams, Hinds
4 Italy 38.87
5 West Germany 38.99
6 France 39.10
7 Great Britain 39.13
8 Brazil 39.40

No brilló especialmente en los años 1985 y 1986. En 1987 acudió al Campeonato del Mundo de Roma a defender su título de 200, donde consiguió una nueva victoria:

200 m
1 Calvin Smith USA 20.16
2 Gilles Queneherve FRA 20.16
3 John Regis GBR 20.18
4 Robson C. da Silva BRA 20.22
5 Vladimir Krylov URS 20.23
6 Floyd Heard USA 20.25
7 Pier Francesco Pavoni ITA 20.45
8 Atlee Mahorn CAN 20.78

En 1988 volvió a ocupar las primeras posiciones de la lista mundial, lo que lo llevó a alcanzar el bronce en la carrera más sucia de la historia. Con el tiempo Smith afirmaría que el oro tenía que haber sido para él

Tras los Juegos de Seúl, Smith siguió compitiendo hasta 1996. En 1993, con 32 años, aún fue capaz de correr en 10,06. Sin embargo no volvió a toma parte en un gran campeonato, aunque representó a Estados Unidos en la Copa del Mundo de 1992, tanto en 100 como en 4 x 100.

Durante toda su carrera deportiva, Calvin Smith gozó del respeto por parte de sus rivales y de los aficionados, mucho más confiados en sus logros que en el de algunos de sus oponentes que mostraban sorprendentes cambios corporales. Su hijo, Calvin Smith jr (1987) es un buen corredor de 400 m, 44,81 (2010), campeón del mundo en sala en relevos 4 x 400 en 2012, 2014 y 2016.

 

 

“¿Tiene algo que alegar? Helsinki, Señoría”. Los primeros oros de Jamaica

El 27 de julio de 1952 fue un día histórico para Jamaica, . El Capitán General y Gobernador en Jefe de la isla, aún dependiente del Reino Unido, Sir Hugh Mackintosh Foot (1907-1990) declaró festivo nacional el día siguiente. Los jamaicanos se lanzaron a la calle para una gran celebración. Algunos de ellos consumieron más alcohol del debido, lo que les supuso problemas legales. Una vez delante del juez, ante la pregunta: ¿Tiene algo que alegar? la respuesta invariable siempre era Helsinki, Señoría. Helsinki era la razón de la euforia jamaicana. En la capital de Finlandia se estaban celebrando los Juegos Olímpicos. Allí el equipo jamaicano de 4 x 400m conseguía una gesta sin precedentes al ganar el oro con plusmarca mundial por delante del potente cuarteto estadounidense.

Jamaica cuenta en la actualidad con 3 millones de habitantes. Colonizada por los españoles, en 1655 los ingleses se hicieron dueños del territorio, que conservaron hasta 1962, año de la independencia de la isla. La mayor parte de la población desciende de esclavos negros que los ingleses llevaban de África para trabajar en las plantaciones de caña. Jamaica acudió a unos Juegos Olímpicos por primera vez a la capital de su entonces metrópoli en 1948. Siguió participando como colonia británica hasta 1964, año en que ya acudió como país independiente.

En las 18 ediciones (todas desde 1948), Jamaica ha conseguido 78 medallas, 22 de oro. Pero sus éxitos no son recientes. Ya en los Juegos de 1948 y de 1952, 3 atletas jamaicanos que corrían 400 metros hicieron historia poniendo en el mapa atlético a la pequeña isla caribeña. Herb McKenley, Arthur Wint y George Rhoden mostraron su enorme calidad subiendo al podio en 100, 400, 800 y, sobre todo, junto con Leslie Laing (1925), ganando el 4 X 400m de los Juegos de Helsinki.

Herbert Henry McKenley había nacido el 10 de julio de 1922 en Pleasant Valley, Clarendon. Estudió en Estados Unidos, primero en el Boston College y después en la Universidad de Illinois. En 1946 corrió las 440y (402,336m) en 46,2, probablemente más rápido que la plusmarca mundial de 400m que compartían en alemán Rudolf Harbig (1913-1944) y el estadounidense Grover Klemmer (1921-2015) con 46,0. El 5 de junio de 1948 mejoró con 46,0 su tiempo en 440y, que se homologó como plusmarca mundial de 400m igualada. 29 días después McKenley deshacía el triple empate con 45,9 en 400m y se convertía en plusmarquista mundial en solitario. Era además un gran corredor de 100m, 10,3, y 200, 20,6 en recta.

Arthur Stanley Wint, conocido como el Gigante gentil, había nacido en Plowden, Manchester el 25 de mayo de 1920. Comenzó a practicar atletismo en el instituto. En 1938 ganó los 800m de los Juegos Caribeños. En 1942 se unió a la Royal Air Force como piloto de guerra. En 1946 se hizo con el oro en los Juegos Caribeños en 400m, batiendo a McKenley. En 1947 abandonó el ejército para estudiar Medicina. Antes de los Juegos de Londres acreditaba 47,0 en 400m y 1:50,0 en 800m.

Vincent George Rhoden había nacido en Kingston el 13 de diciembre de 1926. Vivía en San Francisco donde se había iniciado en el atletismo. Más joven que sus dos compatriotas, en 1948 aún no había alcanzado su mejor momento. En Londres no pasó a la final por 3 décimas (solo entraban 6) pero hizo 47,7 su mejor marca.

Antes de la final de 400, tanto Wint como McKenley habían disputado las finales de otras pruebas. El 2 de agosto, Arthur Wint ganaba la plata en 800m con mejor marca personal de 1:49,5, la primera medalla olímpica para Jamaica de la historia. Ya contamos esta carrera en Los bicampeones olímpicos de 800 (I). Por su parte McKenley fue 4º en la final de 200m disputada al día siguiente, con 21,3. El ganador fue el estadounidense Mel Patton (1924-2014) con 21,1.

La final de 400m tuvo lugar el 5 de agosto. Ambos jamaicanos ganaron sus respectivas semifinales con el mismo tiempo, 46,3, que en el caso de Wint era plusmarca personal. También se habían clasificado para la final los 3 estadounidenses, entre ello el campeón de 800m Mal Whitfield (1924-2015). McKinley, que era el favorito, salió rapidísimo. Pasó por la mitad de la carrera en el tiempo suicida de 21,4 con 10 metros de ventaja. Se quedó sin fuerzas a falta de 30 metros, momento en el que Wint lo sobrepasó y se hizo con el oro, con 46,2, mejor marca personal. McKenley fue 2º y Whitfield ganó el bronce. Wint, tras haber sido el primer medallista de Jamaica, ganaba así también el primer oro olímpico en la historia de este país. Estos fueron los resultados:

1 Arthur Wint JAM 46,2
2 Herbert McKenley JAM 46,4
3 Malvin Whitfield USA 46,9
4 Dave Bolen USA 47,2
5 Morris Curotta AUS 47,9
6 George Guida USA 50,2

 

 

Jamaica tenía un potente equipo de 4x400m, formado por  Rhoden, Laing, Wint y McKenley, con el que tratarían de doblegar a Estados Unidos, pero una lesión de Wint en la tercera posta acabó con el sueño.

Aunque McKenley superó a Wint en varias reuniones posolímpicas, pronto le salió un nuevo rival jamaicano, George Rhoden, que lo derrotó por primera vez en 1949, 46,4 frente a 46,8. Rhoden se convirtió en plusmarquista mundial en 1950, al correr la distancia en 45,8. Era además un buen corredor de 100m, acreditado en 10,3, y de 200, 20,9. Wint, entretanto, se había dedicado más al 800, con mejor marca de 1:48,9. No obstante, en los Juegos de Helsinki 1952, los 3 jamaicanos se disputarían el título de la vuelta a la pista. Rhoden prefirió centrarse en los 400m, mientras que McKenley y Wint ganaron sendas platas en los 100m y en los 800m respectivamente. En las semifinales de 400m Wint se impuso en la primera con 46,3 y McKenley en la segunda con 46,4, 0,1 menos que Rhoden, segundo. En la final Wint salió rapidísimo, como McKenley 4 años antes, en 21,7 al paso por el 200, por delante de Rhoden, 22,2, y McKenley, 22,7. A falta de 100m, con Wint agotado, emergió Rhoden por la calle exterior. El esfuerzo final de McKenley no le fue suficiente para ganar. El tiempo fue de 45,9 para ambos. El cronometraje eléctrico no oficial marcó 46,09 para el campeón y 46,20 para McKenley. Wint fue 5º, justo por delante del campeón de 800m, que renovó su título de Londres, Mal Whitfield.

1 George Rhoden JAM 45,9 (46,09)
2 Herbert McKenley JAM 45,9 (46,20)
3 Ollie Matson USA 46,8 (46,94)
4 Karl-Friedrich Haas RFA 47,0 (47,22)
5 Arthur Wint JAM 47,0   (47,24)
6 Malvin Whitfield USA 47,1 (47,30)

El 400 de Helsinki a partir del minuto 1:13

No obstante este doblete, para Jamaica lo mejor estaba por llegar. Tras el fiasco de Londres, los jamaicanos volvían a buscar el oro en 4 x 400m con el mismo equipo, aunque en diferente orden: Wint, Laing, McKenley y Rhoden. Wint corrió el primer relevo en 46,8, 0,1 más que el primer estadounidense Ollie Matson (1930-2011), bronce en la prueba individual. Tras la segunda posta en la que Laing hizo 47,o (1:33,8) y el segundo estadounidense, Eugene Cole (1928) 45,5 (1:32,2), las esperanzas de Jamaica parecía que se habían esfumado. Pero en ese momento surgió el mejor Herb McKenley, quien con un asombroso tiempo de 44,6 (2:18,4), consiguió entregar al mismo tiempo que Charles Moore (1929), oro en 400m vallas, 46,3 (2:18,5). George Rhoden, con el mismo parcial que Mal Whitfield, 45,5, acabó de rematar la gran gesta para Jamaica: oro con 3:03,9 (3:04,04) nueva plusmarca mundial, 0,1 menos que el equipo estadounidense.

(Se puede ver parte de la carrera en el vídeo anterior a partir del minuto 1:50).

La repercusión en Jamaica de la hazaña de sus cuatrocentistas fue enorme. Como se señaló anteriormente el Gobernador declaró festivo nacional el día siguiente. Parece que la contraseña Helsinki, Señoría sí funcionó como salvoconducto para una interpretación benévola de la ley. Los héroes olímpicos, una vez realizada su hazaña, siguieron algún tiempo más en el atletismo y a continuación dirigieron su vida hacia otros campos.

Herb McKenley, tras su retirada en 1953, fue entrenador del equipo nacional de Jamaica y posteriormente Presidente de la Federación de Atletismo de su país. Murió el 26 de noviembre de 2007.

Arthur Wint se graduó como médico en 1953, año en que se retiró del atletismo. Ejerció como médico en Jamaica y, posteriormente, trabajó para su Gobierno como Alto Comisionado para Gran Bretaña. Murió el 19 de octubre de 1992.

George Rhoden se graduó en Medicina en 1953 en la Universidad de Nueva York. Siguió compitiendo hasta 1956. Posteriormente se especializó en Podología y Medicina del Deporte. En la actualidad tiene 89 años.

Hoy Jamaica es una gran potencia atlética que domina la velocidad tanto masculina como femenina, pero la calidad de los descendientes de esclavos de África Occidental ya había quedado bien demostrada en Londres y, sobre todo, en Helsinki, Señoría.