La primera medalla española en un Europeo al aire libre

Tras los últimos campeonatos de Europa al aire libre, celebrados en Berlín este verano, España ha conseguido en esta competición un total de 88 medallas, 27 de oro, 24 de plata y 37 de bronce, 69 en la categoría masculina y 19 en la femenina. Los Europeos al aire libre se iniciaron en 1934. España no tomó parte hasta 1950, con un solo contendiente, el lanzador de disco, y posteriormente uno de los pioneros del entrenamiento en España, el madrileño José Luis Torres (1925). En las siguientes ediciones, el número de atletas españoles fue creciendo. Hubo 5 atletas en 1954, 7 en 1958, 5 en 1962, 7 en 1966, 6 en 1969, 16 en 1971, con participación femenina por primera vez, de 3 atletas, y 17 en 1974 con una mujer. Los mejores resultados hasta entonces habían corrido a cargo del vigués Carlos Pérez (1930), 4º en maratón en 1966, su paisano Javier Álvarez Salgado (1943), 5º en 5000 m en 1971, el palentino Mariano Haro (1940), 5º en 10 000 en 1971 y 8º en 1974, el bilbaíno Ignacio Sola (1944), 5º en pértiga en 1966, el equipo de relevos 4×100, 6º en 1974, el zaragozano Alberto Esteban (1943), 7º en 800 m en 1966, la vallesana Carmen Valero (1955), 7ª en 1500 m en 1974, el albaceteño Antonio Amorós (1927 – 2004), primer finalista español 8º en 10 000 m en 1958 y el manchego Agustín Fernández (1938), 8º en maratón en 1971. Es decir, España había conseguido un total de 11 finalistas y ninguna medalla en 9 ediciones.

Hubo que esperar hasta 1978 para estrenarse en el medallero. Ese año el Europeo se celebraba en Praga. Resultó un campeonato de un gran nivel. Dos de las plusmarcas actuales de los Campeonatos, la de 800 y la de 10 000 m masculinos se consiguieron allí. España acudió a la entonces capital de Checoslovaquia con 17 atletas, 3 mujeres, entre los que había algunos jóvenes como José Manuel Abascal (1958), Domingo Ramón (1958), Javier Moracho (1957) o José Alonso (1957), que habían conseguido destacados resultados en categoría junior (sub20) para los que era su primer campeonato absoluto. Salvo Alonso, que ocupó una brillante 7ª posición en los 400 m v, con 50,19, plusmarca española, los otros tres jóvenes atletas rindieron por debajo de sus posibilidades, aunque los éxitos no tardarían el llegar para ellos. Además de la actuación de Alonso, hubo otro puesto de finalista, en los 20 Km marcha en los que el catalán José Marín (1950), que tantas alegrías ha dado al atletismo español, fue 5º. El día 2 de septiembre, un día antes de que se clausurasen los campeonatos, se celebraba la final de los 50 Km marcha, con 32 participantes y 3 españoles, el citado José Marín y otros dos catalanes, Agustín Jorba (1947) y el campeón de España Jordi Llopart (1952). Mientras los dos primeros no pudieron terminar, Llopart realizó una carrera plena de inteligencia, siempre en el paquete delantero, hasta que a falta de 10 Km dio un fuerte tirón que lo dejó en solitario en cabeza. Entró en el estadio con más de un minuto y medio de ventaja y terminó la prueba en 3h53:30, plusmarca personal y de los campeonatos. Era la primera medalla, y de oro, para España en unos campeonatos de Europa al aire libre.

Jordi Llopart Ribas (El Prat de Llobregat, 5 de mayo de 1952) había comenzado a practicar atletismo en 1964, en campo a través. Participó en pruebas de medio fondo, fondo, obstáculos, incluso en lanzamientos, hasta que en una liga faltaba un marchador y probó la marcha. Aunque el resultado no fue muy bueno, se decidió por esta modalidad, entrenado por su padre, Moisés Llopart (1919-2002). El de Praga fue su primer gran campeonato, al que acudió con una mejor marca de 4h01:37. En 1979 realizó en Reus la que sería su mejor marca de siempre, 3h44:33. En los Juegos Olímpicos de 1980 volvió a ser pionero para el atletismo español, al conseguir la primera medalla olímpica. Fue plata en los 50 Km marcha, con 3h51:25, tras el alemán Harwig Gauder (1954), oro con 3h49:25. Aunque la de Moscú sería su última medalla en un gran campeonato, Llopart siguió rayando a gran altura hasta su retirada en 1992, a los 40 años. Fue 6º en el Europeo de 1982, 7º en los Juegos Olímpicos de 1984, 9º en el Europeo de 1986, 13º en los Juegos Olímpicos de 1988 y 17º en el Mundial de 1991. En 1992 aún fue capaz de registrar 3h49:31. Ese año formó parte del equipo técnico del campeón olímpico de 20 Km marcha Daniel Plaza (1966).

Llopart fue tanto el primer medallista en un Europeo al aire libre como en unos Juegos Olímpicos. El atleta catalán también inauguró la presencia de la marcha española en los grandes campeonatos, que continúa, con 18 medallas en campeonatos de Europa, 17 en Mundiales y 5 en Juegos Olímpicos. En la actualidad ganar medallas en los grandes campeonatos es lo habitual, pero hubo una época en la que el premio era ir a los campeonatos y se finalista el premio gordo. Se tardó 28 años en conseguirlo en el caso de los Europeos y 60 años en el caso de los Juegos. A pesar de que sigue habiendo mucho que mejorar, no hay que olvidar que, afortunadamente, vivimos en una época de abundancia. Hace poco más de 40 años, España había ganado 0 medallas en grandes campeonatos.

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El inexorable avance del estilo Fosbury tras los Juegos de México

Se han cumplido estos días 50 años de la celebración de los Juegos Olímpicos de México. De entre las muchas hazañas atléticas conseguidas, hubo una que cambió la forma de competir en esa modalidad. Ocurrió en el salto de altura. Por primera vez un atleta en una gran competición saltaba de espaldas al listón. Que se llevase el oro no hizo sino acelerar su implantación por todo el mundo. Fue tal su impacto, que su nombre quedó inmortalizado con su estilo, el estilo Fosbury o Fosbury Flop, en inglés. En los Juegos de México, Fosbury fue el único que empleó su entonces particular forma de saltar. Dieciséis años después, en Los Ángeles tan solo uno de los 12 finalistas utilizaba el ya obsoleto rodillo ventral (3 de 16 cuatro años antes).

Richard Douglas Dick Fosbury nació en Portland, la ciudad más populosa de Oregón, el 6 de marzo de 1947. Comenzó a practicar salto de altura a los 16 años. El estilo generalizado entonces era el rodillo ventral, en sus dos versiones, la paralela, en la que el atleta pasaba la cabeza y el tronco al mismo tiempo abrazando el listón, y la zambullida, en la que la extremidad cefálica y la superior pasaban el listón antes que el tronco y  la inferior. Incapaz de asimilar los movimientos coordinados para practicar rodillo ventral, Fosbury recurrió al viejo estilo de la tijera, empleado por la entonces plusmarquista mundial Iolanda Balas (1936-2016), y fue evolucionando hasta individualizar la modalidad que llevaría su nombre saltando de espaldas al listón.

Fosbury pudo desarrollar y perfeccionar su nuevo estilo de salto gracias a la progresiva sustitución de la arena o la paja de la caída por colchonetas de espuma. Hasta los Juegos Olímpicos de 1964 no hubo colchonetas en la zona de caída. Los atletas solían caer de pie o de bruces. Sin colchoneta, caer de espaldas resultaba arriesgado. Algún atleta lo hacía, pero viniendo de un giro, como el estadounidense John Thomas (1941- 2013), que llevó la plusmarca mundial de 2,17 a 2,22 m en los años 60.

Su peculiar estilo no reportó a Fosbury grandes éxitos inicialmente. En categoría junior llegó a 1,969 m. No obstante, ya entonces su forma de saltar había llamado la atención. Un diario local lo bautizó como Fosbury flop. Alguien habló de una convulsión en el aire. Cuando entró en la Universidad del Estado de Oregón, su nuevo entrenador Bernie Wagner (1924 – 2013) lo intentó convencer para cambiar al rodillo californiano. Tras probarlo, Fosbury volvió a su estilo, cada vez más depurado, y consiguió una mejor marca de 2,08 m en 1965, lo que cerró cualquier debate. Un año antes de los Juegos, la mejor marca de Fosbury era 2,102. Esta altura no hacía presagiar lo que sucedería en México. Por entonces la nueva modalidad de salto había captado la atención de los medios deportivos nacionales. Fue portada de la revista Track and Field news en febrero de 1968, mientras Europa aparecía ajena a la revolución que se estaba gestando.

Fosbury realizó su mejor temporada en el mejor año, el año olímpico de 1968. En junio mejoró su marca a 2,16 m. En las pruebas de selección olímpica, tras llevar su marca a 2,18 y a 2,21 m, esta a la primera, fue 3º con la misma altura que sus rivales, cuyos intentos sobre 2,18 fueron menos. Los tres estadounidenses habían hecho la mejor marca del año, lo que los convertía en favoritos.

La impecable actuación de Fosbury en la final olímpica fue la mejor tarjeta de presentación de su innovador estilo. Superó a la primera todas las alturas, mejorando con 2,22 m su marca personal y la plusmarca olímpica. En la siguiente altura, 2,24 m, ya solo quedaba en concurso, además de él, su compatriota Ed Caruthers (1945), que tenía varios nulos previos. Caruthers no pudo con 2,24 m, mientras Fosbury superaba el listón a la tercera tentativa. Ya ganador del oro olímpico, trató de superar la plusmarca mundial de 2,28 m de Valery Brumel (1942-2003) con 1 cm más, pero falló en sus tres intentos.

La victoria de Fosbury con su nueva forma de saltar suscitó todo tipo de debates. Una vez confirmado que no infringía ningún reglamento, la discusión se basó en su efectividad. En Europa hubo inicialmente un importante rechazo, pero pronto se demostró que el estilo Fosbury conseguía que el centro de gravedad del atleta en el momento del salto estuviese por debajo de su cuerpo, lo que apuntaba, como así fue, a que las marcas mejorarían.

Fosbury_Flop_English
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Fosbury tuvo hizo una buena temporada en 1969, con una mejor marca de 2,195 m, pero fue su último año en la élite. Su estilo, no obstante, se fue imponiendo inexorablemente. El sucesor de Brumel como plusmarquista mundial fue el estadounidense Patrick Marzdorf (1949) quien saltó en 1971 2,29 m con rodillo ventral. También probó el Fosbury, modalidad con la que saltó 2,24 m. El primer saltador que ganó un gran campeonato con estilo Fosbury fue el lituano, entonces soviético, Kentustis Shapka (1949), oro en el Europeo al aire libre de 1971. En los Juegos de Múnich de 1972, 28 de los 40 participantes en el salto de altura lo hicieron con estilo Fosbury, si bien de los tres medallistas, solo el de bronce, el estadounidense Dwight Stones (1953) practicaba el nuevo estilo. Stones fue el primer plusmarquista mundial con estilo Fosbury, con 2,30 m y posteriormente 2,31 y 2,32 m. Repitió bronce en los Juegos de 1976, donde los tres medallistas ya saltaban de espaldas, y fue 4º ocho años después, en Los Ángeles.

El sucesor de Stones como plusmarquista mundial fue el ucraniano, entonces soviético, Vladimir Yashchenko (1959 – 1999), quien saltó 2,33, 2,34 y 2,35 m en sala con rodillo ventral. Campeón de Europa en sala en 1978 y 1979 y al aire libre en 1978, una lesión de rodilla en 1979 cortó de raíz su progresión. Fue el último plusmarquista mundial con el viejo estilo y el que más alto ha saltado con rodillo.

A partir de los 80, el rodillo ventral se convirtió en un estilo en vías de extinción, hasta que desapareció completamente hacia finales de la década. Su último representante de élite fue el chino Liu Yunpeng (1962), 7º en los Juegos de Los Ángeles con 2,27 m.

En categoría femenina, la sucesora de Iolanda Balas, que saltaba con tijera, fue la austríaca Ilona Gusenbauer (1947) que saltó en 1971 1,92 m con rodillo ventral. Justo un año después, en los Juegos Olímpicos de 1972, la alemana de 16 años Ulrike Meyfarth (1956) fue la primera campeona olímpica y plusmarquista mundial, 1,92 m, con el nuevo estilo Fosbury. La subcampeona de esa competición, la búlgara Yordanka Blagoyeva (1947) superó con 1,94 m el registro de la alemana saltando con rodillo ventral, el mismo estilo que practicaba la alemana Rosemarie Ackermann (1952). Ackermann, con un perfecto rodillo ventral paralelo, llevó el tope universal de 1,94 a 2,00 m, convirtiéndose en la primera mujer en superar esta altura. Fue oro en el Europeo de 1974 y campeona olímpica en 1976.

La derrota de la alemana frente a la italiana Sara Simeoni (1953) en el Europeo de 1978 marcó el declive del viejo estilo en categoría femenina. Simeone se convertiría en campeona olímpica 2 años después con Ackermann lesionada y el rodillo ventral desapareció de las competiciones femeninas.

El escaparate mundial de los Juegos Olímpicos de México convirtieron a Fosbury en el autor de la revolución en el salto de altura. Sin embargo, aunque el estadounidense creó y desarrolló su estilo de forma independiente, no fue el primero en aplicarlo. En 2000, el escritor deportivo Rial Cummings descubrió una fotografía de un periódico del 24 de mayo de 1963 en la que el atleta Bruce Quande, en una competición escolar, practicaba el salto de altura de espaldas al listón.

Quande

Quande dejó de hacer salto de altura tras el Instituto. En 1963 Fosbury ya se dedicaba al salto de altura, pero aún no había comenzado a desarrollar su estilo. Probablemente la aparición del salto de espaldas al listón era inevitable. En 1966, sin conocer la actividad atlética de Fosbury, la canadiense Debbie Brill (1953), que llegaría a superar 1,99 m en 1984, comenzó a saltar con un estilo que llamó el plegamiento de Brill, básicamente similar a lo que estaba haciendo Fosbury. Pero el oro olímpico del estadounidense permitió que el mundo se diese cuenta de que había un nuevo estilo que superaba al anterior. A pesar del brillo cegador en los Juegos de los fantásticos velocistas estadounidenses, de Bob Beamon y de la primera hornada de fondistas africanos, la actuación de Fosbury añadió la estrella probablemente más duradera del firmamento mexicano.

El sueco Stefan Holm (1976), campeón olímpico en 2004, mostrando los diferentes estilos de salto, más alguno suyo particular.

¿Habría podido el mejor Coe con el Cruz de Los Ángeles 84?

Tras la publicación de la segunda parte de la entrada sobre Joaquim Cruz, surgió un pequeño debate sobre lo que habría podido ocurrir si el brasileño se hubiese enfrentado al mejor Sebastian Coe, el de 1981. El deportista, no solo en el de alto nivel, pone el cuerpo al límite. Es habitual que lo pague en forma de lesiones, por lo que no es fácil mantener una continuidad. Seb Coe parecía invencible en 1981, pero en 1982, aquejado de una enfermedad seria, entonces no diagnosticada, ya no era el mismo. Pudo recuperarse para los Juegos Olímpicos de 1984. Su actuación fue magnífica, con la plata en 800 m y el oro en 1500 m, pero en la primera prueba no estaba como en 1981. Se enfrentó a un formidable Joaquim Cruz, que hizo, de largo, de 1984 la mejor temporada de su vida. ¿Habría podido el Coe de 1981 con el brasileño?

Sebastian Newbold Coe (Londres, 29 de septiembre de 1956) fue, en cierta manera, el producto atlético de su padre, Peter Coe (1919-2008). Es probable que esto condicionase sobremanera su primera etapa atlética, cuando, en alguna ocasión, le pudo su necesidad de ganar. Peter era un ingeniero al que preocupaba la biomecánica de su hijo, mal entrenada a su juicio, por lo que él mismo decidió dirigir la carrera atlética del joven Seb. Este comenzó sus éxitos internacionales en 1975. En Atenas se celebraba el campeonato de Europa Junior (sub20). Entonces Seb se dedicaba preferentemente al 1500, prueba en la que consiguió la medalla de bronce con 3:45,2, su mejor marca personal.

En 1976 consiguió bajar de 4 minutos en la milla por primera vez, 3:58,35, además de mejorar en 800 m hasta 1:47,7. En los dos años siguientes se dedicó casi exclusivamente a los 800 m, con alguna incursión en la milla. En 1977 se proclamó campeón de Europa de 800 m en sala. Al aire libre se convirtió en plusmarquista nacional con 1:44,95. En 1978 acudió al Europeo al aire libre de Praga con la mejor marca de los participantes, 1:44,25. Era el favorito, pero su inexperiencia en la alta competición le pasó factura. Se colocó en cabeza y dio paso al 400 en 49,56. Se acabó agotando y a duras penas consiguió entrar en el podio, 3º con 1:44,76. Poco después mejoró su marca hasta 1:43,97.

El año siguiente, 1979, Coe realizó una temporada superlativa. No compitió excesivamente, y básicamente se centró en los 800 m. Tan solo disputó una carrera de la milla y una de 1500 m. En ambas superó las plusmarcas mundiales con 3:48,95 y 3:32,03 respectivamente. En el campeonato británico fue segundo en los 400 m mejor marca personal de 46,87. En la prueba de las dos vueltas, el 5 de julio, en Oslo, consiguió una plusmarca mundial estratosférica de 1:42,33, 1,11 menos que el anterior tope universal, del cubano Alberto Juantorena (1950).

Ese año no hubo campeonatos importantes. Entonces no había Mundiales. No obstante, Coe disputó el 800 de la Copa de Europa, donde se enfrentó a rivales importante como los alemanes Willi Wülbeck (1954), 4º en los Juegos de Montreal, Olaf Beyer (1957), campeón de Europa en año anterior, o el italiano Carlo Grippo (1955), mejor marquista mundial en sala. Después de su actuación en Praga, donde aplicó una táctica equivocada, resultaba interesante ver a Coe en una prueba sin liebres con rivales de categoría. El británico no dio opción. En una carrera muy lenta, se mantuvo cómodo en posiciones secundarias hasta la última recta, momento en que con una gran aceleración se hizo con la victoria sin aparentar emplearse a tope.

En 1980 tendrían lugar los Juegos Olímpicos de Moscú. Tras el boicot decretado por el Presidente de Estados Unidos James Carter (1924), como represalia por al invasión soviética de Afganistán el año anterior, el Comité Olímpico Británico decidió ir a Moscú con bandera olímpica. Se había salvado el doble duelo en el medio fondo entre las dos estrellas británicas Seb Coe y Steve Ovett (1955). Ovett, que ya había sido 5º en los 800 m en los Juegos anteriores y 2º en el Europeo de 1978, había dejado esta prueba en un segundo plano para centrarse en los 1500 m y la milla. Parecía ligeramente superior a Coe en la prueba más larga, mientras que la superioridad de Seb en la doble vuelta semejaba incontestable. Poco antes de los Juegos había realizado con 2:13,40 la plusmarca mundial de 1000 m, tiempo equivalente a 1:43,39, en aquel momento solo al alcance del propio Coe. A la hora de la verdad sin embargo, su actuación en la doble vuelta de los Juegos fue muy deficiente. De sus siete rivales en la final, tan solo el francés José Marajó (1954) había bajado de 1:44,0 (1,43,9 en 1979). En una carrera muy lenta, Seb se mostró nervioso y dubitativo. Se quedó muy atrás y finalmente tan solo pudo salvar la plata. Ovett consiguió una sorprendente fácil victoria. A Coe le volvió a poder la necesidad de ganar.

Coe pudo sacudirse sus demonios con el oro en el kilómetro y medio. Su expresión facial al hacerse con la victoria lo decía todo. No prolongó demasiado esa agridulce temporada que terminó con una inesperada derrota ante el estadounidense Don Paige (1955), 1:45,04, frente a 1:45,07 del británico.

La temporada de 1981 de Seb Coe fue el epítome de la perfección. Pocas veces un atleta ha conseguido en una campaña lo que hizo el británico ese año. Como en 1981 seleccionó muy bien las carreras, centrándose más en los 800 m. Tan solo tomó parte en una carrera de 1500 m y en dos de la milla. En estas dos últimas superó con 3:48,53 y 3:47,33 las anteriores plusmarcas mundiales, en ambos casos en posesión de Steve Ovett. En el 1500 las liebres fueron demasiado rápidas. No obstante hizo mejor marca personal, 3:31,95, a 0,59 de la plusmarca mundial de Ovett. En total Coe intentó 5 plusmarcas mundiales y consiguió 4. El 10 de julio, en Florencia, mejoraba en los 800 m hasta unos asombrosos 1:41,73. El tiempo se calculó con dos células fotoeléctricas, ya que falló en cronometraje electrónico.

Poco después, el 11 de julio, el británico realizaba otro impensable registro, mejorando hasta 2:12,18 (1:44,56+) su plusmarca mundial del kilómetro, equivalente a 1:42,45 en los 800 m.

Esta superioridad se vio reflejada en la final de la Copa de Europa, donde Coe volvía a tener como principales rivales a Beyer, Wülbeck y Grippo, junto al bielorruso, entonces soviético, bronce en Moscú, Nikolai Kirov (1957) En una carrera muy lenta, como en 1979, Coe mostró una absoluta superioridad con un perfecto sentido táctico y un último 100 en 11,9.

Coe cerró su temporada superlativa con la victoria en los 800 m de la Copa del Mundo, donde se enfrentó a rivales de menos de 1:45,0, entre los que destacaban el estadounidense James Robinson (1954) y un joven brasileño de 18 años, plusmarquista mundial junior con 1:44,3, llamado Joaquim Cruz (1963). Tampoco en esta ocasión el británico dejó margen alguno. Como en la Copa de Europa, controló perfectamente una carrera lenta y acabó muy por delante de sus rivales en una última recta rapidísima.

En 3 años Coe había superado 8 plusmarcas mundiales y solamente había cosechado dos derrotas en 800 m. Lo malo es que una de ellas fue en la final olímpica. En 1979 había mostrado una total superioridad en la prueba pero en 1980 fracasó en los Juegos. En 1981 parecía un atleta mucho más fuerte, en todos los aspectos. Pero lo que cambiaría completamente la actitud de Coe ante la competición fue lo sucedido en los dos años siguientes, en los que pasó de lo más alto a ver peligrar seriamente su carrera atlética y su salud. Tras un importante deterioro en su rendimiento atlético, que le llevó a perder, otra vez, el oro en el 800 del Europeo de 1982, se descubrió que padecía una enfermedad, que inicialmente se diagnosticó como una mononucleosis infecciosa. Posteriormente el diagnóstico se cambió a toxoplasmosis, una enfermedad parasitaria más grave. Se perdió el Mundial de 1983, pero pudo volver para disputar los Juegos de Los Ángeles, aunque su forma era una incógnita. En cualquier caso, su actitud ante la competición era muy diferente a la de 4 años antes. Ganar ya no es cuestión de vida o muerte para mí, había declarado. Coe tuvo una actuación excelente. En 800 m corrió una final tácticamente impecable, pero Joaquim Cruz fue superior. En 1500 m se hizo con su segundo oro olímpico.

Es probable que con la actitud de 1984 hubiese hecho el doblete en 1980 pero ¿habría podido con Cruz con la forma de 1981? Cruz en 1984 cronométricamente valía lo mismo que Coe, pues acabó haciendo 1:41,77. Ese año corrió en 4 ocasiones en 1:43,0 o menos, Coe lo hizo también en 4 ocasiones, si incluimos su 1000 m de 2:12,18, pero en toda su carrera atlética. Cierto es que el británico dosificaba muy bien sus competiciones. El brasileño estaba en 1984 en el mismo estado de gracia que Coe en 1981 y ambos corrían en ritmos parecidos. Habría sido un enorme espectáculo verlos en una final olímpica en igualdad de condiciones. Tal como se desarrolló la carrera es probable que la táctica de ambos no hubiese variado demasiado. Coe previsiblemente habría esperado hasta la recta final para dar un hachazo como los de 1981. El resultado, no obstante, es historia alternativa. Tal vez Cruz habría resistido. Pero solo es mi opinión.

Joaquim Cruz, de vendedor ambulante en Brasil al oro olímpico en Los Ángeles (y II)

Segunda parte de la historia de Joaquim Cruz.

La segunda serie semifinal resultó mucho menos dramática. Johnny Gray dio paso al primer 400 en 52,27, con Coe agazapado en la 4ª posición. El británico atacó en el último 150 y se llevó la victoria en 1:45,51, con Konchellah 2º, 1:45,67, Gray 3º, 1:45,82, y Sabia 4º, 1:45,96. A tenor de lo visto, los dos grandes favoritos habían tenido actuaciones totalmente opuestas. Mientras Cruz había decidido ir fuerte en las tres rondas, Coe trató de ahorrar esfuerzos para la final, tal vez pensando en los tres 1500 que le esperaban tras el 800. En cualquier caso, se esperaba que en la final del 6 de agosto se correría rápido, como así sucedió. Al igual que en la semifinal, Koech decidió avivar el ritmo desde el principio, si bien su paso de 51,07 por el 400 fue sensiblemente superior a los 49,56 del día anterior. Cruz y Coe no se despegaban del keniano, que mantuvo la cabeza hasta la última recta. Cruz en pugna con Koech, al igual que Coe en pugna con Jones, hizo la última curva por la calle 2 No consiguió sobrepasar Koech hasta la última recta y ya no hubo quien se le acercase, mientras Coe, codo a codo con Jones, conseguía la plata. Cruz marcó 1:43,00, nueva plusmarca olímpica y 2ª mejor marca de siempre entonces tras la plusmarca mundial de 1:41,73 de Coe. El británico, que volvía a estar en gran forma, corrió en 1:43,64, su mejor marca desde 1981, mientras Jones fue bronce con 1:43,83. Konchellah, futuro bicampeón mundial, ocupó la 4ª posición con mejor marca personal de 1:44,03. Siete atletas corrieron en menos de 1:45,00. Ovett, al que acabaron retirando en camilla por problemas respiratorios, terminó a duras penas en 1:52,28.

La victoria del brasileño, que había corrido en 1:45,66, 1:44,84, 1:43,82 y 1:43,00, fue inapelable. Coe, que en 1980, siendo muy superior a sus rivales, perdió la final olímpica de 800 m por una mala táctica, no tuvo opción. Tres días después, Cruz, inscrito también en el 1500, ganó su serie pero no se presentó en su semifinal. Coe se acabaría haciendo brillantemente con el oro en el kilómetro y medio en la 7ª prueba que disputaba en estos Juegos. A diferencia de la temporada anterior, Cruz decidió sacar partido de su excelente forma en las reuniones del circuito europeo. En Niza, el 20 de agosto, corrió los 1000 m en 2:14,09. Dos días después, en Zúrich, se acercaba peligrosamente a la plusmarca mundial de 800 m al correr en 1:42,34. El día 24, en Bruselas, hizo 1:42,41 y el 26, en Colonia se quedó, al menos oficialmente, a un suspiro del tope mundial al marcar 1:41,77, con un pase de 49,7 en los 400 m. El keniano Sammy Koskei (1961), que no había resultado seleccionado para los Juegos, fue 2º con 1:42,28.

Cuando Seb Coe había establecido la que entonces era plusmarca mundial de 1:41,73 en Florencia el 14 de junio de 1981, el cronometraje eléctrico no había funcionado. La marca manual fue de 1:41,6 y la centesimal se estimó con dos células fotoeléctricas en 1:41,72. Posteriormente se corrigió a 1:41,73. Es probable que el tiempo del brasileño fuese más rápido, aunque no se considerase oficialmente. En cualquier caso, Cruz tenía entonces 21 años, por lo que se estimaba que no tardaría en convertirse en plusmarquista mundial. Desgraciadamente, los problemas físicos impidieron progresar al brasileño, si bien aún tuvo tiempo de ganar otra medalla olímpica.

Su temporada de 1985 no fue tan brillante como la anterior, si bien continuó realizando grandes marcas. El 1 de junio mejoraba su marca de 1500 m dejándola en 3:35,70 y derrotando en Eugene a los mejores milleros estadounidenses, incluidos Steve Scott (1956) y Jim Spivey (1961). Esto probablemente hizo pensar, de forma exagerada, a los organizadores del 1500 de la reunión de Niza, del 16 de julio, que el brasileño podía estar cerca de la plusmarca mundial. Finalmente hubo plusmarca mundial, pero a cargo del británico Steve Cram (1960), con 3:29,67, primera marca de la historia por debajo de 3:30,00. Cruz solo pudo ser 7º con 3:37,10. Cram volvió a derrotarlo justo un mes después, en Zúrich, esta vez en el terreno del brasileño, en los 800 , 1:42,88 por 1:43,23. Cruz, sin embargo, acabó la temporada con tres excelentes 1:42,98, 1:42,54 y 1:42,49.

Su condición física derivada de los problemas con su tendón de Aquiles hizo que pasase en blanco la temporada de 1986 y en precario la de 1987. Aun así ese año pudo ganar un 1500 muy lento de los Juegos Panamericanos, por delante de Spivey y Scott. Su mejor marca en 800 m fue 1:45,74. Se inscribió en el 800 del Mundial de Roma, pero finalmente no acudió, tal vez pensando en recuperarse para los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Y afortunadamente para él esa recuperación tuvo lugar, si bien nunca llegó a estar como 4 años antes. Los Juegos tendrían lugar a finales de septiembre, con lo que Cruz retrasó su puesta a punto. A mediados de agosto mejoraba con 3:34,63 su marca de 1500 m. Poco después conseguía unos buenos 1:44,27 en la pista de Colonia, de buen recuerdo para el brasileño, segundo detrás del ganador, el marroquí Said Aouita, quien con 1:43,86 realizó su mejor marca de siempre. Aouita había anunciado su intención de luchar por el oro olímpico en las dos pruebas de medio fondo.

Como 4 años antes en Los Ángeles, el 800 de Seúl contaría con 4 rondas en 4 días, si bien se corrió mucho menos. Cruz se impuso fácilmente en sus series de las dos primeras rondas con 1:47,16 y 1:46,10 respectivamente. En la primera semifinal, el brasileño fue 2º con 1:44,75, por detrás del desconocido keniano Paul Ereng (1967), quien con 1:44,55 hacía su mejor marca. Donato Sabia y Peter Elliot fueron los otros dos clasificados para la final. En la segunda semifinal se impuso el también keniano Nilson Kiprotich (1962). Aouita, el brasileño José Luiz Barbosa (1961) y Johnny Gray también se clasificaron para la final. No había un favorito claro para el oro. Desde la salida Barbosa, que había corrido ese año en 1:43,20, y Kiprotich decidieron imprimir un ritmo rápido a la carrera. Cruz no dudó en irse con ellos, mientras por detrás se abría un hueco, con Elliot en tierra de nadie, y más atrás Aouita, Gray y Ereng. Barbosa dio paso al primer 400 en 49,54. A falta de 200 m, Barbosa, tras verse sobrepasado por Kiprotich, que lideraba la prueba, y Cruz, iba perdiendo terreno en beneficio de Elliot y Aouita. Treinta metros más adelante, Cruz se hacía con la cabeza. Mientras Kiprotich se hundía, su compatriota Ereng emergía desde atrás dispuesto a pelear con el oro con Cruz, Elliot y Aouita que entraban en la recta final por este orden. El keniano lograba colarse por dentro a la segunda posición y, a falta de 30 metros, impedía que el brasileño lograse su segundo oro olímpico. Ereng conseguía la victoria con plusmarca personal de 1:43,45. Cruz fue plata con 1:43,90, su mejor marca desde 1985 y Aouita conseguía finalmente adelantar a Elliot y se hacía con el bronce, 1:44,06.

Como en LA, 4 años antes, Cruz disputó la primera ronda del 1500, en la que fue 1º pero no se presentó en su semifinal. La final de 800 m de Seúl fue la última gran carrera del brasileño. Aunque siguió compitiendo hasta 1997, su tendón de Aquiles lo apartó de la élite. Nunca volvió a correr por debajo de 1:45,80. En 1995 ganó el 1500 de los Juegos Panamericanos y superó la primera ronda del Mundial de Gotemburgo, si bien no salió en la semifinal. En 1996 tomó parte en sus terceros Juegos Olímpicos, en Atlanta, aunque no pasó de la primera ronda del 1500.

Afincado en California, desde hace años es entrenador de atletismo. Un gigante de los 800 metros al que su tendón de Aquiles le impidió ser aun más grande.

Joaquim Cruz, de vendedor ambulante en Brasil al oro olímpico en Los Ángeles (I)

Tras el boicot occidental a los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, era de esperar que el bloque oriental devolviese la moneda 4 años después, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Así sucedió. Tras haber asegurado previamente que no mezclaban política y deporte, finalmente el 8 de mayo de 1984la Unión Soviética anunció que no enviaría equipo a los Juegos alegando falta de seguridad y fuertes sentimientos antisoviéticos. Otros 13 países secundaron la postura soviética: Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Alemania del Este, Mongolia, Vietnam, Corea del Norte, Yemen del Sur, Laos, Afaganistán, Angola, Etiopía y Cuba. En atletismo, el boicot se notó básicamente en pruebas femeninas, dominadas entonces por las soviéticas y las alemanas del Este, y en los lanzamientos masculinos. Pese a ello, los Juegos tuvieron un nivel altísimo no solo por la actuación estelar del cuádruple medallista de oro, el estadounidense Carl Lewis (1961), sino también por otras excelentes prestaciones como la del también estadounidense Alonzo Babers (1961) en 400 m, el resucitado británico Seb Coe (1956) en el 1500 m, la emergente estrella del mediofondo, el marroquí Said Aouita (1959) en un espectacular 5000, la segunda victoria olímpica de Edwin Moses (1955) o el sorprendente keniano Julius Korir (1960) en los 3000 m obstáculos. Pero, sin duda, una de las grandes estrellas, no solo de los Juegos sino también de ese año de 1984, fue el brasileño Joaquim Cruz, apabullante campeón olímpico de 800 m.

Joaquim Carvalho Cruz había nacido el 12 de marzo de 1963 en Taguatinga, Distrito Federal (Brasil), muy cerca de la capital Brasilia. De familia numerosa, tenía 5 hermanos,  con pocos recursos, su padre, un obrero siderúrgico, apenas podía comprarle unas zapatillas para entrenar. El joven Joaquim, que comenzó jugando al baloncesto, pero pronto se pasó al atletismo, ejercía diversos oficios para ayudar a la economía familiar, tales como vendedor ambulante o limpiabotas. En atletismo mostró un enorme talento que lo llevó a correr los 800 m en 1:51,0 con 15 años, 1:49,8 con 16 y 1:47,65 con 17 años. Su primera explosión llegaría al año siguiente, en 1981, cuando el 27 de junio corrió en Río en 1:44,3, registro que mejoraba por 0,6 la plusmarca mundial junior (sub20) en poder del estadounidense Jim Ryun (1947). Ese registro le valió para representar a América en los 800 m de la III Copa del Mundo de la IAAF, prueba en la que fue 6º. Un entonces inabordable Seb Coe fue el ganador. Puede que el haber superado a Ryun hiciese que en Estados Unidos se fijasen en él. Lo cierto es que en la temporada de 1982, justo tras la muerte de su padre, la Universidad Brigham Young, en Provo (Utah), le ofreció una beca y allí se trasladó junto con su entrenador Luis Alberto de Oliveira. No obstante, el brasileño perdió casi todo ese año, pues hubo de someterse a una cirugía de un pie. Aun así, pudo aún pudo correr en 1:46,95 en los primeros compases de la temporada.

Todo cambió en 1983, año en que se trasladó a la Universidad de Oregon, en Eugene, cuna de los mejores fondistas estadounidenses. Allí pudo prepararse sin problemas físicos para el primer Campeonato del Mundo que se celebraría en agosto en Helsinki. Poco antes, Cruz ganaba los 800 m del campeonato universitario estadounidense (NCAA) y llevaba sus marcas personales de las dos vueltas a 1:44,04 y de 1000 m a 2:15,28. En la capital de Finlandia se clasificó para la final sin problemas, adquiriendo la condición de favorito. La prueba resultó muy rápida por la actuación del propio Cruz que, enseguida, tomó la cuerda. A falta de 450 m el británico Peter Elliot (1962) se hizo con la cabeza, con el brasileño pegado a él. Elliot dio paso al primer 400 en 50,58. En la contrarrecta ambos atletas sostuvieron una dura pugna por la primera posición, sin que el británico cediese, de manera que abrieron un pequeño hueco con el resto de los competidores. Elliot obligó a Cruz a hacer la última curva por la calle 2, antes de claudicar a falta de 100 m. Entretanto, el alemán Willi Wülbeck (1954) que se había acercado peligrosamente al dúo de cabeza, dio un tremendo acelerón y se fue en cabeza hacia la meta, sin que el brasileño, desfallecido pudiese seguirlo. A falta de 15 metros, Cruz también se vio sobrepasado por el holandés Rob Druppers (1962). Wülbeck ya había ocupado la 5ª en la final olímpica de Montreal. Su progresión desde entonces había sido, no obstante, discreta. Su mejor marca era 1:44,66 desde 1979. En Helsinki realizó la mejor carrera de su vida y, con 1:43,65, mejoró su marca por 1,01. Druppers hizo también marca personal con 1:44,20 y Cruz consiguió el bronce con 1:44,27. El brasileño había salido por el oro, pero se desgastó demasiado durante los 150 m en que trató de adelantar a Elliot sin conseguirlo.

 

Tras el Mundial, Cruz dio por terminada su temporada y comenzó a pensar en los Juegos Olímpicos que tendrían lugar el año siguiente en Los Ángeles. Comenzó la temporada al aire libre muy pronto, en marzo. En junio, con 3:36,48 había mejorado por 4ª vez su plusmarca personal de 1500 m, marca que le valió para ganar el campeonato de la NCAA. El día anterior había ganado los 800 m en la misma competición con 1:45,10, su mejor registro del año en 800 m antes de los Juegos. Poco antes de ir a LA, el 21 de junio, realizó unos excelentes 2:14,54 en 1000 m, equivalente a 1:44,25 en 800. Cruz llegaba a los Juegos como uno de los favoritos. El plusmarquista mundial, el británico Seb Coe, volvía  tras una enfermedad que lo había mantenido casi un año apartado de la competición. Acababa de acreditar 1:43,84. El campeón olímpico, el también británico Steve Ovett (1955) era una incógnita, pues apenas se había dedicado a los 800 m en los 4 años anteriores. Los estadounidenses habían llegado fortísimos, tras una rapidísima carrera de selección en la que el veterano James Robinson (1954), con 1:43,92, no se había clasificado por milésimas, en beneficio de Earl Jones (1964), Johnny Gray (1960), ambos con 1:43,74, y John Marshall (1963) con 1:43,92. Otro que contaba, al menos para estar en la final, era el sorprendente italiano Donato Sabia (1963) que había corrido en junio en 1:43,88.

La clasificación para la final se presentaba muy dura, con 3 rondas previas antes de la final, en 4 días consecutivos. Cruz decidió continuar con la táctica de Helsinki y se impuso en la 5ª serie de la primera ronda con 1:45,66, un segundo por delante de Steve Ovett. Coe se mostró también en una excelente forma, ganando la 2ª serie con 1:45,71. En los cuartos de final, al día siguiente, se siguió corriendo muy rápido. El keniano Edwin Koech (1961) ganaba la primera serie con mejor marca personal de 1:44,74, por delante de Donato Sabia, 1:44,90. Su compatriota Billy Konchellah (1961) se imponía en una segunda serie mucho más táctica con 1:46,15, 0,6 menos que Coe, 3º. En esta serie resultó eliminado el estadounidense John Marshall. Cruz volvía a correr muy rápido en la tercera serie al imponerse con 1:44,84, 0,88 menos que Ovett, 2º. Johnny Gray era 3º.  Earl Jones, con 1:45,44 se hacía con la victoria en la 4º y última serie. Tras dos rondas, Cruz parecía en una gran forma, igual que los dos estadounidenses mejor acreditados, mientras Coe y Ovett se mostraban con más reservas y los kenianos Koech y Konchellah habían presentado su candidatura para la final.

Se esperaba mucho de las semifinales del 5 de agosto y no decepcionaron. Entrarían en la final los 4 primeros de cada serie. No habría clasificación por tiempos. En la primera, en la que no se presentó Peter Elliot por lesión, Jones tomó la cabeza rapidísimo, seguido de Cruz, pero ambos se vieron superados a falta de 450 m por Koech que dio paso al primer 400 en 49,56. Koech se mantuvo en cabeza con el brasileño pegado a él hasta la última recta. Por detrás Jones había perdido la 3ª posición a manos del sudanés Omar Khalifa (1955), con Ovett luchando por entrar entre los 4 primeros. Cruz adelantaba a Koech en la última recta, mientras Jones se hacía con la 3ª posición y Ovett, cayéndose, dejaba in extremis a Khalifa fuera de la final. Cinco atletas conseguían bajar de 1:45,00. Khalifa, con 1:44,87, no entraba en la carrera definitiva, en beneficio de Ovett, por 0,06. Cruz, con 1:43,82, y Koech, con 1:44,12, hacían sus mejores marcas. Jones era 3º con 1:44,51. Una fantástica semifinal.

Alberto Juantorena, el doblete inédito de “El Caballo”

A lo largo de la historia del atletismo, tan solo algunos atletas han sido capaces de hacer compatibles las pruebas de 400 y 800 m. En la primera mitad del siglo XX, al menos 5 corredores de alto nivel tuvieron éxito en ambas pruebas. El estadounidense Edward Ted Meredith (1892 – 1957) fue plusmarquista mundial en ambas distancias con 47,4 y 1:51,9. Fue oro olímpico en 1912 en las dos vueltas y en el relevo largo. Su compatriota Ben Eastman (1911 – 2002) también consiguió el tope universal en las dos pruebas, 46,4 y 1:49,8. Fue plata olímpica en 400 m en 1932. Hasta la fecha el último plusmarquista mundial de ambas pruebas fue el alemán Rudolf Harbig (1913 – 1944), con 46,0 y 1:46,6. La Segunda Guerra Mundial, que acabó con su vida, le impidió asaltar el oro olímpico. Los Juegos se reanudaron en 1948, con el doble duelo en 400 y 800 m entre el jamaicano Arthur Wint (1920 – 1992) y el estadounidense Mal Whitfield (1924 – 2012). El isleño fue oro en 400 m y plata en 800, mientras su rival se hizo con el oro en 800 m y en el relevo largo y el bronce en 400. En 1952 se repitió el resultado en los 800 m. En la prueba individual de 400 m Wint fue 5º y Whitfield 6º. Ambos formaron parte del relevo 4 x 400 m de su país, prueba en la que se impuso brillantemente Jamaica a los Estados Unidos.

Tras los Juegos de 1952, los mejores corredores de 800 fueron cambiando de forma de entrenar, prestando más atención a las condiciones aerobias, lo que fue convirtiendo la prueba de las dos vueltas en más compatible con la milla y los 1500 m. Aún en los 50 y primeros 60, el estadounidense Tom Courtney (1933), oro olímpico en 1956 en 800 m, lo fue también en 4 x 400, el jamaicano George Kerr ( (1937 – 2012) fue bronce olímpico en 400 y 800 m, y el belga Roger Moens (1930) plusmarquista mundial de 800 m, 1:45,7, y plata olímpica en 1960 había sido varias veces campeón nacional de 400 m. Pero el corredor de 800 m estaba cambiando, con la irrupción del neozelandés Peter Snell (1938), primer doblete olímpico en 800 y 1500 m, en 1960, desde 1920. Snell ya había sido campeón olímpico de las dos vueltas en 1960 y tenía las plusmarcas mundiales de esta prueba, 1:44,3, y de la milla, 3:54,1. Los 800 m se estaban convirtiendo en patrimonio de milleros. Y era un millero, el estadounidense Rick Wohlhuter (1948), el favorito para hacerse con el oro olímpico en 1976. Tras imponerse brillantemente en las pruebas de selección de su país, Wohlhuter, estaba decidido a intentar el doblete en las dos distancias de medio fondo. Era el plusmarquista mundial de las 880 yardas, con 1:44,1, equivalente a 1:43,4 en 800 m, superior a los 1:43,7 que el italo-surafricano Marcello Fiasconaro (1949) tenía oficialmente como plusmarca mundial. Además, el estadounidense había corrido en 3:36,4 los 1500 m y en 3:53,3 la milla. Era el gran favorito en los 800 m, donde nadie pareció reparar en un cubano, excelente corredor de 400 m y ex jugador de baloncesto, pese a que ya había acreditado 1:44,9 ese mismo año.

Alberto Juantorena Danger había nacido en Santiago de Cuba el 21 de noviembre de 1950. Con 1,88 m de estatura, comenzó simultaneando el baloncesto con el atletismo, con preferencia por el primero. Su rendimiento en el deporte de la canasta, sin embargo, no fue bueno. En 1971, en entrenadorpolaco Zygmunt Zabierzowski (1916 – 1978) lo convenció para dedicarse a los 400 m. El joven Alberto aceptó y tan solo un año después corría en 45,94 y era semifinalista en los Juegos Olímpicos de 1972. En 1973 fue, con 45,36, campeón mundial universitario y, en 1975, plata en los Juegos Panamericanos, con su mejor marca de 44,80, por detrás del estadounidense Ronnie Ray (1954), 44,45.

Zabierzowski logró convencer a un reticente Juantorena para tomar parte, además de en los 400, en los 800 m de los Juegos de Montreal. Como se dijo anteriormente se presentó en la capital de Québec con 1:44,9 de ese mismo año, un gran crono, que nadie tuvo muy en cuenta por su falta de experiencia en la prueba. De los favoritos se había caído el keniano Mike Boit (1949). Boit, que acreditaba 1:43,79 del año anterior, marca probablemente mejor que la plusmarca de Fiasconaro, no pudo tomar parte en los Juegos por el boicot que realizaron a los Juegos la mayoría de los países africanos. La primera ronda de los 800 m tuvo lugar el 23 de julio. Había tres rondas en tres días. Wohlhuter impresionó con 1:45,71 en la primera serie. Juantorena ganó la 4ª con 1:47,15. En las semifinales, al día siguiente, Juantorena se impuso en la primera con 1:45,88 y el estadounidense en la segunda con 1:46,72. Les acompañaban en la final el belga Ivo van Damme (1954), 1:45,07 de ese año, el campeón de Europa el entonces yugoslavo, hoy croata, Luciano Sušanj (1948), el subcampeón de Europa, el británico Steve Ovett (1955), el alemán Willie Wülbeck (1954), el italiano Carlo Grippo (1955) y el indio Sriram Singh (1948). La final, el 25 de julio, se inició muy rápido, con los atletas por calles los primeros 300 m. En la calle libre, Juantorena se colocaba momentáneamente en la primera posición, pero se vio sobrepasado por Singh, que dio paso al primer 400 en 50,85. A falta de 300 m, Juantorena recuperaba la cabeza con Wohlhuter y van Damme detrás de él. Wohlhuter trató de igualar el cubano en la última curva pero no pudo con su empuje y acabó perdiendo al segunda plaza en favor de van Damme. Con su potente zancada, Juantorena cruzó la meta en 1:43,50, nueva plusmarca mundial. van Damme fue plata con 1:43,86 y Wohlhuter bronce con 1:44,12.

 

 

Sin tiempo para recuperarse, Juantorena se enfrentaba al día siguiente, en sesiones de mañana y tarde, a las dos primera rondas de los 400 m, prueba en la que poco antes de los Juegos, había acreditado 44,70, su plusmarca personal. Reservando fuerzas se clasificó sin problemas para la semifinal del 28 de julio, que ganó con 45,10. Sus principales rivales en la final serían los estadounidenses Fred Newhouse (1948), Herman Frazier (1954) y Maxie Parks (1951) y el británico David Jenkins (1952), todos acreditados por debajo de 45,00. La final del 29 de julio era la 7ª carrera del cubano en 6 días, pero esto no le pesó en absoluto. Corriendo por la calle 2, entró segundo en la recta final, pero acabó imponiéndose en 44,26, 3ª mejor marca de la historia y mejor marca de siempre al nivel del mar. Newhouse fue plata, 44,40, y Frazier bronce, 44,95.

 

 

 

Juantorena consiguió un doblete inédito. En su momento se habló incluso de hazaña imposible, en dos distancias fisiológicamente incompatibles. La actuación del cubano fue ciertamente superlativa, con dos oros, una plusmarca mundial y otra mejor marca oficiosa al nivel del mar. También es cierto que desde entonces ningún corredor de élite ha hecho compatibles ambas pruebas. Sin embargo, como ya se ha señalado al principio de este artículo, sí hubo otros atletas que se quedaron muy cerca de conseguir los oros olímpicos de estas dos pruebas.

El cubano dio por terminada la temporada con un 7º puesto en la final olímpica de 4 x 400. Wohlhuter y van Damme sí tomaron parte en varias carreras de las reuniones posolímpicas del circuito europeo, donde se vieron sorprendidos por un apabullante Mike Boit. El keniano mostró que estaba en condiciones de haber disputado el oro olímpico a Juantorena, pues consiguió dos victorias, en Zúrich el 18 de agosto, derrotando a los dos medallistas olímpicos, y en Berlín el 20, con 1:43,90 y 1:43,57 respectivamente. El año se cerró con una terrible noticia. El 29 de diciembre Ivo van Damme se dejaba la vida en la carretera a los 22 años. Plata olímpica en 800 y 1500 m, sin duda la historia del mediofondo de finales de los 70 y principios de los 80 se habría escrito de forma diferente con él.

Boit tuvo la oportunidad de enfrentarse a Juantorena al año siguiente, en 1977, en dos ocasiones. Antes, el 21 de agosto, Juantorena había arañado unas centésimas a su plusmarca mundial, al imponerse en los 800 m de la Universiada con 1:43,44. Tres días después, en Zúrich, el keniano y el cubano protagonizaron un excelente duelo. Juantorena superó a la liebre y pasó la primera vuelta en 49,6. Boit se le acercó en la contrarrecta pero no pudo seguirlo mucho más. El campeón olímpico consiguió la victoria con 1:43,64, 1 segundo exacto menos que su rival. El segundo enfrentamiento tuvo lugar en Düsseldorf, donde se celebraba la primera Copa del Mundo. Como en Montreal el año anterior, el indio Sriram Singh encabezó la primera vuelta, en 52,31, con Juantorena inmediatamente detrás y Boit en tercera posición. A falta de 300 m, Juantorena se colocó primero, pero Boit no le perdió la rueda. La recta final resultó disputadísima. A falta de 30 m parecía que el keniano podía superar al cubano, pero este resistió y se impuso en 1:44,04, 0,1 menos que su rival. Dos días después, Juantorena se hacía también la victoria en los 400 m.

 

La temporada de 1978 fue la última en la que el cubano rayó a gran altura. Se proclamó campeón de 400 y 800 m de los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en la ciudad colombiana de Medellín, donde consiguió su segunda mejor marca de siempre en 400 m, 44,27A. En 800 m registró 1:44,38, tiempo superado en la lista mundial del año por el alemán Olaf Beyer (1957) y dos jóvenes británicos que darían mucho que hablar Steve Ovett y Seb Coe (1956).

A partir de 1979, los continuos problemas físicos de Juantorena hicieron que su rendimiento descendiese mucho. Fue 4º en la final olímpica de 400 m de 1980, sin atletas estadounidenses, en la que el entonces soviético, hoy ruso, Viktor Markin (1957) se impuso con plusmarca europea de 44,60, mejor marca mundial de ese año. En 1982 volvió a vencer en los 800 m de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. En 1983 se lesionó tras haberse clasificado para la semifinal del primer campeonato del mundo de 800 m. Se retiró al año siguiente, tras haberse proclamado vencedor de los Juegos de la Amistad, la competición con la que los países del Este contraprogramaron los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, que habían boicoteado. Su despidió de la alta competición tomando parte en varias reuniones del circuito europeo.

Licenciado en Económicas y bien integrado en el régimen cubano, Juantorena ha ocupado varios cargos de gestión deportiva tanto en el Gobierno de su país con en su federación de atletismo. Es también directivo de la IAAF y del Comité Olímpico Internacional. Su hazaña en los Juegos de Montreal con su amplia zancada persiste en la memoria de los aficionados. Es habitual ver la imponente figura del cubano entre el público de los grandes campeonatos, donde sigue firmando autógrafos y posando para fotos con admiradores.

Irena Szewińska, la dama de la velocidad

Hace unos días nos dejó la exatleta polaca Irena Szewińska. Szewińska fue una de las mejores velocistas de todos los tiempos, ganadora de siete medallas olímpicas, 3 de oro, y plusmarquista mundial, aunque no simultáneamente, de 100, 200 y 400 m. Ningún otro atleta, hombre o mujer, ha podido conseguir este monopolio de la velocidad.

Irena Szewińska nació como Irena Kirszestein en Leningrado (hoy San Petersburgo) el 24 de mayo de 1946. Su padre, de Varsovia, y su madre, de Kiev, se habían conocido en Samarkanda (Uzbekistán) donde ambos estudiaban. En 1947, tras el fallecimiento de su padre, la familia se trasladó a Varsovia. Adoptó el apellido de su marido, el exvallista y fotógrafo deportivo Januzs Szewińska, cuando se casó en 1967. Szewińska comenzó a practicar atletismo a los 7 años. En 1960 el triple oro olímpico en 100, 200 y 4 x 100 de la estadounidense Wilma Rudolph (1940-1994), una mujer procedente de un entorno absolutamente desfavorecido, le sirvió como inspiración para su fructífera futura carrera atlética. No tardaría mucho en emularla, pues 4 años después, acudió a los Juegos de Tokio para tomar parte en las pruebas de 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100. Su actuación fue excelente. Ganó la plata en los 200 m, con marca personal y plusmarca europea de 23,1 (23,13), superada por la estadounidense Edith McGuire (1944), 23,0 (23,05).  En la longitud también se hizo con la plata con mejor marca personal de 6,60, por detrás de la británica Mary Rand (1940), quien con 6,76 m se convertía en la nueva plusmarquista mundial. En el relevo consiguió mejorar sus actuaciones individuales. El equipo polaco formado por ella misma junto con Teresa Ciepły (1937 – 2006), Halina Górecka (1938) y Ewa Kłobukowska (1946) batió al estadounidense en la final con una nueva plusmarca mundial de 43,6 (43,69). Posteriormente la plusmarca se anularía, aunque se mantuvo el oro olímpico. Kłobukowska tenía una anomalía genética, un raro mosaicismo XX/XXY. Algunas de su células albergaban un cromosoma masculino. Entonces se consideraba motivo suficiente para dudar de la feminidad de una atleta y Kłobukowska resultó suspendida de por vida y sus plusmarcas anuladas. Esta anulación no se extendió a sus actuaciones en campeonatos.

Con tan solo 18 años, la joven Irena salía de Tokio con tres medallas olímpicas. Al año siguiente, 1965, conseguía su primera plusmarca mundial individual. El 9 de julio en Praga corría los 100 m en 11,1, superando los 11,2 de Wyomia Tyus (1945) de la final olímpica de Tokio. En la carrera de Praga, Ewa Kłobukowska consiguió el mismo tiempo que Szewińska, posteriormente anulado. Poco después, el 8 de agosto, se celebró en Varsovia un encuentro internacional entre Polonia y Estados Unidos. Szewińska derrotó en la carrera de 200 m a las campeonas olímpicas de 200, Edith McGuire, y de 100 m, Wyona Tyus, con un nuevo tope mundial de 22,7. Ese año fue doble campeona mundial universitaria de 100 y 200 m.

En 1966 se celebraban los campeonatos de Europa en Budapest. En la capital húngara, Szewińska, con 20 años, tuvo otra magnífica actuación, con las victorias en 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100 m. Tan solo se le escapó el oro en los 100 m, prueba en la que la derrotó Kłobukowska. Tras un año de 1967 sin grandes campeonatos, Szewińska acudió a los Juegos de México de 1968 con la intención de disputar los 4 oros en las pruebas de velocidad corta, el relevo corto y el salto de longitud. Las cosas no resultaron como ella había previsto. Pese que, con 6,67 m, había mejorado poco antes de los Juegos su plusmarca personal, no pasó de la fase de clasificación con unos pobres 6,19 y dos nulos. La última atleta en entrar en la final había saltado 6,30 m. Mejoró notablemente en los 100 m, donde hizo marca personal de 11,1 (11,19), pero fue insuficiente para superar a las estadounidenses Tyus, 11,0 (11,08) y Barbara Ferrell, 11,1 (11,15). La juvenil australiana Raelena Boyle (1951) fue 4ª con 11,1 (11,20). A Szewińska le quedaban los 200 m como última oportunidad de oro individual y no la desaprovechó. Su victoria con nueva plusmarca mundial de 22,5 (22,58) fue inapelable, con Boyle, plata, 22,7 (22,74), y su compatriota Jennifer Lamy (1949), bronce, 22,8 (22,88). Ferrell y Tyus fueron 4ª y 6ª. La prueba tuvo un nivel altísimo con cuatro mujeres por debajo de los 23,00.

Pese a este enorme oro en 200 m, es probable que los Juegos de México dejasen en la polaca un sabor agridulce. Tras la decepción de la longitud, aún quedaba la del relevo, en el que el equipo polaco no pudo defender su título olímpico por un mal cambio con caída del testigo en las semifinal. En 1969 la Asociación Europea de Atletismo trató de hacer los campeonatos de Europa al aire libre bienales. Se celebraron ese año y en 1971, pero en 1974 se volvió a los campeonatos cuatrienales, hasta 2010. Szewińska no tomó parte en los campeonatos de Europa de ese año y se retiró temporalmente en 1970 para dar a luz a su primer hijo,  Andrzej, que posteriormente sería jugador internacional de balonvolea. Volvió a la actividad atlética en 1971. En el Europeo de Helsinki fue bronce en 200 m, 5ª en salto de longitud y 6ª en 100. La vencedora en ambas pruebas fue el nuevo fenómeno de la velocidad femenina, la alemana Renate Stecher (1950). Stecher repetiría el doblete en los Juegos Olímpicos de Múnich al año siguiente. Szewińska, que no pudo llegar a la final de los 100 m, fue bronce en 200. Con 26 años y tres participaciones olímpicas, parecía que sus mejores días ya habían pasado. Nada más lejos de la realidad. La polaca aún tenía reservadas actuaciones memorables.

En 1973 mantuvo un buen tono con registros de la temporada de 11,1 y 22,7. Ese año Stecher se convertía en la primera mujer en correr por debajo de 11,0, con plusmarcas mundiales de 10,9 y 10,8, mientras en 200 se iba a 22,1 (22,38). La polaca no parecía rival para ella. Pero esa era una impresión equivocada. El 13 de junio de 1974, en Postdam, ambas atletas se enfrentaron en la distancia de 200 m, prueba en la que la alemana llevaba 4 años imbatida. Szewińska no solo ganó, sino que superó, con 22,0 (22,21) la plusmarca mundial de la alemana. El 1 de enero de 1977, este registro de 22,21 se convirtió en la primera plusmarca mundial eléctrica, únicas válidas a partir de entonces. Unos días después, el 29 de junio en Varsovia, Szewińska mejoraba en 100 m hasta 10,9. Menos de un mes después, el 22 de julio, en la misma capital polaca, Szewińska superaba por más de un segundo la plusmarca mundial de 400 m con 49,9, primer registro sub50,0 de la historia. En los campeonatos de Europa, la polaca no dio opción a Stecher y la batió tanto en los 100, 11,13 frente a 11,23, como en los 200 m, 22,51 frente a 22,58. La alemana tuvo que conformarse con dos platas.

 

Szewińska tenía intención de correr los 200 y los 400 m en los Juegos de Montreal, pero como el horario no era compatible eligió la distancia más larga. El 9 de mayo de 1976, perdió la plusmarca mundial de 400 m a manos de la alemana Christina Brehmer (1958) con un tiempo de 49,77. Poco antes de los Juegos, el 22 de junio en Bydgoszcz, Szewińska la recuperaba con un registro de 49,75. Se vislumbraba un gran duelo en la final olímpica entre la polaca de 30 años y la alemana de 18. Sin embargo, a la hora de la verdad, la experiencia de Szewińska resultó decisiva y el duelo lo fue menos. Brehmer lideró la prueba durante más de la mitad del recorrido, pero en la última recta emergió la polaca, quien no dio opción y se llevó el oro con una nueva plusmarca mundial de 49,29. Siete finalistas corrieron por debajo de 51,00.

La final olímpica de 400 de 1976 a partir de 1:25

El 1977 volvió a liderar las listas mundiales de 200 y 400 m, pruebas en las que venció en la primera Copa del Mundo, derrotando respectivamente a las pujantes alemanas Barbara Eckert (1955) y Marita Koch (1957). Esta última prueba resultó especialmente competida con las dos atletas por debajo de 50,00, 49,52 frente a 49,76. La alemana, en cabeza hasta los últimos 20 m, acabó cediendo ante el acoso de la polaca. Ese año también hizo una incursión en los 400 m vallas, entonces novedosa en categoría femenina. Realizó 56,62, 4º mejor registro de ese año, a 0,99 de la plusmarca mundial.

Szewińska aún fue bronce en los 400 m en sus últimos campeonatos de Europa, en 1978, poniendo fin a su racha de 34 victorias consecutivas en la prueba desde 1974. Fue olímpica por quinta vez en Moscú, en 1980, pero no pudo llegar a la final de la vuelta a la pista. Se retiró ese mismo año, tras 16 años en la élite mundial. Comenzó su carrera atlética enfrentándose a Wyomia Tyus y acabó haciéndolo con Marita Koch. Siempre fue capaz de dar lo mejor de sí misma con la presión de la alta competición. En 1970 se había licenciado en Administración de Empresas en la Universidad de Varsovia. Fue Presidente de la Federación Polaca de Atletismo de 1997 a 2009 y miembro de la IAAF desde 1998 hasta su fallecimiento, ocurrido el 29 de junio de 2018. Fue sin duda una de las grandes de siempre y una dama del atletismo durante y después de su época competitiva.

Beatriz Pascual, coleccionista de finales olímpicas

En los deportes individuales, los medios de comunicación no suelen prestar demasiada atención a todo lo que empeore el tercer puesto. Parece que las competiciones se terminan en la altura más baja del podio. Y, sin embargo, ser finalista olímpico es una auténtica proeza. De todos los deportistas de una determinada especialidad, solamente 8 lo alcanzan cada cuatro años. Y si resulta complicado hacerlo una vez, hacerlo tres es excepcional. La marchadora catalana Beatriz Pascual Rodríguez (Barcelona, 9 de mayo de1982) es una de los 5 atletas españoles que lo han conseguido. Formada como atleta en Viladecans, de la mano de la exmarchadora María Reyes Sobrino (1967), Pascual comenzó a destacar ya en categorías inferiores. En 2000 fue 6ª en los 10 Km marcha del Mundial Junior (sub20). Al año siguiente, en el Europeo Junior de Grosseto se hizo con la medalla de bronce en la misma prueba. En 2002 fue 12ª en el Europeo absoluto en 20 Km marcha. En 2003 se hizo con el 4º puesto en el Europeo sub23. En 2004 estaba preseleccionada para los Juegos de Atenas, pero no pudo participar por una lesión. Ese año, no obstante, se quedó muy cerca de bajar de hora y media con 1h30:22.

En los años siguientes consiguió una 20ª plaza en el Europeo de Gotemburgo 2006 y fue 13ª en el Mundial de Osaka en 2007. En 2008 alcanzó un excelente estado de forma. Tras un anodino 25º puesto en la Copa Mundial al principio de temporada, tuvo una magnífica participación olímpica en los 20 Km marcha en Pekín, bajo una intensa lluvia, al ocupar la 6ª posición con unos muy buenos 1h27:44, 2ª mejor marca española de siempre entonces. Diecinueve segundos antes había llegado María Vasco (1975), bronce 8 años antes en Sydney, y que había peleado por las medallas hasta el último tramo de la prueba.

Tras los Juegos de Pekín, Pascual continuó mostrándose muy regular en la alta competición. Fue 6ª en el Mundial de Berlín de 2009, 5ª en el Europeo de Barcelona al año siguiente y 8ª en el Mundial de Daegu 2011. Londres 2012 volvía a ser su gran objetivo, y lo pasó con nota. Pascual fue de menos a más y acabó en una excelente 8ª plaza con 1h27:56, su 2ª mejor marca de siempre. Posteriormente, en 2015 se descalificó a la rusa Olga Kaniskina (1985), que había sido plata, por lo que la catalana pasó a la 7ª plaza.

Pascual continuó con buenas actuaciones en los años siguientes. De nuevo fue 6ª en el Mundial de Moscú 2013 y 8ª en el Europeo de Zúrich 2014. Tras un 2015 complicado, llegaba de nuevo a los Juegos Olímpicos, de 2016, en buenas condiciones. Marchando de forma inteligente, la ya entonces experimentada Pascual entró en la 8ª posición, tercera vez finalista olímpica.

En cuanto a las competiciones nacionales, Pascual ha sido 5 veces campeona de España de 20 Km marcha (2006, 2008, 2009, 2011, 2016) y tres de 10 Km marcha en pista (2008, 2010, 2012). Es plusmarquista española de 5 y 10 Km en pista con 20:45,11 (2012) y 42:40,33 (2010).

Además de practicar atletismo de alto nivel, Pascual es licenciada en Bioquímica y Farmacia, tiene un máster en Biomedicina y es doctora en Genética Molecular. Acaba de retomar la competición tras un obligado parón la temporada pasada por maternidad.

Los otros 4 atletas españoles, 3 marchadores, que han estado en 3 finales olímpicas son el entrenador de Pascual, José Marín (1950), 5º en 1980, 6º en 1984 y 4º en 1988 en 20 Km marcha y 6º en 1980 y 4º en 1988 en 50 Km marcha, Francisco Fernández (1977), 7º en 2000 y 2008 y plata en 2004 en 20 Km marcha, María Vasco (1975) plata en 2000, 7ª en 2004 y 5ª en 2008 en 20 Km marcha y Ruth Beitia (1979), 4ª en 2008 y 2012 y campeona olímpica en 2016.

Probablemente sea Beatriz Pascual la atleta menos conocida de este selecto grupo, con el mérito añadido para la catalana de su currículo académico. En 2 años habrá de nuevo Juegos Olímpicos, ¿volverá a estar entre las 8 elegidas?

Dick Quax y el tridente neozelandés de los Juegos de Montreal

Acaba de fallecer Dick Quax (1948-2018). Junto con Rod Dixon (1950) y John Walker (1952), llevó al medio fondo y fondo neozelandés de los años 70 a lo más alto con su plata en el 5000 de los Juegos de Montreal 1976 y su plusmarca mundial de esta prueba al año siguiente.

Theodorus Jacobus Leonardus Dick Quax nació el 1 de enero de 1948 en Alkmaar, Países Bajos. En 1954 emigró junto con su familia a Nueva Zelanda. En 1969 adquirió la nacionalidad de su país de adopción. Comenzó a practicar atletismo en el instituto y saltó a la élite mundial en 1970, cuando ganó la medalla de bronce en los 1500 m de los Juegos de la Commonwealth, la primera vez que se disputaban las distancias métricas. Quax realizó 3:38,19, su mejor marca, solo superado por el campeón olímpico, el keniano Kip Keino (1940), 3:36,68. En la misma competición fue 7º en 5000 m.

Acudió a los Juegos de Múnich 1972 en malas condiciones físicas y no pasó de las series en los 5000 m. No participó en los Juegos de la Commonwealth de 1974, que se celebraban en su país, en Christchurch. En 1976, sin embargo, estaba en disposición de disputar el oro olímpico de 5000 m, prueba en la que acreditaba 13:13,10, de ese mismo año. Probablemente esta marca electrónica era mejor que la plusmarca mundial del belga Emiel Puttemans (1947) 13:13,0. Poco antes de los Juegos también había mejorado su plusmarca personal de 1500 m, 3:36,69. En los Juegos se inscribió en las dos pruebas de fondo en pista. Nueva Zelanda había ganado previamente 5 oros en pruebas de medio fondo y fondo, con Jack Lovelock (1910-1949), en 1500 m en 1936, Murray Halberg (1933), en 10 000 m en 1960, y Peter Snell (1938), en 800 m en 1960 y 800 y 1500 m en 1964. Ahora los kiwis aspiraban a otras dos medallas de oro, en 1500 m, con John Walker y en 5000 con el propio Quax y Rod Dixon. Este último, bronce olímpico en 1500 m 4 años antes, pese a haber sido, con Walker, uno de los protagonistas de la gran carrera de 1500 de los Juegos de la Commonwealth de 1974, había preferido los 5000 m, donde acreditaba 13:17,27.

Quax, aquejado de problemas intestinales, no se clasificó para la final de 10 000 m. En 5000 m se programaron 3 series semifinales, donde se clasificaban los 4 primeros y 2 tiempos de repesca. Quax, recuperado, ganó la primera con 13:30,85, con el finlandés Lasse Virén (1949), que aspiraba a repetir el doblete de Múnich tras su oro en 10 000 m, 4º con 13:33,39. Dixon fue 2º, con 13:20,48, en la rapidísima 3ª serie en la que el británico Bredan Foster (1948), acreditado en 13:14,6, hizo con 13:20,34 plusmarca olímpica. Se esperaba una final rápida. Los favoritos eran Virén, los dos neozelandeses, Foster y el alemán Klaus Peter Hildebrand (1952), acreditado en 13:13,69 ese mismo año. La carrera no resultó, sin embargo, tan rápida como se esperaba, pero sí tremendamente competida. Los 3 primeros kilómetros se corrieron en un parcial de 8:16,3 (2:41,2, 5:36,3). A continuación, Foster y Hildebrand avivaron el paso. Virén tomó la cabeza a falta de 1100m y dio paso al 4º km en 10:55,5. El finlandés fue incrementando progresivamente el ritmo. En la contrarrecta de la última vuelta resistió sucesivamente los ataques de Foster, Hildebrand y finalmente, en la curva, el de Quax, que no pudo impedir el cuarto oro del finlandés. Virén mantuvo la cabeza y se hizo con la victoria en 13:24,76. Había corrido el último kilómetro en 2:29,3 y la última vuelta en 55,4. Quax fue plata con 13:25,16 y Hildebrand, cayéndose, arrebató el bronce in extremis a Dixon, 13:25,38 por 13:25,50.

Quax se quedó sin oro y Dixon sin medalla. Al día siguiente, Walker sí consiguió el oro para Nueva Zelanda, en los 1500 m, por tercera vez en la historia. Al año siguiente, Quax se convertía en plusmarquista mundial de 5000 m al correr el 5 de julio en Estocolmo en 13:12,86. Ese año también mejoró su plusmarca personal de 10 000 m hasta 27:41,95. No volvió a ninguna final importante. En 1980 corrió el maratón de Eugene en 2h10:47.

Posteriormente se dedicó a la política local y fue concejal de la ciudad neozelandesa de Auckland. En 2013 se le diagnosticó un carcinoma de laringe, contra el que estuvo luchando 5 años hasta que sucumbió el pasado 28 de mayo. En una de sus últimas entrevistas, realizada este enero, el bravo Quax decía que No me estoy muriendo de cáncer, estoy viviendo con cáncer. No tenía reparos en hablar de la enfermedad que finalmente lo venció.

 

Vénuste Niyongabo, la generosidad de oro

En 1996, el mediofondista de Burundi Venuste Niyongabo era uno de los favoritos para hacerse con el oro olímpico en la prueba de los 1500 m, distancia en la que había sido medalla de bronce el año anterior en el Campeonato del Mundo de Gotemburgo. Sin embargo, renunció voluntariamente para que ocupase su plaza un compañero, que apenas tenía opción de pasar de la primera ronda. Niyongabo cambió entonces a los 5000 m, prueba en la que su experiencia era escasa.

Vénuste Niyongabo había nacido el 9 de diciembre de 1973 en Vugizo, una localidad del sur de Burundi, cerca de la frontera con Tanzania, bastante a salvo de las tensiones entre los hutus y los tutsi, que conducirían a una de las mayores masacres de los últimos años. Su padre era veterinario y su madre maestra de escuela. Creció con 6 hermanos. Desde muy joven había mostrado un gran talento atlético. En 1992 fue plata en el 1500 del Campeonato Mundial Junior (sub20) y ocupó la 4ª plaza en los 800 m. Poco después se fue a entrenar a Italia. Al año siguiente fue semifinalista en el kilómetro y medio del Mundial de Stuttgart.

En 1994 corrió en 3:30,66, tiempo que fue el 2º del año, a tan solo 0,05 del argelino Nourredinne Morceli (1970) que entonces dominaba la distancia con mano de hierro. El enfrentamiento entre ambos tendría lugar en 1995, en el Mundial de Gotemburgo. Hasta entonces, la jerarquía del kilómetro y medio se la disputaban el argelino y el español Fermín Cacho (1969), poco interesado este en los grandes registros. El norteafricano se había impuesto en los mundiales de 1991 y 1993 y era el plusmarquista mundial con 3:27,37 ese mismo año, que mejoraba sus 3:28,86 de 1992. El español se había hecho sin embargo, con el oro en los Juegos Olímpicos de 1992, prueba en la que el argelino ocupó una sorprendente 7ª posición. Morceli estaba en gran forma tras su plusmarca mundial, mientras Cacho había tenido muchos problemas físicos. Pero el argelino tenía otro rival, además del español y de Niyongabo. Se trataba del marroquí Hicham El Guerrouj (1974), que había corrido en 3:31,53. A la hora de la verdad, sin embargo, Morceli no dio opción. Con 51,38 en la última vuelta se hizo con el oro en 3:33,73. Niyongabo intentó valientemente aguantar al magrebí, pero acabó agotado y sobrepasado por El Guerrouj, plata con 3:35,28. El burundés consiguió mantener el bronce, 3:35,56. Cacho, en malas condiciones físicas, solo pudo ser 8º, 3:37,02.

La superioridad de Morceli seguía siendo incuestionable, pero el rendimiento de los dos jóvenes veinteañeros que le acompañaron en el podio hacían pensar que el oro olímpico podría resultar disputado.

El triple duelo, sin embargo, se frustró, pues sucedió algo que hizo que Niyongabo no tomase parte en el 1500 de los Juegos de Atlanta y lo hiciese en los 5000 m en su lugar. Un buen amigo y compatriota de Niyongabo, Dieudonné Kwizera (1967), acreditado en 1:44,74 y 3:37,05, había intentado en vano tomar parte en los Juegos de 1988 y 1992. No pudo hacerlo porque Burundi carecía de comité olímpico. Con unos amigos, pagándoselo de su bolsillo, consiguió formar un comité olímpico nacional en 1993. No obstante, en 1996 no consiguió que lo seleccionasen para los Juegos. Acudió a Atlanta como entrenador y abanderado. Dos días antes de las series, su amigo Niyongabo, que ese año había acreditado 3:30,09 le ofreció su puesto en los 1500 m. Él correría los 5000 m. Kwizera consiguió su sueño de ser olímpico, aunque no pudo pasar de la primera ronda.

La final de 1500 m resultó muy accidentada por la caída de El Guerrouj, que había corrido en 3:29,59, a 0,09 de la mejor marca de Morceli ese año. Nunca sabremos si El Guerrouj habría podido ganar, pues la caída lo dejó fuera de la carrera. Tampoco sabremos lo que habría ocurrido con Niyongabo en la prueba. Lo cierto es que el atleta de Burundi se enfrentaba a una distancia que solo había corrido 2 veces, aunque acreditaba unos buenos 13:03,29 de ese mismo año. Con 41 atletas en liza, se decidió hacer 3 rondas. Niyongabo fue 3º en su serie eliminatoria con 13:54,53 y 2º en una lentísima semifinal con 14:03,48. La final estaba plagada de experimentados corredores, entre ellos Dieter Baumann (1965) y Paul Bitok (1970), oro y plata en los anteriores Juegos. La carrera se corrió a un ritmo medio, que, sin duda, beneficiaba a un mediofondista. Siempre maniobrando en la cabeza de carrera, muy atento a los cambios, Niyongabo dio un fuerte cambio a falta de 500 m y abrió un importante hueco con sus rivales. La diferencia se estrechó en la última vuelta pero fue suficiente para que el atleta de Burundi se proclamase campeón olímpico con 13:07,96, por delante de Bitok, 13:08,16, que repetía plata olímpica, y del marroquí Khaid Boulami (1969), 13:08,37. Baumann, con 13:08,81 se quedaba fuera del podio.

Niyongabo se marchaba de Atlanta con el oro en el bolsillo,  con la participación olímpica de su amigo Kwizera y con la duda de qué habría pasado en el 1500 con él en liza. En 1997 realizó sus mejores marcas tanto en 1500 m. 3:29,18, entonces 4ª mejor marca de siempre, como en la milla, 3:46,70, entonces 5ª mejor marca de siempre. Desgraciadamente, las lesiones frenaron prematuramente su carrera. No compitió ese año en el Mundial de Atenas al aire libre, donde definitivamente cambió la jerarquía mundial del 1500 con eloro de El Guerrouj y la 4ª plaza de Morceli. Tomó parte en el 1500 del Mundial de Sevilla de 1999 y en el 5000 de los Juegos de Sydney 2000, pero en ningún caso pasó de la primera ronda. Se retiró poco después. Continúa viviendo en Italia, donde trabaja para Nike. Tal vez su generosidad se vio recompensada con el oro olímpico, o quizá todo fue casual.