El inexorable avance del estilo Fosbury tras los Juegos de México

Se han cumplido estos días 50 años de la celebración de los Juegos Olímpicos de México. De entre las muchas hazañas atléticas conseguidas, hubo una que cambió la forma de competir en esa modalidad. Ocurrió en el salto de altura. Por primera vez un atleta en una gran competición saltaba de espaldas al listón. Que se llevase el oro no hizo sino acelerar su implantación por todo el mundo. Fue tal su impacto, que su nombre quedó inmortalizado con su estilo, el estilo Fosbury o Fosbury Flop, en inglés. En los Juegos de México, Fosbury fue el único que empleó su entonces particular forma de saltar. Dieciséis años después, en Los Ángeles tan solo uno de los 12 finalistas utilizaba el ya obsoleto rodillo ventral (3 de 16 cuatro años antes).

Richard Douglas Dick Fosbury nació en Portland, la ciudad más populosa de Oregón, el 6 de marzo de 1947. Comenzó a practicar salto de altura a los 16 años. El estilo generalizado entonces era el rodillo ventral, en sus dos versiones, la paralela, en la que el atleta pasaba la cabeza y el tronco al mismo tiempo abrazando el listón, y la zambullida, en la que la extremidad cefálica y la superior pasaban el listón antes que el tronco y  la inferior. Incapaz de asimilar los movimientos coordinados para practicar rodillo ventral, Fosbury recurrió al viejo estilo de la tijera, empleado por la entonces plusmarquista mundial Iolanda Balas (1936-2016), y fue evolucionando hasta individualizar la modalidad que llevaría su nombre saltando de espaldas al listón.

Fosbury pudo desarrollar y perfeccionar su nuevo estilo de salto gracias a la progresiva sustitución de la arena o la paja de la caída por colchonetas de espuma. Hasta los Juegos Olímpicos de 1964 no hubo colchonetas en la zona de caída. Los atletas solían caer de pie o de bruces. Sin colchoneta, caer de espaldas resultaba arriesgado. Algún atleta lo hacía, pero viniendo de un giro, como el estadounidense John Thomas (1941- 2013), que llevó la plusmarca mundial de 2,17 a 2,22 m en los años 60.

Su peculiar estilo no reportó a Fosbury grandes éxitos inicialmente. En categoría junior llegó a 1,969 m. No obstante, ya entonces su forma de saltar había llamado la atención. Un diario local lo bautizó como Fosbury flop. Alguien habló de una convulsión en el aire. Cuando entró en la Universidad del Estado de Oregón, su nuevo entrenador Bernie Wagner (1924 – 2013) lo intentó convencer para cambiar al rodillo californiano. Tras probarlo, Fosbury volvió a su estilo, cada vez más depurado, y consiguió una mejor marca de 2,08 m en 1965, lo que cerró cualquier debate. Un año antes de los Juegos, la mejor marca de Fosbury era 2,102. Esta altura no hacía presagiar lo que sucedería en México. Por entonces la nueva modalidad de salto había captado la atención de los medios deportivos nacionales. Fue portada de la revista Track and Field news en febrero de 1968, mientras Europa aparecía ajena a la revolución que se estaba gestando.

Fosbury realizó su mejor temporada en el mejor año, el año olímpico de 1968. En junio mejoró su marca a 2,16 m. En las pruebas de selección olímpica, tras llevar su marca a 2,18 y a 2,21 m, esta a la primera, fue 3º con la misma altura que sus rivales, cuyos intentos sobre 2,18 fueron menos. Los tres estadounidenses habían hecho la mejor marca del año, lo que los convertía en favoritos.

La impecable actuación de Fosbury en la final olímpica fue la mejor tarjeta de presentación de su innovador estilo. Superó a la primera todas las alturas, mejorando con 2,22 m su marca personal y la plusmarca olímpica. En la siguiente altura, 2,24 m, ya solo quedaba en concurso, además de él, su compatriota Ed Caruthers (1945), que tenía varios nulos previos. Caruthers no pudo con 2,24 m, mientras Fosbury superaba el listón a la tercera tentativa. Ya ganador del oro olímpico, trató de superar la plusmarca mundial de 2,28 m de Valery Brumel (1942-2003) con 1 cm más, pero falló en sus tres intentos.

La victoria de Fosbury con su nueva forma de saltar suscitó todo tipo de debates. Una vez confirmado que no infringía ningún reglamento, la discusión se basó en su efectividad. En Europa hubo inicialmente un importante rechazo, pero pronto se demostró que el estilo Fosbury conseguía que el centro de gravedad del atleta en el momento del salto estuviese por debajo de su cuerpo, lo que apuntaba, como así fue, a que las marcas mejorarían.

Fosbury_Flop_English
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Fosbury tuvo hizo una buena temporada en 1969, con una mejor marca de 2,195 m, pero fue su último año en la élite. Su estilo, no obstante, se fue imponiendo inexorablemente. El sucesor de Brumel como plusmarquista mundial fue el estadounidense Patrick Marzdorf (1949) quien saltó en 1971 2,29 m con rodillo ventral. También probó el Fosbury, modalidad con la que saltó 2,24 m. El primer saltador que ganó un gran campeonato con estilo Fosbury fue el lituano, entonces soviético, Kentustis Shapka (1949), oro en el Europeo al aire libre de 1971. En los Juegos de Múnich de 1972, 28 de los 40 participantes en el salto de altura lo hicieron con estilo Fosbury, si bien de los tres medallistas, solo el de bronce, el estadounidense Dwight Stones (1953) practicaba el nuevo estilo. Stones fue el primer plusmarquista mundial con estilo Fosbury, con 2,30 m y posteriormente 2,31 y 2,32 m. Repitió bronce en los Juegos de 1976, donde los tres medallistas ya saltaban de espaldas, y fue 4º ocho años después, en Los Ángeles.

El sucesor de Stones como plusmarquista mundial fue el ucraniano, entonces soviético, Vladimir Yashchenko (1959 – 1999), quien saltó 2,33, 2,34 y 2,35 m en sala con rodillo ventral. Campeón de Europa en sala en 1978 y 1979 y al aire libre en 1978, una lesión de rodilla en 1979 cortó de raíz su progresión. Fue el último plusmarquista mundial con el viejo estilo y el que más alto ha saltado con rodillo.

A partir de los 80, el rodillo ventral se convirtió en un estilo en vías de extinción, hasta que desapareció completamente hacia finales de la década. Su último representante de élite fue el chino Liu Yunpeng (1962), 7º en los Juegos de Los Ángeles con 2,27 m.

En categoría femenina, la sucesora de Iolanda Balas, que saltaba con tijera, fue la austríaca Ilona Gusenbauer (1947) que saltó en 1971 1,92 m con rodillo ventral. Justo un año después, en los Juegos Olímpicos de 1972, la alemana de 16 años Ulrike Meyfarth (1956) fue la primera campeona olímpica y plusmarquista mundial, 1,92 m, con el nuevo estilo Fosbury. La subcampeona de esa competición, la búlgara Yordanka Blagoyeva (1947) superó con 1,94 m el registro de la alemana saltando con rodillo ventral, el mismo estilo que practicaba la alemana Rosemarie Ackermann (1952). Ackermann, con un perfecto rodillo ventral paralelo, llevó el tope universal de 1,94 a 2,00 m, convirtiéndose en la primera mujer en superar esta altura. Fue oro en el Europeo de 1974 y campeona olímpica en 1976.

La derrota de la alemana frente a la italiana Sara Simeoni (1953) en el Europeo de 1978 marcó el declive del viejo estilo en categoría femenina. Simeone se convertiría en campeona olímpica 2 años después con Ackermann lesionada y el rodillo ventral desapareció de las competiciones femeninas.

El escaparate mundial de los Juegos Olímpicos de México convirtieron a Fosbury en el autor de la revolución en el salto de altura. Sin embargo, aunque el estadounidense creó y desarrolló su estilo de forma independiente, no fue el primero en aplicarlo. En 2000, el escritor deportivo Rial Cummings descubrió una fotografía de un periódico del 24 de mayo de 1963 en la que el atleta Bruce Quande, en una competición escolar, practicaba el salto de altura de espaldas al listón.

Quande

Quande dejó de hacer salto de altura tras el Instituto. En 1963 Fosbury ya se dedicaba al salto de altura, pero aún no había comenzado a desarrollar su estilo. Probablemente la aparición del salto de espaldas al listón era inevitable. En 1966, sin conocer la actividad atlética de Fosbury, la canadiense Debbie Brill (1953), que llegaría a superar 1,99 m en 1984, comenzó a saltar con un estilo que llamó el plegamiento de Brill, básicamente similar a lo que estaba haciendo Fosbury. Pero el oro olímpico del estadounidense permitió que el mundo se diese cuenta de que había un nuevo estilo que superaba al anterior. A pesar del brillo cegador en los Juegos de los fantásticos velocistas estadounidenses, de Bob Beamon y de la primera hornada de fondistas africanos, la actuación de Fosbury añadió la estrella probablemente más duradera del firmamento mexicano.

El sueco Stefan Holm (1976), campeón olímpico en 2004, mostrando los diferentes estilos de salto, más alguno suyo particular.

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Kevin Mayer, el tercer primo de Superman

En los años 80 el duelo deportivo en la prueba de decatlón entre el británico Daley Thompson (1958) y el alemán Jürgen Hingsen (1958) sobrepasó el ámbito mediático del atletismo. La locuacidad del británico y el imponente físico del alemán supusieron un filón para la prensa de la época. Es demasiado guapo para ganarme, decía el británico en una de sus perlas. Para vencer en el decatlón hay que ser bajito, feo y ladino, como yo. Lo cierto es que pese a que el alemán solía llegar a los grandes campeonatos como plusmarquista mundial, nunca fue capaz de batir al británico. Fue plata en los Europeos de 1982 y 1986, en el Mundial de 1983 y en los Juegos Olímpicos de 1984. Incluso en la lucha por la plusmarca mundial Hingsen acabó perdiendo, pues un cambio en las tablas de puntuación permitió al británico superar al alemán con quien compartía el tope universal. En uno de sus duelos dialécticos, tras unas declaraciones de Hingsen sobre la posibilidad de superar los 9000 puntos en el futuro, Thompson respondió irónicamente que eso sucedería cuando llegase el primo de Superman. Con su reciente plusmarca mundial de 9126 puntos, el francés Kevin Mayer (1993) se acaba de convertir en el tercer primo de Superman de la historia.

Los 8847 puntos de Thompson duraron hasta el 5 de septiembre de 1992. En Talence (Francia), ese día el estadounidense Dan O’Brien (1966) realizó 8891 puntos, con parciales de 10,43, 8,08, 16,69, 2,07, 48,51; 13,98, 48,56, 5,00, 62,58, 4:42,10. El perfil atlético de O’Brien era similar al de Mayer, con un poderío basado en gran medida en los lanzamientos y la historia de su plusmarca mundial es paralela a la del francés y no solo por el lugar en que se consiguió. Campeón mundial en 1991, era el máximo favorito para hacerse con el oro olímpico en 1992, pero tres nulos en pértiga en las pruebas de selección estadounidense lo apartaron de su objetivo. Lo conseguiría en 1996, además de otros dos oros en los Mundiales de 1993 y 1995.

Un atleta de un perfil parecido a O’Brien fue su sucesor como plusmarquista mundial, el checo Tomáš Dvořák (1972). El 4 julio de 1999, en Praga, Dvořák, campeón del mundo en 1997 y, posteriormente, en 1999 y 2001, se quedó, con 8894 puntos, a un suspiro de los 9000. Sus parciales fueron 10,54, 7,90, 16,78, 2,04, 48,08; 13,73, 48,33, 4,90, 72,32, 4:37,20. Es el único atleta que ha superado los 8900 puntos en 3 ocasiones. Fue bronce en los Juegos Olímpicos de 1996. Cuatro años más tarde acudió a los Juegos de Sídney en malas condiciones físicas y a duras penas consiguió acabar en 6ª posición.

No hubo que esperar mucho para romper la mítica barrera de los 9000. El 25 de mayo de 2001, otro checo, Roman Šebrle (1974), totalizaba en Götzis (Austria) 9026 puntos, con parciales de 10,64, 8,11, 15,33, 2,12, 47,79; 13,92, 47,92, 4,80, 71,16, 4:21,98. Ese año se lesionó y no pudo competir por el oro en el Mundial de Edmonton. Tuvo que esperar hasta 2007 para conseguirlo. En los Juegos Olímpicos fue plata en 2000 y oro en 2004. Fue además campeón de Europa en 2002 y 2006.

El sucesor de Šebrle fue un atleta con un perfil diferente al de los 3 plusmarquistas mundiales que lo precedieron, mucho más parecido a Daley Thompson, quien corría en 10,26 o 46,97. El estadounidense Ashton Eaton (1988) basaba su dominio en las carreras de velocidad y vallas, con mejores registros de 10,21, 45,00 o 13,35, esta conseguida fuera de un decatlón. Dominó la prueba de forma absoluta de 2012 a 2016, con sendos oros olímpicos esos años y el oro en los Mundiales de 2013 y 2015. Estableció dos plusmarcas mundiales de decatlón. La primera tuvo lugar en Eugene el 23 de mayo de 2012, en las pruebas de selección para los Juegos Olímpicos. Totalizó 9039 puntos, con parciales de 10,21, 8,23, 14,20, 2,05, 46,70; 13,70, 42,81, 5,30, 58,87, 4:14,48. La segunda se registró el 28 de septiembre de 2015, durante la disputa del Mundial de Pekín. Con 9045 puntos y unos espectaculares 45,00 en 400 m, Eaton mejoraba en 6 puntos su tope mundial con 10,23, 7,88, 14,52, 2,01, 45,00; 13,69, 43,34, 5,20, 63,63, 4:17,52.

Eaton se retiró tras el oro olímpico de 2016. La plata en esa competición fue para Mayer, que entonces tenía 24 años. Más lanzador, que velocista y, sobre todo, saltador de pértiga, la progresión del francés desde entonces ha sido fulgurante.

Kevin Mayer nació el 10 de febrero de 1992 en Argenteuil, en el área metropolitana de París. Fue campeón del mundo sub18 (2009), sub20 (2010) y de Europa sub20 (2011). En 2012 fue 15º en los Juegos Olímpicos. Ese año había superado por primera vez los 8000 puntos. En 2013 fue 4º en el Mundial y subcampeón de Europa en 2014. No disputó el Mundial de 2015 por lesión. En 2016 fue plata en los Juegos Olímpicos tras Aston Eaton con plusmarca personal de 8834 puntos, que mejoraba en 260 la plusmarca francesa de Christian Plaziat (1963) de 1990. En 2017 se proclamó campeón del mundo.

El objetivo de Mayer para 2018 era el oro en el campeonato de Europa de Berlín y tratar de acercarse a la plusmarca mundial de Eaton. Comenzó, con 10,64, mejorando su marca en 100, pero 3 nulos en longitud arruinaron su competición. Dos días después anunció que intentaría superar a Eaton el fin de semana del 15 y 16 de septiembre en Talence, el mismo lugar en que 26 años antes O’Brien se había resarcido parcialmente de su fracaso en las pruebas de selección olímpicas.

Comenzó mejorando su marca de 100 m hasta 10,55. También en la longitud mejoró hasta 7,80 m. En peso se fue hasta 16,00 m, 0,51 peor que su plusmarca personal. En altura saltó 2,05 m. 0,04 por debajo de su mejor registro. En 400 m, con 48,42 estuvo cerca de su mejor tiempo de 48,26. Este primer día totalizó 4563 puntos. Eaton había hecho 4703 puntos. Pero al francés le quedaban los lanzamientos de disco y jabalina y el salto de pértiga, pruebas en las que era muy superior a Eaton. Y la ventaja de este en los 110 m v no parecía que fuese a resultar decisiva.

Mayer empezó el segundo día con 13,75 en 110 mv y viento en contra, a 0,04 de su mejor marca y solo 0,06 peor que el día de la plusmarca de Eaton. A continuación enlazó tres plusmarcas personales en lanzamiento de disco, 50,54 m, salto con pértiga, 5,45 m, y lanzamiento de jabalina, 71,90. A falta de los 1500 m, Mayer tenía 8421 puntos. Ashton tenía el día de su plusmarca 8216. Salvo catástrofe, a esas alturas la plusmarca mundial estaba asegurada. Al francés le bastaban 4:49,00 para conseguir su objetivo. Su mejor marca en la prueba era 4:18,04, de 2012, cuando lanzaba mucho menos. Siempre llama la atención ver a decatletas con perfil de lanzador disputar los 1500 m. Su tiempo final fue de 4:36,11, lo que le dio una plusmarca mundial de 9126 puntos, la tarde del día en que el keniano Eliud Kipchoge (1984) había dinamitado con 2h01:39 el tope universal de maratón. Mayer hizo una competición casi perfecta mejorando en 5 de 10 pruebas y muy cerca de sus mejores registros en otras 4. Solamente se quedó lejos de su mejor tiempo en los 1500 m, marca a la que, dado su biotipo actual, probablemente ya no se acerque.

Mayer demostró que estaba en una excelente forma, pero probablemente también se dio cuenta de lo fácil que es tener un accidente en un decatlón. Sus próximos objetivos serán el Mundial de 2019 y los Juegos de 2020 y, quién sabe, quizá una nueva plusmarca mundial del tercer primo de Superman.