A vueltas con la tecnología en el atletismo

Hace un año, tras la polémica generada por las zapatilas Nike Alphafly que utilizó el keniano Eliud Kipchoge (1984) para la carrera de Viena de 42 195 m, escribí un entrada en este blog titulada Las zapatillas de la discordia, sobre la tecnología y el atletismo. Tras las plusmarcas mundiales de 5000 m femeninos de la etíope Letesenbet Gidey (1998) y 10 000 masculinos del ugandés Joshua Cheptegei (1996), el pasado 7 de octubre en Valencia, vuelve a generarse un debate sobre el papel que debería tener la tecnología en el atletismo. La razón, las zapatillas Nike Zoomx Dragonfly, un trasunto de Vaporfly con clavos. Otra vez se argumenta con tópicos sobre la supuesta esencia del atletismo que difumina la tecnología, sobre si los atletas de ahora no son mejores que los del pasado o, incluso, sobre estas carreras preparadas. Se ha propuesto incluir a los atletas que utilicen las nuevas zapatillas en una categoría diferente. Lo que más me sorprende ahora, como hace un año, es que todos estos razonamientos vienen de personas con profundos conocimientos de atletismo. Evidentemente no puedo estar más en desacuerdo, aunque me va a resultar difícil no repetirme.

La tecnología está con el ser humano desde que el Homo habilis construyó la primera herramienta. En sus aproximadamente 150 años de la existencia, el atletismo de competición se benefició de la tecnología desde el minuto 1, desde que el primer atleta se calzó zapatillas por primera vez y desde que se corrió por primer vez en una pista y no en el monte. Desde entonces la tecnología ha moldeado el atletismo. ¿Alguien se imagina que se podrían realizar los registros actuales en el monte y descalzos? Pistas, tacos de salida, cronometraje automático, pértigas, colchonetas y, por supuesto, zapatillas. La Federación Internacional (hasta 2019 IAAF, desde entonces World Athletics) ha limitado durante su historia algunas innovaciones, como las zapatillas con alza para salto de altura, las zapatillas multiclavos o las Alphafly, pero ha permitido las Vaporfly y las Dragonfly. Si, como se ha afirmado, ambas son equivalentes en sus prestaciones, las segundas convertirían el 87% de la energía bioquímica en energía cinética, como hacen las primeras. Además, no solo permiten correr más rápido con el mismo esfuerzo y sin aportar energía extra, sino que también se ha visto que producen menos lesiones. El gran problema del atletismo es cómo incrementar las cargas de trabajo sin aumentar el riesgo de lesión. Con estas zapatillas es posible. ¿Dónde está entonces el problema? ¿En que de momento solo las fabrica Nike? Probablemente ni Adidas, ni New Balance tarden mucho en diseñar y comercializar modelos similares.

Pero la tecnología de la que se beneficia el atletismo no se limita a las competiciones. ¿Nos plantearíamos prohibir las cámaras hiperbáricas, los tapices rodantes, las elípticas, los relojes inteligentes o los programas informáticos de Biomecánica? ¿Estamos transformando el atletismo en algo diferente, le estamos cambiando su esencia con la tecnología actual, o simplemente aplicamos innovaciones como en cualquier otro campo?

Otra cuestión que he leído es que como Cheptegei hizo sus plusmarcas mundiales con el nuevo modelo de zapatilla, hay que concluir que su predecesor, el etíope Kenenisa Bekele (1982) era, en realidad mejor, porque sus zapatillas eran peores. Por supuesto que Bekele era mejor. Solo hay que comparar los logros de ambos, si bien al ugandés tiene previsiblemente mucho tiempo para tratar de alcanzar al etíope. ¿Pero habría corrido Bekele tan rápido con las zapatillas del australiano Ron Clarke (1937-2015) en una pista de tierra? ¿O habría hecho Clarke 27:39.4 con las zapatillas del checo Emil Zátopek (1922-2000)? En mi opinión el mejor fondista de la historia es el finlandés Paavo Nurmi (1897-1973). Creo que no ha habido ningún atleta que haya mostrado tanta superioridad en tantas pruebas durante tanto tiempo. Sin embargo, sus marcas las superan hoy un buen número de mujeres.

Por último he visto alguna crítica de que se trataba de carreras preparadas. Casi todas las carreras en las que se mejora alguna plusmarca mundial lo son. Y no de ahora. La famosa carrera de Iffley Road se preparó, con dos liebres, para que el británico Roger Bannister (1929-2018) bajase de cuatro minutos en la milla, el 6 de mayo de 1954. La diferencia es que ahora tienen la referencia de la luz, pero hacer 13:03.27 en un 5000 solo con la luz, después de haber hecho un 5000 en 13:07.73 con luz y liebre y sin recuperación es una hazaña se mire como se mire.

En su momento se criticaron las liebres, la profesionalización del atletismo o, incluso, las pértigas de fibra de vidrio. Las modificaciones que está haciendo la World Athletics en los concursos, reduciendo intentos o contando solamente los últimos, me parecen lamentables, pero creo que aciertan en el tema de las zapatillas. No podemos renunciar a la tecnología, porque siempre ha acompañado al atletismo.

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