Montreal 1976, los Juegos del boicot africano

Los Juegos de Montreal han pasado a la historia por dos hechos extradeportivos: el boicot africano y el endeudamiento de la ciudad para organizar las competiciones. A poco más de dos semanas para la inauguración de los Juegos, el líder de Uganda, el tristemente famoso Idi Amin (¿1925? – 2003), al que posteriormente se le unieron varios países africanos, solicitó la exclusión del equipo olímpico de Nueva Zelanda, argumentando que los All Black de rugby había jugado un torneo en Suráfrica. Debido a su política racista, este país estaba fuera de las organizaciones internacionales, incluidas las deportivas. El comité olímpico neozelandés arguyó que el rugby no era un deporte olímpico y que ellos no tenían potestad para decir a sus ciudadanos adónde podían ir o no. Estas explicaciones no convencieron a los representantes de los países africanos, que se mantuvieron en su postura y finalmente, ante la negativa del Comité Olímpico Internacional (COI) de apoyarlos, decidieron no participar en los Juegos. Tan solo Senegal y Costa de Marfil dejaron de secundar la postura mayoritaria de otros 30 países africanos. Lo que entonces ignoraban los dirigentes del COI era que este sería el primero, y el menos importante, de tres boicots a los Juegos, que hicieron peligrar seriamente su continuidad.

El otro problema al que se enfrentó la ciudad de Montreal fue la falta de financiación, pues ni el Gobierno Federal de Canadá ni el Gobierno Provincial de Quebec apoyaron económicamente el proyecto de los Juegos. A la ciudad no le quedó otro remedio que establecer un impuesto especial a sus ciudadanos y endeudarse, de modo que los pagos no se terminaron hasta diciembre de 2006.

A pesar de estos problemas, el atletismo en los Juegos de Montreal tuvo un nivel altísimo. Se superaron 8 plusmarcas mundiales. Se disputaron 37 pruebas, 14 femeninas. La IAAF decidió que los 50 kilómetros marcha no fuesen olímpicos, aunque se recuperaron 4 años después. No hubo otros cambios respecto a Montreal. No se añadieron pruebas a la categoría femenina. Pese a que en el Europeo de 1974 ya se habían disputado los 3000 m femeninos, el COI no los introduciría en el programa olímpico hasta 1984.

Uno de los grandes héroes de los Juegos fue el cubano de 26 años Alberto Juantorena Danger (1950). Juantorena comenzó jugando al baloncesto. Posteriormente se pasó al atletismo, deporte en que se especializó inicialmente en los 400 m lisos. En esta prueba acreditaba 44,3A (44,70) antes de los Juegos. En el mismo año olímpico, unos buenos 1:44,9 en 800 m lo llevaron a intentar un doblete inédito. En los 800 m tras imponerse con autoridad en su serie y en su semifinal, el cubano salió en la final decidido a correr muy rápido. Su victoria fue incuestionable en una nueva plusmarca mundial de 1:43,50. Unos días después ganó su segundo oro, al hacer 44,26 en 400m, mejor marca entonces al nivel del mar.

Otra de las plusmarcas mundiales tuvo lugar en los 400 metros vallas, prueba en la que un desconocido de 20 años llamado Edwin Moses (1955), que llegó a los Juegos con la mejor marca del año, 48,8, y se marchó con el tope universal, 47,64. Iniciaba en Montreal un incontestable dominio de la especialidad, que se prolongó por más de una década.

La prueba más larga de obstáculos, los 3000 m, resultó una espectacular carrera, que terminó en plusmarca mundial, con un trepidante final, del que salió triunfante el sueco Anders Gärderud (1946), con 8:08,02.

El lanzador de jabalina húngaro Miklos Nemeth (1946), cuyo padre Imre (1917-1989) había ganado el oro en lanzamiento de martillo en 1948, se proclamó campeón olímpico con nueva plusmarca mundial de 94,58 m, con la antigua jabalina. Nemeth tomó parte en 4 Juegos, pero solo en Montreal alcanzó el podio.

La quinta plusmarca mundial masculina corrió a cargo del decatleta estadounidense Bruce Jenner (1949), que llegó hasta los 8618 puntos (8634 con la tabla de 1985). Tras su victoria olímpica se convirtió en una celebridad. Pero ocultaba un problema muy serio. Tras tres matrimonios fallidos, finalmente Jenner hizo público que en realidad tenía un cerebro de mujer encerrado en un cuerpo masculino. Después de someterse a terapia durante varios años, finalmente en 2015 se cambió oficialmente de sexo y de nombre. En la actualidad es Catlyn Jenner.

En categoría femenina, se superaron tres plusmarcas mundiales a cargo de la polaca Irena Szevinska (1946), la soviética Tatyana Kazankina (1951) y el equipo 4 x 400 de Alemania del Este. La polaca fue una atleta enorme y muy versátil, pues combinó todas las pruebas de velocidad con el salto de longitud. Su carrera olímpica había comenzado 12 años atrás, en los Juegos de Tokio, donde ganó el oro en 4×100, la plata en salto de longitud y en 200 m. Cuatro años después, en México, fue oro en 200 m y bronce en 100 m. En Munich 1972 ganó el bronce en 100 m. Y en sus últimos Juegos, en Montreal, se impuso con autoridad en los 400 m con 49,28, nueva plusmarca mundial.

Kazankina tuvo una exitosa carrera atlética que acabó en 1984, tras negarse a pasar un control de drogas. Fue plusmarquista mundial de 800, 1500 y 3000 m. En Montreal hizo el doblete en 1500 y 800 m, en esta última prueba con unos asombrosos 1:54,84, nueva plusmarca mundial. Fue también oro olímpico en 1500 m 4 años después en Moscú.

El equipo de Alemania del Este de 4 x 400 m, formado por Doris Maletzki (1952), Briggite Rohde (1954), Ellen Streidt (1952) y Christina Brehmer (1958) corrieron la prueba por primera vez en la historia en una media de menos de 50,00 s cada 400 m, con un tiempo final de 3:19,23, 3,62 s mejor que la anterior plusmarca conseguida que tenía también Alemania Oriental desde Múnich.

Además de las plusmarcas mundiales, en Montreal hubo otras actuaciones muy destacadas. En los 100 m se produjo el hecho histórico de que por primera vez no había ningún atleta estadounidense en el podio. El oro se fue por primera vez para Trinidad y Tobago, de la mano de Hasely Crawford (1950), con unos buenos 10,06. El subcampeón en 100 m, el jamaicano Donald Quarrie (1951), que tenía la 2ª mejor marca de siempre con 19,86A, se hizo con el oro en los 200 m, en 20,22. Las vallas altas fueron para el francés Guy Drut (1950), que llegaría a Ministro de Deportes de su país.

El boicot africano y la malaria del plusmarquista mundial de 1500 m, el tanzano Filbert Bayi (1953), frustraron su duelo con el neozelandés John Walker (1952), que se impuso con cierta facilidad en una final táctica. El finlandés Lasse Virén (1949) repitió el doble oro en 5000 y 10000 m de 4 años antes en Múnich. Intentando emular a Emil Zatopek (1922-2000) fue 5º en maratón, prueba en la que se impuso en alemán oriental Waldemar Cierpinksi (1950).

En los saltos verticales los oros se fueron para Polonia. Jacek Wszola (1956) ganó la altura con 2,25 y Tadeus Slusarski (1950-1998) la pértiga con 5,50. El soviético Viktor Saneyev (1945) obtuvo su tercero oro consecutivo en triple salto. El estadounidense Arnie Robinson (1948) se hizo con el título de longitud con 8,35 m, entonces 3ª mejor marca de siempre.

Montreal fue el inicio de la carrera del mejor lanzador de martillo de siempre, el entonces soviético Yuriy Georgiyevich Sedykh (1955). Sedykh tuvo una brillante y dilatada carrera que se extendió tres lustros. En estos Juegos se hizo con su primer oro olímpico, con 77,52. 15 años después, en Tokio, se proclamó campeón del mundo con 81,70. En el medio otro oro y una plata olímpicos, una plata mundialista, tres oros europeos y 6 plusmarcas mundiales hasta 86,74 m en 1986, tope aún vigente.

Otro joven lanzador y futuro plusmarquista mundial, el alemán Udo Beyer (1955) ganó la prueba de lanzamiento de peso. El disco fue para el plusmarquista mundial, el estadounidense Mark Wilkins (1950), que consiguió la plata 8 años después en Los Ángeles.

En categoría femenina, las alemanas del Este se impusieron en 9 pruebas de 14. Aún faltaban algunos años para que se demostrase la poca fiabilidad de esos triunfos. Además del reseñado oro con plusmarca mundial de 4x400m, las alemanas orientales también fueron oro en el relevo corto. Los 200 m fueron para Bärbel Wöckel (1955), entonces Eckert, con 22,37. Repetiría en Moscú 4 años después. En 100 m vallas Johanna Schaller (1955) se hizo con el oro. Los saltos fueron para Angela Voigt (1951-2013), la longitud, y para la plusmarquista mundial, que aún practicaba el rodillo ventral, Rosemarie Ackerman (1952), la altura.

El pentatlón se resolvió por puestos a favor de la primera, ya que las dos alemanas del Este Siegrun Siegl (1952) y Christine Laser (1951) empataron a 4745 puntos. Los dos últimos oros alemanes fueron para las lanzadoras de disco, Evelin Jahl (1956), y de jabalina, Ruth Fuchs (1946).

Además de las ya mencionadas Szevinska y Kazankina, las otras dos ganadoras no alemanas del Este fueron la campeona de 100 m, la alemana occidental Annegret Richter (1950) y la campeona de lanzamiento de peso, la búlgara plusmarquista mundial con 21,89 m, Ivanka Khristova (1941).

Así, pese al boicot africano, los Juegos de Montreal tuvieron un nivel muy alto, algo que no tuvo continuidad 4 años después en Moscú, cuyos Juegos sufrieron el boicot más grave de la historia que estuvo cerca de llevar al traste el movimiento olímpico. Probablemente lo salvó el duelo Coe Ovett.

NOTA: Dedico esta entrada a mi amigo, antiguo lanzador de martillo, Ángel Berruezo, pues estos fueron los primeros Juegos que siguió y los que lo engancharon al atletismo.

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La gran cosecha del fondo gallego de 1967

Hace unos días coincidí con lo más granado de la última gran generación del fondo gallego, nacidos casi todos ellos en 1967. Tras los Teixeira, Manuel Augusto Alonso, Carlos Pérez y Javier Álvarez Salgado, el fondo gallego entró en un período de transición de unos tres lustros, hasta que la nueva generación consiguió reverdecer los laureles de sus mayores. Su presencia fue constante en los puestos de honor de los campeonatos nacionales, pero también consiguieron buenos resultados en el ámbito internacional.

Probablemente el momento culminante de este grupo de grandes fondistas gallegos sucedió en el campeonato de España de campo a través de 1994, celebrado en Zarauz, un circuito que a priori beneficiaba al gran favorito, el vitoriano Martín Fiz (1963). Sin embargo, Fiz no pudo con el tridente gallego formado por Carlos Adán (1967), Carlos de la Torre (1966) y Alejandro Gómez (1967), quienes sin táctica de equipo coparon por ese orden el podio del campeonato.

Tal vez  sea Alejandro Gómez Cabral (Zamáns, Vigo, 11 de abril de 1967) el atleta más emblemático de este excelso grupo. Alejandro, un atleta de gran talento, comenzó a entrenar en 1983, cuando era juvenil (sub18) de primer año. Esa temporada corrió los 3000 m en 8:29,8. Al año siguiente mantuvo una dura pugna con otro vigués, Manuel Carrera Nogueira (3 de febrero de 1967), por la plusmarca española de 3000 m de la categoría. A principios de esa temporada de 1984, Alejandro había realizado 14:16,7 en 5000 m. En septiembre se hizo con el primado español de 3000 m con 8:15,30, pero unos días después, Carrera, que hasta ese año se había centrado en 800 y 1500 m le arrebataba la plusmarca con 8:15,1. Redondeaba así un excelente año en el que había sido doble campeón de España juvenil de 1500 y 3000 m. Sin embargo, Carrera, no pudo continuar progresando. En 1986 corrió los 3000 m en 8:05,03, entonces 5ª mejor marca junior (sub20) española de siempre, pero diversas circunstancias le impidieron seguir. Alejandro, por el contrario, tuvo una gran prestación en ese 1986, su último año de junior. Consiguió la plata en los 5000 m del primer campeonato del mundo de la categoría, así como las plusmarcas españolas junior de 2000 m (5:09,5), 3000 m obstáculos (8:36,4), 3000 m (7:57,84) y 5000 m (13:42,16). Acudió con 21 años a los Juegos de Seúl de 1988. Posteriormente volvió a ser olímpico en 10000 m en Barcelona 1992 y Atlanta 1996, donde fue 15º. Ocupó la 9ª posición en el 10000 del Mundial de 1991 y fue 5º y 6º en maratón en los Europeos de 1998 y 2002. En campo a través su mejor actuación internacional fue una 6ª posición en el Mundial de 1989. Fue, además, dos veces campeón de España de campo a través (1989, 1995), 5 veces campeón de España de 10 000 m (1989, 1991, 1993, 1995, 1996) y otras dos de medio maratón (1992, 2003). Sus mejores marcas fueron 13:20,91 27:39,38, 1h01:20 y 2h07:57.

El brillante campeón de España de campo a través de 1994, José Carlos Adán Arias (Vigo, 22 de julio de 1967), tuvo también una importante trayectoria en pista al aire libre. Representó a España en el 10 000 de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Su mejor actuación en pista tuvo lugar en el 5000 del Europeo de 1994, donde ocupó la 6ª posición. En campo a través fue 4º en el campeonato de Europa de 1994, 6º en 2000 y 7º en 2001. Sus mejores marcas son 13:19,71, actual plusmarca gallega de 5000 m, y 27:59,49.

El tercer olímpico de aquella generación fue Carlos de la Torre Allariz (Marín, Pontevedra, 18 de mayo de 1966). De la Torre tomó parte en los 10000 m de los Juegos de Barcelona y de Atlanta. En esta última competición fue 14º. Ese mismo año de 1996 fue 4º en el campeonato del Mundo de medio maratón, que se celebraba en Palma de Mallorca. Dos años antes había sido 8º en el Europeo de 10000 m. Fue campeón de España de 10 000 m en 1990. Sus mejores marcas fueron 13:29,85, 27:49,17 y 1h02:03.

Otro gran atleta de este elenco es José Ramón Rey Rodríguez (Orense, 3 de noviembre de 1967). Jota, como se le conocía en el mundillo atlético, comenzó corriendo 1500 m y progresivamente fue ascendiendo a los 3000 m obstáculos, 5000 y 10000 metros. Sus mejores marcas fueron 8:44,2, 13:47,6 y 28:34,6. En 1997 corrió su primer maratón, en el campeonato de España. Hizo su mejor marca de siempre, que igualaría en 2001, 2h10:49, con la que fue 2º, el mismo tiempo que el campeón. Al año siguiente ocupó la 4ª plaza, primer español, en el Europeo de Budapest. En medio maratón su mejor registro fue 1h02:06.

A estos 4 atletas bien se les pudo haber unido un quinto de la misma generación, Jesús González Margaride (Pontenova, Lugo, 16 de octubre de 1967). En 1992 había corrido los 5000 m en 13:28,57, muy cerca de los 13:25,00 de la mínima olímpica. Desgraciadamente, una grave enfermedad ese mismo año lo obligó a abandonar el deporte de alta competición. Su hijo Miguel González Carballada (1998) es un prometedor corredor de fondo que probablemente buscará lo que su padre no pudo conseguir.

Actores clave del éxito de esta generación fueron entrenadores como Julio Rodríguez, Alfonso Ortega, Carlos Pérez, Virgilio Gónzalez Barbeitos, Mariano Castiñeiras o Carlos Landín. En aquellos años 80 y 90 era muy frecuente que apasionados del atletismo dedicasen muchas horas, que quitaban a sus familias, a entrenar chavales a cambio de nada o casi nada. Tal vez la clave del estancamiento actual esté ahí.

En el blog de Emilio Navaza hay semblanzas muy completas de Alejandro Gómez, Carlos de la Torre y Carlos Adán.

El campeonato gallego de campo a través de 1995, con Alejandro Gómez, José Ramón Rey, Carlos Adán y los hermanos de la Torre, minuto 57:25.