Mariano Haro, uno de los más grandes, en su 80 cumpleaños

Mariano Haro Cisneros, nacido en Valladolid el 27 de mayo de 1940, cumple hoy 80 años. Su actuación en la final de los 10 000 m de Múnich, sus peleas por la victoria primero en el Cross de las Naciones y después en el Mundial de Campo a través y su forma de correr valiente, tratando de dejar atrás a sus rivales, permanecen en la retina de muchos aficionados, aunque hayan transcurrido más de 4 décadas. En España, Haro se convirtió en un icono que trascendió, con mucho, al atletismo y al deporte en general. Los niños querían ser como Mariano Haro y fue fuente de inspiración de generaciones de atletas.

Cuanto Mariano aún no había cumplido un año, su familia se trasladó a la localidad palentina, entonces de 2500 habitantes, de Becerril de Campos, donde su padre había encontrado trabajo en una fábrica de tinas de cemento para vino. Mariano se crio corriendo por los campos de su pueblo, tratando de emular a su padre, que había sido corredor de campo a través. Comenzó a trabajar como albañil a los 13 años, a 15 kilómetros de Becerril. Alternaba la carrera y la bicicleta como medios de transporte. En marzo de 1959, el delegado sindical (solamente existía entonces el Sindicato Vertical) invitó a los mozos del pueblo a participar en una carrera. Mariano, que no quería quedar mal con el delegado, accedió a participar con la idea de retirarse. Lo motivaba que pagaban la comida. Una vez en la carrera se vio delante, por lo que decidió seguir y acabó ganando.

Tras su inesperada victoria, a punto de cumplir los 19, Haro decidió probar en el atletismo y comenzó una fructífera relación con Gerardo Cisneros (1933), el entrenador palentino de fondistas. Los éxitos no se hicieron esperar, sobre todo en el campo a través. En 1960, con menos de un año entrenando, Haro se proclamaba subcampeón de España junior (entonces sub22). Al año siguiente consiguió subir un peldaño en el podio, haciéndose con el oro en la categoría. Ese año de 1961 se estrenaba la categoría junior en el Cross de las Naciones, un mundial oficioso organizado por la Unión Internacional de Campo a través de 1898 a 1972. (A partir de 1973, la IAAF, hoy World Athletics, heredó la competición y la transformó en campeonato mundial). Haro tuvo una excelente actuación al alcanzar el tercer peldaño del podio. Ese año, en pista, conseguía bajar de 15 minutos en los 5000 m, al correr en 14:50.8.

El paso a categoría absoluta en 1962 tuvo para Haro un sabor agridulce, pues se proclamó campeón de España de campo a través, pero abandonó por problemas físicos en el Cross de las Naciones. Su victoria en el Nacional fue la primera de las 11 ocasiones en que se hizo con la victoria en este campeonato. Las 10 siguientes fueron en 1963, 1968, 1969, 1971, 1972, 1973, 1974, 1975, 1976 y 1977. En el Cross de las Naciones pudo desquitarse del abandono el año anterior en 1963, cuando se hizo con la medalla de bronce. Era la mejor actuación española tras el segundo puesto del albaceteño Antonio Amorós (1927-2004), primer español finalista en un campeonato de Europa, 8º en 10 000 m en 1958 con 29:31.0, plusmarca nacional y primer sub30 de la historia.

Haro no conseguiría mejorar la actuación de 1963 en el Cross de las Naciones hasta 1972. En 1964, otro español, el alcarreño Francisco Aritmendi (1938-2020) se proclamaba vencedor de esta prueba, Sin embargo, Haro consiguió varias veces entrar entre los 15 primeros: 11 en 1964, 6º en 1968, 10º en 1969, 8º en 1971. En la pista, su progresión fue más lenta. En 1962, había resultado seleccionado para los 5000 m del campeonato de Europa de Belgrado. Sin embargo, estando en el servicio militar, no obtuvo a tiempo el correspondiente permiso y cuando llegó a Yugoslavia, ya se habían celebrado las semifinales de su prueba. El delegado, Pablo Hernández Coronado (1897-1997), que era directivo del Real Madrid, dijo que tenía mucha influencia y que conseguiría que Haro entrase directamente en la final. No fue posible, lógicamente. Lo único que le pudieron ofrecer fue participar en otra distancia que quedase por celebrar, pero solo quedaba el 4 x 400.

Dos años después, en el año olímpico de 1964, Haro aún estaba a cierta distancia de los dos plusmarquistas españoles de 5000 m, Aritmendi, 13:53.4, y de 10 000 m, el jienense, guipuzcoano de adopción, Fernando Aguilar (1938-2013), 28:59.0. Las mínimas olímpicas eran 14:02.0 y 29:25.0 y Haro acreditaba entonces 14:08.0 y 29:59.8. Aún se encontraba lejos de los registros de los mejores. Con 24 años su futuro en la pista era algo incierto.

En 1966 corría en 13:53.8 y 29:29.0. Acudió al campeonato de Europa, pero no pudo acceder a la final de los 5000 m. Para los Juegos de México, la Federación Española exigió unas mínimas bastante duras, de 13:40.0 y de 28:50.0. Viéndolo muy complicado, Haro siguió el consejo del plusmarquista español de los 5000 y los 3000 m obstáculos, el vigués Javier Álvarez Salgado (1943) de que intentase ser olímpico en obstáculos, distancia en la que se pedían 8:38.0 para ir a los Juegos. El 10 de agosto, en Riazor, en un control local, Salgado hacía 8:37.6, plusmarca española, y Haro 8:39.8. A la Federación también le valían dos tiempos por debajo de 8:42.0, así que el palentino tendría que repetir. Una semana después, en el mismo escenario, Salgado superaba su plusmarca española, 8:36.4, y Haro se iba a 8:37.2. Ambos serían olímpicos.

En los grandiosos Juegos de la Ciudad de México, las pruebas largas se vieron muy perjudicadas por la altitud de 2240 m. Salgado tuvo, no obstante, una buena actuación, al ocupar la 10ª posición en la final. Haro fue 5º en su semifinal, pero decidieron descalificarlo por apoyar la mano en el obstáculo (?). No habría pasado a la final, de todos modos. De este modo sus primeros Juegos resultaron decepcionantes, pero aún quedaba mucho bueno.

El salto de calidad de Haro en la pista comenzó en 1969. El 12 de agosto en La Coruña conseguía su primera plusmarca española, 28:58.8, superando nada menos que al campeón olímpico, el keniano Naftali Temu (1945-2003). En 1970 mejoró hasta 28:34.2, en el estadio Bislett, en un cerradísimo duelo con el estadounidense Frank Shorter (1947), que aguantó todos los tirones del español y lo acabó batiendo con 28:32.8. El público agradeció la entrega de Haro, coreando su nombre al terminar la carrera. Sexto fue el plusmarquista mundial, el australiano Ron Clarke (1937-2015), con 29:00.4, que ese día cerraba su brillante carrera deportiva. Unos días antes, Haro había obtenido una resonante victoria en el 10 000 de la semifinal de la Copa de Europa, en Zúrich, que también mereció que el público corease su nombre.

En 1971, por fin, Mariano Haro entraba en la élite mundial. La gran cita del año eran los 10 000 m del campeonato de Europa, una final directa con 35 atletas. El británico David Bedford (1949), plusmarquista europeo con 27:47.0, se encargó de imponer un ritmo durísimo, con un parcial de 13:54.4. Se mantuvo en cabeza hasta la última vuelta. A falta de 300 m, el finlandés Juha Väätäinen (1941) salió como un obús y se fue irresistible hacia la meta. Se colgó el oro con 27:52.78, tercera mejor marca de siempre, mientras Haro era 5º con unos excelentes 27:59.34.

La mejoría de Haro en dos años había sido de 1 minuto, lo que había permitido al español codearse con los mejores. La siguiente cita era la más importante, los Juegos Olímpicos de 1972. El año comenzó muy bien para el español. En la última edición del Cross de las Naciones, conseguía la medalla de plata, tras el belga Gaston Roelants (1937). Al aire libre, su primer éxito fue superar la plusmarca española de 5000 m, que tenía Salgado. Haro se había prestado poca atención a esta distancia. Su mejor marca hasta el año anterior era de 13:47.2. El 29 de junio en Helsinki, mejoraba hasta 13:38.8. El 14 de julio en Crystal Palace, en el campeonato de la AAA, estaba dispuesto a atacar los 13:28.4 de Salgado. En una carrera muy rápida, ganada por Bedford con 13:17.21, el palentino fue 4º con 13:26.03.

En el 10 000 de los Juegos de Múnich se celebraban por primera vez semifinales, que tuvieron lugar el 31 de agosto. Haro fue segundo en la segunda semifinal, con una nueva plusmarca española de 27:55.89, por detrás del veterano tunecino Mohamed Gammoudi (1938), 27:54.69, su mejor marca. La final, el 3 de septiembre, fue una carrera espectacular. Nuevamente Bedford salió como una bala Cuando iban 4500 metros el finlandés Lasse Viren (1949) tropezó y se fue al suelo, arrastrando en su caída a Gammoudi. El tunecino se quedó fuera de la carrera, pero Virén se recuperó y alcanzó el grupo, que seguía encabezado por Bedford, en menos de 200 metros. El británico seguía delante al pasar el 5º Km, 13:44,0 y continuó liderando la prueba hasta poco después de pasar el 6º Km. En ese momento en Viren se colocó en cabeza por primera vez. El ritmo se había ralentizado notablemente. A falta de 2 Km Viren seguía en primera posición de un grupo de 5 en el que además estaban Haro, el etíope Miruts Yifter (1944), el belga Emiel Puttemans (1947) y el estadounidense Frank Shorter (1947). A poco más de 2 vueltas del final, Haro, se colocó primero, pero aguantó poco más de 200 metros. A falta de 600 metros se vio sobrepasado por Viren, Puttemans y Yifter. El finlandés aceleró progresivamente y ya no se modificaron las posiciones. Entró vencedor, con una nueva plusmarca mundial de 27:38,35. Haro se quedó a un peldaño del podio. Fue 4º con 27:48.14, 6ª mejor marca mundial de siempre en ese momento.

Haro corrió también la 4ª serie semifinal de 5000 m. Fue 3º con 13:35.44, pero no corrió la final. Su actuación en Múnich sigue siendo la mejor de un fondista español. En 1996, en el maratón olímpico de Atlanta, el vitoriano Martín Fiz (1963) igualó a Haro con su 4º puesto

Haro ya no volvería a mejorar sus registros en las pruebas oficiales de fondo en pista. Sin embargo aún le esperaban años muy buenos. En 1973 el Cross de las Naciones dio paso al Mundial de Campo a través. Haro, que había sido segundo el año anterior en la primera competición, repitió plata en el primer Mundial, en el mismo segundo que el ganador, el finlandés Pekka Paivarinta (1949). El palentino siguió peleando por el cetro mundial de campo a través, pero volvió a quedarse a las puertas. En 1974 se quedó a 0.8 del belga Eric de Beck (1951) y en 1975 llegó 1.0 segundo detrás del escocés Ian Stewart (1949).

En pista, Haro fue 8º en el 10 000 del Europeo de 1974. En 1976 volvió a los Juegos Olímpicos. Se clasificó para la final con 28:11.66, 3º en la primera semifinal. En la final, donde Virén renovó su oro de 1972, el español fue 6º con 28:00.28, su mejor tiempo desde 1972.

Haro siguió compitiendo hasta 1979. En 1978 aún fue 3º en el campeonato de España de campo a través. En el ámbito nacional fue 11 veces campeón nacional en pista: 5 en 5000 m (1962, 1964, 1965, 1969, 1970), 9 en 10 000 m (1962, 1964, 1965, 1969, 1970, 1971, 1973, 1974, 1975) y 1 en obstáculos (1967). Fue además campeón de gran fondo en 1975.

Tras retirarse fue alcalde de Becerril de Campos desde 1979 a 2003.

Don Mariano, que tenga Vd un muy feliz cumpleaños. Ha hecho Vd muy felices a muchos aficionados al atletismo y ha sido la referencia de numerosísimos atletas. Que cumpla Vd muchos más.

Agradezco a Jorge González Amo la información que me proporcionó sobre en protagonista de esta entrada, en una larga y agradable conversación telefónica en la que además repasamos los grandes atletas de los 60. También agradezco a Gerardo Cebrián algún detalle más que se me había quedado en el tintero, en una conversación telefónica que tuvimos por otra razón.

Paco Grande ha hecho un excelente programa de Conexión Vintage dedicado a Mariano Haro

https://www.rtve.es/alacarta/videos/conexion-vintage/conexion-vintage-pioneros-del-deporte-espanol-mariano-haro-joaquin-blume/1910950/

¿Y si la final olímpica de 1500 en 1968 hubiese sido al nivel del mar?

La mañana de ayer, mi amigo Juan Botella me lanzó un reto a propósito de un tuit del doble medallista olímpico de 1500 m Nick Willis (1983).

Prometí hacer un hilo, pero después pensé que el tema daba para una entrada de este blog, que, por cierto, acaba de superar las 60 000 vistas (muchas gracias a todos). Creí que me llevaría menos tiempo. De hecho, había asegurado a Juan que lo terminaría el día de ayer. En cualquier caso, después de haber escrito si el mejor Coe habría podido ganar al mejor Cruz en 1984 y de la marca que podría haber hecho Seb Coe en 1500 en el año mágico de 1981, esta será la tercera entrada de atletismo-ficción.

Dediqué una entrada muy amplia a la final olímpica de 1500 de México, centrándome en la trayectoria de sus dos protagonistas, Kip Keino (1940) y Jim Ryun (1947), que aparecen en esta reciente fotografía con Juan Botella.

Keino, Juan, Ryun

Aunque la mejor prueba de ambos atletas era el 1500 (o la milla), su aproximación a la distancia era justamente opuesta. El estadounidense era un mediofondista puro, poseedor de las plumarcas mundiales de las 880 yardas, 1:44.9 (equivalente a 1:44.2 en 800 m, más rápido que el tope mundial de 1:44.3), los 1500 m, 3:33.1, y la milla, 3:51.1. Keino, por su parte, hacía compatibles los 1500 m con distancias más largas. Había sido plusmarquista mundial de los 5000, 13:24.2 en 1965, distancia en la que había ocupado la 5ª plaza en la final olímpica de 1964. Además era el vigente poseedor del tope universal de los 3000 m, 7:39.6. En 10 000 m había realizado el excelente registro de 28:06.4. Acreditaba 3:36.7 en los 1500 m, al paso de una milla, y 3:53.1 en la milla a 1131 metros de altitud. Evidentemente su valía real en ambas pruebas era mejor y se desenvolvía muy bien en altitud.

El año anterior de 1967, Keino había resultado derrotado de forma contundente en el 1500 de un encuentro entre Estados Unidos y la Commonwealth  en Los Ángeles, en una pista de tierra. Sabedor de que el estadounidense tenía un final rapidísimo, tras un pase de 1:00.9 la primera vuelta, el keniano imprimió un ritmo durísimo, con pases de 1:56.0 y 2:53.5, momento en que Ryun tomó la cabeza y acabó en unos extraordinarios 3:33.1. Keino, desfondado, solo pudo hacer 3:37.6.

Poco después en una milla en Londres, el keniano volvió a resultar derrotado en una milla no tan rápida. Ryun era capaz de mantener ritmos muy intensos y acabar más fuerte que sus rivales. Parecía el claro favorito para el oro olímpico, pero la Ciudad de México estaba a 2250 m y Keino ya había mostrado que podía correr mucho en lugares muy altos. En aquel momento se desconocía el efecto de la altitud sobre el rendimiento atlético. Hoy sabemos que la menor resistencia al aire y la disminución de la aceleración de la gravedad favorecen las pruebas explosivas y, por el contrario, la menos presión parcial de oxígeno dificulta las pruebas de largo alcance. Probablemente en los 800 m ambos factores se compensan, mientras que en distancias superiores el efecto negativo es dominante.

En las pruebas de selección olímpica de su país, Ryun intentó clasificarse para los 800 y los 1500 m, pero algo disminuido físicamente por una reciente mononucleosis infecciosa, solo consiguió la clasificación para la prueba más larga. Keino llegó a México con el objetivo de mejorar a Paavo Nurmi (1897-1970), capaz de ganar el oro olímpico en 1500, 5000 y 10 000, si bien en Juegos diferentes, y se inscribió en estas tres distancias. La primera en disputarse fueron los 10 000 m. Tuvo que abandonar a falta de 3 vueltas, aquejado de fuertes dolores abdominales. Le diagnosticaron una colecistitis y le recomendaron no correr. No siguió el consejo médico, y tras ganar la medalla de plata en 5000 m, alcanzó la final de 1500 m, tras haberse clasificado fácilmente. Esta fue su trayectoria previa:

Final de 10 000 m abandonó a falta de 3 vueltas
Semifinal de 5000 m 1º 14:20.4
Final de 5000 m 2º 14:05.2
Serie de 1500 m 1º 3:46.96
Semifinal de 1500 m 2º 3:51.50 (detrás de Ryun)

El estadounidense, por su parte, estaba mucho más descansado. Había ganado su serie en 3:45.80 y su semifinal en 3:51.25. No perdía una carrera de 1500 m o de la milla desde 1965 y era el plusmarquista mundial en ambas distancias. Ryun calculaba que se ganaría con 3:39. La realidad fue muy distinta pues él mismo hizo 3:37,89 y no ganó. Esta marca era muy buena. Además de Keino y el propio Ryun, en aquel momento solamente ocho hombres más habían corrido más rápido.

Tras sus derrotas previas, Keino sabía que para ganar necesitaba una carrera muy rápida. De modo que, ayudado por su compatriota Ben Jipcho (1943), pasó el 400 en 56,6 y el 800, ya en solitario, en 1:55,3, con Ryun algo más 3 segundos por detrás en sexta posición. Es probable que el estadounidense pensase que Keino se desfondaría. Pero no sucedió así, pues el keniano dio paso al 1200 en 2:53,4. Ryun recuperó terreno mínimamente con 2:56,0, aún en cuarta posición, pero incluso en el último 300 fue más rápido el keniano, que se proclamó brillantemente campeón olímpico con 3:34,91, su mejor marca personal, casi 3 segundos por delante de Ryun, 3:37,89. Tercero fue el alemán Bodo Tümmler (1943) con 3:39,08.

Los resultados completos fueron:

1 Kip Keino KEN 3:34,91 OR
2 Jim Ryun USA 3:37,89
3 Bodo Tümmler RFA 3:39,08
4 Harald Norpoth RFA 3:42,57
5 John Whetton GB 3:43,90
6 Jacky Boxberger FRA 3:46,65
7 Henryk Szordykowski POL 3:46,69
8 Josef Odložil CHE 3:48,69
9 Tom Von Ruden USA 3:49,27
10 Ben Jipcho KEN 3:51,22
11 André Dehertoghe BEL 3:53,63
12 Marty Liquori USA 4:18,22

Bien, hasta aquí, los hechos. A partir de ahora entraré en el terreno de la especulación. En primer lugar, y aunque Nick Williams no lo pregunta en el tuit, habría que plantear lo que habría podido hacer Keino si hubiese corrido como en México, empleando la misma energía, al nivel del mar. Hay que tener en cuenta que el keniano nunca mejoró la marca de México. En el número de octubre-noviembre de 1968 de la revista Atletismo Español, hay un estudio firmado por Antonio Hoyos en el que trata de corregir el valor de los registros conseguidos en los Juegos si hubiesen tenido lugar al nivel del mar. Cree que Keino habría podido correr en 3:31.5. Se basa en la diferencia entre la actuación de otros atletas en la final y sus marcas previas. Sin embargo, son muy pocos casos y la respuesta a la altitud es muy individual. Hoy tenemos más datos. En la siguiente tabla se muestran los mejores 1500 m en altitud y se comparan con la mejor marca al nivel del mar.

1500 altitud

Se trata de los mejores 1500 realizados en altitud, junto con la mejor marca del atleta y la diferencia entre ambos registros. Salvo el caso de Keino, el resto de los atletas, todos kenianos, realizaron su mejor marca en altitud en Nairobi, a 1795 m sobre el nivel del mar, donde se corrían muy rápido pese a esta limitación La media de la diferencia entre los dos 1500 es de 2.94. Para aproximar más la pérdida en altitud se podría considerar la mejor marca del atleta el mismo año, pero dado que son 21 corredores, un buen número, tal vez se podría dar como buena esa pérdida de casi 3 segundos. Es decir, Keino podría haber estado en el entorno de los 3:31 largos, casi lo que le atribuían en el artículo antes reseñado. El rendimiento del keniano fue sorprendente, pues no solo llevaba muchas carreras encima, sino que su salud tampoco era la mejor para estar ganando un oro olímpico. Por cierto, la mejor marca mundial de 1500 m en altitud de Keino duró hasta 1992, año en que el obstaculista Moses Kiptanui (1970) hizo 3:34.0 en Nairobi, curiosamente su mejor marca de siempre en la distancia.

En cuanto a Ryun, como se señaló anteriormente, su marca de 3:37.89 fue muy buena. De hecho fue su segundo mejor 1500 de siempre entonces, aunque tenía dos pasos en la milla más rápidos. En la final, tal vez pudo haber corrido algo más rápido. Probablemente pensaba que Keino reventaría e inicialmente fue muy conservador. Su táctica no fue buena. Además, a Ryun la altitud le perjudicó, pues nunca tuvo opción de ganar el oro a un atleta inferior a él sobre el papel. La pista sintética pudo ayudarlo, pero no compensó la altitud. Para analizar la valía del estadounidense, hay que tener en cuenta que había conseguido la plusmarca mundial en una pista de tierra y con un pase del primer 400 en 1 minuto. Tal vez, con un ritmo más sostenido, podría haber hecho ese día menos de 3:32.5 y sustituyendo la tierra por material sintético quizá un segundo menos. En 1968 no había corrido tan rápido como el año anterior, el de la plusmarca mundial. Probablemente su entrenamiento iba dirigido al oro olímpico, no a mejorar las marcas. No hay que olvidar que había sufrido algunas semanas antes de los Juegos una mononucleosis infecciosa.

Ahora, para terminar el atletismo-ficción, hay que contestar la pregunta del título ¿Qué habría ocurrido si la final olímpica hubiese sido al nivel del mar? Si hubiese sido hoy, emulando lo que se hará (esperemos que se pueda) en Tokio, se habrían llevado las pruebas más largas de 800 a Acapulco. Pues bien, en una final al nivel del mar, si Keino hubiese corrido exactamente igual, Ryun se habría pegado a él, como en Los Ángeles, y la carrera habría acabado en 3:31. Sé que hay alguien que estuvo allí que me dirá lo contrario, pero Keino aquel día estaba en estado de gracia y creo que habría ganado igualmente, aunque por mucho menos que en la carrera real. Por supuesto, en ese hipotético 3:31 de Keino, si Ryun hubiese corrido como en México, tampoco lo habría alcanzado y probablemente habría estado en 3:34. Y con esto respondo a la pregunta de Willis sobre la equivalencia de los 3:37.82 del estadounidense en México.

 

 

Fanny Blankers-Koen, la estrella que esperó doce años para brillar

En 1936 una jovencísima atleta neerlandesa tomaba parte en los Juegos Olímpicos de Berlín, donde vio a Jesse Owens (1913-1980) ganar 4 medallas de oro. El antílope de ébano se convirtió en la referencia de Francina Koen, a quien todos llamaban Fanny. Poco imaginaba esta adolescente que en los siguientes Juegos ella sería la estrella y que igualaría la hazaña de Owens, pero quizá aun imaginaba menos que los siguientes Juegos no tendrían lugar hasta 12 años después. En ese tiempo el mundo se sumiría en la mayor locura de la historia.

Francina Elsje Blankers-Koen había nacido en el pequeño pueblo de Lage Vuursche, en provincia de Utrecht, el 29 de abril de 1918. En su casa se respiraba deporte, pues su padre había sido lanzador de disco y de peso. Antes de comenzar a practicar atletismo específicamente probó con numerosos deportes, natación, gimnasia, tenis… Para todos ellos mostraba un enorme talento. Finalmente en 1935 se decidió por el atletismo. Parece que tuvo que ver en ello su entrenador de natación, quien, pese a que Fanny era una excelente nadadora, le vio más futuro en el atletismo. Un antiguo saltador de triple, llamado Jan Blankers (1904-1977), que en 1940 se convertiría en su marido, comenzó a entrenarla de forma regular. Empezó en los 800 m, distancia en la que registró 2:29.0, plusmarca nacional, pero enseguida se pasó a la velocidad y a los concursos. Con tan solo un año de entrenamiento acudió a los Juegos Olímpicos de Berlín donde ocupó el sexto y el quinto puesto en las finales de salto de altura y del relevo 4 x 100 m respectivamente. En 1938 se celebró el primer campeonato de Europa femenino al aire libre. Fue la única ocasión en que hubo diferentes sedes para el Europeo masculino, París, y femenino, Viena. Koen, que había superado ese año su primera plusmarca mundial, 11.0 en 100 yardas,  fue tercera en los 100 y en los 200 m, en ambos casos precedida por la polaca Stanisława Walasiewicz (1911-1980), de quien tras su muerte se descubrió que padecía un estado intersexual, y por la alemana Käthe Krauss (1910-1970). Koen esperaba brillar en los Juegos de 1940, pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial impidió que se celebrasen la edición de ese año y la de 1944.

La guerra fue especialmente dura para los Países Bajos, que sufrieron la ocupación alemana desde 1940, tan solo dos semanas después del compromiso de boda de Fanny con su entrenador, hasta 1945. La ocupación terminó con una terrible hambruna, el último invierno antes de la liberación, debido al bloqueo de suministros decretado por el agonizante régimen nacionalsocialista. Pese a ello Blankers-Koen continuó entrenando, se casó y tuvo un hijo durante ese durísimo período. Superó 6 plusmarcas mundiales, de salto de altura, 1.71 m, salto de longitud, 6.25 m, 80 m vallas, 11.3, 100 yardas, 10.8,  4 x 110 yardas y 4 x 200 m.

En la primera competición tras la guerra, los campeonatos de Europa de 1946, celebrados en Oslo, la neerlandesa se volvió con 2 oros, en 80 m vallas y el relevo 4 x 100, pero con un sabor agridulce. Durante la final del salto de altura tuvo que hacer una pausa para disputar la semifinal de 100 m. No se clasificó pues sufrió una caída, que la afectó el resto de la competición de altura, donde fue cuarta. En cualquier caso hay que tener en cuenta que en febrero de ese mismo año había tenido una hija. En 1947 ganó los títulos nacionales en 6 disciplinas, 100, 200 , 80 m vallas, salto de longitud, salto de altura y lanzamiento de peso. Para los Juegos Olímpicos de Londres, en 1948, decidió tomar parte en 4 pruebas 100, 200 m, 80 m vallas y relevos 4 x 100. Un sector de la prensa la criticó por no estar en casa cuidando a sus hijos, otro decía que con 30 años era demasiado mayor para ganar un oro olímpico. Y no solo la prensa. También recibió muchas cartas personales criticando su decisión de ir a Londres.

En la castigada capital del Reino Unido, la primera prueba que disputó fueron los 100 m, cuya final tuvo lugar el 2 de agosto. Blankers-Koen se hizo con su primera victoria con 11.9, batiendo a la británica Dorothy Manley (1927) y a la australiana Shirley Strickland (1925-2004), que daría mucho que hablar en las dos siguientes ediciones de los Juegos. Al día siguiente comenzaron los 80 metros vallas. Tuvo que enfrentarse a la favorita local, la británica Maureen Gardner (1928-1974), a la que consiguió batir por centímetros en la final del 4 de agosto, ambas con 11.2. Shirley Strickland repitió bronce. El 6 de agosto, Blankers-Koen se hacía con su tercer oro en la final de los 200 m, con 24.4, la primera vez que se disputaba esta prueba en los Juegos en categoría femenina. La tercera, la estadounidense Audrey Patterson (1926-1996), se convirtió en la primera mujer de raza negra en ganar una medalla olímpica. El 8 de agosto Blankers-Koen recibía el testigo de forma defectuosa en la carrera de relevos 4 x 100 para la última posta en cuarta posición. Una grandísima remontada le permitió hacerse con su cuarta victoria e igualar a su admirado Jesse Owens. Había corrido 11 carreras en 8 días.

La neerlandesa se convirtió en la heroína de los Juegos y en una celebridad mundial. La prensa, tras haberla criticado duramente, se rindió a sus pies. Ahora resaltaban su edad y su condición de madre, mamá voladora, holandesa voladora… Su fama le permitió convertirse en embajadora del deporte femenino, entonces aún muy cuestionado. Su carrera atlética, no obstante, continuaba. En el Europeo de 1950 de Bruselas casi igualó su gesta olímpica con oros en 100, 200 m, 80 m vallas y plata en el relevo 4 x 100 m. En 1952 acudió a Helsinki, su tercera cita olímpica, en los 100 m y los 80 m vallas. Una infección cutánea la obligó a no presentarse en su semifinal de 100 m. En la final de vallas sufrió una caída que la dejó fuera de la carrera. Aún compitió una temporada más.

Además de las plusmarcas mundiales reseñadas anteriormente también consiguió igualar la de 100 yardas, 10.8 en 1948, otra vez 80 m vallas, 11.0, también en 1948, 11.5 en 100 m, plusmarca mundial igualada, el mismo año, 24.2 en 220 yardas en 1950 y 4691 puntos en pentatlón en 1951.

Tras su retirada trabajó con la federación de su país hasta 1968. En 1999 la entonces IAAF, hoy World Athletics, la nombró la mejor atleta femenina del siglo XX. Murió el 25 de enero de 2004. En sus últimos años padeció enfermedad de Alzheimer.

Fanny Blankers-Koen fue una amante del deporte a quien una terrible guerra y una no menos terrible hambruna no le impidieron perseguir su sueño olímpico. Fue una estrella que tuvo que esperar doce años para poder brillar con todo su esplendor.

Y el coronavirus se llevó a Donato Sabia

Aunque la Humanidad lleva padeciendo plagas desde el principio de los tiempos, a nuestra sociedad, que disfruta de una prosperidad inédita en la historia, esta terrible pandemia del COVID 19 nos ha sorprendido. Habíamos relegado la muerte a un segundo plano. Ni nos imaginábamos que una enfermedad infecciosa nos podría cambiar la vida. Y, sin embargo, aquí estamos, con medio planeta confinado en sus casas y decenas de miles de muertos, de los que sus familias no se pueden ni despedir en la mayoría de los casos. El mundo del atletismo, como no puede ser de otra manera, no es ajeno a esta tragedia. Aunque hace dos días nos alegrábamos por la recuperación del antiguo atleta y aún entrenador Josep Molins (1933), hace unos días nos entristecíamos por la muerte de Santiago Llorente (1958-2020), subcampeón mundial junior de campo a través en 1977 y campeón de España de 10 000 m en 1986, y hoy hemos sabido de la desaparición de Donato Sabia (1963-2020), un notable corredor italiano de 800 m de los años 80.

Donato Sabia había nacido en Potenza, una ciudad de 70 000 habitantes del Sur de Italia, el 11 de septiembre de 1963. Comenzó combinando los 400 y los 800 m. En 1982, en categoría sub20, corría las dos vueltas en 1:47.29. Mejoró al año siguiente hasta 1:46.62. Ese año formó parte del cuarteto de 4 x 400 italiano que ocupó la 5ª plaza en el Mundial de Helsinki.

El año olímpico de 1984 fue el mejor de su vida. En invierno se proclamó campeón de Europa en sala de 800 m.

Ya en la temporada estival estableció una mejor marca mundial en la inusual distancia de 500 m con 1:00.08. Poco después realizaba su mejor tiempo de siempre en 800 m, 1:43.88, muy cerca de la plusmarca italiana de Marcello Fiasconaro (1949) de 1:43.7.

Acudió a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles con muy poca experiencia internacional. Sin embargo, en una durísima competición de muy alto nivel, consiguió entrar en la final. Fue 3º en la primera ronda con 1:47.04, 2º en cuartos de final con 1:44.90 y 4º, con 1:45.96 en la táctica segunda semifinal. En la final, marcada por el duelo entre el fenómeno brasileño Joaquim Cruz (1963) y el recuperado británico Sebastian Coe (1956), Sabia ocupó una excelente 5ª posición con 1:44.53.

Con tan solo 20 años, el futuro parecía pertenecerle, pero los problemas físicos, omnipresentes en el deporte, cortaron su progresión. Tras unos años muy complicados, consiguió recuperarse en 1988 y con una marca de 1:45.28 acudió a los Juegos de Seúl. Su rendimiento volvió a ser excelente. Era la última vez que se disputaban 4 rondas en unos Juegos. Su camino a la final fue 3º en la primera ronda con 1:47.84, 1º en su serie de cuartos de final con 1:46.58 y 3º en la primera semifinal con 1:44.90, su mejor marca desde 1984. En la final, ganada por el desconocido keniano Paul Ereng (1967), ocupó la 7ª posición con 1:48.03.

Pese a su edad de 24 años, su cuerpo no le permitió mucho más y se retiró a principios de los años 90. Había ingresado hacía unos días en el Hospital de San Carlos de su ciudad natal, aquejado de neumonía por COVID10. Desgraciadamente el proceso se complicó hasta su fallecimiento hoy 8 de abril. Unos días antes se había muerto su padre. Según el Comité Olímpico Italiano (CONI), se trata del primer finalista olímpico que se lleva esta enfermedad. Ojalá fuese el último.

Sirvan estas líneas como un sencillo homenaje a los que nos están dejando por esta pandemia y a todos sus familiares.

1948, Londres recupera los Juegos Olímpicos

En junio de 1939, el Comité Olímpico Internacional (COI) otorgó a Londres la organización de los Juegos Olímpicos de 1944. La capital del Reino Unido se había impuesto a Roma por 20 votos a 11. Detroit y Lausana habían obtenido respectivamente 2 y 1 voto. El 1 de septiembre de ese mismo año, la invasión alemana de Polonia marcó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la guerra más mortífera de la historia. A diferencia de los Juegos de la Antigüedad, no hubo tregua, y los modernos Juegos Olímpicos de 1940 y de 1944 no tuvieron lugar. Tras el final de la Guerra, en 1945, Londres no parecía la ciudad más adecuada para ser sede olímpica en 1948. Durísimamente castigada por la aviación alemana, la ciudad había perdido a 30 000 de sus habitantes, fallecidos, y decenas de miles de edificios se hallaban en ruinas. La contienda había costado al Reino Unido la cuarta parte de su riqueza. Aunque varias ciudades estadounidenses habían manifestado su deseo de organizar los Juegos, el COI se inclinaba por alguna ciudad europea. Las opciones más claras parecían Estocolmo o Lausana, de países que habían permanecido neutrales, o, incluso, París, que había salido bastante bien parada de la invasión alemana. Sin embargo, los buenos oficios de Lord Burghley (1905-1981), campeón olímpico de 400 metros vallas en 1928 y presidente de la Federación Británica de Atletismo (AAA), llevaron finalmente al COI a designar a Londres como sede olímpica para los Juegos de 1948. Era una forma de reinvidicarse tras la guerra y de subir la moral de la población. La ciudad se las arregló con lo que tenía. No se construyó ninguna instalación nueva.

El atletismo europeo, no obstante, ya se había reorganizado recuperando en 1946 los Campeonatos de Europa, cuya sede fue el mítico estadio Bislett de Oslo. Pese a los años de guerra la competición fue un éxito. Se superaron nada menos que 11 plusmarcas de los campeonatos. Los grandes vencedores fueron los suecos, con 22 medallas, 11 de oro, seguido de los soviéticos con 17 medalla, 6 de oro. Algunos de los triunfadores de Londres se dejaron ver el Oslo, como el checoslovaco Emil Zátopek (1922-2000), 5º en los 5000 m, o la neerlandesa Fanny Blankers-Koen (1918-2004), oro en 80 m vallas y en el relevo 4 x 100. Tal vez el gran protagonista de este Europeo fue el británico de 32 años Sydney Wooderson (1914-2006). Wooderson había sido campeón de Europa de 1500 m en la anterior edición de 1938. También en su momento había poseído las plusmarcas mundiales de 800 m, 800 yardas y la milla. Tras la guerra fue capaz de volver a ganar un oro continental, esta vez en 5000 m con 14:08.6, segunda mejor marca de siempre en ese momento. Los 10 000 m vieron la victoria del último de los finlandeses voladores, el plusmarquista mundial de la distancia Viljo Heino (1914-1998). Aunque España no participó, un atleta nacido en Huelva, el francés Raphaël Pujazón (1918-2000) se hizo con el oro en los obstáculos.

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Estadio Bislett en 1946. By Widerøes Flyveselskap / Vilhelm Skappel – Oslo byarkiv: image no. A-20027/Ua/0002/077 (Oslo byarkiv), via oslobilder.no., CC BY-SA 3.0 no, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2193757

 

Estos buenos resultados en el Europeo presagiaban que, pese a la precaria situación del mundo, los Juegos podrían ser un éxito. Acudieron 4104 deportistas de 59 países para 19 deportes. No se invitó ni a Alemania, ni a Japón. La Unión Soviética declinó su participación. Las pruebas atléticas tuvieron lugar en el Estadio del Imperio, con capacidad para más de 100 000 espectadores, construido en 1922. Posteriormente se llamó Estadio Wembley, hasta su demolición en 2003. En la actualidad hay otro estadio con el mismo nombre. La competición comenzó el 30 de julio y terminó el 14 de agosto. Tomaron parte 745 atletas de 53 países. Estados Unidos encabezó el medallero, con 27 metales, 12 oros, seguidos de Suecia, con 13 medallas, 6 de oro. No hubo ninguna plusmarca mundial, pero se superaron 14 plusmarcas olímpicas.

 

Empire Stadium
Estadio del Imperio, posteriormente Wembley, en 1948 https://britainfromabove.org.uk/en/image/EAW018311

 

La gran triunfadora de los Juegos fue Fanny Blankers-Koen. Ya con 30 años, la neerlandesa ganó las 4 carreras que tuvieron lugar en la categoría femenina, 100 m, 200 m, 80 m v y el relevo 4 x 100 m, igualando la hazaña de Jesse Owens (1913-1980) de los Juegos de 1936. La pianista francesa Michelle Ostermeyerer (1922-2001) fue la única otra atleta, hombre o mujer, que repitió oro en una prueba individual, al hacerse con la victoria en los lanzamientos de peso y disco.

Uno de los grandes duelos de los Juegos fue el que llevaron a cabo el estadounidense Mal Whitfield (1924-2015) y el jamaicano Arthur Wint (1920-1992). Whitfield derrotó a Wint en un muy disputado 800, mientras el jamaicano le devolvió la pelota en los 400 m, donde el estadounidense fue bronce. Se esperaba que desempatarían en el relevo 4 x 400, pero una mala entrega de los jamaicanos provocó que se quedasen fuera. Tendrían que esperar 4 años para superar a los estadounidenses.

Otro gran duelo tuvo lugar en los 5000 m entre Emil Zátopek y el belga Gaston Reiff (1921-1992). Zátopek había ganado los 10 000 m sin oposición, con casi 50 segundos de ventaja sobre el francés Alain Mimoun (1921-2013). Se esperaba que repitiese en los 5000 m, pero un trepidante final del Reiff relegó al checoslovaco a la segunda posición.

La velocidad y las vallas tuvieron un dominio total de los atletas estadounidenses. El favorito para ganar el oro en los 110 metros vallas, Harrison Dillard (1923-2019) no consiguió clasificarse para los Juegos en esta prueba. Sí lo hizo en los 100 m, donde se impuso contra todo pronóstico. Mel Patton (1924-2014) se hizo con la victoria en los 200 m, William Porter (1926-2000) encabezó el triplete estadounidense en las vallas altas y Roy Cochran (1919-1981) se llevó el oro en las bajas.

Otro país que hizo triplete fue Suecia en los 3000 m obstáculos, con la victoria de Tore Sjöstrand (1921-2011). En los 1500 m se echó de menos a Günder Hägg (1918-2004) y Arne Andersson (1917-2009), sancionados a perpetuidad por profesionalismo. Pese a ello, los atletas suecos hicieron doblete con Henry Eriksson (1920-2000) en lo más alto del podio.

En el maratón, Delfo Cabrera (1919-1981) se convirtió en el segundo argentino en ganar el oro en esta prueba, tras superar al agotadísimo líder de la prueba, el belga Étienne Gailly (1922-1971), en el propio estadio a falta de 400 m. Su compatriota, Juan Carlos Zabala (1911-1983), había ganado en 1932.

En los concursos destacó el triplete estadounidense en lanzamiento de peso, con victoria de Wilbur Thompson (1921-2013) y plusmarca olímpica  y el lanzador de disco italiano Adolfo Consolini (1917-1969) , oro también con plusmarca olímpica.

En el decatlón se produjo una gran sorpresa cuando el inexperto estadounidense de 17 años Bob Mathias (1930-2006) se proclamó campeón olímpico, título que repetiría 4 años más tarde.

En cuanto a España, que continuaba sufriendo los efectos de la Guerra Civil y el aislamiento internacional, envió un equipo de 8 atletas: José Luis Adarraga (1923-1990) en 800 y 1500 m, Gregorio Rojo (1920-2006) en 5000 y 10 000 m, Constantino Miranda (1925-1999) en 10 000 m y 3000 m obstáculos, Félix Erausquin (1907-1987) en lanzamiento de disco, Pedro Apellaniz (1924-2013) en lanzamiento de jabalina y Enrique Villaplana (1914-1983) en 50 Km marcha. En Londres se produjo un hito histórico para el atletismo español, pues se consiguió el primer finalista de la historia con el 8º puesto de Constantino Miranda, que bien pudieron ser dos, pues Villaplana fue 9º en la prueba larga de marcha a 19 segundos del 8º puesto.

Londres consiguió recuperar los Juegos, que con el paso del tiempo se irían convirtiendo en un enorme espectáculo mediático y de masas. En aquella ciudad, destruida por las bombas, los llamados Juegos de la austeridad (y se podría añadir de la dignidad) consiguieron que el movimiento olímpico tuviese continuidad

 

 

Los Juegos Olímpicos de Verano que no se celebraron

La pandemia de coronavirus ha provocado una situación inédita en la acomodada sociedad occidental. Por primera vez en muchos años nos enfrentamos a una catástrofe de incierto final, pero nada bueno en todo caso. Una de las consecuencias de esta pandemia es el aplazamineto del calendario deportivo, que probablemente incluirá los Juegos Olímpicos e Tokio, cuyas fechas previstas eran del 24 de julio al 9 de agosto. Aunque el Vicepresidente del Comité Olímpico Internacional (COI), el español Juan Antonio Samaranch, realizó ayer unas declaraciones en las que aseguraba que las preparaciones seguían igual, no parece probable que los Juegos se puedan celebrar a finales de julio. Seguramente se trasladarán al otoño o a 2021.

No sería, sin embargo, la primera vez que unos Juegos Olímpicos se dejasen de celebrar. Los de Tokio son los Juegos de la XXXII Olimpíada, pero en realidad no serían los trigésimo segundos Juegos, sino los vigésimo novenos. En tres ocasiones la mayor competición deportiva hubo de suspenderse.

Fue el aristócrata francés Charles Pierre de Frédy, baron de Coubertain (1863 – 1937), quien peleó denodadamente hasta conseguir restablecer los juegos deportivos que se celebraban en la ciudad de la antigua Grecia Olimpia cada 4 años, desde 776 aC hasta 394 dC, en que el emperador romano Teodosio prohibió todos los juegos paganos. Coubertain fundó en COI, del que fue su primer presidente, en 1894 y organizó los Juegos de la I Olimpíada en Atenas, en 1896. Los Juegos fueron un éxito, con la presencia de 245 deportistas de 14 países. Atenas pretendió ser sede permanente de los Juegos, pero la idea de Coubertain era que se celebrasen cada 4 años en una ciudad diferente. Sin embargo, las dos siguientes ediciones fueron un fracaso, que hizo temblar el movimiento olímpico. En 1900, en París, los Juegos se diluyeron en la celebración de la Exposición Internacional Universal, y las cosas no fueron mucho mejor 4 años después en San Luis, con tan solo 12 países participantes y 65 deportistas no norteamericanos. Atenas intentó retomar su idea inicial de organizar los Juegos de forma continuada en 1906 con los llamados Juegos Interpolados o Intercalados, no reconocidos oficialmente por el COI, aunque en su momento de Coubertain los había aceptado sin gran convicción. Resultaron un éxito, con 854 deportistas, 321 griegos, de 20 países. Los griegos trataron de darle continuidad pero no pudieron organizar una segunda edición, en 1910, por problemas financieros.

 

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Ceremonia de apertura de los Juegos Intercalados de 1906 (By From James Sullivan, The Olympic Games at Athens 1906. – https://www.loc.gov/rr/main/olympics/images.html, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=124818)

 

Los Juegos Olímpicos consiguieron, no obstante, consolidarse con las ediciones de Londres en 1908, pese a organizarlos en tan solo 10 meses tras la renuncia de Roma, y, sobre todo, de Estocolmo en 1912. En la capital sueca se acordó que los siguientes Juegos tendrían lugar en Berlín, en 1916, capital del Imperio Alemán, nueva potencia mundial desde su irrupción como país en 1871. Se construyó en 1913, en 200 días, el Deutsches Stadion, con capacidad para 64 000 espectadores. El estallido de la Primera Guerra Mundial el 28 de julio de 1914 no paró los planes para celebrar los Juegos. Ingenuamente se pensaba que la guerra se terminaría en unos meses. En marzo de 1915 el comité organizador de los Juegos confirmó al COI que los preparativos para los Juegos continuaban. Varias ciudades de Estados Unidos, que no entró en la guerra hasta abril de 1917, se ofrecieron para sustituir a Berlín, pero el COI no lo consideró. Entonces en Atlántico era una enorme barrera. Ese mismo año el COI cambió su sede de París a Lausana, en la neutral Suiza, pero no se volvió a reunir hasta 1919. A principios de 1916 se vio que era imposible que los Juegos tuviesen lugar, aunque oficialmente nunca se cancelaron.

 

Parade_of_Turners_at_opening_of_the_1916_Summer_Olympics_(Berlin)
Inauguración del Deutsches Stadium en 1913 (By AUGUST SCHERL G.m.b.H. Berlin S.W. 68 – This image is available from the United States Library of Congress’s Prints and Photographs divisionunder the digital ID ggbain.13627.This tag does not indicate the copyright status of the attached work. A normal copyright tag is still required. See Commons:Licensing for more information., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=18022211)

 

Tras el final de la guerra, el COI, reunido en abril de 1919, decidió aceptar el ofrecimiento de Amberes para organizar los Juegos de 1920. La ciudad belga ya había entrado en la carrera para sede de los Juegos en 1912, pero entonces el COI no había tomado ninguna decisión. Se eligió para rendir honores al sufrimiento de Bélgica durante la guerra. Los perdedores de la contienda, Alemania, Austria, Hungría, Bulgaria y Turquía, no recibieron invitación, en contra del criterio de de Coubertain.

Berlín acabó organizando los Juegos en 1936, los Juegos de la exaltación nazi y de Jesse Owens. Sin embargo, no era Berlín la ciudad favorita para ser sede olímpica. La ciudad favorita era Barcelona. El 26 de abril de 1931 tenía lugar en la Ciudad Condal la reunión para decidir la sede olímpica de 1936. Fue la segunda y última vez que esta reunión tenía lugar en una de las ciudades candidatas. Pero el pronóstico se rompió y la elegida resultó Berlín, entonces capital de la República de Weimar. Doce días antes de había proclamado la República Española. La incertidumbre provocada por el cambio de régimen tal vez no favoreció los intereses de Barcelona. Si Barcelona hubiese ganado la organización de los Juegos, probablemente no se habrían celebrado, pues la Guerra Civil lo habría impedido. Aunque quizá podríamos preguntarnos si habría estallado la Guerra Civil en este contexto.

Desgraciadamente la Guerra Civil fue el preludio de la Segunda Guerra Mundial, que obligó a cancelar dos ediciones de los Juegos Olímpicos. En 1932 Tokio presentó su candidatura para los Juegos Olímpicos de 1940. No parecía la mejor candidata, pues debido a la invasión de Manchuria, la Liga de Naciones había expulsado a Japón. Pero ganó sorprendentemente la nominación en 1936. Se celebrarían del 21 de septiembre al 6 de octubre de 1940. La sede principal sería el Estadio Meiji Jingu, con capacidad para 38 000 espectadores. No obstante, Tokio, con apoyo poco entusiasta de su belicoso Gobierno, renunció en julio 1938 debido a la Segunda Guerra Chino Japonesa.

El COI ofreció entonces la sede olímpica a Helsinki, que había sido segunda en el proceso de elección. Los finlandeses establecieron la fecha para los Juegos del 20 de julio al 4 de agosto en el estadio que acabaría siendo olímpico en 1952, con capacidad para 42 000 espectadores, pero el estallido de la guerra impidió que se celebrasen. Precisamente, poco antes de la invasión alemana de Polonia, en junio de 1939, Londres había resultado elegida sede de los Juegos de 1944, que nunca se celebraron.

El movimiento olímpico se restauró en 1948, con los Juegos de la austeridad, celebrados en un Londres castigado por los bombardeos, muy diferente de la ciudad de 1939. Aun así, los Juegos fueron un éxito, con 4104 deportistas de 59 países, pese a la renuncia de la Unión Soviética y a la exclusión de Alemania y Japón.

Desde entonces se han celebrado los Juegos ininterrumpidamente cada 4 años, aunque con tres boicots, que hicieron tambalearse el movimiento olímpico, el boicot africano en 1976, el boicot del bloque occidental en 1980 y el boicot del bloque oriental en 1984. Este año olímpico de 2020 probablemente verá por primera vez en la historia el traslado de fecha de los Juegos, en un mundo que probablemente será diferente del que hemos conocido hasta ahora.

 

Las dos plusmarcas mundiales en sala de Wilson Kipketer en el Mundial de París 1997

La final de 800 m de los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996 fue la mejor de las hasta entonces disputadas. Los 4 primeros corrieron más rápido que la plusmarca olímpica, en poder hasta entonces del brasileño Joaquim Cruz (1963), con 1:43,00 desde 1984. El vencedor fue el noruego Vebjørn Rodal (1972), con 1:42,58, por delante del surafricano Hezekiél Sepeng (1974), 1:42,74, y del keniano Frederick Onyancha (1969), 1:42,79. El cubano Norberto Téllez (1972) habría ganado cualquier final anterior con 1:42,85, pero en Atlanta solo pudo ser cuarto.

Sin embargo, pese a la formidable exhibición en la carrera de las dos vueltas, de quien más se acordaron los aficionados fue del gran ausente, el danés, nacido keniano, Wilson Kipketer (1972), campeón del mundo el año anterior y que acabaría ese año con una plusmarca personal de 1:41,83, tercera mejor marca de siempre. Kipketer no obtuvo la autorización del Comité Olímpico Internacional para participar por problemas administrativos por su cambio de nacionalidad.

Wilson Kosgei Kipketer había nacido en Kapchimoiywo, condado de Nandi, cuna de ilustres corredores kenianos, el 12 de diciembre de 1972. Aconsejado por el doble oro olímpico Kip Keino (1940), que supo ver su potencial, se fue a estudiar a la Escuela Católica de San Patricio, en Iten, institución con una gran infraestructura para el atletismo. Tras un viaje de estudios a Copenhague en 1990, decidió solicitar la nacionalidad danesa. En 1993 ya corría en 1:45,46. Al año siguiente, con 1:43,29, fue segundo en la lista mundial del año. En 1995 consiguió el primero de sus tres títulos mundiales y acabó liderando la lista mundial con 1:42,87.

Tras su decepción por no haber podido disputar el oro olímpico, decidió preparar al conciencia la temporada de pista cubierta de 1997. Después del éxito de los Juegos Mundiales en sala de 1985, celebrados en París, la Federación Internacional decidió dar continuidad cada dos años a esta competición otorgándole la condición de campeonato del mundo. El mismo escenario de los Juegos Mundiales, el Palacio Omnisport de Bercy, hoy AccorHotels Arena, acogería la 6ª edición de los Campeonatos del Mundo de Pista Cubierta de 1997. La actuación de Wilson Kipketer fue memorable. La competición tuvo lugar los días 7, 8 y 9 de marzo. Los 800 m se organizaron en tres rondas, una cada día. La primera ronda se dividió en 5 series. Accedían a la final los dos primeros de cada serie y los siguientes ocho mejores tiempos. La plusmarca mundial en sala estaba en poder el keniano Paul Ereng (1967), campeón olímpico en 1988, que al año siguiente en el Mundial de Budapest, se impuso tras una espectacular remontada con 1:44,84, superando el anterior tope universal que tenía el británico Sebastian Coe (1956) desde 1983 en 1:44,91.

En París, las cuatro primeras rondas de 800 m transcurrieron sin sobresaltos. El tiempo más rápido había sido de 1:48,03, del neerlandés Marko Koers (1972) en la primera serie. Quedaba la serie de Kipketer. Nadie se esperaba lo que sucedería a continuación. El danés decidió salir a romper. Pasaba la mitad de la prueba en 50,77 y paraba el cronómetro en unos asombrosos 1:43,96, 0,88 menos que el tiempo de Ereng en Budapest. Sin duda el no haber podido estar en Atlanta supuso una motivación muy poderosa. Lo que podría suceder en las dos siguientes rondas era la pregunta que se hacían la prensa y los aficionados. El tiempo de Kipketer era estratosférico, pero la aparente facilidad con que lo consiguió hacía pensar que tal vez no había corrido al límite. En la siguiente ronda, el día 8 de marzo, el danés se limitó a ganar la tercera serie semifinal con 1:48,49. Pasaban a la final los tres primeros de cada serie. El mejor tiempo correspondió al marroquí Mahoub Haïda (1970), con 1:47,22, ganador de la primera serie. En la final del día 9 la duda era si Kipketer se limitaría a ganar o trataría de mejorar su tiempo de la primera ronda. Enseguida se vio que ocurriría lo segundo, cuando se colocó en cabeza a un ritmo rapidísimo, con pases de 24,22, 50,22, 1:16,49 y unos espectaculares 1:42,67. Haïda era plata a más de 3 segundos, 1:45,76, y el estadounidense Rich Kenah (1970), bronce con 1:46,16.

Kipketer superaba en pista cubierta al siguiente atleta de siempre, al anterior plusmarquista Paul Ereng en más de dos segundos. En aquel momento, al aire libre, tan solo 6 atletas, incluyendo al propio Kipketer, habían corrido más rápido. Esta es la lista:

1:41,73 Sebastian Coe (GB) Florencia 10 06 1981
1:41,77 Joaquim Cruz (BRA) Colonia 26 08 1984
1:41,83 Wilson Kipketer (DIN) Rieti 01 09 1996
1:42,28 Sammy Koskei (KEN) Colonia 26 08 1984
1:42,58 Vebjørn Rodal (NOR) Atlanta 31 07 1996
1:42,60 Johnny Gray (USA) Coblenza 28 08 1985

En la actualidad, bajo techo, todavía no hay quien haya podido siquiera acercarse a la marca del danés. El siguiente mejor tiempo corresponde al keniano Michael Saruni (1995), que corrió el año pasado en 1:43,98, único sub1:44 en sala además de Kipketer.

El Mundial de París tuvo un altísimo nivel conjunto, sobre todo en medio fondo. Además de Kipketer destacaron la emergente estrella marroquí Hichan El Guerrouj (1974), oro en 1500 m, y el campeón olímpico de 10 000 m, el etíope Haile Gebreselassie (1973), oro en 3000 m. Para España no fue tan bien, pues no entró en el medallero.

Kipketer completó una temporada de 1997 perfecta. Al aire libre, el 7 de julio igualó la plusmarca mundial de Sebastian Coe de 1:41,73, el 8 de agosto renovó su título mundial al aire libre, el el 13 se convirtió en único plusmarquista universal con 1:41,24 y el 24 mejoró hasta 1:41,11. En 1998 enfermó de malaria. Aun así fue capaz de correr en 1:43,18, pero no pudo evitar el último puesto en la final de Europeo al aire libre. Se recuperó en 1999 y se proclamó campeón del mundo al aire libre por tercera vez consecutiva. A partir de entonces, no obstante, los problemas físicos fueron una constante en su carrera deportiva y no pudo cumplir su objetivo del oro olímpico. En 2000 fue plata en una carrera muy lenta y en 2004 bronce. En 2002 se había proclamado campeón de Europa. Se retiró en 2005.

Kipketer ha sido uno de los más grandes corredores de 800 m de la historia, al que las circunstancias le negaron el oro olímpico. Sigue siendo el segundo mejor atleta de siempre, tras los 1:40,91 de David Rudisha (1988) y posee tres de las 10 mejores marcas de siempre. Pese a su biotipo, nunca se planteó correr los 1500 m. Su mejor marca es de 3:42,80, de 1993, al inicio de su carrera. Con 2:14,96 fue también plusmarquista bajo techo de los 1000 m. Para la historia quedará su exhibición en París, sin duda, movida por su exclusión de los Juegos de Atlanta, donde, probablemente, habría conseguido el oro.

 

Tokio 1964, los primeros Juegos Olímpicos en Asia

La ciudad de Tokio había resultado elegida sede de los Juegos Olímpicos de 1940, los Juegos de la XII Olimpíada, designación para la que también había optado inicialmente Barcelona. Debido a la guerra con China, en 1938 Tokio renunció a la organización de los Juegos, que se encargaron a Helsinki. Finalmente, la Segunda Guerra Mundial hizo que esta edición y la siguiente se cancelasen. Pese a la destrucción sufrida por la guerra, Japón no renunció a su objetivo de tener una sede olímpica. En 1959, en la primera votación, el Comité Olímpico Internacional, volvió a encargar a Tokio la organización de unos Juegos. Serían en 1964. Los japoneses trataban de mostrar al mundo su sorprendente recuperación económica. Tokio se sometió a una concienzuda operación de modernización. Las competiciones de atletismo tuvieron lugar entre el 14 y el 21 de octubre en el Estadio Nacional de Japón, terminado 6 años antes. Fueron los primeros Juegos en que se prohibió la participación de la República Surafricana por su política de apartheid. No volverían hasta 1992. La paz y la reconstrucción de Japón tuvieron su máxima expresión simbólica cuando el atleta Yoshinori Sakai (1945 – 2014), que había nacido el día en que Hiroshima sufrió el lanzamiento de la primera bomba atómica, encendía el pebetero.

El nivel atlético de los Juegos fue altísimo, con 8 plusmarcas mundiales, 4 en la categoría masculina y 4 en la femenina. Fueron los Juegos de Bob Hayes, de Peter Snell, de Billy Mills, de Abebe Bikila, de Valeri Brumel, de Fred Hansen, de Al Oerter, de Wyomia Tyus, de Betty Cuthbert, de Ann Packer, de Mary Rand, de Iolanda Balas o de las hermanas Press. Estados Unidos fue el gran triunfador, con 24 medallas, 15 de oro, seguido de la Unión Soviética con 18 metales, 5 oros. Fueron los últimos Juegos en los que las pruebas de atletismo se disputaron en una pista no sintética.

En categoría masculina, una de las grandes estrellas de los Juegos fue el estadounidense Bob Hayes (1942 – 2002), que se impuso en los 100 m con unos excelentes 10,06, homologados como plusmarca mundial igualada 10,0. La IAAF no diferenciaba entonces entre marcas manuales y electrónicas, pese a que los 10,06 de Hayes tenían un valor intrínseco muy superior a cualquier 10,0 manual. El estadounidense ya había corrido en 9,91 en la semifinal, algo inédito entonces, si bien con viento a favor de 5,28 m/s. Repitió oro en el relevo 4 x 100, con 39,06 (39,0), plusmarca mundial. Se le cronometró un último 100 lanzado en 8,9. Tras los Juegos, Hayes fichó por el equipo de fútbol americano Dallas Cowboys, donde jugó 9 temporadas y ganó un anillo.

Estados Unidos hizo pleno en velocidad con la victoria de Herry Carr (1941 – 2015), que también se pasó al fútbol americano, en 200 m con 20,36 (20,3) y Mike Larrabee (1933 – 2003) en 400 m con 45,15 (45,1). Ambos formaron parte del equipo estadounidense que se hizo con el oro en el relevo 4 x 400 con plusmarca mundial de 3:00,7.

Sorprendentemente fueron también para Estados Unidos los títulos olímpicos de las dos carreras de fondo en pista. En 5000 m, el gran favorito era el francés Michel Jazy (1936), subcampeón olímpico de 1500 m en 1960, que había preferido la prueba más larga para evitar al neozelandés Peter Snell. En una frenética última vuelta parecía que Jazy sería oro, pero en la recta final acabó fuera del podio. El estadounidense Bob Schul (1937) ganaba con 13:48,8, con 37,8 en los últimos 300 m. Quinto fue un keniano, que daría mucho que hablar, llamado Kip Keino (1940).

 Y en los 10 000 m hubo otro estadounidense que dio la sorpresa. Billy Mills (1938), que nunca había bajado de 29 minutos, en una accidentada última vuelta, ser llevó el oro con 28:24,4, por delante del tunecino Mohamed Gammoudi (1938) y del gran favorito, el australiano plusmarquista mundial con 28:15,6, Ron Clarke (1937 – 2015).

 

El festival estadouniense se extendió a las competiciones de vallas, con los oros de Hayes Jones (1938), bronce en los anteriores Juegos, en 110 m vallas con 13,67 (13,6) y del plusmarquista mundial, 49,1, Warren Rex Cawly (1940) en 400 m vallas con 49,6.

El plusmarquista mundial de los 800 m, las 880 y y la milla, el recientemente fallecido neozelandés Peter Snell (1938 – 2019) se coronó el rey del mediofondo con sus victorias inapelables en los 800, distancia en la que revalidaba el oro con 1:45,1, y los 1500m, con 3:38,1.

El belga Gaston Roelants (1937), 4º en los Juegos de 1960 y campeón de Europa en 1962, se hizo con la medalla de oro en los 3000 m obstáculos en 8:30,8. El maratón, que cerraba el programa atlético, mostró la confirmación del etíope Abebe Bikila (1932 – 1973) como uno de los mejores maratonianos de siempre. Tras su triunfo en Roma, 4 años antes, corriendo descalzo, renovó su título en Tokio, con mejor marca mundial de 2h12:11,2, tres semanas después de haberse operado de apendicitis.

Las victorias en la marcha fueron para el británico Ken Matthews (1934 – 2019) en los 20 Km con 1h29:34 y para el italiano Abdon Pamich (1933) con 4h11:12,4.

En el salto de altura tuvo lugar un gran duelo entre el ucraniano, entonces soviético, Valeri Brumel (1942 – 2003) y el estadounidense John Thomas (1941 – 2013), resuelto a favor del primero con ambos empatados en 2,18 m. El plusmarquista mundial, el estadounidense Fred Hansen (1940) fue, con 5,10 m, el campeón del salto con pértiga.

Pese a una operación de rodilla dos meses antes de los Juegos, el campeón olímpico 4 años antes, plusmarquista mundial y gran dominador del triple salto, el polaco Jósef Szmidt (1935) pudo renovar su título, con 16,85 m. En la final de salto de longitud, en una tarde muy lluviosa y con viento cambiante, saltó la sorpresa con la victoria del galés Lynn Davis (1942). Davis, que se había clasificado para la final con mucha dificultad, realizó con 8,07 m su mejor marca hasta entonces y batió al plusmarquista mundial (8,34m) y anterior campeón, el estadounidense Ralph Boston (1939) y al campeón de Europa, el ucraniano entonces soviético, Igor Ter-Ovanessyan (1938), con mejor marca personal de 8,31 m.

Con problemas cervicales y, una vez más, sin ser el favorito, el estadounidense Al Oerter (1936 – 2007) conseguía su tercer oro en el lanzamiento de disco. En el lanzamiento de peso hubo una cerrada pugna entre dos estadounidenses, el plusmarquista mundial Dallas Long (1940) y el joven Randy Matson (1945). Long se impuso por 20,33 contra 20,20 m. El oro en lanzamiento de jabalina fue para el finlandés Pauli Nevala (1940), mientras en el martillo venció el bielorruso, entonces soviético, Romuald Klim (1933 – 2011). El alemán Will Horldof (1940) ganó el oro en el decatlón con 7887 puntos.

En categoría femenina se disputaron un total de 12 pruebas, 100 m, 200 m, 400 m, 800 m, relevo 4 x 100, 80 m vallas, salto de longitud, salto de altura, lanzamiento de disco, lanzamiento de peso, lanzamiento de jabalina y pentatlón. Con respecto a los Juegos anteriores se añadieron los 400 m y la prueba combinada. Tal vez las atletas más destacadas en ese momento fuesen las hermanas ucranianas, entonces soviéticas, Tamara (1937) e Irina Press (1939 – 2003), pero lo sucedido dos años más tarde envolvió sus logros en la sombra de una duda. Tamara, campeona olímpica de lanzamiento de peso en 1960 y plusmarquista de esta modalidad y del lanzamiento de disco, se hizo con los oros de estas dos pruebas con 18,14 y 57,27 m . Irina, por su parte, se imponía en el pentatlón con 5246 puntos, nueva plusmarca mundial. Ambas atletas, sin embargo, se retiraron súbitamente en 1966 poco antes de que las pruebas de verificación de sexo fuesen obligatorias.

La estadounidense de 19 años Wyomia Tyus (1945) fue la ganadora en los 100 m lisos con 11,49 (11,4). Cuatro años más tarde se convertiría en la primera atleta (hombre o mujer) en repetir oro en la distancia. Los 200 m fueron para otra estadounidense, Edith McGuire (1944), con 23,05 (23,0), probablemente mejor que la plusmarca mundial manual de 22,9. El concurso se ambas campeonas olímpicas no pudo impedir, sin embargo, que el equipo estadounidense perdiese la final del relevo 4 x 100 ante las polacas, ganadoras con 43,69 (43,6), nueva plusmarca mundial. Una de las relevistas del cuarteto polaco, Irena Kirszenstein (1946 – 2018), acabaría siendo probablemente la mejor atleta polaca de todos los tiempos, aunque sería conocida por su nombre de casada Irena Szewińska.

Una de las grandes atletas australianas de siempre, Betty Cuthbert (1938 – 2017), tras su triplete 8 años antes en los Juegos de Melbourne, de 100, 200 y 4 x 100 m, añadió un oro más a su colección al convertirse en la primera campeona olímpica de 400 m, con 52,01 (52,0). Segunda fue la británica Ann Packer (1942), con 52,20, que tres días después se imponía en los 800 m con 2:01,1, nueva plusmarca mundial oficial. La coreana Sin Kim-dan (1938) había corrido en 1:58,0 pero su tiempo no se llegó a homologar por la IAAF. Tras los Juegos Packer se retiraría.

La alemana plusmarquista mundial de 80 m vallas Karin Balzer (1938 – 2019) ganó el oro en esta prueba. La invencible rumana Iolanda Balaș (1936 – 2016) renovaba el título de salto de altura conseguido 4 años antes, saltando 1,90 m. La británica Mary Rand (1940) se hacía con la victoria en el salto de longitud con plusmarca mundial de 6,76 m, derrotando a la futura Irena Szewińska . En los días siguiente obtuvo otras dos medallas, plata en pentatlón y bronce en el relevo 4 x 100 m. La jovencísima rumana Mihaela Peneș (1947) fue la campeona olímpica de jabalina, con 60,54 m, y la de menos edad en el atletismo de estos Juegos.

España llevó a los Juegos un pequeño equipo de 6 atletas Rogelio Rivas (1944) en 100 m, Francisco Aritmendi (1938) en 5000 m, Fernando Aguilar (1938 – 2013) en 5000 y 10 000 m, Luis María Garriga (1945) en salto de altura, Ignacio Sola (1944) en salto con pértiga y Luis Felipe Areta (1942) en salto de longitud y triple salto. El mejor fue este último que consiguió un excelente 6º puesto en la longitud, con lo que consiguió ser el segundo finalista olímpico español. El primero había sido Constantino Miranda (1925 – 1999), 8º en los obstáculos de 1948. Ignacio Sola también pudo entrar en la final, donde fue 15º. Aún faltaban unos años para el despegue del atletismo español.

En resumen, unos grandes Juegos Olímpicos, con un nivel muy alto en todas las modalidades. Tokio repite este año. El reto, al menos igualar sus Juegos de hace 56 años.

 

 

 

 

 

 

 

Peter Snell, tal vez el mejor mediofondista de siempre

Anteayer nos dejó, a punto de cumplir los 81 años, el mediofondista neozelandés Peter Snell. Snell fue uno de los grandes del mediofondo de siempre, con sus tres medallas de oro olímpicas, dos en 800 m y una en 1500 m, en los Juegos de 1960 y de 1964. Su carrera atlética en la élite duró 5 años, en una época en la que el atletismo era amateur. Fue un corredor de 800m y 1500m que cambió el entrenamiento del mediofondo. Hasta entonces los corredores de 800m se parecían más a los de 400m. Fue el último mediofondista en ganar los 800 y los 1500 m en unos Juegos Olímpicos.

A mediados de los años 50, los mejores corredores mundiales de 800 m se fijaron como objetivo superar la mítica plusmarca mundial que el alemán Rudolf Harbig (1913-1944) había establecido en 1939 con 1:46,6. Finalmente el belga Roger Moens (1930) resultó el elegido para superar el registro imposible. En 1955 fue capaz de correr nada menos que en 1:45,7. Una lesión le impidió disputar la victoria olímpica en 1956, pero en 1960, completamente recuperado, era el gran favorito.  La final apuntaba un duelo entre Moens y el jamaicano George Kerr (1937-2012). Nadie reparaba en un joven neozelandés de 21 años que había llegado a los juegos con 1:49,2 en 880 yardas (804,67 m), pese a que había batido a Moens en la semifinal con 1:47,2 (1:47,34), mejorando sus 1:48,1 (1:48,22) de la primera ronda.

En la final el suizo Christian Wägli (1934-2019) se colocó en cabeza desde el inicio y se mantuvo hasta los últimos 100m, momento en que Moens lo sobrepasó. Parecía que por fin ganaría el oro olímpico, pero, a falta de 20 metros, Peter Snell se le echó encima por la cuerda y consiguió vencer inesperadamente, con nueva plusmarca personal, 1:46,3.

Peter Snell NZL 1.46,3 (1:46,48)
Roger Moens BEL 1.46,5 (1:46,55)
George Kerr JAM 1.47,1 (1:47,25)
Paul Schmidt RFA 1.47,6 1:47,82)
Christian Wägli SUI 1.48,1 (1:48,19)
Manfred Matuschewski RDA 1.52,0 (1:52,21)

¿Quién era este fenómeno neozelandés al que deberían haber prestado más atención? Peter George Snell había nacido en Opunake, a unos 250 Km de Wellington (Nueva Zelanda) el 17 de diciembre de 1938. En su adolescencia jugó al rugby, al golf, al bádminton y, sobre todo, al tenis. También practicaba atletismo, pero sin un entrenamiento específico. A los 18 años su mejor marca en las 880 yardas era 1:59,8. Al año siguiente mejoró hasta 1:54,0 y se encontró al que sería su mentor, el entrenador Arthur Lydiard (1917-2004). Lydiard le aseguró al joven Peter que, dada su gran velocidad, mejorando la resistencia podría llegar muy lejos. A partir de entonces la fructífera relación entre ambos llevó a Snell a lo más alto, pese a que su biotipo (1,80 m y 80 Kg) no era el habitual en un mediofondista. Se presentó en Roma como un atleta anónimo y acabó con un oro olímpico conseguido de manera brillante.

En 1961, centrado aún unicamente en los 800 y las 880 yardas, Snell derrotó a Moens en varias reuniones. En 1962 comenzó a correr la milla, sin dejar la prueba más corta. El día de Año Nuevo marcó en la distancia en 4:01,3. El 27 de enero, en la pista de hierba de 352 metros de Wanganiu (NZ) superó la plusmarca mundial del australiano Herb Elliott (1938) por una décima, con 3:54,4, con un ritmo creciente en cada una de las cuatro vueltas, 1:00,7, 59,9, 59,0 y 54,8 (3:39,3 en 1500 al paso). Una semana después, el 3 de febrero, en la pista de hierba de Chistchurch, se hizo con la plusmarca mundial de las 880y, 1:45,1, y de paso pulverizó la plusmarca de Moens, al registrar en la marca de los 800 m, 1:44,3. Este tiempo permanece en la actualidad como plusmarca nacional de Nueva Zelanda.

En los Juegos de la Commonwealth, celebrados a finales de ese 1962, Snell se hizo con el doblete en las 880y y la milla. No se disputarían las distancias métricas hasta 1970. Tras un año de 1963 de transición en el que compitió en varias ciudades de Estados Unidos, se preparó concienzudamente para ser campeón olímpico en las dos distancias del mediofondo, lo que no se conseguía desde que Albert Hill (1889-1969) lo hiciera en 1920. Para ello incrementó en las 10 semanas previas su número de kilómetros, con una media diaria de 23. Hay un detalle curioso en la trayectoria de Snell. Su primer 1500 fue el de la primera ronda de los Juegos de Tokio de 1964. Hasta entonces solamente había corrido la milla.

Su entrenamiento dio muy buen resultado. El calendario era muy duro, ya que obligaba a correr seis carreras en una semana. Snell lo hizo con tiempos de 1:49,8, 1:46,9, 1:45,1, 3:46,8, 3:38,8, 3:38,1. La final de 800 tuvo lugar el 16 de octubre. La situación era completamente distinta de la de 4 años atrás. Ahora era el absoluto favorito y no decepcionó. Su victoria se cimentó en el cambio que realizó a falta de 250m, sobrepasando al keniano Wilson Kiprugut (1938), en cabeza desde la salida. Snell ganó con parciales de 400m de 52,8 y 52,3, haciendo la segunda mejor marca de siempre, lo que da una idea de su superioridad. Los resultados fueron:

Peter Snell NZL 1.45,1
Bill Crothers CAN 1.45,6
Wilson Kiprugut KEN 1.45,9
George Kerr JAM 1.45,9
Thomas Farrell USA 1.46,6
Jerry Siebert USA 1.47,0
Dieter Bogatzki FRG 1.47,2
Jacques Pennewaert BEL 1.50,5

La final de los 1500 m se celebró el 21 de octubre, tras dos rondas previas. La carrera se desarrolló a ritmo medio con pases de 58,0, 2:00,5 y 2:59,3. A falta de 200 m, un enorme cambio de ritmo de Snell lo llevó a la meta en primera posición con una gran superioridad sobre el resto de sus rivales.

1 Peter Snell NZL 3.38.1
2 Josef Odlozil TCH 3.39.6
3 John Davies NZL 3.39.6
4 Alan Simpson GBR 3.39.7
5 Dyrol Burleson USA 3.40.0
6 Witold Baran POL 3.40.3
7 Michel Bernard FRA 3.41.2
8 John Whetton GBR 3.42.4
9 Jean Wadoux FRA 3:45.4

Unos días después de los Juegos, el 12 de noviembre se convirtió en plusmarquista mundial de los 1000 m, con un tiempo de 2:16,6. Poco después, el 17 de noviembre, en la pista de ceniza de Auckland, Snell superó su plusmarca de la milla, con 3:54,1. Pasó los 1500 en 3:37,6, que sería su tope personal, probablemente de valor similar a los 3:35,6 que tenía entonces Herb Elliott como primado mundial. El pase de los 3/4 de milla había sido de 2:54,3, que apuntaba un tiempo en torno a 3:52.

Al año siguiente se preparó precisamente para intentar superar el registro de Elliott en la distanacia métrica, pero se lesionó en abril y poco después se retiró. Posteriormente trabajó como relaciones públicas en una compañía tabacalera. En 1971 se trasladó a Estados Unidos, donde acabó fijando su residencia y donde obtuvo el grado de doctor con una tesis sobre fisiología del ejercicio en la Universidad del Estado de Washington. Esto le sirvió para hacerse profesor en la Universidad de California,  Davis, donde ya había estudiado. En 1993 obtuvo la nacionalidad estadounidense. Continuó practicando deporte, sobre todo carreras de orientación y tenis de mesa, modalidades en las que destacó en la categoría de veteranos.

En los últimos meses había comenzado con problemas cardíacos. Un episodio de pérdida de conocimiento mientras conducía le provovó un accidente de circulación. Estaba prevista su presencia en el homenaje a la milla en la reunión de la IAAF el mes pasado en Mónaco, pero sus problemas de salud no se lo permitieron. Falleció en su casa de Dallas el 12 de diciembre de 2019.

El impacto de su figura en su Nueva Zelanda natal queda muy bien reflejado en este vídeo, de diferentes noticiarios anunciando su fallecimiento.

Snell fue un revolucionario del mediofondo. Hizo compatibles el 800 y el 1500, cuando entonces los corredores de 800 rendían mejor en los 400 m. Aunque después de él hubo grandes mediofondistas que lo hicieron muy bien en ambas distancias, ninguno pudo repetir su doblete. Sebastian Coe (1956) estuvo cerca en 1980 y 1984 con sus dos oros en la distancia larga y sus dos platas en la corta. Hay que pensar que en los años 60 el atletismo era completamente amateur, aunque pudiese haber dinero bajo cuerda. ¿Qué podría haber hecho en un entorno hiperprofesionalizado como el actual?

Nota 1: Me ha gustado mucho recordar los éxitos de este gran atleta, pero muy poco el motivo por el que lo he hecho

Nota 2: Dedico esta entrada de Jorge González Amo, antiguo plusmarquista español de 1500 m y gran admirador de Snell. Jorge tiene su tríada oceánica con Herb Elliot, Peter Snell y Ron Clarke

Nota 3: El 3 de diciembre el blog superó las 50 000 visitas. Quiero daros las gracias a todos los que me leéis. Disfruto mucho haciendo las entradas. Me agrada que generen interés.

 

Harrison Dillard, el vallista campeón olímpico de 100 metros

Acaba de fallecer, a la avanzada edad de 96 años, Harrison Dillard, el único atleta capaz de hacerse con los oros olímpicos en 100 m y en 110 m vallas. Era el campeón olímpico estadounidense de más edad. Comenzó a hacer atletismo inspirado por el ejemplo de Jesse Owens, que vivía en su misma ciudad. Y como él, ganó cuatro medallas olímpicas de oro, si bien en dos ediciones de los Juegos.

William Harrison Bones Dillard nació en Cleveland (Ohio) el 8 de julio de 1923. En 1936 presenció con unos amigos un desfile en homenaje a Jesse Owens, que había vuelto de Berlín donde había ganado sus famosos 4 oros olímpicos. Un intercambio de palabras entre el joven Harrison y el mítico atleta llevaron a primero a la práctica del atletismo. Comenzó con este deporte en la escuela y continuó en el Baldwin-Wallace College. Desde su inicio, se dedicó a las vallas y, en menor medida, a la velocidad. La Segunda Guerra Mundial interrumpió su actividad atlética, cuando lo llamaron a filas y hubo de desplazarse a Europa. Tras la contienda retomó su deporte. Entre 1946 y 1948 se impuso en 82 competiciones de forma consecutiva. A principios de 1948 superó la plusmarca mundial de las 120 yardas con vallas (109,68 m) con 13,6. El tope mundial en la distancia métrica pertenecía a su compatriota Fred Wolcott (1915-1972) con 13,7. En 100 m, Dillard acreditaba 10,3 del año anterior, 0,1 más que la plusmarca mundial.

La idea de Dillard para 1948 era disputar el oro olímpico de las vallas altas en Londres, pero una mala primera valla en las pruebas de selección olímpica le impidió terminar la prueba. Consiguió clasificarse, no obstante, en los 100 m, al ser tercero, con 10,4 (10,50), por detrás de Barney Ewell (1918-1996), 10,2 (10,33), y Mel Patton (1924-2014), 10,3 (10,45). Estos dos velocistas, junto con el panameño Lloyd La Beach (1922-1999), acreditado en 10,2, eran los favoritos para el oro olímpico. Nadie contaba con el vallista. Dillard, sin embargo, corriendo por la calle 8, tomó la cabeza tras una fulgurante salida. Ewell se le acercó tanto, que pensó que había ganado y comenzó a celebrarlo, pero La Beach, que había sido tercero, lo corrigió. No has ganado. Lo ha hecho Huesos. La photo finish mostró que Huesos había corrido en 10,33 (10,3) y Ewell en 10,44 (10,4). Entonces el tiempo oficial era manual o redondeado en décimas de segundo. El equipo estadounidense, con Dillard, en la tercera posta se hizo con la victoria en el relevo 4 x 100 m.

Tras los Juegos, en 1949, Dillard terminó el college y comenzó a trabajar como relaciones públicas del equipo de béisbol de los Cleveland Indians. No compitió en 1950 y 1951, pero en 1952 retomó las vallas, con la intención de ganar el oro olímpico en 1952. Ese año Dillard, que había corrido en 13,7, se encontró con un gran rival, su compatriota Jack Davis (1930 – 2012), con una mejor marca personal de 13,7. Resultó derrotado por Dillard en las pruebas de selección olímpica, 14,0 por 14,1. En la final olímpica de Helsinki el resultado de los dos primeros fue el mismo. A ambos se les atribuyó oficialmente un tiempo de 13,7, si bien los tiempos electrónicos fueron 13,91 y 14,00. Dillard, haciendo la segunda posta, repitió oro en el relevo 4 x 100 m, haciéndose con su cuarta medalla olímpica de oro.

Aún intentó Dillard, con 33 años, acudir a sus terceros Juegos Olímpicos, pero no superó la criba de las pruebas de selección, donde se impuso Jack Davis y segundo fue el campeón olímpico de las dos siguientes ediciones Lee Calhoun (1933-1989). Tras su retirada vendió seguros, tuvo un programa de radio, escribió para la prensa y, tras haber dejado los Indians, trabajó en la red de escuelas públicas de Cleveland 27 años. Murió el 15 de noviembre de 2019.