España y el Mundial de Londres

Finalmente ha sucedido lo inédito. Por primera vez en la historia España se va de un Mundial de atletismo al aire libre sin ninguna medalla. Londres ha sido implacable con el atletismo español. Sin embargo, las opciones de medalla eran bastante lejanas. Se hablaba de Orlando Ortega (1991) Ruth Beitia (1979) y Miguel Ángel López (1988), plata y oro olímpicos respectivamente los dos primeros, campeón del mundo el segundo. Pero se decía sin mucha convicción, pues se sabía que ninguno de ellos estaba en su mejor momento. El presidente de la RFEA (Real Federación Española de Atletismo) hablo de algunos finalistas y de que los atletas darían lo mejor de sí. Tras finalizar la competición ha reconocido que sin medallas no se puede hablar de buena actuación. Si se analiza la situación de los últimos años de nuestro atletismo, los 5 finalistas obtenidos dan la medida real del nivel que tenemos en la actualidad.

El rendimiento de España en Londres ha sido parecido, incluso superior en algún caso, al de los tres mundiales anteriores. Nuestro atletismo lleva tiempo dando muestras de desgaste. En 2011 hubo 2 finalistas (1 medalla), en 2013, 5 finalistas (2 medallas) y en 2015, 2 finalistas (1 medalla). En Londres ha faltado una medalla para maquillar la realidad, que es lo que se venía haciendo en los últimos años. Este es el macroanálisis, pero si entramos en el microanálisis de cada atleta nos damos cuenta de que un buen número de ellos ha rendido magníficamente. Se ha criticado mucho el número de participantes, 55. Pero ello, por sí mismo, ya es un dato positivo. Indica que hay una buena clase media, capaz de superar los requisitos para entrar en un Mundial. No hay que olvidar que lo excepcional sale de lo bueno. Si queremos primeras figuras tendremos que tener una clase media numerosa. Por otro lado también se critica a los que caen a las primeras de cambio, con bajo rendimiento, pero eso ha sucedido en todos los campeonatos a los que ha acudido España. Cuando hay medallas, simplemente pasa a un segundo plano y nadie habla de ello. Hay múltiples causas: falta de experiencia, agotamiento en busca de la mínima, lesiones de última hora, miedo escénico… En cada caso deberían analizarse las causas y tratar de ponerles remedio, evitando sobreproteger al atleta encerrándolo en una burbuja de cristal.

Entrando ya en las actuaciones individuales, las presuntas opciones de medalla, efectivamente, no estaban en su mejor momento. Ortega entró por tiempos en la final, si bien con el 4º mejor registro. Se pensaba que podría estar cerca del bronce, pero finalmente fue 7º, correcto rendimiento dada su difícil temporada. Beitia acudía, tras un reciente parón, con una mejor marca de 1,94 m. Pudo entrar en la final, pero no accedió a un puesto entre las 8 primeras. La IAAF aprovechó un emotivo gesto suyo de consuelo con la italiana Alessia Trost (1993) para concederle un premio a los valores deportivos, sin duda a modo de reconocimiento de la impecable trayectoria de esta dama del atletismo. Y en cuanto a Miguel Ángel López, lleva dos temporadas complicadas. Aun así, consiguió su mejor marca del año, 1h19:57, y se quedó a dos escalones de ser finalista.

La marcha, no obstante, merece un punto y aparte y un detenido análisis. Los números, muchas veces fríos, indican que hubo 10 participantes, 4 en 20 Km masculinos (había un representante más por el oro de López hace 2 años) y 3 en 20 Km femeninos y 50 masculinos, y un solo puesto de finalista. Para una especialidad que ha dado tantas medallas al atletismo español parece muy poco, pero si se miran las prestaciones de cada atleta, la perspectiva cambia. Álvaro Martín (1994) fue 8º en 20 Km marcha con 1h19:41, a 5 segundos de su mejor marca, Alberto Amezcua (1992) ocupó la 9º posición con 1h19:46, su mejor marca personal, y Diego García (1996) también mejoró su marca personal, 1h:20:34 y fue 13º. En categoría femenina Laura García Caro (1995) y María Pérez (1996) fueron 9ª y 10ª con sus mejores prestaciones de siempre, 1h29:29 y 1h29:37 respectivamente. Finalmente en la carrera masculina de 50 Km marcha, el veterano José Ignacio Díaz (1979), mejoró con 3h48:08 su plusmarca personal por 3 minutos y fue el 17º. La conclusión es que España llevó, con la excepción de Díaz y López, un equipo muy joven que dio lo mejor de sí y que mostró que el futuro les pertenece.

Y si la marcha está en proceso de transformación y va por el buen camino, del 1500, otra de las tradicionales alegrías del atletismo español, se puede decir que España ha vuelto, de la mano de Adel Mechaal (1990). Este catalán de adopción se ha trasladado esta temporada a Madrid para entrenar con Antonio Serrano. Esto, junto con su exoneración por parte del TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo), le han permitido mejorar notablemente su rendimiento. Con una mejor marca de 3:34,70, que probablemente superará en breve, en una extraña carrera que corrió de forma muy inteligente, se quedó a un suspiro del podio y a 0,01 de su marca. Mechaal igualó la prestación de Manuel Olmedo (1984) en 2011. España no ponía atletas en la final desde entonces. Solo lo superan Fermín Cacho (1969), plata en 1993 y 1997, José Luis González (1957), plata en 1987, y Reyes Estévez (1976), bronce en 1997 y 1999. Sin salir del 1500, el rendimiento de las españolas en categoría femenina, sin apenas repercusión mediática, fue magnífico. Ambas llegaban con la mínima pelada. Aunque no pudieron superar la primera ronda, Marta Pérez (1993) mejoró con 4:05,82, su plusmarca personal por segundo y medio, y Solange Pereira (1989), realizó con 4:06,63, su segunda mejor marca de siempre.

El relevo 4 x 400 metros nos dio una enorme alegría. Dos renuncias de última hora permitieron al equipo español clasificarse in extremis para la competición. Óscar Husillos (1993), Lucas Búa (1994), Darwin Echeverría (1996) y Samuel García (1991), se impusieron brillantemente en su semifinal con 3:01,71, muy cerca de la plusmarca española de 3:01,43. El registro fue el 6º de los semifinalistas. La medalla era muy complicada pero se esperaba una gran actuación con plusmarca nacional. Y no decepcionaron, 5º puesto con 3:00,65, con la barrera de los 3 minutos a tiro. En la prueba individual, Búa y García no pasaron de la primera ronda, pero Husillos tuvo una gran prestación, semifinalista con doble plusmarca personal de 45,22 y 45,16.

La otra finalista fue Ana Peleteiro (1995). Tras muchos contratiempos, no solo físicos, por fin ha encontrado la estabilidad atlética entrenando con Iván Pedroso (1972) y teniendo como compañera a la campeona del Mundo Yulimar Rojas (1995). Peleteiro, que en esta temporada ya había mejorado a 14,22 m, consiguió la clasificación con 14,07 m en su tercer intento y, una vez en la final, entró en la mejora con marca personal de 14,23 m. Se lesionó en su 4º salto, pero se mostró muy competitiva. En el apartado masculino, un gran tercer salto de 16,80 m permitió a Pablo Torrijos (1992) acceder a la final, donde fue 10º con 16,53. Él mismo no estaba del todo satisfecho pues juzgaba la mejora asequible.

Jorge Ureña (1993) fue otro de los atletas españoles que rindió de forma óptima. Tras dos temporadas en las que se quedó a las puertas de los 8000 puntos, este año logró por fin superar esta barrera. Ocurrió en Monzón, donde totalizó 8108 puntos. En Londres, junto a los mejores, demostró su capacidad competitiva y pudo conseguir plusmarca personal, 8125, lo que lo colocó en una notable 9ª plaza. 

Y termino mi repaso de la actuación española con dos mujeres que compatibilizan el atletismo con las ciencias biomédicas, Ana Lozano (1991) y Marta Esteban (1982). Lozano, tras su victoria en el Campeonato de Europa de Selecciones, no logró entrar en la final pero con 15:14,23 mejoró su plusmarca personal por 4 segundos. Esteban, una médico nuclear de 34 años, realizó en un circuito muy complicado su segunda mejor marca de siempre 2h33:37. El caso de Esteban es el paradigma de la esencia del atletismo, la superación de uno mismo, en este caso, haciendo compatibles la Medicina y el maratón. Ha llegado a su mejor momento bien pasados los 30 y en su primer gran campeonato ha tenido una excelente prestación, que le ha servido para ser 21º.

En definitiva, si nos vamos al microanálisis, creo que la actuación española muestra más luces que sombras. Hay una generación nacida en torno a 1993 a la que Londres no se le ha quedado grande y que puede dar mucho de sí. El Europeo de 2018 podrá servirles de puente para tratar de llegar a lo más alto. Están llamados a devolver el brillo al atletismo español. Probablemente será un brillo menos cegador que antaño, pero más fiable.

Lo que se podría cambiar en el atletismo actual

El mes de agosto, con el gran campeonato de atletismo que corresponda, es muy propicio para los debates en Twitter. En realidad la única razón por la que me uní a Twitter fue para escribir de atletismo y poder cambiar impresiones con otros aficionados. Estos días he tenido un contraste de pareceres sobre la idoneidad de medir los saltos largos desde el punto de batida y no desde el final de la tabla. Aunque la medida no resultó muy bien considerada, me hizo pensar en lo que me gustaría que cambiase en el atletismo actual. Y me salen unas cuantas cosas, que paso a contar.

  1. Medida de los saltos largos desde el punto de batida

Se podría habilitar una zona en la que el pie dejase una marca, desde donde se mediría el salto. Esta sería la medición real de lo que el atleta ha saltado porque los atletas se suelen dejar entre 5 y 12 cm. Además, dado que el saltador no tendría que ajustar tanto es probable que su prestación fuese mejor que con los actuales ajustes. Se me ha argumentado que de esta forma se perdería el arte del cálculo de la batida. Puede ser, pero en los saltos altos, cuando se cambió la arena por las colchonetas se también se perdió el arte de caer de pie.

 

2. Reducir al mínimo la clasificación por tiempos

Las clasificaciones por tiempo dividen a los atletas en dos grupos, los privilegiados de la última serie y el resto. Entiendo que haya algún atleta que se clasifique por tiempos cuando el número de finalistas dividido por el número de semifinales no da un número entero. El resto de esa división deberían ser los clasificados por tiempos. En estos Mundiales de Londres hemos visto ¡5! clasificadas por tiempos en las dos semifinales de 5000 m femeninos, y 5 por puestos, o 6 tiempos en las 3 series de la primera ronda del 1500 masculino. Quizá donde esto deja un mayor lugar al azar es en las semifinales de 800 m. Hasta los Juegos de Seúl 1988 en la prueba de 800 m había 4 rondas. En la tercera ronda se disputaban dos semifinales y entraban los 4 primeros en la final. A partir de entonces comenzaron a disputarse 3 semifinales, de las que pasan los dos primeros y dos tiempos, lo que añade un componente innecesario de fortuna. Lo peor es que, en lugar de corregirlo, este método se ha extendido a todas las pruebas que se disputan por calles. Se dice que si se pusiese una ronda más sería un esfuerzo excesivo. Tal vez, pero Sebastian Coe (1956) en los Juegos de LA84 corrió 4 rondas de 800 m y 3 de 1500 m. Acabó con oro en la segunda y plata en la primera. Hoy día casi nadie dobla. Otra solución podría ser incrementar el número de finalistas a 9, en los estadios que tuviesen 9 calles. Pasarían los 3 primeros de cada serie y no habría, lógicamente, ningún repescado por tiempos.

3. Volver a dos curvas por calles en los 800 m

A mediados de los 70, durante 4 temporadas, de 1973 a 1976, las pruebas de 800 m se disputaron con 2 curvas por calles. Tal vez fue casual, pero las marcas de los grandes campeonatos con esta forma de correr fueron excepcionales: 1:43,91 en los Juegos de la Commonwealth de 1974, 1:44,07 en el campeonato de Europa del mismo año y 1:43:50 en los Juegos Olímpicos de Montreal, plusmarca mundial. Lo cierto es que tener que ir 300 m por calles antes de poder hacerse con la cuerda supone tener que correr muy rápido, lo que hace mucho más difícil que la carrera sea táctica. En mi opinión sería mucho más vistoso.

 

4. Incorporar los 3000 m lisos como oficial en los campeonatos

A la prueba de 3000 m lisos ya le he dedicado 3 entradas. Fue olímpica hasta 1924 en categoría masculina, en la modalidad de equipos, y de 1984 a 1992 en categoría femenina y es oficial en el Campeonato de Europa por equipos y en la Copa Continental de la IAAF, en ambos casos en sustitución del cada vez menos disputado 10 000. El programa olímpico masculino de atletismo apenas se ha modificado desde 1928. El atletismo ha cambiado mucho desde entonces. El salto del 1500 al 5000 es enorme. Hay atletas que realmente serían mejores en una prueba intermedia. Seguro que hay muchísimas más razones para que los 3000 m se conviertan en olímpicos. Supondrían un cambio para bien en la transición del mediofondo al fondo.

5. Decatlón femenino

En el primer campeonato del mundo, celebrado en 1983, las mujeres no disputaron el 5000 (había 3000), el 10 000, los obstáculos, el triple, la pértiga, el martillo o la marcha. Hoy el programa femenino, más con la reciente introducción semiclandestina de los 50 Km marcha, es casi igual al masculino. Tal vez no tiene sentido que disputen una prueba combinada diferente al decatlón. Ya escribí contra la ocurrencia de la EAA de hacer octatlón para ambos sexos, pero creo que se debería hacer octatlón femenino durante un ciclo olímpico como transición al decatlón. El cambio directo al decatlón sería complicado principalmente por el salto de pértiga. El octatlón consistiría en 100 m, longitud, peso y 400 m el primer día, y 100 m vallas, altura, jabalina, pértiga y 1500 m el segundo día. En 4 años se transformaría en decatlón.

Solo son las opiniones de un aficionado al atletismo, pero creo que podrían mejorar el espectáculo y hacer este deporte más atractivo y mediático.

 

 

Carlos Toro, las críticas y el grosor epidérmico

Carlos Toro es un prolífico compositor. Ha realizado temas tan conocidos como Resistiré para El dúo dinámico o Desesperada para Marta Sánchez. También es el autor de la canción de inicio de la serie infantil Campeones. Además, desde hace 30 años, es periodista deportivo, sobre todo de atletismo, ciclismo y natación, deportes de los que escribe en el diario El Mundo. Recuerdo sus primeros artículos en Atletismo Español allá por 1987. Me llamaron la atención por su gran conocimiento de atletismo y su depurado estilo. Desde entonces lo he seguido primero en Atletismo Español y después en El Mundo, donde ocasionalmente también escribe sobre armamento. En mi opinión es uno de los mejores periodistas de atletismo que he leído, lo que, en absoluto, significa que esté de acuerdo en todo lo que escribe.

Hoy, sin embargo, ha generado una enorme polémica por un artículo, publicado en El Mundo, titulado El fiasco de Eusebio Cáceres en una España con exceso de equipajeen el que critica la actuación del saltador de longitud Eusebio Cáceres (1991) en el Mundial de Londres. Cáceres es un excelente saltador de longitud, al que los problemas físicos están minando en los últimos tiempos, Ha sido 4º en el Mundial al aire libre de 2013 y en el Europeo al aire libre de 2014, 5º en el Europeo de 2012 y 8º en el Europeo de 2010. Su mejor marca es de 8,37 m (2013). Este año ha saltado 8,31 m en Sierra Nevada. Aunque la marca de clasificación para la final de salto de longitud era 8,05 m, finalmente el último atleta entró con 7,91 m. A Cáceres, que saltó este año 7,96 m o más al aire libre, le habrían bastado 7,92 m. No pudo alcanzar esa distancia, pues realizó 3 nulos. Acabar una competición de saltos con 0 no es una buena actuación. Y este tipo de resultados suelen dar lugar a críticas, en ocasiones severas, por parte de la prensa y de los aficionados. Es probable que haya una buena razón, o varias, pero seguramente se quedarán en el entorno más cercano al atleta. Tal vez la puesta a punto no fuese la mejor, pero a veces esto solo se puede determinar a posteriori. En 1984, José Manuel Abascal (1958) dudó hasta el último momento de su condición física y de su participación en el 1500 de los Juegos Olímpicos y acabó siendo bronce. Pero, en cualquier caso, 3 nulos significan no haber competido bien.

Carlos Toro valora negativamente esta actuación y extiende su juicio crítico sobre el atleta a los últimos años. Especula, o tal vez no tanto, con las posibles causas. Es una opinión, en absoluto irrespetuosa. El rendimiento de Cáceres le sirve, además,  como ejemplo para reprobar lo que considera criterios de selección demasiado generosos. Esta es una vieja polémica. En tiempos, la RFEA solo seleccionaba aquellos atletas que consideraba podrían superar al menos una ronda, pero ya hace muchos años que esto no es así. Quien acredite la mínima exigida y un estado de forma razonable se gana la selección. La política actual de la Federación me parece la adecuada. Siempre se critica que hay atletas que no rinden de forma adecuada porque agotan su energía buscando la mínima. Es cierto, pero su presencia en una gran competición constituye una oportunidad perfecta para el aprendizaje y una motivación para seguir entrenando duro. Toro, profundo conocedor del atletismo, sin embargo, sería más restrictivo en la forma de seleccionar.

Con Carlos Toro se puede estar de acuerdo o discrepar, pero cosas que he leído hoy en Twitter me han dejado descolocado. Se le trata a como si fuese un indocumentado sin conocimiento alguno de atletismo por un lado y, por otro, se le censura que haya enjuiciado negativamente la actuación de Cáceres. No es la primera vez que sucede. Parece que a muchos les parece mal que se critique que un atleta rinda por debajo de lo esperado. Enseguida se apela a lo duro que es el atletismo, a que una lesión puede arruinar una temporada, a la trayectoria pasada del atleta o a que el periodista no sabe o se mueve por no sé qué oscuros intereses. Menos esto último, lo anterior es cierto, pero no puede eximir al deportista de que se enjuicie negativamente una actuación desafortunada. Un deportista de alto nivel está siempre sometido a la valoración del público y de la prensa, y esta puede ser positiva o negativa. Tal vez, demasiadas veces, se exagera tanto en un sentido como en otro, pero el buen deportista debería estar acostumbrado, no tener la piel tan fina y no dejarse influir demasiado. Quien conoce mejor sus fortalezas y debilidades debería ser él mismo. En una ocasión, la prensa fotografió a un jugador en un casino el día anterior a un partido importante fuera de casa. La prensa el día del partido no tuvo piedad de él. Esa tarde jugó de forma tan memorable que el entrenador del equipo contrario dijo a los periodistas: Por favor, la próxima vez que veáis a Michael Jordan en un casino, no os metáis con él.