Alberto Juantorena, el doblete inédito de “El Caballo”

A lo largo de la historia del atletismo, tan solo algunos atletas han sido capaces de hacer compatibles las pruebas de 400 y 800 m. En la primera mitad del siglo XX, al menos 5 corredores de alto nivel tuvieron éxito en ambas pruebas. El estadounidense Edward Ted Meredith (1892 – 1957) fue plusmarquista mundial en ambas distancias con 47,4 y 1:51,9. Fue oro olímpico en 1912 en las dos vueltas y en el relevo largo. Su compatriota Ben Eastman (1911 – 2002) también consiguió el tope universal en las dos pruebas, 46,4 y 1:49,8. Fue plata olímpica en 400 m en 1932. Hasta la fecha el último plusmarquista mundial de ambas pruebas fue el alemán Rudolf Harbig (1913 – 1944), con 46,0 y 1:46,6. La Segunda Guerra Mundial, que acabó con su vida, le impidió asaltar el oro olímpico. Los Juegos se reanudaron en 1948, con el doble duelo en 400 y 800 m entre el jamaicano Arthur Wint (1920 – 1992) y el estadounidense Mal Whitfield (1924 – 2012). El isleño fue oro en 400 m y plata en 800, mientras su rival se hizo con el oro en 800 m y en el relevo largo y el bronce en 400. En 1952 se repitió el resultado en los 800 m. En la prueba individual de 400 m Wint fue 5º y Whitfield 6º. Ambos formaron parte del relevo 4 x 400 m de su país, prueba en la que se impuso brillantemente Jamaica a los Estados Unidos.

Tras los Juegos de 1952, los mejores corredores de 800 fueron cambiando de forma de entrenar, prestando más atención a las condiciones aerobias, lo que fue convirtiendo la prueba de las dos vueltas en más compatible con la milla y los 1500 m. Aún en los 50 y primeros 60, el estadounidense Tom Courtney (1933), oro olímpico en 1956 en 800 m, lo fue también en 4 x 400, el jamaicano George Kerr ( (1937 – 2012) fue bronce olímpico en 400 y 800 m, y el belga Roger Moens (1930) plusmarquista mundial de 800 m, 1:45,7, y plata olímpica en 1960 había sido varias veces campeón nacional de 400 m. Pero el corredor de 800 m estaba cambiando, con la irrupción del neozelandés Peter Snell (1938), primer doblete olímpico en 800 y 1500 m, en 1960, desde 1920. Snell ya había sido campeón olímpico de las dos vueltas en 1960 y tenía las plusmarcas mundiales de esta prueba, 1:44,3, y de la milla, 3:54,1. Los 800 m se estaban convirtiendo en patrimonio de milleros. Y era un millero, el estadounidense Rick Wohlhuter (1948), el favorito para hacerse con el oro olímpico en 1976. Tras imponerse brillantemente en las pruebas de selección de su país, Wohlhuter, estaba decidido a intentar el doblete en las dos distancias de medio fondo. Era el plusmarquista mundial de las 880 yardas, con 1:44,1, equivalente a 1:43,4 en 800 m, superior a los 1:43,7 que el italo-surafricano Marcello Fiasconaro (1949) tenía oficialmente como plusmarca mundial. Además, el estadounidense había corrido en 3:36,4 los 1500 m y en 3:53,3 la milla. Era el gran favorito en los 800 m, donde nadie pareció reparar en un cubano, excelente corredor de 400 m y ex jugador de baloncesto, pese a que ya había acreditado 1:44,9 ese mismo año.

Alberto Juantorena Danger había nacido en Santiago de Cuba el 21 de noviembre de 1950. Con 1,88 m de estatura, comenzó simultaneando el baloncesto con el atletismo, con preferencia por el primero. Su rendimiento en el deporte de la canasta, sin embargo, no fue bueno. En 1971, en entrenadorpolaco Zygmunt Zabierzowski (1916 – 1978) lo convenció para dedicarse a los 400 m. El joven Alberto aceptó y tan solo un año después corría en 45,94 y era semifinalista en los Juegos Olímpicos de 1972. En 1973 fue, con 45,36, campeón mundial universitario y, en 1975, plata en los Juegos Panamericanos, con su mejor marca de 44,80, por detrás del estadounidense Ronnie Ray (1954), 44,45.

Zabierzowski logró convencer a un reticente Juantorena para tomar parte, además de en los 400, en los 800 m de los Juegos de Montreal. Como se dijo anteriormente se presentó en la capital de Québec con 1:44,9 de ese mismo año, un gran crono, que nadie tuvo muy en cuenta por su falta de experiencia en la prueba. De los favoritos se había caído el keniano Mike Boit (1949). Boit, que acreditaba 1:43,79 del año anterior, marca probablemente mejor que la plusmarca de Fiasconaro, no pudo tomar parte en los Juegos por el boicot que realizaron a los Juegos la mayoría de los países africanos. La primera ronda de los 800 m tuvo lugar el 23 de julio. Había tres rondas en tres días. Wohlhuter impresionó con 1:45,71 en la primera serie. Juantorena ganó la 4ª con 1:47,15. En las semifinales, al día siguiente, Juantorena se impuso en la primera con 1:45,88 y el estadounidense en la segunda con 1:46,72. Les acompañaban en la final el belga Ivo van Damme (1954), 1:45,07 de ese año, el campeón de Europa el entonces yugoslavo, hoy croata, Luciano Sušanj (1948), el subcampeón de Europa, el británico Steve Ovett (1955), el alemán Willie Wülbeck (1954), el italiano Carlo Grippo (1955) y el indio Sriram Singh (1948). La final, el 25 de julio, se inició muy rápido, con los atletas por calles los primeros 300 m. En la calle libre, Juantorena se colocaba momentáneamente en la primera posición, pero se vio sobrepasado por Singh, que dio paso al primer 400 en 50,85. A falta de 300 m, Juantorena recuperaba la cabeza con Wohlhuter y van Damme detrás de él. Wohlhuter trató de igualar el cubano en la última curva pero no pudo con su empuje y acabó perdiendo al segunda plaza en favor de van Damme. Con su potente zancada, Juantorena cruzó la meta en 1:43,50, nueva plusmarca mundial. van Damme fue plata con 1:43,86 y Wohlhuter bronce con 1:44,12.

 

 

Sin tiempo para recuperarse, Juantorena se enfrentaba al día siguiente, en sesiones de mañana y tarde, a las dos primera rondas de los 400 m, prueba en la que poco antes de los Juegos, había acreditado 44,70, su plusmarca personal. Reservando fuerzas se clasificó sin problemas para la semifinal del 28 de julio, que ganó con 45,10. Sus principales rivales en la final serían los estadounidenses Fred Newhouse (1948), Herman Frazier (1954) y Maxie Parks (1951) y el británico David Jenkins (1952), todos acreditados por debajo de 45,00. La final del 29 de julio era la 7ª carrera del cubano en 6 días, pero esto no le pesó en absoluto. Corriendo por la calle 2, entró segundo en la recta final, pero acabó imponiéndose en 44,26, 3ª mejor marca de la historia y mejor marca de siempre al nivel del mar. Newhouse fue plata, 44,40, y Frazier bronce, 44,95.

 

 

 

Juantorena consiguió un doblete inédito. En su momento se habló incluso de hazaña imposible, en dos distancias fisiológicamente incompatibles. La actuación del cubano fue ciertamente superlativa, con dos oros, una plusmarca mundial y otra mejor marca oficiosa al nivel del mar. También es cierto que desde entonces ningún corredor de élite ha hecho compatibles ambas pruebas. Sin embargo, como ya se ha señalado al principio de este artículo, sí hubo otros atletas que se quedaron muy cerca de conseguir los oros olímpicos de estas dos pruebas.

El cubano dio por terminada la temporada con un 7º puesto en la final olímpica de 4 x 400. Wohlhuter y van Damme sí tomaron parte en varias carreras de las reuniones posolímpicas del circuito europeo, donde se vieron sorprendidos por un apabullante Mike Boit. El keniano mostró que estaba en condiciones de haber disputado el oro olímpico a Juantorena, pues consiguió dos victorias, en Zúrich el 18 de agosto, derrotando a los dos medallistas olímpicos, y en Berlín el 20, con 1:43,90 y 1:43,57 respectivamente. El año se cerró con una terrible noticia. El 29 de diciembre Ivo van Damme se dejaba la vida en la carretera a los 22 años. Plata olímpica en 800 y 1500 m, sin duda la historia del mediofondo de finales de los 70 y principios de los 80 se habría escrito de forma diferente con él.

Boit tuvo la oportunidad de enfrentarse a Juantorena al año siguiente, en 1977, en dos ocasiones. Antes, el 21 de agosto, Juantorena había arañado unas centésimas a su plusmarca mundial, al imponerse en los 800 m de la Universiada con 1:43,44. Tres días después, en Zúrich, el keniano y el cubano protagonizaron un excelente duelo. Juantorena superó a la liebre y pasó la primera vuelta en 49,6. Boit se le acercó en la contrarrecta pero no pudo seguirlo mucho más. El campeón olímpico consiguió la victoria con 1:43,64, 1 segundo exacto menos que su rival. El segundo enfrentamiento tuvo lugar en Düsseldorf, donde se celebraba la primera Copa del Mundo. Como en Montreal el año anterior, el indio Sriram Singh encabezó la primera vuelta, en 52,31, con Juantorena inmediatamente detrás y Boit en tercera posición. A falta de 300 m, Juantorena se colocó primero, pero Boit no le perdió la rueda. La recta final resultó disputadísima. A falta de 30 m parecía que el keniano podía superar al cubano, pero este resistió y se impuso en 1:44,04, 0,1 menos que su rival. Dos días después, Juantorena se hacía también la victoria en los 400 m.

 

La temporada de 1978 fue la última en la que el cubano rayó a gran altura. Se proclamó campeón de 400 y 800 m de los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en la ciudad colombiana de Medellín, donde consiguió su segunda mejor marca de siempre en 400 m, 44,27A. En 800 m registró 1:44,38, tiempo superado en la lista mundial del año por el alemán Olaf Beyer (1957) y dos jóvenes británicos que darían mucho que hablar Steve Ovett y Seb Coe (1956).

A partir de 1979, los continuos problemas físicos de Juantorena hicieron que su rendimiento descendiese mucho. Fue 4º en una devaluada final olímpica de 400 m, sin los atletas occidentales, en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980. En 1982 volvió a vencer en los 800 m de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. En 1983 se lesionó tras haberse clasificado para la semifinal del primer campeonato del mundo de 800 m. Se retiró al año siguiente, tras haberse proclamado vencedor de los Juegos de la Amistad, la competición con la que los países del Este contraprogramaron los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, que habían boicoteado. Su despidió de la alta competición tomando parte en varias reuniones del circuito europeo.

Licenciado en Económicas y bien integrado en el régimen cubano, Juantorena ha ocupado varios cargos de gestión deportiva tanto en el Gobierno de su país con en su federación de atletismo. Es también directivo de la IAAF y del Comité Olímpico Internacional. Su hazaña en los Juegos de Montreal con su amplia zancada persiste en la memoria de los aficionados. Es habitual ver la imponente figura del cubano entre el público de los grandes campeonatos, donde sigue firmando autógrafos y posando para fotos con admiradores.

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Irena Szewińska, la dama de la velocidad

Hace unos días nos dejó la exatleta polaca Irena Szewińska. Szewińska fue una de las mejores velocistas de todos los tiempos, ganadora de siete medallas olímpicas, 3 de oro, y plusmarquista mundial, aunque no simultáneamente, de 100, 200 y 400 m. Ningún otro atleta, hombre o mujer, ha podido conseguir este monopolio de la velocidad.

Irena Szewińska nació como Irena Kirszestein en Leningrado (hoy San Petersburgo) el 24 de mayo de 1946. Su padre, de Varsovia, y su madre, de Kiev, se habían conocido en Samarkanda (Uzbekistán) donde ambos estudiaban. En 1947, tras el fallecimiento de su padre,  la familia se trasladó a Varsovia. Adoptó el apellido de su marido, el exvallista y fotógrafo deportivo Januzs Szewińska, cuando se casó en 1967. Szewińska comenzó a practicar atletismo a los 7 años. En 1960 el triple oro olímpico en 100, 200 y 4 x 100 de la estadounidense Wilma Rudolph (1940-1994), una mujer procedente de un entorno absolutamente desfavorecido, le sirvió como inspiración para su fructífera futura carrera atlética. No tardaría mucho en emularla, pues 4 años después, acudió a los Juegos de Tokio para tomar parte en las pruebas de 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100. Su actuación fue excelente. Ganó la plata en los 200 m, con marca personal y plusmarca europea de 23,1 (23,13), superada por la estadounidense Edith McGuire (1944), 23,0 (23,05).  En la longitud también se hizo con la plata con mejor marca personal de 6,60, por detrás de la británica Mary Rand (1940), quien con 6,76 m se convertía en la nueva plusmarquista mundial. En el relevo consiguió mejorar sus actuaciones individuales. El equipo polaco formado por ella misma junto con Teresa Ciepły (1937 – 2006), Halina Górecka (1938) y Ewa Kłobukowska (1946) batió al estadounidense en la final con una nueva plusmarca mundial de 43,6 (43,69). Posteriormente la plusmarca se anularía, aunque se mantuvo el oro olímpico. Kłobukowska tenía una anomalía genética, un raro mosaicismo XX/XXY. Algunas de su células albergaban un cromosoma masculino. Entonces se consideraba motivo suficiente para dudar de la feminidad de una atleta y Kłobukowska resultó suspendida de por vida y sus plusmarcas anuladas. Esta anulación no se extendió a sus actuaciones en campeonatos.

Con tan solo 18 años, la joven Irena salía de Tokio con tres medallas olímpicas. Al año siguiente, 1965, conseguía su primera plusmarca mundial individual. El 9 de julio en Praga corría los 100 m en 11,1, superando los 11,2 de Wyomia Tyus (1945) de la final olímpica de Tokio. En la carrera de Praga, Ewa Kłobukowska consiguió el mismo tiempo que Szewińska, posteriormente anulado. Poco después, el 8 de agosto, se celebró en Varsovia un encuentro internacional entre Polonia y Estados Unidos. Szewińska derrotó en la carrera de 200 m a las campeonas olímpicas de 200, Edith McGuire, y de 100 m, Wyona Tyus, con un nuevo tope mundial de 22,7. Ese año fue doble campeona mundial universitaria de 100 y 200 m.

En 1966 se celebraban los campeonatos de Europa en Budapest. En la capital húngara, Szewińska, con 20 años, tuvo otra magnífica actuación, con las victorias en 200 m, salto de longitud y relevos 4 x 100 m. Tan solo se le escapó el oro en los 100 m, prueba en la que la derrotó Kłobukowska. Tras un año de 1967 sin grandes campeonatos, Szewińska acudió a los Juegos de México de 1968 con la intención de disputar los 4 oros en las pruebas de velocidad corta, el relevo corto y el salto de longitud. Las cosas no resultaron como ella había previsto. Pese que, con 6,67 m, había mejorado poco antes de los Juegos su plusmarca personal, no pasó de la fase de clasificación con unos pobres 6,19 y dos nulos. La última atleta en entrar en la final había saltado 6,30 m. Mejoró notablemente en los 100 m, donde hizo marca personal de 11,1 (11,19), pero fue insuficiente para superar a las estadounidenses Tyus, 11,0 (11,08) y Barbara Ferrell, 11,1 (11,15). La juvenil australiana Raelena Boyle (1951) fue 4ª con 11,1 (11,20). A Szewińska le quedaban los 200 m como última oportunidad de oro individual y no la desaprovechó. Su victoria con nueva plusmarca mundial de 22,5 (22,58) fue inapelable, con Boyle, plata, 22,7 (22,74), y su compatriota Jennifer Lamy (1949), bronce, 22,8 (22,88). Ferrell y Tyus fueron 4ª y 6ª. La prueba tuvo un nivel altísimo con cuatro mujeres por debajo de los 23,00.

Pese a este enorme oro en 200 m, es probable que los Juegos de México dejasen en la polaca un sabor agridulce. Tras la decepción de la longitud, aún quedaba la del relevo, en el que el equipo polaco no pudo defender su título olímpico por un mal cambio con caída del testigo en las semifinal. En 1969 la Asociación Europea de Atletismo trató de hacer los campeonatos de Europa al aire libre bienales. Se celebraron ese año y en 1971, pero en 1974 se volvió a los campeonatos cuatrienales hasta 2010. Szewińska no tomó parte en los campeonatos de Europa de ese año y se retiró temporalmente en 1970 para dar a luz a su primer hijo,  Andrzej, que posteriormente sería jugador internacional de balonvolea. Volvió a la actividad atlética en 1971. En el Europeo de Helsinki fue bronce en 200 m, 5ª en salto de longitud y 6ª en 100. La vencedora en ambas pruebas fue el nuevo fenómeno de la velocidad femenina, la alemana Renate Stecher (1950). Stecher repetiría el doblete en los Juegos Olímpicos de Múnich al año siguiente. Szewińska, que no pudo llegar a la final de los 100 m, fue bronce en 200. Con 26 años y tres participaciones olímpicas, parecía que sus mejores días ya habían pasado. Nada más lejos de la realidad. La polaca aún tenía reservadas actuaciones memorables.

En 1973 mantuvo un buen tono con registros de la temporada de 11,1 y 22,7. Ese año Stecher se convertía en la primera mujer en correr por debajo de 11,0, con plusmarcas mundiales de 10,9 y 10,8, mientras en 200 se iba a 22,1 (22,38). La polaca no parecía rival para ella. Pero esa era una impresión equivocada. El 13 de junio de 1974, en Postdam, ambas atletas se enfrentaron en la distancia de 200 m, prueba en la que la alemana llevaba 4 años imbatida. Szewińska no solo ganó, sino que superó, con 22,0 (22,21) la plusmarca mundial de la alemana. El 1 de enero de 1977, este registro de 22,21 se convirtió en la primera plusmarca mundial eléctrica, únicas válidas a partir de entonces. Unos días después, el 29 de junio en Varsovia, Szewińska mejoraba en 100 m hasta 10,9. Menos de un mes después, el 22 de julio, en la misma capital polaca, Szewińska superaba por más de un segundo la plusmarca mundial de 400 m con 49,9, primer registro sub50,0 de la historia. En los campeonatos de Europa, la polaca no dio opción a Stecher y la batió tanto en los 100, 11,13 frente a 11,23, como en los 200 m, 22,51 frente a 22,58. La alemana tuvo que conformarse con dos platas.

 

Szewińska tenía intención de correr los 200 y los 400 m en los Juegos de Montreal, pero como el horario no era compatible eligió la distancia más larga. El 9 de mayo de 1976, perdió la plusmarca mundial de 400 m a manos de la alemana Christina Brehmer (1958) con un tiempo de 49,77. Poco antes de los Juegos, el 22 de junio en Bydgoszcz, Szewińska la recuperaba con un registro de 49,75. Se vislumbraba un gran duelo en la final olímpica entre la polaca de 30 años y la alemana de 18. Sin embargo, a la hora de la verdad, la experiencia de Szewińska resultó decisiva y el duelo lo fue menos. Brehmer lideró la prueba durante más de la mitad del recorrido, pero en la última recta emergió la polaca, quien no dio opción y se llevó el oro con una nueva plusmarca mundial de 49,29. Siete finalistas corrieron por debajo de 51,00.

La final olímpica de 400 de 1976 a partir de 1:25

El 1977 volvió a liderar las listas mundiales de 200 y 400 m, pruebas en las que venció en la primera Copa del Mundo, derrotando respectivamente a las pujantes alemanas Barbara Eckert (1955) y Marita Koch (1957). Esta última prueba resultó especialmente competida con las dos atletas por debajo de 50,00, 49,52 frente a 49,76. La alemana, en cabeza hasta los últimos 20 m, acabó cediendo ante el acoso de la polaca. Ese año también hizo una incursión en los 400 m vallas, entonces novedosa en categoría femenina. Realizó 56,62, 4º mejor registro de ese año, a 0,99 de la plusmarca mundial.

Szewińska aún fue bronce en los 400 m en sus últimos campeonatos de Europa, en 1978, poniendo fin a su racha de 34 victorias consecutivas en la prueba desde 1974. Fue olímpica por quinta vez en Moscú, en 1980, pero no pudo llegar a la final de la vuelta a la pista. Se retiró ese mismo año, tras 16 años en la élite mundial. Comenzó su carrera atlética enfrentándose a Wyomia Tyus y acabó haciéndolo con Marita Koch. Siempre fue capaz de dar lo mejor de sí misma con la presión de la alta competición. En 1970 se había licenciado en Administración de Empresas en la Universidad de Varsovia. Fue Presidente de la Federación Polaca de Atletismo de 1997 a 2009 y miembro de la IAAF desde 1998 hasta su fallecimiento, ocurrido el 29 de junio de 2018. Fue sin duda una de las grandes de siempre y una dama del atletismo durante y después de su época competitiva.