Sydney McLaughlin, la niña prodigio se hizo mayor

La limitación de los Juegos Olímpicos a tres atletas por país y por prueba hace que en algunas potencias atléticas el nivel de sus pruebas de selección sea mayor que el de los propios Juegos. Ocurre en las carreras de fondo en ciertos países africanos y en la mayoría de las pruebas explosivas en los Trials de Estados Unidos. Los de este año, que acaban de finalizar, han dejado cuartos clasificados con registros que acabarán entre los primeros del mundo este año. Algunos ejemplos, en hombres 9.89 en 100 m, 19.90 en 200, 13.21 en 110 m v o 48.55 en 400 m v, en mujeres 21.98 en 200 m, 1:58.55 en 800 m, 12.53 en 100 m v o 53.85 en 400 m v. Ha habido varias mejores marcas mundiales del año y dos extraordinarias plusmarcas mundiales, 23.37m en lanzamiento de peso masculino, a cargo de Ryan Crouser (1990) y 51.90 en 400 m vallas, a cargo de la ex niña prodigio Sydney McLaughin (1999). McLaughlin es una sobresaliente atleta que aúna talento, trabajo y capacidad competitiva. Con 21 años se ha convertido en la primera mujer en correr la distancia en menos de 52.00 y su proyección no atisba límites.

Sydney Michelle McLaughlin nació el 9 de agosto de 1999 en la pequeña localidad de Dunellen, Nueva Jersey. El atletismo estaba muy presente en su familia, pues su padre , Willie (1983) había corrido los 400 m en 45.30 en 1983. Su hermano mayor, Taylor (1997) registró 48.85 en 400 m vallas en 2019. Dotada de unas excepcionales condiciones para la práctica del atletismo, la joven Sydney comenzó a destacar en la escuela. En 2014 ya daba la vuelta a la pista con vallas en 55.63. En la temporada siguiente mejoró a 55.28 y fue campeona mundial juvenil (sub18). En 2016, tras haber realizado 54.46 tomó parte en las pruebas de selección olímpica, donde fue tercera con 54.14, detrás de Dalilah Muhammad (1990), 52.88, futura campeona olímpica, y de Ashley Spencer (1993), 54.02, que sería bronce en los Juegos.

La jovencísima Sydney, de 16 años, iba a convertirse en una de las atletas olímpicas más jóvenes de su país. En Río rindió algo por debajo de sus posibilidades. Consiguió clasificarse por tiempos para las semifinales, donde fue quinta en su serie con 56.22. En noviembre de ese 2016 comenzó a competir con la Universidad de Kentucky. Al año siguiente no consiguió clasificarse para el Campeonato del Mundo al aire libre de Londres. Pese a correr en 53.82, que sería la séptima marca mundial de ese año, solo pudo ocupar la sexta posición en el Campeonato de Estados Unidos (USTAF). En 2018 lideró la lista del año con 52.75, marca que le sirvió para ganar el Campeonato Universitario de su país (NCAA). Sería su última temporada como universitaria, pues ese octubre se hizo profesional al firmar con New Balance.

En 2019, el objetivo de McLaughlin era el oro en el Campeonato del Mundo de Doha, pero se encontró con la mejor versión de Dalilah Muhammad. Ambas se enfrentaron el la final del Campeonato de la USTAF el 28 de julio en Des Moines, Iowa. Pese a que McLaughlin corría en 52.88, su segunda mejor marca de siempre, Muhammad no dio opción y voló, con la pista mojada, hasta una nueva plusmarca mundial de 52.20, 0.14 más rápido que el anterior techo mundial de rusa Yuliya Pechonkina (1978) desde 2003. Ambas rivales estadounidenses se verían las caras en el Campeonato del Mundo.

Antes del Mundial, McLaughlin y Muhammad se enfrentaron el 29 de agosto en la reunión de Zúrich, que albergaba parte de la final de la Liga de Diamante. En esta ocasión MacLaughlin fue muy superior a su rival, que incluso se vio derrotada por otra estadounidense, Shamier Little (1995). Los tiempos fueron 52.85 para la ganadora, 53.86 para Little y 54.12 para Muhammad.

La prueba femenina de 400 metros vallas en el minuto 26:21

El 1 de octubre tuvieron lugar las series del Mundial de 400 m vallas. McLaughlin hizo el mejor tiempo con 54.45, mientras Muhammad registraba 54.87, el tercer tiempo. En las semifinales del 2 de octubre, McLaughlin volvía a ser la más rápida, 53.81, 0.10 menos que su rival. En la final, del 4 de octubre, McLaughlin ocupaba la calle 4 y Muhammad la 6. En la primera parte de la prueba ambas estaban muy igualadas, pero Muhammad comenzó a destacarse en la última curva, llegando primera a la recta. McLaughlin intentó remontar pero tan solo pudo mantener la distancia. Muhammad se impuso con una nueva plusmarca mundial de 52.16, mientras McLaughlin era segunda con 0.0.7 más, 52.23, convirtiéndose en la segunda atleta de la historia. Ambas atletas ganarían otra medalla, de oro, en el relevo 4 x 400, con 3:18.92, mejor marca mundial de 2019.

Tras no competir en 2020, McLaughlin reapareció el 6 de junio con 52.83, mostrándose en muy buena forma para el reto de las pruebas de selección olímpica. El 27 de junio tenía lugar la final. Su máxima rival volvía a ser Dalilah Muhammad, pero esta vez las cosas fueron muy diferentes. McLaughlin había marcado el mejor tiempo de las semifinales, con 53.03. La final no se resolvió hasta los últimos metros. Como en Doha, Muhammad entró primera en la recta de llegada, pero, esta vez, los últimos 100 m de McLaughlin fueron extraordinarios. Entró la primera con 51.90, nueva plusmarca mundial, 0.52 menos que su rival.

Muhammad tendrá una nueva oportunidad en la final olímpica. No le resultará nada fácil batir a esta antigua niña prodigio, que ha superado todas las expectativas y se ha convertido en una superlativa y completísima atleta, capaz además de correr los 100 m vallas en 12.65 y los 200 m en 22.39. La carrera femenina de los 400 m vallas será una de las pruebas estrella de los Juegos de Tokio.

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8 comentarios en “Sydney McLaughlin, la niña prodigio se hizo mayor

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