Tokio 1991, el mejor concurso de salto de longitud de la historia

Esta entrada se publicó anteriormente en el número 14, de julio de 2021, de la revista Somos Atletismo.

Las circunstancias han querido que los Juegos Olímpicos de Tokio se hayan celebrado casi treinta años después de los Campeonatos del Mundo de 1991, un número redondo. En aquel año, la capital de Japón albergó, en el viejo Estadio Olímpico demolido en 2015, la tercera edición de esta nueva competición mundialista, que había nacido en 1983 y hasta entonces tenía lugar cada cuatro años. Una de las pruebas más esperadas era el concurso de salto de longitud. El estadounidense Frederick Carlton Carl Lewis (Birmingham, Alabama, 1 de julio de 1961) dominaba esta especialidad con mano de hierro desde hacía una década. Su última derrota databa del 27 de febrero de 1981, en los campeonatos de Estados Unidos en pista cubierta, cuando Larry Myricks (1956) lo había batido por 5 cm, 8.13 frente a 8.08 m. Desde entonces, Lewis había ganado 64 concursos consecutivos. Poseía dos oros olímpicos, en 1984 y 1988, y se había impuesto en los anteriores Campeonatos del Mundo de 1983 y 1987. Antes de comenzar la final de Tokio poseía 15 de los 20 mejores saltos de longitud. Sin embargo, no había sido capaz de superar los míticos 8.90 m de Bob Beamon (1946) en los Juegos Olímpicos de México de 1968, un registro que estaba a punto de cumplir 23 años como plusmarca mundial. Su mejor salto era 8.79 m, realizado en dos ocasiones, el 19 de julio de 83 en Indianápolis y el 27 de enero de 1984 en Nueva York, en sala, ambos, sobre todo este último, de mayor valor intrínseco que la marca de Beamon. Se decía entonces, con cierta razón, que Lewis no prestaba suficiente atención a la longitud, ya que la hacía compatible con los 100 m, distancia en la que también era doble campeón olímpico y mundial, además de plusmarquista universal.

En Tokio, Carl Lewis demostró estar en mejor forma que nunca. El 25 de agosto, cinco días antes de la final del salto de longitud, se había proclamado campeón de 100 m, con plusmarca mundial de 9.86. En el salto de longitud, su rival más peligroso parecía su compatriota Michael Anthony Mike Powell (Filadelfia, Pensilvania, 10 de noviembre de 1963). Powell había sido subcampeón olímpico en 1988. En 1990 había saltado 8.66 m, su plusmarca personal. Ese 1991 había estado a punto de batir a Lewis en las pruebas de selección de su país, 8.64 frente a 8.63 m. Ya en Tokio, Powell se clasificó fácilmente para la final del Mundial con un salto de 8.19 m, en el primer intento, mientras Lewis, tras un nulo muy largo, realizó el mejor salto de los participantes, 8.56 m, plusmarca de los campeonatos.

La final tuvo lugar el 30 de agosto. Lewis era el gran favorito. Solo se dudaba de si superaría o no a Beamon. Powell inició la competición con unos discretos 7.85 m, mientras Lewis se iba a unos formidables 8.68 m. En la segunda ronda Powell se mostró fuerte, con 8.54 m, mientras Lewis realizaba un nulo. El tercer intento de Powell fue de 8.29 m, mientras Lewis con 8.83 m (+2.3 m/s) parecía cerrar la pugna por el oro. Solo quedaba por saber si realizaría la plusmarca mundial en los tres intentos que restaban. Powell abrió la cuarta ronda con nulo muy largo. Lewis por su parte superaba numéricamente a Beamon, con 8.91 m, pero ayudado por un viento excesivo de 2.9 m/s. A continuación, sucedió lo imposible. Mike Powell realizó el salto de su vida, un salto perfecto, con un perfecto talonamiento en el que solo se dejó 3 cm. Cuando aterrizó se dio cuenta de que había hecho algo grande. El viento era legal, de 0.3 m/s. La medición, 8.95 m. Se había superado la legendaria plusmarca mundial de Beamon, al nivel del mar y sin viento, y no lo había hecho Lewis, lo había hecho Powell. Lewis, sin embargo, no se dio por derrotado. En su quinto salto conseguía su mejor registro con viento legal, 8.87 m (-0.2 m/s). Probablemente superado por la catarata de emociones del momento, Powell hizo un último salto nulo y contuvo el aliento ante la postrera oportunidad de su rival, que volvió a tener un extraordinario comportamiento con 8.84 m (+1.7 m/s), magnífico pero insuficiente.

Terminado el concurso, Powell pudo dar rienda suelta a su enorme alegría por toda la pista. Lewis había hecho un excepcional concurso, el mejor de su vida, con cuatro saltos entre 8.83 y 8.91 m, entre ellos dos con viento legal, sus dos mejores marcas, de 8.84 y 8.87 m. Y, sin embargo, no ganó. Mientras Powell, con un solo salto mejor que el peor de Lewis se llevó la victoria y la gloria. Fue  un concurso de altísimo nivel, pleno de emoción, en absoluto comparable al de los Juegos de 1968, en el que Beamon, con sus estratosféricos 8.90 m, había cerrado la competición en la primera ronda. Larry Myricks, el viejo rival de Lewis, fue bronce, fuera de los focos, con 8.42 m.

La victoria de Powell no consiguió, sin embargo, cambiar las jerarquías en el concurso. En las pruebas de selección olímpica de 1992, volvió a derrotar a Lewis, 8.62 frente a 8.53 m. No obstante, en la final olímpica Lewis se hacía con su tercer oro consecutivo. Este, tras 8.68 m en la clasificación, realizó en la final un primer salto de 8.67 m, que no mejoró. Powell se fue superando en cada salto, hasta 8.64 m en la última ronda, que le dieron la plata. En 1993, sin Lewis, Powell repitió oro en el Mundial, con 8.59 m. En la siguiente edición, de 1995, solo pudo ser tercero, con 8.29 m, muy lejos de los 8.70 m de la emergente estrella cubana Iván Pedroso (1972). En las pruebas de selección olímpica de 1996, Powell batió a Lewis, que fue tercero, 8.39 frente a 8.30 m. A sus 32 años, el de Filadelfia buscaba su primer oro olímpico, y era su última oportunidad. Lastrado por una lesión, solo pudo ser quinto. Lewis, con 35 años, mostrando una vez más su gran capacidad competitiva, igualaba el logro de su compatriota discóbolo Al Oerter (1936-2007), con cuatro oros consecutivos en la misma prueba. El salto ganador de Lewis fue  8.50 m. Pedroso, también con problemas físicos, solo pudo ser 12º.

Los 8.95 m de Mike Powell van a cumplir 30 años en lo más alto de la lista. Ya hace siete que superaron en longevidad a la plusmarca mundial de Beamon. Desde aquella tarde de agosto en Tokio, tan solo hubo otros dos saltos, no legales, por encima de 8.95 m. En 1992 el propio Powell hizo en la estación alpina italiana de Sestriere 8.99 m, invalidados por un viento de +4.4 m. En 1995, en el mismo escenario, Iván Pedroso realizó 8.96 m, marca que generó mucha polémica, pero finalmente no se homologó por problemas de interferencias con el anemómetro. En 1991 se pensaba que la barrera de los 9 metros se rompería en poco tiempo. Treinta años después no se vislumbra quién pudiera hacerlo. El concurso de Tokio seguirá siendo, por muchos años, el mejor de la historia.

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