Al Oerter, la excelencia competitiva cuatro veces olímpica

Una de las ventajas del atletismo es que juzga objetivamente la valía del atleta con el metro o el segundo. Para que un registro sea válido solo se necesita una instalación homologada y unos jueces que lo acrediten. No son necesarios ojeadores de ningún tipo. Otro tema es la gran competición, donde unos muestran su valía y otros rinden muy por debajo de sus posibilidades. Tal vez el paradigma del primer grupo sea el lanzador de disco estadounidense Al Oerter (1936-2007). La macrohistoria dice que Oerter fue el primer atleta en conseguir 4 oros en la misma prueba en 4 Juegos Olímpicos diferentes, pero la microhistoria nos cuenta que no era el favorito en ninguna de ellas. Sus victorias se debieron a una asombrosa capacidad para dar lo máximo de sí mismo en el momento más importante, sobreponiéndose, en alguno de los casos, a la adversidad.

Alfred Oerter nació el 19 de septiembre de 1936, en Queens, Nueva York. Comenzó a lanzar disco cuando con 15 años lo vieron devolver un artefacto que se había caído a sus pies. Dotado de un físico imponente, 1,92 m de altura y 115 Kg de peso, en 1956, con 19 años se clasificó segundo en las pruebas de selección de Estados Unidos para los Juegos de Melbourne, detrás del plusmarquista mundial, 59,28 m, Fortune Gordien (1922-1990). Gordien, junto con el italiano Adolfo Consolini (1917-1969), era el favorito para el oro olímpico. Nadie reparó en el joven Oerter para el que los Juegos, a los que acudía con una plusmarca personal de 55,90 m, eran su primera competición internacional. Pero un primer lanzamiento de 56,36 m, nueva plusmarca olímpica, lo colocó en primera posición, que ya no abandonaría en todo el concurso. La victoria de Oerter fue contundente, pues realizó los 3 mejores lanzamientos, y dejó a Gordien, 2º con 54,81 m, a más de metro y medio.

En los años siguientes, Oerter consolidó su posición en la élite mundial de los discóbolos. Entonces la única competición de ámbito mundial eran los Juegos, pero en aquel momento la mayoría de grandes lanzadores de disco estaban en los Estados Unidos. Oerter fue campeón nacional en 1957, 1959 y 1960, en esta última ocasión con 59,07 m, su mejor marca antes de los Juegos de Roma 1960. Fue, sin embargo segundo, por detrás de Rink Babka (1936) en las pruebas de selección. Poco antes de los Juegos, Babka había igualado con 59,91 m, la plusmarca mundial del polaco Edmund Piątkowski (1936-2016). Daba la sensación de que Babka era superior a Oerter y la final olímpica pareció confirmarlo, pues el primero lideró la competición con un lanzamiento inicial de 58,02 m hasta el 5º intento. Él mismo aconsejó a Oerter que elevase un poco más el ángulo de salida del disco, lo que permitió a este colocarse en cabeza en el quinto intento con 59,18 m, de nuevo plusmarca personal y plusmarca olímpica. Este lanzamiento acabó dándole su segundo oro.

Tras los Juegos de Roma, Oerter por fin unió a su superioridad competitiva superioridad métrica. En 1961, otro estadounidense, Jay Silvester (1937), había roto por primera vez la barrera de los 60 metros, con 60,56 y 60,72 unos días después. En 1962, Oerter superó otro límite solo considerado en los países anglosajones, el de los 200 pies (60,96 m), con 61,10. Hasta 1964, realizó otras tres plusmarcas mundiales, 62,5, 62,62 y 62,94. Poco antes de los Juegos de Tokio, el entonces checoslovaco Ludvik Danek (1937-1998) superaba con 64,55 m a Oerter. Este, entretanto, había sido campeón de Estados Unidos en 1962, con 62,62, una de sus plusmarcas mundiales, y en 1964. En las pruebas de selección, sin embargo, volvió a ser segundo, tras Jay Silvester.

Los Juegos de Tokio supusieron para Oerter el mayor reto de su carrera. Por si no fuese suficiente enfrentarse a Danek, plusmarquista mundial e imbatido en 45 competiciones, el estadounidense acudió a Japón con una lesión cervical, que lo obligó a competir con collarín, y una cartílago costal roto. Le aconsejaron no lanzar, pero evidentemente no hizo caso. No obstante, lideró la ronda de clasificación con 60,54 m a la primera. Pensaba que sus posibilidades de ganar se basaban en un primer lanzamiento largo, pues no creía estar en condiciones de mejorar según avanzase el concurso. La realidad fue mucho más complicada. Danek se colocó en cabeza con un primer lanzamiento de 59,73 m. Tras un cuarto intento de 60,52 m parecía que el concurso se había terminado, con Oerter en 3ª posición a casi 3 m. Pero el campeón olímpico sacó fuerzas de flaqueza con un 5º intento de 61,00 m, nueva plusmarca olímpica, que le sirvió para revalidar el oro.

En los años siguientes, pese a que mejoró su plusmarca personal a 63,22 en 1966, sus registros se alejaban de los mejores. Parecía que su mejor época había pasado. En 1968, Jay Silvester llevó la plusmarca mundial a 66,54 m, y, poco antes de los Juegos de México, a 68,40 m, que lo convertían en el gran favorito para el oro olímpico. Silvester también se había impuesto en las pruebas de selección, en las que Oerter fue 3º. Pero la excelencia competitiva de Oerter volvió a imponerse en los Juegos. Llegó a Ciudad de México con 62,74 m, la 5ª marca de ese año a más de 5 m de la plusmarca mundial de Silvester. En la fase de clasificación consiguió entrar en la final con un primer lanzamiento de 59,36 m, 6ª mejor marca de los participantes, a casi 4 m de Silvester. Pero la final fue otra historia. Una vez más Oerter mostró que era, con diferencia, el mejor competidor. Comenzó con 61,78 m, que lo situaron 3º. Perdió un puesto tras un nulo en el segundo intento, pero en el tercero se fue a 64,78 m, su mejor marca personal y nueva plusmarca olímpica. Nadie se le pudo acercar. El alemán Lothar Milde (1934), con 63,08 m en el segundo intento, fue plata. Oerter aún realizó otros dos lanzamientos que le habrían dado el oro, un quinto de 64,74 m y un sexto de 64,04 m. Danek fue bronce y un descentrado Silvester, al que pudo la competición y la leyenda de Oerter, solo pudo ser 5º.

Tras los Juegos de México, después de 4 oros en otras tantas competiciones, Oerter se retiró, pero solo temporalmente. Volvió a entrenarse a finales de los 70. En mayo de 1980 realizó la mejor marca de su vida, 69,46 m, no muy lejos de la plusmarca mundial, 71,16 m, del alemán Wolfgang Schmidt (1954). Con ese lanzamiento, Oerter habría liderado la lista mundial de 2016.  Intentó clasificarse para los Juegos de Moscú, pero fue 4º en las pruebas de selección, testimoniales, en cualquier caso, pues en aquel momento ya era oficial que los Estados Unidos no acudirían a Moscú. Quizá si su país hubiese ido a tomar parte en los Juegos, el resultado de Oerter habría sido otro. En 1984 aún fue 6º en los campeonatos de Estados Unidos con 62,89 m. Tenía intención de competir en las pruebas de selección olímpica pero se lesionó. Siguió lanzando hasta 1986.

Oerter se había licenciado en Administración de Empresas en 1958. Se dedicó a la gestión empresarial durante varios años. Tras su retirada definitiva comenzó a hacer pintura abstracta. En 2006 fundó The Art of Olympics, una organización para promocionar los valores olímpicos a través del arte. Oerter padeció hipertensión arterial desde joven, lo que acabó provocándole insuficiencia cardíaca. Se le propuso trasplante, pero lo rechazó. Falleció el 1 de octubre de 2007, a los 71 años de edad.

Al Oerter constituye el paradigma de la excelencia competitiva. No solo fue capaz de ganar 4 oros olímpicos en la misma prueba, una hazaña insólita, sino que lo hizo siempre en condiciones adversas y en presencia de rivales superiores desde el punto de vista métrico. Salvo en 1960, que estaba entre los favoritos, en ninguna de las otras tres ocasiones se contaba con él para el oro. En 1956 era aún muy joven, en 1964 estaba seriamente lesionado y en 1968 parecía claramente inferior a sus rivales. Pero Oerter supo dar lo mejor de sí en cada uno de los Juegos en que participó. En las 4 ocasiones superó la plusmarca olímpica, y en tres de ellas hizo su plusmarca personal. Hay un dato curioso, nunca fue capaz de ganar las pruebas de selección de su país Además, salvo en el corto período de 1962 a 1964, siempre hubo atletas que lanzaban más que él, pero ninguno de ellos fue capaz de acercársele cuando el mayor premio, el oro olímpico, estaba en juego.