El 1500 femenino en España (I). De las pioneras a Carmen Valero

La IAAF no reconoció como oficial la prueba femenina de 1500 metros hasta 1967. En la Unión Soviética, sin embargo, la prueba ya se disputaba en los años 30, incluso en campeonatos. La primera plusmarquista española fue la coruñesa Elia Amieiro (1949), quien en unas pruebas locales en el estadio de Riazor el 30 de marzo de 1969 realizó 4:52,9.  La plusmarca le duró 6 días, pues el 5 de abril la guipuzcoana María Coro Fuentes (1951) marcó 4:44,2 en un control en las pistas del INEF de Madrid. Fuentes mejoró en total 7 veces la plusmarca española de 1500 m hasta dejarla en 4:28,3 el 10 de junio de 1971. Fue también 7 veces plusmarquista nacional de 800 m. El primer campeonato de España de la prueba se celebró el mismo 1969. Fuentes corrió el 800, prueba en la que superó la plusmarca nacional por primera vez, 2:12,8. Ausente Fuentes, la primera campeona de España fue la cántabra, aún en activo en el atletismo veterano, Consuelo Alonso (1948) con 4:42,5. Fuentes fue campeona de España en 1970 y 1971. También fue oro nacional en 800 m en tres ocasiones y en campo a través en 2. Representó a España en el primer campeonato de Europa en sala, en la prueba de 800 m en 1970 y al aire libre en la misma prueba en el Europeo de 1971.

La última plusmarca de 1500 m de Fuentes estuvo vigente menos de 1 mes. El 1 de julio de 1971, su paisana Belén Azpeitia (1952-2005) realizó 4:24,2. Azpeitia superó en dos años la plusmarca española de 1500 m 6 veces hasta dejarla en 4:18,6 el 26 de julio de 1972. También fue plusmarquista española de 800 y de 3000 m. Nunca fue campeona nacional de 1500 m. Sí lo fue de 800 m en dos ocasiones y de campo a través 4 veces. Atleta con gran capacidad competitiva, consiguió todas sus plusmarcas de 1500 m en pruebas internacionales, incluyendo el campeonato de Europa de 1971, en el que fue la primera española en tomar parte en el kilómetro y medio en un Europeo. Ese mismo año fue 4ª en los Juegos del Mediterráneo, también con plusmarca nacional.

El dominio de Azpeitia en el mediofondo femenino español llegó abruptamente a su fin en 1973, con la irrupción de una júnior que en poco tiempo se convertiría en una de las mejores atletas españolas de siempre, la vallesana Carmen Valero (1955). Aunque nacida en Castelserás (Teruel) el 4 de octubre de 1955, Carmen Valero Omedes se trasladó con pocos días de vida a Cataluña. Se formó como atleta en Sabadell, siempre a las órdenes del antiguo plusmarquista español de 5000 m Josep Molins (1933). Valero fue una excepcional corredora de campo a través, dos veces campeona del mundo (1976 y 1977). En 1973, con tan solo 17 años, fue 25º en el Mundial absoluto femenino de campo a través. Mejoró hasta el 9º puesto en 1974 y al 3º en 1975.

En la prueba de 1500 metros consiguió su primera plusmarca española el 28 de agosto de 1973, en Duisburgo (RFA), donde se celebraba el campeonato de Europa junior, en el que Valero fue 4ª. El año anterior, con 16 años, había conseguido el primero de sus 7 oros nacionales al aire libre en 1500 m. Superó un total de 4 veces la plusmarca española del kilómetro y medio hasta dejarla n 4:08,34 el 8 de junio de 1976. Fue la primera mujer finalista en un campeonato de Europa, 7ª en 1974, con 4:11,61, entonces plusmarca española. 43 años después sigue siendo plusmarca española júnior. Valero fue la primera atleta española en tomar parte en unos Juegos Olímpicos. Ocurrió en Montreal 1976, en 800 y 1500 m. Además de los 7 oros en nacionales en 1500, fue 3 veces campeona de España de 800 m, 4 de 3000 m, 1 de 5000 m y 8 de campo a través. Además superó en 2 ocasiones la plusmarca española de 800 m, hasta 2:04,12, y en 6 la de 3000 m, hasta 9:00,9. Probablemente habría sido una gran corredora de 5000 y 10000 m, pero entonces estas pruebas no tenían rango oficial y apenas se disputaban. Diversos problemas físicos hicieron que bajase su rendimiento desde finales de los 70. Dejó el atletismo de 1982 a 1984, pero volvió en 1985 y consiguió al año siguiente ser campeona de España de campo a través y de 5000 m. Aún siguió compitiendo hasta finales de los 80.

En 1991, una encuesta realizada entre estadísticos, atletas, exatletas, directivos y entrenadores consideró a Valero la mejor atleta española de la historia. Su plusmarca de 1500 m se mantuvo durante 12 años, hasta la llegada de una de las grandes mediofondistas españolas de siempre, María Teresa Zúñiga (1964)

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9 años, 9 meses y 9 días, la historia de Edwin Moses (y IV)

Pese a la derrota en Madrid, Edwin Moses (1955) acabó por imponer su ley en la temporada de 1987, con el oro en el Mundial de Roma, donde hizo la mejor marca mundial del año, 47,46. Sin embargo, nunca había sentido tan cerca a sus rivales. Apenas 0,02 separaron a Danny Harris (1965) y Harald Schmid (1957) de vencerlo. El objetivo de ser campeón olímpico por tercera vez no sería nada fácil. Durante algún momento a principios de los 80, Moses había anunciado su intención de cambiarse a la prueba de 800 m e intentar ser oro olímpico en 1988. Sin embargo, nunca lo llevó a cabo. El reto sería, una vez más, el 400 vallas, donde el tiempo jugaba en su contra, tanto por él mismo como por la aparición de nuevos rivales, cada vez más cualificados.

Los Juegos de Seúl tendrían lugar a finales de septiembre, concretamente la final de los 400 m vallas el día 25 de septiembre. Dos meses antes, el 17 de julio, tuvo lugar en Indianápolis la final de la prueba de selección olímpica estadounidense de 400 m vallas. Una vez más, Moses impuso su ley, con 47,37, su mejor marca desde 1984. La prueba tuvo un nivel altísimo, con 5 atletas por debajo de 48,00. En segundo lugar entró Andre Phillips (1959), 47,58, 3º fue Kevin Young (1966). Los puestos 4º y 5º, ya fuera de la selección olímpica, los ocuparon Dave Patrick (1960), 47,75, plusmarca personal, y Danny Harris (1966), 47,76. Pese a correr 0,35 más rápido que 4 años antes, Harris se quedó fuera de los que parecían sus Juegos. Siguió compitiendo hasta 1996 y, aunque en 1991 mejoró realizó su mejor marca de siempre, 47,38, su rendimiento en la gran competición se limitó a un 5º puesto en el Mundial de ese año.

Moses había salvado el primer escollo con nota. Pese a que el nivel de la prueba había mejorado de forma considerable, continuaba aparentemente un peldaño por encima de sus rivales. Tras su carrera de Indianápolis, Moses compitió poco, aunque realizó 47,89 en el mes de agosto. En Seúl volvía a ser el favorito, campeón del mundo, plusmarquista mundial, imbatido desde la carrera de Madrid y con la mejor marca del año. Las series transcurrieron sin incidentes, con Moses primero la suye, 49,38. En la semifinal fue el único en bajar de 48,00. Se impuso en la primera con 47,89. Phillips ganó la segunda con 48,19. No se esperaba ninguna sorpresa en al final, pero lo impensable sucedió. Andre Phillips que había perdido ante Moses 32 veces, decidió jugársela con una salida muy rápida. Lideró la prueba en las 3 primeras vallas. Moses lo igualó y lo superó, pero Phillips resurgió en la séptima valla y acabó haciéndose con el oro, 47,19, nueva plusmarca olímpica. Moses perdió la plata en los últimos metros a manos del senegalés Amadou Dia Ba (1958), que estuvo muy cerca del oro, 47,23. Phillips y Dia Ba realizaron la carrera de sus vidas, con mejoría en sus marcas personales de 0,32 y 0,80.

La marca de Moses de 47,56 fue más rápida que las que a él mismo le dieron el oro olímpico en 1976 y 1984. Le habría valido para ser campeón olímpico en 2016. En 4ª posición quedó el otro estadounidense, Kevin Young, con 47,94. El alemán Harald Schmid no pudo mantener la forma del año anterior y ocupó el 7º puesto, en un año en que su mejor marca fue 48,23. Competiría un año más antes de retirarse.

Andre Phillips (Milwaukee, Wisconsin, 5 de septiembre de 1959) llevaba varios años entre los mejores de su país, pero la presencia de Moses y el alto nivel de la prueba no le habían permitido brillar. Antes de Seúl su mejor resultado había sido un 5º puesto en el primer Mundial de Helsinki, en 1983. En 1985 había sido primero en la Copa del Mundo. Su mejor marca, la 4ª de siempre, era de 47,51 realizada en 1986. Buen corredor de 110 metros vallas, con 13,25 de marca personal, trató de clasificarse también en esta prueba para los Juegos. No lo consiguió por poco, ya que fue 4º en las pruebas de selección. Compitió una temporada más.

También compitió una temporada más antes de retirarse  Amadou Dia Ba, otro veterano, habitual de las grandes finales, 7º y 5º en los Mundiales de 1983 y 1987, y 5º en los Juegos de 1984.

Moses se retiró después de los Juegos de Seúl. A continuación practicó bosleigh, deporte en el que participó en la Copa del Mundo de 1990 y fue medalla de bronce en la modalidad de dos masculino. Su plusmarca mundial duró hasta los Juegos de Barcelona, cuando Kevin Young estableció el actual tope mundial de 46,78. Los 47,02 de Moses continúan siendo la segunda mejor marca de la historia. En la actualidad sigue poseyendo 4 de las 10 mejores marcas de siempre y 8 de las 20 mejores. Con 45 veces es al atleta que más veces ha corrido la distancia en menos de 48,00. Pocos atletas han dominado una prueba como lo hizo Moses durante más de 10 años. Fuera del atletismo Moses obtuvo un Bachelor of Science, equivalente al grado en España, en 1978, y un MBA en 1994. Como representante de los atletas negoció con el Comité Olímpico Internacional suavizar las condiciones del profesionalismo. También tuvo una posición muy dura contra las drogas en el deporte y defendió la instauración de los controles sorpresa.

Edwin Moses continúa siendo uno de las referencias del atletismo, en cualquiera de sus modalidades,  tanto por el apabullante dominio dentro de la pista como por su carisma fuera de ella.

 

 

El 6 de mayo, las barreras imposibles de 4 minutos y de 2 horas

Monza es una ciudad de 120 000 habitantes situada a 15 km de Milán y mundialmente famosa por su Gran Premio de Fórmula I. Desde el 6 de mayo de este año, también se conocerá por haberse llevado a cabo, en el propio circuito automovilístico, el primer intento por correr en menos de 2 horas 42 km y 195 m. Otro 6 de mayo, de hace 63 años, en la pista de Iffley Road, Oxford, el futuro (y brillante) neurólogo Roger Gilbert Bannister (1929) derribaba otra barrera atlética considerada imposible durante mucho tiempo, los 4:00,0 en la milla, hazaña que entonces se comparó con la coronación de Everest, acaecida el año anterior.

En Monza se preparó una carrera con tan solo tres atletas, cuyo resultado no se podría homologar, pues se utilizarían liebres parciales y avituallamiento móvil, pero la firma Nike, tras una impactante campaña publicitaria, trataría de demostrar que superar la barrera de las 2 horas era posible. La prueba consistía en 17,4 vueltas a un circuito de 2,4 km y comenzaría a las 5:45.

Pese a un escepticismo generalizado, el resultado demostró que Nike no andaba tan descaminada. El keniano campeón olímpico Eliud Kipchoge (1984), tras ir durante la mayor parte de la carrera en parciales por debajo de 2 horas, ralentizó ligeramente el ritmo en los kilómetros finales y paró el crono en 2h00:25, un tiempo asombroso. Los otros dos atletas, el eritreo Zersenay Tadese (1982) y el etíope Lelisa Desisa (1990), acababan en 2h06:48 y 2h14:10. El registro de Kipchoge supone un ritmo medio de 2:51,23 cada Km, es decir 14:16,14 cada 5 Km. En la carrera pasó el Km 10 en 28:31 y el 20 en 56:49. Hizo la primera mitad de la prueba en 59:57 y la segunda en 1h00:28. La ayuda del circuito, las liebres, el coche, el tipo de avituallamiento o las zapatillas no serían suficientes si el autor de la hazaña no fuese un atleta excepcional, con una trayectoria en la élite mundial que comenzó en 2003.

Eliud Kipchoge nació el 5 de noviembre de 1984 en Kapsisiywa, distrito Nandi, al Oeste de Kenia. Comenzó a destacar de junior en el campo a través. Fue 5º en el Mundial de la categoría en 2002 y campeón en 2003. En 2002 se había clasificado para el Mundial junior de 5000 m, pero no pudo participar por problemas físicos. En junio de 2003 se hizo con la plusmarca mundial junior de 5000 m con 12:52,61 y acudió al Mundial de París en esta prueba de 5 Km. En la final, el keniano se encontró con dos colosos, el marroquí Hicham El Guerrouj (1973) y el etíope Kenenisa Bekele (1982), que venían de ganar respectivamente el 1500 y el 10000 en el mismo campeonato. Se contaba con ellos para el oro y la plata. Nadie parecía prestar atención al joven keniano. Bekele se colocó en cabeza con un ritmo muy rápido y dio paso al primero, segundo y tercer km en 2:31,94, 5:07,27, y 7:45,44. El paso por el 4º Km lo encabezó Kipchoge en 10:28,46. El Guerrouj tomó la cabeza a falta de 2 vueltas, acelerando progresivamente con Bekele muy cerca. Al paso por el último 400 Kipchoge pasó a la segunda posición. En la contrarrecta parecía que el marroquí conseguía despegarse, pero el keniano lo igualó en la última recta y tras una cerradísima lucha consiguió superarlo haciéndose con el oro en 12:52,79, 0,04 por delante de El Guerrouj. Bekele fue 3º con 12:53,12. Los 6 primeros bajaron de 13 minutos en la final más rápida de un mundial.

La sorprendente victoria de Kipchoge en un tiempo tan rápido lo convertía en uno de los favoritos para el oro olímpico. En 2004 mostró su buena forma mejorando su marca de 5000 m a 12:46,53 el 2 de julio en Roma, que sería la 2ª mejor marca ese año y su mejor tiempo de siempre. La final de los Juegos de Atenas volvía a contar con Bekele, oro en 10 000 y plusmarquista mundial ese año con 12:37,35, y El Guerrouj, extático tras su agónico oro en 1500 m en su última oportunidad. Esta vez Kipchoge ya no era el convidado de piedra. La carrera no fue, sin embargo, como en París el año anterior. Los pases fueron de 2:58,46, 5:35,99 (2:37,45), 8:10,89 (2:33,44) y 10:48,62 (2:37,83). Kipchoge, en cabeza desde que faltaban 1400 m, tiró con fuerza en la última vuelta, pero se vio superado en la última curva primero por Bekele y después por El Guerrouj. Los tres entraron bastante igualados en la recta final, pero esta vez el marroquí no dio opción, consiguiendo su segundo oro en los Juegos (13:14,39) por delante de Bekele (13:14,59) y Kipchoge (13:15,10).

Con 20 años, Kipchoge se había hecho con el bronce olímpico tras su oro mundial en 2003. Parecía llamado a disputar a Bekele el dominio de las distancias largas en los años siguientes. Pero su rendimiento no fue el que se esperaba. Pese a que seguía aproximándose a 12:50 con facilidad, en el Mundial de 2005, en una carrera lenta ganada por su compatriota Benjamin Limo (1974) 13:32,35, solo fue 4º, 13:33,04. En el Mundial de 2007, en una final aun más lenta, no pudo con Bernard Lagat (1974), 13:45,87, aunque consiguió hacerse con la plata, 13:46,00. Los Juegos de Pekín 2008 significaban para Kipchoge una nueva oportunidad para alcanzar el oro olímpico. En la final, sin embargo, Bekele, que en los Mundiales solo había corrido los 10 km, no dio opción. El equipo etíope, que corría para Bekele, manejó los primeros tres kilómetros en 2:45,49, 5:22,29 (2:36,80) y 8:00,35 (2:38,06). A partir de ahí, Bekele tomó la cabeza, posición que ya no abandonó. Corrió los últimos 2 km en 4:56,97 (7:35,53 el último 3000), 3:58,4 la última milla, 2:27,30 los últimos 1000 m y 53,87 la última vuelta. A falta de 400 m parecía que Kipchoge podría igualar al etíope pero este volvió a cambiar en la contrarrecta y se impuso con plusmarca olímpica 12:57,82. El keniano fue plata, algo alejado, 13:02,80.

Aunque Kipchoge se había hecho con la plata en una gran carrera, Bekele se había mostrado muy superior. Esta fue la última medalla del keniano en pista en competiciones de ámbito mundial. Siguió tomando parte en los Mundiales al aire libre. Fue 5º en 2009 y 7º en 2011. En los Juegos de la Commonwealth de 2010 fue 2º en 5000 m. En 2012 no pudo clasificarse para los Juegos de Londres ni en 5000 ni en 10 000 m, distancia en la que acreditaba 26:49,02 (Hengelo, 26 de mayo de 2007). Su rendimiento menguante en la pista le hizo plantearse el salto a la carretera. Kipchoge ya había ganado la San Silvestre Vallecana en 2006 con 26:54, tiempo superior a la mejor marca mundial, pero no homologable por desnivel excesivo. Ese mismo 2012 a principios de septiembre realizó 59:25 en el medio maratón de Lille. A principios de 2013 registró 1h00:04 en el medio maratón de Barcelona. En abril corrió su primer maratón, en Hamburgo, que ganó con 2h05:30, plusmarca de la carrera. Mejoró a 2h04:05 en Berlín, en septiembre de ese mismo año. Este es el único maratón de su carrera que no ganó, pues fue 2º por detrás de su compatriota Wilson Kipsang Kiprotich (1982) quien con 2h03:23 superaba la plusmarca mundial.

A partir de Berlín, todo fueron victorias para Kipchoge, quien consiguió mostrar en el maratón la superioridad que le había negado la prueba de 5 km en pista. Las victorias se han acompañado, además, de un excelente promedio: Rotterdam 2014 2h05:00, Chicago 2014 2h04:11, Londres 2015 2h04:42, Berlín 2015 2h04:00 y Londres 2016 2h03:05, a 8 segundos de la plusmarca mundial de Dennis Kimetto (1984). Aunque no tomó parte en ninguna edición del Mundial de maratón, Kipchoge no perdió la ocasión de ganar el oro olímpico que no pudo conseguir en pista. En los Juegos de Río 2016 se pasó la mitad de la prueba en unos cómodos 1h05.55. Kipchoge se colocó en cabeza en el km 30 y se quedó solo a partir del km 35. Cruzó la meta en 2h08:44, más de un minuto por delante del etíope Feyisa Lilesa (1990), plata con 2h09:54.

Convertido en uno de los mejores maratonianos de la historia, en la prueba de exhibición de Monza, Eliud Kipchoge ha mostrado el camino para bajar de 2 horas en maratón en un futuro tal vez no muy lejano. Probablemente el siguiente objetivo del keniano será superar la plusmarca oficial de maratón de 2h02:57, que parece a su alcance. A partir de ahora, el 6 de mayo se recordará no solo por el aniversario de la superación de la barrera de los 4 minutos en la milla sino también por el aniversario de la apertura del camino para romper la barrera de las 2 horas en maratón.

El primer maratón olímpico femenino

La reciente mejor marca mundial de maratón en una carrera exclusivamente femenina de la keniana Mary Keitany (1982), 2h17:01 en Londres, es superior a la mejor marca del plusmarquista mundial en los años 50, el británico Jim Peters (1918-1999), cuyo colapso en los Juegos de la Commonwealth de 1954 precipitó su retirada. En aquellos años, era absolutamente impensable que una mujer pudiese correr maratón. Se consideraba que el cuerpo femenino no podría soportar un esfuerzo tan duro. Hoy el programa olímpico femenino es muy similar al masculino, con la excepción de los 50 Km marcha, pero cuando comenzó el atletismo olímpico femenino, en 1928, las únicas carreras programadas fueron los 100, los 800 m y los relevos 4 x 100 m. Tras la disputa de la final de 800 m, el esfuerzo láctico pasó factura a algunas de las finalistas, lo que aprovecharon algunos para reafirmarse en que las mujeres no deberían correr pruebas más largas de 200 m. La IAAF tomó nota y eliminó cualquier carrera mayor de 200 m en categoría femenina. De este modo los 800 m no se volvieron a disputar en unos Juegos hasta 1960, los 400 m se introdujeron en 1964 y los 1500 m en 1972. Para 1984 estaba prevista la disputa del primer maratón olímpico femenino. Curiosamente coincidiría con el primer 3000 olímpico femenino. Los 3 Km ya se habían corrido en el Europeo de 1978, pero el COI fue remiso a introducirlos en 1980.

La participación femenina en el maratón estuvo rodeada de polémica, como no podía ser de otra manera dada la mentalidad de la época. La estadounidense Kathrine Switzer (1947), inscrita como KV Switzer, fue la primera mujer en terminar con dorsal el maratón de Boston, en 1967. Clásica es la fotografía en que los oficiales de la carrera, al comprobar su condición de mujer, tratan de arrancarle el dorsal. Su tiempo fue aproximadamente 4h20. Una hora antes había llegado otra mujer, Bobbi Gibb (1942), que había corrido sin dorsal. En los años 70, los grandes maratones comenzaron a hacer oficial la participación de mujeres. La primera mujer en correr en menos de 3 horas fue la estadounidense Elizabeth Bonner (1952-1998), que realizó 2h55:22 el 19 de septiembre de 1971, en Nueva York. Siete años más tarde, en el mismo maratón, inscribía su nombre por primera vez una de las mejores fondistas de la historia, la noruega Grete Waitz (1953-2011).

Grete Waitz (nacida Andersen, el 1 de octubre de 1953 en Oslo) comenzó practicando 400 y 800 m, las distancias más largas oficiales entonces, en su época junior. Fue olímpica en 1500 m en 1972 y 1976. En 1974 había sido bronce en esta distancia en el campeonato de Europa. En 1975 estableció la plusmarca mundial de 3000 m con 8:46,6, que mejoró al año siguiente con 8:45,4. En esta distancia logró su mejor tiempo en 1979, con 8:31,75. 1978 fue el año en que pasó de ser una buena fondista a una fondista excepcional. En la temporada invernal se proclamó campeona mundial de campo a través, título que repetiría en 4 ocasiones (1979, 1980, 1981, 1983), con 2 bronces en 1982 y 1984. En el Europeo al aire libre de Praga fue 5ª en 1500 m, con 4:00,55, su mejor marca, y bronce en 3000 m. El 22 de octubre, en Nueva York, corría su primer maratón. La experiencia no pudo ser más positiva, pues ganó con 2h32:29, más de 2 minutos menos que la anterior plusmarca mundial. Esta fue la primera de sus plusmarcas. Superaría otras tres más, la última 2h25:28, en Londres el 17 de abril de 1983. Nueva York pudo ver su victoria en nueve ocasiones, la última en 1988. No participó en los Juegos de Moscú 1980, pues Noruega se había unido al boicot de Estados Unidos, ni en el primer maratón del Campeonato de Europa de 1982. Fue la primera campeona del mundo en Helsinki 1983. Con este historial era una de las dos grandes favoritas para el oro olímpico.

La otra gran favorita era la estadounidense Joan Benoit Samuelson (Cambridge, Maine, 16 de mayo de 1957). Benoit había superado la última plusmarca de Waitz, 2h25:28 (Londres, 17 de abril de 1983), al día siguiente. La estadounidense realizó en Boston 2h22:43, más de 2 minutos de diferencia.  Benoit había empezado con la carrera como recuperación de una fractura haciendo slalom. Corrió su primer maratón en 1978, en Bermuda, con un tiempo de 2h50:54. En 1979 ganó el maratón de Boston con 2h35:15, plusmarca de la competición. Muy propensa a las lesiones, en 1981 se sometió a cirugía del tendón de Aquiles. Al año siguiente, en Eugene, bajaba por primera vez de 2h30, con unos excelentes 2h26:12, mejor marca mundial de ese año. Tras su plusmarca mundial no compitió en el Mundial de Helsinki para preparar el maratón olímpico. El inapelable maratón de selección olímpica se celebraba en Olympia, la pequeña capital del estado de Washington el 12 de mayo. Tan solo 17 días antes Benoit hubo de someterse a una artroscopia de rodilla. Tras una rapidísima recuperación se impuso con 2h31:04. Ahora tenía casi 3 meses para seguir preparando los Juegos.

Aunque Waitz y Benoit eran las dos grandes favoritas, otras dos atletas también contaban para los pronósticos, la noruega Ingrid Kristiansen (1956) y la portuguesa Rosa Mota (1958). Ingrid Kristiansen (nacida Christensen el 21 de marzo de 1956 en Trondheim), una antigua esquiadora olímpica en 1976,  había sido medalla de bronce en el Europeo de 1982. Bajó por primera vez de 2h30 en el año olímpico de 1984, 2h27:51 (Houston, 15 de enero). El 13 de mayo ganó el maratón de Londres con unos sorprendentes 2h24:26, lo que la convertía en candidata al podio olímpico. El 28 de junio se había hecho con la plusmarca mundial de 5000 m, entonces no olímpica, 14:58,89, primer sub15 de la historia. Por su parte, Rosa Maria Correia dos Santos Mota (Oporto, 29 de junio de 1958) nunca había bajado de 2h30, pero era la campeona de Europa y había sido 4ª en el Mundial de Helsinki. Su mejor marca era 2h31:12, que le había servido para ganar en Chicago en 1983.

El primer maratón olímpico femenino de la historia tuvo lugar en Los Ángeles el 5 de agosto de 1984 a las 8 de la mañana. La temperatura a esa temprana hora era de 25º, lo que apuntaba un día muy caluroso. Esto hacía esperar una táctica conservadora, pronóstico que saltó por los aires en el Km 4, cuando Joan Benoit decidió marcharse en solitario con 38 Km por delante. Progresivamente fue dejando a sus perseguidoras cada vez más atrás. Su ventaja era de 51 segundos en el Km 15 y de 1:51 en el 25. Su paso por el medio maratón fue de 1h11:54, un tiempo rapidísimo. En el Km 32, Grete Waitz decidió intentar alcanzar a la estadounidense, pero 3 Km más tarde, la ventaja solo se había reducido a 1:31, 3º era Ingrid Kristiansen a 1:51 y 4ª Rosa Mota a 2:00. Waitz solo pudo reducir la diferencia otros 5 segundos. Benoit se presentó en solitario en el Coliseum de Los Ángeles y se proclamó campeona olímpica con unos excelentes 2h24:52, mejor marca entonces en una carrera femenina. Waitz fue plata con 2h26:28 y Mota, que acabó muy fuerte los últimos 5 Km, se colgó el bronce con 2h26:57, marca personal por más de 4 minutos. Kristensen acabó perdiendo el bronce y fue 4ª con 2h27:34.

Por si la disputa del primer maratón olímpico femenino no fuese suficiente, hubo otro acontecimiento, dramático, por el que también se recuerda esta prueba. Mientras la ganadora celebraba su victoria, hizo su entrada en el estadio la corredora suiza Gaby Andersen (1945), una instructora de esquí residente en Idaho, acreditada en 2h33:25. La suiza entró en el estadio completamente deshidratada tambaleándose. Tardó 5:44 en recorrer el estadio hasta la meta, a la que llegó en el puesto 37 con 2h48:42. Trasladada a un centro sanitario, se recuperó en 2 horas. Su situación recordó a la del italiano Dorando Pietri (1885-1942) en los Juegos de Londres 1908, que había llegado el primero al estadio pero no pudo alcanzar la meta.

Al año siguiente de su victoria en LA, Benoit realizó su mejor marca de siempre, 2h21:21 el 20 de octubre en Chicago. No fue plusmarca mundial porque Kristensen había realizado ese mismo año 2h21:06, en Londres el 21 de abril. La plusmarca de la noruega tardó 13 años en superarse. Las lesiones no permitieron a Benoit más éxitos en grandes campeonatos, aunque en 1991 aún fue capaz de correr en 2h26:54. Kristensen acompañó su plusmarca de maratón con el tope universal de 10 000 m, 30:59,42 (Oslo, 27 de julio). No volvió, sin embargo, a participar ningún maratón de grandes campeonatos. Fue campeona de Europa (1986) y mundial (1987) de 10 000 m y mejoró sus plusmarcas mundiales en pista a 14:37,33 y 30:13,74, ambas en 1986. En 1988 fue campeona mundial de campo a través.

Grete Waitz trató de ganar el título olímpico en Seúl, 1988, pero tuvo que abandonar por problemas físicos. Aún siguió compitiendo hasta principios de los 90. Falleció el 19 de abril de 2011, aquejada por cáncer. Aunque el Gobierno de Noruega había ofrecido a la familia un funeral de estado, estos prefirieron una ceremonia privada.

En cuanto a Rosa Mota, en los años siguientes demostró una enorme capacidad competitiva. Repitió título europeo en Stuttgart en 1986, ganó el Mundial en 1987 y el maratón olímpico de 1988. En Split, en 1990, consiguió ganar el maratón del campeonato de Europa por tercera vez. Su mejor marca fue 2h23:29 (Chicago, 20 octubre 1985). Se retiró en 1992. Fue una habitual de la Carrera Pedestre de Santiago de Compostela, prueba que ganó 3 veces (1981, 1982 y 1987).

Con las marcas que realizan hoy día las mejores corredoras de maratón, resultan ridículos los prejuicios, basados en el pensamiento mágico, de hace más de 50 años acerca de la capacidad para correr maratón de una mujer. Hay que recordar que la plusmarca absoluta de maratón no son las 2h17:01 de Keitany, sino que pertenece a la británica Paula Radcliffe (1973), en una carrera mixta, con 2h15:25 (Londres, 13 de abril de 2003), tiempo que no está al alcance de cualquier hombre.

9 años, 9 meses y 9 días, la historia de Edwin Moses (III)

Al finalizar 1986, Edwin Moses (1955) poseía las 9 mejores marcas de siempre: 47,02, 47,13, 47,14, 47,17, 47,27, 47,37, 47,37, 47,43 y 47,45. Sin embargo, además de su viejo rival Harald Schmid (1957) acreditado en 47,48 (1982), habían surgido nuevos atletas que amenazaban el reinado de Moses, principalmente el subcampeón olímpico Danny Harris (1965), 47,63 en 1985 y otro estadounidense, Andre Phillips (1959), 47,51 en 1986. En el número de junio de 1987 de Atletismo Español, Ignacio Romo firmaba un reportaje en el que analizaba la posibilidad, a su juicio muy probable, de que la impresionante racha victoriosa de Moses de casi 10 años tocase a su fin, no por su declinar, apenas perceptible, sino por el surgimiento de nuevos vallistas de enorme calidad.

En esta segunda parte de la década de los 80, el apabullante dominio de Moses se había hecho muy mediático. Sin embargo, no era único. El estadounidense Carl Lewis (1961) resultaba intratable en el salto de longitud, prueba en la que su última derrota databa de 1981, pero Lewis se prodigaba más en 100 y 200 m, donde ocasionalmente resultaba derrotado, especialmente desde la irrupción del canadientes Ben Johnson (1960). También el británico Daley Thompson (1958) dominaba el decatlón, con sendos oros olímpicos en 1980 y 1984, oro en los Europeos de 1982 y 1986 y en el Mundial de 1983, pero el decatlón se disputa pocas veces en la temporada. De modo que, pese a su coexistencia con otros grandes atletas, el caso de Moses resultaba excepcional.

A mediados de los 80, la empresa Unipublic, organizadora de competiciones deportivas y muy ligada al ciclismo, decidió expandir su mercado al atletismo. Fruto de ello fue, por ejemplo, la creación del club Larios, que integró a los mejores atletas españoles del momento y algunas grandes figuras extranjeras, y también la organización de reuniones de atletismo que contaban con los mejores atletas del momento. Una de estas reuniones, que acabaría haciendo historia, se organizó en el estadio Vallehermoso de Madrid el 4 de junio de 1987. Vallehermoso, que se había inaugurado en 1961, albergó en 1969 la primera pista sintética española. En la actualidad está en pleno proceso de remodelación y se espera reinaugurarlo en verano de 2018. En aquel junio de 1987 albergó un enfrentamiento histórico entre Edwin Moses y Danny Harris. Los dos atletas no se habían vuelto a ver desde la final olímpica de 1984, que el primero había ganado con cierta facilidad. Moses había mantenido su alto nivel, pero Harris había progresado notablemente. Las diferencias entre ambos se habían acortado. En la carrera, Harris comenzó rapidísismo y estuvo delante de Moses hasta la penúltima valla, donde ambos se igualaron. Daba la sensación de que Moses se había colocado ligeramente delante, pero tropezó en la última valla, lo que le costó la carrera. Harris se impuso con 47,56, su mejor marca personal en aquel momento. Moses registró 47,69. 9 años, 9 meses y 9 días después de aquel 25 de agosto de 1977, Moses volvía a perder un 400 metros vallas.

 

La derrota afectó poco a Moses. El 27 de junio ambos atletas volvieron a encontrarse en los Campeonatos de Estados Unidos, que se celebraban en San José (California), selectivos para el Mundial de Roma. Moses se impuso con gran facilidad en 47,99, con Harris en segundo lugar con 48,70.

Tras su victoria en el campeonato de Estados Unidos, Moses volvió a su racha victoriosa en numerosas reuniones en Europa, aunque no llegó a la meta en una ocasión. El 11 de julio en París, en una pista empapada, tropezó y se cayó en la penúltima valla cuando iba destacado en primera posición. En cualquier casi no mejoró su marca del año de Madrid. Harris tampoco consiguió correr más rápido que en Vallehermoso e, incluso, sufrió una derrota a manos de Harald Schmid. El alemán consiguió en agosto tres tiempos por debajo de 48,00 y se presentó en Roma con la segunda mejor marca del año, 47,60, tan solo 0,04 más que Harris. La final del Mundial se disputaba el 1 de septiembre. Por primera vez en muchos años Moses no era el incuestionable favorito. Tanto Harris como Schmid habían corrido más rápido que él ese año. Los tres se clasificaron fácilmente para la ronda definitiva. La final resultó la más igualada de la historia. Moses salía en la calle 3, Schmid en la 4 y Harris en la 5. Moses salió rapidísimo y llegó destacado a la última recta, pero Schmid y Harris, casi a la par, se fueron acercando. Moses aguantó y ganó con 47,46. Harris fue plata y Schmid bronce empatados a 47,48, que era la mejor marca de ambos, si bien en el caso del alemán igualada.

Al terminar 1987, Moses había conseguido las 10 mejores marcas de la historia. El siguiente tiempo correspondía a Schmid y a Harris. Moses había roto su racha de casi 10 años de imbatibilidad pero demostró su capacidad competitiva derrotando, con 32 años, a sus rivales en el mejor momento de ellos. El año olímpico de 1988 se preveía resolvería si el joven podía acabar con la jerarquía del veterano. Sin embargo las cosas resultarían bastante diferentes de lo que se pronosticaba. Nadie había prestado atención a otros dos atletas del 400 vallas que darían lo mejor de sí en el mejor escenario.

9 años, 9 meses y 9 días, la historia de Edwin Moses (II)

Para Harald Schmid (Hanau, estado de Hesse, República Federal de Alemania, 29 de septiembre de 1957) sus años como atleta debieron resultar algo frustrantes. Pese a sus grandes prestaciones nunca pudo volver a derrotar a Edwin Moses (1955). Schmid fue un excepcional vallista, 47,48, capaz de correr los 400 metros en 44,92 y los 800 en 1:44,83. En 1976, siendo junior, fue medallista de bronce en el 4 x 400 de los Juegos de Montreal. Tras su victoria ante Moses, no pudo repetir en la Copa del Mundo, donde se impuso el plusmarquista mundial y  fue 3º, derrotado por otro alemán, Volker Beck (1956). En 1978, Schmid se proclamaba campeón de Europa de 400 metros vallas y relevos 4×400, pero ese año Moses había corrido más de medio segundo más rápido, 47,94 por 48,53. Ambos atletas se enfrentarían de nuevo en la Copa del Mundo de 1979, en Montreal, donde habían ganado sendas medallas 3 años antes. Schmid había superado la plusmarca europea con 47,85, pero a la hora de la verdad Moses no dio opción y se impuso con su mejor marca del año 47,53. El alemán entró en segundo lugar, a considerable distancia, con 48,71.

El año olímpico de 1980 representaba para Moses la oportunidad de emular a su compatriota Glenn Davis (1934-2009), oro en 1956 y 1960. Desgraciadamente el boicot estadounidense a los Juegos de Moscú frustró su objetivo. En cualquier caso se encargó de demostrar que era el mejor, con una nueva plusmarca mundial de 400 metros vallas, la tercera de su carrera. El 3 de julio, en Milán, registró 47,13, restando 0,32 a su antiguo tope mundial. Unos días antes había ganado fácilmente la prueba de selección olímpica de su país, si bien ya entonces el boicot era oficial. Alemania Occidental también decidió secundar el boicot, por lo que Harald Schmid también se quedó sin opciones. En Moscú, el ganador fue el alemán del Este Volker Beck, que se impuso con 48,70. Beck era un buen corredor de vallas, que ya había sido 2º en la Copa del Mundo de 1977. Acreditaba 48,53 (1979). No obstante, a la altura de 1980 estaba lejísimos de Moses.

 

Beck fue segundo en la Copa del Mundo de 1981, pero a gran distancia del ganador, nuevamente Edwin Moses, con 47,37. Unas semanas antes se había quedado a 0,01 de su plusmarca mundial al correr en 47,14. Moses se tomó 1982 como sabático, a lo que Schmid le sacó buen partido, pues lideró la lista del año con una nueva plusmarca europea de 47,48, conseguida en el campeonato continental de Atenas.

Moses volvió a la competición en 1983. Ese año se celebraba el primer campeonato del Mundo de atletismo. Tras el boicot africano a los Juegos de 1976 y el boicot occidental a los Juegos de 1980, los mejores atletas del mundo volvían a verse las caras. Tal vez Schmid pensaba que tras su excelente temporada el año anterior podría acercarse a Moses, pero el alemán no estaba en la forma de 1982 (en 1983 no bajó de 48,00) y el estadounidense no dio opción. Se impuso en la final del Mundial con 47,50, 1 segundo más rápido que el germano.

 

Unos días después de su oro en Helsinki, el 30 de agosto en Koblenza, Moses superaba su 4ª y última plusmarca mundial, al acercarse, con 47,02, a la barrera de los 47,00. Entonces Moses declaraba que sus objetivos para el futuro eran superar dicho límite, repetir título olímpico en 1984 y ser oro en 800 m en los Juegos de 1988. Del primero estuvo muy cerca, el segundo lo logró con cierta facilidad, pero el tercero ni lo intentó.

 

En 1984 Moses partía como gran favorito para el oro en los Juegos de Los Ángeles. Había ganado fácilmente en las pruebas de selección olímpica al sorprendente junior Danny Harris (1965), 47,76 por 48,11, que en semifinales había superado la plusmarca mundial de su categoría con 48,02. En Los Ángeles, Moses fue doble protagonista, pues resultó el elegido para pronunciar el juramento olímpico, lo que hizo con cierta dificultad pues olvidó parte del contenido. Mucho mejor le fue en la pista, donde se colgó su segundo oro olímpico. Su tiempo, 47,75. La plata fue para Harris (48,13) y el bronce para Schmid (48,19).

Moses no compitió en 1985. La lista mundial de ese año la encabezó Danny Harris con 47,63, su primer tiempo sub48. Moses volvió a liderar la lista de 1986, con 47,38. Harald Schmid seguía con asiduidad por debajo de 48,00, y otro estadounidense, André Phillips (1959) hacía 47,51. La diferencia de Moses con sus rivales comenzaba a estrecharse. 1987 se presentaba apasionante.

9 años, 9 meses y 9 días, la historia de Edwin Moses (I)

De toda la historia del atletismo, uno de los atletas que más ha dominado una prueba ha sido el estadounidense Edwin Moses (1955). Durante casi una década, de 1977 a 1987, Moses venció de forma consecutiva en 122 carreras de 400 metros vallas (107 finales). Durante 13 temporadas en la élite, fue 2 veces, que bien pudieron ser 3, oro olímpico, 2 veces campeón del mundo y estableció 4 plusmarcas mundiales. Lideró la lista anual durante 11 temporadas. Su mejor marca, 47,02 (1983), continúa como la segunda mejor de siempre.

La distancia de 400 metros vallas experimentó una gran progresión a finales de los años 60. En 1968, en las pruebas de selección olímpica de Estados Unidos, celebradas a 2200 metros de altitud y, por primera vez, en pista sintética, Geoff Vanderstock (1946) consiguió con 48,94 (48,8) el primer tiempo de la historia sub 49,00. Era el favorito para hacerse con el oro en los Juegos de México, pero no tuvo una buena actuación y solo pudo ser 4º. Fue testigo directo de la pérdida de su efímera plusmarca mundial, a manos del británico David Hemery (1944), que se proclamó campeón con el entonces sorprendente registro de 48,12.

 

Hemery había comenzado su carrera atlética como corredor de 110 mv/120 yv. En 1966 fue oro en los Juegos de la Commonwealth en esta última distancia. Tras los Juegos volvió a las vallas altas y fue plata en el Europeo de 1969. En 1970 realizó su mejor marca en las vallas altas con 13,4 y repitió su triunfo en los Juegos de la Commonwealth, esta vez en la distancia métrica. En los 400 metros vallas, un ugandés poco conocido llamado John Akii-Bua (1949-1997) había sido 4º.  Hemery se pasó 1971 en blanco, pero volvió en 1972 con la intención de renovar su oro olímpico en las vallas intermedias. Akii-Bua había mejorado hasta 49,0 en año anterior. Los estadounidenses Ralph Mann (1949) y Dick Bruggeman (1947) habían ocupado con 48,4 y 48,6 las dos primeras plazas en las pruebas de selección de su país. En la final olímpica, Akii-Bua sorprendió con una carrera perfecta que terminó en una nueva plusmarca mundial de 47,82, por delante de Mann, 48,51, y Hemery, 48,52. El ugandés ya había ganado su semifinal con 49,25, pero nada hacía presagiar que se convertiría en el primer sub48 de la historia, pese a correr por la calle 1.

Akii-Bua continuó con buenos registros en los años siguientes, aunque no volvió a bajar de 48,00. A principios de la temporada al aire libre de 1976 presentó su candidatura para el oro olímpico pero el boicot de los países africanos le impidió defender su título. Lo habría tenido, no obstante, casi imposible. En junio se celebraron las pruebas de selección olímpicas de Estados Unidos. El vencedor en los 400 metros vallas fue un joven de 20 años llamado Edwin Moses, que se impuso con plusmarca nacional de 48,30.

Edwin Corley Moses había nacido el 31 de agosto de 1955 en Dayton, Ohio. Comenzó en el atletismo haciendo 110 metros vallas y 400 metros lisos. En 1975 su mejor marca en las vallas intermedias era 52,0 en 440 yardas. A partir de 1976 decidió centrarse en esta prueba, en la que progresó rápidamente. Comenzó marzo con 50,1, buen tiempo para un principiante, pero muy lejos de los mejores. Sin embargo, poco antes de las pruebas de selección ya había corrido en 49,8 en abril y 48,8 en mayo. Moses llegó a los Juegos Olímpicos, su primer gran campeonato, con la mejor marca de la temporada de entre los participantes. Sin embargo, su rendimiento era una incógnita dada su juventud e inexperiencia. Nada de esto, sin embargo, hizo mella en el estadounidense. Se impuso en su semifinal con mejor marca personal de 48,29. En la final, por tercera vez consecutiva en los Juegos, el oro se consiguió con plusmarca mundial. Moses, en una carrera sobresaliente, marcó 47,63.

Moses confirmó su calidad al año siguiente. El 11 de junio se hizo con el título nacional de 400 metros vallas, con una nueva plusmarca mundial de 47,45. A principios de septiembre se impuso en la Copa del Mundo, nueva competición de la IAAF por continentes y países. con unos excelentes 47,58. Unos días antes, sin embargo, el vallista estadounidense había resultado derrotado en Berlín por el alemán Harald Schmid (1957), quien realizó 49,07 por 49,29 de Moses. Este declaró a propósito de su derrota Fue un error. No volveré a cometerlo. Y mantuvo su palabra durante casi 10 años.

El poder de la velocidad negra en los Juegos de México

En 1863, durante de Guerra de Secesión Estadounidense, el presidente Abraham Lincoln (1809-1865) decretó la libertad de todos los esclavos de los territorios rebeldes. Conforme las tropas de la Unión fueron ocupando estos territorios, los esclavos se fueron convirtiendo en hombres libres. Al finalizar la guerra, de forma progresiva se abolió la esclavitud como institución y se concedió a los antiguos esclavos la ciudadanía estadounidense y, a los varones, el derecho al voto. La situación legal de los nuevos ciudadanos fue correcta hasta que en 1877,  el ejército abandonó los territorios del Sur. A partir de entonces se produjo un progresivo cambio legal que, acompañado de una enorme presión social, acabó convirtiendo, de hecho, a los estadounidenses de raza negra en ciudadanos de segunda. Como la nueva situación apenas les permitía prosperar, la mayoría continuaron trabajando en las plantaciones, en condiciones no muy diferentes a las de antes de la guerra. Muchos de ellos, hasta 6 millones,  acabaron formando parte de la Gran Migración, que desde principios del siglo XX los llevó a diversos estados del Norte para trabajar en la industria y en servicios. Pese a que su calidad de vida era menos mala que en el Sur, seguían sufriendo una dura discriminación que se reflejaba legalmente en establecimientos o transportes públicos, donde ocupaban lugares destinados específicamente para ellos. Jesse Owens (1913-1980), cuyos padres habían emigrado a Ohio, se sorprendió de que no hubiese habitaciones para negros en Berlín. En alguna ocasión tuvo que entrar por la puerta de servicio para acudir a su propio homenaje.

Las cosas no cambiaron demasiado durante varias décadas, pero a partir de los años 50 algo comenzó a moverse. Rosa Parks (1913-2005) llevó la cuestión de la discriminación al primer plano mediático cuando se negó a ceder su asiento en un autobús y acabó detenida. Aunque para John Kennedy (1917-1963) el asunto de los derechos civiles no era prioritario cuando resultó elegido presidente de Estados Unidos, cambió pronto de opinión, principalmente por influencia de su hermano, el Fiscal General Robert Kennedy (1923-1968). En 1962, James Meredith (1933) había ganado en los tribunales el derecho a que no se le aplicasen las leyes de segregación de la Universidad de Mississippi y se le admitiese libremente. Ante la negativa del gobernador Ross Barnett (1898-1987), los Kennedy enviaron al ejército, para asegurar la entrada de Meredith en la universidad. Uno de los líderes de los derechos civiles,  Martin Luther King (1929-1968), abogaba por un movimiento pacífico, que culminó con la marcha sobre Washington y su famoso discurso Yo tengo un sueño. Otros movimientos fueron menos pacíficos, como el del Black Power, una asociación antisistema ambigua con la violencia. El asesinato de John Kennedy en 1963 no impidió que su sucesor, Lyndon B Johnson (1908-1973) declarase en 1964 ilegal la segregación. Los problemas, sin embargo, continuaron. En 1968 se produjeron los asesinatos de Robert Kennedy y de Martin Luther King. A principios de septiembre se celebraban las pruebas de selección para los Juegos de México.

La USTAF decidió celebrar las pruebas en un lugar que se pareciese a la Ciudad de México. Para ello se construyó una pista de tartán en Echo Summit (California), a 2250 m de altura. La combinación de altitud y material sintético junto con la irrupción de la mejor generación de velocistas, negros, desde los años 30 hizo que las marcas fuesen estratosféricas. Jim Hines (1945) ganó el 100 con 10,11 (10,0). John Carlos (1945) se impuso en el 200 a Tommie Smith (1944), que había preferido esta prueba al 400, con nueva plusmarca mundial de 19,92 (19,7). Y Lee Evans (1947) también se hizo con una nueva plusmarca mundial de 44,06 (44,0) en una carrera con 4 atletas por debajo de 45,00. Además de Evans, Larry James (1947-2008), 44,19 (44,1), Ron Freeman (1947), 44,62 (44,6) y Vince Matthews (1947), 44,86 (44,8). La IAAF finalmente no ratificó los tiempos de Carlos y de Evans como plusmarcas mundiales por haberlas hecho con zapatillas no reglamentarias.

La buena forma mostrada por los velocistas estadounidenses se confirmó en los Juegos. Así, el 14 de octubre, Jim Hines se convertía en el primer atleta en correr los 100 m por debajo de 10,00,con 9,95 en una final con 8 atletas negros por primera vez en la historia. En los 200 m, John Carlos era el favorito, pero finalmente solo pudo ser bronce, con 20,10. Tommie Smith hizo una fantástica carrera que lo catapultó a la primera posición con plusmarca mundial de 19,83 parándose en los metros finales. La plata fue para el australiano Peter Norman (1942-2006), con 20,06.

Lo sucedido en la ceremonia de entrega de medallas ya pertenece a la historia, no solo del deporte. Tanto Smith como Carlos formaban parte del Proyecto Olímpico pro Derechos Humanos (OHRP), una organización que denunciaba la segregación racial. Decidieron mostrar públicamente su protesta enfundándose guantes negros, símbolo del Black Power, durante la entrega de medallas. Como solo tenían un par, cada uno se puso un solo guante. Peter Norman mostró su solidaridad llevando una placa del OHRP. Al terminar la ceremonia Carlos dijo a la prensa: Cuando gano soy americano, cuando pierdo solo un negro. El COI, pese a la oposición del comité estadounidense, decidió expulsar a ambos de la Villa Olímpica. De vuelta a Estados Unidos, su vida no fue muy fácil. Tuvieron problemas económicos y recibieron amenazas de muerte. No le fue mucho mejor a Norman en su país, en el que hasta pocos años antes los aborígenes no tenían categoría de humanos. Se convirtió en un paria social. Falleció en 2006. Smith y Carlos se desplazaron a Melbourne, donde portaron su féretro y despidieron a su amigo con un emotivo discurso en el que ensalzaron su valentía al apoyar su causa. En 2012, el Parlamento Australiano aprobó una moción en la que reconocía los valores humanos de Norman y pedía disculpas por el trato dispensado al atleta a su vuelta a Australia de México.

La expulsión de sus amigos Smith y Carlos hizo a Lee Evans tomar la decisión de retirarse él mismo de los Juegos. Afortunadamente Carlos le convenció de que el mejor homenaje que podía hacerles era ganar el 400 y el 4 x 400. El 18 de octubre, México fue testigo de uno de los mejores 400 de la historia. Lee Evans ganaba con una nueva plusmarca mundial de 43,86 y Larry James era segundo con 43,97, dos tiempos impensables entonces y que siguen siendo de los más rápidos del la historia.

Dos días después, Evans junto con James, Freeman y Matthews conseguía para Estados Unidos el oro en 4 x 400 con plusmarca mundial de 2:56,16. Segundo fue el cuarteto keniano, con un primer relevista llamado Daniel Rudisha (1945). 44 años después, en los Juegos de Londres, su hijo, David, protagonizaría la mejor carrera de 800 m de la historia. Los 4 componentes del equipo estadounidense acudieron al podio ataviados con boinas negras, símbolo del Black Power.

Los Juegos de México resultaron inolvidables, no solo por el enorme nivel atlético, nunca superado, sino también porque un grupo de atletas supo reivindicar lo que consideraban justo a un coste personal enorme. Sin duda, Smith y Carlos merecían haber nacido 15 años más tarde porque en los 80 habrían podido desarrollar todo su talento en un contexto ya profesional. Habrían sido unos héroes de multitudes, aunque pensándolo bien, héroes ya lo son, y siempre lo serán.

Cuando los jueces se convierten en protagonistas

A diferencia de otros deportes en que la labor de los árbitros / jueces resulta cuestionada constantemente, en atletismo el importantísimo trabajo de los jueces suele pasar desapercibido. La tecnificación de los métodos de medida hace que la inexacta apreciación humana tenga cada vez menos importancia. No siempre fue así. Hoy día tanto el cronometraje como la determinación de salidas nulas se hacen electrónicamente, pero  hasta 1977 no dejó de considerarse el cronometraje manual para homologar las marcas en velocidad. En pruebas de velocidad de los Juegos Olímpicos, el cronometraje electrónico se empleó por primera vez en Los Ángeles 1932 e ininterrumpidamente desde Helsinki 1952. Sin embargo hasta Tokio 1964 el cronometraje electrónico se empleaba como simple apoyo. La marca oficial era la que los jueces establecían manualmente. Por ejemplo, el ganador de los 100 m en los Juegos de 1952, el estadounidense Lindy Remigino (1931) hizo un tiempo electrónico de 10,79. Sin embargo su tiempo oficial fue 10,4. Poco antes de proclamarse campeón olímpico de 100 m en 1960, el alemán Armin Hary (1937), se convirtió en el primer atleta en correr el hectómetro en 10,0. El tiempo real, electrónico, fue, sin embargo, 10,25. Hay que recordar que para homologar una plusmarca mundial se necesitaban 3 cronometradores. En esta carrera los tres tiempos fueron 10,0, 10,0 y 10,1. Además de por su personalidad, Hary fue muy polémico por su fulgurante salida. Según los analistas de la época, hacía más salidas nulas de las que le señalaban, pero entonces todo dependía del ojo del juez. Realizó su plusmarca mundial en la repetición de una carrera anterior que le habían invalidado por salida nula y en la que había registrado también 10,0, 10,16 en realidad.

A partir de los Juegos de 1964, el cronometraje electrónico pasó a ser oficial, pero de una forma un tanto curiosa. Bob Hayes (1942) ganó el oro en 100 m con 10,06. El tiempo manual fue 9,9. Sin embargo, la marca, casi 0,2 mejor que la de Hary, se homologó como plusmarca mundial igualada 10,0. Fuera de los Juegos Olímpicos, sin embargo, seguía mandando el cronometraje a mano, aunque también lo hubiese electrónico. En 1968 surgió una excelente generación de velocistas estadounidenses que llevó a romper (aproximadamente)  la barrera manual de 10,0. Hubo 3 registros de 9,9, cuyos tiempos reales fueron de lo más dispares: Jim Hines (1946), 10,03, Ronnie Ray Smith (1949 – 2013), 10,14 y Charles Greene (1945), 10,10. Estos dos últimos 9,9 peores que el 10,0 de Hayes. Fue Hines en la final olímpica de México 1968, en pista sintética y a más de 2000 m de altitud, quien realizó el primer tiempo real por debajo de 10,00, al marcar 9,95, que, sin embargo, se homologó como 9,9. Finalmente, el 1 de enero de 1977, el registro de Hines se validó como plusmarca mundial única con la marca real de 9,95, pero hasta entonces hasta 10 9,9 manuales se consideraron del mismo valor que el tiempo electrónico. Ciertamente la IAAF tardó en reaccionar, pero, desde entonces, los registros en pruebas cortas dejaron de depender del inevitablemente impreciso dedo de los jueces.

No solo la medida del tiempo, sino también de las distancias puede presentar un cierto margen de error por la apreciación de los jueces, sobre todo en el caso de los saltos nulos. Se trata de errores asumibles debidos a la imprecisión de los sentidos humanos. Sin embargo, ha habido casos en los que directamente a los jueces se les olvidó el lugar que ocupaban. Una de las pruebas que más polémica generó en la historia del atletismo fue la final de triple salto de los Juegos de Moscú 1980. Los jueces soviéticos señalaron 9 nulos en los 12 saltos realizados por el brasileño plusmarquista mundial, 17,89, João Carlos de Oliveira (1954-1999) y por el australiano Ian Campbell (1957). Ambos hicieron saltos, aparentemente válidos, que les habrían dado el oro y la plata. Años después se dijo que había un plan para dar el cuarto oro consecutivo al georgiano, entonces soviético, Viktor Saneyev (1945), si bien este resultó superado por su entonces compatriota el estonio Jaak Uudmäe (1954), que se hizo con el oro. La controversia no se limitó al triple salto. En el disco el cubano Luis Mariano Delís (1957), finalmente bronce, probablemente perdió el oro por un lanzamiento medido defectuosamente. El oro fue a parar, curiosamente, al cuello del soviético Viktor Rashchupkin (1950).

Otro incidente lamentable fue el sucedido en la prueba de salto de longitud en el Mundial de Roma de 1987, cuando los jueces locales transformaron un 7,85 m del atleta local Giovanni Evangelisti (1961) en 8,38. Este salto inicialmente le otorgó la medalla de bronce, que llegó a recibir. El Comité Olímpico Italiano decidió investigar un salto que ya en directo había parecido mucho más corto. Finalmente se determinó la medida real de 7,85 y se desposeyó al saltador italiano de una medalla que nunca había ganado.

Además del por justificable imprecisión humana y por falta de escrúpulos, un juez también puede se protagonista por despistado. En la final olímpica de lanzamiento de disco en Los Ángeles 1932 el francés Jules Nöel (1903 – 1940) realizó un cuarto lanzamiento probablemente superior a 49 m, que le habría permitido luchar por el oro. Desgraciadamente en aquel momento los jueces no prestaron atención al francés, pues estaban absortos con el duelo de salto con pértiga entre el estadounidense Bill Miller (1912-2008) y el japonés Shuhei Nishida (1910-1997). Nadie supo dónde había caído exactamente el disco. Nöel acabó 4º, pese a que los jueces, bastante avergonzados, le permitieron un lanzamiento más.

Afortunadamente estos casos son anecdóticos. Los problemas del atletismo, como sabemos, son otros, en los que los jueces no están incluidos, y que no tienen fácil solución.

Iolanda Balas, 154 competiciones invicta

Si hay un nombre en el atletismo unido indefectiblemente a la palabra victoria, ese es el de Iolanda Balas (1936-2016). La atleta rumana consiguió entre 1957 y 1967 154 victorias consecutivas. En toda su carrera estableció 14 plusmarcas mundiales, desde 1,75 a 1,91 m. Cuando realizó este último registro, la diferencia con la segunda mejor atleta de siempre era de 13 cm.

Iolanda Balas nació en la ciudad rumana de Timisoara, el 12 de diciembre de 1936. Los cambios de fronteras sucedidos con la decadencia y posterior desaparición de los Imperios Austrohúngaro y Turco, habían hecho que grupos humanos se quedasen fuera de sus países de origen. Esto le sucedió a la familia de Balas, que era de origen húngaro, etnia con una importante presencia en Transilvania, territorio rumano al que pertenecía Timisoara.

Durante la Segunda Guerra Mundial el padre de Balas fue hecho prisionero por los soviéticos. Una vez liberado, solo se le autorizó volver a Hungría, mientras su hija se quedaba en Rumanía. La joven Iolanda comenzó a practicar salto de altura a los 12 años, gracias a la ayuda de la exatleta Luiza Ernst. Su elevada estatura, 1,85 m, y sus largas piernas le permitieron optimizar un estilo de tijera modificado, apenas practicado en una época donde la mayoría de los saltadores utilizaban el rodillo ventral o el rodillo californiano. Su primera gran competición fue el Campeonato de Europa de Berna, en 1954, donde fue medalla de plata. Poco antes de los Juegos de Melbourne 1956 estableció su primera plusmarca mundial con 1,75 m. Acudía a la ciudad australiana como una de las favoritas, pero le pudo la inexperiencia y solo pudo ser 5ª, con 1,67 m, la misma marca que la 2ª y la 7ª.  La ganadora, la estadounidense Mildred McDaniel (1933-2004) hizo además nueva plusmarca mundial con 1,76 m.

Aquel 1 de diciembre de 1956, día en que se celebró la final olímpica, fue la última derrota de la rumana hasta junio de 1967. Entre medias, 154 victorias consecutivas, que algunos estadísticos reducen a 140, y otras 13 plusmarcas mundiales, 12 de ellas consecutivas. Su mejor salto fue 1,91 m, realizado el 16 de julio de 1961, que duró 10 años como plusmarca mundial. Fue la primera mujer en superar 1,80 y 1,90 metros. Ganó el oro en los campeonatos de Europa de 1958 y 1962. En los Juegos de Roma 1960 se impuso con la mayor ventaja de la historia de los Juegos, 14 cm. Tras caer sus dos últimas rivales en 1,73 m (ambas compartieron la plata con 1,71 m), Balas aún intentó 5 alturas más, de las que superó 4 y se proclamó campeona olímpica con 1,85 m. Fue la primera medalla del atletismo rumano en unos Juegos. Desde entonces, Rumanía ha ganado 35 medallas en atletismo, 11 de oro. En los Juegos de Tokio, aun con problemas físicos, Balas volvió a ganar, con 1,90 m, 10 cm mejor que la segunda clasificada. A partir de entonces las lesiones le impidieron competir con asiduidad. No pudo tomar parte en el Europeo de 1966 por esta razón. Se retiró en 1967, el mismo año que perdió su imbatibilidad. Su plusmarca mundial duró hasta que el 4 de septiembre de 1971, la austríaca Ilona Gusenbauer (1947) superó a rodillo 1,92 m.

Posteriormente fue profesora de Educación Física. Presidió la federación de atletismo de su país de atletismo de 1988 a 2005. Falleció el 11 de marzo de 2016.

Este es un documental (en rumano) sobre Iolanda Balas. Viéndola saltar más de 1,90 con ese estilo tan peculiar, cayendo en arena, uno se pregunta cuánto habría podido saltar con estilo Fosbury.