Esther Pedrosa y Raquel Suárez, cuando una conducta ejemplar acaba redundando en beneficio propio (I)

Esta entrevista se publicó inicialmente en el número 12, del mes de mayo, de la revista Somos atletismo. Agradezco a Esther la agradable conversación sobre atletismo que tuvimos durante una hora. Dado que se trata de una entrevista larga, en el blog ocupará dos entradas.

El atletismo es una parte integral de la vida de Esther Pedrosa Carrete (Santiago de Compostela, 19 de mayo 1961). Comenzó a practicar este deporte a los catorce años. Más de cuarenta y cinco años después continúa cosechando éxitos en la categoría máster.

Esther, cuya imagen no ha cambiado demasiado a lo largo de todos estos años, entrena seis días a la semana, los mismos que en sus mejores tiempos. Aunque resulta complicado saber si su mejor tiempo es el pasado o el presente. En los campeonatos de España absolutos, Esther fue oro en gran fondo (20 Km) en 1986 y bronce en 1985 y 1991, plata en 10 000 m en pista en 1986, 1987 y 1995, y en 3000 en sala en 1989 y 1990, y fue bronce en ruta 15 Km en 1989, maratón en 1987 y en 5000 m en pista en 1989. Se trata, sin duda, de un excelente palmarés, que completó con trece internacionalidades. Pero su carrera atlética tiene una segunda derivada. En 2009, tras ocho años de inactividad competitiva, no deportiva, Esther comenzó a entrenarse informalmente para acompañar a su hija Raquel Suárez Pedrosa (Santiago de Compostela, 11 de junio de 1982). Raquel, tras cinco años en Oviedo, donde se había licenciado en Ciencias Geológicas, volvió a Santiago y ya no tenía compañeras de entrenamiento.

Ese fue el inicio de una fructífera trayectoria en la categoría máster, en la que ostenta las plusmarcas españolas de 1500, 3000, milla, 10km y media maratón de categoría W55. Sus numerosos logros internacionales incluyen un oro en campo a través, una plata en 1500 y un bronce en 5000 pista aire libre en el Campeonato del mundo Málaga 2018, tricampeona de Europa en Madrid 2018en 1.500 y 3000 m en sala y en campo a través, plata en 1500, 3000 bajo techo y campo a través en Toruń 2019.

Raquel, por su parte, ha continuado compitiendo y ahora, entrenada por su madre, comparte con ella la categoría máster.

P: Esther, comienzas a entrenar a los catorce años, de la mano de tu profesora del Instituto Rosalía de Castro, María Luisa Peralta. Te lleva al Estadio Universitario, donde te presenta a su marido, Mariano García-Verdugo, quien sigue siendo tu entrenador. El atletismo es duro y los resultados no se consiguen inmediatamente. ¿Qué fue lo que motivó a aquella adolescente para que el atletismo acabase siendo fundamental en su vida?

R: En principio, el buen ambiente que había en el Estadio, entonces con una pista de ceniza de 333 m. Hice muy pronto un grupo de amigos, a los que vi crecer atléticamente conmigo. El salir a competir era otro motivo de alegría, el prepararse para un campeonato de España… Después, lo que me fascinó de este deporte fue el ver que el esfuerzo realmente merece la pena, porque te hace mejor. Si tienes paciencia, perseverancia, disciplina y trabajas duro acabas consiguiendo resultados impensables.

P: Porque tu principal rival en el atletismo…

R: …eres tú misma. Cada uno tiene un potencial que puede o no desarrollar, o hacerlo parcialmente. La mayor satisfacción es ver cómo te superas. Los buenos resultados en las competiciones son la consecuencia de la constancia, del esfuerzo diario. Y es muy interesante ver a dónde te lleva. Además el atletismo te da unos valores que puedes trasladar a muchas otras facetas vitales, para alcanzar la excelencia en tu profesión, para afrontar situaciones difíciles, para ponerle al mal tiempo buena cara… En definitiva, el deporte te hace más fuerte.

P: Sí, porque si el atletismo solo fuese trabajo duro, no sería tan complicado. También están las lesiones

R: Sí, gran fuente de frustraciones, pero saber gestionarlas también forma parte de este deporte. Las lesiones también te enseñan algo muy importante. Cuando estás parada por obligación, lo que más echas de menos no es ir a una gran competición y ganarla, sino poder volver a correr, aunque sea solo un poquito.

P: Empiezas a destacar muy joven, pero tu vida da un vuelco cuando en 1982, el año que se inauguran las pistas sintéticas del Estadio Universitario, nace Raquel y todo cambia.

R: Bueno, he de decir que tener a Raquel es lo mejor que me ha pasado en mi vida, pero cualquiera que sea madre o padre sabe que esto es así. Para mí fue un cambio tremendo. De repente pasé de ser niña a ser una señora. Pensaba que no estaría a la altura, pero no fue así y pude ser madre y atleta. De hecho, este cambio me hizo madurar. Me centré mucho más en el atletismo y menos en las conversaciones de grada pre y posentrenamiento. Entrené más y mejor y eso me hizo progresar.  Todo ello pese a que los primeros años de un niño son agotadores, pero los hijos sacan lo mejor de uno mismo.

P: Y tu hija se cría en el estadio. ¿Era inevitable que fuese atleta?

R: En realidad, yo nunca le dije que hiciese atletismo. Un día me dijo que quería empezar a entrenar y me pareció muy bien, pero me habría parecido lo mismo si hubiese decidido no hacerlo. Allá se fue con Pilar Veiga, la entrenadora de entonces. Una vez metida en el atletismo, me encanta que lo haya hecho. Después de todo, gracias a ella he vuelto a competir. Raquel ha tenido una trayectoria atlética desigual, porque su formación como geóloga y su posterior actividad laboral fueron bastante exigentes.

Raquel entra en escena

Raquel también ha tenido dos etapas en su carrera atlética, premáster y máster, donde continúa actualmente. En su primera etapa se dedicó sobre todo a los obstáculos, prueba en la que consiguió una medalla de bronce en el campeonato de España Universitario (2012) y 9º en el Nacional absoluto de 2006. En categoría máster ha sido tercera en el 2020 en el  Campeonato de España Máster F35 en la prueba de 1500 y octava en el 2021 en el Campeonato de España Master F35 de campo a través.

P: Raquel, desde muy pequeña acudías con tu madre al estadio. Era tu segunda casa. ¿Sentías que el atletismo era una parte de tu vida? ¿Lo integrabas en tu día a día con naturalidad?

R: Aprendí allí a caminar. Creo que con eso lo explico todo. La mayor parte de mis recuerdos son en el estadio de atletismo del campus universitario de Santiago de Compostela. Sentía y siento que el atletismo es la parte más importante de mi vida, de hecho no concibo mi vida sin practicar atletismo. Y no por el hecho de entrenar a muerte y competir y ser buena, cosa que nunca he sido, no, sino como parte de mi ser. La verdad es que no sé qué hace la gente en su tiempo libre si no entrena. Siempre ha sido una tragedia lesionarme y tener que parar un par de semanas, ya no por el hecho de perder la forma sino por no poder ir a entrenar. Lo cierto es que planifico mi día y mi año, vacaciones incluidas, en función del entreno y del calendario deportivo.

P: ¿Siendo muy niña, pensabas que todas las madres hacían atletismo?

R: No, sabía perfectamente que mi madre era muy especial. De hecho en ese momento pensaba que era la única madre del mundo que corría. Eran los años 80, las mamás iban con pintas de señora y por supuesto no usaban chándal.

P: ¿Era inevitable que fueses atleta?

R: Sin duda. Mi madre nunca jamás me dijo que entrenara. Sin embargo, sentía mucha presión por el entorno, porque todos me decían que de mayor tenía que ser como mi mamá y yo veía en casa que el atletismo era un deporte muy desagradecido y muy muy sufrido. Pero como era inevitable, con 13 años un día le pedí a mi madre si me podía apuntar a la escuela de atletismo del  Club Universitario de Santiago.

P: ¿Cómo te tomabas el atletismo? ¿Tenías la idea de igualar a tu madre o simplemente te gustaba correr con tu grupo de entrenamiento?

R: Nunca pensé en ser como mi madre. Simplemente iba a la pista a ver a mis amigos, entrenar, la verdad…, entrenaba muy poco. Afortunadamente siempre tuve entrenadores que nos trataron como a niños e íbamos a jugar. Y gracias a mis padres y mis entrenadores, que nunca me presionaron, ahora concibo este deporte como respirar, algo natural que tengo que hacer porque si no, me muero.

P: ¿Lo pasabas mal viendo correr a tu madre, cuando la veías sufrir, cuando le ganaban?

R: Fatal. En los maratones y medias maratones incluso lloraba al verla entrar en la meta. Ahora me sigue emocionando.

P: Cuando eras niña, ¿te preguntabas a ti misma para qué servía correr?

R: Jamás, al igual que nadie se pregunta para qué sirve darle patadas a un balón, cosa mucho más inútil, por cierto.

La expansión del fondo femenino

Esther vivió la época de expansión del fondo femenino, cuando en muy pocos años la prueba femenina oficial más larga pasó de ser el 1500 al maratón, con todas las distancias intermedias.

P: Esther, tú empezaste corriendo 1500 m, pero conforme las pruebas femeninas de fondo se iban alargando, tú te alargabas con ellas, hasta acabar corriendo maratón. ¿Cómo viviste ese cambio?

R: El 1500 se me quedaba algo corto. Mi entrenador me apretó todo lo que pudo por abajo y al llegar a los 21 años comencé a correr distancias cada vez más largas, que entonces eran una novedad en la categoría femenina. Pese a mis logros en la carretera (llegué a correr en 2h37:10), me gustaba más la pista. Además en Santiago es imposible encontrar un circuito llano y eso repercute en los ritmos. La prueba que más me gustaba eran los 5000 m, pero entonces se corría muy poquito. De hecho no fue olímpica hasta 1996. Entonces yo ya no estaba tan centrada en la pista. En 1988 y 1992, por paradójico que pueda parecer hoy día, las distancias femeninas de fondo en pista fueron los 3000 y los 10 000 m.

P: Hoy día eso resulta paradójico pero también es chocante que se pensase que las mujeres no podían correr distancias largas.

R: Yo creo que, equivocadamente, se trataba de proteger a la mujer. Se pensaba que éramos tan débiles que no podríamos correr largas distancias. Tampoco podíamos lanzar martillo, ni saltar pértiga, ni hacer triple salto, ni saltar obstáculos, ni marchar. También ha pasado en categoría máster hasta que hemos conseguido igualar los programas masculino y femenino. Evidentemente todas esas cautelas eran infundadas. No hay más que ver cómo hoy día el atletismo femenino se está aproximando a los 14 minutos en 5000 m y a los 29 en los 10 000. Es probable que en pocos años veamos campeonatos disputándose por debajo de esas marcas. En maratón la plusmarca femenina en carrera mixta está al filo de 2h14. Por cierto, a la World Athletics le falta cambiar en heptatlón femenino por el decatlón.

P: ¿Qué te ha faltado en el atletismo para lograr tu máximo potencial?

R: No creo que me haya faltado nada. Incluso llegué a hacer la mínima olímpica en 10 000 m para los Juegos de 1992 (33:40.32). Estoy muy satisfecha con lo conseguido, tanto en la primera como en esta segunda etapa.

P: Coincidiste con fondistas españolas de gran categoría como Pilar Fernández, Ana Isabel Alonso, Estela Estévez, Julia Vaquero… ¿Con cuál te quedas?

R: Sin ninguna duda con Julia. Además conozco cómo entrenaba en el INEF de La Coruña. En Galicia es complicado entrenar, por el terreno y las condiciones meteorológicas. Esa admirable su tesón y su pundonor. Y no lo tuvo nada fácil. Fue fantástica verla correr la final de 10 000 m de los Juegos de Atlanta.


Esther imponiéndose en el Europeo en sala de Madrid
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