México 68, los mejores Juegos de siempre

Cada vez que oigo decir en las ceremonias de clausura de los Juegos Olímpicos aquello de que han sido los mejores Juegos de la historia, no puedo evitar una sonrisa. Al margen de los aspectos organizativos y del nivel deportivo general, los aficionados al atletismo sabemos que no ha habido Juegos como los de México, celebrados en 1968, de los que estos días se cumplen 49 años.

La Ciudad de México ganó la organización de los Juegos en 1963. Su proyecto resultó el más convincente, lo que no resultaba tanto eran los 2240 m de altitud de la urbe. Entonces apenas se conocían los efectos de la altitud en el esfuerzo. Hubo quien llegó a decir que podría poner el peligro la vida de los deportistas. Diez días antes del inicio de la competición sucedió algo que pudo haber terminado con los Juegos antes de empezar. Una manifestación de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de la capital mexicana terminó con la intervención policial y más de 2 centenares de muertos. El presidente del COI, el octogenario Avery Brundage (1887-1975) se apresuró a decir que era un asunto que no tenía que ver con los Juegos.

El atletismo se celebró entre el 13 y el 20 de octubre. Fueron 8 días en que se lograron 18 plusmarcas mundiales y se igualó otra. De las 36 finales, en 26 de ellas los ganadores superaron la anterior plusmarca olímpica, en algunos casos conseguidas minutos antes o en las pruebas de clasificación. Para la consecución de estos logros se reunieron varios factores. La altitud fue clave para las pruebas explosivas o de esfuerzos cortos y el cambios a pista sintética resultó fundamental. Pero el nivel no habría sido tan alto si no hubiese habido una magnífica generación de velocistas de raza negra, principalmente estadounidenses, junto con la primera gran hornada de corredores africanos. Los atletas europeos, pese a verse en algunos casos perjudicados por la altitud, también tuvieron un papel relevante.

Si hubiese que elegir una imagen de estos Juegos, no habría ninguna duda de que seleccionaríamos esta:

Los 8,90 metros del estadounidense Bob Beamon (1945) superan con mucho el ámbito mediático del atletismo y están considerados uno de los grandes hitos de la historia del deporte. La competición se terminó con este primer salto de Beamon, que continúa siendo la segunda mejor marca de la historia.

La velocidad en México sufrió una auténtica revolución. Surgió una nueva promoción de velocistas estadounidenses que llevó las plusmarcas a límites impensables. Jim Hines (1946), en una final de 100 monocolor inédita hasta entonces, rompió por primera vez con 9,95 la barrera de 10,00. Tommie Smith (1944) hizo lo propio con la de 20,00 en 200 m, 19,83, al menos oficialmente pues su compatriota John Carlos (1945)había corrido en 19,92 en las pruebas de selección, marca no homologada por la IAAF por haberse hecho con zapatillas no reglamentarias. Lee Evans (1947), por su parte, se fue en 400 m a unos asombrosos 43,86. Hines y Evans lideraron los relevos corto y largo que con 38,23 y 2:56,16 también superaron las respectivas plusmarcas mundiales. El incidente de Smith y Carlos protestando en el podio contra la segregación racial y su posterior expulsión se convirtió en un símbolo para siempre.

En el otro salto vertical, el triple, también se hizo historia, pero por una razón diferente, pues se superó la plusmarca mundial nada menos que 5 veces. Comenzó en la clasificación el italiano Giuseppe Gentile (1943) con 17,10 m. Al día siguiente con un primer salto de 17,22 m parecía que dejaba el concurso visto para sentencia. Pero aún quedaba mucha competición. En la tercera ronda el georgiano, entonces soviético, Viktor Saneyev (1945), se iba a 17,23. En la quinta ronda surgió el brasileño Nelson Prudencio (1944-2012) quien con 17,27 pareció dar por finiquitada la prueba. Pero Saneyev dejó lo mejor para el último salto, en el que con 17,39 m ganó la primera de sus tres medallas de oro olímpicas.

Además de grandes registros, otro hito de los Juegos sucedió en el salto de altura . El estilo de salto de entonces era el rodillo ventral o, algo menos, el rodillo californiano. El estadounidense Dick Fosbury (1947) no se adaptaba a ninguno de ellos y comenzó a desarrollar su estilo propio, que acabó llevando su nombre. Cuando ganó el oro en México con 2,24 m el mundo atlético se quedó asombrado. Si bien Fosbury ya llevaba años practicándolo, con los medios de comunicación de entonces, la repercusión de su estilo era muy limitada fuera de su ámbito.

En salto con pértiga,  el estadounidense Bob Seagren (1946) se quedó a 1 cm de su plusmarca mundial de 5,41 m, con los 11 primeros, incluido el español Ignacio Sola (1944), 9º, por encima de la anterior plusmarca olímpica. En lanzamiento de disco el también estadounidense Al Oerter (1936-2007) ganaba su cuarto oro. Su compatriota Randy Matson (1945) se hacía con el oro en peso, tras su plata 4 años antes. La jabalina fue para el letón, entonces soviético, Janis Lusis (1939) y el martillo para el húngaro Gyula Zsivótzky (1937-2007), que había sido plata en las dos ediciones anteriores.

La plusmarca mundial igualada fue la de 800 m. Se esperaba que el keniano Wilson Kiprugut (1938), bronce 4 años antes, se hiciese con el oro, pero en una rapidísima carrera se vio superado a falta de 50 m por el australiano Ralph Doubell (1945) que ganó con 1:44,40, marca homologada en 1:44,3, que igualaba la plusmarca mundial del neozelandés Peter Snell (1937)

En mediofondo y fondo uno de los grandes protagonistas fue el keniano Kip Keino (1940), uno de los mejores de todos los tiempos. Se planteó el reto de tres oros en 10000, 5000 y 1500 m. Abandonó en la primera por un cólico biliar, prueba que ganó su compatriota Naftali Temu (1945-2003), el único keniano con un oro olímpico en 10 Km, seguido del etíope Mamo Wolde (1932-2002), que ganaría el maratón, y del tunecino Mohamed Gammoudi (1938), plata en la anterior edición. Gammoudi superó a Keino en una apretada llegada en el 5000, con Temu tercero. En las pruebas de fondo la altitud también se dejó notar, en sentido negativo, con registros de los ganadores de 14:05,01, 29:27,40 y 2h20:27. El plusmarquista mundial del 5 (13:16,6) y 10 Km (27:39,4), el australiano Ron Clarke (1937-2015),  tampoco se adaptó a la altitud y solo pudo ser 5º y 6º. También fue lento el 3000 obstáculos, distancia en que se impuso por primera vez en la historia un keniano, Amos Biwott (1947), con 8:51,02. A Keino le quedaba el 1500, en el que se enfrentaría al plusmarquista mundial, el joven estadounidense Jim Ryun (1947), acreditado en 3:33,1. Sin embargo, en uno de los mejores 1500 de la historia olímpica, el keniano no dio opción y se impuso con 3:34,91. Incluso al nivel del mar Ryun lo habría tenido muy complicado.

En los 110 m vallas se impuso el estadounidense William Davenport (1943-2002), con 13,33, probablemente mejor que la plusmarca mundial del Martin Lauer (1937) de 13,2. En 400 m vallas, la victoria fue para el británico David Hemery (1944) con unos magníficos 48,12, plusmarca mundial por 0,7.

El programa femenino en 1968 estaba aún muy lejos del masculino. Se celebraron 11 pruebas, las carreras de 100, 200, 400, 800 y 80 m vallas, el relevo 4 x 100, los saltos de altura y longitud, los lanzamientos de peso, jabalina y disco y la combinada de entonces que era el pentatlón. Hubo en total 5 plusmarcas mundiales. La estadounidense Wyomia Tyus (1945) fue la primera velocista que defendió con éxito el título olímpico de 100 m, esta vez con plusmarca mundial de 11,08. Formó parte del relevo estadounidense de 4 x 100 que ganó el oro también con tope mundial 42,88.

La polaca Irena Szewinska (1946), una de las grandes velocistas de la historia, se llevó la victoria en 200 m con plusmarca mundial de 22,58, tras ser bronce en 100 m. En 400 m se produjo un gran duelo entre la ganadora, la francesa Collete Besson (1946-2005) y la malograda británica Lillian Board (1948-1970). El tiempo de Besson, 52,03, fue probablemente superior que la plusmarca mundial de 51,9 de la coreana Sin Kim-dan (1938).

Las otras dos plusmarcas mundiales femeninas fueron en salto de longitud, a cargo de la rumana Viorica Viscopoleanu (1939), 6,82 m, y en lanzamiento de peso, 19,61 de la alemana del Este Margitta Gummel (1941).

En México finalmente se demostró que la altitud unido a las mejoras técnicas y a una excepcional generación de atletas da lugar a una catarata de plusmarcas mundiales, difícilmente repetible, porque difícilmente se repetirán las tres circunstancias juntas. Quienes lo vivieron en directo fueron unos privilegiados.

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Zürich 1984: una plusmarca muy especial para Evelyn Ashford

Los Juegos Olímpicos celebrados en Los Ángeles del 28 de julio al 12 de agosto de 1984 se vieron lastrados por el boicot que llevaron a cabo la antiguo Unión Soviética y sus aliados, en respuesta al realizado 4 años antes por Estados Unidos y numerosos países del bloque occidental. Eran tiempos de la Guerra Fría que, no obstante, estaba dando sus últimos coletazos. Tan solo 8 años más tarde ya no existía la Unión Soviética ni dos Alemanias. El boicot no fue unánime, pues China, Rumanía y Yugoslavia sí enviaron sus equipos olímpicos. Sus consecuencias en el atletismo fueron desiguales. En carreras masculinas apenas tuvo efecto alguno. En saltos y lanzamientos masculinos hubo ausencias importantes, sobre todo las de los plusmarquistas mundiales de salto con pértiga, 5,90 m, el soviético, hoy ucraniano, Sergei Bubka (1983), de lanzamiento de martillo, 86,34 m, el soviético, hoy ruso, Yuriy Sedykh (1955) o de lanzamiento de jabalina, 104,80, el alemán oriental Uwe Hohn (1962), registros todos ellos de ese año olímpico. Pero donde el boicot se hizo sentir mucho más fue en categoría femenina, entonces dominada de forma casi absoluta por las atletas del Este. Años después se confirmaría lo que entonces se sospechaba acerca de la generalización de prácticas prohibidas en los países del Este, patrocinadas por los propios estados, pero también es cierto que sobre los atletas estadounidenses de entonces se cierne la sombra de la hormona del crecimiento.

Ya en la competición, la estadounidense Valerie Brisco-Hooks (1960) tuvo una inesperada actuación con doblete en 200 y 400 m con plusmarcas personales y olímpicas de 21,81 y 48,83, no muy lejos de los 21,71 y los 47,99 que la alemana del Este Marita Koch (1957) y la checa Jarmila Kratochvilova (1951) ostentaban respectivamente como plusmarcas mundiales. Brisco había destacado a finales de los 70, pero su carrera se había estancado en los primeros 80. En las pruebas de selección olímpica ganó el 200 con 22,16 y fue 2ª tras Chandra Cheeseborough (1959) en 400 m, con 49,73, marcas personales en ambos casos. Aunque en 1985 corrió los 200 en 21,98 y al año siguiente los 100 m en 10,99, nunca volvió a rendir como en Los Ángeles, donde también fue oro en 4×400. Fue plata olímpica en Seúl 1988 en 4 x 400 y 4ª en la prueba individual. Visto su rendimiento en los Juegos, el mundo atlético se preguntó qué habría podido suceder estando Koch en liza.

Una de las pocas pruebas femeninas en la que se frustró un gran duelo fueron los 100 m. Ausente la campeona mundial, la alemana del Este Marlies Göhr (1958), acreditada en 10,81, la victoria fue para la plusmarquista mundial, la estadounidense Evelyn Ashford (1957), que se impuso fácilmente con 10,97. Ashford se encaramó muy joven en la élite del atletismo, pues en 1976, con 19 años, fue 5ª en los 100 m de los Juegos de Montreal. En 1979 encabezó la lista mundial del año con 10,97, su primer tiempo sub11, no muy  lejos de los 10,88 que Marlies Göhr poseía como plusmarca anterior desde hacía 2 años. Al año siguiente se acercó aun más, al correr en 10,90. Göhr mejoró a 10,81 el 8 de julio de 1983, pero unos días después, el 3 de julio, la estadounidense corría en 10,79. Ese mismo día, su compatriota Calvin Smith (1961), con 9,93 superaba los míticos 9,95 de Jim Hines (1946) de los Juegos de México. Ambos tiempos se siguieron de una A, puesto que se habían conseguido a 2195 metros de altitud, en Colorado Springs. La plusmarca de Ashford de 10,79A probablemente era peor que los 10,81 de Göhr. Ambas se enfrentarían en el primer Campeonato del Mundo que tendría lugar en Helsinki un mes más tarde. Antes de la final se encontraron en los cuartos, donde se impuso la estadounidense, 11,11 por 11,16. Cada una de ellas ganó su semifinal, entonces solo eran dos, con Ashford por debajo de 11 en 10,99, y Göhr en 11,05. El gran duelo, sin embargo se frustró, pues la estadounidense se lesionó a mitad de carrera. Göhr se impuso con 10,97.

El duelo quedaría para los Juegos Olímpicos, aunque ya entonces se temía que el bloque del Este acabaría por no ir, como finalmente sucedió.  Ashford ganó el oro con una nueva plusmarca olímpica de 10,97. Los soviéticos contraprogramaron con los llamados Juegos de la Amistad, una competición atlética entre los países que no habían acudido a los Juegos Olímpicos. Göhr venció en los 100 m, celebrados el 16 de agosto, con 10,95, demostrando estar en buena forma. La alemana y la estadounidense se encontrarían el 22 de agosto en la reunión de Zürich, donde, a decir de algunos, tendría lugar la verdadera final olímpica de 100 m.

Hasta no hace muchos años, las reuniones posolímpicas o posmundial de atletismo tenían un nivel altísimo. Los atletas aprovechaban su buena forma para mejorar sus marcas o para, en algunos casos, tomarse la revancha de actuaciones en el gran campeonato no del todo satisfactorias. La reunión de Zürich solía ser el principal lugar para ajustar cuentas con los rivales. Ese 1984, muchos de los grandes triunfadores de los Juegos tomaron parte en la competición de la ciudad suiza. Allí estaban el cuádruple campeón olímpico Carl Lewis (1961), el sorprendente oro en los 400 m Alonzo Babers, la emergente estrella de los 800 m Joaquim Cruz, el doble oro de 1500, el resucitado Sebastian Coe (1956), el marroquí Said Aouita (1959)… También estaban las dos estrellas estadounidenses de la velocidad femenina, Valerie Brisco-Hooks, que no pudo retener la forma de las semanas anteriores, y Evelyn Ashford, cuyo enfrentamiento con Marlies Göhr era uno de los mayores atractivos de la reunión. La carrera no pudo responder mejor a las expectativas con Göhr en la calle 2 y Ashford en la 3. La alemana realizó una fulgurante salida y se mantuvo en cabeza hasta los 70 metros, momento en que Ashford la igualó y posteriormente la superó con una nueva plusmarca mundial de 10,76, 0,08 más rápido que Göhr.

Poco después de la carrera, Ashford descubrió que su plusmarca mundial había sido mucho más especial de lo que pudiese pensar, pues la hizo estando embarazada. El 30 de mayo de 1985 dio a luz a su hija Raina Ashley Washington.

Ashford siguió compitiendo hasta completar una longeva carrera en la cima mundial. En los Juegos de Seúl de 1988 fue plata en 100, detrás de su compatriota Florence Griffith (1959-1998) y oro en 4×100. Y en los Juegos de Barcelona, en 1992, con 35 años, no entró en la final de 100 m por 0,01 pero ganó el oro en 4×100 por tercera vez consecutiva, en 4 juegos olímpicos.

El 1500 femenino en España (IV). Llegan las medallas

Y las medallas internacionales al aire libre acabaron llegando, y bien pudo ser a lo grande en 2009, año en que tenía lugar el campeonato del Mundo en Berlín. En el campeonato de España de ese año tuvo lugar el esperado duelo entre Nuria Fernández (1975) y Natalia Rodríguez (1979), que se resolvió a favor de la segunda. Campeona de Europa de 1500 m ese mismo año, Rodríguez había corrido ese año en 4:04,82. Fernández había sido más rápida, 4:02,43, su mejor marca, aunque ya había acreditado 4:01,77 en sala.  Ambas parecían preparadas para hacer un gran papel en el Mundial, aunque resultaba difícil pronosticar una medalla, ya que había atletas sobre el papel muy superiores, como la campeona del mundo, la atleta de Bahrain Maryam Jamal (1974), mejor marca del año 3:56,55, y la etíope Gelete Burka (1986), 3:58,79.

A Berlín acudieron tres españolas, además de Nuria Fernández y Natalia Rodríguez, Iris Fuentes-Pila (1980) completaba el trío. Se programaron tres rondas. Las tres españolas superaron la primera. Fuentes-Pila no pudo superar las semifinales. Rodríguez fue segunda en la primera semifinal con 4:02,73. Por su parte Fernández entró por puestos en la segunda semifinal al ser 5ª en una táctica segunda semifinal, con 4:10,64. La final resultó lenta con pases de 1:06,66 y 2:15,13. Burka se colocó poco después en cabeza y dio paso al 1200 en 3:17,37. A falta de 200 metros, Rodríguez, que había superado por dentro a la británica Lisa Dobriskey (1983), trató de hacer lo mismo con Burka, mientras Jamal sobrepasaba a la etíope por fuera. La maniobra de Rodríguez acabó con Burka en el suelo. Pese a que la española resultó desequilibrada fue capaz de remontar y cruzar la meta en primer lugar con 4:07,37, esfuerzo vano, pues, como era de esperar, los jueces decidieron descalificarla. Jamal, que había entrado segunda, revalidó su título mundial. Por su parte Nuria Fernández ocupó una brillante 4ª plaza, la mejor de una española hasta ese momento en un campeonato de ámbito mundial al aire libre.

Vista la carrera, Natalia Rodríguez parecía superior a Burka, pero el reglamento es implacable con los adelantamientos por la cuerda. Rodríguez se recuperó anímicamente de la descalificación y fue plata en el mundial en sala de 2010 en 1500 m. Al aire libre se volvió a imponer a Nuria Fernández en el campeonato de España. Las 2 irían al Europeo al aire libre de Barcelona, donde Fernández podría intentar tomarse la revancha. En el 1500 del Europeo hubo dos rondas. Ambas entraron sin problemas en la final por puestos, donde se esperaba que estuviesen en la lucha por las medallas. La favorita era la rusa Anna Alminova (1985), que tenía la mejor marca del año, 3:57,65. Fue ella quien se colocó en cabeza imponiendo un ritmo bastante exigente de 1:03,61, 2:09,04 y 3:14,48. A falta de 200 m Rodríguez se colocó detrás de la rusa por fuera, con Fernández en 4ª posición. Alminova perdió la cabeza de carrera al entrar en la última recta en beneficio de la francesa Hind Dehiba (1979). Esta, como el resto de corredoras, se vieron sorprendidas por la fuerza terminal de Nuria Fernández, que se hizo con el oro con marca personal de 4:00,20, muy cerca de la plusmarca española de 3:59,51 de Natalia Rodríguez, que fue bronce, 4:01,30, por detrás de Dehiba, 4:01,17. Alminova fue 6ª, pero perdió esa posición 6 meses después por anomalías en su pasaporte biológico.

Con este resultado las dos españolas confirmaban que se habían establecido entre las mejores y, pasada la treintena en ambos casos, estas dos medallas no serían las últimas. La temporada invernal de 2011 fue muy buena para Nuria Fernández, con una plata en el Europeo. Al aire libre, la madrileña fue campeona de España de 800 m, mientras Natalia Rodríguez se lesionaba y no podía defender su título de 1500 m, que se llevó la aragonesa Isabel Macías (1984). Macías acudió, junto con Rodríguez y Fernández, al Mundial de Daegu. Esta vez solamente Rodríguez llegó a la final, tras ganar la segunda semifinal en 4:07,88. La tarraconense parecía en gran forma. La final, una vez más, fue una carrera táctica, con pases de 1:08,78 y 2:13,94, con Rodríguez colocada hacia el final del pelotón evitando golpes. A falta de 650 m con un cambio muy fácil, la española pasaba a la segunda posición, poco antes de que se produjese la caída de dos atletas. En el toque de campaña, Rodríguez atacó fuerte, dando paso al 1200 en 3:18,89. Aguantó la primera posición hasta que a falta de 30 metros se vio superada por la estadounidense Jennifer Simpson (1986), oro con 4:05,40 y por la británica Hannah England, 4:05,68. Natalia fue finalmente bronce con 4:05,87. Tal vez el recuerdo de Berlín le hizo atacar demasiado pronto. En cualquier caso, el resultado fue magnífico.

Daegu representó la mejor prestación de Natalia Rodríguez. Diversos problemas físicos le impidieron rendir en los Juegos de Londres 2012, donde no pasó de las eliminatorias, y en el Mundial de Moscú 2013, donde se quedó en semifinales, años, no obstante, en los que aún fue campeona de España de 1500 m. Se retiró en 2015 con un bronce mundial, un bronce europeo al aire libre, una plata mundial y un oro europeo en sala y un total de 6 puestos de finalista en Juegos Olímpicos, Mundiales y Europeos al aire libre.

A Nuria Fernández aún le quedaba alguna alegría más. En 2012 se celebraba por primera vez el campeonato de Europa al aire libre bienal, que coincidía con los Juegos Olímpicos. Representando a España acudieron la propia Nuria Fernández, Isabel Macías e Iris Fuentes Pila. Las dos primeras se clasificaron para la final, donde inicialmente Fernández fue 5ª y Macías 10º. Sin embargo, Fernández acabó siendo campeona de Europa tras la descalificación de forma retrospectiva de las 4 primeras, mientras Macías pasaba a la 5ª posición, pues también se descalificó a la 8ª.

No fueron bien los Juegos de Londres para el 1500 femenino español. Natalia Rodríguez e Isabel Macías no pasaron a semifinales y Nuria Fernández no pudo entrar en la final, prueba que acabó siendo caótica con las atletas 1ª, 2ª, 7ª y 9ª descalificadas de forma retrospectiva. Poco después de los Juegos Macías realizó su mejor marca de siempre, 4:04,84, que le sirvió para encabezar la lista española del año.

Nuria Fernández continúa en activo en la actualidad, superando plusmarcas en la categoría de veterana. Ganó su último campeonato de España de 1500 en 2014, año en que fue 5ª en el Europeo en la prueba de 5000 m.

La campeona de España en 2015 fue la gallega de adopción, nacida en Portugal, Solange Pereira (1989), 8ª en el Europeo al aire libre de 2016, y acreditada en 4:06,39, marca conseguida este mismo año. Su sucesora en el entorchado nacional fue la soriana Marta Pérez (1993) cuya mejor marca, también realizada este año, es 4:07,35.

Ayer este blog cumplió un año. Tengo que agradecer a Chema Soycobarde que me haya azuzado para que lo empezase. Van cerca de las 15 000 visitas.  Muchas gracias a todos los que me leéis.

 

El 1500 femenino en España (III). Una nueva generación

En medio del dominio absoluto de Maite Zúñiga (1964) en el 1500 femenino en España, en categoría junior la palentina Marta Domínguez (1975) hacía historia con oro en el Europeo de 1993 y plata en el Mundial de 1994 en el kilómetro y medio. Aunque Domínguez llegó a ser campeona de España de la distancia en 1996 y a correr la prueba en 4:04,84 (2009),  dirigió con éxito sus pasos a los 5000 m y posteriormente a los obstáculos. Al final de su carrera sus ambiguas relaciones con prácticas prohibidas envolvieron sus logros en la sombra de una duda.

La superioridad de Mayte Zúñiga llegó a su fin en 1999. Ese año la asturiana Ana Amelia Menéndez (1972) lideró la lista española con la segunda mejor marca española de siempre 4:04,59. Menéndez se había dedicado hasta entonces a los 800 m , prueba en la que había sido olímpica en Atlanta y en la que acreditaba 2:00,88. En el Mundial de Sevilla 1999 ocupó la 8ª posición con 4:04,72. Ese fue, sin embargo, su mejor año en el kilómetro y medio, pues diversos problemas físicos le impidieron seguir progresando.

Quien sí se mantuvo tras realizar la exitosa del 800 al 1500 fue Nuria Fernández Domínguez (Lucerna, Suiza, 16 de agosto de 1976), atleta aún activa, que se acabaría convirtiendo en una de las mejores corredoras españolas del kilómetro y medio. Fernández había sido campeona de España de 800 m en 1996. Repitió en 1999, pero ese año ya corría los 1500 m en 4:07,46. Participó en esta última distancia en el Mundial de Sevilla y en los Juegos de Sídney. En el Mundial al aire libre de 2001 fue 12ª en la final y en el Europeo de 2002 consiguió su primer puesto de finalista al aire libre al ser 8ª. En estos años, sin embargo, no pudo ser la mejor española, puesto que la catalana Natalia Rodríguez, 3 años más joven, se mostró superior.

Natalia Rodríguez Martínez (Tarragona, 2 de junio de 1979) comenzó a destacar en categoría junior, ya en la prueba de 1500 m. Fue 5ª en el Eurojunior de 1997 y 6ª en el Mundial de 1998. Ese año consiguió la plusmarca española junior de 800 m, 2:02,78, aún vigente. En 2000 se situó 2ª en la lista española de todos los tiempos con 4:04,24. Ese año fue campeona de España al aire libre el primero de sus 10 oros (2000, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, 2009, 2010, 2012 y 2013). Su primer éxito internacional le llegó en el Mundial de 2001, al ocupar la 6ª plaza en la final de 1500 m, puesto que repitió en el Europeo del año siguiente. Ese año ya corría en 4:02,84, marca que mejoró en 2003, con 4:01,30, muy cerca de los 4:00,59, que Maite Zúñiga mantenía como plusmarca española desde los Juegos de Barcelona. Fue 10ª en los Juegos de Atenas 2004 y volvió a ser 6ª en el Mundial de Helsinki de 2005. Ese año logró uno de los mayores éxitos de su carrera atlética. El 28 de agosto en la reunión de Rieti, la ciudad italiana testigo de 8 plusmarcas mundiales, Natalia Rodríguez se convertía en la primera, y única hasta el momento, española en correr los 1500 m por debajo de 4 minutos, al marcar 3:59,51, tiempo que le sirvió para ser 4ª. Su carrera atlética se vio interrumpida los siguientes dos años, primero por lesión y después por embarazo.

A diferencia de lo sucedido en etapas anteriores con Carmen Valero (1955) y Maite Zúñiga, Natalia Rodríguez no estaba sola. Nuria Fernández continuó progresando hasta realizar 4:03,57 en 2003 y 4:03,37 en 2006, año en que volvió a ser campeona de España. Como Rodríguez, se perdió la temporada de 2007 por embarazo. La ausencia de ambas atletas resultó bien cubierta por la cántabra Iris Fuentes-Pila (1980), acreditada en 4:04,25 (2002), que se impuso en el campeonato de España al aire libre en 2007 y 2008. La murciana Adoración García (1976), 4:04,64 (2002), y la obstaculista cántabra Zulema Fuentes Pila (1977), hermana de Iris, 4:04,72 (2004), también contribuyeron notablemente a mejorar la lista española de siempre de la prueba.

En el año olímpico de 2008, Natalia Rodríguez volvía a la alta competición. También lo hizo, con más dudas, Nuria Fernández, que finalmente no pudo acudir a los Juegos de Pekín por no acreditar la mínima de 4:07,00. A finales de agosto, no obstante, llegó a su pico de forma al correr en 4:03,63 en la reunión de Rieti. Pese al fallo de Fernández, por primera vez en la historia 3 atletas conseguían la mínima olímpica en la prueba de 1500 m: Natalia Rodríguez, 4:03,68, Iris Fuentes-Pila, 4:04,44, y la valenciana Dolores Checa (1982), 4:02,77, tiempo con el que encabezaría la lista española del año. Las dos primeras tomaron parte en el 1500 olímpico mientras Checa eligió el 5000.

En Pekín tuvieron lugar 3 series semifinales en el kilómetro y medio. Solamente las tres primeras pasaban directamente a la final. Las 12 plazas se completaban con los tres mejores tiempos. Rodríguez se clasificó directamente para la final al ser 2ª en la primera serie con 4:05,30. Fuentes-Pila, en una segunda serie lentísima, ocupó también la 2ª posición, con 4:14,10. Por primera vez en la historia 2 españolas entraban en una final olímpica de 1500 m. La final resultó una carrera extraña ritmo irregular. Los pases fueron 1:05,90, 2:13,70 y 3:16,41. El oro fue para la keniana Nancy Langat (1981) con 4:00,03, mientras que las españolas entraban en puestos de finalistas, Natalia 6ª , 4:03,19, mejor marca de la temporada, e Iris 8ª, con 4:04,86.

 

La presencia de una masa crítica de atletas por debajo de 4:05,00 y la constante presencia de españolas en las grandes finales hacían presagiar que las medallas estaban al caer. No hubo que esperar demasiado.

El 1500 femenino en España (II). Maite Zúñiga

La plusmarca española de 1500 m de Carmen Valero (1955) de 4:08,34 se mantuvo durante 12 años, hasta el 2 de julio de 1988, cuando la vasca Maite Zúñiga (1964) registró 4:06,44. Durante esos 12 años, ninguna atleta española, aparte de la propia Valero y de Zúñiga, consiguió correr en menos de 4:14,00. Fueron años complicados para el kilómetro y medio femenino, con la excepción del 5º puesto de la catalana Gloria Pallé (1961) en el Europeo en sala de 1984  Aunque a Zúñiga se la recuerda más por su 7º puesto en la final de 800 m de los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, consiguió sus mayores logros en 1500 m.

María Teresa Zúñiga Domínguez nació en Éibar el 28 de diciembre de 1964. Comenzó a destacar muy joven. Ganó su primer campeonato de España, en la distancia de 800 m, en 1982, a los 17 años. Repitió un año después. Su prometedora carrera pareció, no obstante, estancarse en los años siguientes. No pudo mejorar hasta 1987, año en que acreditó 2:02,61 en 800 m y 4:12,99 en 1500 m. Su buen hacer ese año, sin embargo, no hacía presagiar lo que sucedería en el año olímpico de 1988. Comenzó la temporada en la pista cubierta, superando la plusmarca española de 1500 m. En el Europeo, celebrado en Budapest, igualaba el 5º puesto de Pallé 4 años antes en el kilómetro y medio, con 4:11,34. Este tiempo mejoraba el nuevo tope nacional que ella misma, con 4:11,92, había establecido en día anterior en la semifinal.

Al aire libre realizó una temporada que le permitió codearse con las mejores del mundo. El 1 de junio en Sevilla superaba en casi tres segundos la plusmarca española de 800 de la versátil salmantina Rosa Colorado (1954), con 1:57,45. Este sorprendente registro le permitía aspirar a la final olímpica que tendría lugar en septiembre. Unos días después, en Madrid, corría los 400 m en 52,71, su mejor marca de siempre. A principios de julio realizaba en los 1500 m  los 4:06,44 ya reseñados. En agosto se proclamaba campeona de España de 400 m. La cita olímpica sería al mes siguiente. La competición tendría tres rondas en tres días. En la primera ronda, Zúñiga fue 4ª en la segunda serie, con 2:00,98. Había 4 series y entraban las 3 primeras y 4 tiempos. La vasca obtuvo el mejor tiempo de la respesca. Al día siguiente corrió la primera semifinal. Las 4 primeras estarían en la final. Zúñiga fue otra vez 4ª con unos excelentes 1:58,85, en una serie rapidísima ganada por la alemana campeona del mundo Sigrun Wodars (1965) en 1:57,21. La gran rival de esta, su compatriota  Christine Wachtel (1965) se impuso en la segunda semifinal con 1:58,44. carrera en la que 6 mujeres corrieron por debajo de 2 minutos. Se preveía una final rápida y así sucedió, con las dos alemanas en cabeza pasando el primer 400 en 56,43. Zúñiga mantenía el contacto en posiciones sencundarias. Wodars continuó con el exigente ritmo, que la española ya no pudo seguir. Wachtel superó a su compatriota a falta de 200 m, pero Wodars recuperó la cabeza a falta de 50 m y se hizo con el oro en 1:56,10. Zúñiga fue 7ª con su tercer mejor tiempo de siempre, 1:59,82, todo un éxito para el atletismo español.

Las dos semifinales y la final del 800 femenino de Seúl

Zúñiga mantuvo su buena forma al año siguiente. En pista cubierta fue 4ª en los 800 m del Europeo. Al aire libre se proclamó campeona de España de 1500 m por primera vez. Lo sería también de forma consecutiva de 1993 a 1998. De 1990 a 1992 se colgó el oro nacional de 800 m. En total se hizo con 12 campeonatos de España absolutos al aire libre. En 1989, sin embargo, aún era una corredora de 800 m. No se pasaría definitivamente al 1500 hasta 1992. En la Copa del Mundo, que ese año tuvo lugar en Barcelona, Zúñiga ocupó un excelente 5º puesto en la prueba de 800 con 1:58,49, su segundo mejor tiempo de siempre. La prueba tuvo un altísimo nivel. La campeona olímpica Sigrun Wodars no pudo con la cubana Ana Fidelia Quirot (1963), que se impuso con 1:54,44, su mejor marca de siempre y aún 4ª mejor marca de todos los tiempos.

Los años de 1990 y 1991 no fueron buenos para Zúñiga, pues no logró entrar en las finales del Europeo de 1990 ni del Mundial de 1991 al aire libre. Sin embargo, volvió a lo más alto, ya como corredora de 1500 m en 1992, en los Juegos Olímpicos de Barcelona. acudió a la competición con 4:08,78, algo alejados de los 4:06,44 que poseía como plusmarca mundial desde hacía 4 años. Ya en los Juegos, se impuso en la segunda serie de la primera ronda con 4:07,93. Fue 5ª en la segunda semifinal, con una nueva plusmarca española de 4:04,00. La final fue rapidísima. Zúñiga se mantuvo prudentemente en puestos secundarios y fue de menos a más en la última vuelta adelantando rivales hasta alcanzar en 6º puesto con 4:00,59, nueva plusmarca española. Como Mariano Haro (1940) 20 años antes, la española conseguía ser finalista tras mejorar en dos ocasiones su propia plusmarca nacional. El oro fue para la valiente argelina Hassiba Boulmerka (1968), amenazada de muerte por los islamistas de su país, a los que no gustaba su atuendo deportivo. Su tiempo, excelente, 3:55,30.

El año de 1992 fue probablemente el mejor en la carrera deportiva de la eibarresa. Aunque no logró mejorar los tiempos del año olímpico, Zúñiga siguió compitiendo a un nivel muy alto hasta finales de los 90. En 1993 fue 5ª en la final del Mundial en sala y 12ª en el Mundial al aire libre. En 1994 fue 6ª en el Europeo en sala y 8ª al aire libre. En 1995 consiguió finalmente entrar en un podio de un gran campeonato. Sucedió en el Mundial en sala de Barcelona. Inicialmente fue 5ª, pero, de forma retrospectiva, las descalificaciones por consumo de drogas de la rusa Lyubov Kremlyova (1961) y de la rumana Violeta Szekely (1965), inicialmente 3ª y 4ª, otorgaron el bronce a la española. Ese año en el Mundial al aire libre fue 8ª. En los Juegos de Atlanta 1996 no pasó a la final, sin embargo, pudo recuperarse para una gran temporada al año siguiente. Tras ser 11ª en el Mundial en sala, tuvo la mejor actuación de su carrera en un Mundial al aire libre, donde volvió a demostrar una gran capacidad competitiva. Llegó con una mejor marca de 4:11,03. En las series fue 3ª con 4:08,09. Se clasificó por tiempos para la final con 4:06,66, el mejor registro de la repesca. En una final muy táctica se vio algo encerrada en la última vuelta y le faltaron metros para alcanzar el podio. Finalmente fue 4ª, con 4:04,80, a 0,1 del bronce, y a 0,56 de la ganadora, la portuguesa Carla Sacramento (1971).

En 1998 corrió el 2º 1500 más rápido de su vida al aire libre, 4:03,74. No obstante, en el Europeo solo fue 8ª. Había sido 6ª en sala ese mismo año. Aún compitió en el Mundial al aire libre de Sevilla en 1999. Se retiró al año siguiente.

Zúñiga es una de las mejores mediofondistas españolas de siempre. Se mantuvo más de 10 temporadas a un nivel muy alto, con importantes logros en grandes campeonatos. Su 7º puesto en la final olímpica de 800 metros sigue siendo la mejor prestación en unos Juegos de un atleta (hombre o mujer) español. Su plusmarca española de 800 m, pese a los embates de la vallisoletana Mayte Martínez (1976) acaba de cumplir 29 años.

 

9 años, 9 meses y 9 días, la historia de Edwin Moses (y IV)

Pese a la derrota en Madrid, Edwin Moses (1955) acabó por imponer su ley en la temporada de 1987, con el oro en el Mundial de Roma, donde hizo la mejor marca mundial del año, 47,46. Sin embargo, nunca había sentido tan cerca a sus rivales. Apenas 0,02 separaron a Danny Harris (1965) y Harald Schmid (1957) de vencerlo. El objetivo de ser campeón olímpico por tercera vez no sería nada fácil. Durante algún momento a principios de los 80, Moses había anunciado su intención de cambiarse a la prueba de 800 m e intentar ser oro olímpico en 1988. Sin embargo, nunca lo llevó a cabo. El reto sería, una vez más, el 400 vallas, donde el tiempo jugaba en su contra, tanto por él mismo como por la aparición de nuevos rivales, cada vez más cualificados.

Los Juegos de Seúl tendrían lugar a finales de septiembre, concretamente la final de los 400 m vallas el día 25 de septiembre. Dos meses antes, el 17 de julio, tuvo lugar en Indianápolis la final de la prueba de selección olímpica estadounidense de 400 m vallas. Una vez más, Moses impuso su ley, con 47,37, su mejor marca desde 1984. La prueba tuvo un nivel altísimo, con 5 atletas por debajo de 48,00. En segundo lugar entró Andre Phillips (1959), 47,58, 3º fue Kevin Young (1966). Los puestos 4º y 5º, ya fuera de la selección olímpica, los ocuparon Dave Patrick (1960), 47,75, plusmarca personal, y Danny Harris (1966), 47,76. Pese a correr 0,35 más rápido que 4 años antes, Harris se quedó fuera de los que parecían sus Juegos. Siguió compitiendo hasta 1996 y, aunque en 1991 mejoró realizó su mejor marca de siempre, 47,38, su rendimiento en la gran competición se limitó a un 5º puesto en el Mundial de ese año.

Moses había salvado el primer escollo con nota. Pese a que el nivel de la prueba había mejorado de forma considerable, continuaba aparentemente un peldaño por encima de sus rivales. Tras su carrera de Indianápolis, Moses compitió poco, aunque realizó 47,89 en el mes de agosto. En Seúl volvía a ser el favorito, campeón del mundo, plusmarquista mundial, imbatido desde la carrera de Madrid y con la mejor marca del año. Las series transcurrieron sin incidentes, con Moses primero la suye, 49,38. En la semifinal fue el único en bajar de 48,00. Se impuso en la primera con 47,89. Phillips ganó la segunda con 48,19. No se esperaba ninguna sorpresa en al final, pero lo impensable sucedió. Andre Phillips que había perdido ante Moses 32 veces, decidió jugársela con una salida muy rápida. Lideró la prueba en las 3 primeras vallas. Moses lo igualó y lo superó, pero Phillips resurgió en la séptima valla y acabó haciéndose con el oro, 47,19, nueva plusmarca olímpica. Moses perdió la plata en los últimos metros a manos del senegalés Amadou Dia Ba (1958), que estuvo muy cerca del oro, 47,23. Phillips y Dia Ba realizaron la carrera de sus vidas, con mejoría en sus marcas personales de 0,32 y 0,80.

La marca de Moses de 47,56 fue más rápida que las que a él mismo le dieron el oro olímpico en 1976 y 1984. Le habría valido para ser campeón olímpico en 2016. En 4ª posición quedó el otro estadounidense, Kevin Young, con 47,94. El alemán Harald Schmid no pudo mantener la forma del año anterior y ocupó el 7º puesto, en un año en que su mejor marca fue 48,23. Competiría un año más antes de retirarse.

Andre Phillips (Milwaukee, Wisconsin, 5 de septiembre de 1959) llevaba varios años entre los mejores de su país, pero la presencia de Moses y el alto nivel de la prueba no le habían permitido brillar. Antes de Seúl su mejor resultado había sido un 5º puesto en el primer Mundial de Helsinki, en 1983. En 1985 había sido primero en la Copa del Mundo. Su mejor marca, la 4ª de siempre, era de 47,51 realizada en 1986. Buen corredor de 110 metros vallas, con 13,25 de marca personal, trató de clasificarse también en esta prueba para los Juegos. No lo consiguió por poco, ya que fue 4º en las pruebas de selección. Compitió una temporada más.

También compitió una temporada más antes de retirarse  Amadou Dia Ba, otro veterano, habitual de las grandes finales, 7º y 5º en los Mundiales de 1983 y 1987, y 5º en los Juegos de 1984.

Moses se retiró después de los Juegos de Seúl. A continuación practicó bosleigh, deporte en el que participó en la Copa del Mundo de 1990 y fue medalla de bronce en la modalidad de dos masculino. Su plusmarca mundial duró hasta los Juegos de Barcelona, cuando Kevin Young estableció el actual tope mundial de 46,78. Los 47,02 de Moses continúan siendo la segunda mejor marca de la historia. En la actualidad sigue poseyendo 4 de las 10 mejores marcas de siempre y 8 de las 20 mejores. Con 45 veces es al atleta que más veces ha corrido la distancia en menos de 48,00. Pocos atletas han dominado una prueba como lo hizo Moses durante más de 10 años. Fuera del atletismo Moses obtuvo un Bachelor of Science, equivalente al grado en España, en 1978, y un MBA en 1994. Como representante de los atletas negoció con el Comité Olímpico Internacional suavizar las condiciones del profesionalismo. También tuvo una posición muy dura contra las drogas en el deporte y defendió la instauración de los controles sorpresa.

Edwin Moses continúa siendo uno de las referencias del atletismo, en cualquiera de sus modalidades,  tanto por el apabullante dominio dentro de la pista como por su carisma fuera de ella.

 

 

El 6 de mayo, las barreras imposibles de 4 minutos y de 2 horas

Monza es una ciudad de 120 000 habitantes situada a 15 km de Milán y mundialmente famosa por su Gran Premio de Fórmula I. Desde el 6 de mayo de este año, también se conocerá por haberse llevado a cabo, en el propio circuito automovilístico, el primer intento por correr en menos de 2 horas 42 km y 195 m. Otro 6 de mayo, de hace 63 años, en la pista de Iffley Road, Oxford, el futuro (y brillante) neurólogo Roger Gilbert Bannister (1929) derribaba otra barrera atlética considerada imposible durante mucho tiempo, los 4:00,0 en la milla, hazaña que entonces se comparó con la coronación de Everest, acaecida el año anterior.

En Monza se preparó una carrera con tan solo tres atletas, cuyo resultado no se podría homologar, pues se utilizarían liebres parciales y avituallamiento móvil, pero la firma Nike, tras una impactante campaña publicitaria, trataría de demostrar que superar la barrera de las 2 horas era posible. La prueba consistía en 17,4 vueltas a un circuito de 2,4 km y comenzaría a las 5:45.

Pese a un escepticismo generalizado, el resultado demostró que Nike no andaba tan descaminada. El keniano campeón olímpico Eliud Kipchoge (1984), tras ir durante la mayor parte de la carrera en parciales por debajo de 2 horas, ralentizó ligeramente el ritmo en los kilómetros finales y paró el crono en 2h00:25, un tiempo asombroso. Los otros dos atletas, el eritreo Zersenay Tadese (1982) y el etíope Lelisa Desisa (1990), acababan en 2h06:48 y 2h14:10. El registro de Kipchoge supone un ritmo medio de 2:51,23 cada Km, es decir 14:16,14 cada 5 Km. En la carrera pasó el Km 10 en 28:31 y el 20 en 56:49. Hizo la primera mitad de la prueba en 59:57 y la segunda en 1h00:28. La ayuda del circuito, las liebres, el coche, el tipo de avituallamiento o las zapatillas no serían suficientes si el autor de la hazaña no fuese un atleta excepcional, con una trayectoria en la élite mundial que comenzó en 2003.

Eliud Kipchoge nació el 5 de noviembre de 1984 en Kapsisiywa, distrito Nandi, al Oeste de Kenia. Comenzó a destacar de junior en el campo a través. Fue 5º en el Mundial de la categoría en 2002 y campeón en 2003. En 2002 se había clasificado para el Mundial junior de 5000 m, pero no pudo participar por problemas físicos. En junio de 2003 se hizo con la plusmarca mundial junior de 5000 m con 12:52,61 y acudió al Mundial de París en esta prueba de 5 Km. En la final, el keniano se encontró con dos colosos, el marroquí Hicham El Guerrouj (1973) y el etíope Kenenisa Bekele (1982), que venían de ganar respectivamente el 1500 y el 10000 en el mismo campeonato. Se contaba con ellos para el oro y la plata. Nadie parecía prestar atención al joven keniano. Bekele se colocó en cabeza con un ritmo muy rápido y dio paso al primero, segundo y tercer km en 2:31,94, 5:07,27, y 7:45,44. El paso por el 4º Km lo encabezó Kipchoge en 10:28,46. El Guerrouj tomó la cabeza a falta de 2 vueltas, acelerando progresivamente con Bekele muy cerca. Al paso por el último 400 Kipchoge pasó a la segunda posición. En la contrarrecta parecía que el marroquí conseguía despegarse, pero el keniano lo igualó en la última recta y tras una cerradísima lucha consiguió superarlo haciéndose con el oro en 12:52,79, 0,04 por delante de El Guerrouj. Bekele fue 3º con 12:53,12. Los 6 primeros bajaron de 13 minutos en la final más rápida de un mundial.

La sorprendente victoria de Kipchoge en un tiempo tan rápido lo convertía en uno de los favoritos para el oro olímpico. En 2004 mostró su buena forma mejorando su marca de 5000 m a 12:46,53 el 2 de julio en Roma, que sería la 2ª mejor marca ese año y su mejor tiempo de siempre. La final de los Juegos de Atenas volvía a contar con Bekele, oro en 10 000 y plusmarquista mundial ese año con 12:37,35, y El Guerrouj, extático tras su agónico oro en 1500 m en su última oportunidad. Esta vez Kipchoge ya no era el convidado de piedra. La carrera no fue, sin embargo, como en París el año anterior. Los pases fueron de 2:58,46, 5:35,99 (2:37,45), 8:10,89 (2:33,44) y 10:48,62 (2:37,83). Kipchoge, en cabeza desde que faltaban 1400 m, tiró con fuerza en la última vuelta, pero se vio superado en la última curva primero por Bekele y después por El Guerrouj. Los tres entraron bastante igualados en la recta final, pero esta vez el marroquí no dio opción, consiguiendo su segundo oro en los Juegos (13:14,39) por delante de Bekele (13:14,59) y Kipchoge (13:15,10).

Con 20 años, Kipchoge se había hecho con el bronce olímpico tras su oro mundial en 2003. Parecía llamado a disputar a Bekele el dominio de las distancias largas en los años siguientes. Pero su rendimiento no fue el que se esperaba. Pese a que seguía aproximándose a 12:50 con facilidad, en el Mundial de 2005, en una carrera lenta ganada por su compatriota Benjamin Limo (1974) 13:32,35, solo fue 4º, 13:33,04. En el Mundial de 2007, en una final aun más lenta, no pudo con Bernard Lagat (1974), 13:45,87, aunque consiguió hacerse con la plata, 13:46,00. Los Juegos de Pekín 2008 significaban para Kipchoge una nueva oportunidad para alcanzar el oro olímpico. En la final, sin embargo, Bekele, que en los Mundiales solo había corrido los 10 km, no dio opción. El equipo etíope, que corría para Bekele, manejó los primeros tres kilómetros en 2:45,49, 5:22,29 (2:36,80) y 8:00,35 (2:38,06). A partir de ahí, Bekele tomó la cabeza, posición que ya no abandonó. Corrió los últimos 2 km en 4:56,97 (7:35,53 el último 3000), 3:58,4 la última milla, 2:27,30 los últimos 1000 m y 53,87 la última vuelta. A falta de 400 m parecía que Kipchoge podría igualar al etíope pero este volvió a cambiar en la contrarrecta y se impuso con plusmarca olímpica 12:57,82. El keniano fue plata, algo alejado, 13:02,80.

Aunque Kipchoge se había hecho con la plata en una gran carrera, Bekele se había mostrado muy superior. Esta fue la última medalla del keniano en pista en competiciones de ámbito mundial. Siguió tomando parte en los Mundiales al aire libre. Fue 5º en 2009 y 7º en 2011. En los Juegos de la Commonwealth de 2010 fue 2º en 5000 m. En 2012 no pudo clasificarse para los Juegos de Londres ni en 5000 ni en 10 000 m, distancia en la que acreditaba 26:49,02 (Hengelo, 26 de mayo de 2007). Su rendimiento menguante en la pista le hizo plantearse el salto a la carretera. Kipchoge ya había ganado la San Silvestre Vallecana en 2006 con 26:54, tiempo superior a la mejor marca mundial, pero no homologable por desnivel excesivo. Ese mismo 2012 a principios de septiembre realizó 59:25 en el medio maratón de Lille. A principios de 2013 registró 1h00:04 en el medio maratón de Barcelona. En abril corrió su primer maratón, en Hamburgo, que ganó con 2h05:30, plusmarca de la carrera. Mejoró a 2h04:05 en Berlín, en septiembre de ese mismo año. Este es el único maratón de su carrera que no ganó, pues fue 2º por detrás de su compatriota Wilson Kipsang Kiprotich (1982) quien con 2h03:23 superaba la plusmarca mundial.

A partir de Berlín, todo fueron victorias para Kipchoge, quien consiguió mostrar en el maratón la superioridad que le había negado la prueba de 5 km en pista. Las victorias se han acompañado, además, de un excelente promedio: Rotterdam 2014 2h05:00, Chicago 2014 2h04:11, Londres 2015 2h04:42, Berlín 2015 2h04:00 y Londres 2016 2h03:05, a 8 segundos de la plusmarca mundial de Dennis Kimetto (1984). Aunque no tomó parte en ninguna edición del Mundial de maratón, Kipchoge no perdió la ocasión de ganar el oro olímpico que no pudo conseguir en pista. En los Juegos de Río 2016 se pasó la mitad de la prueba en unos cómodos 1h05.55. Kipchoge se colocó en cabeza en el km 30 y se quedó solo a partir del km 35. Cruzó la meta en 2h08:44, más de un minuto por delante del etíope Feyisa Lilesa (1990), plata con 2h09:54.

Convertido en uno de los mejores maratonianos de la historia, en la prueba de exhibición de Monza, Eliud Kipchoge ha mostrado el camino para bajar de 2 horas en maratón en un futuro tal vez no muy lejano. Probablemente el siguiente objetivo del keniano será superar la plusmarca oficial de maratón de 2h02:57, que parece a su alcance. A partir de ahora, el 6 de mayo se recordará no solo por el aniversario de la superación de la barrera de los 4 minutos en la milla sino también por el aniversario de la apertura del camino para romper la barrera de las 2 horas en maratón.

El primer maratón olímpico femenino

La reciente mejor marca mundial de maratón en una carrera exclusivamente femenina de la keniana Mary Keitany (1982), 2h17:01 en Londres, es superior a la mejor marca del plusmarquista mundial en los años 50, el británico Jim Peters (1918-1999), cuyo colapso en los Juegos de la Commonwealth de 1954 precipitó su retirada. En aquellos años, era absolutamente impensable que una mujer pudiese correr maratón. Se consideraba que el cuerpo femenino no podría soportar un esfuerzo tan duro. Hoy el programa olímpico femenino es muy similar al masculino, con la excepción de los 50 Km marcha, pero cuando comenzó el atletismo olímpico femenino, en 1928, las únicas carreras programadas fueron los 100, los 800 m y los relevos 4 x 100 m. Tras la disputa de la final de 800 m, el esfuerzo láctico pasó factura a algunas de las finalistas, lo que aprovecharon algunos para reafirmarse en que las mujeres no deberían correr pruebas más largas de 200 m. La IAAF tomó nota y eliminó cualquier carrera mayor de 200 m en categoría femenina. De este modo los 800 m no se volvieron a disputar en unos Juegos hasta 1960, los 400 m se introdujeron en 1964 y los 1500 m en 1972. Para 1984 estaba prevista la disputa del primer maratón olímpico femenino. Curiosamente coincidiría con el primer 3000 olímpico femenino. Los 3 Km ya se habían corrido en el Europeo de 1978, pero el COI fue remiso a introducirlos en 1980.

La participación femenina en el maratón estuvo rodeada de polémica, como no podía ser de otra manera dada la mentalidad de la época. La estadounidense Kathrine Switzer (1947), inscrita como KV Switzer, fue la primera mujer en terminar con dorsal el maratón de Boston, en 1967. Clásica es la fotografía en que los oficiales de la carrera, al comprobar su condición de mujer, tratan de arrancarle el dorsal. Su tiempo fue aproximadamente 4h20. Una hora antes había llegado otra mujer, Bobbi Gibb (1942), que había corrido sin dorsal. En los años 70, los grandes maratones comenzaron a hacer oficial la participación de mujeres. La primera mujer en correr en menos de 3 horas fue la estadounidense Elizabeth Bonner (1952-1998), que realizó 2h55:22 el 19 de septiembre de 1971, en Nueva York. Siete años más tarde, en el mismo maratón, inscribía su nombre por primera vez una de las mejores fondistas de la historia, la noruega Grete Waitz (1953-2011).

Grete Waitz (nacida Andersen, el 1 de octubre de 1953 en Oslo) comenzó practicando 400 y 800 m, las distancias más largas oficiales entonces, en su época junior. Fue olímpica en 1500 m en 1972 y 1976. En 1974 había sido bronce en esta distancia en el campeonato de Europa. En 1975 estableció la plusmarca mundial de 3000 m con 8:46,6, que mejoró al año siguiente con 8:45,4. En esta distancia logró su mejor tiempo en 1979, con 8:31,75. 1978 fue el año en que pasó de ser una buena fondista a una fondista excepcional. En la temporada invernal se proclamó campeona mundial de campo a través, título que repetiría en 4 ocasiones (1979, 1980, 1981, 1983), con 2 bronces en 1982 y 1984. En el Europeo al aire libre de Praga fue 5ª en 1500 m, con 4:00,55, su mejor marca, y bronce en 3000 m. El 22 de octubre, en Nueva York, corría su primer maratón. La experiencia no pudo ser más positiva, pues ganó con 2h32:29, más de 2 minutos menos que la anterior plusmarca mundial. Esta fue la primera de sus plusmarcas. Superaría otras tres más, la última 2h25:28, en Londres el 17 de abril de 1983. Nueva York pudo ver su victoria en nueve ocasiones, la última en 1988. No participó en los Juegos de Moscú 1980, pues Noruega se había unido al boicot de Estados Unidos, ni en el primer maratón del Campeonato de Europa de 1982. Fue la primera campeona del mundo en Helsinki 1983. Con este historial era una de las dos grandes favoritas para el oro olímpico.

La otra gran favorita era la estadounidense Joan Benoit Samuelson (Cambridge, Maine, 16 de mayo de 1957). Benoit había superado la última plusmarca de Waitz, 2h25:28 (Londres, 17 de abril de 1983), al día siguiente. La estadounidense realizó en Boston 2h22:43, más de 2 minutos de diferencia.  Benoit había empezado con la carrera como recuperación de una fractura haciendo slalom. Corrió su primer maratón en 1978, en Bermuda, con un tiempo de 2h50:54. En 1979 ganó el maratón de Boston con 2h35:15, plusmarca de la competición. Muy propensa a las lesiones, en 1981 se sometió a cirugía del tendón de Aquiles. Al año siguiente, en Eugene, bajaba por primera vez de 2h30, con unos excelentes 2h26:12, mejor marca mundial de ese año. Tras su plusmarca mundial no compitió en el Mundial de Helsinki para preparar el maratón olímpico. El inapelable maratón de selección olímpica se celebraba en Olympia, la pequeña capital del estado de Washington el 12 de mayo. Tan solo 17 días antes Benoit hubo de someterse a una artroscopia de rodilla. Tras una rapidísima recuperación se impuso con 2h31:04. Ahora tenía casi 3 meses para seguir preparando los Juegos.

Aunque Waitz y Benoit eran las dos grandes favoritas, otras dos atletas también contaban para los pronósticos, la noruega Ingrid Kristiansen (1956) y la portuguesa Rosa Mota (1958). Ingrid Kristiansen (nacida Christensen el 21 de marzo de 1956 en Trondheim), una antigua esquiadora olímpica en 1976,  había sido medalla de bronce en el Europeo de 1982. Bajó por primera vez de 2h30 en el año olímpico de 1984, 2h27:51 (Houston, 15 de enero). El 13 de mayo ganó el maratón de Londres con unos sorprendentes 2h24:26, lo que la convertía en candidata al podio olímpico. El 28 de junio se había hecho con la plusmarca mundial de 5000 m, entonces no olímpica, 14:58,89, primer sub15 de la historia. Por su parte, Rosa Maria Correia dos Santos Mota (Oporto, 29 de junio de 1958) nunca había bajado de 2h30, pero era la campeona de Europa y había sido 4ª en el Mundial de Helsinki. Su mejor marca era 2h31:12, que le había servido para ganar en Chicago en 1983.

El primer maratón olímpico femenino de la historia tuvo lugar en Los Ángeles el 5 de agosto de 1984 a las 8 de la mañana. La temperatura a esa temprana hora era de 25º, lo que apuntaba un día muy caluroso. Esto hacía esperar una táctica conservadora, pronóstico que saltó por los aires en el Km 4, cuando Joan Benoit decidió marcharse en solitario con 38 Km por delante. Progresivamente fue dejando a sus perseguidoras cada vez más atrás. Su ventaja era de 51 segundos en el Km 15 y de 1:51 en el 25. Su paso por el medio maratón fue de 1h11:54, un tiempo rapidísimo. En el Km 32, Grete Waitz decidió intentar alcanzar a la estadounidense, pero 3 Km más tarde, la ventaja solo se había reducido a 1:31, 3º era Ingrid Kristiansen a 1:51 y 4ª Rosa Mota a 2:00. Waitz solo pudo reducir la diferencia otros 5 segundos. Benoit se presentó en solitario en el Coliseum de Los Ángeles y se proclamó campeona olímpica con unos excelentes 2h24:52, mejor marca entonces en una carrera femenina. Waitz fue plata con 2h26:28 y Mota, que acabó muy fuerte los últimos 5 Km, se colgó el bronce con 2h26:57, marca personal por más de 4 minutos. Kristensen acabó perdiendo el bronce y fue 4ª con 2h27:34.

Por si la disputa del primer maratón olímpico femenino no fuese suficiente, hubo otro acontecimiento, dramático, por el que también se recuerda esta prueba. Mientras la ganadora celebraba su victoria, hizo su entrada en el estadio la corredora suiza Gaby Andersen (1945), una instructora de esquí residente en Idaho, acreditada en 2h33:25. La suiza entró en el estadio completamente deshidratada tambaleándose. Tardó 5:44 en recorrer el estadio hasta la meta, a la que llegó en el puesto 37 con 2h48:42. Trasladada a un centro sanitario, se recuperó en 2 horas. Su situación recordó a la del italiano Dorando Pietri (1885-1942) en los Juegos de Londres 1908, que había llegado el primero al estadio pero no pudo alcanzar la meta.

Al año siguiente de su victoria en LA, Benoit realizó su mejor marca de siempre, 2h21:21 el 20 de octubre en Chicago. No fue plusmarca mundial porque Kristensen había realizado ese mismo año 2h21:06, en Londres el 21 de abril. La plusmarca de la noruega tardó 13 años en superarse. Las lesiones no permitieron a Benoit más éxitos en grandes campeonatos, aunque en 1991 aún fue capaz de correr en 2h26:54. Kristensen acompañó su plusmarca de maratón con el tope universal de 10 000 m, 30:59,42 (Oslo, 27 de julio). No volvió, sin embargo, a participar ningún maratón de grandes campeonatos. Fue campeona de Europa (1986) y mundial (1987) de 10 000 m y mejoró sus plusmarcas mundiales en pista a 14:37,33 y 30:13,74, ambas en 1986. En 1988 fue campeona mundial de campo a través.

Grete Waitz trató de ganar el título olímpico en Seúl, 1988, pero tuvo que abandonar por problemas físicos. Aún siguió compitiendo hasta principios de los 90. Falleció el 19 de abril de 2011, aquejada por cáncer. Aunque el Gobierno de Noruega había ofrecido a la familia un funeral de estado, estos prefirieron una ceremonia privada.

En cuanto a Rosa Mota, en los años siguientes demostró una enorme capacidad competitiva. Repitió título europeo en Stuttgart en 1986, ganó el Mundial en 1987 y el maratón olímpico de 1988. En Split, en 1990, consiguió ganar el maratón del campeonato de Europa por tercera vez. Su mejor marca fue 2h23:29 (Chicago, 20 octubre 1985). Se retiró en 1992. Fue una habitual de la Carrera Pedestre de Santiago de Compostela, prueba que ganó 3 veces (1981, 1982 y 1987).

Con las marcas que realizan hoy día las mejores corredoras de maratón, resultan ridículos los prejuicios, basados en el pensamiento mágico, de hace más de 50 años acerca de la capacidad para correr maratón de una mujer. Hay que recordar que la plusmarca absoluta de maratón no son las 2h17:01 de Keitany, sino que pertenece a la británica Paula Radcliffe (1973), en una carrera mixta, con 2h15:25 (Londres, 13 de abril de 2003), tiempo que no está al alcance de cualquier hombre.

El poder de la velocidad negra en los Juegos de México

En 1863, durante de Guerra de Secesión Estadounidense, el presidente Abraham Lincoln (1809-1865) decretó la libertad de todos los esclavos de los territorios rebeldes. Conforme las tropas de la Unión fueron ocupando estos territorios, los esclavos se fueron convirtiendo en hombres libres. Al finalizar la guerra, de forma progresiva se abolió la esclavitud como institución y se concedió a los antiguos esclavos la ciudadanía estadounidense y, a los varones, el derecho al voto. La situación legal de los nuevos ciudadanos fue correcta hasta que en 1877,  el ejército abandonó los territorios del Sur. A partir de entonces se produjo un progresivo cambio legal que, acompañado de una enorme presión social, acabó convirtiendo, de hecho, a los estadounidenses de raza negra en ciudadanos de segunda. Como la nueva situación apenas les permitía prosperar, la mayoría continuaron trabajando en las plantaciones, en condiciones no muy diferentes a las de antes de la guerra. Muchos de ellos, hasta 6 millones,  acabaron formando parte de la Gran Migración, que desde principios del siglo XX los llevó a diversos estados del Norte para trabajar en la industria y en servicios. Pese a que su calidad de vida era menos mala que en el Sur, seguían sufriendo una dura discriminación que se reflejaba legalmente en establecimientos o transportes públicos, donde ocupaban lugares destinados específicamente para ellos. Jesse Owens (1913-1980), cuyos padres habían emigrado a Ohio, se sorprendió de que no hubiese habitaciones para negros en Berlín. En alguna ocasión tuvo que entrar por la puerta de servicio para acudir a su propio homenaje.

Las cosas no cambiaron demasiado durante varias décadas, pero a partir de los años 50 algo comenzó a moverse. Rosa Parks (1913-2005) llevó la cuestión de la discriminación al primer plano mediático cuando se negó a ceder su asiento en un autobús y acabó detenida. Aunque para John Kennedy (1917-1963) el asunto de los derechos civiles no era prioritario cuando resultó elegido presidente de Estados Unidos, cambió pronto de opinión, principalmente por influencia de su hermano, el Fiscal General Robert Kennedy (1923-1968). En 1962, James Meredith (1933) había ganado en los tribunales el derecho a que no se le aplicasen las leyes de segregación de la Universidad de Mississippi y se le admitiese libremente. Ante la negativa del gobernador Ross Barnett (1898-1987), los Kennedy enviaron al ejército, para asegurar la entrada de Meredith en la universidad. Uno de los líderes de los derechos civiles,  Martin Luther King (1929-1968), abogaba por un movimiento pacífico, que culminó con la marcha sobre Washington y su famoso discurso Yo tengo un sueño. Otros movimientos fueron menos pacíficos, como el del Black Power, una asociación antisistema ambigua con la violencia. El asesinato de John Kennedy en 1963 no impidió que su sucesor, Lyndon B Johnson (1908-1973) declarase en 1964 ilegal la segregación. Los problemas, sin embargo, continuaron. En 1968 se produjeron los asesinatos de Robert Kennedy y de Martin Luther King. A principios de septiembre se celebraban las pruebas de selección para los Juegos de México.

La USTAF decidió celebrar las pruebas en un lugar que se pareciese a la Ciudad de México. Para ello se construyó una pista de tartán en Echo Summit (California), a 2250 m de altura. La combinación de altitud y material sintético junto con la irrupción de la mejor generación de velocistas, negros, desde los años 30 hizo que las marcas fuesen estratosféricas. Jim Hines (1945) ganó el 100 con 10,11 (10,0). John Carlos (1945) se impuso en el 200 a Tommie Smith (1944), que había preferido esta prueba al 400, con nueva plusmarca mundial de 19,92 (19,7). Y Lee Evans (1947) también se hizo con una nueva plusmarca mundial de 44,06 (44,0) en una carrera con 4 atletas por debajo de 45,00. Además de Evans, Larry James (1947-2008), 44,19 (44,1), Ron Freeman (1947), 44,62 (44,6) y Vince Matthews (1947), 44,86 (44,8). La IAAF finalmente no ratificó los tiempos de Carlos y de Evans como plusmarcas mundiales por haberlas hecho con zapatillas no reglamentarias.

La buena forma mostrada por los velocistas estadounidenses se confirmó en los Juegos. Así, el 14 de octubre, Jim Hines se convertía en el primer atleta en correr los 100 m por debajo de 10,00,con 9,95 en una final con 8 atletas negros por primera vez en la historia. En los 200 m, John Carlos era el favorito, pero finalmente solo pudo ser bronce, con 20,10. Tommie Smith hizo una fantástica carrera que lo catapultó a la primera posición con plusmarca mundial de 19,83 parándose en los metros finales. La plata fue para el australiano Peter Norman (1942-2006), con 20,06.

Lo sucedido en la ceremonia de entrega de medallas ya pertenece a la historia, no solo del deporte. Tanto Smith como Carlos formaban parte del Proyecto Olímpico pro Derechos Humanos (OHRP), una organización que denunciaba la segregación racial. Decidieron mostrar públicamente su protesta enfundándose guantes negros, símbolo del Black Power, durante la entrega de medallas. Como solo tenían un par, cada uno se puso un solo guante. Peter Norman mostró su solidaridad llevando una placa del OHRP. Al terminar la ceremonia Carlos dijo a la prensa: Cuando gano soy americano, cuando pierdo solo un negro. El COI, pese a la oposición del comité estadounidense, decidió expulsar a ambos de la Villa Olímpica. De vuelta a Estados Unidos, su vida no fue muy fácil. Tuvieron problemas económicos y recibieron amenazas de muerte. No le fue mucho mejor a Norman en su país, en el que hasta pocos años antes los aborígenes no tenían categoría de humanos. Se convirtió en un paria social. Falleció en 2006. Smith y Carlos se desplazaron a Melbourne, donde portaron su féretro y despidieron a su amigo con un emotivo discurso en el que ensalzaron su valentía al apoyar su causa. En 2012, el Parlamento Australiano aprobó una moción en la que reconocía los valores humanos de Norman y pedía disculpas por el trato dispensado al atleta a su vuelta a Australia de México.

La expulsión de sus amigos Smith y Carlos hizo a Lee Evans tomar la decisión de retirarse él mismo de los Juegos. Afortunadamente Carlos le convenció de que el mejor homenaje que podía hacerles era ganar el 400 y el 4 x 400. El 18 de octubre, México fue testigo de uno de los mejores 400 de la historia. Lee Evans ganaba con una nueva plusmarca mundial de 43,86 y Larry James era segundo con 43,97, dos tiempos impensables entonces y que siguen siendo de los más rápidos del la historia.

Dos días después, Evans junto con James, Freeman y Matthews conseguía para Estados Unidos el oro en 4 x 400 con plusmarca mundial de 2:56,16. Segundo fue el cuarteto keniano, con un primer relevista llamado Daniel Rudisha (1945). 44 años después, en los Juegos de Londres, su hijo, David, protagonizaría la mejor carrera de 800 m de la historia. Los 4 componentes del equipo estadounidense acudieron al podio ataviados con boinas negras, símbolo del Black Power.

Los Juegos de México resultaron inolvidables, no solo por el enorme nivel atlético, nunca superado, sino también porque un grupo de atletas supo reivindicar lo que consideraban justo a un coste personal enorme. Sin duda, Smith y Carlos merecían haber nacido 15 años más tarde porque en los 80 habrían podido desarrollar todo su talento en un contexto ya profesional. Habrían sido unos héroes de multitudes, aunque pensándolo bien, héroes ya lo son, y siempre lo serán.

Al Oerter, la excelencia competitiva cuatro veces olímpica

Una de las ventajas del atletismo es que juzga objetivamente la valía del atleta con el metro o el segundo. Para que un registro sea válido solo se necesita una instalación homologada y unos jueces que lo acrediten. No son necesarios ojeadores de ningún tipo. Otro tema es la gran competición, donde unos muestran su capacidad y otros rinden muy por debajo de sus posibilidades. Tal vez el paradigma del primer grupo sea el lanzador de disco estadounidense Al Oerter (1936-2007). La macrohistoria dice que Oerter fue el primer atleta en conseguir 4 oros en la misma prueba en 4 Juegos Olímpicos diferentes, pero la microhistoria nos cuenta que no era el favorito en ninguna de ellas. Sus victorias se debieron a una asombrosa capacidad para dar lo máximo de sí mismo en el momento más importante, sobreponiéndose, en alguno de los casos, a la adversidad.

Alfred Oerter nació el 19 de septiembre de 1936, en Queens, Nueva York. Comenzó a lanzar disco cuando con 15 años lo vieron devolver un artefacto que se había caído a sus pies. Dotado de un físico imponente, 1,92 m de altura y 115 Kg de peso, en 1956, con 19 años se clasificó segundo en las pruebas de selección de Estados Unidos para los Juegos de Melbourne, detrás del plusmarquista mundial, 59,28 m, Fortune Gordien (1922-1990). Gordien, junto con el italiano Adolfo Consolini (1917-1969), era el favorito para el oro olímpico. Nadie reparó en el joven Oerter para el que los Juegos, a los que acudía con una plusmarca personal de 55,90 m, eran su primera competición internacional. Pero un primer lanzamiento de 56,36 m, nueva plusmarca olímpica, lo colocó en primera posición, que ya no abandonaría en todo el concurso. La victoria de Oerter fue contundente, pues realizó los 3 mejores lanzamientos, y dejó a Gordien, 2º con 54,81 m, a más de metro y medio.

En los años siguientes, Oerter consolidó su posición en la élite mundial de los discóbolos. Entonces la única competición de ámbito mundial eran los Juegos, pero en aquel momento la mayoría de grandes lanzadores de disco estaban en los Estados Unidos. Oerter fue campeón nacional en 1957, 1959 y 1960, en esta última ocasión con 59,07 m, su mejor marca antes de los Juegos de Roma 1960. Fue, sin embargo segundo, por detrás de Rink Babka (1936) en las pruebas de selección. Poco antes de los Juegos, Babka había igualado con 59,91 m, la plusmarca mundial del polaco Edmund Piątkowski (1936-2016). Daba la sensación de que Babka era superior a Oerter y la final olímpica pareció confirmarlo, pues el primero lideró la competición con un lanzamiento inicial de 58,02 m hasta el 5º intento. Él mismo aconsejó a Oerter que elevase un poco más el ángulo de salida del disco, lo que permitió a este colocarse en cabeza en el quinto intento con 59,18 m, de nuevo plusmarca personal y plusmarca olímpica. Este lanzamiento acabó dándole su segundo oro.

Tras los Juegos de Roma, Oerter por fin unió a su superioridad competitiva superioridad métrica. En 1961, otro estadounidense, Jay Silvester (1937), había roto por primera vez la barrera de los 60 metros, con 60,56 y 60,72 unos días después. En 1962, Oerter superó otro límite solo considerado en los países anglosajones, el de los 200 pies (60,96 m), con 61,10. Hasta 1964, realizó otras tres plusmarcas mundiales, 62,5, 62,62 y 62,94. Poco antes de los Juegos de Tokio, el entonces checoslovaco Ludvik Danek (1937-1998) superaba con 64,55 m a Oerter. Este, entretanto, había sido campeón de Estados Unidos en 1962, con 62,62, una de sus plusmarcas mundiales, y en 1964. En las pruebas de selección, sin embargo, volvió a ser segundo, tras Jay Silvester.

Los Juegos de Tokio supusieron para Oerter el mayor reto de su carrera. Por si no fuese suficiente enfrentarse a Danek, plusmarquista mundial e imbatido en 45 competiciones, el estadounidense acudió a Japón con una lesión cervical, que lo obligó a competir con collarín, y una cartílago costal roto. Le aconsejaron no lanzar, pero evidentemente no hizo caso. No obstante, lideró la ronda de clasificación con 60,54 m a la primera. Pensaba que sus posibilidades de ganar se basaban en un primer lanzamiento largo, pues no creía estar en condiciones de mejorar según avanzase el concurso. La realidad fue mucho más complicada. Danek se colocó en cabeza con un primer lanzamiento de 59,73 m. Tras un cuarto intento de 60,52 m parecía que el concurso se había terminado, con Oerter en 3ª posición a casi 3 m. Pero el campeón olímpico sacó fuerzas de flaqueza con un 5º intento de 61,00 m, nueva plusmarca olímpica, que le sirvió para revalidar el oro.

En los años siguientes, pese a que mejoró su plusmarca personal a 63,22 en 1966, sus registros se alejaban de los mejores. Parecía que su mejor época había pasado. En 1968, Jay Silvester llevó la plusmarca mundial a 66,54 m, y, poco antes de los Juegos de México, a 68,40 m, que lo convertían en el gran favorito para el oro olímpico. Silvester también se había impuesto en las pruebas de selección, en las que Oerter fue 3º. Pero la excelencia competitiva de Oerter volvió a imponerse en los Juegos. Llegó a Ciudad de México con 62,74 m, la 5ª marca de ese año a más de 5 m de la plusmarca mundial de Silvester. En la fase de clasificación consiguió entrar en la final con un primer lanzamiento de 59,36 m, 6ª mejor marca de los participantes, a casi 4 m de Silvester. Pero la final fue otra historia. Una vez más Oerter mostró que era, con diferencia, el mejor competidor. Comenzó con 61,78 m, que lo situaron 3º. Perdió un puesto tras un nulo en el segundo intento, pero en el tercero se fue a 64,78 m, su mejor marca personal y nueva plusmarca olímpica. Nadie se le pudo acercar. El alemán Lothar Milde (1934), con 63,08 m en el segundo intento, fue plata. Oerter aún realizó otros dos lanzamientos que le habrían dado el oro, un quinto de 64,74 m y un sexto de 64,04 m. Danek fue bronce y un descentrado Silvester, al que pudo la competición y la leyenda de Oerter, solo pudo ser 5º.

Tras los Juegos de México, después de 4 oros en otras tantas competiciones, Oerter se retiró, pero solo temporalmente. Volvió a entrenarse a finales de los 70. En mayo de 1980 realizó la mejor marca de su vida, 69,46 m, no muy lejos de la plusmarca mundial, 71,16 m, del alemán Wolfgang Schmidt (1954). Con ese lanzamiento, Oerter habría liderado la lista mundial de 2016.  Intentó clasificarse para los Juegos de Moscú, pero fue 4º en las pruebas de selección, testimoniales, en cualquier caso, pues en aquel momento ya era oficial que los Estados Unidos no acudirían a Moscú. Quizá si su país hubiese ido a tomar parte en los Juegos, el resultado de Oerter habría sido otro. En 1984 aún fue 6º en los campeonatos de Estados Unidos con 62,89 m. Tenía intención de competir en las pruebas de selección olímpica pero se lesionó. Siguió lanzando hasta 1986.

Oerter se había licenciado en Administración de Empresas en 1958. Se dedicó a la gestión empresarial durante varios años. Tras su retirada definitiva comenzó a hacer pintura abstracta. En 2006 fundó The Art of Olympics, una organización para promocionar los valores olímpicos a través del arte. Oerter padeció hipertensión arterial desde joven, lo que acabó provocándole insuficiencia cardíaca. Se le propuso trasplante, pero lo rechazó. Falleció el 1 de octubre de 2007, a los 71 años de edad.

Al Oerter constituye el paradigma de la excelencia competitiva. No solo fue capaz de ganar 4 oros olímpicos en la misma prueba, una hazaña insólita, sino que lo hizo siempre en condiciones adversas y en presencia de rivales superiores desde el punto de vista métrico. Salvo en 1960, que estaba entre los favoritos, en ninguna de las otras tres ocasiones se contaba con él para el oro. En 1956 era aún muy joven, en 1964 estaba seriamente lesionado y en 1968 parecía claramente inferior a sus rivales. Pero Oerter supo dar lo mejor de sí en cada uno de los Juegos en que participó. En las 4 ocasiones superó la plusmarca olímpica, y en tres de ellas hizo su plusmarca personal. Hay un dato curioso, nunca fue capaz de ganar las pruebas de selección de su país Además, salvo en el corto período de 1962 a 1964, siempre hubo atletas que lanzaban más que él, pero ninguno de ellos fue capaz de acercársele cuando el mayor premio, el oro olímpico, estaba en juego.